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<institution><![CDATA[,Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">     <P ALIGN="CENTER">RESE&Ntilde;A HIST&Oacute;RICA</P> </FONT>     <P ALIGN="CENTER"><font size="4" face="VERDANA"><b>Luis Pati&ntilde;o Camargo    <BR> (1871-1978)</B></b></font></P> <FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">     <P ALIGN="CENTER">EFRAIM OTERO RUIZ*    <BR> * Presidente, Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina.</P> <HR>     <P>Ser&iacute;a dif&iacute;cil encontrar un m&eacute;dico a quien Colombia deba tanto en lo referente a la medicina preventiva y al conocimiento de las enfermedades infecciosas como al profesor Luis Pati&ntilde;o Camargo, fallecido hace casi tres d&eacute;cadas y permanentemente recordado en los anales de la ciencia de nuestro pa&iacute;s.</P>     <P>Nacido en Iza, poblaci&oacute;n cercana a Sogamoso, se gradu&oacute; de bachiller en el Colegio Mayor del Rosario en Bogot&aacute; y estudi&oacute; Medicina en la Universidad Nacional donde se gradu&oacute; en 1922. Desde muy joven mostr&oacute; gran inter&eacute;s por las t&eacute;cnicas bacteriol&oacute;gicas y de laboratorio cl&iacute;nico, en ese entonces en pleno surgimiento, y se vincul&oacute; desde 1918 al reci&eacute;n creado Laboratorio Samper Mart&iacute;nez, germen de nuestro futuro Instituto Nacional de Salud. All&iacute; desarroll&oacute; su tesis de grado que vino a dar fin a una pol&eacute;mica vigente desde finales del siglo XIX, sobre la existencia o no del tifo exantem&aacute;tico en Bogot&aacute; que para muchos era s&oacute;lo una forma hipert&oacute;xica de la fiebre tifoidea: su impecable demostraci&oacute;n de la rickettsia como agente etiol&oacute;gico estableci&oacute; claramente el diferente origen de las dos enfermedades.</P>     <P>Muy reci&eacute;n graduado se traslad&oacute; a Norte de Santander, donde hizo memorables estudios sobre enfermedades gastrointestinales, paludismo y fiebre amarilla end&eacute;mica; residenciado por varios a&ntilde;os en San Crist&oacute;bal (Venezuela), all&iacute; naci&oacute; su primog&eacute;nito Jos&eacute; F&eacute;lix Pati&ntilde;o Restrepo, otra gloriosa figura de la cirug&iacute;a y la educaci&oacute;n m&eacute;dica en Colombia, cuyo octog&eacute;simo aniversario acabamos de celebrar.</P>     <P>Regresado a Bogot&aacute; en 1932, ascendi&oacute; por riguroso concurso el escalaf&oacute;n docente hasta llegar a ser profesor titular de la c&aacute;tedra de Cl&iacute;nica Tropical y profesor honorario de la Universidad Nacional. Al tiempo escal&oacute; notables posiciones en la salud p&uacute;blica, habiendo sido Director Nacional de Higiene, de Salubridad Nacional y director del naciente Ministerio de Salud, cargo equivalente al actual de Ministro. Simult&aacute;neamente public&oacute; nu merosos trabajos de investigaci&oacute;n, sobre todo en el campo de la fiebre amarilla, que culminaron en su excelente resumen titulado <I>Notas sobre la fiebre amarilla en Colombi</I>a, uno de los m&aacute;s completos y consultados a&uacute;n en la actualidad. Al mismo tiempo dedic&oacute; sus observaciones a una extra&ntilde;a fiebre aparecida en el corregimiento de Tobia, cercano a Villeta; sus investigaciones llegaron a demostrar que se trataba de otra forma de rickettsiosis, similar a la fiebre manchada de las Monta&ntilde;as Rocosas, que describi&oacute; en detalle en un art&iacute;culo ya cl&aacute;sico del <I>American Journal of Tropical Medicine</I>, y cuyos brotes, hoy muy controlables, se han presentado espor&aacute;dicamente desde entonces en varias regiones del pa&iacute;s.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Pero a&uacute;n no cesaban sus inquietudes sobre otras enfermedades infecciosas, en cuyo estudio supo parangonar h&aacute;bilmente la epidemiolog&iacute;a, la observaci&oacute;n cl&iacute;nica y el laboratorio. Llamado a finales de los 30 a estudiar un brote febril agudo y con frecuencia mortal en las inmediaciones de Pasto (en aquel entonces distante varios d&iacute;as de la capital del pa&iacute;s), all&iacute; se traslad&oacute; con uno de sus m&aacute;s brillantes y j&oacute;venes alumnos, el hoy profesor Hernando Groot, y entre los dos realizaron los primeros extendidos de sangre que vinieron a demostrar, sin lugar a dudas, que se trataba de la bartonelosis tambi&eacute;n conocida como fiebre de Oroya o enfermedad de Carri&oacute;n. Tambi&eacute;n a comienzos de esa d&eacute;cada prest&oacute; sus servicios como Inspector de Sanidad de las Fuerzas Armadas en la guerra con el Per&uacute;, donde se salv&oacute; milagrosamente de un naufragio en el r&iacute;o Orteguaza, en el que cuatro de sus cinco acompa&ntilde;antes perecieron.</P>     <P>Ya en las d&eacute;cadas de los 40 y 50 represent&oacute; brillantemente al pa&iacute;s en congresos cient&iacute;ficos internacionales, habiendo sido uno de los m&aacute;s tenaces defensores de la naciente Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud (OPS) y contribuyendo de manera esencial al establecimiento y financiaci&oacute;n de numerosas campa&ntilde;as entre nosotros por la Fundaci&oacute;n Rockefeller. Sus acotaciones originales al lenguaje t&eacute;cnico por varias d&eacute;cadas contribuyeron a su elecci&oacute;n como Acad&eacute;mico de la Lengua, siendo a trav&eacute;s de su vida un extenso cultivador de los cl&aacute;sicos griegos y latinos. Fue Presidente de la Academia Nacional de Medicina y de numerosas academias y sociedades cient&iacute;ficas internacionales, algunas de las cuales lo distinguieron con sus condecoraciones m&aacute;s elevadas.</P>     <P>Como dijo el desaparecido Acad&eacute;mico Carlos Sanmart&iacute;n con ocasi&oacute;n del centenario de su nacimiento: "El doctor Pati&ntilde;o era suave pero firme; serio y estricto sin ser adusto; afable y con sentido del humor. Fue hombre de hogar cari&ntilde;osamente dedicado a su esposa e hijos con los cuales no escatim&oacute; esfuerzos para darles, como a su primog&eacute;nito, la mejor formaci&oacute;n posible". A su muerte escribi&oacute; Juan Lozano y Lozano: "En &eacute;l se daban cita excelencias del intelecto y la conducta que rara vez se encuentran reunidas y, sobre todas esas cualidades, si no fuera paradoja, se dir&iacute;a que resplandec&iacute;a su modestia".</P>     <P>Sus &uacute;ltimos a&ntilde;os los pas&oacute; retirado en su hacienda de Gotua, en las vecindades de Iza, y por su propia voluntad dispuso que, a su muerte, se le enterrara en la misma poblaci&oacute;n, donde hoy reposan sus restos. Pero su memoria ocupa hoy un sitial de honor en la historia de la ciencia colombiana.</P>     <P><I>El texto anterior fue publicado previamente en la revista Innovaci&oacute;n y Ciencia vol&uacute;men XIV, n&uacute;mero 2 de 2007 y se reproduce bajo la autorizaci&oacute;n de la revista Innovaci&oacute;n y Ciencia y la Asociaci&oacute;n Colombiana para el Avance de la Ciencia</I>.</P> </FONT>      ]]></body>
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