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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una problemática a abordar en la política pública de primera infancia en Colombia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The following document was aimed at offering reflection about the attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) as a true public health problem in Colombian children, involving very large challenges for childhood policy regarding this problem. This (in addition to all treatment protocols advanced to date) should include approaches implicitly involving motricity since one of this pathology's comorbid disorders becomes manifest in motor difficulties in the first instance, integrally involving family and school for success in managing the event.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">       <p align="right">Ensayos/Essays</p>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n e hiperactividad (TDAH), una problem&aacute;tica a abordar en la pol&iacute;tica p&uacute;blica de primera infancia en Colombia</b></font></p>      <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>Attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) should be addressed in early childhood public policy-making in Colombia</b></font></p>  </font>    <p align="center"><font size="2" face="verdana">Consuelo V&eacute;lez-Álvarez<sup>1</sup> y Jos&eacute; A. Vidarte Claros<sup>1</sup></font></p> <font size="2" face="verdana">    <p><sup>1</sup>Universidad Aut&oacute;noma de Manizales. Colombia. <a href="mailto:cva@autonoma.edu.co">cva@autonoma.edu.co</a>, <a href="mailto:jovida@autonoma.edu.co">jovida@autonoma.edu.co</a> </p>     <p align="center">Recibido 25 Mayo 2011/Enviado para Modificaci&oacute;n 8 Agosto 2011/Aceptado 3 Noviembre 2011</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El siguiente documento tiene como prop&oacute;sito establecer una mirada reflexiva acerca del Trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n e hiperactividad (TDAH) como verdadero problema de salud p&uacute;blica en la poblaci&oacute;n infantil de nuestro pa&iacute;s, situaci&oacute;n que implica unos retos muy grandes de la pol&iacute;tica de infancia sobre esta problem&aacute;tica y donde adem&aacute;s de todos los protocolos de tratamiento realizados hasta el momento se deben incluir abordajes que tengan impl&iacute;cita la motricidad ya que una de las alteraciones comorbidas de esta patolog&iacute;a se manifiesta en las dificultades motrices en primera instancia, y de manera integral involucrar a la familia y la escuela para el &eacute;xito en el manejo del evento.</p> </font>    <p><font size="2" face="verdana"><b>Palabras Clave: </b>Trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n con hiperactividad, relaciones familiares, Actividad Motora, Salud P&uacute;blica. <i>(fuente; DeCS, BIREME).</i></font></p> <font size="2" face="verdana"><hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>The following document was aimed at offering reflection about the attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) as a true public health problem in Colombian children, involving very large challenges for childhood policy regarding this problem. This (in addition to all treatment protocols advanced to date) should include approaches implicitly involving motricity since one of this pathology's comorbid disorders becomes manifest in motor difficulties in the first instance, integrally involving family and school for success in managing the event.</p>     <p><b>Key Words: </b>Attention deficit hyperactivity disorder, family relationships, motor activity, public health <i>(source; MeSH, NLM).</i></p> <hr size="1">     <p>El Trastorno por D&eacute;ficit de la Atenci&oacute;n es conocido con las siglas: TDA (Trastorno por D&eacute;ficit de Atenci&oacute;n), SDA (S&iacute;ndrome de D&eacute;ficit de la Atenci&oacute;n), DA (D&eacute;ficit de la Atenci&oacute;n), ADHD (Atention Deficit Hiperactivity Disorder), y m&aacute;s com&uacute;nmente TDAH (Trastorno por D&eacute;ficit de la Atenci&oacute;n e Hiperactividad).</p>     <p>Se caracteriza como &quot;un patr&oacute;n persistente de desatenci&oacute;n y/o hiperactividad-impulsividad, que es m&aacute;s fuerte y grave que el observado habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar (1). Estas tres dimensiones: inatenci&oacute;n, hiperactividad e impulsividad, constituyen los ejes del trastorno. Las deficiencias de atenci&oacute;n/inatenci&oacute;n o la incapacidad de conservar el nivel de atenci&oacute;n por largos periodos de tiempo, son manifestaciones de este trastorno, se caracteriza adem&aacute;s por atenci&oacute;n fugaz e impulsos desinhibidos en estados de vigilia. Las personas que son desatentas tienen dificultad para concentrarse en una cosa y se pueden aburrir con una tarea, luego de s&oacute;lo unos pocos minutos.</p>     <p>La falta de atenci&oacute;n se infiere a partir de la observaci&oacute;n de la conducta, como ocurre, por ejemplo, si un ni&ntilde;o no se mantiene realizando una tarea durante el tiempo requerido, tarea que est&aacute; al alcance de otros ni&ntilde;os de la misma edad, inteligencia y escolarizaci&oacute;n, de los que se diferencia (2).</p>     <p>Este d&eacute;ficit atencional puede manifestarse tanto en situaciones acad&eacute;micas, como sociales o laborales. En el desempe&ntilde;o escolar, los ni&ntilde;os tienden a cometer errores por descuido, su trabajo puede ser sucio y realizado sin reflexi&oacute;n y las dificultades para mantener la atenci&oacute;n dan lugar a que, con frecuencia, el sujeto no concluya sus tareas. Los cambios de una tarea a otra sin terminar ninguna de ellas, el no seguimiento de las instrucciones, el hecho de dar la impresi&oacute;n de no escuchar y tener la mente en otro lugar, y la dificultad para organizar tareas o actividades, constituyen algunas de las respuestas t&iacute;picas de los sujetos con este trastorno. Como consecuencia, los sujetos tienden a evitar las tareas que exigen esfuerzo mental. Sin embargo, es preciso determinar que el rechazo a este tipo de actividades sea debido a las deficiencias del funcionamiento atencional y no a una actitud negativista. El negativismo puede estar presente en los sujetos con este trastorno, pero con car&aacute;cter secundario. Esto es, el reiterado fracaso en la ejecuci&oacute;n de las tareas conlleva consecuencias desagradables para los individuos, quienes asocian la tarea con una situaci&oacute;n aversiva que tratan de eludir (2).</p>     <p>Los s&iacute;ntomas del DSM-IV (1995) y DSM-IV-TR (2002) para la falta de atenci&oacute;n entre otros: A menudo no presta atenci&oacute;n suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades, a menudo tiene dificultades para mantener la atenci&oacute;n en tareas o en actividades l&uacute;dicas, a menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente, a menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender instrucciones), a menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades, a menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o dom&eacute;sticos), a menudo extrav&iacute;a objetos necesarios para tareas o actividades (como por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, l&aacute;pices, libros o herramientas), a menudo se distrae f&aacute;cilmente por est&iacute;mulos irrelevantes y a menudo es descuidado en las actividades diarias.</p>     <p>La hiperactividad es el segundo componente del TDAH y suele manifestarse mediante un movimiento excesivo; un movimiento continuo, cuando resulta inapropiado hacerlo; inquietud; nerviosismo e incapacidad para estar sentado sin levantarse; &quot;estar en marcha&quot; continuamente, como si se tuviera un motor interno; y hablar en exceso. Los problemas de los ni&ntilde;os con TDAH incluyen tanto un exceso de actividad, como una actividad inoportuna, en funci&oacute;n de su edad y circunstancias (3). Tambi&eacute;n se dice que son revoltosos, que no paran de dar golpes con los dedos, de moverse en sus asientos o de molestar a sus compa&ntilde;eros de clase (4-6).</p>     <p>Los ni&ntilde;os hiperactivos parecen tener problemas para regular sus acciones seg&uacute;n los deseos de otras personas o las demandas del contexto (7,8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El comportamiento hiperactivo suele hacerse extensivo a un grupo de conductas tales como: agresividad, actividad constante, tendencia a la distracci&oacute;n, impulsividad, incapacidad para concentrarse y dificultad para participar en actividades &quot;silenciosas&quot; como la lectura y otros comportamientos parecidos que, si bien pueden guardar relaci&oacute;n entre s&iacute;, no siempre se corresponden con la hiperactividad propiamente dicha; no es f&aacute;cil de definir con precisi&oacute;n, pues suele depender del criterio y de la tolerancia del observador, ya que el comportamiento que puede parecer excesivo para una persona puede no parecer excesivo para otra. Sin embargo, ciertos ni&ntilde;os comparados con otros son claramente m&aacute;s activos, lo cual se puede convertir en un problema si esta situaci&oacute;n interfiere con el desempe&ntilde;o escolar o la capacidad para hacer amigos.</p>     <p>A menudo, la hiperactividad se considera m&aacute;s un problema para las escuelas y los padres que para el ni&ntilde;o afectado. Sin embargo, muchos ni&ntilde;os hiperactivos son infelices e incluso depresivos, dado que su incapacidad para quedarse quietos los hace blanco de peleas, se les dificulta entrar en contacto con otros ni&ntilde;os, puede dificultar el trabajo escolar y, por tanto, el castigo se convierte una situaci&oacute;n com&uacute;n para ellos. El comportamiento hiperquin&eacute;tico (movimiento excesivo) suele disminuir a medida que el ni&ntilde;o crece y puede desaparecer por completo en la adolescencia.</p>     <p>Se plantea que algunos de los indicadores de la hiperactividad en los distintos momentos evolutivos son los siguientes: De 0 a 2 a&ntilde;os: descargas miocl&oacute;nicas durante el sue&ntilde;o, problemas en el ritmo del sue&ntilde;o y, durante la comida, per&iacute;odos cortos de sue&ntilde;o y despertar sobresaltado, resistencia a los cuidados habituales, reactividad elevada a los est&iacute;mulos auditivos e irritabilidad, de 2 a 3 a&ntilde;os: inmadurez en el lenguaje expresivo, actividad motriz excesiva, escasa conciencia de peligro y propensi&oacute;n a sufrir numerosos accidentes, de 4 a 5 a&ntilde;os: problemas de adaptaci&oacute;n social, desobediencia y dificultades en el seguimiento de normas y a partir de los 6 a&ntilde;os: impulsividad, d&eacute;ficit de atenci&oacute;n, fracaso escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptaci&oacute;n social (9).</p>     <p>La evoluci&oacute;n de la hiperactividad no se caracteriza por seguir una l&iacute;nea uniforme ni espec&iacute;fica. El pron&oacute;stico conlleva impulsividad, fracaso escolar, comportamientos antisociales e incluso delincuencia. Un 25 % de los ni&ntilde;os hiperactivos evolucionan positivamente, con cambios conductuales notables y sin que tengan dificultades especiales durante la adolescencia y la vida adulta (10). El DSM-III-R indica que aproximadamente un tercio de los individuos diagnosticados con hiperactividad en la infancia muestran signos del trastorno en la edad adulta. Los ni&ntilde;os que son hiperactivos en todos los ambientes tienen un peor pron&oacute;stico porque sufren con m&aacute;s frecuencia las consecuencias negativas que sus comportamientos alterados provocan en la familia, colegio y grupo de amigos, de este modo se vuelven m&aacute;s vulnerables y, por tanto, aumenta el riesgo de que desarrollen comportamientos antisociales.</p>     <p>En revisi&oacute;n realizada por Abikoff y Klein (1992), sobre las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas de la hiperactividad y los problemas de conducta en la infancia, se concluye que la hiperactividad est&aacute; asociada a una pobre ejecuci&oacute;n acad&eacute;mica, a un deficiente procesamiento de la informaci&oacute;n y a una psicopatolog&iacute;a parental, mientras que los problemas de conducta est&aacute;n asociados al rechazo maternal, a una pobre supervisi&oacute;n parental y al abuso de alcohol en padres (11). Otro estudio sobre hiperactividad y problemas de conducta en la infancia, se observ&oacute; que la hiperactividad era predictora de un rendimiento acad&eacute;mico bajo, mientras que los problemas de conducta estaban relacionados con el rendimiento acad&eacute;mico s&oacute;lo si correlacionaba con hiperactividad (12).</p>     <p>Los S&iacute;ntomas del DSM-IV (1995) y DSM-IV-TR (2002) para la hiperactividad son: A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento, a menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado, a menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud), a menudo tiene dificultades parajugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio, a menudo &quot;est&aacute; en marcha&quot; o suele actuar como si tuviera un motor y a menudo habla en exceso.</p>     <p>El tercer componente del TDAH es la impulsividad. Ésta se traduce por conductas de impaciencia, incapacidad para aplazar la respuesta, responder antes de que la pregunta haya sido formulada por completo, e interrumpir frecuentemente, provocando problemas en situaciones sociales. Asimismo, los individuos pueden hacer comentarios fuera de lugar, mostrar falta de atenci&oacute;n para la comprensi&oacute;n de las normas, hacer payasadas, etc. Es decir, los ni&ntilde;os son incapaces de autocontrolarse, de adecuar su conducta a las demandas del entorno y de demorar la gratificaci&oacute;n. Se ha se&ntilde;alado la naturaleza multidimensional de esta sintomatolog&iacute;a que, seg&uacute;n &eacute;l, incluye aspectos cognitivos y comportamentales. Asociadas a las conductas de hiperactividad e impulsividad se encuentra la desinhibici&oacute;n social, la falta de precauci&oacute;n en situaciones peligrosas y el quebrantamiento de forma impulsiva de las normas sociales, por lo que estos ni&ntilde;os sufren f&aacute;cilmente continuos accidentes y son rechazados por su grupo de iguales (13).</p>     <p>Entendiendo la impulsividad dentro de este sistema, los ni&ntilde;os impulsivos ser&iacute;an aquellos cuyo sistema de autorregulaci&oacute;n falla ante determinadas situaciones y su comportamiento resulta precipitado, irreflexivo o ineficaz, es decir, son considerados como ni&ntilde;os con un pobre desarrollo del control inhibitorio comportamental y que conlleva otros factores como dificultades cognitivas en el estilo de resoluci&oacute;n de problemas. Se asocian con la impulsividad 3 conceptos b&aacute;sicos que se entrelazan en la comprensi&oacute;n del comportamiento impulsivo: a) actuar sin pensar; b) la velocidad incrementada en la respuesta y, c) la impaciencia. Adem&aacute;s surgen otros indicadores estrechamente relacionados, como son un bajo control de sus impulsos y poca tolerancia a la frustraci&oacute;n.</p>     <p>Estos aspectos concurrentes hacen que un ni&ntilde;o impulsivo, a&uacute;n sin propon&eacute;rselo, llame la atenci&oacute;n desfavorablemente. Puede convertirse en el centro de las observaciones negativas del docente, los compa&ntilde;eros comenzar&aacute;n a quejarse y evitarlo de distinta forma ya que no disfrutar&aacute;n de sentarse con &eacute;l o de realizar actividades escolares conjuntas dentro o fuera de la escuela.</p>     <p>Los indicadores de la impulsividad son la excitabilidad (actuar antes de pensar, desorganizaci&oacute;n, pobre habilidad de planeamiento), el excesivo cambio de una actividad a otra, la dificultad en situaciones grupales en las que se requiere paciencia para actuar seg&uacute;n turnos, el requerimiento de mucha supervisi&oacute;n y presencia constante de problemas por comportamientos inapropiados (14).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las personas impulsivas se caracterizan por la presencia de altos niveles de actividad, por la incapacidad para demorar la gratificaci&oacute;n, por la dificultad de mantener relaciones interpersonales de larga duraci&oacute;n y por presentar conductas de tipo antisocial con mayor frecuencia (15-18).</p>     <p>La impulsividad puede dar lugar a accidentes como por ejemplo golpearse con objetos, golpear a otras personas, agarrar una cazuela caliente, entre otros, y a incurrir en actividades potencialmente peligrosas sin considerar sus posibles consecuencias, como por ejemplo patinar en un terreno abrupto.</p>     <p>En cuanto al diagn&oacute;stico m&eacute;dico, se dice que &eacute;ste se basa en los criterios cl&iacute;nicos, mediante criterios diagn&oacute;stico de exclusi&oacute;n o inclusi&oacute;n. Este diagn&oacute;stico puede estar apoyado por datos de test psicom&eacute;tricos y exploraciones complementarias (19). Para la orientaci&oacute;n diagn&oacute;stica y su clasificaci&oacute;n se emplean generalmente el DSM IV-TR y el CIE-10 que, como ya se ha mencionado, muestran una menor univerzalizaci&oacute;n y empleo, dificultando la comparaci&oacute;n con otros estudios.</p>     <p>Prevalencia</p>     <p>Para muchos autores, el TDAH es el trastorno m&aacute;s frecuente en la infancia (2,20-22), y todo indica que persiste en la adolescencia y la edad adulta (3,21-23). La prevalencia del TDAH oscila entre 3 % y el 7 %, en poblaci&oacute;n general (APA, 2002) y entre el 10 % y el 15 % en poblaci&oacute;n cl&iacute;nica (24).</p>     <p>Se han dise&ntilde;ado estudios para valorar la presencia de s&iacute;ntomas del TDAH en una muestra de 1.019 19 ni&ntilde;os del &aacute;rea de Barcelona. Dichos autores se&ntilde;alan que la prevalencia de los s&iacute;ntomas del TDAH var&iacute;a seg&uacute;n qui&eacute;n informa (padres o profesores), la edad y sexo de los ni&ntilde;os y los criterios de valoraci&oacute;n utilizados (25).</p>     <p>Los estudios epidemiol&oacute;gicos indican que la prevalencia del TDAH var&iacute;a seg&uacute;n la edad, el subtipo del trastorno (TDAH tipo desatento o tipo hiperactivo-impulsivo) y el g&eacute;nero. En este sentido, el TDAH tipo hiperactivo-impulsivo es cuatro veces m&aacute;s frecuente en chicos que en chicas (4:1), y en el TDAH tipo desatento, lo es en relaci&oacute;n 2:1. Ambos subtipos son m&aacute;s frecuentes entre los ocho y los diez a&ntilde;os (22-26).</p>     <p>Las conductas de falta de atenci&oacute;n son poco frecuentes en preescolar y que aumentan, de manera progresiva, al pasar a la ense&ntilde;anza primaria, sin que se den diferencias relevantes entre los 6 y 12 a&ntilde;os (25). Los s&iacute;ntomas de hiperactividad-impulsividad son m&aacute;s frecuentes entre 6 y 12 a&ntilde;os en los ni&ntilde;os, mientras que para las ni&ntilde;as ambos s&iacute;ntomas son poco frecuentes, tanto en preescolar como en la ense&ntilde;anza primaria.</p>     <p>En Colombia, se han realizado algunos estudios de prevalencia del TDAH, entre ellos se encuentra el realizado con 263 ni&ntilde;os de 5 a 7 a&ntilde;os, en el municipio de Manizales (27). En este estudio se utiliz&oacute; la entrevista individual, basada en los criterios del DSM-IV. La prevalencia del trastorno fue del 8,2 %. Estos datos corroboraron los suministrados por las diferentes fuentes bibliogr&aacute;ficas, encontrando que el trastorno fue m&aacute;s frecuente en ni&ntilde;os que ten&iacute;an 6 a&ntilde;os de edad; con una relaci&oacute;n hombre/ mujer fue 5 a 1; la edad de aparici&oacute;n m&aacute;s frecuente de los s&iacute;ntomas, seg&uacute;n los padres, fue a los 5 a&ntilde;os y, seg&uacute;n los profesores, a los 6 a&ntilde;os.</p>     <p>Posteriormente en 2001, estos mismos autores realizaron una segunda fase con ni&ntilde;os de 8 a 12 a&ntilde;os, encontr&aacute;ndose que la prevalencia fue del 7,1 %. Comparativamente, esta prevalencia fue menor que la encontrada en el primer estudio, siendo la variable diferencial entre ambos la edad de los sujetos. Ambos estudios sugieren, adem&aacute;s, la importancia del problema del TDAH en esta ciudad de Colombia y la necesidad de continuar avanzando en el conocimiento de dicho problema.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el a&ntilde;o 2001, otros autores encontraron una prevalencia del 16,1 %. Usaron como criterio diagn&oacute;stico una lista de s&iacute;ntomas que correspond&iacute;an exactamente con los 18 &iacute;tems del criterio del DSM-IV para el diagn&oacute;stico del TDAH. Los datos fueron obtenidos de los padres de ni&ntilde;os y adolescentes de 4 a 17 a&ntilde;os, de la ciudad de Manizales (28), en la ciudad de Cali se realiz&oacute; un estudio sobre los perfiles neuropsicol&oacute;gicos y conductuales de los ni&ntilde;os con TDAH. Adem&aacute;s de describir los perfiles neuropsicol&oacute;gicos de los ni&ntilde;os, se evidenci&oacute; una prevalencia del TDAH del 16 % (29) y en Sabaneta Antioquia el estudio de prevalencia del TDAH con adolescentes colombianos utilizando los criterios del DSM-IV fue del 15,86 % (30), y en Bogot&aacute; se realiz&oacute; un estudio de prevalencia en una poblaci&oacute;n de escolares entre los 5 y 12 a&ntilde;os de edad aparentemente sanos que permiti&oacute; evaluar la prevalencia del trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n e hiperactividad. Fueron evaluados 1.010 ni&ntilde;os y de ellos 584 es decir, el 57,8 % cumplieron con los criterios para ser diagnosticados con TDAH, lo que supone una prevalencia de 5,7 % y que permite concluir que el TDAH es una patolog&iacute;a frecuente en ni&ntilde;os de edad escolar y puede presentar un comportamiento variable, incluso en un mismo pa&iacute;s, dependiendo de diversos factores como los ambientales o gen&eacute;ticos (31).</p>     <p>Los estudios anteriores evidencian que en Colombia hay una alta prevalencia del TDAH, mucho mayor que en otros estudios realizados en otros lugares del mundo. Esta discrepancia se pudiera explicar como resultado de varios factores, entre los que se cuentan el uso de criterios m&aacute;s o menos restrictivos en el establecimiento del diagn&oacute;stico, o la existencia de factores de riesgo psicosocial del entorno poblacional del que se extraen las muestras. Sumado a lo anterior, aparecen otros elementos relevantes y es que del total de la poblaci&oacute;n diagnosticada, s&oacute;lo el 7,4 %, recibe un diagn&oacute;stico de confirmaci&oacute;n mediante una entrevista psiqui&aacute;trica estructurada, y s&oacute;lo el 6,6 %, de los afectados recibe tratamiento, lo que puede indicar que parece haber un subregistro en el diagn&oacute;stico en pa&iacute;ses desarrollados.</p>     <p>Pron&oacute;stico</p>     <p>En general se considera que el 80 % de los ni&ntilde;os con TDAH tienen un pron&oacute;stico favorable a largo plazo, siempre y cuando antes de la adolescencia se corrijan los problemas comportamentales y acad&eacute;micos asociados. Si esto se realiza, la literatura habla de que s&oacute;lo el 20 %, un grupo conformado por los casos m&aacute;s severos, tendr&aacute;n dificultades en la edad adulta con persistencia de los s&iacute;ntomas del trastorno (32). De los ni&ntilde;os que no reciben ning&uacute;n tratamiento o lo reciben incompleto, el 80 %, tienen un mal pron&oacute;stico a largo plazo, con aparici&oacute;n de trastornos explosivos de la conducta en la adolescencia, trastorno disocial de la conducta, trastorno de la personalidad de tipo delictivo, alcoholismo, farmacodependencia, inestabilidad laboral y dificultades en las relaciones personales.</p>     <p>En la edad adulta alrededor del 15 al 20 %, de los ni&ntilde;os con desorden deficitario de la atenci&oacute;n e hiperactividad contin&uacute;an presentando s&iacute;ntomas de este desorden y otro tercio presenta s&iacute;ntomas de desorden de personalidad antisocial. Un porcentaje significativo muestra abuso de drogas (16 %), principalmente cuando se presentan ambos.</p>     <p>Seg&uacute;n la gravedad, la implicaci&oacute;n neurol&oacute;gica y el &eacute;xito de la medicaci&oacute;n en el TDAH el pron&oacute;stico ser&aacute; m&aacute;s o menos favorable. En otras palabras, las manifestaciones var&iacute;an con la edad y con el tratamiento aplicado.</p>     <p>Adem&aacute;s de lo anterior se le suma al TDAH, que aproximadamente entre un 45 % y un 65 %, de los ni&ntilde;os diagnosticados presentan otros trastornos asociados, lo que lo ha llevado a ser considerado como un trastorno heterog&eacute;neo, que suele presentarse acompa&ntilde;ado de otros problemas psicopatol&oacute;gicos, que interact&uacute;an y modifican el diagn&oacute;stico de forma importante, tanto en la fenomenolog&iacute;a cl&iacute;nica como en las caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas, en las consecuencias psicosociales, en el curso cl&iacute;nico, en el pron&oacute;stico y en la respuesta al tratamiento de esta compleja asociaci&oacute;n (33-34). Lo anterior permite plantear que desde el punto de vista cl&iacute;nico los ni&ntilde;os que presentan TDAH asociado a otros trastornos revisten una mayor gravedad, se ven afectados en m&aacute;s dominios del desarrollo infantil (interacci&oacute;n social, acad&eacute;mica, emocional y f&iacute;sica) y siguen una evoluci&oacute;n m&aacute;s desfavorable que los ni&ntilde;os con TDAH sin comorbilidad (35-36).</p>     <p>Una de las alteraciones com&oacute;rbidas del TDAH se manifiesta en la motricidad. Estas disfUnciones de la motricidad parecen afectar a muchos sujetos con TDAH, hasta el punto que, la calidad del desempe&ntilde;o motriz durante los 5 a 6 primeros a&ntilde;os podr&iacute;a constituir un predictor de la posterior aparici&oacute;n de s&iacute;ntomas del TDAH e, incluso, la asociaci&oacute;n entre torpeza motriz y TDAH (37-38).</p>     <p>Existe una aceptaci&oacute;n general en relaci&oacute;n a que aproximadamente la mitad de todos los ni&ntilde;os con TDAH tendr&iacute;an dificultades motrices, que en muchos casos se subestiman (39-41), reflejadas en un rendimiento motriz por debajo de lo normal esperado de la misma edad (40). Estos problemas motrices est&aacute;n correlacionados principalmente al subtipo combinado y en el que predomina la inatenci&oacute;n. La evaluaci&oacute;n cuidadosa de las funciones motrices b&aacute;sicas del ni&ntilde;o puede revelar leves d&eacute;ficits, denominados signos neurol&oacute;gicos leves, los cuales incluyen: movimientos desbordantes, movimientos involuntarios, disrritmias, impersistencia motriz, d&eacute;ficit en inhibici&oacute;n de respuestas, dispraxias o apraxias, diadococinesia, incoordinaci&oacute;n o ataxia, entre otros (42-43). Los movimientos desbordantes motrices son definidos como un co-movimiento de partes del cuerpo, no espec&iacute;ficamente necesarios para completar una tarea de manera eficiente.</p>     <p>Existen diferentes formas de movimientos desbordantes, como los movimientos asociados (movimientos involuntarios en m&uacute;sculos no hom&oacute;logos contralateral o ipsilateral), irradiaci&oacute;n motriz contralateral, y movimientos en espejos. Estos &uacute;ltimos corresponden a movimientos involuntarios que se producen en m&uacute;sculos hom&oacute;logos contralaterales al movimiento voluntario. La capacidad de inhibir los movimientos involuntarios se desarrolla lentamente en el tiempo. Sin embargo, la persistencia de signos leves en la infancia tard&iacute;a y adolescencia sugiere disfunci&oacute;n motriz, lo que es asociado a desarrollo neurol&oacute;gico at&iacute;pico (36), o bien a inmadurez o retraso del desarrollo del sistema nervioso (44). De hecho, se piensa que los movimientos desbordantes resultan de una actividad cortical bilateral secundaria a una carencia de inhibici&oacute;n interhemisf&eacute;rica mediada por tractos transcallosales (45). Se ha considerado que la hiperactividad es un predictor de incoordinaci&oacute;n motriz gruesa, pero que no estar&iacute;a relacionada significativamente con habilidades motrices finas (37).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otros autores indican que estos ni&ntilde;os experimentan m&aacute;s dificultades con movimientos motores finos que con los gruesos (40) y alteraciones en la coordinaci&oacute;n global y en la orientaci&oacute;n espacio-temporal. Aunque la alteraci&oacute;n en la corteza prefrontal contribuye a los signos conductuales observados en el TDAH, sus conexiones &iacute;ntimas con el cerebelo y el n&uacute;cleo caudado podr&iacute;an explicar parcialmente la coexistencia de d&eacute;ficits sensoriomotrices y signos conductuales en ni&ntilde;os con TDAH(46).</p>     <p>Retos de la pol&iacute;tica de infancia a la luz del problema</p>     <p>Tal como lo plantea la pol&iacute;tica de infancia la experiencia acumulada a nivel nacional y regional permite afirmar que el pa&iacute;s cuenta con un conocimiento significativo sobre la promoci&oacute;n del desarrollo de la primera infancia. Conocimiento que incluye estar al d&iacute;a en los aspectos conceptuales, el reconocimiento de estrategias exitosas (juego, estimulaci&oacute;n adecuada, vinculaci&oacute;n afectiva, trabajo con padres), el desarrollo de instrumentos propios para la evaluaci&oacute;n del desarrollo infantil, entre otros. La estrategia fundamental ha sido la de brindar atenci&oacute;n directa a los ni&ntilde;os, seguida por el apoyo y educaci&oacute;n de la familia y alguna movilizaci&oacute;n social.</p>     <p>Falta garantizar las condiciones para que las iniciativas puedan sostenerse desde el punto de vista econ&oacute;mico, a lo largo del tiempo, y en t&eacute;rminos de legitimidad social (47). En &eacute;ste sentido el primer reto en la relaci&oacute;n entre TDAH y el desarrollo e implementaci&oacute;n de la pol&iacute;tica consiste en reconocer la problem&aacute;tica descrita como un eslab&oacute;n importante en el desarrollo de nuestros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, pues resulta ser un problema de alta prevalencia y que afecta todas las esferas del desarrollo de nuestros menores, y tal como se plante&oacute; a lo largo del cap&iacute;tulo anterior, este evento guarda estrecha relaci&oacute;n con los dos &aacute;mbitos de desarrollo intervenidos de manera prioritaria en la pol&iacute;tica los cuales son la familia y la escuela.</p>     <p>Desde otra perspectiva si se considera que entre los factores que a nivel municipal han incidido en la garant&iacute;a de los derechos de los menores de 6 a&ntilde;os se destacan:</p>     <p>La <i>voluntad pol&iacute;tica, </i>sin la cual es imposible incluir el tema de primera infancia en los planes de desarrollo municipales, priorizarlo para invertir en &eacute;l y posicionar a los ni&ntilde;os del municipio como sujetos de atenci&oacute;n y reconocimiento.</p>     <p>La <i>continuidad de los actores pol&iacute;ticos, </i>lo que permite garant&iacute;a de procesos y culminaci&oacute;n de din&aacute;micas que lleven a resultados tangibles.</p>     <p>La <i>capacidad t&eacute;cnica </i>para intervenir y gestionar del municipio, sin la cual es imposible alcanzar los objetivos planteados en el tema de primera infancia.</p>     <p>La <i>coordinaci&oacute;n intersectorial, </i>cuya carencia aparece como tema recurrente a nivel municipal y que se evidencia cuando los ni&ntilde;os acceden a diferentes programas con servicios relativamente similares, lo que podr&iacute;a evitarse generando programas integrales, alimentados desde distintas l&oacute;gicas de trabajo.</p>     <p>La <i>sostenibilidad, </i>marcada por la dependencia de los programas y proyectos de una persona o funcionario m&aacute;s no de la instituci&oacute;n o sector como tal, pero que puede ser contrarrestada mediante el empoderamiento de la comunidad y los funcionarios; el <i>acompa&ntilde;amiento </i>que se ha dado a trav&eacute;s del nivel departamental, nacional, ONG y organizaciones internacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El <i>monitoreo y evaluaci&oacute;n, </i>pr&aacute;cticamente inexistente a nivel local como herramienta de evaluaci&oacute;n de las experiencias existentes en primera infancia, en el que se articulen las m&uacute;ltiples acciones que desde el municipio se orientan a ese grupo poblacional (47), el reto resulta ser que los municipios acorde a lo planteado en el decreto 3039 (48) diagnostiquen y evidencien la problem&aacute;tica del TDAH como problema de salud p&uacute;blica en la poblaci&oacute;n infantil y posterior a ello puedan realizar un trabajo intersectorial articulando acciones orientadas a la soluci&oacute;n del problema.</p>     <p>Si tenemos en cuenta que la pol&iacute;tica de primera infancia plantea que los ni&ntilde;os deben tener Derecho a atenci&oacute;n en salud y que uno de sus apartados reconoce que en 2005, alrededor del 2 %, de los ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os presentaba alg&uacute;n tipo de discapacidad (para moverse o caminar, usar brazos o manos, para escuchar, ver a pesar de usar lentes o gafas, entender o aprender, relacionarse con los dem&aacute;s por problemas psicol&oacute;gicos, emocionales, entre otros).</p>     <p>Los ni&ntilde;os en edad de primera infancia con alg&uacute;n grado de limitaci&oacute;n o discapacidad, deben tener acceso a procesos educativos, de habilitaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n, que les permita mejorar sus potencialidades, integrarse a la sociedad y ser ciudadanos participantes y productivos; situaci&oacute;n que demanda la detecci&oacute;n temprana de la discapacidad, as&iacute; como su atenci&oacute;n integral y oportuna. De esta forma, la detecci&oacute;n temprana, el acompa&ntilde;amiento y preparaci&oacute;n a la familia, y la oferta adecuada para superar las barreras planteadas por el entorno seg&uacute;n el caso, tienen mayor relevancia en la primera infancia (46), se tiene un nuevo reto en la posibilidad de asumir el TDH como una situaci&oacute;n que afecta los procesos educativos del menor, y cuya detecci&oacute;n temprana y manejo oportuno en integralidad entre la familia, la instituci&oacute;n educativa y la instituci&oacute;n de salud, puede ser la &uacute;nica y eficaz manera de sacar adelante ese menor que se ve afectado.</p>     <p>Para finalizar existe otro derecho consagrado en la pol&iacute;tica de infancia que guarda estrecha relaci&oacute;n con el diagn&oacute;stico y manejo del TDH y es el acceso a estimulaci&oacute;n temprana y a educaci&oacute;n inicial pues es en &eacute;ste contacto donde puede ser posible la identificaci&oacute;n de &eacute;ste problema y donde se le puede dar al ni&ntilde;o la posibilidad de ser manejado de una manera integral y oportuna para superar esta patolog&iacute;a e integrarse como ser productivo a la sociedad.</p>     <p>Existe una evidencia cient&iacute;fica que en Colombia el TDAH resulta ser un verdadero problema de Salud P&uacute;blica en la poblaci&oacute;n infantil, adem&aacute;s existen planteamientos claros desde la pol&iacute;tica p&uacute;blica de primera infancia y desde la normatividad actual que permiten que este sea incorporado como prioridad de intervenci&oacute;n, ya que esta patolog&iacute;a se convierte en un problema no solo individual sino social en el momento que se evalu&eacute; el alcance y los nuevos compromisos de la pol&iacute;tica de primera Infancia en Colombia.</p>     <p>Se hace prioritario que en los procesos de intervenci&oacute;n del TDAH, se realicen programas multimodales que posibiliten el abordaje de comorbilidades como la motricidad, tem&aacute;tica sobre la cual falta a&uacute;n mucho desarrollo, pues bien es conocido de todos que los tratamientos dejan de lado los aspectos motrices de los ni&ntilde;os fuera del aula o consultorio.</p>     <p align="center"><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. L&oacute;pez-Ibor JJ, Vald&eacute;s M. DSM-IV-TR. Manual diagn&oacute;stico y estad&iacute;stico de los trastornos mentales. Masson. Barcelona; 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-0064201200080001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Barkley RA, Anastopoulos AD, Guevremont DC, Fletcher KE. Adolescents with ADHD:patterns of behavioral adjustment, academic functioning, and treatment utilization. J Am acad Child Psy.1991; 30(5):752-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-0064201200080001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Whalen CK, Henker B, Hinshaw SP. Cognitive-behavioral therapies for hyperactive children:Premises, problems, and prospects. J Abnorm Child Psych1985; 13(3):391-409.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-0064201200080001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Whalen CK, Henker B. Social impact of stimulant treatment for hyperactive children. J Learn Disabil.1991; 24(4):231-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-0064201200080001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Arnold LE, Abikoff HB, Cantwell DP, Conners K, Elliott G, Greenhill LL, Hectman L, Hinshaw SP, Hoza B, Jensen PS, Kraemer HC, March JS, Nuevacorn JH, Pelham EW, Richters JE, Schiller E, Severe JB, Swanson JM, Vereen D, Wells KC. National Institute of Mental Health Colaborative Multimodal Treatment Study of Children with ADHD (the MTA). Arch Gen Psychiat.1997; 54:865-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-0064201200080001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Teichner MH, Ito, Glod CA, Barber NI. Objetive measurement of hyperactivity and attentional problems in ADHD. J Am Acad Child Psy.1996; 35:334-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-0064201200080001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Slusarek M, Velling S, Bunk D, Eggers C. Motivational effect on inhibitory control in children with ADHD. J Am Acad Child Psy.2001; 40:355-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-0064201200080001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Barkley RA. Excessive dopamine transporter density in adults with attention deficit hyperactivity disorder assessed by SPECT with &#91;123 I&#93; altropane. University of Massachusetts Medical School, Worcester, MA; 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-0064201200080001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Whalen CK. Hiperactividad, problemas de aprendizaje y trastornos por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n (213- 279). En T. Ollendich y M. Hersen, (Eds). Psicopatologia Infatil. Barcelona. 1986.p. 391-410.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-0064201200080001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Abikoff H, Klein R. Attention-deficit hyperactivity and conduct disorder, comorbidity and implications for treatment. J Consult Clin Psych.1992; 60(6):881-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-0064201200080001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Frick PJ. Family disfunction, the diruptive behavior disorders. A review of recent empirical findings. En T.H. Ollendick y R.J. Prinz, Advances In Clinical Child Psychiat 1994; 16,203-227.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-0064201200080001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Copeland AP, Weissbrod CS. Strategies used by learning disabled children: Does hyperactivity alway make thing worse? J Learn Disabil.1995; 10(8):473-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-0064201200080001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Eysenck SB, Easting G, Pearson PR. Age norms for impulsiveness, venturesomeness and empathy in children. Pers Indiv Differ.1984; 5:315-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-0064201200080001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Velting O, Whitehust GJ. Inattention-hyperactivity and reading achievement in children from low-income families, a longitudinal model. J Abnorm Child Psych. 1997; 25(4):321-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-0064201200080001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. White JL, Moffitt TE, Caspi A, Bartusch DJ, Needles DJ, Stouthamer-Loeber M. Measuring impulsivity and examining its relationship to delinquency. J Abnorm Psychol.1994; 103,192-205.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-0064201200080001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Solanto MV, Abikoff H, Sonuga-Barke E, Schachar, R, Logan, GD, Wigal T, Hechtman L, Hinshaw S, Turkel E. The ecological validity of delay aversion and response inhibition as measures of impulsivity in ADHD: a supplement to the NIMH multimodal treatment study of ADHD. J Abnorm Child Psych.2001; 29,215-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-0064201200080001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fern&aacute;ndez JA, Calleja PB. Trastorno por d&eacute;ficit de la atenci&oacute;n con hiperactividad, e hipetamelanosis de Ito. Rev Neurolgia.2000; 16, 45-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-0064201200080001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Shaywitz S, Shaywitz BA. Introduction to the special series on attention deficit disorder. J Learn Disabil.1991; 24(2):68-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-0064201200080001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Biederman J, Faraone S, Milberger S, Curtis S, Chen L, Marris A, Ouellette C, Moore P Spencer T. Predictors of persistence and remission ofADHD into adolescence, results from a four-year prospective follow-up study. J Am Acad Child and Adolescent.1996;35(3):343-51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-0064201200080001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Wolraich M, Hannah J, Pinnock T, Baumgaertel A, Brown J. Comparison of diagnostic criteria for attention deficit hyepractivity disorder in a country-wide sample. J Am acad Child Psy.1996; 35(3):319-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-0064201200080001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Kazdin AE, Johnson B.   Advances in psychotherapy for children and adolescents, interrelations of adjustment, development, and intervention. J School Psychol.1994; 32,217-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-0064201200080001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Fischer M, Barkley R, Edelbrock C, Smallish L. The adolescent of hyperactive children diagnosed by research criteria, academic, attentional and neuropsychological status. J Consult Clin Psych. 1990; 58(5):580-88.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-0064201200080001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Amador JA, Forns M, Martorell B. S&iacute;ntomas de desatenci&oacute;n e hiperactividad-impulsividad: an&aacute;lisis evolutivo y consistencia entre informantes. Anuario de Psicolog&iacute;a. 2001; 32, 51-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-0064201200080001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Bathia MS, Nigam VR, Bohra N, Malik SC. Attention deficit disorder with hyperactivity among paediatric Outpatients. J Child Psychol Psyc.1991; 32(2):297-306.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-0064201200080001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. V&eacute;lez C, Vidarte JA. Caracterizaci&oacute;n del TDAH en los ni&ntilde;os entre 5 y 7 a&ntilde;os escolarizados de la ciudad de Manizales. Universidad Aut&oacute;noma de Manizales.1999; T. de Grado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-0064201200080001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Pineda DA, Lopera GC, Palacio JD, Henao P. Prevalencia del trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n una comunidad colombiana. Rev Neurolog&iacute;a. 2001; 33:2-17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-0064201200080001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Bar&aacute; S, Henao P, Jim&eacute;nez DA, Pineda D, Vicu&ntilde;a GC. Perfiles neuropsicol&oacute;gicos y conductuales de los ni&ntilde;os con trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n /hiperactividad de Cali, Colombia. Rev Neurolog&iacute;a. 2003; 37(7):608-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-0064201200080001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Cornejo JW, Osio O, S&aacute;nchez Y, Carrizosa J, Griosales H, Castillo H, Holgu&iacute;n, J. Prevalencia del trastorno por d&eacute;ficit de la atenci&oacute;n e hiperactividad en ni&ntilde;os y adolescentes colombianos. 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Attention deficit hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment. Nueva York: Guilford Press; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-0064201200080001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Fergusson DM, Horwood LJ.The structure, stability, and correlations for the trait components of conduct disorder, attention deficit and anxiety withdrawal. J Child Psychol Psyc. 1993; 34(5):749-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-0064201200080001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. McBurnett K, Pfiffner LJ, Willcutt E, Tamm K, Lerner M, Ottolini YL, Furmna MB. Experimental cross validation of DSM-IV types of attention deficit hyperactivity disorder. J Am Acad Child Psy. 1999; 38:17-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-0064201200080001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Jensen P, Wtanabe H, Richters J, Roper M, Hibb, E, Salzberg A, Liu S. Scales, diagnoses, and child psychopathology, II. Cmparing the CBCL and the DISC agains external validators. 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Quality of movement as predictor of ADHA; resultas from a prospective population study in 5 and year-old children, Dev Med Child Neurol. 2002; 44:753-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-0064201200080001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Castroviejo P. S&iacute;ndrome de d&eacute;ficit de atenci&oacute;n con hiperactividad y capacidad para el deporte Rev Neurog&iacute;a. 2004; 38(11):1001-1005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-0064201200080001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Pitcher T, Piek J, Hay D. &quot;Fine and gross motor ability in males with ADHD&quot;. Dev Med Child Neurol. 2003; 45:525-535.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-0064201200080001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Slaats D, De Sonneville L, Swaab H, Buitelaar J. &quot;Motor flexibility problems as a marker for genetic susceptibility to Attenti Deficit/Hyperactivity Disorders&quot;. Society of Biological Psychiatry. Biol Psychiat. 2005; 58:233-238.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-0064201200080001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Vidarte JA, Ezquerro M, Gir&aacute;ldez MA. Perfil psicomotor de ni&ntilde;os de 5 a 12 a&ntilde;os diagnosticados cl&iacute;nicamente de trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n/hiperactividad en Colombia. Rev Neurolog&iacute;a. 2009; 49(2):69-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-0064201200080001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Udal A, Malt U, Lövdahl H, Gjaerum B, Pripp A, Groholt B. Motor function may differentiate attention deficit hyperactivity disorder from early onset bipolar disorder. Behav Brain Func. 2009; 5(47):1-10&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-0064201200080001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. D' Agati E, Casatrelli L, Pitzianti M, Pasini A. Overflow movements and white matter abnormalities in ADHD. Prog Neuro-Psychop. 2010; 34(3):441-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-0064201200080001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Gordon J. Attention Deficit Hyperactivity Disorder Handbook. A Physician's Guide to ADHD. Second Edition, Springer; 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-0064201200080001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Denckla M. ADHD. Topic Update&quot;. Elsevier, Brain Dev-J 2003; 25:383-389.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-0064201200080001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Shum B, Pang M. Children with Attention Deficit Hyperactivity Disorder have impaired balance function: Involvement of Somatosensory, Visual and Vestibular System. J Pediatr. 2009; 155(2):245-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-0064201200080001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Rep&uacute;blica de Colombia. Programa de apoyo para la construcci&oacute;n de la pol&iacute;tica de primera Infancia. Pol&iacute;tica de primera infancia. Bogot&aacute;; 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-0064201200080001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Torrado MC, Anzelin I. La Primera Infancia en la agenda local Comisi&oacute;n Gesti&oacute;n y desarrollo local. Observatorio sobre Infancia. Universidad Nacional de Colombia; 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-0064201200080001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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