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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Epidemiología moderna: antecedentes, desarrollos y perspectivas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT Epidemiology is an ongoing discipline (i.e. still being constructed) and many of the foundations of the theory and methods now in use were mostly developed during the second half of the twentieth century, arising from what is known today as "modern epidemiology". This paper summary the history and main ideas which guided epidemiology at that time, the debates and divisions that characterized such advance and presents a "biased" point of view concerning the perspectives which could help thinking about the disciplinary development of epidemiology.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Epidemiolog&iacute;a moderna: antecedentes,  desarrollos y perspectivas </b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The background, development and perspectives of modern epidemiology</b></font></p>     <p align="center">Fabi&aacute;n M&eacute;ndez</p>     <p>Escuela de Salud P&uacute;blica. Universidad del Valle. Cali, Colombia. <a href="mailto:fabian.mendez@correounivalle.edu.co">fabian.mendez@correounivalle.edu.co</a></p>     <p align="center">Recibido 6 Marzo 2013/Enviado para Modificaci&oacute;n 28 Marzo 2013/Aceptado 30 Abril 2013 </p> <hr>     <p><B>RESUMEN </b></p>      <p>La epidemiolog&iacute;a es una disciplina en construcci&oacute;n, y muchos de los fundamentos de la teor&iacute;a y m&eacute;todos actualmente en uso lograron mayor desarrollo en la segunda mitad del siglo XX en la que es conocida hoy como la "Epidemiolog&iacute;a Moderna". Este art&iacute;culo es un resumen de los antecedentes y principales ideas que han guiado los desarrollos de la epidemiolog&iacute;a a partir de esos a&ntilde;os, de algunos de los debates y "fisuras" que han caracterizado esos desarrollos y, finalmente, de una posici&oacute;n "sesgada" de las perspectivas que considero pueden ayudar a pensar el desarrollo disciplinar de la epidemiolog&iacute;a. </p>     <p><B>Palabras Clave</B>: Epidemiolog&iacute;a, conocimiento, m&eacute;todos, historia (<I>fuente: DeCS, BIREME</I>). </p> <hr>     <p><B>ABSTRACT </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Epidemiology is an ongoing discipline (i.e. still being constructed) and many of the foundations of the theory and methods now in use were mostly developed during the second half of the twentieth century, arising from what is known today as "modern epidemiology". This paper summary the history and main ideas which guided epidemiology at that time, the debates and divisions that characterized such advance and presents a "biased" point of view concerning the perspectives which could help thinking about the disciplinary development of epidemiology. </p>     <p><B>Key Words</B>: Epidemiology, knowledge, method, history (<I>source: MeSH, NLM</I>). </p> <hr>     <p>Cu&aacute;ndo y con qui&eacute;n empieza la epidemiolog&iacute;a moderna. Esta pregunta se puede resolver haciendo referencia al periodo de la postguerra, en  Cparticular la d&eacute;cada de 1950, cuando varios grupos interdisciplinares de acad&eacute;micos desarrollaron los fundamentos para el dise&ntilde;o, ejecuci&oacute;n y an&aacute;lisis de estudios observacionales complejos y de gran tama&ntilde;o, algunos de base poblacional. </p>       <p>No obstante, esos avances en la teor&iacute;a y en las herramientas metodol&oacute;gicas en la epidemiolog&iacute;a durante la segunda mitad del siglo XX deben entenderse a la luz del desarrollo hist&oacute;rico de otras disciplinas que aportaron a&ntilde;os atr&aacute;s los cimientos del pensamiento epidemiol&oacute;gico. Los desarrollos de la filosof&iacute;a, la estad&iacute;stica, la biolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a, por mencionar algunos de los m&aacute;s importantes, fueron fundamentales para permitir que los avances de la epidemiolog&iacute;a tuvieran lugar. As&iacute; por ejemplo, es evidente que durante el surgimiento disciplinar de la epidemiolog&iacute;a en el siglo XX, los desarrollos en pensamiento causal fueron influenciados, entre otros, por la epistemolog&iacute;a esc&eacute;ptica de David Hume del siglo XVIII, y por supuesto, a&uacute;n m&aacute;s atr&aacute;s, por las bases del m&eacute;todo cient&iacute;fico de Francis Bacon. De otra parte, el surgimiento de la microbiolog&iacute;a m&eacute;dica a finales del siglo XIX, y los logros en la vacunaci&oacute;n contra el polio, en el que ha sido considerado el "m&aacute;s grande experimento humano formal &#91;&hellip;&#93; con cerca de 1000000 de escolares como sujetos"(1), aportaron modelos a seguir en experimentaci&oacute;n. Las anteriores influencias, a manera de ejemplo y contexto, permearon la discusi&oacute;n sobre las dificultades de la observaci&oacute;n vs. la experimentaci&oacute;n y sentaron las bases para la formulaci&oacute;n de los criterios de causalidad en la d&eacute;cada de 1950, sobre los cuales se dieron algunos de los m&aacute;s importantes avances de la epidemiolog&iacute;a. </p>     <p>Ahora bien, en t&eacute;rminos de Thomas Kuhn, la "revoluci&oacute;n paradigm&aacute;tica", si pudi&eacute;ramos llamar as&iacute; a los desarrollos de la epidemiolog&iacute;a moderna llevada a cabo por los practicantes de la epidemiolog&iacute;a de la d&eacute;cada de 1950, no solo fue soportada en los desarrollos de otras disciplinas, si no que ocurri&oacute; gracias a una situaci&oacute;n hist&oacute;rica y social espec&iacute;fica, que incluy&oacute; en particular el avance de la epidemia de las enfermedades cr&oacute;nicas y el crecimiento econ&oacute;mico acelerado de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos en medio de las tensiones de la guerra fr&iacute;a. </p>     <p>El t&eacute;rmino Epidemiolog&iacute;a Moderna utilizado por Rothman en el libro del mismo nombre es, en mi concepto, a la vez pretencioso e ingenuo. De alguna forma, contraviniendo lo dicho por Naomar de Almeida en su libro "La Ciencia T&iacute;mida: Ensayos de deconstrucci&oacute;n de la epidemiolog&iacute;a"(2) la falta de "timidez" de algunos epidemi&oacute;logos anglosajones fue probablemente la fuente de los mayores avances te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos que se han logrado en esas corrientes de pensamiento disciplinar. En ella prevalece una profunda concepci&oacute;n pragm&aacute;tica y en cierta forma arrogante sobre el uso de los m&eacute;todos, sobre la rigurosidad en el an&aacute;lisis estad&iacute;stico y una muy fuerte y aguda cr&iacute;tica a los l&iacute;mites y fortalezas de los datos para su uso en la toma de decisiones en salud. Esa es probablemente la causa de sus mayores bellezas y, probablemente, de sus mayores dolores. </p>     <p>Los grandes estudios de la post-guerra, notablemente las cohortes de Framingham, la cohorte de los m&eacute;dicos brit&aacute;nicos, el estudio ARIC (AtherosclerosisRisk in Communities), y muchos m&aacute;s que antecedieron otros estudios modernos como el de Salud de las Enfermeras (Nurses' HealthStudy) y el MACS (Multicenter AIDS CohortStudy) que empieza en la d&eacute;cada de 1980, antes de la identificaci&oacute;n del agente causal del SIDA, son demostraciones claras de lo que la epidemiolog&iacute;a como disciplina ha logrado avanzar para contribuir de manera pr&aacute;ctica en la definici&oacute;n de intervenciones. Mucho de estos estudios, al aislarse del contexto social, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, han logrado aportar conocimiento &uacute;til para la toma de decisiones, pero por lo mismo han pecado de no poseer una visi&oacute;n m&aacute;s sist&eacute;mica que, sin desconocer los factores biom&eacute;dicos y de comportamiento individuales, consideren y traten de integrar la determinaci&oacute;n social de los fen&oacute;menos de salud-enfermedad. </p>     <p><b>Los desarrollos del pensamiento en epidemiolog&iacute;a moderna</b></p>     <p>Los conceptos centrales que podr&iacute;amos incluir en esos desarrollos de la epidemiolog&iacute;a moderna son varios. Un curso de epidemiolog&iacute;a intermedia deber&aacute; incluir estos conceptos fundamentales. Veamos algunos asuntos esenciales de esas nociones. </p>     <p><b>El contraste entre Individuo-Poblaci&oacute;n</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Geoffrey Rose(3) contribuy&oacute; a entender que las estrategias de control individual (estrategia de intervenir los individuos de alto riesgo) son diferentes a las estrategias poblacionales. Una gran lecci&oacute;n de Rose fue ayudar a entender que una peque&ntilde;a reducci&oacute;n de riesgo en una gran proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n puede significar m&aacute;s en t&eacute;rminos de prevenci&oacute;n de mortalidad o enfermedad que intervenir un riesgo alto en un grupo peque&ntilde;o de personas. No obstante, probablemente su mayor contribuci&oacute;n cualitativa fue aportar a diferenciar que las causas individuales son diferentes a las poblacionales, y que, aunque complementarias, son preguntas diferentes las que la cl&iacute;nica y la epidemiolog&iacute;a persiguen. Este es un asunto fundamental para comprender la esencia del pensamiento epidemiol&oacute;gico y una de las caracter&iacute;sticas fundamentales que lo diferencian de la cl&iacute;nica. </p>     <p>A manera de ejemplo, en la ciudad de Cali, entre 2004 y 2005 se tuvo un importante conglomerado de defectos cong&eacute;nitos con ocurrencia de ni&ntilde;os c&iacute;clopes y sirenas (4 casos de cada uno de ellos en un periodo de 10 meses)(4). Las investigaciones no solo han sugerido el papel que varios factores ambientales (i.e.; exposici&oacute;n a metales pesados en la dieta o por otras rutas) pueden tener en la ocurrencia de algunos de esos casos si no que han mostrado que el espectro de las consecuencias de esas exposiciones en la madre y el ni&ntilde;o pueden incluir desde un n&uacute;mero peque&ntilde;o de casos de defectos cong&eacute;nitos (llamados defectos por disrupci&oacute;n vascular) hasta el impacto en un n&uacute;mero mayor de individuos expuestos, aunque menos visible, en el peso al nacer de los reci&eacute;n nacidos sin presencia de alteraciones cong&eacute;nitas. Las causas de los defectos cong&eacute;nitos se relacionan con mujeres de muy alto riesgo en las que coexisten m&uacute;ltiples exposiciones (i.e.; desnutrici&oacute;n, consumo de sustancias psicoactivas, pobreza extrema, etc.) mientras que los efectos en el peso al nacer son poblacionales y podr&iacute;an ocurrir en ni&ntilde;os con peso adecuado. En consecuencia, la importancia de este &uacute;ltimo efecto debe ser entendido en como el cambio en la distribuci&oacute;n poblacional del peso al nacer (i.e.; por movimiento de toda la distribuci&oacute;n normal de pesos) tiene consecuencias mayores en la morbimortalidad y en el desarrollo psicomotor de la poblaci&oacute;n infantil. </p>     <p><b>El estudio de la causalidad</b></p>     <p>El estudio de las causas, como estrategia para formular intervenciones, llev&oacute; a los investigadores en epidemiolog&iacute;a a asumir modelos de causalidad expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente. De acuerdo a Parascandola y Weed(5), esos modelos de causalidad se han inscrito en 5 vertientes: 1.Producci&oacute;n; 2.Necesaria y suficiente; 3.Componente-suficiente; 4.Contraf&aacute;cticos, y; 5.Probabil&iacute;sticos. Estos modelos desarrollan met&aacute;foras desde las cuales se trata de comprender de qu&eacute; manera los factores de riesgo se relacionan con los eventos bajo estudio. </p>     <p>A su vez, los modelos han tenido implicaciones en desarrollos metodol&oacute;gicos, a trav&eacute;s de diferentes estrategias de dise&ntilde;o de estudios y en las herramientas de an&aacute;lisis estad&iacute;stico. Los criterios de causalidad fueron revisados, por ejemplo, uno a uno en el an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre el VPH y el c&aacute;ncer del c&eacute;rvix(6). Es interesante analizar que en dicha publicaci&oacute;n se refiera que la fuerza de la asociaci&oacute;n sea de las m&aacute;s fuertes observadas para un c&aacute;ncer en humanos, con OR ajustados de 83.3 (IC95% de 54.9 &ndash; 105.3), y que precisamente la mayor&iacute;a de las infecciones por el virus del papiloma no terminen en c&aacute;ncer. Una probable explicaci&oacute;n matem&aacute;tica parte de entender que esa medida de asociaci&oacute;n resume una necesidad muy grande (oportunidad de exposici&oacute;n en los casos) y una suficiencia muy baja (oportunidad de no exposici&oacute;n en los controles). En una tabla de 2x2, ese producto de necesidad (A/C: enfermos expuestos/enfermos no expuestos; da un valor muy grande, casi infinito) por suficiencia (D/B; un valor bajo) da un n&uacute;mero grande como el que se encuentra en los estudios de VPH y c&aacute;ncer, lo que explica los aparentes resultados parad&oacute;jicos. </p>     <p>La medici&oacute;n de la ocurrencia y la asociaci&oacute;n Durante la segunda mitad del siglo pasado se desarrollaron herramientas de medici&oacute;n de la ocurrencia de los eventos de salud/enfermedad de acuerdo a los diferentes dise&ntilde;os en epidemiolog&iacute;a. El art&iacute;culo de Elandt-Johnson(7) que defini&oacute; medidas de ocurrencia y asociaci&oacute;n, no invent&oacute; nada nuevo, pero plante&oacute; puntos comunes sobre los cuales establecer acuerdos. En consecuencia, las herramientas para medir la ocurrencia de los eventos de inter&eacute;s son variadas: oportunidades (odds), incidencias acumuladas, tasas y densidades de incidencia, peligros, tiempo a evento. </p>     <p>Con base en estas medidas, se definen diferencias en las escalas aritm&eacute;tica (riesgos atribuibles o exceso de riesgo) y logar&iacute;tmica (raz&oacute;n de riesgos o riesgos relativos) que nos brindan, respectivamente, herramientas para la planificaci&oacute;n en salud p&uacute;blica y para la evaluaci&oacute;n de relaciones de causalidad. </p>     <p>El estudio sobre la historia natural de la infecci&oacute;n por VPH en una cohorte de mujeres en Bogot&aacute;(8) nos puede servir como base para describir la riqueza descriptiva de algunas de esas herramientas. Por un lado, el seguimiento de estas mujeres permiti&oacute;, por primera vez corroborar una apreciaci&oacute;n hecha en estudios de prevalencia, y es que despu&eacute;s del pico inicial de infecci&oacute;n por VPH de alto riesgo entre los 15 y 19 a&ntilde;os con tasas de incidencia de 15 por 100 mujer-a&ntilde;os (i.e. un concepto an&aacute;logo a la velocidad de generaci&oacute;n de nuevos casos), ocurre un segundo pico despu&eacute;s de los 40 a&ntilde;os con tasas de incidencia de 5 por 100 mujer-a&ntilde;os. Para medir la ocurrencia de la infecci&oacute;n, los anteriores datos se complementan con el an&aacute;lisis de Kaplan-Meier (otro de los m&eacute;todos desarrollados en la d&eacute;cada de 1950 y que signific&oacute; un avance sobre la tabla de vida), que nos permiten estimar que en los primeros 4 a&ntilde;os despu&eacute;s de iniciar actividad sexual, m&aacute;s del 40% de las mujeres de la cohorte presentan ya una infecci&oacute;n por alg&uacute;n virus de alto riesgo. Finalmente, este mismo art&iacute;culo estima como la fuerza de la enfermedad (i.e., forma de la curva de peligro) cambia con el tiempo y confirma que hay un proceso de "aceleraci&oacute;n" de la producci&oacute;n de casos nuevos de infecci&oacute;n despu&eacute;s de los 40 a&ntilde;os. </p>     <p>Otro avance, relativamente reciente, es el desarrollo de medidas de "efectividad poblacional" en el contexto del MACS(9,10). En esa cohorte, los autores lograron avanzar en la estimaci&oacute;n de una medida poblacional del impacto de una intervenci&oacute;n, esto es, en condiciones no controladas. A diferencia de las medidas de asociaci&oacute;n de ensayos cl&iacute;nicos controlados, que ayudan a determinar la eficacia de una intervenci&oacute;n (en el nivel individual), las medidas de efectividad poblacional permiten estimar el impacto que en condiciones reales puede alcanzar una intervenci&oacute;n cuando es puesta en uso y algunos acceden a ella (no asignaci&oacute;n aleatoria). Esta medida, de importancia fundamental en salud p&uacute;blica, no replica si no que complementa lo que los estudios experimentales hacen, y vuelve a recordarnos el llamado de Rose a buscar y diferenciar las causas poblacionales de las individuales. </p>     <p><b>El error aleatorio y la precisi&oacute;n de los estudios</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La estad&iacute;stica ha hecho contribuciones fundamentales al desarrollo del pensamiento de la epidemiolog&iacute;a moderna. Los estad&iacute;sticos han aportado modelos probabil&iacute;sticos en los que se estima el error aleatorio como fundamento para definir, bajo m&eacute;todos frecuentistas, un rango de valores compatibles con una probabilidad l&iacute;mite (i.e. intervalos de confianza). El an&aacute;lisis de esos errores aleatorios es la base, adem&aacute;s, para definir el ajuste de los modelos a los datos y, por tanto, es fundamental en el ejercicio de identificar la mejor ecuaci&oacute;n que describe el proceso de generaci&oacute;n de los datos. </p>     <p>Para ello, los m&eacute;todos de regresi&oacute;n miden el soporte que los datos le dan a una estimaci&oacute;n puntual (i.e.; verosimilitud) para comparar modelos diferentes y definir cu&aacute;l es el que mayor utilidad tiene. </p>     <p>Los avances en el desarrollo de automatizaci&oacute;n de procesos en equipos de c&oacute;mputo han contribuido tambi&eacute;n a que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se hayan podido modelar estudios complejos y de gran tama&ntilde;o. Precisamente, esos desarrollos han permitido tambi&eacute;n que se pueda "dividir" la variabilidad de observaciones que tienen una estructura "anidada". Esto es, dado que se reconoce que las exposiciones individuales se agregan y que algunas de ellas tienen importancia en su expresi&oacute;n en diferentes niveles (familia, barrio, municipio, regi&oacute;n, etc.) los desarrollos de los llamados modelos multinivel permiten explicar una variable respuesta en un nivel como una funci&oacute;n de variables definidas en varios niveles m&aacute;s interacciones entre y dentro de los niveles. En consecuencia, los modelos multinivel constituyen uno de los m&aacute;s importantes retos en el campo de la investigaci&oacute;n en epidemiolog&iacute;a, por la riqueza conceptual que sugiere integrar diferentes niveles de variables de exposici&oacute;n. </p>     <p><b>El error sistem&aacute;tico y los sesgos</b></p>     <p>La epidemiolog&iacute;a, muy en particular la observacional, ha tenido que superar la menor credibilidad que, en contraposici&oacute;n con la investigaci&oacute;n de laboratorio, ten&iacute;an los m&eacute;todos no experimentales. Parte de la discusi&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica que se llev&oacute; a cabo en los or&iacute;genes de la Epidemiolog&iacute;a Moderna, se centr&oacute; en contrastar la epidemiolog&iacute;a "experimental" de los dem&aacute;s desarrollos de la epidemiolog&iacute;a observacional. </p>     <p>En los procesos de selecci&oacute;n algunos individuos pueden tener un probabilidad de ser incluidos ligada a la exposici&oacute;n y al evento, que en consecuencia puede llevar a desviaciones de la validez en lo que llamamos "sesgos de selecci&oacute;n". Complementariamente, en el uso de instrumentos de medici&oacute;n de exposici&oacute;n o enfermedad, se pueden utilizar herramientas que no miden de manera adecuada lo que se quiere medir, o "sesgos de informaci&oacute;n". </p>     <p>La Epidemiolog&iacute;a Moderna ha contribuido a identificar y proponer alternativas en el dise&ntilde;o de los estudios y en el an&aacute;lisis estad&iacute;stico con el prop&oacute;sito de prevenir o cuantificar esos errores "sistem&aacute;ticos" para diferenciarlos de los "aleatorios". Hoy, gracias a ello, tenemos protocolos para controlar y asegurar la calidad y acuerdos sobre el reporte de resultados (i.e.; CONSORT(11) para ensayos cl&iacute;nicos y STROBE(12) para estudios observacionales), se han definido reglas para llevar a cabo buenas pr&aacute;cticas de investigaci&oacute;n y se han desarrollado estrategias que eval&uacute;an la estabilidad de las conclusiones con o sin base en m&eacute;todos Bayesianos. En particular, el an&aacute;lisis de sensibilidad supone poner a prueba los resultados obtenidos con base en la informaci&oacute;n sobre la validez de nuestros procedimientos de selecci&oacute;n y recolecci&oacute;n de los datos. </p>     <p>El camino no ha sido f&aacute;cil, y desafortunadamente a&uacute;n persiste (y se alimenta) una visi&oacute;n en la que los ensayos cl&iacute;nicos son vistos como "hijos de mejor familia", desconociendo que la epidemiolog&iacute;a observacional aporta, a pesar de los potenciales sesgos (de los que tampoco escapan los experimentos), la evidencia m&aacute;s pertinente para la salud p&uacute;blica. </p>     <p>En resumen, los errores sistem&aacute;ticos, o sesgos que se cometen en investigaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica no pueden evitarse por completo, pero los desarrollos de la epidemiolog&iacute;a moderna dieron herramientas de dise&ntilde;o y m&eacute;todos que ayudan a prevenirlos o a manejarlos en el an&aacute;lisis. </p>     <p><b>La confusi&oacute;n</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El concepto de confusi&oacute;n es central en epidemiolog&iacute;a, en tanto est&aacute; en relaci&oacute;n directa con el asunto transversal a toda investigaci&oacute;n experimental u observacional: la necesidad de comparar. Al parecer fue R. A. Fisher quien por vez primera us&oacute; la palabra "confusi&oacute;n" en el contexto de dise&ntilde;os de investigaci&oacute;n, aunque se reconoce que los desarrollos posteriores por L. Kish le dieron su m&aacute;s caracter&iacute;stica diferenciaci&oacute;n de los sesgos de selecci&oacute;n e informaci&oacute;n(13). En sus or&iacute;genes la discusi&oacute;n se vio enriquecida por el debate alrededor de la posible confusi&oacute;n en la relaci&oacute;n entre tabaco y c&aacute;ncer de pulm&oacute;n en la que Fisher y Cornfield desarrollaron important&iacute;simas discusiones acad&eacute;micas desde posiciones encontradas. </p>     <p>En resumen, se llama confusi&oacute;n a una situaci&oacute;n en la que dos o m&aacute;s exposiciones pueden mezclar sus efectos entre s&iacute; y, en consecuencia, la asociaci&oacute;n que se observa entre una de esas exposiciones y el evento o efecto en salud de inter&eacute;s, puede ser total o parcialmente explicada por una "causa com&uacute;n" o variable de confusi&oacute;n (i.e. factor de riesgo para el evento que est&aacute; a su vez asociado a la exposici&oacute;n). La confusi&oacute;n es una amenaza para la validez de las conclusiones de un estudio, pero de naturaleza diferente a la de los sesgos, pues no es debida a problemas en la selecci&oacute;n o informaci&oacute;n, si no a condiciones propias de los fen&oacute;menos bajo estudio. </p>     <p>El desarrollo de los estudios de casos y controles y las contribuciones de OllieMiettinen en el dise&ntilde;o de los mismos, en particular en lo relacionado con el emparejamiento ("matching") como estrategia de manejo de la confusi&oacute;n, fueron b&aacute;sicas contribuciones a la epidemiolog&iacute;a moderna. </p>     <p>Central en la comprensi&oacute;n de la confusi&oacute;n es que exige definir un modelo conceptual sobre el cual se fundamentan las relaciones causales bajo estudio. Esto es evidente si consideramos que una variable intermedia en la v&iacute;a de causalidad (conceptualmente definida como que no es una variable de confusi&oacute;n) puede ser manejada como confusora, dependiendo del modelo conceptual que se expresa en las preguntas y metas del estudio. Por ejemplo, en un estudio sobre falla al tratamiento en malaria, debida a mutaciones en el  <I>P. falciparum </I>y sus efectos en la transmisi&oacute;n a los mosquitos, se consider&oacute; que el tiempo de resoluci&oacute;n de la parasitemia (i.e. PCT o parasite clearance time) era una variable intermedia para el aumento de las formas parasitarias que infectan a los mosquitos (i.e. gametocitos)(14). En consecuencia, el PCT no deb&iacute;a ser considerado una variable de confusi&oacute;n, pero como se evalu&oacute; la hip&oacute;tesis de que las mutaciones del par&aacute;sito podr&iacute;an tener un mecanismo alterno que favoreciera la generaci&oacute;n de gametocitos, fue entonces necesario ajustar en los modelos por PCT. </p>     <p><b>La interacci&oacute;n o modificaci&oacute;n del efecto</b></p>     <p>En relaci&oacute;n tambi&eacute;n con el desarrollo de modelos de causalidad y en el an&aacute;lisis de la complejidad de las relaciones establecidas entre las diferentes exposiciones, el concepto de modificaci&oacute;n del efecto (o interacci&oacute;n estad&iacute;stica) permite evaluar como esas exposiciones simult&aacute;neas pueden generar resultados mayores (i.e. sinergia) o menores (i.e.; antagonismo) que el esperado por los efectos independientes de cada una de ellas. </p>     <p>Aunque basado en modelos tradicionales lineales, la modificaci&oacute;n del efecto corresponde a un avance en la forma de comprender las relaciones complejas en la trama de causalidad. En consecuencia, puede ayudar a identificar grupos de mayor riesgo o intervenciones altamente efectivas con base en las cuales se ayude a comprender mejor las relaciones entre las exposiciones. En ese sentido, la modificaci&oacute;n del efecto es una noci&oacute;n clave para examinar la heterogeneidad de las relaciones causales y para evaluar <I>constructos</I> te&oacute;ricos que sugieren tramas complejas. </p>     <p>A manera de ejemplo, para analizar el efecto de vivir cerca de una zona industrial en Cali en los niveles de plomo en sangre se realiz&oacute; un estudio comparando dos grupos de escolares: uno en el &aacute;rea de influencia cercana y otro similar en otros aspectos, pero sin exposici&oacute;n a las emisiones industriales(15). El papel de la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica se evalu&oacute; analizando la modificaci&oacute;n del efecto relacionada con la posici&oacute;n socioecon&oacute;mica y la raza. Los an&aacute;lisis demostraron que la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre que viv&iacute;a cerca de la zona industrial ten&iacute;a significativamente niveles m&aacute;s elevados de plomo en sangre de lo que se esperar&iacute;a por los efectos independientes de las dos exposiciones (i.e.; es decir una interacci&oacute;n sin&eacute;rgica entre vivir en la zona expuesta y ser de estrato 1 &oacute; 2). En contraste, la asociaci&oacute;n entre raza negra y los niveles m&aacute;s altos de plomo en sangre se observ&oacute; tanto en la zona expuesta como en la control, esto es, los ni&ntilde;os de raza negra tuvieron niveles significativamente m&aacute;s altos en ambas zonas del estudio. Estos modelos son &uacute;tiles para comprender la complejidad de la evaluaci&oacute;n de la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica, y sugieren la pertinencia de ir m&aacute;s all&aacute; de la posici&oacute;n econ&oacute;mica en la escala de estratos para involucrar otros ejes que midan, como lo sugiri&oacute; P. Bordieu(16), el capital social y el cultural, adem&aacute;s del econ&oacute;mico. De esta forma, la modificaci&oacute;n del efecto hace substanciales contribuciones a la comprensi&oacute;n de las relaciones complejas de causalidad. </p>     <p><b>Fisuras y debates en el desarrollo la Epidemiolog&iacute;a Moderna</b></p>     <p>A la epidemiolog&iacute;a como disciplina se le ha querido y criticado. Gracias a las herramientas de la epidemiolog&iacute;a moderna, se ha logrado posicionar un cuerpo de m&eacute;todos y conocimientos que hoy son considerados fundamentales para el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n de salud de una poblaci&oacute;n. Los epidemi&oacute;logos son contribuyentes importantes en los equipos de salud y muchos gozan de gran reputaci&oacute;n por sus fortalezas metodol&oacute;gicas y te&oacute;ricas en los grupos de investigaci&oacute;n y en el an&aacute;lisis para aportar a la toma de decisiones. No obstante, se le ha cuestionado a la epidemiolog&iacute;a y a sus practicantes el que hayan fallado en no dar respuesta a los principales problemas de salud p&uacute;blica(17). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Probablemente debamos volver a recordar a Rose. En t&eacute;rminos actuales, G. Rose hizo un llamado a diferenciar entre el &eacute;nfasis en los riesgos individuales tras alternativas de intervenci&oacute;n individual versus el &eacute;nfasis en los determinantes poblacionales tras alternativas de intervenci&oacute;n poblacional. Lo anterior tiene profundas implicaciones sobre dos funciones complementarias de la epidemiolog&iacute;a, pero que han sido con preferencia desarrolladas hacia enfoques individuales. Esta decisi&oacute;n ha implicado que se privilegian ciertos dise&ntilde;os y mediciones, dejando, por ejemplo, que algunas variables poblacionales no sean tenidas en cuenta o que sean incluidas como simples variables de confusi&oacute;n y no como determinantes sociales de la salud. Esa decisi&oacute;n implica, tambi&eacute;n, una posici&oacute;n pol&iacute;tica sobre que privilegiar o no en los an&aacute;lisis epidemiol&oacute;gicos, y es, expl&iacute;citamente o no, un compromiso que se adquiere con el uso de los resultados. Es, finalmente, una posici&oacute;n &eacute;tica respecto al papel que los epidemi&oacute;logos deben tener frente a los problemas de injusticia. </p>     <p>Perspectivas ("sesgadas") para pensar el desarrollo disciplinar de la epidemiolog&iacute;a </p>     <p>Desde mi experiencia personal, el estudio e intervenci&oacute;n de los problemas ambientales y su relaci&oacute;n con la salud en equipos multidisciplinares ha hecho que la epidemiolog&iacute;a ambiental, en particular, piense su quehacer disciplinar, su sentido y perspectivas. </p>     <p>En un ensayo publicado(18) propuse que ese ejercicio ha permitido de manera particular sugerir seis "impulsos" disciplinares que pueden contribuir al desarrollo de la epidemiolog&iacute;a. De manera resumida estos impulsos o rutas a seguir ser&iacute;an: </p> <ol type="1">    <li>Un enfoque predominante en las exposiciones como punto de entrada en comparaci&oacute;n con una epidemiolog&iacute;a centrada en eventos o efectos de enfermedad.</li>     <li>Un &eacute;nfasis en trabajo en equipos interdisciplinares.</li>     <li>La b&uacute;squeda de las ra&iacute;ces sist&eacute;micas profundas (distales) de los problemas de salud.</li>     <li>Constante incorporaci&oacute;n de la visi&oacute;n de las comunidades.</li>     <li>Buscar la conexi&oacute;n con procesos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de forma expl&iacute;cita.</li>     <li>Hacer visibles los problemas de inequidad.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>      <p>Adicionalmente, aunque es necesario reconocer las contribuciones de la epidemiolog&iacute;a anglosajona, considero fundamental incorporar las visiones de pensadores locales y regionales que, desde una posici&oacute;n contextualizada a la realidad de nuestros pa&iacute;ses construya (o de-construya en primera instancia como lo sugiere N. de Almeida) un cuerpo de conocimiento y unos m&eacute;todos s&oacute;lidos que aporten al desarrollo de la salud p&uacute;blica*</p> <hr>     <p align="center"><font size="3"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Rothman 	K, Greenland S, Lash TL. Modern Epidemiology. 3rd Edition. Philadelphia. Lippincot Williams &amp; Wilkins; 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0124-0064201300050000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. De Almeida-Filho N. La ciencia t&iacute;mida. Ensayos de deconstrucci&oacute;n de la Epidemiolog&iacute;a. Buenos Aires. Lugar Editorial S.A.; 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0124-0064201300050000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3.  Rose G. Sick Individuals and Sick Populations. Int J of Epid. 1985; 14: 32-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-0064201300050000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Castilla E, Mastroiacovo P, Lopez-Camelo J, Saldarriaga W, Isaza C, Orioli I. Sirenomelia and cyclopia cluster in Cali. Am J Med Genet. Part A 2008; 146A:2626-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-0064201300050000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Parascandola M, Weed DL. Causation in Epidemiology. 	J. Epidemiol. Community Health. 2001;55:905-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-0064201300050000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Bosch FX, Lorincz A, Mu&ntilde;oz N, Meijer CJLM, Shah KV. The causal relation between human papillomavirus and cervical c&aacute;ncer. J ClinPathol. 2002;55:244-65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-0064201300050000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Elandt-Johnson R. Definition of rates: some remarks on their use and misuse. Am J of Epid. 1975; 102: 267-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-0064201300050000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Mu&ntilde;oz N, M&eacute;ndez F, Posso H, Molano M, van den Brule AJC, Ronderos M, Meijer C, Mu&ntilde;oz A. Incidence, Duration and Determinants of Cervical HPV Infections in a Cohort of Colombian Women with Normal Cytology. J InfectDis. 2004; 190:2077-87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-0064201300050000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Tarwater P, Mellors J, Gore ME, Margolick JB, Phair J, Detels R, Mu&ntilde;oz A. Methods to Assess Population Effectiveness of Therapies in Human Immunodeficiency Virus Incident and Prevalent Cohorts. Am J Epidemiol. 2001; 154: 675-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-0064201300050000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Detels R, Mu&ntilde;oz A, McFarlane G, Kinsley L, Margolick J, Giorgi J, Schrager LK, Phair JP for the Multicenter AIDS Cohort Study. Effectivenes of potent antiretoviral therapy on time to AIDS and death in men with known HIV infection duration. JAMA. 1998; 280: 1497- 503.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-0064201300050000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Schulz K, Altman D, Moher D for the CONSORT Group. Consort 2010 statement: Updated guidelines for reporting parallel group randomised trials. BMJ. 2010; 340: 698-702.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-0064201300050000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. von Elma E, Altman DG, Eggera M, Pocockd S, G&oslash;tzschee PC, Vandenbroucke JP for the STROBE initiative. The Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology (STROBE) statement: guidelines for reporting observational Studies. Journal of Clinical Epidemiology. 2008; 61: 344-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-0064201300050000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Vandenbroucke JP. The history of confounding. Pr&auml;ventivmed. 2002; 47: 216-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-0064201300050000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. M&eacute;ndez F, Herrera S, Murra&iacute;n B, Gutierrez A, Moreno LA, Manzano M, Mu&ntilde;oz A, Plowe CV. Selection of antifolate resistant <I>P. falciparum </I>by Sulfadoxine-Pyrimethamine treatment and infectivity to <I>Anopheles </I>mosquitoes. Am. J. Trop. Med. Hyg.2007; 77(3): 438-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-0064201300050000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Filigrana P, Mendez F. Filigrana P, Mendez F. Blood Lead Levels in Schoolchildren Living Near an Industrial Zone in Cali, Colombia: The Role of Socioeconomic Condition. Biol Trace Elem Res. 2012; 149(3):299-306.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-0064201300050000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Buzzelli M. Bourdieu does environmental justice? Probing the linkages between population health and air pollution epidemiology. Health&amp; Place. 2007; 13: 3-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-0064201300050000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Shy C. The Failure	 of Academic Epidemiology: Witness for the Prosecution. Am J of Epidemiology. 1997. 145 (6): 479-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-0064201300050000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. M&eacute;ndez F. El papel de la Epidemiolog&iacute;a Ambiental en el Desarrollo Disciplinar	 de la Epidemiolog&iacute;a. Colombia M&eacute;dica. 2011. 42 (3): 278-85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-0064201300050000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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