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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pasado, presente y futuro de la epidemiología. Una perspectiva latinoamericana]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[A Latin-American perspective regarding the past, present and future of epidemiology]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT This article addresses three questions. Concerning the past, why was there no pre-Columbian epidemiology? What are the origins of modern epidemiology (including its South American roots)? A surrealistic title has been chosen regarding the future to emphasise the fact that making predictions is not easy. Why are complex phenomena the dark object of epidemiological desire?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Pasado, presente y futuro de la epidemiolog&iacute;a. Una perspectiva latinoamericana</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>A Latin-American perspective regarding the past, present and future of epidemiology</b></font></p>     <p align="center">Alfredo Moravia </p>     <p>Center for the Biology ofNatural Systems.Queens College City, University of New York.Department of Epidemiology, Mailman School of Public Health, Columbia University. New York, NY, USA. <a href="mailto:alfredo.morabia@qc.cuny.edu">alfredo.morabia@qc.cuny.edu</a>. </p>     <p align="center">Recibido 6 Marzo 2013/Enviado para Modificaci&oacute;n 28 Marzo 2013/Aceptado 12 Abril 2013 </p> <hr>     <p><B>RESUMEN </b></p>     <p>Este art&iacute;culo intenta contestar tres preguntas. Sobre el pasado: &iquest;Por qu&eacute; no existi&oacute; una epidemiolog&iacute;a precolombina? Sobre el presente: &iquest;Cu&aacute;les son los or&iacute;genes de la epidemiolog&iacute;a moderna, incluyendo sus ra&iacute;ces sudamericanas? Y sobre el futuro, escog&iacute; un t&iacute;tulo surrealista para enfatizar el hecho que estoy consciente de que es siempre delicado hacer predicciones: &iquest;Por qu&eacute; fen&oacute;menos complejos son los "objetos oscuros del deseo" epidemiol&oacute;gico? </p>     <p><B>Palabras Clave</B>: Historia, epidemiologia, Am&eacute;rica Latina (<I>fuente: DeCS, BIREME</I>). </p> <hr>     <p><B>ABSTRACT </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This article addresses three questions. Concerning the past, why was there no pre-Columbian epidemiology? What are the origins of modern epidemiology (including its South American roots)? A surrealistic title has been chosen regarding the future to emphasise the fact that making predictions is not easy. Why are complex phenomena the dark object of epidemiological desire? </p>     <p><B>Key Words</B>: History, epidemiology, Latin America (<I>source: MeSH, NLM</I>). </p> <hr>     <p><b>&iquest;Por qu&eacute; no se invent&oacute; una ciencia dedicada a las epidemias en Am&eacute;rica precolombina?</b></p>      <p>Primero, hay que enfatizar que a la llegada de los europeos a Am&eacute;rica en 1492, la epidemiolog&iacute;a no exist&iacute;a en otras partes del mundo. Como prueba de ello es la tragedia que los europeos causaron luego de su llegada. Seg&uacute;n un estimado de la evoluci&oacute;n demogr&aacute;fica en Am&eacute;rica Central, en el siglo que sigui&oacute; a la conquista, la poblaci&oacute;n de 25 millones de habitantes se redujo a menos de 1 mill&oacute;n en tan solo 100 a&ntilde;os(1). Gran parte de las poblaciones ind&iacute;genas fue aniquilada como consecuencia de las epidemias de viruela, peste, sarampi&oacute;n y tal vez de tifus. Probablemente el impacto global, continental, de las epidemias sobre la declinaci&oacute;n poblacional es cuatro veces mayor. Si solamente por razones econ&oacute;micas los europeos no hubiesen tenido inter&eacute;s en aniquilar las poblaciones ind&iacute;genas, quiz&aacute; habr&iacute;an prevenido el desastre, en caso de entender y controlar las causas de las epidemias. Villamar&iacute;n y Villamar&iacute;n encontraron un documento muy interesante sobre una epidemia de viruela en 1803 en el Virreinato de Nueva Granada(2). </p>     <p>Este indica que la mortalidad fue de 15 % entre los no vacunados y 1 % entre los vacunados. Entonces, apenas cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del libro de Jenner sobre la vacuna contra la viruela(3), ya se usaba la vacuna en el Virreinato, a pesar de todas las dificultades para producir esta vacuna en Colombia. </p>     <p>Sin embargo, la ignorancia de los europeos no puede explicar por qu&eacute; las civilizaciones precolombinas, las cuales eran muy desarrolladas, no hab&iacute;an podido inventar una ciencia de las epidemias. Puedo identificar dos razones potenciales por las cuales estas civilizaciones precolombinas no inventaron una ciencia de las epidemias. La primera raz&oacute;n est&aacute; relacionada con el tipo de desarrollo social en Am&eacute;rica precolombina y la segunda con la concepci&oacute;n precolombina de la salud. </p>     <p>Es imposible resumir aqu&iacute; los debates entre antrop&oacute;logos y arque&oacute;logos sobre cu&aacute;ndo el continente americano fue colonizado. Pero parece cierto que el continente fue habitado por poblaciones de cazadores-recolectores por lo menos desde aproximadamente 12000 a&ntilde;os a.n.e., hasta las revoluciones neol&iacute;ticas que ocurrieron despu&eacute;s de 10000 a.n.e. Esos clanes peque&ntilde;os no pod&iacute;an sostener epidemias. S&iacute; mor&iacute;an de enfermedades infecciosas pero ten&iacute;an la ventaja, por ser n&oacute;madas, de poder moverse y dejar a sus enfermos atr&aacute;s. </p>     <p>La situaci&oacute;n fue diferente en las sociedades agrarias que surgen posterior a las revoluciones neol&iacute;ticas de Mesoam&eacute;rica y de Am&eacute;rica del Sur. Estas sociedades se caracterizaban por niveles de agricultura m&aacute;s o menos desarrollados, a veces basada en trabajos hidrol&oacute;gicos, que permit&iacute;an de producir ma&iacute;z, papa o yuca, y artefactos para llevar una vida sedentaria. </p>     <p>Sabemos que las sociedades agrarias crean las condiciones para que surgen brotes de enfermedades infecciosas, pero hay una gran diferencia entre las sociedades agrarias precolombinas y las del Viejo Mundo. </p>     <p>Las grandes epidemias que devastaron c&iacute;clicamente el Viejo Mundo fueron causadas por los nuevos microorganismos que atacaron grandes n&uacute;cleos urbanos de por lo menos 500.000 personas donde la domesticaci&oacute;n del buey, la vaca, el caballo, el camello y el puerco tambi&eacute;n exist&iacute;a(4). Las epidemias de viruela, sarampi&oacute;n ytosferina, empezaron en el Viejo Mundo y fueron tra&iacute;das al Nuevo Mundo por los conquistadores europeos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una de las dos condiciones que McNeill considera necesarias para la recurrencia de nuevas epidemias &ndash;grandes n&uacute;cleos poblacionales y domesticaci&oacute;n de animales grandes- no exist&iacute;a en Am&eacute;rica precolombina. Aunque si hab&iacute;an grandes poblaciones en Am&eacute;rica, no se domesticaban grandes animales. La llama es relativamente un peque&ntilde;o animal que aparentemente no produjo epidemias humanas. Entonces las condiciones para la emergencia de enfermedades infecciosas, como la viruela y sarampi&oacute;n en el Viejo Mundo, no exist&iacute;an. Lo que s&iacute; exist&iacute;an eran periodos de hambres, sequ&iacute;a y guerra asociados con malas cosechas. Brotes de neumon&iacute;as y otras infecciones con microbios que no producen epidemias en tiempos normales ocurrieron con certeza. </p>     <p>Aqu&iacute; tenemos el primer elemento de la respuesta a nuestra pregunta: una ciencia dedicada a las epidemias era menos necesaria en Am&eacute;rica precolombina que en el Viejo Mundo. </p>     <p>Sin embargo, la epidemiolog&iacute;a hubiera sido &uacute;til en Am&eacute;rica precolombina. A su llegada a Tenochtitlan, los espa&ntilde;oles quedaron impresionados al ver millares de trabajadores limpiar las calles de la ciudad (calles sucias eran t&iacute;picas de las ciudades europeas de donde estos conquistadores proced&iacute;an). El problema era que los desechos se echaban en los canales y en el lago Texcoco. Las aguas contaminadas eran usadas no obstante en actividades dom&eacute;sticas y por tanto eran la causa probable de las muy comunes enfermedades gastrointestinales(5). Un Cuauhtlatoa (si esa es la traducci&oacute;n de John en n&aacute;huatl) Snow hubiera sido &uacute;til en este contexto. </p>     <p>La raz&oacute;n fundamental por la cual las civilizaciones precolombinas no desarrollaron una epidemiolog&iacute;a es su pensamiento hol&iacute;stico (de <I>holos</I> que significa "todo" en griego), el cual era incompatible con un pensamiento poblacional. Sin pensamiento poblacional no era posible entender las causas de las epidemias y los modos de controlarlas. Conocemos hoy m&aacute;s sobre como los Aztecas entend&iacute;an el concepto de salud que como los Incas o las poblaciones que vivieron donde hoy existe Ecuador, Colombia, o Panam&aacute; lo entend&iacute;an. Esto se debe a nuestra habilidad de interpretar las trazas escritas de los Aztecas. La salud era considerada por los Aztecas como una situaci&oacute;n de equilibrio entre todos los elementos del cosmos y el cuerpo humano(5). Ve&iacute;an correlaciones y correspondencias, representadas en la <a href="#f1">Figura 1</a>, entre los &oacute;rganos del cuerpo humano (por ej., el h&iacute;gado), niveles del cosmos (por ej., la calavera representando la tierra), y a&uacute;n dimensiones sociales (por ej., la madre). Las tres dimensiones ten&iacute;an que ser en equilibrio para que un individuo sea sano. </p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/rsap/v15n5/v15n5a08f1.jpg"></p>     <p>La <a href="#f2">Figura 2</a> muestra la misma idea de equilibrio entre el cosmos y la vida humana simbolizada esta vez en el dualismo de la vida y de la muerte. El dios de la vida Quetzalcoatl y la diosa de la muerte Mictlantecutitli est&aacute;n en equilibrio, cada cual con sus atributos de colores, animales, ropas, etc. Pero el equilibrio de los dos dioses es muy fr&aacute;gil. Las puntas de los pies de Quetzalcoatl y Mictlantecutitli est&aacute;n colocados sobre una calavera la cual representa la Tierra. Hoy en d&iacute;a dir&iacute;amos que es una visi&oacute;n ecol&oacute;gica de la salud. </p>     <p align="center"><a name="f2"></a><img src="img/revistas/rsap/v15n5/v15n5a08f2.jpg"></p>     <p>La imagen representa, espalda contra espalda, a Quetzalc&oacute;atl dios del viento, y a Mictlantecuhtli, numen de la muerte. Quetzalc&oacute;atl tiene un cuerpo negro, rostro mitad negro, mitad rojo, con la m&aacute;scara roja de pico de ave, orlada de una larga barba amarilla. Mictlantecutitli tiene una forma de esqueleto y sostiene en la mano un palo de sonajas de hueso, <I>chicahuaztli</I>, rematado por un pu&ntilde;o humano cerrado. Los dos dioses est&aacute;n de puntas por encima de una gran calavera dibujada a manera de <I>tzont&eacute;moc</I> y con la coronilla hacia abajo, que probablemente representa la Tierra. </p>       <p>La concepci&oacute;n hol&iacute;stica de la salud tiene que ser individualizada. Imaginemos como un m&eacute;dico cham&aacute;n azteca pod&iacute;a considerar un caso de dolores abdominales. Primero consideraba que los dolores eran de naturaleza diferente si ocurr&iacute;an en una persona arrogante o no, o si la persona respetaba a los dioses o no, o si la persona se hab&iacute;a ba&ntilde;ado en un manantial espec&iacute;fico  o no, y finalmente si el alma (tonalli) asociada con el d&iacute;a de su nacimiento era, por ejemplo, "1-lezardo" o no. En este ejemplo us&eacute; cuatro factores solamente, pero el cham&aacute;n pod&iacute;a usar innumerables factores. Al final, cada constelaci&oacute;n de factores pod&iacute;a corresponder solamente a una persona. Cada persona segu&iacute;a siendo un individuo de pleno derecho, a&uacute;n que sus s&iacute;ntomas eran similares a los de otros individuos. Esto era equivalente a estimar un modelo predictivo saturado de interacciones. Un pensamiento de este tipo, centrado en el individuo, no permite de observar fen&oacute;menos poblacionales. </p>     <p>Es extremamente interesante notar que la concepci&oacute;n hol&iacute;stica precolombina es muy parecida a las concepciones hol&iacute;sticas de las otras civilizaciones del planeta en el siglo XVI. El concepto confucionista del yin y del yang o el modelo humoral de Hip&oacute;crates y Galeno consideraban la salud como una situaci&oacute;n de equilibrio en el individuo con correspondencias entre el microcosmo del cuerpo humano y el macrocosmo del universo(6). En un cierto modo el holismo azteca era m&aacute;s moderno que los otros holismos porque si, como en los sistemas europeos y chino, el cosmos influ&iacute;a en la salud de los seres humanos, los Aztecas pensaban que los seres humanos pod&iacute;an tambi&eacute;n influenciar la salud del cosmos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a falta entonces para inventar una ciencia de las epidemias? Imagine que tenga que resolver el problema del cham&aacute;n con los instrumentos del epidemi&oacute;logo moderno. No hab&iacute;a un concepto de "enfermedad": el dolor abdominal tiene un sentido diferente en cada persona. No hab&iacute;a un concepto de "exposici&oacute;n": no se puede aislar un factor de riesgo que sea com&uacute;n a muchas personas. La causa era el hecho de ser una persona arrogante, que no respetaba a los dioses, que se ba&ntilde;&oacute; en el manantial X, que ten&iacute;a un tonalli "1-lezardo", etc. Adicionalmente, hay tres niveles de interacci&oacute;n, lo que es demasiado complicado para nuestros modelos estad&iacute;sticos. </p>     <p><b>Emergencia del pensamiento poblacional</b></p>     <p>Una alternativa a los modelos hol&iacute;sticos emergi&oacute; por la primera vez en la Inglaterra del siglo XVII(7). Nuevas ideas filos&oacute;ficas y cient&iacute;ficas llamaron a simplificar el pensamiento hol&iacute;stico. Bacon populariz&oacute; el concepto de exposici&oacute;n, Sydenham el concepto de enfermedad, Huygens produjo una teor&iacute;a de las probabilidades y Descartes una filosof&iacute;a de la simplificaci&oacute;n y del estudio de las hip&oacute;tesis causales sencillas, que hoy en d&iacute;a llamamos reduccionismo. </p>     <p>Si miramos el problema del cham&aacute;n azteca con ojos modernos, y cambiamos el dolor abdominal con la &uacute;lcera duodenal, que puede ser relacionada con el estr&eacute;s, la edad, el g&eacute;nero y la estaci&oacute;n del a&ntilde;o, el reduccionismo cartesiano dir&iacute;a: ignoremos todos los factores salvo uno. Ahora s&iacute; podemos estudiar la relaci&oacute;n del estr&eacute;s con la &uacute;lcera duodenal con los instrumentos de la epidemiolog&iacute;a. Y por supuesto algunos epidemi&oacute;logos americanos lo hicieron y obtuvieron un resultado muy informativo(8).El riesgo despu&eacute;s de 13 a&ntilde;os de observaci&oacute;n era de 7% en los estresados y de 4% en los no estresados. Sabemos que estos resultados indican que existe una posible asociaci&oacute;n. Sin embargo esa asociaci&oacute;n s&oacute;lo se puede identificar comparando grupos de personas. Riesgos de 4% o 7% despu&eacute;s de 13 a&ntilde;os de observaci&oacute;n son imperceptibles para un m&eacute;dico cl&iacute;nico individual. Este fue el gran descubrimiento del siglo XVII: La existencia de conocimientos de salud que se pueden adquirir solo al nivel poblacional. </p>     <p>El reduccionismo hizo que la epidemiolog&iacute;a fuera posible. Al final del siglo XVII John Graunt publica su libro fundador de la epidemiolog&iacute;a(9), y m&aacute;s tarde en el siglo XVIII James Lind hace su famoso experimento naval(10). Luego en el siglo XIX la epidemiolog&iacute;a surge como una ciencia de las epidemias, con los posteriores estudios de Pierre Louis(11) o de John Snow(12). </p>     <p>Ahora podemos contestar nuestra pregunta. La raz&oacute;n principal por la cual no surgi&oacute; una epidemiolog&iacute;a precolombina es debido a que la creencia de los chamanes precolombinos de abordar el universo en toda su complejidad resultaba incompatible con una ciencia poblacional. </p>     <p><b>&iquest;C&oacute;mo empezaron en Am&eacute;rica del Sur las condiciones apropiadas para el desarrollo de la epidemiolog&iacute;a moderna? </b></p>     <p>Saltamos ahora al siglo XX. La historia es ciega. Las grandes epidemias de enfermedades infecciosas atravesaron el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico del este al oeste. Sin embargo una de las epidemias m&aacute;s letales de la historia humana, la misma que impuls&oacute; uno de los grandes desarrollos te&oacute;ricos de la epidemiolog&iacute;a, surgi&oacute; en Am&eacute;rica del Sur. A mediados del siglo XVI, los franceses no se quedaron mucho en la costa este de Am&eacute;rica del Sur, pero en ese poco tiempo hicieron dos cosas con tremendas repercusiones hist&oacute;ricas. Por un lado, crearon el primer n&uacute;cleo urbano de Rio de Janeiro en 1555, y segundo, Jean Nicot llev&oacute; consigo las semillas de tabaco a la reina Caterina de Medicis. Tres siglos despu&eacute;s, el encuentro del tabaco y del capitalismo industrial norteamericano result&oacute; en una enorme epidemia de toxicodependencia al tabaco con grandes repercusiones en la salud p&uacute;blica. </p>     <p>Los efectos nocivos del tabaco fueron inmediatamente percibidos por algunos cient&iacute;ficos. En los a&ntilde;os 1920 y 1930, el argentino &Aacute;ngel Roffo public&oacute; en alem&aacute;n diferentes resultados en los cuales mostraba la generaci&oacute;n de tumores en la piel de conejos expuestos experimentalmente al alquitr&aacute;n de tabaco(13). En 1931 tambi&eacute;n, el americano Frederick Hofman concluy&oacute; con base en comparaciones de grupos, que el tabaco causaba el c&aacute;ncer del pulm&oacute;n "El h&aacute;bito de fumar aumenta incuestionablemente el riesgo de c&aacute;ncer del pulm&oacute;n"(14). En 1938 el americano Raymond Pearl pudo demostrar que los fumadores viv&iacute;an en promedio diez a&ntilde;os menos que los no fumadores(15). Posteriormente, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, algunos estudios de dudosa calidad en la Alemania nazista, confirmaron los resultados de Hoffman(16-19). Sin embargo, todos esos resultados no fueron muy convincentes. Fue s&oacute;lo despu&eacute;s de los resultados de los estudios ingleses de los a&ntilde;os 50, que el mundo se convenci&oacute; de que el tabaco era carcinog&eacute;nico(6). </p>      <p>Empez&oacute; una batalla muy dif&iacute;cil en la cual fue necesario refinar todos los m&eacute;todos y conceptos epidemiol&oacute;gicos, como los estudios de casos y controles, los estudios de cohorte, el concepto de confusi&oacute;n y la teor&iacute;a de los sesgos(20). Con todos los limitantes que pueda tener, el informe del Cirujano General de los EE.UU., Luther Terry, en 1964 sobre tabaco y c&aacute;ncer, sirvi&oacute; para reconocer abiertamente la utilidad y el papel de la epidemiologia en la salud p&uacute;blica debido a que la conclusi&oacute;n sobre esta asociaci&oacute;n se basaba esencialmente en resultados epidemiol&oacute;gicos. Las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n del tabaquismo empezaron inmediatamente despu&eacute;s de esta publicaci&oacute;n(21). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La principal motivaci&oacute;n de los epidemi&oacute;logos que participaron y fueron exitosos en la campa&ntilde;a contra los efectos del tabaco sobre la salud fueron principalmente motivados por aspectos de salud p&uacute;blica. La epidemiolog&iacute;a utilizada fue puramente conceptual con pocos elementos cuantitativos y poca estad&iacute;stica. Pero los &eacute;xitos logrados cautivaron y motivaron la participaci&oacute;n de j&oacute;venes con formaci&oacute;n en matem&aacute;ticas que precisaron y formalizaron los m&eacute;todos y conceptos de una epidemiolog&iacute;a con mayor rigor matem&aacute;tico. En los a&ntilde;os setentas, un joven m&eacute;dico finland&eacute;s con formaci&oacute;n en matem&aacute;ticas, OlliMietinen, tuvo a su cargo la ense&ntilde;anza de epidemiolog&iacute;a en la escuela de salud p&uacute;blica de Harvard. Miettinen fue quien trajo a la luz una epidemiolog&iacute;a matem&aacute;tica. El contribuy&oacute; a reorganizar la teor&iacute;a epidemiol&oacute;gica, sus definiciones, sus fundaciones matem&aacute;ticas e integro todos sus conceptos. As&iacute; mismo, sent&oacute; las bases matem&aacute;ticas de los conceptos de riesgo y tasa, la relaci&oacute;n entre estudios de cohorte y de casos y controles, separ&oacute; claramente los conceptos de confusi&oacute;n y de interacci&oacute;n, identific&oacute; dos categor&iacute;as de sesgos selecci&oacute;n y los de informaci&oacute;n/clasificaci&oacute;n. Su art&iacute;culo de 1976, simboliz&oacute; el cambio en epidemiolog&iacute;a. </p>     <p>La epidemiolog&iacute;a finalmente tuvo un corpus te&oacute;rico m&aacute;s completo para el aislamiento de relaciones causales sencillas. Ese movimiento llev&oacute; a la publicaci&oacute;n de manuales de epidemiolog&iacute;a, utilizados hoy en d&iacute;a en Colombia. La epidemiolog&iacute;a moderna t&iacute;picamente distingue 6 cap&iacute;tulos: medidas de ocurrencia de los eventos de salud, dise&ntilde;os de estudios, sesgos, confusi&oacute;n, interacci&oacute;n e inferencia causal. La epidemiolog&iacute;a moderna refin&oacute; la visi&oacute;n reduccionista que consiste en aislar una asociaci&oacute;n sencilla fuera de su contexto complejo. </p>     <p>Entonces, la respuesta a nuestra pregunta sobre las ra&iacute;ces de la epidemiolog&iacute;a moderna es que la investigaci&oacute;n sobre el consumo de cigarrillos tuvo un papel determinante en el desarrollo de la epidemiolog&iacute;a moderna. Y, de cierto modo, todo inici&oacute; en Am&eacute;rica del Sur. </p>     <p><b>&iquest;Por qu&eacute; fen&oacute;menos complejos son los "objetos secretosdel deseo" epidemiol&oacute;gico?</b></p>     <p>Hablar del futuro es siempre un ejercicio peligroso (es por ello que uso el t&iacute;tulo de una pel&iacute;cula Surrealista). Podemos estar seguros de que la epidemiolog&iacute;a actualmente se encuentra en una fase de transici&oacute;n. Ya no es epidemiolog&iacute;a "moderna" pura, pero a&uacute;n no ha avanzado a otra epidemiolog&iacute;a. </p>     <p>Parad&oacute;jicamente el reduccionismo cartesiano que permiti&oacute; el surgimiento de la epidemiologia en el siglo XVII fue posteriormente criticado como una limitaci&oacute;n de la epidemiolog&iacute;a "moderna". </p>     <p>Los problemas de salud p&uacute;blica que enfrentamos ahora son m&aacute;s complejos. En su momento la asociaci&oacute;n del tabaco con varios estados de salud represent&oacute; un problema complejo, pero comparado con obesidad o enfermedad de Alzheimer, los efectos individuales del tabaco fueron f&aacute;cilmente identificados. Algunos epidemi&oacute;logos proponen reintroducir m&aacute;s complejidad en los modelos actuales, m&aacute;s niveles de organizaci&oacute;n e integrar las fases de la vida(22-25). Al final, la pregunta es: &iquest;cu&aacute;nta interacci&oacute;n podemos tolerar? Tomemos por ejemplo la interacci&oacute;n entre actividad f&iacute;sica y caracter&iacute;stica gen&eacute;ticas asociadas con la obesidad. Epidemi&oacute;logos modernos saben c&oacute;mo manejar esta interacci&oacute;n. Pero si la interacci&oacute;n es diferente en los j&oacute;venes y los ancianos, y en los pa&iacute;ses ricos o pobres, eso a&ntilde;ade otros niveles de interacci&oacute;n. Los instrumentos actuales de epidemiolog&iacute;a moderna pierden su utilidad y son incapaces de lidiar con interacciones complejas. Cada vez que a&ntilde;adimos un nivel de interacci&oacute;n, la hip&oacute;tesis se aleja de los enfoques poblacionales. </p>     <p>La palabra "global" parece incorporar esa idea, est&aacute; muy de moda. Expresa la relaci&oacute;n din&aacute;mica de la sociedad con su medio ambiental. La palabra "holismo" ha vuelto a ser usada por epidemi&oacute;logos. Parece que deseamos volver a visiones complejas como las de los Aztecas despu&eacute;s de una pausa en el pensamiento reduccionista. Es por eso que la complejidad es el "objeto oscuro del deseo" epidemiol&oacute;gico. No sabemos si es posible alcanzarla. </p>     <p>Algo que s&iacute; es seguro, es que la ense&ntilde;anza de epidemiolog&iacute;a necesita de una reorganizaci&oacute;n. La formaci&oacute;n debe integrar la colaboraci&oacute;n multidisciplinaria para el estudio de rasgos complejos, combinar explicaciones complejas con intervenciones sencillas, integrar las etapas del curso de vida y los niveles de organizaci&oacute;n causales (del nivel microsc&oacute;pico al nivel ambiental) precisar el papel de todos estos factores en modelos causales. El manual de epidemiolog&iacute;a de Almeida Filho y Barreto, "Epidemiologia e Sa&uacute;de" es un paso en esa direcci&oacute;n(26). Es importante preparar las nuevas generaciones de estudiantes de epidemiolog&iacute;a sobre las metodolog&iacute;as emergentes, y con ello ser capaces de responder a los desaf&iacute;os complejos que estamos enfrentando. En ese proceso, es vital no olvidar la ense&ntilde;anza de la historia. Tenemos per lo menos 40 mil a&ntilde;os de experiencia humana con la salud y las enfermedades que podemos interrogar para encontrar respuestas a preguntas actuales antes de iniciar nuevos estudios. Pero m&aacute;s que todo:&iquest;C&oacute;mo pueden las nuevas generaciones de epidemi&oacute;logos tener &eacute;xito, estar conscientes de lo que hacen y por qu&eacute; lo hacen si no entienden que hicieron los epidemi&oacute;logos anteriores y por qu&eacute; lo hicieron?&lowast; </p>      <p><B><I>Agradecimientos</I></B>: Estoy en deuda con MilaGonzalez, VictorPuac Polanco y JulianSantaella, estudiantes doctorales en el Departamento de epidemiolog&iacute;a de la Mailman Escuela de Salud P&uacute;blica, Universidad de Columbia, Nueva York, por sus trabajos sobre las epidemias en Am&eacute;rica precolombina (MG y VPP) y sus &uacute;tiles comentarios sobre la presentaci&oacute;n y la redacci&oacute;n de este art&iacute;culo. Agradezco tambi&eacute;n a Catarina Cordeiro para sus apuntes gramaticales y ortogr&aacute;ficos. Fuente de apoyo: National Library of Medicine 1G13LM010884-01A1. </p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="3"><b>BIBLIOGRAFIA</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Mann CC. 1492: New revelations of the Americas before Columbus. Vintage; 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0124-0064201300050000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Villamar&iacute;n JA, Villamar&iacute;n JE. Epidemic diseases in the Sabana de Bogota, 1536-1810. In: Cook D, Lovell WG, eds. Secret Judgments of Gods. Old World Disease in Spanish Colonial America. Norman, OK: University of Oklahoma Press; 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0124-0064201300050000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3.  Jenner E. An Inquiry Into the Causes and Effects of the Variol' Vaccin'. London: Sampson Low; 1798.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0124-0064201300050000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. McNeill WH. Plagues and People. New York: Anchor Books; 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0124-0064201300050000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. de Montellano BRO. Aztec Medicine, Health, and Nutrition. New Brunswick: Rutgers University Press; 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0124-0064201300050000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Morabia A. Sant&eacute;. S&eacute;parer Croyances et Connaissances. Paris: Odile Jacob; 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0124-0064201300050000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Morabia A. Epidemiology's 350<Sup>th </Sup>Anniversary: 1662-2012. Epidemiology 2013;24(2):179-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0124-0064201300050000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Anda RF, Williamson DF, Escobedo LG, et al. Self-perceived stress and the risk of peptic ulcer disease. A longitudinal study of US adults. Arch Intern Med 1992;152(4):829-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0124-0064201300050000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Morabia A. 350 year anniversary of the Natural and Political Observations upon the Bills of Mortality: First, trust evidence!. BMJ. 2013;346:e8640.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-0064201300050000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Lind J. A Treatise of Scurvy. Edinburgh: University Press; 1753.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-0064201300050000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11.  Louis PCA. Recherches sur les effets de la saign,e dans quelques maladies inflammatoires, et sur l'action de l',m,tique et des v,sicatoires dans la pneumonie. Paris: BailliSre; 1835.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-0064201300050000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12.  Snow J. On the Mode of Communication of Cholera. London: Churchill; 1855.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-0064201300050000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Roffo AH. Durch Tabak beim Kaninchen entwickeltes Carcinom. J Cancer Res Clin Oncol. 1931;33(1):321-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-0064201300050000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Hoffman FL. Cancer and smoking habits. AnnSurg. 1931;93(1):50-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-0064201300050000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Pearl R. Tobacco Smoking and Longevity. Science. 1938;87(2253):216-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-0064201300050000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Morabia A. Quality, originality, and significance of the 1939 &quot;Tobacco consumption and lung carcinoma&quot; article by Mueller, including translation of a section of the paper. Prev Med. 2012;55(3):171-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-0064201300050000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Mueller FH. Tabakmissbrauch und Lungencarcinom. Z Krebsforsch 1939;49:57-85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-0064201300050000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Morabia A. Lung cancer and tobacco consumption: technical evaluation of the 1943 paper by Schairer and Schoeniger published in Nazi Germany. J Epidemiol Community Health 2013;67(3):208-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-0064201300050000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Schairer E, Schoeniger E. Lungenkrebs und Tabakverbrauch. Z Krebsforsch. 1943;54:261-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-0064201300050000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>20. Morabia A. Epidemiology: An Epistemological Perspective. In: Morabia A, ed. History of Epidemiological Methods and Concepts. Basel: Birkh,user, 2004:1-126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-0064201300050000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Miura M, Daynard RA, Samet JM. The role of litigation in tobacco control. Salud Publica Mex. 2006;48 Suppl 1:S121-S36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-0064201300050000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. McMichael AJ. Prisoners of the proximate: loosening the constraints on epidemiology in an age of change. Am J Epidemiol. 1999;149(10):887-97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-0064201300050000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Susser M. Does risk factor epidemiology put epidemiology at risk? Peering into the future. J Epidemiol Community Health. 1998;52(10):608-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-0064201300050000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. Kuh D, Ben-Shlomo Y. A life course approach to chronic disease epidemiology. New York: Oxford University Press; 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-0064201300050000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Diez Roux AV. Complex systems thinking and current impasses in health disparities research. Am J Public Health 2011;101(9):1627-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-0064201300050000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Almeida Filho Nd, Barreto ML. Epidemiologia &amp; Sa&uacute;de-Fundamentos, M&eacute;todos e Aplica&ccedil;&otilde;es. Rio de Janeiro: Guanabara Koogan; 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-0064201300050000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. L&oacute;pez AA. Cuerpo humano e ideolog&iacute;a: las concepciones de los antiguos nahuas. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas; 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-0064201300050000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Anonymous. Codex Borgianus. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-0064201300050000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. Anders F (Ed). Los templos del cielo y de la oscuridad: or&aacute;culos y liturgia, libro explicativo del llamado C&oacute;dice Borgia M&eacute;xico. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-0064201300050000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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