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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El consulado de Comercio de Cartagena]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Facultad de Jurisprudencia derecho público]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper's purpose is to make known one of our most important institutions in the field of commercial law. Established as a special court by the most powerful merchants, between 1795 and 1810, in order to solve conflicts arising among them. Furthermore, the article illustrates power struggles, between Cartagena and Santa Fe de Bogotá in Nueva Granada Viceroyalty.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Derecho comercial]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>El consulado de Comercio de Cartagena</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The Commercial Consulate in Cartagena</b></font></p>     <p><b>Miguel Malag&oacute;n Pinz&oacute;n*</b></p>     <p>* Profesor de derecho p&uacute;blico de la Facultad de  Jurisprudencia de la Universidad del Rosario.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este art&iacute;culo  busca dar a conocer una de nuestras instituciones m&aacute;s importantes en el campo  del derecho mercantil. Muestra c&oacute;mo los comerciantes m&aacute;s poderosos del pa&iacute;s de  1795 a 1810 establecen un tribunal especializado, en Cartagena, para que  resolviera los conflictos que surg&iacute;an entre ellos. Adem&aacute;s ilustra sobre el enfrentamiento  entre Bogot&aacute; y Cartagena por el poder  econ&oacute;mico en el Virreinato de Nueva Granada.</p>     <p><i>Palabras clave:</i> Derecho comercial, comercio, resoluci&oacute;n de conflictos.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper&#39;s  purpose is to make known one of our most important institutions in the field of  commercial law. Established as a special court by the most powerful merchants,  between 1795 and 1810, in order to solve conflicts arising among them.  Furthermore, the article illustrates power struggles, between Cartagena and  Santa Fe de Bogot&aacute; in Nueva Granada Viceroyalty.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Key words: </i>Commercial law, conflicts, power.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Los consulados  se crearon en Espa&ntilde;a durante la Edad Media y recibieron el nombre de  &quot;universidades de mercaderes&quot;. Eran agrupaciones de comerciantes, navieros y cambistas que se constitu&iacute;an en gremios y  favorec&iacute;an a sus miembros en todo lo relativo a los seguros, fletamentos  mar&iacute;timos, pago de diezmo de mar.<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a></p>     <p>En Am&eacute;rica en el  siglo XVI se fundan los consulados de M&eacute;xico y Lima; en la Nueva Granada, a  finales de ese mismo siglo, los comerciantes de Bogot&aacute; establecieron uno que  dur&oacute; hasta 1713. M&aacute;s adelante, los comerciantes cartageneros consiguieron que  se implantara el que durar&iacute;a de 1795 hasta la independencia.</p>     <p>Resulta muy  curioso que nuestros tratadistas de derecho comercial no se hayan detenido a  estudiar esta instituci&oacute;n y que sigamos estudiando s&oacute;lo el desarrollo mercantil  europeo.<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a></p>     <p>Por tal raz&oacute;n  este art&iacute;culo pretende mostrar c&oacute;mo surgi&oacute;, su declive, y el enfrentamiento  comercial con Bogot&aacute;.</p>     <p><b>1. PANORAMA DE LA ECONOM&Iacute;A DURANTE EL COLONIALISMO  BORB&Oacute;N</b></p>     <p>Dada la hostil  topograf&iacute;a del territorio de la Nueva Granada, la efectiva ocupaci&oacute;n europea se  redujo a una incipiente costa Caribe con algunas ciudades y pueblos en los  valles de los r&iacute;os Magdalena y Cauca<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p>Sin embargo, los  frecuentes viajes de los extranjeros a la costa Caribe de la Nueva Granada para  comerciar, atrajeron la atenci&oacute;n de la corona espa&ntilde;ola al ver la importancia  militar y comercial de la regi&oacute;n<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a>. A comienzos del siglo XVIII,  Espa&ntilde;a se encontraba muy preocupada porque hab&iacute;a perdido el control de sus  colonias a manos de los comerciantes extranjeros,<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a> situaci&oacute;n que la  llev&oacute; a recuperar el espacio perdido, especialmente en las actividades  comerciales. Dichos cambios empiezan a vislumbrarse al acceder al trono Carlos  III, quien implanta una autoridad centralizada y absolutista.</p>     <p>Desde el siglo  XVI, todo el comercio de las Am&eacute;ricas fue manejado por el Estado, raz&oacute;n por la  cual se determin&oacute; un &uacute;nico puerto de ingreso, Sevilla, hasta 1717, y despu&eacute;s C&aacute;diz.  El intercambio se llevaba a cabo por el gremio mercantil de los Cargadores de  Indias, en compa&ntilde;&iacute;a de la Casa de la Contrataci&oacute;n, encarg&aacute;ndose &eacute;sta del cobro  de los derechos y de hacer cumplir los reglamentos comerciales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El comercio se  hac&iacute;a con convoyes armados por los puertos autorizados, y excluyendo a los extranjeros.  Debido a dicha situaci&oacute;n, los comerciantes ingleses y holandeses establecieron  unas rutas de comercio ilegal que fomentaron el contrabando, el cual habr&iacute;a de  convertirse en el dolor de cabeza de la corona espa&ntilde;ola.</p>     <p>Durante la  guerra de Sucesi&oacute;n Espa&ntilde;ola (1700–1713), el comercio de los espa&ntilde;oles con las  Am&eacute;ricas se vio pr&aacute;cticamente anulado por contrabandistas, hecho que empeor&oacute; al  tener &eacute;stos la ayuda de los funcionarios de corrupci&oacute;n tan extremo al que se  hab&iacute;a llegado en esta actividad.</p>     <p>Al firmarse el  Tratado de Utrecht (1713), Espa&ntilde;a consigui&oacute; la paz con los ingleses, uno de  cuyos precios fue la autorizaci&oacute;n del asiento de negros, consiste en un  &quot;contrato que permit&iacute;a a los ingleses suministrar esclavos a Hispanoam&eacute;rica&quot;,<a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a> y el derecho de enviar un barco anual a los puertos de Am&eacute;rica para tal fin.  Este hecho gener&oacute; un peligro mayor para el monopolio espa&ntilde;ol, porque amenazaba  el comercio con sus colonias y por lo tanto sus ingresos, pues de esta  actividad depend&iacute;a en gran parte el f&iacute;sico ib&eacute;rico.</p>     <p>Mientras tanto,  la situaci&oacute;n de Espa&ntilde;a segu&iacute;a agrav&aacute;ndose porque acumulaba p&eacute;rdidas por el  contrabando en Santa Marta, Cartagena y otros puertos de Am&eacute;rica, como  Portobelo, que era el principal mercado de los galeones.</p>     <p>Para tratar de  atacar ese problema la corona espa&ntilde;ola reform&oacute; su sistema transatl&aacute;ntico y  elaboro el Proyecto para Galeones y Flotas que se incorpor&oacute; en 1720, buscando  de esta forma recuperar el monopolio comercial y, as&iacute; mismo, los ingresos de la  metr&oacute;poli. Dicha proposici&oacute;n inclu&iacute;a expediciones anuales desde C&aacute;diz, donde se  les daba un plazo de cincuenta d&iacute;as a los galeones para que concluyeran sus  transacciones en los puertos de Cartagena y Portobelo, y quince d&iacute;as m&aacute;s para  que terminaran lo que les hiciera falta en La Habana, cuando estuvieran de  regreso.</p>     <p>Este proyecto no  dio resultados debido a que el contrabando hab&iacute;a ganado tanto terreno que al  llegar los galeones espa&ntilde;oles a Portobelo se encontraban con que peque&ntilde;os  nav&iacute;os holandeses e ingleses se les hab&iacute;an adelantado y ten&iacute;an abastecidos los  puertos, haciendo que se devolvieran sin lograr vender toda su carga.</p>     <p>Por lo anterior,  son notorios los motivos de descontento que ten&iacute;a la Corona por el desempe&ntilde;o  del Virreinato de la Nueva Granada en llevar a cabo la tarea de acabar con el  contrabando, raz&oacute;n por la que se tom&oacute; la decisi&oacute;n de suspenderlo en 1723,  aunque se continu&oacute; con la firme intenci&oacute;n de seguir luchando al respecto por  medio de reformas al Proyecto de Galeones y Flotas.</p>     <p>Para hacer m&aacute;s  eficaz el sistema se dise&ntilde;&oacute; un conjunto de barcos correo, encargados de recoger  y llevar toda la informaci&oacute;n referente a los mercados y a la partida de los galeones,  para que los comerciantes espa&ntilde;oles estuvieran completamente enterados de los  precios y las demandas de las colonias.</p>     <p>En 1735 se  suspendieron los galeones de Tierra Firme y se permiti&oacute; que encontraran barcos  individuales para abastecer los mercados, esto en vista de que hab&iacute;a sido  imposible lograr los itinerarios de los galeones pudieran ser regulares y predecibles,  circunstancia que hab&iacute;a hecho m&aacute;s dif&iacute;cil controlar el contrabando.</p>     <p>En 1737 se  autoriz&oacute; la salida de una peque&ntilde;a flota de barcos escoltada por nav&iacute;os bajo el  mando del general Blas de Lezo, para que dirigiera hacia los puertos de  Cartagena y Portobelo, pero al llegar &eacute;stos, se encontr&oacute; con que el mercado  estaba saturado, por lo que tuvieron seria dificultades para vender sus  cargamentos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de dos  a&ntilde;os de negociaciones se logr&oacute; que la Armada del Sur llegara a Panam&aacute;, en 1739,  y comerciara con los convoyes espa&ntilde;oles que se encontraban den Portobelo, donde  se realizar&iacute;a una feria que nunca pudo llevarse a cabo porque fue atacada por  el almirante Vernon, terminado as&iacute; como la historia de uno de los m&aacute;s grandes  puertos del comercio espa&ntilde;ol.</p>     <p>Para seguir en  la lucha contra el comercio ilegal, el general Blas de Lezo reorganiz&oacute; la  guardia costera, que represent&oacute; un elevado gasto para la caja real. M&aacute;s al  llegar Vernon y atacar a Cartagena, en 1740, todos los barcos de guerra fueron  destruidos, quedando totalmente indefensos los puertos, hecho que favoreci&oacute; la  intromisi&oacute;n extranjera en el territorio  de la Nueva Granada y que trajo una bonanza para los contrabandistas.</p>     <p>Al concluir esta  d&eacute;cada y evaluar los resultados del proyecto, la corona se dio cuenta de que no  hab&iacute;a sido lo que se esperaba y de que, al contrario, se hab&iacute;an abierto nuevas  rutas para los contrabandistas, sin embargo, no fue tan malo del todo y se  logr&oacute; recuperar algo del comercio perdido, si bien esta leve recuperaci&oacute;n se  vio tambi&eacute;n favorecida por el auge del sector minero.</p>     <p>Por esta misma  &eacute;poca se reinicio la guerra contra los ingleses y se finaliz&oacute; el contrato del  asiento, con lo cual Espa&ntilde;a no pudo recuperar su perdido monopolio y, lo m&aacute;s  importante, disolver el viejo sistema de galeones que tantos problemas le hab&iacute;a  ocasionado.</p>     <p>Desde entonces  el comercio ya no se llevaba a cabo por medio de galeones sino mediante barcos  individuales, sistema conocido como registros sueltos<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a>. De igual  manera, se ampliaron los canales comerciales y se les dio permiso a los barcos  espa&ntilde;oles de navegar en el Pac&iacute;fico por el Cabo de Hornos.</p>     <p>Este cambio tuvo  una serie de implicaciones en la estructura comercial, ya que las ferias de  Portobelo y Cartagena ya no controlaban la oferta y la demanda de los  productos, debido a que se  establecieron peque&ntilde;os centros donde se abastec&iacute;a lo necesario para los  mercados internos.</p>     <p>Los resultados  del nuevo sistema no fueron tan claros por la guerra que a&uacute;n se manten&iacute;a con  los ingleses. El desarrollo de &eacute;sta imped&iacute;a la libre negociaci&oacute;n de los barcos  espa&ntilde;oles hacia sus colonias, y aunque el comercio se realizaba se asum&iacute;an  grandes p&eacute;rdidas.</p>     <p>Entre 1749 y  1778 el comercio se vio incrementado con relaci&oacute;n a los a&ntilde;os anteriores, en  parte gracias al nuevo sistema de barcos individuales, aunque no se vislumbr&oacute;  su acci&oacute;n inmediata en la disminuci&oacute;n del contrabando.</p>     <p>Debido a  deficiencias en el campo constitucional del sistema colonial, el comercio  sigui&oacute; limitado por las licencias que deb&iacute;an pedirse a la corona por zarpar de  los puertos y por las altas tarifas y derechos portuarios que deb&iacute;an pagarse  tanto en Espa&ntilde;a como en Am&eacute;rica. La forma de gravarlos alimentaba el negocio  del contrabando, ya que la mercanc&iacute;a que se enviaba a las colonias era avaluada  por su volumen y peso y no por su valor, d&aacute;ndole m&aacute;s importancia en la revisi&oacute;n  de la entrada a los bienes lujosos y no a los de la franja baja del mercado,  que era donde m&aacute;s se mov&iacute;a el contrabando.</p>     <p>A esto se le  suma el hecho de que la Nueva Granada era gran productor de oro y los vecinos  ten&iacute;an escasez de este metal, cre&aacute;ndose la excusa perfecta para intercambiar  mercanc&iacute;a ilegal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ante todas estas  irregularidades y fallas en el control del sistema comercial, el Virreinato no  pudo desarrollarse plenamente, porque s&oacute;lo ten&iacute;a problemas para proteger el  mercado externo, sino tambi&eacute;n el interno. Por ejemplo, a pesar de las  restricciones en la importancia de harina, &eacute;sta entraba de otros pa&iacute;ses, y  adem&aacute;s, porque las medidas arancelarias hicieron que los agricultores no  pudieran vender f&aacute;cilmente sus productos a los extranjeros.</p>     <p>Carlos III  decidi&oacute; tratar con mano dura todos los inconvenientes e intento modernizar la  pol&iacute;tica mercantilista que hasta ese momento se hab&iacute;a implementado, idea que se  vio acrecentada por la derrota de Espa&ntilde;a ante los ingleses.</p>     <p>Entre sus  reformas m&aacute;s importantes est&aacute; la de 1765, en la que se dispuso un selectivo  comercio libre en las islas del Caribe autorizando el comercio con otros  puertos diferentes a C&aacute;diz.</p>     <p>En esta b&uacute;squeda  por mejorar las condiciones de la Nueva Granada, sus funcionarios se unieron  para proponer reformas y promover una mejor explotaci&oacute;n de los recursos. As&iacute;,  el virrey Mess&iacute;a de la Cerda, se interes&oacute; por incrementar la explotaci&oacute;n minera  y desarrollar m&aacute;s eficazmente el transporte interno, as&iacute; como por aprovechar  adecuadamente los productos tropicales para competir con los del contrabando,  hasta llegar al punto en que se satisficiera completamente la demanda interna y  no se hiciera necesaria la presencia de mercanc&iacute;as ilegales.</p>     <p>Por su parte,  Moreno y Escand&oacute;n sugiri&oacute; que para incrementar el comercio exterior y  diversificado ser&iacute;a bueno conceder temporalmente privilegios de monopolio a  compa&ntilde;&iacute;as privadas.</p>     <p>Esta idea fue  apoyada por el virrey Guirior, quien recomend&oacute; adem&aacute;s la anulaci&oacute;n de muchos  derechos de los productos agr&iacute;colas para promover su exportaci&oacute;n a Espa&ntilde;a, y de  los de comercio en general con el mismo fin, argumentando que las normas  vigentes hasta el momento s&oacute;lo contribu&iacute;an a la depresi&oacute;n del desarrollo econ&oacute;mico  de la colonia, y por otro lado expresaba que para lograr un crecimiento  sostenido se necesitaba derribar las barreras institucionales que se ten&iacute;an en  el comercio exterior en la regi&oacute;n caribe&ntilde;a.</p>     <p>Consideraba como  una buena medida de corto plazo la legalizaci&oacute;n del comercio con las colonias  extranjeras, porque se reducir&iacute;a la costosa guardia costera, y al elevar los  derechos de aduana se generar&iacute;an mayores ingresos para el f&iacute;sico.</p>     <p>En 1778 se  establece el Reglamento de Comercio Libre, que permite la libertad comercial a  todas las colonias de Hispanoam&eacute;rica.</p>     <p>Este reglamento  suprimi&oacute; las restricciones del antiguo sistema, entre las cuales se encontraba  el monopolio de C&aacute;diz. Todos los puertos de la Am&eacute;rica Hispana quedaron  abiertos para el comercio, se hicieron menos r&iacute;gidas las normas de env&iacute;o de  cargamentos, se discriminaron las tarifas arancelarias para que los productores  extranjeros pagaran m&aacute;s altos derechos que los productos espa&ntilde;oles, y se  disminuyeron los impuestos de las exportaciones coloniales a Espa&ntilde;a.</p>     <p>El gobierno  borb&oacute;nico no hac&iacute;a estas reformas buscando la prosperidad de las colonias, sino  su propio beneficio, haciendo que &eacute;stas se volvieran cada vez m&aacute;s dependientes  de los productos de exportaci&oacute;n de la corona y grandes abastecedoras de metales  preciosos. El comercio libre contribuy&oacute; a la diversificaci&oacute;n de las  exportaciones coloniales, donde se destacaron productos como el az&uacute;car, el  cacao, el tabaco, el algod&oacute;n y los colorantes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, no  fue tan bueno para los agricultores de los productos europeos disminu&iacute;a los  precios y las ganancias de los comerciantes locales.</p>     <p>La pol&iacute;tica  borb&oacute;nica logr&oacute; canalizar hacia Espa&ntilde;a una mayor cantidad de oro, haciendo que  la competitividad de sus importaciones aumentara.</p>     <p>En 1778 los  altos funcionarios del Virreinato determinaron que era necesario reducir su  dependencia del oro como medio de pago y por ello era necesario desarrollar un  comercio m&aacute;s activo.</p>     <p>Entre 1760 y  1770 se increment&oacute; el uso del algod&oacute;n americano como materia prima de la industria  textilera en Espa&ntilde;a, pero el negocio no prosper&oacute; por la baja calidad del  producto. En cuanto a los resultados del libre comercio, el virrey Espeleta  percibi&oacute; que por los impuestos y por el elevado costo del transporte los  precios de los productos de la colonia no eran competitivos.</p>     <p>Las reformas  borb&oacute;nicas fracasaron en su intento por aumentar las exportaciones de las  colonias y en convertir a &eacute;stas en abastecedoras de recursos para la metr&oacute;poli,  ya que los mercados espa&ntilde;oles eran muy reducidos, y al persistir a&uacute;n el  problema del contrabando, se fue haciendo m&aacute;s dif&iacute;cil alcanzar los objetivos  que se hab&iacute;a propuesto la monarqu&iacute;a, lo que se vio agravado por la deficiente  industria espa&ntilde;ola, que fue incapaz de producir textiles que competieran en  calidad y precio con los otros pa&iacute;ses.</p>     <p>Otro grave  problema que tuvo que afrontarse fue la corrupci&oacute;n, pues la venta de licencias  para tratar con los extranjeros se hab&iacute;a convertido en un negocio de cotizaci&oacute;n  p&uacute;blica. Tambi&eacute;n el tr&aacute;fico libre de esclavos se convirti&oacute; en otro canal para  incrementar el contrabando.</p>     <p>A mediados del  siglo XVIII, con los cambios de las normas mercantiles, a partir de la  eliminaci&oacute;n de los galeones, el nuevo gremio encargado de los asuntos  comerciales se vio en la necesidad de fortalecerse. Ya no viajan en grupos para  reunirse con los hom&oacute;logos en las colonias, sino que agentes locales  suministraban un flujo constante de informaci&oacute;n sobre el desenvolvimiento de  los mercados locales, pero a&uacute;n as&iacute; se segu&iacute;a teniendo una dependencia de los  servicios de las casas comerciales espa&ntilde;olas.</p>     <p>El Comercio de  la Nueva Granada se control&oacute; entonces por dos grupos de comerciantes: el  primero por los cargadores, quienes se encargaban de viajar en las flotas, y el  segundo por los mayoristas que resid&iacute;an en Cartagena y que compraban las  provisiones para revenderlas a minoristas y redistribuirlas en el mercado  interno.</p>     <p>Durante el  sistema de flotas, la comunidad mercantil de los puertos se limitaba por la  posici&oacute;n privilegiada que ten&iacute;an los miembros de la universidad de cargadores,  quienes eran los &uacute;nicos intermediarios legales para el comercio con la colonia.  Al introducirse el nuevo sistema de nav&iacute;os sueltos, se diversific&oacute; la &eacute;lite  comercial y empezaron a llegar nuevos negociantes a la Nueva Granada, especialmente  a Cartagena.</p>     <p>Un grupo  particular fue el de los catalanes, que importaban grandes cantidades de  aguardiente y quienes en 1789 auspician el ascenso de Carlos IV al trono,  demostrando que se hab&iacute;a constituido en un grupo fuerte e influyente. Este peso  se hac&iacute;a notar en la participaci&oacute;n en el cabildo, donde en 1793, de catorce  funcionarios, nueve estaban vinculados a actividades comerciales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ante este  incremento en la clase comercial y la importancia que hab&iacute;a adquirido el puerto  de Cartagena, se hizo necesaria la formaci&oacute;n de organismos que manejaran los  litigios comerciales, sent&aacute;ndose as&iacute; las bases para el surgimiento del  Consulado de Cartagena.</p>     <p><b>2. SURGIMIENTO Y DECADEDNCIA DEL CONSULADO DE  CARTAGENA</b></p>     <p>Desde los m&aacute;s  tempranos d&iacute;as de la administraci&oacute;n colonial, las cortes municipales eran las  encargadas de solucionar los pleitos mercantiles, pero el r&aacute;pido crecimiento  comercial de la regi&oacute;n, hizo que la labor de estos jueces fuera ineficaz.</p>     <p>Dadas dichas  circunstancias, los comerciantes de la &eacute;poca decidieron buscar privilegios  especiales que los aislaron de esa jurisdicci&oacute;n. Cortes especiales en Quito  (1735), Cartagena (1760) y Popay&aacute;n (1778), empezaron a ejercer el poder de los  anteriores jueces locales<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p>Los comerciantes  de Cartagena y los europeos vieron la necesidad de tener organismos reguladores  que administraran justicia dentro de sus actividades. Es as&iacute; como el Consulado  de C&aacute;diz ser&aacute; el encargado de ejercer tal funci&oacute;n.</p>     <p>Siempre que  arribaba una flota desde Espa&ntilde;a, con ella ven&iacute;an dos diputados durante la  actividad comercial que se realizaba en Cartagena. El gran inconveniente de  esta medida fue la desprotecci&oacute;n que sent&iacute;an los comerciantes europeos que  resid&iacute;an en Cartagena; cuando la comisi&oacute;n de diputados se iba y los problemas  mercantiles persist&iacute;an, deb&iacute;an quedar sujetos a la corte local.</p>     <p>Los comerciantes  cartageneros, por su parte, recurr&iacute;an a la elecci&oacute;n de sus propios jueces, para  que se escucharan todas las disputas.</p>     <p>Como era obvio,  profundas diferencias jurisdiccionales empezaron a surgir entre las cortes  europeas y americanas, y se agudizaba cuando los diputados enviados por el  Consulado de C&aacute;diz regresaban a Europa abandonando a los comerciantes europeos  inscritos en este consulado.</p>     <p>Finalmente,  &eacute;stos alegaban el derecho de escoger tambi&eacute;n a sus propios diputados  residentes, para as&iacute; escapar a los jueces mercantiles locales.</p>     <p>El virrey Jos&eacute;  Solis Folch de Cardona oy&oacute; los alegatos de los comerciantes de C&aacute;diz, y en  marzo de 1760 establece un tribunal conformado por el gobernador de Cartagena y  dos de los comerciantes europeos. Tambi&eacute;n proh&iacute;be a los diputados de los  comerciantes de Cartagena interferir en cualquier caso en el que hubiese  implicado alg&uacute;n miembro del consulado de C&aacute;diz. Estos diputados locales s&oacute;lo  pod&iacute;an ejercer jurisdicci&oacute;n sobre los comerciantes de C&aacute;diz en pleitos civiles  y criminales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De ah&iacute; en  adelante todos los virreyes se encargan de darle m&aacute;s y m&aacute;s prerrogativas a la  Corte del gobernador a expensas del debilitamiento de los diputados comerciales  elegidos por los comerciantes cartageneros.</p>     <p>De cualquier  forma lo que motiva a los dos grupos era la protecci&oacute;n de sus fueros  particulares. Ambos tuvieron la oportunidad de conseguir esos privilegios  exclusivos. El gobernador de Cartagena convoca a los ciudadanos a formar  milicias de acuerdo a su cargo profesional, y as&iacute; se unen partes para formar  una compa&ntilde;&iacute;a mercantil para la milicia urbana. Como retribuci&oacute;n a este servicio  se les ofrec&iacute;a la protecci&oacute;n del fuero militar.</p>     <p>El privilegio  m&aacute;s importante de este fuero era el derecho a ser juzgado por una corte militar  en pleitos civiles y criminales. No contentos con esto, presionan y obtienen  del virrey Manuel Guirior una extensi&oacute;n del mismo con el prop&oacute;sito de  establecer un tribunal mercantil. Ten&iacute;a total jurisdicci&oacute;n en pleitos  comerciales, criminales y civiles que involucraran a miembros de la milicia de  comerciantes<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p>El tribunal no  contaba con el apoyo de la corona, e incluso hab&iacute;a sido constituido sin la  aprobaci&oacute;n de ella, es as&iacute; como &eacute;sta niega dicho privilegio al gremio de  comerciantes. Como resultado de la decisi&oacute;n real, toda la justicia comercial  vuelve a su etapa anterior.</p>     <p>Los comerciantes  inscritos en C&aacute;diz presentan sus disputas al gobernador y los comerciantes  locales a sus diputados de comercio.</p>     <p>La constituci&oacute;n  de un derecho de libre comercio entre Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica para acabar las  restricciones que impon&iacute;a el monopolio de C&aacute;diz, hace que el consulado de esta  ciudad sea innecesario.</p>     <p>Como resultado,  esa distinci&oacute;n judicial entre los comerciantes locales y los inscritos en  C&aacute;diz, no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido legal.</p>     <p>Ello inicia un  acercamiento entre ambos grupos en el a&ntilde;o de 1778. Las cortes, antes  antag&oacute;nicas, se fusionan en un tribunal &uacute;nico presidido por el gobernador de  Cartagena y dos jueces, cada uno representando a sus grupos. La corona no hace  una manifestaci&oacute;n oficial que legitime el nuevo manejo mercantil y pide que se  legalice o se forme un consulado.</p>     <p>En 1789 L&aacute;zaro  Mar&iacute;a Herrera y Jos&eacute; Ignacio Pompo como diputados de los comerciantes de  Cartagena, pidieron el apoyo al virrey Francisco Gil y Lemos para que  promoviese su creaci&oacute;n.</p>     <p>El argumento de  los diputados se centraba en el volumen comercial anual de Cartagena, el cual  requer&iacute;a una corte mercantil que resolviera las disputas de la cantidad de  comerciantes que se encontraban ah&iacute;. Tambi&eacute;n era de vital importancia la  necesidad de desarrollar caminos terrestres y fluviales que promovieran el  crecimiento de nuevas y tradicionales cosechas<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La propuesta le  pareci&oacute; interesante al virrey Gil y Lemus, quien la envi&oacute; a la corona con su  apoyo. Finalmente, el 14 de junio de 1795, el rey afirmo una c&eacute;dula que  constituye formalmente el Consulado de Cartagena; sin embargo, la corte del  gobernador se mantuvo y legaliz&oacute; bajo el t&iacute;tulo de Tribunal de Alzadas del  Consulado.</p>     <p>Estaba integrado  por un prior, dos c&oacute;nsules, nueve cancilleres y un sindicato elegido entre los  comerciantes registrados. Adem&aacute;s, por tres oficiales permanentes, el  secretario, &nbsp;el contador y el tesorero. Los  individuos vinculados al comercio exterior de la colonia quedaron autorizados  para elegir anualmente representantes a una junta directiva que investiga  poderes jurisdiccionales sobre los asuntos comerciales de toda la Nueva  Granada, incluyendo la Audiencia de Quito.</p>     <p>Durante el  primer a&ntilde;o de funcionamiento, la corona nombr&oacute; directamente a los funcionarios  del consulado, pero durante los siguientes, los principales funcionarios  convocaban anualmente a una junta general, compuesta por los comerciantes tanto  al por mayor, como al detal, que  estuvieran vinculados con el comercio exterior, as&iacute; como tambi&eacute;n por los  exportadores que pagaban el impuesto de la aver&iacute;a de manera independiente, por  los capitanes de barcos, y por todos los comerciantes calificados que hab&iacute;an  vivido por lo menos cinco a&ntilde;os en poblaciones a ciudades donde hubiera un  delegado del consulado.</p>     <p>En esta junta se  eleg&iacute;an los funcionarios que iban a ocupar los puestos vacantes que se  presentaran. Los cargos por este tipo de elecci&oacute;n eran los de prior, c&oacute;nsul,  s&iacute;ndico y consejero. La corona nombraba directamente a los funcionarios de  tiempo completo del consulado que eran: el secretario, el tesorero y el  contador.</p>     <p>Los  representantes de los comerciantes de Cartagena hab&iacute;an recomendado que la  elecci&oacute;n de los funcionarios se limitara &uacute;nicamente a los comerciantes al por  mayor que tuvieran un capital disponible de $ 10.000, y a los propietarios de  barcos de por lo menos 100 toneladas que fueran aptos para la navegaci&oacute;n  ultramarina<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p>La  reglamentaci&oacute;n de la corono referente a la elecci&oacute;n de los funcionarios era  menos espec&iacute;fica, y recomendaba que fueran comerciantes con una situaci&oacute;n  financiera estable o con una gran fortuna, as&iacute; como tambi&eacute;n miembros  importantes y respetables de la comunidad. De todas formas, estos requisitos  limitaban la elecci&oacute;n y selecci&oacute;n a un grupo reducido de personas, que  generalmente rotaban los cargos entre ellos, por lo que era com&uacute;n que una misma  persona fuera nombrada varias veces para ocupar distintos cargos dentro del  consulado.</p>     <p>La normatividad  que estableci&oacute; la corona buscada impedir que la administraci&oacute;n de esta  instituci&oacute;n quedara bajo la direcci&oacute;n de funcionarios que fueran parientes  entre s&iacute;, o en manos de un c&iacute;rculo peque&ntilde;o de empleados, que la utilizar&iacute;an  para favorecer sus intereses personales. Esto no quiere decir que el consulado  estuviera dominado por grupos familiares, pero debido a que las relaciones  existentes entre los comerciantes de Cartagena erran muy precarias, fue muy  dif&iacute;cil acatar las reglamentaciones de la corona, por lo que se puede decir que  entre los hombres que lo manejaron, su identidad de intereses era de grupo.</p>     <p>Las labores  fundamentales del consulado eran las de resolver cualquier disputa mercantil,  la protecci&oacute;n y promoci&oacute;n del comercio, y el desarrollo de obras p&uacute;blicas. Estaba  dividido en dos ramas: el tribunal y la Junta de Gobierno.</p>     <p>Al Tribunal lo  conformaban en prior y dos c&oacute;nsules, quienes deb&iacute;an atender los litigios de la  comunidad mercantil. El procedimiento judicial estaba incorporado en la  Audiencia del Consulado de Bilbao o en las leyes de Espa&ntilde;a y de las Indias.  Ten&iacute;a la responsabilidad  de atender los casos referentes a transacciones comerciales, quiebras, formaci&oacute;n  y liquidaci&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;as<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p>A fin de  agilizar la soluci&oacute;n de litigios comerciales de otros centros, el consulado  pod&iacute;a nombrar representantes en las poblaciones del interior; en 1796 present&oacute;  a la corona una lista de 21 funcionarios que desempe&ntilde;aban esta actividad en las  principales poblaciones de la Nueva Granada, incluyendo el istmo de Panam&aacute; y  Guayaquil. Estos representantes del consulado en las provincias eran los  responsables de atender los mismos asuntos que atend&iacute;a el Tribunal de Cartagena.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Junta de  Gobierno actuaba como una agencia de desarrollo que proteg&iacute;a y fomentaba tanto  el comercio, como la agricultura y la industria. Compuesta por todos los  miembros del consulado, deb&iacute;a dise&ntilde;ar proyectos econ&oacute;micos, llevar a cabo obras  p&uacute;blicas y poner al tanto a la corona en asuntos legislativos.</p>     <p>Sin embargo, no  tuvo la aceptaci&oacute;n de todas las jurisdicciones y dem&aacute;s cortes, ya que tem&iacute;an la  p&eacute;rdida de su poder y de sus ingresos. As&iacute;, para contrarrestar esta situaci&oacute;n  el Cabildo de Cartagena intentaba apaciguar esas veces de descontento mediante  inversiones modestas en proyectos para esas regiones.</p>     <p>A nivel local,  la estructura judicial del consulado estaba conformada por diputaciones, que  eran cortes presididas por comerciantes locales elegidos directamente por el  consulado. Cumpl&iacute;an las mismas funciones que el Tribunal del consulado  desempe&ntilde;aba en Cartagena. Sus apelaciones se llevaban al Tribunal de Alzadas,  que era presidido por el juez del mismo nombre. &Eacute;l era el encargado de revisar  todas las apelaciones de las cortes menores.</p>     <p>Como dec&iacute;amos  antes, el derecho para ser juzgado por el consulado exig&iacute;a un fuero que era  exclusivo de comerciantes registrados y propietarios de barcos. Los hacendados  o terrientes no ten&iacute;an derecho a este privilegio, lo que manten&iacute;a la existencia  de cortes civiles.</p>     <p>Otros consulados  como Alicante, Caracas o Guatemala, s&iacute; ten&iacute;an jurisdicci&oacute;n sobre los hacendados  y terrientes, y siguiendo ese ejemplo el Consulado de Cartagena pidi&oacute; al  Consejo de Indias esa misma facultad en 1791, por medio del tesorero de esa  &eacute;poca, don Manuel de Pombo. Sin embargo, enfrentamientos de los otros  consulados con algunos agricultores y terrientes, adem&aacute;s de la completa  exclusi&oacute;n de las cortes civiles de su jurisdicci&oacute;n, hicieron que ese requerimiento  fuese negado. As&iacute;, el poder legal de las cortes del consulado para decir casos  se limitaba a los pleitos de los comerciantes.</p>     <p>Su jurisdicci&oacute;n  se encargaba de transacciones financieras, ventas, compras, de la carda de los  barcos, etc. El deseo del consulado para obtener cada vez m&aacute;s control, como ya  lo hab&iacute;a intentado al buscar la jurisdicci&oacute;n sobre los hacendados y terratenientes,  se reflej&oacute; en su aspiraci&oacute;n de gobernar las causas mortuorias, que eran los testamentos de los comerciantes.</p>     <p>La estructura de  los tribunales consulares sigue las caracter&iacute;sticas del modelo que se encuentra  en todo el mundo hisp&aacute;nico. Consist&iacute;a en un juez permanente asistido del  Tribunal del consulado, y su prior acompa&ntilde;ado por los dos c&oacute;nsules.</p>     <p>Todos los jueces  de las cortes del consulado recib&iacute;an el nombre de se&ntilde;or&iacute;a y cargaban un bast&oacute;n  de mando que serv&iacute;a como s&iacute;mbolo de autoridad. El prior y los c&oacute;nsules del Tribunal  de Cartagena eran elegidos, porque pertenec&iacute;an a familias de gran reputaci&oacute;n y  riqueza, y adem&aacute;s por sus supuestos conocimientos con el &aacute;rea comercial.</p>     <p>Serv&iacute;an a la  corona por dos a&ntilde;os, siendo asalariados, con la prohibici&oacute;n de cobrar tarifas  extras por sus servicios. Deb&iacute;an proveer una justicia eficiente y r&aacute;pida en los  conflictos mercantiles.</p>     <p>Como dijimos  antes, su procedimiento legal estaba determinado por la Audiencia de Bilbao o,  en su defecto, por las leyes de Espa&ntilde;a y de las Indias. Este c&oacute;digo hab&iacute;a sido  elaborado por Felipe V en 1737, y era una compilaci&oacute;n de leyes espa&ntilde;olas de  comercio. Tuvo vigencia hasta 1853.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El s&iacute;ndico ten&iacute;a  la funci&oacute;n de verificar las cortes y evitar las extralimitaciones de est&aacute;s. Esa  competencia se hac&iacute;a necesaria, ya que muchas veces en los procedimientos  judiciales se incurr&iacute;a en excesos o manipulaciones para favorecer a alguno de  los grupos en conflicto. A los jueces se les confi&oacute; la tarea de supervisar el  procedimiento y su legalidad, as&iacute; como verificar la brevedad y transparencia de  las determinaciones de la corte.<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a></p>     <p>La labor del  consulado no resultaba f&aacute;cil, ya que la infraestructura econ&oacute;mica de la Nueva  Granada atravesaba enormes problemas, haciendo que los esfuerzos para mejorar  las condiciones comerciales resultaran insignificantes.</p>     <p>Los mayores  impuestos y la extrema supervisi&oacute;n del consulado hacia las actividades  comerciales eran aceptadas con descontento, haciendo que la popularidad de ese  organismo disminuyera. Adem&aacute;s, la instalaci&oacute;n de esta instituci&oacute;n no despert&oacute;  ninguna dedicaci&oacute;n entre los comerciantes por desarrollar sus objetivos  propuestos.</p>     <p>Hab&iacute;a quejas muy  seguidas que hac&iacute;an referencia a que los funcionarios electos atend&iacute;an de  manera irregular sus obligaciones en el consulado. Al mismo tiempo, los  desacuerdos sobre los asuntos financieros y la distribuci&oacute;n de las funciones,  ocasionaron disputas entre las diferentes facciones.</p>     <p>Una fuente de  ellas era la rivalidad que exist&iacute;a entre los funcionarios electos y de tiempo  completo. El primer s&iacute;ntoma de divisi&oacute;n apareci&oacute; en 1797, cuando el contador  interino Jos&eacute; de Arrazola y Ugarte, se quej&oacute; de que su trabajo estaba mal  remunerado y de que el prior y los c&oacute;nsules no le daban a &eacute;l ni a otros  funcionarios (el tesorero y el secretario), el tratamiento que merec&iacute;an,  sosten&iacute;a que se les exclu&iacute;a de la toma de decisiones a las que ten&iacute;an derecho  de participar, y que no se les permit&iacute;a opinar en lo referente a estudios  financieros de la junta directiva.<a href="#14" name="s14"><sup>14</sup></a></p>     <p>En 1804, el  tesorero Manuel de Pombo plante&oacute; que los intereses de los comerciantes eran muy  diversos. Manifest&oacute; que los comerciantes espa&ntilde;oles s&oacute;lo se centraban en el  comercio internacional, mostrando negligencia hacia el est&iacute;mulo de los  proyectos de producci&oacute;n y comercio dom&eacute;stico en el Virreinato.<a href="#15" name="s15"><sup>15</sup></a></p>     <p>En 1810 el  tesorero don Felipe Espinosa acus&oacute; a Jos&eacute; Ignacio de Pombo, prior del  consulado, de haber presentado facturas de alumbrado demasiado elevadas y de  utilizar las piezas que le fueron concedidas en 1798 por la Junta, con fines de  reuni&oacute;n y de deliberaci&oacute;n. Adicionalmente, present&oacute; un informe  responsabilizando a la junta por no haberse encargado de los trabajos  hidr&aacute;ulicos y de los que favorec&iacute;an la comunidad con el interior del pa&iacute;s, por  falta de cr&eacute;ditos y fondos.<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a></p>     <p>La posici&oacute;n  hacia el consulado no era por sus prerrogativas judiciales sino por la forma de  financiarse. Un impuesto especial de car&aacute;cter fijo llamado la aver&iacute;a era  cobrado en todos los puertos y judicialmente remitido al consulado para su  administraci&oacute;n. Consist&iacute;a en la mitad del uno por ciento del valor de todos los  bienes, frutas y comodidades exportadas e importadas por el mar. S&oacute;lo los  esclavos y el comercio en las costas estaban exentos. Cualquier otro producto  que fuera espa&ntilde;ol, americano o europeo estaba obligado a pagar la aver&iacute;a.<a href="#17" name="s17"><sup>17</sup></a></p>     <p>Los puestos en  los que se cobraba este impuesto no ten&iacute;a la voz en el momento de decidir en  qu&eacute; se deb&iacute;a usar el dinero. Adem&aacute;s de esta fuente financiamiento, el Consulado  cobraba fianzas y penalidades impuestas por el Tribunal.</p>     <p>Sin embargo,  estos pagos judiciales no eran suficientes y la instituci&oacute;n s&oacute;lo era viable  gracias al recaudo del nombrado impuesto. Dadas las caracter&iacute;sticas de &eacute;ste,  que se cobraba exclusivamente en el comercio mar&iacute;timo, su recaudo era muy  sensible a coyunturas internacionales. A&ntilde;os de guerras y de bloqueos disminu&iacute;an  significativamente los ingresos del consulado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este car&aacute;cter  inestable de sus ingresos limitaba enormemente la tarea de promoci&oacute;n y  desarrollo del comercio; ejemplo de ello fue el proyecto encaminado a mejorar  el puerto de Guayaquil, el cual fue apoyado por el consulado, pero como no  estaba preparado para financiarlo, recomend&oacute; que se impusiera un impuesto  especial con este prop&oacute;sito.</p>     <p>Otro ejemplo fue  el caso del canal del Dique, en el cual se demor&oacute; para actuar, a pesar de que  la navegaci&oacute;n por esta v&iacute;a tra&iacute;a grandes ventajas para la ciudad de Cartagena,  debido a que reduc&iacute;a los costos de transporte hacia el r&iacute;o Magdalena, y s&oacute;lo  cuando el cabildo de esta ciudad aport&oacute; $20.000 de los $100.000 que se  necesitaban para la obra, el consulado acept&oacute; la responsabilidad en la  realizaci&oacute;n de los trabajos, por lo que los gastos ocasionados en esa obra le  sirvieron de excusa para la realizaci&oacute;n de otras.</p>     <p>No es extra&ntilde;o  que el puerto de Cartagena representara la contribuci&oacute;n m&aacute;s importante al  tesoro del consulado. De hecho, prove&iacute;a entre el 40 y el 90% de su ingreso  anual<a href="#18" name="s18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p>Otros  contribuyentes de consideraci&oacute;n eran los de Santa Martha, Panam&aacute; y Guayaquil.  Sin embargo estos tres puertos presentaban much&iacute;simas irregularidades a la hora  de recaudar el impuesto, afectando as&iacute; la viabilidad econ&oacute;mica del consulado.  Por ejemplo, el ingreso que reportaba Guayaquil se extingui&oacute; cuando un decreto  real a&ntilde;adi&oacute; esa provincia al virreinato de Per&uacute;.</p>     <p>Con el  advenimiento de los movimientos de independencia las finanzas del consulado se  deterioraron sensiblemente. En 1809, Panam&aacute; suspendi&oacute; sus transferencias  argumentando que hab&iacute;a demasiada inestabilidad e incertidumbre en Cartagena.</p>     <p>Obviamente su  imagen se deterior&oacute; y despert&oacute; cr&iacute;ticas hacia su desempe&ntilde;o. Teniendo en cuenta  que desde un principio, cuando se instaur&oacute; el Consulado de Comercio, ya hab&iacute;a  bastantes opositores hacia su formaci&oacute;n como, por ejemplo, el gobernador de  Cartagena Joaqu&iacute;n ca&ntilde;averal, quien no estaba dispuesto a permitir la suspensi&oacute;n  de su corte y, aprovechando otras disposiciones de comerciantes en Bogot&aacute;,  intento sabotear todo el proyecto.</p>     <p>Lo anterior  hac&iacute;a que, aunque tuviera el apoyo y la protecci&oacute;n de la corona, el consulado  se viera bastante debilitado en 1805. Para este tiempo compart&iacute;a jurisdicci&oacute;n  con Bogot&aacute; y enfrentaba p&eacute;rdidas de ingreso a Guayaquil y Santa Marta. Adem&aacute;s,  la guerra entre Espa&ntilde;a e Inglaterra redujo sus finanzas a&uacute;n m&aacute;s. En ese momento  el consulado tan s&oacute;lo lograba llevar a cabo pocas obras p&uacute;blicas por medio de  pr&eacute;stamos.</p>     <p>Una rivalidad  cada vez m&aacute;s fuerte entre Cartagena y Santa Marta emerg&iacute;a por la creciente  independencia del gobierno espa&ntilde;ol de la primera, en contradicci&oacute;n con una  creciente relaci&oacute;n entre la corona y Santa Marta. No solamente esta &uacute;ltima se  quejaba de la existencia del Consulado de Cartagena, sino que tambi&eacute;n surgieron  muchas ciudades que ped&iacute;an tribunales mercantiles. Su queja m&aacute;s com&uacute;n era que  el producto que la aver&iacute;a que se recog&iacute;a en las provincias se llevaba hacia  Cartagena ignorando las necesidades de obras p&uacute;blicas dentro de esas  provincias. Las grandes obras se realizaban dentro y alrededor de Cartagena,  como las mejoras al muelle de esta ciudad en 1804 y la  apertura de un canal en la desembocadura del r&iacute;o Magdalena en 1802 por un valor  de $500, mientras que en los otros distritos las inversiones eran bien  modestas. Por eso la mayor&iacute;a de los comerciantes de los puertos del Virreinato  prefer&iacute;an que la ver&iacute;a se cobrara como impuesto local, recaudado por un  tribunal tambi&eacute;n loca<sup><a href="#19" name="s19">19</a></sup>.</p>     <p>En un principio  la corona no favorec&iacute;a la total retenci&oacute;n de la aver&iacute;a por los puertos de cada  distrito, pero s&iacute; apoy&oacute; los alegatos de Santa Marta, Panam&aacute; y Portobelo,  referentes a que deb&iacute;an recibir mayor atenci&oacute;n sus necesidades locales. Para  1811, cuando Cartagena se volv&iacute;a cada vez m&aacute;s rebelde, la corona se hizo  much&iacute;simo m&aacute;s renuente a que los recaudos de la aver&iacute;a de los puertos se  trasladaran al consulado, con el fin de que los cabildos de estas ciudades  adelantaran las obras p&uacute;blicas necesarias por su propia iniciativa. Es as&iacute; como  para 1813 la ciudad de Cartagena, calificada de ciudad insurgente, deja de recibir  fondos de los otros distritos.</p>     <p>El consulado  entr&oacute; al periodo de independencia incapaz de recuperarse de sus problemas  econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. La organizaci&oacute;n de la naci&oacute;n sumergi&oacute; a Cartagena en  otro conflicto regionalista. Su jurisdicci&oacute;n se desintegr&oacute; y Santa Fe de Bogot&aacute;  reemplaz&oacute; estas funciones en los distritos que Cartagena dej&oacute; de controlar<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3. ENFRENTAMIENTO ECON&Oacute;MICO Y POL&Iacute;TICO ENTRE CARTAGENA  Y SANTA FE DE BOGOT&Aacute;</b></p>     <p>Desde el a&ntilde;o 1795 la oposici&oacute;n del gremio comercial de Bogot&aacute; hacia la  formaci&oacute;n del consulado era latente, y la lucha por obtener un organismo de  ellos mismos se sinti&oacute; hasta 1806.</p>     <p>Santa Fe ten&iacute;a 65 grandes comerciantes, de &eacute;stos, 32 comerciaban  directamente con Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s controlaban la mayor&iacute;a granes comerciantes; de  &eacute;stos, 32 comerciaban directamente con Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s controlaban la mayor&iacute;a de  los intercambios comerciales en el interior del pa&iacute;s, y su influencia pol&iacute;tica  y econ&oacute;mica era considerable, si se tiene en cuenta la densidad poblacional del  territorio. Esta &eacute;lite siempre cont&oacute; con el apoyo de los virreyes en su intento  de independizarse de los comerciantes cartageneros, ya que depend&iacute;an de ellos  para obtener las importaciones que revend&iacute;an en el interior, en vez de traerlas  directamente de Espa&ntilde;a.</p>     <p>Los puntos principales  sobre los cuales los comerciantes bogotanos discut&iacute;an, ten&iacute;an que ver con el  p&eacute;simo estado de la carretera del interior, que hac&iacute;a que sus productos no  fueran competitivos frente a los europeos. Como consecuencia, una de sus  principales preocupaciones era la construcci&oacute;n del camino de Op&oacute;n que  facilitar&iacute;a el transporte de las mercanc&iacute;as. Estos intereses econ&oacute;micos eran  los mayores motivos de discordia; los &nbsp;comerciantes  de Santa Fe controlaban el comercio en el &aacute;rea m&aacute;s densamente poblada del reino,  mientras el consulado ten&iacute;a, en nombre de la corona, la disposici&oacute;n para  promover y desarrollar el de la costa<a href="#21" name="s21"><sup>21</sup></a>.</p>     <p>El consulado no  resolvi&oacute; el grav&iacute;simo problema del mal estado de las comunicaciones,  principalmente por los p&eacute;simos ciclos econ&oacute;micos sufridos por la Nueva Granada  durante este per&iacute;odo. Ella fue incapaz de expandir su comercio exterior  significativamente y tampoco pudo desarrollar su infraestructura agraria de una  manera consolidada, lo que la somet&iacute;a a fuertes contracciones.</p>     <p>No s&oacute;lo los  factores coyunturales intensificaban la discordia entre estas regiones, sino  que disputa de muchos a&ntilde;os anteriores tambi&eacute;n contribu&iacute;an a esa cuesti&oacute;n. Los  virreyes de la Nueva Granada siempre se hab&iacute;an referido a Cartagena en sus  informes como una pesada carga que consum&iacute;a los excedentes econ&oacute;micos del  reino. Todo el presupuesto siempre se iba en la construcci&oacute;n y mantenimiento de  la fortaleza de Cartagena.</p>     <p>Por  consiguiente, el establecimiento y existencia del Consulado de Comercio de  Cartagena, trajo a la superficie rivalidades entre los diferentes grupos  comerciales de la Nueva Granada, principalmente con los de Santa Fe de Bogot&aacute;,  por lo que se pueden ver los efectos del monopolio que ejerc&iacute;an los  comerciantes cartageneros en ultramar.</p>     <p>A partir de la  introducci&oacute;n de los reglamentos de libre comercio a finales del siglo XVIII,  los comerciantes de Santa Fe, reclamaron a la corona para que se les diera un  papel independiente en el comercio externo de la Nueva Granada, solicitando a  &eacute;sta el establecimiento de un consulado independiente del de Cartagena, lo que  demuestra la importancia que hab&iacute;a alcanzado la capital del virreinato como  centro comercial.<a href="#22" name="s22"><sup>22</sup></a></p>     <p>Los comerciantes  de Santa Fe que estaban involucrados con el comercio de importaciones en su  mayor&iacute;a de las compras y env&iacute;os que les hac&iacute;an los de Cartagena. Si trabajaban  por su propia cuenta, o eran agentes de ellos, recib&iacute;an desde el puerto la  mercanc&iacute;a importada por lo general a cr&eacute;dito, por un periodo de seis a doce  meses, y una vez vencido &eacute;ste se encargaban de hacer llegar el pago a sus  acreedores en oro, principalmente. Vend&iacute;an la mercanc&iacute;a al por mayor y al detal  en sus almacenes de la capital, o invadiendo peque&ntilde;os lotes en consignaci&oacute;n a  otras poblaciones del interior del pa&iacute;s, normalmente para extender las  operaciones de cr&eacute;dito que se originaban en Cartagena, pero que generalmente  ten&iacute;an como fuente primaria a C&aacute;diz.</p>     <p>De acuerdo con  el administrador de la aduana de Santa Fe, en 1789, en la capital no exist&iacute;a  una clara visi&oacute;n entre los comerciantes al por mayor o al detal. Eran muchos  los que estaban dedicados a vender art&iacute;culos europeos, pero no hab&iacute;a una  especializaci&oacute;n formal entre ellos, ya que los comerciantes de &quot;mayor clase&quot;  vend&iacute;an productos europeos al menudeo en sus almacenes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo,  aunque los comerciantes al por mayor estuvieran dispuestos a negociar a un  nivel muy reducido, exist&iacute;an dentro de &eacute;stos algunos que eran suficientemente  ricos y capaces para comerciar en forma directa con Espa&ntilde;a y reclamar igualdad  de derechos y oportunidades con su colegas de Cartagena.</p>     <p>En 1785, un  representante nombrado por los diputados y comerciantes de Santa Fe se&ntilde;al&oacute; que  varios de sus representantes estaban en contacto permanente y directo con C&aacute;diz y con  otros puertos espa&ntilde;oles autorizados por la corona, desde donde enviaban  mercanc&iacute;as para vender en Santa Fe. Por esta raz&oacute;n, solicitaba al virrey que  permitiera la llegada de esas mercanc&iacute;as directamente a la capital, sin pasar  por la aduana de Cartagena; &eacute;ste apoy&oacute; la medida. Sin embargo, el n&uacute;mero de  firmas que acompa&ntilde;&oacute; a la petici&oacute;n, dejaba ver que los comerciantes  independientes eran muy reducidos.</p>     <p>La debilidad del  gremio comercial de Santa Fe con respecto al de Cartagena se reconoci&oacute;  oficialmente en 1796, cuando a ra&iacute;z de la creaci&oacute;n del consulado los  comerciantes de la capital solicitaron igual privilegio pidiendo la erecci&oacute;n de  una instituci&oacute;n similar en la capital, que tuviera jurisdicci&oacute;n sobre las  provincias del interior, y que fuera completamente independiente del de  Cartagena. El gobierno espa&ntilde;ol rechaz&oacute; la propuesta reconociendo la mayor  importancia comercial del puerto costero, sobre el gremio comercial de la  capital.</p>     <p>Sin embargo,  esta rivalidad entre Cartagena y Santa Fe se hizo m&aacute;s fuerte despu&eacute;s de 1796,  debido a la suspensi&oacute;n del comercio con Espa&ntilde;a durante la guerra contra Inglaterra  y al aumento del contrabando, situaciones que debilitaron la hegemon&iacute;a  comercial de Cartagena.</p>     <p>A pesar del  rechazo, los comerciantes de Santa Fe persistieron varias veces en su campa&ntilde;a  para la autorizaci&oacute;n del establecimiento de un Consulado de Comercio  independiente al de Cartagena, pero s&oacute;lo lograron concesiones en asuntos  referentes a jurisdicci&oacute;n y a derechos de apelaci&oacute;n en casos mercantiles. Sin  embargo, las peticiones capitalinas continuaron.</p>     <p>La figura m&aacute;s  representativa de estas campa&ntilde;as fue don Jos&eacute; Acevedo y G&oacute;mez, quien era un  criollo que apoyado por las peticiones de los dem&aacute;s comerciantes y de los  cabildos de las poblaciones vecinas a la capital, denunci&oacute; el fracaso del  Consulado de Cartagena como promotor del desarrollo econ&oacute;mico y comercial del  Virreinato, y afirm&oacute; que el dominio de &eacute;ste sobre el comercio exterior de la  Nueva Granada era una limitante para su desarrollo.</p>     <p>Su argumento  se&ntilde;alaba que el crecimiento demogr&aacute;fico hab&iacute;a ocasionado un aumento del  comercio y de la producci&oacute;n interna, por lo que destacaba la necesidad de  establecer un consulado en la capital con el fin de superar los obst&aacute;culos que  limitaban la explotaci&oacute;n de los recursos. Sosten&iacute;a adem&aacute;s, que era fundamental  desarrollar los medios para promover la &quot;&uacute;til y continuada comunicaci&oacute;n de  Espa&ntilde;a con su colonia&quot;<a href="#23" name="s23"><sup>23</sup></a>.</p>     <p>Afirmaba que los  comerciantes de Cartagena hab&iacute;an sido completamente incapaces de llevar a cabo  este objetivo, e insisti&oacute; en se&ntilde;alar que el consulado de esta ciudad no s&oacute;lo hab&iacute;a  descuidado los trabajos que le hab&iacute;an encomendado la corona directamente, sino  que adem&aacute;s, hab&iacute;a derrochado sus recursos en la construcci&oacute;n de un camino que  comunicaba las casas de los comerciantes acaudalados con sus haciendas y fincas  de recreo en la poblaci&oacute;n de Turbaco.</p>     <p>Por otro lado,  las poblaciones de Socorro, Tunja y Pamplona, ricas en recursos agr&iacute;colas y mineros, al  ver que carec&iacute;an de la ayuda esencial  del consulado para fomentar el comercio de exportaci&oacute;n de sus productos,  apoyaron las denuncias hechas por Acevedo. Estas quejas tambi&eacute;n fueron apoyadas  por el cabildo de Santa Fe y por el virrey Amar y Borb&oacute;n.</p>     <p>Acevedo en  comunicaciones posteriores, se&ntilde;al&oacute; que el clima de Cartagena era inapropiado  para el funcionamiento de un consulado que promoviera el desarrollo comercial  del Virreinato. A&ntilde;adi&oacute; adem&aacute;s, que como sus miembros eran en su mayor&iacute;a  inmigrantes espa&ntilde;oles e intermediarios, no pod&iacute;an promover el desarrollo  econ&oacute;mico de la colonia, ya que como casi todos los del consulado eran agentes  de casas comerciales de C&aacute;diz, s&oacute;lo se quedaban el tiempo necesario para hacer  fortuna y luego escapar del &quot;clima desagradable&quot; de Cartagena, por lo que  podr&iacute;a decirse que estos funcionaros no tuvieron ning&uacute;n inter&eacute;s por el  desarrollo del pa&iacute;s y s&oacute;lo utilizaban los cargos para distribuir los salarios  asignados a sus funciones.<a href="#24" name="s24"><sup>24</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  desorganizaci&oacute;n causada por la guerra internacional, que determin&oacute; deteriorando  la autoridad espa&ntilde;ola en la colonia, impidi&oacute; que pudiera llevarse a cabo el  establecimiento de un consulado independiente en Santa Fe.</p>     <p>Estos  antagonismos interregionales entre la capital y Cartagena contribuyeron m&aacute;s  tarde a crear rivalidades interurbanas en interregionales que llevaron a la  fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica interna del pa&iacute;s durante los primero a&ntilde;os de la independencia.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Ricardo Levene, <i>Leccionesde  historia argentina, </i>Buenos Aires, J. Lajouane &amp; C&iacute;a. Editores, 1925, p.  298.</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Jos&eacute; Ignacio Narv&aacute;ez en su libro <i>Introducci&oacute;n al derecho mercantil, </i>Bogot&aacute;, Ediciones Doctrin &amp;  Ley – Ediciones Bonnet &amp; C&iacute;a., 1990, p. 28. La &uacute;nica referencia que hace a  los consulados es sobre <i>El consulado del  Mar</i>, elaborado en Barcelona en el siglo XIII.</p>     <p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> C&eacute;sar Terrientes Mojica, <i>The Consulado of Cartagena,</i> 1795–1820, disertaci&oacute;n Ph. D.,  University of Southem California, 1981, p. 1.</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 2.</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> Anthony McFarlane, Colombia antes de la independencia,  Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, primera edci&oacute;n, 1997, pp. 156 y ss.</p>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 162. </p>     <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 175. </p>     <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> Terrientes Mojica, op. cit., p. 49.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 54.</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 58. </p>     <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> McFarlane, op. cit., p. 277</p>     <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Terrientes, op. cit., p. 60. El Consulado de  Guadalajara estaba conformado &quot;por un prior y dos c&oacute;nsules, con sus respectivos  tenientes, un secretario, un s&iacute;ndico, un tesorero y su contador. Asimismo, se  integraba un cuerpo de consiliarios, electos mediante un voto indirecto, que fung&iacute;an  como cuerpo consultivo y deliberativo de controversias. La gesti&oacute;n del Tribunal  de comercio reca&iacute;a en el prior y los dos primeros c&oacute;nsules, auxiliados por un  asesor letrado, dos alguaciles y un escribano. Adem&aacute;s, el consulado cont&oacute; desde  sus primeras gestiones con un apoderado en Madrid encargado de dar curso a  peticiones y r&eacute;plicas, gestiones pol&iacute;ticas y negociaciones discrecionales.&quot;  Antonio Ibarra, <i>Mercado e instituci&oacute;n: el  consulado de Comercio de Guadalajara</i> y su &eacute;lite econ&oacute;mica provincial, 1795–1821,  49&ordm; Congreso Internacional de Americanistas, Quito, 1997, pp. 26 y 27.</p>     <p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> Terrientes, op. cit., p. 106.</p>     <p><a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> Anthony McFarlane, &quot;Comerciantes y  monopolio en la Nueva Granda. El consulado de Cartagena de Indias&quot;, en: <i>Anuario de Historia Social y de la Cultura,</i> No. 11, Bogot&aacute;, 1983, p. 56.</p>     <p><a href="#s15" name="15"><sup>15</sup></a> Margarita Garrido, Reclamos y representaciones.  Variaciones sobre la pol&iacute;tica en la Nueva Granada, Bogot&aacute;, banco de la  Rep&uacute;blica, 1993, p. 79.</p>     <p><a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> Christiane Laffite Carles, La costa colombiana del  Caribe (1810–1830), Bogot&aacute;, banco de la rep&uacute;blica, 1995, pp. 88–90.</p>     <p><a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> Terrientes, op. cit., p. 63. En el consulado de Lima  la Aver&iacute;a equival&iacute;a &quot;al 2 al millar (0,20 por 100) de todas las mercader&iacute;as,  esclavos u otras que saliesen o entrasen a Lima por tierra o por mar a trav&eacute;s  del puerto de El Callao. Las evaluaciones para la cobranza de este impuesto se  hac&iacute;an sobre las mismas verificadas para el pago de los reales derechos de  almojarifazgos, de modo que las mercanc&iacute;as exentas del pago de &eacute;stos tampoco  ten&iacute;an que abonar la aver&iacute;a del Consulado.&quot; Mar&iacute;a Encarnaci&oacute;n Rodr&iacute;guez  Vicente, <i>El Tribunal del Consulado de  Lima en la primera mitad del siglo XV, </i>Madrid, Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica,  1960, p. 96.</p>     <p><a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> Terrientes, op. cit., p. 64</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s19" name="19"><sup>19</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 79.</p>     <p><a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 82.</p>     <p><a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> Alfonso M&uacute;nera, <i>El  fracaso de la naci&oacute;n.</i> Regi&oacute;n, clase y raza en el Caribe colombiano, Bogot&aacute;,  Banco de la Rep&uacute;blica, 1998, p. 119.</p>     <p><a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> Anthony Mcfarlane, op. cit., p. 60</p>     <p><a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 65.</p>     <p><a href="#s24" name="24"><sup>24</sup></a> Ib&iacute;dem, p. 67.</p> </font>      ]]></body>
</article>
