<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-0579</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Estud. Socio-Juríd]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-0579</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-05792002000200003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL DERECHO INTERNACIONAL Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN EL SIGLO XX]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[INTERNATIONAL LAW AND INTERNATIONAL RELATIONS THE XX CENTURY]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beltrán Cristancho]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mauricio E.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Facultad de Jurisprudencia ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<volume>4</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>43</fpage>
<lpage>66</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-05792002000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-05792002000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-05792002000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Se argumenta en este artículo que las desastrosas consecuencias de la primera y segunda Guerra Mundial determinarían la necesidad de plantear teorías acerca de cómo debían comportarse los estados en sus relaciones, y que allí se consolida la noción de Derecho Internacional como ciencia interesada en la concreción de la comunidad internacional. Es solo a partir de esa dinámica histórica que se deslegitima como mecanismo de interacción entre los estados.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[It is argued in this article that the terrible consequences produced by the First World War would place the need to elaborate theories about the appropriate states behavior on its mutual relations and this, after the Second World War, consolidated the notion of international law as a sciences interested in the concretion of international community. The article concludes that is from this historic dynamic that war was desligitimatized as a mechanism of states interaction.]]></p></abstract>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>EL DERECHO INTERNACIONAL Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN EL SIGLO XX</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>INTERNATIONAL LAW AND INTERNATIONAL RELATIONS THE XX CENTURY</b></font></p>     <p><b>Mauricio E. Beltr&aacute;n Cristancho*</b></p>     <p> * Profesor Facultad de Jurisprudencia.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Se argumenta en este art&iacute;culo que las desastrosas consecuencias de la primera y segunda Guerra Mundial determinar&iacute;an la necesidad de plantear teor&iacute;as acerca de c&oacute;mo deb&iacute;an comportarse los estados en sus relaciones, y que all&iacute; se consolida la noci&oacute;n de Derecho Internacional como ciencia interesada en la concreci&oacute;n de la comunidad internacional. Es solo a partir de esa din&aacute;mica hist&oacute;rica que se deslegitima como mecanismo de interacci&oacute;n entre los estados.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>It is argued in this article that the terrible consequences produced by the First World War would place the need to elaborate theories about the appropriate states behavior on its mutual relations and this, after the Second World War, consolidated the notion of international law as a sciences interested in the concretion of international community. The article concludes that is from this historic dynamic that war was desligitimatized as a mechanism of states interaction.</p> <hr>     <p>A pesar de que la paz de Westfalia, en 1683, era el resultado de la terrible Guerra de los Treinta A&ntilde;os, los incipientes Estados que empezaron a emerger en Europa, siguieron valorando el uso de la fuerza como una opci&oacute;n leg&iacute;tima para interactuar con los dem&aacute;s. El orden que establec&iacute;a part&iacute;a de la base de que tales Estados rechazaban cualquier pol&iacute;tica homogenizada por parte de un emperador o un papa. Pero esto no significaba un acuerdo para excluir el uso de la fuerza por parte de cada Estado, pues la oportunidad nac&iacute;a, no exist&iacute;a mecanismo alguno, concertado en Westfalia, que as&iacute; lo impidiera.<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a> Se acept&oacute; t&aacute;citamente que la convivencia entre los Estados era tan valiosa y racional como la guerra, pues lo fundamental del acuerdo era reconocer la independencia de las decenas de entes pol&iacute;ticos que hab&iacute;an surgido en Europa y que pod&iacute;an ser administrados aut&oacute;nomamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es decir, el aporte generado por la terminaci&oacute;n de la Guerra de los Treinta A&ntilde;os, en 1638, fue considerar la negociaci&oacute;n como una opci&oacute;n leg&iacute;tima, un mandato racional de la naturaleza humana.<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a> Consideraci&oacute;n que si bien se puede atribuir a la necesidad de darle una valoraci&oacute;n positiva a dicha naturaleza, por fuera de la visi&oacute;n pesimista de los protestantes y los cat&oacute;licos, tambi&eacute;n puede entenderse como un intento secular por generar un equilibrio de poder, que garantizar&iacute;a la expansi&oacute;n y la prosperidad europea generada por el descubrimiento de Am&eacute;rica.</p>     <p>Por esto no es casual que cuando se habla del nacimiento del derecho internacional (DI), se menciona a Hugo Grocio (1583–1645) y se hace hincapi&eacute; sobre la obra m&aacute;s destacada del holand&eacute;s: <i>El de derecho de la guerra y de la paz.</i> En similar l&iacute;nea de razonamiento se coloca a Samuel Punfendorf, quien justificaba la guerra para enfrentar infracciones al derecho natural.</p>     <p> Una lucha com&uacute;n contra cualquier intento homogenizado implicaba el poder, como base para garantizar la estabilidad de loa actores internacionales. En consecuencia, ese balance ser&iacute;a viable en la medida en que los Estados consideran a la guerra y a la negociaci&oacute;n como mecanismos leg&iacute;timos para mantener estos dos valores. Por estas razones se puede argumentar que el DI nace con un car&aacute;cter particular, pues las v&iacute;as de hecho (la guerra) son legales y no tiene un car&aacute;cter excepcional, desde la perspectiva del nuevo ordenamiento jur&iacute;dico que emerge a partir de Westfalia.</p>     <p>No es el objeto de este art&iacute;culo analizar la evoluci&oacute;n del derecho internacional como el derecho de los tratados bilaterales que se desarrollar&iacute;an prol&iacute;ficamente desde el siglo XVII en adelante; pues, entendido as&iacute;, ese ordenamiento jur&iacute;dico nieva la visi&oacute;n de considerar al DI como ciencia internacional interesada en la concertaci&oacute;n de la comunidad mundial,<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a> es decir, como mecanismo para asegurar la convivencia pac&iacute;fica de los Estados–naci&oacute;n. Por esto, los objetos de an&aacute;lisis del presente trabajo son determinados acontecimientos del siglo XX y su insuficiencia sobre las teor&iacute;as de las relaciones internacionales, as&iacute; como el v&iacute;nculo que a partir de ese an&aacute;lisis puede existir con el DI de la centuria pasada.</p>     <p>Si es cierto que el derecho no s&oacute;lo es la expresi&oacute;n de unas circunstancias hist&oacute;ricas, sino que adem&aacute;s &quot;el derecho usa la historia para contarnos quienes somos&quot;,<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a> entonces el siglo XX le pertenece al DI,  pues en estos cien a&ntilde;os el DI, aparte de mostrarnos cu&aacute;les eran las aspiraciones del ser humano, nos ense&ntilde;a c&oacute;mo esas aspiraciones lo influir&iacute;an. Concretamente, ser&iacute;a la Primera Guerra Mundial el primero de los eventos que har&iacute;an repensar a los europeos sobre el mundo donde quer&iacute;an vivir.</p>     <p>Entre las consecuencias m&aacute;s importantes de esta Primera Guerra se destaca la consolidaci&oacute;n de los Estados–naci&oacute;n y el ocaso de los imperios, acompa&ntilde;ado por un miedo generalizado de los europeos a tener que pasar por otra guerra. As&iacute; se puede explicar que las partes hayan firmado en 1918 el Tratado de Versalles que los obligaba a someter todas sus futuras disputas o desacuerdos ante una sociedad de naciones. Y es que el terror entre 1914 y 1918 para los habitantes de esta parte del mundo se puede comparar con la devastaci&oacute;n econ&oacute;mica y el dolor que trajo la Guerra de los mil D&iacute;as para los colombianos y que oblig&oacute;, en los dos casos, a que los l&iacute;deres pensaran la pol&iacute;tica m&aacute;s en t&eacute;rminos de consensos y de acuerdos, antes que recurrir a la guerra como mecanismo para alcanzar, mantener o consolidar el poder.</p>     <p>El problema del poder y la relaci&oacute;n entre los Estados se hab&iacute;a hecho m&aacute;s complejo para el siglo XX. Si incipientes eran los Estados europeos de 1638, igualmente se puede concluir con respecto a las sociedades civiles de aquellos a&ntilde;os. Parece obvio pensar que para 1918 la idea de la negociaci&oacute;n como primer mecanismo para solucionar conflictos era apoyada por unos Estados–naci&oacute;n no s&oacute;lo con mayor desarrollo, sino adem&aacute;s influidos dr&aacute;sticamente por sociedades civiles m&aacute;s complejas. Sociedades que hab&iacute;an pasado de aclamar la guerra en 1914 a maldecirla cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s. Seguramente, con mayor convicci&oacute;n que sus antepasados del siglo XVII, pues la devastaci&oacute;n producida por las armas del siglo XX, difundida eficazmente por la propaganda de guerra, naturalmente no ten&iacute;a antecedentes en la historia europea.</p>     <p>Por ello, puede aparecer positivo que los colombianos de 1905 y los europeos de 1918 quisieron dedicar sus esfuerzos a establecer la paz; pero lo que hace particular a Europa, se insiste, es la influencia de esta guerra para el DI, el cual, entiendo como conveniencia pac&iacute;fica entre los actores de la arena internacional, parece emerger como respuesta al aniquilamiento mutuo de los seres humanos, congregados en diferentes Estados–naci&oacute;n. </p>     <p>Este ordenamiento jur&iacute;dico nace como alternativa a la devastaci&oacute;n mutua entre Estados poderosos. Devastaci&oacute;n que pone en peligro y destruye varios proyectos colectivos y que, adem&aacute;s. Obliga a los l&iacute;deres de las naciones preponderantes a plantear sus alternativas para solucionar sus conflictos de inter&eacute;s.</p>     <p>En 1918 se pregon&oacute; un nuevo orden mundial basado en un esperanzador imaginario de colectivo internacional y legitimado por unas normas de DI; entonces, se cre&oacute; una organizaci&oacute;n internacional (Sociedad de Naciones) con el objeto de ser el centro para la resoluci&oacute;n de los conflictos entre los Estados–naci&oacute;n que se consideraban. Sin embargo, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, las potencias del mundo se encontraban al borde de una segunda guerra, es decir, la consolidaci&oacute;n del DI como ordenamiento que proscribiera el uso de la fuerza para resolver disputas entre los actores internacionales, se hab&iacute;a frustrado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;les fueron las razones de este fracaso?, es una pregunta que se pretende dilucidar en este art&iacute;culo. La explicaci&oacute;n puede ser evidente y a la vez compleja; por ello tiene dos caras: una es un asunto jur&iacute;dico y la otra es un tema de relaciones internacionales. Examinemos el primero de ellos.</p>     <p>Al estudiar la historia de la Sociedad de Naciones, desde el punto vista jur&iacute;dica, f&aacute;cilmente se termina recordando que los problemas b&aacute;sicos del derecho pasan por tres facetas: validez, justicia y eficacia. El derecho internacional es especialmente d&eacute;bil en este &uacute;ltimo aspecto, es decir, en la faceta socio jur&iacute;dica a la que se refiere Bobbio.<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a></p>     <p>En el plano del derecho local, el problema socio jur&iacute;dico es c&oacute;mo lograr que la norma se cumpla y c&oacute;mo hacer m&aacute;s eficientes las instituciones que aplican y hacen cumplir la ley. En el DI no existe la instituci&oacute;n universal que cumpla esta funci&oacute;n, y los &oacute;rganos que deben aplicarla siguen teniendo un car&aacute;cter subsidiario. &Eacute;sta parece ser la parte m&aacute;s evidente del problema.</p>     <p>Es cierto que en la Sociedad de Naciones no existi&oacute; una instituci&oacute;n con un poder de polic&iacute;a categ&oacute;rico y constante. As&iacute;, el problema parece reducirse a una cuesti&oacute;n de eficacia y ello explicar&iacute;a por qu&eacute; esta instituci&oacute;n no funcion&oacute; como se esperaba. Sin embargo, b&aacute;sicamente, b&aacute;sicamente esta sociedad establec&iacute;a las mismas herramientas para enfrentar los conflictos entre los Estados que tiene hoy la ONU establecida en su carta: autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica para los miembros de la organizaci&oacute;n (art&iacute;culo 10); seguridad colectiva (art&iacute;culo 11); formas de resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de conflictos, incluso cuando uno de los interesados no fuera parte de la Sociedad (art&iacute;culos 12 al 21). Es m&aacute;s, la idea de comunidad internacional se acentuaba con disposiciones como el art&iacute;culo 22, que prohib&iacute;a la esclavitud y el tr&aacute;fico de armas y licor —esta &uacute;ltima es una idea rom&aacute;ntica en estos d&iacute;as—, y el art&iacute;culo 23, que planteaba que los Estados miembros se compromet&iacute;an a respetar derechos fundamentales de los individuos. No obstante, a pesar de ello, la eficacia de la ONU, moderadamente, no se puede comparar con la Sociedad de Naciones, a pesar de que tampoco ha podido implementar ese poder de polic&iacute;a que establece su carta. Aqu&iacute; es donde se hace necesario indagar por un problema m&aacute;s complejo, el de las relaciones internacionales.</p>     <p>El derecho local, la fuente material son los hechos que se desarrollan dentro de cada sociedad y la respuesta son normas jur&iacute;dicas para enfrentarlos, mientras que en el DI la respuesta a los hechos que amenazan la seguridad y la estabilidad —valores supremos de todo Estado— toman primero formas de pol&iacute;tica locales, antes que de normas internacionales. Estas pol&iacute;ticas —la de los Estados m&aacute;s poderosos— se transforman a medida que los intereses de los Estados lo requieran.</p>     <p>Es decir, la pol&iacute;tica internacional (PI) de los Estados poderosos tiene la posibilidad de convertirse en un martillo que aplasta a los m&aacute;s peque&ntilde;os o en una v&iacute;a que conduce a la negociaci&oacute;n (DI) o al enfrentamiento con otro(s) poderoso(s). Las dos guerras de la primera mitad del siglo XX en Europa, entre los poderosos, produjeron muerte y desolaci&oacute;n masiva como nunca antes en la historia de esos pueblos. Entonces, estos Estados, empujados por sus sociedades civiles crearon pol&iacute;ticas internacionales basados en la negociaci&oacute;n y el consenso, es decir, convirtieron sus pol&iacute;ticas en normas de DI, mediante tratados que acordaban pautas de comportamiento que pretend&iacute;an asegurar la seguridad y estabilidad de los firmantes.</p>     <p>En suma, el DI, entendido como conveniencia de los Estados, fue el resultado de pol&iacute;ticas pacifistas que surgieron como mecanismos id&oacute;neos para preservar los intereses de poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de los Estados m&aacute;s poderosos. Mecanismos que s&oacute;lo se convirtieron en normas despu&eacute;s de que los hechos hist&oacute;ricos llevaran a las naciones poderosas al siguiente consenso sobre sus pol&iacute;ticas internacionales: la guerra era una opci&oacute;n extrema y por lo tanto ten&iacute;a que limitarse su uso. Otra pretensi&oacute;n de este documento es estudiar las relacione de poder de las potencias mundiales que terminaron con firma de la Carta de la ONU como modelo del complejo mundo de las relaciones internacionales que eventualmente desemboca en acuerdo de DI.</p>     <p>Argumentar&eacute; que la importancia de las instancias internacionales para evitar el uso de la fuerza radica en que ellas fueron y han sido una consecuencia de la destrucci&oacute;n masiva producida en Europa por las grandes guerras y las subsecuentes teor&iacute;as de las relaciones internacionales que se elaboraron para evitar que el escenario se repitiera, y que, por lo tanto, a partir de esas teor&iacute;as se han planteado y consolidado pol&iacute;ticas internacionales (PI) por los l&iacute;deres de las naciones m&aacute;s poderosas, pues all&iacute; es donde se concreta el DI tal como lo entendemos hoy.</p>     <p> El orden argumentativo del presente escrito se centra en explicar cu&aacute;les son las diferentes teor&iacute;as de las relaciones internacionales, el papel de las naciones poderosas y sus l&iacute;deres en el establecimiento de PI y, finalmente, la subsecuente influencia en el DI.</p>     <p><b>LOS IDEALISTAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teor&iacute;a de las relaciones internacionales nace al final de la Primera Guerra Mundial, pues se cre&oacute; la necesidad de reflexionar sobre cu&aacute;les eran sus implicaciones y c&oacute;mo se iban a enfrentar los desaf&iacute;os que planteaba su final. Adem&aacute;s, como enfrentar&iacute;an las ideas liberales del desaf&iacute;o impuesto por la Revoluci&oacute;n rusa, en 1917, y la ola de nacionalismo que invadi&oacute; a Europa despu&eacute;s de la guerra. En suma, se podr&iacute;a argumentar que el gran desaf&iacute;o de las relaciones internacionales era establecer las pol&iacute;ticas que permitieran a las naciones poderosas alcanzar estabilidad y seguridad para sus intereses en la arena internacional.</p>     <p>Historiadores y polit&oacute;logos asumieron la discusi&oacute;n de las relaciones de poder entre los Estados vencedores de la guerra y los vencidos, y adem&aacute;s, se procuraron por estudiar los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales que le dar&iacute;an din&aacute;mica a un supuesto nuevo orden mundial. Los planteamientos de los acad&eacute;micos sobre estos asuntos se convirtieron en materia indispensable para los l&iacute;deres del mundo. En consecuencia, como el problema que se ten&iacute;a que resolver era preocupaci&oacute;n de los Estados m&aacute;s influyentes, entonces a l&iacute;deres de esas naciones les corresponder&iacute;a adoptar las pol&iacute;ticas internacionales que se acomodaran a las teor&iacute;as que empezaron a seguir de la nueva reflexi&oacute;n.</p>     <p>El papel de los l&iacute;deres es crucial para la puesta en pr&aacute;ctica de cualquier teor&iacute;a, y como el objeto de estas espec&iacute;ficas teor&iacute;as estaba constituido por las relaciones internacionales, el inter&eacute;s fue no s&oacute;lo para los dirigentes de los sistemas democr&aacute;ticos, sino tambi&eacute;n de los gobiernos totalitarios del momento. Adem&aacute;s, la historia de los Estados europeos ense&ntilde;aba que la iniciativa de las naciones frente a las relaciones con los dem&aacute;s Estados estaba fincada en su m&aacute;ximo l&iacute;der y, por esto, la g&eacute;nesis de la teor&iacute;a de las relaciones internacionales qued&oacute; atada, en diferentes grados, a las acciones de los hombres m&aacute;s poderos del mundo en 1918.</p>     <p>La opini&oacute;n m&aacute;s relevante vino del presidente Woodrod Wilson de los EE.UU., pues la labor determinante de su naci&oacute;n en la guerra le posibilit&oacute; plantear un proyecto de comunidad de naciones, entendido como el deber ser de las relaciones internacionales. As&iacute; naci&oacute; la escuela idealista o liberal de las relaciones internacionales.</p>     <p>Con Wilson a la cabeza, esta escuela idealista, modernamente denominada libera–pluralistas,<a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a> b&aacute;sicamente argument&oacute; que el discurso de la relaciones internacionales se deb&iacute;a ocupar, no s&oacute;lo del Estado, sino de la comunidad de las naciones. Abog&oacute; por la creaci&oacute;n de una liga de naciones, donde sus miembros se sentar&iacute;an en t&eacute;rminos de absoluta igualdad y se obligar&iacute;an cuando tomaron decisiones un&aacute;nimemente. &Eacute;stos reconoc&iacute;an la potencialidad permanente de la guerra, pero exhortaban a la colaboraci&oacute;n para mantener la paz internacional. Su mejor herramienta ser&iacute;an las normas de derecho internacional.</p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; fracasaron los idealistas? Parece que fue precisamente por su objetivo de crear un DI capaz de aglutinar los intereses de seguridad y de estabilidad de todos los que hab&iacute;an participado en la guerra, mientras que otros pasaban que cuanto importaba en la seguridad y la estabilidad de quienes hab&iacute;an triunfado en la guerra, es decir, exist&iacute;a un consenso en lo que se refiere al objetivo general de no ir a otra guerra, pero ninguno acerca del medio. Ah&iacute; es donde nacieron las barreras para la agenda de los idealistas.</p>     <p>El primer obst&aacute;culo del presidente Wilson fue tener que sujetar sus ideas sobre el nuevo orden a un tratado de paz no negociado, sino totalmente impuesto sobre los vencidos. As&iacute;, uno de los pilares b&aacute;sicos de la propuesta wilsoniana —conocida en la historia como los &quot;Catorce Puntos,&quot; y que abogaba por la necesidad de proteger, con car&aacute;cter universal, la autodeterminaci&oacute;n de los pueblos— depend&iacute;a, como todos los dem&aacute;s puntos, de los &aacute;nimos vindicativos y disuasivos de los franceses e ingleses con respecto a Alemania, es decir, depend&iacute;a de un documento donde, de algo m&aacute;s de los 400 art&iacute;culos que lo compon&iacute;an, s&oacute;lo 26 se ocupaban de la Sociedad de las Naciones.</p>     <p>Los aliados pensaban, y esto es evidente en el Tratado, que la autodeterminaci&oacute;n de otros pueblos no era un principio de DI, sino una condici&oacute;n que se iba ganando por algunos pueblos con el tiempo y que estaba sujeta a que sus intereses de seguridad y estabilidad estuvieran previamente asegurados.</p>     <p> Eufem&iacute;sticamente, los aliados convinieron en no hablar de colonias, sino de mandatos constituidos por &quot;pueblos incapaces a&uacute;n para afrontar, por s&iacute; mismos, las dif&iacute;ciles condiciones del mundo moderno&quot;, es decir, la presi&oacute;n de Wilson no fue suficiente para convencer a Clamanceu, el presidente franc&eacute;s, y a Lloyd, el primer ministro brit&aacute;nico, de que la Sociedad de Naciones por s&iacute; mismas asegurar&iacute;a no s&oacute;lo sus &aacute;nimos vindicativos, sino que garantizar&iacute;an que sus territorios no fueran nuevamente objeto de agresi&oacute;n por parte de Alemania.<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a> Por esto la Sociedad de Naciones es apenas un cap&iacute;tulo muy peque&ntilde;os de un tratado que se concentraba en la venganza y la seguridad.</p>     <p>Adem&aacute;s y para complicar a&uacute;n m&aacute;s la agenda de los idealistas–liberales, Wilson parec&iacute;a estar contraviniendo la pol&iacute;tica exterior estadounidense fijada por el presidente de mayor prestigio en los &uacute;ltimos tiempos de ese pa&iacute;s: Theodore Roosevelt.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&Eacute;ste, en 1904, hab&iacute;a declarado oficialmente una pol&iacute;tica de intervenci&oacute;n hacia Latinoam&eacute;rica con el argumento de que no s&oacute;lo ten&iacute;an los EE.UU. el derecho de oponerse a la intervenci&oacute;n europea en el continente, sino que adem&aacute;s pod&iacute;a intervenir en los asuntos internos de aquellos vecinos que demostraran incapacidad para mantener orden en sus territorios.<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a> Se trataba de una ampliaci&oacute;n de la doctrina Monroe, en vista de los resultados de la Guerra con Espa&ntilde;a, en 1898. Una pol&iacute;tica exterior elaborada a partir de este conflicto, que desencaden&oacute; una serie de actos de intervenci&oacute;n desde 1902, que empez&oacute; por Venezuela y sigui&oacute;, s&oacute;lo por mencionar los diez a&ntilde;os siguientes, con Rep&uacute;blica Dominicana, Cuba, Colombia, Nicaragua y M&eacute;xico.</p>     <p>Como la primera Guerra Mundial hab&iacute;a sido totalmente exitosa para los estadounidenses y no implic&oacute; mayor sacrificio, la pol&iacute;tica internacional no ten&iacute;a por qu&eacute; ser el producto de alguna clase de negociaci&oacute;n justa, sino la imposici&oacute;n de quien hab&iacute;a vencido categ&oacute;ricamente a un imperio en decadencia. &Eacute;sta era la primera pol&iacute;tica exterior que pon&iacute;a en pr&aacute;ctica una doctrina centenaria y la que f&aacute;cilmente se le pod&iacute;a incorporar el s&iacute;mil del martillo que aplastar&iacute;a uno a uno a peque&ntilde;os pueblos.<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a> Pero, en &uacute;ltimas, para los estadounidenses era una pol&iacute;tica leg&iacute;tima, si se analizaba desde el punto de vista de su seguridad y de su estabilidad.</p>     <p>Sin embargo, Wilson entend&iacute;a en 1918 que la situaci&oacute;n no era la misma. Esta vez se trataba de formular una pol&iacute;tica exterior con respecto a Estados–naci&oacute;n muy poderosos y, por lo tanto, con la capacidad de afectar los intereses de los EE.UU.<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a> Igualmente, Wilson en 1918 era el l&iacute;der m&aacute;s popular del planeta. Con su participaci&oacute;n, su pa&iacute;s hab&iacute;a decidido la suerte de la guerra en 1917 y, adem&aacute;s, hab&iacute;a perdido relativamente poco comparado con lo que hab&iacute;a ganado. Aparte de lo anterior, era un l&iacute;der carism&aacute;tico que prof&eacute;ticamente entendi&oacute; que si no se creaba un mecanismo para resolver las disputas entre los Estados, el advenimiento de otra guerra ser&iacute;a apenas obvio;<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a> pero a la vez era un hombre idealista con convicciones morales absolutas y esto se volver&iacute;a un gran obst&aacute;culo, pues no entendi&oacute; que todo l&iacute;der de una naci&oacute;n democr&aacute;tica ten&iacute;a que conciliar sus ideas con los grupos de inter&eacute;s de su sociedad civil —por ejemplo, en el caso de su pa&iacute;s, con las agendas de los congresistas republicanos, quienes eran la mayor&iacute;a en el Senado que ratificar&aacute; o no el tratado de Versalles—.</p>     <p> La sociedad civil estadounidense, en t&eacute;rminos generales, se encontraba, para el verano de 1918, sumida en la euforia que implicaba el haber ganado la guerra y el buen desempe&ntilde;o de la econom&iacute;a. Por ello Wilson subestim&oacute; el poder de un Senado dominado por los republicanos. Las t&eacute;cnicas dilatorias se convirtieron en la perfecta estrategia de los republicanos, quienes extender&iacute;an por meses la aprobaci&oacute;n del tratado y que, en &uacute;ltimas, impedir&iacute;an que por siete votos consiguiera su objetivo.<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a></p>     <p>Para Wilson el problema era de car&aacute;cter moral y por ello cre&iacute;a que el pueblo presionar&iacute;a de tal forma al Senado que sus enemigos no podr&iacute;an impedir que el Tratado pasara inc&oacute;lume. El presidente basaba su fuerza en el prestigio nacional e internacional que le proced&iacute;a y que lo colocaba como defensor de la democracia, pues la Revoluci&oacute;n de Octubre en Rusia y su subsecuente retiro de la guerra (1917) hab&iacute;a convertido el conflicto en una lucha entre la democracia y el totalitarismo. Todo esto, sumado a su personalidad, lo llevaba a concluir que sus enemigos ser&iacute;an derrotados por la justicia de sus ideas. Si se hiciera un balance de su gesti&oacute;n pol&iacute;tica por su capacidad de negociar, entonces este balance ser&iacute;a muy negativo.</p>     <p>&Eacute;sas son las razones pol&iacute;ticas b&aacute;sicas por las que los idealistas se imponen y a la vez fracasan en consolidar paz y estabilidad mundial, y adem&aacute;s porque, como si fuera poco, el DI que pretend&iacute;an se enfrent&oacute; con la propuesta econ&oacute;micas que el Tratado de Versalles impuso en Europa.</p>     <p>En 1918 la victoria aliada, tambi&eacute;n plasmada en el Tratado de Versalles, hab&iacute;a implantado, ingenuamente, un modelo de desarrollo que privilegiaba la seguridad de Francia, Inglaterra e Italia, con lo cual sacrificaba cualquier posibilidad de crecimiento a una de las econom&iacute;as m&aacute;s grandes de la regi&oacute;n (Alemania) y que, adem&aacute;s, pasaba por alto que durante la guerra de los gobiernos ingl&eacute;s y franc&eacute;s hab&iacute;an adquirido una deuda con los EE.UU. que superaba los dos mil millones de libras.<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a></p>     <p>Es decir el tratado no previ&oacute; que la posici&oacute;n privilegiada de Europa como centro de producci&oacute;n de bienes manufacturados y como la mayor importadora de materias primas antes de la guerra hab&iacute;a quedado totalmente destruida, y que a esto se sumaba la dependencia de Europa hacia a la econom&iacute;a estadounidense. En fin, se hab&iacute;an creado todas las condiciones objetivas para llevar a los europeos a una segunda guerra.</p>     <p><b>Los realistas</b></p>     <p>Ante el fracaso de la Liga de las Naciones, aparecen los realistas, quienes aseguraron que el plano internacional se caracterizaba por la necesidad, la regularidad y el peligro, y que all&iacute; no ten&iacute;a cabida el fil&oacute;sofo moral. Los realistas no s&oacute;lo rechazaron la moral, sino que tampoco aceptaron una teor&iacute;a normativa de las relaciones internacionales, pues la preponderancia en el planteamiento de cualquier pol&iacute;tica deb&iacute;a d&aacute;rsele, argumentaban ellos, &uacute;nicamente a las consideraciones de poder pol&iacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; los realistas, en 1918, como los neorrealistas modernos, explican el mundo de las relaciones internacionales como ca&oacute;tico por naturaleza. Por ser los poderosos los que determinan el orden mundial son ellos quienes, bajo la l&oacute;gica realista, definen la forma de esas relaciones con las naciones, no s&oacute;lo con su pares, sino con los m&aacute;s d&eacute;biles. Antes que la paz, la concordia y la justicia entre los pueblos, lo fundamental es mantener un <i>balance of power</i> que les permita asegurar la estabilidad y seguridad nacional frente al respeto de los estados.</p>     <p>Esta escuela invita a los gobiernos de esos Estados a plantear pol&iacute;ticas internacionales que vayan desde la vulneraci&oacute;n de la independencia pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de uno o varios pa&iacute;ses hasta el establecimiento de alianzas temporales con ellos. Lo anterior explicar&iacute;a por qu&eacute; el derecho internacional sufri&oacute; tantos reveses en el periodo 1914–1945. Veamos c&oacute;mo sucedi&oacute; esto.</p>     <p>A partir de un reflexi&oacute;n r&aacute;pida sobre el modelo de relacione que t&aacute;citamente gobernaba al mundo desde el Wesfalia hasta la Primera Guerra, f&aacute;cilmente se puede concluir que las ideas maquiav&eacute;licas y hobbesianas hab&iacute;an creado las bases te&oacute;ricas para que el realismo fuera incuestionable. Entonces, puede parecer cronol&oacute;gicamente errado que, en este escrito se trate primero el tema de los idealistas. Sin embargo, como ya se ha argumentado, la devastaci&oacute;n de la Primera Guerra Mundial da espacio a una nueva forma de pensar las relaciones internacionales; es la carnicer&iacute;a de este conflicto la que obliga a que los historiadores y los polit&oacute;logos de las naciones m&aacute;s poderosas reflexionen sobre la manera de evitar que las relaciones con los otros Estados vulneraran o pusieran en peligro la seguridad y estabilidad interna de sus pa&iacute;ses. Si se quiere, la disciplina de las relaciones internacionales nace en las grandes potencias, despu&eacute;s de 1918, como respuesta a un desaf&iacute;o: c&oacute;mo trasladar la seguridad y estabilidad interna a la esfera internacional, a la vez que evitar otra guerra de esas dimensiones.</p>     <p>Por esa raz&oacute;n, este argumento insiste en que es con la Primera Guerra que nace la teor&iacute;a de las relaciones internacionales. Lo que suced&iacute;a en los primeros quince a&ntilde;os del siglo XX era que no se escuchaban voces que pensaran que el orden mundial pod&iacute;a ser diferente al establecido en 1638 y ratificado en 1815 en el Congreso de Viena. Esto lo cambi&oacute; la Primera Gran Guerra, y a partir de entonces los gobiernos tienen que pensar en c&oacute;mo asegurar un proyecto que trajera seguridad y estabilidad interna a sus ciudadanos.</p>     <p>Ejemplo evidente de ese realismo incuestionable era el de Theodore Roosevelt y su ampliaci&oacute;n oficial de la doctrina Monroe para los pa&iacute;ses latinoamericanos en 1904. La popularidad de las acciones de este presidente estadounidense entre sus conciudadanos, llevaba a pensar, a la mayor&iacute;a de ellos, sobre la certeza del &quot;Destino Manifiesto&quot; de esa naci&oacute;n.</p>     <p>Esto no contradec&iacute;a los valores liberales de gobiernos constitucionales y elecciones libres, simplemente el concepto de igualdad todav&iacute;a no entraba a hacer parte del vocabulario liberal y, entonces, as&iacute; como exist&iacute;an ciudadanos de segunda categor&iacute;a dentro de sus sociedades (mujeres, negros, ind&iacute;genas, emigrantes de ciertas nacionalidades), tambi&eacute;n exist&iacute;an pueblos de segunda categor&iacute;a, &#39;incivilizados&#39;, que en el lenguaje de Roosevelt eran los no blancos, los latinos o los eslavos. Similar concepci&oacute;n era aplicada en Europa por sus l&iacute;deres al inicio del siglo XX, pues sin ella, era imposible legitimar el colonialismo.</p>     <p>Estas pol&iacute;ticas tan extensamente practicadas por los poderosos hab&iacute;an rendido muchos frutos y no era claro para estas naciones que despu&eacute;s de la Primera Guerra no se pudiera restablecer el <i>balance of power</i> en el que insist&iacute;an los pensadores realistas. Un equilibrio que se hab&iacute;a conseguido en Viena en 1814 al enterrar definitivamente las aspiraciones del &uacute;ltimo emperador del que el mundo tuvo noticia.</p>     <p>Por esto, en 1919 los franceses e ingleses consideraban que al postrar militar y econ&oacute;micamente a Alemania, ese balance se aseguraba. De hecho, los &uacute;nicos perjudicados eran los tres imperios derrotados —turco, austroh&uacute;ngaro y alem&aacute;n— que tuvieron que ceder sus colonias a los vencedores. Parec&iacute;a que las ideas liberales, entendidas como la victoria de la democracia sobre el totalitarismo imperial, se hab&iacute;an implantado para siempre en el mundo y entonces marginar a Alemania del equilibrio de poder Europeo no parec&iacute;a ser una pol&iacute;tica injusta o descabellada.</p>     <p>En el caso estadounidense el resultado positivo era &uacute;nico: la guerra hab&iacute;a creado el m&aacute;s grande auge econ&oacute;mico de sus historia.<a href="#14" name="s14"><sup>14</sup></a> Desde ese contexto, Wilson no ten&iacute;a por qu&eacute; desafiar la pol&iacute;tica exterior del palo y de la zanahoria impuesta por Roosevelt a sus vecinos latinoamericanos. En &uacute;ltimas, el DI no ten&iacute;a posibilidad de salir bien librado en los a&ntilde;os de la primera posguerra, pues el Tratado de Versalles, despu&eacute;s de todo, resultaba ser el resultado de la teor&iacute;a realista que insist&iacute;a en el equilibrio de poder u no en gran consenso sobre normas que permitieran las relaciones pac&iacute;ficas entre los Estados del mundo.</p>     <p>Sin embargo, esta teor&iacute;a que hab&iacute;a impuesto su concepci&oacute;n sobre el mundo se encontraba, para 1938, con que su modelo no pod&iacute;a mantener la seguridad y estabilidad europea. Peor a&uacute;n, que un enfrentamiento militar de efectos devastadores no se pod&iacute;a evitar con ese discurso. Este modelo dejaba claro, no s&oacute;lo que los realistas en el caso ingl&eacute;s hab&iacute;an subestimado la capacidad militar de la Alemania de Hitler, sino que la actitud de los realistas estadounidenses, de la misma manera, evidenciaban ingenuidad frente a las intenciones y el poder del r&eacute;gimen alem&aacute;n y japon&eacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Por ello, una preocupaci&oacute;n fundamental de las teor&iacute;as de las relaciones internacionales era el establecimiento de un nuevo orden mundial que garantizara, definitivamente, la estabilidad y seguridad de sus naciones una vez Alemania, Jap&oacute;n e Italia fueran derrotados. El mundo occidental no se pod&iacute;a equivocar por segunda vez.</p>     <p><b>RENACIMIENTO DE LAS IDEAS LIBERALES EN LAS RI</b></p>     <p>Como presupuesto para mantener la estabilidad y seguridad, se trataba de volver al modelo de relaciones internacionales que hab&iacute;a pasado por in ef&iacute;mero intento de construcci&oacute;n de una comunidad de naciones (idealismo) y que luego hab&iacute;a sido desplazado por una din&aacute;mica que exig&iacute;a la no interferencia en las ambiciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de corte imperial de las naciones vencedoras de la Primera Guerra.</p>     <p>Como ya se argument&oacute;, en al caso ingl&eacute;s y franc&eacute;s esta forma de realismo, denunciado como cobard&iacute;a por la izquierda europea pod&iacute;a entenderse como producto de un imaginario colectivo de horro y desolaci&oacute;n a&uacute;n vigente en la mente de la mayor&iacute;a de europeos, quienes veinte a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;a vivido directamente los efectos de la Primera Guerra. 1,6 millones de soldados franceses, 800 mil soldados brit&aacute;nicos y 1,7 millones de soldados rusos significaban no solamente la p&eacute;rdida de una importante parte de los hombres menores de treinta a&ntilde;os en cada una de estas naciones,<a href="#15" name="s15"><sup>15</sup></a> sino una memoria de dolor traum&aacute;tica para dos generaciones.</p>     <p>En el caso estadounidense, leg&iacute;timas parec&iacute;an las voces de los realistas que recordaban la advertencia de George Washington de permanecer lejos de las tradicionales luchas europeas, lo que para el siglo XX se traduc&iacute;a en argumentar que la neutralidad era el principio que deb&iacute;a seguir gobernando las relaciones de EE.UU. con europa.<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a></p>     <p>Sin embargo, antes de 1939 los te&oacute;ricos liberales de los EE.UU. advert&iacute;an no s&oacute;lo sobre la actitud de los l&iacute;deres alemanes constitu&iacute;an una verdadera amenaza a su seguridad y a su estabilidad, sino que igualmente les preocupaba la visi&oacute;n de los l&iacute;deres japoneses e italianos.<a href="#17" name="s17"><sup>17</sup></a> Pero estas voces en 1938 eran muy escasas, pues el resto del mundo prefer&iacute;a dar la espalda a la diatriba de odio del l&iacute;der alem&aacute;n.</p>     <p>Por todos estos hechos es que para 1939 los idealistas–liberales hab&iacute;an conseguido un segundo aire. La posici&oacute;n geogr&aacute;fica y el poder de los EE.UU., al igual que en la Primera Guerra, convierten a esta naci&oacute;n nuevamente en la cuna de las ideas liberales que propondr&iacute;an otro nuevo orden mundial.</p>     <p> La cultura de los Estados Unidos en 1930 ense&ntilde;aba que la democracia ten&iacute;a todas las bondades del mundo. Con facilidad pasmosa pod&iacute;an los estadounidenses argumentar, que era gracias a su sistema pol&iacute;tico el que hab&iacute;an construido una gran naci&oacute;n. Adicionalmente para la cultura de esta naci&oacute;n, el tener un gobierno constitucional implicaba reconocer la igualdad como valor fundamental.</p>     <p>La sociedad civil, a la vez que m&aacute;s compleja, era pluralista. La Corte Suprema, al valerse de la enmienda catorce, tratamiento igualitario de los ciudadanos ante la ley, hab&iacute;a iniciado desde 1925 la incorporaci&oacute;n de la Declaraci&oacute;n de Derechos fundamentales en la vida p&uacute;blica y privada de los estadounidenses.<a href="#18" name="s18"><sup>18</sup></a></p>     <p>Esto influy&oacute; en las relaciones internacionales, pues ya no se hablaba del &quot;garrote y de la zanahoria&quot;, sino de la pol&iacute;tica &quot;buen vecino&quot; para Am&eacute;rica Latina. Si se luchaba contra Hitler en nombre de la libertad y la igualdad incoherente resultaba el argumento de dominaci&oacute;n de Theodore Roosevelt de las &quot;naciones incivilizadas&quot;, no blancas.<a href="#19" name="s19"><sup>19</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este modo, son los liberales quienes empiezan a encontrar eco a sus planteamientos en los l&iacute;deres estadounidenses de esos a&ntilde;os. Franklin Delano Roosevelt tom&oacute; las banderas de los idealistas–liberales, pues entendi&oacute; que no pod&iacute;a existir una amenaza mayor para la estabilidad y seguridad de los EE.UU. que los dictadores que conformaban el llamado Eje, desde 1937.</p>     <p>Este l&iacute;der tambi&eacute;n entend&iacute;a que Stalin no ten&iacute;an ambiciones expansionistas, que el l&iacute;der ruso estaba primero preocupado por industrializar su naci&oacute;n para llevarla al desarrollo econ&oacute;mico. Si bien pod&iacute;a ser un dictador, en t&eacute;rminos de la teor&iacute;a pol&iacute;tica, Roosevelt pensaba que mediante una mezcla de diplomacia pasiva y activa, Stalin ser&iacute;a un aliado frente a los miembros del Eje. Incluso, &#39;revi&oacute; que Rusia llegar&iacute;a a convertirse en una naci&oacute;n democr&aacute;tica.<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a></p>     <p>Estas conclusiones har&iacute;an de Roosevelt pieza esencial para la elaboraci&oacute;n de una nueva PI, que alterar&iacute;a fundamentalmente el modelo usado despu&eacute;s de la Primera Guerra. El l&iacute;der estadounidense us&oacute; la relaci&oacute;n amistosa con el Reino Unido y, en agosto de 1941, se reuni&oacute; secretamente con Churchill para establecer los principios que asegurar&iacute;an el nuevo orden mundial. La Carta del Atl&aacute;ntico fue el nombre con que se conocer&iacute;a la declaraci&oacute;n de &quot;principios mutuos&quot;, que servir&iacute;a de base para crear un &quot;mejor futuro para el mundo&quot;. Principios como la auto–determinaci&oacute;n de las naciones y la cooperaci&oacute;n para solucionar los problemas econ&oacute;micos de la humanidad, m&aacute;s all&aacute; de la importancia que tienen para el derecho internacional como antecedente de la ONU, dejan claro el giro de la pol&iacute;tica internacional de estas dos naciones.</p>     <p> Cuatro meses despu&eacute;s de esta declaraci&oacute;n, EE. UU. Entra en la guerra, y all&iacute; las dos naciones entender&iacute;an que la derrota militar implicaba tambi&eacute;n la destrucci&oacute;n de las filosof&iacute;as pol&iacute;ticas que alimentaban los reg&iacute;menes: alem&aacute;n, italiano y japon&eacute;s, es decir, a pesar de que la Carta del Atl&aacute;ntico no lo mencionara espec&iacute;ficamente, hab&iacute;a que mostrarle al mundo que las ideas pol&iacute;ticas de los l&iacute;deres del Pacto Tripartito (septiembre 1940) eran moralmente reprochables, es decir, el filosofo moral ten&iacute;a nuevamente sentido en el esquema de las relaciones internacionales.</p>     <p>En este punto es fundamental mencionar que a diferencia de la Primera Guerra, la propaganda de los aliados en la Segunda Guerra demonizaban a Hitler y a su, seguidilla, pero no al pueblo alem&aacute;n. Esto era f&aacute;cil, porque era y parece seguir siendo claro para la historia que hab&iacute;a sido el l&iacute;der alem&aacute;n quien hab&iacute;a iniciado una guerra que ninguno de los aliados hab&iacute;a deseado. La destrucci&oacute;n de las ideas fascistas implicaba una lucha del bien contra el mal, este &uacute;ltimo encargado de uno pocos individuos.</p>     <p>Capitalistas y comunistas pod&iacute;an aducir que luchaban juntos para derrotar fuerzas no menos que diab&oacute;licas. Pues f&aacute;cil y conveniente era atribuirles a los socialistas del mundo una comuni&oacute;n permanente con la democracia y la libertad. Se trataba simplemente de dos formas de entender la econom&iacute;a, pero que se opon&iacute;an a la visi&oacute;n, no solo totalitaria, sino racista de los l&iacute;deres alemanes.</p>     <p>En suma, los idealistas liberales hab&iacute;an sofisticado su argumento para sonar menos idealistas y m&aacute;s liberales–pluralistas, y hab&iacute;an encontrado apoyo en un l&iacute;der que aprovechando su popularidad, tambi&eacute;n hac&iacute;a despliegue de una capacidad excepcional para negociar y manipular.</p>     <p>Como ya se describi&oacute; el p&aacute;ginas anteriores, el fracaso de Wilson, adem&aacute;s de cuestiones de personalidad, tuvo que ver en buena medida con el hecho de que el l&iacute;der estadounidense formul&oacute; su pol&iacute;tica una vez terminada la guerra, con lo cual qued&oacute; sin capacidad de poder manipular los intereses inmediatos y apremiantes de los aliados y de sus opositores pol&iacute;ticos internos.</p>     <p>En cambio, Roosevelt inici&oacute;, antes de entrar en la guerra y con mucha cautela, una campa&ntilde;a que llevar&iacute;a a la creaci&oacute;n de las Naciones Unidas. En enero de 1940, en el discurso tradicional ante el Congreso <i>Sobre el estado de la naci&oacute;n,</i> el presidente advirti&oacute; sobre los peligros del aislacionismo. Siete meses despu&eacute;s suscribi&oacute; la Carta del Atl&aacute;ntico en reuni&oacute;n secreta con Winston Churchill y all&iacute;, aprovech&aacute;ndose de la dif&iacute;cil situaci&oacute;n inglesa, hizo que el l&iacute;der brit&aacute;nico contraviniera la pol&iacute;tica imperial del Reino Unido: respeto a la decisi&oacute;n de cada pueblo sobre su integridad territorial y la libre elecci&oacute;n de su gobierno; reconocimiento de la soberan&iacute;a de todas las naciones del mundo y un repudio a la &quot;paz con humillaci&oacute;n&quot; que hab&iacute;an impuesto los aliados en el Tratado de Versalles.</p>     <p>A la vez, Roosevelt sab&iacute;a que EE.UU. deb&iacute;a participar directa o indirectamente en la guerra, pero esto nunca lo hizo evidente para no provocar a sus enemigos pol&iacute;ticos. Adem&aacute;s, &eacute;l entend&iacute;a que era en el fragor de la guerra donde deb&iacute;a conseguir el apoyo para lograr un consenso local para la creaci&oacute;n de lo que se llamar&iacute;a luego la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Sin embargo, entend&iacute;a tambi&eacute;n que no ser&iacute;a &eacute;l quien iniciara una cruzada rom&aacute;ntica ante su pueblo. Por ello s&oacute;lo hasta que en marzo 1943 un grupo de congresistas de ampos partidos firm&oacute; una resoluci&oacute;n conjunta para crear un organismo internacional que se ocupara de las disputas en los Estados una vez terminara la guerra, es cuando Roosevelt aparece p&uacute;blicamente apoyando una idea que parec&iacute;a nacer del consenso bipartidista y de una imposici&oacute;n presidencial. S&oacute;lo con ese apoyo de 1944 hace que Churchill y Stalin le firmen un acuerdo sobre la estructura general de la ONU.</p>     <p>Fue tan clara la habilidad del presidente estadounidense que, mientras la votaci&oacute;n para se aprobara la Sociedad de las Naciones hab&iacute;a durado nueve meses, en 1919, el debate en el senado para aprobar la creaci&oacute;n de la ONU dur&oacute; seis d&iacute;as, en 1945.</p>     <p>Naturalmente, no es s&oacute;lo la habilidad pol&iacute;tica de este l&iacute;der la que explica el triunfo de las teor&iacute;as liberales sobre las relaciones internacionales, sino que se debe reiterar el sentimiento de los pueblos europeos y estadounidenses ante la devastaci&oacute;n material y humana que esta Segunda Guerra hab&iacute;a producido. Esto explica la categor&iacute;a de h&eacute;roes que se le dio a los militantes de la izquierda inglesa y francesa que no &uacute;nicamente hab&iacute;an advertido desde los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los treinta sobre la amenaza fascista, sino que adem&aacute;s hab&iacute;an probado ser los m&aacute;s aguerridos y temerarios en la guerra con los nazis.</p>     <p><b>COMPORTAMENTALES</b></p>     <p>Tanto los idealistas–liberales como los realistas son parte de una disciplina acad&eacute;mica que resulto de un proceso hist&oacute;rico, producto de las pr&aacute;cticas de los Estados. No son discursos naturales y dados, sino que responden a las preguntas que se plantearon, en asuntos externos, los l&iacute;deres de los Estados m&aacute;s poderosos.</p>     <p>Ambas formas de ver el mundo parec&iacute;an responder, por tiempos, a las necesidades de esos pa&iacute;ses, es decir, a un paradigma que garantizara la seguridad y estabilidad de los sistemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos preponderantes en el siglo XX.</p>     <p>Sin embargo, tanto los liberales como los realistas parec&iacute;an no tener todas las respuestas permanentemente. Las pr&aacute;cticas de los Estados cambiaban e la medida en que sus necesidades lo exig&iacute;an y en rol de los l&iacute;deres, especialmente los estadounidenses, era fundamental para darle din&aacute;mica a esos modelos de relaciones internacionales.</p>     <p>Los realistas parec&iacute;an m&aacute;s acertados al describir al mundo como ca&oacute;tico, imposible de ordenarlo en forma definitiva y en el cual cada Estado deb&iacute;a comportarse de acuerdo con las necesidades inmediatas. El fracaso del sistema de seguridad internacional de Wilson parec&iacute;a darles la raz&oacute;n.</p>     <p>Pero de igual manera los realistas, como ya se evidenci&oacute;, apenas si pod&iacute;an garantizar estabilidad y seguridad en el corto plazo, y bajo su esquema, el DI ten&iacute;a que rendirse a la idea de que la guerra estaba dentro de los poderes de los Estados y que era un mecanismo para conseguir ventajas sobre otros. En definitiva, la guerra no era ilegal y menos a&uacute;n, justa o injusta.<a href="#21" name="s21"><sup>21</sup></a></p>     <p>Entonces con la Segunda Guerra Mundial aparecieron nuevamente los intentos de los liberales, quienes alegaban que el orden mundial deber&iacute;a basarse en el reconocimiento de la igualdad de todos los Estados, la autodeterminaci&oacute;n y la seguridad colectiva, garantizada por un organismo supranacional. No obstante, a pesar de que F. D. Roosevelt hab&iacute;a conseguido la creaci&oacute;n de la ONU, el paradigma libera otra vez se hund&iacute;a ante los hechos; pues no pasar&iacute;an tres a&ntilde;os antes de que el balance de poder del mundo se convirtiera en  bilateral y, entonces, todas las ideas de los liberales sonar&iacute;an inadecuadas para garantizar la seguridad nacional de los EE. UU. y de la URSS.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La tercera confrontaci&oacute;n de potencias del siglo XX, la Guerra Fr&iacute;a, se hab&iacute;a iniciado. En este escenario, que durar&iacute;a cuarenta a&ntilde;os la posesi&oacute;n de las armas nucleares y la devastaci&oacute;n que ellas representaban planteaban la guerra en t&eacute;rminos de detente, es decir, que cada poder simplemente trataba de obtener avances en las esferas de influencia del otro, ciudadano de mantener el equilibrio de poder a su favor, sin que ese balance se desajustara hasta obligar al uso de las armas nucleares.</p>     <p>&quot;No guerra, no paz&quot;, es tal vez la frase que mejor explica la pol&iacute;tica internacional de las dos potencias. Bajo ese esquema, los liberales no ten&iacute;an m&aacute;s opci&oacute;n que dejar que la pol&iacute;tica internacional se determinara por un juego de estrategias que iban desde la diplomacia, pasado por la intervenci&oacute;n directa en peque&ntilde;os pa&iacute;ses hasta las operaciones en cubierto para asesinar l&iacute;deres locales de esos pa&iacute;ses o para deponer o sostener gobiernos. Todo esto iba a alimentar la teor&iacute;a de las relaciones internacionales por cuatro d&eacute;cadas, lo cual le daba a los realistas la supremac&iacute;a en el debate que se hab&iacute;a iniciado en 1918.</p>     <p>No es que los liberales–pluralistas desaparecieran del escenario, simplemente sus ideas no parec&iacute;an adecuadas para defender la estabilidad y la seguridad de las dos potencias.</p>     <p>En t&eacute;rminos de DI, los liberales hab&iacute;an avanzado y siguieron insistiendo en los instrumentos de resoluci&oacute;n de conflictos establecidos por la Carta de la ONU, su mayor triunfo hab&iacute;a sido el convertir a la guerra como ilegal para el DI, incluso prohibir el uso de la fuerza como mecanismo para resolver controversias.</p>     <p>Prueba del avance del DI como camino hacia la comunidad internacional es que, despu&eacute;s de la firma de la Carta (reconocida inicialmente como una declaraci&oacute;n), el n&uacute;mero de tratados bilaterales que se ocupaban exclusivamente de la resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de conflictos declin&oacute; sustancialmente, &uacute;nicamente ocho hasta 1962. Ya no se necesitaba discutir sobre el uso o no de los mecanismos de resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de controversias. El DI reflejaba la concreci&oacute;n de una nueva cultura y as&iacute; el 1957 se concluy&oacute; la Convenci&oacute;n Europea Sobre el Arreglo Pac&iacute;fico de Disputas, y en 1964 un instrumento similar para &Aacute;frica. En el mismo sentido, para 1976, de los 17 mil tratados registrados en la Liga de Naciones y en la ONU (la mayor&iacute;a sobre asuntos de transporte y econom&iacute;a) 4 mil conten&iacute;an cl&aacute;usulas para resolver pac&iacute;ficamente controversias.<a href="#22" name="s22"><sup>22</sup></a></p>     <p>Pero la Guerra Fr&iacute;a y la bipolaridad que implicaba facilitaron que la resoluci&oacute;n de conflictos quedara sometida a las pol&iacute;ticas exteriores de los dos grandes en el seno de la ONU. La estrategia se traduc&iacute;a en el uso del poder de veto de estos pa&iacute;ses en el Consejo de Seguridad, el cual permiti&oacute; crear un foro de discusi&oacute;n que no alineara a ninguna de las potencias y as&iacute; evitar las equivocaciones de la Sociedad de las Naciones.</p>     <p>De esta manera, decenas de conflictos alrededor del mundo fueron desde&ntilde;ados por el Consejo de Seguridad, que de acuerdo con la Carta era el organismo que iba a eje4rcer el poder de polic&iacute;a, capaz de solucionar el problema de eficacia del DI. Sin embargo, la preocupaci&oacute;n fundamental de la ONU era formar la comunidad internacional, antes que ser eficiente para solucionar conflictos que no amenazaran la paz y la seguridad internacional. A la poste muchos realistas contin&uacute;an argumentando que frente a la posibilidad de la devastaci&oacute;n nuclear, estos conflictos pueden evaluarse como de baja intensidad;<a href="#23" name="s23"><sup>23</sup></a> por eso el mismo argumento soporta el porqu&eacute; la Fuerza Militar Permanente, planteada en los art&iacute;culos 43 a 47 como el mecanismo espec&iacute;fico para hacer cumplir los mandatos de la ONU, nunca se cristaliz&oacute;.</p>     <p>En este contexto los comporta mentales —hoy llamados neo marxistas— argumentando que el paradigma para entender las relaciones internacionales era la humanidad, pues s&oacute;lo por medio de ella la comunidad de naciones trascender&iacute;a, centraron su atenci&oacute;n, no ya en la guerra entre las grandes naciones, sino en la pobreza y el desarrollo econ&oacute;mico.</p>     <p>La bipolaridad de la Guerra Fr&iacute;a en la primera mitad de la d&eacute;cada de los cincuenta parec&iacute;a traer estabilidad econ&oacute;mica para Rusia, EE.UU., sus aliados europeos y Jap&oacute;n, pero la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses escapaban a ese desarrollo econ&oacute;mico, pues sus &iacute;ndices negativos de desarrollo segu&iacute;an aumentando y el proceso de descolonizaci&oacute;n que se hab&iacute;a iniciado despu&eacute;s de la Segunda Guerra, no implicaba que estos pa&iacute;ses entraran en la senda del progreso econ&oacute;mico.</p>     <p>El punto cuarto de la Carta del Atl&aacute;ntico hablaba de que todos los pa&iacute;ses del mundo —peque&ntilde;os y grandes— ten&iacute;an derecho a disfrutar del libre mercado y al acceso a las &quot;materias primas&quot; necesarias para su prosperidad econ&oacute;mica. El punto quinto plasmaba el &quot;deseo&quot; de alcanzar la colaboraci&oacute;n econ&oacute;mica entre &quot;todas las naciones&quot; con el objeto de &quot;mejorar&quot; los est&aacute;ndares laborales, el avance econ&oacute;mico y la seguridad social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se podr&iacute;a argumentar que ah&iacute; estaba el antecedente que brindaba la posibilidad de que la gran mayor&iacute;a de los Estados–naci&oacute;n o en <i>v&iacute;as de desarrollo</i> tuvieran un discurso propio en la teor&iacute;a de las relaciones internacionales. El movimiento de los no alineados, producto de la descolonizaci&oacute;n asi&aacute;tica y de la presi&oacute;n China, partir&iacute;a de esta nueva teor&iacute;a de las relaciones internacionales.</p>     <p> Los comportamentales o neomarxistas aduc&iacute;an que para el mundo, era tan importante evitar una nueva guerra mundial como lo era atender las necesidades econ&oacute;micas de la mayor&iacute;a de los Estados del planeta; que as&iacute; lo hab&iacute;an reconocido Roosevelt y Churchill en la Carta del Atl&aacute;ntico y que luego el resto del mundo lo hab&iacute;a desarrollado en la Carta de la ONU, cuando consider&oacute; al Consejo Econ&oacute;mico y social, en el art&iacute;culo 7 par&aacute;grafo 1, como &oacute;rgano principal de las Naciones Unidas.</p>     <p>Es claro que la base para la agenda de los comportamentales est&aacute; en la Carta de las Naciones Unidas y por ello se explica la dimensi&oacute;n que se le otorg&oacute; al concepto de autodeterminaci&oacute;n para que incluyera la independencia econ&oacute;mica.</p>     <p>El art&iacute;culo 55 de la Carta es una prueba m&aacute;s del avance de las ideas comportamentales. All&iacute; se establece que la ONU debe promover altos est&aacute;ndares de vida, total empleo, progreso social e incluso soluci&oacute;n de problemas internacionales econ&oacute;micos, sociales y de salud. Todo esto a partir del criterio de que &eacute;stas, junto al respeto de los derechos fundamentales, son las condiciones necesarias para construir un ambiente de estabilidad y bienestar, y que s&oacute;lo as&iacute; las relaciones pac&iacute;ficas son posibles.</p>     <p>Esta corriente dentro de las relaciones internacionales ha sido una oportunidad para plantear que las relaciones entre Estados no se pueden ver solamente en t&eacute;rminos de teor&iacute;as sobre la guerra y la paz (neorrealistas) o en t&eacute;rminos de estructuras supranacionales que centran sus esfuerzos en promover que las potencias solucionen pac&iacute;ficamente sus conflictos y en las relaciones econ&oacute;micas entre ellas (neoliberales–pluralistas–estructuralistas), sino que pasa por entender que el desarrollo econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses pobres es fundamental para asegurar la paz, la seguridad internacional y la justicia.</p>     <p>&Eacute;ste es el espacio de los pa&iacute;ses peque&ntilde;os para aducir que tanto los neorrealistas como los pluralistas–neoliberales han creado un nuevo orden mundial, en el cual impusieron una actitud moral particular para crear pol&iacute;tica internacional. En el caso de los primeros, una actitud moral basada en la idea maquiav&eacute;lica y hobbesiana del Estado, donde los derechos de los individuos son accesorios frente a sus ganancias de los neoliberales, cuando aseguran que los derechos de los individuos se dividen en generaciones y que cuando se habla de los de segunda generaci&oacute;n, debe entenderse como simples aspiraciones o planes de uno pueblos, y que su concreci&oacute;n depende de sus recursos econ&oacute;micos. Solo as&iacute; puede entenderse la oposici&oacute;n de las grandes potencias a que la Convenci&oacute;n de Derechos fuera una sola e incluyera los civiles y los pol&iacute;ticos, as&iacute; como los econ&oacute;micos y los culturales.<a href="#24" name="s24"><sup>24</sup></a></p>     <p>El problema del tercer mundo radica en que incluso el discurso neomarxita tiene origen mayoritariamente en los pa&iacute;ses poderosos y, como Steve Smith argumenta, muy escasos son los trabajos donde se intenta crear un debate entre los paradigmas, los cuales se limitan a concentrarse en &aacute;rea y en grupos de estudio.<a href="#25" name="s25"><sup>25</sup></a>     <br>  Para concluir hay que argumentar que el desafi&oacute; para los l&iacute;deres de los pa&iacute;ses pobres del mundo, en t&eacute;rminos de relaciones internacionales y de derecho internacional, es poder establecer bloques compactos que contribuyan al avance de agendas que pretendan, no solamente resolver y evitar conflictos militares, sino solucionar las causas objetivas que hace de esos Estados–naci&oacute;n sistemas inseguros e inestables en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y sociales, es decir, se trata de hacer coincidir los intereses de las grandes naciones con los problemas econ&oacute;micos que agobian a las dos terceras partes de los habitantes del planeta, para que as&iacute; se pueda concretar una verdades comunidad de naciones.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Es el cardenal Richelieu con su doctrina de la <i>Raison d&#39;&eacute;tat</i> quien introduce la persuasi&oacute;n y la negociaci&oacute;n diplom&aacute;tica para conseguir aliados contra las pol&iacute;ticas homogenizadora de la dinast&iacute;a de Estrasburgo. Pero la pol&iacute;tica del cardenal no fue un obst&aacute;culo para que el siguiente rey franc&eacute;s, Luis XIV (1661–1714), interrumpiera la aparente tranquilidad seguida a Westfalia (once a&ntilde;os) y aprovechara la oportunidad para implantar la dinast&iacute;a Habsburgo nuevamente en el poder, pero ahora con el eje franco–hispano. Esto no implic&oacute; desarticular la efectiva burocracia diplom&aacute;tica del cardenal, sino usarla para avanzar en su expansi&oacute;n combinando uso la negociaci&oacute;n, la extorsi&oacute;n o la amenaza del uso de la fuerza. V&eacute;ase Watson, Adam, <i>The Evolution of International Society,</i> London and New York, Routledge, 1992, pp. 182–197</p>     <p> <a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Las relaciones pol&iacute;ticas no son producto de la revelaci&oacute;n o de otro proceso sobrenatural. V&eacute;ase Sabine, Goerge, <i>Historia de la teor&iacute;a pol&iacute;tica,</i> Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998, p. 229.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> Para ver una discusi&oacute;n interesante sobre la interacci&oacute;n del DI, la diplomacia y las relaciones internacionales como ciencias internacionales como ciencias internacionales cons&uacute;ltese Arenal, Celestino del, &quot;Cap&iacute;tulo 1&quot;, en <i>Las relaciones internacionales como ciencia,</i> s. d.</p>     <p> <a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> Sarat, A y Kearns, T., &quot;Writing History and Registering Memory in Legal Decisions and Legal Practices. An Introduction&quot;, en <i>History, Memory, and the Law, s. l., </i>University Michigan Press, 1999, p. 2.</p>     <p> <a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> Bobbio, Norberto, &quot;Cap&iacute;tulo 2&quot;, en Teor&iacute;a general del derecho, s. d. </p>     <p> <a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> Sobre las dificultades que se presentan en eta disciplina para definir sus diferentes tendencias se puede ver a Smith, Steve, &quot;The Self–Images of a Discipline. A genelogy of International Relations Theory&quot;, en Booth y Smith (edits.), <i>International </i>Relations TheoryToday, s. I., Pennstate Press, 1955, pp. 1–37.</p>     <p> <a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Un ejemplo m&aacute;s del &aacute;nimo vindicativo que evidenciaba una agenda en engrandecimiento individual de los aliados se encuentra en el art&iacute;culo 145 del Tratado de Versalles que determinaba que &quot;Alemania renuncia&#91;ba&#93; a favor de las principales potencias aliadas y asociadas a todos sus derechos y t&iacute;tulos sobre sus posesiones de ultramar&quot;. Italia por su parte se apodero de los territorios del desmembrado imperio turco.</p>     <p> <a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> Brinkley, Current, Fre&iacute;dle y Williams, <i>A &uml;Survey of American History,</i> Nueva York, McGraw Hill, 1991, p. 656.</p>     <p> <a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> El car&aacute;cter paternalista ha sido apenas una de las facetas de la pol&iacute;tica exterior estadounidense hacia sus vecinos del sur. Existen muchos trabajos sobre este tema, especialmente adscritos a la teor&iacute;a de la sependencia, pero un texto interesante y profusamente le&iacute;do en los EE.UU. es Stein y Stein, <i>The Colonial Heritage of Latin Am&eacute;rica,</i> Nueva York, Oxford University Press, 1977.</p>     <p> <a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> De hecho, antes de entrar a la guerra Wilson enfrent&oacute; el dilema sobre a qui&eacute;n deber&iacute;a apoyar, pues sus simpat&iacute;as iniciales pod&iacute;an estar con los franceses e ingleses, pero Alemania era uno de sus mayores socios comerciales en Europa, Brinkley, Current, Fre&iacute;dle y Williams, op. cit., p. 668.</p>     <p> <a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> En su &uacute;ltima aparici&oacute;n en p&uacute;blico, el 10 de julio de 1919, defendiendo la Sociedad de las Naciones, el presidente dijo; &quot;Yo puedo presidir con absoluta certeza que dentro de una generaci&oacute;n m&aacute;s habr&aacute; otra guerra mundial si las naciones del mundo no acuerdan un m&eacute;todo para prevenirla. En esa lucha no unos pocos cientos de miles tendr&aacute;n que morir, pero millones como sean necesarios para alcanzar la libertad final del mundo&quot;. Warren, Sydney, <i>The President as a Worl Learder, </i>Lippincott, 1964, p. 130.</p>     <p> <a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Wilson sacrific&oacute; su salud, hasta el punto de caer semiparal&iacute;tico a cama despu&eacute;s de permanecer por meses recorriendo el pa&iacute;s, –desatendiendo la advertencia de sus m&eacute;dicos– buscando el apoyo popular por todo el pa&iacute;s. V&eacute;ase Warren op. cit., Cap&iacute;tulo 7.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> Thomson, David, Historia mundial de 1914 a 1968, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1985, p. 100.</p>     <p> <a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> Brinkley, Current, Fre&iacute;dle y Williams, op. cit., 669. </p>     <p> <a href="#s15" name="15"><sup>15</sup></a> Hobsbawm, Erick, <i>Historia del siglo XX,</i> Barcelona, Cr&iacute;tica, 1995, p. 34.</p>     <p> <a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> El presidente Washington profiri&oacute; una declaraci&oacute;n de neutralidad en 1973 sin usar esta palabra para que no se le acusara de estar usurpando el poder del Congreso de declarar la guerra. Esto, ante la guerra franco–inglesa, donde ambas naciones buscaban el apoyo de la nueva naci&oacute;n. V&eacute;ase Spitzer, Robert, President<i> and Congress. Executive Hegemony at Crossroads of America Government, </i>Nueva York, McGraw Hill, 1993, p. 141.</p>     <p> <a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> En este aspecto se puede calificar la posici&oacute;n de Franklin Delano Roosevelt como visionaria, pues ya en enero de 1940 en el tradicional discurso sobre el estado de la naci&oacute;n el presidente de los estadounidenses advirti&oacute; sobre los peligros de la pol&iacute;tica internacional del aislacionismo, que hab&iacute;a imperado desde el final de la Primera Guerra. V&eacute;ase Warren, op. cit., p. 225.</p>     <p> <a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> V&eacute;ase &quot;The Nationalization of the Bill of Rights&quot;, en American Constitutional Theory, s. d.</p>     <p> <a href="#s19" name="19"><sup>19</sup></a> Por ello desde 1945 las operaciones en cubierto se convertir&iacute;an en la mejor manera de  intervenir en los asuntos de sus vecinos del sur, pero ya no con el argumento de que se trataba de pueblos incivilizados sino por la penetraci&oacute;n del comunismo y lo que esto significaba para la seguridad nacional estadounidense que la soberan&iacute;a no era una condici&oacute;n particular de algunas naciones, sino un principio de DI basado en la igualdad de los pueblos.</p>     <p> <a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> Warren, op. cit., p. 26.</p>     <p> <a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> Oppenheim lo cita en su libro sobre de DI, en 1952, como el argumento de Hyde –un internacionalista de 1922, refiri&eacute;ndose a la guerra como instrumento legal de pol&iacute;tica nacional. V&eacute;ase Henkin, Pugh, Schachter y Smit, <i>International Law. Cases an Materials, MN, West Publishin Co., 1993, p. 873.</i></p>     <p> <a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> Sin embargo, la gran mayor&iacute;a de ellos prove&iacute;an por el arreglo directo sin la mediaci&oacute;n de ning&uacute;n organismo supranacional. Esto, naturalmente, colocaba en desventaja a los Estados m&aacute;s d&eacute;biles, op. cit., p. 775.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> Watson op. cit., Cap&iacute;tulo 24.</p>     <p> <a href="#s24" name="24"><sup>24</sup></a> Ib&iacute;d., p. 609.</p>     <p> <a href="#s25" name="25"><sup>25</sup></a> Smith op. cit., p. 20.</p> <hr>     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <!-- ref --><p>Arenal, Celestino, &quot;Cap&iacute;tulo 1&quot;, en <i>Las relaciones internacionales</i> como ciencia, s. d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-0579200200020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Bobbio, Norberto, &quot;Cap&iacute;tulo 2&quot;, en <i>Teor&iacute;a general del derecho, </i>s. d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-0579200200020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Brinkley, Current, Fre&iacute;dle y Williams, <i>A Survey of American History,</i> Nueva York, McGraw Hill, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-0579200200020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> Henkin, Pugh, Shachter, Smith, <i>international Law.</i> Cases and Materials Hobsbawm, Erickm, <i>Historia del siglo XX</i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-0579200200020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Sabine, George, <i>Historia de la teor&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Bogot&aacute;, Fondo de cultura Econ&oacute;mica, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-0579200200020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Sarat, A. y Kearns, T., &quot;Writing History and Registering Memory in Legal Decisions and Legal Practices. An Introduction&quot;, en <i>History, Memory, and the Law, s. l.,</i> University Michigan Press, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-0579200200020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Smith Steve, &quot;The Self–Images of a Discipline. A Genealogy of International Relations Theory&quot;, en Booth y Smith (edits.), <i>International Relations theory today, s. l., </i>Pennstate Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-0579200200020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Spitzer, Robert, President and Congress. <i>Executive Hegemony at Crossroads of American Government,</i> Nueva York, McGraw Hill, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-0579200200020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> Stein y Stein, <i>The Colonial Heritage of Latin American</i>, Nueva York Oxford University Press, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-0579200200020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> The Nationalization of the Bill of Rights en American Constitutionals Theory, s. d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-0579200200020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Thomson, David, Historia mundial de 1914 a 1968, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-0579200200020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Warren, Sidney, <i>The President as a World Leader,</i> New York, Lippincott, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579200200020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Waston, Adam, <i>The Evolution of International Society,</i> London and New York, Routledge, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579200200020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Arenal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Celestino]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capítulo 1]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bobbio]]></surname>
<given-names><![CDATA[Norberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capítulo 2]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brinkley]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Current]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Freídle]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Williams]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Survey of American History]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[McGraw Hill]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Henkin]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pugh]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Shachter]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Smith]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[international Law]]></article-title>
<source><![CDATA[Cases and Materials Hobsbawm, Erickm, Historia del siglo XX]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sabine]]></surname>
<given-names><![CDATA[George]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia de la teoría política]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sarat]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kearns]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Writing History and Registering Memory in Legal Decisions and Legal Practices. An Introduction]]></article-title>
<source><![CDATA[History, Memory, and the Law, s. l.]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-name><![CDATA[University Michigan Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Smith]]></surname>
<given-names><![CDATA[Steve]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Self-Images of a Discipline. A Genealogy of International Relations Theory]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Booth]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Smith]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[International Relations theory today, s. l.]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-name><![CDATA[Pennstate Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Spitzer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Robert]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Executive Hegemony at Crossroads of American Government]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[McGraw Hill]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Stein y Stein</collab>
<source><![CDATA[The Colonial Heritage of Latin American]]></source>
<year>1977</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[The Nationalization of the Bill of Rights en American Constitutionals Theory]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Thomson]]></surname>
<given-names><![CDATA[David]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia mundial de 1914 a 1968]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Warren]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sidney]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The President as a World Leader]]></source>
<year>1964</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lippincott]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Waston]]></surname>
<given-names><![CDATA[Adam]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Evolution of International Society]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[LondonNew York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
