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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL CARÁCTER NORMATIVO DE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO ADMINISTRATIVO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE NORMATIVE CHARACTER OF ADMINISTRATIVE LWA PRINCIPLES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The reception in the Administrative Law general principles represents, in the contemporary doctrine, one of the most important advances to obtain an adequate balance in the relations that the Public Administration establish with individuals. This prevents arbitrary activities by the administration originate under a supremacy given by the juridical in order to satisfy public interests. Likewise, next to its function of guaranteeing against Administration power arbitrariness, especially when we face discretional acts, the general principles of Law also like guidance to make efficient and rational the way administrative authorities function. The general principles of Law and the general principles of Administrative Law, nowadays are part of the legal block that guide the administrative action, thanks to the overcoming of the synonymy between statute of law an Law. In this document an analysis is made between reasons and foundations that work for support these affirmations, some of which if may seem to be logical and inevitable accepted, but they do not appear to be considered by the Public Administration, which is trapped in a straitjacket of a mistaken and overcoming formal concept of legality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>EL CAR&Aacute;CTER NORMATIVO DE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO ADMINISTRATIVO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>THE NORMATIVE CHARACTER OF ADMINISTRATIVE LWA PRINCIPLES</b></font></p>     <p><b><i>Oscar Eduardo Vargas Rozo*</i></b></p>     <p>  * Alumno de la Maestr&iacute;a en  Derecho Administrativo.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>La recepci&oacute;n en el derecho administrativo de los principios generales del derecho y la aceptaci&oacute;n de principios que le son propios, representa en la doctrina contempor&aacute;nea uno de los avances m&aacute;s importantes para lograr un adecuado equilibrio en las relaciones que la Administraci&oacute;n P&uacute;blica establece con los particulares, impidiendo el actuar arbitrario de &eacute;sta que podr&iacute;a originarse en la situaci&oacute;n de supremac&iacute;a que le reconoce el ordenamiento jur&iacute;dico para la satisfacci&oacute;n de los intereses generales.</p>     <p>As&iacute; mismo, al lado de su funci&oacute;n garantista contra la arbitrariedad del poder unilateral de la Administraci&oacute;n, especialmente cuando nos encontramos en presencia de actuaciones discrecionales, los principios generales del Derecho y los principios del Derecho Administrativo obran tambi&eacute;n como orientadores del eficaz y racional actuar de las autoridades administrativas.</p>     <p>Los principios generales del derecho y los principios generales del derecho administrativo, se encuentran hoy integrado al bloque de legalidad que orienta la actuaci&oacute;n administrativa, gracias a la superaci&oacute;n de la sinonimia que el pasado quiso hacerse entre Ley y Derecho. En este documento se hace un an&aacute;lisis de las razones y fundamentos que sirven de sustento a estas afirmaciones, algunas de la cuales si bien pueden parecer muy l&oacute;gicas y de forzosa aceptaci&oacute;n, no son a menudo tenidas en cuenta por nuestra Administraci&oacute;n P&uacute;blica, quien lamentablemente parece estar atrapada en la camisa de fuerza de un errado y superado concepto formal del principio de legalidad.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>The reception in the Administrative Law general principles represents, in the contemporary doctrine, one of the most important advances to obtain an adequate balance in the relations that the Public Administration establish with individuals. This prevents arbitrary activities by the administration originate under a supremacy given by the juridical in order to satisfy public interests.</p>     <p>Likewise, next to its function of guaranteeing against Administration power arbitrariness, especially when we face discretional acts, the general principles of Law also like guidance to make efficient and rational the way administrative authorities function.</p>     <p>The general principles of Law and the general principles of Administrative Law, nowadays are part of the legal block that guide the administrative action, thanks to the overcoming of the synonymy between statute of law an Law. In this document an analysis is made between reasons and foundations that work for support these affirmations, some of which if may seem to be logical and inevitable accepted, but they do not appear to be considered by the Public Administration, which is trapped in a straitjacket of a mistaken and overcoming formal concept of legality.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>La recepci&oacute;n en el derecho administrativo de los principios generales  del derecho y la aceptaci&oacute;n de principios propios representa, en la doctrina  contempor&aacute;nea, uno de los avances m&aacute;s importantes para lograr un adecuado  equilibrio en las relaciones que la administraci&oacute;n p&uacute;blica establece con los  particulares, a fin de impedir su actuar arbitrario, el cual podr&iacute;a originarse  en la situaci&oacute;n de supremac&iacute;a que le reconoce el ordenamiento jur&iacute;dico para la  satisfacci&oacute;n de los intereses generales.</p>     <p>Asimismo, al lado de su funci&oacute;n garantiza contra la arbitrariedad del  poder unilateral de la administraci&oacute;n, especialmente cuando nos encontremos en  presencia de actuaciones discrecionales, los principios generales del derecho y  los principios del derecho administrativo obran tambi&eacute;n como orientadores del  eficaz y racional actuar de las autoridades administrativas, las cuales —como  &#39;mandatarias&#39; innatas de bienes ajenos— quedan obligadas, m&aacute;s all&aacute; del  cumplimiento de una determinada norma en su tenor literal y abstracto, a  ordenar su actuaci&oacute;n de acuerdo con los derechos que &eacute;sta quiere garantizar y  seg&uacute;n la relaci&oacute;n que tiene con el inter&eacute;s general protegido en cada caso por  el ordenamiento jur&iacute;dico, conforme lo prescribe el art&iacute;culo 209 de la  Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica.</p>     <p>En la actualidad, los principios generales tanto del derecho como del  derecho administrativo se encuentran integrados al bloque de legalidad que  orienta la actuaci&oacute;n administrativa, gracias a la superaci&oacute;n de la sinonimia  que en el pasado quiso&nbsp; hacerse entre ley  y derecho (este &uacute;ltimo es un concepto menos formalista y limitativo), de forma  tal que el desconocimiento de ese bloque de legalidad podr&iacute;a afectar la validez  de los actos administrativos e, incluso, en algunos casos, generar juicios de  responsabilidad patrimonial contra el funcionario que, al desconocer su  car&aacute;cter de administrador de bienes ajenos, realiza contrarios a los principios  de eficacia y racionalidad administrativa.</p>     <p>Este documento analiza las razones y fundamentos que sirven de sustento  a estas afirmaciones, algunas de las cuales si bien pueden parecer muy l&oacute;gicas  y de forzosa aceptaci&oacute;n, no son a menudo tenidas en cuenta por nuestra  administraci&oacute;n p&uacute;blica, la cual lamentablemente parece estar atrapada en la  camisa de fuerza de un errado y superado concepto formal del principio de  legalidad.</p>     <p><b>HACIA UN CONCEPTO NO FORMAL DEL DERECHO ADMINISTRATIVO</b></p>     <p>En 1984, en una publicaci&oacute;n titulada Reflexiones sobre la Ley y los  principios generales del derecho, <i>el  profesor</i> <i>Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a reclamaba  para Espa&ntilde;a la revisi&oacute;n del positivismo jur&iacute;dico a&uacute;n dominante en ese pa&iacute;s, a cuyo  amparo se pretend&iacute;a encontrar un paradigma en la idea de reducir el derecho a &quot;un  conjunto sistem&aacute;tico y cerrado de normas positivas y la exclusi&oacute;n en &eacute;l de toda  referencia al valor material de la justicia, que &uacute;nicamente al legislador y no  al aplicador del Derecho, correspond&iacute;a atender&quot;.</i><a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Siguiendo a Dworkin,<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a> es posible identificar tres aspectos  fundamentales tomados como axiomas por sus defensores: (1) el derecho solamente  est&aacute; constituido por normas cuyo origen o pedigr&iacute; debidamente identificado, es  decir, su fuente formal es a su vez reconocida expresamente por otra norma;  dicho reconocimiento formal permite alcanzar certeza de la norma v&aacute;lida y  excluir las normas espurias. (2) En cuanto la validez de la norma no es  sustantiva, sino derivada del reconocimiento de su frente, el conjunto de tales  normas v&aacute;lidas adjetivamente agota el concepto de derecho y, en tal sentido el  aplicador de &eacute;ste debe decidir exclusivamente dentro de ellas. (3) Se concluye,  por el positivismo que m&aacute;s all&aacute; del conjunto de &#39;normas v&aacute;lidas&#39;, no existe  ninguna obligaci&oacute;n jur&iacute;dica.</p>     <p><i>As&iacute;, a partir de normas escritas originadas en fuentes  formalmente v&aacute;lidas, se llega a una idea de plenitud o completud del derecho,  que falsamente pretende creer que ese conjunto de normas reconocidas —con  independencia de cualquier referencia a criterios o valores externos de mayor  rango— regulan de manera expresa y taxativa todas las posibilidades de  conflicto que pueden surgir en una sociedad.<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a> En tal sentido, en el  momento de interpretar y aplicar el derecho, el positivismo busca una norma que  expresa y detalladamente brinde una soluci&oacute;n autom&aacute;tica y matem&aacute;tica al  conflicto.</i></p>     <p>El riesgo de este sometimiento a la ley en una forma limitada y segada,  que si bien inicialmente represent&oacute; el triunfo sobre la arbitrariedad de los  poderes absolutistas en las monarqu&iacute;as antiguas, puede convertirse hoy en d&iacute;a,  como se&ntilde;ala Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, &quot;en la m&aacute;s fuerte y terrible amenaza de la  sociedad, incluso en &#39;forma de organizaci&oacute;n&nbsp;  de lo antijur&iacute;dico&#39;, o hasta en un instrumento &#39;para la perversi&oacute;n del  orden jur&iacute;dico&#39; &quot;.<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a></p>     <p>En las sociedades modernas la aplicaci&oacute;n de la ley no se justifica en s&iacute;  misma para salvaguardarla de cualquier ataque contra su validez formal, sino  que, por el contrario, cada vez m&aacute;s est&aacute; sometida a juicios constantes de valor  que, en el caso de derecho administrativo, se traducen en ex&aacute;menes de eficacia  y eficiencia de la gesti&oacute;n p&uacute;blica a partir de los principios generales que lo  estructuran en un sentido l&oacute;gico y finalista.</p>     <p><i>Por ello, dice Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, &quot;m&aacute;s que en  parte&nbsp; alguna resulta aqu&iacute; evidente que  si in esqueleto de principios generales capaz de insertar y articular en un  sistema operante y fluido este ca&oacute;tico y en perpetuo fieri aplicar, ni como  realidad a comprender, ni consecuentemente como ciencia ser&iacute;a posible&quot;.<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a></i></p>     <p><i>Por lo tanto, si dentro del derecho administrativo se  aplicara una concepci&oacute;n positiva formal como la que hemos referido y, en tal sentido,  se entendiera el principio de legalidad simplemente como el sometimiento de la administraci&oacute;n  a aplicar la norma escrita de origen formalmente reconocido, donde se prescinda  de cualquier relaci&oacute;n con principios informadores capaces de ser considerados  de ser considerados fuentes de derecho, dejar&iacute;amos atrapada a esa  administraci&oacute;n —y de paso a los particulares sujetos a su poder— en un  positivismo formalista reforzado que no s&oacute;lo limitar&iacute;a su actuaci&oacute;n y la  volver&iacute;a lenta e ineficiente, sino que adem&aacute;s podr&iacute;a conducir a graves  violaciones de los derechos de los administradores y a un arbitrario ejercicio  del poder, escondido tras la fachada de la legalidad.</i><a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a></p>     <p>Lo anterior lamentablemente no constituye una afirmaci&oacute;n hecha para la  historia de la evoluci&oacute;n de nuestro derecho administrativo, pues entre nosotros  es frecuente que la administraci&oacute;n act&uacute;e a&uacute;n como heredera y defensora de una  concepci&oacute;n positivista reforzada del principio de legalidad, desde donde la  aplicaci&oacute;n y el &#39;respeto&#39; de la norma &#39;formalmente&#39; v&aacute;lida se impone sobre los  principios que estructuran el ejercicio de la funci&oacute;n administrativa, como la  buena fe, la eficacia y la eficiencia de la gesti&oacute;n administrativa, la  publicidad y la contradicci&oacute;n, la prevalencia de la finalidad de los  procedimientos&nbsp; sobre las formas,&nbsp; el respeto por el debido proceso, etc.</p>     <p>Infortunadamente, nuestro derecho administrativo a&uacute;n se encuentra  inmerso en una cultura de legalismo formal, en la que muchas veces se da m&aacute;s  importancia al cumplimiento de la norma por s&iacute; misma, como si &eacute;sta fuera  superior y prevalente&nbsp; a las situaciones  y personas que regula y estuviera desvinculada&nbsp;  de cualquier finalidad y valor, pero se olvida que desde la propia  Constituci&oacute;n se imponen unos principios rectores (art&iacute;culo 209), luego  reafirmados en los diferentes ordenamientos reguladores de la organizaci&oacute;n y  actuaci&oacute;n administrativas.</p>     <p><i>No se trata tampoco de abrir las compuertas del  derecho administrativo a la arbitrariedad o a la defensa de potestades  discrecionales sin control, pues bien conoce la historia los riesgos de una  administraci&oacute;n no sometida al derecho, tal como lo advirti&oacute; Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a desde  su cl&aacute;sica obra Lucha contra las inmunidades del poder en el derecho  administrativo;<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a> por ello, si bien el reconocimiento de los  principios generales como fuente normativa ha tra&iacute;do grandes beneficios para la  ciencia jur&iacute;dica:</i></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La excesiva libertad, el apresurado diletantismo, el uso inmoderado de  las nuevas perspectivas abiertas a la ciencia y a la aplicaci&oacute;n del derecho por  la jurisprudencia principal &#91;...&#93; ha recortado la absoluta necesidad de una  &#39;sobriedad jur&iacute;dica&#39; y de una atenci&oacute;n concreta de los problemas y soluciones  jur&iacute;dicas, sin la pretensi&oacute;n ret&oacute;rica e irresponsable de dominarlos desde  arriba.&quot;<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a></p> </blockquote>     <p>  Se trata s&iacute; de superar la tendencia del jurista de equiparar derecho y  norma<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a> &nbsp;y, en nuestro caso, de  enriquecer el derecho administrativo, cuya estructura est&aacute; cimentada en el  principio de legalidad, con la evoluci&oacute;n que sobre el positivismo jur&iacute;dico  formal se ha dado, al considerar que derecho no es igual a ley y que su  concepto no puede reducirse a una simple regla de reconocimiento del &oacute;rgano  fuente,<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a> ya que existe una serie de principios que estructuran y  orientan el ordenamiento jur&iacute;dico y la labor de sus operadores,<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a> todo lo cual no tiene por que limitarse al mundo del derecho privado, cuando  gran parte de la vida cotidiana de las personas se mueve a trav&eacute;s del derecho  p&uacute;blico (urbanismo, servicios p&uacute;blicos, protecci&oacute;n del consumidor, sanidad,  medio ambiente, etc.).</p>     <p>Los principios del derecho responden al reconocimiento de la existencia  de fundamentos o ideas esenciales, a partir de las cuales se estructura y logra  coherencia el ordenamiento jur&iacute;dico y que, por lo mismo, no puede ser desde&ntilde;ada  por los diferentes aplicadores del derecho.</p>     <p><b>LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO Y SU APLICACI&Oacute;N  EN EL DERECHO ADMINISTRATIVO</b></p>     <p>El  reconocimiento del derecho en una acepci&oacute;n mucho m&aacute;s amplia que la del positivismo  formal resulta esencial en el Estado moderno y, especialmente, en el caso de la  administraci&oacute;n p&uacute;blica, &oacute;rgano que por excelencia tiene la comunicaci&oacute;n directa  y el encargo de la satisfacci&oacute;n de las necesidades b&aacute;sicas de los actores  privados. Por eso, dada la complejidad de las funciones p&uacute;blicas y de la  realidad social regulada, es imposible considerar el ejercicio de la funci&oacute;n  administrativa como una simple y autom&aacute;tica ejecuci&oacute;n de normas jur&iacute;dicas.</p>     <p>La vieja  f&oacute;rmula que consideraba al Ejecutivo como un simple actualizador de la voluntad  del legislador a la luz de potestades completamente regladas —mediante una  operaci&oacute;n silog&iacute;stica— resulta hoy en d&iacute;a un simple mito que no corresponde a  las exigencias actuales del complejo social, en el que se presenta &quot;una nueva  concepci&oacute;n de las funciones de la administraci&oacute;n, que entremezcla su legitimaci&oacute;n  legal–racional basada en el cumplimiento de los procedimientos preestablecidos,  con una legalidad basada en la eficacia y orientada a la evaluaci&oacute;n de los  resultados de su acci&oacute;n&quot;<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a></p>     <p>La  legitimidad de la administraci&oacute;n de los Estados modernos, que como organizaci&oacute;n  burocr&aacute;tica no la deriva del voto popular, no se detiene en la simple  observancia vac&iacute;a de formas y normas de competencia, sino que se desplaza hacia  la eficacia de su actuaci&oacute;n, en la que el uso de los recursos p&uacute;blicos &quot;debe  ser efectuada de manera racional&quot;,<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a> a fin de generar un cambio  radical en el cl&aacute;sico papel atribuido a la rama ejecutiva  como simple aplicadora de leyes, de reglamentos y de actos administrativos generales.  En tal sentido, Fosthoff, citado por Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, advierte que &quot;no la  simple t&eacute;cnica de ciertas formas jur&iacute;dicas, sino s&oacute;lo la vinculaci&oacute;n a  principios jur&iacute;dicas, sino s&oacute;lo la vinculaci&oacute;n a principios jur&iacute;dicos  materiales y puede asegurar hoy en la medida necesaria, libertad individual y  justicia social, legitimando al Estado de Derecho&quot;.<a href="#14" name="s14"><sup>14</sup></a></p>     <p>En  consecuencia, si la administraci&oacute;n tiene su propia legitimaci&oacute;n y, asimismo,  tiene revalorados las concepciones de reserva absoluta de la ley —donde la  &uacute;nica fuente normativa v&aacute;lida era la parlamentaria—, el principio de legalidad  deja de ser la simple ejecuci&oacute;n con respecto formal de la norma superior y de  los procedimientos de expedici&oacute;n del acto, para transformarse, como bien  advierte parejo,<a href="#15" name="s15"><sup>15</sup></a> en el sometimiento de la administraci&oacute;n a &quot;la  totalidad del ordenamiento jur&iacute;dico&quot;, es decir, tanto a las normas formalizadas  y escritas, no importa su jerarqu&iacute;a, como a las no formalizadas: principios  generales de derecho y costumbre.</p>     <p>De esta  manera, la aplicaci&oacute;n de los principios generales del derecho no funciona  &uacute;nicamente como herramienta de control de las potestades discrecionales, donde  sin ning&uacute;n lugar a dudas tiene un papel definitivo, sino que tambi&eacute;n constituye  un criterio informador de todas las actuaciones administrativas, incluso las  regladas.<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Por ello, la reflexi&oacute;n hecha por Soriano sobre los  operadores jur&iacute;dicos y la frecuente aplicaci&oacute;n del derecho entre particulares  sin la intervenci&oacute;n de los &oacute;rganos de poder del Estado<a href="#17" name="s17"><sup>17</sup></a> se extiende,  sin duda, a la actividad de la administraci&oacute;n, que se erige en uno de los m&aacute;s  importantes operadores jur&iacute;dicos en la sociedad actual. Esta calidad que,  adem&aacute;s de ser connatural e inherente a su funci&oacute;n esencial de ejecuci&oacute;n de la  ley, se ha incrementado notablemente y de forma paralela a la que se ha  denominado la administrativizaci&oacute;n del hecho privado, a cuyo amparo el  ordenamiento jur&iacute;dico ha entregado a la rama ejecutiva de la misi&oacute;n de  concretar la intervenci&oacute;n estatal en la esfera privada, especialmente en  aquellas actividades en las que se impone la necesidad de proteger intereses  generales y reducir y controlas sus riesgos, y se le ha entregado a la  administraci&oacute;n facultades sancionatorias que anta&ntilde;o se consideraron exclusivas  de la justicia penal.<a href="#18" name="s18"><sup>18</sup></a></i></p> </blockquote>     <p>Al ser la  administraci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de las discusiones de su poder normativo, un aplicador  constante del derecho, no se justificar&iacute;a en absoluto su divorcio de los  principios generales del derecho, pues &eacute;stos constituyen una garant&iacute;a concreta  y exigible para el correcto ejercicio de sus potestades y su posterior control  por parte de los jueces, m&aacute;s a&uacute;n cuando aqu&eacute;lla goza de privilegios especiales  e innatos al ejercicio de la funci&oacute;n administrativa, como la unilateralidad, la  decisi&oacute;n previa y la ejecutoriedad.</p>     <p>  No existe  posibilidad de condensar las normas de derecho administrativo en un conjunto  separado y limitado de disposiciones que justifiquen una simple aplicaci&oacute;n  positiva formal, pues ello ser&iacute;a insuficiente para que la administraci&oacute;n pueda  cumplir cabalmente sus funciones.<a href="#19" name="s19"><sup>19</sup></a> No resulta errado afirmar que  una marginaci&oacute;n de la administraci&oacute;n de los principios generales del derecho,  como normas rectoras de su actividad, al desligarla de objetivos y fines  innatos al ordenamiento jur&iacute;dico, para reducirla a medios y l&iacute;mites formales,  terminar&iacute;a en una &quot;exclusi&oacute;n sustancial de la Administraci&oacute;n del &aacute;mbito del  Derecho&quot;.<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a></p>     <p><b>LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO ADMINISTRATIVO Y  SUS FUNCIONES COMO FUENTE DE DERECHO. LA NULIDAD COMO SANCI&Oacute;N A SU VIOLACI&Oacute;N</b></p>     <p>Vedel  afirma que la autonom&iacute;a del derecho administrativo se da no solamente por la  derogatoria de las normas de derecho privado, sin especialmente y sobre todo  por la existencia de &quot;principios propios, incluso en materias en que el  legislador no ha descartado expresamente la aplicaci&oacute;n del derecho civil: as&iacute;,  en materia de responsabilidad o de contratos&quot;.<a href="#21" name="s21"><sup>21</sup></a></p>     <blockquote>       <p><i>El profesor Cassagne ha diferenciado as&iacute; los  principios generales de derecho —orientadores de todo el ordenamiento jur&iacute;dico  y calificado por ello como fundamentales— de aqu&eacute;llos de car&aacute;cter  institucional, que constituyen las bases estructurales sobre las cuales est&aacute;n  cimentadas de forma espec&iacute;fica ciertas organizaciones jur&iacute;dicas. Para nuestro  estudio es posible diferenciar la presencia de principios de derecho en el derecho  administrativo de verdaderos principios generales del derecho administrativo,  en el sentido de que &quot;su especialidad y fundamento institucional no permite  extenderlos a todas las ramas de derecho, particularmente al derecho privado&quot;.</i><a href="#22" name="s22"><sup>22</sup></a></p> </blockquote>     <p>Tal  afirmaci&oacute;n no se reduce hoy en d&iacute;a a los dos aspectos que se&ntilde;alaba Vedel, sino  que se extiende de forma general a todo el derecho administrativo desde la  propia Constituci&oacute;n, tal como se observa, por ejemplo, en el caso espa&ntilde;ol  —donde se someten a la administraci&oacute;n, al derecho y a la ley (art&iacute;culo 103.1 de  la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola) — o en el colombiano, donde se ordena que la funci&oacute;n  administrativa se ejerza de conformidad con principios generales como la  imparcialidad, la eficacia, la moralidad, la igualdad, etc.</p>     <p>M&aacute;s a&uacute;n, en el  derecho colombiano las regulaciones normativas de los diversos temas propios  del derecho administrativo ordenan expresamente aplicar cada una de ellas a  determinados principios que articulan y orientan el ejercicio de las  respectivas competencias y funciones, es decir, adem&aacute;s de su consagraci&oacute;n  constitucional, el caso colombiano  presenta un refuerzo del valor normativo de los principios del derecho  administrativo a partir de normas de rango legal que los consagra expresamente  en sus espacios naturales: organizaci&oacute;n de las entidades p&uacute;blicas (Ley 489 de  1998), ejercicio de la funci&oacute;n administrativa (C&oacute;digo Contencioso  Administrativo), contrataci&oacute;n p&uacute;blica (Ley 80de 1993), r&eacute;gimen disciplinario de  los funcionarios (Ley 20 de 1995), entre otros.</p>     <p>Tomando como  ejemplo el r&eacute;gimen de contrataci&oacute;n, es posible observar c&oacute;mo toda la estructura  del proceso licitatorio se encuentra basada en tres principios rectores —transparencia,  econom&iacute;a y responsabilidad—, que permiten no s&oacute;lo dar coherencia l&oacute;gica a dicha  actividad, sino que garantiza una debida interpretaci&oacute;n de las soluciones  jur&iacute;dicas que se den ante casos dif&iacute;ciles o no regulados expresamente. Incluso,  la misma ley de contrataci&oacute;n reafirma que, adem&aacute;s, se aplicar&aacute; a los principios  rectores de la funci&oacute;n administrativa y a los principios generales del derecho  (art&iacute;culo 23).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ello  resultas contradictorio que, a pesar de su consagraci&oacute;n constitucional y legal,  los principios de derecho administrativo no hayan tenido entre nosotros el  desarrollo y la importancia que en otras legislaciones han tenido en el  ejercicio, en la interpretaci&oacute;n y en el control de la actividad de la  administraci&oacute;n, cuando precisamente una de las caracter&iacute;sticas de su  consolidaci&oacute;n en el derecho comparado es que han ganado su espacio al margen de  normas expresas y, precisamente, como reacci&oacute;n al culto rendido al formalismo  innato del positivismo jur&iacute;dico; porque, como se&ntilde;ala Cassagne, &quot;su vigencia  como fuentes no depende de su recepci&oacute;n formal por el ordenamiento positivo  puesto que constituyen el fundamento de las dem&aacute;s fuentes del derecho&quot;.<a href="#23" name="s23"><sup>23</sup></a></p>     <p>Incluso es  necesario advertir que la legalizaci&oacute;n de ciertos principios de derecho  administrativo no puede generar confusi&oacute;n sobre su verdadera jerarqu&iacute;a, pues  &eacute;sta es superior a la de una norma ordinaria ya que , como concluye el profesor  Cassagne, por ser los principios generales de derecho &quot;el origen o el  fundamento de las normas y, en definitiva la causa del derecho positivo, ellos  participan de la idea b&aacute;sica de principalidad en sentido ontol&oacute;gico, de la que  se desprende la primac&iacute;a de los principios sobre las normas&quot;.<a href="#24" name="s24"><sup>24</sup></a></p>     <p>Como resalta  Dworkin, se cometer&iacute;a un grave error si se pretendiera negar el car&aacute;cter  vinculante y obligatorio que tienen los principios dentro del ordenamiento  jur&iacute;dico, bas&aacute;ndose en la aplicaci&oacute;n de una simple regla de reconocimiento de  la fuente normal.<a href="#25" name="s25"><sup>25</sup></a></p>     <blockquote>       <p><i>De esta jerarqu&iacute;a se desprende precisamente que, en su  condici&oacute;n ontol&oacute;gica de fuente de derecho de categor&iacute;a especial y superior de  la norma com&uacute;n, los principios de derecho administrativo tengan tres funciones  d vital importancia en la ciencia jur&iacute;dica</i> <i>contempor&aacute;nea: (i)  fundamentadora: en su condici&oacute;n de causa y estructura del derecho  administrativo repelen y excluyen del ordenamiento las normas que les sean  contrarias; (ii) integradora: permiten llenar vac&iacute;os y lagunas; y, finalmente,  (iii) informadora de la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica: impone una interpretaci&oacute;n  normativa acorde con ellos, lo que a su vez determina el car&aacute;cter extensivo o restrictivo  que el aplicador de la norma debe dar a &eacute;sta.<a href="#26" name="s26"><sup>26</sup></a></i></p> </blockquote>     <p>Por ello, bien  concluye Cassagne que los principios obran de manera que permiten realizar &quot;una  labor correctiva o extensiva de las normas&quot;, pues despliegan, en t&eacute;rminos de  Parejo Alfonso, &quot;una triple eficacia&quot; —heur&iacute;stica, inventiva y organizativo—,  que asegura al derecho administrativo &quot;la necesaria reflexividad para, en su  din&aacute;mica, adaptarse a las circunstancias diversas y a la evoluci&oacute;n social&quot;.<a href="#27" name="s27"><sup>27</sup></a></p>     <p>Estas tres  funciones esenciales de los principios del derecho:</p>     <blockquote>       <p>...no son como  tantas veces se ha repetido &#91;dice Margarita Belad&iacute;ez Rojo&#93; m&aacute;s que diversas  manifestaciones de lo que constituye su verdadera y, en sentido estricto, &uacute;nica  funci&oacute;n: su funci&oacute;n como fuente de Derecho. De hecho estas tres funciones  aparentemente distintas —refiri&eacute;ndose a su car&aacute;cter fundamentador, integrador y  de prescripci&oacute;n interpretativa— est&aacute;n tan estrechamente vinculadas entre s&iacute;,  que muchos supuestos, resulta imposible su aplicaci&oacute;n por separado.<a href="#28" name="s28"><sup>28</sup></a></p> </blockquote>     <p><i>&iquest;Cu&aacute;l es entonces la consecuencia de violar estos  principios generales, de los que decimos tienen valor normativo? La respuesta  es consecuente con lo afirmado hasta ahora: la nulidad. En la medida en que los  principios se integran a las fuentes del derecho, conformen el denominado  bloque de legalidad<a href="#29" name="s29"><sup>29</sup></a> y se estructuran como disposiciones de  car&aacute;cter general que imponen un deber gen&eacute;rico de no violaci&oacute;n, la consecuencia  l&oacute;gica es que su desconocimiento permitir&aacute; demandar la nulidad en cuento que,  en t&eacute;rminos del art&iacute;culo 84 del C&oacute;digo Contencioso Administrativo, habr&iacute;a una  infracci&oacute;n de las normas en las que el acto administrativo deber&iacute;a fundarse.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En consecuencia,  no se justifica que ante este repertorio de funciones innatas a los principios  generales y de derecho administrativo, y que al estar castigada su  inobservancia con la nulidad, tanto la administraci&oacute;n como los particulares  queden sustra&iacute;dos de las garant&iacute;as que ellos otorgan y de las ventajas que  representan para la aplicaci&oacute;n de un derecho administrativo m&aacute;s eficiente y  respetuoso de las relaciones entre autoridad y administrado.</p>     <p><b>PRINCIPIOS DEL DERECHO Y ARBITRARIEDAD</b></p>     <p>La advertencia  de Garc&iacute;a Enterr&iacute;a sobre la necesidad de mantener un grado m&iacute;nimo de sobriedad  jur&iacute;dica en el momento de abordar este tema nos lleva igualmente a la reflexi&oacute;n  a&uacute;n m&aacute;s exigente del profesor Alejandro Nieto, en cuanto a que si bien los  principios generales de derecho han tra&iacute;do nuevas perspectivas y avances en el  derecho administrativo, ellos no pueden disolver las normas jur&iacute;dicas y el  principio de legalidad, pues su auge ha dejado expuesto al derecho a ciertos  peligrosos.<a href="#30" name="s30"><sup>30</sup></a></p>     <p>  Esto nos impide  pasar por alto dos l&iacute;mites fundamentales que debe tenerse en cuenta cuando nos  referimos a los principios generales del derecho, especialmente en el caso de  aquellos que son propios del derecho administrativo.</p>     <p>En primer lugar,  en cuanto a las potestades de la administraci&oacute;n, los principios del derecho  administrativo no son fuente de competencias legales aut&oacute;nomas para la  expedici&oacute;n de actos administrativos, es decir, su observancia y su aplicaci&oacute;n  se dan dentro ejercicio de las competencias legales ya atribuidas por el  ordenamiento jur&iacute;dico al funcionario administrativo. Esta primera limitaci&oacute;n es  de vital importancia, porque a la luz de los principios del derecho  administrativo no puede abrirse un haz indeterminado de competencias  administrativas, ya que ello s&iacute; ser&iacute;a fuente de arbitrariedad e inseguridad  jur&iacute;dica, con el consiguiente riesgo se&ntilde;alado por el profesor Nieto de  desintegraci&oacute;n del ordenamiento.</p>     <p>En tal sentido,  los principios, por su car&aacute;cter general, no est&aacute;n dise&ntilde;ados para regular casos  espec&iacute;ficos mediante la fijaci&oacute;n de supuestos de hechos que generan potestades  administrativas, sino para que, dentro del ejercicio de las competencias  atribuidas por la ley a la administraci&oacute;n, &eacute;sta act&uacute;e con respeto y observancia  de una reglas m&iacute;nimas que estructuran, informan y orientan el derecho  administrativo. As&iacute;, por ejemplo, el principio de eficacia del art&iacute;culo 3 del  C&oacute;digo Contencioso Administrativo no permitir&aacute; por si s&oacute;lo adjudicar un bien  bald&iacute;o a quien no acredita su derecho conforme a la ley o haya iniciado el  correspondiente procedimiento administrativo, pero s&iacute; permitir&aacute; a la  administraci&oacute;n remover obst&aacute;culos formales para que en el momento de resolver  una determinada solicitud, d&eacute; prevalencia al derecho sustancial que le asista  al explotador de tales predios.</p>     <p>Es lo que  Dworkin explica cuando afirma que los principios generales del derecho no obran  como prescripciones o proposiciones jur&iacute;dicas, en el mismo sentido de una norma  com&uacute;n, ya que &quot;ni siquiera los que m&aacute;s se asemejan a normas establecen  consecuencias jur&iacute;dicas que se sigan autom&aacute;ticamente cuando se satisfacen las  condiciones previstas&quot;<a href="#31" name="s31"><sup>31</sup></a>, es decir, un principio permite, y si  resulta del caso —dice Dworkin—, tener en cuenta un asunto concreto para  decidir uno u otro sentido.</p>     <blockquote>       <p><i>En segundo lugar, ya no desde el punto de vista de la  administraci&oacute;n, sino desde la perspectiva de los particulares, los principios  jur&iacute;dicos de derecho administrativo no otorgan derechos subjetivos  patrimoniales espec&iacute;ficos, pues no conllevan por s&iacute; mismos una facultad para  exigir el ordenamiento p&uacute;blico una determinada prestaci&oacute;n. En tal sentido,  tales principios est&aacute;n orientados a asegurar la existencia de determinadas garant&iacute;as  a favor dl particular en forma de deberes jur&iacute;dicos de car&aacute;cter negativo </i>—<i>deber general  de no obrar en su contra</i>— <i>y que por  mismo no constituyen t&iacute;tulo jur&iacute;dico suficiente para exigir una prestaci&oacute;n  concreta de la administraci&oacute;n.<a href="#32" name="s32"><sup>32</sup></a></i></p> </blockquote>     <p>Por estas dos  razones, los principios del derecho administrativo act&uacute;an dentro del desarrollo  ordinario de la actividad de la administraci&oacute;n, pero no son la potestad o el derecho subjetivo mismo, ni otorgan derechos, ni  conceden competencias, pero s&iacute;, y de ah&iacute; su importancia identifican, ordenan y  orientan la aplicaci&oacute;n que la administraci&oacute;n har&aacute; de la norma aplicable en cada  caso, a fin de garantizar que se respeten las bases donde el derecho  administrativo se fundamenta, por medio de su triple funci&oacute;n fundamentadora,  integradora y de ordenaci&oacute;n interpretativa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  As&iacute;, los  principios generales de derecho administrativo se constituyen precisamente, en  un l&iacute;mite a la arbitrariedad, en la medida en que permiten ejercer un control  m&aacute;s adecuado de la actuaci&oacute;n de las autoridades administrativas, especialmente  cuando &eacute;stas se encuentran ejerciendo potestades discrecionales y actuando como  decantadores de decisiones que si bien formalmente pueden ser v&aacute;lidas, esconden  en su seno la violaci&oacute;n de los principios en que deber&iacute;a fundarse.<a href="#33" name="s33"><sup>33</sup></a></p>     <p><b>A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N. LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL  DERECHO ADMINISTRATIVO, UNA HERRAMIENTA Y UN RETO PARA LA RECONSTRUCCI&Oacute;N DEL ESTADO</b></p>     <p>En las  sociedades contempor&aacute;neas la administraci&oacute;n p&uacute;blica se erige como canalizador  por excelencia de las expectativas y necesidades sociales, pues es su  efectividad y eficacia, por una parte, y su respeto a la dignidad humana y a  las garant&iacute;as individuales, por otro, lo que permite que en su vida diaria las  personas se acerquen al Estado y reafirmen o pongan en duda sus sentimientos de  reconocimiento de legitimidad hacia el sistema.</p>     <p>Una sociedad que  percibe a su administraci&oacute;n como una organizaci&oacute;n burocratizada y lenta,  incapaz de obrar con eficiencia y eficacia, o que le teme por verse expuesta  constantemente a actuaciones violatorias de las garant&iacute;as individuales, tender&aacute;  a alejarse del Estado y, contrario a los fines de cohesi&oacute;n social, ser&aacute; proclive  a marginarse de la legalidad y actuar en la legalidad.</p>     <p>Cuando el costo  de la legalidad es tan alto, bien por el excesivo formalismo de los tr&aacute;mites  ante la administraci&oacute;n,<a href="#34" name="s34"><sup>34</sup></a> bien por su ineficacia o por su  arbitrariedad, se asume el gran riesgo de empujar a los administrados a  realizar sus actividades al margen del Estado, a partir de la creencia errada  de que con el paso del tiempo esa ilegalidad ha de ser respetada y amerita  protecci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico.</p>     <p>Por ello, una  administraci&oacute;n racional, eficiente y garante de los derechos de los  administrados resulta fundamentalmente para mantener los derechos de los  administrados resulta fundamental para mantener la cohesi&oacute;n social y la uni&oacute;n  que se requiere entre el Estado y la sociedad. En escenarios de guerra como el  actual, una administraci&oacute;n p&uacute;blica legitimada a partir de su actuaci&oacute;n ser&aacute;  indispensable para que el Estado logre mantener unida a la sociedad civil en su  defensa del ordenamiento contra los violentos. En escenarios de paz, una buena  administraci&oacute;n ser&aacute; indispensable para mantener la armon&iacute;a social y para evitar  que nuevamente puedan generarse espacios de ilegitimidad y de actuaci&oacute;n de los  violentos.</p>     <p>  Para llegar a  una administraci&oacute;n p&uacute;blica capaz de asumir los retos que le presenta la  realidad social de nuestro pa&iacute;s, en cuanto al respeto de los derechos de las  personas y a la asunci&oacute;n de&nbsp; proyectos  p&uacute;blicos eficientes que proyecten al pa&iacute;s a &iacute;ndices deseados de desarrollo le  otorguen la legitimidad necesaria para lograr su respaldo y aceptaci&oacute;n, es  indispensable dotarla de instrumentos jur&iacute;dicos eficaces que le permitan una  interpretaci&oacute;n m&aacute;s ajustada del derecho p&uacute;blico, a partir de un principio de  legalidad reconstruido sobre la base de un bloque de legalidad integral no s&oacute;lo  por normas formales, sino tambi&eacute;n por los principios que orientan y estructuran  la actuaci&oacute;n administrativa hacia el logro del inter&eacute;s general.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, Eduardo, <i>Reflexiones sobre la ley y los principios  generales del dereho&cedil; </i>Madrid, Civitas. 1984, p. 17</p>     <p> <a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Dworkin, Ronald, <i>Los derechos en serio, </i>Barcelona, Ariel,  1984.</p>     <p> <a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> Soriano, Ram&oacute;n, <i>Comprendio de teor&iacute;a general del derecho, </i>Barcelona,  Ariel, 1986.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> <i>Ibid., </i>p. 27.</p>     <p> <a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> Ib&iacute;d., p. 39.</p>     <p> <a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> Al respecto podemos ver  diversos trabajos publicado sobre arbitrariedad y discrecionalidad (S&aacute;nchez  Mor&oacute;n, Beltr&aacute;n de Felipe, Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, Tom&aacute;s Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez, entre  otros) y sus limitaciones a partir de los principios generales del derecho, m&aacute;s  all&aacute; que desde la propia ley formal, a cuyo tenor es posible que una decisi&oacute;n  discrecional arbitraria pueda tomar una apariencia de validez desde sus  elementos reglados, pero ser completamente contraria respecto de principios y  prohibiciones superiores que orientan y estructuran todo el ordenamiento  jur&iacute;dico.</p>     <p> <a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a,  Eduardo, <i>Lucha contra las inmunidades del  poder en el derecho administrativo</i>, Madrid, Civitas, 1983.</p>     <p> <a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, <i>Reflexiones... op cit.,</i> p. 47.</p>     <p> <a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> Dworkin, <i>op cit., </i>p. 92</p>     <p> <a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> <i>Ibid., p. </i>70.</p>     <p> <a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> Soriano se&ntilde;ala  la importancia que en la ciencia jur&iacute;dica tiene la aplicaci&oacute;n del derecho y la  labor interpretativa de los operadores jur&iacute;dicos, a pesar del lugar secundario  que se ha dado al tema (Soriano, <i>op cit., </i>p. 191).</p>     <p> <a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Thury Cornejo,  Valent&iacute;n, &quot;Control de la actividad administrativa. Discrecionalidad t&eacute;cnica y  motivaci&oacute;n&quot;, en <i>Revista Jur&iacute;dica de la  Comunidad de Madrid,</i> No. 3&nbsp; mayo–julio,  1999, p. 2.</p>     <p> <a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> <i>Ibid., </i>p. 3.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 40.</p>     <p> <a href="#s15" name="15"><sup>15</sup></a> Parejo Alfonso, Luciano, <i>Manual de derecho administrativo,</i> Barcelona, Ariel, 1994.</p>     <p> <a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, Jes&uacute;s,&nbsp; <i>El principio general de la buena  fe en el derecho administrativo,</i> Madrid, Civitas, 1983.</p>     <p> <a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 191.</p>     <p> <a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> Nieto, Alejandro, <i>Derecho  administrativo sancionador, </i>Madrid, Tecnos, 1994, p. 29.</p>     <p> <a href="#s19" name="19"><sup>19</sup></a> <i>Ibid., </i>p. 40.</p>     <p> <a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> Garc&iacute;a de  Enterr&iacute;a citando a Forsthoff, <i>op cit., </i>p.  40.</p>     <p> <a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> Vedel, George, <i>Derecho administrativo, </i>Madrid, Aguilar,  1980.</p>     <p> <a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> Cassagne, Juan  Carlos, <i>Los principios generales del  derecho en el derecho administrativo, </i>Buenos Aires, Abeledo–Perrot, 1992,  p. 91.</p>     <p> <a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p.  64.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s24" name="24"><sup>24</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>p.  29.</p>     <p> <a href="#s25" name="25"><sup>25</sup></a> <i>Ib&iacute;d., p. 89.</i></p>     <p> <a href="#s26" name="26"><sup>26</sup></a> Gonz&aacute;lez, <i>op  cit.,</i> p. 50 y Cassagne, <i>op cit.,</i> p. 44</p>     <p> <a href="#s27" name="27"><sup>27</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p.  173.</p>     <!-- ref --><p> <a href="#s28" name="28"><sup>28</sup></a> Belad&iacute;ez Rojo, Margarita, Los principios jur&iacute;dicos,  Madrid, Tecnos, 1994,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-0579200200020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> p. 113</p>     <p> <a href="#s29" name="29"><sup>29</sup></a> Cassagne, <i>op  cit.,</i> p. 94.</p>     <p> <a href="#s30" name="30"><sup>30</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>&nbsp;p. 40. </p>     <p> <a href="#s31" name="31"><sup>31</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>p.  75. V&eacute;ase tambi&eacute;n Belad&iacute;ez, <i>op. cit., </i>p.  83 y ss</p>     <p> <a href="#s32" name="32"><sup>32</sup></a> Belad&iacute;ez, <i>op cit</i>.,  p. 405. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#s33" name="33"><sup>33</sup></a> Parejo <i>op cit., </i>p.  405.</p>     <p> <a href="#s34" name="34"><sup>34</sup></a> Soto, Hernando de, <i>El  otro sendero,</i> Bogot&aacute;, Oveja Negra, 1987.</p> <hr>     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <p>Belad&iacute;ez Rojo,  Margarita, <i>Los principios jur&iacute;dicos</i>,  Madrid, Tecnos, 1994.</p>     <!-- ref --><p>  Cassagne, Juan  Carlos, <i>Los principios generales del  derecho en el derecho administrativo. </i>Buenos Aires, <i>Abeledo–Perrot, </i>1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-0579200200020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Dworkin<i>, </i>Ronald, <i>Los derechos en serio, </i>Barcelona, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-0579200200020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Garc&iacute;a de  Enterr&iacute;a, Eduardo, <i>Reflexiones sobre la  ley y los principios generales del derecho</i> Madrid, Civitas, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-0579200200020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>________ <i>Lucha contra las inmunidades del poder en el derecho  administrativo, </i>Madrid, Civitas, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-0579200200020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Gonz&aacute;lez P&eacute;rez,  Jes&uacute;s, <i>El principio general de la buena  fe en el derecho administrativo</i>, Madrid, Tecnos, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-0579200200020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Parejo Alfonso,  Luciano, <i>Manual de derecho  administrativo, </i>Barcelona, Ariel, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-0579200200020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Soriano, Ram&oacute;n, <i>Compendio de teor&iacute;a general del derecho, </i>Barcelona,  Ariel, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-0579200200020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Soto, Hernando  de, <i>El otro sendero</i>, Bogot&aacute;, Oveja  Negra, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-0579200200020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>  Thurby Cornejo,  Valent&iacute;n, &quot;Control de la actividad administrativa, Discrecionalidad t&eacute;cnica y  motivaci&oacute;n&quot;, en <i>Revista jur&iacute;dica de la  Comunidad de Madrid</i>, No. 3, mayo–julio, 1999, p. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-0579200200020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>  Vedel, George, <i>Derecho administrativo</i>, Madrid, Aguilar,  1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-0579200200020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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