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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Políticas británicas en las primeras colonias americanas. Crítica a la visión mítica sobre su establecimiento y efectos sobre la construcción de la tradición legal estadounidense]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b><i>Pol&iacute;ticas brit&aacute;nicas en las primeras colonias americanas. Cr&iacute;tica a la visi&oacute;n m&iacute;tica sobre su establecimiento y efectos sobre la construcci&oacute;n de la tradici&oacute;n legal estadounidense</i></b></font></p>      <p><b><i>Mauricio Beltr&aacute;n Cristancho</i></b><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Profesor de la Facultad de Jurisprudencia, Universidad del Rosario.</p> <hr>       <p> La indagaci&oacute;n sobre la tradici&oacute;n jur&iacute;dica del <i>common law</i> tom&oacute; gran importancia para analizar y evaluar nuestra tradici&oacute;n jur&iacute;dica, y esto es f&aacute;cil de verificar pues la bibliograf&iacute;a jur&iacute;dica sobre el tema aument&oacute; en Iberoam&eacute;rica, especialmente en la segunda mitad de la d&eacute;cada de los noventa.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>      <p>En Colombia este hecho es particularmente evidente, porque la controversia que se gener&oacute; desde inicios de la mencionada d&eacute;cada, cuando se introdujo la idea del precedente en la Corte Constitucional, indudablemente era un intento de un sector reformista del gobierno de C&eacute;sar Gaviria que le apostaba a las bondades de esta figura, dada la experiencia de la tradici&oacute;n anglosajona, pero muy particularmente la estadounidense. As&iacute; las cosas, fue la discusi&oacute;n sobre las fuentes, desde la perspectiva de los Estados Unidos, la que acapar&oacute; inicialmente la atenci&oacute;n de los estudios jur&iacute;dicos nacionales, tal como lo comprueban los textos que al respecto empezaron a circular en el pa&iacute;s y que recalcaban el car&aacute;cter ideol&oacute;gico del proceso de aplicaci&oacute;n de derecho.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup></p>      <p>Sin embargo, se puede argumentar que la discusi&oacute;n que genera el an&aacute;lisis del <i>common law</i> apenas se inicia en Colombia e Iberoam&eacute;rica, pues si bien el estudio del precedente ha sido prol&iacute;fico, la indagaci&oacute;n sobre otros aspectos parece estar aplazada. Este hecho se evidencia cuando se examinan los textos en espa&ntilde;ol que circulan en el pa&iacute;s, los cuales se limitan a menos de una decena de libros generados casi en su totalidad en Espa&ntilde;a, y donde s&oacute;lo tres traducciones de los autores Roland S&eacute;roussi, Allan Farnsworth y Lawrence Friedman abordan con diferente extensi&oacute;n el estudio de los factores que incidieron en la formaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de las primeras colonias en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os del siglo XVI y los primeros 20 del XVII. Adicionalmente, su efecto sobre la tradici&oacute;n jur&iacute;dica que se consolid&oacute;, tema general del presente trabajo. </p>      <p>La tradici&oacute;n jur&iacute;dica se entiende, siguiendo a John Merryman, como el conjunto de actitudes sobre la naturaleza del derecho, la organizaci&oacute;n y funcionamiento del sistema jur&iacute;dico, as&iacute; como la forma en que el derecho "tiene que ser creado, aplicado, estudiado, perfeccionado y ense&ntilde;ado",<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> y agrega el autor que esto no se puede analizar si se ignora el condicionamiento hist&oacute;rico de las actitudes que tratan todos estos aspectos. </p>      <p>Con respecto al tema de este escrito, S&eacute;roussi, el primero de los tres autores mencionados, se ocupa en un cap&iacute;tulo de tres p&aacute;ginas de la "historia y originalidad del derecho norteamericano" y en cuatro p&aacute;rrafos de &eacute;ste se limita a concluir que el derecho ingl&eacute;s no era id&oacute;neo para resolver los problemas a los que se enfrentaban las colonias de la primera mitad del siglo XVII y, por lo tanto, se trataba de un derecho "bastante primitivo &#91;...&#93; an&aacute;rquico y poco elaborado".<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup></p>       <p>Por su parte, Farnsworth acepta este argumento en su<i> Introducci&oacute;n al sistema legal de los Estados Unidos </i>y presenta otros ingredientes en un an&aacute;lisis de dos p&aacute;ginas, y por lo tanto superficial, sobre los antecedentes hist&oacute;ricos del sistema en el cap&iacute;tulo primero de su libro. All&iacute; argumenta que no "es posible una comprensi&oacute;n adecuada del sistema legal norteamericano sin el conocimiento de la forma en que estas colonias individuales se fundieron en una &uacute;nica naci&oacute;n...", pues anteriormente las caracter&iacute;sticas eran la diversidad y la autonom&iacute;a de las colonias.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> El autor insiste en que la influencia del derecho ingl&eacute;s, desde el primer asentamiento en 1607, fue incipiente y que el origen del sistema jur&iacute;dico se explicar&iacute;a a partir de la Revoluci&oacute;n de 1776, momento en el cual se iniciar&iacute;a el proceso de consolidaci&oacute;n de la naci&oacute;n estadounidense. De esta manera, el actual profesor de la Universidad de Columbia desconoce los m&aacute;s de 150 a&ntilde;os de historia desde el establecimiento de la primera colonia en 1607, al definirlos como un per&iacute;odo de resistencia al sistema jur&iacute;dico ingl&eacute;s. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n el trabajo de este profesor, traducido no s&oacute;lo al espa&ntilde;ol, sino tambi&eacute;n al franc&eacute;s,<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> tres circunstancias explicar&iacute;an esa resistencia: primero, la insatisfacci&oacute;n de los colonos sobre algunos aspectos de la justicia inglesa, pues ellos "hab&iacute;an llegado en busca de libertad religiosa, pol&iacute;tica o econ&oacute;mica"; segundo, la carencia de abogados experimentados, y, tercero, se&ntilde;alado tambi&eacute;n por S&eacute;roussi, la ineficacia de normas dictadas para la vida en Inglaterra, que en muchas instancias no se equiparaban a las circunstancias de las colonias.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup></p>      <p>Por &uacute;ltimo, el profesor estadounidense Friedman, en su<i> Introducci&oacute;n al derecho norteamericano</i>, traducido en Espa&ntilde;a en 1988, se ocupa con mayor profundidad del desarrollo hist&oacute;rico del derecho estadounidense, y argumenta que "el derecho ser&iacute;a s&oacute;lo un conjunto de palabras en un papel si no tuvi&eacute;ramos en cuenta la manera como la gente de la sociedad actual piensa, siente y act&uacute;a frente a la ley. Los preceptos, las disposiciones legales y las normas carecen de eficacia si algo no sucede; si no hay nada que las ponga<i> en movimiento</i>".<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> Y esto que le da movimiento al sistema jur&iacute;dico es, seg&uacute;n el autor, la cultura jur&iacute;dica.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> Insiste &eacute;ste en que la estructura formal de un sistema jur&iacute;dico, sin la cultura jur&iacute;dica es inerte, "es como un pescado en un cesto, en lugar de un pez nadando en el mar".<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup></p>      <p>Este enfoque es interesante si se compara con los trabajos, primero, del otro profesor estadounidense Allan Farnsworth y, posteriormente, con el del franc&eacute;s Roland S&eacute;roussi. Para ellos, el estudio del sistema estadounidense se limita a la estructura formal que surge con la consolidaci&oacute;n del Estado al derrotar al imperio brit&aacute;nico y de ah&iacute; las conclusiones extremadamente sencillas de estos autores sobre la historia del derecho en el per&iacute;odo colonial. En cambio Friedman se aproxima a una visi&oacute;n m&aacute;s enriquecedora del sistema federal legal de los Estados Unidos, gracias a su perspectiva hist&oacute;rica.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> En este orden de ideas, este autor argumenta que en las sociedades peque&ntilde;as y simples no se necesita preferencialmente un derecho formal, modelado, basado en textos escritos. "La costumbre es la ley. La opini&oacute;n p&uacute;blica -lo que puedan pensar los amigos, parientes y vecinos- es una fuerza poderosa, un fuerte medio de presi&oacute;n".<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup></p>      <p>De tal suerte que la calificaci&oacute;n de un derecho primitivo, an&aacute;rquico y poco elaborado, por parte de S&eacute;roussi, resulta, por lo menos, insuficiente para Friedman, quien cita el ejemplo de c&oacute;mo en los inicios del per&iacute;odo colonial en Massachusetts se obligaba a los delincuentes a sentarse con el cepo puesto y en un lugar donde el resto de la comunidad pudiera verlos, no s&oacute;lo para producirles dolor f&iacute;sico, sino adem&aacute;s escarnio y verg&uuml;enza p&uacute;blica.<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup> As&iacute;, el profesor estadounidense insin&uacute;a que en el per&iacute;odo colonial, dado el tama&ntilde;o reducido de las comunidades, esta clase de derecho, al que califica de informal, fue el predominante e insiste en que muchas de las normas sobre comportamiento diario de los ciudadanos nunca aparecieron escritas durante la historia de esa naci&oacute;n.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></p>       <p>Como una de las formas de an&aacute;lisis del presente escrito es hacer una comparaci&oacute;n con nuestra experiencia hist&oacute;rica, el argumento de Friedman resulta particularmente interesante, pues, como lo establece Beatriz Gonz&aacute;lez de Stephan, a trav&eacute;s del estudio del car&aacute;cter cultural e hist&oacute;rico se discuten categor&iacute;as del tipo de la cuesti&oacute;n nacional, la ciudadan&iacute;a, la construcci&oacute;n de un cuerpo tanto individual como social y la validez del orden jur&iacute;dico democr&aacute;tico. Y en el caso latinoamericano estas categor&iacute;as fueron moldeadas en el per&iacute;odo colonial por la violencia del Estado o de otras instancias de poder en la sociedad, y despu&eacute;s de la independencia, cuando se buscaban consensos para el nuevo proyecto pol&iacute;tico, se recurre a formas escritas con poder "legalizador y normativo" al igual que a cuerpos formales de legislaci&oacute;n que recalcaban la vigilancia y el control de la ciudadan&iacute;a.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> De tal suerte, la profesora venezolana de la Universidad de Pitsburg concluye que "debajo de las letras (de las leyes, normas, libros, manuales, catecismos) se replegar&aacute;n las pasiones, se contendr&aacute; la violencia". Esto de paso llevar&iacute;a a que "la ciudad escrituraria, fuera reservada a una estricta minor&iacute;a de y para letrados".<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p>      <p>All&iacute; ya surge un enorme contraste entre dos procesos de formaci&oacute;n de la nacionalidad, pues en nuestro sistema la tendencia a legislar profusamente por parte de los espa&ntilde;oles, junto con varias formas de regulaci&oacute;n escrita de comportamientos sociales, es fundamental para homogeneizarlos; mientras que en la experiencia estadounidense las normas de comportamiento no fueron moldeadas a trav&eacute;s de la escritura de manuales, catecismos, etc. Tales normas nacen de un proceso de autorregulaci&oacute;n necesario para comunidades peque&ntilde;as que deb&iacute;an enfrentar los retos diarios del nuevo mundo, con mucha autonom&iacute;a pol&iacute;tica y econ&oacute;mica respecto de la Corona inglesa, y una vez trece de las 22 colonias inglesas en Am&eacute;rica se constituyen en Estado soberano, la autonom&iacute;a se mantiene como principio esencial y en cada una de ellas la homogeneidad impuesta por el grupo dominante tambi&eacute;n se mantiene.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>       <p>La meta del presente art&iacute;culo es identificar las variables que pudieron haber jaloneado procesos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos eficientes, que a su turno determinar&iacute;an el car&aacute;cter mayoritariamente informal del derecho colonial. Se reconoce, junto con los autores mencionados, que este per&iacute;odo se caracteriz&oacute; por altos grados de autonom&iacute;a en cada colonia, pero se pretende ahondar en las razones de ese proceso. La motivaci&oacute;n esencial de tal propuesta es la de deconstruir una visi&oacute;n cultural determinista que suele acompa&ntilde;ar el origen del <i>common law</i> en los Estados Unidos. Las supuestas semillas de democracia, disciplina, igualdad que trajeron los primeros colonos parece no ser objeto de controversia y con ello se insin&uacute;a un elemento de superioridad cultural que nada bien le hace al entendimiento de la experiencia legal latinoamericana y estadounidense. </p>      <p>Esto se percibe claramente en textos como <i>El subdesarrollo econ&oacute;mico est&aacute; en la mente,</i> del profesor de Harvard, Lawrence Harrison. Este libro se edit&oacute; en 1985 y cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s fue traducido en M&eacute;xico, y distribuido no s&oacute;lo all&iacute; sino en Espa&ntilde;a, Venezuela, Argentina, Colombia y Puerto Rico simult&aacute;neamente. El argumento central del autor es que el subdesarrollo econ&oacute;mico que afecta a Latinoam&eacute;rica se debe esencialmente a la cultura que heredaron estos pueblos y al peso de otros factores secundarios como el clima, que en caso de las altas temperaturas no s&oacute;lo le pone l&iacute;mites a la agricultura, sino que afecta "la motivaci&oacute;n humana". Para el autor, el relativismo cultural pregonado por la mayor&iacute;a de los antrop&oacute;logos est&aacute; errado y as&iacute; las cosas el progreso de las colonias brit&aacute;nicas frente al fracaso de las espa&ntilde;olas se debe a lo brit&aacute;nico y a lo espa&ntilde;ol, respectivamente. A partir de esa variable el autor entiende el desarrollo econ&oacute;mico de Estados Unidos, Australia y Canad&aacute; en contraste con el de Nicaragua, Rep&uacute;blica Dominicana y Argentina.<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup></p>      <p>La perspectiva es, de acuerdo con lo argumentado, necesariamente hist&oacute;rica y se concentra en los a&ntilde;os en los que se establecieron los primeros asentamientos en las costas orientales de esta parte del mundo. El argumento central de este ensayo es que dentro de las variables que pudieron influir en la construcci&oacute;n y en la consolidaci&oacute;n de las bases de la actual estabilidad de los Estados Unidos se encuentra el car&aacute;cter particular que estas tierras tuvieron para los europeos del siglo XVI. Al no existir la posibilidad de encontrar riquezas enormes y r&aacute;pidas, pero tampoco un paso hacia Oriente, ni en su defecto, una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena jerarquizada que pudiera ser, primero, sojuzgada por un acto de fuerza y posteriormente explotada econ&oacute;micamente en actividades agr&iacute;colas, dadas las caracter&iacute;sticas especiales de la tierra en esa parte del continente, parece coherente afirmar que el proceso de conquista y colonizaci&oacute;n fue objeto de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y administrativas sustancialmente diferentes a las usadas al sur del R&iacute;o Bravo y que &eacute;stas, a su turno, contribuir&iacute;an a sembrar las primeras bases, no s&oacute;lo, de una estabilidad pol&iacute;tico-econ&oacute;mica, sino de su tradici&oacute;n jur&iacute;dica.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup></p>      <p>El argumento puede resultar poco novedoso para el historiador. Sin embargo, cuando se indaga sobre este aspecto en los an&aacute;lisis jur&iacute;dicos disponibles en espa&ntilde;ol, incluso Lawrence Friedman, a pesar de creer en la necesidad de estudiar la cultura jur&iacute;dica para entender la manera como una comunidad o una naci&oacute;n aplica, estudia, perfecciona y ense&ntilde;a el derecho, pasa por alto estas variables. Friedman, al referirse en el tercer cap&iacute;tulo de su libro a los or&iacute;genes del derecho estadounidense, insiste en el hecho suficientemente probado de la autonom&iacute;a de las colonias, pero atribuye esto a la falta de coherencia de la pol&iacute;tica imperial y a la distancia geogr&aacute;fica, la cual, define como "un hecho de vital importancia".<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> El historiador seguramente no aceptar&iacute;a estos dos factores para explicar suficientemente la autonom&iacute;a de las colonias inglesas. Por esto es que este escrito, dirigido especialmente a estudiantes de derecho, pretende aportar a la discusi&oacute;n sobre las razones que explican dos procesos hist&oacute;ricos tan diferentes, insistiendo en que la tradici&oacute;n jur&iacute;dica es producto de una circunstancias hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas y no viceversa. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>1. &iquest;POR QUE LA AUTONOM&Iacute;A? </i></b></p>      <p>Para explicar el porqu&eacute; de la autonom&iacute;a concentrar&eacute; mi an&aacute;lisis en el siglo XVI y primera mitad del XVII, pues es el tiempo en el que Am&eacute;rica se convierte en motor de desarrollo econ&oacute;mico para Europa y porque estos a&ntilde;os representan el inicio del intrincado sistema de tecnolog&iacute;a, negocios, pol&iacute;tica y cultura que se impondr&iacute;a en el mundo en los siguientes siglos. </p>      <p>Col&oacute;n muri&oacute; convencido de que hab&iacute;a llegado a Oriente. &Eacute;l respond&iacute;a al perfil de los marinos de la &eacute;poca: individuos temerarios, impulsados por un esp&iacute;ritu cruzado donde la religi&oacute;n y el comercio de esclavos, especias y oro se hab&iacute;an mezclado desde que el gran monarca portugu&eacute;s Enrique el Navegante le arrebatara a los moros el puerto africano de Ceuta, en 1415. Indudablemente, Col&oacute;n pensaba obtener la gloria de llegar a Oriente mucho m&aacute;s r&aacute;pido y as&iacute; facilitar el comercio, reduciendo sustancialmente los gastos de importaci&oacute;n de los textiles, colorantes y especies que tan buena demanda ten&iacute;an en Europa, pero tambi&eacute;n estaba pensando en los t&iacute;tulos y concesiones que hab&iacute;a pactado con los reyes espa&ntilde;oles. </p>     <p>En 1492, Europa estaba empe&ntilde;ada en la b&uacute;squeda de los mecanismos para alcanzar mayor eficiencia y a esa empresa se lanzaron, primero los portugueses y luego exploradores genoveses y venecianos, estos &uacute;ltimos debido a la importancia comercial de estas dos ciudades para ese momento. El soporte para tales exploraciones lo dieron los avances en la navegaci&oacute;n, el af&aacute;n de una clase comerciante cada vez m&aacute;s influyente y la estructura pol&iacute;tica europea, que hab&iacute;a cambiado y ahora contaba con reinos que permit&iacute;an el patrocinio de empresas dedicadas a la exploraci&oacute;n. Los reinos, antecedentes de los Estados-naciones, eran unidades de gobierno m&aacute;s grandes y poderosos que las peque&ntilde;as ciudades que caracterizaron el sistema feudal y estaban dispuestos a financiar a aquellos hombres que plantearan planes sensatos para establecer comercio con Asia.<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup></p>      <p>Pero la sensatez de la &eacute;poca poco tiene que ver con la cultura empresarial de nuestros d&iacute;as. Esto se aplica al caso de Col&oacute;n, pues basado en sus c&aacute;lculos err&oacute;neos acerca del di&aacute;metro de la Tierra, aduc&iacute;a que pod&iacute;a llegar a Oriente aventur&aacute;ndose en el Atl&aacute;ntico y as&iacute; desechar la ruta m&aacute;s segura, bordear el continente africano. Este hecho explica el tiempo que necesit&oacute; para encontrar un patrocinio para su aventura. </p>      <p>Marco Polo hab&iacute;a reportado que esas regiones se caracterizaban por "arenas que brillaban y centellaban con gemas y metales preciosos".<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> Desde esta perspectiva se puede entender la promesa de Col&oacute;n para evitar que sus marineros se amotinaran en su primer viaje, la toma de ind&iacute;genas como rehenes para indagar el origen de sus ornamentos de oro y su af&aacute;n por explorar las Bahamas despu&eacute;s del 12 de octubre, convencido de que estaba en Oriente y de que seguramente encontrar&iacute;a m&aacute;s oro. </p>      <p>Esta din&aacute;mica de exploraciones para la obtenci&oacute;n de riquezas enormes no fue exclusiva de Portugal y Espa&ntilde;a.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> El navegante italiano John Cabot recorri&oacute; el Atl&aacute;ntico Norte, en 1497, patrocinado por el primer rey ingl&eacute;s de la dinast&iacute;a Tudor, Enrique VII (1485-1509), y aunque se alegue que este reino, a causa de los conflictos internos y la disputa con Francia, durante varias d&eacute;cadas no hizo seguimiento a los descubrimientos de Cabot,<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> parece no considerarse el hecho de que el navegante italiano, en su extenso recorrido por las costas orientales de Norteam&eacute;rica, nunca encontr&oacute; aquellas peque&ntilde;as piezas doradas que adornaban las orejas de los abor&iacute;genes que el 12 de octubre de 1492 salieron a saludar a Crist&oacute;bal Col&oacute;n, y que lo animar&iacute;a a dedicarse, antes que al comercio, al saqueo.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> Muy al contrario, John Cabot, en cambio de hallar Catay (Jap&oacute;n) y las "siete ciudades de Oriente" con sus riquezas y especias, tal como lo hab&iacute;a comisionado el rey ingl&eacute;s, s&oacute;lo reportar&iacute;a bancos de bacalao y los bosques de pin&aacute;ceas de Norteam&eacute;rica. Este primer viaje ingl&eacute;s no se inspir&oacute; en una visi&oacute;n &eacute;tica protestante fundada en el trabajo duro y disciplinado, el consenso o y la aceptaci&oacute;n del disentir. La prueba clara es que en el dise&ntilde;o del viaje la Corona nunca consider&oacute; dejarlo a la iniciativa privada y le otorgar&iacute;a una vez m&aacute;s licencia a Cabot para que lo intentara un a&ntilde;o despu&eacute;s. El marinero italiano, adem&aacute;s, pertenec&iacute;a a la casta de exploradores, leales a nadie, que ten&iacute;an entrada en todas las cortes europeas.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>      <p>Adicionalmente, el argumento de conflictos internos que atrasan la colonizaci&oacute;n desconoce que la dinast&iacute;a Tudor (1485-1609), cinco a&ntilde;os despu&eacute;s del primer viaje de Col&oacute;n, ya patrocinaba exploraciones convencida de que el genov&eacute;s, al servicio de Castilla, hab&iacute;a arribado a Oriente y de que ellos tambi&eacute;n pod&iacute;an tener acceso a sus inmensas riquezas. </p>      <p>Es cierto que la inestabilidad inglesa pudo haber puesto a este reino a la saga de los espa&ntilde;oles y portugueses en t&eacute;rminos del n&uacute;mero de exploraciones y el capital log&iacute;stico y humanos de los dos primeros, pero ello no implica que fuera tan aguda como para impedir empresas de exploraci&oacute;n ante las noticias de Col&oacute;n, y posteriormente las conquistas de Cort&eacute;s, en 1521, y Pizarro, en 1535. Lo que s&iacute; era claro era que los ingleses no tuvieron la suerte de acceder a un territorio rico en t&eacute;rminos naturales y as&iacute; establecer el monopolio de saqueo que hab&iacute;an inaugurado espa&ntilde;oles y portugueses en Am&eacute;rica. </p>     <p>Si Col&oacute;n hubiera llegado a Canad&aacute;, seguramente su reporte hubiera sido tan desesperanzador como el de Cartier cuando arrib&oacute; a esa parte del mundo, en 1534, y seguramente la ingenuidad de los reyes espa&ntilde;oles hubiera sido altamente costosa en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, pero Col&oacute;n lleg&oacute; al para&iacute;so y no a "la tierra de Ca&iacute;n", como aducir&iacute;a el franc&eacute;s en ese a&ntilde;o. Era tal el prestigio de Col&oacute;n en 1493 que, despu&eacute;s de su primer viaje, los reyes de Castilla, basados en los resultados de la primera exploraci&oacute;n, ordenan una segunda ya no con tres barcos, sino con 17 y unos 1.200 hombres.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> Por lo anterior, bien se puede entender la poca expectativa que generaron no s&oacute;lo los reportes de Verrazano (1524) y Cartier (1534) en Francia, sino los de Cabot en la Inglaterra de 1497 y 1498. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cambio, se puede aducir que cuando aparece el primer mapa de Am&eacute;rica en 1507, a partir de las conclusiones de Am&eacute;rico Vespucio, y se concluye definitivamente que Col&oacute;n hab&iacute;a llegado a un nuevo continente, los franceses, holandeses e ingleses, a trav&eacute;s estos &uacute;ltimos de la dinast&iacute;a Tudor, empezar&iacute;an a crear las condiciones para entrar a tener una tajada en la riqueza que representaba el nuevo continente. </p>      <p>Inglaterra comenzar&iacute;a "a conferirle al mar la importancia que a finales del siglo la colocar&iacute;a como la primera potencia naval y en los siglos sucesivos la llevar&iacute;a a expandirse y formar el gran Imperio Brit&aacute;nico".<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup> Siempre con la esperanza de apoderarse de iguales o mayores riquezas de las que hab&iacute;an tenidos acceso los espa&ntilde;oles. </p>      <p>Para el siglo XVI el concepto de riqueza era dado por la acumulaci&oacute;n de moneda y oro a trav&eacute;s del el control del mar, la adjudicaci&oacute;n de monopolios a los mercaderes, la protecci&oacute;n de la industria, la restricci&oacute;n de exportaciones de materias primas y una intensa actividad de comerciantes locales eran elementos fundamentales en las pol&iacute;ticas de los reinos que ya pensaban en t&eacute;rminos de lo que se conocer&iacute;a como mercantilismo. As&iacute; que las pol&iacute;ticas de los Tudor o de Carlos V en Espa&ntilde;a no eran producto espont&aacute;neo de ciertas mentes, sino una necesidad que exig&iacute;a un nacionalismo econ&oacute;mico armonizado con ideas de soberan&iacute;a nacional, participaci&oacute;n y consentimiento.<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> Es decir, la nueva estructura econ&oacute;mica soportada en el comercio interno y externo, la balanza comercial y la acumulaci&oacute;n de metales preciosos estimul&oacute; la creaci&oacute;n de los Estados-naci&oacute;n en Europa. Inglaterra pod&iacute;a tener problemas internos, pero &eacute;stos no imped&iacute;an que la pol&iacute;tica del reino no considerara estos factores. De hecho, como alega Diana Wood, estas ideas ya se comentaban para el siglo XV en Inglaterra.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> Lo que es diferente en uno y otro reino son las estrategias que se trazan como respuesta a los viajes de exploraci&oacute;n que cada uno patrocin&oacute;. La suerte de Col&oacute;n y de los reyes de Castilla y Le&oacute;n contrastada con la frustraci&oacute;n de Cabot, llevar&iacute;a a cada reino a implementar pol&iacute;ticas diferentes. </p>      <p>Por eso una de las grandes diferencias entre las acciones de Espa&ntilde;a y Portugal con respecto a lo que los ingleses llamaron "la empresa del descubrimiento" es que, ante el hallazgo por parte de los espa&ntilde;oles de oro, plata y una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena importante, altamente jerarquizada y organizada, los lleva a restringir las acciones privadas y a adjudicar privilegios comerciales bajo un riguroso control estatal. Del lado ingl&eacute;s y franc&eacute;s, por el contrario, a medida que transcurr&iacute;a el tiempo, la &uacute;nica manera de encontrar fuentes de recursos para la Corona, con el nuevo esquema econ&oacute;mico, era mantener el est&iacute;mulo a la iniciativa privada. </p>      <p>El viaje de Cabot en 1497, la pol&iacute;tica de Enrique VIII en 1509 (segundo de los Tudor) para construir la Marina Real Inglesa con una flota de buques de guerra que se adaptaban mejor al oc&eacute;ano, que reemplazaba los mercantes del siglo anterior; la actividad de la Compa&ntilde;&iacute;a Andaluza en Sevilla hasta 1545, autorizada por Castilla y con capital privado ingl&eacute;s; la actividad de tr&aacute;fico directo de Robert Thorne y Roger Berlow con los dominios espa&ntilde;oles, que a la postre influir&iacute;an notablemente sobre los dos primeros reyes Tudor, y, finalmente, las acciones de los<i> privateers, </i>que tanto orgullo producir&iacute;an a los ingleses y tantas p&eacute;rdidas materiales a los espa&ntilde;oles son el producto de una pol&iacute;tica acorde con el esp&iacute;ritu mercantilista y con el insoslayable hecho de no haber encontrado metales o piedras preciosas, ni el paso a Oriente y menos a&uacute;n grandes poblaciones ind&iacute;genas, poseedoras de una infraestructura agr&iacute;cola y comercial lista para ser sometida por el poder militar europeo. </p>     <p>De tal suerte que durante la dinast&iacute;a Tudor, sus cuatro reyes fueron aceptando el hecho de que estas tierras norteamericanas no ten&iacute;an recursos materiales o humanos para ser objeto de explotaci&oacute;n y as&iacute; fueron adaptando sus pol&iacute;ticas. Para 1550 la actividad de los piratas, como se les conoc&iacute;a despectivamente por los espa&ntilde;oles, empieza a ser vista como una opci&oacute;n ante el muro ideol&oacute;gico y econ&oacute;mico que hab&iacute;a establecido Carlos V. La implantaci&oacute;n del anglicanismo y la expropiaci&oacute;n de las tierras de la Iglesia cat&oacute;lica por Enrique VIII, en 1539, eran razones adicionales para que el rey espa&ntilde;ol prohibiera las actividades comerciales de los ingleses en sus dominios. Para 1570, la actividad de los<i> privateers, </i>como se les conoc&iacute;a cari&ntilde;osamente en Inglaterra, hab&iacute;a sido avalada p&uacute;blicamente por la reina Isabel, quien a su vez hab&iacute;a entendido que estas acciones se hab&iacute;an convertido no s&oacute;lo en fuente importante de orgullo y riqueza, sino de consolidaci&oacute;n de su reinado. Lo que hab&iacute;a sido simplemente desde&ntilde;ado por Enrique VIII ante la posibilidad de una guerra con Espa&ntilde;a se convirti&oacute; en una industria nacional.<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup></p>      <p>Tal ser&iacute;a la importancia de esta actividad dentro de la cultura inglesa de la &eacute;poca que el tr&aacute;fico de esclavos por parte de John Hawkins fue manejada como una orgullosa empresa inglesa y motiv&oacute; a varios comerciantes a embarcarse en el mismo negocio. Y m&aacute;s espectacular a&uacute;n resultaron las acciones de Francis Drake, quien como producto de su viaje de circunnavegaci&oacute;n de 1577-1580 afectar&iacute;a la historia de Inglaterra. Con este viaje los ingleses obtuvieron valios&iacute;sima informaci&oacute;n sobre la navegaci&oacute;n en el Atl&aacute;ntico y Pac&iacute;fico; afianzaron la cohesi&oacute;n nacional ante el orgullo de saber que hab&iacute;a sido un ingl&eacute;s el segundo en hacer este viaje de circunnavegaci&oacute;n; obtuvieron riquezas que se invirtieron en la isla como la dotaci&oacute;n de agua para Plymouth; establecieron relaciones comerciales con islas del oriente de Asia y, a trav&eacute;s del nombramiento de Drake como caballero real, obtuvieron el reconocimiento y subsiguiente apoyo oficial y p&uacute;blico por la reina Isabel a todo aquel que participara en la nueva pol&iacute;tica exterior del reino.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></p>      <p>La raz&oacute;n econ&oacute;mica de esta pol&iacute;tica era que los metales preciosos, tan fundamentales para las econom&iacute;as del momento, no estaban en Norteam&eacute;rica y ello no implicaba un desprecio por esa parte del continente americano, pues el viaje de Cabot de 1497 se reportaba orgullosamente como el t&iacute;tulo por el cual Inglaterra hab&iacute;a adquirido esas tierras; pero s&iacute; hizo que la pol&iacute;tica internacional de Inglaterra apoyara los asentamientos de colonos s&oacute;lo hasta la parte final del siglo XVI como puertos de abastecimiento de los barcos ingleses que recorr&iacute;an los mares dedicados a la pirater&iacute;a, el comercio de esclavos o el contrabando en las colonias espa&ntilde;olas. </p>      <p>Sin recursos naturales que explotar, ni una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena altamente organizada que produjera una de las especias que tan buena recepci&oacute;n comercial ten&iacute;a en Europa y que pudiera ser sometida por la fuerza,<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup> la colonizaci&oacute;n fue la &uacute;ltima estrategia. Mientras tanto, la actividad de ciertos individuos y compa&ntilde;&iacute;as privadas se convirti&oacute; en el motor de la pol&iacute;tica exterior inglesa para acceder a las riquezas de Centro y Suram&eacute;rica. </p>      <p>Desde la &oacute;ptica latinoamericana moderna, la pirater&iacute;a inglesa sobre las posesiones espa&ntilde;olas podr&iacute;a resultar casi igual, pero nunca m&aacute;s reprochable que la pol&iacute;tica de saqueo de los espa&ntilde;oles. Sin embargo, desde la perspectiva utilitarista de ese entonces y en una demostraci&oacute;n de<i> real politik,</i> ambos reinos actuaron de acuerdo con las exigencias econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas del momento. La diferencia en cuanto a las estrategias s&oacute;lo se explica porque uno de ellos lleg&oacute; primero a una parte del mundo llena de riquezas, al estilo de las reportadas por Marco Polo despu&eacute;s de sus viajes a Oriente, y, adem&aacute;s, con una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena lista para ser explotada. El otro, por su parte, sin renunciar a la b&uacute;squeda de piedras y metales preciosos y ante la inexistencia de una poblaci&oacute;n aborigen como de la que se admiraba el comerciante ingl&eacute;s Robert Tomson al describir la ciudad de M&eacute;xico y enfatizar su particular asentamiento sobre el agua, el dise&ntilde;o de sus calles anchas y rectas y la compleja organizaci&oacute;n de sus mercados,<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> pens&oacute; en Norteam&eacute;rica, a partir de 1575, como un lugar que sirviera de abastecimiento a los piratas, comerciantes o contrabandistas, con la esperanza de que la exploraci&oacute;n de sus r&iacute;os los podr&iacute;a llevar al oro o en su defecto a Oriente. De ninguna manera se puede entender que tal pol&iacute;tica contenga la mezcla de cristianismo, capitalismo y democracia que se la atribuyen a la cultura de los Estados Unidos en sus or&iacute;genes,<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup> pero s&iacute; m&aacute;s bien una pol&iacute;tica pragm&aacute;tica que se apoyaba en la iniciativa privada para su dise&ntilde;o y su implementaci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un caso fundamental para entender el argumento que aqu&iacute; se esboza es el de Martin Frobisher, quien luego de un viaje exploratorio financiado por la compa&ntilde;&iacute;a Catay, formada para establecer comercio con China a trav&eacute;s de Norteam&eacute;rica, llev&oacute; a Inglaterra, en 1576, 1.200 toneladas de mena confundido por el dictamen de algunos ensayadores de la Compa&ntilde;&iacute;a Catay, que determinaron que las muestras tra&iacute;das por Frobisher eran oro. Ya se puede imaginar uno no s&oacute;lo la frustraci&oacute;n que produjo el transportar 1.200 toneladas de un mineral sin valor comercial importante, sino las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas que produjo a los inversionistas y el impacto en las compa&ntilde;&iacute;as que estaban pensando en proyectos similares.<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> Catay tuvo que ser disuelta, pero si se estudian los acuerdos con la Corona que seguir&iacute;an firmando las empresas, queda claro que encontrar oro segu&iacute;a siendo parte fundamental de sus objetivos empresariales y hallar el paso a Oriente la segunda opci&oacute;n, pues en todos se plasmaba la intenci&oacute;n de conquistar y darle a la reina una quinta parte del oro o de la plata encontrado.<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup></p>      <p>Otra de esas exploraciones fue la que dirigi&oacute; Humphrey Gilbert -quien gan&oacute; el t&iacute;tulo de caballero por sus servicios a la reina exterminando nativos irlandeses- y quien ser&iacute;a el primero en 1576 que pensar&iacute;a en Am&eacute;rica como lugar para establecer una colonia que sirviera de base para ejercer la pirater&iacute;a sobre los espa&ntilde;oles en el Caribe.<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup></p>      <p>Despu&eacute;s de Gilbert vendr&iacute;an otros aventureros, entre ellos su medio hermano Walter Raleigh (1584), igualmente en b&uacute;squeda de oro, plata o una posici&oacute;n estrat&eacute;gica para atacar los barcos espa&ntilde;oles. Pero el grupo de hombres a su cargo no inclu&iacute;a &uacute;nicamente marineros y exploradores, como era acostumbrado, sino que tambi&eacute;n tra&iacute;a artistas y matem&aacute;ticos. Esto no significaba abandonar la idea de encontrar el paso hacia el Pac&iacute;fico o la de explorar para encontrar oro, pues el objetivo de Raleigh era "buscar nuevos mundos que le dieran oro, orgullo y gloria",<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup> pero s&iacute; se evidenciaba c&oacute;mo la iniciativa privada, ante la realidad de los hechos, empezaba a considerar el establecimiento de otro tipo de colonias. Esta aventura, despu&eacute;s de dos a&ntilde;os de infructuosa b&uacute;squeda de oro en los r&iacute;os cercanos, oblig&oacute; a Raleigh y a sus hombres a regresar a Inglaterra. </p>      <p>Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, regresar&iacute;a con 120 personas a cargo de John White (artista que hab&iacute;a dibujado en la primera expedici&oacute;n de Raleigh las primeras impresiones sobre la geograf&iacute;a y la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena), con el &aacute;nimo de crear una peque&ntilde;a colonia en la isla de Roanoke en 1587. White regres&oacute; por provisiones, pero la guerra con Espa&ntilde;a lo obligar&iacute;a a retrasar su viaje de regreso a la colonia. Cuando volvi&oacute; tres a&ntilde;os despu&eacute;s, los colonos, entre quien estaba su hija y nieto, hab&iacute;an desaparecido sin dejar rastro alguno.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup></p>      <p>Para el final del siglo XVI encontrar oro se hab&iacute;a vuelto una empresa altamente costosa y hallar el paso hacia Oriente, diferente y m&aacute;s expedito que el que Magallanes hab&iacute;a encontrado en 1519, hab&iacute;a probado ser tambi&eacute;n desastroso para las compa&ntilde;&iacute;as inglesas. Ello explica por qu&eacute; los individuos que empiezan a llegar ya no eran la mezcla de exploradores, comerciantes y piratas que hab&iacute;a caracterizado los viajes ingleses desde Cabot, en 1497. Ya no se trataba exclusivamente de varones aventureros que pensaban en Am&eacute;rica como lugar de paso hacia el Oriente o base para ejercer la pirater&iacute;a sobre los barcos espa&ntilde;oles, es decir, comerciantes y marineros sin ninguna clase de entrenamiento para vivir de la tierra por per&iacute;odos indefinidos.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>      <p>Los fallidos intentos har&iacute;an que para 1606 la b&uacute;squeda de riqueza se hiciera a trav&eacute;s de sociedades por acciones, a fin de disminuir las p&eacute;rdidas ocasionadas por las frustradas inversiones iniciales y de motivar o hasta raptar individuos para establecer colonias fundamentalmente agr&iacute;colas. Al igual que en Espa&ntilde;a, en los primeros viajes a Am&eacute;rica, se recurri&oacute; al envi&oacute; de prisioneros pol&iacute;ticos, disidentes religiosos y hasta pordioseros.<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> Y estas acciones, tanto en el caso espa&ntilde;ol como en el ingl&eacute;s, eran arm&oacute;nicas con la pol&iacute;tica de saqueo si ambas coronas hubieran encontrado las mismas condiciones materiales en Am&eacute;rica </p>      <p>Una vez las colonias agr&iacute;colas empezaron individualmente a generar dividendos a sus socios, se ratific&oacute; que s&oacute;lo mediante el apoyo sin interferencia, por parte de la Corona inglesa, se pod&iacute;a garantizar la viabilidad econ&oacute;mica del reino mismo. Cuando la colonia de Virginia mand&oacute; a Inglaterra sus primeras veinte mil toneladas de tabaco en 1617, mercanc&iacute;a pagada costosamente en Europa, se evidenci&oacute; que estos asentamientos pod&iacute;an ser rentables para sus socios y para la Corona, y no existe indicio alguno de medidas de la Corte para desconocer o modificar el acuerdo <i>(charter) </i>que hab&iacute;a suscrito con la compa&ntilde;&iacute;a de Virgina, pues tal actitud hubiera sido por lo menos incoherente con la iniciativa privada, que probaba ser un largo camino, y a la vez, el m&aacute;s seguro para acceder al potencial econ&oacute;mico que bajo el modelo mercantilista representaba Am&eacute;rica. </p>      <p>Despu&eacute;s de tantos fracasos, m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;as se fundaron y obtuvieran autorizaci&oacute;n real para venir a Am&eacute;rica, de tal suerte que para 1630 ya no era necesario obligar o enga&ntilde;ar a alguien para embarcarse hacia el continente, ni menos a&uacute;n recurrir a los prisioneros o pordioseros para traer gente a Am&eacute;rica, pues las nuevas tierras se convierten en la esperanza de una mejor vida. </p>     <p>De tal suerte que los verdaderos primeros colonos y no los m&iacute;ticos peregrinos que s&oacute;lo llegaron hasta 1630,<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> eran mayoritariamente hombres aventureros &aacute;vidos de riqueza y fortuna, a los cuales dif&iacute;cilmente se les puede atribuir el car&aacute;cter moral calvinista que describe Max Weber en<i> La &eacute;tica protestante y el esp&iacute;ritu del capitalismo. </i></p>      <p>Cabot, Frobisher, Gilbert, Hawkins, Raleigh, Grenville, White y Drake fueron, primero que todo, marineros y luego comerciantes exploradores y aventureros que persegu&iacute;an gloria y riquezas. De ellos s&oacute;lo triunfaron los que adem&aacute;s probaron ser h&aacute;biles comerciantes de esclavos o temerarios piratas. Se puede argumentar que todos ellos representaban al cristianismo y al capitalismo europeo, al igual que Cort&eacute;s y Pizarro, pues todos se inspiraban en el "frenes&iacute; capitalista de los primeros estados europeos por el oro, los esclavos y productos de la tierra, para pagar a los accionistas de la expedici&oacute;n, para financiar las burocracias mon&aacute;rquicas &#91;...&#93;, para impulsar la nueva econom&iacute;a del dinero que remplazaba la estructura feudal...".<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un caso que evidencia esto se presenta cuando la Compa&ntilde;&iacute;a de Virginia logra establecer una colonia en Jamestown, en 1606. Para entonces la pol&iacute;tica oficial de pirater&iacute;a hab&iacute;a sido cambiada por el nuevo monarca James I, quien hab&iacute;a sucedido a Elizabeth en 1604 y en el mismo a&ntilde;o hab&iacute;a firmado la paz con Espa&ntilde;a. La iniciativa privada formul&oacute; una nueva estrategia para acceder a las riquezas de Am&eacute;rica. Esta vez las sociedades ser&iacute;an an&oacute;nimas y continuar&iacute;an siendo el modelo ideal para permitir la expansi&oacute;n brit&aacute;nica por el mundo.<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup></p>      <p>En el Acuerdo con la Corona<i> (Charter), </i>el rey ten&iacute;a la autoridad para gobernar la colonia y &eacute;l ejerc&iacute;a ese poder por medio de un consejo con asiento en Inglaterra. &Eacute;ste al tiempo actuaba a trav&eacute;s de otro en Virginia, que ten&iacute;a siete miembros, uno de los cuales actuaba como presidente que dirig&iacute;a las reuniones, pero sin ning&uacute;n poder para dar &oacute;rdenes o hacer cumplir las dadas en Inglaterra por el Consejo Real. El resultado fue que todos los miembros del consejo en la colonia peleaban uno con otro y "los colonos indisciplinados y desorganizados desatend&iacute;an las tareas de arar, plantar y construir".<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup> John Smith, el m&aacute;s joven de los miembros del consejo local, se toma el poder, y de acuerdo con su propio relato organiza la b&uacute;squeda ca&oacute;tica de oro, explora y obtiene mapas del terreno, lucha contra los ind&iacute;genas y consigue de ellos ma&iacute;z para alimentar a la colonia. Su relato es considerado exagerado, pero es cierto que fue &eacute;l quien tom&oacute; las decisiones y el mapa de la regi&oacute;n prueba sus exploraciones. No obstante, seg&uacute;n las mismas pruebas hist&oacute;ricas, los inversionistas tienen noticia de la tiran&iacute;a de Smith y de su imposibilidad de encontrar oro o el Pac&iacute;fico. Para 1609 la compa&ntilde;&iacute;a firma un nuevo acuerdo con la Corona y all&iacute; se establece que el Consejo en Inglaterra estar&iacute;a compuesto de accionistas y que ellos pod&iacute;an nombrar a un gobernador todo poderoso en la colonia. &Eacute;ste tendr&iacute;a un consejo para efectos &uacute;nicamente de asesor&iacute;a.<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup></p>      <p>El mismo a&ntilde;o en que se establece Jamestown, otra compa&ntilde;&iacute;a implanta una nueva colonia en lo que hoy es territorio del estado de Maine, pero &eacute;sta no sobrevive sino un invierno. Al no encontrar oro, ni paso hacia oriente, la Corona no tiene m&aacute;s remedio que aceptar el nuevo acuerdo, pero dif&iacute;cilmente se puede pensar que si la exploraci&oacute;n hubiera arrojado los resultados esperados, la Corona hubiera cedido a los planteamientos de las compa&ntilde;&iacute;as. Por otro lado, el caudillismo de Smith y el nombramiento de un gobernador todopoderoso est&aacute; lejos de evidenciar que aquellos colonos llevaban el germen de la democracia. </p>      <p>Por lo anterior, se debe insistir en dos aspectos:<i> primero,</i> los hallazgos de Col&oacute;n se difundieron por toda Europa en las siguientes dos d&eacute;cadas, lo cual hizo que Am&eacute;rica se convirtiera en el siglo XVI en la tierra de las potenciales riquezas expeditas para los europeos. S&oacute;lo as&iacute; se puede entender por qu&eacute; Francia e Inglaterra plantearon pol&iacute;ticas tan similares como las de los espa&ntilde;oles y su af&aacute;n por encontrar riquezas r&aacute;pidas. </p>     <p>Al aceptar este argumento se comprenden las innumerables expediciones en busca del Dorado o de las siete ciudades de oro, que durante la primera mitad del siglo XVII fueron tan comunes en el continente y eso incluy&oacute; lo que hoy se conoce como Norteam&eacute;rica. Por citar algunos casos del lado espa&ntilde;ol, se recuerda los viajes de P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez o de Hernando de Soto, quienes exploraron la pen&iacute;nsula de la Florida, en 1513, pero que al no encontrar oro ni una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena importante para explotar, no tuvieron otra raz&oacute;n para establecerse. Del mismo talante fueron las expediciones de Cabot, Gilbert y las de los hermanos Raleigh por el lado ingl&eacute;s,<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup> y la tercera y m&aacute;s grande expedici&oacute;n de Cartier, financiada por el reino franc&eacute;s, en 1547, ante la noticia transmitida por los ind&iacute;genas de que despu&eacute;s de los grandes lagos hab&iacute;a oro y que lo autorizaba a apoderarse de esas tierras extranjeras "por medios amistosos o por la fuerza de las armas".<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup></p>      <p>As&iacute;, los reinos europeos viven, a partir del siglo XVI, una fiebre dorada, que determinar&iacute;a las formas pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y jur&iacute;dicas que se adoptar&iacute;an en el continente americano. El frenes&iacute; que despiertan los hallazgos de Col&oacute;n en 1492 llevar&iacute;a a que Espa&ntilde;a adoptara inmediatamente una pol&iacute;tica autoritaria que le permitiera el saqueo en una primera fase econ&oacute;mica y, luego, el monopolio que le facilitara explotar, b&aacute;sicamente pero no exclusivamente a trav&eacute;s de la agricultura, a un gran n&uacute;mero de ind&iacute;genas con una organizaci&oacute;n y una infraestructura sofisticada. </p>      <p>La transformaci&oacute;n institucional que requiri&oacute; el establecimiento de este monopolio se puede ejemplificar por lo que ocurri&oacute; en el reino de Castilla despu&eacute;s del descubrimiento. All&iacute; la presi&oacute;n de las circunstancias hizo que Fernando el Cat&oacute;lico, diez a&ntilde;os despu&eacute;s del descubrimiento, creara en Sevilla la Casa de la Contrataci&oacute;n, una instituci&oacute;n comercial responsable de la organizaci&oacute;n y tr&aacute;fico de personas, barcos y mercanc&iacute;as entre Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica. Ser&iacute;an tan amplios los poderes de los funcionarios de este organismo, que &eacute;ste durar&iacute;a un siglo y medio y har&iacute;a de Sevilla el puerto m&aacute;s importante en el Atl&aacute;ntico.<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup> Y como la clase comerciante se expand&iacute;a por diferentes reinos europeos, tanto para los ingleses como para los franceses, italianos y holandeses, Sevilla pas&oacute; a ser el centro comercial m&aacute;s importante de Europa, y en estos a&ntilde;os los comerciantes ingleses participaron de la empresa del descubrimiento y sin duda contribuyeron a las pol&iacute;ticas que sus reinos trazaron durante el siglo XVI.<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup></p>      <p><i>Segundo,</i> Inglaterra no encontr&oacute; metales preciosos, ni en su defecto, culturas ind&iacute;genas altamente sofisticadas como la azteca y la inca, que obligara a expandir las instituciones del reino para saquear o explotar a la poblaci&oacute;n nativa, apropiandose de materias primas, por ello apel&oacute; a la iniciativa privada para comerciar, viajar al Nuevo Mundo y recopilar informaci&oacute;n para los subsecuentes viajes ingleses y, desde mediados del siglo XVI, dedicarse a la pirater&iacute;a como estrategia alternativa. Esta &uacute;ltima obligar&iacute;a al rey espa&ntilde;ol, Felipe II, a adoptar una pol&iacute;tica beligerante contra Inglaterra, que para desdicha de Espa&ntilde;a terminar&iacute;a en 1588 con la derrota de la Armada Invencible y el consecuente deterioro de su imperio. Es imposible entonces entender el desarrollo de la tradici&oacute;n jur&iacute;dica estadounidense en el per&iacute;odo colonial aduciendo que la autonom&iacute;a que la aliment&oacute; se deb&iacute;a a la distancia geogr&aacute;fica, seg&uacute;n Friedman, o la mezcla de cristianismo, democracia y capitalismo de la que habla Crunden. </p>      <p><b><i>2. C&Oacute;MO AFECTARON LAS POL&Iacute;TICAS ECON&Oacute;MICAS INGLESAS LA TRADICI&Oacute;N JUR&Iacute;DICA ESTADOUNIDENSE </i></b></p>      <p> El establecimiento de colonias permanentes, mediante la venta y la adjudicaci&oacute;n de tierras, unido a la constante propaganda de manipulaci&oacute;n para llevar colonos al Nuevo Mundo, como lo demuestran las experiencias descritas, no pod&iacute;a ser objeto de normas inflexibles, pues se trataba de obtener, a trav&eacute;s de la explotaci&oacute;n agr&iacute;cola, los dividendos que naturalmente esperaban los socios de las compa&ntilde;&iacute;as. Por lo tanto, los <i>charter</i> para 1620 conten&iacute;an una cl&aacute;usula que les daba a los &oacute;rganos de direcci&oacute;n y manejo de la compa&ntilde;&iacute;a el poder de crear normas, es decir, a la asamblea de socios que generalmente se encontraba en Inglaterra y a la junta directiva que funcionaba en la colonia. Y aunque una cl&aacute;usula del <i>charter</i> estipulaba que esas normas no ser&iacute;an contrarias a las leyes de Inglaterra, nadie sab&iacute;a a cu&aacute;les se refer&iacute;a, pues las inglesas estaban lejos de poder regular las particulares circunstancias de las colonias y, como si fuera poco, en la misma Inglaterra no exist&iacute;a claridad sobre la jerarqu&iacute;a, la relaci&oacute;n y la pertinencia de las normas que se aplicaban en todo el reino.<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup> As&iacute; las cosas, resulta fundamental aceptar el argumento no s&oacute;lo de Friedman, en el sentido que "la necesidad era el legislador supremo",<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup> sino el de Farnsworth y S&eacute;roussi cuando mencionan lo inapropiado de las leyes inglesas para las circunstancias de las colonias. Prueba de esto es que para 1620 el modelo de ejercicio de poder permit&iacute;a que la junta directiva trasladada a la colonia vetara las normas de la compa&ntilde;&iacute;a elaboradas por el Consejo Real en Inglaterra si &eacute;stas se consideraban inaplicables. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo que nunca argumentan los tres autores es que al no encontrar riquezas minerales inmensas, ni la posibilidad de explotaci&oacute;n agr&iacute;cola al estilo de las encomiendas y posteriormente las haciendas en Am&eacute;rica Latina, la iniciativa privada segu&iacute;a siendo para el reino la mejor manera de generar desarrollo econ&oacute;mico en su pol&iacute;tica exterior. Por ello cada colonia adoptaba sistemas normativos m&aacute;s parecidos a de las peque&ntilde;as ciudades inglesas que al sistema real y aristocr&aacute;tico que imperaba en el reino. </p>      <p>Estas circunstancias har&iacute;an que estas peque&ntilde;as comunidades, que para 1525 no superaban, en el mejor de los casos, 1.500 colonos,<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup> se convirtieran tambi&eacute;n en laboratorios de experimentaci&oacute;n en el proceso de toma de decisiones En ese contexto, el gobernador y el predicador necesariamente tuvieron roles fundamentales. En algunos casos, como los de los puritanos radicales, dichos cargos estaban en cabeza de una sola persona, pero el modelo autoritario en Jamestown har&iacute;a crisis para 1620, pues el gobernador se enfrentaba con la realidad de no poder ejercer su autoridad sin el consentimiento y la participaci&oacute;n de los colonos. De hecho, y a pesar de expresa prohibici&oacute;n real, la legislatura de Virginia empezar&iacute;a a legislar desde 1629 y as&iacute; lo seguir&iacute;a haciendo hasta hoy.<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup></p>      <p>Cada colonia sufrir&iacute;a un proceso particular, pero lo que s&iacute; es claro es que la mezcla de cristianismo, capitalismo y democracia, que seg&uacute;n Crunden caracteriza a los Estados Unidos, no considera que por m&aacute;s de medio siglo la experiencia brit&aacute;nica, as&iacute; como la francesa y portuguesa, se asimil&oacute; con el &aacute;nimo de explotar, atesorar y saquear. Con diferencias de matices, el trato hacia los nativos en estos primeros a&ntilde;os de experimentaci&oacute;n en las colonias fue el mismo. Se aprovech&oacute; su hospitalidad, se les us&oacute; como gu&iacute;as y se les masacr&oacute; cuando se consider&oacute; necesario. La gran diferencia es que los espa&ntilde;oles aprovecharon la organizaci&oacute;n y sofisticaci&oacute;n de los ind&iacute;genas para explotarlos en las encomiendas, en las minas de oro y plata. </p>  <OL>La elecci&oacute;n de representantes de la comunidad, el trabajo de las legislaturas y las cortes y la predica s&oacute;lo llegaron cuando las compa&ntilde;&iacute;as, autorizadas por la Corona, aprovechan la inestabilidad pol&iacute;tica de 1620 en adelante en Inglaterra para promover la emigraci&oacute;n masiva, naturalmente aprovechando la &uacute;nica riqueza de las compa&ntilde;&iacute;as para esa &eacute;poca, la disponibilidad casi ilimitada de tierra.<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup>    </OL>      <p>&Eacute;sta, adem&aacute;s, resultaba ser una pol&iacute;tica respaldada por la clase comerciante que durante el siglo XVI se hab&iacute;a posicionado en el Parlamento ingles y har&iacute;a que este reino, adicionalmente de empezar a tomar forma como Estado-naci&oacute;n, se caracterizara en el siglo XVII por su autonom&iacute;a econ&oacute;mica frente a la dependencia francesa, portuguesa y espa&ntilde;ola con respecto a Inglaterra.<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup> Todos los obst&aacute;culos para el desarrollo capitalista fueron removidos por el dinamismo y por los resultados de la iniciativa privada. Los privilegios reales, aristocr&aacute;ticos y corporativos, monopolios, impuestos, control de precios fueron entendidos como obst&aacute;culos para el desarrollo y en cambio la creaci&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;as an&oacute;nimas, el Banco de Inglaterra y el avance de las ciencias se entendieron como formas de promover el desarrollo. </p>      <p>El clero, la aristocracia y la burocracia no tuvieron otro camino que ceder a la presi&oacute;n creciente de esa mezcla de aventureros, comerciantes, piratas y contrabandistas que para 1630 le hab&iacute;an tra&iacute;do tantos &eacute;xitos en el plano econ&oacute;mico y hasta en el militar, pues fueron esos individuos los responsables de la estrategia para derrotar a la Armada Invencible espa&ntilde;ola a finales del siglo XVI. Pero adem&aacute;s, para 1670 se hab&iacute;a consolidado su poder en el Parlamento. Entonces, este argumento insiste en que los primeros colonos -pordioseros, convictos y aventureros- no fueron quienes trajeron las semillas de la democracia, sino que fueron los sujetos de una pol&iacute;tica estatal que para la d&eacute;cada de 1620-1630 le hab&iacute;a apostado todo a la autonom&iacute;a privada. S&oacute;lo cuando llegan masivamente los grupos de colonos inspirados en la b&uacute;squeda de un espacio para desarrollar sus aspiraciones religiosas y econ&oacute;micas es que la democracia se hace fundamental, pues la idea ya no era saquear, sino producir. Despu&eacute;s de esta d&eacute;cada, la democracia se hace herramienta para propiciar una pol&iacute;tica econ&oacute;mica a partir de la agricultura, la manufactura, el comercio y la ausencia de regulaci&oacute;n estatal. </p>      <p>Entonces ser&iacute;a s&oacute;lo en este contexto en que los jueces se convierten en figuras fundamentales dentro de la estructura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de las colonias. Pues una caracter&iacute;stica general de cada colonia para 1670 era que en cada una se hab&iacute;a establecido el principio de la obediencia absoluta a las normas que acordadas por los fundadores m&aacute;s influyentes de la comunidad.<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup> Su autonom&iacute;a permite que cada una tenga sus propias normas construidas a partir de tres presupuestos b&aacute;sicos: primero, lo que se consideraba como normas populares tra&iacute;das por cada comunidad ya que, de acuerdo con el extenso estudio sobre la historia del derecho estadounidense de Lawrence M. Friedman, el <i>common law </i>en la Inglaterra del siglo XVI era esencialmente la ley de las cortes reales, pero ellas manejaban s&oacute;lo los problemas de un peque&ntilde;o grupo de individuos dentro del reino, era, por tanto, "una ley aristocr&aacute;tica." Segundo, las necesidades espec&iacute;ficas de cada colonia, y tercero el elemento ideol&oacute;gico que hizo a unas colonias liberales, en t&eacute;rminos de pluralidad religiosa, y a otras conservadoras. Teniendo en cuenta que no existi&oacute; comunidad laica alguna, esto elemento entrar&iacute;a a marcar diferencias acentuadas en la concepci&oacute;n de la vida diaria de los colonos. </p>      <p>Sin embargo, la figura del juez como int&eacute;rprete de las costumbres de cada comunidad y como generador de derecho a trav&eacute;s de sus decisiones fue f&aacute;cilmente conservado, pues &eacute;ste era un modelo de administraci&oacute;n de justicia de larga data en Europa. En Espa&ntilde;a, concretamente en Castilla, el modelo de la supremac&iacute;a de la ley real desplazar&iacute;a el precedente e finales del siglo XV y no es casualidad que la &eacute;poca coincida con la formaci&oacute;n del imperio espa&ntilde;ol ante el descubrimiento.<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup> Las necesidades de explotaci&oacute;n y saqueo nada son coherentes con un modelo de justicia que reconoce y respeta las costumbres de las comunidades como requisito para la estabilidad pol&iacute;tica. En cambio, en la Inglaterra del siglo XVII, esta forma de justicia era requisito esencial para que las compa&ntilde;&iacute;as privadas siguieran funcionando y el comercio se expandiera. </p>      <p>Las colonias eran comunidades peque&ntilde;as, donde las decisiones eran tomadas por los hombres libres que eran la mayor&iacute;a y que adem&aacute;s pose&iacute;an propiedad. Como el disentimiento era habitual, una vez se nombraba un juez o un predicador, se entend&iacute;a que el respaldo de los varones de la comunidad, en el caso del juez, le otorgaban la legitimidad necesaria para resolver de acuerdo a las nociones de justicia de esa comunidad. Esto permite que las cortes, incluso, se conviertan en foros para tomar determinaciones sobre aspectos cruciales de la comunidad, como la construcci&oacute;n de escuelas y carreteras y para vigilar el cumplimiento de las tareas de construcci&oacute;n que obligaban a todos los residentes.<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup> Naturalmente, desde este esquema de administraci&oacute;n de justicia, el bien com&uacute;n es un asunto decidido por la comunidad y centrado en la satisfacci&oacute;n de necesidades materiales fundamentales, esquema donde los funcionarios reales poco o ninguna ingerencia ten&iacute;an, y los abogados resultaban casi innecesarios,<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup> pues muchos litigios se planteaban ante el juez de paz. Finalmente, esquema de administraci&oacute;n de justicia, respaldado por la absoluta independencia econ&oacute;mica con respecto a la Madre Patria. Cuando &eacute;sta intent&oacute;, 150 a&ntilde;os despu&eacute;s, alterar esa independencia econ&oacute;mica, desconoci&oacute; la estructura pol&iacute;tica social y jur&iacute;dica que la autonom&iacute;a les hab&iacute;a permitido construir a trece de 22 colonias en Am&eacute;rica. All&iacute; se abrir&iacute;a el paso para la independencia de las colonias y la posterior consolidaci&oacute;n de una naci&oacute;n. </p> <hr>     <p><b>Notas al pie</b></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Los primeros textos que circularon en Bogot&aacute; fueron las traducciones, primero de <i>Introducci&oacute;n al derecho norteamericano,</i> de Lawrence Friedman, cuyo &uacute;nico ejemplar lleg&oacute; a la Biblioteca de la Universidad Nacional en 1987, pero que para finales del 2002 se hab&iacute;a catalogado y ubicado en la secci&oacute;n libros de baja circulaci&oacute;n en la biblioteca central. El otro texto es adquirido en 1992 por la Biblioteca Luis&Aacute;ngel Arango y se trata de la traducci&oacute;n hecha en Argentina de <i>Introducci&oacute;n al sistema legal de los Estados Unidos, </i>de Allan Fransworth. Es hasta finales de la d&eacute;cada cuando aparecen escritos de profesores espa&ntilde;oles como <i>Federalismo judicial</i>; <i>El modelo americano,</i> de Gregorio Ruiz, y <i>El precedente en el common law,</i> de Victoria Iturralde Sesma. En el 2002 aparece una traducci&oacute;n del texto <i>Introducci&oacute;n al derecho ingl&eacute;s y norteamericano, </i>del franc&eacute;s Rolland S&eacute;roussi, y en el 2003, <i>Introducci&oacute;n al derecho ingl&eacute;s</i> de Phillip James.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Desde la Universidad de los Andes, principalmente, se ha alimentado el ataque contra la concepci&oacute;n neorromanista que insiste en el enfoque fundamental en la norma escrita y la independencia de los jueces como argumentos para mantener la noci&oacute;n de fuente auxiliar de la jurisprudencia. V&eacute;ase L&oacute;pez M., Diego, <i>El derecho de los jueces</i>, Bogot&aacute;, Legis y Ediciones Uniandes, 2001; Kennedy, Duncan, <i>Libertad y restricci&oacute;n en la decisi&oacute;n judicial</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Uniandes, 2000. En la misma direcci&oacute;n est&aacute;n los trabajos del Observatorio de la Justicia Constitucional o el esfuerzo desplegado por Colciencias, las universidades Nacional de Colombia y de los Andes para producir el Calidoscopio de la Justicia.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Merryman, John, <i>La tradici&oacute;n jur&iacute;dica romano-can&oacute;nica</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989, p. 17.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>S&eacute;roussi, Roland, <i>Introducci&oacute;n al derecho ingl&eacute;s y norteamericano</i>, Barcelona, Ariel, 1998, p. 81.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Farnsworth, E. Allan, <i>Introducci&oacute;n al sistema legal de los Estados Unidos</i>, Buenos Aires, Zavalia Editor,    1990, p. 14.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>El mismo texto fue traducido por Librarie Generale de Droit et Jurisprudence, en 1986.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>S&eacute;roussi, <i>op. cit</i>., p. 20.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Friedman, Lawrence, <i>Introducci&oacute;n al derecho norteamericano</i>, s. l., Cometa S. A., 1988, p. 5.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup><i>Ibid.</i>, p. 7.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup><i>Ibid</i>., p. 8.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Perspectiva enunciada ya en 1972 en su libro m&aacute;s conocido <i>A History of American Law</i>. En &eacute;ste, el por    entonces profesor de Stanford en California cuestion&oacute; la educaci&oacute;n legal por su &eacute;nfasis en el precedente    y su manipulaci&oacute;n del pasado. As&iacute; lo denunci&oacute; Friedman en el pr&oacute;logo de su trabajo, en 1972, pero en    1987, cuando se produce la segunda edici&oacute;n, el autor manifiesta su entusiasmo por que los estudios    sobre la historia del derecho estaban "<i>now on its way to maturity</i>". V&eacute;ase prefacios en Friedman, Lawrence    M., <i>A History of American Law</i>, 2&ordf; ed., Nueva York, Simon &amp; Schuster, 1985, pp. 11-16.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Friedman, <i>Introducci&oacute;n..., op. cit.</i>, 1988, p. 35.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup><i>Ibid.</i>, p. 36.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup><i>Ibid</i>., p. 39.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Gonz&aacute;lez de Stephan, Beatriz, "Econom&iacute;as fundacionales. Dise&ntilde;o del cuerpo ciudadano", en <i>Revista Estudios. Revista de Investigaciones Literarias</i>, a&ntilde;o 3, No. 5, enero-junio, 1995, pp.19-46.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup><i>Ibid</i>., p. 20.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Robert Crunden argumenta que la cultura estadounidense es esencialmente "una mezcla peculiar de cristianismo, capitalismo y democracia, en ese orden". La guerra civil habr&iacute;a asegurado las ideas religiosas, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas del grupo dominante del norte y desde entonces los grupos minoritarios han tenido que adaptarse a la cultura dominante o sufrir el aislamiento. La consecuencia de esto fue, seg&uacute;n el autor, la adaptaci&oacute;n a "una homogeneidad superficial de valores y comportamientos que fue, para los Estados Unidos, el sustituto de la unidad racial y geogr&aacute;fica". Cruden M., Robert, <i>Introducci&oacute;n a la historia de la cultura norteamericana</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora, 1994, pp. 14-15.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>El autor, aunque acepta el actual desarrollo econ&oacute;mico de Espa&ntilde;a, insiste en que en el plano democr&aacute;tico "se encuentra atrasada respecto de la democracia occidental". El fin &uacute;ltimo del autor es desvirtuar los argumentos de quienes pregonan la teor&iacute;a de la dependencia para explicar los problemas de Am&eacute;rica Latina. V&eacute;ase Harrison, Lawrence <i>El subdesarrollo est&aacute; en la mente,</i> M&eacute;xico, Limusa, 1989. Tal visi&oacute;n est&aacute; plasmada en la historia oficial de los Estados Unidos. All&iacute; se refiere a los exploradores espa&ntilde;oles de finales del siglo XV e inicios del XVI como "avaros aventureros" y no se hace ninguna referencia a la actitud de los ingleses con los ind&iacute;genas estadounidenses. V&eacute;ase p&aacute;gina web de la Embajada Estadounidense, <a href="http://usembassy.state.gov/" target="_blank">http://usembassy.state.gov/</a>, 27 de agosto de 2003.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>No pretende este art&iacute;culo argumentar que el actual desarrollo econ&oacute;mico y la estabilidad pol&iacute;tica estadounidense deba o pueda explicarse sencillamente por la pol&iacute;tica inglesa de colonizaci&oacute;n a finales del siglo XVI y inicios del XVII. Se trata m&aacute;s bien de explicar las razones que posibilitaron el grado de autonom&iacute;a de las colonias.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Friedman,<i> Introducci&oacute;n, op. cit. </i>p. 43.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Blum y otros, <i>The National Experience. A History of the United States to 1887</i>, Nueva York, Harcourt, Brace &amp; World, 1968, p. 2.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Tindall y Shi, <i>Historia de los Estados Unidos</i>, tomo 1, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1995., p. 4.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Entre estos reinos, Portugal dominaba la navegaci&oacute;n y el comercio internacional durante el siglo XV. Espa&ntilde;a no ten&iacute;a la preponderancia de Portugal pero tuvo la fortuna, o tal vez el infortunio, de descubrir Am&eacute;rica. La    fortuna, porque el error de c&aacute;lculo de Col&oacute;n llev&oacute; a reyes inexpertos en asuntos de geograf&iacute;a y exploraci&oacute;n a    consolidar la sociedad conyugal m&aacute;s rica de la que se haya tenido raz&oacute;n en la tradici&oacute;n jur&iacute;dica romano-cat&oacute;lica. De paso, el reino de Castilla se convertir&iacute;a en el primer imperio de verdadero car&aacute;cter mundial de la historia. Pero    result&oacute; un infortunio porque, como todos los imperios que lo antecedieron, se desmoronar&iacute;a y dejar&iacute;a sumido,    ya no a un reino, sino a un Estado-naci&oacute;n, en d&eacute;cadas de inestabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Tindall y Shi, <i>op. cit</i>.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Una de las primeras acciones de Col&oacute;n, documentadas hist&oacute;ricamente, fue tomar como prisioneros a algunos ind&iacute;genas y llev&aacute;rselos en su barco hasta lo que se llamar&iacute;a en el per&iacute;odo de la Conquista y Colonia como la Espa&ntilde;ola (Cuba) para que ellos lo condujeran a la fuente del metal. V&eacute;ase Zinn, Howard, <i>A People's History of the United States. 1492-Present,</i> Nueva York, Harper Perennial, 1995, p. 3.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Estos exploradores "cambiaban de lealtad a su arbitrio y llevaban de corte en corte informes que sus amos hubieran preferido mantener secretos". Parry, John H., <i>Europa y la expansi&oacute;n del mundo. 14151715</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998, p. 80.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Tindall y Shi, <i>op. cit., </i>p. 6.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>De Ita Rubio, Lourdes, <i>Viajeros isabelinos en la Nueva Espa&ntilde;a</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001, p. 25.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Wood, Diana, <i>Medieval Economic Thought</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, p. 110.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup><i>Ibid. </i>    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Es tan crucial el reinado de Isabel que se alega que "la civilizaci&oacute;n occidental comenz&oacute; en la Inglaterra de Isabel", pues a pesar de los disturbios religiosos internos la consolidaci&oacute;n pol&iacute;tica y el expansionismo territorial se cristalizan. As&iacute; entonces a Isabel le interesaba m&aacute;s permanecer en el poder que la pureza doctrinal protestante. Crunden M., <i>op. cit., </i>p. 21.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Para ver la acci&oacute;n de los piratas y diversos comerciantes que influyeron en la cultura inglesa del siglo XVI, v&eacute;ase. De Ita Rubio, <i>op. cit.,</i> cap&iacute;tulos 1 y 2.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Est&aacute; plasmado en los registros de los comerciantes ingleses que ten&iacute;an relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a la mezcla de admiraci&oacute;n y envidia que les produc&iacute;a ver llegar "los galeones procedentes de Am&eacute;rica que ven&iacute;an cargados hasta su m&aacute;xima capacidad de oro, plata, perlas, sedas, pieles, tintes, especias y muchas otras mercanc&iacute;as..". <i>Ibid.</i>, p. 55.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup><i>Ibid., </i>p. 67.     <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>V&eacute;ase la Introducci&oacute;n en Cruden, <i>op. cit. </i>    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Blum y otros, <i>op. cit.</i>, p. 10.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup><i>Ibid. </i>p. 11.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup><i>Ibid</i>., p. 10.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Tindall y Shi, <i>op. cit.,</i> p. 15.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Blum y otros, <i>op. cit.,</i> p. 13.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Para finales del siglo XVI la idea rom&aacute;ntica y heroica de los caballeros ingleses de navegar en busca de riqueza y aventura empezaba a ser desechada ante la realidad de los hechos. El profesor Lawrence James reporta c&oacute;mo unos elegantes caballeros ingleses retornaron furiosos en 1613 de una colonia en las Bermudas despu&eacute;s de que se les solicitara cortar &aacute;rboles y construir un fuerte. V&eacute;ase James, Lawrence, <i>The Rise and Fall of the British Empire</i>, Nueva York, St. Martin's Press, 1995, p. 6.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup><i>Ibid.</i>, p. 10.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>La imagen de un centenar de hombres y mujeres que huyendo de la persecuci&oacute;n religiosa de Inglaterra sentaron las bases de una gran naci&oacute;n ha sido h&aacute;bilmente explotada por la propaganda estatal para transmitir un sentimiento de fraternidad, bondad, honestidad y trabajo duro. Ha sido tan poderosa la imagen que el D&iacute;a de Acci&oacute;n de Gracias, la fiesta que m&aacute;s congesti&oacute;n causa en los las estaciones de tren y aeropuertos el &uacute;ltimo jueves de noviembre de cada a&ntilde;o, se explica a los ni&ntilde;os estadounidenses como el inicio de su gran naci&oacute;n. Las pruebas hist&oacute;ricas demuestran que se trataba de un grupo de 120, entre mujeres y hombres, caracterizados por su fanatismo; quienes pretendiendo construir una iglesia para s&iacute; mismos se hab&iacute;an trasladado a Holanda en 1609, pero ante la contaminaci&oacute;n cultural por la que pasaban sus hijos, van a Virginia, un lugar donde pod&iacute;an permanecer como ingleses y ser autosuficiente. Un lugar lejos "del contagio her&eacute;tico de religiones y suficientemente lejos del control gubernamental". La persecuci&oacute;n religiosa que se atribuye en la imagen m&iacute;tica contrasta con el hecho que ellos recurrieron a un acuerdo comercial con un grupo de inversionistas para crear un plantaci&oacute;n y como en otras experiencias de la &eacute;poca, se comprometieron a trabajar siete a&ntilde;os dividiendo las ganancias entre los inversionistas y la comunidad. Su colonia jam&aacute;s fue un modelo econ&oacute;mico para las dem&aacute;s y la verdadera masa de peregrinos llegar&aacute;n diez a&ntilde;os despu&eacute;s en 1630, ya bien equipados y m&aacute;s preparados para sobrevivir. Pero los menos de cien que exist&iacute;an un a&ntilde;o despu&eacute;s de su arribo, nunca fueron la raz&oacute;n del &eacute;xito econ&oacute;mico de las dem&aacute;s colonias. Ve&aacute;se Blum y otros., <i>op. cit.,</i> pp.20-22.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>Zinn, <i>op. cit., </i>p. 12.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>En vista de que se trataba de motivar a bastante gente para explotar alg&uacute;n producto id&oacute;neo econ&oacute;micamente, pues la &uacute;nica riqueza cierta para 1600, en esta parte del mundo, era la abundancia de tierras f&eacute;rtiles, el modelo de motivaci&oacute;n para potenciales colonos fue cambiando hasta hacer que la Virginia Company of London planteara, despu&eacute;s de las primeras exportaciones exitosas de tabaco en 1617, una innovadora pol&iacute;tica de colonizaci&oacute;n: quien pagara por su pasaje o el de otra persona recibir&iacute;a cincuenta acres por cabeza. Se asum&iacute;a que los m&aacute;s ricos enviar&iacute;an varios peones y crear&iacute;an plantaciones y de hecho se encontraron con que aparecieron quienes establecieron otras sociedades para enviar peones. Estos &uacute;ltimos trabajar&iacute;an por siete a&ntilde;os para 'pagar' el pasaje y despu&eacute;s, al quedar libres, se les dar&iacute;a cien acres por lo cuales deber&iacute;an pagar una renta anual. Adicionalmente, la colonia ser&iacute;a gobernada por leyes inglesas, lo que implicaba que sus habitantes tendr&iacute;an los derecho de los ingleses. Es decir, el modelo cerrado y autoritario del gobernador fue cediendo poco a poco hacia un sistema m&aacute;s flexible que permitiera la explotaci&oacute;n de productos agr&iacute;colas, el comercio y la manufactura. Finalmente, los colonos tendr&iacute;an voz en la administraci&oacute;n y podr&iacute;an elegir su representantes a una asamblea que junto con el consejo elegido por el gobernador har&iacute;a las leyes. Tanto el gobernador como la compa&ntilde;&iacute;a de Inglaterra ten&iacute;an poder de veto y la leyes de la compa&ntilde;&iacute;a pod&iacute;an ser vetadas por la asamblea en la colonia. V&eacute;ase Blum y otros, <i>op. cit. </i>    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup><i>Ibid.,</i> p. 15.    <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup><i>Ibid</i>., p. 14.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup>El Londres de 1605 todav&iacute;a reflejaba el ambiente provocado por <i>sir</i> Walter Raleigh, quien desde finales del siglo XVI hab&iacute;a prometido al reino riquezas superiores a las obtenidas por Espa&ntilde;a si &eacute;ste financiaba una expedici&oacute;n para encontrar el Dorado en alg&uacute;n lugar de las selvas tropicales de la Guyana, actitud que era objeto de burla en una obra teatral que por ese a&ntilde;o era muy popular en Londres. <i>Ibid.</i>, p. 3.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup>Brown, Craig, <i>La historia ilustrada de Canad&aacute;</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1994, p. 82.    <!-- ref --><br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup>Bethell, Leslie, <i>Historia de la Am&eacute;rica Latina</i>, vol. 2, Barcelona, Cambridge University Press-Cr&iacute;tica,    1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-0579200300020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> p. 5.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup>En Sevilla, C&aacute;diz y Sanlucar se estableci&oacute;, desde finales del siglo XVI, un grupo de comerciantes      ingleses y hasta 1545 tuvieron la oportunidad de participar de los grandes dividendos que produc&iacute;a el      comercio con Am&eacute;rica desde M&eacute;xico hasta Lima. De Ita Rubio, <i>op. cit</i>., p. 26.    <br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup>S&oacute;lo hasta 1750 se hizo la primera recopilaci&oacute;n de las normas inglesas y, sin embargo, Friedman considera que incluso esa descripci&oacute;n era parcial y defectuosa, "como un diccionario que omite jerga, dialectos y palabras coloquiales y t&eacute;cnicas". Friedman, <i>History of American Law</i>, <i>op. cit., </i>p. 38.    <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup><i>Ibid.</i>, p. 37.    <br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup>Se trataba b&aacute;sicamente de comunidades peque&ntilde;as porque a pesar del incentivo que implicaba convertirse en propietario, la cantidad de personas que sobreviv&iacute;an no superaba el 20%. Por ejemplo, Virginia, en 1624, ten&iacute;a unos mil habitantes y ese a&ntilde;o llegaron cuatro mil m&aacute;s, sin embargo, un a&ntilde;o despu&eacute;s hab&iacute;a s&oacute;lo 1.275 personas.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup>Blum y otros, <i>op. cit., </i>p. 19.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup>La pr&eacute;dica en las colonias, una vez la agricultura y el comercio se establecen como medio de supervivencia, part&iacute;a de una idea de igualdad. Como alega Cruden: "si el objeto de la predicaci&oacute;n era la mente de cada cristiano y cada uno de ellos pod&iacute;a votar por un predicador y obtener la bendici&oacute;n divina por los resultados de dicha votaci&oacute;n, entonces ese hombre se sab&iacute;a esencialmente igual al m&aacute;s fino de los arist&oacute;cratas". Cruden M.,<i> op. cit.</i>, p. 25.    <br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup>Existe un argumento que incluso insiste que Espa&ntilde;a y Portugal eran dependientes econ&oacute;micamente de Europa desde 1492 y que ese estatus an&oacute;malo condicionar&iacute;a adem&aacute;s la sociedad y la pol&iacute;tica de las naciones ib&eacute;ricas y sus colonias. V&eacute;ase Stein y Stein, <i>The Colonial Heritage of Latin America,</i> Nueva York, Oxford University Press, 1970.    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup>El caso de John Winthrop, quien formar&iacute;a la Compa&ntilde;&iacute;a de la Bah&iacute;a de Massachussets y viajar&iacute;a a Am&eacute;rica a crear "Una Ciudad en la Monta&ntilde;a", a la postre la colonia m&aacute;s grande, demuestra como al no existir control riguroso por parte de la Corona, eventualmente permitir&iacute;a que un l&iacute;der determinara a los dem&aacute;s miembros de la comunidad. Sin embargo, &eacute;l depend&iacute;a del voto de otros cien hombres ya que el acuerdo con el rey dispon&iacute;a que ellos pod&iacute;an establecer la forma de gobernar la colonia. Winthrop, quien hab&iacute;a sido elegido desde Inglaterra, negar&iacute;a el derecho de rebeli&oacute;n de los puritanos una vez en Am&eacute;rica, aduciendo el argumento de la esposa que escoge marido y luego tiene que soportarlo, as&iacute; deber&iacute;an los individuos con el magistrado que designaran, m&aacute;xime pensando que una vez electo era aprobado por Dios. Anne Hutchinson y Roger Williams desafiaron esta idea y este &uacute;ltimo critic&oacute; la asistencia obligatoria a la Iglesia y los privilegios en tierras obtenidos por Winthrop y sus amigos. Esto le valdr&iacute;a el destierro de Bah&iacute;a de Massachussets y Salem y a la vez har&iacute;a posible que fundara con sus seguidores la colonia de Rhode Islan. Blum y otros, <i>op. cit.</i>, pp. 23-24.    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup>Borah, Woodrow, <i>El juzgado general de los indios en la Nueva Espa&ntilde;a, </i>M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1996, p. 20.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup>Los hechos hist&oacute;ricos prueban que todas las colonias buscaron movilizar e incluso obligar a que las personas tuvieran a su cargo funciones p&uacute;blicas en el gobierno y en las cortes de cada localidad dentro de la colonia, ya como jueces o miembros del jurado. Adicionalmente, los casos eran ventilados p&uacute;blicamente para que sirvieran como transmisores de valores morales colectivos, como forma de hacer leg&iacute;tima las decisiones "para participar en rituales y ceremonias que un&iacute;an al grande y al peque&ntilde;o". V&eacute;ase Introducci&oacute;n en Offut, William <i>"Good Laws and Good Men". Law and Society in the Delaware Valley, 1680-1710,</i> University of Illinois Press, 1995.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup>En Delaware, New Jersey y Pennsylvania las personas pod&iacute;an presentar sus causas o pedirle a un amigo que los representara. Adicionalmente, a diferencia de la cortes inglesas, en esas colonias se aboli&oacute; el uso del lat&iacute;n y todas las formas eran escritas en un ingl&eacute;s sencillo y comprensible para todos. "A nadie se le requer&iacute;a pagar un abogado para litigar en la Corte" <i>Ibid.,</i> p. 19.    <br>    <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A </i></b></p>      <p>Bethell, Leslie, <i>Historia de la Am&eacute;rica Latina,</i> vol. 2, Barcelona, Cambridge University Press-Cr&iacute;tica, 1994. </p>      <!-- ref --><p>Blum y otros, <i>The National Experience. A History of the United States to 1887,</i> Nueva York, Harcourt, Brace &amp; World, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-0579200300020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Brown, Craig, <i>La historia ilustrada de Canad&aacute;,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-0579200300020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cruden M., Robert, <i>Introducci&oacute;n a la historia de la cultura norteamericana,</i> Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-0579200300020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>De Ita Rubio, Lourdes, <i>Viajeros isabelinos en la Nueva Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-0579200300020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Farnsworth, E. Allan, <i>Introducci&oacute;n al sistema legal de los Estados Unidos,</i> Buenos Aires, Zavalia Editor, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-0579200300020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Friedman, Lawrence, <i>Introducci&oacute;n al derecho norteamericano,</i> s. l., Cometa S. A., 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-0579200300020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, <i>A History of American Law, </i>2&ordf; ed., Nueva York, Simon &amp; Schuster.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-0579200300020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez de Stephan, Beatriz, "Econom&iacute;as fundacionales. Dise&ntilde;o del cuerpo ciudadano", en <i>Revista Estudios.</i> Revista de Investigaciones Literarias, a&ntilde;o 3, No. 5, enero-junio, 1995, pp. 19-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-0579200300020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Harrison, Lawrence, <i>El subdesarrollo est&aacute; en la mente, </i>M&eacute;xico, Limusa, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-0579200300020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>James, Lawrence, <i>The Rise and Fall of the British Empire,</i> Nueva York, St Martin's Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-0579200300020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Laidi, Zaki, <i>Un mundo sin sentido, </i>M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-0579200300020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Merryman, John, <i>Las tradici&oacute;n jur&iacute;dica romano-can&oacute;nica,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579200300020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Offut, William, <i>"Good Laws and Good Men". Law and Society in the Delaware Valley. 1680-1710,</i> University of Illinois Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579200300020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Parry, John H., <i>Europa y la expansi&oacute;n del mundo. </i>1415-1715, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-0579200300020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>S&eacute;roussi, Roland, <i>Introducci&oacute;n al derecho ingl&eacute;s y norteamericano,</i> Barcelona, Ariel, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579200300020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Stein y Stein, <i>The Colonial Haritage of Latin America,</i> Nueva York, Oxford University Press, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579200300020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Tindall y Shi, <i>Historia de los Estados Unidos,</i> tomo 1, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579200300020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Wood, Diana, <i>Medieval Economic Thought,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579200300020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Zinn, Howard, <i>A People's History of the United States. 1492-Present, </i>Nueva York, Harper Perennial, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-0579200300020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
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