<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-0579</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Estud. Socio-Juríd]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-0579</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-05792003000200006</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El error del asegurador en el contrato de seguro]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mantilla Espinosa]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fabricio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Clavijo Patiño]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis Eduardo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Catedrático ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<volume>5</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>224</fpage>
<lpage>241</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-05792003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-05792003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-05792003000200006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b><i>El error del asegurador en el contrato de seguro</i></b></font></p>        <p><b><i>Fabricio Mantilla Espinosa</i></b><Sup>*</Sup>    <br> <i><b>Luis Eduardo Clavijo Pati&ntilde;o</b></i><Sup>**</Sup></p>     <p><sup>*</sup> Catedr&aacute;tico de la Universidad del Rosario.    <br> <sup>**</sup> Abogado rosarista, especialista en Derecho de Seguros.</p> <hr>       <p> El <i>error vicio del consentimiento </i>es la divergencia entre la voluntad declarada y la voluntad real del contratante, divergencia ocasionada por la falsa representaci&oacute;n que hizo &eacute;ste de los elementos del contrato. Con el objeto de proteger la formaci&oacute;n del consentimiento, elemento de validez del contrato (art. 1502 del C&oacute;digo Civil &#91;C. C.&#93;), el legislador ha establecido un r&eacute;gimen jur&iacute;dico general aplicable al error (arts. 1508 a 1512 C. C.). </p>      <p>Ahora bien, el legislador comercial, en el art. 1058 del C&oacute;digo de Comercio (C. Co.), consagr&oacute; una aplicaci&oacute;n particular y restringida de la teor&iacute;a del error vicio del consentimiento en la formaci&oacute;n del contrato para el contrato de seguro.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> En efecto, la nulidad relativa con la que este contrato se sanciona tiene por objeto proteger el consentimiento del asegurador, quien fue determinado a contratar por la falsa representaci&oacute;n que se hizo de la realidad, en lo concerniente al estado del riesgo, elemento esencial de este contrato (art. 1511 C. C.). </p>      <p>Si bien es cierto que la consagraci&oacute;n de la teor&iacute;a del error en la formaci&oacute;n del contrato de seguro presenta importantes particularidades que la hacen un verdadero r&eacute;gimen especial, esto no implica, de manera alguna, la existencia de un r&eacute;gimen jur&iacute;dico aut&oacute;nomo con sanciones especialmente severas, como se ha pretendido en jurisprudencia y doctrina.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup></p>      <p>El contrato de seguro fue concebido por el legislador colombiano (arts. 1036 al 1162 C. Co.) como un r&eacute;gimen contractual especial<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> que se aparta, en aspectos puntuales, del r&eacute;gimen general aplicable a las obligaciones y a los contratos de derecho privado (en t&eacute;rminos generales: el Libro Cuarto del C&oacute;digo Civil y el Libro Cuarto, T&iacute;tulo I, del C&oacute;digo de Comercio). No obstante, esta especificidad no determina una independencia absoluta con respecto al r&eacute;gimen general de las obligaciones y los contratos. En efecto, por una parte, el contrato de seguro, como todo contrato t&iacute;pico,<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> se encuentra regido no s&oacute;lo por sus disposiciones espec&iacute;ficas, sino, adem&aacute;s, por la teor&iacute;a general del contrato en todos aquellos aspectos en los cuales el r&eacute;gimen especial no consagr&oacute; una soluci&oacute;n distinta. Por otra parte, no hay que olvidar que nuestro legislador siempre se ha caracterizado por obrar con extrema prudencia al momento de consagrar soluciones jur&iacute;dicas particulares, es decir, las excepciones introducidas al derecho com&uacute;n se han limitado, en la mayor&iacute;a de los casos, a establecer ciertas exclusiones o precisiones al r&eacute;gimen general sin contrariar de forma manifiesta los principios fundamentales de nuestro derecho privado com&uacute;n.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El r&eacute;gimen especial del error del asegurador se encuentra determinado por la naturaleza misma del contrato de seguro, en el cual se presenta un gran desequilibrio entre las partes,<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> y por la profesionalidad del asegurador. Dentro de este contexto deben entenderse las disposiciones consagradas en el art&iacute;culo 1058 C. Co., las cuales determinan el &uacute;nico r&eacute;gimen jur&iacute;dico aplicable en caso de error vicio del consentimiento del asegurador. Para poder precisar el alcance de dicho r&eacute;gimen especial hay que analizar sucesivamente el error sancionado (1) y el error no sancionado por el art. 1058 C. Co (2). </p>      <p><b><i>1. EL ERROR SANCIONADO </i></b></p>      <p> El legislador colombiano consagr&oacute; el contrato de seguro como un <i>contrato dirigido,</i><sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> es decir, en detrimento del principio de la autonom&iacute;a privada, determin&oacute; directamente, mediante normas imperativas, sus condiciones particulares de formaci&oacute;n, contenido y efectos, con el fin de proteger la posici&oacute;n de los profanos (tomador, asegurado y beneficiario) frente al asegurador (profesional altamente especializado y, en principio, en manifiesta posici&oacute;n de fuerza). En este orden de ideas, la ley establece, de manera imperativa, estrictas condiciones de forma,<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> reglas concernientes a los medios y a la carga de la prueba<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> y reglas especiales de fondo.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> Es m&aacute;s, el art. 1162 C. Co. establece un listado no taxativo<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> de las disposiciones legales que no pueden ser modificadas por las partes, y de aquellas que s&oacute;lo pueden serlo en sentido favorable al tomador, al asegurado o al beneficiario. </p>      <p>Dentro de esta &oacute;ptica de protecci&oacute;n a los profanos, el art. 1058 C. Co. limita la sanci&oacute;n del error del asegurador s&oacute;lo a aquellos casos en que su consentimiento fue determinado por las reticencias o inexactitudes del tomador en la declaraci&oacute;n del riesgo. As&iacute;, el r&eacute;gimen del error del art. 1058 C. Co. ser&aacute; el &uacute;nico aplicable al asegurador, mientras que el consentimiento del tomador seguir&aacute; protegido por el r&eacute;gimen general del error (arts. 1509 y ss. C. C.).<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup></p>      <p>Ahora bien, nuestra jurisprudencia, bas&aacute;ndose en el tenor literal del art. 1058 C. Co., tiende a explicar dicha sanci&oacute;n con el argumento de la violaci&oacute;n de un "deber informativo" en cabeza del tomador en los siguientes t&eacute;rminos: "Todo ello justifica, en demas&iacute;a, no s&oacute;lo la consagraci&oacute;n positiva en el derecho nacional del referido deber informativo (o carga stricto sensu), como se indic&oacute; de penetrante val&iacute;a, sino tambi&eacute;n la adopci&oacute;n de un severo r&eacute;gimen sancionatorio...".<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup></p>      <p>Sin embargo, consideramos que dicha posici&oacute;n jurisprudencial es muy criticable, no s&oacute;lo porque la referencia a un supuesto deber informativo carece completamente de utilidad, sino, adem&aacute;s, porque el r&eacute;gimen sancionatorio del art. 1058 C. Co. es mucho menos severo que el r&eacute;gimen general del derecho com&uacute;n. </p>      <p>Por una parte, el supuesto deber de informar no aporta absolutamente nada nuevo, ya que la nulidad que sanciona la falsa representaci&oacute;n que se hizo el asegurador del estado del riesgo, como consecuencia de las inexactitudes o reticencias del tomador, encuentra su fundamento en la teor&iacute;a del error vicio del consentimiento (art. 1511 C. C.), y ser&iacute;a sancionada aun en ausencia del supuesto deber de informar. Y en el evento en que dichas inexactitudes o reticencias sean de mala fe, la teor&iacute;a del dolo (art. 1515 C. C.) explica perfectamente la sanci&oacute;n.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></p>      <p>Por otra parte, no es cierto que el art. 1058 C. Co. consagre un r&eacute;gimen sancionatorio especialmente severo. Todo lo contrario, dicho art&iacute;culo establece un r&eacute;gimen mucho menos riguroso que el r&eacute;gimen general del error. En efecto, el r&eacute;gimen especial del error del asegurador impone, en principio, la misma sanci&oacute;n del r&eacute;gimen general: la nulidad relativa;<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> pero limita su campo de aplicaci&oacute;n a aquellos errores imputables materialmente al titular del inter&eacute;s asegurado (A), y, adem&aacute;s, establece una sanci&oacute;n menos severa, si el tomador es inculpable (art. 1058 inc. 3 C. Co.), lo cual depende de una valoraci&oacute;n subjetiva del comportamiento de &eacute;ste (B).</p>      <p><b><i> A. El elemento objetivo: la imputabilidad material del error al titular del inter&eacute;s asegurado </i></b></p>      <p> En el derecho com&uacute;n la figura del error vicio del consentimiento tiene por objeto permitirle al contratante anular el contrato en el evento en que haya expresado su voluntad sin conocimiento de causa, es decir, cuando se haya hecho una falsa representaci&oacute;n de un elemento esencial del contrato, y dicha presentaci&oacute;n lo haya determinado a contratar (art. 1511 C. C.). El legislador previ&oacute; la nulidad por error con el &uacute;nico fin de proteger la voluntad de los contratantes. As&iacute;, el contrato ser&aacute;, en principio, anulable cada vez que la voluntad de uno de los contratantes haya sido determinada por un error, independientemente de su causa material. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Distinta es la soluci&oacute;n del <i>r&eacute;gimen especial del error del asegurador </i>(art. 1058 C. Co.), donde el legislador estableci&oacute; una limitaci&oacute;n muy importante y una menos importante. </p>     <p>La limitaci&oacute;n menos importante: en cuanto al objeto del error. El asegurador s&oacute;lo podr&aacute; pedir la sanci&oacute;n de su error cuando &eacute;ste verse sobre hechos o circunstancias que determinan el estado del riesgo. Ahora bien, es necesario precisar que aun cuando es cierto que el estado del riesgo es el &uacute;nico elemento esencial considerado por el legislador para sancionar el error,<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> esto no implica una limitaci&oacute;n considerable, ya que &eacute;ste puede ser determinado por diferentes hechos o circunstancias concernientes tanto a la persona del asegurado como al bien objeto del seguro.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>      <p>La limitaci&oacute;n m&aacute;s importante: en cuanto a la <i>causa</i><sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> del error. El asegurador s&oacute;lo podr&aacute; pedir la sanci&oacute;n de su error cuando &eacute;ste haya sido causado por la reticencia o la inexactitud del titular del inter&eacute;s asegurado en la declaraci&oacute;n de los hechos o de las circunstancias que determinan el estado del riesgo. En este orden de ideas, la falsa apreciaci&oacute;n del riesgo que no provenga de reticencias o inexactitudes del titular del inter&eacute;s asegurado no dar&aacute; derecho al asegurador de demandar la nulidad, ni de reducir el pago del siniestro<i>. </i></p>      <p>El legislador decidi&oacute; privar de acci&oacute;n al asegurador en todos aquellos casos en que su error en la apreciaci&oacute;n del estado del riesgo tiene origen en hechos distintos a la informaci&oacute;n suministrada por el titular del inter&eacute;s asegurado. </p>     <p>Ahora bien, el art. 1058 C. Co. s&oacute;lo hace referencia al error proveniente de las declaraciones del tomador, quien es parte en el contrato de seguro (art. 1037 C. Co.). Sin embargo, la sanci&oacute;n de error del asegurador exige su imputabilidad material a la persona que posee la informaci&oacute;n que permite determinar el estado del riesgo, lo cual no depende de la calidad de parte o tercero dentro del contrato.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup></p>      <p>Explicamos nuestra afirmaci&oacute;n: en el contrato de seguro no coinciden necesariamente las calidades de tomador, asegurado y beneficiario en una sola persona (art. 1039 C. Co.); por lo tanto, en aquellos casos en que el tomador es una persona distinta al asegurado, la exactitud y la veracidad de la informaci&oacute;n determinante del estado del riesgo depender&aacute;n de este &uacute;ltimo, simple tercero que no prest&oacute; su consentimiento para la celebraci&oacute;n del contrato de seguro y que, por ende, no tiene la calidad de parte. </p>      <p>As&iacute;, la imputabilidad material exigida por el legislador para sancionar el error del asegurador no obedece a la distinci&oacute;n entre las nociones de partes y terceros en el contrato,<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> sino a la determinaci&oacute;n de la persona titular del inter&eacute;s asegurado. &Eacute;sta es la soluci&oacute;n que se deduce del texto del art. 1039 inc. 2 C. Co., el cual dispone: </p>     <p>"No obstante al asegurado corresponden aquellas obligaciones que no puedan ser cumplidas m&aacute;s que por &eacute;l mismo".<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup></p>      <p>Dentro de esta misma &oacute;ptica hay que entender el art. 1060 C. Co., el cual consagra, en cabeza del asegurador, un derecho especial de revocaci&oacute;n o de reajuste de la prima (que no es nada distinto a una modificaci&oacute;n unilateral de sus obligaciones contractuales), en el evento de una modificaci&oacute;n del estado del riesgo, que puede ser imputable al tomador, al asegurado o a aun causas ajenas a &eacute;stos.<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> En este mismo orden de ideas, el legislador consagr&oacute; la obligaci&oacute;n del asegurador de reducir la prima en caso de disminuci&oacute;n del riesgo (art. 1065 C. Co.). </p>      <p>As&iacute; las cosas, no se puede sostener que dicho derecho de revocaci&oacute;n </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>o de modificaci&oacute;n del contrato sancione el incumplimiento de una supuesta obligaci&oacute;n contractual de mantener el estado del riesgo, por dos razones fundamentales: la primera, porque el asegurado no es parte en el contrato de seguro y, por ende, dicho contrato no puede gravar su patrimonio con obligaciones. La segunda, porque el derecho del asegurador tiene un contenido muy especial: permite la reforma o la terminaci&oacute;n (hacia el futuro) del contrato cuyas condiciones cambiaron debido a un hecho no necesariamente imputable a su contratante. Muy distinta es la hip&oacute;tesis del incumplimiento de una obligaci&oacute;n contractual, la cual necesita una imputaci&oacute;n material al deudor para ser sancionada mediante la resoluci&oacute;n del contrato (retroactiva) y la eventual indemnizaci&oacute;n de da&ntilde;os y perjuicios (art. 1546 C. C. y art. 870 C. Co.). </p>      <p><b><i>B. El elemento subjetivo: la valoraci&oacute;n del comportamiento del titular del inter&eacute;s asegurado </i></b></p>      <p> El legislador comercial no s&oacute;lo limit&oacute; la sanci&oacute;n del error del asegurador a aquellos casos en que &eacute;ste haya sido causado por la inexactitud de las declaraciones del titular del inter&eacute;s asegurado sino que, adem&aacute;s, estableci&oacute; dos sanciones distintas, que dependen, exclusivamente, de un juicio de valor sobre el comportamiento de &eacute;ste. </p>      <p>En el<i> r&eacute;gimen general del error </i>se le concede la acci&oacute;n de nulidad al contratante v&iacute;ctima del error (arts. 1740 y 1741 C. C.), sin que haya lugar a entrar en consideraciones subjetivas respecto de su causa externa, es decir, poco importa si el causante del error (el contratante o un tercero) procedi&oacute; o no de buena fe exenta de culpa. Si el error fue determinante y se produjo con respecto a uno de los elementos esenciales del contrato, la v&iacute;ctima podr&aacute;, en principio, demandar la nulidad.<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup></p>      <p>En el <i>r&eacute;gimen especial del error del asegurador </i>se exige una valoraci&oacute;n subjetiv<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> del comportamiento del titular del inter&eacute;s asegurado (cuya declaraci&oacute;n inexacta del riesgo caus&oacute; el error), para as&iacute; poder determinar a cu&aacute;l sanci&oacute;n tendr&aacute; derecho el asegurador cuyo consentimiento fue viciado por error.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></p>      <p>As&iacute; las cosas, si la reticencia o la inexactitud en la declaraci&oacute;n del estado del riesgo es imputable a la culpa o al dolo del titular del inter&eacute;s asegurado, el asegurador podr&aacute; demandar la nulidad relativa del contrato de seguro (art. 1058 inc. 1 C. Co.). Y si, por el contrario, dicha reticencia o inexactitud no se debi&oacute; ni a su culpa ni a su mala fe, el asegurador s&oacute;lo tendr&aacute; derecho, en caso de siniestro, a reducir un porcentaje de la prestaci&oacute;n asegurada, para efectos del pago (art. 1058 inc. 3 C. Co.). </p>      <p>Ahora bien, la ley no considera el caso en que las reticencias o inexactitudes inculpables sean descubiertas por el asegurador antes de la ocurrencia del siniestro. En esta hip&oacute;tesis, el asegurador se encontrar&aacute; obligado por un contrato que nunca hubiera celebrado en dichas condiciones, y sin la posibilidad de demandar su nulidad. Si tenemos en cuenta que la facultad de revocar unilateralmente el contrato (art. 1071 C. Co.) se encuentra excluida en los contratos de seguro de vida (art. 1159 C. Co.) y que existe la posibilidad de que el asegurador se en cuentre interesado en continuar con el contrato, pero modificando sus condiciones, debemos aceptar la posibilidad de que el asegurador exija el reajuste a que haya lugar en el valor de la prima.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup> &Eacute;sta fue la soluci&oacute;n adoptada por el legislador para el caso de modificaciones del estado del riesgo (art. 1060 inc. 3 C. Co.), la cual debe aplicarse, por interpretaci&oacute;n anal&oacute;gica, a nuestra hip&oacute;tesis. </p>      <p>Por otra parte, el art. 1058 C. Co. hace una importante diferenciaci&oacute;n dependiendo de que la declaraci&oacute;n inexacta o reticente haya sido o no hecha con sujeci&oacute;n a un cuestionario elaborado por el asegurador. </p>     <p>Si la declaraci&oacute;n fue hecha con sujeci&oacute;n a un cuestionario y se presentaron reticencias o inexactitudes en cuanto a las preguntas del cuestionario, existe una presunci&oacute;n de culpa en cabeza del tomador, quien tendr&aacute; la dif&iacute;cil carga de la prueba en contrario. Y, si las reticencias o inexactitudes se presentaron sobre hechos o circunstancias distintos a los incluidos en el cuestionario, resultar&aacute; muy f&aacute;cil demostrar la negligencia del asegurador, cuya omisi&oacute;n le impidi&oacute; el conocimiento de hechos que deb&iacute;a haber conocido (art. 1058 inc. 4 C. Co.).<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup></p>      <p>Si la declaraci&oacute;n no fue hecha con sujeci&oacute;n a un cuestionario, corresponder&aacute; al asegurador la carga de la prueba de la culpa en las omisiones o inexactitudes del tomador, la cual ser&aacute; m&aacute;s o menos dif&iacute;cil de determinar dependiendo de la relevancia del hecho sobre el cual versaron, y de las circunstancias de hecho de la misma declaraci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, las reticencias o inexactitudes en la declaraci&oacute;n del titular del inter&eacute;s asegurado pueden obedecer bien sea a su culpa, bien sea a su dolo. Para determinar si &eacute;ste procedi&oacute; de forma culposa hay que hacer una apreciaci&oacute;n de su comportamiento mediante referencia a un sujeto abstracto normalmente diligente, razonable o avisado (art. 63 C. Co.). Y para establecer el dolo o mala fe se debe, adem&aacute;s, determinar la intenci&oacute;n positiva del titular del inter&eacute;s asegurado de inferir injuria al asegurador (art. 63 inc. 6 C. C.).<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup></p>       <p>As&iacute;, las sanciones del art. 1058 C. Co. no son nada distinto a una aplicaci&oacute;n especial de la teor&iacute;a general del error (art. 1511 C. C.), en el caso de inexactitudes o reticencias por culpa o inculpables, por parte del titular del inter&eacute;s asegurado, y de la teor&iacute;a del dolo (art. 1515 C. C.), en caso de inexactitudes o reticencias de mala fe. </p>      <p>Por lo tanto, no compartimos la posici&oacute;n jurisprudencial que pretende explicar el art. 1058 C. Co. como una sanci&oacute;n a la mala fe del tomador,<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> ya que dicha explicaci&oacute;n no comprende ni la sanci&oacute;n del error ocasionado por simple culpa del titular del inter&eacute;s asegurado, ni mucho menos la sanci&oacute;n del error inculpable. </p>      <p>Por otra parte, el art. 1059 C. Co. dispone que en caso de nulidad del contrato en los t&eacute;rminos del art. 1058 C. Co. el asegurador tendr&aacute; derecho a retener la totalidad de la prima a t&iacute;tulo de pena. Ahora, como bien lo sabemos, el contrato puede ser anulado por reticencias culposas o dolosas. La pregunta es: &iquest;esta sanci&oacute;n se aplica para los dos casos de anulaci&oacute;n? Nosotros consideramos que no, que s&oacute;lo la anulaci&oacute;n por dolo le permite al asegurador retener la totalidad de la prima.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> &Eacute;sta fue la soluci&oacute;n que adopt&oacute; el legislador en caso de nulidad por modificaci&oacute;n del estado del riesgo (art. 1060 inc. 4 C. Co). As&iacute;, pues, no vemos por qu&eacute; las reticencias o inexactitudes culposas habr&iacute;an de ser sancionadas de forma m&aacute;s severa en el supuesto de la determinaci&oacute;n inicial del estado del riesgo que en el supuesto de la modificaci&oacute;n posterior de &eacute;ste. </p>      <p><b><i>II. EL ERROR NO SANCIONADO </i></b></p>      <p> En lo concerniente a la sanci&oacute;n de los vicios del consentimiento, el legislador se ve enfrentado a un gran dilema: sancionar el vicio, otorgar la acci&oacute;n de nulidad a la v&iacute;ctima, y as&iacute; salvaguardar el consentimiento, elemento de validez de los contratos (art. 1502 C. C.), o no sancionar el vicio y as&iacute; proteger la seguridad y la estabilidad de las transacciones. </p>  <ol>El error, el dolo y la violencia s&oacute;lo producen la nulidad del contrato bajo ciertas condiciones. En efecto, una aplicaci&oacute;n a ultranza del principio de la autonom&iacute;a de la voluntad no s&oacute;lo se prestar&iacute;a para graves abusos, sino que, adem&aacute;s, arruinar&iacute;a completamente la seguridad que se debe garantizar en los intercambios econ&oacute;micos. Es cierto que se debe proteger al contratante v&iacute;ctima de un vicio del consentimiento, pero esto no puede llevarnos a sacrificar la necesaria estabilidad de las relaciones econ&oacute;micas. Todas las disposiciones legales en la materia constituyen, en realidad, la b&uacute;squeda de un equilibrio entre estas dos exigencias contradictorias.<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>    </ol>      <p>Sin embargo, es en materia de error donde el problema de dicho equilibrio se presenta con mayor agudeza. En efecto, el dolo y la violencia implican necesariamente conductas censurables por la sociedad, lo cual constituye una raz&oacute;n de m&aacute;s para justificar la anulabilidad del contrato. Mientras que frente al error el legislador s&oacute;lo est&aacute; llamado a decidir entre dos intereses, cu&aacute;l de &eacute;stos es m&aacute;s digno de protecci&oacute;n: el de la v&iacute;ctima del error, quien no expres&oacute; su voluntad con conocimiento de causa, o el de su contratante, quien se ver&aacute; sometido a la nulidad del contrato.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></p>      <p>En el r&eacute;gimen general del error, el legislador decidi&oacute; privar de sanci&oacute;n a la v&iacute;ctima del error en tres distintas hip&oacute;tesis: (1) en caso de error con respecto a un elemento no esencial (arts. 1511 y 1512 C. C.), (2) en caso de error respecto al valor del bien objeto de la prestaci&oacute;n de las partes<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup> y (3) en caso de error de derecho (art. 1509 C. C.).<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup></p>      <p>En el r&eacute;gimen especial del error del asegurador, el legislador decidi&oacute; limitar a&uacute;n m&aacute;s los casos de errores sancionados, con el fin de brindar una mayor protecci&oacute;n a los profanos frente al asegurador, profesional avisado y altamente especializado. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dentro de esta &oacute;ptica analizaremos sucesivamente el caso del error no imputable materialmente al titular del inter&eacute;s asegurado (A) y la valoraci&oacute;n subjetiva del comportamiento del asegurador para determinar el car&aacute;cter inexcusable del error cometido (B).</p>      <p><b><i> A. El elemento objetivo: el error no imputable materialmente al titular del inter&eacute;s asegurado </i></b></p>      <p> En el r&eacute;gimen general del error (art. 1511 C. C.) no hay ninguna exclusi&oacute;n de la sanci&oacute;n que obedezca a la causa material de &eacute;ste, es decir, la v&iacute;ctima de un error determinante y sobre un elemento esencial podr&aacute; demandar, en principio, la anulaci&oacute;n del contrato sin que haya lugar a considerar el hecho que lo llev&oacute; a formarse esa falsa representaci&oacute;n. En este orden de ideas, el r&eacute;gimen general sanciona el error causado por la otra parte, el error causado por un tercero y el error imputable materialmente a la v&iacute;ctima misma.<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup> Mientras que en el r&eacute;gimen especial de error del asegurador (art. 1058 C. Co.) carecen de sanci&oacute;n los errores imputables a terceras personas, distintas al titular del inter&eacute;s asegurado, por una parte, y los errores imputables materialmente al asegurador, por otra parte. </p>      <p>Por una parte, se encuentran desprovistos de sanci&oacute;n los errores ocasionados por la informaci&oacute;n incorrecta suministrada, por ejemplo, por la Superintendencia Bancaria, en cuanto a la tasa de mortalidad (en el caso del seguro de vida); por el Departamento Administrativo de Seguridad, sobre los antecedentes penales del asegurado (en el caso del seguro de vida); por el Ministerio de Defensa, en lo concerniente a la presencia de grupos subversivos en determinada regi&oacute;n del pa&iacute;s (en el caso del seguro de transporte); etc. </p>     <p>Por otra parte, el error del asegurador producido por su incorrecta apreciaci&oacute;n de los hechos o circunstancias determinantes del estado del riesgo tampoco dar&aacute; lugar a sanci&oacute;n alguna; como es el caso de una mala apreciaci&oacute;n de los resultados de los ex&aacute;menes m&eacute;dicos (en el caso del seguro de vida) o del informe del inspector encargado de determinar los productos inflamables (en el caso del seguro de incendio). </p>      <p>Completamente distinta es la situaci&oacute;n cuando las inexactitudes respecto a la informaci&oacute;n que determina el estado del riesgo provienen exclusivamente del asegurado. As&iacute;, entrar&aacute; en el supuesto del art. 1058 C. Co. el error del asegurador ocasionado por las reticencias del asegurado, en el caso del Seguro de Vida Grupo Deudores; seguro en el cual las calidades de tomador y de beneficiario se encuentran en cabeza de la entidad financiera y la de asegurado en cabeza del cliente deudor de dicha entidad. En este caso el error del asegurador es imputable materialmente a la persona titular del inter&eacute;s asegurado (arts. 1058 y 1039 inc. 2 C. Co.).</p>      <p><b><i> B. El elemento subjetivo: la valoraci&oacute;n del comportamiento del asegurador </i></b></p>      <p> El inciso 4 del art. 1058 C. Co. establece los casos en los cuales las sanciones del r&eacute;gimen especial del error no se aplican. Ahora bien, dicha disposici&oacute;n consagra tres hip&oacute;tesis completamente distintas: las dos primeras no presentan mayor inter&eacute;s frente a la teor&iacute;a general del error; mientras que la tercera ilustra la consagraci&oacute;n de la teor&iacute;a del error inexcusable, por parte de nuestro legislador comercial. </p>      <p>Las hip&oacute;tesis que no presentan mayor inter&eacute;s frente a la teor&iacute;a general del error: </p> <ul>    <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando el asegurador ha conocido los hechos o circunstancias determinantes del estado del riesgo, objeto de las reticencias o inexactitudes por parte del titular del inter&eacute;s asegurado. En este caso nos encontramos por fuera del supuesto del error vicio del consentimiento. En efecto, si el asegurador conoci&oacute;, por cualquier medio, dichos hechos o circunstancias, su voluntad fue expresada con pleno conocimiento de causa, no se hizo ninguna falsa representaci&oacute;n y, por ende, no existe ninguna divergencia entre la voluntad declarada y su voluntad real. De esta manera, si no existi&oacute; error alguno, mal podr&iacute;a hablarse de una sanci&oacute;n por error.</p></li>       <li>    <p>Cuando, perfeccionado el contrato, el asegurador no demanda su nulidad por error, sino que, por el contrario, lo acepta expresa o t&aacute;citamente. Esta hip&oacute;tesis s&oacute;lo reitera la posibilidad de ratificaci&oacute;n del contrato anulable que tiene el titular de la acci&oacute;n por nulidad relativa (art. 1742 C. C.). En efecto, el derecho a demandar la nulidad relativa de un contrato obedece a un inter&eacute;s meramente particular de la persona que el legislador entendi&oacute; proteger con la consagraci&oacute;n de la nulidad.<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> As&iacute;, el titular de dicho derecho bien puede renunciar unilateralmente a &eacute;l y, de este modo, validar el contrato susceptible de anulaci&oacute;n.<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup></p></li>    </ul>      <p>La hip&oacute;tesis que presenta mayor inter&eacute;s frente a la teor&iacute;a general del error: cuando el asegurador no ha conocido los hechos o las circunstancias determinantes del estado del riesgo, objeto de las reticencias o inexactitudes por parte del titular del inter&eacute;s asegurado, pero ha debido conocerlos. </p>      <p>En esta hip&oacute;tesis vemos claramente c&oacute;mo el legislador opt&oacute; por proteger la seguridad de las transacciones, en vez del consentimiento de la v&iacute;ctima del error. La pregunta es: &iquest;cu&aacute;l fue el fundamento de esta decisi&oacute;n de pol&iacute;tica legislativa? La respuesta es simple: la imputabilidad moral del error a la misma v&iacute;ctima de &eacute;ste. Es decir su culpa. </p>     <p>Este error desprovisto de sanci&oacute;n, imputable a la culpa de su propia v&iacute;ctima, es lo que se conoce con el nombre de error inexcusable. En el art. 1058 inc. 4 C. Co. nuestro legislador ha consagrado claramente dicha teor&iacute;a, desarrollada por la jurisprudencia y por la doctrina extranjeras.<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup></p>  <ol>Este sistema, a primera vista, contradice la l&oacute;gica en materia de formaci&oacute;n del consentimiento: aun si el error es inexcusable, la voluntad se encuentra viciada y, tal vez, profundamente. Sin embargo, este aspecto psicol&oacute;gico es descartado por distintas consideraciones. Socialmente, la estupidez no justifica el atentado contra la estabilidad contractual. Moralmente, es leg&iacute;timo excluir la protecci&oacute;n legal cuando la supuesta v&iacute;ctima ha incurrido en una culpa imperdonable.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>    </ol>      <p>El error del asegurador ser&aacute; considerado inexcusable cuando su comportamiento sea culposo, lo cual requiere un an&aacute;lisis subjetivo comparativo de su comportamiento con el de un sujeto abstracto<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> prudente y diligente actuando en las mismas circunstancias. </p>      <p>As&iacute;, el error del asegurador ser&aacute; inexcusable cuando, a pesar de las inexactitudes o reticencias (dolosas, culposas o inculpables) en la declaraci&oacute;n del titular del inter&eacute;s asegurado, se logra establecer que un asegurador prudente y diligente hubiera podido conocer dichos hechos o circunstancias determinantes del estado del riesgo.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A esto precisamente se refiere nuestra jurisprudencia cuando sostiene: </p>  <ol>El conocimiento del asegurador al que se ha aludido no s&oacute;lo es el real -o efectivo- &#91;...&#93; sino el presunto, vale decir el que emerge, <i>ministerio legis,</i> como corolario de la falta de diligencia radicada en cabeza de un profesional en el riesgo, predicable de ciertos y determinados hechos que, por su connotaci&oacute;n, pod&iacute;an haber servido para elucidar las circunstancias fidedignas que signaban al riesgo, en su estado primigenio.<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> Si por la naturaleza del riesgo solicitado para que sea asegurado y por la informaci&oacute;n conocida y dada por el tomador, la compa&ntilde;&iacute;a aseguradora, de acuerdo con su experiencia e iniciativa diligente, pudo y debi&oacute; conocer la situaci&oacute;n real de los riesgos y vicios de la declaraci&oacute;n, mas sin embargo no alcanza a conocerla por su culpa, l&oacute;gico es que dicha entidad corra con las consecuencias derivadas de su falta de previsi&oacute;n, de su negligencia para salir de la ignorancia o del error inicialmente padecido.<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> La inspecci&oacute;n directa del riesgo no supone el conocimiento cabal del mismo. Supone s&iacute;, el conocimiento de todas aquellas circunstancias que un asegurador diligente habr&iacute;a percibido con las inspecciones, o reconocimientos hechos en el caso concreto. As&iacute;, un examen m&eacute;dico efectuado por el asegurador durante el tr&aacute;mite de una solicitud de seguro de vida, conlleva el conocimiento de toda informaci&oacute;n que razonablemente se obtiene con ese tipo de examen, no con otros.<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup>    </ol>      <p>As&iacute; las cosas, la culpa del asegurador, profesional especializado, se deduce del desconocimiento de los hechos o circunstancias que normalmente deben ser conocidos por un asegurador prudente y diligente actuando en las mismas circunstancias. "Los profesionales advertidos no pueden invocar una ignorancia que resulta inveros&iacute;mil o inexcusable".<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup></p>      <p>Como podemos ver, el legislador tuvo que escoger entre proteger los intereses del declarante reticente (que bien pudo haber actuado de mala fe o por culpa) o los del asegurador culposo, y tom&oacute; partido, claramente, por la protecci&oacute;n al profano. </p>      <p>Ahora bien, el comportamiento diligente del asegurador, en cuanto al conocimiento de los hechos o circunstancias determinantes del estado del riesgo, s&oacute;lo le exige que se sirva de los medios id&oacute;neos y normalmente utilizados para este fin. Por lo tanto, no podemos pretender que el asegurador ha "debido conocer" todas las circunstancias determinantes del estado del riesgo, por el simple hecho de haber realizado inspecciones o ex&aacute;menes encaminados a dicho objetivo. </p>     <p>As&iacute;, pues, no se puede sostener que el asegurador ha "debido conocer" el tumor cerebral cuya existencia le ocult&oacute; el asegurado, por el simple hecho de haber ordenado y aprobado el examen m&eacute;dico de rutina; tampoco puede pretenderse que el asegurador ha "debido conocer" la existencia de productos explosivos perfectamente escondidos en las bodegas del asegurado, por el simple hecho de haber enviado un inspector a revisarlas. </p>     <p>La determinaci&oacute;n del car&aacute;cter inexcusable del error del asegurador depende, en gran medida, de las circunstancias de hecho dentro de las cuales se entr&oacute; a evaluar el estado del riesgo. As&iacute; las cosas, no es posible establecer un listado de errores considerados como inexcusables. El &uacute;nico mecanismo para poder establecer la culpa del asegurador en su apreciaci&oacute;n de los hechos determinantes del riesgo es el examen particular de cada situaci&oacute;n, lo cual nos lleva a una casu&iacute;stica compleja y de dif&iacute;cil sistematizaci&oacute;n. </p> <hr>     <p><b>Notas al pie</b></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>En nuestra doctrina se tiende a confundir dicho r&eacute;gimen especial del error con la sanci&oacute;n de un supuesto deber precontractual de informaci&oacute;n o a mezclar los dos conceptos. V&eacute;ase, por ejemplo: Ossa, Efr&eacute;n, <i>Teor&iacute;a general del seguro. El Contrato</i>, Bogot&aacute;, Temis, 1984, p. 289 y ss., y L&oacute;pez Blanco, Hern&aacute;n Fabio, <i>Comentarios al contrato de seguro</i>, Bogot&aacute;, Dupr&eacute;, 1993, p. 117. En jurisprudencia raramente se hacen t&iacute;midas menciones sobre el error. V&eacute;ase, por ejemplo: Corte Suprema de Justicia (CSJ), Cas. Civ. 21/05/ 2002, magistrado ponente (M. P.) Silvio Fernando Trejos Bueno, exp. 7288 jurisprudencia y doctrina 07/ 2002 p. 1431. Sin embargo, hay que destacar la referencia expresa a la teor&iacute;a del error vicio del consentimiento hecha por nuestro tribunal supremo en sentencia reciente: CSJ, Cas. Civ. 12/09/2002, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo. Jurisprudencia y Doctrina 12/2002, p. 2629 y 2630.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>V&eacute;ase al respecto: CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146. Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, p. 1855 y 1856; CSJ, Cas. Civ. 19/05/1999, M. P. Jos&eacute; Fernando Ram&iacute;rez G&oacute;mez, exp. 4923 Jurisprudencia y Doctrina 07/1999, p. 1191. L&oacute;pez Blanco, <i>op. cit.</i>, p. 111 y Ossa, <i>op. cit</i>., p. 288 y ss.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Los 'contratos especiales' son los m&aacute;s comunes de todos los contratos; son aquellos que se practican de forma tan generalizada que su car&aacute;cter repetitivo ha permitido organizarlos en categor&iacute;as espec&iacute;ficas. Dichas categor&iacute;as son las diferentes 'especies' del 'g&eacute;nero' constituido por la noci&oacute;n general de contrato, dentro de la teor&iacute;a de los actos jur&iacute;dicos. Lejos de derogar la teor&iacute;a general de los contratos, los contratos especiales aseguran su aplicaci&oacute;n concreta a los diferentes tipos de convenciones m&aacute;s usuales". B&eacute;nabent, Alain, <i>Droit Civil. Les Contrats Sp&eacute;ciaux,</i> Par&iacute;s, Montchrestien, 1997, p. 1.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Las principales ventajas de la tipificaci&oacute;n contractual son: "por una parte, precisar el funcionamiento y los efectos de toda una serie de aspectos que los contratantes no consideraron o sobre los cuales guardaron silencio, estableciendo su regulaci&oacute;n mediante simple referencia al modelo legal &#91;...&#93;; &eacute;ste es el objeto principal de las normas supletivas. Por otra parte, imponer ciertas reglas consideradas como esenciales y prevenir de este modo posibles abusos: &eacute;ste es el objeto principal de las normas imperativas, inspiradas por diferentes motivos de pol&iacute;tica legislativa".<i> Ibid.,</i> p. 3.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Las contradicciones manifiestas a los principios generales han sido siempre excepcionales, como es el caso de la figura de la revisi&oacute;n del contrato en materia comercial (art. 868 C. Co.), la cual contradice abiertamente el principio de la fuerza obligatoria del contrato (art. 1603 C. C.).    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Sin embargo, en ciertos casos, el tomador bien puede estar en posici&oacute;n de igualdad o aun de fuerza frente al asegurador. As&iacute;, por ejemplo, en el caso de operaciones de seguros de da&ntilde;os celebradas con personas    jur&iacute;dicas y cuya suma asegurada sea superior a quince mil salarios m&iacute;nimos legales mensuales vigentes, el art. 185 No. 1 del Estatuto Org&aacute;nico del Sistema Financiero considera que no existe tal desequilibrio entre las partes y, en este orden de ideas, establece la posibilidad de que &eacute;stas ampl&iacute;en el t&eacute;rmino que tiene la compa&ntilde;&iacute;a de seguros para el pago de la indemnizaci&oacute;n hasta un m&aacute;ximo de sesenta d&iacute;as. &Eacute;sta es una excepci&oacute;n expresa al t&eacute;rmino para el pago impuesto de forma imperativa por el art. 1080 C. Co. con el fin de proteger la posici&oacute;n de desigualdad del profano.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Cons&uacute;ltese: CSJ, Cas. Civ. 19/05/1999, M. P. Jos&eacute; Fernando Ram&iacute;rez G&oacute;mez, exp. 4923 Jurisprudencia y Doctrina 07/1999, p. 1192; CSJ, Cas. Civ. 02/02/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp.    5670 Jurisprudencia y Doctrina 03/2001, pp. 610 y ss., y CSJ, Cas. Civ. 29/01/1998, M. P. Carlos Esteban Jaramillo Schloss. Jurisprudencia y Doctrina 03/1998, pp. 265 y 266. "Cuando el Estado interviene imperativamente en los intercambios econ&oacute;micos, el dirigismo contractual reemplaza la libertad contractual...". Larroumet, Christian, <i>Les Obligations. Le Contrat,</i> Par&iacute;s, Economica, 1998, p. 99.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Ejemplos: los art&iacute;culos 1047 y 1117 C. Co., que precisan las enunciaciones obligatorias que debe contener la p&oacute;liza de seguro, con el fin de garantizar una informaci&oacute;n completa al tomador, al asegurado y al    beneficiario; el art. 1068 inc. 2 C. Co., el cual exige que las sanciones por no pago de la p&oacute;liza sean    consignadas en la car&aacute;tula de &eacute;sta y en caracteres destacados; el art. 1071 C. Co., que establece formalidades para la revocaci&oacute;n unilateral del contrato por parte del asegurador, y el art. 1137 inc. 3 C. Co., que exige la expresi&oacute;n por escrito del consentimiento del asegurado, del valor del seguro y del nombre del    beneficiario, en los seguros individuales sobre la vida de un tercero.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Ejemplos: el art. 1046 C. Co., el cual dispone que el contrato de seguro s&oacute;lo puede ser probado por escrito o mediante confesi&oacute;n, y el art. 1077 inc. 2 C. Co., el cual establece en cabeza del asegurador la carga de la prueba de los hechos o circunstancias excluyentes de su responsabilidad.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Ejemplos: los art&iacute;culos 1078, 1151, 1152 y 1153 C. Co., que restringen las prerrogativas del asegurador frente ciertas conductas, por parte del asegurado (o del beneficiario, seg&uacute;n el caso); el art. 1080 C. Co., que fija el plazo y la tasa de los intereses moratorios para la obligaci&oacute;n del asegurador de pagar el siniestro, y los art&iacute;culos 1101 y 1133 C. Co., que confieren un derecho directo, frente al asegurador, a los acreedores hipotecarios y prendarios del asegurado, y a la v&iacute;ctima, en caso de seguro de responsabilidad.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>En efecto, el mismo art. 1162 C. Co. deja a la jurisprudencia la posibilidad de interpretar como imperativas otras disposiciones, bas&aacute;ndose ya sea en el texto de los art&iacute;culos que las consagran o en la naturaleza de &eacute;stas. V&eacute;ase, por ejemplo, CSJ, Cas. Civ. 02/02/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 5670 Jurisprudencia y Doctrina 03/2001, pp. 610 y ss., donde el tribunal supremo determina el car&aacute;cter abusivo de la cl&aacute;usula limitativa de los medios de prueba del siniestro.    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>As&iacute;, por ejemplo, podr&iacute;a obtener la nulidad del contrato el tomador que haya celebrado un contrato de seguro con prima variable, habiendo querido celebrar un contrato con prima fija; o el tomador que celebra un contrato de seguro de responsabilidad con la falsa creencia de que &eacute;ste cubre la responsabilidad por da&ntilde;os causados por culpa grave, etc.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146 Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, p. 1856.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>"...el contrato no es anulado porque la obligaci&oacute;n de informar no haya sido ejecutada; &eacute;ste es anulado con fundamento en el error, y la soluci&oacute;n hubiera sido la misma aun en ausencia de la obligaci&oacute;n de informar". "Normalmente, la obligaci&oacute;n de informar se presenta de forma aut&oacute;noma, sin relaci&oacute;n con el dolo o el error; por lo tanto su inejecuci&oacute;n no puede verse absorbida por un vicio del consentimiento. De lo anterior resulta que, por una parte, la inejecuci&oacute;n de una obligaci&oacute;n de informar s&oacute;lo puede dar lugar a indemnizaci&oacute;n de da&ntilde;os y perjuicios; su inejecuci&oacute;n no puede justificar la nulidad del contrato cuando aquella no genera un vicio del consentimiento. Por otra parte, la inejecuci&oacute;n de la obligaci&oacute;n de informar es sancionada mediante la responsabilidad civil, aun en los casos en que dicha inejecuci&oacute;n no determin&oacute; el consentimiento del acreedor". Larroumet, <i>op. cit</i>., p. 330. A lo sumo podr&iacute;a pensarse que la sanci&oacute;n consistente en la reducci&oacute;n de un porcentaje del pago del siniestro (art. 1058 inc. 3 C. Co.) ser&iacute;a explicada por la inejecuci&oacute;n del deber de informar. Sin embargo, consideramos que en este caso no se trata de nada distinto a la consagraci&oacute;n de una sanci&oacute;n especial del error, distinta de la nulidad relativa, sanci&oacute;n del r&eacute;gimen general. Dicha disposici&oacute;n s&oacute;lo puede explicarse a trav&eacute;s de la teor&iacute;a del error, ya que aquella no s&oacute;lo exige todos los elementos constitutivos de este vicio del consentimiento, sino que, adem&aacute;s, excluye la indemnizaci&oacute;n de da&ntilde;os y perjuicios, sanci&oacute;n correspondiente a la violaci&oacute;n de los deberes de informaci&oacute;n.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>El art. 1058 C. C. es una norma de orden p&uacute;blico de protecci&oacute;n de intereses particulares y, por ende, se encuentra sancionada mediante nulidad relativa. Si el legislador hubiera deseado proteger intereses generales (como la operaci&oacute;n asegurativa), hubiera establecido una nulidad absoluta, sanci&oacute;n correspondiente a las normas de orden p&uacute;blico de direcci&oacute;n. Cons&uacute;ltese al respecto: Terr&eacute;, Fran&ccedil;ois; Simler, Philippe, y Lequette, Ives, <i>Droit Civil. Les Obligations,</i> Par&iacute;s, Dalloz, 1996, pp. 296 y ss.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>"El riesgo es el elemento fundamental del contrato de seguro, ya que &eacute;ste constituye el objeto mismo de dicho contrato". Lambert-Faivre, Yvonne, <i>Droit des Assurances</i>, Par&iacute;s, Dalloz, 1985, p. 136. Sin embargo, es importante recordar que el art. 1045 C. Co. considera como elementos esenciales del contrato de seguro, adem&aacute;s del riesgo, el inter&eacute;s asegurable, la prima y la obligaci&oacute;n condicional del asegurador.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>La verdadera limitaci&oacute;n se presenta por el hecho de privar al asegurador de la sanci&oacute;n del error sobre un hecho o circunstancia que sin determinar el estado del riesgo haya sido considerado como esencial por las partes. Mientras que en el r&eacute;gimen general se sanciona no s&oacute;lo el error que verse sobre los elementos del contrato que normalmente son considerados como esenciales (art. 1511 C. C. inc. 1), sino, adem&aacute;s, el error sobre cualquier otro elemento que haya sido considerado esencial por las partes, y que, por ende, haya entrado en el campo contractual (art. 1511 inc. 2 y 1512 C. C.).    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>La noci&oacute;n de causalidad material es puramente objetiva y hace referencia a la modificaci&oacute;n necesaria que sufre un objeto (el efecto) como consecuencia de una modificaci&oacute;n anterior sufrida por otro objeto (la causa). As&iacute;, la causa no es m&aacute;s que "la condici&oacute;n de origen exterior de un acontecimiento". Schopenhauer, Arthur, <i>De la Quadruple Racine du Principe de Raison Suffisante</i>, Par&iacute;s, Vrin, 1997, p. 196. <i>En nuestra hip&oacute;tesis, la </i>causa<i> ser&iacute;a la reticencia o la declaraci&oacute;n inexacta de circunstancias que determinan el riesgo, por parte del titular del inter&eacute;s asegurado, y el </i>efecto<i> ser&iacute;a la falsa representaci&oacute;n del estado del riesgo que se hizo el asegurador, como consecuencia de dicha informaci&oacute;n. </i>    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Sobre la dif&iacute;cil distinci&oacute;n entre partes y terceros recomendamos consultar: Aubert, Jean-Luc, <i>A Propos d'une Distinction Renouvel&eacute;e des Parties et des Tiers</i>, Par&iacute;s, RTD civ., 1993, pp. 263 y ss.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia sostiene la posici&oacute;n contraria. En efecto, nuestro tribunal supremo no s&oacute;lo explica la sanci&oacute;n del art. 1058 C. Co. haciendo alusi&oacute;n a un supuesto "deber informativo" en cabeza del tomador, sino que, adem&aacute;s, justifica la existencia de dicho deber mediante referencia a la noci&oacute;n de parte y, lo que es peor a&uacute;n, de "futura parte" en el contrato de seguro. V&eacute;ase, por ejemplo: "Si el asegurado o el beneficiario en su caso, no son el tomador, como tales no son partes del contrato, raz&oacute;n por la que apenas ser&iacute;an las personas con derecho a reclamar la prestaci&oacute;n en caso de siniestro, pues es el tomador quien tiene el deber de declarar el estado del riesgo y la obligaci&oacute;n de pagar el valor de la prima". CSJ, Cas. Civ. 19/05/1999, M. P. Jos&eacute; Fernando Ram&iacute;rez G&oacute;mez, exp. 4923. Jurisprudencia y Doctrina 07/1999, p. 1190. Y sobre la extensi&oacute;n a la "futura parte" o "candidato a tomador", v&eacute;ase: CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146. Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, pp. 1855 y ss.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Sin embargo, es importante precisar que la redacci&oacute;n de dicho art&iacute;culo no es muy t&eacute;cnica, ya que se sirve de la palabra <i>obligaciones</i> para tratar de explicar la soluci&oacute;n adoptada. Por lo tanto, una lectura superficial del texto puede llevarnos a deducir la existencia de una excepci&oacute;n al efecto relativo de los contratos, en el sentido en que crear&iacute;a una obligaci&oacute;n en cabeza de un tercero, es decir, se dar&iacute;a nacimiento a una deuda en el patrimonio de una persona que no prest&oacute; su voluntad para la celebraci&oacute;n del contrato, ni adhiri&oacute; posteriormente a &eacute;ste. Dicha interpretaci&oacute;n resulta inaceptable.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Esta figura se asemeja bastante a la revisi&oacute;n del contrato (art. 868 C. Co.); sin embargo, esta &uacute;ltima exige, entre otras condiciones, que las circunstancias que alteren la prestaci&oacute;n de una de las partes, no sean imputables materialmente a la otra parte.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Salvo si dicho error llega a ser considerado inexcusable. V&eacute;ase al respecto: Larroumet, <i>op. cit</i>., pp. 302 y ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>"Toda valoraci&oacute;n es una medici&oacute;n y, por consiguiente, est&aacute; sujeta a una doble relaci&oacute;n: es <i>relativa, </i>porque se aplica a un objeto determinado; y es <i>comparativa</i> porque resulta de una comparaci&oacute;n entre este objeto y otro distinto". Schopenhauer, Arthur, <i>Le Fondement de la Morale</i>, Par&iacute;s, Le livre de Poche, 1991, p. 97.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>"...la culpa es un acto censurable, que tiene una significaci&oacute;n moral o, que por lo menos, implica un juicio de valor". Malaurie, Philippe y Ayn&egrave;s, Laurent, <i>Les Obligations</i>, Par&iacute;s, Cujas, 1998, p. 42.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>En el mismo sentido, v&eacute;ase: Ossa, <i>op. cit</i>., pp. 304-305.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>En el mismo sentido, Larroumet, <i>op. cit</i>., pp. 302 y ss.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>"...la mala fe caracteriza tanto la culpa dolosiva, como el dolo en la formaci&oacute;n del contrato. Ahora bien, la mala fe no es la aceptaci&oacute;n de un riesgo en detrimento de otro, sino la conciencia de causar da&ntilde;o, es decir, al final de cuentas, la aceptaci&oacute;n del da&ntilde;o que se causa a otro". <i>Ibid., </i>p. 635.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>V&eacute;ase especialmente, CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146 Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, pp. 1857 y ss. En esta misma imprecisi&oacute;n incurre la doctrina que pretende explicar la nulidad relativa del art. 1058 C. Co., que hace referencia exclusiva al dolo vicio del consentimiento. V&eacute;ase principalmente: Barrera Tapias, Carlos Dar&iacute;o, <i>Los seguros y el derecho civil, </i>Bogot&aacute;, Universidad Javeriana, 1991, p. 41.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Es importante recordar que la mala fe del titular del inter&eacute;s asegurado nunca se presume; por consiguiente, le corresponde al asegurador la carga de probarla. Ahora bien, la dificultad probatoria depende directamente de las circunstancias de hecho. As&iacute;, &eacute;sta ser&aacute; deducida f&aacute;cilmente por el juez en casos como reticencias sobre cirug&iacute;as recientes, disimulaciones de material explosivo, etc. Al respecto cons&uacute;ltese: Beignier, Bernard, <i>Droit du Contrat d'Assurance</i>, Par&iacute;s, PUF, 1999, pp. 121 y ss., y Chapuisat, Fran&ccedil;oise, <i>Le Droit des Assurances</i>, Par&iacute;s, PUF, Coll. Que sais-je?, 1995, p. 74.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Larroumet, <i>op. cit</i>., pp. 284-285.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>"Un contrato nulo o anulable crea una cierta situaci&oacute;n de hecho &#91;...&#93;. Contando con la validez de la convenci&oacute;n, las partes cumplen las prestaciones estipuladas, celebran otros contratos con terceros o rechazan ofertas que les han hecho. Cuando la nulidad es declarada, los gastos se traducen en simples p&eacute;rdidas y las ganancias nunca llegan a producirse". Gaudemet, Eug&egrave;ne, <i>Th&eacute;orie G&eacute;n&eacute;rale des Obligations</i>, Par&iacute;s, Sirey, 1965, p. 194.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>La sanci&oacute;n del error sobre el valor arruinar&iacute;a el principio de la conmutatividad subjetiva de los contratos, el cual establece que un contrato es conmutativo cuando una parte <i>mira</i> como equivalente la prestaci&oacute;n de la otra parte (art. 1498 C. C.). Si se sancionara el error sobre el valor, el juez vendr&iacute;a a determinar objetivamente la equivalencia de las prestaciones de las partes y de este modo se consagrar&iacute;a un principio general de nulidad por lesi&oacute;n, el cual, adem&aacute;s de arruinar completamente la seguridad de las transacciones, ir&iacute;a en contra del principio que se deduce de los arts. 1946 a 1954, 1601, 2466, 2231 y 1405 C. C.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Esta disposici&oacute;n es muy criticable, puesto que en este caso no se trata de la invocaci&oacute;n del desconocimiento de la ley para eludir su aplicaci&oacute;n (art. 9 C. C.), sino de la ignorancia de la ley que determina el consentimiento del contratante, del mismo modo en que hubiera podido determinarlo la ignorancia de cualquier otro hecho. Cons&uacute;ltese al respecto: Larroumet, <i>op. cit</i>., p. 304 y Starck, Boris; Roland, Henri, y Boyer, Laurent, <i>Droit Civil</i>. <i>Les Obligations. Contrat</i>, Par&iacute;s, Litec, 1998, p. 184.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Sin embargo, cuando el error tambi&eacute;n es imputable moralmente a la v&iacute;ctima (por su culpa), existen dos posibilidades: (1) se puede sancionar el error y se condena a la v&iacute;ctima de &eacute;ste a resarcir los da&ntilde;os y perjuicios causados a su cocontratante (responsabilidad extracontractual) y (2) se puede considerar inexcusable el error y as&iacute; privar a la v&iacute;ctima de la sanci&oacute;n. Cons&uacute;ltese al respecto: Ghestin, Jacques, <i>Trait&eacute; de Droit Civil. Les Obligations. Le Contrat: Formation</i>, Par&iacute;s, LGDJ, 1988, p. 428 y ss. En el derecho colombiano no parece haber tenido aceptaci&oacute;n la teor&iacute;a del error inexcusable, y la culpa de la v&iacute;ctima del error tiende a sancionarse mediante la condena a indemnizar los da&ntilde;os y perjuicios causados por la nulidad. Cons&uacute;ltese, principalmente: Tamayo Lombana, Alberto, <i>Manual de obligaciones,</i> Bogot&aacute;, Temis, 1997, pp. 160, 244 y 245. Y Ospina Fern&aacute;ndez, Guillermo y Ospina Acosta, Eduardo, <i>Teoria general del contrato y del negocio juridico,</i> Boogot&aacute;, Temis, 1998, p. 200.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>V&eacute;ase al respecto: Terr&eacute;, Simler y Lequette, <i>op. cit</i>., pp. 296 y ss.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Para una explicaci&oacute;n m&aacute;s detallada, cons&uacute;ltese: Gaudemet, <i>op. cit</i>., pp. 170 y ss.    <!-- ref --><br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>Cons&uacute;ltese principalmente: Larroumet, <i>op. cit.</i>, pp. 302 y ss. Alain, S&eacute;riaux, <i>Droit des Obligations</i>,    Par&iacute;s, PUF, 1998,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-0579200300020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> p. 59. Ghestin, <i>op. cit</i>., pp. 430 y ss. Y Trimarchi, Pietro, <i>Istituzioni di Diritto Privato</i>,    Mil&aacute;n, Giuffr&egrave;, 1991, p. 210.    En el derecho colombiano, en lo concerniente al r&eacute;gimen general del error, la doctrina parece ignorar la    noci&oacute;n de error inexcusable, y la jurisprudencia no hace tampoco alusi&oacute;n directa a &eacute;sta. Sobre una   posici&oacute;n divergente en derecho colombiano, cons&uacute;ltese: P&eacute;rez Vives, &Aacute;lvaro, <i>Teor&iacute;a general de las obligaciones,</i> vol. I, parte primera, Bogot&aacute;, Temis, 1966, pp. 184 y 185.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Starck, Roland y Boyer, <i>op. cit</i>., p. 183.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Al respecto cons&uacute;ltese: Alain, <i>op. cit</i>., p. 59, quien sostiene, con toda raz&oacute;n, que la determinaci&oacute;n del car&aacute;cter inexcusable del error obedece necesariamente a una apreciaci&oacute;n <i>in abstracto</i>.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Por ejemplo: el no incluir dentro del cuestionario enviado al titular del inter&eacute;s asegurado las preguntas concernientes a hechos o circunstancias indispensables para determinar el estado del riesgo, el no ordenar un examen m&eacute;dico m&aacute;s completo pasando por alto la recomendaci&oacute;n del m&eacute;dico que hab&iacute;a practicado el examen de rutina, el enviar a un inspector no calificado a revisar los materiales almacenados en las bodegas objeto del seguro de incendio, etc.    <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146 Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, p. 1861.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup><i>Ibid.</i>, Cas. Civ. 18/09/1995, citada por CSJ, Cas. Civ. 02/08/2001, M. P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, exp. 6146 Jurisprudencia y Doctrina 10/2001, p. 1862.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup><i>Ibid.</i>, Cas. Civ. 19/05/1999, M. P. Jos&eacute; Fernando Ram&iacute;rez G&oacute;mez, exp. 4923. Jurisprudencia y Doctrina 07/1999, p. 1192.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Ghestin, <i>op. cit</i>., p. 432, quien a rengl&oacute;n seguido anota: "El error cometido por profesionales, en el campo de su actividad especializada, ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cilmente considerado inexcusable".    <br>   <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A </i></b></p>      <p>Alain, S&eacute;riaux, <i>Droit des Obligations,</i> Par&iacute;s, PUF, 1998. </p>      <!-- ref --><p>Aubert, Jean-Luc, <i>A Propos d'une Distinction Renouvel&eacute;e des Parties et des Tiers,</i> Par&iacute;s, RTD civ., 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-0579200300020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Barrera Tapias, Carlos Dar&iacute;o, <i>Los seguros y el derecho civil,</i> Bogot&aacute;, Universidad Javeriana, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-0579200300020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Beignier, Bernard, <i>Droit du Contrat d'Assurance, </i>Par&iacute;s, PUF, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-0579200300020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>B&eacute;nabent, Alain, Droit Civil. <i>Les Contrats Sp&eacute;ciaux,</i> Par&iacute;s, Montchrestien, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-0579200300020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Chapuisat, Fran&ccedil;oise, <i>Le Droit des Assurances, </i>Par&iacute;s, PUF, Coll. Que sais-je?, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-0579200300020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Gaudemet, Eug&egrave;ne, <i>Th&eacute;orie G&eacute;n&eacute;rale des Obligations, </i>Par&iacute;s, Sirey, 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-0579200300020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ghestin, Jacques, <i>Trait&eacute; de Droit Civil. Les Obligations. Le Contrat: Formation,</i> Par&iacute;s, LGDJ, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-0579200300020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lambert-Faivre, Yvonne, <i>Droit des Assurances,</i> Par&iacute;s, Dalloz, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-0579200300020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Larroumet, Christian, <i>Les Obligations. Le Contrat,</i> Par&iacute;s, Economica, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-0579200300020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez Blanco, Hern&aacute;n Fabio, <i>Comentarios al contrato de seguro,</i> Bogot&aacute;, Dupr&eacute;, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-0579200300020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Malaurie, Philippe y Ayn&egrave;s, Laurent, <i>Les Obligations, </i>Par&iacute;s, Cujas, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-0579200300020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ospina Fern&aacute;ndez, Guillermo y Ospina Acosta, Eduardo, <i>Teoria general del contrato y del negocio juridico,</i> Bogot&aacute;, Temis, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-0579200300020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ossa, Efr&eacute;n, <i>Teor&iacute;a general del seguro. El Contrato,</i> Bogot&aacute;, Temis, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-0579200300020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez Vives, &Aacute;lvaro, <i>Teor&iacute;a general de las obligaciones, </i>vol. I, parte primera, Bogot&aacute;, Temis, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-0579200300020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de Colombia, C&oacute;digo Civil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-0579200300020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, C&oacute;digo de Comercio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579200300020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, Corte Suprema de Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579200300020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Schopenhauer, Arthur, <i>De la Quadruple Racine du Principe de Raison Suffisante,</i> Par&iacute;s, Vrin, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-0579200300020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, <i>Le Fondement de la Morale, </i>Par&iacute;s, Le livre de Poche, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579200300020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Starck, Boris; Roland, Henri, y Boyer, Laurent, <i>Droit Civil. Les Obligations. Contrat,</i> Par&iacute;s, Litec, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579200300020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Tamayo Lombana, Alberto,<i> Manual de obligaciones,</i> Bogot&aacute;, Temis, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579200300020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Terr&eacute;, Fran&ccedil;ois; Simler, Philippe, y Lequette, Ives, <i>Droit Civil. Les Obligations,</i> Par&iacute;s, Dalloz, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579200300020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Trimarchi, Pietro, <i>Istituzioni di Diritto Privato,</i> Mil&aacute;n, Giuffr&egrave;, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-0579200300020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alain]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sériaux]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit des Obligations]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aubert]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jean-Luc]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Propos d'une Distinction Renouvelée des Parties et des Tiers]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[RTD civ]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barrera Tapias]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos Darío]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los seguros y el derecho civil]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Javeriana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beignier]]></surname>
<given-names><![CDATA[Bernard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit du Contrat d'Assurance]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bénabent]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alain]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit Civil. Les Contrats Spéciaux]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Montchrestien]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chapuisat]]></surname>
<given-names><![CDATA[Françoise]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le Droit des Assurances]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gaudemet]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eugène]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Théorie Générale des Obligations]]></source>
<year>1965</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sirey]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ghestin]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jacques]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Traité de Droit Civil. Les Obligations. Le Contrat: Formation]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[LGDJ]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lambert-Faivre]]></surname>
<given-names><![CDATA[Yvonne]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit des Assurances]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dalloz]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Larroumet]]></surname>
<given-names><![CDATA[Christian]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Les Obligations. Le Contrat]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Economica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López Blanco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hernán Fabio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Comentarios al contrato de seguro]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dupré]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Malaurie]]></surname>
<given-names><![CDATA[Philippe]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Aynès]]></surname>
<given-names><![CDATA[Laurent]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Les Obligations]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cujas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ospina Fernández]]></surname>
<given-names><![CDATA[Guillermo]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ospina Acosta]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eduardo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoria general del contrato y del negocio juridico]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Temis]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ossa]]></surname>
<given-names><![CDATA[Efrén]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría general del seguro. El Contrato]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Temis]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pérez Vives]]></surname>
<given-names><![CDATA[Álvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría general de las obligaciones]]></source>
<year>1966</year>
<volume>I</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Temis]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>República de Colombia</collab>
<source><![CDATA[Código Civil]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Código de Comercio]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Corte Suprema de Justicia]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schopenhauer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arthur]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De la Quadruple Racine du Principe de Raison Suffisante]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Vrin]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schopenhauer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arthur]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le Fondement de la Morale]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Le livre de Poche]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Starck]]></surname>
<given-names><![CDATA[Boris]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Roland]]></surname>
<given-names><![CDATA[Henri]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Boyer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Laurent]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit Civil. Les Obligations. Contrat]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Litec]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tamayo Lombana]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Manual de obligaciones]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Temis]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Terré]]></surname>
<given-names><![CDATA[François]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Simler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Philippe]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lequette]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ives]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Droit Civil. Les Obligations]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dalloz]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Trimarchi]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pietro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Istituzioni di Diritto Privato]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Milán ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Giuffrè]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
