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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b><i>Perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica: dos medidas restaurativas para enfrentar el pasado</i></b></font></p>     <p><b><i>Camila de Gamboa Tapias</i></b><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Docente-investigadora de la Facultad de Jurisprudencia, Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, Colombia.    Doctora en Filosof&iacute;a de la Universidad de Nueva York.</p>       <p>Recibido: Diciembre de 2003 Aprobado: Enero de 2004 </p> <hr>      <p><b><i>INTRODUCCI&Oacute;N</i></b></p>      <p>En este art&iacute;culo resumir&eacute; los principales temas y argumentos que desarrollo en mi tesis doctoral de filosof&iacute;a.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> En mi disertaci&oacute;n construyo dos modelos te&oacute;ricos respecto de dos medidas restaurativas que usamos los seres humanos para lidiar con el pasado: el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica. Aunque el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica son dos acciones restaurativas, en mi disertaci&oacute;n arguyo que las dos medidas deben ser claramente diferenciadas. El perd&oacute;n es una acci&oacute;n moral restaurativa que se da entre el ofensor y el ofendido, y que ocurre en la esfera privada; mientras que la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica es una medida p&uacute;blica para enfrentar un pasado opresivo e injusto, y que incluye a toda la comunidad pol&iacute;tica.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> La distinci&oacute;n es fundamental para evitar, entre otras cosas, que en los procesos de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica los gobiernos o las propias sociedades insten a las v&iacute;ctimas a conceder el perd&oacute;n a sus perpetradores, como condici&oacute;n del proceso reconciliatorio de la sociedad.</p>      <p>Como lo explicar&eacute; en este art&iacute;culo, el perd&oacute;n es un poder moral que pertenece &uacute;nicamente a la v&iacute;ctima y, por lo tanto, ninguna instituci&oacute;n humana tiene el poder de forzar a los ofendidos a perdonar a sus ofensores. No obstante que en mi disertaci&oacute;n desarrollo los modelos de perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n por separado, &eacute;stos siguen los principios normativos de una democracia inclusiva e igualitaria; por ello defiendo la idea de que tanto el perd&oacute;n como la reconciliaci&oacute;n deben suceder en condiciones que garanticen la igualdad moral de las partes involucradas. </p>     <p>En la primera parte del escrito argumento que la agencia moral y pol&iacute;tica de las personas no se pueden entender por aparte, pues tanto la una como la otra se encuentran estrechamente relacionadas. Los sistemas pol&iacute;ticos afectan el car&aacute;cter moral y pol&iacute;tico de sus miembros, bien en forma positiva o negativa; por ello, las personas que viven en reg&iacute;menes pol&iacute;ticos opresivos son m&aacute;s vulnerables para responder a las ofensas morales, que quienes viven en reg&iacute;menes no opresivos. </p>     <p>En la segunda parte del escrito analizo el perd&oacute;n y mostrar&eacute; los sentimientos morales que involucra el proceso de concederlo: resentimiento, arrepentimiento y perd&oacute;n. Igualmente, se&ntilde;alar&eacute; las condiciones en que el perd&oacute;n debe ser concedido para ser considerado moralmente correcto, en oposici&oacute;n a ciertos modelos que considero inapropiados o defectuosos, precisamente porque no toman en serio ni la dignidad humana de las v&iacute;ctimas, ni la responsabilidad y obligaciones que los ofensores adquieren con ellas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la tercera parte presento el modelo de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica para una democracia transicional, que se caracterice por haber vivido en el pasado violencia pol&iacute;tica acompa&ntilde;ado de delitos atroces.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> En esta parte explico brevemente el marco te&oacute;rico sobre el cual construyo el modelo de reconciliaci&oacute;n, e igualmente arguyo que &eacute;sta s&oacute;lo se puede garantizar cuando las comunidades asumen seriamente su responsabilidad hacia el pasado. As&iacute;, analizo los diferentes tipos de responsabilidad individual y colectiva que tienen los miembros de una democracia transicional inclusiva e igualitaria. Adem&aacute;s, se&ntilde;alo que cuando los modelos reconciliatorios no son incluyentes y no respetan la igualdad de las personas en un sentido moral y pol&iacute;tico, se construyen modelos de reconciliaci&oacute;n que no toman en serio el pasado y la naturaleza colectiva de la violencia y la opresi&oacute;n. </p>      <p>En la &uacute;ltima parte del escrito indico c&oacute;mo, desde un punto de vista pragm&aacute;tico, una sociedad que entra en una democracia inclusiva e igualitaria tiene que crear remedios o medidas restaurativos para lidiar con el pasado; &eacute;stos deben ser, a su vez, incluyentes e igualitarios, a fin de lograr una verdadera transformaci&oacute;n pol&iacute;tica y personal de sus miembros. Con esta idea en mente, propongo los remedios para lidiar con el pasado y para hacer justicia en una sociedad signada por un pasado violento y opresivo. </p>     <p><b><i>1.</i><i> LA AGENCIA MORAL Y POL&Iacute;TICA </i></b></p>      <p>La agencia moral y pol&iacute;tica de los seres humanos constituye un asunto que no puede ser estudiado y entendido por separado. Los seres humanos somos fr&aacute;giles, y &eacute;sta es quiz&aacute; la &uacute;nica afirmaci&oacute;n acerca de la condici&oacute;n humana que podemos expresar con certeza. La constituci&oacute;n tanto del car&aacute;cter moral como de la identidad pol&iacute;tica de los ciudadanos est&aacute; determinada en parte por los sistemas pol&iacute;ticos y la manera como los agentes participan en su construcci&oacute;n. As&iacute;, si el sistema pol&iacute;tico es opresivo, &eacute;ste puede afectar negativamente el car&aacute;cter moral y el car&aacute;cter pol&iacute;tico de sus miembros, y con ello no hago referencia &uacute;nicamente a las personas excluidas moral y pol&iacute;ticamente de la sociedad por razones de raza, g&eacute;nero, clase social, cultura o religi&oacute;n, sino tambi&eacute;n a los grupos que disfrutan de cierta clase de privilegios morales y pol&iacute;ticos.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup></p>      <p>Existen sistemas pol&iacute;ticos que definitivamente son los m&aacute;s indicados para el desarrollo de una adecuada disposici&oacute;n moral y ciudadana, debido a que pueden garantizar el respeto, la protecci&oacute;n y la defensa de todos sus miembros en condiciones de igualdad. La democracia inclusiva parece ser el mejor sistema pol&iacute;tico para cumplir con este objetivo, puesto que su sistema legal y constitucional, sus instituciones p&uacute;blicas, sus procesos de deliberaci&oacute;n y toma de decisiones, as&iacute; como su cultura pol&iacute;tica reconocen y defienden la igualdad moral y pol&iacute;tica de todos sus miembros. De esta manera, los principios morales y pol&iacute;ticos de una democracia inclusiva deber&iacute;an guiar los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos reales; sin embargo, sabemos que los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos actuales est&aacute;n lejos de ser inclusivos, y esto se puede predicar no s&oacute;lo de los reg&iacute;menes totalitarios o autoritarios, sino tambi&eacute;n de los llamados <i>sistemas democr&aacute;ticos</i>. En todos ellos se presentan estructuras pol&iacute;ticas y sociales excluyentes y opresivas que afectan en forma negativa tanto sus instituciones como las relaciones sociales y pol&iacute;ticas de sus miembros.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup></p>      <p>En reg&iacute;menes pol&iacute;ticos opresivos, las acciones p&uacute;blicas y privadas de las personas, sus actitudes y sus sentimientos con respecto a las necesidades, las demandas y los problemas de los otros pueden verse distorsionados, e incluso ni siquiera tomarse en serio, debido a la concepci&oacute;n pol&iacute;tica y moral que las personas tienen de s&iacute; mismas y, en consecuencia, de lo que ellas merecen y deben a los dem&aacute;s. En ese mismo sentido, las reacciones y respuestas morales y pol&iacute;ticas de los grupos o personas afectadas pueden generar, a la vez, tratamientos reprochables en relaci&oacute;n con los otros. </p>      <p>Si las comunidades pol&iacute;ticas coexisten con patrones sociales y pol&iacute;ticos opresivos, la posibilidad de ofender y causar da&ntilde;o moral a otros es mayor que en reg&iacute;menes no opresivos. El que se defienda una democracia inclusiva e igualitaria de ning&uacute;n modo implica que se crea que en tales reg&iacute;menes la gente siempre responde y reacciona apropiadamente, moral y pol&iacute;ticamente hablando; o que en los reg&iacute;menes opresivos la agencia moral y pol&iacute;tica siempre se afecta negativamente. Dada la fragilidad de la condici&oacute;n humana, nadie puede garantizar, por un lado, que nosotros no ofenderemos moralmente a los otros y, por el otro, que los sistemas pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos inclusivos permanecer&aacute;n as&iacute; para siempre. Lo que las reflexiones pol&iacute;ticas, legales y &eacute;ticas muestran es que la gente en democracias inclusivas igualitarias est&aacute; mejor preparada para actuar y responder individual y pol&iacute;ticamente a las ofensas morales, que en los reg&iacute;menes opresivos en dos sentidos: (1) cuando un r&eacute;gimen democr&aacute;tico inclusivo idealmente reconoce la igualdad de sus miembros, tanto como ciudadanos como personas, permite que ellos se respeten y protejan mutuamente, a pesar de las diferencias. As&iacute;, uno podr&iacute;a esperar que los ciudadanos de tales comunidades, en situaciones de injusticia pol&iacute;tica, luchen conjuntamente en la arena p&uacute;blica, para evitar que se tomen decisiones que afecten o amenacen la igualdad. (2) Dado que la base moral en una democracia inclusiva es m&aacute;s amplia que en otros reg&iacute;menes, parece que las probabilidades de provocar da&ntilde;os morales a otros grupos de individuos pueden ser menores que en reg&iacute;menes excluyentes.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p>      <p>Uno podr&iacute;a esperar que en reg&iacute;menes democr&aacute;ticos inclusivos las respuestas morales y pol&iacute;ticas de las partes afectadas, en contra de agresiones injustas, muy probablemente sean respondidas en forma justa y adecuada a la magnitud del da&ntilde;o causado. El perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica son dos acciones restaurativas que buscan enfrentar los da&ntilde;os que cometimos en el pasado. Una de las tesis centrales de este escrito es que el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica son dos medidas restaurativas que deben ser claramente diferenciadas. El perd&oacute;n es una acci&oacute;n moral restaurativa entre individuos, que ocurre en la esfera privada; mientras que la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica es una medida p&uacute;blica que enfrenta un pasado pol&iacute;tico opresivo e injusto, y que incluye a toda la comunidad pol&iacute;tica. &Eacute;sta es una distinci&oacute;n importante de hacer, puesto que para muchos, entre ellos algunos te&oacute;ricos de la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica, una condici&oacute;n necesaria para que una sociedad se reconcilie consiste en que las v&iacute;ctimas deben perdonar a sus ofensores por el da&ntilde;o cometido. As&iacute;, el gobierno que lidera el proceso de reconciliaci&oacute;n tiene el poder de interferir en las vidas individuales de las v&iacute;ctimas, a fin de que ellas acepten perdonar a sus ofensores. Esta condici&oacute;n, sin embargo, constituir&iacute;a una intromisi&oacute;n indebida por parte del Estado en relaci&oacute;n con un poder moral que &uacute;nicamente pertenece a la v&iacute;ctima. </p>      <p>Aunque desarrollo los modelos de perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n por separado, dado que est&aacute;n pensados para una democracia inclusiva e igualitaria, tanto el perd&oacute;n como la reconciliaci&oacute;n s&oacute;lo pueden darse en condiciones en las que se garantice la igualdad moral de las personas. Las sociedades que hacen tr&aacute;nsito a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico deben desarrollar tales valores en su cultura pol&iacute;tica y social. Por ello, la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica puede generar instituciones, pr&aacute;cticas sociales y directrices que posibiliten verdaderas transformaciones en sus miembros y, asimismo, puede garantizar que las acciones restaurativas que se emprendan, bien entre individuos o en la comunidad, respondan a principios morales y pol&iacute;ticos igualitarios. </p>     <p>Si bien ni el perd&oacute;n ni la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica pueden literalmente deshacer el pasado, y sobre todo el da&ntilde;o moral y el sufrimiento causado a otros, las v&iacute;ctimas individuales y las comunidades pol&iacute;ticas tienen el poder de redimir y liberar a los ofensores del da&ntilde;o moral y pol&iacute;tico que &eacute;stos han causado. Dado que esas v&iacute;ctimas han sido afectadas f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y moralmente, es claro que otorgar perd&oacute;n a un agresor o buscar la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica son dos acciones y procesos que s&oacute;lo pueden concederse bajo ciertas condiciones, a fin de ser juzgados moral y pol&iacute;ticamente como correctos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Jeffrie Murphy se&ntilde;ala respecto del perd&oacute;n &mdash;y uno puede extender sus palabras al caso de la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica&mdash; que una medida restaurativa es aceptable cuando es "consistente con el autorrespeto, el respeto por otros, como agentes morales responsables, y la lealtad a las reglas de la moralidad".<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> Esto es, si uno traduce esta afirmaci&oacute;n a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico inclusivo, significa que como los ofensores han atacado la dignidad humana de sus v&iacute;ctimas, el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica s&oacute;lo se pueden otorgar cuando las v&iacute;ctimas est&aacute;n en capacidad de garantizar que tales acciones ser&aacute;n consecuentes con su valor moral y pol&iacute;tico, y cuando los ofensores han aceptado la responsabilidad por los da&ntilde;os que han cometido. En resumen, en una democracia inclusiva, las condiciones de perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica deben reconocer y respetar la dignidad humana. </p>      <p>Como se ha mencionado de manera repetida, en sistemas pol&iacute;ticos opresivos, las personas pueden desarrollar agencias pol&iacute;ticas y morales defectuosas que afectan negativamente sus relaciones personales y de ciudadan&iacute;a. En la mayor&iacute;a de dichos sistemas, la violencia y la brutalidad no constituyen la excepci&oacute;n a la regla, sino la forma ordinaria como las personas act&uacute;an para alcanzar sus intereses personales y pol&iacute;ticos. En estas comunidades las ofensas personales y pol&iacute;ticas son muy graves y, por lo tanto, la posibilidad del perd&oacute;n individual y de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica es muy limitada. Adem&aacute;s, dada la gravedad de las ofensas cometidas, es muy probable que las personas y las sociedades tomen medidas censurables para enfrentar el pasado. </p>     <p>Como Paul Ricoeur y Tzvetan Todorov indican, cuando no se enfrenta adecuadamente el pasado, las personas no pueden tratar con los traumas individual y pol&iacute;tico como es debido. As&iacute;, en vez de enfrentar el hecho traum&aacute;tico a trav&eacute;s del duelo para dejar que los recuerdos perturbadores se conviertan en inofensivos, los individuos o grupos los reprimen y repiten a trav&eacute;s de acciones violentas. En resumen, antes que reconciliar el presente con el pasado, los actos repetitivos de violencia o compulsi&oacute;n sustituyen los actos de evocaci&oacute;n.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup></p>      <p>El perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica pueden verse como dos medidas restaurativas para tratar con el pasado y romper con los recuerdos traum&aacute;ticos causados por ofensas individuales o pol&iacute;ticas. No pretendo resumir aqu&iacute; el complejo proceso de cada uno de ellos, sino explicar en forma general las condiciones en las que el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica cumplen con los est&aacute;ndares pol&iacute;ticos y &eacute;ticos, que son consistentes con el respeto y la agencia responsable. </p>      <p><b><i>2.</i><i> EL PERD&Oacute;N MORAL </i></b></p>      <p>Se puede decir, en general, que el perd&oacute;n es un acto moral que se da entre la v&iacute;ctima y el ofensor, en el que la v&iacute;ctima &mdash;en un acto de buena voluntad&mdash; redime y libera al ofensor del da&ntilde;o que &eacute;ste caus&oacute;, y el ofensor reconoce y repara el da&ntilde;o que ocasion&oacute; al ofendido. En el an&aacute;lisis del perd&oacute;n se encuentran tres sentimientos morales que est&aacute;n relacionados con las partes involucradas en la ofensa: resentimiento, arrepentimiento y perd&oacute;n. El resentimiento est&aacute; relacionado con el ofensor y la forma como su acci&oacute;n moral afecta el valor moral del ofendido. As&iacute;, Jeffrie Murphy manifiesta que una mala acci&oacute;n es una comunicaci&oacute;n simb&oacute;lica negativa, donde el ofensor expresa al ofendido: "Yo importo, pero usted no", "Puedo utilizarlo a usted para mis prop&oacute;sitos" y "Yo estoy aqu&iacute; arriba y usted est&aacute; all&aacute; abajo". Por lo tanto, lo que nos molesta de una ofensa moral no es simplemente el da&ntilde;o f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, sino la experiencia de ser insultados.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> Esto es, lo que resentimos como v&iacute;ctimas es el trato inmerecido que recibimos como seres humanos. Dicho tratamiento indebido produce en nosotros, adem&aacute;s del resentimiento moral hacia la ofensa, un sentimiento de odio hacia el ofensor. Hampton denomina a este odio como el <i>odio moral</i> (<i>moral hatred</i>), que viene en grados y no es necesariamente vengativo. En el caso del odio moral, la persona ofendida no quiere una degradaci&oacute;n literal del ofensor, sino m&aacute;s bien exponer y derrotar el falso mensaje que el ofensor produjo.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> Las personas con una s&oacute;lida autoestima, favorecida por un contexto social y pol&iacute;tico igualitario, est&aacute;n en condiciones de protestar contra la ofensa, sin tratar de degradar al ofensor, es decir, esas v&iacute;ctimas pueden mostrar una actitud respetuosa hacia sus agresores y sus da&ntilde;os. Por otro lado, pueden darse dos situaciones en las que el resentimiento es inapropiado o defectuoso. En el primer caso, cuando las personas poseen una baja autoestima, tienden a creer que la comunicaci&oacute;n simb&oacute;lica enviada por el ofensor de hecho confirma su real valor. De esta manera, las v&iacute;ctimas suspenden su derecho moral a desenmascarar y vencer el falso mensaje del ofensor. En el segundo, las v&iacute;ctimas responden con resentimiento excesivo, es decir, vengativo, como si con ello fuera posible recuperar lo que perdieron moral y materialmente. </p>      <p>Nadie puede asegurar que una s&oacute;lida autoestima garantizar&aacute; una respuesta adecuada frente a los da&ntilde;os morales causados por los ofensores, especialmente si los da&ntilde;os son graves. No obstante, un resentimiento moral apropiado depende, en parte, de la respuesta moral del agresor hacia la persona ofendida. Esto es, si el ofensor, despu&eacute;s de agredir moralmente a la v&iacute;ctima, acepta y reconoce la ofensa y trata de reparar el da&ntilde;o que caus&oacute;, esta respuesta garantiza que el ofensor ha aceptado su responsabilidad frente a la v&iacute;ctima. En principio, las &uacute;nicas situaciones donde el perd&oacute;n puede ser considerado apropiado, moralmente hablando, son aqu&eacute;llas donde los individuos ofendidos pueden estar seguros de que al perdonar no est&aacute;n vulnerando su valor como seres morales. En principio se puede afirmar que la &uacute;nica situaci&oacute;n en el que el perd&oacute;n puede considerarse como una acci&oacute;n virtuosa es el caso del sincero arrepentimiento, pues en este evento particular el ofensor se comporta como un agente responsable y, por eso, el ofendido puede estar seguro de que el perd&oacute;n no vulnerar&aacute; su valor como ser moral. </p>     <p>El sincero arrepentimiento exige dos condiciones. En primer lugar, el ofensor debe reconocer o admitir el agravio moral que caus&oacute; a su v&iacute;ctima. Para que un ofensor repudie lo hecho es necesario que juzgue sus acciones pasadas como reprochables, y para ello, los ofensores deben iniciar un proceso de autotransformaci&oacute;n, o lo que Golding llama un <i>proceso de regeneraci&oacute;n moral</i>.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> Esta transformaci&oacute;n moral del ofensor se presenta cuando &eacute;ste abandona ciertos principios morales defectuosos y objetables, y hace indemnizaciones materiales y morales a los ofendidos.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> Es importante decir que no es necesario que la transformaci&oacute;n moral se d&eacute; en su totalidad para otorgar el perd&oacute;n, pero s&iacute; se requiere que el ofensor comience ese proceso, y ello s&oacute;lo sucede cuando &eacute;ste experimenta alguna clase de remordimiento por lo que hizo. La segunda condici&oacute;n del sincero arrepentimiento consiste en que el ofensor prometa no repetir la ofensa en el futuro. </p>      <p>Existen dos situaciones que se pueden llamar arrepentimiento inadecuado o defectuoso. La primera se presenta cuando las personas tienen la tendencia a no experimentar arrepentimiento por sus malas acciones. La segunda sucede cuando las personas experimentan sentimientos de culpa por todo lo negativo ocurrido a su alrededor. Estas personas tienen una baja autoestima y sus sentimientos de culpa no pertenecen a las situaciones de arrepentimiento. Para resumir, las personas verdaderamente arrepentidas deben rechazar sus acciones a trav&eacute;s de un proceso de regeneraci&oacute;n moral y deben transmitir este mensaje al ofendido, y al mismo tiempo prometer no repetir dicha ofensa en el futuro. </p>     <p>El proceso de otorgar perd&oacute;n, a su vez, tiene dos etapas. En la primera, el ofendido se prepara psicol&oacute;gicamente para ver desde una nueva perspectiva al ofensor. En esta etapa, la persona ofendida trata de ganar confianza en s&iacute; misma, al sobreponerse al resentimiento. Cuando las personas son lastimadas, aun si responden con un resentimiento apropiado, es posible que teman que la comunicaci&oacute;n simb&oacute;lica de quien los insult&oacute; sea verdadera. Entonces, adem&aacute;s de reparar el da&ntilde;o material o f&iacute;sico causado por la ofensa, ellas necesitan reparar el da&ntilde;o psicol&oacute;gico y material que les ha causado el agresor.<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup> Es importante se&ntilde;alar que las circunstancias en que el da&ntilde;o ocurre, su gravedad y la relaci&oacute;n que hay entre el agresor y la v&iacute;ctima desempe&ntilde;an un papel importante para la recuperaci&oacute;n de la propia confianza. Aun si las v&iacute;ctimas est&aacute;n en condiciones de superar el resentimiento y el odio moral hacia sus ofensores, cuando las afrentas son graves, los sentimientos negativos (rechazo, desconfianza, temor) pueden acompa&ntilde;ar a las v&iacute;ctimas por un largo tiempo, e incluso por el resto de sus vidas. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La segunda etapa del perd&oacute;n consiste en la decisi&oacute;n concreta de perdonar al ofensor. Si el ofendido ofrece su perd&oacute;n al ofensor luego de un sincero arrepentimiento de parte de &eacute;ste, el perd&oacute;n puede ser juzgado como virtuoso, dado que el ofendido, reconociendo el da&ntilde;o moral que se le ha causado, es capaz <i>voluntariamente </i>de perdonar a su ofensor. El perd&oacute;n constituye un acto de benevolencia por parte del ofendido, quien libera al ofensor de su pasado, en la creencia de que &eacute;ste cambiar&aacute; y se convertir&aacute; en un mejor ser humano. Como dice Hannah Arendt, sin el perd&oacute;n, los ofensores estar&iacute;an confinados en sus ofensas, sin posibilidad de recuperarse de ellas.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></p>      <p>Al igual que en el resentimiento y el arrepentimiento, existen situaciones donde el perd&oacute;n puede ser excesivo o defectuoso. En el primer caso, personas con una baja autoestima pueden ofrecer un perd&oacute;n incondicional a sus ofensores a costa de su propio valor moral. En situaciones opresivas, es frecuente que los individuos sean propensos a perdonar "al poderoso, abusivo u opresivo ofensor".<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> En estos casos, las personas, en vez de realmente transformar sus sentimientos negativos en contra de sus ofensores, los reprimen. Entonces, a pesar de que se concede el perd&oacute;n, dicha acci&oacute;n no puede considerarse como virtuosa, puesto que ella vulnera la dignidad humana del ofendido. En el otro extremo, se pueden dar situaciones en que los ofendidos tienen la tendencia de no perdonar a sus ofensores, as&iacute; estos &uacute;ltimos se hayan arrepentido sinceramente. El reverendo Joseph Butler describe a estas personas como individuos fr&aacute;giles, que creen excesivamente en su perfecci&oacute;n, o que son indulgentes con sus defectos y estrictos con los defectos de los otros.<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p>      <p>Para terminar, es necesario decir que el perd&oacute;n es una disposici&oacute;n moral virtuosa de la v&iacute;ctima, y por lo tanto nadie puede obligarla a perdonar a sus ofensores. Uno podr&iacute;a pensar que despu&eacute;s de un sincero arrepentimiento, a los ofensores se les 'debe' perdonar; sin embargo, no existe un derecho exigible al perd&oacute;n como tal. El perd&oacute;n, como ya lo dije, es un poder moral de la v&iacute;ctima, y no se constituye en una obligaci&oacute;n por el simple arrepentimiento del ofensor. En este sentido, a pesar de que no podemos demandar que las v&iacute;ctimas perdonen a sus ofensores, lo cierto es que admirar&iacute;amos moralmente a quienes lo hicieran. </p>      <p><i><b>3. LA RECONCILIACI&Oacute;N POL&Iacute;TICA</b></i></p>      <p>Despu&eacute;s de las anteriores reflexiones acerca del perd&oacute;n, se analizan a continuaci&oacute;n los aspectos m&aacute;s relevantes de un modelo democr&aacute;tico inclusivo de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica. El modelo de reconciliaci&oacute;n que se plantea aqu&iacute; est&aacute; pensado para sociedades en transici&oacute;n a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico, que experimentaron violencia pol&iacute;tica acompa&ntilde;ada por una notoria violaci&oacute;n de los derechos humanos, bien sea que dicha violencia la haya causado el gobierno, sus oponentes y/o los combatientes en un conflicto armado interno.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>      <p>El marco de mis reflexiones acerca de la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; constituido por las nociones de <i>democracia inclusiva</i>, de <i>suerte moral </i>y de <i>toma de responsabilidad </i>(<i>taking responsibility</i>).<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> La primera es un modelo normativo &eacute;tico-pol&iacute;tico que, en primer lugar sirve para guiar el proceso de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica de una sociedad que hace el tr&aacute;nsito hacia una democracia inclusiva e igualitaria, en segundo lugar es una herramienta para criticar los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos excluyentes que experimentan opresi&oacute;n y violencia pol&iacute;tica y en tercer lugar ayuda a evaluar procesos inadecuados o defectuosos de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica, en los que las sociedades no enfrentan seriamente su violento pasado. </p>      <p>En el contexto de una transici&oacute;n democr&aacute;tica, es importante tener en mente tanto la cultura nacional como su historia y los sistemas pol&iacute;ticos que la precedieron. Este reconocimiento es importante para entender que los reg&iacute;menes opresivos afectan la identidad pol&iacute;tica y moral de sus miembros. Existen factores externos al agente moral que no est&aacute;n bajo su control, y, sin embargo, afectan las decisiones que toma en su vida. Esto cuestiona la idea de que la moral es inmune a la suerte o contingencias de la vida. Por tal raz&oacute;n Bernard Williams<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> y Thomas Nagel<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> se&ntilde;alan que, dado que la suerte afecta las decisiones que tomamos en nuestras vidas, entonces esa suerte tiene un contenido moral. </p>      <p>El sistema pol&iacute;tico, y en particular la opresi&oacute;n, pueden convertirse en elementos importantes que afecten la suerte moral de los individuos. As&iacute;, feministas como Claudia Card y Lisa Tessman muestran que la historia de una comunidad signada por la opresi&oacute;n no permite que todos sus miembros tengan igual capacidad de desarrollar un buen car&aacute;cter moral.<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> Como Tessman acertadamente establece, existe una conexi&oacute;n intr&iacute;nseca entre los proyectos de liberaci&oacute;n pol&iacute;ticos y las dificultades para llevarlos a cabo. As&iacute;, el fracaso o el &eacute;xito de cada proyecto "depende del esfuerzo que se haga para transformar los aspectos negativos que se manifiestan en nuestro car&aacute;cter".<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> No obstante, Card considera que aun en situaciones de una mala suerte moral, en las que las personas no han tenido control en la formaci&oacute;n de su car&aacute;cter, esto no significa que ellas carezcan absolutamente de agencia moral. En esas situaciones, las personas deben esforzarse para "desarrollar conscientemente una integridad que no surge espont&aacute;neamente".<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup></p>      <p>En conclusi&oacute;n, si los miembros de las sociedades en transici&oacute;n a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico quieren mantener o reconquistar su integridad moral y pol&iacute;tica, deben actuar como agentes responsables y, por lo tanto, el modelo de reconciliaci&oacute;n debe desarrollar mecanismos para enfrentar el pasado en un esquema donde las responsabilidades pasadas, presentes y futuras tengan igual consideraci&oacute;n. Dado que nosotros pertenecemos a un conjunto de relaciones sociales, es posible afirmar que la &uacute;nica forma en que podemos transformar los aspectos negativos de nuestro car&aacute;cter moral y pol&iacute;tico es mediante un esfuerzo cooperativo. </p>      <p><i>Prima facie,</i> la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica y personal de los miembros de una democracia transicional s&oacute;lo se puede garantizar cuando los miembros de dichas comunidades asumen la responsabilidad que tienen con el pasado y, a su vez, est&aacute;n dispuestos a enmendar, restaurar y recordar a sus v&iacute;ctimas. Aunque no pretendo en este escrito analizar en forma exhaustiva el complejo tema de la responsabilidad individual y colectiva, s&iacute; considero necesario discutir los aspectos m&aacute;s importantes de la responsabilidad pol&iacute;tica, moral y criminal. Este an&aacute;lisis servir&aacute; para arg&uuml;ir luego que un proceso de reconciliaci&oacute;n debe crear una serie de mecanismos p&uacute;blicos, a fin de garantizar que sus ciudadanos asuman seriamente la responsabilidad que tienen hacia su pasado. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es esencial que en un proceso de reconciliaci&oacute;n sus ciudadanos sigan principios &eacute;tico-pol&iacute;ticos para evitar caer en procesos de reconciliaci&oacute;n defectuosos en que o bien el perd&oacute;n y el olvido se conceden incondicionalmente &mdash;como si ninguna injusticia hist&oacute;rica o ninguna violaci&oacute;n a los derechos humanos se hubiera cometido&mdash;, o bien se castiga y juzga criminalmente a unos pocos individuos como si el resto de la sociedad fuera inocente, desconociendo as&iacute; las causas colectivas de la violencia y la exclusi&oacute;n. Dado que esas sociedades han vivido situaciones de injusticia social y violencia generalizada en el pasado, al juzgar lo que sucedi&oacute; se debe tomar en cuenta que las situaciones que esas sociedades vivieron son extraordinarias, en comparaci&oacute;n con las que suceden en las sociedades democr&aacute;ticas estables. Por lo anterior, siguiendo a Pablo de Greiff, se puede afirmar que tal situaci&oacute;n extraordinaria no puede ser valorada con los mismos par&aacute;metros morales y pol&iacute;ticos con los que juzgar&iacute;amos las acciones de los ciudadanos de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico estable e igualitario.<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup></p>      <p>Para el an&aacute;lisis de este tipo de situaciones, la noci&oacute;n tradicional liberal de responsabilidad que se centra en el individuo es inadecuada. Desde esta perspectiva, los agentes morales son considerados como seres aut&oacute;nomos, capaces de tomar decisiones libremente sin verse afectados por las contingencias hist&oacute;ricas, sociales y pol&iacute;ticas que los rodean. De igual manera, esta tradici&oacute;n liberal establece que las personas &uacute;nicamente son responsables de sus acciones, en la medida en que ellos son vistos como sus directos y voluntarios productores. As&iacute;, la idea de una responsabilidad colectiva ser&iacute;a ajena a esta perspectiva. Como se ha explicado nosotros no somos, moralmente hablando, inmunes a la suerte. De hecho, nuestras capacidades morales pueden verse afectadas positiva o negativamente por las contingencias pol&iacute;ticas y sociales. La suerte moral, por lo tanto, nos muestra c&oacute;mo nuestras historias personales y nuestras decisiones morales y pol&iacute;ticas se pueden ver afectadas por la historia de la comunidad en la que vivimos. Como Card se&ntilde;ala, nosotros pertenecemos a un conjunto de relaciones sociales, de tal forma que tanto los individuos como las comunidades estamos mutuamente relacionados e influenciados. En este sentido, la noci&oacute;n tradicional de responsabilidad no parece ser la m&aacute;s apta para explicar y dar cuenta de nuestras acciones, puesto que deja de lado los componentes pol&iacute;ticos y sociales que hacen parte y explican nuestras decisiones, acciones y actitudes en nuestra vida privada y pol&iacute;tica. Con esta consideraci&oacute;n en mente, discuto a continuaci&oacute;n el alcance de la responsabilidad individual, pol&iacute;tica y criminal de las democracias transicionales. </p>      <p><b><i>3.1</i><i> Responsabilidad pol&iacute;tica </i></b></p>      <p>Los miembros de una misma comunidad pol&iacute;tica tienen unos con otros una serie de obligaciones de tipo pol&iacute;tico. En sociedades cuyo pasado est&aacute; signado por la violencia pol&iacute;tica y la opresi&oacute;n, los ciudadanos tienen la obligaci&oacute;n particular de recordar su historia de injusticia y sufrimiento. Lo que es importante determinar aqu&iacute; es c&oacute;mo se adquiere esa obligaci&oacute;n y qu&eacute; significa actuar como ciudadanos responsables hacia el pasado. La obligaci&oacute;n &eacute;tico-pol&iacute;tica de una comunidad hacia el pasado surge del hecho de ser ciudadanos de esa misma comunidad. As&iacute; cuando aceptamos la ciudadan&iacute;a, estamos aceptando esa historia de opresi&oacute;n y sufrimiento, ya que dicha historia constituye parte de nuestra identidad pol&iacute;tica. Aceptar ser ciudadano de una comunidad pol&iacute;tica no necesariamente significa que este acto pol&iacute;tico sea absolutamente libre. De hecho, la mayor&iacute;a de las veces, cuando adquirimos una obligaci&oacute;n, &eacute;sta no es completamente voluntaria, sino que la adquirimos como algo "dado, asignado, o heredado".<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></p>      <p>Cuando uno acepta el estatus pol&iacute;tico de ciudadano, a su vez acepta la identidad hist&oacute;rica de esa comunidad y el compromiso &eacute;tico-pol&iacute;tico de actuar como miembro responsable de &eacute;sta. Aceptar una identidad problem&aacute;tica no significa que nosotros seamos culpables de lo que pas&oacute;, como si nosotros fu&eacute;ramos los directos causantes de esta situaci&oacute;n. Esta responsabilidad implica, en el contexto de democracia transicional, que nosotros debemos juzgar las instituciones pol&iacute;ticas previas, conforme a los ideales normativos de una democracia inclusiva e igualitaria. Si el balance muestra que el sistema pol&iacute;tico en el pasado fracas&oacute; al tratar algunos individuos o grupos en igualdad de condiciones como seres humanos o como ciudadanos, esto significa que nosotros como comunidad pol&iacute;tica estamos en la obligaci&oacute;n de honrar las memorias de quienes fueron injustamente excluidos, bien sea que ellos est&eacute;n vivos o muertos.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>      <p>Adem&aacute;s, como comunidad pol&iacute;tica tenemos la obligaci&oacute;n de resarcir y compensar pol&iacute;tica y moralmente a las v&iacute;ctimas o sobrevivientes para as&iacute; incluirlos en el nuevo orden pol&iacute;tico como personas y ciudadanos. Es igualmente importante criticar las instituciones pol&iacute;ticas y sociales, los sistemas constitucionales y legales, as&iacute; como las pr&aacute;cticas e instituciones causantes de la opresi&oacute;n y la violencia, a fin de sustituir o cambiarlas por otras que sean inclusivas e igualitarias. </p>      <p><b><i>3.2</i><i> Responsabilidad moral </i></b></p>      <p>Como lo se&ntilde;ala Karl Jaspers, uno se debe sentir responsable individualmente por todos los da&ntilde;os morales que uno cometi&oacute; directamente o contribuy&oacute; a que se cometieran en un r&eacute;gimen pol&iacute;tico perverso. Con esta delimitaci&oacute;n de la responsabilidad personal, en un r&eacute;gimen pol&iacute;tico opresivo, Jaspers nos ayuda a distinguir la responsabilidad pol&iacute;tica, que es colectiva e incluye a todos los ciudadanos, de la responsabilidad moral, que es individual y que juzga las propias acciones. Jaspers incluye en la responsabilidad moral &mdash;y en ello coincido con &eacute;l&mdash; no s&oacute;lo las acciones, sino las omisiones y actitudes que pueden causar o contribuir a causar da&ntilde;o a otros o que pueden crear un ambiente favorable que posibilite la comisi&oacute;n del da&ntilde;o.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> A pesar de que el grado de responsabilidad por omisiones o actitudes moralmente reprochables puede ser menor que el de quien ocasiona directamente un da&ntilde;o moral a otro, esto no excusa moralmente a los individuos de su responsabilidad. </p>      <p>En general, existen tres formas de responsabilidad moral en que los ciudadanos pueden incurrir en una sociedad signada por la opresi&oacute;n y que hace tr&aacute;nsito a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico: (1) cuando participan directa o indirectamente, basados en sus convicciones pol&iacute;ticas, en la comisi&oacute;n de cr&iacute;menes contra individuos o grupos. (2) Cuando apoyan un r&eacute;gimen perverso o a sus oponentes o a cualquier otro grupo de combatientes, en un conflicto armado interno; cuando esos grupos cometen en forma sistem&aacute;tica graves violaciones a los derechos humanos (ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, violaciones, torturas, secuestros o maltratos severos) como medios para alcanzar sus objetivos pol&iacute;ticos, y cuando fallan en detener o prevenir cr&iacute;menes pol&iacute;ticos, en situaciones donde sus vidas no est&aacute;n en riesgo o donde ese riesgo es m&iacute;nimo. (3) Cuando en un r&eacute;gimen opresivo apoyan la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica y social de ciertos grupos de acuerdo con su raza, orientaci&oacute;n sexual, clase social, g&eacute;nero, cultura o religi&oacute;n. En esos casos, la exclusi&oacute;n no est&aacute; acompa&ntilde;ada de graves abusos a los derechos humanos, pero en su quehacer diario ayudan a que otros contin&uacute;en excluidos, y cuando toman decisiones pol&iacute;ticas, apoyan aquellas que son excluyentes. En estas situaciones, a pesar de que los ciudadanos no respaldan el uso de violencia contra otros ciudadanos, s&iacute; contribuyen a crear un ambiente propicio para la ocurrencia de la violencia pol&iacute;tica. </p>     <p>Una democracia transicional tiene que crear una atm&oacute;sfera favorable para lograr que los miembros de la sociedad se transformen personal y pol&iacute;ticamente. En muchas sociedades en transici&oacute;n es posible que sus tradiciones morales y pol&iacute;ticas opresivas hayan desencadenado el uso de la violencia como v&iacute;a para alcanzar objetivos pol&iacute;ticos; es necesario entonces que el proceso de reconciliaci&oacute;n cree unas medidas p&uacute;blicas que expongan la inhumanidad e injusticia de esas tradiciones e instituciones. Adicionalmente, desde una perspectiva moral, estos remedios deben servir para que los individuos tomen conciencia de sus acciones y, al mismo tiempo, entiendan la conexi&oacute;n cercana que existe entre sus convicciones personales, la opresi&oacute;n y la violencia pol&iacute;tica. Cuando los ciudadanos se sienten responsables por lo ocurrido es m&aacute;s probable que acepten y aprueben reformas estructurales y pol&iacute;ticas inclusivas e igualitarias. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>3.3</i><i> Responsabilidad criminal </i></b></p>      <p>Uno de los grandes desaf&iacute;os en un proceso de reconciliaci&oacute;n consiste en c&oacute;mo tratar a los violadores de derechos humanos. La manera en que las democracias transicionales responden a este problema determina en gran medida todo el proceso de reconciliaci&oacute;n. Analizo tres formas de enfrentar este problema. Me referir&eacute; en primer lugar a dos de ellas, que considero remedios defectuosos para lidiar con el pasado: (1) el perd&oacute;n y el olvido<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup> y (2) los juicios penales y el castigo criminal. </p>      <p>En el caso del perd&oacute;n y el olvido, las sociedades no toman seriamente el pasado y prefieren implementar amnist&iacute;as generales para los perpetradores de delitos atroces, con lo que niegan el pasado y sus v&iacute;ctimas. En principio, esta pol&iacute;tica es defectuosa no s&oacute;lo porque las v&iacute;ctimas psicol&oacute;gicamente tienen que reprimir su sufrimiento, sino porque las sociedades que han tratado a sus ciudadanos en forma injusta, y en muchos casos inhumana, tienen el deber moral de hacerles justicia. Las sociedades que establecen estas amnist&iacute;as generales para resguardar la estabilidad pol&iacute;tica y el nuevo orden constitucional, en principio, y de acuerdo con el ideal normativo de inclusi&oacute;n, est&aacute;n cometiendo tres errores. Primero, el nuevo orden no es inclusivo, sino excluyente desde el inicio, pues niega las condiciones morales y pol&iacute;ticas para incorporar a sus v&iacute;ctimas como seres morales y ciudadanos. Segundo, el sistema distingue entre sus ciudadanos y trata a los perpetradores de cr&iacute;menes atroces en una forma privilegiada, como si ellos no hubieran hecho nada malo. En esta situaci&oacute;n es francamente imposible que los perpetradores entiendan lo que hicieron y acepten su responsabilidad por la participaci&oacute;n en las atrocidades. En tercer lugar, con las medidas de perd&oacute;n y olvido una democracia transicional estar&aacute; mal preparada para iniciar un proceso de transformaci&oacute;n individual y pol&iacute;tica y una verdadera reconciliaci&oacute;n. </p>     <p>Los juicios criminales de cortes nacionales e internacionales constituyen otra forma para tratar a los violadores de los derechos humanos en democracias transicionales. Se eval&uacute;a el uso de tribunales nacionales e internacionales con los mismos est&aacute;ndares morales y pol&iacute;ticos, no s&oacute;lo porque ellos tienen una tarea alternativa o complementaria en cuanto a la responsabilidad criminal, sino porque, como De Greiff indica, ambos padecen de las mismas dificultades morales y pragm&aacute;ticas.<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup></p>      <p>Existen tres aspectos relacionados con esta medida, que muestro sucintamente en este art&iacute;culo. El primero consiste en evaluar si la responsabilidad criminal pone en riesgo el futuro del nuevo orden democr&aacute;tico y el objetivo de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica. As&iacute;, por ejemplo, Bruce Ackerman est&aacute; en contra de la idea de castigar a los perpetradores del viejo orden, pues considera que &eacute;stos pueden amenazar la estabilidad del nuevo orden constitucional. Perseguir criminalmente a los perpetradores de los derechos humanos, en efecto, puede constituir una verdadera amenaza para nuevo orden democr&aacute;tico. Alemania, despu&eacute;s del Holocausto, fue un caso especial donde los participantes de graves violaciones de derechos humanos fueron vencidos por los Aliados. Sin embargo, en el amplio espectro de democracias transicionales, los perpetradores generalmente retienen su poder pol&iacute;tico y pertenecen, a su vez, al grupo que lidera los reg&iacute;menes transicionales. Por lo tanto, esos grupos no consentir&aacute;n en hacer acuerdos pol&iacute;ticos que permitan su judicializaci&oacute;n criminal y su encarcelamiento. </p>      <p>El segundo aspecto consiste en evaluar si la selectividad, que es una caracter&iacute;stica inherente a los procesos criminales, es consecuente con la inclusi&oacute;n y la justicia. Aquellos inclinados a favorecer los juicios penales en el contexto de violencia pol&iacute;tica aceptan que cuando los abusos son masivos, la judicializaci&oacute;n criminal es siempre selectiva.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> Esto se debe a que la cantidad de perpetradores es enorme y la capacidad burocr&aacute;tica para responder a ellos, limitada. Adicionalmente, en muchos casos reales ocurre que los perpetradores de rangos m&aacute;s altos, y lo que es peor, los llamados "ciudadanos decentes", quienes intelectual y financieramente apoyan al r&eacute;gimen o a los combatientes del conflicto, dada su posici&oacute;n de poder en la sociedad, pueden f&aacute;cilmente esconder sus delitos, destruir las pruebas o amenazar la estabilidad del nuevo r&eacute;gimen. Por lo tanto, estos individuos tienen el poder de evitar su persecuci&oacute;n criminal, y de este modo, en muchos casos, los perpetradores menos poderosos que siguieron &oacute;rdenes, bien por convicci&oacute;n o coacci&oacute;n, son perseguidos y castigados criminalmente.<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup></p>      <p>En conclusi&oacute;n en lo referente al segundo aspecto, la selectividad no solamente no garantiza que todos los perpetradores de graves violaciones de los derechos humanos sean judicializados penalmente, sino que, peor a&uacute;n, aquellos que son m&aacute;s vulnerables y menos poderosos son los perseguidos criminalmente. Pero supongamos que de hecho se da una situaci&oacute;n ideal donde cada uno de los perpetradores de los delitos atroces en una sociedad pueda ser perseguido criminalmente; la pregunta que surge aqu&iacute; es si esos juicios efectivamente sirven mejor al prop&oacute;sito de la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica. Esto lleva al tercer y &uacute;ltimo aspecto problem&aacute;tico de los juicios criminales y el castigo, y es que la responsabilidad criminal, en esencia, est&aacute; enfocada solamente en <i>pocos</i> los individuos. </p>      <p>En una sociedad con un pasado perverso es importante distinguir entre diferentes grados y clases de responsabilidad para evitar aquel juicio que considera a toda una sociedad como una naci&oacute;n de criminales. Sin embargo, los juicios criminales est&aacute;n enfocados, por su naturaleza, en <i>pocos </i>individuos.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup> Como De Greiff lo indica, la responsabilidad criminal "establece estrechos l&iacute;mites alrededor de la atribuci&oacute;n de responsabilidad" y agrega que &eacute;sta "termina excusando de responsabilidad, no s&oacute;lo a un buen n&uacute;mero de los que participaron en las atrocidades, sino que peor aun, a aquellos que se beneficiaron de ella indirectamente y aquellos que apoyaron el r&eacute;gimen que perpetr&oacute; tales abusos".<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup></p>      <p>En resumen, si un proceso de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica es un complejo proceso en que toda la sociedad debe estar involucrada a fin de hacer justicia y finalizar con un pasado perverso donde s&oacute;lo los criminales son el objetivo, tal aproximaci&oacute;n, como Malamud-Goti establece, env&iacute;a el mensaje de que cualquiera que no sea criminalmente acusado es inocente.<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>Adicionalmente, como he argumentado, los reg&iacute;menes opresivos afectan el desarrollo del car&aacute;cter moral de los individuos negativamente; entonces, aquellos que cometen graves violaciones a los derechos humanos no pueden ser juzgados simplemente como agentes totalmente aut&oacute;nomos que libremente deciden cometer actos atroces, como si sus decisiones personales no hubieran estado influidas por condicionamientos pol&iacute;ticos y sociales. </p>      <p>Las sociedades en transici&oacute;n a un r&eacute;gimen democr&aacute;tico tienen que enfrentar la historia de una mala suerte moral que afecta a todos sus miembros negativamente; por lo tanto, enfocarse simplemente en la judicializaci&oacute;n criminal de unos pocos deja por fuera las tradiciones opresivas y valores que han distorsionado la agencia moral de tales miembros, y la responsabilidad moral y pol&iacute;tica de todos aquellos que componen la sociedad. La anterior afirmaci&oacute;n de ninguna manera indica que aquellos que cometieron cr&iacute;menes no son responsables por lo que hicieron ni que sus v&iacute;ctimas y toda la sociedad deben condonar todo lo ocurrido. A pesar de que son responsables de lo que hicieron, dado que sus cr&iacute;menes est&aacute;n relacionados con unas tradiciones pol&iacute;ticas opresivas, sus actos atroces deben ser moral y pol&iacute;ticamente valorados desde esta situaci&oacute;n especial y, en consecuencia, valdr&iacute;a la pena analizar qu&eacute; otro tipo de remedio m&aacute;s consecuente con la naturaleza colectiva de la violencia se puede implementar. Discuto a continuaci&oacute;n los remedios para alcanzar una reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica, y dentro de &eacute;stos abordo el caso de los perpetradores de los delitos atroces. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>4.</i><i> REMEDIOS O MEDIDAS RESTAURATIVAS PARA ALCANZAR LA RECONCILIACI&Oacute;N POL&Iacute;TICA </i></b></p>      <p>Discuto aqu&iacute; algunas medidas para alcanzar la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica, reconciliaci&oacute;n que, como he insistido, s&oacute;lo se logra cuando el proceso posibilita una transformaci&oacute;n personal y pol&iacute;tica en los miembros de la comunidad. Como David Crocker establece, la meta de la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica es la reciprocidad democr&aacute;tica, y esto significa que las personas tienen que llegar a respetarse mutuamente como ciudadanos.<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup> Dado que un pasado problem&aacute;tico produce la fragmentaci&oacute;n de la sociedad, tal respeto entre los ciudadanos no se produce inmediatamente. Un r&eacute;gimen transicional debe crear una cultura pol&iacute;tica, donde tal respeto se haga posible. </p>      <p>Como Crocker acertadamente afirma, por lo menos durante unos a&ntilde;os existir&aacute; una "coexistencia no letal" en la medida en que los antiguos enemigos "ya no se matar&aacute;n unos a otros o bien rutinariamente no violar&aacute;n mutuamente sus derechos b&aacute;sicos".<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> Enseguida presentar&eacute; las medidas o remedios para alcanzar la reconciliaci&oacute;n. </p>      <p><b><i>4.1</i><i> Comisiones de la verdad y comisiones hist&oacute;ricas de investigaci&oacute;n </i></b></p>      <p>En t&eacute;rminos generales, considero que la conformaci&oacute;n de una comisi&oacute;n de la verdad es la mejor medida para lograr una verdadera reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica. El modelo que propongo tiene tres metas interrelacionadas. Las comisiones de la verdad deben ocuparse (1) de los testimonios de las v&iacute;ctimas, (2) de las amnist&iacute;as individuales de los perpetradores y (3) de la reparaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas. Como es bien sabido, la Comisi&oacute;n de la Verdad y Reconciliaci&oacute;n de Sud&aacute;frica (Truth and Reconciliation Commission &mdash;TRC&mdash;) se ha convertido en el modelo de estudio de este tipo de instituciones pol&iacute;ticas. No obstante, har&eacute; un examen cr&iacute;tico de la TRC y presentar&eacute; algunas propuestas que, considero, evitan algunos de sus problemas en relaci&oacute;n con sus mandatos y funciones. </p>      <p>Las comisiones de la verdad, en general, se ocupan principalmente de las v&iacute;ctimas y de los perpetradores de delitos atroces. La raz&oacute;n de su funci&oacute;n no es un asunto de simple selectividad, sino el reconocimiento de que los cr&iacute;menes atroces hacen parte fundamental de aquellas sociedades que sufren violencia pol&iacute;tica. Luego de un pasado pol&iacute;tico traum&aacute;tico, es necesario conocer la verdad de esas atrocidades. Andre du Toit recurre a dos sentidos de la verdad, explicados inicialmente por Thomas Nagel, y que du Toit usa en un contexto de justicia transicional para comprender qu&eacute; clase de verdad debe investigar una comisi&oacute;n de la verdad. Du Toit dice que la verdad debe "ser dirigida a descubrir las atrocidades pol&iacute;ticas del r&eacute;gimen anterior y sus conflictos pasados".<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup> As&iacute;, la investigaci&oacute;n de lo que ocurri&oacute; implica dos sentidos de la verdad: conocimiento y reconocimiento. </p>      <p>El primero se refiere a investigar los hechos que ocurrieron y el segundo, al reconocimiento p&uacute;blico y oficial de la violencia y las atrocidades cometidas en el pasado. Cuando un gobierno transicional establece una comisi&oacute;n de la verdad, est&aacute; creando un proceso donde las v&iacute;ctimas de atrocidades pol&iacute;ticas ser&aacute;n reconocidas oficialmente. Dado que en el pasado la condici&oacute;n de las v&iacute;ctimas como seres humanos, as&iacute; como ciudadanos, fue negada, el reconocer ese hecho p&uacute;blicamente sirve para restablecer en parte su dignidad. </p>      <p>Du Toit considera que la idea de justicia como reconocimiento constituye la forma de justicia relevante en democracias transicionales. Esta forma de justicia es diferente de la "justicia criminal y retributiva" y de la "justicia social y distributiva". La justicia retributiva se centra en los perpetradores, y toda la estructura del sistema acusatorio le da consideraci&oacute;n especial al acusado y a las reglas del debido proceso. En ese contexto, como lo dice du Toit, citando a Martha Minow, la verdad est&aacute; delimitada por lo que el sistema acusatorio considere relevante para probar la inocencia o culpabilidad del acusado. </p>     <p>A pesar de que las v&iacute;ctimas tienen un inter&eacute;s b&aacute;sico en la justicia retributiva, sus testimonios est&aacute;n supeditados a unas reglas determinadas, cuyo fin esencial es probar la inocencia o la culpabilidad criminal del acusado.<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup> Entonces, es posible afirmar que en el sistema acusatorio las v&iacute;ctimas de cierta forma son tratadas como fuentes de pruebas legales en contra del perpetrador, mientras que en las comisiones de la verdad ellas ocupan un lugar prominente en el proceso, y por tal raz&oacute;n cuentan sus historias de sufrimiento e injusticia sin ninguna limitaci&oacute;n. Los perpetradores son solamente escuchados para revelar la verdad acerca de su participaci&oacute;n en los delitos atroces y para reconocer su responsabilidad individual p&uacute;blicamente.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></p>      <p>En Sud&aacute;frica, la TRC ejerci&oacute; funciones judiciales a trav&eacute;s de un Comit&eacute; que conced&iacute;a amnist&iacute;as individuales a los perpetradores bajo ciertas condiciones que enseguida explico. Los perpetradores ten&iacute;an que confesar p&uacute;blicamente sus actos.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> Esta condici&oacute;n de publicidad constituy&oacute; una innovaci&oacute;n respecto a las anteriores comisiones de la verdad de otros pa&iacute;ses, donde las audiencias fueron privadas. Las audiencias p&uacute;blicas fueron cubiertas por los medios de comunicaci&oacute;n, por lo cual toda la sociedad tuvo oportunidad de o&iacute;r a los perpetradores y a las v&iacute;ctimas, acerca de las atrocidades que se hab&iacute;an cometido en el pasado.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La TRC cre&oacute; incentivos para confesar la verdad acerca de los cr&iacute;menes cometidos. Los perpetradores sab&iacute;an que si ellos voluntariamente no se somet&iacute;an al proceso de obtenci&oacute;n de amnist&iacute;a individual o no revelaban toda la verdad, corr&iacute;an el riesgo de que el Comit&eacute; de Amnist&iacute;a recomendara el inicio de los procesos penales y civiles en su contra. Como Kiss explica, la condici&oacute;n de revelar toda la verdad sirvi&oacute; para evitar que se encubriera a otros perpetradores de rango superior. Los perpetradores de cualquier nivel que cumplieran con las exigencias eran dejados libres, sin ninguna otra condici&oacute;n. </p>      <p>Aunque considero que la TRC estableci&oacute; ciertas condiciones para otorgar la amnist&iacute;a, no pienso que los objetivos de la TRC satisfagan del todo las metas de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica de una democracia inclusiva e igualitaria. Es cierto que una sociedad no puede juzgar a los perpetradores de delitos atroces como individuos aislados del contexto de opresi&oacute;n e injusticia en que tales cr&iacute;menes son cometidos. Por esta raz&oacute;n, una sociedad transicional debe reconocer este pasado tormentoso para evaluar las acciones de los perpetradores justamente. Aun cuando la naturaleza atroz de un crimen no puede ser negada, s&iacute; considero que ser&iacute;a injusto valorar la responsabilidad de todos los perpetradores en igual forma. </p>     <p>Aqu&iacute; cabe mencionar la tesis de Agnes Heller, seg&uacute;n la cual "uno es autor de sus acciones buenas o malas. Pero uno no necesariamente es el autor de las condiciones bajo las cuales estas acciones fueron cometidas".<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> Si se considera esta idea de Heller desde la perspectiva de la violencia pol&iacute;tica, uno podr&iacute;a afirmar que no todos los perpetradores tienen el mismo nivel de responsabilidad moral y pol&iacute;tica. Los individuos ubicados en una posici&oacute;n de poder y como l&iacute;deres de los grupos que sistem&aacute;ticamente causan cr&iacute;menes atroces para alcanzar sus objetivos pol&iacute;ticos son &mdash;parafraseando a Heller&mdash; los autores de las condiciones desde las cuales estos terribles cr&iacute;menes son cometidos; por lo tanto, su responsabilidad es mayor que la de aquellos con menor poder y quienes en muchas ocasiones ejecutan las &oacute;rdenes bajo coacci&oacute;n. </p>      <p>Los l&iacute;deres de esas fuerzas tienen que responder personalmente como individuos y tambi&eacute;n como representantes de las agrupaciones que cometieron tales cr&iacute;menes. Ser&iacute;a ideal que los perpetradores, l&iacute;deres de la violencia, y quienes cometieron los m&aacute;s graves delitos, se sometieran voluntariamente a ser castigados, al menos por un tiempo prudencial con pena privativa de la libertad; pero &mdash;como lo expres&eacute; antes y lo demuestran muchas experiencias concretas&mdash; cuando la transici&oacute;n ocurre despu&eacute;s de una negociaci&oacute;n entre actores pol&iacute;ticos, &eacute;stos ponen en riesgo la negociaci&oacute;n si una de sus condiciones es su persecuci&oacute;n criminal.<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> Sin embargo, un proceso de reconciliaci&oacute;n no puede favorecer la total impunidad de los perpetradores y, por ello, los l&iacute;deres de los grupos que cometieron delitos atroces independientemente de su origen (Estado, partidos pol&iacute;ticos, grupos alzados en armas), as&iacute; como los perpetradores que cometieron los peores cr&iacute;menes, deben al menos perder sus derechos pol&iacute;ticos a participar en cualquier forma en pol&iacute;tica, lo cual incluye vetarlos o descalificarlos para ocupar cualquier posici&oacute;n p&uacute;blica o cargo en un movimiento pol&iacute;tico. Al mismo tiempo, estos l&iacute;deres, en nombre de los grupos que los representan, deben reconocer sus cr&iacute;menes p&uacute;blicamente. Esto sirve para reconocer su responsabilidad en p&uacute;blico, pues ellos abusaron del poder pol&iacute;tico ostentado en el pasado, y tambi&eacute;n por su incapacidad para proceder en forma responsable con su sociedad y sus miembros.<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup></p>      <p>Por &uacute;ltimo, dado que una comisi&oacute;n de la verdad se enfoca solamente en revelar atrocidades pol&iacute;ticas del pasado, este procedimiento en s&iacute; mismo no puede explicar las causas sociales y pol&iacute;ticas que produjeron tal violencia. Por ello es necesario crear una comisi&oacute;n hist&oacute;rica de investigaci&oacute;n, la cual podr&iacute;a ayudar a comprender mejor la naturaleza colectiva de la violencia pol&iacute;tica y las causas hist&oacute;ricas de la opresi&oacute;n. La funci&oacute;n de esta comisi&oacute;n no s&oacute;lo es investigar los delitos atroces que ocurrieron, sino tambi&eacute;n encontrar y analizar las instituciones y estructuras sociales, legales y pol&iacute;ticas que a lo largo de la historia posibilitaron la exclusi&oacute;n y la opresi&oacute;n en la sociedad. </p>      <p>En este sentido, sin una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, un reporte final de la comisi&oacute;n de la verdad no puede ser comprendido totalmente en su valor hist&oacute;rico y pol&iacute;tico. Cuando un nuevo orden democr&aacute;tico apoya una comisi&oacute;n hist&oacute;rica de investigaci&oacute;n, el nuevo r&eacute;gimen est&aacute; reconociendo p&uacute;blicamente que no necesariamente el pasado, tal como aparece en la memoria colectiva de la sociedad, verdaderamente, da cuenta lo que sucedi&oacute;. </p>      <p><b><i>4.2</i><i> Remedios restaurativos simb&oacute;licos </i></b></p>      <p>Cualquier persona es capaz de entender que despu&eacute;s de un pasado violento, en el que los ciudadanos han sufrido graves violaciones de derechos humanos, no se puede literalmente deshacer el pasado, puesto que el trauma y el sufrimiento de sus v&iacute;ctimas no pueden ser humanamente compensados. Por lo tanto, una democracia transicional debe buscar los medios para honrar y reconocer a esos ciudadanos. Los mecanismos restaurativos simb&oacute;licos tienen dos fines estrechamente relacionados. Por un lado, sirven para que las v&iacute;ctimas y sobrevivientes sepan p&uacute;blicamente que ellos no van a ser olvidados; por otro, sirven para recordarle a toda la sociedad la deuda irredimible que tienen con el pasado. </p>      <p>Nombrar&eacute; algunos de estos remedios por v&iacute;a de ejemplo: (1) una disculpa p&uacute;blica del gobierno del nuevo orden democr&aacute;tico en que reconozca la violencia ocurrida en reg&iacute;menes previos, bien sea que tales reg&iacute;menes estuvieran directamente involucrados en la opresi&oacute;n y la violencia pol&iacute;tica o que fallaran al tratar de resistirla o eliminarla. (2) Un reconocimiento p&uacute;blico de los l&iacute;deres de los grupos autores de graves violaciones de derechos humanos por su responsabilidad en la violencia. (3) Existen otros recursos centrados en la educaci&oacute;n p&uacute;blica, como monumentos p&uacute;blicos, museos, sitios hist&oacute;ricos, fechas conmemorativas y dem&aacute;s. (4) Tambi&eacute;n son importantes las expresiones art&iacute;sticas de la sociedad como exhibiciones, actuaciones, esculturas, etc. En resumen, para el p&uacute;blico en general es importante crear, como Oliver Horton considera, una variedad de espacios no acad&eacute;micos donde la gente pueda aprender acerca de su pasado de una manera constructiva, aun cuando esta experiencia puede ser dolorosa.<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup> Es decir, los remedios simb&oacute;licos tienen como fin que la sociedad reconozca p&uacute;blicamente que el sufrimiento y la injusticia cometidos contra las v&iacute;ctimas y sus sobrevivientes no permanecer&aacute;n olvidados, sino que vivir&aacute;n en la memoria colectiva de todos sus ciudadanos. </p>      <p><b><i>4.3</i><i> Reformas estructurales y reparaciones materiales </i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es claro que la reconciliaci&oacute;n no lleva por s&iacute; misma a la inclusi&oacute;n moral y pol&iacute;tica de sus ciudadanos si el nuevo r&eacute;gimen no implementa una transformaci&oacute;n dr&aacute;stica de la instituciones publicas y de los sistemas legales y constitucionales que permitieron la opresi&oacute;n pol&iacute;tica y social. En general, las democracias transicionales signadas por graves violaciones a los derechos humanos son sociedades injustas, donde han sido excluidos ciertos grupos de ciudadanos de sus derechos pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos, en beneficio de los grupos privilegiados. Estas formas de exclusi&oacute;n han servido a los grupos privilegiados para que hist&oacute;ricamente hayan avanzado injustamente a costa de otros miembros, quienes no s&oacute;lo han sido privados de su estatus pol&iacute;tico y social de ciudadanos, sino que adem&aacute;s se han empobrecido econ&oacute;micamente por la falta de recursos materiales y de igualdad de oportunidades (propiedad, vivienda, salud, educaci&oacute;n, comida decente, trabajo y seguridad, s&oacute;lo por nombrar algunos de ellos). </p>      <p>Las democracias transicionales tienen que compensar materialmente a las v&iacute;ctimas de graves violaciones de los derechos humanos; sin embargo, para alcanzar una verdadera igualdad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social, es indispensable compensar tambi&eacute;n a los grupos que han sido injustamente privados en el pasado de los recursos materiales y de iguales oportunidades. As&iacute;, desde una perspectiva moral y pol&iacute;tica, un proceso de reconciliaci&oacute;n no deber&iacute;a ser valorado por la sociedad y asumido por un gobierno transicional como una carga adicional y una inmensa tarea dentro de las muchas otras que tiene un gobierno en el complejo proceso de liderar una naci&oacute;n. La reconciliaci&oacute;n es y debe ser el primer y principal objetivo del gobierno y de toda la sociedad, y cualquier otra tarea pol&iacute;tica tiene que estar relacionada y comprendida en relaci&oacute;n con dicho proceso. </p>      <p>Este escrito se inici&oacute; con la idea de que el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica son dos medidas restaurativas para enfrentar el pasado, y que, a pesar de sus diferencias, comparten ciertos elementos morales. En un r&eacute;gimen democr&aacute;tico inclusivo, el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica deben responder a la igualdad moral de los seres humanos. Estas medidas restaurativas, como se&ntilde;al&eacute;, s&oacute;lo pueden ejercerse en un contexto en el que la dignidad moral y pol&iacute;tica de las personas pueda ser asegurada. El perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica comparten la necesidad de evaluar el pasado, ya sea que esta reflexi&oacute;n implique la comisi&oacute;n de da&ntilde;os morales o la injusticia hist&oacute;rica de una comunidad pol&iacute;tica. Esta reflexi&oacute;n moral y/o pol&iacute;tica sirve para asegurar, primero, el reconocimiento moral y pol&iacute;tico de la ofensa; segundo, la posibilidad de recuperar y honrar la dignidad de las v&iacute;ctimas, y, finalmente, iniciar un proceso de transformaci&oacute;n personal y pol&iacute;tica. </p>     <p>Como lo expres&eacute; con anterioridad, ni las sociedades, ni los gobiernos tienen el poder de obligar o presionar a las v&iacute;ctimas a conceder el perd&oacute;n a sus ofensores; sin embargo, s&iacute; es necesario que las sociedades creen las condiciones sociales necesarias para evitar que las v&iacute;ctimas o bien perdonen a sus ofensores f&aacute;cilmente en forma incondicional, o bien jam&aacute;s perdonen a sus ofensores. Considero que un proceso pol&iacute;tico de reconciliaci&oacute;n puede favorecer un ambiente en el que con el tiempo los perpetradores de delitos atroces se arrepientan ante sus v&iacute;ctimas por lo hecho y donde las v&iacute;ctimas o sobrevivientes perdonen a sus ofensores. </p>     <p>Cuando nosotros concedemos el perd&oacute;n, o una sociedad inicia un proceso de reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica, estamos reconociendo la fragilidad de nuestra condici&oacute;n humana, ya que nosotros reconocemos que, como individuos y comunidades pol&iacute;ticas que somos, nuestra agencia moral y ciudadana est&aacute;n sujetas a contingencias hist&oacute;ricas, sociales y pol&iacute;ticas, que pueden afectarnos negativamente. Sin embargo, cuando uno perdona, o una sociedad inicia un proceso de reconciliaci&oacute;n, es porque confiamos en que nosotros somos capaces de asumir la responsabilidad por lo que hicimos. En conclusi&oacute;n, el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n pol&iacute;tica se conceden porque las personas confiamos en que los individuos o los miembros de la comunidad pol&iacute;tica somos capaces de convertirnos en mejores seres humanos. En principio, ambos son actos de profunda buena fe y de benevolencia hacia la humanidad. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Notas al pie</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Mis estudios de maestr&iacute;a y doctorado en filosof&iacute;a en State University of New York (SUNY), en Binghamton,      fueron posibles gracias al apoyo de una beca Fulbright, de Colfuturo, y del apoyo econ&oacute;mico y      acad&eacute;mico que me brindaron mi alma m&aacute;ter, la Universidad del Rosario y SUNY durante mis estudios de      posgrado. Agradezco a las personas que hacen parte de estas instituciones y a mi familia, pues ellos      contribuyeron en forma definitiva a cerrar este ciclo de mi carrera acad&eacute;mica. Agradezco especialmente      al profesor David Crocker, por sus cr&iacute;ticas y comentarios a mi disertaci&oacute;n.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>En el escrito uso indistintamente los t&eacute;rminos comunidad pol&iacute;tica y sociedad civil. Entiendo por ellas al        grupo de personas que nacieron o viven en un Estado-naci&oacute;n y detentan el estatus pol&iacute;tico de ciudadanos.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Cuando analizo el modelo tengo en mente sociedades occidentales con reg&iacute;menes opresivos que han tenido en el pasado alguna experiencia de tipo democr&aacute;tico.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Los sistemas pol&iacute;ticos opresivos afectan en forma negativa a los miembros de grupos privilegiados, quienes muchas veces son incapaces de responder en forma adecuada a las necesidades y problemas de los dem&aacute;s. Esta deficiencia en su agencia moral y pol&iacute;tica se ve reflejada en sus concepciones y creencias personales, sociales y pol&iacute;ticas.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Sigo la concepci&oacute;n de democracia inclusiva y deliberativa formulada por Iris Marion Young, quien tiene una concepci&oacute;n de ciudadan&iacute;a diferenciada y una visi&oacute;n heterog&eacute;nea de lo p&uacute;blico, en la que los procesos de deliberaci&oacute;n y toma de decisiones pol&iacute;ticas siguen unos principios normativos que garantizan la inclusi&oacute;n de todos los afectados y el reconocimiento de sus diferentes intereses y visiones de mundo en condiciones de igualdad. V&eacute;ase Young, Iris Marion, <i>Justice and the Politics of Difference, e Inclusion and Democracy</i>, Princeton, Princeton University Press, 1990.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Lawrence Thomas muestra que democracias que incluyen a todos sus miembros, a pesar de susdiferencias, tienen un amplio campo de responsabilidades para con otros. &Eacute;l compara esta visi&oacute;n con lo que el llama "moralidad popular" o "moralidad del sentido com&uacute;n", que tiene sus ra&iacute;ces en el liberalismo cl&aacute;sico y se encuentra diseminada en democracias contempor&aacute;neas liberales. Para Thomas, y coincido con &eacute;l, en la "moralidad popular" la gente hace una tajante distinci&oacute;n entre extra&ntilde;os, por un lado, y amigos y familia, por el otro. En general, Thomas dice que en la moral popular "nuestro deber moral no es tanto ayudar a extra&ntilde;os como no causarles da&ntilde;o" (p. 45). Por eso, el deber de ayudar a otros est&aacute; reservado para gente cercana, mientras que el deber de ayudar a extra&ntilde;os es extremadamente limitado. Adem&aacute;s, la "moralidad popular" distingue claramente entre fallar en ayudar a una persona y causarle un da&ntilde;o; as&iacute;, lo &uacute;ltimo es considerado una acci&oacute;n moralmente reprochable y en contra de la decencia moral, mientras que el primero no es juzgado como moralmente malo, aun si la persona puede asistir a otro sin riesgos. Por eso las consecuencias morales de una acci&oacute;n y una omisi&oacute;n no son generalmente las mismas (pp. 47-48). Thomas concluye "ser una persona, moralmente decente es compatible con permitir que en el mundo ocurra mucho da&ntilde;o, da&ntilde;o que uno podr&iacute;a f&aacute;cilmente ayudar a eliminar" (p. 54).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Murphy, Jeffrie y Hampton, Jean, <i>Forgiveness and Mercy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2003, p. 19.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Todorov, Tzvetan, <i>Los abusos de la memoria</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2000, pp. 30-31, Ricoueur, Paul, "Memory, Forgetfulness and History", en <i>ZIF</i>, Universitat Bielefeld, vol. 2, 1995, pp. 17-18.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Murphy y Hampton, <i>op. cit., </i>pp. 25 y 43-44.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup><i>Ibid., </i>p. 82.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Golding, Martin, "Forgiveness and Regret", en <i>The Philosophical Forum</i>, vol. XVI, No. 1-2, Fall-Winter, 1984-85, p. 131.    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>El castigo social, pol&iacute;tico o criminal puede contribuir a que el ofensor reconozca el da&ntilde;o que caus&oacute; al ofendido, cuando el ofensor voluntariamente no reconoce, ni se responsabiliza por las acciones cometidas.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Murphy y Hampton, <i>op. cit., </i>p. 83.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Arendt, Hannah, <i>The Human Condition</i>, Chicago, The University of Chicago Press, 1989, p. 237.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Potter, Nancy, <i>Is being Unforgiving a Vice?</i>, en prensa, p. 15.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Butler, Joseph, <i>The Works of the Right Reverend Father in God Joseph Butler D.C.L</i>., vol. II, Oxford, Oxford University Press, 1840, p. 110.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Aqu&iacute; utilizo la caracterizaci&oacute;n de David Crocker sobre sociedades transicionales ("Civic Society and Transitional Justice", en Fullinwider, Robert (edit.), <i>Civic Society, Democracy and Civic Renewal</i>, New York, Rowman &amp; Litlefield Publishers, 1999, p. 376).    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Claudia Card usa este t&eacute;rmino para indicar que las personas, aun en circunstancias de una mala suerte moral, tienen que asumir la responsabilidad por lo que son y por las decisiones que toman. V&eacute;ase <i>The Unnatural Lottery, Character and Moral Luck</i>, Philadelphia, Temple University Press, 1996.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>V&eacute;ase Williams, Bernard, <i>Moral Luck</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1981, cap&iacute;tulo II.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>V&eacute;ase Nagel, Thomas, <i>Mortal Questions</i>, cap&iacute;tulo III, Cambridge, Cambridge University Press, 1981.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Card, <i>op. cit.,</i> p. 22; Tessman, Lisa, "Moral Luck in the Politics of personal Transformation", en <i>Social Theory and Practice</i>, vol. 18, No. 3, 1986, p. 379.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Tessman, <i>op. cit., </i>p. 379.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Card, <i>op. cit., </i>p. 24.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>De Greiff, Pablo, "International Courts and Transitions to Democracy", en <i>Public Affairs Quarterly</i>, vol. 12, No. 1, January, 1998, pp. 79-80.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Card, <i>op. cit., </i>p. 29.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>En mi disertaci&oacute;n discuto en qu&eacute; consiste el deber de recordar el pasado y c&oacute;mo esta obligaci&oacute;n y la evaluaci&oacute;n &eacute;tico-pol&iacute;tica del pasado no se encuentra supeditada a la existencia f&iacute;sica de los agentes.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Jaspers, Karl, <i>The Question of German Guilt</i>, New York, Capricorn Book, 1961, pp. 31 y 63-70.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Aqu&iacute; entiendo el perd&oacute;n en un sentido pol&iacute;tico, como amnist&iacute;as generales e incondicionales.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>De Greiff, <i>op. cit. </i>p. 79.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Kritz, Neil J., "Coming to Terms with Atrocities. A Review of Accountability Mechanisms of Mass Violations of Human Rights", en <i>Law and Contemporary Problems</i>, vol. 59, No. 9, 1997, p. 145.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>V&eacute;ase Kritz, Neil, (edit.), <i>Transitional Justice</i>, vol. III, Washington, United State Institute of Peace Press, 1995. El caso en Alemania del juicio contra los guardianes de la frontera de Alemania Oriental.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>&Eacute;sta es una observaci&oacute;n formulada por De Greiff y Ackerman.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>De Greiff, <i>op. cit., </i>pp. 81-82.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Citado por <i>Ibid., </i>p. 82.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Crocker, David, "Punishment, Reconciliation and Democratic Deliberation", en <i>Buffalo Criminal Law Review, </i>vol. 5, No. 2, 2002, p. 529.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup><i>Ibid.,</i> s. p.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Du Toit, Andr&eacute;, "The Moral Foundations of South Africa TRC: Truth as Acknowledgment and Justice as Recognition", en Rotberg, Robert y Thomson, Dennis (edits.), <i>Truth vs. Justice. The Morality of Truth Commissions</i>, Princeton, Princeton University Press, 2000, p. 132.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup><i>Ibid.,</i> p. 136.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Es necesario se&ntilde;alar que puede suceder que los perpetradores hayan sido previamente v&iacute;ctimas de la violencia pol&iacute;tica; luego no es posible en la pr&aacute;ctica hacer una delimitaci&oacute;n tan clara entre perpetradores y v&iacute;ctimas en una sociedad signada por la violencia; en muchos casos, las personas ocupan los dos roles.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Para que el Comit&eacute; de Amnist&iacute;a otorgara a un perpetrador la amnist&iacute;a por los cr&iacute;menes cometidos era necesario que &eacute;ste persuadiera al Comit&eacute; de que los cr&iacute;menes hab&iacute;an sido cometidos por m&oacute;viles pol&iacute;ticos, y que exist&iacute;a proporcionalidad entre el fin y el delito cometido. Si el perpetrador no pod&iacute;a probar estas condiciones, el Comit&eacute; pod&iacute;a negar la amnist&iacute;a y aconsejar la persecuci&oacute;n criminal y civil del perpetrador a trav&eacute;s de justicia ordinaria.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Kiss, Elizabeth, "Within and Beyond Political Constraints. Reflections on Restorative Justice", en Rotberg, Robert y Thomson, Dennis (edits.), <i>Truth vs. Justice. The Morality of Truth Commissions</i>, Princeton, Princeton University Press, 2000, p. 76.    <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>Heller, Agnes, "The Limits to Natural Law and the Paradox of Evil", en Shute, Stephen y Hurley (edits.), <i>On Human Rights, The Oxford Amnesty Lectures,</i> New York, Basic Books, 1993, p. 152.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>En Argentina y El Salvador, por ejemplo, los gobiernos de transici&oacute;n que investigaban la verdad de las atrocidades cometidas en el pasado tuvieron que ceder ante las amenazas de muchos de los l&iacute;deres que hab&iacute;an cometido cr&iacute;menes bajo los anteriores reg&iacute;menes.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>Por supuesto, tambi&eacute;n es necesario que tales perpetradores a nombre de sus grupos o de los reg&iacute;menes perversos que representaron realicen compensaciones econ&oacute;micas a sus v&iacute;ctimas y restituyan los bienes que adquirieron ileg&iacute;timamente.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Horton, James O., "Controversies and Representations at Historic Sites. Presenting Slavery. The Perils of Telling America's Racial Story", en <i>The Public Historian</i>, vol. 21, No. 4, Fall, 1999, p. 20.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A </i></b></p>      <!-- ref --><p>Ackerman, Bruce, <i>The Future of Lcuaniberal Revolution</i>, Yale, Yale University Press, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-0579200400010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Arendt, Hannah, <i>The Human Condition</i>, Chicago, The University of Chicago Press, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-0579200400010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Butler, Joseph, <i>The Works of the Right Reverend Father in God Joseph Butler D.C.L</i>., vol. II, Oxford, Oxford University Press, 1840.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-0579200400010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Card, Claudia, <i>The Unnatural Lottery, Character and Moral Luck</i>, Philadelphia, Temple University Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-0579200400010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Crocker, David, "Punishment, Reconciliation and Democratic Deliberation", en <i>Buffalo Criminal Law Review, </i>vol. 5, No. 2, 2002, pp. 509-549.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-0579200400010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, "Civic Society and Transitional Justice", en Fullinwider, Robert (edit.), <i>Civic Society, Democracy and Civic Renewal</i>, New York, Rowman &amp; Litlefield Publishers, 1999, pp. 375-401.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-0579200400010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>De Greiff, Pablo, "International Courts and Transitions to Democracy", en <i>Public Affairs Quarterly</i>, vol. 12, No. 1, January, 1998, pp. 79-99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-0579200400010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Du Toit, Andr&eacute;, "The Moral Foundations of South Africa TRC: Truth as Acknowledgment and Justice as Recognition", en Rotberg, Robert y Thomson, Dennis (edits.), <i>Truth vs. Justice. The Morality of Truth Commissions</i>, Princeton, Princeton University Press, 2000, pp. 122-140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-0579200400010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Golding, Martin, "Forgiveness and Regret", en <i>The Philosophical Forum</i>, vol. XVI, No. 1-2, Fall-Winter, 1984-85, pp. 121-137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-0579200400010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Heller, Agnes, "The Limits to Natural Law and the Paradox of Evil", en Shute, Stephen y Hurley (edits.), <i>On Human Rights, The Oxford Amnesty Lectures,</i> New York, Basic Books, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-0579200400010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Horton, James O., "Controversies and Representations at Historic Sites. Presenting Slavery. The Perils of Telling America's Racial Story", en <i>The Public Historian</i>, vol. 21, No. 4, Fall, 1999, pp. 19-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-0579200400010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Jaspers, Karl, <i>The Question of German Guilt</i>, New York, Capricorn Book, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-0579200400010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Young, Iris Marion, <i>Justice and the Politics of Difference, e Inclusion and Democracy</i>, Princeton, Princeton University Press, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579200400010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kiss, Elizabeth, "Within and Beyond Political Constraints. Reflections on Restorative Justice", en Rotberg, Robert and Thomson, Dennis (edits.), <i>Truth vs. Justice. The Morality of Truth Commissions</i>, Princenton, Princenton University Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579200400010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Kritz, Neil J., "Coming to Terms with Atrocities. A Review of Accountability Mechanisms of Mass Violations of Human Rights", en <i>Law and Contemporary Problems</i>, vol. 59, No. 9, 1997, pp. 127-152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-0579200400010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>_____, (edit.), <i>Transitional Justice</i>, vol. III, Washington, United State Institute of Peace Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579200400010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Malamud-Goti, Jaime, <i>The Game without End. State of Terror and the Politics of Justice</i>, Oklahoma, University of Oklahoma Press, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579200400010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Minow, Martha, <i>Between Vengeance and Forgiveness</i>, Boston, Beacon Pres, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579200400010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Murphy, Jeffrie y Hampton, Jean, <i>Forgiveness and Mercy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579200400010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Nagel, Thomas, <i>Mortal Questions</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-0579200400010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Potter, Nancy, <i>Is being Unforgiving a Vice?</i>, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-0579200400010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ricoeur, Paul, "Memory, Forgetfulness and History", en <i>ZIF</i>, Universitat Bielefeld, vol. 2, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-0579200400010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Tessman, Lisa, "Moral Luck in the Politics of personal Transformation", en <i>Social Theory and Practice</i>, vol. 18, No. 3, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-0579200400010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Thomas, Lawrence, <i>Vessels of Evil</i>, Philadelphia, Temple University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-0579200400010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Todorov, Tzvetan, <i>Los abusos de la memoria</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-0579200400010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Williams, Bernard, <i>Moral Luck</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-0579200400010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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