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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">        <p align="center"><font size="4"><b><i>Lo mod&eacute;lico y lo antimod&eacute;lico en la vida cotidiana del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario (1653-1810)</i></b></font><sup>*</sup></p>     <p><b>M&oacute;nica Patricia Martini</b><sup>**</sup></p>     <p><sup>*</sup> Discurso pronunciado en la Academia Colombiana de Historia el 21 de mayo de 2002 para tomar posesi&oacute;n como miembro correspondiente extranjero. Este escrito forma parte de una investigaci&oacute;n mayor que se propone reconstruir la vida cotidiana del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario durante los tres siglos coloniales.    <br> <sup>**</sup> Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas; profesora de la Universidad del Salvador (Buenos Aires).  <hr>     <p>Al acercarse al acontecer cotidiano de un grupo humano en particular, importa considerar dos vertientes que, lejos de excluirse, se integran para ofrecer una visi&oacute;n m&aacute;s exacta de los protagonistas en el marco de una cotidianidad<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> sincopada ya por acontecimientos que se inscriben en lo mod&eacute;lico, ya por hechos que conforman lo antimod&eacute;lico. </p>      <p>Por una parte, el conjunto de normas que rigen la vida colegial<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> y la distinguen de la del resto del entorno social da las pautas del "modelo" al cual, seg&uacute;n el imaginario colectivo, debe adecuarse &mdash;y, de hecho, se adecua&mdash; la conducta de quienes aspiran a formar parte de ella. Por otra, el examen de la realidad permite advertir que el "modelo" no siempre se observ&oacute; y justipreciar hasta qu&eacute; punto se transgredi&oacute;. </p>      <p>Sin intentar acercarnos a todos los aspectos de la vida cotidiana de los rosaristas durante el per&iacute;odo colonial &mdash;empresa imposible en las pocas p&aacute;ginas que siguen&mdash; procuraremos, al menos, aproximarnos a los aspectos m&aacute;s significativos del devenir de una comunidad que, integrada por hombres de carne y hueso, fue protagonista de una cotidianidad peculiar. </p>      <p><b><i>1.</i><i> LO MOD&Eacute;LICO </i></b></p>      <p><b><i>1.1</i><i> Los moradores </i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La imagen mod&eacute;lica del colegial surge de la sintom&aacute;tica definici&oacute;n que aporta fray Crist&oacute;bal sobre lo que deb&iacute;a de ser un colegio mayor: </p>  <ol>...congregaci&oacute;n de personas mayores &mdash;dice&mdash; escogidas para sacar en ellas varones insignes, ilustradores de la Rep&uacute;blica con sus grandes letras y con los puestos que merecer&aacute;n con ellas, siendo, en todo, el dechado del Culto Divino y de las buenas costumbres conforme al estado de su profesi&oacute;n.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>    </ol>      <p>Los colegiales hab&iacute;an de constituir, pues, una suerte de grupo selecto con determinadas calidades, especialmente preparado tanto en la ciencia como en la virtud para cubrir cargos de importancia en la esfera del gobierno civil y eclesi&aacute;stico del Nuevo Reino. </p>      <p>Seg&uacute;n las Constituciones, la puerta a las colegiaturas s&oacute;lo se abr&iacute;a a representantes de "la nobleza secular" neogranadina que reuniera determinadas cualidades. En primer lugar limpieza y nobleza de sangre, demostradas, la primera, por la calidad de "cristiano viejo"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> y, la segunda, por ser hijos leg&iacute;timos cuyos padres no hubieran ejercido "oficios bajos", y por no tener "sangre de la tierra".<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> El requisito de honestidad y buenas costumbres se orientaba a rechazar de plano a los revoltosos, d&iacute;scolos o inquietos, defectos que, en suma, los hac&iacute;an ineptos para convivir en armon&iacute;a con el resto de la comunidad. En &eacute;poca tan tard&iacute;a como 1778 se insist&iacute;a en la importancia de inquirir sobre la "buena educaci&oacute;n", "costumbres e inclinaciones" de los pretendientes y se aconsejaba pedir testimonio de su crianza, &iacute;ndole y conducta, porque una mala inclinaci&oacute;n y grosera educaci&oacute;n &mdash;se dice&mdash; ocasionan frecuentar el castigo y aun con dificultad se corrigen y pulen, bastando una porci&oacute;n de levadura inficionada para corromper toda la buena masa.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p>      <p>Por &uacute;ltimo, en tanto deb&iacute;an ser varones "de grandes esperanzas para el bien p&uacute;blico", no se dejaba de lado la aplicaci&oacute;n a los estudios, habida cuenta de que, a iguales condiciones de suficiencia, deb&iacute;a ser escogido el m&aacute;s ilustre.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup></p>      <p>Tanto la propia comunidad rosarista como el resto de los sectores sociales ten&iacute;an una clara imagen del Colegio como guardi&aacute;n de una minor&iacute;a selecta. Para el caso, podemos recordar, por una parte, una carta del colegial Agust&iacute;n L&oacute;pez de Castilla y Espejo a su t&iacute;o en la cual, tras aludir a una complicada situaci&oacute;n que divid&iacute;a al claustro, advierte no se ha de dejar ultrajar porque no soy negro, ni zambo, ni canalla &mdash;dice&mdash;, ni sobrino de ning&uacute;n mulato, ni tampoco sobrino de un t&iacute;o con poca honra y bienestar de su persona.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup></p>      <p>Por otra parte, cuando en 1778 el virrey Fl&oacute;rez proh&iacute;be la aplicaci&oacute;n de la pena de azotes, alude a lo indigno de un castigo para unos hombres &mdash;asienta&mdash; a quienes distingui&oacute; la naturaleza desde su nacimiento constituy&eacute;ndoles en la obligaci&oacute;n de ser modelo de rectitud y que se destinan para sobresalir entre los dem&aacute;s obteniendo los m&aacute;s distinguidos empleos de la Rep&uacute;blica.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup></p>      <p>Para el resguardo de tales privilegios, el Colegio cont&oacute; con un estricto mecanismo de selecci&oacute;n en manos de un organismo colectivo de clara influencia monacal, la capilla. Presidida por el rector y compuesta por los colegiales de n&uacute;mero y supernumerarios, por votaci&oacute;n secreta y tras las oposiciones de rigor en los casos en que correspond&iacute;a, eleg&iacute;a a directivos,<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> participaba en el proceso de admisi&oacute;n de los colegiales y sumaba los votos de los convictores artistas para el nombramiento de catedr&aacute;ticos.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> Todo ello bajo la supervisi&oacute;n del presidente de la Audiencia o del virrey de turno en quienes recay&oacute; el ejercicio del vicepatronato. </p>      <p>La capilla result&oacute; fiel guardiana de las exigencias requeridas a la hora de seleccionar a los nuevos integrantes de la comunidad. Los aspirantes a colegiaturas se presentaban ante el vicepatrono el cual, a su vez, participaba al rector para que, en dos consultas sucesivas, el claustro decidiera si aceptaba o no los pedidos de admisi&oacute;n. </p>     <p>La negativa conllevaba cerrar al aspirante la posibilidad de presentar las informaciones de rigor. En 1761, por ejemplo, el cartagenero Juan Francisco Pujol y Fajardo solicita ser admitido por colegial convictor no sin advertir que, "para precaver el d&eacute;bil reparo" de que su padre profesa "la facultad de m&eacute;dico cirujano", ha incluido una certificaci&oacute;n de Jos&eacute; Celestino Mutis de donde surgen "los privilegios y distinguida atenci&oacute;n" de que gozan los que ejercen tan "saludable profesi&oacute;n", y una Real C&eacute;dula de 29 de junio de 1758 en la que se valora el oficio como "&uacute;til a la Rep&uacute;blica". No obstante, tanto el rector, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n de Le&oacute;n, como el fiscal concuerdan en que, por ser "mec&aacute;nico" el ministerio de cirujano, resulta imposible dispensar al pretendiente.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otros fueron los motivos que, al estar a la respuesta del rector Alarc&oacute;n y Castro, decidieron al claustro a negarse a aceptar la candidatura de Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Rizo: </p>  <ol>Prescindiendo de su calidad &mdash;dice el Rector&mdash; no es su genio a prop&oacute;sito para vivir en comunidad por ser d&iacute;scolo, altivo, desobediente, aplicado &uacute;nicamente al ejercicio de las armas, a pasatiempos y diversiones. Am&aacute;s de esto, es totalmente inepto para las letras, as&iacute; por falta de talento como de aplicaci&oacute;n, de suerte que no da esperanzas de poder servir al Colegio ni al p&uacute;blico por esta carrera.<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>    </ol>      <p>No falt&oacute; el caso de alg&uacute;n progenitor que intentara, mediante "subrepticios informes", colocar a su v&aacute;stago en una beca vacante. En 1785, Marcos Quesada logr&oacute; que el Cabildo secular de Cartagena propusiera y el virrey Antonio Caballero y G&oacute;ngora confirmara a su hijo, Pedro Jos&eacute; Pascasio, en una de las colegiaturas fundadas para los patrimoniales de dicha ciudad. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el Cuerpo capitular nominaba a Jos&eacute; Mar&iacute;a del Villar y Tatis y el rector Alarc&oacute;n no dudaba en aceptarlo, dado que Pedro &mdash;para ese entonces cursante de gram&aacute;tica&mdash; hab&iacute;a resultado ser "plebeyo e hijo de un panadero".<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></p>      <p>Si estos rechazos tuvieron base firme en lo establecido por las Constituciones, en otros casos la comunidad se negaba a dar explicaciones, lo cual sol&iacute;a provocar la ira de los aspirantes: en 1790 el claustro niega a dos mante&iacute;stas, Pedro D&iacute;az Casal y Miranda y Nicol&aacute;s Mar&iacute;a de Castro Rodr&iacute;guez, el permiso para presentar las informaciones correspondientes. En t&eacute;rminos similares, los pretendientes, por s&iacute; mismos o por sus progenitores, apelan al virrey: </p>  <ol>Los colegios son unas casas p&uacute;blicas destinadas a la perfecta educaci&oacute;n de los nobles &mdash;dice el padre de Casal y Miranda&mdash;, con que tiene derecho el ciudadano noble a colocar en ellos a sus hijos no interviniendo leg&iacute;timo impedimento que lo resista. Por ello es que s&oacute;lo se repulsan a los que carecen de la apreciable calidad de la nobleza de sangre, si no es que est&eacute;n dominados de alguna enfermedad contagiosa que se debe precaver no trascienda con el trato familiar en los dem&aacute;s. Y siendo mucho m&aacute;s perjudicial el mal ejemplo en lo moral, taimen es justa causa la relajaci&oacute;n de costumbres en el pretendiente para no admitirlo al congreso de unos ni&ntilde;os a quienes se debe inspirar las m&aacute;ximas de una exacta crianza en lo pol&iacute;tico y moral.     </ol>      <p>De no mediar tales faltas en el aspirante, no puede evitarse que quede "en el p&uacute;blico" notada su genealog&iacute;a y ofendido el honor de una familia bien reputada. Refiri&eacute;ndose, en tono airado, a la "noble prosapia" de la que desciende su hijo, el irritado padre concluye: "tan pura es la sangre que corre por sus venas que no ha de ser cualquiera el t&aacute;bano que se las pique". No sin tildar el procedimiento de injurioso y "temerario", ambos candidatos exigen se exprese el motivo de la repulsa.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup></p>      <p>El rector, Santiago Gregorio de Burgos, asegura que el Colegio &mdash;tal como ocurre en las comunidades religiosas&mdash; no est&aacute; obligado a explicar las razones del rechazo en tanto los Estatutos salmantinos previenen que "no sea admitido a vestir la beca aqu&eacute;l a quien faltaren los votos de la mayor parte de la capilla",<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> sin que medie m&aacute;s causa que el hecho de que &eacute;sta no se acomode "a vivir con el sujeto que pretende incluirse en su comunidad". Si el Colegio debiera exponer los motivos, se ver&iacute;a continuamente perturbado con tanta multitud de litigios cuantos son los pretendientes desechados, siendo, antes bien, su silencio, conducente al honor de &eacute;stos y observancia de los Estatutos de aqu&eacute;l. </p>      <p>En el caso de Casal y Miranda se agrega que hab&iacute;a sido advertido sobre la "repugnancia" a su colegiatura y que, por espont&aacute;nea voluntad, se hab&iacute;a expuesto al rechazo del claustro, por lo cual pide que se le imponga "perpetuo silencio" para evitar las inquietudes que suelen suscitarse cuando se agitan tales asuntos.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>      <p>Si, tras el examen de las informaciones, el candidato resultaba finalmente aceptado, el novel colegial deb&iacute;a prestar ante el claustro un juramento que lo identificaba de por vida con la comunidad rosarista: el voto inclu&iacute;a no s&oacute;lo la promesa de obediencia al rector en todo lo que fuese "l&iacute;cito y honesto" sino tambi&eacute;n la de defender por siempre el honor, los bienes y las preeminencias del Colegio, de observar fielmente las Constituciones, y de, llegado el caso, ejercer rectamente los cargos de rector, vicerrector, consiliario o procurador.<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup></p>      <p><b><i>1.2</i><i> Un estilo de vida peculiar </i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La conciencia de minor&iacute;a cualificada<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> deb&iacute;a materializarse en una forma de vida propia, signo de identidad que los diferenciara, <i>intra</i> y <i>extra claustra</i>, del resto de la sociedad a la que estaban llamados a regir. Al igual que en los colegios mayores peninsulares, el devenir rosarista reproduce, <i>mutatis mutandis</i>, una cotidianidad semejante a la monacal: por un lado, el acontecer de todos los d&iacute;as est&aacute; sujeto a una estricta regulaci&oacute;n del tiempo; por otro, as&iacute; lo diario como lo habitual se sustentan en r&iacute;gidas normas que suponen ajustar la conducta a los par&aacute;metros propios de una vida "decente". </p>      <p><b><i>1.2.1</i><i> La divisi&oacute;n del tiempo diario </i></b></p>      <p>Como para el resto de la sociedad coet&aacute;nea, las <i>manifestaciones de piedad </i>eran parte de una vida diaria pautada a son de campana. Debiendo ser los colegiales "im&aacute;genes formadas a semejanza del Santo Doctor Ang&eacute;lico, el cual alcanz&oacute; m&aacute;s sabidur&iacute;a de Dios orando que estudiando", se levantaban a las seis para reunirse a las siete en el rezo matutino del rosario que, reiterado a las siete de la tarde, completaba el homenaje a la Virgen patrona del Colegio. A las diez de la ma&ntilde;ana volv&iacute;an a juntarse para participar de la misa diaria. Antes de la comida y de la cena, la mesa era bendecida por el rector o por alguno de los capellanes y, concluida la primera, daban gracias a Dios en la capilla.<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> A excepci&oacute;n de los cuatro d&iacute;as en el a&ntilde;o en que se deb&iacute;an repasar las Constituciones, los libros que el hebdomanario de turno le&iacute;a en el refectorio eran de contenido edificante: trozos de la Biblia, muchas veces del Cantar de los Cantares, vidas de los Santos Padres o alg&uacute;n otro designado por el rector.<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup></p>      <p>Buena parte del tiempo cotidiano se dedicaba a las <i>actividades intelectuales</i>: entre las ocho y las diez asist&iacute;an a la c&aacute;tedra de prima y entre la dos y las cuatro a la de v&iacute;speras. De once a doce y de cuatro a seis era tiempo de estudio<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> durante el cual es l&oacute;gico suponer que los colegiales hicieran uso frecuente del rico acervo bibliogr&aacute;fico del Colegio que, enriquecido por donaciones sucesivas desde la invalorable de su fundador,<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> era celosamente custodiado entre los muros de la Librer&iacute;a. Seg&uacute;n las Constituciones del Colegio del Arzobispo, estaba estrictamente prohibido que los libros &mdash;algunos sujetos a las estanter&iacute;as por cadenas de hierro&mdash; fueran sacados de la Casa o llevados a los aposentos so pena de reprimenda por la primera ocasi&oacute;n, de ayuno por la segunda y de expulsi&oacute;n por la tercera.<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup></p>      <p>Desde el toque de las doce que llamaba a la comida hasta las dos de la tarde, se prolongaba el tiempo de descanso diurno protegido con el cierre de la puerta principal: salidos del refectorio, los colegiales platicaban entre ellos o se recreaban con los juegos permitidos. Tras el rezo vespertino del rosario, volv&iacute;an a congregarse para la cena y, aunque la puerta de entrada se cerraba a las ocho y media, pod&iacute;an conversar hasta las diez en que la campana indicaba el momento de recogerse a sus cuartos. Media hora despu&eacute;s, el rector o alguno de los consiliarios visitaban los aposentos para verificar alguna eventual ausencia o, por el contrario, la permanencia de alguien extra&ntilde;o al claustro.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></p>      <p><b><i>1.2.2</i><i> Lo habitual </i></b></p>      <p>Lo habitual corr&iacute;a por carriles similares a los del devenir diario: manifestaciones de piedad, actividades intelectuales y recreaciones menos corrientes completaban el cuadro de la cotidianidad. </p>      <p>La educaci&oacute;n en la piedad iba m&aacute;s all&aacute; de las manifestaciones diarias: los colegiales estaban obligados a confesarse cada quince d&iacute;as y a comulgar todos los primeros domingos del mes, para Pascua de Resurrecci&oacute;n y para la fiesta de Santo Tom&aacute;s.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>      <p>Las fiestas religiosas formaban parte del calendario anual de la comunidad. Tanto la solemne de la Patrona, que inclu&iacute;a la procesi&oacute;n "cercando una cuadra", como la de Santo Tom&aacute;s, se celebraban el domingo de la infraoctava para no entorpecer las celebraciones acostumbradas el "propio d&iacute;a" en el convento dominico.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> Las otras fiestas, denominadas "<i>dom&eacute;sticas"</i> eran: la Encarnaci&oacute;n, San Jos&eacute;, la Sant&iacute;sima Trinidad, Santo Domingo, San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Francisco, Santiago Ap&oacute;stol en que, por expresa voluntad de fray Crist&oacute;bal, se hac&iacute;a "fiesta solemne por su Majestad" en agradecimiento por la licencia para la fundaci&oacute;n y el "tercer d&iacute;a de Navidad" &mdash;27 de diciembre&mdash; d&iacute;a del nacimiento del arzobispo dominico.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup></p>      <p>Respecto de las tareas intelectuales, desde San Lucas (18 de octubre), fecha de inicio de las actividades, hasta Santiago (25 de julio), los s&aacute;bados de cada semana &mdash;de all&iacute; el nombre de "sabatinas"&mdash;,<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> los colegiales interven&iacute;an por turno riguroso en los llamados actos de conclusiones, debates escol&aacute;sticos donde se ejercitaban en la t&eacute;cnica de argumentar y defender. Presididos por el rector o, en su defecto, por el colegial m&aacute;s antiguo &mdash;garantes de una discusi&oacute;n moderada&mdash; las sabatinas estaban puntillosamente reguladas.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> Con antelaci&oacute;n se fijaban los puntos por discutir, comenzando por los m&aacute;s nuevos, los colegiales deb&iacute;an sostener la conclusi&oacute;n que los dem&aacute;s impugnaban presentando nuevos aspectos o mostrando las fallas en las argumentaciones d&eacute;biles. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando se trataba de conclusiones p&uacute;blicas los actos deb&iacute;an constituir verdaderos acontecimientos en la tranquila vida de la Santaf&eacute; colonial: en 1723, el virrey Jorge de Villalonga los pondera ante el Rey: </p> <ol>Heme hallado en diferentes actos de conclusiones que se me han dedicado &#91;...&#93; como a su vicepatr&oacute;n &mdash;le explica&mdash;. Uno de ellos fue de Jurisprudencia que lo presidi&oacute; &#91;el rector&#93; Pedro de Leiva, a que asistieron los ministros de la Audiencia y lo primero y m&aacute;s florido de esta ciudad, de que granje&oacute; universal aplauso el Colegio por tan lucido desempe&ntilde;o.<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>    </ol>      <p>Las salidas vespertinas de los domingos, los toros y las representaciones teatrales completaban el cuadro de las diversiones. El Ceremonial dedica un cap&iacute;tulo bastante extenso a las normas que los colegiales deb&iacute;an observar cuando iban a presenciar las corridas:<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup> en momentos en que el escenario taurino se improvisaba en el marco de la Plaza Mayor, el Colegio ten&iacute;a asignada una casa desde cuyos balcones asist&iacute;a al espect&aacute;culo. Respecto de las representaciones, la legislaci&oacute;n las permit&iacute;a en ciertas festividades como en la &uacute;ltima noche de Carnestolendas y en la v&iacute;spera de Navidad en que estaban a cargo de los colegiales m&aacute;s nuevos y de los familiares.<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup></p>      <p>La asistencia del Colegio &mdash;flor y nata de la sociedad neogranadina&mdash; funerales, exequias y fiestas de particulares se consideraba un verdadero privilegio. En 1778, el rector Jos&eacute; Joaqu&iacute;n de Guzm&aacute;n expon&iacute;a al virrey las dificultades derivadas de negarse a los "importunos convites" de personas de "distinguido car&aacute;cter" de quienes se pod&iacute;a recelar alg&uacute;n "ruboroso desaire", y del considerable perjuicio que acarreaba tanta p&eacute;rdida de tiempo al adelantamiento de los estudios.<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> El vicepatrono, decidido a desarraigar de la "imaginaci&oacute;n de las gentes" tan pernicioso abuso, proh&iacute;be la asistencia de ambos colegios mayores a festividades, entierros o exequias de cualesquiera particular &#91;...&#93;, no obstante la importunaci&oacute;n de alguno menos prudente o escaso del radical concepto de la verdadera pol&iacute;tica, pena de caer en el desagrado de esta Superioridad.</p>      <p> Adem&aacute;s de acudir a los entierros o exequias de sus propios parientes, acompa&ntilde;ados por algunos compa&ntilde;eros "en obsequio de su rec&iacute;proca uni&oacute;n", podr&iacute;an participar de las funciones que se celebraran en la Catedral en "nombre del Rey, en obsequio de su real casa y familia, en acci&oacute;n de gracias por el triunfo de sus reales armas u otro feliz suceso de la Corona"; a las procesiones que tuvieran lugar con motivo de exequias y p&eacute;sames de personas reales y de las entradas p&uacute;blicas de los virreyes; y a los besamanos que se organizaran para los cumplea&ntilde;os de la Casa Real. En los d&iacute;as en que los conventos celebraran a los patriarcas de sus respectivas religiones o en las jornadas de actos literarios, podr&iacute;an enviar, en representaci&oacute;n de la comunidad, a "algunos individuos graduados".<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup></p>      <p><b><i>1.2.3</i><i> Los par&aacute;metros de la "decencia" </i></b></p>      <p>La "honestidad" o la "decencia" impuesta por la legislaci&oacute;n se ajusta a la idea aristot&eacute;lica y escol&aacute;stica de la virtud como justo medio equidistante entre dos extremos, defectuoso uno, excesivo el otro.<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> Consecuentemente, las normas de conducta impuestas por el cuerpo legislativo hacen de la moderaci&oacute;n el eje de la vida privada del claustro e, incluso, de su actuaci&oacute;n social: relaciones entre sus miembros, modales, palabras, normas morales etc. </p>      <p>El sostenimiento de este estilo de vida se apoya en una serie de condiciones que dependen no s&oacute;lo de los moradores <i>intra claustra </i>sino tambi&eacute;n del propio Colegio. Si por una parte los juramentos de rigor importan para el colegial obligarse a la guarda de una conducta que, en suma, se acercaba bastante a la que impon&iacute;an los votos de castidad y de obediencia a los miembros de las comunidades religiosas,<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup> el Colegio, deb&iacute;a proporcionarle, a su turno, ciertas comodidades m&iacute;nimas que hacen parte de esa vida "decente". </p>      <p>La calidad de minor&iacute;a selecta se resguardaba celosamente tras la estricta guarda de la clausura. Nadie que no fuera colegial o familiar pod&iacute;a pernoctar en el colegio, y viceversa, ni colegiales ni familiares pod&iacute;an dormir fuera sin que mediase alguna raz&oacute;n de fuerza mayor dispensada por el rector o por los consiliarios de turno.<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup> La puerta principal deb&iacute;a de cerrarse entre las ocho y media y el amanecer sin que se pudiera entrar o salir del Colegio a menos que mediara alguna raz&oacute;n extrema como por ejemplo el peligro de muerte de un integrante del claustro o, eventualmente, la tardanza justificada de alg&uacute;n viajero a quien se permit&iacute;a el ingreso para evitar que permaneciera vagando por las calles. La clausura vigente durante las peligrosas horas nocturnas intentaba garantizar el doble compromiso que el colegial asum&iacute;a durante su estancia en el Colegio, celibato<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup> y castidad, que implicaba obviamente la prohibici&oacute;n de tener barragana en p&uacute;blico o en privado.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup></p>      <p>La mayor parte del a&ntilde;o los colegiales resid&iacute;an en el Colegio excepci&oacute;n hecha del per&iacute;odo de vacaciones que se extend&iacute;a entre el 22 de julio y el 18 de octubre, acabado el cual deb&iacute;an reintegrarse al claustro so pena de verse privados de la beca. Estos casi tres meses eran suficientes para formalizar "amistades e introducciones" que sol&iacute;an inquietarlos el resto del a&ntilde;o, durante el cual no dejaban de "suspirar" por el futuro receso: en la habilidad de los rectores estaba manipular prudentemente tal arbitrio amenazando con prohibir el asueto en caso de que la mala conducta de alguno as&iacute; lo exigiera.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una cl&aacute;usula generalizada en la legislaci&oacute;n colegial, a la que no escapaba la del Colegio del Rosario, era la que regulaba las recreaciones permitidas <i>intra claustra.</i> Los juegos de azar, como los dados, estaban rigurosamente prohibidos.<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> Durante las horas de descanso  diurnas, los colegiales pod&iacute;an entretenerse con otros "no molestos" tales como el ajedrez, las damas o las tablas, pero estaban vedados los bolos, las argollas, la pelota<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> y, en funci&oacute;n del silencio propio de todo centro de estudios, el uso de instrumentos musicales. </p>      <p>A su turno, como elementos <i>sine qua non,</i> el Colegio deb&iacute;a proporcionar a los colegiales morada, sustento y vestido acordes con un pasar moderado. </p>     <p>Los austeros aposentos de los colegiales, donde estaban prohibidos tapices y sedas, deb&iacute;an estar provistos de lo indispensable: jerg&oacute;n y colch&oacute;n de lana, almohada, s&aacute;banas, manta, colcha, un arca con su llave, una mesa con su atril y un armario para guardar ropa y libros.<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup> Dos textos, comprados a costa del Colegio, eran parte de la celda y deb&iacute;an pasar de colegial en colegial: el <i>Curso de artes </i>de fray Juan de Santo Tom&aacute;s y las <i>"Partes de Santo Tom&aacute;s con sus adiciones</i>" con los cuales se garantizaban los estudios de artes y de teolog&iacute;a y se daba lugar a que el catedr&aacute;tico leyera "en voz" y los colegiales pudieran, m&aacute;s tarde, escribir las lecciones en sus aposentos sin restarle tiempo a las clases.<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup></p>      <p>El comedor ten&iacute;a la severidad del refectorio monacal y deb&iacute;a permanecer aseado gracias a la empe&ntilde;osa tarea encargada al familiar refitolero. Comida y cena eran actos comunitarios: consecuentemente, ning&uacute;n colegial pod&iacute;a distinguirse de los dem&aacute;s ni en la abundancia de las porciones de comida o bebida ni en su calidad, y les estaba estrictamente vedado recibir sustento alguno de fuera del Colegio aun cuando viniera de casa de sus padres.<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup></p>      <p>La comida ordinaria de los rosaristas consist&iacute;a en "un asado por principio", de tocino, de lomo o de cabrito; un segundo plato de gigote de carnero,<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup> alb&oacute;ndigas,<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup> pastel en bote<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup> "o cosa semejante"; un tercero de "olla con vaca y carnero" servida con tocino y repollo; y, por &uacute;ltimo, "alg&uacute;n dulce del trapiche, queso" o similar. M&aacute;s frugal, la cena consist&iacute;a en un gigote o en un ajiaco con los mismos postres.<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup></p>      <p>La dieta variaba los s&aacute;bados: durante la comida se les serv&iacute;a un par de huevos, un guisado de garbanzos, de arvejas o de habas, dos pescados, arroz y postre y, para la cena, algunas hierbas, una tortilla de huevos y el dulce. Viernes y d&iacute;as de cuaresma, deb&iacute;an contentarse con una colaci&oacute;n igual a la comida de los s&aacute;bados que, en relaci&oacute;n con lo diario, hubo de ser de gran ayuda para fortalecerlos en la virtud de la templanza.<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup></p>      <p>Los dos d&iacute;as de fiesta solemne, Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y Santo Tom&aacute;s, el rector sol&iacute;a invitar a autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas: En tanto no era "justa la profanidad" en tales jornadas "ni en tal Colegio", la moderaci&oacute;n indicaba que los platos no deb&iacute;an exceder de "ocho buenos sin principios ni postres". En las festividades "dom&eacute;sticas", se agregaba a la comida ordinaria un cuarto de ave, conejo, t&oacute;rtola o perdiz, suficiente "para el regalo decente con templanza cristiana".<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup></p>      <p>La importancia que reviste la comida se manifiesta por varias v&iacute;as. Por una parte, es ilustrativo el hecho de que, durante los d&iacute;as de fiesta religiosa en los cuales las Constituciones preve&iacute;an una porci&oacute;n extraordinaria o un aumento en la raci&oacute;n, &eacute;stas se condicionaran al cumplimiento previo de las obligaciones religiosas: quien no asistiera a misa, se ve&iacute;a privado del banquete temporal.<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup></p>      <p>Por otra parte, resulta sintom&aacute;tica la imposici&oacute;n de silencio tanto en la cocina como en el refectorio, habida cuenta del temor de que alguna insatisfacci&oacute;n derivada del disgusto por la raci&oacute;n ofrecida, por alguna diferencia evidente en las porciones, o por la insuficiencia de las mismas pudiese dar lugar a quejas, murmullos, ruidos o discusiones que acabasen en una verdadera batahola.<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup> Tal previsi&oacute;n no resulta exagerada a la luz del tumulto desatado en el Colegio en 1796 cuando, tras d&iacute;as de muy mal comer por lo escaso, crudo y desaseado de la comida,<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup> el rector Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez  Caso recibe un an&oacute;nimo &mdash;transformado luego en pasqu&iacute;n y fijado en una columna frente a la porter&iacute;a&mdash; donde los colegiales le dec&iacute;an que para el inicio del receso faltaban tantos d&iacute;as u horas &#91;...&#93; que &eacute;stas se compon&iacute;an de tantos minutos, pero que, sin embargo, cre&iacute;an no poder llegar a &eacute;l seg&uacute;n estaban muertos de hambre. </p>      <p>Pese a ello, tras consultar con la cocinera que "sostuvo lo contrario", el rector, incomodado, tild&oacute; las quejas de "infundadas"<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup> y dio lugar a que los colegiales la utilizaran por pretexto para dar comienzo a un episodio de desacato colectivo que acabar&iacute;a en un esc&aacute;ndalo de proporciones. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Fundamental dentro de una sociedad en la cual no s&oacute;lo era necesario "ser" sino, muy especialmente "parecer", el h&aacute;bito del rosarista &mdash;semejante al de cualquier otro Colegio Mayor&mdash; era la representaci&oacute;n externa m&aacute;s clara de su pertenencia a la comunidad colegial y, por ende, el distintivo que lo obligaba a mantener fuera del claustro el porte mesurado y correcto que deb&iacute;a caracterizarlo. Dentro del mes de la admisi&oacute;n, los colegiales adquir&iacute;an capote, hopa, beca y bonete de cuatro picos.<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup> El capote o manteo, para uso fuera del Colegio, era una capa de pa&ntilde;o negro sin mangas que se ajustaba al cuello con corchetes; la hopa, una sotana de mismo color, similar a la clerical. Dentro y fuera de la Casa, colegiales de n&uacute;mero, supernumerarios y convictores luc&iacute;an orgullosamente una beca o estola blanca, cuyos extremos colgaban hacia la espalda, que exhib&iacute;a la cruz de Calatrava distintiva de la orden de predicadores cercada del Santo Rosario. El resto de los vestidos deb&iacute;a mantener el recato reiteradamente exigido: Constituciones, Estatutos y Ceremonial vedaban el uso de sedas, de colores llamativos, de drogas, de perfumes, de bucles y de polvos, no s&oacute;lo porque debilitaban la virilidad sino porque, adem&aacute;s, resultaba odioso a la moderaci&oacute;n propia de la vida colegial.<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup></p>      <p>En suma, es probable que las r&iacute;gidas normas de conducta exigidas no fueran f&aacute;ciles de tolerar. En 1811 el rector Felipe de Vergara intent&oacute; &mdash;sin &eacute;xito&mdash; convencer a cuatro ex colegiales convictores que hab&iacute;an cambiado su condici&oacute;n por la de mante&iacute;stas de que volvieran a vivir <i>intra claustra</i>. No obstante la insistencia de los ex colegiales sobre que su determinaci&oacute;n hab&iacute;a dimanado del menor costo de vivir puertas afuera, el rector asegura al virrey que han privado en la decisi&oacute;n los principios de "libertad, de desorden y de necedad" por lo cual, en tanto prefiere no tener bajo su autoridad a semejantes "s&uacute;bditos", espera se los obligue a "ir a buscar estudios a otra parte".<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup></p>      <p><b><i>2.</i><i> LO ANTIMOD&Eacute;LICO </i></b></p>      <p>Pese a las r&iacute;gidas regulaciones legislativas, las transgresiones al "modelo" no fueron poco frecuentes. A las faltas contra los par&aacute;metros de la "decencia", caracter&iacute;stica del ideal cotidiano, se sumaron, por una parte, enfrentamientos entre los integrantes del claustro cuyas caracter&iacute;sticas no fueron, precisamente, la moderaci&oacute;n o el decoro y, por otra, la indisciplina colegial, que, en especial durante la d&eacute;cada final del 90, asumi&oacute; visos de desacato colectivo de perfiles particulares. </p>      <p><b><i>2.1</i><i> La indisciplina </i></b></p>      <p>Para mantener el orden, el rector contaba con un sistema de penalizaciones que pod&iacute;a aplicar contra indisciplinados o irrespetuosos que atentasen contra la tranquilidad del claustro. Hasta el &uacute;ltimo cuarto del siglo XVIII el castigo de azotes hab&iacute;a sido pr&aacute;ctica regular en el Colegio: en 1778 su valor como instrumento formativo se cuestiona al punto de que se lo proh&iacute;be absolutamente en ambos colegios mayores de Santaf&eacute;. Tanto el decreto del virrey Fl&oacute;rez como el informe de Jos&eacute; Antonio Isabella, ex rector de San Bartolom&eacute;, encargado de redactar un nuevo reglamento disciplinario, hacen referencia a la supresi&oacute;n de una pena "vergonzosa y deforme" que no conduce a abominar el delito por su oposici&oacute;n a la virtud sino por temor servil al castigo y proponen reemplazarla con otras, "oportunas y m&aacute;s adecuadas", proporcionadas a la gravedad y reiteraci&oacute;n de las culpas. Entre las penas, enumeran las de reprender al contraventor en privado o en p&uacute;blico; dejarlo sin alimento o sin salidas; y ponerlo "en poste", en cepo o en prisi&oacute;n "inc&oacute;moda y oscura". Tras la tercera reincidencia y el reconocimiento de la incorregibilidad del reo, s&oacute;lo queda despojarlo en "acto de comunidad" de las insignias de colegial de las que no se lo considera digno por escandalizar al resto en lugar de edificarlo y entregarlo a sus padres o tutores sin que pueda uno de los Colegios recibir al expulsado del otro.<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup></p>      <p>Fuera de los casos de transgresiones individuales castigadas con la pena correspondiente, no faltaron las quejas de rectores o de vicerrectores por desacatos de tipo colectivo que se sucedieron por distintas razones y que llegar&aacute;n a su m&aacute;xima expresi&oacute;n en el choque generacional producido en la &uacute;ltima d&eacute;cada del XVIII. </p>      <p><b><i>2.2</i><i> Los excesos al "decoro" </i></b></p>      <p>La obligaci&oacute;n de cerrar la puerta principal al mediod&iacute;a y a las ocho y media de la noche parece haber sido, a menudo, omitida. Algunos de los encargados de velar por la clausura intentaron salvar su responsabilidad con variados pretextos: el rector Francisco Ram&iacute;rez Floreano, por ejemplo, se excusaba de vigilar su guarda en funci&oacute;n de su avanzada edad y muchas obligaciones que le imped&iacute;an residir <i>intra claustra</i>;<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup> mientras el vicerrector Ignacio de Vicu&ntilde;a aseguraba que era com&uacute;n que los colegiales mante&iacute;stas se detuvieran en largos di&aacute;logos con los doctores que viv&iacute;an en el Colegio obligando, con ello, a abrir la salida a altas horas de la noche.<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup> Convencido de la existencia de transgresiones, el resistido rector Mart&iacute;nez Caso, en cambio, so&ntilde;aba con tener un mayor control de las llaves de la porter&iacute;a, de la iglesia y de las aulas bajas y solicitaba que los familiares porteros, sacristanes y bedeles se las entregaran tras las horas de cierre con el fin de custodiarlas personalmente. Insist&iacute;a, adem&aacute;s, en la conveniencia de vedar las visitas dilatadas y repetidas de quienes se acercaban en horas prohibidas por el mero hecho de pasar el tiempo en conversaciones, en tanto semejante ejemplo no pod&iacute;a producir en "ni&ntilde;os y j&oacute;venes sino mal nutrimento y crueles indigestiones".<sup><a name="nu63"></a><a href="#num63">63</a></sup></p>      <p>Algunos pasajes del <i>Libro de consultas</i><sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup> dan idea de que las escapadas nocturnas de los colegiales fueron m&aacute;s o menos corrientes. El 1683 el colegial Francisco Ram&iacute;rez Floreano incurre por tercera vez en el mismo delito y le corresponde, en consecuencia, pena de expulsi&oacute;n.<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup> Ante el reconocimiento de su falta y el pedido de clemencia, se lo castiga con "cuatro d&iacute;as de cepo, ocho de esposas y un mes de no salir" bajo apercibimiento de que, en la primera ocasi&oacute;n, se dar&iacute;a ejecuci&oacute;n al castigo correspondiente.<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup> De la misma desobediencia se acusa, en 1694, al colegial formal Andr&eacute;s Enciso, quien en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n se hab&iacute;a "ido graciosamente y de su propia autoridad"; y, en 1707, al numerario Feliciano de Ma&ntilde;as y Riopa cuyas ausencias se hab&iacute;an prolongado por "quince y veinte d&iacute;as".<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A mayor abundamiento, en alguna ocasi&oacute;n la escapada se vincul&oacute; con la violaci&oacute;n de la guarda de la castidad, falta que llevaba impl&iacute;cita la pena de privaci&oacute;n de la condici&oacute;n de colegial. En 1718, Pedro de Layseca y Alvarado, capit&aacute;n de la guardia de a caballo, informa haberse topado, en distintas noches pasadas las once, con algunos colegiales del Rosario que, "con capotes" y "disfrazados" &mdash;dice&mdash;, acuden a "casas de mujeres sospechosas" sin importarles violar "las reglas de su Instituto". En una de sus rondas asegura haber visto a Francisco Xavier de Caycedo, colegial mayor, en la casa de una mulata llamada "la Mogollona", mujer de mal vivir con quien &mdash;seg&uacute;n dice don Pedro&mdash; ha tiempo mantiene amistad, por cuyo motivo la mandaba al divorcio, de que result&oacute; hacer fuga.<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup></p>      <p>Ordenada la investigaci&oacute;n, los pesquisas dieron cuenta de la salida de tres individuos embozados y encapotados. El primero result&oacute; ser Pedro Fl&oacute;rez, colegial y catedr&aacute;tico de Instituta, hallado "en cuerpo" con dos mujeres en una "casa baja" ubicada en la calle de la Candelaria. Los otros dos, ambos mante&iacute;stas, Juan Corrales, ex convictor, y Bernardo de Castro Samaniego, fueron encontrados en otra casa "a la vuelta" de la anterior, provistos de un arpa y de una guitarra y en compa&ntilde;&iacute;a de sendas mujeres. Por orden del virrey Antonio de la Pedrosa y Guerrero, los tres reos fueron conducidos a las "casas del Cabildo" por v&iacute;a de dep&oacute;sito, hasta tanto se decidiese su castigo:<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup> sin contemplaciones fueron expulsados del Colegio.<Sup>70</Sup> Al a&ntilde;o siguiente, el propio Virrey, "andando de ronda por la calle que llaman del Patio Cubierto", sorprendi&oacute; a otro convictor, Jos&eacute; Francisco Tom&aacute;s de Luna, quien corri&oacute; la misma suerte.<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup></p>      <p>Como si las tentaciones propias de los colegiales no hubiesen sido suficientes, no falt&oacute; el caso de alg&uacute;n instigador <i>extra claustra</i>: en 1773, el vicerrector Joaqu&iacute;n de Mosquera logr&oacute; que el virrey Guirior expulsara de la ciudad al "perjudicial" Fernando Espinosa alias "el Prusiano", quien, am&eacute;n de ofender a las damas que asist&iacute;an a los oficios en la Capilla "con insolentes risadas y se&ntilde;as torp&iacute;simas y obscenas", convenc&iacute;a a los colegiales de que, seg&uacute;n una ley de las Partidas &mdash;no corregida ni derogada, seg&uacute;n &eacute;l, por legislaci&oacute;n alguna posterior&mdash; cualquier hombre soltero no comprometido por palabra de casamiento pod&iacute;a tener manceba sin temor a que ning&uacute;n juez secular pudiera impedirle tal "ayuntamiento".<sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup></p>      <p>Aun cuando, a fin de evitar la convivencia con criados indios particulares, las Constituciones hab&iacute;an permitido cuatro familiares e igual n&uacute;mero de donados para el servicio del claustro en general. La costumbre parece haber abierto paso a la existencia de sirvientes propios. Admirado por que semejante cosa se reputara por "delito" en tanto el rector Le&oacute;n y Herrera ten&iacute;a varios y cada colegial uno, el vicerrector saliente Ignacio de Vicu&ntilde;a admite tener consigo dos mozos: uno, practicante de Jurisprudencia, hombre "muy ejemplar y de notoria virtud", y otro "recogido y arreglado" que lo asist&iacute;a y le serv&iacute;a "de paje". Un reglamento disciplinario presentado a la Junta de Estudios de Santaf&eacute; en 1778 admite que no son convenientes los criados particulares que cada uno busca o trae de su casa pues, siendo &eacute;stos de las heces del pueblo, criados en la &iacute;nfima miseria, los hallan sus amos siempre prontos y dispuestos para cuantas travesuras les sugiere la viveza de su imaginaci&oacute;n. </p>      <p>Consiguientemente, se reitera para los colegiales la prohibici&oacute;n de tener "esclavos" o criados particulares de "&iacute;nfima plebe" y s&oacute;lo se permite que el rector y el vicerrector tengan uno o m&aacute;s sirvientes en tanto sean estudiantes o mozos honrados e inteligentes en "pluma y cuentas".<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup></p>      <p>Unos pocos datos revelan, tambi&eacute;n, transgresiones en el vestido: en la d&eacute;cada de 1790, Mart&iacute;nez Caso solicita se obligue a los colegiales a vestir con "honestidad, modestia y decencia" y a evitar cualquier relajaci&oacute;n o abuso como traer el pelo largo o los "vestidos interiores profanos".<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup> Dado que las exigencias de un vestir "decente" se extend&iacute;an a los externos que asist&iacute;an a sus clases diarias, el rector Felipe de Vergara se quejaba, en 1811, del atrevimiento de cuatro mante&iacute;stas que no s&oacute;lo pretend&iacute;an ser admitidos "de capa", sino que, adem&aacute;s, se hab&iacute;an presentado en clase sin sotana y vistiendo, en cambio "calzonazos y dem&aacute;s utensilios de petimetres".<sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup></p>      <p><b><i>2.3</i><i> Las relaciones entre los miembros </i></b></p>      <p>Como problema subyacente, notemos, en primer lugar que, al igual que en los colegios peninsulares, las elecciones en manos de los colegiales generaron buena cantidad de inconvenientes. Aunque la conformaci&oacute;n de bandos no haya sido tan notoria como en los espa&ntilde;oles, muchos de los conflictos se originaron en votaciones donde se puso en juego algo m&aacute;s que la recta intenci&oacute;n. Hasta tal punto hubo de ser as&iacute;, que algunos rectores de fines del XVIII consideraron que quienes, seg&uacute;n las Constituciones estaban facultados para tener voz activa, no contaban en la pr&aacute;ctica con la madurez suficiente. Alarc&oacute;n y Castro, por ejemplo, sosten&iacute;a que, aun cuando los vocales no procedieran contra el dictamen de su conciencia, era com&uacute;n cometieran errores "perjudiciales al bien del Colegio" dimanados ya de su falta de reflexi&oacute;n, ya de carecer de informaci&oacute;n suficiente acerca de los sujetos por quienes sufragaban. En consecuencia, cre&iacute;a conveniente solicitar al rey modificara las normas legales a fin de que la elecci&oacute;n de los superiores quedara en manos de los catedr&aacute;ticos de las facultades mayores, del rector, del vicerrector y de los consiliarios con exclusi&oacute;n de los "j&oacute;venes cursantes".<sup><a name="nu76"></a><a href="#num76">76</a></sup></p>      <p>En un todo de acuerdo, su sucesor, Santiago Gregorio de Burgos, propone, adem&aacute;s, independizar del arbitrio de los colegiales las elecciones de catedr&aacute;ticos. </p>  <ol>La paz del Colegio, esa &iacute;ntima uni&oacute;n que debe reinar entre sus alumnos &mdash;dice&mdash; casi nunca se vio turbada sino cuando la amistad, el odio, el favor, el paisanaje, etc. que tienen tanto lugar en el coraz&oacute;n de los j&oacute;venes, inducen &#91;a&#93; la divisi&oacute;n, los partidos y la discordia inseparables de la pluralidad de votos en las elecciones que est&aacute;n a su cargo, y que cada uno mira bajo de diferentes respectos y, acaso, por el lado de la propia y no de la com&uacute;n utilidad.<sup><a name="nu77"></a><a href="#num77">77</a></sup>    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Burgos no hablaba sin conocimiento de causa, sino refiri&eacute;ndose veladamente al reciente enfrentamiento entre dos opositores a la C&aacute;tedra de Derecho civil: Mart&iacute;n Hurtado, quien tras el concurso hab&iacute;a obtenido treinta votos, y Fernando de Vergara, quien hab&iacute;a reunido veintid&oacute;s. El conflicto lleg&oacute; a tal extremo que traspas&oacute; los muros de la Casa para desasosiego de una sociedad que ve&iacute;a desplomarse la imagen del "modelo".</p>      <p> Al pedir el rector la confirmaci&oacute;n de Hurtado, Vergara dirigi&oacute; a Jos&eacute; de Ezpeleta representaciones en las que sosten&iacute;a que la elecci&oacute;n era nula por contraria al esp&iacute;ritu de las Constituciones que exig&iacute;an entera libertad. Seg&uacute;n dec&iacute;a, el catedr&aacute;tico de Artes, el canonista Antonio Tejada &mdash;payan&eacute;s y amigo &iacute;ntimo de Hurtado&mdash; y algunos colegiales<sup><a name="nu78"></a><a href="#num78">78</a></sup> hab&iacute;an seducido a los cursantes de Filosof&iacute;a para sufragar en su contra bajo amenaza de que, de lo contrario, los reprobar&iacute;a en el examen de S&uacute;mulas y los bajar&iacute;a a Gram&aacute;tica. Habida cuenta de que se trataba de votaciones secretas, la protesta del opositor no tiene desperdicio: </p>  <ol>...no es justo, pues &mdash;dec&iacute;a&mdash;, que la multitud de unos votos viciosos y dados por unos colegiales que, por comenzar ahora a estudiar, proceden con absoluta ignorancia y sin discernimiento de lo que hacen, <i>contrajesen a los que se han dado a mi favor por la parte m&aacute;s sana de la comunidad como son rector, vicerrector y catedr&aacute;ticos que, obrando a conciencia </i>&mdash;conclu&iacute;a sin sombra de duda&mdash;<i> seguramente han de haber votado por m&iacute;.</i><sup><a name="nu79"></a><a href="#num79">79</a></sup>    </ol>      <p>Hurtado no dud&oacute; en replicar y en solicitar se certificara por testigos que los que hab&iacute;an formado "facci&oacute;n y parcialidad" hab&iacute;an sido sus contrarios quienes, no contentos con "aconsejar y seducir a los colegiales" se hab&iacute;an valido de "ofrecimientos, de cohechos y dineros" con el fin de lograr la c&aacute;tedra para Vergara, y hasta se verific&oacute; que cierta se&ntilde;ora de quien pende el sustento de un colegial &mdash;aseguraba&mdash; le amenazase con el desamparo si no votaba a favor de &eacute;ste. </p>      <p>Por si ello fuese poco, al momento de la elecci&oacute;n, se hab&iacute;an atrevido a ofender "con pu&ntilde;adas" y a injuriar "de palabra" tanto a sus electores como a &eacute;l mismo a quien se hab&iacute;an referido como "el cochino de Hurtado".<sup><a name="nu80"></a><a href="#num80">80</a></sup></p>      <p>Ante el inmediato pedido de informes por parte de Ezpeleta, Burgos prefiri&oacute; poner pa&ntilde;os fr&iacute;os sobre la cuesti&oacute;n y limitarse a explicar que los vocales se hab&iacute;an dividido entre dos opositores "benem&eacute;ritos" y que, habiendo obtenido Hurtado la mayor&iacute;a de votos, algunos j&oacute;venes partidarios de Vergara hab&iacute;an mantenido cierta contienda pueril con los del partido opuesto que consisti&oacute; en algunas voces y en darle uno de ellos a otro algunos empellones sin que acaeciese otro exceso. </p>      <p>Castigados los insultantes, se hab&iacute;an aquietado sin que la cuesti&oacute;n pasase adelante.<sup><a name="nu81"></a><a href="#num81">81</a></sup> El virrey procedi&oacute;, entonces, a la confirmaci&oacute;n de Mart&iacute;n Hurtado.<sup><a name="nu82"></a><a href="#num82">82</a></sup></p>      <p>No fueron pocos los conflictos que, a lo largo de los a&ntilde;os, surgieron tanto en torno de cuestiones electorales como de otras razones de distinta &iacute;ndole. Nos centraremos, a modo de ejemplo, en los alborotos de la conflictiva d&eacute;cada de 1790. </p>      <p><b><i>2.4</i><i> La d&eacute;cada de 1790: el reinado del desacato colectivo </i></b></p>      <p>El ambiente intelectual de la d&eacute;cada del 90 puso sobre el tapete el choque frontal entre las ideas del "rancio peripato" y los principios de una filosof&iacute;a que pugnaba por imponerse de la mano de los "nuevos Apolos ilustrados". </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el principio del curso de 1791, los rosaristas dieron muestras de inquietud. Extra muros hab&iacute;a llegado la noticia de que, adem&aacute;s de burlarse de su rector Burgos a quien juzgaban celoso partidario de la filosof&iacute;a peripat&eacute;tica, se hab&iacute;an propuesto quemar solemnemente los escritos de Antonio Goudin, cuyo texto, fiel a la ense&ntilde;anza aristot&eacute;lico-tomista, hab&iacute;a implantado la Junta de Estudios al derogar en 1779 el plan del fiscal Antonio Moreno y Escand&oacute;n.<sup><a name="nu83"></a><a href="#num83">83</a></sup></p>      <p>La formaci&oacute;n tradicional del rector no se acomoda f&aacute;cilmente a los vientos de modernidad que corren de la mano del cale&ntilde;o Manuel Santiago Vallecilla, catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a. El primer motivo de oposici&oacute;n parece harto trivial: Burgos exige que los disc&iacute;pulos de Vallecilla preparen un acto de sabatinas para el 30 de octubre, apenas cumplida una semana de estudios. El catedr&aacute;tico se niega e inicia un largo pleito de a&ntilde;o y medio en cuyo trasfondo se observa el choque entre escol&aacute;sticos y novadores. </p>      <p>Poco m&aacute;s tarde, en 1794, varios colegiales se ven implicados en el llamado "mot&iacute;n de los pasquines": Ignacio Sandino, Jos&eacute; &Aacute;ngel Manrique, Sinforoso Mutis, Jos&eacute; Mar&iacute;a Dur&aacute;n, Pablo Uribe y los catedr&aacute;ticos Pedro Pradilla y Miguel Valenzuela son acusados de simpatizar con las peligrosas ideas del "sistema de libertad" de la Francia revolucionaria, y algunos de ellos reciben condignos castigos, aun cuando, en opini&oacute;n de la madre de Manrique, habr&iacute;a bastado con "una advertencia instructiva" o con una privaci&oacute;n "de dos d&iacute;as de calle o de postre".<sup><a name="nu84"></a><a href="#num84">84</a></sup></p>      <p>Dejando de lado estos conflictos apenas enunciados, recordaremos el que protagoniz&oacute; durante el primer semestre de 1796 el rector Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso en tanto ofrece un claro panorama del choque generacional que se traduce en indisciplina colectiva. </p>      <p>El mar de fondo comienza en abril, cuando el rector, reci&eacute;n asumido, acusa al catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a y segundo consiliario, Juan Francisco V&aacute;squez Gallo, de proponer para sabatinas asertos sobre el sistema de Cop&eacute;rnico, contrario a varios textos de la Escritura, condenado por la Sagrada Congregaci&oacute;n del Concilio tridentino y rechazado por el texto oficial de Goudin. Contrariado, V&aacute;squez Gallo hab&iacute;a abandonado la c&aacute;tedra y mudado a su casa contra un decreto virreinal que ordenaba a los catedr&aacute;ticos de Filosof&iacute;a vivir <i>intra claustra.</i><sup><a name="nu85"></a><a href="#num85">85</a></sup></p>      <p>La reacci&oacute;n de las autoridades centrales es de un&aacute;nime oposici&oacute;n al catedr&aacute;tico. Mientras el virrey le exige finalizar con el curso, el fiscal del crimen como director de estudios, advierte a V&aacute;squez que se limite a defender en los actos literarios aquellas conclusiones, opiniones y sentencias que eviten en un todo semejantes disputas y disensiones con el superior y cabeza general de dicho Colegio, cual lo es el Rector, con quien debe observar el respeto y buena armon&iacute;a que corresponden.<sup><a name="nu86"></a><a href="#num86">86</a></sup></p>      <p> Por otra parte, la Junta Superior de Estudios, tras recordar la obligaci&oacute;n de los catedr&aacute;ticos de Artes de atenerse al texto de Goudin, se&ntilde;ala que tal determinaci&oacute;n debe aplicarse, adem&aacute;s, a las tesis sostenidas por los disc&iacute;pulos en las actuaciones literarias p&uacute;blicas o privadas y que, por haber pretendido defender el sistema copernicano, aun por la v&iacute;a de hip&oacute;tesis, V&aacute;squez es digno de la m&aacute;s severa reprensi&oacute;n.<sup><a name="nu87"></a><a href="#num87">87</a></sup></p>      <p>Declarada la guerra entre el rector y el catedr&aacute;tico, no es dif&iacute;cil imaginar que Santiago Vallecilla, vicerrector, primer consiliario y encargado de la C&aacute;tedra de Derecho Real &mdash;v&iacute;ctima de un enfrentamiento similar con el ex rector Burgos&mdash; hiciera causa com&uacute;n con su colega y que a ellos se unieran el tercer consiliario, Jos&eacute; Gabriel Pe&ntilde;a, y la mayor&iacute;a de los colegiales ansiosos por sacudirse tanto peripato. </p>      <p>A estas alturas, Mart&iacute;nez Caso da noticias al virrey Ezpeleta sobre los primeros conatos de rebeld&iacute;a del "infeliz e insolentado Colegio". Durante la noche del 8, los colegiales aprovechan un festejo de conclusiones p&uacute;blicas para mezclar entre los gritos y la m&uacute;sica de timples, olletas, platillos y pandereta, quejas sobre que "se mor&iacute;an de hambre". De nada les vale la primera reprimenda del rector que, molesto, los tilda de "p&iacute;caros" y de "palenque de alzados". Mart&iacute;nez Caso baja al claustro donde uno de los indisciplinados "que ven&iacute;a humando tabaco" se le va "a las manos": al intentar atraparlo en medio de la oscuridad, el cuello de la camisa de Tadeo de Vergara queda en su mano.<sup><a name="nu88"></a><a href="#num88">88</a></sup></p>      <p>Pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde &mdash;seg&uacute;n la versi&oacute;n del rector&mdash; varios se niegan a cumplir con la obligaci&oacute;n de confesar y comulgar prevista por las Constituciones y violentan a otros a seguir su mal ejemplo. En cambio, a estar a los colegiales, s&oacute;lo hab&iacute;an pedido que difiriese el precepto para el domingo siguiente por no estar bien dispuestos debido a los alborotos por los que atravesaba el Colegio y a la pl&aacute;tica previa de Mart&iacute;nez Caso, quien los hab&iacute;a acusado por los desbordes contra su investidura sacerdotal y amedrentado con la pena de excomuni&oacute;n.<sup><a name="nu89"></a><a href="#num89">89</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al veterano rector no le faltaban motivos de enojo: en reiteradas ocasiones hab&iacute;a sido objeto de papeles an&oacute;nimos donde se lo acusaba de haberse robado "las rentas del Colegio en cantidad de 6.000 pesos", parte para levantar su casa, parte para pretensiones en Espa&ntilde;a y parte "para su manceba".<sup><a name="nu90"></a><a href="#num90">90</a></sup> Finalmente, incapaz de contener la situaci&oacute;n, el 1&deg; de julio redacta una dram&aacute;tica renuncia: </p>  <ol>...confundido de trabajos y angustias, crecen infinitamente mis notorias enfermedades y con ellas &mdash;dice al virrey&mdash;, decayendo m&aacute;s y m&aacute;s mis debilitad&iacute;simas fuerzas, no puedo vivir.     </ol>      <p>El vicepatrono rechaza, empero, la solicitud y lo insta a mantenerse en su cargo hasta que la gravedad de su salud fuera tal que lo imposibilitara para seguir un rectorado que hab&iacute;a aceptado en diciembre del a&ntilde;o anterior.<sup><a name="nu91"></a><a href="#num91">91</a></sup></p>      <p>El rector presenta entonces un escrito en el que propone una serie de correcciones disciplinarias orientadas a aquietar los &aacute;nimos de los rebeldes: penar con expulsi&oacute;n "como a miembro corrompido" la tercera reincidencia al incumplimiento de la obligaci&oacute;n de confesar y comulgar; exigir decencia y recato en el vestir; evitar en las horas de descanso "juntas de colegiales en los aposentos, en corrinchos y tertulias"; prohibir "alborotos o griter&iacute;as descompasadas" impropias de "j&oacute;venes ilustres de buena crianza"; y vedar el uso de timples u otros instrumentos semejantes "propios de gente com&uacute;n y de lo inferior del pueblo".<sup><a name="nu92"></a><a href="#num92">92</a></sup></p>      <p>En tanto el virrey Ezpeleta analiza la propuesta, el 20 de julio Mart&iacute;nez Caso reitera su renuncia<sup><a name="nu93"></a><a href="#num93">93</a></sup> y, sin esperar la respuesta del vicepatrono, presa de un desafortunado arrebato, se convierte en el ejemplo m&aacute;s acabado de rector "antimod&eacute;lico": sin m&aacute;s que un aviso a los criados, sale de la Casa por su propia autoridad y deja ac&eacute;falo al Colegio.<sup><a name="nu94"></a><a href="#num94">94</a></sup></p>      <p>Ni siquiera en su retiro el atribulado rector encuentra sosiego. En la noche del 21 de julio, deslizado bajo su puerta, aparece otro an&oacute;nimo que deja ver la virulencia a la que hab&iacute;a llegado el conflicto: </p>  <ol>Condisc&iacute;pulo. He sabido que te hab&eacute;is huido del Colegio &mdash;dice el papel&mdash; &#91;...&#93; Yo, por mi parte, doy mil gracias a Dios de que haya librado al Colegio de semejante hombre que nada m&aacute;s ha hecho que tirarle, desacreditarlo, y procurar toda su ruina; y si prosigues con el empleo, yo soy el primero que muevo para que ning&uacute;n colegial dentre en octubre, que te dejen solo para que se vea el concepto que tienen de vos &iexcl;Cu&aacute;ndo se hab&iacute;a visto rector que tirase tanto al Colegio! Solo ahora, que ha sido un chocose&ntilde;o.<sup><a name="nu95"></a><a href="#num95">95</a></sup>    </ol>      <p>En airada misiva, el virrey ordena a Mart&iacute;nez Caso reintegrarse inmediatamente al claustro.<sup><a name="nu96"></a><a href="#num96">96</a></sup> El rector, en sufrida respuesta, insiste en haber sido v&iacute;ctima de ultrajes y de desacatos diarios provenientes de una juventud "desordenada, desobediente e influida" por una "gavilla" de catedr&aacute;ticos que lo trataban como si fuera "juguete e instrumento de diversi&oacute;n". Pese a asegurar que "ir&iacute;a m&aacute;s gustoso a la c&aacute;rcel con prisiones y a un presidio que al Colegio", dice haber retornado al Instituto el d&iacute;a 22 a las diez de la ma&ntilde;ana sin haber vuelto a salir.<sup><a name="nu97"></a><a href="#num97">97</a></sup></p>      <p> Este nuevo informe deja entrever, por fin, los verdaderos entretelones de una trama que, m&aacute;s all&aacute; de los problemas cotidianos, se enlaza con distintas maneras de concebir m&eacute;todos y contenidos de estudio y que enfrentan a un rector misone&iacute;sta con tres defensores de la "nueva filosof&iacute;a": Vallecilla, a quien tacha de hombre "inquieto, caviloso y revoltoso" cuya "perversidad" es de vieja data;<sup><a name="nu98"></a><a href="#num98">98</a></sup> Pe&ntilde;a, "golondrina apestada &#91;que&#93; ni hac&iacute;a verano ni falta" por su calidad de "pasquinero" abominable; y V&aacute;zquez Gallo, individuo altivo "con capa de eclesi&aacute;stico y cara gacha", que se hab&iacute;a atrevido a desacreditar al padre Goudin por "peripat&eacute;tico" en teatros p&uacute;blicos de conclusiones.<sup><a name="nu99"></a><a href="#num99">99</a></sup></p>      <p>Dada la gravedad de un conflicto que amenazaba con un esc&aacute;ndalo de proporciones a&uacute;n m&aacute;s notorias, el virrey acepta la renuncia de Mart&iacute;nez Caso y nombra rector interino a Santiago Gregorio de Burgos,<sup><a name="nu100"></a><a href="#num100">100</a></sup> a quien ordena llevar a cabo la averiguaci&oacute;n de lo sucedido. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un&aacute;nimemente &mdash;como era de esperarse&mdash; los colegiales testigos presentan a sus tres l&iacute;deres como dechados de virtudes y coinciden en se&ntilde;alar que el nudo del conflicto hab&iacute;a sido el genio de Mart&iacute;nez Caso quien, ya mal predispuesto contra V&aacute;squez Gallo, hab&iacute;a dado a Vallecilla muchos "motivos de guerra y ocasiones de enemistad" y se hab&iacute;a disgustado con Pe&ntilde;a, al que hab&iacute;a atropellado m&aacute;s de una vez llam&aacute;ndolo "p&iacute;caro" e "hip&oacute;crita".<sup><a name="nu101"></a><a href="#num101">101</a></sup></p>      <p>Tras el informe al virrey, Burgos dio por cerrado el caso. Al fin de su interinato fue reelecto Fernando Caicedo y Fl&oacute;rez: gracias a su pol&iacute;tica progresista que import&oacute;, entre otras cosas, el restablecimiento de la C&aacute;tedra de Medicina y el impulso de la de Matem&aacute;ticas, las "nuevas ideas" que con tanta dificultad se hab&iacute;an abierto camino a lo largo de los a&ntilde;os 90 comenzaron a dar sus primeros frutos. </p>      <p align="center">. . . </p>     <p>En el siglo XVIII, la d&eacute;cada de los setenta fue clave para los colegios mayores de Espa&ntilde;a. Sabido es que la autonom&iacute;a de la que gozaron para la provisi&oacute;n de las becas desemboc&oacute; en un proceso de relajaci&oacute;n que conllev&oacute; el abandono del proyecto inicial: favorecer a quienes, carentes de recursos econ&oacute;micos, mostraban las capacidades intelectuales como para convertirse en gestores id&oacute;neos, destinados a los puestos de la administraci&oacute;n civil y eclesi&aacute;stica del Reino. Tras convertirse en n&uacute;cleos de poder desde los cuales una nobleza de segunda clase, emparentada con sectores de la alta burocracia, lograba acceder a los cargos de importancia del Estado, los ministros ilustrados de Carlos III arremetieron contra ellos con reformas radicales que, desde 1771, se orientaron paulatinamente a suprimir de ra&iacute;z una instituci&oacute;n connatural al Antiguo R&eacute;gimen.<sup><a name="nu102"></a><a href="#num102">102</a></sup></p>      <p>En Am&eacute;rica, el Colegio del Rosario no hab&iacute;a estado exento de ciertos comportamientos abusivos. Hombres al fin, la conducta de los colegiales fluctu&oacute; entre la observancia del modelo y las transgresiones a &eacute;ste que, estrechamente imbricadas, caracterizaron, en definitiva, su peculiar cotidianidad. Pensamos, sin embargo, que dos factores coadyuvaron para mantenerlo al margen de los excesos que llevaron a la ruina a los peninsulares. En primer lugar, fue voluntad del fundador otorgar las colegiaturas a representantes de "lo esclarecido en nobleza" del Nuevo Reino. La existencia relativamente frecuente de becas de fundaci&oacute;n no cubiertas parece indicar que las vacantes eran suficientes para la minoritaria &eacute;lite a la cual le bast&oacute;, fundada en las Constituciones, con cuidarse de no abrir la puerta a quienes no formaran parte de sus filas. </p>      <p>Basta se&ntilde;alar que en &eacute;poca tan tard&iacute;a como 1780, el rector Mas&uacute;stegui sostiene que, en las "pocas familias de lustre" que hacen "a la primera jerarqu&iacute;a del Reino" apenas hay un n&uacute;mero preciso de estudiantes, sin que "pueda decirse que sobran".<sup><a name="nu103"></a><a href="#num103">103</a></sup> En la d&eacute;cada siguiente, el rector Alarc&oacute;n y Castro da cuenta de la existencia de cuatro becas sin proveer: una de M&eacute;rida, otra de Tunja, una tercera de Santaf&eacute; y una cuarta de las arbitrarias. Respecto de los patrimoniales de M&eacute;rida y de Tunja, asegura que s&oacute;lo dos de quienes cursan latinidad podr&iacute;an hacer uso de las vacantes al comenzar sus cursos de Filosof&iacute;a; para la de Santaf&eacute;, dice haber invitado a dos, "los &uacute;nicos que no tienen beca" quienes, "por ser de corto talento, no se han atrevido a sufrir el examen"; y en cuanto a la arbitraria, ha preferido reservarla hasta la apertura del pr&oacute;ximo curso de Artes por ser regular "haya alg&uacute;n joven de grandes esperanzas" a quien otorgarla.<sup><a name="nu104"></a><a href="#num104">104</a></sup></p>      <p>Por otra parte, el patronato asumido por el rey y ejercido desde 1664 por el presidente de la Audiencia primero y por el virrey despu&eacute;s, pudo contener muchos de los abusos que llevaron a la ruina a los colegios mayores espa&ntilde;oles: es obvio que, con mayor o menor &eacute;xito, colegiales y superiores no dudaron en recurrir al vicepatrono para ponerlo al tanto de lo que ocurr&iacute;a <i>intra claustra, </i>sobre todo en caso de considerar que la cuesti&oacute;n lesionaba sus propios intereses: Dentro de este proceso, unos sirvieron de control para los otros, y ambos, aunque fuera en forma indirecta, contribuyeron al alim&oacute;n a sostener la intervenci&oacute;n del representante real. </p>      <p>No por ello, al tiempo de las reformas en la Pen&iacute;nsula, el Colegio del Rosario dej&oacute; de estar en la mira. Desde la llegada del regente Guti&eacute;rrez de Pi&ntilde;eres y mientras que una nueva generaci&oacute;n de funcionarios peninsulares desplazaba a la elite criolla de los puestos decisivos de la burocracia local, la Instituci&oacute;n hubo de aceptar reformas de no poca monta. Escalonados a lo largo de tres d&eacute;cadas, asoman hitos harto significativos: la anulaci&oacute;n del plan de estudios elaborado por el criollo Moreno y Escand&oacute;n con la vuelta a un programa aristot&eacute;lico-tomista flexibilizado impuesto por la Junta de Estudios en 1779; la visita del oidor Mon y Velarde destinada a contener algunos desbordes de peligroso libertinaje en 1783, tras el ocaso de la rebeli&oacute;n comunera; y la mano dura de una generaci&oacute;n de neto corte conservador a la que pertenecieron los rectores Santiago Gregorio de Burgos y Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso a lo largo de la d&eacute;cada del 90. </p>      <p>Con todo, el Colegio supo capear el temporal y, por la v&iacute;a de la indisciplina y del desacato colectivo caracter&iacute;sticos de la &uacute;ltima d&eacute;cada del setecientos &mdash;en rigor, de la transgresi&oacute;n al "modelo"&mdash; el pensamiento moderno logr&oacute; anidar definitivamente en el <i>pensum </i>rosarista: un grupo de hombres a quienes hemos visto batallar contra las ideas del "peripato", impondr&aacute;n las nuevas y formar&aacute;n en ellas a buena parte de la generaci&oacute;n gestora de la independencia. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Notas al pie</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Con criterio similar aborda su estudio Mar&iacute;a Anunciaci&oacute;n Febrero Lorenzo (<i>La pedagog&iacute;a de los colegios mayores en el Siglo de Oro</i>, Madrid, CSIC, 1960) y, en parte, Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Sobaler (<i>Los colegiales de Santa Cruz. Una &eacute;lite de poder</i>, Salamanca, Junta de Castilla y Le&oacute;n, 1987) Cfr. p. 7 y pp. 70-71 respectivamente.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>El cuerpo legislativo de los colegios mayores se compone de Constituciones, Estatutos y Ceremonial. Para el caso del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, las Constituciones redactadas por el fundador, fray Crist&oacute;bal de Torres, fueron aprobadas por el rey por Real C&eacute;dula de 12 de julio de 1664 y vieron la luz por primera vez en 1666 (Cfr. Constituciones para el Colegio de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario fundado en esta ciudad de Santaf&eacute; del Nuevo Reino de Granada por C&eacute;dula de la Majestad Cat&oacute;lica de D. Felipe Cuarto con todos los privilegios del Colegio Mayor que fund&oacute; en la Universidad de Salamanca el Se&ntilde;or Arzobispo. Hechas por el Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or Maestro don Fray Crist&oacute;bal de Torres, Arzobispo de Santaf&eacute; y Fundador de dicho Colegio (en adelante, Constituciones), en<i> Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en la ciudad de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, hechas y ajustadas por su insigne Fundador y Patrono el Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or Maestro don Fr. Christ&oacute;bal de Torres &#91;...&#93;,</i> s&aacute;calas a luz el doctor don Crist&oacute;bal de Araque y Ponce de Le&oacute;n, rector perpetuo del dicho Colegio, Madrid, Juan Nogu&eacute;s, 1666, pp. 3-16). En todo aquello que no se opusiera a las redactadas por su mano, el fundador declar&oacute; la vigencia del cuerpo legal del Colegio del Arzobispo, &uacute;ltimo de los cuatro mayores salmantinos (cfr. Constituciones, t&iacute;t. II, const. VIII; t&iacute;t. IV, const. IV y t&iacute;t. V, const. X <i>in fine</i>), que hab&iacute;a servido de modelo para la creaci&oacute;n del de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;: consecuentemente, la primera edici&oacute;n citada incluye las <i>Constitutiones quibus insigne ac celeberrimum divi Jacobi Zebedaei Collegium, quod Salmanticae erexit Illustrissimus Princeps Alfonsus Fonseca et Acebedo, Archiepiscopus Toletanus regitur et gubernatur</i>, Salamanca, 1539 (en adelante, <i>Constitutiones</i>), fs. 1-38; las <i>Constitutiones novae, seu interpretationes et correctiones quadam vetererum constitutionum</i>, Salamanca 1552 (en adelante, <i>Constitutiones novae</i>), fs. 38-49; los <i>Statuta ad maiorem quorundam constitutionum declarationem</i>, Salamanca, 1581 (en adelante,<i> Statuta</i>) fs. 49-64 y las Ceremonias que se observan en este Colegio (en adelante, Ceremonias), fs. 65-98.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. 2 &#91;prefacio&#93;    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Cfr. Febrero Lorenzo, <i>op. cit.</i>, pp. 63-65.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. I.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Jos&eacute; Antonio Isabella a la Junta de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 28 de julio de 1778, en Reglamento sobre castigos mandados guardar por el virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez, 1778-1779, Archivo General de la Naci&oacute;n (Colombia), en adelante AGNC, Colecciones, Fondo Enrique Ortega Ricaurte, caja 12, carpeta 46, f. 61v.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. I.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Agust&iacute;n L&oacute;pez de Castilla y Espejo a Francisco Dami&aacute;n de Espejo, 28 de enero de 1763, en Disturbios en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario con motivo de la elecci&oacute;n del vicerrector hecha a disgusto de los colegiales, 1763, AGNC, Colonia, Milicias y Marina, t. 128, f. 173v.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Decreto del virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez sobre la prohibici&oacute;n del castigo de azotes, 28 de abril de 1778, en Reglamento sobre castigos mandado guardar por el virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez, 1778-1779 <i>cit.</i>, f. 49r.     <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. II, consts. III, IV, V, VII y IX.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. VII.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Isidoro Francisco Pujol y Fajardo pide vestir la beca en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. Se suspende la decisi&oacute;n por tener su padre oficio bajo, 1761, AGNC, Colonia, Colegios, t. 2, fs. 405-414.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Informaci&oacute;n de limpieza de sangre de Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Rizo, vecino de la ciudad de Oca&ntilde;a, rechazado para vestir la beca del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario por "d&iacute;scolo, altivo, desobediente, etc., 1786, AGNC, Colonia, Genealog&iacute;as, leg. 5, rollo 5/6, fs. 819r.-820r.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Informaci&oacute;n de cristiandad y limpieza de sangre presentada por Marcos Quesada a fin de que su hijo, Pedro Jos&eacute; Pascasio obtenga una de las becas vacantes fundadas para los patrimoniales de Cartagena, 1785-1787, AGNC, Colonia, Genealog&iacute;as, leg. 5, rollo 5/6, fs. 699r.-699v., 705r.-706r. y 709r.-707v.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Cfr. Certificaci&oacute;n del secretario del Colegio del Rosario, 22 de septiembre de 1790 (f. 95r.); Jorge D&iacute;az Casal y Miranda al Jos&eacute; de Ezpeleta, septiembre de 1790 (f. 92r.-92v.) y diciembre de 1790 (fs. 104r.109r.), en Pedro D&iacute;az Casal y Miranda manifiesta que el rector y claustro del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario ha repulsado la admisi&oacute;n por colegial formal de su hijo Pedro, 1790-1791, AGNC, Archivo Anexo, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, t. 3. Certificaci&oacute;n del secretario del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, 26 de octubre de 1790 (f. 178v.); Nicol&aacute;s Mar&iacute;a de Castro Rodr&iacute;guez a Jos&eacute; de Ezpeleta, s/f. (fs. 180r.-180v.), en Nicol&aacute;s Mar&iacute;a de Castro Rodr&iacute;guez contra el rector Santiago Gregorio de Burgos por hab&eacute;rsele negado la beca del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, 1790-1791, AGNC, Archivo Anexo, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, t. 3.      <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup><i>Statuta</i>, 39 (<i>Quod nullius oppositio ad Collegium admittatur, nisi ex decreto maioris partis capella),</i> fs. 60-61.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Informe del rector Santiago Gregorio de Burgos, 22 de septiembre de 1790, en Pedro D&iacute;az Casal y Miranda manifiesta que el rector y claustro del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario ha repulsado la admisi&oacute;n por colegial formal de su hijo Pedro, 1790-1791 <i>cit</i>., fs. 93r.-93v; Informe del rector Santiago Gregorio de Burgos, 22 de noviembre de 1790, en Nicol&aacute;s Mar&iacute;a de Castro Rodr&iacute;guez contra Santiago Gregorio de Burgos, 1790-1791 <i>cit.</i>, fs. 181r.-181v. Dada la "trascendencia" del asunto, ambos expedientes pasan a voto consultivo de la Real Audiencia que se resuelve por la negativa (Cfr. Pedro D&iacute;az Casal y Miranda manifiesta que el rector y claustro del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario ha repulsado la admisi&oacute;n por colegial formal de su hijo Pedro, 1790-1791 <i>cit</i>., fs. 110v.-111v.; y Nicol&aacute;s Mar&iacute;a de Castro Rodr&iacute;guez contra Santiago Gregorio de Burgos, 1790-1791<i> cit.</i> fs. 185v.-188r.)    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup><i>Constitutiones</i>, 19 (fs. 10-11) y 23 (f. 13).    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Cfr. Sobaler, <i>cit</i>., p. 55.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Constituciones, t&iacute;t IV &#91;proemio&#93;.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup><i>Constitutiones</i>, 38, f. 20; Ceremonias, Refectorio, f. 71.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV &#91;proemio&#93;.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Lamentablemente, el hecho de no haberse aplicado la metodolog&iacute;a adecuada para el estudio de una librer&iacute;a que importa, como paso fundamental, la identificaci&oacute;n m&aacute;s o menos precisa de los ejemplares a los que se alude (cfr., por ejemplo, Daisy R&iacute;podas Ardanaz, <i>La biblioteca porte&ntilde;a del obispo Azamor y Ram&iacute;rez, 1788-1796, </i>introd. y edic. por &mdash;, Buenos Aires, Prhisco-Conicet, 1994; Javier Barrientos Grand&oacute;n, <i>La cultura jur&iacute;dica en el Reino de Chile. Biblioteca de ministros de la Real Audiencia de Santiago (s. XVII-XVIII), </i>Santiago de Chile, Escuela de Derecho de la Universidad Diego Portales, 1992), impide que a trav&eacute;s del art&iacute;culo de Mar&iacute;a Clara Guill&eacute;n de Iriarte ("La biblioteca del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario", en <i>La Tadeo</i>, n&uacute;m. 65, primer semestre, Bogot&aacute;, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2001, pp. 66-71) los lectores puedan justipreciar el valor de la biblioteca del Colegio, y hace que la autora incurra en errores como, por ejemplo, el de considerar, a "Lucano Ma&ntilde;es" como un autor, cuando se trata del cl&aacute;sico Marco Anneo Lucano y del escritor del siglo XVIII Salvador Jos&eacute; Ma&ntilde;er (no "Ma&ntilde;es"); o hacer lo propio con "Claudiano Su&aacute;rez" cuando se trata del cl&aacute;sico Claudio Claudiano y del moderno Francisco Su&aacute;rez.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup><i>Constitutiones</i>, 52 y 53, f. 24.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV &#91;proemio&#93;    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV, const. II.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Sobre que se paguen puntualmente al Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario los 500 ducados de renta anual, 1728-1778, Archivo General de Indias (en adelante AGI), Audiencia de Santaf&eacute; 759.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV, const. III.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Las <i>Constitutiones</i> del colegio del Arzobispo la fijaban como una obligaci&oacute;n diaria (const. 33, fs. 18-19). M&aacute;s tarde, las <i>Constitutiones novae</i> intentaron suavizar el precepto y determinaron que deb&iacute;an hacerse los s&aacute;bados tras el rezo de la Salve (cfr. Declaraci&oacute;n a la Constituci&oacute;n 33, f. 46. Sin embargo, el conde de Monterrey, testamentario del arzobispo Fonseca y Azevedo, quien tuvo a su cargo la revisi&oacute;n y aprobaci&oacute;n de las modificaciones no autoriz&oacute; la mitigaci&oacute;n y orden&oacute; que se volviera a la antigua pr&aacute;ctica (cfr. f. 47) Ver: Febrero Lorenzo, <i>op. cit.</i>, p. 141). En el Colegio del Rosario, sin embargo, s&oacute;lo encontramos la menci&oacute;n a las "sabatinas" lo cual parecer&iacute;a indicar que se sigui&oacute; la Constituci&oacute;n modificada.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup><i>Constitutiones</i>, 33, fs. 18-19.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Informe del virrey Jorge de Villalonga al Rey sobre el estado del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, AGI, Audiencia de Santaf&eacute;, 286.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>La constituci&oacute;n 84 (f. 32) del Colegio del Arzobispo prohib&iacute;a la asistencia a los espect&aacute;culos taurinos. Sin embargo, el cumplimiento de esta prescripci&oacute;n hubo de provocar tal resistencia que se acept&oacute; su modificaci&oacute;n con la &uacute;nica condici&oacute;n de que fuesen moderados los gastos que se realizaran (<i>Constitutiones novae</i>, 11, fs. 46-47). Ver tambi&eacute;n Ceremonias, D&iacute;as de toros, fs. 83-84).    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Ceremonias, Alcobas, f. 76.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Representaci&oacute;n del rector del Colegio del Rosario al virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez, 20 de mayo de 1778, en <i>El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario,</i> Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Guzm&aacute;n y Franqui sobre la concurrencia del Colegio a fiestas y funerales de particulares, 1778-1779, en AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, fs. 384r.-385r.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Decreto del virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez, 19 de junio de 1778, y Real C&eacute;dula sobre la asistencia de los Colegios Mayores de Santaf&eacute; a exequias y festividades, El Pardo, 14 de enero de 1779, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n de Guzm&aacute;n y Franqui sobre la concurrencia del Colegio a fiestas y funerales de particulares, 1778-1779, <i>op. cit.</i>, fs. 385r.-387v. y 387v.389r., respectivamente. Dado que por dos reales c&eacute;dulas de 5 de noviembre de 1704 y de 17 de septiembre de 1723 se hab&iacute;a declarado la igualdad de ambos colegios mayores, sus individuos asistir&iacute;an a procesiones y besamanos "interpolados unos con otros", inmediatamente despu&eacute;s de los "tribunales y ciudad" y antes de "las comunidades religiosas", presidi&eacute;ndolos el rector "m&aacute;s antiguo en el rectorado" (La Real C&eacute;dula puede verse tambi&eacute;n en: AGNC, Colonia, Milicias y Marina, t. 127, fs. 649563v. y en Biblioteca Nacional de Colombia, Manuscritos, FUDU1 (libro 350), rollo 14, f. 155r.)    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Cfr. Febrero Lorenzo, <i>op. cit.</i>, pp. 82-84.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Sobaler, <i>op. cit.</i>, pp. 55-56.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup><i>Constitutiones</i>, 43 y 44, fs. 21-22.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup><i>Constitutiones</i>, 10, f. 9.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup><i>Constitutiones</i>, 72, fs. 29-29.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Jos&eacute; Antonio Isabella a la Junta de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 28 de julio de 1778 <i>op. cit.</i>, fs. 61v.-62r.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup><i>Constitutiones</i>, 31, f. 17.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV, &#91;proemio&#93;.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>Febrero Lorenzo, pp. 87-88.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. VII y t&iacute;t. V, const. III.    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup><i>Statuta</i>, 21, f. 55; Ceremonias, Refectorio, f. 71; Jos&eacute; Antonio Isabella a la Junta de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 28 de julio de 1778 <i>op. cit.</i>, f. 58r.    <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup>Guisado de carne picada de pierna de carnero rehogada en manteca. Por extensi&oacute;n, cualquier otra comida picada en pedazos menudos.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup>Bolas de carne o pescado picado menudamente y trabado con ralladuras de pan, huevos batidos y especias y que se comen guisadas o fritas.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup>Guisado de pierna de carnero picada con tocino y cocida con grasa, sazonado con especias y espesado con pan y queso rallados.    <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. IX.    <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup><i>Ibid</i>em.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. IV, const. III.    <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup><i>Constitutiones</i>, 29, fs. 15-16; Febrero Lorenzo, p. 92; Sobaler, p. 62.    <br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup><i>Constitutiones</i>, 38 (f. 20) y 48 (f. 22); Ceremonias, Refectorio, fs. 71-72.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup>Declaraciones de los colegiales Jos&eacute; Mar&iacute;a Cuero y Jos&eacute; Francisco Cardona, 22 y 23 de septiembre    de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso,    informa sobre disturbios estudiantiles,1796, AGNC, Colonia, Colegios, t. 3, f. 715 r.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup>Declaraciones de los colegiales Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, Miguel Angulo y Joaqu&iacute;n Renter&iacute;a, 14 y 15 de octubre de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles,1796 <i>op. cit.</i>, fs. 737v.-741r.    <br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup>Quienes llegaban a obtener el grado m&aacute;ximo tanto en la Facultad menor como en las mayores, adornaban el bonete con borlas &mdash;a veces muy elaboradas&mdash; cuyos flecos ca&iacute;an entre los picos. A cada Facultad correspond&iacute;a un color: blanco para los canonistas; verde para los te&oacute;logos; rojo para los legistas; amarillo para los doctores en medicina y azul para los maestros en artes (Cfr. Vicente T. Mendoza, <i>Vida y costumbres de la Universidad de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1951, pp. 8-9).    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup>Constituciones, t&iacute;t. III, const. V.    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup>Joaqu&iacute;n Quijano, Rafael Diago y Francisco y Manuel Sanz se quejan del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario quien pretende obligarlos a vivir dentro del claustro, 1811, AGNC, Archivo Anexo, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, t. 4, fs. 490-492.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup>A mayor abundamiento, el virrey sugiere no proceder a la nominaci&oacute;n de ning&uacute;n graduado a beneficio eclesi&aacute;stico o a empleo pol&iacute;tico secular sin que medie certificaci&oacute;n de los superiores en la que conste, bajo juramento, que el cursante se aplic&oacute; convenientemente y no dio motivo grave para ser castigado. Para llevarlo a la pr&aacute;ctica, Isabella propone se forme un libro donde se anote los nombres de los colegiales con el fin de que cada rector, al concluir su trienio, ponga a cada uno una breve nota que describa el "car&aacute;cter y adelantamiento del sujeto" (bueno, mediano, &oacute;ptimo, arreglado, aplicado etc.) sin omitir testar a los expulsados colocando la fecha del despido por "malo, incorregible o inepto" (Cfr. Decreto de Manuel Antonio Fl&oacute;rez sobre la prohibici&oacute;n del castigo de azotes, 28 de abril de 1778 <i>op. cit.</i>, fs. 49r.-51v.; Informe de Jos&eacute; Antonio Isabella a la Junta de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 28 de julio de 1778 <i>op. cit.</i>, fs. 57v.-59v., 60v.y 62r.).    <br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup>Francisco Ram&iacute;rez Floreano al virrey Antonio de la Pedrosa y Guerrero, 5 de noviembre de 1718, en Autos originales hechos por Antonio de la Pedrosa y Guerrero sobre los procedimientos y vida escandalosa de los colegiales del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en la ciudad de Santaf&eacute;, 1718-1722, AGI, Audiencia de Santaf&eacute;, 371.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup>Ignacio de Vicu&ntilde;a al virrey Pedro Mess&iacute;a de la Cerda, 3 de febrero de 1763, en Disturbios en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario con motivo de la elecci&oacute;n de vicerrector hecha a disgusto de los colegiales, 1763 <i>op. cit.</i>, f. 295.    <br>  <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup>Cfr. Propuestas justas, arregladas util&iacute;simas que, en servicio de Dios Nuestro Se&ntilde;or, de nuestro Cat&oacute;lico Monarca y del p&uacute;blico hace al Se&ntilde;or Vicepatrono el Rector de este Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en beneficio y mejor r&eacute;gimen de dicho Colegio, 6 de julio de 1796 en El virrey, Jos&eacute; de Ezpeleta, rechaza la renuncia del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796, AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, fs. 1-20.    <br>  <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup>Sobre la consulta, cfr. Constituciones, t&iacute;t. 2, const. IX.    <br>  <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup><i>Constitutiones</i>, 43 (fs. 21-22); Constituciones, t&iacute;t. 2, const. II; Libro de consultas, 27 de diciembre de 1683, Archivo del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario (en adelante ACMR), vol. 2, f. 170v.    <br>  <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup>Libro de Consultas, 31 de diciembre de 1683, ACMR, vol. 2, f.170 r.    <br>  <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup>Libro de Consultas, 11 de junio de 1694 y 19 de enero de 1707, ACMR, vol. 2, f. 171v.    <br>  <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup>Informe de Pedro de Layseca y Alvarado, capit&aacute;n de la guardia de a caballo, Santaf&eacute;, 20 de octubre de 1718 y Auto del 4 de noviembre de 1718, en Autos originales hechos por Antonio de la Pedrosa y Guerrero, 1718-1722 <i>op. cit. </i>    <br>  <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup>Diligencias efectuadas el 4 de noviembre de 1718, en Autos originales hechos por Antonio de la Pedrosa y Guerrero, 1718-1722 <i>op. cit. </i>    <br>  <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup>Auto de Antonio de la Pedrosa y Guerrero, virrey, gobernador y capit&aacute;n general del Nuevo Reino de Granada, Santaf&eacute;, 5 de noviembre de 1718. De nada sirvieron los ruegos del colegial m&aacute;s antiguo, Francisco P&eacute;rez de Manrique, quien intent&oacute; interceder por el colegial Fl&oacute;rez y por el ex convictor Corrales (Nota de Francisco P&eacute;rez de Manrique al virrey, 4 de diciembre de 1718). Ambos documentos en: Autos originales hechos por Antonio de la Pedrosa y Guerrero, 1718-1722 <i>op. cit. </i>    <br>  <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup>Auto de Antonio de la Pedrosa y Guerrero, virrey, gobernador y capit&aacute;n general del Nuevo Reino de Granada, Santaf&eacute;, 6 de marzo 1719, en: Autos originales hechos por Antonio de la Pedrosa y Guerrero, 1718-1722 <i>op. cit. </i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup>El vicerrector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Joaqu&iacute;n de Mosquera, sobre que salga de la ciudad don Fernando de Espinosa por conducta inapropiada, 1773, AGNC, Colonia, Colegios, t. 3, fs. 657-677.    <br>  <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup>Jos&eacute; Antonio Isabella a la Junta de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 28 de julio de 1778 <i>op. cit.</i>, fs. 58r.58v. y 59v.-60v.    <br>  <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup>Cfr. Propuestas justas, arregladas util&iacute;simas que, en servicio de Dios Nuestro Se&ntilde;or, de nuestro Cat&oacute;lico Monarca y del p&uacute;blico hace al Se&ntilde;or Vicepatrono el Rector de este Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en beneficio y mejor r&eacute;gimen de dicho Colegio, 6 de julio de 1796 <i>op. cit.</i>, f. 12r.    <br>  <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup>Joaqu&iacute;n Quijano, Rafael Diago y Francisco y Manuel Sanz se quejan del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario quien pretende obligarlos a vivir dentro del claustro, 1811 <i>op. cit.</i>, f. 492.    <br>  <sup><a name="num76"></a><a href="#nu76">76</a></sup>Informe del rector Agust&iacute;n Manuel de Alarc&oacute;n y Castro al virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, 3 de febrero de 1790, AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, fs. 428r.-428v.    <br>  <sup><a name="num77"></a><a href="#nu77">77</a></sup>Informe de Santiago Gregorio de Burgos al virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, 11 de octubre de 1792 en Sobre la provisi&oacute;n de becas vacantes en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, 1791-1793, AGNC, Colonia, Milicias y Marina, t. 128, f. 478v.-479r.    <br>  <sup><a name="num78"></a><a href="#nu78">78</a></sup>Se cita, por ejemplo, a Antonio G&oacute;mez, a Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, a Fernando Acevedo, a Jos&eacute;    Fern&aacute;ndez, a Juan Borrero, a Silvestre Dur&aacute;n y a Tom&aacute;s Lozano.    <br>  <sup><a name="num79"></a><a href="#nu79">79</a></sup>Juan Fernando Vergara al virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, 2 de diciembre de 1790; Juan Fernando de    Vergara al virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, s/f  (c. diciembre de 1790), en Elecci&oacute;n de Mart&iacute;n Hurtado por    catedr&aacute;tico de Derecho civil del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, 1790, AGNC, Colonia,    Colegios, t. 4, fs. 243r.-244v. y 246r.-247v. respectivamente. La bastardilla es nuestra.    <br>  <sup><a name="num80"></a><a href="#nu80">80</a></sup>Mart&iacute;n Hurtado al rector del Colegio del Rosario, s/f (c. diciembre de 1790), en Elecci&oacute;n de Mart&iacute;n Hurtado      por catedr&aacute;tico de Derecho Civil del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora el Rosario, 1790 <i>op. cit.</i>, f. 294v.    <br>  <sup><a name="num81"></a><a href="#nu81">81</a></sup>Santiago Gregorio de Burgos al virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, 16 de diciembre de 1790, en Elecci&oacute;n de Mart&iacute;n Hurtado por catedr&aacute;tico de Derecho Civil del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora el Rosario, 1790 <i>op. cit.</i>, f. 252v.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num82"></a><a href="#nu82">82</a></sup>Confirmaci&oacute;n de Mart&iacute;n Hurtado por catedr&aacute;tico de Derecho Civil del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario (incompleto), AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, f. 476.    <br>  <sup><a name="num83"></a><a href="#nu83">83</a></sup>El esc&aacute;ndalo hubo de ser de tales proporciones que la Junta Superior de Estudios reunida el 21 de julio de 1791 reiter&oacute; la orden de que los catedr&aacute;ticos de Filosof&iacute;a de los dos colegios de la capital se arreglasen a las "doctrinas y sentencias" del padre Goudin (Cfr. Acta de reuni&oacute;n de la Junta Superior de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 15 de julio de 1796, en Juan Francisco V&aacute;squez Gallo renuncia a la C&aacute;tedra de Filosof&iacute;a por disidencia con los textos de ense&ntilde;anza, 1796, AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, fs. 641r.-641v.)    <br>  <sup><a name="num84"></a><a href="#nu84">84</a></sup>Para este tema cfr. Jos&eacute; Manuel P&eacute;rez Sarmiento, <i>Causas c&eacute;lebres a los precursores</i>, t. 2, Bogot&aacute;, Imprenta Nacional, 1939 (<i>Biblioteca de Historia Nacional</i>, vol. LX), especialmente, p. 190 y ss.    <br>  <sup><a name="num85"></a><a href="#nu85">85</a></sup>Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso a Jos&eacute; de Ezpeleta, 5 de abril de 1796, en Juan Francisco V&aacute;squez Gallo renuncia a la c&aacute;tedra de Filosof&iacute;a por disidencia con los textos de ense&ntilde;anza, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 630r.-631v.    <br>  <sup><a name="num86"></a><a href="#nu86">86</a></sup>Informe del fiscal Director de Estudios, Santaf&eacute;, 9 de abril de 1796, en <i>Idem</i>, f. 639v.    <br>  <sup><a name="num87"></a><a href="#nu87">87</a></sup>Acta de reuni&oacute;n de la Junta Superior de Estudios de Santaf&eacute;, Santaf&eacute;, 15 de julio de 1796 <i>op. cit.</i> fs. 641r.-641v.    <br>  <sup><a name="num88"></a><a href="#nu88">88</a></sup>Declaraciones de Santiago P&eacute;rez de Valencia, colegial hu&eacute;sped y pasante de Gram&aacute;tica, Jos&eacute; Mar&iacute;a Cuero, colegial actual, y Jos&eacute; Francisco Cardona, colegial actual, 10, 22 y 23 de septiembre de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 720r.-723r., 725v.-726v. y 727r.-728r., respectivamente.    <br>  <sup><a name="num89"></a><a href="#nu89">89</a></sup>Declaraciones de Santiago P&eacute;rez de Valencia, Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, Miguel de Angulo y Juan Jos&eacute; Sotomayor, 17 y 22 de octubre de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 744r.-744v., 745r., 746r., 747r.-747v., respectivamente.    <br>  <sup><a name="num90"></a><a href="#nu90">90</a></sup>Declaraciones de Juan Fern&aacute;ndez de Sotomayor, Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, Miguel Angulo, Joaqu&iacute;n Renter&iacute;a y Ram&oacute;n N&uacute;&ntilde;ez, 13, 14 y 15 de octubre de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 736r., 737v.-738v., 739r.-739v., 740v. y 741v., respectivamente.    <br>  <sup><a name="num91"></a><a href="#nu91">91</a></sup>Renuncia de Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1&deg; de julio de 1796; Rechazo de la misma, 6 de julio de 1796, en El virrey Jos&eacute; de Ezpeleta, rechaza la renuncia del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796 <i>op. cit.</i> fs. 5r.-6r.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num92"></a><a href="#nu92">92</a></sup>Cfr. Propuestas justas, arregladas util&iacute;simas que en servicio de Dios Nuestro Se&ntilde;or, de Nuestro Cat&oacute;lico Monarca y del P&uacute;blico, hace al Exmo. Sr. Virrey Vicepatrono el Rector de este Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en beneficio y mejor r&eacute;gimen de dicho Colegio, 6 de julio de 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 11r.-12r.    <br>  <sup><a name="num93"></a><a href="#nu93">93</a></sup>Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso a Jos&eacute; de Ezpeleta, 20 de julio de 1796, en Dimisi&oacute;n del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796, AGNC, Colonia, Milicias y Marina, t. 128, fs. 221r.-226r.    <br>  <sup><a name="num94"></a><a href="#nu94">94</a></sup>Manuel Santiago Vallecilla a Jos&eacute; de Ezpeleta, 21 de julio de 1796, en Dimisi&oacute;n del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 216r.-216v.    <br>  <sup><a name="num95"></a><a href="#nu95">95</a></sup>An&oacute;nimo, en El virrey Jos&eacute; de Ezpeleta acepta la renuncia del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso. Nombramiento de Santiago Gregorio de Burgos por rector interino, 1796, AGNC, Colonia, Milicias y Marina, t. 128, fs. 136r.-136v. Mart&iacute;nez Caso hab&iacute;a nacido en Torr&aacute;, jurisdicci&oacute;n de N&oacute;vita, gobernaci&oacute;n del Choc&oacute; (Cfr. Jos&eacute; Restrepo Posada, <i>Arquidi&oacute;cesis de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;</i>, t. 4 (Cabildo Eclesi&aacute;stico), Bogot&aacute;, Academia Colombiana de Historia, 1971 (<i>Biblioteca de Historia Eclesi&aacute;stica Fernando Caicedo y Fl&oacute;rez</i>, vol. VI), p. 122).    <br>  <sup><a name="num96"></a><a href="#nu96">96</a></sup>Jos&eacute; de Ezpeleta a Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, Santaf&eacute;, 22 de julio de 1796, en Dimisi&oacute;n del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796 <i>op. cit.</i>, f. 220r.    <br>  <sup><a name="num97"></a><a href="#nu97">97</a></sup>Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso a Jos&eacute; de Ezpeleta, 23 de julio de 1796, en Dimisi&oacute;n del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 237r.-240v.    <br>  <sup><a name="num98"></a><a href="#nu98">98</a></sup>Se refiere al conflicto anterior que Vallecilla, como catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a, hab&iacute;a protagonizado con el ex rector Santiago Gregorio de Burgos (Cfr. <i>supra</i> p.....).    <br>  <sup><a name="num99"></a><a href="#nu99">99</a></sup>Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso a Jos&eacute; de Ezpeleta, 25 de julio de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles 1796 <i>op. cit.</i>, f. 715r.-715v.    <br>  <sup><a name="num100"></a><a href="#nu100">100</a></sup>Jos&eacute; de Ezpeleta a Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, Santaf&eacute;, 27 de julio de 1796, en El virrey Jos&eacute; de Ezpeleta acepta la renuncia del rector Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, 1796 <i>op. cit.</i>, f. 138.    <br>  <sup><a name="num101"></a><a href="#nu101">101</a></sup>Declaraciones de Santiago P&eacute;rez de Valencia, Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Garc&iacute;a, 25, 26, 27 de octubre de 1796, en El rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Antonio Nicol&aacute;s Mart&iacute;nez Caso, informa sobre disturbios estudiantiles, 1796 <i>op. cit.</i>, fs. 748r.-752v.; fs. 753r.-755v., 756r.-758r., respectivamente. Ver tambi&eacute;n: Fernando Caycedo a Santiago Gregorio de Burgos, Santaf&eacute;, 28 de octubre de 1796, en <i>Idem</i>, fs. 762r.-765v.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num102"></a><a href="#nu102">102</a></sup>La autonom&iacute;a concedida por sus fundadores en la provisi&oacute;n de becas hab&iacute;a abierto paso a los abusos. Con el objeto de reservarlas a ciertos sectores privilegiados, se trastrocaron las becas correspondientes a unas facultades en beneficio de otras, se dispensaron condiciones de ingreso o se fraguaron informaciones. La desatenci&oacute;n de requisitos de edad, de lugar de origen, de graduaci&oacute;n, de renta m&iacute;nima, etc. desemboc&oacute; en la formaci&oacute;n de bandos y de parcialidades que transgredieron el cumplimiento de las normas vinculadas con la decencia en el vestir o con el respeto a la clausura y que recurrieron abusivamente a las hospeder&iacute;as en espera del puesto conveniente. Como consecuencia de todo ello, los colegios se convirtieron en reductos privilegiados de determinadas familias a cuyos miembros serv&iacute;an como escal&oacute;n necesario para dar el salto hacia los puestos m&aacute;s importantes de la jerarqu&iacute;a civil y eclesi&aacute;stica (Cfr. Febrero Lorenzo, <i>op. cit.</i>, pp. 27-28; Sobaler, <i>op. cit.</i>, pp. 70-71; 90-98; 135-148 y 243-247).    <br>  <sup><a name="num103"></a><a href="#nu103">103</a></sup>El rector Miguel de Mas&uacute;stegui al virrey Manuel Antonio Fl&oacute;rez, sin fecha, (c. junio de 1780), en Elecci&oacute;n de Agust&iacute;n Manuel de Alarc&oacute;n y Castro por rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. Incompatibilidad del ejercicio de c&aacute;tedras y rector&iacute;a con la obligaci&oacute;n de residencia en los curatos, 1779-1780, AGNC, Colonia, Colegios, t. 5, fs. 635v.-636r.    <br>  <sup><a name="num104"></a><a href="#nu104">104</a></sup>Informe del rector del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Agust&iacute;n Manuel de Alarc&oacute;n, al virrey Ezpeleta, 21 de enero de 1790, AGNC, Colonia, Colegios, t. 6, fs. 427r.-427v.    <br> <hr>      <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A </i></b></p>      <!-- ref --><p>Barrientos Grand&oacute;n, Javier, <i>La cultura jur&iacute;dica en el Reino de Chile. Biblioteca de ministros de la Real Audiencia de Santiago (s. XVII-XVIII), </i> Santiago de Chile, Escuela de Derecho de la Universidad Diego Portales, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-0579200400010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><i>Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario en la ciudad de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, hechas y ajustadas por su insigne Fundador y Patrono el Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or Maestro don Fr. Christ&oacute;bal de Torres &#91;...&#93;,</i> s&aacute;calas a luz el doctor don Crist&oacute;bal de Araque y Ponce de Le&oacute;n, rector perpetuo del dicho Colegio, Madrid, Juan Nogu&eacute;s, 1666.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-0579200400010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Febrero Lorenzo, Mar&iacute;a Anunciaci&oacute;n, <i>La pedagog&iacute;a de los colegios mayores en el Siglo de Oro</i>, Madrid, CSIC, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0124-0579200400010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Guill&eacute;n de Iriarte, Mar&iacute;a Clara, "La biblioteca del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario", en <i>La Tadeo</i>, No. 65, primer semestre, Bogot&aacute;, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2001, pp.66-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-0579200400010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Mendoza, Vicente T., <i>Vida y costumbres de la Universidad de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 1951.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-0579200400010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez Sarmiento, Jos&eacute; Manuel, <i>Causas c&eacute;lebres a los precursores</i>, t.2, Bogot&aacute;, Imprenta Nacional, 1939.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0124-0579200400010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Restrepo Posada, Jos&eacute;, <i>Arquidi&oacute;cesis de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;</i>, t.4), Bogot&aacute;, Academia Colombiana de Historia, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-0579200400010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>R&iacute;podas Ardanaz, Daisy, <i>La biblioteca porte&ntilde;a del obispo Azamor y Ram&iacute;rez, 1788-1796, </i>introd. y edic. por -, Buenos Aires, Prhisco-Conicet, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0124-0579200400010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Sobaler, Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles, <i>Los colegiales de Santa Cruz. Una &eacute;lite de poder</i>, Salamanca, Junta de Castilla y Le&oacute;n, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-0579200400010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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