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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b><I>El C&oacute;digo Penal Colombiano de 1890</I></b></font></p>     <p align="center"><B><I>Francisco Bernate Ochoa</I></B><Sup><I>* </I></Sup></p>     <p><Sup>*</Sup>Profesor de Derecho Penal de la Universidad del Rosario. </p> <hr>      <p><I><b><font size="3">INTRODUCCI&Oacute;N</font></b></I></p>      <p>Hoy en d&iacute;a, gracias a la Escuela de Frankf&uuml;rt, liderada por autores como Hassemer y Herzog, resulta frecuente encontrar una especie de melancol&iacute;a hacia la filosof&iacute;a penal de la Ilustraci&oacute;n, representada en las cr&iacute;ticas hacia la criminalizaci&oacute;n de delitos que atentan contra intereses colectivos, y el repudio hacia el fen&oacute;meno de la expansi&oacute;n del derecho penal. </p>      <p>El pensamiento de la Ilustraci&oacute;n se vio plasmado en la filosof&iacute;a penal ilustrada y en la Escuela Cl&aacute;sica italiana, doctrinas que tuvieron una gran influencia en la academia colombiana de fines del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, e igualmente tuvieron trascendencia en el &aacute;mbito legislativo en el C&oacute;digo Penal de 1890. </p>     <p>El presente escrito muestra la historia de este estatuto, as&iacute; como los principales postulados de la Escuela Cl&aacute;sica del derecho penal, en aras de se&ntilde;alar la influencia que la misma tuvo en sus contenidos, y la aplicaci&oacute;n que en la pr&aacute;ctica judicial tuvo tal estatuto, para posteriormente examinar su desaparici&oacute;n como C&oacute;digo Penal vigente. </p>      <p><I><b><font size="3">1. HISTORIA DEL C&Oacute;DIGO PENAL DE 1890</font></b></I></p>     <p><I><b>1.1 Antecedentes</b></I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una vez se produce la separaci&oacute;n de la Gran Colombia y el consecuente advenimiento de Colombia como Estado independiente, surge la necesidad de expedir las leyes que regir&iacute;an los destinos del naciente Estado, sustituyendo las espa&ntilde;olas que hasta entonces se aplicaban. </p>      <p>Paralelo a la necesidad hist&oacute;rica por la que atravesaba nuestro pa&iacute;s elacionada con la escasez de leyes, en el mundo adquir&iacute;a &mdash;gracias a la Ilustraci&oacute;n&mdash; cada vez m&aacute;s importancia el movimiento codificador del derecho, cuyos pioneros fueron el c&eacute;lebre C&oacute;digo Penal b&aacute;varo de 1751 (modificado por el C&oacute;digo Penal b&aacute;varo de 1813), seguido por el c&oacute;digo austriaco de 1787, el C&oacute;digo Penal prusiano de 1851 y el C&oacute;digo Penal de Napole&oacute;n, expedido en el a&ntilde;o 1810 y modificado sucesivamente a partir de 1832, ampliamente reproducido y difundido en pa&iacute;ses europeos, como es el caso de Rumania (cuyo C&oacute;digo era del a&ntilde;o 1864) y M&oacute;naco. </p>     <p>El movimiento de la Ilustraci&oacute;n quiso dejar plasmado en codificaciones todo su pensamiento, por lo que no es casual que la segunda mitad del siglo XIX resulte especialmente prolija en la expedici&oacute;n de c&oacute;digos penales a lo largo del planeta. Prueba de ello son los siguientes ejemplos: el C&oacute;digo Penal belga de 1867, el C&oacute;digo holand&eacute;s de 1881, el C&oacute;digo suizo de 1853, el C&oacute;digo de San Marino de 1865, el C&oacute;digo Penal espa&ntilde;ol de 1870, el C&oacute;digo Penal portugu&eacute;s de 1886, el C&oacute;digo Penal alem&aacute;n de 1872, el C&oacute;digo austriaco de 1852, el C&oacute;digo de Hungr&iacute;a de 1878, el C&oacute;digo finland&eacute;s de 1889, el C&oacute;digo sueco de 1864, el C&oacute;digo dan&eacute;s de 1886, el C&oacute;digo de Islandia de 1869, el C&oacute;digo b&uacute;lgaro de 1896, y el turco de 1858. </p>     <p>En el caso de Am&eacute;rica, ejemplos de ello son el C&oacute;digo colombiano de 1890, el C&oacute;digo Penal mejicano de 1871 (que contaba con la no despreciable cantidad de 1.151 art&iacute;culos), el C&oacute;digo de Nicaragua de 1872 modificado en 1891, el de Honduras de 1880, el de Costa Rica del mismo a&ntilde;o, el de Guatemala de 1889, el de El Salvador de 1881, el de Santo Domingo de 1884, el C&oacute;digo Penal de Venezuela de 1897, el C&oacute;digo Penal del Ecuador de 1890, el C&oacute;digo chileno de 1875, el C&oacute;digo Penal peruano de 1862, el C&oacute;digo del Brasil de 1890, el C&oacute;digo uruguayo de 1889, el C&oacute;digo paraguayo de 1880 y el C&oacute;digo Penal argentino de 1887; en el caso de Asia tenemos como ejemplo el C&oacute;digo Penal japon&eacute;s de 1880, y en el caso de &Aacute;frica, el Congo se reg&iacute;a por el C&oacute;digo del a&ntilde;o 1886, en Sud&aacute;n se aplic&oacute; el C&oacute;digo Penal del a&ntilde;o 1899; en Australia tenemos como ejemplos el C&oacute;digo de Nueva Gales del Sur del a&ntilde;o 1883, y el C&oacute;digo Penal de Nueva Zelanda de 1893. </p>      <p>La historia del C&oacute;digo Penal colombiano se inicia con el gobierno del general Francisco de Paula Santander, quien fij&oacute; como meta de su mandato la expedici&oacute;n de un C&oacute;digo Penal para la Rep&uacute;blica de Colombia. La doctrina se&ntilde;ala que el proyecto fue presentado a su consideraci&oacute;n hacia 1836, pero gracias al esp&iacute;ritu perfeccionista del entonces presidente, as&iacute; como a su conocimiento en materia de derecho criminal, el C&oacute;digo no vio la luz sino hasta el siguiente periodo presidencial. </p>     <p>El 27 de junio de 1837<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> el ejecutivo, constituido para entonces por Jos&eacute; Ignacio de M&aacute;rquez como presidente de la Rep&uacute;blica y Lino de Pombo como secretario del Interior y Relaciones Exteriores, sanciona el proyecto de ley de C&oacute;digo Penal que en el Congreso hab&iacute;a sido firmado por el presidente del Senado, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Gori y el de la C&aacute;mara de Representantes, Judas Tadeo Land&iacute;nez, produci&eacute;ndose as&iacute; la expedici&oacute;n del primer C&oacute;digo Penal de la Rep&uacute;blica de Colombia. Como influencias de esta ley se citan el C&oacute;digo Penal franc&eacute;s de 1832, el C&oacute;digo Penal espa&ntilde;ol para entonces vigente en la madre patria, y el proyecto elaborado por el jurista M&aacute;rquez, adicionado con las observaciones presentadas por el general Santander y el jurista Lino de Pombo. </p>      <p>La Constituci&oacute;n de 1858 modific&oacute; el nombre de la Rep&uacute;blica, que en adelante se conocer&iacute;a como la Confederaci&oacute;n Granadina, y representa el paso definitivo hacia el modelo federal que ya se ven&iacute;a gestando en nuestro sistema pol&iacute;tico, reiterado en la Constituci&oacute;n de 1863 o Constituci&oacute;n de Rionegro, en la que nuestro pa&iacute;s asume la denominaci&oacute;n de Estados Unidos de Colombia, con un sistema federal. </p>     <p>Como consecuencia de la adopci&oacute;n de tal sistema pol&iacute;tico, cada Estado miembro de la federaci&oacute;n tuvo competencia para expedir sus propias leyes penales, y as&iacute; fue sucediendo paulatinamente, siendo el ejemplo  m&aacute;s conocido el C&oacute;digo Penal del Estado Soberano de Cundinamarca, del a&ntilde;o 1858 (expedido mediante la Ley del 16 de octubre de 1858 y en el que se reproduc&iacute;a el C&oacute;digo Colombiano del a&ntilde;o 1837) que a su vez, mediante la Ley 112 del 26 de junio de 1873 se convirti&oacute; en el C&oacute;digo Penal para los Estados Unidos de Colombia y, posteriormente, mediante la Ley 57 de 1887 se adopt&oacute; como C&oacute;digo Penal de la Rep&uacute;blica de Colombia. </p>      <p><B><I>1.2 Su expedici&oacute;n </I></b></p>      <p>La Ley 23 de 1886 estableci&oacute; la creaci&oacute;n de una comisi&oacute;n encargada de preparar un proyecto de C&oacute;digo Penal que enmendara los errores y llenara los vac&iacute;os de la ley hasta entonces vigente, siendo &eacute;sta conformada por los juristas Demetrio Porras, Clodomiro Tejada, Luis Carlos Rico y Juan Pablo Restrepo, consejeros de Estado, cuyos trabajos se iniciaron en enero de 1887. Como lo se&ntilde;ala la exposici&oacute;n de motivos presentada por Porras, promulgada la Constituci&oacute;n de 1886 se hab&iacute;a tornado imperativa la revisi&oacute;n de la legislaci&oacute;n hasta entonces vigente, a fin de que se incorporaran dentro del nuevo estatuto las enmiendas "aconsejadas por la ciencia y reclamadas por las nuevas instituciones".<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> Adem&aacute;s, se mencionaba que el C&oacute;digo vigente para entonces &ndash;el del Estado Soberano de Cundinamarca de 1858&ndash; no se compadec&iacute;a con la forma de Estado adoptada por la nueva Constituci&oacute;n, como lo era la del Estado unitario, sin perjuicio de su atraso frente a la evoluci&oacute;n de la ciencia. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El consejero Porras adelanta la mayor parte del proyecto; su muerte se produce cuando ya hab&iacute;a desarrollado la parte general del C&oacute;digo, reconociendo la influencia de los C&oacute;digos de Alemania, B&eacute;lgica, Holanda, Portugal, Hungr&iacute;a, Luxemburgo, los Pa&iacute;ses Bajos, M&eacute;xico, Chile y Brasil, y dejando en claro el influjo que tiene dentro de esta obra el famoso proyecto presentado al parlamento en Italia por el entonces ministro Zanardelli &ndash;C&oacute;digo Zanardelli&ndash;<I>, </I>respecto del cual conviene realizar algunas notas. </p>      <p>Una vez se produce la unificaci&oacute;n italiana, en dicho pa&iacute;s reg&iacute;a el C&oacute;digo sardo, modificado para las provincias meridionales, y el C&oacute;digo Penal toscano. Sin embargo, surgi&oacute; la necesidad de contar con un estatuto que cimentara la naciente unidad nacional. As&iacute;, desde 1868 comienzan a presentarse los proyectos encaminados en este sentido; en 1883, el entonces ministro Zanardelli presenta su primer proyecto, y luego, el 22 de noviembre de 1887, presenta el C&oacute;digo Penal para Italia mediante la expedici&oacute;n del Real Decreto 6133 del 30 de junio de 1889, previa autorizaci&oacute;n para el efecto otorgada por la Ley 22 de noviembre de 1888, que facult&oacute; al gobierno para publicar el texto aprobado por esa ley, y cuya entrada en vigencia se produjo el 1&ordm; de enero de 1890. </p>      <p>Regresando al caso colombiano, fallecido Demetrio Porras el Consejo de Estado encomienda la redacci&oacute;n<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> del C&oacute;digo a Juan Pablo Restrepo, quien dej&oacute; de lado la propuesta formulada por aqu&eacute;l y present&oacute; un proyecto que era un traslado literal del C&oacute;digo que se adopt&oacute; para el Estado de Cundinamarca en el a&ntilde;o 1858, que a su vez hab&iacute;a reproducido los preceptos del primer C&oacute;digo que rigi&oacute; en el pa&iacute;s.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> El proyecto presentado por Restrepo se convirti&oacute; en la Ley 19 del 18 de octubre de 1890, C&oacute;digo Penal del mismo a&ntilde;o. </p>      <p><B><I><font size="3">2. CONTEXTO FILOS&Oacute;FICO</font></I></b></p>     <p><I><b>2.1 La filosof&iacute;a penal de la Ilustraci&oacute;n</b></I></p>     <p>El C&oacute;digo Penal colombiano de 1890 &ndash;reproducci&oacute;n del C&oacute;digo Penal de 1837&ndash; responde a la corriente filos&oacute;fica conocida como <I>la propuesta ilustrada del derecho penal</I>, que representa un cambio de paradigma frente a lo que era el derecho penal autoritario, su antecesor.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> El punto de partida lo representa un nuevo entendimiento del Estado, que pierde su car&aacute;cter metaf&iacute;sico que lo acompa&ntilde;&oacute; en &eacute;pocas pret&eacute;ritas, y pasa a ser concebido como un ente abstracto resultante de la suma de las voluntades de los individuos &ndash;centro de esta nueva ideolog&iacute;a&ndash;, que en su favor ceden una porci&oacute;n de sus derechos a cambio de la protecci&oacute;n que este ente abstracto les proporciona. </p>      <p>A este nuevo entendimiento del Estado debe adicionarse el advenimiento de la filosof&iacute;a racionalista propia de la Ilustraci&oacute;n, caracterizada por la noci&oacute;n del individuo como ser racional, capaz de acceder al conocimiento gracias al empleo de la raz&oacute;n, y el consecuente replanteamiento de todas las instituciones de la vida social que ser&aacute;n explicados ya no en t&eacute;rminos religiosos, sino racionales. </p>     <p>Lo anterior genera &ndash;como resultado m&aacute;s importante para los efectos del presente estudio&ndash; la secularizaci&oacute;n<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> del poder punitivo en contra del car&aacute;cter religioso y autoritario que anteriormente el mismo ostentaba,<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> produciendo las siguientes consecuencias en el sistema criminal: </p> <ol type="a">    <li>Al producirse una separaci&oacute;n entre delito y moral<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> se modifica el fundamento de la sanci&oacute;n criminal. El delito no ser&aacute; entendido en adelante como un acto pecaminoso, sino que se reafirma la necesidad de la nocividad del comportamiento. As&iacute; entonces, el delito ser&aacute; aquella conducta que interfiera en la &oacute;rbita de acci&oacute;n de otro ciudadano<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> y no simplemente un acto pecaminoso. </li>     <li>La funci&oacute;n de la pena deja de ser la expiaci&oacute;n del delincuente, y encontrar&aacute; su finalidad en la necesidad de prevenir los delitos. Surge entonces el denominado principio de proporcionalidad de las sanciones, en tanto que si lo que se busca es prevenir el delito, la pena debe ser ajustada a la conducta que se endilga al  procesado. Por el contrario, si las penas son excesivamente altas, ello podr&aacute; incentivar a la comisi&oacute;n de delitos m&aacute;s graves, pues si el delincuente recibe la misma sanci&oacute;n cuando comete uno de tales reatos, que uno menos grave, no habr&aacute; suficiente motivaci&oacute;n para que se abstenga de cometer el m&aacute;s grave.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>El principio de legalidad represent&oacute; un gran avance para el derecho penal, e igualmente es fruto del pensamiento liberal de la ilustraci&oacute;n. As&iacute;, si el legislador es el leg&iacute;timo representante de los intereses de los ciudadanos, solamente &eacute;l, en su car&aacute;cter de tal, es quien puede determinar, con claridad y precisi&oacute;n, las conductas que se considerar&aacute;n nocivas y se&ntilde;alar la respectiva sanci&oacute;n para los mismos, que a su vez debe ser aplicada por el juez que, al no ostentar la representaci&oacute;n del pueblo, se debe limitar a aplicar la ley sin que pueda interpretarla.</li>    </ol>     <p>A manera de conclusi&oacute;n dentro de este primer aparte podemos se&ntilde;alar que gracias al cambio que la ideolog&iacute;a de la ilustraci&oacute;n produjo en el entendimiento del derecho penal, se generaron unas consecuencias en el entendimiento del delito, tales como la necesidad de consagraci&oacute;n legal de las conductas delictivas, y la exigencia de nocividad de la conducta para que sea viable su represi&oacute;n por la v&iacute;a del derecho criminal. </p>      <p><B><I>2.2 La Escuela Cl&aacute;sica italiana </I></b></p>      <p>La Escuela Cl&aacute;sica italiana agrup&oacute; los principales pensadores que abogaron por un nuevo derecho penal, replanteando las relaciones entre &eacute;ste y el modelo de Estado, y cuestionando tanto su legitimidad como su funci&oacute;n dentro de la sociedad. Heredera de la obra de Beccaria, esta nueva escuela parte igualmente de un fin: los intentos por limitar la &ndash;hasta entonces&ndash; omnipotente potestad estatal que, a su vez, se verifica en la creaci&oacute;n de un esquema del delito que se compadece con ella. </p>      <p>As&iacute;, aplicando el m&eacute;todo deductivo, se parte de que el delito es un ente jur&iacute;dico, en tanto que su esencia radica en la violaci&oacute;n de un derecho.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> Se afirma igualmente por los cultores de esta escuela la necesidad de nocividad de la conducta, siendo el da&ntilde;o un elemento necesario pero no suficiente para que podamos hablar de la presencia de un reato, y aparece la necesidad de la concurrencia de un acto externo,<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> con lo cual hace aparici&oacute;n el principio del acto, necesario pero no suficiente, en tanto que se requiere igualmente el elemento moral. </p>      <p>As&iacute;, se parte de la base de que el hombre es libre &ndash;lo cual es igualmente fruto de la ideolog&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n&ndash; y por ende, el fundamento de la responsabilidad se encuentra en el denominado <I>libre albedr&iacute;o,</I><sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> es decir, la posibilidad que tiene el hombre, en cuanto ser racional, de optar por el bien o por el mal. La pena cumplir&aacute; la funci&oacute;n de restablecer el orden que ha sido quebrantado con la conducta criminal.<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup></p>      <p>Como consecuencias de la dogm&aacute;tica de los anteriores postulados tenemos las siguientes: </p> <ol type="a">    <li>Se reitera la necesidad del car&aacute;cter lesivo de la conducta, elemento que si bien ser&aacute; necesario, no ser&aacute; suficiente.</li>     <li>El delito es la resultante de fuerzas morales y fuerzas ps&iacute;quicas, que deben ser consideradas en su causa y en su efecto.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol> <ul>    <li>Fuerzas morales en su causa. Se refiere al libre albedr&iacute;o, es decir, el delito debe provenir de una voluntad libre, inteligente y sana.</li>     <li>Fuerzas morales en su efecto. Se refiere al temor que se genera para los buenos y el mal ejemplo para los malvados.</li>     <li>Fuerza f&iacute;sica en su causa. Es el comportamiento f&iacute;sico del hombre.</li>     <li>Fuerza f&iacute;sica en su efecto. Es el mal que se ocasiona con el delito.</li>    </ul>      <p><I><b>2.3 La decadencia de la escuela cl&aacute;sica y el advenimiento de la escuela positivista</b></I></p>      <p>La crisis del Estado liberal fundamentado en las famosas doctrinas del <I>dejar hacer, dejar pasar,</I> y de la acumulaci&oacute;n de capitales, desemboc&oacute; en la crisis de los a&ntilde;os veinte y el consecuente advenimiento del Estado intervencionista.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> Este nuevo modelo de Estado se refleja en la dogm&aacute;tica penal, con el surgimiento en Italia de la ideolog&iacute;a de la defensa social<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> y la Escuela Positivista como reacci&oacute;n a la Escuela Cl&aacute;sica. </p>      <p>El fin del derecho penal dentro de estas concepciones es el de prevenir el crimen. As&iacute; entonces, se reitera la funci&oacute;n preventiva de la pena, a cambio de la retribuci&oacute;n sostenida durante la &eacute;poca del Estado autoritario, en tanto que la misma no debe solamente retribuir, sino que adem&aacute;s es necesario que se resocialice al delincuente.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>      <p>Partiendo de la ideolog&iacute;a de la defensa social, y del entendimiento del delincuente como un ser anormal<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> &mdash;en todo caso perteneciente a una minor&iacute;a desviada&mdash; los seguidores de la escuela positivista aplican el m&eacute;todo inductivo para, a partir del estudio cient&iacute;fico realizado en delincuentes, extraer las caracter&iacute;sticas del hombre desviado a quien se debe imponer una sanci&oacute;n tendiente a su curaci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Igualmente, los cultores de esta corriente de pensamiento abordaron la cuesti&oacute;n de la legitimidad de la respuesta penal en cabeza del Estado<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> se&ntilde;alando que &eacute;ste, como representante de la sociedad, era el legitimado para reprimir la criminalidad por medio de las instancias oficiales de control social, obrando en nombre de una mayor&iacute;a no desviada en aras de la reafirmaci&oacute;n de los valores sociales.<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup></p>      <p>Establecido el fin &mdash;la defensa social&mdash; los pensadores de la Escuela Cl&aacute;sica se&ntilde;alan que lo importante a los efectos de determinar el <I>quantum</I> de la sanci&oacute;n es la peligrosidad del sujeto desviado, con lo que desaparece la importancia de las ideas de la proporcionalidad &mdash;entendida como la relaci&oacute;n que debe existir entre el da&ntilde;o cometido y la sanci&oacute;n aplicable&mdash; y de lo lesivo, pues el elemento subjetivo pasa a ser necesario y, a diferencia de lo que acontec&iacute;a con la Escuela Cl&aacute;sica, suficiente. </p>      <p>A partir de lo anterior, y como consecuencias dogm&aacute;ticas, se permite entonces la punici&oacute;n de la tentativa no id&oacute;nea y del delito imposible; as&iacute; mismo, surgen las instituciones<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> de la condena de ejecuci&oacute;n condicional, la libertad condicional y el perd&oacute;n judicial. </p>      <p><B><I><font size="3">3. PRINCIPIOS NORMATIVOS E INSTITUCIONES DOGM&Aacute;TICAS EN EL C&Oacute;DIGO DE 1890</font></I></b></p>     <p><I><b>3.1 Principios normativos</b></I></p>     <p><I><b>3.1.1 El concepto del delito</b></I></p>     <p>Tanto el C&oacute;digo Penal de 1837, como el de Cundinamarca y el de los Estados Unidos de Colombia de 1873, definen el delito como <I>la voluntaria y maliciosa violaci&oacute;n de la ley, por la cual se incurre en alguna pena.</I><sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup></p>      <p>Por su parte, el proyecto Porras defin&iacute;a el delito de la siguiente manera: </p>      <p>Art. 1&ordm;. Es delito o falta toda acci&oacute;n voluntaria, por disposici&oacute;n expresa de la ley, seg&uacute;n su naturaleza. </p>     <p>Las acciones u omisiones penadas por la ley se reputan siempre ejecutadas con malicia o culpabilidad imputable, a no ser que conste </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>o se pruebe lo contrario. </p>     <p>Para fundamentar su definici&oacute;n Porras se&ntilde;al&oacute;, entre otras cosas, las siguientes: </p> <ol type="1">    <li>La definici&oacute;n legal del delito implica un reconocimiento por parte del poder p&uacute;blico de la existencia de limitaciones a su actuar y del car&aacute;cter lesivo de determinados comportamientos en cuanto se trata de acciones valoradas como perturbadoras del orden p&uacute;blico<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>.</li>     <li>El delito es la infracci&oacute;n de un deber que presupone la lesi&oacute;n de un derecho individual o colectivo.</li>     <li>La ingratitud y la dilapidaci&oacute;n del caudal propio constituyen ejemplos de la distinci&oacute;n entre acci&oacute;n moralmente reprochable y delito.</li>     <li>El il&iacute;cito penal tiene por objeto la infracci&oacute;n de la ley, y como sujeto al hombre que obrando libremente la ha infringido.</li>     <li>Como manifestaci&oacute;n del hombre, el delito cuenta con un fen&oacute;meno psicol&oacute;gico y con una modificaci&oacute;n del mundo exterior perceptible por los sentidos. A su vez, el delito cuenta con dos fuerzas, una f&iacute;sica y una moral. La fuerza f&iacute;sica es la del movimiento <I>de la actividad humana que la voluntad ha determinado ejecutando la acci&oacute;n o dejando de hacer lo que la ley prescribe,</I> y la fuerza moral <I>es la que manifiesta el hecho cumplido</I>, siendo necesario que concurran la inteligencia y la libertad relacionadas con el conocimiento de los efectos que se producen de las acciones humanas y la facultad de obrar en un determinado sentido o con <I>intenci&oacute;n determinada. </I></li>    </ol>      <p>El C&oacute;digo de 1890, en su art&iacute;culo primero, defin&iacute;a el delito de la siguiente manera: </p>     <p>Art. 1&ordm;. El delito es la voluntaria y maliciosa violaci&oacute;n de la ley, por la cual se incurre en alguna pena. En sentido m&aacute;s lato, la palabra delito se extiende a todo acto u omisi&oacute;n que apareje pena al responsable, y entonces comprende las culpas, las tentativas, las conjuraciones y las propuestas para delinquir. El contexto de cada disposici&oacute;n sirve para indicar el sentido en que debe tomarse dicha palabra. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I><b>3.1.2 El conocimiento de la ley</b></I></p>      <p>El C&oacute;digo Penal de 1837,<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> en su art&iacute;culo 93, establec&iacute;a que los destinatarios de la ley penal colombiana ser&iacute;an castigados conforme al C&oacute;digo <I>sin que sirva de disculpa la ignorancia de lo que en &eacute;l se prescribe</I>. </p>      <p>Demetrio Porras, conocedor de la doctrina penal imperante para entonces, en la que se iniciaba la distinci&oacute;n entre errores de hecho y de derecho para excluir la punibilidad en aqu&eacute;llos, plasm&oacute; en su propuesta tal aporte doctrinal. As&iacute;, el art&iacute;culo 24 de su proyecto establec&iacute;a que <I>la ignorancia de la ley no excluye ni disminuye la imputabilidad. La ignorancia de un estado de hecho del cual dependen la punibilidad de la acci&oacute;n o la agravaci&oacute;n de la pena, excluye o disminuye la imputabilidad del agente. Si la ignorancia es imputable, debe responder de delito o de falta en los casos en que la ley castiga el delito o la simple falta. </I></p>     <p>El C&oacute;digo de 1890, en su art&iacute;culo 20, retorna a la f&oacute;rmula contenida en el C&oacute;digo de 1837 para se&ntilde;alar que "...&#91;S&#93;er&aacute;n castigados conforme a este C&oacute;digo, sin que sirva de disculpa la ignorancia de lo que &eacute;l prescribe..."<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></p>      <p><I><b>3.1.3 Principio de legalidad </b></I></p>      <p>El principio de legalidad se encontraba contenido en el art&iacute;culo 167 de la Constituci&oacute;n de 1821, y lo consagraron sucesivamente el art&iacute;culo 4&ordm; del C&oacute;digo de 1837, as&iacute; como el C&oacute;digo de Cundinamarca y el de los Estados Unidos de Colombia, se&ntilde;alando que <I>ning&uacute;n delito o culpa pueden ser castigados con penas que no hayan sido se&ntilde;aladas por una ley publicada antes de su perpetraci&oacute;n. </I></p>      <p>El proyecto Porras consagraba en su art&iacute;culo 14 el principio de legalidad en t&eacute;rminos m&aacute;s amplios que los anteriores, en tanto que no lo limita al aspecto de la punibilidad, sino que lo ampl&iacute;a a la conducta, entendida como acci&oacute;n u omisi&oacute;n.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>     <p>El C&oacute;digo Penal de 1890 restring&iacute;a el principio de legalidad a la pena cuando se&ntilde;alaba en su art&iacute;culo 12: "Para que pueda aplicarse una pena, por cualquier hecho u omisi&oacute;n, es preciso que haya sido se&ntilde;alada por ley preexistente". </p>     <p><I><b>3.2 Instituciones dogm&aacute;ticas</b></I></p>     <p><I><b>3.2.1 La tentativa</b></I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El C&oacute;digo Penal de 1837 se ocupaba del conato criminal en los art&iacute;culos 11 y siguientes. El art&iacute;culo 11 del mencionado estatuto defin&iacute;a la tentativa de un delito como <I>el designio de cometerlo manifestado por alg&uacute;n acto exterior que prepare la ejecuci&oacute;n del delito o d&eacute; principio a ella. </I></p>      <p>La graduaci&oacute;n punitiva se establec&iacute;a en los art&iacute;culos siguientes (12, 13 y 14). El art&iacute;culo 12 del mencionado estatuto establec&iacute;a que cuando la tentativa no se hubiere suspendido o dejado de tener efecto sino por circunstancias fortuitas e independientes de la voluntad del autor, se castigaba con pena no menor de la mitad, ni superior de las dos terceras partes de la se&ntilde;alada para el delito consumado. </p>     <p>Por su parte, el art&iacute;culo 13 establec&iacute;a que la tentativa cuya ejecuci&oacute;n aunque empezada o preparada se hubiere, antes de su descubrimiento suspendido o dejado de consumar por arrepentimiento o voluntario desistimiento del que o de los que intentaban cometerlo, no se castigaba salvo que se tratara de un acto penado por la ley. Por &uacute;ltimo, el art&iacute;culo 14 establec&iacute;a que si el acto que se hubiere cometido para preparar o principiar la ejecuci&oacute;n de un delito tuviere se&ntilde;alada alguna pena, &eacute;sta se aplicar&iacute;a en todo caso. </p>     <p>En el art&iacute;culo 9&ordm; el proyecto Porras distingu&iacute;a entre:</p> <ol type="a">    <li>Delito consumado.</li>     <li>Delito frustrado: se produce cuando los actos ejecutados por el culpable con el intento de cometer el delito, puedan haber sido por su naturaleza suficientes para producirlo, y sin embargo no lo producen por causas o accidentes independientes de su voluntad (art&iacute;culo 10&deg;).</li>     <li>Tentativa: se produce en los siguientes eventos (art&iacute;culo 11).</li> - El agente con el prop&oacute;sito de cometer el delito da principio a los actos exteriores de ejecuci&oacute;n necesarios para producirla y no los realiza todos por causa o accidente que no sea de su propio y espont&aacute;neo desistimiento.    <br> - Cuando el agente realiza todos los actos que a su juicio son necesarios para la consumaci&oacute;n, y la misma no se produce por cuanto los actos son ineficaces por su naturaleza para producirlo.    </ol>     <p>En el caso del desistimiento, el proyecto Porras dispon&iacute;a que cuando se diera comienzo a la conducta mediante actos exteriores y se produjera el desistimiento <I>propio y espont&aacute;neo</I>, no habr&aacute; lugar a sanci&oacute;n salvo que los actos ejecutados constituyan infracciones penales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la exposici&oacute;n de motivos, Porras sostuvo que las condiciones para que haya tentativa son: </p> <ol type="1">    <li>Intenci&oacute;n <I>depravada</I> en el agente dirigida a cometer determinado delito.</li>     <li>Que haya comenzado la ejecuci&oacute;n del mismo.</li>     <li>Que no se hayan realizado todos los actos necesarios para la consumaci&oacute;n.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup></li>     <li>Que la ejecuci&oacute;n se haya suspendido por circunstancias fortuitas o independientes de la voluntad del agente.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup></li>    </ol>      <p>El C&oacute;digo Penal de 1890 distingu&iacute;a entre delito frustrado y tentativa de delito. En el art&iacute;culo 4&ordm; se defin&iacute;a el delito frustrado de la siguiente manera: </p>      <p>Art. 4&ordm;. Hay delito frustrado, cuando los actos ejecutados por el culpado, con el intento de cometerle, son, por su naturaleza, suficientes para producirlo, y sin embargo, no lo producen por causas o accidentes independientes de su voluntad. </p>     <p>En cuanto a la pena para el delito frustrado se establec&iacute;a que era punible en todo caso, y se le asignaba una pena correspondiente a las dos terceras partes de la se&ntilde;alada para el delito consumado (art&iacute;culo 7&ordm;). </p>     <p>Para la tentativa se establec&iacute;a la siguiente definici&oacute;n: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Art. 5&ordm;. La tentativa de un delito es el designio de cometerlo, manifestado por alg&uacute;n acto exterior que prepare la ejecuci&oacute;n del delito  o d&eacute; principio a ella, sin llegar a constituir delito frustrado. </p>      <p>La tentativa no se penaba en el caso de desistimiento voluntario o manifiesto, siendo penado en cualquier otro evento con una sanci&oacute;n que no fuera inferior a la cuarta parte ni superior a las dos terceras partes de la que correspondiera al delito consumado (art&iacute;culo 8&ordm;). </p>      <p><I><b>3.2.2 Autor&iacute;a y participaci&oacute;n</b></I></p>      <p>El C&oacute;digo Penal de 1837, reproducido literalmente en este aspecto por el C&oacute;digo Penal de 1890, dispon&iacute;a lo siguiente en torno a la participaci&oacute;n criminal. </p>      <p>1. Son sujetos de sanci&oacute;n criminal (art&iacute;culo 95):</p> <ol type="a">    <li>Los autores del delito </li>     <li>Los c&oacute;mplices</li>     <li>Los auxiliadores</li>     <li>Los encubridores</li>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Son autores del delito (art&iacute;culo 96):</p> <ol type="a">    <li>Los que lo cometen espont&aacute;neamente.</li>     <li>Los que, obrando a sabiendas hacen que otro lo cometa &ndash;siendo necesario que el delito efectivamente se cometa&ndash; contra su voluntad, mediante cualquiera de las siguientes formas:</li> <ol type="i">    <li>D&aacute;ndole alguna orden de las que legalmente est&aacute; obligado a obedecer y ejecutar.</li>     <li>Forz&aacute;ndolo con violencia.</li>     <li>Priv&aacute;ndolo del uso de la raz&oacute;n.</li>     <li>Abusando de quien no dispone de raz&oacute;n.</li>    </ol>     <p>3. Son c&oacute;mplices del delito (art&iacute;culo 97), y reciben como pena las dos terceras partes de la establecida para los autores (art&iacute;culo 100):</p> <ol type="a">    <li>Quienes espont&aacute;neamente y a sabiendas cooperan en la ejecuci&oacute;n del delito en el acto de cometerlo, suministran o proporcionan espont&aacute;neamente las armas, instrumentos o medios para ejecutarlo, sabiendo que han de servir para este objeto.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Quienes a sabiendas y espont&aacute;neamente, por sus discursos, sugestiones, consejos o instrucciones provocan o incitan directamente a cometer el delito o ense&ntilde;an o facilitan los medios de ejecutarlo, siempre que efectivamente se cometa el delito como resultado de tales discursos, sugestiones, consejos o instrucciones.</li>     <li>Quienes a sabiendas y espont&aacute;neamente, por soborno o cohecho, con d&aacute;divas o promesas o con &oacute;rdenes o amenazas, o por medio de artificios culpables, hacen cometer un delito que de otra manera no se cometer&iacute;a.</li>    </ol>     <p>4. Son auxiliares o factores del delito (art&iacute;culo 98) y se sancionan con una pena no inferior a la mitad, ni superior a las dos terceras partes de la pena (art&iacute;culo 100):</p> <ol type="a">    <li>Los que espont&aacute;neamente o a sabiendas conciertan de consumo la ejecuci&oacute;n de un delito que llega a tener efecto, pero que no cooperan ni ayudan a su perpetraci&oacute;n en el acto de cometerlo, ni lo causan por ninguno de los medios expresados para el caso de la complicidad.</li>      <li>Los que sin concierto previo, pero sabiendo que se va a cometer un delito, sin ayudar ni cooperar para su ejecuci&oacute;n, acompa&ntilde;an en ella espont&aacute;neamente al que lo comete, o se aprovechan con el reo principal de las consecuencias del delito.</li>     <li>Los que habiendo ordenado, aconsejado, ense&ntilde;ado o facilitado espont&aacute;neamente y a sabiendas de la ejecuci&oacute;n de un delito, sobornado, amenazado o provocado para ello, no causan en efecto aquel delito, sino que resulta otro mayor o diferente del todo, por exceso o por voluntad del ejecutor.</li>     <li>Los que espont&aacute;neamente y a sabiendas, por sus discursos, sugestiones, consejos, instrucciones, &oacute;rdenes, amenazas u otros artificios culpables, aunque no provoquen directamente a cometer el delito, contribuyen a que se cometa.</li>     <li>Los que espont&aacute;neamente conciertan con alguno de los reos principales o c&oacute;mplices, antes de cometerse el delito, que receptar&aacute;n u ocultar&aacute;n la persona de alguno de ellos, o las armas, instrumentos o utensilios de ejecuci&oacute;n, o alguno de los efectos en que consiste el delito, o que los comprar&aacute;n, expender&aacute;n o distribuir&aacute;n en todo o en parte.</li>     <li>Los que espont&aacute;neamente y a sabiendas sirvan de esp&iacute;as  o centinelas, o resguarden a los delincuentes para la ejecuci&oacute;n de un delito, o le presten para ello alg&uacute;n abrigo, noticia o auxilio sin incurrir en los casos de la complicidad, o les faciliten medios de reunirse, o les ofrezcan antes de la ejecuci&oacute;n, y con conocimiento del delito que se va a cometer, protecci&oacute;n o defensa.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>5. Son encubridores (art&iacute;culo 99) y se sancionan con una pena no inferior a la cuarta parte ni superior a la mitad de la pena que corresponde al autor (art&iacute;culo 100):</p> <ol type="a">    <li>Los que espont&aacute;neamente sin concierto ni conocimiento anterior a la perpetraci&oacute;n del delito receptan o encubren despu&eacute;s la persona de alguno o algunos de los autores, c&oacute;mplices o auxiliadores, o los protegen o defienden, o les dan auxilio y noticias para que se precavan o frag&uuml;en, u ocultan alguna de sus armas, o alguno de los instrumentos o utensilios con que se cometi&oacute; el delito, o alguno de los efectos en que &eacute;ste consist&iacute;a, o compran, expenden o distribuyen alguno de dichos efectos, sabiendo que aquellas armas, instrumentos o utensilios han servido para el delito, o que de &eacute;l han provenido aquellos efectos.</li>     <li>Los que espont&aacute;neamente, aunque sin conocimiento de determinado delito que se haya cometido, acogen, receptan, protegen o encubren a los malhechores sabiendo que lo son, o les facilitan lugar de reuni&oacute;n o seguridad, u ocultan sus armas, o les suministran auxilios y noticias para que se precavan de ser aprehendidos.</li>     <li>Los que sabiendo que se va a cometer un delito, y pudiendo avisarlo, no lo avisan a las autoridades p&uacute;blicas con la oportunidad suficiente para que puedan impedirlo.</li>    </ol>    </ol>     <p>El C&oacute;digo, en el art&iacute;culo 109, establec&iacute;a un eximente en el caso de los encubridores de sus ascendientes o descendientes en l&iacute;nea recta  o de sus maridos o mujeres, o parientes dentro del cuarto grado civil de consanguinidad o segundo de afinidad salvo cuando ocultaren los efectos de la conducta para aprovecharse de ellos, o los compraren, expendieren o distribuyeren. </p>      <p>Si bien se establec&iacute;a un concepto restrictivo de autor, en la parte especial se equiparaban, en determinados eventos, los autores a los part&iacute;cipes. Como puede apreciarse, el C&oacute;digo para entonces vigente es extremadamente casu&iacute;stico y antit&eacute;cnico, algo propio de su &eacute;poca, lo generaba problemas de aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica. </p>     <p>Por el contrario, el proyecto Porras era mucho m&aacute;s coherente, estableciendo la distinci&oacute;n entre autores y c&oacute;mplices. Determinaba claramente el principio de responsabilidad individual, pero estableciendo la suspensi&oacute;n de funciones para los eventos en que el delito fuera cometido por una persona jur&iacute;dica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el proyecto Porras se entend&iacute;a por autor la realizaci&oacute;n directa de la acci&oacute;n u omisi&oacute;n, as&iacute; como la autor&iacute;a mediata y la inducci&oacute;n. Para el caso de la complicidad, conten&iacute;a una f&oacute;rmula muy simple y afortunada, en tanto que dentro de tal concepto se inclu&iacute;a a quienes "no hall&aacute;ndose comprendidos en ninguno de los conceptos del art&iacute;culo 30, cooperan a sabiendas por actos anteriores simult&aacute;neos a las acciones u omisiones constitutivas del delito o falta, o proporcionen ocasi&oacute;n, medios o datos que faciliten su ejecuci&oacute;n". </p>      <p><I><b>3.2.3 El aviso a la Corte sobre infracciones no tipificadas</b></I></p>      <p>El C&oacute;digo Penal de 1837 inclu&iacute;a el aviso por parte del juez a la Suprema Corte de Justicia para que &eacute;sta a su vez se lo manifestara al Congreso en aquellos eventos en que se encontrara frente a acciones que parecieran, sin serlo, punibles, con la finalidad de que se legislara al respecto. Si bien el proyecto Porras inclu&iacute;a esta disposici&oacute;n (art&iacute;culo 2&ordm;) la misma no se incluy&oacute; ni en el C&oacute;digo de 1890 ni en las legislaciones posteriores. </p>      <p><I><b>3.2.4 La imputabilidad</b></I></p>      <p>El fundamento de la responsabilidad en la Escuela Cl&aacute;sica est&aacute; constituido por la noci&oacute;n de libre albedr&iacute;o. A consecuencia de ello, los cultores de esta corriente de pensamiento aceptaban la distinci&oacute;n entre imputables e inimputables, siendo s&oacute;lo los primeros sujetos a sanciones de tipo criminal, distinci&oacute;n que es rechazada por la Escuela Positivista  que aboga por la unidad entre imputables e inimputables. </p>      <p>El art&iacute;culo 29 del C&oacute;digo Penal de 1890, consecuente con su inspiraci&oacute;n cl&aacute;sica, establec&iacute;a que son "excusables y no est&aacute;n, por consiguiente sujetos a pena alguna, 1. El que se halle en estado de verdadera demencia o locura al tiempo de cometer la acci&oacute;n, o privado involuntariamente del uso de su raz&oacute;n". </p>     <p><B><I><font size="3">4. LA JURISPRUDENCIA Y LA CONCEPCI&Oacute;N FILOS&Oacute;FICA DEL C&Oacute;DIGO PENAL DE 1890</font></I></b></p>     <p><I><b>4.1 La necesidad del elemento moral</b></I></p>     <p>La doctrina refiere como un hito de la ideolog&iacute;a de esta &eacute;poca la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cartagena el 20 de octubre de 1898<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> en la que afirm&oacute;: </p>     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los elementos esenciales para que un hecho criminoso ejecutado por una persona sea imputable a &eacute;sta como delito, consiste en que ese hecho haya sido ejecutado con libertad y voluntad por parte del agente que lo ejecuta; luego si obr&oacute; sobre el agente una violencia f&iacute;sica o moral que lo priv&oacute; de la libertad, entonces el hecho no es moralmente imputable al agente, no hay hecho criminoso y no puede castig&aacute;rsele. </p></blockquote>      <p>Mediante sentencia del 6 de agosto de 1936, a&uacute;n estando en vigencia el C&oacute;digo Penal de 1890, la Corte Suprema de Justicia, con ponencia de Jos&eacute; Antonio Montalvo sostuvo que "&#91;n&#93;o es responsable el que mata en un acto reflejo producido por un choque nervioso o ... en estado de ofuscaci&oacute;n mental y bajo la presi&oacute;n incontrolable de un impulso". La misma corporaci&oacute;n, en providencia del 11 de febrero de 1897, sostuvo que "&#91;p&#93;ara que haya delito criminal es indispensable voluntad y malicia en la ejecuci&oacute;n del hecho". </p>      <p><B><I>4.2 Otros aspectos </I></b></p>      <p>En torno al error, la sentencia del 15 de octubre de 1898, con ponencia de Baltasar Botero Uribe, se dispuso &mdash;siguiendo a Carrara&mdash; que "&#91;e&#93;l  error en materias jur&iacute;dicas, puede ser de dos clases: de hecho y de derecho. El primero es la noci&oacute;n o creencia equivocada que uno tiene de que una cosa ha sucedido o no ha sucedido; el segundo es la noci&oacute;n equivocada que uno tiene de las disposiciones de la ley". Posteriormente, en sentencia del 16 de julio de 1888 reconoce la improcedencia del error de derecho como exculpante, cuando sostuvo que "&#91;l&#93;a ignorancia de la ley no excusa a los empleados p&uacute;blicos en el desempe&ntilde;o de sus funciones, aunque aleguen no tener voluntad y malicia en su violaci&oacute;n, pues las leyes suponen que el que acepta y desempe&ntilde;a un destino debe saber cu&aacute;les son los deberes que tiene que cumplir". </p>      <p>La Corte Suprema de Justicia, en sentencia del 9 de agosto de 1889, reconoce la necesidad del car&aacute;cter lesivo en la conducta cuando sostuvo que "para calificar las injurias hay que tener en cuenta las ideas y costumbres del lugar en que se hayan irrogado". </p>      <p><B><I><font size="3">5. EL FIN DEL C&Oacute;DIGO PENAL DE 1890 Y EL AUGE DEL POSITIVISMO EN COLOMBIA</font></I></b></p>      <p>Como hemos visto, el proyecto Porras fue elogiado por la comunidad acad&eacute;mica de entonces, pero nunca vio la luz, y el C&oacute;digo Penal que rigi&oacute; a partir de 1890 fue una continuaci&oacute;n del C&oacute;digo de1858 que a su vez era una reproducci&oacute;n del expedido en 1837. As&iacute;, las cr&iacute;ticas no se hicieron esperar y en 1912 Jos&eacute; Vicente Concha present&oacute; un proyecto de C&oacute;digo inspirado &mdash;al igual que el proyecto Porras&mdash; en el proyecto Zanardelli. &Eacute;ste se convirti&oacute; en ley de la Rep&uacute;blica mediante la Ley 109 de 1922; sin embargo, nuca entr&oacute; a regir pues se pens&oacute; que resultaba contrario a las tesis imperantes en Europa, relacionadas con las propuestas de Enrico Ferri, quien para 1921 hab&iacute;a ya presentado en Italia su proyecto de C&oacute;digo Penal. </p>      <p>As&iacute;, mediante la Ley 81 de 1923 se cre&oacute; una comisi&oacute;n para que estudiara las modificaciones al proyecto presentado por Concha, y que estuvo integrada por los juristas Jos&eacute; Antonio Montalvo, Luis Rueda Concha, Parmenio C&aacute;rdenas, Rafael Escall&oacute;n y Valerio Botero, siendo designado como secretario el doctor Miguel Vargas V&aacute;squez. </p>     <p>La referida Ley 81 de 1923 estableci&oacute; una comisi&oacute;n para que se encargara de revisar y reformar el proyecto presentado por Porras, pero sus miembros consideraron que debido a que dicho proyecto era un "calco" del C&oacute;digo italiano, su aplicaci&oacute;n en Colombia hubiera producido trastornos en la administraci&oacute;n de justicia derivados de la defectuosa organizaci&oacute;n judicial, y porque las necesidades de represi&oacute;n para los delitos no son las mismas en todos los pa&iacute;ses, tal y como lo dejan consignado en la nota remisoria de su trabajo al Ministerio de Gobierno. </p>      <p>El proyecto presentado por la comisi&oacute;n creada en 1923 no tuvo mayor &eacute;xito y el gobierno nacional design&oacute;, mediante la Ley 69 de 1926, al penalista italiano Antonino C&oacute;rdova, procurador de Mil&aacute;n, para que como perito en cuestiones de derecho penal "estudiara las penas que deben se&ntilde;alarse, o sea la fijaci&oacute;n clara y pormenorizada de la tarifa de penas". Es decir, la labor encomendada al perito estaba relacionada con la fijaci&oacute;n de las sanciones y, espec&iacute;ficamente, con la parte especial del estatuto. Sin embargo, el procurador de Mil&aacute;n y profesor de derecho penal en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, se&ntilde;al&oacute; &mdash;con acierto&mdash; que su labor conllevar&iacute;a igualmente una revisi&oacute;n de la parte general del estatuto, por lo que termin&oacute; realizando &mdash;en compa&ntilde;&iacute;a del doctor Ernesto Valderrama Ord&oacute;&ntilde;ez como secretario y el estudiante de derecho de la Universidad Nacional y de Carlos de Mendoza como oficial mayor&mdash; una propuesta relacionada tanto con la parte general, como con la parte especial. Como lo advierte la doctrina, la propuesta de C&oacute;rdova implicaba un regreso a las tesis carrarianas, debido a la influencia que sobre su propuesta tuvo el proyecto Concha, lo cual no agrad&oacute; a los acad&eacute;micos nacionales que compart&iacute;an los postulados del positivismo italiano. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El trabajo del profesor C&oacute;rdova no se convirti&oacute; en ley de la Rep&uacute;blica, y mediante la Ley 20 de 1933 se cre&oacute; la comisi&oacute;n que prepar&oacute; el que finalmente ser&iacute;a el C&oacute;digo Penal Colombiano de 1936, promulgado mediante la Ley 95 de dicho a&ntilde;o, el cual rigi&oacute; los destinos de la patria hasta 1980, y que cuenta con una notoria influencia del positivismo jur&iacute;dico-penal.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup></p>      <p>El C&oacute;digo de 1936 tuvo una fuerte influencia del proyecto Ferri, obra del principal exponente de la Escuela Positivista que data de  1921, y que nunca rigi&oacute; en Italia, pues el C&oacute;digo que sustituy&oacute; el estatuto de Zanardelli fue el elaborado por el jurista Arturo Rocco, entr&oacute; a regir en 1931 y a&uacute;n se encuentra vigente en dicho pa&iacute;s, a pesar de haber sido sometido a varias modificaciones parciales. </p>      <p>As&iacute;, en el C&oacute;digo Penal de 1936 la defensa social era el fundamento de la sanci&oacute;n, tomaba la peligrosidad como par&aacute;metro para establecer el <I>quantum </I>de la pena (art&iacute;culos 37 y 38), sancionaba la tentativa no id&oacute;nea y el delito imposible (art&iacute;culo 18) y establec&iacute;a las instituciones de la condena y libertad condicionales, as&iacute; como el perd&oacute;n judicial (art&iacute;culos 80 y ss.). </p> <hr>     <p><b>Notas al Pie</b></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup><I>"M&aacute;s caliente estaba todav&iacute;a el angosto sill&oacute;n de palacio, acabado de dejar por Santander, cuando el doctor M&aacute;rquez sancion&oacute; su C&oacute;digo</I>". Quijano, Arturo A., tesis de grado, Universidad Republicana, Bogot&aacute;, 1898.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>El cambio de Constituci&oacute;n y la necesidad de adaptar la legislaci&oacute;n nacional a las nuevas exigencias cient&iacute;ficas fueron igualmente las justificantes que en su momento se esgrimieron para reformar tanto el C&oacute;digo Penal de 1980 como el C&oacute;digo de Procedimiento Penal de 1991 mediante la expedici&oacute;n de los C&oacute;digos Penal y de Procedimiento Penal del a&ntilde;o 2000, este &uacute;ltimo lamentablemente rigi&oacute; por apenas tres a&ntilde;os debido a la reforma del procedimiento penal adoptada mediante el Acto Legislativo 3 de 2002, que da paso al sistema acusatorio.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Vel&aacute;squez afirma que la labor encomendada a Restrepo fue la de recopilar las normas y no la de crear un nuevo estatuto, lo cual explicar&iacute;a el que su labor no fue propositiva. Cfr. Vel&aacute;squez Vel&aacute;squez, Fernando, <I>Manual de derecho penal, </I>Bogot&aacute;, Temis, 2002, p. 197.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Cancino cita en este aparte una interesante cr&iacute;tica elaborada por el gran jurista colombiano Jos&eacute; Vicente Concha, en el sentido de que el C&oacute;digo Penal de 1890 es una "colcha de retazos" en la que no existe unidad filos&oacute;fica alguna y recoge las incongruencias del C&oacute;digo de 1837. Cancino Moreno, Antonio Jos&eacute;, <I>Instituciones penales colombianas y su evoluci&oacute;n a partir del C&oacute;digo de 1837, </I>en Cancino Moreno, Antonio Jos&eacute;, <I>Obras completas,</I> Bogot&aacute;, D.C., Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 1999.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Grosso Garc&iacute;a encuentra en el nacimiento del principio de legalidad la primera revoluci&oacute;n cient&iacute;fica dentro del derecho penal, en tanto que gracias a este postulado se toma distancia entre la potestad punitiva como un acto de arbitrariedad y se pasa al entendimiento del derecho penal como un acto de racionalidad. Grosso Garc&iacute;a, Manuel Salvador, <I>Dos estudios sobre la nueva teor&iacute;a normativista del delito, </I>Bogot&aacute;, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, Colecci&oacute;n de Estudios Breves, p. 25.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Prieto Sanchiz, Luis, <I>La filosof&iacute;a penal de la ilustraci&oacute;n, </I>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2003, p. 25.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Sobre el derecho penal en el Estado absolutista, cfr. G&oacute;mez Pavajeau, Carlos Arturo, "Relaciones entre poder pol&iacute;tico, derecho penal y derechos fundamentales"<I>, </I>en <I>Estudios de dogm&aacute;tica en el nuevo C&oacute;digo Penal</I>. Segunda Parte, Bogot&aacute; D.C., Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 2003, pp. 33 y ss.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup><I>Ibid</I>., p. 56.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>De all&iacute; que en el marco del Estado liberal no encuentren explicaci&oacute;n los delitos de omisi&oacute;n en los que claramente no hay una conducta de interferencia sino, por el contrario, una abstenci&oacute;n relacionada con una actuaci&oacute;n que se debi&oacute; ejecutar teniendo en cuenta la situaci&oacute;n de la persona frente al bien jur&iacute;dico tutelado.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Agudelo Betancur, N&oacute;dier, <I>Grandes corrientes del derecho penal. Escuela cl&aacute;sica. El pensamiento jur&iacute;dico-penal de Francesco Carrara, </I>Medell&iacute;n, Ediciones Nuevo Foro Penal, 1996, p. 20.    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup><I>Idem</I>.    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup><I>Ibid</I>., p. 21.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup><I>Ibid.,</I> p. 22.    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup><I>Ibid</I>., p. 20.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Sobre la relaci&oacute;n entre escuela positivista y Estado intervencionista, cfr. G&oacute;mez Pavajeau, <I>op. cit</I>., p. 61. Agudelo Betancur, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Cfr. Baratta, Alessandro, <I>Criminolog&iacute;a cr&iacute;tica y critica del derecho penal, </I>6&ordf; edici&oacute;n, M&eacute;xico, Siglo    Veintiuno Editores, 2000, p. 37.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup><I>Idem. </I>    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup><I>Ibid</I>., p. 36. En contra, Mezguer, Edmund, <I>Derecho penal. Parte general, </I>M&eacute;xico, Filiberto C&aacute;rdenas    Uribe, editor y distribuidor, 1990, p. 86.    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>G&oacute;mez Pavajeau, <I>op. cit.,</I> p. 64. Agudelo Betancur, <I>op. cit.</I>, p. 20.    <br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup><i>Ibid</I>., p. 36. Ferri se&ntilde;al&oacute; que el estudio del derecho penal refleja las corrientes pol&iacute;tico-sociales que      dominan la vida del Estado. Ferri, Enrique, <I>Principios de derecho criminal, </I>Madrid, Ed. Reus, p. 41.      Citado por G&oacute;mez Pavajeau, <I>op. cit.,</I> p. 33, nota 52.    <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup><I>Ibid</I>., p. 65.    <br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Art&iacute;culo 1&ordm; del C&oacute;digo Penal de 1837.    <br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>La influencia del pensamiento ilustrado en el pensamiento de Porras es notoria en este aparte, en    tanto que concibe el derecho criminal como una limitante del poder del Estado.    <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Disposici&oacute;n que se reitera en id&eacute;nticos t&eacute;rminos en el art&iacute;culo 88 del C&oacute;digo Penal de Cundinamarca      y en el 77 del C&oacute;digo Penal de los Estados Unidos de Colombia.    <br> <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Sin embargo, la jurisprudencia de la &eacute;poca reconoci&oacute; la diferencia entre errores de hecho y errores de derecho. Cfr. sentencia de la Corte Suprema de Justicia del 15 de octubre de 1898. V&eacute;ase infra 5.1.    <br> <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>"Art. 14. No se consideran punibles las acciones u omisiones que no est&eacute;n calificadas como delitos o faltas y penadas por ley anterior a su perpetraci&oacute;n..."    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>En la mencionada exposici&oacute;n de motivos, y refiri&eacute;ndose en concreto a este punto, Demetrio Porras sostuvo lo siguiente: "...es menester que el acto o medio empleado sea eficaz o el necesario para realizar el fin propuesto; porque si no lo es a pesar de la intenci&oacute;n malvada ante la moral, y el principio de ejecuci&oacute;n, el delito que se quer&iacute;a ejecutar es imposible, y no habr&iacute;a motivo suficiente ... para la punibilidad sino en el caso de resultar alg&uacute;n da&ntilde;o u otro delito..."    <br> <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>En el caso de que el culpable sea la causa de la no producci&oacute;n del resultado, tendr&aacute; lugar la reducci&oacute;n de pena que se justifica en que es necesario suministrar al delincuente un inter&eacute;s para poner fin a su intenci&oacute;n criminal.    <br> <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Garavito, Fernando, <I>Jurisprudencia de los tribunales de Colombia, </I>Imprenta Nacional, tomo I, 1908, p. 402. La cita es de Agudelo Betancur, N&oacute;dier, <I>La estructura del delito en el nuevo C&oacute;digo Penal, </I>Medell&iacute;n, Ediciones Nuevo Foro, 2001, p. 30.    <br> <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>N&oacute;dier Agudelo ha puesto de presente &ndash;con acierto a nuestro juicio&ndash; que si bien en el C&oacute;digo del a&ntilde;o 1936 la influencia del positivismo era notoria, no era absoluta, pues por ejemplo, el C&oacute;digo limitaba las penas, lo cual era extra&ntilde;o a una teor&iacute;a positivista en la que la duraci&oacute;n de la sanci&oacute;n depend&iacute;a de la peligrosidad del sujeto sin que fuera posible hablar de l&iacute;mites m&iacute;nimos o m&aacute;ximos al respecto. Agudelo Betancur, <I>La estructura del delito en el nuevo C&oacute;digo Penal</I>, <I>op.cit.,</I> p. 48. </P> <hr>     <p><B><I><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></I></b></p>      <!-- ref --><p>Agudelo Betancur, N&oacute;dier, <I>Grandes corrientes del derecho penal. Escuela positivista, </I>Bogot&aacute; D.C., Editorial Nuevo Foro, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-0579200400020001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>_________, <I>Grandes corrientes del derecho penal. Escuela cl&aacute;sica. El pensamiento jur&iacute;dico-penal de Francesco Carrara, </I>Medell&iacute;n, Ediciones Nuevo Foro Penal, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-0579200400020001700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><I>_________, La estructura del delito en el nuevo C&oacute;digo Penal</I>, Medell&iacute;n, Ediciones Nuevo Foro, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-0579200400020001700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Baratta, Alessandro, <I>Criminolog&iacute;a cr&iacute;tica y cr&iacute;tica del derecho penal, </I>6&ordf; ed., M&eacute;xico, Siglo Veintiuno Editores, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-0579200400020001700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cancino Moreno, Antonio Jos&eacute;, <I>Instituciones penales colombianas y su evoluci&oacute;n a partir del C&oacute;digo de 1837, </I>en Cancino Moreno, Antonio Jos&eacute;, <I>Obras completas,</I> Bogot&aacute;, D.C., Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-0579200400020001700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez Pavajeau, Carlos Arturo, "Relaciones entre poder pol&iacute;tico, derecho penal y derechos fundamentales"<I>, </I>en <I>Estudios de dogm&aacute;tica en el nuevo C&oacute;digo Penal. Segunda parte,</I> Bogot&aacute; D.C., Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-0579200400020001700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Grosso Garc&iacute;a, Manuel Salvador, <I>Dos estudios sobre la nueva teor&iacute;a normativista del delito, </I>Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, Colecci&oacute;n de Estudios Breves.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-0579200400020001700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Mezguer, Edmund, <I>Derecho penal. Parte general, </I>M&eacute;xico, Filiberto C&aacute;rdenas Uribe, editor y distribuidor, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-0579200400020001700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Prieto Sanchiz, Luis, <I>La filosof&iacute;a penal de la ilustraci&oacute;n, </I>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-0579200400020001700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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