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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El sistema penal debe construirse a partir de las finalidades que se le asignen y del modelo de Estado. ¿Cambio de paradigma gracias a la irrupción del funcionalismo?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b><I>El sistema penal debe construirse a partir de las finalidades que se le asignen y del modelo de Estado. &iquest;Cambio de paradigma gracias a la irrupci&oacute;n del funcionalismo? </I></b></font></p>      <p align="center"><B>Francisco Bernate Ochoa* </b></p>     <p>* Coordinador del &Aacute;rea de derecho penal de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario.</p>      <p> Recibido: julio de 2004 Aprobado: diciembre de 2004 </p>  <hr>      <p><B><I>INTRODUCCI&Oacute;N</I></b></p>      <p> <B></b>Alg&uacute;n sector de la doctrina ha encontrado en lo que se denomina <I>funcionalismo</I><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> un verdadero cambio de paradigma,<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> frente a lo que tradicionalmente se encontraba en la literatura jur&iacute;dico-penal. As&iacute;, se se&ntilde;ala que bajo tal rubro<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> se incluyen las tesis de aquellos autores para quienes la construcci&oacute;n de la teor&iacute;a del delito debe realizarse a partir de las funciones que al derecho penal se le asignan dentro de una sociedad o de un determinado Estado.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup></p>      <p>Un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado revelar&aacute; que ello no es cierto, pues desde la ideolog&iacute;a penal de la Ilustraci&oacute;n se entiende que el derecho penal cumple unos determinados fines, y que es a partir de all&iacute; que deben dotarse de contenido las diferentes categor&iacute;as dogm&aacute;ticas, lo cual ha sido revalidado por todas las escuelas del derecho penal con claras incidencias dentro del sistema propuesto por cada corriente de pensamiento, loque, eventualmente, se ha visto a su vez reflejado en las legislaciones.</p>     <p>En el presente documento demostraremos que la construcci&oacute;n teleol&oacute;gica del sistema de delito, es decir, orientado a partir de la funci&oacute;n del sistema, no es patrimonio exclusivo de las denominadas corrientes funcionalistas, sino que ha estado presente a lo largo del desarrollo de la ciencia del derecho penal.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup></p>      <p><B><I>1. LA PROPUESTA ILUSTRADA </I></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El derecho penal fruto de la Ilustraci&oacute;n representa un cambio de paradigma frente a lo que era el derecho penal autoritario, su antecesor.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> El punto de partida lo representa un nuevo entendimiento del Estado, que pierde su car&aacute;cter metaf&iacute;sico que lo acompa&ntilde;&oacute; en &eacute;pocas pret&eacute;ritas y pasa a ser concebido como un ente abstracto resultante de la suma de las voluntades de los individuos -centro de esta nueva ideolog&iacute;a-, que su favor ceden una porci&oacute;n de sus derechos, a cambio de la protecci&oacute;n que &eacute;ste ente abstracto les proporciona.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup></p>     <p>A este nuevo entendimiento del Estado debe adicionarse el advenimiento de la filosof&iacute;a racionalista propia de la Ilustraci&oacute;n, caracterizada por el entendimiento del individuo como ser racional, capaz de acceder al conocimiento gracias al empleo de la raz&oacute;n y el consecuente replanteamiento de todas las instituciones de la vida social que ser&aacute;n explicados ya no en t&eacute;rminos religiosos, sino racionales.</p>      <p>Lo anterior genera -como resultado m&aacute;s importante para los efectos del presente estudio- la secularizaci&oacute;n<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> del poder punitivo, en contra del car&aacute;cter religioso y autoritario que anteriormente el mismo ostentaba,<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> produciendo las siguientes consecuencias en el sistema punitivo: </p>  <ol type="a">     <li>    <p> Al producirse una separaci&oacute;n entre delito y moral<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>, se modifica el fundamento de la sanci&oacute;n criminal. El delito no ser&aacute; entendido en adelante como un acto pecaminoso, sino que se reafirma la necesidad de la nocividad del comportamiento. As&iacute; entonces, el delito ser&aacute; aquella conducta que interfiera en la &oacute;rbita de acci&oacute;n de otro ciudadano<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> y no simplemente un acto pecaminoso.</p></li>      <li>    <p> La expiaci&oacute;n del delincuente deja de ser la funci&oacute;n de la pena, que encontrar&aacute; su finalidad en la necesidad de prevenir los delitos. Surge entonces, el denominado principio de proporcionalidad de las sanciones, en tanto que si lo que se busca es prevenir el delito, la pena debe ser ajustada a la conducta que se le endilga al procesado. Por el contrario, si se cuenta con penas excesivamente altas, ello podr&aacute; incentivar a la comisi&oacute;n de delitos m&aacute;s graves, pues si el delincuente recibir&aacute; la misma sanci&oacute;n cuando comete uno de tales reatos, que uno menos grave, no habr&aacute; suficiente motivaci&oacute;n para que se abstenga de cometer el m&aacute;s grave.</p></li>      <li>    <p> El principio de legalidad represent&oacute; un gran avance para el derecho penal, e igualmente es fruto del pensamiento liberal de la ilustraci&oacute;n. As&iacute;, si el legislador es el leg&iacute;timo representante de los intereses de los ciudadanos, solamente el, en su car&aacute;cter de tal, es quien puede determinar, con claridad y precisi&oacute;n, las conductas que se considerar&aacute;n nocivas y se&ntilde;alar la respectiva sanci&oacute;n para los mismos, que a su vez debe ser aplicada por el Juez, que, al no ostentar la representaci&oacute;n del pueblo, se debe limitar a aplicar la ley sin que pueda interpretarla.</p></li>    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A manera de conclusi&oacute;n dentro de este primer aparte, podemos se&ntilde;alar que gracias al cambio que la ideolog&iacute;a de la ilustraci&oacute;n produjo en el entendimiento del derecho penal, se generaron unas consecuencias en el entendimiento del delito, tales como la necesidad de consagraci&oacute;n legal de las conductas delictivas, as&iacute; como la exigencia de la nocividad de la conducta para que sea viable su represi&oacute;n por la v&iacute;a del derecho criminal. Lo anterior nos permite afirmar que a partir de un entendimiento del Estado, as&iacute; como su legitimaci&oacute;n y funci&oacute;n de la sociedad se lograron importantes cambios que marcaron el punto de partida para lo que se denomina el moderno derecho penal.</p>      <p><B><I>2. LAS ESCUELAS ITALIANAS </I></b></p>      <p><b><I>2.1 La escuela cl&aacute;sica </I></b></p>      <p>La escuela cl&aacute;sica del derecho penal liderada por Carrara es fruto del movimiento liberal y sus m&aacute;ximos desarrollos los obtiene dentro de la concepci&oacute;n del Estado de derecho. Heredera de la obra de Beccaria, esta nueva escuela parte igualmente de un fin: los intentos por limitar la -hasta entonces- omnipotente potestad estatal que a su vez, se verifica en la creaci&oacute;n de un esquema del delito que se compadece con ello.</p>     <p>As&iacute;, aplicando el m&eacute;todo deductivo, se parte de que el delito es un ente jur&iacute;dico, en tanto que su esencia radica en la violaci&oacute;n de un derecho.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> Se reitera entonces la necesidad de nocividad de la conducta, siendo el da&ntilde;o un elemento necesario pero no suficiente para que podamos hablar de la presencia de un delito y apareciendo la necesidad de la concurrencia de un acto externo,<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup> con lo cual hace aparici&oacute;n el principio del acto.</p>     <p>Necesario pero no suficiente en tanto que se requiere igualmente el elemento moral. As&iacute;, se parte de la base de que el hombre es libre -lo cual es igualmente fruto de la ideolog&iacute;a de la ilustraci&oacute;n- y por ende, el fundamento de la responsabilidad se encuentra en el denominado <I>libre albedr&iacute;o</I>,<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup> es decir, la posibilidad que tiene el hombre, en cuanto ser racional, de optar por el bien o por el mal. La pena cumplir&aacute; la funci&oacute;n de restablecer el orden que ha sido quebrantado con la conducta criminal.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup></p>     <p>Como consecuencias en la dogm&aacute;tica de los anteriores postulados, tenemos las siguientes: </p> <OL>       <li>    <p>Se reitera la necesidad de la lesividad de la conducta, elemento que si bien ser&aacute; necesario, no ser&aacute; suficiente.</p>   </li>          <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El delito es la resultante de fuerzas morales y fuerzas ps&iacute;quicas, que deben ser consideradas en su causa y en su efecto. <sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p></li>    <ol type="a">      <li>    <p> Fuerzas morales en su causa. Se refiere al libre albedr&iacute;o, es decir, el delito debe provenir de una voluntad libre, inteligente y sana.</p></li>     <li>    <p> Fuerzas morales en su efecto. Se refiere al temor que se genera para los buenos y el mal ejemplo para los malvados.</p></li>     <li>    <p> Fuerza f&iacute;sica en su causa. Es el comportamiento f&iacute;sico del hombre.</p></li>     <li>    <p> Fuerza f&iacute;sica en su efecto. Es el mal que se ocasiona con el delito.</p></li>    </ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[</OL>     <p><B><I>2.2 Escuela positivista </I></b></p>     <p> La crisis del Estado liberal fundamentado en las famosas doctrinas del <I>dejar hacer, dejar pasar,</I> y de la acumulaci&oacute;n de capitales, desemboc&oacute; en la crisis de los a&ntilde;os veinte y el consecuente advenimiento del Estado intervencionista.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup> El advenimiento de este nuevo modelo de estado se refleja en la dogm&aacute;tica penal con el surgimiento en Italia de la ideolog&iacute;a de la defensa social<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> y la escuela positivista como reacci&oacute;n a la escuela cl&aacute;sica.</p>     <p>El fin del derecho penal dentro de estas concepciones, es el de prevenir el crimen. As&iacute; entonces, se reitera la funci&oacute;n preventiva de la pena en cambio de la retribuci&oacute;n sostenida durante la &eacute;poca del Estado autoritario, en tanto que la misma no debe solamente retribuir, sino que adem&aacute;s es necesario que resocialice al delincuente.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup></p>     <p>Partiendo de la ideolog&iacute;a de la defensa social, y del entendimiento del delincuente como un ser anormal<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> -en todo caso perteneciente a una minor&iacute;a desviada- los seguidores de la escuela positivista aplican el m&eacute;todo inductivo, para, a partir del estudio cient&iacute;fico realizado en delincuentes, extraer las caracter&iacute;sticas del hombre desviado a quien se le deb&iacute;a imponer una sanci&oacute;n tendiente a su curaci&oacute;n.</p>     <p>Igualmente, los cultores de esta corriente de pensamiento abordaron la cuesti&oacute;n de la legitimidad de la respuesta penal en cabeza del Estado<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>, se&ntilde;alando que este, como representante de la sociedad, era el legitimado para reprimir la criminalidad por medio de las instancias oficiales de control social, obrando en nombre de una mayor&iacute;a no desviada en aras de la reafirmaci&oacute;n de los valores sociales.<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup></p>     <p>Establecido el fin -la defensa social- los pensadores de la escuela cl&aacute;sica se&ntilde;alan que lo importante a los efectos de determinar el <I>quantum</I> de la sanci&oacute;n es la peligrosidad del sujeto desviado, con lo que la proporcionalidad -entendida como la relaci&oacute;n de tal que debe existir entre el da&ntilde;o cometido y la sanci&oacute;n aplicable- se determina de acuerdo a la peligrosidad del sujeto y no al da&ntilde;o cometido. As&iacute; mismo, se reval&uacute;a el principio de lesividad, pues el elemento subjetivo pasa a ser necesario y -a diferencia de lo que acontec&iacute;a con la escuela cl&aacute;sica- suficiente.</p>     <p>A partir de lo anterior, y como consecuencias dogm&aacute;ticas, se permite entonces la punici&oacute;n de la tentativa inid&oacute;nea y del delito imposible; as&iacute; mismo, surgen las instituciones<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> de la condena de ejecuci&oacute;n condicional, la libertad condicional y el perd&oacute;n judicial.</p>      <p>N&oacute;tese, una vez m&aacute;s, c&oacute;mo el sistema penal se corresponde perfectamente con la ideolog&iacute;a imperante para entonces, y sus categor&iacute;as se determinan a partir de unos fines establecidos por unos valores superiores.</p>      <p><B><I>3. LA DOGM&Aacute;TICA ALEMANA </I></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En la dogm&aacute;tica alemana la situaci&oacute;n no es nada distinta. Para los efectos del presente escrito dividiremos las escuelas en ontol&oacute;gicas y valorativas.<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup></p>     <p><B><I>3.1 Escuelas ontol&oacute;gicas </I></b></p>     <p> Definido el delito por Beling en 1906 como una conducta t&iacute;pica, antijur&iacute;dica y culpable, las escuelas del delito comparten -salvo momentos concretos en el desarrollo de la teor&iacute;a- tal definici&oacute;n. Las aproximaciones ontol&oacute;gicas de la teor&iacute;a del delito comparten los siguientes rasgos en com&uacute;n: </p> <OL>       <li>    <p>Construyen la teor&iacute;a del delito a partir del concepto de acci&oacute;n.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> El concepto de acci&oacute;n ser&aacute; entonces el sujeto, del cual los dem&aacute;s componentes de la oraci&oacute;n ser&aacute;n predicados (tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p></li>          <li>    <p>A su vez, el concepto de acci&oacute;n es tomado, sin m&aacute;s, de lo ontol&oacute;gico, del mundo del ser, b&aacute;sicamente del concepto que del mismo se tenga en las ciencias naturales.</p></li>          <li>    <p>Por su parte, la pena ser&aacute; simplemente la consecuencia del delito, sin que se estudie la incidencia que la funci&oacute;n de la misma pueda tener en la construcci&oacute;n sistem&aacute;tica.</p></li>      <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las categor&iacute;as dogm&aacute;ticas se construyen siempre "de izquierda a derecha", es decir, primero se analiza la acci&oacute;n, luego la tipicidad, posteriormente la antijuridicidad y, por &uacute;ltimo, la culpabilidad.</p></li>    </OL>      <p><I>3.1.1 El causalismo </I></p>     <p>La filosof&iacute;a positivista imperante a comienzos del siglo XX condujo a que se entendiera que s&oacute;lo tiene car&aacute;cter de cient&iacute;fico aquello que es verificable por los sentidos, y a la consecuente discusi&oacute;n de si el derecho es una ciencia. El esquema causal,<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> cuya aparici&oacute;n se da con los inicios del mencionado siglo XX, refleja el intento por aplicar en las ciencias sociales los m&eacute;todos de las ciencias de la naturaleza y permitir as&iacute;, el tratamiento del derecho como ciencia.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>     <p>El concepto de acci&oacute;n, que cumplir&aacute; la funci&oacute;n de piedra angular de la teor&iacute;a del delito, es entendido en t&eacute;rminos puramente natural&iacute;sticos por los cultores de esta corriente como un movimiento muscular que produce un cambio en el mundo exterior perceptible por los sentidos.<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> Si en la naturaleza los sucesos se ordenan en t&eacute;rminos de causa-efecto, lo mismo deber&iacute;a suceder con el concepto cl&aacute;sico de acci&oacute;n para los efectos de la teor&iacute;a del delito. As&iacute;, en la acci&oacute;n la causa estar&iacute;a dada por el movimiento muscular, el efecto estar&iacute;a dado por la modificaci&oacute;n en el mundo exterior perceptible por los sentidos<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> y, entre ambos (causa y efecto), se encuentra el nexo causal,<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup> explicado mediante la teor&iacute;a de la equivalencia de las condiciones, cuya autor&iacute;a se remonta a la obra de V. Buri, y que puede ser explicada en t&eacute;rminos sencillos se&ntilde;alando que no distingue ni cualitativa, ni cuantitativamente, entre todas las causas que convergen para la producci&oacute;n de un resultado.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></p>      <p>El injusto en el causalismo es igualmente objetivo. En primer lugar, el tipo ser&aacute; objetivo-descriptivo, en tanto que describe los sucesos de la naturaleza sin que haya lugar a valoraci&oacute;n alguna. La antijuridicidad es igualmente objetiva pero se le introduce un componente valorativo. Para esta corriente de pensamiento, el segundo estrato del delito se agota en la antijuridicidad formal, en tanto que su contenido se agota en la constataci&oacute;n de la concurrencia de un "permiso para actuar", es decir, en las causales de justificaci&oacute;n. All&iacute; aparece el componente valorativo, determinado por la labor del juez en la cual establece si unos hechos sometidos a su conocimiento se subsumen en una causal de justificaci&oacute;n.</p>     <p>Si se verifica dentro de esta escuela que en la conducta del procesado no concurre ninguna causal de justificaci&oacute;n, el paso siguiente es analizar la imputabilidad. En efecto, superado el injusto, la imputabilidad aparece como presupuesto de la culpabilidad, y estar&aacute; determinado por la calidad del nexo ps&iacute;quico, es decir, que ese hecho provenga de una mente que no presente anomal&iacute;a alguna. Superado lo anterior, todo lo subjetivo encuentra su lugar en la culpabilidad, la cual se agota en el dolo y la culpa como sus formas, y es definida como el nexo ps&iacute;quico<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup> entre lo querido por el autor y el resultado.</p>     <p>Muchas cr&iacute;ticas afront&oacute; el esquema causal del delito. Lo que queremos resaltar en este espacio es que su construcci&oacute;n obedece claramente a un fin, el de demostrar que el derecho es una ciencia, pero para ello sus cultores ten&iacute;an que renunciar a par&aacute;metros axiol&oacute;gicovalorativos, lo cual se refleja claramente dentro de cada una de las categor&iacute;as dogm&aacute;ticas. A pesar de las cr&iacute;ticas que contra &eacute;l se han formulado, es innegable que se trata de un sistema de gran coherencia y cuya utilidad did&aacute;ctica no puede ser desconocida.</p>     <p><I>3.1.2 El neokantismo </I></p>     <p>A partir de las cr&iacute;ticas afrontadas por el causalismo, as&iacute; como del cambio en la filosof&iacute;a imperante, surge la escuela del neokantismo como la segunda de las corrientes de pensamiento ontol&oacute;gicas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El punto de partida del neokantismo es diferente al de su antecesor, pues a partir de la distinci&oacute;n entre ciencias naturales y ciencias sociales plantea una ruptura conceptual con el causalismo.<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> As&iacute;, mientras en las primeras los objetos est&aacute;n dados y el sujeto que los conoce no los puede modificar, en las ciencias sociales s&iacute; es posible que el sujeto del conocimiento valore el objeto del conocimiento. En segundo lugar, mientras que en las ciencias de la naturaleza los fen&oacute;menos se ordenan de causa a efecto, en las ciencias sociales se ordenan de medios a fines.<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup></p>     <p>El derecho pertenece a las ciencias sociales. En cuanto al derecho penal, su fin est&aacute; dado por la protecci&oacute;n de bienes jur&iacute;dicos,<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> y ello a su vez condiciona los medios.<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup> En la estructura del delito, y en cuanto al concepto de acci&oacute;n, el neokantismo distingue la acci&oacute;n en sentido estricto y en sentido amplio. Cuando los conceptos son tomados en sentido estricto, esta escuela mantiene las mismas nociones que sus antecesores conceptuales, los causalistas; por el contrario, cuando los conceptos se emplean en sentido amplio, el sujeto del conocimiento puede modificar el objeto del conocimiento, los fines condicionan a los medios y, por ende, se introducen modificaciones a las formulaciones del causalismo.</p>     <p>En cuanto a la acci&oacute;n, si bien mantiene un concepto ontol&oacute;gico,<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup> en sentido estricto mantiene la noci&oacute;n que de la misma hab&iacute;a acu&ntilde;ado el causalismo. Por su parte, en sentido amplio -el fin condiciona los medios- se permite que la omisi&oacute;n se entienda como acci&oacute;n.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></p>     <p>Por su parte, los cultores de esta escuela entienden el tipo como prevalentemente objetivo y excepcionalmente subjetivo.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> En cuanto a la relaci&oacute;n de causalidad, Mezger formula la teor&iacute;a de la relevancia t&iacute;pica, en virtud de la cual debe distinguirse entre la causalidad por comprobar de una determinada conducta, y la cuesti&oacute;n normativa sobre la relevancia jur&iacute;dica del suceso causante del resultado concreto, lo cual se responder&aacute; con el sentido del correspondiente tipo penal.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>     <p>Mezger concibe el injusto como una unidad. As&iacute; entonces, entre tipo y antijuridicidad existir&aacute; una relaci&oacute;n de <I>ratio essendi</I>, ya que el tipo fundamenta el injusto y contiene una descripci&oacute;n anticipada de la prohibici&oacute;n.<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup></p>     <p>El injusto, por su parte, para esta escuela estar&aacute; dado por la contradicci&oacute;n objetiva entre el hecho y el ordenamiento jur&iacute;dico, por lo que es objetiva y su contenido estar&aacute; dado por la norma objetiva de valoraci&oacute;n.<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup></p>     <p>La culpabilidad<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup> contin&uacute;a incluyendo como formas<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup> al dolo<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup> y la culpa,<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup> pero se adiciona el juicio de reproche<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup> y la imputabilidad, que pasa de ser presupuesto a componente de esta categor&iacute;a dogm&aacute;tica, y ser&aacute; entendida como la capacidad de entender la ilicitud del acto y de autodeterminarse conforme a esa comprensi&oacute;n.</p>      <p>Optar por un esquema neokantiano genera consecuencias en el sistema del delito: </p>  <ol>     <li>    <p> El injusto estar&aacute; dado por la lesi&oacute;n o puesta en peligro del bien jur&iacute;dicamente tutelado, de lo que se desprende lo siguiente: </p></li> <ol type="a">     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p> Es necesario distinguir, para efectos de la tasaci&oacute;n de la pena, entre el delito consumado y el delito tentado.</p></li>     <li>    <p> La distinci&oacute;n entre actos ejecutivos y actos preparatorios se realiza a partir de la puesta en peligro del bien jur&iacute;dicamente tutelado (teor&iacute;a objetivo-material de la distinci&oacute;n entre actos preparatorios y actos ejecutivos). Estaremos en los actos preparatorios una vez el bien jur&iacute;dico sea puesto en peligro.</p></li>     <li>    <p> Impunidad para los eventos de tentativa inid&oacute;nea<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup> y delito imposible.<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup></p></li>    </ol>        <li>    <p>Al asignarle a la norma penal un contenido prevalentemente objetivo, basta con que se re&uacute;nan los presupuestos objetivos para que pueda reconocerse una causal de justificaci&oacute;n.</p></li>          <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El error de prohibici&oacute;n vencible se sancionar&aacute; por el remanente culposo cuando la ley hubiere previsto tal manera de comisi&oacute;n, de lo contrario, habr&aacute; lugar a absoluci&oacute;n.</p></li>          <li>    <p>Al admitir la teor&iacute;a de los elementos negativos del tipo, un error sobre los presupuestos f&aacute;cticos de una causal de justificaci&oacute;n deber&aacute; recibir el tratamiento del error de tipo.</p></li>     </OL>      <p><I>3.1.3 El finalismo </I></p>      <p>El neokantismo, como corriente de pensamiento jur&iacute;dico-penal, no estuvo exento de cr&iacute;ticas. Sin embargo, el surgimiento de la siguiente corriente ideol&oacute;gica no fue consecuencia -como en el caso del tr&aacute;nsito del causalismo al neokantismo- de los defectos sist&eacute;micos de su antecesor, sino de los excesos en que se incurri&oacute; gracias a la famosa equiparaci&oacute;n ley/justicia/derecho propugnada por los neokantianos.<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup></p>      <p>A partir de la d&eacute;cada de los treinta se produce el advenimiento del Estado social de derecho y la consecuente b&uacute;squeda de criterios materiales que limiten la actuaci&oacute;n del legislador.<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup> Es en este intento que encontramos el pensamiento de Hans Welzel, quien a su vez es el autor m&aacute;s reconocido de la escuela finalista. As&iacute;, Welzel encuentra en las estructuras l&oacute;gico-objetivas los l&iacute;mites a la actuaci&oacute;n del legislador, y, a su vez, &eacute;stas est&aacute;n constituidas por la naturaleza misma de las cosas.<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup> En los eventos en que el legislador contrar&iacute;e las estructuras l&oacute;gico-objetivas, ello no afecta su validez, sino que la tornar&aacute; imperfecta, fragmentaria o con lagunas.<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup></p>     <p>A partir de la psicolog&iacute;a Welzel formula su concepto final de acci&oacute;n<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup> para se&ntilde;alar que la misma es ejercicio de finalidad. As&iacute;, la persona supradetermina la causalidad, y puede dominar el suceso dentro de ciertos l&iacute;mites y dirigir su comportamiento hacia la consecuci&oacute;n del fin deseado. En la acci&oacute;n final, entonces, el individuo comienza por anticiparse finalmente al suceso, para luego elegir los medios de acci&oacute;n necesarios, considerar los efectos concomitantes que de su actuar se derivar&iacute;an, y luego emprender el camino que mentalmente ya ha trazado.<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup></p>     <p>La acci&oacute;n es entonces acci&oacute;n final,<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup> con un claro contenido subjetivo con lo cual se produce una importante consecuencia en el injusto, que es realmente el giro m&aacute;s importante del finalismo -en contra de alg&uacute;n sector de la doctrina que se limita a se&ntilde;alar que lo m&aacute;s significativo de esta escuela es el desplazamiento del dolo al tipo- pues con la subjetivizaci&oacute;n de la acci&oacute;n y su inclusi&oacute;n dentro del injusto, &eacute;ste adquiere su car&aacute;cter &eacute;tico-valorativo.</p>      <p>A su vez, la acci&oacute;n se divide en: </p>  <ol type="a">     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p> Acci&oacute;n interna: comprende la elecci&oacute;n del fin y de los medios, as&iacute; como la consideraci&oacute;n de efectos concomitantes.</p></li>      <li>    <p> Fase externa: superado lo anterior, se inicia la ejecuci&oacute;n de la conducta punible, dando inicio a los actos preparatorios que ser&aacute;n impunes salvo que la ley los sancione de manera independiente, pasando por los actos ejecutivos y terminando en la consumaci&oacute;n del hecho.<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup></p></li>    </ol>      <p>As&iacute;, el finalismo cuenta con un componente extremadamente fuerte a nivel del tipo, que en adelante se bifurca en: </p> <ol type="a">     <li>    <p> Tipo objetivo: incluye la conducta, el resultado, el nexo de causalidad, los sujetos activo y pasivo de la conducta, el objeto material, el objeto jur&iacute;dico as&iacute; como los elementos normativos del tipo.<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup></p></li>      <li>    <p> Tipo subjetivo: incluye el dolo,<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup> pero entendido como la simple intenci&oacute;n sin que haya lugar a valoraci&oacute;n alguna, es decir, se reduce a un elemento cognoscitivo referido s&oacute;lo a los hechos, y a un elemento volitivo. La conciencia de antijuridicidad pasar&aacute; a formar parte de la culpabilidad.<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup></p></li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>      <p>El derecho penal entonces -para el finalismo- protege los valores &eacute;tico-sociales, en tanto que los destinatarios de las normas deben introyectar sus contenidos, y de all&iacute; que la norma penal se entienda como norma subjetiva de determinaci&oacute;n, y el injusto se entienda como prevalentemente subjetivo, siendo el objetivo un elemento cofundante del mismo.<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup> En efecto, una vez el individuo ha introyectado esos valores, los bienes jur&iacute;dicos se protegen pero indirectamente, sin que de ninguna manera ello constituya el fin del derecho penal que, se reitera, estar&aacute; dado por la protecci&oacute;n de los valores &eacute;tico-sociales.<sup><a name="nu63"></a><a href="#num63">63</a></sup></p>      <p>Por &uacute;ltimo, la culpabilidad<sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup> se compone de: a) imputabilidad, b) conciencia potencial de antijuridicidad,<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup> c) reprochabilidad.</p>     <p>Optar por una tesis de corte finalista generar&aacute; las siguientes consecuencias en la teor&iacute;a del delito.</p>  <ol>     <li>    <p> El injusto estar&aacute; dado por la rebeld&iacute;a frente a la norma, siendo entonces la norma penal entendida como subjetiva de valoraci&oacute;n. De lo anterior se desprende lo siguiente: </p></li> <ol type="a">     <li>    <p> No es necesario distinguir, para efectos de la tasaci&oacute;n de la pena, entre el delito consumado y el delito tentado.</p></li>     <li>    <p> La distinci&oacute;n entre actos ejecutivos y actos preparatorios se realiza a partir del plan del autor; as&iacute;, ser&aacute; acto ejecutivo aqu&eacute;l que para el autor lo sea y, por el contrario, ser&aacute; acto preparatorio lo que de conformidad con el plan del autor constituya un acto preparatorio (teor&iacute;a subjetiva para distinguir el delito tentado del delito consumado).</p></li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p> Punici&oacute;n para los eventos de tentativa inid&oacute;nea y delito imposible.</p></li>    </ol>        <li>    <p> Al asignarle a la norma penal un contenido prevalentemente subjetivo, basta con que se re&uacute;nan los presupuestos subjetivos para que pueda reconocerse una causal de justificaci&oacute;n.</p></li>       <li>    <p> El error de prohibici&oacute;n vencible se sancionar&aacute; con dolo, pero el reproche hacia el autor es inferior, por lo que es procedente una atenuaci&oacute;n en la pena.</p></li>     </OL>      <p><B><I>3.2 Las concepciones valorativas </I></b></p>      <p> Al contrario de lo que sucede con las escuelas ontol&oacute;gicas, las corrientes valorativas proponen la construcci&oacute;n te&oacute;rica del delito no a partir de conceptos ontol&oacute;gicos, sino a partir de la funci&oacute;n que se le asigne al derecho penal. As&iacute;, la pena<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup> recupera el papel protag&oacute;nico y desplaza del mismo al concepto de acci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I>3.2.1 La propuesta de Roxin </I></p>     <p>Roxin<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup> propone la superaci&oacute;n del conocido dualismo metodol&oacute;gico formulado por Liszt entre dogm&aacute;tica penal y pol&iacute;tica criminal<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup> en virtud del cual "el derecho penal es la barrera infranqueable de la pol&iacute;tica criminal".<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup></p>     <p>Para este autor, el fin del derecho penal se encuentra en la mejor conformaci&oacute;n social posible,<sup><a name="nu70"></a><a href="#num70">70</a></sup> con lo que el derecho penal se debe orientar a impedir la comisi&oacute;n de delitos y a practicar la prevenci&oacute;n sintetizando las exigencias de un Estado de derecho, con las de un Estado social.<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup> La constante tensi&oacute;n entre garant&iacute;as del ciudadano y la prevenci&oacute;n de los delitos va a ser determinante en la obra de este autor.<sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup></p>     <p>Roxin encuentra que las teor&iacute;as de la pena determinan el camino a seguir para lograr el cumplimiento de la funci&oacute;n del derecho penal, entendida en t&eacute;rminos de garant&iacute;a de la libre y pac&iacute;fica convivencia en sociedad, en tanto que mediante aqu&eacute;llas se logra influenciar al delincuente individual (prevenci&oacute;n especial) y, a su vez, a todos los miembros de la comunidad (prevenci&oacute;n general).<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup></p>     <p>As&iacute;, en primer t&eacute;rmino, el injusto penal<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup> se encuentra determinado por la tensi&oacute;n entre la protecci&oacute;n del individuo y de la sociedad, contrapuestos a la garant&iacute;a de la libertad de los ciudadanos frente a las reacciones desproporcionadas por parte del Estado (en tanto que preventivo, generalmente podr&iacute;a ser deseable contar con las mencionadas penas desproporcionadas, en t&eacute;rminos de prevenci&oacute;n general negativa). En tanto que es funci&oacute;n del derecho penal -se&ntilde;ala Roxin- la evitaci&oacute;n de riesgos para el individuo y la sociedad, el injusto se concreta en la realizaci&oacute;n de un riesgo no permitido para un bien jur&iacute;dico penal.<sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup></p>     <p>En el &aacute;mbito de tipo objetivo Roxin llega a formular su teor&iacute;a de la imputaci&oacute;n objetiva, en virtud de la cual, para que se pueda imputar objetivamente un resultado,<sup><a name="nu76"></a><a href="#num76">76</a></sup> es necesaria la creaci&oacute;n de un riesgo jur&iacute;dicamente desaprobado, as&iacute; como su concreci&oacute;n en un resultado lesivo para un bien jur&iacute;dico. Esta tesis fue el fruto de sucesivas modificaciones por parte del mismo Roxin, en tanto que se establece una serie de criterios ulteriores que excluyen la posibilidad de imputaci&oacute;n en el &aacute;mbito del tipo objetivo, y que fueron consecuencias de las falencias que, en la pr&aacute;ctica, la formulaci&oacute;n inicial presentaba.<sup><a name="nu77"></a><a href="#num77">77</a></sup> As&iacute;, criterios como el de la teor&iacute;a del incremento del riesgo, la prohibici&oacute;n de regreso -en su formulaci&oacute;n inicial-, el &aacute;mbito de protecci&oacute;n de la norma, y el &aacute;mbito de protecci&oacute;n de la v&iacute;ctima terminaron complementando su tesis tal y como hab&iacute;a sido inicialmente concebida.<sup><a name="nu78"></a><a href="#num78">78</a></sup></p>     <p>El autor en comento propone que la categor&iacute;a dogm&aacute;tica de la culpabilidad sea reemplazada por la de la responsabilidad.<sup><a name="nu79"></a><a href="#num79">79</a></sup> &Eacute;sta, a su vez, se compone de un comportamiento injusto pese a la accesibilidad normativa del autor y la necesidad de pena<sup><a name="nu80"></a><a href="#num80">80</a></sup> en el caso concreto.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales, la propuesta de Roxin puede ser caracterizada se&ntilde;alando que se trata de una dogm&aacute;tica orientada hacia las consecuencias, a&uacute;n a costa de su coherencia sistem&aacute;tica. En efecto, aplicando el m&eacute;todo deductivo, este autor prescinde de la formulaci&oacute;n de un sistema de teor&iacute;a del delito coherente, en aras de la producci&oacute;n de resultados "pol&iacute;tico-criminalmente" deseables.<sup><a name="nu81"></a><a href="#num81">81</a></sup></p>     <p><I>3.2.2 La propuesta de Jakobs </I></p>     <p>A diferencia de lo que sucede en la formulaci&oacute;n elaborada por Roxin, en Jakobs encontramos una construcci&oacute;n dogm&aacute;tica coherente, sist&eacute;mica, y fundada en ciencias diferentes a la del derecho.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La propuesta de Jakobs se encamina a encontrar criterios de legitimaci&oacute;n material del derecho penal en la sociedad. As&iacute;, partiendo de las tesis de Luhmann, Jakobs<sup><a name="nu82"></a><a href="#num82">82</a></sup> entiende la sociedad como un todo que se organiza a partir de la vigencia de unos determinados principios y valores fruto de un proceso de evoluci&oacute;n.</p>     <p>Por tanto, la sociedad cuenta con unos valores que deben ser garantizados mediante instituciones que la misma crea, dentro de los cuales est&aacute; el derecho penal, como contradicci&oacute;n de la contradicci&oacute;n de las normas.<sup><a name="nu83"></a><a href="#num83">83</a></sup> El delito entonces pierde su car&aacute;cter ontol&oacute;gico y pasa a entenderse como una comunicaci&oacute;n en virtud de la cual el agente comunica que para &eacute;l la norma no est&aacute; vigente.</p>     <p>Por ejemplo, dentro de esta postura, en el homicidio lo relevante no es el cad&aacute;ver, sino el mensaje en virtud del cual para el homicida el valor de la vida, presente en la sociedad, no est&aacute; vigente. As&iacute;, mientras la norma del homicidio contiene una declaraci&oacute;n de principio, por la cual la vida se protege dentro de una comunidad, lo relevante en el acto de matar a otro no es el muerto como tal, sino la declaraci&oacute;n que hace el homicida de que para &eacute;l esa norma no est&aacute; vigente. La pena, como respuesta de la comunidad, lo que hace es reiterar la vigencia de la norma que protege el homicidio, en tanto que los dem&aacute;s miembros de la comunidad podr&aacute;n continuar confiando en que la norma que protege la vida se encuentra vigente.<sup><a name="nu84"></a><a href="#num84">84</a></sup></p>     <p>A partir de lo anterior se construye la propuesta sistem&aacute;tica de Jakobs. En primer lugar, si lo relevante no es el suceso en t&eacute;rminos natural&iacute;sticos sino el acto comunicativo, es posible equiparar la acci&oacute;n y la omisi&oacute;n, toda vez que, en cuanto cuestionamiento de la vigencia de la norma, resultan equiparables.</p>     <p>En segundo lugar, la acci&oacute;n se entiende como acci&oacute;n culpable, en tanto que lo relevante no es que concurra una conducta en t&eacute;rminos ontol&oacute;gicos, sino que la misma sea atribuible como penalmente relevante a su autor, lo cual presupone que la misma le sea objetivamente imputable, como fruto de su actuar, y adem&aacute;s subjetivamente imputable como su responsabilidad. Como afirma de manera acertada Grosso Garc&iacute;a, este concepto de acci&oacute;n supone una limitaci&oacute;n frente a las teor&iacute;as objetivas descritas, en las cuales basta que haya conducta en t&eacute;rminos natural&iacute;sticos para que pueda hablarse de acci&oacute;n.<sup><a name="nu85"></a><a href="#num85">85</a></sup></p>     <p>En tercer lugar, la responsabilidad se fundamenta a partir de:<sup><a name="nu86"></a><a href="#num86">86</a></sup></p>  <ol>     <li>    <p> Deberes egativos.<sup><a name="nu87"></a><a href="#num87">87</a></sup> Se trata de los deberes de competencia por organizaci&oacute;n, en los cuales la expectativa normativa se dirige hacia la evitaci&oacute;n de consecuencias exteriores del &aacute;mbito de organizaci&oacute;n del autor que puedan ser lesivas para bienes jur&iacute;dicos.</p>     <p>Dentro de estos deberes se encuentran: </p></li>  <ol type="a">     <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Deberes de aseguramiento en el tr&aacute;fico: el contenido del deber es configurar el &aacute;mbito de administraci&oacute;n de forma adecuada, de manera que no sea usurpada una organizaci&oacute;n ajena, por lo cual cada persona debe tomar las medidas que sean necesarias para la evitaci&oacute;n de da&ntilde;os a otras personas.</p></li>      <li>    <p> Deberes de salvamento: surgen cuando el curso causante ya ha alcanzado una organizaci&oacute;n ajena y se tiene el deber de revocar tal usurpaci&oacute;n.<sup><a name="nu88"></a><a href="#num88">88</a></sup></p></li>     <li>    <p> Deberes negativos que surgen de la asunci&oacute;n. En &eacute;stos se est&aacute; obligado a tomar las medidas propias para la compensaci&oacute;n del defecto creado y del cual se es competente.<sup><a name="nu89"></a><a href="#num89">89</a></sup></p></li>    </ol>      <li>    <p> Deberes positivos en virtud de competencia institucional. Las expectativas se dirigen a la prestaci&oacute;n de ayuda solidaria en beneficio de un bien jur&iacute;dico.<sup><a name="nu90"></a><a href="#num90">90</a></sup> Estos deberes positivos se caracterizan porque el garante institucional tiene la obligaci&oacute;n de configurar un mundo en com&uacute;n con alguien, de prestarle ayuda y protegerlo contra los peligros que lo amenacen.<sup><a name="nu91"></a><a href="#num91">91</a></sup></p></li>    </ol>      <p><B><I>4. CONCLUSIONES </I></b></p> <OL>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p> El funcionalismo, en tanto que determina las categor&iacute;as dogm&aacute;ticas a partir de los fines del derecho penal, enmarcados dentro de un modelo de Estado y un momento hist&oacute;rico determinado, no representa cambio de paradigma alguno frente a sus antecesores, que igualmente part&iacute;an de una formulaci&oacute;n similar.</p></li>          <li>    <p> La teor&iacute;a del delito se encuentra supeditada a un momento hist&oacute;rico, social y pol&iacute;tico determinado, por lo que no puede entenderse aislada respecto al modelo de Estado en el que se va a aplicar.</p></li>          <li>    <p> El cambio que representan las concepciones valorativistas, especialmente la liderada por Jakobs, frente a las dem&aacute;s escuelas, est&aacute; en que renuncian -en menor medida Roxin y en mayor medida Jakobs- a la construcci&oacute;n de la teor&iacute;a del delito a partir de datos ontol&oacute;gicos para realizarla a partir de criterios jur&iacute;dicos.</p></li>     </OL>      <p>Por lo anterior, la teor&iacute;a de Jakobs s&iacute; representa, a diferencia de lo que sucede con la propuesta de Roxin, un cambio de paradigma y un intento por la construcci&oacute;n de un sistema de derecho penal, partir de presupuestos claros que determinan el contenido de cada una de las estructuras del delito.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Sobre el significado del funcionalismo Cfr. Grosso Garc&iacute;a, Manuel Salvador, <i>Dos estudios sobre la nueva teor&iacute;a normativista del delito</i>, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez. Colecci&oacute;n de Estudios Breves, pp. 67 y ss.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Khun, Thomas, <i>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas</i>, 1&deg; edici&oacute;n, trad. de Agust&iacute;n Cont&iacute;n, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1972.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Pe&ntilde;aranda Ramos, Enrique, <i>Sobre la influencia del funcionalismo y la teor&iacute;a de sistemas en las actuales concepciones de la pena y del concepto de delito</i>. Ponencia presentada en el seminario celebrado en Le&oacute;n los d&iacute;as 8 y 9 de junio de 2000, DOXA, 23, 2000. Silva S&aacute;nchez, Jes&uacute;s Mar&iacute;a, <i>Introducci&oacute;n a</i> B. Sch&uuml;nemann (comp.), <i>El sistema moderno del derecho penal: cuestiones fundamentales. Estudios en homenaje a Claus Roxin en su 50&ordm; aniversario</i>, Madrid, 1991, pp. 19 y ss.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> "Asistimos en el &aacute;mbito del saber de las ciencias sociales y del m&eacute;todo jur&iacute;dico al triunfo del funcionalismo, entendido de manera amplia como la corriente del pensamiento que orienta el pensamiento hacia los fines sociales de integraci&oacute;n y consenso. En el &aacute;mbito de estudio y contenci&oacute;n de la criminalidad, ello significa para el saber criminol&oacute;gico el dominio de las tesis de la prevenci&oacute;n de la delincuencia, y para el saber penal el &eacute;xito de las corrientes teleol&oacute;gico-funcionalistas. Seg&uacute;n esta orientaci&oacute;n del pensamiento, el sistema penal se encuentra determinado por el fin de prevenci&oacute;n, que constituye el valor rector del razonamiento sistem&aacute;tico y que permite aclarar el relativismo axiol&oacute;gico en funciones sociales". Z&uacute;&ntilde;iga Rodr&iacute;guez, Laura, <i>Pol&iacute;tica criminal</i>, Madrid, Colex, 2001, p. 31.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> G&oacute;mez Pavajeau asigna a Roxin el m&eacute;rito de haber puesto de presente la relaci&oacute;n que era obvia entre modelo de Estado y derecho penal. G&oacute;mez Pavajeau, Carlos Arturo, "Relaciones entre poder pol&iacute;tico, derecho penal y derechos fundamentales", en <i>Estudios de dogm&aacute;tica en el nuevo C&oacute;digo Penal</i>. Segunda Parte, Bogot&aacute;, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 2003, p. 33.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> Grosso Garc&iacute;a encuentra en el nacimiento del principio de legalidad la primera revoluci&oacute;n cient&iacute;fica dentro del derecho penal, en tanto que gracias a este postulado se toma distancia entre la potestad punitiva como un acto de arbitrariedad, y se pasa al entendimiento del derecho penal como un acto de racionalidad. Grosso Garc&iacute;a, Manuel Salvador, <i>Dos estudios&hellip;, op. cit</i>., p. 25.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Arboleda Ripoll, Fernando, "Pol&iacute;tica criminal y nuevo c&oacute;digo penal", en <i>Estudios sobre los nuevos c&oacute;digos penales</i>, Universidad de Salamanca, 2001, p. 13.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Prieto Sanch&iacute;z, Luis, <i>La filosof&iacute;a penal de la Ilustraci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2003, p. 25.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> Sobre el derecho penal en el Estado absolutista, cfr. G&oacute;mez Pavajeau, <i>op. cit</i>., pp. 33 y ss.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 56.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> De all&iacute; que en el marco del Estado liberal no encuentren explicaci&oacute;n los delitos de omisi&oacute;n en los que claramente no hay una conducta de interferencia, sino por el contrario una abstenci&oacute;n relacionada con una actuaci&oacute;n que se debi&oacute; ejecutar teniendo en cuenta la situaci&oacute;n de la persona frente al bien    jur&iacute;dico tutelado. <i>Ibid</i>.    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> Agudelo Betancur, N&oacute;dier, <i>Grandes corrientes del derecho penal. Escuela cl&aacute;sica. El pensamiento jur&iacute;dico-penal de Francesco Carrara</i>, Medell&iacute;n, Ediciones Nuevo Foro Penal, 1996, p. 20.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 20.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 21.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 22.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 20.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> Sobre la relaci&oacute;n entre escuela positivista y Estado intervencionista, Cfr. G&oacute;mez Pavajeau, <i>op. cit</i>., p. 61; Agudelo Betancur, <i>op. cit</i>., p.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Cfr. Baratta, Alessandro, <i>Criminolog&iacute;a cr&iacute;tica y cr&iacute;tica del derecho penal</i>, 6 edici&oacute;n, M&eacute;xico, Siglo Veintiuno Editores, 2000, p. 37.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 37.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 36. En contra, Mezger, Edmund, <i>Derecho penal. Parte General</i>, M&eacute;xico, C&aacute;rdenas editor, 1990, p. 86.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup> G&oacute;mez Pavajeau, <i>op. cit</i>., p. 64. Igual, Agudelo Betancur, op. cit., p. 20.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup> Ibid., p. 36. Ferri se&ntilde;al&oacute; que el estudio del derecho penal refleja las corrientes pol&iacute;tico-sociales que dominan la vida del Estado. Ferri, Enrique, <i>Principios de derecho criminal</i>, Madrid, Ed. Reus, p. 41. Citado por G&oacute;mez Pavajeau, <i>op. cit</i>., p. 33, nota 52.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 65.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup> El origen de esta distinci&oacute;n lo hallamos en Reyes Alvarado, Yesid, <i>Fundamentos te&oacute;ricos de la imputaci&oacute;n objetiva</i>, en DPC, No. 45, Universidad Externado de Colombia, 1991, p. 114, nota 61. Su distinci&oacute;n la mantiene en Imputaci&oacute;n objetiva, Temis, Bogot&aacute;, 1996, pp. 51-71. Igual en Grosso Garc&iacute;a, <i>Dos estudios&hellip;, op. cit</i>., p. 26, nota 7.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup> Mezger, <i>op. cit</i>., p. 86. Reyes Alvarado, <i>Imputaci&oacute;n objetiva, op. cit</i>., p. 51.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup> No en vano se habla -a&uacute;n(!)- de la funci&oacute;n de piedra angular que cumple el concepto de acci&oacute;n en la teor&iacute;a del delito. En tanto que se entiende que es a partir del concepto que de tal se maneje que se construyen las dem&aacute;s categor&iacute;as del esquema del delito. Al concepto de acci&oacute;n igualmente se le han asignado las funciones de permitir la verificaci&oacute;n del principio del acto, la limitaci&oacute;n de lo punible, en tanto que solo aquello que pueda ser entendido como un actuar entra en las redes de lo penal y la funci&oacute;n clasificatoria, en virtud de la cual gracias al concepto de acci&oacute;n los delitos se dividen en delitos de acci&oacute;n y de omisi&oacute;n. Cfr. Vel&aacute;squez V. Fernando, <i>Manual de derecho penal</i>, Bogot&aacute;, Temis, 2002.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup> Sus principales autores son V. Liszt y Beling. Contrario a lo que algunos afirman, este esquema tuvo bastantes cultores como lo demuestra Jescheck. Jescheck, Hans-Heinrich y Weigend, Thomas, <i>Tratado de    derecho penal</i>, 5 edici&oacute;n, trad. de Miguel Olmedo Cardenete, Granada, Comares, 2002, p. 218, nota 27.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup> El positivismo buscaba que los problemas del derecho se solucionaran con argumentos sist&eacute;micos, sin que hubiera lugar a valoraciones de tipo filos&oacute;fico o sociol&oacute;gico.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup> Por todos, Jescheck y Weigend, <i>op. cit</i>., pp. 217 y ss. El concepto de acci&oacute;n sin embargo inclu&iacute;a un m&iacute;nimo de referente ps&iacute;quico, conocido como voluntariedad y en virtud del cual no hay acci&oacute;n cuando se obra bajo ciertos estados, como el desvanecimiento, el cumplimiento de un deber, la presencia de una    fuerza irresistible. Liszt, Franz Von, <i>Tratado de derecho penal</i>, 20 edici&oacute;n, trad. Luis Jim&eacute;nez de Az&uacute;a,    Madrid, Editores Hijos de Reus, 1916, p. 285.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup> Von Liszt, <i>ob. cit</i>., p. 288.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup> Liszt distingue la causaci&oacute;n objetiva en la cual la relaci&oacute;n entre causa y efecto es una "relaci&oacute;n anal&oacute;gica", y la causaci&oacute;n subjetiva, en la que culpablemente se causa o no impide el resultado. <i>Ibid</i>., p. 290. Reyes Alvarado, <i>Imputaci&oacute;n objetiva, op. cit</i>., p. 52.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup> Se&ntilde;ala textualmente Von Liszt: "&#91;T&#93;odas las condiciones del resultado son, por consiguiente, del mismo valor". Liszt, <i>ob. cit</i>., p. 293. Cfr. Mezger, <i>op. cit</i>., p. 111.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup> V&eacute;ase nota 20.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup> El punto de partida es distinto, pero es claro que el neokantismo es, en esencia una correcci&oacute;n del esquema causal. Cfr. Jeschek, ob. cit., p. 219.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup> Ejemplo de ello es lo que sucede con la causalidad, en la que Mezger distingue aqu&eacute;lla para efectos de las ciencias y otra para los efectos de la responsabilidad. Mezger, <i>op. cit</i>., p. 113.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup> Merkel, A., <i>Derecho penal</i>, trad. de P. Dorado, Madrid, pp. 2 y ss.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup> Mezger, <i>op. cit</i>., pp.142 y ss. En igual sentido, Jescheck, op. cit., p. 220. Una vez m&aacute;s, el fin condiciona los medios, con lo cual se reitera nuestra tesis de que el funcionalismo, entendido como el establecimiento   de las categor&iacute;as del delito a partir de la finalidad que se le asigne al derecho penal no es algo exclusivo de    las concepciones valorativas. No resulta fortuita, entonces, la frecuente vinculaci&oacute;n de la obra de Roxin    con el neokantismo. As&iacute;, Silva S&aacute;nchez, "Pol&iacute;tica criminal en la dogm&aacute;tica: algunas cuestiones sobre su    contenido y l&iacute;mites", en Roxin, Claus, <i>La evoluci&oacute;n de la pol&iacute;tica criminal, el derecho penal y el proceso    penal</i>, Valencia, Tirant lo Blanch, 2000, p. 96, nota 7. Sch&uuml;nemann, <i>op. cit</i>., pp. 31 y ss.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 87. Como afirma Mezger, "el concepto de acci&oacute;n es un concepto ontol&oacute;gico".    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup> Merkel, <i>op. cit</i>., p. 34.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup> Mezger, <i>op. cit</i>., pp. 143 y ss. Se destaca el descubrimiento, por parte de los cultores de esta escuela, de los elementos normativos y de los elementos subjetivos del tipo. Cfr. Jeschek, <i>op. cit</i>., p. 221.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup> Rudolphi, Hans-Joachim, <i>Causalidad e imputaci&oacute;n objetiva</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 1998, p. 29. Mezger, <i>op. cit</i>., p. 113.    <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 145. Cfr. Jeschek. <i>op. cit</i>., p. 222.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 132. El criterio de la antijuridicidad material entendida como da&ntilde;o al inter&eacute;s p&uacute;blico se remonta a Ferri. Zaffaroni, Eugenio Ra&uacute;l, <i>Tratado de derecho penal</i>, tomo III, Buenos Aires, Ediar, 1987, p. 563, nota 6.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup> MerkeL, <i>ob. cit</i>., p. 108.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 225. Esta tesis se conoce como teor&iacute;a del dolo y sus efectos se ven en el error de prohibici&oacute;n. V&eacute;ase nota 31.    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup> Dolo que a su vez se compone del conocimiento de los hechos constitutivos de la infracci&oacute;n t&iacute;pica (elemento cognoscitivo), la voluntad de realizarlos de conformidad con ese conocimiento (elemento volitivo) y la conciencia de antijuridicidad; para los efectos de esta escuela, la conciencia de antijuridicidad es conciencia actual, con lo que, para que se pueda estimar cumplida la conciencia de antijuridicidad es necesario que al momento de la comisi&oacute;n del hecho el sujeto tenga pleno conocimiento de la ilicitud de su comportamiento. Cfr. Mezger, <i>op. cit</i>. p. 247. Se&ntilde;ala literalmente: "&hellip;&#91;p&#93;pertenece al dolo &#91;&hellip;&#93; tambi&eacute;n la 'conciencia de la antijuridicidad' como conocimiento de la injusticia del hecho en conjunto". Este aspecto tiene una gran importancia en lo relativo al error de prohibici&oacute;n. As&iacute;, cuando el error es invencible se debe absolver por ausencia de reprochabilidad en la conducta, mientras que cuando el error sea vencible, se condena pero por el remanente culposo -la otra forma de culpabilidad-.    <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup> Definida por Mezger de la siguiente manera: "&#91;h&#93;a actuado culposamente aquel a quien se le reprocha haber desatendido un deber de precauci&oacute;n que le incumb&iacute;a personalmente y que por esto no ha evitado el hecho y sus consecuencias". El contenido valorativo es claro en la anterior afirmaci&oacute;n. Mezger, <i>op. cit</i>., p. 256.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup> Este aporte a la dogm&aacute;tica es obra de Frank. V&eacute;ase Jeschek, <i>op. cit</i>., p. 222. Mezger, <i>op. cit</i>., pp. 225 y 253.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup> Sobre la necesidad de idoneidad en la tentativa v&eacute;ase Mezger, <i>op. cit</i>., p. 284.    <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup> Sobre la impunidad del delito imposible, <i>ibid</i>., p. 279.    <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup> Ello dio lugar incluso a una escuela de derecho penal conocida como la escuela de Kiel. Sus principales autores son Dahm, Schaffstein, Marxen y Eckert. Cfr. Jeschek, <i>op. cit</i>., p. 226.    <br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup> Zaffaroni, <i>op. cit</i>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 298. Igual, Radbruch, Gustav, <i>Relativismo y derecho</i>, Bogot&aacute;, Temis, Colecci&oacute;n de monograf&iacute;as jur&iacute;dicas, No. 82, 1999, p. 66.    <br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup> Zaffaroni, <i>op. cit</i>., p. 301. Es por ello que la denominada teor&iacute;a de las estructuras l&oacute;gico-objetivas se conoce igualmente como derecho natural negativo, pues lo que busca es limitar la actuaci&oacute;n del legislador. Cfr. Welzel, <i>Naturrecht und materiale Gerechtigkeit</i>, G&ouml;ttingen, 1962, pp. 242 y ss. Citado por    Zaffaroni, op. cit., p. 301, nota 49.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup> Rox&iacute;n, <i>op. cit</i>., p. 38.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup> Estas conclusiones de Welzel son fruto de la que sobre su pensamiento tuvo H&ouml;nigswald. Cfr. Zaffaroni, <i>op. cit</i>., p. 302, nota 53. En todo caso, la referencia sigue siendo ontol&oacute;gica.    <br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup> Igualmente se cita la influencia que tuvo Arist&oacute;teles en el pensamiento de Welzel, en tanto que para aqu&eacute;l no pod&iacute;a concebirse ninguna acci&oacute;n humana que no fuera final. Cfr. Zaffaroni, <i>Tratado de derecho penal</i>, tomo III, p. 67, nota 104.    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup> Gracias al concepto personal de acci&oacute;n, los actos consumativos se equiparan a los actos preparatorios.    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup> Zaffaronni, <i>op. cit</i>., p. 263.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup> Dohna, <i>Der Aufbauder Verbrechenslehre</i>, 2 edici&oacute;n, Bonn, 1941.    <br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup> Zaffaroni, <i>op. cit</i>., p. 306.    <br>  <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup> Jescheck, <i>op. cit</i>., p. 228.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup> Reyes Alvarado, <i>Imputaci&oacute;n objetiva, op. cit</i>., p. 54.    <br>  <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup> Rox&iacute;n, <i>op. cit</i>., p. 38.    <br>  <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup> Surge entonces la teor&iacute;a estricta de la culpabilidad, en contraposici&oacute;n a la teor&iacute;a del dolo (v&eacute;ase nota 31), con la consecuencia de que en el error de prohibici&oacute;n vencible la conducta sigue siendo dolosa, procediendo a lo sumo una rebaja de la pena en estos eventos y no la condena por el remanente culposo como acontec&iacute;a en el neokantismo. El que la conciencia de antijuridicidad sea potencial y no actual, significa que en el finalismo no es necesario que el sujeto conozca la ilicitud de su conducta al momento de realizar los hechos sino que basta con que haya podido conocer la contrariedad de su actitud con el ordenamiento jur&iacute;dico.    <br>  <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup> Roxin, Claus, "Pol&iacute;tica criminal y dogm&aacute;tica jur&iacute;dico penal en la actualidad", en Roxin, <i>op. cit</i>., pp. 57 y ss.    <br>  <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup> Sobre la propuesta de Roxin como continuaci&oacute;n del neokantismo v&eacute;ase la nota 27. Es indiscutible la incidencia de este autor dentro de las concepciones contempor&aacute;neas, al punto que constituye, sin    lugar a dudas, y como &eacute;l mismo lo reconoce, "&#91;l&#93;a concepci&oacute;n por m&iacute; desarrollada y que en Alemania es    hoy mayoritaria&hellip;". <i>Ibid</i>., p. 45.    <br>  <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup> Definida por Von Liszt como "el conjunto ordenado de principios -en el sentido de reglas racionales-, con los cuales se adelanta la lucha contra el delito por parte del ordenamiento jur&iacute;dico." Von Liszt, <i>op.    cit</i>., p. 5.    <br>  <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup> <i>Ibid</i>., p. 7. Roxin, Claus, Pol&iacute;tica criminal y estructura del delito, Juan Bustos Ram&iacute;rez, Hern&aacute;n Hormaz&aacute;bal Malar&eacute;e (trads.), Barcelona, PPU, 1992, pp. 42 y ss. "los conceptos jur&iacute;dicos de la parte general tienen que ser determinados desde sus consecuencias jur&iacute;dicas y su concepci&oacute;n sist&eacute;mica tiene que originarse en criterios directrices pol&iacute;tico criminales".    <br>  <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup> Roxin, <i>ibid</i>., pp. 57 y ss.    <br>  <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup> Rox&iacute;n, <i>op. cit</i>., p. 31.    <br>  <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup> <i>Ibid</i>., p.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup> Grosso Garc&iacute;a, Manuel Salvador, <i>El concepto del delito en el Nuevo C&oacute;digo Penal</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 2003, p. 256.    <br>  <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup> <i>Ibid</i>., pp. 44 y ss.    <br>  <sup><a name="num76"></a><a href="#nu76">76</a></sup> Lamentablemente en nuestro medio la confusi&oacute;n entre responsabilidad e imputaci&oacute;n objetiva ha impedido una mayor difusi&oacute;n y desarrollo de esta importante teor&iacute;a. Al respecto cfr. Bernate Ochoa,    Francisco, <i>Delitos de falsedad en estados financieros</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez,    2002.    <br>  <sup><a name="num77"></a><a href="#nu77">77</a></sup> Reyes Alvarado, <i>Imputaci&oacute;n objetiva</i>, op. cit., p. 72.    <br>  <sup><a name="num78"></a><a href="#nu78">78</a></sup> Reyes Alvarado, Yesid, "<i>El concepto de imputaci&oacute;n objetiva</i>", en <i>Revista derecho penal contempor&aacute;neo - Revista internacional</i>, No. 1, Bogot&aacute;, Legis Editores, 2002.    <br>  <sup><a name="num79"></a><a href="#nu79">79</a></sup> Grosso Garc&iacute;a, <i>El concepto del delito en el Nuevo C&oacute;digo Penal</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, 2003, p. 257.    <br>  <sup><a name="num80"></a><a href="#nu80">80</a></sup> Roxin, "Problemas b&aacute;sicos del sistema de derecho penal", en Rox&iacute;n, <i>op. cit</i>., p. 61.    <br>  <sup><a name="num81"></a><a href="#nu81">81</a></sup> Cfr. Grosso Garc&iacute;a, <i>El concepto del delito en el Nuevo C&oacute;digo Penal, op. cit</i>., p. 256. El mismo Roxin reconoce que su propuesta no es realmente un sistema. Roxin, <i>La evoluci&oacute;n&hellip; op. cit</i>., pp. 51, 65, 74. Igual en Bernate Ochoa, Francisco, "La legitimidad del derecho penal", <i>Revista de Estudios Socio-Jur&iacute;dicos</i>, vol. 6, No. 1, Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, abril de 2004, pp. 61-80.    <br>  <sup><a name="num82"></a><a href="#nu82">82</a></sup> Sobre la influencia del pensamiento de Luhmann en Jakobs. Jakobs, <i>Sociedad, norma, persona en una teor&iacute;a de un derecho penal funcional</i>, Universidad Externado de Colombia, 1996, p. 9. Pe&ntilde;aranda Ramos, Enrique, "Sobre la influencia del funcionalismo y la teor&iacute;a de sistemas en las actuales concepciones de la pena y del concepto de delito", en DOXA, No.23, 2000, p. 289 y ss. Prieto Navarro, Evaristo, <i>Teor&iacute;a de sistemas, funciones del derecho y control social. Perspectivas e imposibilidades para la dogm&aacute;tica penal</i>, DOXA, 2000, pp. 265 y ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num83"></a><a href="#nu83">83</a></sup> Jakobs, <i>op. cit</i>., p. 11. Grosso Garc&iacute;a, <i>El concepto del delito&hellip; op. cit</i>., p. 263.    <br>  <sup><a name="num84"></a><a href="#nu84">84</a></sup> Prieto Navarro, op. cit., p. 265. Para Jakobs la pena se dirige a la sociedad, no al sujeto que delinque. Cfr. Jakobs, "Sobre el tratamiento de los defectos volitivos y de los defectos cognitivos", en Jakobs,    G&uuml;nther, Estudios de derecho penal, Civitas, 1997, pp. 127 y ss.    <br>  <sup><a name="num85"></a><a href="#nu85">85</a></sup> Grosso Garc&iacute;a, El concepto del delito&hellip;, <i>op. cit</i>., p. 266, nota 619.    <br>  <sup><a name="num86"></a><a href="#nu86">86</a></sup> Montealegre Lynett, Eduardo, "Introducci&oacute;n a la obra de Gunther Jakobs", en revista <i>Justicia penal militar</i>, Bogot&aacute;, 2003, pp. 21 y ss.    <br>  <sup><a name="num87"></a><a href="#nu87">87</a></sup> Son negativos en tanto que "su contenido esencial es no perturbar o inmiscuirse en los &aacute;mbitos ajenos". Ibid., pp. 21 y ss.    <br>  <sup><a name="num88"></a><a href="#nu88">88</a></sup> Jakobs, G&uuml;nther, <i>Injerencia y dominio del hecho. Dos estudios sobre la parte general del derecho penal</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia. Centro de Investigaciones de Derecho Penal y    Filosof&iacute;a del Derecho, 2001, p. 18.    <br>  <sup><a name="num89"></a><a href="#nu89">89</a></sup> Por todos. Bernate Ochoa, Francisco, "La injerencia en el nuevo c&oacute;digo penal para el distrito federal de m&eacute;xico y el c&oacute;digo penal colombiano", <i>Revista de Derecho Penal de la Universidad de Friburgo</i>, Suiza, en <a href="http://www.unifr.ch/derechopenal/articulos" target="_blank">http://www.unifr.ch/derechopenal/articulos</a>.    <br>  <sup><a name="num90"></a><a href="#nu90">90</a></sup> Jakobs, Injerencia&hellip;, <i>op. cit</i>., p. 31.    <br>  <sup><a name="num91"></a><a href="#nu91">91</a></sup> Montealegre, <i>op. cit</i>., p. 22.    <br> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
