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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Resistencia ciudadana y conflicto armado. Un estudio de caso: desarticulación de redes sociales en el Pacífico colombiano]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT In this article, I examine the way that the political and social movements of minority groups of the Colombian Pacific region has been weaken through different policies and strategies of the Colombian government, transnational corporations and the insurgent movements.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Resistencia ciudadana y conflicto armado. Un estudio de caso: desarticulaci&oacute;n de redes sociales en el Pac&iacute;fico colombiano</b></font><sup>*</sup></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Civic resistance and armed conflict. A study case of the Colombian pacific region</b></font></p>     <p align="center"><b>Laly Catalina Peralta Gonz&aacute;lez</b><Sup>1 </Sup></p>     <p><sup>*</sup>Este art&iacute;culo hace parte del proyecto de investigaci&oacute;n "Pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del gobierno Uribe V&eacute;lez frente a las minor&iacute;as &eacute;tnicas en el conflicto armado", financiado por el Fondo de investigaciones de la Universidad del Rosario.    <br> <Sup>1</Sup> Soci&oacute;loga. Joven investigadora. Universidad del Rosario. Bogot&aacute;-Colombia</p>     <p>Recibido: febrero 2 de 2005 Aprobado: abril 29 de 2005 </p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El objetivo de este art&iacute;culo es evidenciar c&oacute;mo se han ido debilitando las experiencias de organizaci&oacute;n y resistencia social propias de las comunidades &eacute;tnicas del Pac&iacute;fico colombiano,<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> mediante diferentes estrategias que responden a los intereses tanto del gobierno, el capital transnacional, como de los actores del conflicto armado. Algunas denuncian apuntan a que estas estrategias han sido amparadas por el accionar paramilitar y disfrazadas con las promesas de progreso que generan los proyectos productivos que se adelantan en la zona. </p>     <p><I><b>Palabras clave</b>:</I>Regi&oacute;n pac&iacute;fica colombiana, violencia pol&iacute;tica, desplazamiento, pol&iacute;ticas colombianas, grupos minoritarios, movimientos sociales. </p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>In this article, I examine the way that the political and social movements of minority groups of the Colombian Pacific region has been weaken through different policies and strategies of the Colombian government, transnational corporations and the insurgent movements. </p>     <p><I><b>Key words</b>: </I>Colombian pacific region, political violence, displacement, Colombian policies, minority groups, social movements. </p> <hr>     <p>El objetivo de este art&iacute;culo es evidenciar c&oacute;mo se han ido debilitando las experiencias de organizaci&oacute;n y resistencia social propias de las comunidades &eacute;tnicas del Pac&iacute;fico colombiano,<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> mediante diferentes estrategias que responden a los intereses tanto del gobierno, el capital transnacional, como de los actores del conflicto armado. Algunas denuncian apuntan a que estas estrategias han sido amparadas por el accionar paramilitar y disfrazadas con las promesas de progreso que generan los proyectos productivos que se adelantan en la zona. </p>      <p>La din&aacute;mica entre el conflicto armado, los actores &eacute;tnicos y los proyectos productivos est&aacute; inmersa en la l&oacute;gica homogeneizante del desarrollo, y tiene como escenario un contexto global dominado por el capital transnacional. Sin embargo, desde las propuestas alternativas de desarrollo y convivencia, las comunidades afrocolombianas e ind&iacute;genas del pa&iacute;s han logrado, por medio de redes sociales, construir diversas formas para controlar el avance desmesurado de los megaproyectos en la zona y tejer formas de convivencia que les permiten sobrevivir en medio del conflicto armado. </p>     <p>El megaproyecto de la palma africana en el Choc&oacute;, en primer lugar, ilustra c&oacute;mo el desarticular esas formas de organizaci&oacute;n se ha convertido en un objetivo estrat&eacute;gico para diferentes actores y, en segundo lugar, evidencia c&oacute;mo ese debilitamiento organizacional puede alterar las relaciones entre el Estado y los actores &eacute;tnicos. El ejercicio descriptivo muestra c&oacute;mo el fraccionamiento de las organizaciones sociales es un objetivo militar y econ&oacute;mico que abre paso a un nuevo tipo de actores &eacute;tnicos, ahora m&aacute;s individualizados, con menores posibilidades de declararse neutrales frente al conflicto armado, y con una capacidad disminuida para negociar frente al Estado y los intereses transnacionales. </p>      <p>La primera parte del presente art&iacute;culo describe el contexto regional del Pac&iacute;fico y hace un breve recuento de la trayectoria organizativa negra, para evidenciar la tensi&oacute;n de intereses que caracterizan la regi&oacute;n. Posteriormente, se muestra la forma en que el Pac&iacute;fico colombiano ha sido integrado a la econom&iacute;a nacional con el fin de ilustrar las consecuencias sociales, econ&oacute;micas y ambientales que conllevan los modelos de econom&iacute;as extractivas, y, en la tercera parte, se describen las condiciones irregulares que han permitido la extensi&oacute;n de los cultivos de palma en el Choc&oacute; colombiano. </p>     <p><font size="3"><b>I. Contexto</b></font></p>      <p><b>Pac&iacute;fico: espacio estrat&eacute;gico</b></p>      <p>Aproximarse al Pac&iacute;fico colombiano es acercarse a una zona privilegiada por la riqueza biol&oacute;gica<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> y castigada por la pobreza social<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>, es volver los ojos a una zona estrat&eacute;gica que permite reconstruir la tensi&oacute;n entre agentes locales y globales. En esa din&aacute;mica se suscriben tanto intereses nacionales del gobierno actual, como de los actores del conflicto armado y del capital internacional. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al ingresar Colombia, formalmente, como observador en el Plan Pana-m&aacute;-Puebla, el gobierno actual le ha asignado un valor especial al Pac&iacute;fico norte en tanto que es indispensable para la ejecuci&oacute;n de tres importantes proyectos: una l&iacute;nea de interconexi&oacute;n el&eacute;ctrica para el 2008, un gasoducto Venezuela-Colombia-Panam&aacute;-Puebla y la carretera Panamericana que unir&aacute; a las dos Am&eacute;ricas por el Dari&eacute;n<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. Por su parte, las fuerzas irregulares del pa&iacute;s movilizan por el Pac&iacute;fico colombiano el 70% de los recursos que requieren para librar la guerra contra el Estado<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Es a trav&eacute;s de este corredor que los actores armados ilegales han estado importando armas y exportando drogas. </p>      <p>A escala global, esta zona tiene un valor gen&eacute;tico y biol&oacute;gico para los intereses transnacionales por ser una de las &uacute;ltimas grandes selvas h&uacute;medas tropicales del planeta, adicionalmente, resulta atractiva para el capital extranjero por el potencial de recursos que ofrece en el campo forestal y minero, y por la mano de obra barata que aportan los pobladores locales. </p>     <p>En tensi&oacute;n con los m&uacute;ltiples intereses que encierra la regi&oacute;n del Pac&iacute;fico, se encuentra la normatividad ambiental y territorial que busca proteger la diversidad biol&oacute;gica y cultural<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> de la zona. La amplia plataforma jur&iacute;dica, nacional e internacional<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>, que cobija las minor&iacute;as &eacute;tnicas del pa&iacute;s les otorga una amplia gama de derechos; respecto a los derechos territoriales, hay un total de diez millones de hect&aacute;reas que se encuentran cubiertas por una normatividad especial, ya sea porque est&aacute;n tituladas colectivamente a nombre de las comunidades negras o ind&iacute;genas del Pac&iacute;fico, o porque est&aacute;n protegidas por el r&eacute;gimen especial de Parques Naturales. Para el caso espec&iacute;fico de las propiedades tituladas colectivamente a las comunidades negras, por disposici&oacute;n de la Ley 70 de 1993, &eacute;stas se consideran inembargables, inalienables e imprescriptibles. </p>      <p>Sin embargo, los avances logrados por las comunidades respecto a sus derechos territoriales se han visto opacados por las caracter&iacute;sticas que ha adoptado el conflicto armado en esta regi&oacute;n, ya que su din&aacute;mica ha obedecido a los intereses econ&oacute;micos y militares que conviven en la zona. </p>      <p>Las comunidades &eacute;tnicas del Pac&iacute;fico colombiano gozaron de una tranquilidad alentadora hasta finales de 1996<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>, momento en el que se present&oacute; la primera incursi&oacute;n paramilitar en el Bajo Atrato. El resultado de estos enfrentamientos, que utilizaron como principal estrategia de guerra el aterrorizar a la poblaci&oacute;n civil, fue el desplazamiento forzado masivo m&aacute;s grande que se haya producido en el pa&iacute;s desde 1985<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Este fen&oacute;meno impidi&oacute; que los campesinos de la Organizaci&oacute;n Campesina del Bajo Atrato (OCABA) ocuparan las primeras tierras que eran adjudicadas mediante la figura de titulaci&oacute;n de territorios colectivos<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. </p>      <p>Algunas comunidades han denunciado que las causas de los desplazamientos ocurridos en 1996 manten&iacute;an una relaci&oacute;n estrecha con el inter&eacute;s gubernamental por reactivar el proyecto de construir un canal interoce&aacute;nico alterno al de Panam&aacute;<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>, por lo que fueron antecedidos por acciones de las fuerzas armadas (controles de v&iacute;as de acceso y limitaciones de circulaci&oacute;n de personas y productos alimenticios, operaciones "rastrillo", bombardeos, etc.)<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. &Eacute;sta y otras experiencias han evidenciado que los desplazamientos forzados no son fen&oacute;menos  aislados, sino que, por el contrario, responden al inter&eacute;s particular de despejar los obst&aacute;culos impuestos a importantes proyectos energ&eacute;ticos, viales, mineros, agroindustriales<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup> y portuarios, expresamente restringidos por las disposiciones de protecci&oacute;n ecol&oacute;gica del &aacute;rea y por la Ley de titulaci&oacute;n colectiva.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup></p>      <p>Este hecho se manifiesta de forma concreta en que los eventos de desplazamiento que se registran ocurren inmediatamente despu&eacute;s de que los t&iacute;tulos colectivos han sido entregados a las comunidades,<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> y en que los desplazamientos provocados por los paramilitares coinciden con los lugares de implantaci&oacute;n de megaproyectos.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p>      <p>En este sentido, Daniel P&eacute;caut describ&iacute;a, en un art&iacute;culo publicado por la Universidad Nacional, la progresiva desterritorializaci&oacute;n de la guerra colombiana, y retomaba el an&aacute;lisis de Camilo Echand&iacute;a, asegurando que los nuevos objetivos de la guerra se enfilan a controlar los principales polos econ&oacute;micos y rutas de gran importancia, como las rutas hacia al Pac&iacute;fico que permiten las exportaciones de droga y las importaciones de armas.<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> En esta misma direcci&oacute;n, la nueva l&oacute;gica de las guerras del siglo veintiuno privilegia el acceso y la explotaci&oacute;n de los recursos, y deja de lado los objetivos territoriales como el defender o ampliar fronteras. Oslender pone como ejemplo el caso de la guerra en Iraq, donde el "ej&eacute;rcito norteamericano actu&oacute; a la vez como fuerza destructora y de limpieza para preparar la entrada de empresas e intereses econ&oacute;micos norteamericanos".<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> de forma semejante, los ej&eacute;rcitos  paramilitares han facilitado el ingreso de intereses econ&oacute;micos en la regi&oacute;n del Pac&iacute;fico colombiano.<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup></p>      <p><font size="3"><b>Comunidades negras: organizaci&oacute;n social</b></font></p>      <p>Hace tres d&eacute;cadas los fen&oacute;menos de movilizaci&oacute;n social eran inexistentes en el Pac&iacute;fico colombiano, de tal forma que &eacute;sta era una regi&oacute;n donde "la depredaci&oacute;n de los recursos naturales, la explotaci&oacute;n de la mano de obra local y el abandono estatal ocurr&iacute;an sin mayor oposici&oacute;n"<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. Sin embargo, la presencia de algunas organizaciones internacionales no estatales<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> en la regi&oacute;n y el acompa&ntilde;amiento de ciertos grupos misioneros cat&oacute;licos<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> durante la d&eacute;cada de los setenta permitieron adelantar importantes procesos organizativos que, con el tiempo, se reprodujeron de forma aut&oacute;noma<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>. Durante esa d&eacute;cada, la Iglesia inici&oacute; un proceso de organizaci&oacute;n de comunidades eclesiales de base bajo la influencia de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n; en una primera etapa, el proceso se realiz&oacute; &uacute;nicamente con la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, pero, posteriormente, abarc&oacute; a los campesinos negros del Pac&iacute;fico. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos procesos organizativos han girado, principalmente, en torno a los reclamos por el reconocimiento de la propiedad territorial. La Ley 2 de 1959 convirti&oacute; en bald&iacute;os (espacios vac&iacute;os propiedad de la naci&oacute;n) los territorios que durante miles de a&ntilde;os hab&iacute;an venido siendo ocupados por las comunidades negras del Pac&iacute;fico. Seg&uacute;n esta Ley, para que el Estado les reconociera la ocupaci&oacute;n de esa zona, los pobladores deb&iacute;an adoptar un modelo de producci&oacute;n contrario a sus pr&aacute;cticas tradicionales. Las comunidades negras continuaron habitando esos  predios sin ning&uacute;n soporte legal, hasta que el avance de las compa&ntilde;&iacute;as madereras amenaz&oacute; de forma directa su supervivencia y sus territorios. </p>      <p>Ante esa coacci&oacute;n, a finales de la d&eacute;cada de los ochenta, la Asociaci&oacute;n Campesina Integral del Atrato (ACIA), apoy&aacute;ndose en el Convenio 169 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT)<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> y con el apoyo de la Iglesia Cat&oacute;lica, defendi&oacute; su origen tribal africano, y sus especificidades culturales, y reclam&oacute;, por primera vez, la necesidad de defender los derechos a la propiedad de las poblaciones negras. Este reclamo encontr&oacute; eco en un proyecto de cooperaci&oacute;n t&eacute;cnica internacional (el DIAR, Desarrollo Integral Agr&iacute;cola Rural), el cual, para esa &eacute;poca, diagnostic&oacute; que estas comunidades desarrollaban un sistema de producci&oacute;n que garantizaba la preservaci&oacute;n del bosque, mientras cuestionaba las t&eacute;cnicas productivas utilizadas por las compa&ntilde;&iacute;as madereras. En ese contexto, la ACIA logr&oacute; que el Estado reconociera, por primera vez, el manejo de la zona a los habitantes de la parte media del r&iacute;o Atrato.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>      <p>Despu&eacute;s de los avances adelantados por la ACIA, surgieron la Organizaci&oacute;n de Barrios Populares (Obapo), tambi&eacute;n bajo una importante influencia de la Iglesia; a escala rural, la Asociaci&oacute;n de Campesinos del Baud&oacute; (Acaba) y la Organizaci&oacute;n de Campesinos del Bajo Atrato (Ocaba), tambi&eacute;n con reivindicaciones territoriales. </p>      <p>Otro de los antecedentes y logros importantes de la organizaci&oacute;n negra fue lo ocurrido durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, donde algunos constituyentes manifestaron un rechazo a la posibilidad de reconocer la especificidad cultural negra. El discurso generalizado consideraba a los ind&iacute;genas como &uacute;nicos portadores de alteridad &eacute;tnica, y daba por hecho que los negros ya estaban asimilados a la sociedad mayor. Frente a esta clara exclusi&oacute;n, las comunidades organizaron diferentes movilizaciones simb&oacute;licas que ejercieron una presi&oacute;n real sobre los constituyentes. Una de las acciones m&aacute;s importantes fue el <I>telegrama negro</I>, el cual permiti&oacute; que se enviaran 250.000  telegramas a los constituyentes, en los que se ped&iacute;a la "inclusi&oacute;n de los negros, como realidad &eacute;tnica dentro de la reforma constitucional". Por otra parte, varias organizaciones ocuparon, por una semana, la alcald&iacute;a, la catedral y la sede del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) en Quibd&oacute;; posteriormente, una delegaci&oacute;n realiz&oacute; una visita p&uacute;blica a la embajada de Hait&iacute;<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>, y en Cali se realiz&oacute; el foro Los negros ante la Constituci&oacute;n<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>. </p>      <p>Fruto de estas movilizaciones, las medidas relacionadas con la especificidad de las comunidades negras quedaron aprobadas en una de las disposiciones transitorias (art&iacute;culo transitorio 55)<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>. El desarrollo normativo de este art&iacute;culo se da con la Ley 70 de 1993, y una vez aprobada, el Incora se propuso como meta la titulaci&oacute;n colectiva de 5'600.000 hect&aacute;reas de tierras bald&iacute;as. Para el 2003 se hab&iacute;a logrado la expedici&oacute;n de 127 t&iacute;tulos colectivos para igual n&uacute;mero de consejos comunitarios, con un &aacute;rea de 4'611.248 hect&aacute;reas, que beneficiaron a  53.235 familias negras<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>.</p>      <p>Estas experiencias organizativas por la lucha de los derechos territoriales han permitido consolidar un cierto grado organizativo en algunas comunidades, lo que ha facilitado que &eacute;stas desarrollen formas particulares de supervivencia en medio del conflicto armado. Ejemplo de ello fue lo ocurrido durante 1996 cuando, frente a las temibles circunstancias que empezaron a rodear la zona, algunas comunidades con experiencias previas de organizaci&oacute;n empezaron a discutir sobre diferentes estrategias de retorno. El ejercicio comunitario que se  inici&oacute; con estas reflexiones posibilit&oacute; la constituci&oacute;n de las Comunidades de Paz de San Francisco de As&iacute;s<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>, el 19 de octubre de 1997. Al igual que esta experiencia, han nacido otras similares, como las Comunidades de Natividad de Mar&iacute;a y Nuestra Se&ntilde;ora de Carmen Riosucio, entre otras. </p>      <p>Mar&iacute;a Teresa Uribe de Hincapi&eacute;, refiri&eacute;ndose a la Comunidad de Paz de San Jos&eacute; de Apartad&oacute;, se&ntilde;ala que el sentido de estas experiencias es declararse neutrales frente al conflicto con el acompa&ntilde;amiento de diferentes actores internacionales no estatales: "es una forma de manifestarle a los actores armados, incluidos el Estado, que este colectivo opt&oacute; por la paz y la resistencia a la guerra"<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>. Aunque las experiencias han sufrido diferentes arremetidas militares, han demostrado c&oacute;mo es posible "generar desarrollo a partir de la construcci&oacute;n de la paz, pero, sobre todo, c&oacute;mo &#91;...&#93; es posible derrotar a la guerra sin que ello implique el uso de la violencia ni la retaliaci&oacute;n como defensa".<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup></p>      <p><font size="3"><b>Pac&iacute;fico: coyuntura actual (2002-2005)</b></font></p>      <p>Las pol&iacute;ticas del actual gobierno en materia de seguridad responden a dos aspectos que traen consecuencias significativas sobre las organizaciones negras. Primero, el gobierno "no vende a Colombia como un pa&iacute;s que necesita ayuda internacional, sino como una pieza clave en la guerra antiterrorista"<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> iniciada por los Estados Unidos despu&eacute;s de los ataques del 11 de septiembre y, segundo, ha sido renuente en aceptar la existencia de un conflicto armado interno y ha definido al terrorismo como el &uacute;nico enemigo que debe ser vencido. Para el asesor del gobierno Obdilio Gaviria, en Colombia los grupos guerrilleros no pueden ser considerados como revolucionarios en busca de un nuevo r&eacute;gimen, sino simples terroristas que no respetan las normas humanitarias: "despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n la guerrilla ya no lucha por un ideal pol&iacute;tico, sino que act&uacute;a como mafia vinculada al narcotr&aacute;fico y a la captura de rentas como la gasolina, la coca y el oro".<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup></p>      <p>En esta lucha contra el terrorismo, la Pol&iacute;tica de Seguridad Democr&aacute;tica establece la seguridad como el elemento indispensable para asegurar la viabilidad de la democracia y afianzar la legitimidad del Estado<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>. Por otro lado, en cuanto la poblaci&oacute;n civil es la principal v&iacute;ctima de la l&oacute;gica criminal terrorista, &eacute;sta adquiere un papel m&aacute;s activo dentro del conflicto por medio de programas como la Red de informantes, o los Soldados campesinos. Para el caso espec&iacute;fico de las comunidades &eacute;tnicas, el presidente de la Rep&uacute;blica les recordada a los ind&iacute;genas del Cauca en el Consejo Social Ind&iacute;gena, su posici&oacute;n frente a las experiencias de resistencia civil: "Nosotros no aceptamos aparentes neutralidades entre terroristas y la fuerza p&uacute;blica. Eso es inaceptable &#91;...&#93; aqu&iacute; hay que definirnos a favor de la fuerza p&uacute;blica"<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>, en el mismo sentido, una fuente del gobierno afirm&oacute;: "no se puede hablar de neutralidad porque no hay conflicto, y es inadmisible que se impida el ingreso al Ej&eacute;rcito a algunas zonas del pa&iacute;s porque es como poner al Estado al mismo nivel de las guerrilla y los paramilitares".<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En respuesta a las prioridades y pol&iacute;ticas anunciadas por este gobierno, las comunidades &eacute;tnicas ind&iacute;genas y negras del Pac&iacute;fico han lanzado su voz de alerta frente al recrudecimiento de las acciones militares en la zona: durante el gobierno actual se han incrementado los asesinatos selectivos, las restricciones en la movilizaci&oacute;n, el se&ntilde;alamiento indiscriminado de l&iacute;deres y dirigentes, y se ha retrocedido en el proceso organizativo logrado por las comunidades, mientras que las relaciones de solidaridad han sido reemplazadas por la desconfianza que surge de los ofrecimientos de dinero por parte del gobierno a los ind&iacute;genas y afrocolombianos para convertirse en informantes.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></p>      <p>Constantemente, la Iglesia cat&oacute;lica, por medio de la Comisi&oacute;n Vida, justicia y paz, y diferentes organizaciones humanitarias y Organizaciones No Gubernamentales (ONG) han denunciado de manera vehemente ante la comunidad internacional la crisis humanitaria que se ha venido agudizando sin obtener respuesta alguna.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> Sin embargo, las preocupaciones no se limitan a las condiciones de seguridad de la poblaci&oacute;n civil, sino que tambi&eacute;n apuntan a las pol&iacute;ticas ambientales adoptadas por este gobierno, las cuales son cercanas a los cambios internacionales que se han producido a favor de la econom&iacute;a global. </p>      <p>En la agenda tratada en la Cumbre de Desarrollo y Medio Ambiente de las Naciones Unidas en Johannesburgo, en el 2003, se prioriz&oacute; la protecci&oacute;n de las compa&ntilde;&iacute;as transnacionales por encima de los avances obtenidos en materia de pol&iacute;ticas ambientales multilaterales. Se produjo, entonces, un retroceso significativo frente a lo logrado en la Cumbre de Desarrollo Sostenible de R&iacute;o de Janeiro en 1992, en tanto que la prioridad unilateral de los negocios domin&oacute; la agenda de Johannesburgo; de esta forma, se legitimaron las corporaciones transnacionales y se debilit&oacute; el sistema ambiental multilateral, que ven&iacute;a obstaculizando la din&aacute;mica global del capital.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>      <p>El gobierno colombiano, cercano a esta tendencia global, dej&oacute; consignado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) que el "medio ambiente no se convertir&iacute;a en una forma de proteccionismo disfrazado",<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> en este mismo sentido, la Contralor&iacute;a General de la Naci&oacute;n coment&oacute; que el PND parec&iacute;a "adscribirse a la concepci&oacute;n de que el mercado lo puede todo, sin considerar que las fallas de mercado se han traducido en deterioro de los ecosistemas".<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> En palabras de Hildebrando V&eacute;lez, el gobierno de Uribe fomenta la conservaci&oacute;n con figuras como la "protocolizaci&oacute;n del canje de deuda por naturaleza", pues &eacute;sta hace parte de las preocupaciones de seguridad nacional de los Estados Unidos,<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup> pero no "admite que las normas ambientales impidan la expansi&oacute;n del capital, sino que, por el contrario, fomenta la desaparici&oacute;n de la institucionalidad ambiental y la flexibilizaci&oacute;n de las exigencias ambientales legales para favorecer el comercio internacional".<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup></p>      <p>El problema ambiental, y su tratamiento, tiene un significado especial para las comunidades &eacute;tnicas del pa&iacute;s, las cuales han reivindicado como centro esencial de su lucha, el territorio, y esta lucha no se da s&oacute;lo por los recursos naturales y las tierras que ocupan, sino por los significados culturales y sociales que ella encierra. Por esta raz&oacute;n, las pol&iacute;ticas ambientales nacionales e internacionales no s&oacute;lo afectan su entorno natural, sino las particularidades que les permite definirse como comunidades. </p>      <p><font size="3"><b>II. Econom&iacute;as extractivas: industrias de transformaci&oacute;n territorial</b></font></p>      <p>Pese a que, hist&oacute;ricamente, el Pac&iacute;fico colombiano ha gozado de un estatus especial por su riqueza biol&oacute;gica, la integraci&oacute;n de esta regi&oacute;n a la econom&iacute;a nacional se ha logrado parcial y desfavorablemente mediante un modelo de desarrollo propio de las econom&iacute;as extractivas y de enclave, las cuales dependen del aprovechamiento de la oferta ambiental hasta su agotamiento. Este modelo econ&oacute;mico se aproxima a las regiones como despensas naturales, en tanto que instala una capacidad locativa para la explotaci&oacute;n, inicia el ciclo de saqueo y  abandona la regi&oacute;n una vez agota los recursos naturales; s&oacute;lo deja da&ntilde;os ambientales irreparables, y a la poblaci&oacute;n sumida en la pobreza.<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup></p>      <p>&Eacute;ste es el caso de Tumaco, donde grandes emporios econ&oacute;micos con capitales nacionales y extranjeros explotaron, desde 1950, los recursos madereros para exportarlos a Estados Unidos y Canad&aacute;; en la actualidad, este municipio ocupa un lugar marginal en la producci&oacute;n maderera debido al agotamiento de esas existencias. Para el caso de la agroindustria, el cultivo de palma africana le signific&oacute; al municipio de Tumaco la desaparici&oacute;n de los bosques secundarios y los remanentes de bosque primario que se encontraban en el &aacute;rea del r&iacute;o Mira sin que los recursos econ&oacute;micos obtenidos representaran mejoras para la poblaci&oacute;n local.<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup></p>      <p>Con la extracci&oacute;n de la corteza del mangle, los palmitos de naidi y la miner&iacute;a sucedi&oacute; algo similar. La corteza del mangle fue explotada durante todo el siglo XX hasta la d&eacute;cada de los setenta, cuando el Estado lo prohibi&oacute; debido a la amplia destrucci&oacute;n que hab&iacute;an sufrido los bosques de manglar. Las enlatadoras y exportadoras del palmito de naidi han dejado de funcionar por la baja del precio en el mercado internacional y por la dificultad para obtener la materia prima debido a las reducciones de existencia de naidi. La devastaci&oacute;n ambiental por la miner&iacute;a tambi&eacute;n es evidente en la regi&oacute;n. En la actualidad, el Pac&iacute;fico es el primer productor de platino y el segundo en oro, y con esta alta productividad la p&eacute;rdida de cobertura boscosa es ya irreversible. </p>      <p>El cultivo de palma africana se inscribe dentro de las econom&iacute;as extractivas, por cuanto las ganancias que genera no reportan beneficios para los habitantes locales, sino para agentes externos a la regi&oacute;n, y trae consigo efectos ambientales de magnitudes considerables. Pero, mas all&aacute; del deterioro ambiental que genera este tipo de cultivos, la consolidaci&oacute;n de los modelos de econom&iacute;a extractiva conlleva otro tipo de consecuencias a&uacute;n m&aacute;s graves para los individuos y las formas de organizaci&oacute;n local. Tres de las principales consecuencias se enuncian a continuaci&oacute;n: </p>  <ol type="1">    ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p>La extracci&oacute;n de otros recursos naturales en el pasado, ha evidenciado que la tensi&oacute;n entre intereses econ&oacute;micos y actores &eacute;tnicos se resuelve en favor de los primeros mediante el accionar paramilitar. Como se detallar&aacute; mas adelante, la Corte Interamericana de Derechos ha denunciado que el cultivo de palma en el Choc&oacute; ha estado acompa&ntilde;ada de incursiones armadas paramilitares<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup> que convierten a los jornaleros y campesinos en desplazados y/  o alteran las formas de organizaci&oacute;n. En este sentido, es relevante se&ntilde;alar que la estrategia paramilitar no se limita al accionar militar, sino que tiene como objetivo final consolidar un proyecto pol&iacute;tico y social. De esta forma, es posible identificar c&oacute;mo las diferentes etapas de su accionar eliminan progresivamente, y de manera met&oacute;dica y sistem&aacute;tica, los procesos organizativos. En un comunicado publicado por la Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, se afirma que la entrada paramilitar, por lo general, est&aacute; marcada por la generaci&oacute;n de terror; las grandes masacres y sus consecuentes desplazamientos son tan s&oacute;lo una forma de visibilizar su llegada a un territorio, pero, posteriormente, van penetrando las estructuras sociales mediante una fase de asesinatos selectivos que les permite eliminar a los opositores que cuentan con apoyo social. Mas adelante, inician <I>trabajos comunitarios</I> por medio de fundaciones y cooperativas para sacar adelante proyectos productivos de alt&iacute;sima rentabilidad en tiempos sorprendentes, y logran, con esto, permear definitivamente la dirigencia regional. Seg&uacute;n el comunicado de la Di&oacute;cesis, en el caso del Choc&oacute;, m&aacute;s exactamente en el r&iacute;o Atrato, los paramilitares han entregado motosierras y han impulsado la creaci&oacute;n de grupos asociativos de aserradores "brind&aacute;ndoles facilidades para organizar tiendas locales y as&iacute; hacer contrapeso a la red de tiendas comunitarias creadas por las organizaciones sociales". Una vez se han desarticulado las redes sociales locales se inicia un proceso para lograr un "dominio real del territorio", &eacute;ste es el caso de zonas en Urab&aacute; y C&oacute;rdoba donde la estrategia paramilitar consigui&oacute; un amplio apoyo de la poblaci&oacute;n mediante programas organizativos y sociales.<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup></p></li>      <p>Para la Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, esta &uacute;ltima fase no se ha logrado a&uacute;n en el Choc&oacute;, pues, todav&iacute;a existen procesos sociales que est&aacute;n haciendo resistencia; sin embargo, manifiestan su preocupaci&oacute;n sobre que el proyecto paramilitar se est&eacute; construyendo como una nueva manera de etnocidio que niegue la diversidad<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup>: "el gran riesgo del proyecto paramilitar impuesta en muchas regiones es que en el fondo constituye un esquema de sociedad fuertemente agraria, militarista, inclinada a la unanimidad, en oposici&oacute;n a un pa&iacute;s plural, participativo y moderno".<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup></p>     <li>    <p>Otra de las consecuencias de las econom&iacute;as extractivas es que una vez se inician los procesos productivos, los pobladores locales entran en una l&oacute;gica que altera sus pautas de consumo y destruye sus pr&aacute;cticas productivas tradicionales. Los ciclos extractivos exigen una mano de obra barata por lo que acaparan la poblaci&oacute;n local, con esto se pierden o se descuidan los cultivos de "pancoger", lo que provoca, a su vez, un alza en los precios de los productos b&aacute;sicos. Por lo general, estos productos de la canasta familiar son comercializados por las mismas multinacionales, de esta forma, el salario adquirido por los jornaleros en las plantaciones vuelve a manos de las empresas encargadas de los ciclos extractivos.<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup> A este hecho se suma que, con los nuevos productos que las multinacionales empiezan a llevar a la regi&oacute;n, se alteran los patrones locales de consumo en cuanto se generan nuevas necesidades en la poblaci&oacute;n, que, dif&iacute;cilmente, podr&aacute;n ser sostenidas una vez finaliza el ciclo extractivo.</p></li>     <li>    <p>Las consecuencias son a&uacute;n m&aacute;s perversas cuando a los campesinos se les invita a participar del proceso productivo como due&ntilde;os de la maquinaria y no en condici&oacute;n de jornaleros. Se les invita argumentando que con esta participaci&oacute;n se lograr&aacute; una redistribuci&oacute;n de la riqueza; sin embargo, este sistema es ampliamente conocido en la zona, ya que fue intentado por las empresas madereras y al cierre de cuentas los madereros siempre quedaban debi&eacute;ndole al "patr&oacute;n". La idea inicial de este sistema es que el campesino se convierte en due&ntilde;o de la maquinaria al adquirir un cr&eacute;dito con la empresa, deuda que se va saldando con las materias primas obtenidas. Sin embargo, por los costos adicionales ocasionados por los nuevos precios de los productos b&aacute;sicos de la canasta familiar, m&aacute;s los costos de la mano de obra, los fertilizantes y herbicidas.<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup> el campesino queda encerrado en un c&iacute;rculo de deudas imposible de romper, por lo que la promesa inicial de una posible redistribuci&oacute;n de la riqueza jam&aacute;s se convierte en realidad.</p></li>    </ol>      <p>Con los desplazamientos y el proyecto pol&iacute;tico promovido por las incursiones paramilitares, junto con las nuevas din&aacute;micas de consumo que permean la l&oacute;gica local, se presenta una fragmentaci&oacute;n social que debilita las comunidades y las convierte en individualidades presas de la l&oacute;gica capitalista. De manera progresiva, estos procesos de alineaci&oacute;n colectiva convierten a las comunidades en individuos dispersos, as&iacute;, el interlocutor consciente y organizado que resist&iacute;a a los megaproyectos o a los actores armados del conflicto se va debilitando. </p>     <p>Aunque las evaluaciones sociales y ambientales han demostrado lo desfavorable que resulta la expansi&oacute;n de los monocultivos de palma africana, el gobierno presente, al igual que lo han hecho sus antecesores, promueve nuevamente la palma africana como una excelente oportunidad para la reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica campesina, como una soluci&oacute;n para el desarrollo rural del pa&iacute;s y como una iniciativa de paz. Lo que diferencia esta iniciativa gubernamental con las anteriores es que el est&iacute;mulo a la explotaci&oacute;n de palma africana se hace en el marco del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, donde estos cultivos adquieren una especial importancia como un potencial de petr&oacute;leo vegetal (biodiesel). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este sentido, los est&iacute;mulos otorgados a los palmicultores han sido significativos: en el Congreso se aprob&oacute; un proyecto de Ley, iniciativa del Ejecutivo, que declara exento de impuestos los cultivos de tard&iacute;o rendimiento, y una exenci&oacute;n de impuestos en relaci&oacute;n con el IVA y con el impuesto global de combustibles para el biodiesel. Adicionalmente, se han abierto l&iacute;neas de cr&eacute;dito por medio del Banco Agrario dentro del Programa de Oferta Agropecuaria y se  han previsto unos incentivos de capitalizaci&oacute;n rural con el mismo fin. Por su parte, el Plan Colombia y la Uni&oacute;n Europea tambi&eacute;n han asignado recursos para promover la iniciativa. </p>      <p>Los est&iacute;mulos son proporcionales a las metas que ha se&ntilde;alado el presidente Uribe: "El pa&iacute;s no se puede conformar con 200, con 300 mil hect&aacute;reas de palma, ni con 600 mil, hay que tener millones para generar empleo, mejorar los ingresos de la poblaci&oacute;n campesina y producir ese petr&oacute;leo biol&oacute;gico".<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup> En este sentido, el presidente ha sido enf&aacute;tico en el deseo de hacer crecer a Colombia velozmente en cultivos "donde el pa&iacute;s tenga una inmensa ventaja potencial, que se pueda convertir en ventajas reales".<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup> Sin embargo, &iquest;cu&aacute;les son las condiciones que reportan una ventaja potencial para el cultivo de palma en Colombia y que permitir&iacute;an hacer del negocio de la palma m&aacute;s rentable? </p>      <p>La ONG Human Right Everywhere, realiz&oacute; un estudio comparativo entre los pa&iacute;ses que son grandes cultivadores de palma como Indonesia, Malasia y Nigeria, y evidenci&oacute; que las caracter&iacute;sticas que comparten y los hacen altamente competitivos no se refieren &uacute;nicamente a las condiciones edafo-clim&aacute;ticas. Seg&uacute;n el estudio, estos son pa&iacute;ses: (1) con historias democr&aacute;ticas complicadas, donde la legalidad no es totalmente respetada, (2) con vastas extensiones de terrenos bald&iacute;os forestales poco protegidos, en la teor&iacute;a o en la pr&aacute;ctica, y, a menudo, pertenecientes a grupos &eacute;tnicos minoritarios con pocas posibilidades de defender sus derechos sobre los que hay intereses pol&iacute;ticos en su opresi&oacute;n, (3) con problemas de desarrollo econ&oacute;mico y cuyos gobernantes y empresarios buscan nichos para desarrollar actividades econ&oacute;micas que les permitan competir en el mercado mundial (4) donde la mano de obra es barata y poco protegida en sus derechos laborales y sindicales (5) donde existen, o han existido, movimientos de guerrilla y/o cultivos il&iacute;citos que podr&iacute;an ser erradicados mediante el control territorial, que se lograr&iacute;a por medio de la implementaci&oacute;n de grandes plantaciones de palma.<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup></p>      <p>El caso espec&iacute;fico de la expansi&oacute;n de cultivos en el Choc&oacute; colombiano ilustra c&oacute;mo Colombia cumple con cada una de los requisitos mencionados, esto no obedece a la ausencia de una normatividad formal que proteja los territorios ocupados por minor&iacute;as &eacute;tnicas, sino a que la complicidad institucional con los inter&eacute;s econ&oacute;micos transnacionales han hecho inoperante la normatividad existente. En lo relacionado con los terrenos forestales que se han ido titulando formalmente a diferentes grupos &eacute;tnicos, los grupos paramilitares los han "limpiado" de quienes los exig&iacute;an como propios, as&iacute; que algunos de estos territorios se pueden considerar, de nuevo, como bald&iacute;os desprotegidos. </p>      <p>El inter&eacute;s del sector privado y del gobierno en desarrollar actividades econ&oacute;micas que les permitan competir en el mercado mundial se manifiesta en los incentivos tributarios, los cr&eacute;ditos y las ambiciosas metas del gobierno en esta materia. La mano de obra local es barata y los paramilitares de la regi&oacute;n se encargan de desarticular cualquier tipo de asociaci&oacute;n sindical. Por &uacute;ltimo, seg&uacute;n los informes que presenta el proyecto SIMCI (Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Il&iacute;citos) los cultivos il&iacute;citos en el Choc&oacute; representan 2.500 hect&aacute;reas en 18 municipios, por lo que ser&iacute;a posible presentar los cultivos de palma como una alternativa efectiva para que el Estado recobre el control del territorio. </p>     <p>A continuaci&oacute;n se describe la evoluci&oacute;n de la implementaci&oacute;n y extensi&oacute;n de los cultivos de palma en el Choc&oacute; para ilustrar, con m&aacute;s detalle, las condiciones que favorecen la rentabilidad del negocio agroindustrial en esta zona del pa&iacute;s. </p>      <p><font size="3"><b>III. Palma Africana: irregularidades en favor de la rentabilidad</b></font></p>      <p> En el Choc&oacute;, el mayor proyecto de palma africana est&aacute; en cabeza de Urapalma S. A., en la regi&oacute;n del Atrato, &eacute;ste busca sembrar 20 mil hect&aacute;reas de palma, para, posteriormente, montar una planta extractora en la zona que produzca 35.000 toneladas de aceite crudo, en cinco a&ntilde;os. Esta iniciativa ha contado con el apoyo de diferentes entidades, entre ellas, los Ministerios de Agricultura y Desarrollo, el Banco Agrario, el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro), el Fondo de Inversiones para la Paz y la Gobernaci&oacute;n de Antioquia<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup>. Este apoyo no se ha visto limitado por el hecho de que Urapalma no sea uno de los firmantes del Convenio de producci&oacute;n m&aacute;s limpia, acordado por Fedelpalma, el Ministerio del Medio Ambiente y las Corporaciones Aut&oacute;nomas Regionales, para contrarrestar los impactos ambientales de los monocultivos de palma.<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup></p>      <p>Las primeras palmas plantadas en la zona tienen, aproximadamente, tres a&ntilde;os, por lo que est&aacute;n a punto de comenzar su producci&oacute;n de fruto; sin embargo, a junio de 2004 no exist&iacute;a ninguna relaci&oacute;n en los registros oficiales que diera cuenta de la producci&oacute;n de fruto, ni de aceite en tierras chocoanas; seg&uacute;n los datos oficiales, no hay producci&oacute;n palmera chocoana.<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup> A pesar de la ausencia de registros oficiales, la Corte Interamericana de Derechos Humanos<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup> confirm&oacute; en una resoluci&oacute;n de 6 de marzo de 2003, que la empresa Urapalma ha promovido la siembra de palma aceitera en casi 1.500 hect&aacute;reas; sin embargo, lo delicado de la situaci&oacute;n no radica en la negaci&oacute;n oficial de estos cultivos, sino que, seg&uacute;n la Corte Interamericana, la expansi&oacute;n de estos cultivos se ha hecho en los territorios colectivos de la cuenca del Curbarad&oacute; y Jiguamiand&oacute; mediante incursiones paramilitares que han sido amparadas por la fuerza p&uacute;blica. </p>      <p>La misma resoluci&oacute;n advierte que la siembra se ha hecho con ayuda de "la protecci&oacute;n armada perimetral y conc&eacute;ntrica de la Brigada XVII del Ej&eacute;rcito y de civiles armados en sus factor&iacute;as y bancos de semillas". Adicionalmente, agrega: "los operativos e incursiones armadas han tenido el objetivo de intimidar a los miembros de las comunidades, ya sea para que se vinculen a la producci&oacute;n de palma o para que desocupen el territorio".<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos antecedentes impiden que la poblaci&oacute;n local vea como un hecho positivo el aumento de la fuerza p&uacute;blica en el departamento: en los &uacute;ltimos veinte meses el n&uacute;mero de miembros de la fuerza p&uacute;blica pas&oacute; de 2.400 a 3.500,<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup> ya que recuperar el control del territorio chocoano es uno de los principales objetivos de la pol&iacute;tica de Seguridad Democr&aacute;tica.<sup><a name="nu63"></a><a href="#num63">63</a></sup> Sin embargo, esta recuperaci&oacute;n se ha limitado a operaciones militares permanentes en el r&iacute;o Atrato, en las que se ofrecen servicios que deber&iacute;an proveer las instituciones civiles del Estado<sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup>, es as&iacute; como las necesidades suplidas por los militares se convierten en un mecanismo de presi&oacute;n que silencia a las comunidades y da un lugar m&aacute;s amplio a la impunidad. De esta forma, el aumento de la fuerza p&uacute;blica, en lugar de traer confianza, genera mayores temores entre los habitantes de la regi&oacute;n. </p>      <p>Por otro lado, es necesario advertir que las expropiaciones violentas de la tierra que est&aacute;n realizando los paramilitares convierten a las comunidades propietarias en comunidades desplazadas, y en los casos en los que se realizan retornos voluntarios, los antiguos propietarios son tan s&oacute;lo jornaleros de sus propias tierras. Este hecho resulta relevante si se tiene en cuenta que en Colombia al menos la tercera parte de la poblaci&oacute;n desplazada era propietaria o poseedora de la tierra,<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup> con esto, el desplazamiento forzado de los peque&ntilde;os propietarios ha generado una pararreforma agraria<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup> que ha aumentando la concentraci&oacute;n de la tierra en manos de un numero a&uacute;n mas reducido de personas. </p>      <p>En este sentido, las cifras nacionales ilustran la magnitud del problema: para el 2003, el 57% de los propietarios en Colombia ten&iacute;an el 1,7% de la superficie total, mientras que el 0,4% de los propietarios ten&iacute;an el 61,2% de la superficie total registrada. En este sentido, en un informe de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se afirmaba: "alrededor de los fen&oacute;menos de violencia y confrontaci&oacute;n armada se ocultan intereses econ&oacute;micos relacionados con la llamada contra-reforma agraria".<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup> Este hecho cobra mayor importancia  en el Pac&iacute;fico colombiano, donde, gracias a las bondades de la Ley 70 de 1993, se ven&iacute;a adelantando una reforma agraria desde la perspectiva &eacute;tnica. </p>      <p>La p&eacute;rdida de control territorial de las comunidades no s&oacute;lo se manifiesta en la p&eacute;rdida misma de la tierra, sino en el desconocimiento de las autoridades tradicionales &eacute;tnicas reconocidas por la normatividad ambiental nacional. Para la implementaci&oacute;n de los cultivos "no se han realizado procesos de consulta con las comunidades &eacute;tnicas, no se ha tramitado el concepto de viabilidad ambiental, ni se han solicitado los permisos para concesi&oacute;n de aguas y aprovechamiento forestal ante las autoridades ambientales"<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup> correspondientes. Para la Defensor&iacute;a del Pueblo, no es claro c&oacute;mo diferentes autoridades financian una actividad que se desarrolla en un ecosistema estrat&eacute;gico sin contar con los permisos y tr&aacute;mites que ordena la Constituci&oacute;n y las Leyes. </p>      <p>La inoperancia de las instituciones de control ambiental adquiere magnitudes mayores si se considera que, seg&uacute;n el modelo macroecon&oacute;mico dise&ntilde;ado por el Instituto de Investigaciones de Recursos Biol&oacute;gico Von Humboldt<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup>, el aumento de los cultivos de palma implicar&aacute; una p&eacute;rdida de la biodiversidad entre el 21,8% al 39,15%, en la regi&oacute;n occidental del pa&iacute;s.<sup><a name="nu70"></a><a href="#num70">70</a></sup></p>      <p>La inoperancia de los controles institucionales locales para detener la expansi&oacute;n de los cultivos de palma es, en parte, consecuencia de la abierta corrupci&oacute;n de los funcionarios estatales que laboran en zonas empobrecidas, donde el Estado es el principal empleador. Sin embargo, la permisividad institucional va m&aacute;s all&aacute; de la gesti&oacute;n de sus funcionarios. Experiencias pasadas, como lo sucedido con el ingreso del algod&oacute;n BT al pa&iacute;s y las operaciones de transporte e incineraci&oacute;n de residuos agrot&oacute;xicos almacenados en un municipio del Cesar, demuestran la vulnerabilidad de las instituciones nacionales ante los intereses del capital: "los intereses econ&oacute;micos nacionales y extranjeros acorralan la institucionalidad p&uacute;blica".<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup></p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>Los cultivos de palma africana y sus inhumanas consecuencias se hacen m&aacute;s devastadores en el Pac&iacute;fico colombiano que en otras zonas donde tambi&eacute;n se han adelantado agroindustrias de este tipo. Frente a las violaciones de derechos humanos que acompa&ntilde;a el progresivo crecimiento de estos cultivos en el Choc&oacute;, no s&oacute;lo se debe hablar de desplazamientos y genocidios. Para Oscar Almario, por la diversidad &eacute;tnica y cultural de la zona, la dimensi&oacute;n real de estas violaciones cobra la caracter&iacute;stica de etnocidio: </p>     <blockquote>     <p>&iquest;Se trata acaso de considerar los acontecimientos que all&iacute; ocurren simplemente como parte de la cadena de eventos que suceden dentro de la <I>crisis humanitaria</I> que define la situaci&oacute;n nacional? O, por el contrario, y como lo creen caracterizados dirigentes &eacute;tnicos afrocolombianos e ind&iacute;genas y lo experimentan sus comunidades, &iquest;de lo que se trata en realidad es de que alguien ha decretado el ataque directo a sus territorios, comunidades, organizaciones y procesos auton&oacute;micos? &#91;...&#93; &iquest;Se est&aacute; incubando, por acci&oacute;n y omisi&oacute;n del Estado y la sociedad ante este etnocidio, una nueva y frustrante fractura en la ya secular cuesti&oacute;n de las relaciones entre etnias, Estado y naci&oacute;n en Colombia?<sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup></p></blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hablar de una nueva relaci&oacute;n entre etnias y Estado implica otorgarle a la p&eacute;rdida de control territorial un lugar secundario dentro de la lista de consecuencias perversas que supone la implantaci&oacute;n y expansi&oacute;n de cultivos de palma en el Choc&oacute;. Detr&aacute;s de la desterritorializaci&oacute;n, producto del conflicto armado, de la permisividad institucional, de las pol&iacute;ticas ambientales y de seguridad del actual gobierno se esconde un fen&oacute;meno a&uacute;n mas grave: la desarticulaci&oacute;n de las formas de organizaci&oacute;n social que se han logrado consolidar en la zona en la &uacute;ltima d&eacute;cada y que han sido la semilla de las experiencias de resistencia civil frente al conflicto armado. </p>      <p>Las diferentes formas de organizaci&oacute;n social han permitido abrir nuevos horizontes frente al pensamiento hegem&oacute;nico, han fortalecido diferentes experiencias democr&aacute;ticas que, a su vez, han logrado construir formar alternativas de expresar el descontento frente a las pol&iacute;ticas gubernamentales. Prueba de ello es que mientras la tendencia latinoamericana refleja un descenso en la conflictividad y las movilizaciones sociales, en Colombia &eacute;sta se intensifica, en parte, gracias a las significativas marchas de los pueblos ind&iacute;genas, especialmente la realizada hasta Cali en reclamo de autonom&iacute;a y en cuestionamiento a las pol&iacute;ticas del gobierno.<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup></p>      <p>La idea de lograr una sociedad unida enfrentada a un s&oacute;lo enemigo <I>externo</I> encuentra eco en el discurso del desarrollo economicista. Ambos discursos implican la negaci&oacute;n de la diferencia y la disidencia, en cuanto no permiten ver como v&aacute;lidas y leg&iacute;timas las pr&aacute;cticas alternativas propuestas desde lo &eacute;tnico; sin embargo, lo que agrava el alcance de esa negaci&oacute;n es que, en Colombia, la l&oacute;gica homogeneizante del desarrollo ha estado amparada por el proyecto pol&iacute;tico paramilitar. </p>      <p>Estas acciones violentas perpetradas por los paramilitares no s&oacute;lo debilitan los v&iacute;nculos sociales por el ambiente de desconfianza<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup>, sino que generan procesos de alienaci&oacute;n colectiva, que traen consigo "gente desterritorializada y territorio sin gente"<sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup>, de tal forma que, dichas acciones, garantizan a las m&aacute;quinas de la guerra y el capital operar sin obst&aacute;culos. </p>      <p>Si la estrategia paramilitar sigue instrumentalizando en su favor las alteraciones sociales que trae consigo los modelos de econom&iacute;a extractiva, los cultivos de palma africana se constituir&aacute;n en un catalizador para la desarticulaci&oacute;n de las acciones colectivas que se han declarado como neutrales frente al conflicto armado en el Pac&iacute;fico colombiano, no s&oacute;lo por la desaparici&oacute;n f&iacute;sica de los actores &eacute;tnicos, sino, tambi&eacute;n, por la devastaci&oacute;n progresiva de las formas propias que los hace <I>comunidad</I>. </p>      <p>En este sentido, la creciente marginalizaci&oacute;n y aniquilaci&oacute;n de las minor&iacute;as que han sido valoradas como portadoras de alteridad &eacute;tnica y que han logrado ser reconocidas como fundamentales en la construcci&oacute;n de una "naci&oacute;n democr&aacute;tica y pluralista", har&iacute;an pensar que Colombia ha retomado los ideales de las naciones modernas del siglo XIX que fundaban sus bases en la asimilaci&oacute;n y el mestizaje cultural. Es posible que en la b&uacute;squeda de una naci&oacute;n indivisible y unida en torno a un s&oacute;lo enemigo, se niegue de nuevo el valor de la diferencia y se desvirt&uacute;e la lucha por los intereses colectivos. </p> <hr>     <p><b>Notas al Pie</b></p>     <P><sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Para los objetivos de este proyecto, hemos adoptado la delimitaci&oacute;n de la regi&oacute;n Pac&iacute;fica propuesta por Arturo Escobar y Mauricio Pardo, seg&uacute;n la cual se extiende desde Panam&aacute; hasta el Ecuador, y desde la vertiente occidental de la cordillera occidental hasta el oc&eacute;ano Pac&iacute;fico.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>El Choc&oacute; es la regi&oacute;n del planeta con m&aacute;s alta biodiversidad por unidad de &aacute;rea reportada: 400 especies de &aacute;rboles y 800 especies de invertebrados, cifra superior a la que ha sido reportada en el Amazonas. Sus bosques pueden llegar a ser, a mediano y largo plazo, insumos para la industria futura (Proyecto Biopac&iacute;fico).    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Seg&uacute;n el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2003, del PNUD, el departamento del Choc&oacute; ocupa el &uacute;ltimo lugar en los indicadores de desarrollo (0,669) del pa&iacute;s, lo que lo sit&uacute;a en niveles de pa&iacute;ses con rango 60, mientras que Colombia ocupa el 46.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>&Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez, "Discurso durante la firma de la resoluci&oacute;n que oficializa el ingreso de Colombia en el Plan Panam&aacute;-Puebla", s. l., 19 de noviembre, 2004.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Oscar Almario, "Din&aacute;mica y consecuencia del conflicto armado en el Pac&iacute;fico", en: <I>Dimensiones territoriales y espaciales de la guerra y la paz</I>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 2004.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>En el Choc&oacute; hacen presencia los grupos ind&iacute;genas Embera, Wounnan y Tule, y un porcentaje alto de comunidades afrocolombianas.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Los tratados internacionales que cobijan las comunidades negras son las siguientes: la Ley 22 del 22 de enero de 1981. Mediante la cual el Estado colombiano se compromete a cumplir lo establecido en la Convenci&oacute;n Internacional sobre eliminaci&oacute;n de todas las formas de discriminaci&oacute;n racial (Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas &#91;ONU&#93;, 1965). La Ley 21 de 4 de marzo de 1991. Mediante la cual el Estado colombiano se compromete a cumplir el Acuerdo 165 de 1969 de la OIT sobre los derechos de los pueblos ind&iacute;genas y tribales en pa&iacute;ses independientes. En la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica Nacional, aplican los art&iacute;culos 1, 2, 7, 10, 13, 23, 37, 38, 40, 43, 58, 63, 64, 65, 67, 68, 70, 71, 72, 74, 86, 103, 106, 171, 176, 247, 302, 350, y el art&iacute;culo transitorio 55, y las leyes principales en esta materia son la Ley 70 de 1993, Ley 99 de 1993 y Ley 115 de 1994.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Mieke Wouters, "Derechos &eacute;tnicos bajo fuego", en: Mauricio Pardo, <I>Acci&oacute;n colectiva, Estado y etnicidad,</I> Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, marzo, 2001.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Seg&uacute;n las cifras del Grupo de Apoyo a Desplazados (GAD), se registraron 10.000 mientras que Amnist&iacute;a Internacional report&oacute; 20.000.    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Arturo Escobar y Mauricio Pardo, "Movimientos sociales y biodiversidad en el Pac&iacute;fico colombiano". en: Santos Boaventura y Garc&iacute;a Villegas, <I>Emancipaci&oacute;n social y violencia en Colombia,</I> Bogot&aacute;, Norma, agosto, 2004.    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Carlos Rosero, "Los afrodescendientes y el conflicto armado en Colombia: insistencia en lo propio como alternativa"<I>,</I> en: Claudia Mosquera, Mauricio Pardo y Odile Hoffmann (eds.), <I>Afrodescendientes en las Am&eacute;ricas. Trayectorias sociales e identitarias (150 a&ntilde;os de la abolici&oacute;n de la esclavitud en Colombia)</I>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Instituto colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, Institut de Recherche pour le D&eacute;veloppement, Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, s. f., pp. 547-559.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Carlos Efr&eacute;n Agudelo, <I>El Pac&iacute;fico colombiano: de "remanso de paz" a escenario estrat&eacute;gico del conflicto armado</I>, disponible en: <a href="http://www.viaalterna.com.co/index2.htm?http://www.viaalterna.com.co/textos/tmarsella1.htm" target="_blank">http://www.viaalterna.com.co/index2.htm?http://www.viaalterna.com.co/textos/tmarsella1.htm</a>, consulta: septiembre, 2004.    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Ejemplo de ello es lo sucedido con las comunidades ubicadas en el &aacute;rea de influencia de la Ley P&aacute;ez que han sido v&iacute;ctimas de una intensa presi&oacute;n por parte de los grupos paramilitares desde mayo de 2000. La Comunidad Nueva Esperanza, ubicada justamente en una zona proyectada para la plantaci&oacute;n de palma africana, fue v&iacute;ctima, el 2 de junio de 2001, de acciones violentas de un grupo armado de, aproximadamente, cien hombres.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Agudelo, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Rosero, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>s. d., "Desplazamiento y globalizaci&oacute;n. Choc&oacute;: del abandono al inter&eacute;s desaforado. Comunicado de la Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;", s. l., noviembre 29, 2004.    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Daniel P&eacute;caut, "Hacia la desterritorializaci&oacute;n de la guerra y de la resistencia a la guerra", en: <I>Dimensiones territoriales y espaciales de la guerra y la paz, </I>Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 2004.    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Oslender Ulrico, "Resistencias civiles y contrapoder a las guerras" &#91;Paneles. Evento realizado el 20 de junio de 2003&#93;, Foro Social Mundial Tem&aacute;tico, <I>La necesidad de globalizar la resistencia: confrontando las nuevas guerras geoecon&oacute;micas</I>, s. l., 2003, disponible en: <a href="http://www.fsmt.org.co/ponencias2.htm?x=20494" target="_blank">http://www.fsmt.org.co/ponencias2.htm?x=20494</a>, consulta: agosto, 2004.    <br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>En diferentes denuncias, la Di&oacute;cesis del Choc&oacute;, la Defensor&iacute;a del pueblo y organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han reiterado la relaci&oacute;n entre diferentes intereses econ&oacute;micos, miembros de la fuerza p&uacute;blica y los paramilitares. Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, Secci&oacute;n de vida, justicia y paz. <I>Situaci&oacute;n de guerra y violencia en el departamento del Choc&oacute;</I>, Uni&oacute;n Europea, Miserior, C&aacute;ritas Italiana y Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n Internacional, noviembre, 2000.    <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Arturo Escobar, "Pol&iacute;tica cultural y biodiversidad", en: Mauricio Pardo, <I>Antropolog&iacute;a en la Modernidad,</I> Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, abril, 1997.    <br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Como la Foster Parents Plan y World Wild Fund.    <br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Como los centros de pastoral claretianos.    <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Escobar, <I>Antropolog&iacute;a en la modernidad</I>, op. cit.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Convenio Internacional del Trabajo, relativo a la protecci&oacute;n e interacci&oacute;n de las poblaciones ind&iacute;genas y tribales en los pa&iacute;ses independientes. La ley colombiana que aprueba dicho Convenio es la Ley 31 de 1989, y la que lo ratifica es la Ley 21 de 1991.    <br> <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Efr&eacute;n Agudelo, "Nuevos actores sociales y relegitimaci&oacute;n del Estado", <I>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, </I>s.| l., No. 43, mayo-agosto, 2001.    <br> <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Hait&iacute; tiene un significado especial para las comunidades negras por ser el primer territorio libre en Am&eacute;rica por obra de cimarrones.    <br> <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Esta reconstrucci&oacute;n de los hechos fue tomada de Agudelo,<I> op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>"Dentro de los dos a&ntilde;os siguientes a la entrada en vigencia de la presente Constituci&oacute;n, el Congreso expedir&aacute;, previo estudio por parte de una Comisi&oacute;n Especial que el gobierno crear&aacute; para tal efecto, una Ley que les reconozca a las comunidades negras que han venido ocupando tierras bald&iacute;as en las zonas rurales ribere&ntilde;as de los r&iacute;os de la cuenca del Pac&iacute;fico, de acuerdo con sus pr&aacute;cticas tradicionales de producci&oacute;n, el derecho a la propiedad colectiva sobre las &aacute;reas que habr&aacute; de demarcar la misma Ley. En la Comisi&oacute;n Especial de que trata el inciso anterior tendr&aacute;n participaci&oacute;n en cada caso representantes elegidos por las comunidades negras. La propiedad as&iacute; reconocida s&oacute;lo ser&aacute; enajenable en los t&eacute;rminos que se&ntilde;ale la Ley. La misma Ley establecer&aacute; mecanismos para la protecci&oacute;n de la identidad cultural y los derechos de estas comunidades, y para el fomento de su desarrollo econ&oacute;mico y social".    <br> <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Incoder, documento &#91;in&eacute;dito, de circulaci&oacute;n interna&#93;.    <br> <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>&Eacute;stas se constituyen como un principio de distinci&oacute;n de la poblaci&oacute;n civil dentro del conflicto armado y la idea est&aacute; amparada por el Derecho Internacional Humanitario (v&eacute;ase Edwin Ortega, <I>Comunidades de Paz San Francisco - Natividad de Mar&iacute;a - Nuestra Se&ntilde;ora de Carmen Riosucio  -</I><I>Choc&oacute;, </I>s. d.). En el pa&iacute;s se han constituido diferentes experiencias de resistencia civil, entre ellas, vale la pena destacar la resistencia ind&iacute;gena comunitaria del Cauca, la Asociaci&oacute;n de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), en Santander, y las comunidades de paz de San Jos&eacute; de Apartad&oacute;.    <br> <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Mar&iacute;a Teresa Uribe, "Emancipaci&oacute;n social en un contexto de guerra prolongada. El caso de la Comunidad de Paz de San Jos&eacute; de Apartad&oacute;", en: Santos Boaventura y Garc&iacute;a Villegas, <I>Emancipaci&oacute;n social y violencia en Colombia, </I>Bogot&aacute;, Norma, agosto, 2004.    <br> <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Esperanza Hern&aacute;ndez, <I>Resistencia civil artesanos de paz</I>, Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, 2004.    <br> <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Silva Marco Romero, "Seguridad o profundizaci&oacute;n de la guerra en Colombia", en: <I>Reelecci&oacute;n: el embrujo contin&uacute;a</I>, Bogot&aacute;, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, 2004.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup><I>Revista Semana</I>, s. d., Bogot&aacute;, No. 1188, 7-14 de febrero, 2005, p. 26.    <br> <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2002-2006, <I>Hacia un Estado comunitario,</I> s. l., DNP, 2003.    <br> <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>&Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez, "Palabras del presidente Uribe V&eacute;lez", Consejo Social Ind&iacute;gena, Popay&aacute;n, 10 de septiembre, 2004.    <br> <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup><I>El Tiempo</I>, "La fuerza p&uacute;blica ingresar&iacute;a a los denominados territorios de paz", <I>El Tiempo, </I>Bogot&aacute;, 9 de marzo, 2005.    <br> <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>s. d., "Crisis humanitaria en el Medio Atrato", disponible en: <a href="http://www.etniasdecolombia.org" target="_blank">http://www.etniasdecolombia.org</a>., consulta: 17 de julio, 2004.    <br> <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Ver art&iacute;culos y comunicados, disponibles en: <a href="http://www.etniasdecolombia.org" target="_blank">http://www.etniasdecolombia.org</a>.    <br> <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Hildebrando V&eacute;lez, "Medio ambiente: problema de vieja data", en: <I>Reelecci&oacute;n: el embrujo contin&uacute;a</I>, Bogot&aacute;, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, 2004.    <br> <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>PND, <I>op. cit.</I>, p. 143.    <br> <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, "Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica. Estado de los Recursos Naturales y del Ambiente. 2002- 2003", Bogot&aacute;, Contralor&iacute;a General de la rep&uacute;blica, julio, 2004, p. 7.    <br> <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>En el documento "Santa Fe IV. Am&eacute;rica Latina frente a los planes anexionistas de los Estados Unidos, 'Latinoam&eacute;rica hoy'"<I>,</I> s. d., se plantea la necesidad de que los recursos naturales del hemisferio est&eacute;n disponibles para responder a las prioridades nacionales de Estados Unidos, en cuanto son elementos geoestrat&eacute;gicos de gran importancia para la seguridad nacional del mencionado pa&iacute;s    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Hildebrando, <I>op. cit.</I>, p. 149.    <br> <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup>V&eacute;ase comunicado de la Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, "Desplazamiento y globalizaci&oacute;n. Choc&oacute;: del abandono al inter&eacute;s desaforado", s. l., 29 de noviembre, 2004.    <br> <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup>V&eacute;ase "Fragmentaci&oacute;n de h&aacute;bitat y sociedad en el Pac&iacute;fico", disponible en: <a href="htpp://www.IIAP.org.co/jairo.doc" target="_blank">htpp://www.IIAP.org.co/jairo.doc</a>, consulta: agosto, 2004.    <br> <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup>CIDH, Resoluci&oacute;n de 6 de marzo de 2003.    <br> <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup>Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;,<I> op. cit</I>. Al respecto tambi&eacute;n puede verse: INIPU, "Bolet&iacute;n del &aacute;rea de derechos humanos y el Consejo Nacional Ind&iacute;gena de Paz", s. l., ONIC, 2004.    <br> <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup>Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup><I>El Tiempo</I>, "Plan/Un proyecto militar y pol&iacute;tico desarrollado en menos de una d&eacute;cada", <I>El Tiempo</I>, Bogot&aacute;, 26 de septiembre, 2004.    <br> <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup>Fidel Mingorance, Flaminia Minelli y H&eacute;len&egrave; Le D&uacute;, "El cultivo de palma africana en el Choc&oacute;". Bogot&aacute;, Codice, octubre, 2004.    <br> <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup><I>Ibid. </I>    <br> <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup>&Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez, "Discurso al entregar proyecto de palma africana para el Magdalena Medio", s. l., Sabana de Torres, 22 de septiembre, 2004.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup><I>Ibid. </I>    <br> <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup>Mingorance, Minelli y Le D&uacute;, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup>Defensor&iacute;a del Pueblo, "Aprovechamiento forestal y derechos humanos en la cuenca del r&iacute;o Cacarica en el Departamento del Choc&oacute;", disponible en: <a href="/www.defensoria.org.co" target="_blank">/www.defensoria.org.co</a>, consulta: 30 de noviembre, 2004.    
<br> <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup>Mingorance, Minelli y Le D&uacute;, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup><I>Ibid. </I>    <br> <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup>CIDH, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup><I>Ibid. </I>    <br> <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup>Algunas noticias est&aacute;n disponibles en: <a href="http://www.presidencia.gov.co" target="_blank">http://www.presidencia.gov.co</a>.    <br> <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup>Jorge Alberto Uribe, "Palabras del Ministro de Defensa" &#91;in&eacute;dito&#93;, Consejo de Seguridad, 6 de diciembre, 2004.    <br> <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup>V&eacute;ase comunicado del 19 de enero de 2005 de los Consejos comunitarios asociados en Comunidades Autodeterminaci&oacute;n, Vida, Dignidad del Cacarica (CAVIDA) y el Consejo Mayor del Jiguamiand&oacute; y familias del Curvarad&oacute;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup>Forero Pardo, "El desplazamiento interno forzado en Colombia", en: <I>Conflicto y paz en Colombia: consecuencias y perspectivas para el futuro, </I>Bogot&aacute;, Alfaomega, 2003.    <br> <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup>Para m&aacute;s informaci&oacute;n sobre la pararreforma agraria, v&eacute;ase <I>Semana</I>, "Los se&ntilde;ores de las tierras" &#91;informe&#93;, <I>Semana</I>, Bogot&aacute;, No. 1153, 2004.    <br> <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup>CIDH, "Tercer informe sobre la situaci&oacute;n de derechos humanos en Colombia", s. l., junio, 1999, p. 211.    <br> <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup>Defensor&iacute;a del Pueblo, <I>op. cit.,</I> p. 53.    <br> <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup>El modelo se denomina Indicador de biodiversidad.    <br> <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup>Defensor&iacute;a del Pueblo, <I>op. cit</I><I>. </I>    <br> <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup>Hildebrando, <I>op. cit</I><I>. </I>    <br> <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup>Almario, <I>op. cit. </I>    <br> <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup>Jos&eacute; Seoane y Emilio Taddei, "Movimientos sociales, democracia y gobernabilidad en Am&eacute;rica Latina. Observatorio Social de Am&eacute;rica Latina", <I>Revistas OSAL</I>, s. l., No. 15, septiembre-diciembre, 2004.    <br> <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup>Daniel P&eacute;caut, "Las configuraciones del espacio, el tiempo y la subjetividad en un contexto de terror", s. d., pp. 8-35.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup>Almario, <I>op. cit. </I></P> <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>Agudelo, Carlos Efr&eacute;n,<I> El Pac&iacute;fico colombiano: de "remanso de paz" a escenario estrat&eacute;gico del conflicto armado,</I> disponible en: <a href="http://www.viaalterna.com.co/index2.htm?" target="_blank">http://www.viaalterna.com.co/index2.htm?</a> consulta: septiembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579200500030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>____________, "Nuevos actores sociales y relegitimaci&oacute;n del Estado", <I>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,</I> s. l., No. 43, mayo-agosto, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579200500030001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Almario, Oscar, "Din&aacute;mica y consecuencia del conflicto armado en el Pac&iacute;fico", en: <I>Dimensiones territoriales y espaciales de la guerra y la paz, </I>Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579200500030001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cardona, Germ&aacute;n, "Globalizaci&oacute;n, relatifundaci&oacute;n y especulaci&oacute;n", s. d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579200500030001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>CIDH, "Tercer informe sobre la situaci&oacute;n de derechos humanos en Colombia", s. l., s. e., junio, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-0579200500030001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Departamento de Planeaci&oacute;n Nacional, "Bases del Plan Nacional de Desarrollo, Hac&iacute;a un Estado Comunitario", Bogot&aacute;, Departamento de Planeaci&oacute;n Nacional, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-0579200500030001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Di&oacute;cesis de Quibd&oacute;, "Desplazamiento y globalizaci&oacute;n. Choc&oacute;: del abandono al inter&eacute;s desaforado" &#91;in&eacute;dito&#93;, 29 de noviembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-0579200500030001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><I>El Tiempo</I>, "La fuerza p&uacute;blica ingresar&iacute;a a los denominados territorios de paz", <I>El Tiempo</I>, Bogot&aacute;, 9 de marzo, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-0579200500030001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>____________, "Plan/Un proyecto militar y pol&iacute;tico desarrollado en menos de una d&eacute;cada", <I>El Tiempo</I>, Bogot&aacute;, 26 de septiembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-0579200500030001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Escobar, Arturo, "Pol&iacute;tica cultural y biodiversidad", en: Mauricio Pardo, <I>Antropolog&iacute;a en la Modernidad, </I>Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, abril, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-0579200500030001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Escobar Arturo y Mauricio Pardo, "Movimientos Sociales y biodiversidad en el Pac&iacute;fico colombiano", en: Santos Boaventura y Garc&iacute;a Villegas, <I>Emancipaci&oacute;n social y violencia en Colombia, </I>s. l., s. e., s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-0579200500030001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Escobar, Arturo y Pedrosa Escobar, "Modernidad y desarrollo en el Pac&iacute;fico colombiano", en: <I>Pac&iacute;fico &iquest;Desarrollo o diversidad?,</I> s. l., CEREC ECOFONDO, agosto, 1996 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-0579200500030001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Etnias de Colombia, "Crisis humanitaria en el Medio Atrato", disponible en: <a href="http://www.etniasdecolombia.org" target="_blank">http://www.etniasdecolombia.org</a>., consulta: 17 de junio, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-0579200500030001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, Esperanza,<I> Resistencia civil artesanos de paz,</I> Bogot&aacute;, Universidad Javeriana, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-0579200500030001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>INIPU, "Bolet&iacute;n del &aacute;rea de derechos humanos y el Consejo Nacional Ind&iacute;gena de Paz", s. l., ONIC, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-0579200500030001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Marco Romero, Silva, "Seguridad o profundizaci&oacute;n de la guerra en Colombia", en: <I>Reelecci&oacute;n: el embrujo contin&uacute;a</I>, Bogot&aacute;, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-0579200500030001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Mingorance, Fidel, Flaminia Minelli y H&eacute;len&egrave; Le D&uacute;, "El cultivo de palma africana en el Choc&oacute;", Bogot&aacute;, Codice, octubre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-0579200500030001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ortega, Edwin, <I>Comunidades de Paz San Francisco - Natividad de Mar&iacute;a Nuestra Se&ntilde;ora de Carmen Riosucio - Choc&oacute;</I>), s. l., s. e., s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-0579200500030001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Pardo, Forero, "El desplazamiento interno forzado en Colombia", en: <I>Conflicto y paz en Colombia: consecuencias y perspectivas para el futuro, </I>Bogot&aacute;, Alfaomega<I>, </I>2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-0579200500030001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>P&eacute;caut, Daniel "Las configuraciones del espacio, el tiempo y la subjetividad en un contexto de terror", s. l., s. e., s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-0579200500030001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>____________, "Hacia la desterritorializaci&oacute;n de la guerra y de la resistencia a la guerra", en: <I>Dimensiones territoriales y espaciales de la guerra y la paz,</I> Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-0579200500030001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2002-2006, <I>Hacia un Estado comunitario, </I>Bogot&aacute;, Departamento de Planeaci&oacute;n Nacional, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-0579200500030001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Rosero, Carlos, "Los afrodescendientes y el conflicto armado en Colombia: insistencia en lo propio como alternativa", en: Claudia Mosquera, Mauricio Pardo y Odile Hoffmann (eds.), <I>Afrodescendientes en las Am&eacute;ricas. Trayectorias sociales e identitarias (150 a&ntilde;os de la abolici&oacute;n de la esclavitud en Colombia)</I>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Instituto colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, Institut de Recherche pour le D&eacute;veloppement, Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-0579200500030001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><I>Semana</I>, "Los se&ntilde;ores de las tierras" &#91;informe&#93;, <I>Semana</I>, Bogot&aacute;, No. 1153, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-0579200500030001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Seoane, Jos&eacute; y Emilio Taddei, "Movimientos sociales, democracia y gobernabilidad en Am&eacute;rica Latina. Observatorio Social de Am&eacute;rica Latina", <I>Revistas OSAL</I>, s. l., No. 15, septiembre-diciembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-0579200500030001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ulrico, Oslender, "Resistencias civiles y contrapoder a las guerras" &#91;paneles. Evento realizado el 20 de junio de 2003&#93;, Foro Social Mundial Tem&aacute;tico, <I>La necesidad de globalizar la resistencia: confrontando las nuevas guerras geoecon&oacute;micas</I>, s. l., 2003. <a href="http://www.fsmt.org.co/ponencias2.htm?x=20494" target="_blank">http://www.fsmt.org.co/ponencias2.htm?x=20494</a>, consulta: agosto, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-0579200500030001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Uribe V&eacute;lez, &Aacute;lvaro, "Discurso al entregar proyecto de palma africana para el Magdalena Medio", s. l., Sabana de Torres, septiembre 22 de 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-0579200500030001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>____________, "Discurso durante la firma de la resoluci&oacute;n que oficializa el ingreso de Colombia en el Plan Panam&aacute;-Puebla", s. l., s. e., 19 de noviembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-0579200500030001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>____________, "Palabras del presidente Uribe V&eacute;lez", Popay&aacute;n, Consejo Social Ind&iacute;gena, 10 de septiembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-0579200500030001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Uribe, Jorge Alberto, "Palabras del Ministro de Defensa" &#91;in&eacute;dito&#93;, Consejo de Seguridad, 6 de diciembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-0579200500030001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Uribe, Mar&iacute;a Teresa, s. d., en: Santos Boaventura y Garc&iacute;a Villegas, <I>Emancipaci&oacute;n social y violencia en Colombia, </I>s. l., s. e., s. f.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-0579200500030001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>V&eacute;lez, Hildebrando, "Medio ambiente: problema de vieja data", en: <I>Reelecci&oacute;n: el embrujo contin&uacute;a</I>, Bogot&aacute;, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-0579200500030001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Wouters, Mieke, "Derechos &eacute;tnicos bajo fuego", en: Mauricio Pardo, <I>Acci&oacute;n colectiva, Estado y etnicidad</I>, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, marzo, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-0579200500030001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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