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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La reforma constitucional de septiembre de 2007 en México. Otra vuelta de tuerca al reformismo electoral mexicano]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Mexican Constitutional Reform of September 2007: Another Turn of the Mexican Electoral Reform Screw]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay discusses the constitutional reform, in relation to electoral matters, approved by the Mexican Congress in September 2007. It emphasizes that this reform brings to an end a model of political rivalry (characterized by tight relationships between the communication media and the political parties) which prevailed throughout the last decade. In this sense, in order to evaluate the significance of the reform, it is necessary to first carry out a historic synthesis of the different electoral reforms and to analyze some of their consequences on the country's democratic processes. Then, the article will discuss the most relevant aspects of the constitutional reforms and analyze their political repercussions.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>La reforma constitucional de septiembre de 2007 en M&eacute;xico. Otra vuelta de tuerca al reformismo electoral mexicano</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The Mexican Constitutional Reform of September 2007: Another Turn of the Mexican Electoral Reform Screw</b></font></p>     <p><b><i>Anselmo Flores Andrade*</i></b></p>     <p>* Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, M&eacute;xico. Doctor en ciencias pol&iacute;ticas por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, M&eacute;xico. 2653 Letourneux, Montreal. H1V 2P3 Qu&eacute;bec, Canad&aacute;, (514) 252 40 65. Agradezco a Fabiola Rodr&iacute;guez Barba su valiosa lectura cr&iacute;tica del texto.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:anselmofloresa@yahoo.com.mx">anselmofloresa@yahoo.com.mx</a> Montreal, Canad&aacute;.</p>     <p>Recibido: 22 de octubre de 2007 Aprobado: 9 de abril de 2008</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Este ensayo aborda la reforma constitucional en materia electoral aprobada por el Congreso mexicano en septiembre de 2007, y subraya que con ella termina un modelo de competencia pol&iacute;tica (caracterizada por la estrecha vinculaci&oacute;n entre medios de comunicaci&oacute;n y partidos) imperante en la &uacute;ltima d&eacute;cada. En este sentido, para poder valorar el significado de la reforma, en primer lugar se realiza una s&iacute;ntesis hist&oacute;rica de las diferentes reformas electorales y se analizan algunas de sus consecuencias para el proceso democr&aacute;tico del pa&iacute;s. Posteriormente, se abordan los aspectos m&aacute;s relevantes de la reforma constitucional y se analizan sus repercusiones pol&iacute;ticas.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> M&eacute;xico-reforma electoral, M&eacute;xicoreforma constitucional, sistemas electorales, reforma pol&iacute;tica.</p>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This essay discusses the constitutional reform, in relation to electoral matters, approved by the Mexican Congress in September 2007. It emphasizes that this reform brings to an end a model of political rivalry (characterized by tight relationships between the communication media and the political parties) which prevailed throughout the last decade. In this sense, in order to evaluate the significance of the reform, it is necessary to first carry out a historic synthesis of the different electoral reforms and to analyze some of their consequences on the country's democratic processes. Then, the article will discuss the most relevant aspects of the constitutional reforms and analyze their political repercussions.</p>     <p><b>Key words:</b> Mexico-Electoral reform, Mexico-Constitutional reform, electoral systems.</p> <hr>     <p><b><i>INTRODUCCI&Oacute;N</i></b></p>     <p>En septiembre de 2007 el Congreso mexicano aprob&oacute; reformas a varios art&iacute;culos constitucionales en materia electoral. Con ello, no s&oacute;lo se sentaron las bases legales para dar respuesta a las insuficiencias, lagunas y ambig&uuml;edades existentes en el sistema electoral mexicano, sino tambi&eacute;n para dejar atr&aacute;s un modelo de competencia electoral que estaba resultando da&ntilde;ino para la salud del sistema pol&iacute;tico en su conjunto. No s&oacute;lo porque en el contexto de la elecci&oacute;n presidencial de 2006 la actual ley electoral no pudo contener (ni mucho menos encauzar) los acontecimientos que cimbraron el andamiaje pol&iacute;tico-electoral creado en la &uacute;ltima d&eacute;cada, sino fundamentalmente porque el v&iacute;nculo entre dinero y pol&iacute;tica estaba generando actos peligrosos de corrupci&oacute;n (<i>Pemexgate</i>, <i>Amigos de Fox</i>, <i>Spotgate</i>) y escandalosos derroches de dinero que da&ntilde;aban la credibilidad de los comicios y la legitimidad de sus resultados. Es por ello que el resultado electoral y los acontecimientos producidos en torno de la elecci&oacute;n presidencial de julio de 2006 reanimaron el debate sobre la conveniencia de modificar las reglas del juego electoral. Cuestiones tales como: modificar los montos del financiamiento p&uacute;blico que reciben los partidos pol&iacute;ticos; reducir los tiempos de las campa&ntilde;as electorales; aminorar los l&iacute;mites a los gastos de los partidos; revisar las tarifas fijadas por los medios de comunicaci&oacute;n; regular las precampa&ntilde;as electorales, as&iacute; como las elecciones primarias al interior de los partidos para designar a sus candidatos a los puestos de elecci&oacute;n popular, inmediatamente se colocaron en el eje de las discusiones sobre una posible reforma electoral. Pero tambi&eacute;n se aprovech&oacute; el momento pol&iacute;tico para incluir en la agenda de discusiones temas como la segunda vuelta electoral; la figura de candidaturas independientes; la reelecci&oacute;n de diputados y senadores y un ingente n&uacute;mero de reformas del mismo calado. Esas demandas no eran nuevas; formaron parte del debate pol&iacute;tico en torno a la elecci&oacute;n federal de 2000. Incluso, desde hace varios a&ntilde;os existen en el Congreso, como en el &aacute;mbito acad&eacute;mico, diversos documentos que contemplan y desarrollan la reforma a algunos de los temas arriba mencionados. El hecho de que esas propuestas de reforma no se concretaran se debi&oacute; a que no existieron las condiciones sociopol&iacute;ticas necesarias que obligaran a las &eacute;lites partidistas a modificar el <i>statu quo</i>, pero tambi&eacute;n a que los encargados de llevar a cabo los cambios eran los principales afectados; por ejemplo, una reducci&oacute;n en el monto del financiamiento de los partidos les afectar&iacute;a considerablemente a estos, pues ya no dispondr&iacute;an de las enormes sumas de dinero que la autoridad electoral les proporciona. Un cambio en ese sentido s&oacute;lo era posible con una reforma a los medios de comunicaci&oacute;n. Lo mismo suceder&iacute;a con la reelecci&oacute;n de diputados y senadores, un cambio en esa direcci&oacute;n minar&iacute;a el control de las dirigencias partidistas sobre sus legisladores. Por lo que fueron necesarias unas elecciones sist&eacute;micas como las de 2 de julio de 2006 para avanzar en esos aspectos.<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> En efecto, las elecciones de 2006 resultaron "catacl&iacute;smicas" en m&aacute;s de un sentido. En primer lugar, porque confirmaron los l&iacute;mites de las reglas que norman la contienda electoral del pa&iacute;s; en segundo, porque sus resultados electorales modificaron el panorama pol&iacute;tico que se hab&iacute;a observado en las &uacute;ltimas tres contiendas federales (1997, 2000, 2003); es decir, trajeron de regreso la protesta social, la descalificaci&oacute;n a la autoridad y el conflicto pol&iacute;tico post-electoral que se supon&iacute;an superados. En tercer lugar, porque jam&aacute;s ninguna elecci&oacute;n federal moderna hab&iacute;a generado altos niveles de confrontaci&oacute;n ideol&oacute;gica, no s&oacute;lo en la arena p&uacute;blica sino tambi&eacute;n en el &aacute;mbito individual.</p>     <p>La importancia de analizar la reforma electoral reside en que, a diferencia de otros pa&iacute;ses, en M&eacute;xico el cambio pol&iacute;tico privilegi&oacute; la arena electoral. Es decir, el &aacute;mbito electoral se constituy&oacute; en el motor de muchas de las transformaciones pol&iacute;ticas ocurridas en el pa&iacute;s.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> De hecho, gran parte de los espacios democr&aacute;ticos y arenas de representaci&oacute;n leg&iacute;timamente conformados tienen su origen en la estrategia de liberalizaci&oacute;n controlada y cambios graduales llevados a cabo por los distintos gobiernos pri&iacute;stas en respuesta a la creciente modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s y al incremento de la pluralidad de la sociedad mexicana.</p>     <p>El abundante n&uacute;mero de reformas electorales da cuenta de la estrategia de ir resolviendo problemas puntuales del sistema electoral y de partidos en M&eacute;xico. En efecto, despu&eacute;s de un largo periodo en que el &aacute;mbito electoral no fue objeto de inter&eacute;s se inici&oacute; a finales de los a&ntilde;os 70 una amplia tradici&oacute;n de reforma al marco electoral. As&iacute;, a diferencia de las primeras cinco d&eacute;cadas del siglo XX (a partir de la ley electoral de 1918 que permaneci&oacute; inalterable hasta 1946, y esta &uacute;ltima que estuvo vigente por treinta a&ntilde;os) los a&ntilde;os 70 inauguran un prolijo camino de modificaciones electorales. A partir de esta fecha el sistema electoral mexicano ha sufrido ocho grandes reformas: 1977, 1986, 1989-1990, 1993, 1994, 1996; 2003 y 2005, que han regido a diez procesos electorales federales: las elecciones presidenciales de 1982, 1988, 1994, 2000 y 2006; as&iacute; como las intermedias de 1979, 1985, 1991 1997 y 2003. En todas ellas, y a trav&eacute;s de un proceso incremental, se fue democratizando y modernizando el sistema electoral, hasta hacer del sistema electoral mexicano uno de los m&aacute;s sofisticados del mundo.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> Y a pesar de estos avances, la elecci&oacute;n presidencial de 2006 mostr&oacute; los l&iacute;mites del marco electoral para dirimir la lucha pol&iacute;tico-electoral. Este ensayo tiene como prop&oacute;sito subrayar la importancia de la reciente reforma constitucional electoral para el modelo de competencia pol&iacute;tico-electoral imperante en la &uacute;ltima d&eacute;cada. El texto est&aacute; integrado por dos partes. En la primera, se realiza un breve recorrido hist&oacute;rico sobre las diferentes reformas electorales realizadas en M&eacute;xico, y se enuncian algunas de sus consecuencias para el proceso democr&aacute;tico del pa&iacute;s. En la segunda, se abordan los aspectos m&aacute;s relevantes de la reforma constitucional en materia electoral de 2007 y se esbozan sus repercusiones pol&iacute;ticas.</p>     <p><b><i>1. LAS REFORMAS ELECTORALES EN M&Eacute;XICO</i></b></p>     <p>El inicio de la pluralidad pol&iacute;tica en el &aacute;mbito partidario se da en 1977,<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> a prop&oacute;sito de la reforma pol&iacute;tico-electoral de ese a&ntilde;o; ello como consecuencia de las grandes movilizaciones estudiantiles de mediados de la d&eacute;cada de los 60, del surgimiento de movimientos guerrilleros y del desgaste del sistema electoral como lo atestigu&oacute; la candidatura solitaria de Jos&eacute; L&oacute;pez Portillo en las elecciones federales de 1976.<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> As&iacute;, despu&eacute;s de d&eacute;cadas de existencia de una ley electoral deshilvanada (la ley electoral de 1996 que estuvo vigente por treinta a&ntilde;os) y de un par de d&eacute;cadas en las que s&oacute;lo existieron cuatro partidos en el &aacute;mbito electoral: Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Popular Socialista (PPS) y Partido Aut&eacute;ntico de la Revoluci&oacute;n Mexicana (PARM); en 1977, con la nueva ley electoral denominada Ley Federal de Organizaciones Pol&iacute;ticas y Procesos Electorales (LFOPPE), se establecieron nuevos mecanismos para darle cabida a organizaciones pol&iacute;ticas que no participaban del juego pol&iacute;tico-electoral. Entre los grandes cambios que motiv&oacute; esta ley podemos mencionar, en primer lugar, que se declara a los partidos pol&iacute;ticos como <i>entidades de inter&eacute;s p&uacute;blico</i>, es decir se subraya la personalidad jur&iacute;dica de estos y su importancia en la conformaci&oacute;n de los &oacute;rganos del Estado, con lo que se les garantiza una serie de recursos para el cumplimiento de sus funciones. Asimismo, la ley de 1977 ampl&iacute;a la integraci&oacute;n del Congreso e introduce la figura de diputados plurinominales, de tal suerte que el Congreso se integrar&iacute;a con 300 diputados de mayor&iacute;a relativa y 100 de representaci&oacute;n proporcional. Igualmente establece, aunque de manera seminal, la obligaci&oacute;n del Estado de otorgar recursos a los partidos pol&iacute;ticos.</p>     <p>Un cambio evidente lo constituy&oacute; la conformaci&oacute;n del m&aacute;ximo &oacute;rgano electoral (la Comisi&oacute;n Federal Electoral) que sustituy&oacute; a la Comisi&oacute;n Federal de Vigilancia Electoral. La LFOPPE, por otra parte, modific&oacute; la reglamentaci&oacute;n del registro, los derechos y prerrogativas de los partidos; as&iacute;, de acuerdo a esa nueva ley electoral se establecieron dos rutas para obtener el reconocimiento legal como partido: a) registro definitivo, y b) registro condicionado. Bajo esta &uacute;ltima figura varias organizaciones accedieron al &aacute;mbito partidista legal, de tal suerte que con ese nuevo ordenamiento electoral se legalizaron algunos partidos que estaban proscritos de la arena electoral, como el Comunista Mexicano (PCM), y surgieron otros nuevos, como el Partido Dem&oacute;crata Mexicano (PDM) y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). De ese modo, de los cuatro partidos que exist&iacute;an antes de la reforma pol&iacute;tica (PRI, PAN, PPS y PARM), para las elecciones de 1979 se dio el paso a siete institutos pol&iacute;ticos nacionales legalizados por la autoridad electoral, lo que ya constituy&oacute; un significativo cambio, pues la presencia de siete opciones con un n&uacute;mero igual de ofertas pol&iacute;ticas modific&oacute; el ambiente tradicional de los comicios federales de esa &eacute;poca.<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hasta antes de la reforma, el sistema electoral y de partidos se caracterizaba por su car&aacute;cter no competitivo, que se ajustaba completamente al perfil autoritario del sistema pol&iacute;tico mexicano.<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> Giovanni Sartori calificaba al sistema de partidos mexicano como hegem&oacute;nico-pragm&aacute;tico debido a que no exist&iacute;a una competencia real por el poder (aun cuando las normas legales consagraban el multipartidismo), y porque la ideolog&iacute;a ten&iacute;a un peso menor en el perfil del sistema.<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a> En otras palabras, hasta antes de 1977 las elecciones mexicanas se distinguieron no s&oacute;lo porque carec&iacute;an de las instituciones y procedimientos adecuados para encauzar la lucha pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n porque sus resultados eran previsibles debido a que nunca constituyeron peligro alguno para los candidatos del gobierno.<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a> Los triunfos estaban de antemano garantizados para todos los candidatos del partido del gobierno. Esta imagen, poco a poco, y no sin fuertes resistencias, comenz&oacute; a modificarse. La reforma electoral de 1977 posibilit&oacute; una apertura sin precedentes al juego partidario y una ampliaci&oacute;n de los espacios de representaci&oacute;n a la oposici&oacute;n, pero sin poner en riesgo el control gubernamental sobre la organizaci&oacute;n de los comicios; y cuando este estaba en riesgo, el gobierno se encargaba de anular dicha tendencia a trav&eacute;s de una nueva reforma electoral, como sucedi&oacute; en la d&eacute;cada siguiente.</p>     <p>A inicios de la d&eacute;cada de los 80, y en el contexto de una profunda crisis econ&oacute;mica en el pa&iacute;s, los comicios locales que se realizaron en varios lugares de la Rep&uacute;blica Mexicana motivaron serios enfrentamientos entre los partidos pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n y las autoridades. En casi todos los comicios locales posteriores a 1982 hubo m&uacute;ltiples denuncias de fraude y manipulaci&oacute;n del voto ciudadano. Esta situaci&oacute;n desbord&oacute; el &aacute;mbito electoral local y amenaz&oacute; con incidir en la pol&iacute;tica federal del entonces gobierno de Miguel de la Madrid.<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> De tal suerte que la f&eacute;rrea impugnaci&oacute;n hacia diversos &aacute;mbitos de la materia electoral, as&iacute; como la creciente desconfianza hacia sus &oacute;rganos directivos, fue contrarrestada con una nueva reforma pol&iacute;tico-electoral.</p>     <p>As&iacute;, tras una serie de audiencias p&uacute;blicas llevadas a cabo en 1986 se elabor&oacute; un nuevo C&oacute;digo Federal Electoral (CFE) que sustituy&oacute; a la LFOPPE. Dentro de la serie de modificaciones que introdujo este nuevo marco electoral, cabe destacar la supresi&oacute;n de la figura de registro condicionado (situaci&oacute;n que representaba un retroceso, si observamos que bajo esa figura accedieron la mayor&iacute;a de las nuevas formaciones pol&iacute;ticas que participaron en los procesos electorales despu&eacute;s de la reforma pol&iacute;tica de 1977), quedando solamente la figura de registro definitivo. No obstante, conserv&oacute; la figura de asociaciones pol&iacute;ticas nacionales, pero ampli&oacute; su normatividad.<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a> Ampli&oacute; a 200 el n&uacute;mero de diputados de representaci&oacute;n proporcional y estipul&oacute; que los partidos que hubiesen obtenido al menos 1,5% de la votaci&oacute;n participar&iacute;an en el sistema de representaci&oacute;n proporcional; se introdujo la denominada "cl&aacute;usula de gobernabilidad" para garantizar una mayor&iacute;a absoluta en la C&aacute;mara Baja al partido m&aacute;s votado;<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a> cre&oacute; un Tribunal de lo Contencioso Electoral como &oacute;rgano jurisdiccional competente para conocer y resolver sobre los recursos de queja, reclamaci&oacute;n y nulidad interpuestos por controversias de car&aacute;cter electoral; modific&oacute; la integraci&oacute;n del m&aacute;ximo &oacute;rgano electoral estableciendo la representaci&oacute;n de los partidos en ese &oacute;rgano en funci&oacute;n de su fuerza electoral (con esta disposici&oacute;n, el partido del gobierno contaba con una mayor&iacute;a de votos, incluso si el representante del gobierno un&iacute;a su voto al de la oposici&oacute;n en su conjunto);<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a> y estableci&oacute; criterios para otorgar a los partidos pol&iacute;ticos acceso a los medios de comunicaci&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo que le corresponde al Estado.</p>     <p>Esta reforma tuvo m&aacute;s sombras que luces, pues el objetivo fundamental del gobierno consisti&oacute; en cerrar la ampliaci&oacute;n del sistema de partidos y ejercer un mayor control sobre el principal &oacute;rgano directivo encargado de organizar las elecciones; y fundamentalmente porque garantizaba una mayor&iacute;a legislativa al partido oficial, Partido Revolucionario Institucional (PRI), a trav&eacute;s de la denominada cl&aacute;usula de gobernabilidad (aunque ciertamente nunca se utiliz&oacute;). No obstante, conserv&oacute; algunos elementos atractivos para las oposiciones, como la figura de las candidaturas comunes, que le permiti&oacute; a los partidos de oposici&oacute;n aglutinarse en torno a la figura del l&iacute;der opositor m&aacute;s importante de aquella &eacute;poca: Cuaht&eacute;moc C&aacute;rdenas.<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a></p>     <p>Con ese marco electoral se llega a 1988. Las elecciones federales de ese a&ntilde;o, en especial la presidencial, resultaron ser no s&oacute;lo las m&aacute;s competidas hasta ese momento (por primera vez en la historia del pa&iacute;s el candidato del gobierno obtuvo menos del 50% de los votos) sino las m&aacute;s impugnadas en la memoria electoral del pa&iacute;s. Las amplias y fundadas cr&iacute;ticas de la oposici&oacute;n al resultado electoral, adem&aacute;s de las intensas movilizaciones populares que patrocinaron los partidos de oposici&oacute;n, provocaron un clima de inestabilidad pol&iacute;tica en el pa&iacute;s, a tal grado que el nuevo gobierno asumi&oacute; sus funciones con una amplia crisis de legitimidad y desconfianza ciudadana. Esta situaci&oacute;n result&oacute; fundamental para someter nuevamente a negociaci&oacute;n y reforma la ley electoral. En particular cabe destacar que por primera vez el partido oficial no pod&iacute;a modificar por s&iacute; mismo la Constituci&oacute;n del pa&iacute;s, es decir, para realizar reformas constitucionales ten&iacute;a que tomar en cuenta a la oposici&oacute;n; de ah&iacute; que la nueva reforma electoral tuvo avances importantes y sustanciales que posibilitaron comicios m&aacute;s libres y competitivos.</p>     <p>En efecto, la presi&oacute;n social y la crisis pol&iacute;tica restaron margen de maniobra al gobierno para imponer su modelo de reforma; la nueva realidad pol&iacute;tica y plural del pa&iacute;s requiri&oacute; de una reforma m&aacute;s ambiciosa de lo que el gobierno deseaba. En este sentido, la reforma pol&iacute;tico-electoral de 1989-1990 cre&oacute; un renovado marco electoral denominado C&oacute;digo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE). Las novedades fueron tanto en los procedimientos como en los &oacute;rganos e instrumentos electorales, pues se cre&oacute; una nueva estructura electoral, el Instituto Federal Electoral (IFE), que se reprodujo en los niveles estatal y distrital; y se instituy&oacute; un nuevo &oacute;rgano superior de direcci&oacute;n del instituto (denominado Consejo General) con una novedosa integraci&oacute;n.<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a> Asimismo, con la reforma se orden&oacute; la elaboraci&oacute;n de un nuevo padr&oacute;n electoral y se instaur&oacute; un sistema de medios de impugnaci&oacute;n; se cre&oacute; un Tribunal Federal Electoral y se modific&oacute; el sistema de representaci&oacute;n en el poder legislativo, as&iacute; como los requisitos para formar coaliciones electorales. Por otra parte, se establecieron cuatro modalidades de financiamiento p&uacute;blico: i) por actividad electoral (otorgado en relaci&oacute;n directa con el n&uacute;mero total de votos obtenidos por cada partido en las elecciones de diputados y senadores); ii) por actividades generales (distribuido de manera paritaria entre todos los partidos pol&iacute;ticos); iii) por actividades espec&iacute;ficas (relacionadas con actividades de educaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n pol&iacute;tica, investigaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y tareas editoriales); y iv) por subrogaci&oacute;n del Estado (de las contribuciones que los legisladores aportan para el sostenimiento de sus partidos).<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a> De otra parte, la nueva ley electoral estableci&oacute; de manera m&aacute;s precisa y amplia los derechos y prerrogativas que gozar&iacute;an los partidos pol&iacute;ticos que obtuvieran su registro condicionado,<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a> y cancel&oacute; la figura de asociaciones pol&iacute;ticas nacionales.</p>     <p>Como se puede observar, la reforma redise&ntilde;&oacute; completamente la estructura para organizar las elecciones mexicanas, y a pesar de que el gobierno cedi&oacute; en gran medida a las demandas de la oposici&oacute;n (por ejemplo, el padr&oacute;n electoral y la integraci&oacute;n de las mesas directivas de casilla) con el prop&oacute;sito de restituir la credibilidad de los comicios, a&uacute;n pose&iacute;a un margen de control nada desde&ntilde;able sobre las elecciones, por lo que la ruta de la apertura gradual y controlada todav&iacute;a era confiable para el gobierno. Y lo era en especial tras la recuperaci&oacute;n electoral del partido oficial en las elecciones intermedias de 1991 y con la amplia popularidad del presidente Salinas de Gortari. Hasta 1990 las reformas electorales mantuvieron el control de las elecciones en manos del gobierno, y a partir del COFIPE se inicia el camino de construcci&oacute;n de confianza, certidumbre y credibilidad en torno a los comicios mexicanos.</p>     <p>La reforma electoral de 1993 continu&oacute; con la l&oacute;gica gradualista de la apertura pol&iacute;tico-electoral, pues si bien puso punto final al sistema de autocalificaci&oacute;n de las elecciones para el caso de diputados y senadores, determin&oacute; que en ning&uacute;n caso un partido pol&iacute;tico podr&iacute;a contar con m&aacute;s de 315 diputados por ambos principios; reglament&oacute; las actividades de los observadores electorales (introducidos para inyectar confianza a la jornada electoral); ampli&oacute; a 128 el n&uacute;mero de senadores (estableciendo tres para la mayor&iacute;a y uno para la primera minor&iacute;a) y modific&oacute; las reglas para el uso y disposici&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n (radio y televisi&oacute;n) por parte de los partidos. Sin embargo, no cedi&oacute; en el control de los organismos electorales.</p>     <p>Estos contenidos de la ley electoral no resultaron completamente Satisfactorios para la oposici&oacute;n, por lo cual demand&oacute; introducir mecanismos y procedimientos m&aacute;s confiables para participar en las elecciones federales de 1994. S&oacute;lo con la rebeli&oacute;n zapatista del primero de enero de ese a&ntilde;o, y posteriormente el asesinato del candidato del PRI a la presidencia de la rep&uacute;blica, se gener&oacute; el ambiente propicio que oblig&oacute; al gobierno de Salinas de Gortari a realizar modificaciones a las reglas del juego electoral para dar confianza y credibilidad a los comicios de ese a&ntilde;o.</p>     <p>Las modificaci&oacute;n de 1994 al COFIPE cre&oacute; la Fiscal&iacute;a Especial para Delitos Electorales y la figura de "visitante extranjero", y estableci&oacute; lineamientos generales aplicables a noticieros de radio y televisi&oacute;n; asimismo, alter&oacute; la integraci&oacute;n de los &oacute;rganos colegiados del IFE, pues modific&oacute; la integraci&oacute;n del m&aacute;ximo &oacute;rgano electoral: suprimi&oacute; la figura de consejeros magistrados y la sustituy&oacute; por la de consejeros ciudadanos (que ser&iacute;an electos por las dos terceras partes de los miembros presentes de la C&aacute;mara de Diputados de entre las propuestas de los grupos parlamentarios de la propia c&aacute;mara, y ya no a propuesta presidencial como suced&iacute;a con los consejeros magistrados); adem&aacute;s, la reforma dej&oacute; sin voto a los partidos en el seno del Consejo General, y a partir de ese momento s&oacute;lo contar&iacute;an con voz; igualmente, se le quit&oacute; al presidente del Consejo General el voto de calidad (en caso de empate) que tradicionalmente pose&iacute;a. Estos cambios se aplicar&iacute;an a los otros niveles del IFE en el territorio nacional, con lo que se garantizaba un mayor perfil ciudadano en los &oacute;rganos directivos del instituto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En su conjunto, las reformas electorales realizadas bajo el gobierno de Salinas de Gortari modificaron sustancialmente el car&aacute;cter no competitivo del sistema electoral y de partidos en M&eacute;xico,<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a> pues no s&oacute;lo modernizaron la estructura electoral sino tambi&eacute;n las normas y procedimientos electorales que en su conjunto otorgaron legitimidad, transparencia y credibilidad a las elecciones y a sus resultados. De tal suerte que las elecciones federales de 1994, a pesar de haberse realizado en un contexto dif&iacute;cil (violencia pol&iacute;tica y confrontaci&oacute;n social), resultaron las menos impugnadas en la historia moderna del pa&iacute;s.<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a> No obstante, y a pesar de esos grandes avances, el proceso electoral federal de ese a&ntilde;o mostr&oacute; algunas asignaturas pendientes que los actores pol&iacute;ticos, incluido el candidato ganador de esa contienda, se apresuraron a reconocer: el problema de la equidad de la competencia electoral. Esto es, elecciones legales pero inequitativas. Ante ese <i>mea culpa</i>, algunos meses despu&eacute;s de la elecci&oacute;n se iniciaron las negociaciones de una nueva reforma electoral que, debido a problemas pol&iacute;tico-electorales estatales, se prolong&oacute; por casi dos a&ntilde;os; sin embargo, esta arrib&oacute; finalmente a buen puerto.</p>     <p>La reforma electoral de noviembre de 1996 modific&oacute; el sistema electoral en varios aspectos relevantes. El primero de ellos es que por primera vez en la historia electoral del pa&iacute;s el gobierno dej&oacute; de tener representaci&oacute;n en los &oacute;rganos electorales. Es decir, hizo de la autoridad electoral un ente aut&oacute;nomo, modific&oacute; su estructura y ampli&oacute; sus atribuciones. En relaci&oacute;n a la composici&oacute;n de la C&aacute;mara de Diputados fij&oacute; el l&iacute;mite m&aacute;ximo de representaci&oacute;n para una sola fuerza pol&iacute;tica en un 60% de los 500 esca&ntilde;os de que se compone ese &oacute;rgano legislativo. Asimismo, estableci&oacute; un nivel m&aacute;ximo de sobrerrepresentaci&oacute;n de ocho puntos porcentuales en la relaci&oacute;n votos - esca&ntilde;os para los partidos, y aument&oacute; el umbral de votaci&oacute;n requerido para que un partido pol&iacute;tico participe en la asignaci&oacute;n de esca&ntilde;os de representaci&oacute;n proporcional, del 1,5 al 2%. En cuanto a la C&aacute;mara de Senadores, incorpor&oacute; el principio de representaci&oacute;n proporcional para elegir a 32 de sus 128 integrantes.<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a> Finalmente, estableci&oacute; mecanismos encaminados a mejorar las condiciones de equidad en la contienda pol&iacute;tico-electoral, por ejemplo, se establecen garant&iacute;as de mayor equidad en el acceso gratuito a la radio y la televisi&oacute;n durante periodos electorales.</p>     <p>Por otra parte, se estableci&oacute; que la financiaci&oacute;n p&uacute;blica debe prevalecer sobre el financiamiento privado; as&iacute;, el financiamiento p&uacute;blico qued&oacute; comprendido en tres modalidades: sostenimiento de actividades ordinarias permanentes, los gastos de campa&ntilde;a y las actividades espec&iacute;ficas como entidades de inter&eacute;s p&uacute;blico; al mismo tiempo prohibi&oacute; las aportaciones an&oacute;nimas y estableci&oacute; nuevos l&iacute;mites al financiamiento de simpatizantes; desapareci&oacute; la figura de registro condicionado (por lo que a partir de esa fecha s&oacute;lo existe un procedimiento para obtener el registro como partido pol&iacute;tico) y retom&oacute; la figura de asociaci&oacute;n pol&iacute;tica, ahora con el nombre de agrupaci&oacute;n pol&iacute;tica nacional. En materia de justicia electoral incorpor&oacute; el Tribunal Electoral al Poder Judicial de la Federaci&oacute;n, como un &oacute;rgano especializado y m&aacute;xima autoridad jurisdiccional en la materia, con excepci&oacute;n de las acciones de inconstitucionalidad, y estableci&oacute; que las constituciones y leyes de los estados deb&iacute;an incorporar principios y garant&iacute;as fundamentales equivalentes a nivel federal en materia electoral.</p>     <p>Todas estas disposiciones resultaron decisivas para consolidar la arquitectura construida a lo largo de esa d&eacute;cada; en particular, la reforma electoral de noviembre de 1996 consolid&oacute; el car&aacute;cter ciudadano de la autoridad electoral y fortaleci&oacute; su autonom&iacute;a e independencia frente al gobierno; igualmente, afin&oacute; los instrumentos legales al alcance de los partidos y ciudadanos (a trav&eacute;s de un sistema de medios de impugnaci&oacute;n) para revisar las decisiones y resoluciones del IFE, y provey&oacute; a los partidos pol&iacute;ticos del financiamiento p&uacute;blico necesario y relativamente m&aacute;s equitativo para la competencia electoral. Los cambios introducidos con esta reforma fueron de tal envergadura que incluso se lleg&oacute; a afirmar que la reforma era definitiva. Es decir, que los problemas tradicionalmente centrales del litigio electoral hab&iacute;an quedado resueltos, y las elecciones intermedias de 1997 as&iacute; lo confirmaron. De hecho, a partir de 1996 las elecciones federales ya no ser&iacute;an impugnadas ni fuente de descr&eacute;dito, por lo que se consolidaron como mecanismo institucional para acceder al poder. Y a pesar de que posteriormente hubo dos reformas electorales m&aacute;s: la reforma electoral de 2003, que gir&oacute; en torno a los nuevos partidos pol&iacute;ticos y a las agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales,<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a> y la reforma de 2005, que estableci&oacute; el derecho al voto de los mexicanos que viven en el extranjero, estas no fueron producto de la l&oacute;gica reforma-elecci&oacute;n-reforma, como sucedi&oacute; en las d&eacute;cadas anteriores. Pero aun m&aacute;s importante es que estas modificaciones arroparon y apoyaron el reparto del poder pol&iacute;tico que se observ&oacute; con los triunfos cada vez m&aacute;s comunes de la oposici&oacute;n y de la alternancia en los gobiernos municipal y local, hasta llegar a la presidencia de la rep&uacute;blica en el a&ntilde;o 2000.<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a></p>     <p>Este breve recorrido sobre las reformas electorales en M&eacute;xico no es banal, pues nos permite entender c&oacute;mo hemos llegado y d&oacute;nde estamos en materia electoral. Las reformas tuvieron consecuencias importantes para modificar el talante autoritario del sistema pol&iacute;tico y alterar las caracter&iacute;sticas no competitivas del sistema de partidos. En otras palabras, los cambios al marco electoral tuvieron sus repercusiones m&aacute;s n&iacute;tidas en al menos cinco aspectos: a) el n&uacute;mero de partidos contendientes; b) el incremento de la competitividad en cada una de las elecciones en el &aacute;mbito federal, local y municipal; c) el aumento de la presencia de la oposici&oacute;n en los &oacute;rganos legislativos; d) la p&eacute;rdida gradual de la hegemon&iacute;a pri&iacute;sta en la arena electoral; y e) la configuraci&oacute;n de un nuevo sistema de partidos en M&eacute;xico.</p>     <p>Respecto al primer aspecto, como ya mencionamos l&iacute;neas arriba, despu&eacute;s de d&eacute;cadas de s&oacute;lo contar con cuatro partidos pol&iacute;ticos, el n&uacute;mero de estos se increment&oacute; en cada proceso electoral federal; por ejemplo, para la elecci&oacute;n presidencial el n&uacute;mero de partidos contendientes ha sido de siete en 1979; nueve en 1982 y 1985; ocho en 1988; diez en 1991; nueve en 1994; ocho en 1997; once en el 2000 y 2003; y ocho en 2006. Y a pesar de que muchos de los partidos tuvieron vida ef&iacute;mera, lo que hay que destacar es que existi&oacute; una pol&iacute;tica de "puertas abiertas" para todas las fuerzas sociales que desearan, cumpliendo con los requisitos legales, participar en el juego pol&iacute;tico-electoral institucional del pa&iacute;s. En el &aacute;mbito local esta pluralidad tambi&eacute;n lleg&oacute;, pues el n&uacute;mero de contendientes creci&oacute;; por ejemplo, se ha calculado que el n&uacute;mero efectivo de partidos por entidad federativa pas&oacute; en Quintana Roo de 1,87 (en el a&ntilde;o de 1988) a 4,12 (en 2003); en esos mismos a&ntilde;os, en Hidalgo pas&oacute; de 1,97 a 3,16; en Zacatecas de 1,97 a 3,08; y en Oaxaca de 1,97 a 3,41.<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a></p>     <p>En cuanto a lo segundo, el n&uacute;mero de distritos electorales no competitivos fue decreciendo considerablemente, por lo que la &eacute;poca del "carro completo" (es decir, 99% de los votos a favor de los candidatos oficialistas) que tradicionalmente ten&iacute;a el PRI fue desapareciendo; esta situaci&oacute;n estuvo relacionada estrechamente con la liberalizaci&oacute;n de la arena electoral v&iacute;a las reformas electorales.<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a> En este sentido, las elecciones de 1988 representaron el punto de partida de una competencia pol&iacute;tica m&aacute;s intensa, como lo testimonia el hecho de que entre 1979 y 1988 la tasa de competitividad pas&oacute; del 14,8% al 44,7%, porcentaje que se increment&oacute; en la d&eacute;cada siguiente, pues pas&oacute; a 51,5% en 1997.<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a> En otras palabras, la p&eacute;rdida del predominio del PRI en el &aacute;mbito electoral es uno de los rasgos sobresalientes en la &uacute;ltima d&eacute;cada.<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a> En 1988 el PRI perdi&oacute; por primera vez en la historia del pa&iacute;s la mayor&iacute;a calificada en la C&aacute;mara de Diputados (3/4 partes de los esca&ntilde;os) con lo que no pod&iacute;a modificar por s&iacute; solo, como era costumbre, la Constituci&oacute;n mexicana; y aunque la recuper&oacute; en las elecciones intermedias de 1991, en los comicios de 1997 no s&oacute;lo perdi&oacute; la calificada sino tambi&eacute;n la mayor&iacute;a absoluta. En 1991 el partido oficial obtuvo, en las elecciones para diputados de mayor&iacute;a relativa, el 61,4% de los votos; en 1994 baj&oacute; once puntos porcentuales (50,2%); en 1997 obtuvo 39,0% y en los comicios de 2000 baj&oacute; a 37,8%.<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a></p>     <p>Como se observa, uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s sobresalientes de este periodo es la p&eacute;rdida constante y cada vez m&aacute;s dram&aacute;tica de votos del partido oficial (en 2003 el PRI aun baj&oacute; m&aacute;s su votaci&oacute;n, obtuvo el 23,1%), con lo que podemos afirmar que el s&iacute;ntoma m&aacute;s importante del creciente pluralismo pol&iacute;tico es la p&eacute;rdida del dominio electoral del PRI, como el arribo de los gobiernos divididos y de la alternancia pol&iacute;tica en el pa&iacute;s en el nivel federal, local y municipal.<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a></p>     <p>En cuanto al tercer &aacute;mbito, cabe subrayar que el aumento de la oposici&oacute;n en la representaci&oacute;n en el Congreso ha sido uno de los aspectos sobresalientes del reformismo electoral; no s&oacute;lo porque ya no existe el mon&oacute;logo en los recintos parlamentarios, sino porque ese aumento del pluralismo en la representaci&oacute;n ha incidido en el trabajo legislativo;<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a> as&iacute;, el n&uacute;mero de iniciativas presentadas en la C&aacute;mara Baja por el conjunto de los diputados pasa de 244 (en la legislatura LIV de los a&ntilde;os 1988-1991) a 1.115 (en la legislatura LVIII de los a&ntilde;os 2000-2003). En ese mismo periodo -de cinco legislaturas federales- el porcentaje de las iniciativas aprobadas por la C&aacute;mara de Diputados al ejecutivo federal pasa del 65% al 11 %; porcentajes que contrastan con los obtenidos cuando el PRI dominaba la escena pol&iacute;tica nacional.<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a> Esto es, las c&aacute;maras ya no aprueban ciegamente y sin deliberaci&oacute;n todo lo que venga del presidente de la rep&uacute;blica, de tal suerte que el poder legislativo ya no est&aacute; subordinado a &eacute;l. El ejecutivo federal ya no domina el proceso de elaboraci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas; con el arribo del pluralismo los partidos de oposici&oacute;n toman parte activa y decisiva en su dise&ntilde;o y ejecuci&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, las reformas convergen en la reconfiguraci&oacute;n de un sistema de partidos en M&eacute;xico.<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a> Este puede caracterizarse de tripartita, no s&oacute;lo porque &uacute;nicamente son tres partidos pol&iacute;ticos (PRI, PAN y PRD) los que tienen verdaderas estructuras nacionales y porque es entre ellos donde se localiza la verdadera competencia pol&iacute;tica, sino porque ellos concentran m&aacute;s del 90% de los esca&ntilde;os legislativos: en las &uacute;ltimas dos legislaturas, LVIII (2000-2003) y LIX (2003-2006) concentraron el 93,8% y 94,4%, respectivamente, de los esca&ntilde;os. En la legislatura LVIII el PRI obtuvo el 42% de los esca&ntilde;os; el PAN 41,4% y el PRD 10,4%; mientras que en la LIX legislatura PRI, PAN y PRD obtuvieron 44,8%, 30,2% y 19,4% respectivamente.<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a> En la actual LX legislatura (2006-2009) el PRI tiene 106 esca&ntilde;os, el PAN 206 y el PRD 127. Por otra parte, los realineamientos electorales se dan entre los tres partidos pol&iacute;ticos mencionados; esto es, los reacomodos en las preferencias electorales var&iacute;an de uno de esos partidos hacia los otros dos m&aacute;s que trasladarse a nuevas formaciones partidarias.<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>2. LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE 2007</i></b></p>     <p>A pesar de todo este avance en materia de normas y procedimientos electorales, y sus efectos evidentes en la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s, los partidos pol&iacute;ticos a&uacute;n no estaban satisfechos con el marco electoral. De hecho, las elecciones presidenciales de 2000 pusieron en debate nuevamente algunas disposiciones electorales: en particular el tema de la fiscalizaci&oacute;n del financiamiento a los partidos, la regulaci&oacute;n de las precampa&ntilde;as electorales, los medios de comunicaci&oacute;n y el alto costo de las campa&ntilde;as. En el proceso electoral federal de 2006, la competencia cerrada que se preve&iacute;a, as&iacute; como la estridente campa&ntilde;a pol&iacute;tica desplegada por los dos principales candidatos a la presidencia, y por el mismo presidente en turno (Vicente Fox Quezada) coloc&oacute; en entredicho la solvencia moral de la m&aacute;xima autoridad electoral (el Consejo General). De tal suerte que durante todo el proceso electoral federal de ese a&ntilde;o los cuestionamientos por parte de los actores no s&oacute;lo fueron contra algunas deficiencias y ambig&uuml;edades de la norma electoral, sino contra el origen mismo de la autoridad electoral.<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a></p>     <p>En fin, la historia de las elecciones federales de 2 de julio de 2006 es accidentada. Nunca en la historia electoral del pa&iacute;s se hab&iacute;an experimentado unas elecciones sumamente competidas con un alto grado de incertidumbre sobre su resultado.<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a> La diferencia entre el ganador (Felipe Calder&oacute;n Hinojosa del Partido Acci&oacute;n Nacional) y el segundo lugar (Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador de la Coalici&oacute;n por el Bien de Todos) fue solamente de 0,58%. Esta situaci&oacute;n, en un contexto de una campa&ntilde;a electoral pol&iacute;ticamente conflictiva y una estrategia medi&aacute;tica agresiva por parte de los contendientes, polariz&oacute; al pa&iacute;s de tal manera que hasta dos meses despu&eacute;s del cierre de la jornada electoral se pudo conocer al ganador de la elecci&oacute;n presidencial; y aunque con ello concluy&oacute; legalmente el proceso electoral, no se resolvi&oacute; el conflicto pol&iacute;tico entre las dos principales fuerzas contendientes.<a href="#36" name="n36"><sup>36</sup></a></p>     <p>As&iacute;, ante el ambiente de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y protesta social que imperaba en el pa&iacute;s, todos los actores pol&iacute;ticos relevantes se pronunciaron por realizar reformas al sistema pol&iacute;tico en general, y al sistema electoral en particular, no s&oacute;lo para resolver la tensi&oacute;n pol&iacute;tica del momento sino para evitar repetir las nefastas consecuencias que arroj&oacute; la elecci&oacute;n presidencial de ese a&ntilde;o. De hecho, el mismo candidato ganador de esa elecci&oacute;n, Felipe Calder&oacute;n Hinojosa, se sum&oacute; a la demanda un&aacute;nime por modificar la estructura institucional del pa&iacute;s, empezando por una reforma electoral.<a href="#37" name="n37"><sup>37</sup></a> Con ello, el reformismo electoral mexicano nuevamente se puso a funcionar; es decir, una vez m&aacute;s se acudi&oacute; a la reforma electoral para responder a los problemas de legitimidad, y desactivar las futuras protestas pol&iacute;tica y social con motivo de los comicios federales. En ese contexto, despu&eacute;s de varios meses de intensa negociaci&oacute;n, por fin las tres fuerzas pol&iacute;ticas m&aacute;s importantes del pa&iacute;s se pusieron de acuerdo y consiguieron elaborar un proyecto de iniciativa de reforma constitucional en materia electoral, que fue aprobado por amplia mayor&iacute;a en la C&aacute;mara de Senadores y sin ning&uacute;n problema en la de diputados (a pesar de los m&uacute;ltiples intentos del Partido Verde Ecologista de M&eacute;xico por obstaculizar su aprobaci&oacute;n).<a href="#38" name="n38"><sup>38</sup></a></p>     <p>La reforma electoral reci&eacute;n aprobada es con mucho la de mayor envergadura en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y se inserta en el largo reformismo electoral mexicano esbozado l&iacute;neas arriba. En cierto sentido, la actual reforma electoral completa la de 1996, pues en esa ocasi&oacute;n se dejaron sin cambios sustanciales, por ejemplo, temas como el exceso de gasto en los comicios mexicanos y la duraci&oacute;n de las campa&ntilde;as electorales. Por otra parte, como sucedi&oacute; con las anteriores modificaciones, la reforma electoral de 2007 responde a problemas y eventos surgidos en la pasada elecci&oacute;n presidencial de 2006. Entre los cambios m&aacute;s importantes que contempla la reforma electoral, podemos mencionar los siguientes:<a href="#39" name="n39"><sup>39</sup></a> establece que s&oacute;lo los ciudadanos podr&aacute;n formar partidos pol&iacute;ticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, queda prohibida la intervenci&oacute;n de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creaci&oacute;n de partidos y cualquier forma de afiliaci&oacute;n corporativa. Esto evitar&aacute; repetir casos como el del Partido Nueva Alianza y el magisterio, quienes dieron lugar a muchas suspicacias en el nacimiento de ese partido debido a la forma y v&iacute;nculos que tejieron para obtener el registro legal como partido.<a href="#40" name="n40"><sup>40</sup></a>  </p>     <p>Asimismo, la reforma se&ntilde;ala que corresponde exclusivamente a los partidos pol&iacute;ticos el derecho de solicitar el registro de candidatos a cargos de elecci&oacute;n popular. Con ello deja sin posibilidades, pero no cierra la discusi&oacute;n, a las posibles candidaturas independientes que puedan surgir en las pr&oacute;ximas elecciones, como sucedi&oacute; con el Dr. Simi en las elecciones de 2006, y anteriormente con el ex canciller Jorge G. Casta&ntilde;eda, quien interpuso una demanda de amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n para poder postularse como candidato independiente a la presidencia de la rep&uacute;blica, y quien gener&oacute; controversias debido a la ambig&uuml;edad existente entre el esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n y la ley secundaria;<a href="#41" name="n41"><sup>41</sup></a> o para ser m&aacute;s precisos, a la contradicci&oacute;n existente entre el art&iacute;culo 35 de la Constituci&oacute;n, que se&ntilde;ala que son prerrogativas del ciudadano, entre otras, votar y ser votado para todos los cargos de elecci&oacute;n popular, y el art&iacute;culo 175 del C&oacute;digo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), que se&ntilde;ala que corresponde exclusivamente a los partidos pol&iacute;ticos el derecho de solicitar el registro de candidatos a cargos de elecci&oacute;n popular. Este &uacute;ltimo se elev&oacute; a rango constitucional, pero el art&iacute;culo 35 de la Constituci&oacute;n se mantiene, por lo que el debate a&uacute;n contin&uacute;a abierto. Por otra parte, la reforma establece que el financiamiento se compondr&aacute; de: a) las ministraciones destinadas al sostenimiento de sus actividades permanentes, b) las tendientes a la obtenci&oacute;n del voto durante los procesos electorales, y c) las de car&aacute;cter espec&iacute;fico. Respecto de las primeras, el financiamiento p&uacute;blico se fijar&aacute; anualmente, multiplicando el n&uacute;mero total de ciudadanos inscritos en el padr&oacute;n electoral por el 65% del salario m&iacute;nimo diario vigente para el Distrito Federal. El 30% de la cantidad obtenida se distribuir&aacute; en forma igualitaria y el 70% restante de acuerdo con el porcentaje de votos obtenidos. La f&oacute;rmula derogada en la Constituci&oacute;n establec&iacute;a que el financiamiento p&uacute;blico para las actividades permanentes se fijar&iacute;a aplicando los costos m&iacute;nimos de campa&ntilde;a (calculados por el Consejo General del IFE), el n&uacute;mero de senadores y diputados a elegir, el n&uacute;mero de partidos pol&iacute;ticos con representaci&oacute;n en las c&aacute;maras del Congreso y la duraci&oacute;n de las campa&ntilde;as electorales.</p>     <p>Por lo que respecta al segundo rubro del financiamiento p&uacute;blico, la reforma establece que durante el a&ntilde;o en que se elijan presidente de la rep&uacute;blica, senadores y diputados federales, equivaldr&aacute; al 50% del financiamiento p&uacute;blico que le corresponda a cada partido pol&iacute;tico por actividades ordinarias de ese mismo a&ntilde;o; y cuando s&oacute;lo se elijan diputados federales, equivaldr&aacute; al 30% de dicho financiamiento por actividades ordinarias. Esto es importante porque distingue una elecci&oacute;n presidencial de una intermedia, con lo que se reduce el gasto entre una elecci&oacute;n y otra. El art&iacute;culo derogado establec&iacute;a que el financiamiento por este rubro equivaldr&iacute;a "a una cantidad igual al monto del financiamiento p&uacute;blico que le corresponda a cada partido pol&iacute;tico por actividades ordinarias en ese a&ntilde;o".</p>     <p>Finalmente, en cuanto al financiamiento p&uacute;blico por actividades espec&iacute;ficas, relativas a la educaci&oacute;n, capacitaci&oacute;n, investigaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y pol&iacute;tica, as&iacute; como a las tareas editoriales, equivaldr&aacute; al 3% del monto del financiamiento p&uacute;blico que corresponda en cada a&ntilde;o por actividades ordinarias. El 30% de dicha cantidad se distribuir&aacute; en forma igualitaria y el 70% restante de acuerdo al porcentaje de votos. Cabe se&ntilde;alar que el art&iacute;culo derogado no establec&iacute;a ning&uacute;n porcentaje, eso lo dejaba a la ley secundaria y esta &uacute;ltima al reglamento que expidiera el Consejo General del IFE.</p>     <p>Esta nueva conformaci&oacute;n del financiamiento p&uacute;blico intenta dar respuesta al un&aacute;nime deseo de la sociedad de abaratar los costos de las campa&ntilde;as electorales mexicanas, pues uno de los factores que potenciaban considerablemente las cantidades entregadas a los partidos pol&iacute;ticos era el factor <i>n&uacute;mero de partidos</i>, como lo ilustran las elecciones de 1994 (cuando compitieron 7 partidos) y 2000 (cuando participaron 11 partidos pol&iacute;ticos). La f&oacute;rmula dise&ntilde;ada en 1996 estaba concebida originalmente para equilibrar la competencia electoral por la v&iacute;a del financiamiento p&uacute;blico; de hecho, si bien en su primera aplicaci&oacute;n aument&oacute; considerablemente los montos asignados a los partidos, fueron m&aacute;s equitativos que en las ocasiones anteriores. De acuerdo a Murayama, el porcentaje de participaci&oacute;n del financiamiento p&uacute;blico por parte de los partidos pol&iacute;ticos en la elecci&oacute;n presidencial de 2000 fue de 35% PRD, PAN-PVEM 30%, PRI 30%; frente al 53% del PRI, 16% del PAN y 9% del PRD obtenidos en la elecci&oacute;n presidencial de 1994.<a href="#42" name="n42"><sup>42</sup></a> El avance en la equidad entre ambas elecciones es notable. Esto &uacute;ltimo, que era un acierto de la norma, se perdi&oacute; ante los montos que recibieron los partidos pol&iacute;ticos como financiamiento p&uacute;blico. Desde 1996 a 2007 los partidos pol&iacute;ticos recibieron un financiamiento p&uacute;blico global de $25.680 millones de pesos, para gastos ordinarios como de campa&ntilde;as electorales. En este periodo el partido con mayor asignaci&oacute;n fue el PRI con $6.578'637.495, seguido por el PAN con $6'153,555.320, mientras que el PRD obtuvo $4.140'193.402; en tanto que el PVEM recibi&oacute; $1.789'606.982 y el PT $1.136'459.950.<a href="#43" name="n43"><sup>43</sup></a></p>     <p>Estas cifras cobran relevancia cuando se contraponen al presupuesto anual otorgado a otros &aacute;mbitos como educaci&oacute;n, combate a la pobreza o salud p&uacute;blica. En suma, el objetivo de esta reforma es disminuir significativamente el gasto en campa&ntilde;as electorales a trav&eacute;s de la reducci&oacute;n al financiamiento p&uacute;blico; y eliminar de la f&oacute;rmula el factor <i>n&uacute;mero de partidos</i> para calcular el financiamiento p&uacute;blico contribuye a evitar el crecimiento de los montos como hasta el momento suced&iacute;a. De hecho, de acuerdo a los c&aacute;lculos estimados por los legisladores, se reduce un 50% en las elecciones presidenciales y un 70% en las intermedias, en las que solamente se renueva el poder legislativo. En otros t&eacute;rminos, de acuerdo al senador Ricardo Garc&iacute;a Cervantes, en 2009, en lugar de obtener los partidos pol&iacute;ticos 2.670 millones de pesos, obtendr&aacute;n solamente 800 millones de pesos de financiamiento p&uacute;blico, un ahorro evidente para las arcas nacionales.<a href="#44" name="n44"><sup>44</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un elemento m&aacute;s de la reforma constitucional que corre en el mismo sentido de abaratar los gastos lo constituye la reducci&oacute;n de las campa&ntilde;as electorales. De acuerdo con la reforma constitucional la duraci&oacute;n de las campa&ntilde;as en el a&ntilde;o de elecciones para presidente de la rep&uacute;blica, senadores y diputados federales ser&aacute; de 90 d&iacute;as; en el a&ntilde;o en que s&oacute;lo se elijan diputados federales, las campa&ntilde;as durar&aacute;n 60 d&iacute;as. En ning&uacute;n caso las precampa&ntilde;as exceder&aacute;n las dos terceras partes del tiempo previsto para las campa&ntilde;as electorales. Es decir, con la actual modificaci&oacute;n se reduce a la mitad las campa&ntilde;as presidenciales, que eran de alrededor de 150 d&iacute;as (de acuerdo con el art&iacute;culo 177 del COFIPE el registro de candidaturas para presidente de la rep&uacute;blica es del 1 al 15 de enero). Asimismo, esta reducci&oacute;n de los d&iacute;as de campa&ntilde;a coadyuvar&aacute; a aminorar el fastidio electoral que ya estaba mostrando la ciudadan&iacute;a por las prolongadas exposiciones de propuestas y candidatos, que adem&aacute;s conduc&iacute;an al enfrentamiento medi&aacute;tico.</p>     <p>El c&iacute;rculo que cierra este prop&oacute;sito de reducir los gastos de campa&ntilde;a es la nueva disposici&oacute;n constitucional que se&ntilde;ala que los partidos pol&iacute;ticos tendr&aacute;n derecho al uso de manera permanente de los medios de comunicaci&oacute;n social. El IFE ser&aacute; autoridad &uacute;nica para la administraci&oacute;n del tiempo que corresponda al Estado en radio y televisi&oacute;n. En ese sentido, establece que a partir del inicio de las precampa&ntilde;as y hasta el d&iacute;a de la jornada electoral quedar&aacute;n a disposici&oacute;n del IFE 48 minutos diarios, que ser&aacute;n distribuidos en 2 y hasta 3 minutos por cada hora de transmisi&oacute;n en cada estaci&oacute;n de radio y canal de televisi&oacute;n, en el horario comprendido entre las seis y las veinticuatro horas.<a href="#45" name="n45"><sup>45</sup></a> Igualmente, la reforma estipula que durante sus precampa&ntilde;as los partidos pol&iacute;ticos dispondr&aacute;n en conjunto de un minuto por cada hora de transmisi&oacute;n en cada estaci&oacute;n de radio y televisi&oacute;n; el tiempo restante se utilizar&aacute; conforme a lo que determine la ley; y durante las campa&ntilde;as electorales deber&aacute; destinarse para cubrir el derecho de los partidos pol&iacute;ticos al menos el 85% del tiempo total disponible. Finalmente, se&ntilde;ala que el tiempo establecido como derecho de los partidos pol&iacute;ticos se distribuir&aacute; entre los mismos conforme a lo siguiente: el 30% en forma igualitaria y el 70% restante de acuerdo a los resultados de la elecci&oacute;n para diputados federales inmediata anterior.</p>     <p>Para darse una idea de la trascendencia de esta reforma baste se&ntilde;alar que, con base en el monitoreo que realiza el IFE a los medios de comunicaci&oacute;n, en 2006 los partidos pol&iacute;ticos en su conjunto contrataron 142.358 anuncios de televisi&oacute;n que implicaron 841 horas de emisi&oacute;n, as&iacute; como 562.144 anuncios en radio, que significan 3.155 horas.<a href="#46" name="n46"><sup>46</sup></a> Los gastos en los medios de comunicaci&oacute;n son el principal destino del costo de las campa&ntilde;as electorales<a href="#47" name="n47"><sup>47</sup></a> y representan porcentajes importantes de los gastos erogados por los partidos en las elecciones federales. En 1994 todos los partidos pol&iacute;ticos erogaron en los medios de comunicaci&oacute;n 104,7 millones de pesos (25% del total de sus ingresos), para el a&ntilde;o 2000 fueron 1.204 millones (54% del total de sus gastos).<a href="#48" name="n48"><sup>48</sup></a> Esta &uacute;ltima cifra de 1.204 millones se desglosa de la siguiente manera: 56% (666 millones) se canaliz&oacute; a la televisi&oacute;n; 36% (430 millones) a la radio y el 8% restante (100 millones) a la prensa escrita.<a href="#49" name="n49"><sup>49</sup></a> En las elecciones de 2006 los partidos erogaron 1.971 millones, que representaron cerca del 85% de los ingresos p&uacute;blicos otorgados a los partidos pol&iacute;ticos. De hecho, en ese periodo los partidos gastaron 4.500 millones en radio y televisi&oacute;n. Estas cifras nos permiten afirmar que los medios son los principales beneficiarios del esquema de financiamiento p&uacute;blico; o para ser m&aacute;s precisos, los principales beneficiarios son las dos grandes cadenas televisivas que tienen el 93% de los canales del pa&iacute;s, as&iacute; como los diez principales grupos radiof&oacute;nicos que concentran el 60% de las emisoras.</p>     <p>La reforma constitucional tambi&eacute;n establece que los partidos pol&iacute;ticos en ning&uacute;n momento podr&aacute;n contratar o adquirir, por s&iacute; o por terceras personas, tiempos en cualquier modalidad de radio y televisi&oacute;n; y que ninguna otra persona p&uacute;blica o privada, sea a t&iacute;tulo propio o por cuenta de terceros, podr&aacute; contratar propaganda en radio y televisi&oacute;n dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de los partidos pol&iacute;ticos o de candidatos a cargos de elecci&oacute;n popular. Definitivamente, esta disposici&oacute;n tiene como prop&oacute;sito evitar que se repita la actuaci&oacute;n de agrupaciones como el Consejo Coordinador Empresarial, que contribuy&oacute; a polarizar el clima pol&iacute;tico del pa&iacute;s, a pesar de que el art&iacute;culo 48 del C&oacute;digo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COPIFE) establece que es derecho exclusivo de los partidos pol&iacute;ticos contratar tiempos en radio y televisi&oacute;n para difundir mensajes orientados a la obtenci&oacute;n del voto durante las campa&ntilde;as electorales. No obstante esta restricci&oacute;n legal, durante la campa&ntilde;a presidencial de 2006 agrupaciones empresariales y organizaciones de derecha desplegaron una amplia campa&ntilde;a medi&aacute;tica para atacar y orientar el voto electoral en contra del candidato de la izquierda. Ni el IFE ni el Tribunal Electoral sancionaron ni castigaron esta violaci&oacute;n a la norma.</p>     <p>En este mismo sentido, otra de las violaciones fue al contenido de las propagandas, pues el art&iacute;culo 185 del COFIPE se&ntilde;ala: "La propaganda que en el curso de una campa&ntilde;a difundan por medios gr&aacute;ficos los partidos pol&iacute;ticos, las coaliciones y los candidatos, no tendr&aacute; m&aacute;s l&iacute;mite, en los t&eacute;rminos del art&iacute;culo 7&deg; de la Constituci&oacute;n, que el respeto a la vida privada de candidatos, autoridades, terceros y a las instituciones y valores democr&aacute;ticos". A mayor abundamiento, el art&iacute;culo 186, en su apartado n&uacute;mero dos, establece: "Los partidos pol&iacute;ticos, las coaliciones y los candidatos que realicen propaganda electoral a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n deber&aacute;n evitar en ella cualquier ofensa, difamaci&oacute;n o calumnia que denigre a candidatos, partidos pol&iacute;ticos y terceros".</p>     <p>A pesar de estas restricciones y par&aacute;metros, los partidos y sus candidatos hicieron caso omiso de la norma debido a que en los mensajes contratados por los partidos se privilegiaba el patr&oacute;n de la publicidad mercantil y el ataque en contra de los otros candidatos. Por esta raz&oacute;n, para evitar que el texto de ley sea "letra muerta", la reforma le da rango constitucional y responde as&iacute; al reclamo general de evitar a toda costa la "guerra sucia" observada en las pasadas elecciones federales y que amenazaba con extenderse a los procesos electorales locales. Por tal raz&oacute;n, la reforma constitucional establece que las infracciones a las disposiciones comentadas ser&aacute;n sancionadas por el IFE mediante procedimientos expeditos, que podr&aacute;n incluir la orden de cancelaci&oacute;n inmediata de las transmisiones en radio y televisi&oacute;n, de concesionarios y permisionarios, que resulten violatorias de la ley.</p>     <p>Por otra parte, una de las demandas m&aacute;s solicitadas por la oposici&oacute;n ha sido atendida por la reforma constitucional. Durante mucho tiempo los partidos de oposici&oacute;n demandaban al presidente en turno y a la autoridad electoral evitar hacer publicidad a favor de alg&uacute;n candidato o partido con el pretexto de difundir las acciones del gobierno en materia de obra p&uacute;blica. Esta demanda nunca prosper&oacute;, pero ahora la reforma constitucional establece que durante el tiempo que comprendan las campa&ntilde;as electorales federales y locales y hasta la conclusi&oacute;n de la respectiva jornada comicial, deber&aacute; suspenderse la difusi&oacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n social de toda la propaganda gubernamental, tanto de los poderes federales y estatales como de los municipios, &oacute;rganos de gobierno del D.F., sus delegaciones y cualquier otro ente p&uacute;blico. Las &uacute;nicas excepciones a lo anterior ser&aacute;n las campa&ntilde;as de informaci&oacute;n de las autoridades electorales, las relativas a servicios educativos y de salud, o las necesarias para la protecci&oacute;n civil en caso de emergencia.</p>     <p>Con ello se desactiva uno de los factores que generaba fuerte pol&eacute;mica entre la oposici&oacute;n y el gobierno, y que contribu&iacute;a a elevar los niveles de confrontaci&oacute;n durante el proceso electoral, pues en muchas ocasiones los funcionarios del gobierno (incluido el propio presidente de la rep&uacute;blica) hac&iacute;an abierta campa&ntilde;a a favor de un candidato o partido, introduciendo con ello elementos de inequidad en la contienda.</p>     <p>Otra de las demandas reclamadas por la oposici&oacute;n despu&eacute;s de la jornada electoral de 2006 fue la renovaci&oacute;n de la autoridad electoral (el Consejo General del IFE). Las suspicacias impulsadas por la oposici&oacute;n acerca de la carencia de imparcialidad y credibilidad de la autoridad electoral constituyeron el <i>leit motiv</i> para iniciar las negociaciones con miras a una nueva ley electoral. Sobre todo porque, para una parte de la poblaci&oacute;n y algunos actores pol&iacute;ticos, despu&eacute;s de los acontecimientos de julio de 2006 no pod&iacute;an realizarse otras elecciones federales con una autoridad electoral fuertemente cuestionada y mermada en su credibilidad, so pena de repetir el descr&eacute;dito y cuestionamiento a las instituciones y sobre todo alterar la estabilidad del pa&iacute;s. Renovar la integraci&oacute;n de ese &oacute;rgano colegiado con el aval de las tres fuerzas pol&iacute;ticas era, en ese sentido, imperante. En esta tesitura, la reforma constitucional establece que: el consejero presidente durar&aacute; en su cargo seis a&ntilde;os y podr&aacute; ser reelecto una sola vez (la norma derogada establec&iacute;a siete a&ntilde;os sin posibilidad de reelecci&oacute;n). Los consejeros electorales, por su parte, durar&aacute;n en su cargo nueve a&ntilde;os (con lo que aumenta dos a&ntilde;os su nombramiento respecto a la anterior disposici&oacute;n constitucional), ser&aacute;n renovados en forma escalonada y no podr&aacute;n ser reelectos. Seg&uacute;n sea el caso, unos y otros ser&aacute;n elegidos sucesivamente por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes de la C&aacute;mara de Diputados, a propuesta de los grupos parlamentarios, previa realizaci&oacute;n de una amplia consulta a la sociedad.<a href="#50" name="n50"><sup>50</sup></a></p>     <p>Esta nueva integraci&oacute;n pretende restituir la confianza en la autoridad y, por su parte, los nuevos mecanismos de designaci&oacute;n buscan combinar experiencia con frescura en el seno del Consejo. Que esta decisi&oacute;n sea del desagrado de unos y agrado de otros muestra hasta qu&eacute; punto contin&uacute;an las desavenencias en la comunidad acad&eacute;mica y pol&iacute;tica. Literalmente a&uacute;n existen dos posiciones irreconciliables, la que defiende la permanencia de los consejeros, bajo el argumento de la autonom&iacute;a y la legalidad; y la que promueve su remoci&oacute;n bajo el argumento de la credibilidad y legitimidad. Afortunadamente, los actores pol&iacute;ticos a trav&eacute;s de sus legisladores lograron una soluci&oacute;n que, si bien ha alterado las pasiones m&aacute;s que calmarlas, esperamos llegue a buen puerto, porque de no ser as&iacute; los nuevos consejeros llegar&iacute;an con la desconfianza que origin&oacute; su arribo, con lo que se prolongar&iacute;a la l&oacute;gica de la desconfianza. De hecho, el camino ha empezado mal, ya que el proceso de designaci&oacute;n de los nuevos consejeros ha iniciado con obst&aacute;culos log&iacute;sticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a la justicia electoral, la reforma ratifica que el Tribunal Electoral ser&aacute; la m&aacute;xima autoridad jurisdiccional en la materia y &oacute;rgano especializado del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n. Al Tribunal le corresponde resolver en forma definitiva e inatacable sobre las impugnaciones en las elecciones federales de diputados y senadores; as&iacute; como las impugnaciones que se presenten sobre la elecci&oacute;n de presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Asimismo, la reforma derog&oacute; la facultad que el p&aacute;rrafo III del art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n le otorgaba a la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n para practicar de oficio la averiguaci&oacute;n de alg&uacute;n hecho o hechos que constituyeran la violaci&oacute;n del voto p&uacute;blico. Con ello se saca a la corte del litigio electoral, pues le restaba autoridad al Tribunal y contradec&iacute;a la definitividad, que se&ntilde;alaba la ley, de las decisiones de este &uacute;ltimo.</p>     <p>Por otra parte, la reforma elimina la posibilidad de invocar la causal abstracta de nulidad (que no est&aacute; prevista en la Constituci&oacute;n, pero que fue un criterio aplicado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n para anular la elecci&oacute;n de Tabasco en 2000),<a href="#51" name="n51"><sup>51</sup></a> pues ahora el texto constitucional se&ntilde;ala en su art&iacute;culo 99 que las salas superior y regionales del tribunal s&oacute;lo podr&aacute;n declarar la nulidad de una elecci&oacute;n por las causales que expresamente se establezcan en las leyes. Con ello se evitar&aacute; repetir la demanda del "voto por voto y casilla por casilla" en relaci&oacute;n a las impugnaciones que hizo la Coalici&oacute;n Por el Bien de Todos en el pasado proceso electoral. Adem&aacute;s, la reforma constitucional se&ntilde;ala que las impugnaciones de actos o resoluciones de las autoridades competentes para resolver las controversias que puedan resultar determinantes para el resultado final de las elecciones solamente proceder&aacute; cuando la <i>reparaci&oacute;n sea material y jur&iacute;dicamente posible</i> dentro de los plazos electorales y sea factible antes de la fecha constitucional o legalmente fijada para la instalaci&oacute;n de los &oacute;rganos o la toma de posesi&oacute;n de los funcionaros elegidos. Con ello se cancela cualquier posibilidad de repetir la incertidumbre observada en torno a la calificaci&oacute;n de la elecci&oacute;n presidencial de 2006.</p>     <p>Algunas modificaciones m&aacute;s de la reforma constitucional son la creaci&oacute;n de una Contralor&iacute;a General (cuyo titular ser&aacute; designado por la C&aacute;mara de Diputados con el voto de las dos terceras partes de sus miembros presentes a propuesta de instituciones p&uacute;blicas de educaci&oacute;n superior) que tendr&aacute; a su cargo, con autonom&iacute;a t&eacute;cnica y de gesti&oacute;n, la fiscalizaci&oacute;n de todos los ingresos y egresos del IFE. Estar&aacute; adscrita administrativamente a la presidencia del Consejo General y mantendr&aacute; la coordinaci&oacute;n t&eacute;cnica con la entidad de fiscalizaci&oacute;n superior de la Federaci&oacute;n. En este mismo sentido, establecer mayores controles sobre las instituciones, la reforma establece que la fiscalizaci&oacute;n de las finanzas de los partidos pol&iacute;ticos nacionales estar&aacute; a cargo de un &oacute;rgano t&eacute;cnico del Consejo General del IFE, cuyo titular ser&aacute; designado por el voto de las dos terceras partes del propio consejo a propuesta del consejero presidente, y no estar&aacute; limitado por los secretos bancario, fiduciario y fiscal, con lo que los poderes de fiscalizaci&oacute;n del instituto se fortalecen. No obstante lo anterior, habr&aacute; que esperar las adecuaciones a la ley secundaria para poder establecer un juicio m&aacute;s fino al respecto.</p>      <p>Otra de las novedades de la reforma es que ordena que en la ley secundaria se establezcan los plazos para la realizaci&oacute;n de los procesos partidistas de selecci&oacute;n y postulaci&oacute;n de candidatos a cargos de elecci&oacute;n popular, as&iacute; como las reglas para las precampa&ntilde;as y las campa&ntilde;as electorales; que se fijen los l&iacute;mites a las erogaciones en los procesos internos de selecci&oacute;n de candidatos y las campa&ntilde;as electorales de los partidos pol&iacute;ticos; e igualmente que se establezca el monto m&aacute;ximo que tendr&aacute;n las aportaciones de sus simpatizantes, cuya suma total no podr&aacute; exceder anualmente, por cada partido, el 10% del tope de gastos establecidos para la &uacute;ltima campa&ntilde;a presidencial. En este &uacute;ltimo sentido, la reforma se&ntilde;ala que la ley secundaria ordenar&aacute; los procedimientos para el control y vigilancia del origen y uso de todos los recursos con que cuenten los partidos pol&iacute;ticos y dispondr&aacute; las sanciones que deban imponerse por el incumplimiento de estas disposiciones.</p>     <p>La reforma, por otra parte, establece que las autoridades electorales solamente podr&aacute;n intervenir en los asuntos internos de los partidos pol&iacute;ticos en los t&eacute;rminos que se&ntilde;alen la Constituci&oacute;n y la ley secundaria; y finalmente, ordena que las constituciones y leyes de los Estados en materia electoral garantizar&aacute;n que: a) las elecciones de los gobernadores, de los miembros de las legislaturas locales y de los integrantes de los ayuntamientos tengan lugar el primer domingo de julio del a&ntilde;o que corresponda. Los estados cuyas jornadas electorales se celebren en el a&ntilde;o de los comicios federales y no coincidan en la misma fecha de la jornada electoral federal, no estar&aacute;n obligados por esta &uacute;ltima disposici&oacute;n.<a href="#52" name="n52"><sup>52</sup></a> Es decir, se sientan las bases para que se establezcan los comicios concurrentes en el pa&iacute;s y se termine con las innumerables elecciones que se realizan pr&aacute;cticamente cada seis meses en todo el pa&iacute;s en todos los niveles de gobierno.</p>     <p>Como se puede observar en esta apretada s&iacute;ntesis, el prop&oacute;sito fundamental de la reforma constitucional lo constituy&oacute; abaratar los costos de las campa&ntilde;as electorales y terminar con el c&iacute;rculo vicioso construido entre dinero y pol&iacute;tica. El senador Carlos Navarrete lo sintetiz&oacute; muy bien cuando expres&oacute; que ten&iacute;an que "&hellip; terminar de tajo con la carrera al despe&ntilde;adero que todos los pol&iacute;ticos llevamos varios a&ntilde;os recorriendo, de la b&uacute;squeda incesante de dinero, a como d&eacute; lugar, incluso vendiendo el alma al diablo, con tal de conseguir el dinero que se nos pide para poder aparecer en la televisi&oacute;n, en la radio y en las campa&ntilde;as electorales".<a href="#53" name="n53"><sup>53</sup></a></p>     <p>El dato no es menor si se observan las consecuencias pol&iacute;ticas producidas por esta relaci&oacute;n en la pasada elecci&oacute;n presidencial; adem&aacute;s de las financieras, donde nuevamente el dinero fue el principal protagonista de las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas. Las enormes sumas de dinero gastadas en los comicios van acompa&ntilde;adas de irregularidades, como lo ilustra el desconocimiento, por parte de la autoridad electoral, del origen de 281 mil <i>sptos</i> (37% de la propaganda pol&iacute;tica) emitidos durante la pasada campa&ntilde;a electoral, que en &uacute;ltima instancia podr&iacute;an representar financiamiento irregular, bonificaciones de medios de comunicaci&oacute;n a los partidos (transgrediendo la prohibici&oacute;n) o compromisos pol&iacute;ticos il&iacute;citos entre televisoras y candidatos.</p>     <p>Evidentemente, el contenido de la reforma es menor frente a la amplia agenda de dise&ntilde;o institucional que requiere el pa&iacute;s; sin embargo, si se pondera que la ley es s&oacute;lo un subproducto de la Ley para la Reforma del Estado promulgada en abril de este a&ntilde;o, y sobre todo que la reforma est&aacute; fundamentalmente abocada a resolver el problema del dinero en las campa&ntilde;as y a eliminar el lugar estrat&eacute;gico que estaban ejerciendo los medios de comunicaci&oacute;n tanto en el contenido de las campa&ntilde;as como en el perfil de los candidatos, la valoraci&oacute;n es mayor. En especial, por el alto impacto que tendr&aacute; en la conformaci&oacute;n de una nueva relaci&oacute;n entre medios y pol&iacute;tica, partidos y ciudadanos, candidatos y electores. Adem&aacute;s, tomando como base estas reformas constitucionales podemos afirmar que hay bastantes posibilidades de tener en el futuro elecciones m&aacute;s baratas y competencias electorales m&aacute;s equitativas.</p>     <p>Como es de esperarse, los deseos maximalistas de algunos actores (especialmente la comunidad acad&eacute;mica) no se vieron satisfechos con estas reformas, pero si tomamos en cuenta que hasta hace apenas un a&ntilde;o est&aacute;bamos al borde de la par&aacute;lisis legislativa debido a la fuerte confrontaci&oacute;n y divisi&oacute;n pol&iacute;tica al interior del Congreso de la uni&oacute;n, la aprobaci&oacute;n de estas reformas constitucionales en materia electoral no es nada despreciable en un contexto a&uacute;n permeado por los resultados electorales de 2006. Por supuesto que lo recomendable y deseable ser&iacute;a un verdadero golpe de tim&oacute;n que resuelva de una vez por todas las deficiencias, carencias y ambig&uuml;edades de nuestra arquitectura pol&iacute;tico-institucional. Sin embargo, el gradualismo en las reformas ha sido la constante en la historia del pa&iacute;s.</p>     <p>Es probable que la reforma constitucional haya dejado de lado las aspiraciones y demandas de amplios grupos de ciudadanos organizados, por no hablar de acad&eacute;micos y actores relevantes. Por ello hay que volver a mencionar que es s&oacute;lo un subproducto de la Ley para la Reforma del Estado promulgada en abril de este a&ntilde;o, y habr&aacute; que esperar los otros subproductos en materia de r&eacute;gimen de Estado y de gobierno, federalismo, reforma al poder judicial, etc. que, esperemos, logren armonizarse con la actual reforma constitucional. Nadie cuestiona la necesidad de dotar al pa&iacute;s de una nueva arquitectura pol&iacute;tico-institucional que posibilite la cooperaci&oacute;n entre los actores y aleje el conflicto y la par&aacute;lisis en y entre los poderes ejecutivo y legislativo. Tambi&eacute;n es cierto que la reforma electoral por s&iacute; misma no resuelve ni mucho menos condensa las aspiraciones de renovaci&oacute;n institucional que requiere el pa&iacute;s; por el contrario, la reforma electoral es s&oacute;lo una pieza en el rompecabezas de la ingenier&iacute;a institucional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este modo, a pesar de la evaluaci&oacute;n positiva sobre la reforma constitucional, habr&aacute; que esperar al contenido m&aacute;s detallado de la ley secundaria para poder confirmar estos objetivos, ya que podr&iacute;a contener ambig&uuml;edades que permitan el retorno de algunas anomal&iacute;as. Adem&aacute;s, esta evaluaci&oacute;n no es ampliamente satisfactoria porque la reforma constitucional no es completa, y no es completa porque deja varios asuntos sin resolver, por ejemplo: no se aprovech&oacute; la oportunidad de someter a los partidos pol&iacute;ticos a la ley de transparencia y acceso a la informaci&oacute;n p&uacute;blica (para que se trasciendan los l&iacute;mites de los informes del financiamiento) como sucede con otros organismos p&uacute;blicos. Con ello los partidos contin&uacute;an en la opacidad y desperdician una oportunidad para avanzar en la transparencia y rendici&oacute;n de cuentas frente a la sociedad.</p>     <p>Igualmente, hizo falta la reestructuraci&oacute;n de la Fiscal&iacute;a Especial para Delitos Electorales (FEPADE) que ha resultado inoperante en todos estos a&ntilde;os de su existencia. Hasta el momento dicha instituci&oacute;n s&oacute;lo ha servido a intereses creados, no ha sido eficaz en la persecuci&oacute;n de los delitos electorales, y en ninguno de los casos m&aacute;s relevantes, por ejemplo <i>Amigos de Fox</i> y <i>Pemexgate</i>, mostr&oacute; voluntad para contribuir al esclarecimiento de los hechos. El hecho de que la FEPADE pertenezca a la Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica (PGR), que a su vez depende del presidente de la rep&uacute;blica, le resta credibilidad a un trabajo que debe contar con el respaldo pol&iacute;tico y social acorde a la naturaleza de sus actividades.</p>     <p>Por otro lado, hay que recordar que en 1996 existi&oacute; unanimidad en la reforma constitucional, pero esta se rompi&oacute; en las reformas al COFIPE, en particular por dos factores: el tema de las coaliciones y el financiamiento p&uacute;blico. Por ello, esperemos a ver las modificaciones a la ley secundaria para evaluar la coherencia y fortalecimiento (sanciones y reglamentaci&oacute;n) de las disposiciones constitucionales en el COFIPE. Por el momento, las reformas constitucionales, como todas las reformas, no cumplen los deseos de todos, pero tal y como est&aacute;n, merecen ser bienvenidas; cuando se conozcan las adecuaciones al COFIPE estaremos en posibilidad de desaprobar, matizar o modificar la evaluaci&oacute;n realizada al nivel constitucional.</p>     <p><b><i>CONCLUSIONES</i></b></p>     <p>El reformismo electoral mexicano nuevamente se puso a funcionar. Una vez m&aacute;s se acude a la reforma electoral para responder a los problemas de legitimidad, y desactivar las futuras protestas pol&iacute;tica y social con motivo de los comicios federales. Evidentemente la reforma electoral no resolver&aacute; todos los problemas del sistema pol&iacute;tico mexicano. De hecho s&oacute;lo resolvi&oacute; el problema de la pol&iacute;tica-espect&aacute;culo, al remodelar el esquema de financiamiento y la relaci&oacute;n medios de comunicaci&oacute;n-partidos pol&iacute;ticos. En ese sentido, al menos tres de los factores que hac&iacute;an de las elecciones mexicanas las m&aacute;s caras del mundo han desaparecido: el monto del financiamiento p&uacute;blico, la duraci&oacute;n de las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas y la prohibici&oacute;n de contratar tiempos en los medios electr&oacute;nicos por parte de los partidos pol&iacute;ticos.</p>     <p>Por tal raz&oacute;n, la nueva regulaci&oacute;n entre partidos y medios, as&iacute; como la nueva asignaci&oacute;n del financiamiento p&uacute;blico, constituyen los logros mayores de la reforma constitucional, pues no s&oacute;lo modifican la relaci&oacute;n partidos-medios de comunicaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n entre partidos y ciudadanos; pero m&aacute;s importante aun, reafirman el poder del Estado frente a los poderes f&aacute;cticos. En primer lugar, eliminan dr&aacute;sticamente la posibilidad de que los poderes f&aacute;cticos y el poder del dinero contin&uacute;en influyendo no s&oacute;lo en la vida interna de los partidos pol&iacute;ticos sino tambi&eacute;n en el tipo y contenidos de las campa&ntilde;as electores, e igualmente de que presionen a los candidatos y sus partidos a cambio de favores particulares ileg&iacute;timos.</p>     <p>La amplia, sistem&aacute;tica y furibunda campa&ntilde;a que realizaron en contra del Senado mexicano los medios de comunicaci&oacute;n agrupados en la C&aacute;mara Nacional de la Industria de la Radio y Televisi&oacute;n (CIRT) con motivo de la reforma constitucional, ilustra hasta qu&eacute; punto esta reforma liquid&oacute; el jugoso negocio que detentaban los due&ntilde;os de los medios de comunicaci&oacute;n, pero sobre todo da una idea de la posici&oacute;n privilegiada que detentaban en los procesos electorales. Con la reforma no s&oacute;lo se quiebra el c&iacute;rculo vicioso tejido entre medios y partidos, sino que se termina con un modelo de competencia pol&iacute;tico-electoral que estaba resultando da&ntilde;ino para la salud del sistema pol&iacute;tico en su conjunto, en gran parte debido a que el v&iacute;nculo entre dinero y pol&iacute;tica estaba generando actos peligrosos de corrupci&oacute;n y escandalosos derroches de dinero (motivados por la compra incontrolada de publicidad en los medios de comunicaci&oacute;n) que da&ntilde;aban la credibilidad de los comicios y la legitimidad de sus resultados. En este sentido, la reforma constitucional modifica las reglas del juego electoral prevalecientes en la &uacute;ltima d&eacute;cada, en particular con la dependencia de los partidos y candidatos respecto al uso de la radio y televisi&oacute;n. Con ello se espera promover una nueva relaci&oacute;n entre candidatos y electores, y entre partidos y ciudadanos.</p>     <p>No obstante lo anterior, el acierto de la reforma constituye tambi&eacute;n una de sus grandes limitaciones; es decir, la reforma electoral surge como resultado de la presi&oacute;n social, y al igual que sucedi&oacute; con anteriores reformas, esta s&oacute;lo responde a los problemas surgidos en la etapa anterior m&aacute;s que a un dise&ntilde;o institucional de largo aliento. Las modificaciones que se hagan en la ley secundaria y el perfil que adquiera la ley electoral nos dar&aacute;n pistas sobre el horizonte mediato o inmediato del nuevo ciclo electoral.</p> <hr>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>      <p><sup><a href:"#n1" name="1">1</a></sup>. En el marco del ambiente post-electoral el Congreso mexicano aprob&oacute; una ley denominada Ley para la Reforma del Estado, mediante la cual se obliga a los legisladores, a los dirigentes de los partidos y a un representante del ejecutivo federal a negociar y acordar en el lapso de un a&ntilde;o las iniciativas que deber&aacute;n transformar las instituciones del pa&iacute;s. Anselmo Flores Andrade, "Variaciones sobre el mismo tema: la reforma del Estado en M&eacute;xico", en <i>Datamex. An&aacute;lisis de Coyuntura Mensual sobre M&eacute;xico</i>, N&deg; 26, febrero, 2007.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href:"#n2" name="2">2</a></sup>. Ricardo Becerra, Pedro Salazar y Jos&eacute; Woldenberg, <i>La mec&aacute;nica del cambio pol&iacute;tico en M&eacute;xico. Elecciones, partidos y reformas</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, 2000; Julio Labastida y Miguel Armando, "M&eacute;xico: una transici&oacute;n prolongada (1988-1996/97)", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, N&deg; 4, octubre-diciembre, 2004; Jos&eacute; Woldenberg, <i>La construcci&oacute;n de la democracia en M&eacute;xico</i>, Plaza y Jan&eacute;s, M&eacute;xico, D.F., 2002.    <br> <sup><a href:"#n3" name="3">3</a></sup>. Un grupo de expertos de la ONU ha validado dicha afirmaci&oacute;n en los procesos electorales de 1994, 2000 y recientemente para los comicios de 2006. Ver Instituto Federal Electoral (IFE), <i>An&aacute;lisis del sistema electoral mexicano. Misi&oacute;n T&eacute;cnica de la ONU</i>, IFE, M&eacute;xico, 1994; IFE y Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM), <i>An&aacute;lisis del sistema electoral mexicano. Informe de un grupo de expertos</i>, M&eacute;xico, 2001.    <br> <sup><a href:"#n4" name="4">4</a></sup>. Ya en 1963 se hab&iacute;a reformado la ley electoral de ese periodo para introducir la figura de "diputado de partidos", a trav&eacute;s de la cual se le otorg&oacute; a la oposici&oacute;n una <i>t&iacute;mida</i> representaci&oacute;n en el Congreso a condici&oacute;n de que acreditara el 2,5% de la votaci&oacute;n; ver Luisa Bejar Algazati, <i>El poder legislativo en M&eacute;xico. Los diputados de partido. El primer eslab&oacute;n del cambio</i>, UNAM- Gernika, M&eacute;xico, 2004.    <br><sup><a href:"#n5" name="5">5</a></sup>. Octavio Rodr&iacute;guez Ara&uacute;jo, <i>La reforma pol&iacute;tica y los partidos pol&iacute;ticos en M&eacute;xico</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, 1980.    <br> <sup><a href:"#n6" name="6">6</a></sup>. Por supuesto, este cambio tambi&eacute;n se observ&oacute; en los esca&ntilde;os ganados por la oposici&oacute;n, pues frente a los 35 que ten&iacute;a en 1967 y 1970, para las elecciones intermedias de 1979 la oposici&oacute;n en su conjunto gan&oacute; 116 asientos parlamentarios. Ver Jacqueline Peschard, "El fin del sistema de partido hegem&oacute;nico", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, N&deg; 2, abril-junio, 1993; Flores Andrade, "Democracia y dinero: partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", en <i>Reflexi&oacute;n Pol&iacute;tica</i>, Universidad Aut&oacute;noma de Bucaramanga, Colombia, N&deg; 13, 2005.    <br><sup><a href:"#n7" name="7">7</a></sup>. Juan Molinar Horcaditas, <i>El tiempo de la legitimidad. Elecciones, democracia y autoritarismo en M&eacute;xico</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, 1991.    <br><sup><a href:"#n8" name="8">8</a></sup>. Giovanni Sartori, <i>Partidos y sistemas de partido</i>, Alianza, Madrid, 1980.    <br> <sup><a href:"#n9" name="9">9</a></sup>. Ver Leonardo Vald&eacute;s Zurita, "Elecciones y democracia en M&eacute;xico. Un ensayo", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, N&deg; 23, 1991; Jos&eacute; Luis Reyna, "Las elecciones en el M&eacute;xico institucionalizado", en Pablo Gonz&aacute;lez Casanova (coord.), <i>Las elecciones en M&eacute;xico. Evoluci&oacute;n y perspectivas</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, 1985; y Francisco Paoli Bolio, "Legislaci&oacute;n electoral y proceso pol&iacute;tico, 1917-1982", en Gonz&aacute;lez Casanova (coord.), <i>Las elecciones en M&eacute;xico. Evoluci&oacute;n y perspectivas</i>, <i>op. cit.</i>    <br> <sup><a href:"#n10" name="10">10</a></sup>. Germ&aacute;n P&eacute;rez y Samuel Le&oacute;n (coords .), <i>17 &Aacute;ngulos de un sexenio</i>, Plaza y Jan&eacute;s, M&eacute;xico, 1987; Carlos Bazdresch, Nisso Bucay <i>et al</i>. (coords .), <i>M&eacute;xico: auge, crisis y ajuste</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D.F., 1992.    <br> <sup><a href:"#n11" name="11">11</a></sup>. Leonardo Vald&eacute;s Zurita, "La nueva ley electoral y democracia: algunos avances, muchos retrocesos", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, N&deg; 15, 1988; Jos&eacute; Woldenberg, "La reforma electoral de 1986", en Germ&aacute;n P&eacute;rez y Samuel Le&oacute;n (coords .), <i>17 &Aacute;ngulos de un sexenio</i>, <i>op. cit</i>.; Flores Andrade, "Un balance general sobre los partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas en M&eacute;xico", en Dar&iacute;o Salinas Figueredo (coord.), <i>Democratizaci&oacute;n y tensiones de gobernabilidad en Am&eacute;rica Latina</i>, Gernika-Friedrich Ebert, M&eacute;xico, D.F., 2006.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br><sup><a href:"#n12" name="12">12</a></sup>. De acuerdo a esta, "si ning&uacute;n partido obten&iacute;a 51% de la votaci&oacute;n nacional efectiva y ninguno alcanzaba, con sus constancias de mayor&iacute;a relativa, la mitad m&aacute;s uno de los miembros de la c&aacute;mara, al partido con m&aacute;s constancias de mayor&iacute;a le ser&iacute;an asignados diputados de representaci&oacute;n proporcional, hasta alcanzar la mayor&iacute;a absoluta de la c&aacute;mara", C&oacute;digo Federal Electoral, Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, M&eacute;xico, 1987.    <br> <sup><a href:"#n13" name="13">13</a></sup>. La Comisi&oacute;n Federal Electoral, m&aacute;ximo &oacute;rgano electoral, se integrar&iacute;a de la siguiente manera: secretario de gobernaci&oacute;n (representante del gobierno); dos comisionados del poder legislativo (en donde el partido oficial era mayor&iacute;a); diecis&eacute;is comisionados del PRI; cinco del PMS; y uno por cada uno de los cinco partidos pol&iacute;ticos restantes.    <br> <sup><a href:"#n14" name="14">14</a></sup>. Pablo Gonz&aacute;lez Casanova (coord.), <i>Segundo informe de la democracia. M&eacute;xico: el 6 de julio de 1988</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, 1990; Juan Felipe Leal, Jacqueline Peschard <i>et al</i>. (eds.), <i>Las elecciones federales de 1988 en M&eacute;xico</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 1998; Nuri Pimentel y J. Francisco Rueda, "M&eacute;xico, julio de 1988: &iquest;hacia una transici&oacute;n democr&aacute;tica?", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, n&deg; 16, 1988.    <br> <sup><a href:"#n15" name="15">15</a></sup>. Estuvo conformado por un representante del gobierno (secretario de gobernaci&oacute;n) que ser&iacute;a el presidente del Consejo General del Instituto; consejeros magistrados (nombrados por las dos terceras partes de la C&aacute;mara de Diputados a propuesta del presidente de la rep&uacute;blica), representantes del poder legislativo (dos senadores y dos diputados); representantes de los partidos pol&iacute;ticos, todos con voz y voto.    <br> <sup><a href:"#n16" name="16">16</a></sup>. Arturo N&uacute;&ntilde;ez, <i>La reforma electoral de 1989-1990</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1993; Arturo S&aacute;nchez, <i>Las elecciones de Salinas: un balance cr&iacute;tico</i>, FLACSO -Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, 1992; Becerra, Salazar y Woldenberg, <i>La mec&aacute;nica del cambio pol&iacute;tico en M&eacute;xico. Elecciones, partidos y reformas</i>, <i>op. cit</i>.; Leonardo Vald&eacute;s Zurita, "Elementos para el an&aacute;lisis pol&iacute;tico del nuevo c&oacute;digo electoral", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana- Iztapalapa, N&deg; 90, 1990.    <br> <sup><a href:"#n17" name="17">17</a></sup>. A partir de esta fecha el aumento del financiamiento p&uacute;blico para los partidos se fue incrementando considerablemente, convirtiendo esta prerrogativa de ley en un fuerte incentivo para la entrada de una variedad de organizaciones pol&iacute;ticas al sistema de partidos, por ejemplo, se estableci&oacute; que los partidos con registro condicionado recibir&iacute;an el 50% del financiamiento p&uacute;blico se&ntilde;alado para cada partido pol&iacute;tico nacional por concepto de actividades generales (uno de los cuatro rubros de financiamiento a los partidos que contemplaba la nueva ley). Flores Andrade, "Democracia y dinero: partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", <i>op. cit</i>.    <br> <sup><a href:"#n18" name="18">18</a></sup>. Pablo Javier Becerra, "Entre el autoritarismo y la democracia. Las reformas electorales del sexenio de Salinas" en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana- Iztapalapa, N&deg; 94, 1994; Javier Santiago Castillo, "Proceso de liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y legislaci&oacute;n electoral", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana- Iztapalapa, N&deg; 95, 1995; Becerra, Salazar y Woldenberg, <i>La mec&aacute;nica del cambio pol&iacute;tico en M&eacute;xico. Elecciones, partidos y reformas</i>, <i>op. cit.</i>    <br> <sup><a href:"#n19" name="19">19</a></sup>. Germ&aacute;n P&eacute;rez, Arturo Alvarado y Arturo S&aacute;nchez (coords .), <i>La voz de los votos: un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de las elecciones de 1994</i>, FLACSO -Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 1995.    <br> <sup><a href:"#n20" name="20">20</a></sup>. Con la reforma, ahora se elegir&iacute;an tres senadores por igual en cada una de las 32 entidades federativas: dos por el principio de mayor&iacute;a relativa y el tercero asignado a la primera minor&iacute;a; los 32 restantes ser&aacute;n elegidos por el principio de representaci&oacute;n proporcional mediante el sistema de listas en una sola circunscripci&oacute;n plurinominal nacional. Ver Eduardo Andrade S&aacute;nchez, "La reforma pol&iacute;tica de 1996 en M&eacute;xico", <i>Cuadernos Constitucionales M&eacute;xico-Centroam&eacute;rica</i>, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM, N&deg; 25, 1997.    <br> <sup><a href:"#n21" name="21">21</a></sup>. Flores Andrade, "Las nuevas disposiciones electorales para los partidos nuevos y las agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", en <i>Cuestiones Constitucionales</i>, N&deg; 16, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas-UNAM, enero-junio, 2007.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href:"#n22" name="22">22</a></sup>. Luis Salazar (coord.), <i>M&eacute;xico: alternancia y transici&oacute;n a la democracia</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, 2001.    <br> <sup><a href:"#n23" name="23">23</a></sup>. Irma M&eacute;ndez de Hoyos, "Competencia y competitividad electoral en M&eacute;xico, 1977-1997", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2003.    <br> <sup><a href:"#n24" name="24">24</a></sup>. Guadalupe Pacheco, "De la hegemon&iacute;a a la regionalizaci&oacute;n electoral: el sistema de partidos en M&eacute;xico 1979-1997", en <i>Estudios Sociol&oacute;gicos</i>, N&deg; 53, mayo-agosto, 2000; y de la misma autora, "Democratizaci&oacute;n, pluralizaci&oacute;n y cambios en el sistema de partidos en M&eacute;xico (1991-2000)", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, UNAM, N&deg; 3, julio-septiembre, 2003.    <br> <sup><a href:"#n25" name="25">25</a></sup>. M&eacute;ndez de Hoyos, "Competencia y competitividad electoral en M&eacute;xico, 1977-1997", <i>op. cit.</i>    <br> <sup><a href:"#n26" name="26">26</a></sup>. De acuerdo a Lujambio, en 1988 cerca del 3% de la poblaci&oacute;n mexicana viv&iacute;a en municipios gobernados por partidos distintos al PRI, para 1997 la poblaci&oacute;n gobernada por partidos distintos al PRI constitu&iacute;a un 44,42% (Alonso Lujambio, "Adi&oacute;s a la excepcionalidad. R&eacute;gimen presidencial y gobierno dividido en M&eacute;xico", en Miguel Carbonel, Diego Valad&eacute;s, <i>et al</i>., <i>Estrategias y propuestas para la reforma del Estado</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 2001).    <br> <sup><a href:"#n27" name="27">27</a></sup>. Pacheco, "Democratizaci&oacute;n, pluralizaci&oacute;n y cambios en el sistema de partidos en M&eacute;xico (1991-2000)", <i>op. cit.</i>    <br> <sup><a href:"#n28" name="28">28</a></sup>. Pacheco, "De la hegemon&iacute;a a la regionalizaci&oacute;n electoral: el sistema de partidos en M&eacute;xico 1979-1997", <i>op.cit</i>.; Mar&iacute;a Amparo Casar e Ignacio Marv&aacute;n (coords.), <i>Gobernar sin mayor&iacute;a</i>, CIDE-Taurus, M&eacute;xico, 2002; Carlos Enrique Casillas Ortega, "Gobierno dividido en M&eacute;xico: entre la pluralidad y la eficacia", en <i>Gobierno dividido: la experiencia mexicana reciente en la configuraci&oacute;n pluripartidista de los &oacute;rganos de gobierno</i>, IFE, M&eacute;xico, D.F., 2001.    <br> <sup><a href:"#n29" name="29">29</a></sup>. Benito Nacif, "Las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo en M&eacute;xico tras el fin del presidencialismo", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2004; &Aacute;lvaro Lara y Francisco L&oacute;pez, "Presidencialismo y coaliciones legislativas en la c&aacute;mara de diputados de M&eacute;xico (1991-1999)", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana- Iztapalapa, n&uacute;mero extraordinario, 2002; Mar&iacute;a Amparo Casar, "Coaliciones y cohesi&oacute;n partidista en un congreso sin mayor&iacute;a: la c&aacute;mara de diputados en M&eacute;xico 1997-1999", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2000; Jos&eacute; Abel Rivera S&aacute;nchez, "Cambio constitucional y democratizaci&oacute;n: la evoluci&oacute;n de las comisiones en la c&aacute;mara de diputados de M&eacute;xico", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, segundo semestre, 2004.    <br> <sup><a href:"#n30" name="30">30</a></sup>. Luisa Bejar Algazati, <i>Los partidos en el congreso de la uni&oacute;n. La representaci&oacute;n parlamentaria despu&eacute;s de la alternancia</i>, UNAM- Gernika, M&eacute;xico, 2006.    <br> <sup><a href:"#n31" name="31">31</a></sup>. Juan F. Reyes del Campillo y Tania Hern&aacute;ndez Vicencio, "Partidos y sistema de partidos en M&eacute;xico. De la hegemon&iacute;a al pluralismo", en Antonella Attili (coord.), <i>Treinta a&ntilde;os de cambios pol&iacute;ticos en M&eacute;xico</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 2006.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href:"#n32" name="32">32</a></sup>. Flores Andrade, "Democracia y dinero: partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", <i>op. cit</i>.    <br><sup><a href:"#n33" name="33">33</a></sup>. Pacheco, "Democratizaci&oacute;n, pluralizaci&oacute;n y cambios en el sistema de partidos en M&eacute;xico (1991-2000)", <i>op. cit.</i>    <br> <sup><a href:"#n34" name="34">34</a></sup>. En la integraci&oacute;n del Consejo General del Instituto Federal Electoral s&oacute;lo participaron el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN). El Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD) no tom&oacute; parte en el proceso de negociaci&oacute;n del Consejo General, y esa fue una de las razones por las que cuestion&oacute; las actuaciones y decisiones de la autoridad electoral durante y despu&eacute;s de las elecciones presidenciales de 2006.    <br> <sup><a href:"#n35" name="35">35</a></sup>. Flores Andrade, "La incertidumbre electoral mexicana. Las elecciones presidenciales del 2 de julio", en <i>La Chronique des Am&eacute;riques</i>, N&deg; 28, Universit&eacute; du Qu&eacute;bec &aacute; Montr&eacute;al (UQAM), julio, 2006.    <br> <sup><a href:"#n36" name="36">36</a></sup>. Flores Andrade, "<i>&iexcl; Habemus Presidente!</i> El conflicto post-electoral en M&eacute;xico", en <i>La Chronique des Am&eacute;riques</i>, N&deg; 30, Universit&eacute; du Qu&eacute;bec &aacute; Montr&eacute;al (UQAM), septiembre, 2006; Jorge Buend&iacute;a; Jes&uacute;s Cant&uacute;; Lorenzo C&oacute;rdova, <i>et al.</i>, <i>Elecciones in&eacute;ditas 2006. La democracia a prueba</i>, Norma, M&eacute;xico, D.F., 2006.    <br> <sup><a href:"#n37" name="37">37</a></sup>. De acuerdo al candidato presidencial ganador, Felipe Calder&oacute;n, "&hellip;es necesaria y urgente una reforma profunda a las instituciones y al sistema electoral porque &eacute;sta ya muestra signos de agotamiento", <i>El Universal</i>, 7 de agosto de 2006.    <br> <sup><a href:"#n38" name="38">38</a></sup>. En uno de esos intentos, los diputados del PVEM solicitaron a las comisiones dictaminadoras suspender la sesi&oacute;n para que se le permitiera a la C&aacute;mara Nacional de la Industria de la Radio y Televisi&oacute;n (CIRT) hacer observaciones al proyecto de ley. En otra estrategia, criticaron el proceso legislativo seguido por la minuta del Senado, y bajo el argumento de que dicha minuta no pas&oacute; por la comisi&oacute;n que su partido presid&iacute;a (la de radio, televisi&oacute;n y cinematograf&iacute;a) solicitaron su no admisi&oacute;n y por tanto desecharla. V&eacute;ase C&aacute;mara de Diputados, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 14 de septiembre de 2007, en <a href="www.camaradediputados.gob.mx" target="_blank">http://www.camaradediputados.gob.mx</a>.    <br> <sup><a href:"#n39" name="39">39</a></sup>. La iniciativa aprobada reforma los siguientes art&iacute;culos de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos: el primer p&aacute;rrafo del art&iacute;culo 6&deg;; reforma y adiciona los art&iacute;culos 41 y 99; reforma el p&aacute;rrafo primero del art&iacute;culo 85; reforma el p&aacute;rrafo primero del art&iacute;culo 108; reforma y adiciona la fracci&oacute;n IV del art&iacute;culo 116; reforma el inciso f) de la fracci&oacute;n V de la base primera del art&iacute;culo 122; adiciona tres p&aacute;rrafos finales al art&iacute;culo 134 y deroga el p&aacute;rrafo tercero del art&iacute;culo 97.    <br> <sup><a href:"#n40" name="40">40</a></sup>. Marco Antonio Leyva Pi&ntilde;a, "Partido Nueva Alianza: la metamorfosis del SNTE en partido", en <i>El Cotidiano</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana- Azcapotzalco, N&deg; 141, enero-febrero, 2006.    <br> <sup><a href:"#n41" name="41">41</a></sup>. Casta&ntilde;eda, en marzo de 2004, interpuso un juicio de amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n para que se le permitiera registrarse como candidato independiente a la presidencia de la rep&uacute;blica. Impugn&oacute; varios art&iacute;culos del C&oacute;digo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) que le imped&iacute;an ser candidato ciudadano. La Corte determin&oacute; la improcedencia de la demanda bajo el argumento de que la &uacute;nica v&iacute;a de inconstitucionalidad de las leyes electorales es la acci&oacute;n de inconstitucionalidad, y esta s&oacute;lo pueden hacerla (de acuerdo con el art&iacute;culo 105 de la Constituci&oacute;n) las minor&iacute;as legislativas en los congresos, los partidos pol&iacute;ticos y el procurador general de la rep&uacute;blica. El juicio de amparo no proced&iacute;a contra leyes electorales. No obstante, esta discusi&oacute;n no cerr&oacute; el debate. En otro litigio, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde (septiembre de 2006) la Corte Suprema, dividida en sus juicios, aprob&oacute; las candidaturas independientes adoptadas por la ley electoral del estado de Yucat&aacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href:"#n42" name="42">42</a></sup>. Ciro Murayama, "Las condiciones de la competencia. Dinero, medios y elecciones", en <i>Elecciones in&eacute;ditas 2006. La democracia a prueba</i>, Norma, M&eacute;xico, 2006, p. 129.    <br> <sup><a href:"#n43" name="43">43</a></sup>. La cifra global incluye, adem&aacute;s, a una decena de partidos que tuvieron vida ef&iacute;mera pero que fueron subvencionados por el erario p&uacute;blico. V&eacute;ase <i>La Jornada</i>, 27 de septiembre de 2006.    <br> <sup><a href:"#n44" name="44">44</a></sup>. C&aacute;mara de Senadores, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 12 de septiembre de 2007, en <a href="http://www.senado.gob.mx" target="_blank">http://www.senado.gob.mx</a>. Seg&uacute;n los c&aacute;lculos del diputado Raymundo C&aacute;rdenas Hern&aacute;ndez, el ahorro ser&aacute; de 3.000 millones de pesos, C&aacute;mara de Diputados, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 14 de septiembre de 2007, <a href="www.camaradediputados.gob.mx" target="_blank">http://www.camaradediputados.gob.mx</a>    <br> <sup><a href:"#n45" name="45">45</a></sup>. Independientemente de lo anterior, fuera de los periodos de precampa&ntilde;as y campa&ntilde;as electorales, al IFE le ser&aacute; asignado hasta el 12% del tiempo total de que el Estado disponga en radio y televisi&oacute;n. Del total asignado, el IFE distribuir&aacute; entre los partidos pol&iacute;ticos nacionales en forma igualitaria un 50%; el tiempo restante lo utilizar&aacute; para fines propios o de otras autoridades electorales, tanto federales como de las entidades federativas. Cada partido pol&iacute;tico nacional utilizar&aacute; el tiempo que por este concepto le corresponda en un programa mensual de 5 minutos y el restante en mensajes con duraci&oacute;n de 20 segundos cada uno.    <br> <sup><a href:"#n46" name="46">46</a></sup>. Murayama, "Las condiciones de la competencia. Dinero, medios y elecciones", <i>op. cit.</i>, p. 139.    <br> <sup><a href:"#n47" name="47">47</a></sup>. Alonso Lujambio, "M&eacute;xico", en Manuel Carrillo, Alonso Lujambio, Daniel Zovatto, <i>et al</i>., <i>Dinero y contienda pol&iacute;tico-electoral. Reto de la democracia</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2003; Lorenzo C&oacute;rdova y Ciro Murayama, <i>Elecciones, dinero y campa&ntilde;as. Pemexgate y Amigos de Fox</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, 2006; Jos&eacute; Woldenberg, "El financiamiento a la pol&iacute;tica", en <i>Partidos pol&iacute;ticos: democracia interna y financiamiento de precampa&ntilde;as. Memoria del VII Congreso Iberoamericano de Derecho Constitucional</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 2002.    <br> <sup><a href:"#n48" name="48">48</a></sup>. <i>El Universal</i>, 7 de octubre de 2006.    <br> <sup><a href:"#n49" name="49">49</a></sup>. <i>La Jornada</i>, 7 de septiembre de 2007.    <br> <sup><a href:"#n50" name="50">50</a></sup>. En este sentido, de acuerdo con el art&iacute;culo 4&deg; transitorio, en un plazo no mayor a 30 d&iacute;as naturales contados a partir de la entrada en vigor del decreto, la C&aacute;mara de Diputados proceder&aacute; a integrar el Consejo General del IFE conforme a lo siguiente: a) elegir&aacute; a un nuevo consejero presidente cuyo mandato concluir&aacute; el 30 de octubre de 2013; b) elegir&aacute; dos nuevos consejeros electorales, cuyo mandato concluir&aacute; el 30 de octubre de 2016; c) elegir&aacute;, de entre los ocho consejeros electorales en funciones a la entrada en vigor de este decreto, a tres que concluir&aacute;n su mandato el 15 de agosto de 2008 y a tres que continuar&aacute;n en su cargo hasta el 30 de octubre de 2010; d) a m&aacute;s tardar el 15 de agosto de 2008, elegir&aacute; a tres nuevos consejeros electorales que concluir&aacute;n su mandato el 30 de octubre de 2013.    <br> <sup><a href:"#n51" name="51">51</a></sup>. Para una cr&iacute;tica a este alegato jur&iacute;dico v&eacute;ase Jos&eacute; Mar&iacute;a Sena de la Garza, "Reflexiones en torno a las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n relativas a los casos de Tabasco y Yucat&aacute;n", en <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado</i>, N&deg; 100, enero-abril, 2001.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href:"#n52" name="52">52</a></sup>. De acuerdo al art&iacute;culo sexto transitorio, las legislaturas de los estados y la Asamblea Legislativa del D.F. deber&aacute;n adecuar su legislaci&oacute;n conforme a lo dispuesto en el decreto, a m&aacute;s tardar en un a&ntilde;o a partir de su entrada en vigor.    <br> <sup><a href:"#n53" name="53">53</a></sup>. V&eacute;ase C&aacute;mara de Senadores, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 12 de septiembre de 2007, <a href="http://www.senado.gob.mx" target="_blank">http://www.senado.gob.mx</a>.</p> <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A</i></b></p>     <!-- ref --><p>1. Andrade S&aacute;nchez, Eduardo, "La reforma pol&iacute;tica de 1996 en M&eacute;xico", <i>Cuadernos Constitucionales M&eacute;xico-Centroam&eacute;rica</i>, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM, N&deg; 25, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-0579200800010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Becerra, Pablo Javier, "Entre el autoritarismo y la democracia. Las reformas electorales del sexenio de Salinas" en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Iztapalapa, N&deg; 94, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-0579200800010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Becerra, Ricardo; Salazar, Pedro y Woldenberg, Jos&eacute;, <i>La mec&aacute;nica del cambio pol&iacute;tico en M&eacute;xico. Elecciones, partidos y reformas</i>, Editorial Cal y Arena, M&eacute;xico, D.F., 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-0579200800010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Bazdresch, Carlos; Bucay, Nisso; Loaeza, Soledad y Lustig, Nora (coordinadores), <i>M&eacute;xico: auge, crisis y ajuste</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D.F., 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-0579200800010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Bejar Algazati, Luisa, <i>El poder legislativo en M&eacute;xico. Los diputados de partido. El primer eslab&oacute;n del cambio</i>, UNAM-Gernika, M&eacute;xico, D.F., 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-0579200800010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Bejar Algazati, Luisa, <i>Los partidos en el Congreso de la uni&oacute;n. La representaci&oacute;n parlamentaria despu&eacute;s de la alternancia</i>, UNAM-Gernika, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-0579200800010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Buend&iacute;a, Jorge; Cant&uacute;, Jes&uacute;s; C&oacute;rdoba, Lorenzo, <i>et al.</i>, <i>Elecciones in&eacute;ditas 2006. La democracia a prueba</i>, Norma, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-0579200800010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. C&aacute;mara de Diputados, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 14 de septiembre de 2007, en <a href="http://www.camaradediputados.gob.mx" target="_blank">http://www.camaradediputados.gob.mx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-0579200800010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. C&aacute;mara de Senadores, Diario de los Debates, sesi&oacute;n ordinaria del 12 de septiembre de 2007, en <a href="http://www.senado.gob.mx" target="_blank">http://www.senado.gob.mx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-0579200800010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Casar, Mar&iacute;a Amparo, "Coaliciones y cohesi&oacute;n partidista en un congreso sin mayor&iacute;a: la c&aacute;mara de diputados en M&eacute;xico 1997-1999", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-0579200800010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Casar, Mar&iacute;a Amparo y Marv&aacute;n, Ignacio (coordinadores), <i>Gobernar sin mayor&iacute;a</i>, CIDE-Taurus, M&eacute;xico, D.F., 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-0579200800010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Casillas Ortega, Carlos Enrique, "Gobierno dividido en M&eacute;xico: entre la pluralidad y la eficacia" en <i>Gobierno dividido: la experiencia mexicana reciente en la configuraci&oacute;n pluripartidista de los &oacute;rganos de gobierno</i>, IFE, M&eacute;xico, D.F., 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-0579200800010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos, Edici&oacute;n del Instituto Federal Electoral, M&eacute;xico, D.F., 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-0579200800010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. C&oacute;rdova, Lorenzo y Murayama, Ciro, <i>Elecciones, dinero y campa&ntilde;as. Pemexgate y Amigos de Fox</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-0579200800010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Flores Andrade, Anselmo, "Democracia y dinero: partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", en <i>Reflexi&oacute;n Pol&iacute;tica</i>, Universidad Aut&oacute;noma de Bucaramanga, Colombia, N&deg; 13, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-0579200800010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Flores Andrade, Anselmo, "Algunos problemas en torno a tres problemas de la democracia en M&eacute;xico", en <i>Apuntes Electorales</i>, Instituto Electoral del Estado de M&eacute;xico, N&deg; 20, abril-junio, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-0579200800010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Flores Andrade, Anselmo, "Pasado y presente de los partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en el sistema electoral mexicano", en <i>Cuestiones Constitucionales</i>, N&deg; 12, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas-UNAM, enero-junio, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-0579200800010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Flores Andrade, Anselmo, "Un balance general sobre los partidos nuevos y agrupaciones pol&iacute;ticas en M&eacute;xico", en Salinas Figueredo, Dar&iacute;o (coordinador), <i>Democratizaci&oacute;n y tensiones de gobernabilidad en Am&eacute;rica Latina</i>, Gernika-Friedrich Ebert, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-0579200800010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Flores Andrade, Anselmo, "La incertidumbre electoral mexicana. Las elecciones presidenciales del 2 de julio", en <i>La Chronique des Am&eacute;riques</i>, N&deg; 28, Universit&eacute; du Qu&eacute;bec &aacute; Montr&eacute;al (UQAM), julio, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-0579200800010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Flores Andrade, Anselmo, "<i>&iexcl;Habemus Presidente!</i> El conflicto post-electoral en M&eacute;xico", en <i>La Chronique des Am&eacute;riques</i>, N&deg; 30, Universit&eacute; du Qu&eacute;bec &aacute; Montr&eacute;al (UQAM), septiembre, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-0579200800010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Flores Andrade, Anselmo, "Las nuevas disposiciones electorales para los partidos nuevos y las agrupaciones pol&iacute;ticas nacionales en M&eacute;xico", en <i>Cuestiones Constitucionales</i>, N&deg; 16, Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas-UNAM, enero-junio, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-0579200800010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Flores Andrade, Anselmo, "Variaciones sobre el mismo tema: la reforma del Estado en M&eacute;xico", en <i>Datamex. An&aacute;lisis de coyuntura mensual sobre M&eacute;xico</i>, N&deg; 26, febrero, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-0579200800010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Gonz&aacute;lez Casanova, Pablo (coordinador), <i>Segundo informe de la democracia. M&eacute;xico: el 6 de julio de 1988</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, D.F., 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-0579200800010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. Instituto Federal Electoral, <i>An&aacute;lisis del sistema electoral mexicano. Misi&oacute;n T&eacute;cnica de la ONU</i>, IFE, M&eacute;xico, D.F. 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-0579200800010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Instituto Federal Electoral-UNAM, <i>An&aacute;lisis del sistema electoral mexicano. Informe de un grupo de expertos</i>, M&eacute;xico, D.F., 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-0579200800010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Labastida, Julio y Armando, Miguel, "M&eacute;xico: una transici&oacute;n prolongada (1988-1996/97)", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, N&deg; 4, octubre-diciembre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-0579200800010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Lara, &Aacute;lvaro y L&oacute;pez, Francisco, "Presidencialismo y coaliciones legislativas en la c&aacute;mara de diputados de M&eacute;xico (1991-1999)", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Iztapalapa, n&uacute;mero extraordinario, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-0579200800010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Leal, Juan Felipe; Peschard, Jacqueline y Rivera, Concepci&oacute;n (editores), <i>Las elecciones federales de 1988 en M&eacute;xico</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-0579200800010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. Leyva Pi&ntilde;a, Marco Antonio, "Partido Nueva Alianza: la metamorfosis del SNTE en partido", en <i>El Cotidiano</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Azcapotzalco, N&deg; 141, enero-febrero, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-0579200800010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Lujambio, Alonso, <i>El poder compartido: un ensayo sobre la democratizaci&oacute;n mexicana</i>, Oc&eacute;ano, M&eacute;xico, D.F., 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-0579200800010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31. Lujambio, Alonso, "Adi&oacute;s a la excepcionalidad. R&eacute;gimen presidencial y gobierno dividido en M&eacute;xico", en Carbonell, Miguel; Valad&eacute;s, Diego, <i>et al</i>., <i>Estrategias y propuestas para la reforma del Estado</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-0579200800010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. Lujambio, Alonso, "M&eacute;xico", en Carrillo, Manuel; Lujambio, Alonso; Zovatto, Daniel, <i>et al</i>., <i>Dinero y contienda pol&iacute;tico-electoral. Reto de la democracia</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D.F., 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-0579200800010000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33. M&eacute;ndez de Hoyos, Irma, "Competencia y competitividad electoral en M&eacute;xico, 1977-1997", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-0579200800010000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. Molinar Horcaditas, Juan, <i>El tiempo de la legitimidad. Elecciones, democracia y autoritarismo en M&eacute;xico</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, D.F., 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-0579200800010000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. Murayama, Ciro, "Las condiciones de la competencia. Dinero, medios y elecciones", en Buend&iacute;a, Jorge; Cant&uacute;, Jes&uacute;s; C&oacute;rdova, Lorenzo, <i>et al</i>., <i>Elecciones in&eacute;ditas 2006. La democracia a prueba</i>, Norma, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-0579200800010000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36. Nacif, Benito, "Las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo en M&eacute;xico tras el fin del presidencialismo", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, primer semestre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-0579200800010000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. N&uacute;&ntilde;ez, Arturo, <i>La reforma electoral de 1989-1990</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D.F., 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-0579200800010000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>38. Pacheco, Guadalupe, "De la hegemon&iacute;a a la regionalizaci&oacute;n electoral: el sistema de partidos en M&eacute;xico 1979-1997", en <i>Estudios Sociol&oacute;gicos</i>, N&deg; 53, mayo-agosto, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-0579200800010000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. Pacheco, Guadalupe, "Democratizaci&oacute;n, pluralizaci&oacute;n y cambios en el sistema de partidos en M&eacute;xico (1991-2000)", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, UNAM, N&deg; 3, julio-septiembre, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-0579200800010000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40. Paoli Bolio, Francisco, "Legislaci&oacute;n electoral y proceso pol&iacute;tico, 1917-1982", en Gonz&aacute;lez Casanova, Pablo (coordinador), <i>Las elecciones en M&eacute;xico. Evoluci&oacute;n y perspectivas</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, D.F., 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-0579200800010000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>41. P&eacute;rez, Germ&aacute;n; Alvarado, Arturo, y S&aacute;nchez, Arturo (coordinadores), <i>La voz de los votos: un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de las elecciones de 1994</i>, FLACSO-Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, D.F., 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-0579200800010000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. P&eacute;rez, Germ&aacute;n y Le&oacute;n, Samuel (coordinadores.), <i>17 &Aacute;ngulos de un sexenio</i>, Plaza y Jan&eacute;s, M&eacute;xico, D.F., 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-0579200800010000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>43. Peschard, Jacqueline, "El fin del sistema de partido hegem&oacute;nico", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i>, N&deg; 2, abril-junio, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-0579200800010000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. Pimentel, Nuri y Rueda, J. Francisco, "M&eacute;xico, julio de 1988: &iquest;hacia una transici&oacute;n democr&aacute;tica?", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, n&deg; 16, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-0579200800010000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. Reyes del Campillo, Juan F. y Hern&aacute;ndez Vicencio, Tania, "Partidos y sistema de partidos en M&eacute;xico. De la hegemon&iacute;a al pluralismo", en <i>ATTILI</i>, Antonella (coordinador), <i>Treinta a&ntilde;os de cambios pol&iacute;ticos en M&eacute;xico</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, D.F., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-0579200800010000300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>46. Reyna, Jos&eacute; Luis, "Las elecciones en el M&eacute;xico institucionalizado", en Gonz&aacute;lez Casanova, Pablo (coordinador), <i>Las elecciones en M&eacute;xico. Evoluci&oacute;n y perspectivas</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, D.F., 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-0579200800010000300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47. Rivera S&aacute;nchez, Jos&eacute; Abel, "Cambio constitucional y democratizaci&oacute;n: la evoluci&oacute;n de las comisiones en la c&aacute;mara de diputados de M&eacute;xico", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, segundo semestre, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-0579200800010000300047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>48. Rodr&iacute;guez Ara&uacute;jo, Octavio, <i>La reforma pol&iacute;tica y los partidos pol&iacute;ticos en M&eacute;xico</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico, D.F., 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-0579200800010000300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49. Salazar, Luis (coordinador), <i>M&eacute;xico: alternancia y transici&oacute;n a la democracia</i>, Cal y Arena, M&eacute;xico, D.F., 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0124-0579200800010000300049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50. S&aacute;nchez, Arturo, <i>Las elecciones de Salinas: un balance cr&iacute;tico</i>, FLACSO Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, D.F., 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-0579200800010000300050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>51. Santiago Castillo, Javier, "Proceso de liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y legislaci&oacute;n electoral", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Iztapalapa, N&deg; 95, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-0579200800010000300051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52. Sartori, Giovanni, <i>Partidos y sistemas de partido</i>, Alianza, Madrid, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0124-0579200800010000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>53. Serna de la Garza, Jos&eacute; Mar&iacute;a, "Reflexiones en torno a las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n relativas a los casos de Tabasco y Yucat&aacute;n", en <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado</i>, N&deg; 100, enero-abril, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-0579200800010000300053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>54. Vald&eacute;s Zurita, Leonardo, "La nueva ley electoral y democracia: algunos avances, muchos retrocesos", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, N&deg; 15, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0124-0579200800010000300054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>55. Vald&eacute;s Zurita, Leonardo, "Elementos para el an&aacute;lisis pol&iacute;tico del nuevo c&oacute;digo electoral", en <i>Polis. Investigaci&oacute;n y An&aacute;lisis Sociopol&iacute;tico y Psicosocial</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Iztapalapa, N&deg; 90, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-0579200800010000300055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>56. Vald&eacute;s Zurita, Leonardo, "Elecciones y democracia en M&eacute;xico. Un ensayo", en <i>Iztapalapa</i>, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, N&deg; 23, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0124-0579200800010000300056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57. Woldenberg, Jos&eacute;, "La reforma electoral de 1986", en P&eacute;rez, Germ&aacute;n y Le&oacute;n, Samuel (coordinadores), <i>17 &Aacute;ngulos de un sexenio</i>, Plaza y Jan&eacute;s, M&eacute;xico, D.F., 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0124-0579200800010000300057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>58. Woldenberg, Jos&eacute;, <i>La construcci&oacute;n de la democracia en M&eacute;xico</i>, Plaza y Jan&eacute;s, M&eacute;xico, D.F., 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0124-0579200800010000300058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>59. Woldenberg, Jos&eacute;, "El financiamiento a la pol&iacute;tica", en <i>Partidos pol&iacute;ticos: democracia interna y financiamiento de precampa&ntilde;as. Memoria del VII Congreso Iberoamericano de Derecho Constitucional</i>, UNAM, M&eacute;xico, D.F., 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0124-0579200800010000300059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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