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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los derechos de audiencia y al juez legal en el sistema constitucional español]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Right to Audience and Right to a Lawful Judge are presumed to be two of the most important guaranties for the rule of law. Both liberties are established in the Spanish Constitution of 1978 as "fundamental rights", and they are included as a part of a most generic right: the right to due process of law. Along this text, I will try to show its content and significance, according to the sentences of the Spanish "Tribunal Constitucional", passed through more than 25 years.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Los derechos de audiencia y al juez legal en el sistema constitucional espa&ntilde;ol*</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>The rights to a hearing and to a lawful judge in the Spanish constitutional system</b></p>     <p><b><i>Ignacio Fern&aacute;ndez Sarasola**</i></b></p>     <p>* El presente trabajo es resultado de un proyecto de investigaci&oacute;n internacional coordinado por el profesor Albrecht Weber (Osnabr&uuml;ck Universit&auml;at): "Fundamental Rights in Europe and North-America", 2001-2008.</p>     <p>** Universidad de Oviedo, Espa&ntilde;a. Doctor en derecho; Profesor Titular de derecho constitucional en la Universidad de Oviedo; investigador titular del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII; secretario del Seminario de Historia Constitucional "Mart&iacute;nez Marina" y de la revista electr&oacute;nica <i>Historia constitucional</i>. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:sarasola@uniovi.es">sarasola@uniovi.es</a>; <a href="mailto:ifsarasola@gmail.com">ifsarasola@gmail.com</a></p>     <p>Recibido: 17 de junio de 2008    <br> Aceptado: 15 de septiembre de 2008</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Dos de las garant&iacute;as procesales m&aacute;s importantes de un Estado de derecho son el derecho de audiencia y el derecho a un juez predeterminado por la ley. Ambas figuras aparecen reconocidas en la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978 con el rango de derecho fundamental, incluidas en el derecho m&aacute;s gen&eacute;rico a la tutela judicial efectiva. A lo largo de este art&iacute;culo pretendo mostrar el significado que la jurisprudencia constitucional les ha dado a lo largo de m&aacute;s de 25 a&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> tutela judicial efectiva, derecho de audiencia, derecho a juez legal.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>Right to Audience and Right to a Lawful Judge are presumed to be two of the most important guaranties for the rule of law. Both liberties are established in the Spanish Constitution of 1978 as "fundamental rights", and they are included as a part of a most generic right: the right to due process of law. Along this text, I will try to show its content and significance, according to the sentences of the Spanish "Tribunal Constitucional", passed through more than 25 years.</p>     <p><b>Key words:</b> Due process of law, right to audience, right to lawful judge.</p> <hr>     <p><b><i>1. LA TUTELA JUDICIAL EFECTIVA<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a></i></b></p>     <p>Quiz&aacute;s el derecho m&aacute;s complejo, y el que m&aacute;s jurisprudencia ha generado, de cuantos contiene la actual Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978 sea el de la tutela judicial efectiva.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> Su reconocimiento en el art&iacute;culo 24,<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> es decir, dentro del T&iacute;tulo I, Cap&iacute;tulo, Secci&oacute;n II, lo convierte en un derecho fundamental dotado del m&aacute;ximo nivel de garant&iacute;as org&aacute;nicas,<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> jurisdiccionales<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> y normativas.<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a> Definir su objeto, contenido y l&iacute;mites, sin embargo, no es tan sencillo.</p>     <p>Y ello, en primer lugar, porque se trata de un derecho de estructura compleja, ya que su contenido subjetivo incluye derechos de libertad, derechos prestacionales, y garant&iacute;as de organizaci&oacute;n y procedimiento. Igualmente, se ha incardinado dentro de la dif&iacute;cil categor&iacute;a de los "derechos de configuraci&oacute;n legal", caracterizados porque el legislador est&aacute; dotado de un amplio margen de maniobra para fijar sus contornos aunque, claro est&aacute;, sin afectar su contenido esencial (art. 53.1 de la CE). De ah&iacute; que, en definitiva, sea un derecho que obliga a una actuaci&oacute;n legislativa, no s&oacute;lo por la abstracci&oacute;n de su enunciado (algo por otra parte com&uacute;n con el resto de derechos fundamentales que acoge el T&iacute;tulo I) sino por ese car&aacute;cter de "configuraci&oacute;n legal". S&oacute;lo con la intervenci&oacute;n del legislador podr&aacute; desplegarse totalmente la eficacia del derecho, aunque deba considerarse &ndash; al menos en teor&iacute;a&ndash; que en ausencia de ley &eacute;ste mantiene una m&iacute;nima eficacia directa, ya que de lo contrario no ser&iacute;a un aut&eacute;ntico derecho fundamental.</p>     <p>Cu&aacute;l sea la fuente normativa adecuada para hacer efectivo el derecho tambi&eacute;n es pol&eacute;mico. Como los restantes derechos fundamentales, existe una reserva de ley org&aacute;nica para "desarrollarlo" (art. 81 CE), y una reserva de ley ordinaria para "regular su ejercicio". La diferencia entre una y otra operaci&oacute;n jur&iacute;dica sigue siendo fuente de discrepancias doctrinales y de ambig&uuml;edad jurisprudencial,<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> pero podr&iacute;a decirse que "desarrollar" el derecho consiste en dos actuaciones: o bien concretar la definici&oacute;n constitucional (necesariamente abstracta), fijando el titular, objeto, contenido y l&iacute;mites internos del derecho; o bien establecer l&iacute;mites externos al derecho, siempre que exista una expresa habilitaci&oacute;n constitucional para hacerlo. Regular el ejercicio, por el contrario, ser&aacute; concretar los aspectos de modo, tiempo y lugar a trav&eacute;s de los cuales se puede realizar el derecho.<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a> As&iacute; visto, las leyes procesales, en las que principalmente se materializa la tutela judicial efectiva, pueden perfectamente tener el car&aacute;cter de ordinarias, ya que a su trav&eacute;s ni se define el derecho, ni se lo limita, sino que, simplemente, se establece el modo espacial (tribunales competentes), temporal (plazos) y modal (tipos de demandas y recursos judiciales) para hacerlo efectivo.</p>     <p>Otro aspecto delicado en la tutela judicial es su relaci&oacute;n con los recursos de amparo que ha de resolver, necesariamente, el Tribunal Constitucional. El recurso de amparo<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a> s&oacute;lo puede plantearse para garantizar la eficacia vertical de ciertas libertades constitucionales, en concreto, las comprendidas entre los art&iacute;culos 14 y 29, adem&aacute;s del 30.2 (objeci&oacute;n de conciencia al servicio militar, hoy sin eficacia, al haberse optado por un modelo de ej&eacute;rcito profesional). Pues bien, el derecho a la tutela judicial efectiva es uno de los derechos amparables (recordemos una vez m&aacute;s que se halla en el art&iacute;culo 24 CE) ante el Tribunal Constitucional, y esta circunstancia ha propiciado que se convierta en la principal causa de "desnaturalizaci&oacute;n" del propio recurso de amparo. En efecto, por v&iacute;a del art&iacute;culo 24 acaban llegando al Constitucional espa&ntilde;ol asuntos que: 1) se refieren a la eficacia horizontal de los derechos; 2) afectan a derechos no incluidos dentro de los susceptibles de amparo; 3) carecen de aut&eacute;ntica relevancia constitucional. El mecanismo es sencillo: basta con acudir ante los tribunales ordinarios por cualquier asunto litigioso para, en caso de no obtener la respuesta judicial deseable, agotar todas las instancias judiciales y, finalmente, acudir al amparo ante el Tribunal Constitucional por entender que las sentencias, no habiendo realizado una correcta aplicaci&oacute;n normativa, han vulnerado supuestamente el derecho a la tutela judicial efectiva del recurrente. De ah&iacute; que casi cualquier asunto acabe por llegar al Tribunal Constitucional, que ha de ocuparse de asuntos sin trascendencia constitucional (o, aunque la tengan, sobre objetos para los que el amparo no est&aacute; previsto) ocupando la mayor parte de su tiempo. De poco sirve que los recursos de amparo no tengan por qu&eacute; resolverlos el Pleno, sino que puedan solventarlos las dos Salas del Tribunal y, desde la &uacute;ltima reforma de la Ley Org&aacute;nica del Tribunal Constitucional, tambi&eacute;n sus cuatro Secciones. Las Memorias publicadas anualmente por el Tribunal siguen poniendo de manifiesto que la mayor&iacute;a de las sentencias corresponden a recursos presentados por presunta violaci&oacute;n del art&iacute;culo 24.</p>     <p>Tras esta breve introducci&oacute;n, en este estudio pretendo detenerme apenas en dos de los contenidos del derecho fundamental: el derecho de audiencia y el derecho a un juez predeterminado, para cuyo an&aacute;lisis me basar&eacute; ante todo en el an&aacute;lisis de la jurisprudencia constitucional, dejando al margen disquisiciones de &iacute;ndole doctrinal.<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> Con ello pretendo mostrar cu&aacute;l es el r&eacute;gimen jur&iacute;dico v&aacute;lido <i>lege lata</i> en el ordenamiento espa&ntilde;ol.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>2. DERECHO DE AUDIENCIA</i></b></p>     <p><b><i>2.1. Derecho a comentar los hechos/situaci&oacute;n legal/pruebas</i></b></p> </font>     <p><font size="2" face="Verdana">Huelga decir que, a lo largo de los procesos, las partes han de gozar de la facultad de exponer su visi&oacute;n de los hechos, as&iacute; como de aportar los elementos probatorios precisos para tratar de objetivarlos. El aspecto m&aacute;s relevante de este derecho &ndash;y el &uacute;nico que ha generado jurisprudencia constitucional&ndash; es el referido, precisamente, a la facultad de presentar medios de Â prueba.</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>La Constituci&oacute;n reconoce en el art&iacute;culo 24.2 el derecho a "utilizar los medios de prueba pertinentes" para la defensa. Sin embargo, el Tribunal Constitucional ha admitido que la alegaci&oacute;n de hechos y la aportaci&oacute;n de pruebas son tambi&eacute;n una facultad derivada de la interdicci&oacute;n de indefensi&oacute;n que reconoce el art. 24.1 CE.<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a></p>     <p>El contenido de este derecho supone la admisi&oacute;n y pr&aacute;ctica de pruebas pertinentes en todo tipo de procesos, como instrumento al servicio de los hechos alegados. De aqu&iacute; pueden desprenderse las facultades que comprender&iacute;a el contenido subjetivo de este derecho: a la <i>admisi&oacute;n de pruebas pertinentes</i>, a la <i>pr&aacute;ctica de las pruebas previamente admitidas</i>, y a la extensi&oacute;n de la actividad probatoria <i>a todo tipo de procesos</i>, y no s&oacute;lo a los penales.</p>     <p>Por lo que se refiere al primer aspecto, la <i>admisi&oacute;n de pruebas pertinentes</i>, de conformidad con la legislaci&oacute;n procesal corresponde al juez determinar cu&aacute;ndo las pruebas tienen la condici&oacute;n de pertinentes<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a> y, por tanto, deben admitirse en el curso del proceso.<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a> Ahora bien, aunque no exista, desde luego, un derecho ilimitado a la aportaci&oacute;n de pruebas, tampoco el juez goza de absoluta libertad a la hora de admitirlas. Se deber&aacute; considerar pertinente toda aquella prueba que tenga relaci&oacute;n con el objeto de juicio y el <i>thema decidendi.<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a></i> Por ese motivo, el juez no puede descartar pruebas aportadas apoy&aacute;ndose en intereses subordinados al derecho a la tutela judicial efectiva, como podr&iacute;a ser el principio de econom&iacute;a procesal, si bien es cierto que cuando se trata de un proceso penal, la especial situaci&oacute;n del inculpado permitir&iacute;a inadmitir pruebas que pretendan un alargamiento del sumario.<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a> Tambi&eacute;n podr&iacute;a el juez descartar pruebas in&uacute;tiles,<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a> como pueden ser las que se refieren a hechos sobre los que versa una presunci&oacute;n legal, los hechos notorios o aquellos sobre los que exista conformidad de las partes.<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a></p>     <p>Adem&aacute;s de ser pertinentes, las pruebas han de cumplir otros requisitos adicionales para ser admitidas: en primer lugar, deben versar sobre hechos &ndash;no sobre normas jur&iacute;dicas&ndash;<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>, si bien ha de tenerse en cuenta que en la prueba referente al derecho extranjero se considera igualmente prueba de hechos, y no de disposiciones normativas.<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a> En segundo lugar, deben ser pruebas expresamente alegadas en juicio.<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a></p>     <p>El derecho a comentar y a probar los hechos comprender&iacute;a, adem&aacute;s, un derecho a la <i>pr&aacute;ctica de las pruebas pertinentes</i>. No basta, pues, con la admisi&oacute;n por parte del juez de la prueba aportada, sino que es preciso que se realice la pr&aacute;ctica verdadera de la misma. La falta de este requisito se equiparar&iacute;a a una inadmisi&oacute;n,<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a> si bien es el propio Tribunal el que decide las condiciones de pr&aacute;ctica probatoria.<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a></p>     <p>Cuando no se produce la admisi&oacute;n de una prueba considerada pertinente, o no se practica la prueba admitida, se ocasiona una vulneraci&oacute;n del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE) que legitima el uso del recuso de amparo previo por agotamiento de la v&iacute;a judicial. El demandante en amparo deber&aacute; entonces demostrar que la prueba solicitada era trascendente para la resoluci&oacute;n del litigio<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a> y que, por tanto, se ha producido indefensi&oacute;n,<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a> si bien los defectos procesales que afecten a la prueba no deben derivar de negligencia de la parte procesal reclamante.<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a></p>     <p>Finalmente, el derecho a aportar las pruebas comprende tambi&eacute;n la facultad de hacerlo en todo tipo de procesos judiciales,<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a> e incluso en procedimientos sancionadores no jurisdiccionales. As&iacute;, el Tribunal Constitucional ha extendido este derecho al procedimiento administrativo sancionador,<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a> y ello a pesar de que los procedimientos administrativos no forman parte del derecho a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE). Esta doctrina se basa en un criterio constitucional garantista que resulta adecuado por la identidad que existe en muchos puntos entre la sanci&oacute;n administrativa y la jurisdiccional, aun cuando esta &uacute;ltima pueda recaer sobre bienes e intereses que podr&iacute;an considerarse de mayor entidad (privaci&oacute;n de libertad personal, del art&iacute;culo 17 CE) por su conexi&oacute;n m&aacute;s inmediata con el valor "dignidad humana" (reconocido en el art. 10.1 CE). El principio de legalidad sancionadora (arts. 9.3 y 25 CE) no deja de basarse en ambos casos &ndash; el penal y el administrativo&ndash; en unos mismos presupuestos de <i>lex previa</i>, <i>lex certa</i> y <i>lex scripta</i>, aunque exista la diferencia notable de que la legalidad penal est&aacute; sujeta a una reserva de ley absoluta, en tanto que la legalidad administrativa contiene una reserva de ley relativa que habilita al reglamento a desarrollar aspectos sancionadores que no tengan la condici&oacute;n de b&aacute;sicos. Por otra parte, no est&aacute; de m&aacute;s se&ntilde;alar que el derecho a aportar pruebas adquiere tambi&eacute;n una trascendencia especial en los procedimientos sancionadores administrativos en virtud de la principal posici&oacute;n que ostentan la Administraci&oacute;n P&uacute;blica y sus agentes, en relaci&oacute;n con el administrado. Principios como la ejecutividad inmediata de las decisiones administrativas, o la presunci&oacute;n de veracidad de las denuncias de los agentes de la autoridad (con la correspondiente inversi&oacute;n de la carga de la prueba) justifican que el Tribunal Constitucional haya extendido a la sanci&oacute;n administrativa el derecho probatorio incardinado en la tutela judicial efectiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En buena l&oacute;gica, el derecho a aportar pruebas debe tener un contenido tambi&eacute;n negativo, es decir, la libertad de no aportarlas. El problema m&aacute;s relevante que reviste este aspecto &ndash;y que aqu&iacute; s&oacute;lo puedo apuntar, al no ser objeto estricto de este trabajo&ndash; es el derivado de la obligaci&oacute;n de soportar ciertas pruebas, con el consiguiente riesgo para la presunci&oacute;n de inocencia y el derecho a no declarar contra uno mismo. Ha sido precisamente en el &aacute;mbito de las sanciones administrativas &ndash; muy en especial las tributarias y, m&aacute;s aun, en las derivadas de infracciones de seguridad vial&ndash; donde ha tenido m&aacute;s presencia este problema probatorio. Sin embargo, la doctrina del Tribunal Constitucional ha sido pac&iacute;fica en este punto, y se halla consolidada desde al menos 1990. As&iacute;, la obligaci&oacute;n de soportar las pruebas de alcoholemia, o la obligaci&oacute;n del titular de un veh&iacute;culo de declarar qui&eacute;n lo conduc&iacute;a cuando se ha cometido una infracci&oacute;n de tr&aacute;fico, no son consideradas por el alto Tribunal como "autoinculpaciones"; en el primer caso, porque considera que no constituyen, en puridad, "declaraciones o testimonios";<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a> en el segundo, porque entiende que la informaci&oacute;n suministrada a la Administraci&oacute;n P&uacute;blica no implica declarar sobre la infracci&oacute;n, sino apenas sobre la identidad del conductor del veh&iacute;culo.<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a> Ahora bien, en rigor, disposiciones parecidas, aplicadas al &aacute;mbito penal, quiz&aacute;s no tendr&iacute;an el mismo benepl&aacute;cito del Tribunal Constitucional, por lo que son cuestionables. El problema se incrementa hoy en d&iacute;a cuando determinadas infracciones de tr&aacute;fico, por su carga de peligrosidad, se han convertido en il&iacute;citos penales,<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a> de modo que la obligaci&oacute;n de identificar al conductor se convierte en una autoinculpaci&oacute;n penal, si &eacute;ste es el propio titular (y por tanto el sujeto obligado a efectuar la identificaci&oacute;n).</p>     <p><b><i>2.2. Obligaci&oacute;n judicial de informaci&oacute;n</i></b></p>     <p>La obligaci&oacute;n del juez de comunicar las resoluciones que adopte constituye un requisito indispensable para la plena eficacia del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva.<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a></p>     <p>Toda resoluci&oacute;n judicial deber&aacute; comunicarse a las partes procesales, y a todos los sujetos a los que pudiera causar perjuicio (art. 270 LOPJ), am&eacute;n de que todo aquel que muestre un inter&eacute;s leg&iacute;timo en el proceso pueda solicitar informaci&oacute;n, que le ser&aacute; suministrada por el secretario judicial, salvo que se trate de informaci&oacute;n reservada (art. 454.4 LOPJ; art. 140 LEC). La LEC es la norma m&aacute;s precisa en este aspecto, al concretar los distintos tipos de comunicaciones que pueden realizar los &oacute;rganos jurisdiccionales en atenci&oacute;n a su objeto: notificaciones, cuando tengan por objeto dar noticia de una resoluci&oacute;n, diligencia o actuaci&oacute;n; emplazamientos, para personarse y para actuar dentro de un plazo; citaciones, cuando determinen lugar, fecha y hora para comparecer y actuar; requerimientos para ordenar, conforme a la ley, una conducta o inactividad; mandamientos, para ordenar el libramiento de certificaciones o testimonios y la pr&aacute;ctica de cualquier actuaci&oacute;n cuya ejecuci&oacute;n corresponda a los registradores de la propiedad, mercantiles, de buques, de ventas a plazos de bienes muebles, notarios, corredores colegiados de comercio o agentes de juzgado o tribunal; y oficios, para las comunicaciones con autoridades no judiciales y funcionarios distintos de los mencionados en el n&uacute;mero anterior (art. 149 LEC).</p>     <p>En lo referente al modo como deben realizarse las notificaciones, la LOPJ especifica que podr&aacute;n hacerse a trav&eacute;s de cualquier medio t&eacute;cnico que permita dejar constancia fidedigna de su recepci&oacute;n por el destinatario (art. 271 LOPJ), especificada mediante acuse de recibo.<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a> Para ello, huelga decir que resulta preciso un conocimiento exacto del domicilio de los sujetos a los que se dirigen las comunicaciones. A falta de domicilio conocido, el &oacute;rgano judicial deber&aacute; instar a su averiguaci&oacute;n (art. 156 LEC; art. 178 LECr). De ser infructuosa &eacute;sta, podr&aacute; optarse por dar publicidad a la notificaci&oacute;n a trav&eacute;s de edictos (art. 156.4 LEC) o mediante su inclusi&oacute;n en los boletines oficiales de la provincia o en el Bolet&iacute;n Oficial del Estado (art. 178 LECr). Sin embargo, el Tribunal Constitucional ha se&ntilde;alado que estas &uacute;ltimas formas de comunicaci&oacute;n deben considerarse subsidiarias, y debe acudirse a ellas una vez se hayan agotado otras modalidades que supongan una mayor garant&iacute;a de recepci&oacute;n para el destinatario.<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a></p>     <p>Dentro de las comunicaciones, tiene especial relevancia la relativa a la acusaci&oacute;n que se formule, por cuanto constituye uno de los contenidos del derecho a la tutela judicial efectiva expl&iacute;citamente formulados en la Constituci&oacute;n (art. 24.2). En realidad, esta facultad tiene un car&aacute;cter instrumental dentro del derecho a un proceso con garant&iacute;as,<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a> sirviendo al objetivo de evitar situaciones de indefensi&oacute;n.<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a> Con este derecho instrumental se pretende que las partes procesales se encuentren en una situaci&oacute;n de "equilibrio" que permita al acusado conocer de antemano las causas de imputaci&oacute;n, a fin de poder preparar los argumentos y las pruebas destinados a su defensa.<a href="#36" name="n36"><sup>36</sup></a> En consecuencia, se niega toda posibilidad de acusaci&oacute;n impl&iacute;cita.<a href="#37" name="n37"><sup>37</sup></a> De este modo, el principio de informaci&oacute;n de la acusaci&oacute;n complementa el principio de legalidad penal: nadie puede ser condenado por hechos no constitutivos de infracci&oacute;n antes de cometerse (art. 25 CE), ni tampoco puede ser condenado sin conocer previamente las causas que motivan la sanci&oacute;n.<a href="#38" name="n38"><sup>38</sup></a></p>     <p>El haz de facultades que se desprenden del contenido subjetivo de este derecho en el &aacute;mbito de un proceso penal con garant&iacute;as comprender&iacute;a, seg&uacute;n la jurisprudencia constitucional, una triple exigencia: 1) nadie puede ser acusado sin haber sido o&iacute;do con anterioridad, de modo que en la fase de instrucci&oacute;n ya han de haberse realizado las acusaciones, no siendo admisibles las realizadas de forma sorpresiva en la fase de juicio oral; 2) nadie puede ser acusado sin que antes de la conclusi&oacute;n de las diligencias previas haya sido o&iacute;do por el juez de instrucci&oacute;n; 3) el imputado no puede quedar sometido a declaraciones simplemente testificales si de las diligencias practicadas se desprende que existen fundadas sospechas contra &eacute;l, ya que la imputaci&oacute;n no ha de demorarse m&aacute;s de lo estrictamente necesario.<a href="#39" name="n39"><sup>39</sup></a></p>     <p>Siendo &eacute;ste el contenido del derecho a ser informado, es preciso preguntarse por tres cuestiones relevantes: cu&aacute;l es el <i>objeto</i> preciso de la informaci&oacute;n al acusado (esto es, sobre qu&eacute; aspecto o extremo concreto debe versar el acto de comunicaci&oacute;n), cu&aacute;l es el <i>modo</i> de practicar la comunicaci&oacute;n judicial y, en fin, cu&aacute;l es el <i>&aacute;mbito</i> procesal del derecho.</p>     <p>Respecto de la primera cuesti&oacute;n, el derecho a ser informado de la acusaci&oacute;n se relaciona de forma inmediata con el principio <i>iura notiv curia</i>. La calificaci&oacute;n jur&iacute;dica de los hechos que ha de realizar el juez sin posibilidad de exenci&oacute;n forma parte del debate contradictorio propio del proceso, y por tanto debe ser tambi&eacute;n objeto de comunicaci&oacute;n. De este modo, el derecho a ser informado de la acusaci&oacute;n comprender&iacute;a dos elementos: deber&iacute;an comunicarse los <i>hechos</i> que se imputan y los <i>cargos.<a href="#40" name="n40"><sup>40</sup></a></i> Sin embargo, lo cierto es que la calificaci&oacute;n jur&iacute;dica de los hechos puede variar a lo largo del proceso, de modo que debe permitirse al juez que realice una reconsideraci&oacute;n del tipo penal en que encajan aqu&eacute;llos.<a href="#41" name="n41"><sup>41</sup></a> As&iacute;, el Tribunal Constitucional ha admitido que los &oacute;rganos judiciales condenen por un delito distinto al incluido en el escrito de calificaci&oacute;n, siempre que la condena sea por un delito de igual o menor gravedad, se trate de delitos homog&eacute;neos o de id&eacute;ntica naturaleza, que constituyan modalidades pr&oacute;ximas dentro de la tipicidad penal. As&iacute; las cosas, el objeto principal &ndash;aunque desde luego no exclusivo&ndash; del derecho de informaci&oacute;n son los <i>hechos</i>, m&aacute;s que la calificaci&oacute;n jur&iacute;dica de los mismos, que puede ser provisional.<a href="#42" name="n42"><sup>42</sup></a> Obviamente, apercibido de los hechos que se imputan, el derecho a asistencia letrada permitir&aacute; que el acusado pueda tener conocimiento, a trav&eacute;s de un experto legal, de la infracci&oacute;n normativa y, en su caso, de la sanci&oacute;n jur&iacute;dica a la que se enfrenta.</p>     <p>En cuanto al <i>modo</i> de realizarse la comunicaci&oacute;n, resulta evidente que se encuentra en funci&oacute;n del tipo de proceso judicial de que se trate.<a href="#43" name="n43"><sup>43</sup></a> Por consiguiente, es el legislador quien ha de determinar las formas v&aacute;lidas de comunicaci&oacute;n de los hechos imputados, de modo que, en principio, cualquier sistema puede considerarse constitucional, siempre que permita un conocimiento fehaciente.<a href="#44" name="n44"><sup>44</sup></a> Huelga decir que existe, adem&aacute;s, una &iacute;ntima conexi&oacute;n entre este derecho y la posibilidad de proporcionar al acusado un int&eacute;rprete, a fin de que pueda entender el contenido de la acusaci&oacute;n.<a href="#45" name="n45"><sup>45</sup></a> En este punto, ha de se&ntilde;alarse una especificidad espa&ntilde;ola, cual es su pluriling&uuml;ismo oficial. En efecto, cuando se habla del derecho a un int&eacute;rprete jurado, se suele pensar de modo inmediato en la situaci&oacute;n en la que se hallan los ciudadanos extranjeros procesados en Espa&ntilde;a. Sin embargo, la existencia en Espa&ntilde;a de cooficialidad ling&uuml;&iacute;stica, expresamente reconocida en la Constituci&oacute;n (art. 3) plantea el interrogante sobre la obligatoriedad de realizar comunicaciones en alguna de esas lenguas auton&oacute;micas (gallego, catal&aacute;n, euskera, valenciano)<a href="#46" name="n46"><sup>46</sup></a> a los ciudadanos, cuando as&iacute; lo requieran. En realidad, el problema es s&oacute;lo aparente. La obligaci&oacute;n por parte de la Administraci&oacute;n de comunicarse con el administrado en una lengua auton&oacute;mica s&oacute;lo se refiere a las instituciones auton&oacute;micas. Pero, en virtud del principio de unidad jurisdiccional (art. 117.5 CE), todos los juzgados y tribunales espa&ntilde;oles tienen la consideraci&oacute;n de &oacute;rganos del Estado, y no de las Comunidades Aut&oacute;nomas. Por tanto, siendo &oacute;rganos estatales, habr&aacute;n de dirigirse a las partes procesales en castellano (art. 231.1 LOPJ), sin que aqu&eacute;llas puedan alegar indefensi&oacute;n, ya que el mismo art&iacute;culo 3 de la Constituci&oacute;n que reconoce la cooficialidad ling&uuml;&iacute;stica, tambi&eacute;n establece la obligaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles de conocer el castellano, lengua oficial en todo el territorio. Ello no impide que la legislaci&oacute;n haya establecido cl&aacute;usulas complementarias: en primer lugar, el que los &oacute;rganos judiciales <i>podr&aacute;n</i> (no deber&aacute;n) dirigirse a las partes en una lengua auton&oacute;mica, si &eacute;stas alegan indefensi&oacute;n, y siempre que ambas partes procesales est&eacute;n de acuerdo (art. 231.2 LOPJ). &iquest;C&oacute;mo compatibilizar esta previsi&oacute;n con la obligaci&oacute;n de conocer el castellano, ya indicada? En primer lugar, debe tenerse presente que la parte procesal no tiene por qu&eacute; ser espa&ntilde;ola y, por tanto, esa obligatoriedad ling&uuml;&iacute;stica impuesta por el art&iacute;culo 3 de la Constituci&oacute;n no le ser&iacute;a imputable. Pi&eacute;nsese en un ciudadano extranjero que conozca el catal&aacute;n, pero no el castellano, y solicite que aquella lengua sea empleada en el proceso. Ahora bien, m&aacute;s dudoso es que lo mismo pueda aplicarse a un ciudadano espa&ntilde;ol. Aun cuando podr&iacute;a alegarse que as&iacute; debiera ser, en virtud del principio de igualdad (&iquest;por qu&eacute; conceder a un extranjero un derecho del que no dispone un espa&ntilde;ol?), hemos de tener presente el dato ya se&ntilde;alado: el espa&ntilde;ol <i>tiene obligaci&oacute;n</i> de conocer el castellano, no as&iacute; el extranjero, y por tanto no se trata de supuestos sustancialmente iguales. Otra previsi&oacute;n pol&eacute;mica en la LOPJ, trae causa en una modificaci&oacute;n de esta ley:<a href="#47" name="n47"><sup>47</sup></a> el reconocimiento de la validez de las actuaciones judiciales realizadas, y de los documentos presentados, en lengua auton&oacute;mica, sin necesidad de traducci&oacute;n al castellano (art. 231.4 CE). Esta reforma fue objeto de un recurso de inconstitucionalidad, al entender un grupo de diputados impugnantes que supon&iacute;a una velada obligaci&oacute;n de que el juez (un &oacute;rgano estatal) conociese la lengua auton&oacute;mica. En realidad, tal y como dice el Tribunal Constitucional, lo cierto es que el art&iacute;culo no impide que el juez al que se dirige el escrito solicite una traducci&oacute;n,<a href="#48" name="n48"><sup>48</sup></a> lo cual salvar&iacute;a la constitucionalidad de la disposici&oacute;n legal, en virtud del principio de presunci&oacute;n de legitimidad constitucional.<a href="#49" name="n49"><sup>49</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, en lo referente al <i>&aacute;mbito</i> del derecho, &eacute;ste comprender&iacute;a cualquier tipo de proceso, en especial todos los procesos penales,<a href="#50" name="n50"><sup>50</sup></a> y en todas las instancias procesales.<a href="#51" name="n51"><sup>51</sup></a> El principal debate a este respecto se ha planteado en relaci&oacute;n con el juicio de faltas. Tras una primera doctrina constitucional que equiparaba en este proceso el derecho de informaci&oacute;n al de cualquier otro proceso penal,<a href="#52" name="n52"><sup>52</sup></a> el Tribunal Constitucional ha introducido un matiz en su jurisprudencia: el car&aacute;cter menos formalista que caracteriza al juicio de faltas permite que el derecho<b></b>a ser informado de la acusaci&oacute;n se mantenga, pero con un car&aacute;cter<b></b>menos r&iacute;gido y en&eacute;rgico.<a href="#53" name="n53"><sup>53</sup></a></p>     <p><b><i>2.3. Derecho de participaci&oacute;n</i></b></p>     <p>La participaci&oacute;n en juicio est&aacute; condicionada por la presencia de ciertas capacidades jur&iacute;dicas que exige la legislaci&oacute;n procesal. En primer lugar, es preciso poseer <i>capacidad para ser parte</i> (que puede corresponder a personas f&iacute;sicas, jur&iacute;dicas o incluso bienes jur&iacute;dicos protegidos, como el <i>nasciturus</i>; art. 6 LEC); en segundo lugar, <i>capacidad para comparecer en juicio</i> (vinculado a la capacidad de obrar y, por tanto, al pleno disfrute de derechos civiles; art. 7 LEC) y, finalmente, <i>condici&oacute;n de parte procesal leg&iacute;tima</i> (que exige una relaci&oacute;n directa con el objeto del proceso, art. 10 LEC).</p>     <p>La normativa procesal relativa a los distintos &oacute;rdenes jurisdiccionales especifica reglas concretas de estas capacidades,<a href="#54" name="n54"><sup>54</sup></a> bien ampli&aacute;ndolas (por ejemplo, permitiendo a los sindicatos participar en procesos en el orden social), bien limit&aacute;ndolas (por ejemplo, restringiendo el ejercicio de acci&oacute;n p&uacute;blica a quienes tengan dos condenas por calumnia). Adem&aacute;s, la participaci&oacute;n en el proceso puede comprender a una pluralidad de sujetos, a trav&eacute;s de la figura del <i>litisconsorcio</i> (pasivo o activo), o incluso producirse a lo largo del proceso un incremento de los part&iacute;cipes en &eacute;l (arts. 12 y 13 LEC).</p>     <p>Precisamente porque la participaci&oacute;n en juicio constituye un elemento sustancial del derecho de defensa, integrante del contenido subjetivo de la tutela judicial efectiva (art. 24.2 CE), el ordenamiento espa&ntilde;ol proh&iacute;be las sentencias penales producidas en rebeld&iacute;a procesal.<a href="#55" name="n55"><sup>55</sup></a> Abierto el juicio oral, y ante la no comparecencia del acusado, se expedir&aacute; requisitoria para su llamamiento y busca (art. 784, 835-838 LECr), declar&aacute;ndolo en rebeld&iacute;a si no se personase en el t&eacute;rmino o plazo establecido en &eacute;sta (art. 834 y 839 LECr). Si el proceso se hallare en fase de sumario, &eacute;ste podr&aacute; continuarse hasta declararse concluso (art. 840 LECr), pero el juicio oral no podr&aacute; abrirse, debiendo suspenderse y archivarse los actos (art. 841 LECr).<a href="#56" name="n56"><sup>56</sup></a> En congruencia con esta regla, la Ley 4/1985, del 21 de marzo, de Extradici&oacute;n Pasiva, estipula que, cuando se solicite la extradici&oacute;n de personas condenadas en el extranjero en virtud de una sentencia dictada en rebeld&iacute;a del reclamado, s&oacute;lo se atender&aacute; a la solicitud condicion&aacute;ndola a que la Representaci&oacute;n Diplom&aacute;tica en Espa&ntilde;a del pa&iacute;s requeriente, en el plazo que se le exija, ofrezca garant&iacute;as suficientes de que el reclamado ser&aacute; sometido a nuevo juicio en el que deber&aacute; estar presente y debidamente defendido (art. 2). Obviamente, tales previsiones suponen una extraordinaria garant&iacute;a para el acusado, cuyo derecho a la presunci&oacute;n de inocencia s&oacute;lo puede destruirse tras un proceso en el que &eacute;l mismo se halle presente. Sin embargo, es cierto que, desde otra perspectiva, tambi&eacute;n puede suponer que el delito prescriba sin que el acusado haya comparecido.</p>     <p><b><i>2.4. Plazos preclusivos</i></b></p>     <p>La legislaci&oacute;n espa&ntilde;ola no plantea duda alguna acerca del car&aacute;cter preclusivo e improrrogable de los plazos procesales (arts. 134 y 136 LEC; art. 128 LJCA), si bien admite en ocasiones su pr&oacute;rroga por causas de fuerza mayor (art. 134.2 LEC). Esta circunstancia justifica la ausencia de jurisprudencia constitucional al respecto.</p>     <p>Quiz&aacute;s uno de los aspectos m&aacute;s relevantes en este punto sea la relaci&oacute;n entre los plazos preclusivos y la pertinencia de recursos judiciales que se produce en el planteamiento del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional contra resoluciones judiciales que vulneren derechos fundamentales. Para ser admitido, el recurso de amparo en este caso ha de cumplir con dos requisitos: han de haberse agotado "todos los medios de impugnaci&oacute;n previstos por las normas procesales" y, una vez as&iacute; sea, deber&aacute; plantearse el recurso en el plazo improrrogable de 30 d&iacute;as, a partir de la notificaci&oacute;n de la resoluci&oacute;n judicial que puso fin al proceso (art. 44 de la Ley Org&aacute;nica del Tribunal Constitucional). Este doble requisito entra&ntilde;a una dificultad procesal para el demandante sobre todo porque la jurisprudencia constitucional se ha ido endureciendo a la hora de admitir los amparos. Muy en especial, el Tribunal Constitucional no considerar&aacute; como "medios de impugnaci&oacute;n" ante los tribunales ordinarios aquellos que entienda como manifiestamente improcedentes y que, por tanto, responder&iacute;an a pr&aacute;cticas dilatorias de las partes procesales. Ello puede suscitar un problema evidente: en aras de lograr la admisibilidad del amparo, el recurrente puede tratar de agotar todos los recursos judiciales posibles pero, presentada la demanda de amparo, puede encontrarse con que el Tribunal Constitucional considera que alguno de los recursos judiciales ordinarios era "improcedente", por lo que el plazo de 30 d&iacute;as para presentar el amparo ya habr&aacute; empezado a contar y, lo que es m&aacute;s posible, puede haberse agotado.</p>     <p><b><i>3. DERECHO AL JUEZ LEGAL</i></b></p>     <p><b><i>3.1. Designaci&oacute;n del juez competente por ley</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo 24.2 de la Constituci&oacute;n reconoce el principio de predeterminaci&oacute;n legal del juez, configurado como un derecho fundamental de titularidad universal, cuyos sujetos leg&iacute;timos no son s&oacute;lo las partes procesales, sino cualquier ofendido por la conducta punible.<a href="#57" name="n57"><sup>57</sup></a> De esta forma, uno de los principios rectores de la funci&oacute;n jurisdiccional se articula como derecho subjetivo fundamental (comprendido pues en el T&iacute;tulo I), complementando los restantes principios informadores de la jurisdicci&oacute;n que se mencionan en el T&iacute;tulo VII, dedicado al poder judicial. En este sentido, el Tribunal Constitucional ha destacado la relaci&oacute;n intr&iacute;nseca existente entre el derecho fundamental del art&iacute;culo 24.2 y los principios de jurisdicci&oacute;n recogidos en el art&iacute;culo 117 de la Constituci&oacute;n, m&aacute;s en concreto el de imparcialidad, a cuya garant&iacute;a servir&iacute;a precisamente el "juez legal".<a href="#58" name="n58"><sup>58</sup></a></p>     <p>El contenido subjetivo de este derecho se materializa, seg&uacute;n palabras del supremo int&eacute;rprete de la Constituci&oacute;n, en el derecho a un procedimiento legalmente establecido, a trav&eacute;s del cual se determine la existencia de un tribunal investido de competencia con generalidad y con anterioridad al hecho que motiva la actuaci&oacute;n judicial.<a href="#59" name="n59"><sup>59</sup></a></p>     <p>El procedimiento de predeterminaci&oacute;n judicial queda as&iacute; sujeto a una reserva de ley formal, como garant&iacute;a del principio democr&aacute;tico, con la exclusi&oacute;n de otras formas jur&iacute;dicas procedentes del gobierno, como los reglamentos o los decretos-ley.<a href="#60" name="n60"><sup>60</sup></a> No se exige, sin embargo, el car&aacute;cter de ley org&aacute;nica para la predeterminaci&oacute;n del juez, ya que &eacute;sta no implica desarrollo del derecho fundamental &ndash;y por tanto delimitaci&oacute;n o limitaci&oacute;n del derecho&ndash; sino una mera regulaci&oacute;n de su ejercicio,<a href="#61" name="n61"><sup>61</sup></a> por lo que en principio los decretos legislativos del gobierno (derivados de una delegaci&oacute;n legislativa por las cortes, conforme al art. 82 CE) s&iacute; podr&iacute;an ser normas v&aacute;lidas para concretar la garant&iacute;a del art&iacute;culo 24.2 CE.</p>     <p>El contenido subjetivo del derecho comprende la garant&iacute;a de un procedimiento que se proyecta tanto en el plano del "juez-&oacute;rgano predeterminado", como en el del "juez-persona predeterminada".<a href="#62" name="n62"><sup>62</sup></a> Por lo que se refiere a la predeterminaci&oacute;n del "juez-&oacute;rgano", &eacute;sta se concreta a su vez en un aspecto positivo y otro negativo.</p>     <p>Positivamente supone que la ley debe preestablecer con criterios generales el Tribunal competente, e investirlo de competencia, antes de proceder al enjuiciamiento;<a href="#63" name="n63"><sup>63</sup></a> igualmente, la ley ha de precisar la Sala o Secci&oacute;n del Tribunal ante la que tendr&aacute; que sustanciarse el proceso judicial. La concreci&oacute;n legal de este aspecto positivo se recoge b&aacute;sicamente en la LOPJ (Libro I, T&iacute;tulo IV, arts. 53-103), complementada por las reglas espec&iacute;ficas de los distintos &oacute;rdenes jurisdiccionales<a href="#64" name="n64"><sup>64</sup></a> donde se establecen las reglas que determinan las competencias de los tribunales espa&ntilde;oles, atendiendo a criterios subjetivos (aforamiento), objetivos (materia del litigio), territoriales (lugar del conflicto, domicilio del demandadoâ€¦) o una combinaci&oacute;n de todos ellos. La LOPJ proporciona en primer lugar, por tanto, la determinaci&oacute;n de cu&aacute;l va a ser el tribunal competente dentro de la pluralidad de instancias previstas en el ordenamiento espa&ntilde;ol: Tribunal Supremo, Audiencia Nacional, Tribunal Superior de Justicia, Audiencia Provincial, juzgados de primera instancia, de instrucci&oacute;n, de lo penal, de lo contencioso, de lo social, de menores, de vigilancia penitenciaria, de lo mercantil, de violencia sobre la mujer y, finalmente, los Juzgados de Paz. Del mismo modo, se determinan las causas adscritas a las distintas Salas de los Tribunales, de acuerdo con el orden jurisdiccional implicado. Ahora bien, el derecho al juez predeterminado no supone el derecho a una determinada interpretaci&oacute;n de las reglas de competencia, puesto que los criterios de asignaci&oacute;n de asuntos a cada Tribunal forman parte de la decisi&oacute;n legislativa, que cumplir&aacute; simplemente con articular reglas previas y objetivas sobre la distribuci&oacute;n competencial de jurisdicci&oacute;n.<a href="#65" name="n65"><sup>65</sup></a> En palabras del Tribunal Constitucional, el derecho a un juez ordinario predeterminado no supone un derecho a un <i>juez concreto</i>; antes bien, el legislador puede establecer, dentro de la jurisdicci&oacute;n ordinaria, reglas especiales de competencia, siempre que est&eacute;n articuladas con generalidad y precedencia.<a href="#66" name="n66"><sup>66</sup></a></p>     <p>La existencia de estas reglas procedimentales para asignar el juez legal no excluye la posibilidad de suscribir pactos de sumisi&oacute;n a favor de un determinado &oacute;rgano jurisdiccional. El Tribunal Constitucional ya ha se&ntilde;alado que un pacto de estas caracter&iacute;sticas &ndash;en especial en materia civil de concursos y quiebras&ndash; no entra&ntilde;a vulneraci&oacute;n de la predeterminaci&oacute;n del juez, siempre que se trate de un tribunal preexistente y legalmente investido de competencia.<a href="#67" name="n67"><sup>67</sup></a> La autonom&iacute;a de la voluntad suple, en este caso, a las reglas procedimentales para determinar el juez competente.</p>     <p>Por lo que se refiere al reparto de asuntos judiciales entre las distintas Salas y Secciones igualmente competentes de un mismo tribunal,<a href="#68" name="n68"><sup>68</sup></a> corresponde la decisi&oacute;n a su sala de gobierno, que podr&aacute; atender a conveniencias de orden puramente organizativas e internas, siempre que no impliquen un subjetivismo que menoscabe la imparcialidad del juez.<a href="#69" name="n69"><sup>69</sup></a></p>     <p>El art&iacute;culo 24.2 CE tiene tambi&eacute;n un contenido negativo en la fijaci&oacute;n del "juez-&oacute;rgano": la predeterminaci&oacute;n del juez resulta incompatible con los tribunales <i>ad hoc</i> y las jurisdicciones especiales en sentido estricto, por cuanto implican la imposibilidad de conocer el &oacute;rgano jurisdiccional competente con anterioridad a la realizaci&oacute;n de los hechos enjuiciables.<a href="#70" name="n70"><sup>70</sup></a> Un punto que tratar&eacute; con mayor detalle al referirme a la imposibilidad de establecer tribunales ordinarios.</p>     <p>El segundo elemento integrante del contenido subjetivo del derecho fundamental analizado consiste en la predeterminaci&oacute;n del "juezpersona", esto es, del titular o titulares del &oacute;rgano jurisdiccional competente. Un aspecto especialmente sensible para poder utilizar un mecanismo destinado a garantizar la imparcialidad del juez, como es la recusaci&oacute;n.</p>     <p>Fijado el tribunal y la sala competentes, el art&iacute;culo 24.2 CE garantiza tambi&eacute;n la posibilidad de conocer al titular o los titulares del &oacute;rgano jurisdiccional que van a resolver los litigios. Sin embargo, la fijaci&oacute;n de estos titulares no puede quedar sujeta a reglas tan r&iacute;gidas como las que regulan al "juez-&oacute;rgano". Es necesario reconocer la existencia de una cierta indeterminaci&oacute;n legal y de una posibilidad de que los &oacute;rganos de gobierno de los tribunales puedan decidir la composici&oacute;n del &oacute;rgano judicial. La predeterminaci&oacute;n se reduce, entonces, a dos aspectos: en primer lugar a la exigencia de un procedimiento que, mediante elementos objetivos, estipule el reparto de asuntos entre los diversos titulares del &oacute;rgano judicial; en segundo lugar, en la derivaci&oacute;n de un derecho de informaci&oacute;n de las partes procesales, a las que habr&aacute; de notificarse puntualmente cualquier cambio que se produzca en la composici&oacute;n de un tribunal.<a href="#71" name="n71"><sup>71</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El procedimiento legal para establecer criterios objetivos en la determinaci&oacute;n del "juez-persona" se hallan incluidos en los art&iacute;culos 196 a 206 de la LOPJ. Conforme a esta normativa, la sala de gobierno de cada tribunal debe aprobar anualmente los criterios que habr&aacute;n de seguirse para determinar la composici&oacute;n de las secciones, que habr&aacute;n de ser presididas por el presidente de la sala, el presidente de la secci&oacute;n o, en su defecto, por el magistrado m&aacute;s antiguo de los que la integren (arts. 198 y 152 LOPJ). La ausencia del n&uacute;mero de magistrados necesarios para constituir una sala &ndash;tres, seg&uacute;n el art&iacute;culo 197&ndash; habr&aacute; de solventarse a trav&eacute;s de la designaci&oacute;n por parte del presidente de los magistrados titulares conforme a un turno en el que se preferir&aacute;n los que se encuentren libres de se&ntilde;alamiento y, de entre ellos, los m&aacute;s modernos. Finalmente, en ausencia de titulares, es posible el llamamiento a magistrados suplentes &ndash;aunque nunca podr&aacute; haber m&aacute;s de uno por Sala&ndash;, para lo cual el Consejo General del Poder Judicial deber&aacute; confeccionar anualmente una lista con los suplentes adscritos a cada tribunal (arts. 152.5 y 200).</p>     <p>Por lo que se refiere a la concreci&oacute;n del magistrado ponente, la LOPJ garantiza que &eacute;ste ser&aacute; designado para cada caso conforme a un procedimiento predeterminado, seg&uacute;n el turno que la sala o secci&oacute;n establezca al inicio del a&ntilde;o judicial seg&uacute;n reglas objetivas; turno que comprender&aacute; a todos los magistrados de la sala o secci&oacute;n. Hecha la designaci&oacute;n en la primera resoluci&oacute;n que se dicte en el proceso, la predeterminaci&oacute;n del juez impone que tambi&eacute;n se notifique fehacientemente a las partes procesales el nombre del magistrado ponente, o de su sustituto de acuerdo con las reglas de turno, con motivaci&oacute;n de las causas que generan el relevo (arts. 203-204 LOPJ).</p>     <p><b><i>3.2. Obligaci&oacute;n de la presencia del juez</i></b></p>     <p>La obligaci&oacute;n de la presencia del juez para sustanciar los distintos actos procesales es una consecuencia natural del ejercicio de la funci&oacute;n jurisdiccional y de la predeterminaci&oacute;n legal del juez, aunque no ha sido hasta ahora objeto de desarrollo jurisprudencial por el Tribunal Constitucional. La existencia de reglas destinadas a colmar las ausencias de los jueces y magistrados titulares tienen por objeto, precisamente, garantizar a las partes procesales la presencia del juez.</p>     <p>En este sentido, la LOPJ califica como una falta disciplinaria el abandono de servicio o ausencia injustificada de la sede del &oacute;rgano judicial en la que el juez o magistrado se encuentra destinado. Se tipifica como muy grave si el abandono excede de siete d&iacute;as (art. 417.10), grave si se produce entre tres y siete d&iacute;as (art. 418.9), y leve si tiene lugar entre uno y cuatro d&iacute;as (art. 419.4). Del mismo modo, constituye falta grave el incumplimiento injustificado y reiterado del horario de audiencia p&uacute;blica y la inasistencia injustificada a los actos de audiencia p&uacute;blica se&ntilde;alados (art. 418.10).</p>     <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha buscado intensificar la presencia del juez o de los magistrados &ndash;y no s&oacute;lo el ponente&ndash; en los actos de prueba, comparecencia y visitas. La Ley de Enjuiciamiento Civil declara la nulidad de pleno derecho de todas las declaraciones, pruebas y visitas si no se sustancian en presencia de todos los magistrados del tribunal que conoce del asunto (art. 137). Lo cual no impide, desde luego, que determinadas actuaciones de &iacute;ndole gubernativas puedan ser objeto de delegaci&oacute;n.<a href="#72" name="n72"><sup>72</sup></a> Del mismo modo, la presencia del juez no es obligada cuando est&aacute; ejerciendo funciones administrativas, por ejemplo, en juntas electorales, ya que no entra&ntilde;a ejercicio de jurisdicci&oacute;n y, por tanto, no est&aacute; sometida a los principios reguladores de &eacute;sta.</p>     <p><b><i>3.3. Instrumentos de objeci&oacute;n frente al juez</i></b></p>     <p>&Iacute;ntimamente conectado con la independencia judicial (art. 117 CE), la norma suprema acoge de manera impl&iacute;cita el principio de imparcialidad del juez, consistente en la actitud objetiva frente al enjuiciamiento. Ante la ausencia de redacci&oacute;n expresa de este principio, el Tribunal Constitucional ha observado que deb&iacute;a considerarse impl&iacute;cito en el art&iacute;culo 24.2 de la Constituci&oacute;n (derecho a la tutela judicial efectiva), interpretado de acuerdo con el art&iacute;culo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos y el art&iacute;culo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, la doctrina constitucional ha sido vacilante a la hora de determinar cu&aacute;l de los distintos contenidos del derecho complejo a la tutela judicial efectiva es el que acoge el derecho al juez imparcial. En una jurisprudencia indecisa, el Tribunal Constitucional le ha dado encaje dentro del derecho a un juez predeterminado por la ley,<a href="#73" name="n73"><sup>73</sup></a> as&iacute; como en el derecho a un proceso con garant&iacute;as,<a href="#74" name="n74"><sup>74</sup></a> cuando no en ambos contenidos.<a href="#75" name="n75"><sup>75</sup></a> No han faltado tampoco votos particulares que consideran que la imparcialidad constituye un aspecto de otro elemento distinto: la sujeci&oacute;n del juez al imperio de la ley, proclamada en el art&iacute;culo 117 CE, cuya vertiente subjetiva se manifestar&iacute;a en el derecho a la tutela judicial efectiva del art&iacute;culo 24.1 CE.<a href="#76" name="n76"><sup>76</sup></a> De todos estos posibles encajes, quiz&aacute;s el m&aacute;s discutible ser&iacute;a el de considerar la imparcialidad como derivaci&oacute;n del derecho al juez predeterminado por la ley. M&aacute;s bien parece que la relaci&oacute;n ser&iacute;a inversa: la predeterminaci&oacute;n legal del juez (en especial en su vertiente de predeterminaci&oacute;n del juez-persona) ser&iacute;a una garant&iacute;a de la imparcialidad, ya que s&oacute;lo conociendo qui&eacute;n va a enjuiciar pueden las partes conocer con antelaci&oacute;n su actitud objetiva o subjetiva ante el proceso.</p>     <p>El ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol articula claramente cu&aacute;les son las circunstancias que pueden afectar a la imparcialidad del juez; circunstancias que aparecen recogidas en la LOPJ (art. 291) a la hora de regular los institutos de abstenci&oacute;n y recusaci&oacute;n de los que se hablar&aacute; enseguida. Las causas de abstenci&oacute;n y recusaci&oacute;n aparecen taxativamente enumeradas, de modo que el ordenamiento objetiva cu&aacute;ndo debe entenderse afectada la imparcialidad del juez, no bas&aacute;ndose en meras conjeturas.<a href="#77" name="n77"><sup>77</sup></a> De la enumeraci&oacute;n de las causas de abstenci&oacute;n/ recusaci&oacute;n puede colegirse que &eacute;stas pretenden garantizar una idoneidad subjetiva y objetiva del juez.<a href="#78" name="n78"><sup>78</sup></a> Carecer&aacute; de idoneidad subjetiva aquel juez que tenga alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n con alguna de las partes procesales: ya sea de parentesco, de amistad/enemistad manifiesta o por una relaci&oacute;n personal derivada de circunstancias diversas que prescribe la propia legislaci&oacute;n procesal. La ausencia de idoneidad objetiva se produce, sin embargo, cuando el juez o magistrado posee un inter&eacute;s en el pleito que ha de resolver, al margen de cualquier relaci&oacute;n con las partes procesales. En este punto resulta de inter&eacute;s mencionar que una de las principales causas de recusaci&oacute;n previstas por el ordenamiento espa&ntilde;ol deriva de la prohibici&oacute;n de la doble instancia penal: el juez instructor de una causa penal no puede ser el mismo que dicte la sentencia, puesto que al haber realizado los actos de instrucci&oacute;n puede haberse formado una imagen concreta de los hechos que puede interferir en la resoluci&oacute;n que vaya a adoptar.<a href="#79" name="n79"><sup>79</sup></a></p>     <p>El juicio de doble instancia, como causa que afectar&iacute;a a la imparcialidad del juez, ha planteado algunas dudas que ha resuelto el Tribunal Constitucional. En primer lugar, por lo que se refiere a la legitimaci&oacute;n activa para recusar, el Tribunal ha aclarado que, trat&aacute;ndose de una garant&iacute;a del acusado, s&oacute;lo la defensa tiene capacidad para impugnar al juez de doble instancia. En cuanto al objeto en s&iacute;, el Tribunal ha se&ntilde;alado que en principio no todo contacto con la instrucci&oacute;n del juez que va a enjuiciar debe considerarse "contaminante" y, por tanto, causa objetiva de recusaci&oacute;n, sino que habr&aacute; que examinar cada caso concreto para ver si el contacto con los hechos durante la fase de instrucci&oacute;n ha sido directo, lo cual s&iacute; podr&iacute;a inducir a prejuicios respecto del acusado en el &aacute;nimo del juez.<a href="#80" name="n80"><sup>80</sup></a> Precisamente porque s&oacute;lo la instrucci&oacute;n directa afectar&iacute;a a la imparcialidad del juez, no puede considerarse inconstitucional la previsi&oacute;n de la Ley reguladora de los Juzgados de Menores que atribuye a dichos juzgados la posibilidad de realizar diligencias instructivas (art. 15.1.2Âº), y la competencia para adoptar de medidas cautelares (art. 15.1.5Âº) a solicitud del Ministerio Fiscal. El Tribunal Constitucional ha entendido que se trata no tanto de actos instructivos como de medidas limitadoras del ejercicio de los derechos fundamentales del menor que deben incardinarse precisamente en el &aacute;mbito de la funci&oacute;n jurisdiccional.<a href="#81" name="n81"><sup>81</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre las causas objetivas que afectan a la imparcialidad del juez tambi&eacute;n ha de destacarse la prevista en el art&iacute;culo 219.16 LOPJ; un art&iacute;culo que vino a solucionar el problema derivado de que jueces que hubiesen en alg&uacute;n momento ejercido un cargo p&uacute;blico pudiesen aprovechar los conocimientos obtenidos en &eacute;l, una vez se reincorporasen a la funci&oacute;n judicial. En este supuesto, el conocimiento <i>ex ante</i> de los hechos, obtenidos por raz&oacute;n de cargo p&uacute;blico, invalidar&iacute;a su utilizaci&oacute;n por el juez en un proceso penal. Antes de la modificaci&oacute;n operada por la LOPJ, el Tribunal Constitucional hab&iacute;a considerado, sin embargo, que, en ausencia de previsi&oacute;n legal expresa, el desempe&ntilde;o de un cargo p&uacute;blico por un juez no invalidaba el enjuiciamiento que realizase una vez reingresara en la funci&oacute;n jurisdiccional, sobre hechos conocidos por raz&oacute;n de su anterior cargo.<a href="#82" name="n82"><sup>82</sup></a> En realidad, esta jurisprudencia del Tribunal Constitucional parec&iacute;a adecuada. Ha de ser el legislador el que determine en qu&eacute; casos se debe considerar que existe una "contaminaci&oacute;n" objetiva del juez, y esa regulaci&oacute;n no puede ser sustituida por construcciones del Tribunal Constitucional a trav&eacute;s de sentencias que, en ese caso, podr&iacute;an f&aacute;cilmente ser tildadas de "manipulativas".</p>     <p>La garant&iacute;a de la imparcialidad del juez se logra en el ordenamiento espa&ntilde;ol a trav&eacute;s de mecanismos preventivos y represivos. Los primeros, tendientes a alejar al juez parcial de un proceso, son la <i>abstenci&oacute;n</i> y la <i>recusaci&oacute;n</i>. La abstenci&oacute;n supone la renuncia del juez a conocer del proceso cuando incurra en alguna de las circunstancias que afectan a su imparcialidad y que aparecen taxativamente enumeradas en el art&iacute;culo 219 LOPJ. Ha de tenerse en cuenta que el sometimiento al imperio de la ley obliga al juez a dictar sentencia y no desvincularse del proceso m&aacute;s que cuando concurra alguna de las causas de abstenci&oacute;n legalmente previstas. De concurrir alguna de estas circunstancias, si el juez no se abstiene incurrir&aacute; en responsabilidad disciplinaria (falta muy grave, seg&uacute;n el art. 417.8 LOPJ).</p>     <p>La recusaci&oacute;n, por su parte, es un instrumento otorgado a las partes procesales, a fin de impugnar al juez o magistrado afectado por alguna de las causas legalmente previstas. El derecho a recusar comprende, pues, la presencia de un procedimiento legalmente previsto a tal efecto, que puedan emplear las partes leg&iacute;timas, y el que la resoluci&oacute;n que se adopte corresponda a jueces distintos del recusado. Huelga decir que, como ya he mencionado previamente, para emplear la recusaci&oacute;n es factor indispensable la predeterminaci&oacute;n del juez, ya que s&oacute;lo as&iacute; podr&aacute;n conocer <i>ex ante</i> las partes procesales los titulares del &oacute;rgano que habr&aacute; de enjuiciarles y, por tanto, se encontrar&aacute;n en condiciones de examinar si incurre en alguna causa que habilite a la recusaci&oacute;n.</p>     <p>Uno de los problemas m&aacute;s relevantes de estos mecanismos es el de su valoraci&oacute;n cuando la causa de "contaminaci&oacute;n" del juez depende de un criterio subjetivo. Tal es el caso de la amistad o enemistad manifiesta como causa de abstenci&oacute;n/recusaci&oacute;n. Un juez puede f&aacute;cilmente escudarse en estas circunstancias para no llevar a t&eacute;rmino su cometido judicial, lo cual ser&iacute;a, en realidad, un incumplimiento de sus funciones, constitutivo de infracci&oacute;n; en un sentido inverso, las posibilidades que tienen las partes de demostrar esa relaci&oacute;n de amistad o enemistad son limitadas. En este sentido, la "teor&iacute;a de las apariencias" que sostiene el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en sus resoluciones ("justice must not only be done, it must also be seen to be done") no parece haber hallado excesivo eco en las recusaciones operadas en Espa&ntilde;a.</p>     <p>El procedimiento para llevar a cabo la recusaci&oacute;n se halla regulado en la LOPJ, LEC y LECr, remiti&eacute;ndose la legislaci&oacute;n procesal laboral a la regulaci&oacute;n de la LEC (art. 15 LPL), que deber&aacute; regir tambi&eacute;n en el proceso contencioso-administrativo. El sujeto activo est&aacute; limitado a las partes interesadas en el proceso (art. 218 LOPJ; art. 53 LECr), que puede plantear la recusaci&oacute;n en cualquier fase del mismo, tan pronto como tenga conocimiento de la causa que afecte a la imparcialidad del juez (art. 107.1 LEC; art. 56 LECr).<a href="#83" name="n83"><sup>83</sup></a> En cuanto a la forma, deber&aacute; hacerse por escrito firmada por procurador y abogado (art. 57 LECr; art. 107.2 LEC), salvo incomunicaci&oacute;n del procesado, en cuyo caso la recusaci&oacute;n podr&aacute; ser oral (art. 53 LECr). En el proceso civil se especifica, adem&aacute;s, que en el escrito deber&aacute;n expresarse las causas de recusaci&oacute;n y los principios de prueba (art. 107.2 LEC), d&aacute;ndose traslado a las partes (art. 107.3 LEC). Tanto en el proceso penal como en el civil, la resoluci&oacute;n del incidente se realiza respetando el principio de doble instancia y diferenciando, por tanto, entre la fase de instrucci&oacute;n y decisi&oacute;n, atribuy&eacute;ndola a distintos &oacute;rganos jurisdiccionales (art. 108-110 LEC; arts. 63 y 68 LECr).</p>     <p>La recusaci&oacute;n no s&oacute;lo est&aacute; prevista contra cualquier tribunal ordinario, sino incluso contra los magistrados del Tribunal Constitucional. El art&iacute;culo 80 de la Ley Org&aacute;nica del Tribunal Constitucional se remite a la LOPJ a la hora de determinar las causas de recusaci&oacute;n de sus magistrados, por lo que en este punto el estatuto de los integrantes del supremo int&eacute;rprete de la Constituci&oacute;n es equivalente al de los jueces y magistrados que integran el poder judicial. Ello no obstante, es preciso tener en cuenta la presencia de algunas diferencias: por una parte, la admisi&oacute;n o el rechazo de la recusaci&oacute;n corresponde en este caso al Pleno del Tribunal Constitucional (art. 10.1.k LOTC); por otra, no existe posibilidad de sanci&oacute;n disciplinaria ante la ausencia de abstenci&oacute;n. El problema en este caso reside en tratar de equiparar el sistema de garant&iacute;as de imparcialidad previsto para jueces y magistrados ordinarios, con las que han de aplicarse al Tribunal Constitucional. Este &uacute;ltimo ejerce mayormente tareas de control abstracto, por lo que su menor vinculaci&oacute;n con las partes procesales hace que sea cuando menos dudoso equiparar las causas de abstenci&oacute;n/recusaci&oacute;n. Es m&aacute;s, si se tiene en cuenta que el Tribunal Constitucional ya es, de por s&iacute;, un &oacute;rgano con una peligrosa tendencia a la politizaci&oacute;n, las recusaciones pueden ser empleadas como armas pol&iacute;ticas para obstruir el ejercicio de sus tareas.<a href="#84" name="n84"><sup>84</sup></a></p>     <p>Si los mecanismos preventivos de la imparcialidad del juez son la abstenci&oacute;n y la recusaci&oacute;n, el ordenamiento articula tambi&eacute;n una responsabilidad disciplinaria, penal y civil que servir&iacute;a de garant&iacute;a represiva, para el caso de que se realizara un enjuiciamiento en condiciones de parcialidad. Como se ha mencionado, el incumplimiento del deber de abstenci&oacute;n es constitutivo de una falta disciplinaria grave o muy grave, sancionada por el Consejo General del Poder Judicial. Del mismo modo, la resoluci&oacute;n judicial adoptada con parcialidad puede constituir un delito de prevaricaci&oacute;n (art. 404 de la Ley Org&aacute;nica 10/1995, del 23 de noviembre, del C&oacute;digo Penal). Finalmente, los jueces y magistrados son tambi&eacute;n civilmente responsables por los da&ntilde;os y perjuicios que ocasionen en el ejercicio de sus funciones cuando mediara dolo o culpa.</p>     <p><b><i>3.4. Improcedencia de tribunales extraordinarios</i></b></p>     <p>El ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol descarta la posibilidad de constituir tribunales especiales o extraordinarios a partir de dos principios informadores de la funci&oacute;n jurisdiccional: el principio de <i>unidad</i> y el de <i>predeterminaci&oacute;n legal del juez</i>. El primero de estos principios (art. 117.5 CE) exige que la funci&oacute;n judicial se desempe&ntilde;e por un mismo tipo de jueces y magistrados que, por tanto, han de tener en com&uacute;n el pertenecer al poder judicial (y por tanto estar sujetos a una id&eacute;ntica normativa, comprendida en la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial, y a un mismo &oacute;rgano de gobierno, el Consejo General del Poder Judicial), y ser jueces de un mismo tipo: jueces t&eacute;cnicos de carrera (con la excepci&oacute;n admisible de los jueces de paz, que constituyen justicia lega no funcionarial). El principio de <i>predeterminaci&oacute;n del juez</i>, seg&uacute;n ya se ha analizado, tambi&eacute;n resulta incompatible con la creaci&oacute;n de tribunales ad hoc, creados e investidos de competencia con posterioridad a los hechos que se han de enjuiciar.</p>     <p>En realidad, ambos principios se complementan, ya que el de unidad incide en el tipo de jueces que han de desempe&ntilde;ar la funci&oacute;n jurisdiccional, en tanto que el de predeterminaci&oacute;n legal incide en la precisi&oacute;n normativa del ejercicio de la funci&oacute;n jurisdiccional, apuntalando la seguridad jur&iacute;dica y la imparcialidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ambos principios, sin embargo, no tienen un igual alcance: el de predeterminaci&oacute;n no admite excepciones, en tanto que el de unidad s&iacute; lo hace. Estas excepciones que afectan al principio de unidad derivan de la propia Constituci&oacute;n, que se encarga de afirmar que dicho principio es s&oacute;lo "la base" de la organizaci&oacute;n y el funcionamiento de los Tribunales y, por tanto, no cabe identificar unidad con uniformidad absoluta. El principio de unidad no s&oacute;lo es compatible con una diferenciaci&oacute;n de los tribunales por instancias, &aacute;mbito territorial de ejercicio de competencias y &oacute;rdenes jurisdiccionales; tambi&eacute;n es compatible con la existencia de lo que puede denominarse como "tribunales especiales en sentido amplio".</p>     <p>Los tribunales especiales en sentido amplio son excepciones admitidas por la Constituci&oacute;n, y comprender&iacute;an a aquellos tribunales que, aun ejerciendo funciones judiciales, no pertenecen al poder judicial, as&iacute; como a los que, perteneciendo a esta &uacute;ltima organizaci&oacute;n, son creados por motivos t&eacute;cnicos. Ejemplo de los primeros ser&iacute;an el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas o la Jurisdicci&oacute;n Militar. En todos estos casos nos hallamos ante &oacute;rganos que, ejerciendo jurisdicci&oacute;n, no pertenecen al poder judicial, lo que supone que poseen su propia normativa reguladora (en vez de acogerse a la Ley General del Poder Judicial) y que el Consejo General del Poder Judicial no es su &oacute;rgano de gobierno. De estos &oacute;rganos, ha sido la Jurisdicci&oacute;n Militar la que ha suscitado mayores controversias. Siendo una excepci&oacute;n al principio de unidad judicial, las competencias y jurisdicci&oacute;n de este &oacute;rgano se han interpretado de forma restrictiva en un doble sentido: en primer lugar, ci&ntilde;endo sus poderes judiciales al &aacute;mbito estrictamente castrense;<a href="#85" name="n85"><sup>85</sup></a> por otra, admitiendo que contra sus autos de declinatoria de jurisdicci&oacute;n pudiese recurrirse en casaci&oacute;n ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo.<a href="#86" name="n86"><sup>86</sup></a></p>     <p>Tambi&eacute;n se consideran tribunales especiales en sentido amplio aquellos que, aunque en este caso s&iacute; pertenecen al poder judicial, son creados por motivos t&eacute;cnicos; se tratar&iacute;a, pues, de "Tribunales especializados". El ejemplo m&aacute;s palmario es la Audiencia Nacional. Su car&aacute;cter especializado deriva de la facultad que tiene atribuida de conocer de determinadas conductas delictivas (terrorismo, tr&aacute;fico de estupefacientes realizados por bandas organizadas, falsificaci&oacute;n de monedaâ€¦)<a href="#87" name="n87"><sup>87</sup></a> al margen del lugar de comisi&oacute;n de los hechos. Este tribunal, por tanto, se sustrae a la regla general de competencia en el &aacute;mbito penal de <i>locus delicti</i>, sustituida por una regla objetiva de competencia por tipo delictivo. Tal circunstancia ha llevado a plantearse la constitucionalidad de la Audiencia Nacional. Sin embargo, el supremo int&eacute;rprete de la Constituci&oacute;n ha resuelto las dudas declarando su compatibilidad con la norma magna, por cuanto la Audiencia Nacional ha sido creada por razones exclusivamente t&eacute;cnicas, derivadas de la conveniencia de acumular en un solo Tribunal delitos como los de terrorismo, con una conexi&oacute;n y un m&oacute;vil unitarios, con independencia del <i>locus delicti.<a href="#88" name="n88"><sup>88</sup></a></i></p>     <p>Al margen de la Audiencia Nacional, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han creado numerosos tribunales de nueva planta, especialmente en el &aacute;mbito penal, sustrayendo competencias a los juzgados de lo penal. Tal ser&iacute;a el caso de los Juzgados de Menores y contra la Violencia Dom&eacute;stica. En realidad estos tribunales tampoco suponen una quiebra al principio de unidad de jurisdicci&oacute;n, por cuanto s&iacute; respetan en este caso el principio de competencia penal gen&eacute;rico del <i>locus delicti</i>, y simplemente tienen adjudicadas, por razones t&eacute;cnicas, el conocimiento de determinadas causas penales. Huelga decir que la existencia de Juzgados de Menores queda avalada por el distinto tratamiento penal de los mismos (seg&uacute;n la Ley Org&aacute;nica 5/2000, del 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores); del mismo modo, los Juzgados contra la Violencia sobre la Mujer pretenden dar un tr&aacute;mite m&aacute;s r&aacute;pido a los delitos cometidos en el seno de la relaci&oacute;n de pareja, y a la vez vincular efectos civiles a la condena penal, permitiendo una agilizaci&oacute;n del tr&aacute;mite de divorcio (art. 87 ter LOPJ).</p>     <p><b><i>4. A MODO DE CONCLUSI&Oacute;N</i></b></p>     <p>La derechos de audiencia y de acceso a un juez legal son en Espa&ntilde;a el resultado de la confluencia de un derecho fundamental &ndash; tutela judicial efectiva (art. 24 CE)&ndash; y de los principios estructuradores de la funci&oacute;n jurisdiccional &ndash;unidad, predeterminaci&oacute;n del juez, independencia y sujeci&oacute;n al imperio de la ley (art. 117)&ndash;. Constituyen, por consiguiente, tanto una garant&iacute;a subjetiva, como un criterio de organizaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos. De resultas, la norma reguladora b&aacute;sica del poder judicial &ndash;la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial&ndash; ha regulado con profusi&oacute;n su contenido, sin perjuicio de las especificidades previstas en la legislaci&oacute;n procesal sectorial, y de la interpretaci&oacute;n realizada por el Tribunal Constitucional a trav&eacute;s de su jurisprudencia fraguada a lo largo de 25 a&ntilde;os.</p>     <p>Tanto la legislaci&oacute;n como la propia jurisprudencia han optado por una orientaci&oacute;n claramente garantista. Por lo que a la legislaci&oacute;n se refiere, esta orientaci&oacute;n es el resultado de la dimensi&oacute;n objetiva del derecho a la tutela judicial efectiva, que lo convierte en un mandato de optimizaci&oacute;n en virtud del cual los poderes p&uacute;blicos han de maximizar el contenido subjetivo del derecho. En cuanto a la doctrina constitucional, puede considerarse que &eacute;sta se ha desarrollado conforme a dos notas: por una parte, la jurisprudencia ha derivado casi en exclusividad de la resoluci&oacute;n de recursos de amparo, sin olvidar que es precisamente el art&iacute;culo 24 de la Constituci&oacute;n el que genera m&aacute;s recursos de este tipo. Pero, en segundo lugar, es preciso se&ntilde;alar que la jurisprudencia ha sido bastante lineal, sin cambios de rumbo, y siempre orientada a un incremento progresivo de las garant&iacute;as procesales de los ciudadanos, muy en especial en los procesos penales, al ser &eacute;stos el &aacute;mbito donde mayor menoscabo pueden sufrir otros intereses, bienes o derechos constitucionales.</p>     <p>El <i>derecho de audiencia</i> trae causa principal m&aacute;s en el derecho a la tutela judicial que en los principios informadores de la jurisdicci&oacute;n. El objetivo primordial, huelga decirlo, ha sido garantizar que las partes procesales puedan comunicarse con las instancias judiciales en un canal bidireccional. En el sentido juez-partes, ha tenido especial relevancia la obligaci&oacute;n judicial de informaci&oacute;n, cuya interpretaci&oacute;n extensiva ha obligado a tomar medidas como la de admitir una pluralidad de mecanismos de citaci&oacute;n/notificaci&oacute;n, a preferir la comunicaci&oacute;n directa y personalizada, relegando la publicidad a trav&eacute;s de diarios oficiales, y a admitir incluso el uso de lenguas auton&oacute;micas sin necesidad de traducci&oacute;n para dirigirse a los &oacute;rganos judiciales. Para la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n jur&iacute;dica fundada en derecho, no s&oacute;lo es preciso que las partes procesales puedan exponer su versi&oacute;n de los hechos, sino tambi&eacute;n que puedan aportar las pruebas pertinentes en las que la fundan. En este punto, el aspecto m&aacute;s relevante quiz&aacute;s haya sido la asimilaci&oacute;n que el<b></b>Tribunal Constitucional ha efectuado entre el proceso penal y el administrativo sancionador, con el objeto de garantizar la protecci&oacute;n eficaz de bienes jur&iacute;dicos que, en ambos casos (aunque con distinta intensidad) se producen. Si ambos procedimientos sancionadores se someten a id&eacute;nticos par&aacute;metros de legalidad (<i>lex previa, lex certa, lex scripta</i>) parece adecuado que tambi&eacute;n las garant&iacute;as probatorias se asimilen. No obstante, es preciso se&ntilde;alar algunos inconvenientes, como son la posici&oacute;n m&aacute;s debilitada del administrado frente a la Administraci&oacute;n (inversi&oacute;n de la carga de la prueba en hechos denunciados por fuerzas de seguridad), as&iacute; como la vertiente negativa del derecho (posibilidad de no aportar pruebas, vinculada a la presunci&oacute;n de inocencia y al derecho a no declarar contra uno mismo) que no tiene el mismo alcance en los procesos penales y en los administrativos sancionadores.</p>     <p>En el sentido inverso (partes-juez) se ha realizado una interpretaci&oacute;n extensa de la capacidad para participar en juicio, extendi&eacute;ndola incluso a menores de edad y sindicatos. Ello no ha impedido tambi&eacute;n medidas restrictivas, como la imposibilidad de ejercer acci&oacute;n p&uacute;blica de quien haya sido condenado dos veces por un delito de calumnia. En todo caso, lo cierto es que el derecho a ser parte en el proceso alcanza su mayor extensi&oacute;n en el &aacute;mbito penal. La tutela de los derechos que pueden verse limitados (propiedad, libertad personal, participaci&oacute;n en asuntos p&uacute;blicos, libertad de circulaci&oacute;n y residencia) explica que en Espa&ntilde;a se proh&iacute;ba la condena efectuada en rebeld&iacute;a procesal, y que sea circunstancia tambi&eacute;n impeditiva para conceder extradici&oacute;n pasiva.</p>     <p>Por su parte, el derecho a un juez legal, aunque tambi&eacute;n vinculado a la tutela judicial efectiva, en realidad afecta m&aacute;s directamente a los principios articuladores de la funci&oacute;n judicial previstos en la parte org&aacute;nica de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola (art. 117). La designaci&oacute;n de un juez competente por ley, la obligaci&oacute;n de la presencia del juez, la existencia de instrumentos (preventivos y represivos) para objetar al juez parcial, y la improcedencia de tribunales extraordinarios est&aacute;n ligados al derecho a la tutela judicial (a un juicio justo) pero, sobre todo, se hallan vinculados a la sujeci&oacute;n judicial al imperio de la ley, a la predeterminaci&oacute;n judicial, a la independencia judicial y a la unidad de jurisdicci&oacute;n, principios todos ellos establecidos en el art&iacute;culo 117 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, la jurisdicci&oacute;n s&oacute;lo puede ser ejercida por jueces y magistrados que, en primer lugar, pertenezcan a una misma organizaci&oacute;n (el poder judicial) y, por tanto, que sean de carrera (con la excepci&oacute;n de los jueces de paz) y se sometan a una normativa com&uacute;n (la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial) y a un mismo &oacute;rgano de gobierno (el Consejo General del Poder Judicial). Se excluyen, por ende, los tribunales extraordinarios, aunque aqu&iacute; la jurisprudencia ha optado por un criterio estricto: s&oacute;lo se entienden como "extraordinarios" aquellos tribunales creados para disminuir las garant&iacute;as procesales, bien por ser creados con posterioridad a los hechos juzgados, bien porque se constituyen con el objetivo de realizar juicios pol&iacute;ticos. En el mismo sentido habr&iacute;a que entender la prohibici&oacute;n expresa que la Constituci&oacute;n realiza de la presencia de Tribunales de Honor en el &aacute;mbito de la Administraci&oacute;n Civil y organizaciones profesionales (art. 26). Ahora bien, esta interpretaci&oacute;n estricta del cu&aacute;ndo ha de reputarse (y por consiguiente prohibirse) un tribunal como "extraordinario", permite la presencia de m&uacute;ltiples tipos de tribunales diferenciados por &oacute;rdenes, jurisdicci&oacute;n territorial o incluso &aacute;mbito material. Este &uacute;ltimo aspecto es el m&aacute;s pol&eacute;mico, ya que en Espa&ntilde;a han proliferado tribunales de este tipo, sobre todo en el &aacute;mbito penal; no s&oacute;lo la Audiencia Nacional (el caso m&aacute;s arquet&iacute;pico, con la controvertida competencia de conocer en exclusividad de los delitos de terrorismo), sino por la creaci&oacute;n de tribunales dedicados a conocer delitos cometidos por menores, o delitos de violencia de g&eacute;nero. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional respalda la presencia de este tipo de tribunales, puesto que su creaci&oacute;n responder&iacute;a a motivos t&eacute;cnicos, y no s&oacute;lo no pretender&iacute;a mermar garant&iacute;as procesales sino, antes bien, incrementarlas. As&iacute;, por ejemplo, los Juzgados de Menores estar&iacute;an m&aacute;s especializados en la delincuencia juvenil, y podr&iacute;an juzgar con mayor criterio estos delitos que una Audiencia.</p>     <p>La garant&iacute;a procesal se extiende tambi&eacute;n a la predeterminaci&oacute;n legal del juez, exigida expresamente por la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola (art. 117). Predeterminaci&oacute;n que obliga a un conocimiento del juez-&oacute;rgano y del juez-persona, si bien la intensidad de este conocimiento no puede equipararse. La reserva de ley para determinar el tribunal competente (juez-&oacute;rgano) no impide la existencia de reglas administrativas (eso s&iacute;, claras, predeterminadas y ajustadas al canon de razonabilidad) para la distribuci&oacute;n de casos por salas y secciones, y para la adjudicaci&oacute;n a jueces y magistrados concretos (juez-persona).</p>     <p>En todo caso, este conocimiento previo garantiza la imparcialidad del juez, a la que sirven los institutos de abstenci&oacute;n y recusaci&oacute;n. No obstante, la jurisprudencia constitucional ha callado sobre algunos problemas que encierran estos institutos. En primer lugar, la indeterminaci&oacute;n de algunas causas de recusaci&oacute;n, de dif&iacute;cil carga probatoria; en segundo, la extensi&oacute;n de las causas de impugnaci&oacute;n de jueces a los magistrados del Tribunal Constitucional. La diferencia del tipo de procesos (juicio concreto frente a juicio sustancialmente abstracto), la limitada legitimaci&oacute;n activa para acudir al Tribunal Constitucional, y la evidente tendencia a la politizaci&oacute;n obligar&iacute;an a replantearse las causas por las cuales los magistrados pueden ser apartados de un proceso constitucional.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. En lo sucesivo se emplear&aacute;n las siguientes abreviaturas: CE (Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978); LOTC (Ley Org&aacute;nica 2/1979, del 3 de octubre, del Tribunal Constitucional); LOPJ (Ley Org&aacute;nica 6/1985, del 1 de julio, del poder judicial); LEC (Ley 1/2000, del 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil); LECr (Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882); LJCA (Ley 29/1998, del 13 de julio, de la Jurisdicci&oacute;n Contencioso Administrativa); LPL (Real Decreto-Legislativo 2/1995, del 7 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Procedimiento Laboral); LPM (Ley Org&aacute;nica 2/1989, del 13 de abril, Procesal militar). Para las resoluciones del Tribunal Constitucional empleo el sistema de citaci&oacute;n habitual en Espa&ntilde;a: STC (Sentencia del Tribunal Constitucional), ATC (Auto del Tribunal Constitucional), con indicaci&oacute;n del n&uacute;mero, a&ntilde;o y el fundamento jur&iacute;dico (citado como FJ) correspondiente.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Garc&iacute;a Morillo, Joaqu&iacute;n, <i>El amparo judicial de los derechos fundamentales</i>, Madrid, Ministerio de Justicia, 1985; &iacute;d., <i>La protecci&oacute;n judicial de los derechos fundamentales</i>, Tirant lo Blanch, Valencia, 1994; Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, Jes&uacute;s, <i>El derecho a la tutela jurisdiccional</i>, Civitas, Madrid, 1989; Figueruelo Burrieza, &Aacute;ngela, <i>El derecho a la tutela judicial efectiva</i>, Tecnos, Madrid, 1990; Carrillo, Marc, <i>La tutela de los derechos fundamentales por los tribunales ordinarios</i>. Madrid, Bolet&iacute;n Oficial del Estado-Centro de Estudios Constitucionales, Colecci&oacute;n Estudios Constitucionales, 1995; Borrajo Iniesta, Ignacio, Fern&aacute;ndez Farreres, Germ&aacute;n Jos&eacute;, D&iacute;ez-Picazo, Ignacio, <i>El derecho a la tutela judicial efectiva y el recurso de amparo</i>, Civitas, Madrid, 1995. Alonso Garc&iacute;a, Enrique, "El art&iacute;culo 24.1 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional: problemas generales", en <i>Estudios sobre la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola. Homenaje al profesor Eduardo Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a</i>, Civitas, Madrid, 1991, vol. II.</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. El contenido literal del precepto es el siguiente: "Art. 24: 1. Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses leg&iacute;timos, sin que, en ning&uacute;n caso, pueda producirse indefensi&oacute;n. 2. Asimismo, todos tienen derecho al juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusaci&oacute;n formulada contra ellos, a un proceso p&uacute;blico sin dilaciones indebidas y con todas las garant&iacute;as, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra s&iacute; mismos, a no confesarse culpables y a la presunci&oacute;n de inocencia. La ley regular&aacute; los casos en que, por raz&oacute;n de parentesco o de secreto profesional, no se estar&aacute; obligado a declarar sobre hechos presuntamente delictivos".</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Su garant&iacute;a frente a infracciones derivadas de la actividad de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica se encomienda al Defensor del Pueblo, como comisionado de las Cortes para la tutela de los derechos del T&iacute;tulo I. El Defensor del Pueblo es regulado por Ley Org&aacute;nica 3/1981, del 6 de abril, del Defensor del Pueblo.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Los derechos fundamentales del T&iacute;tulo I, Cap&iacute;tulo II, Secci&oacute;n I (arts. 15 a 29), as&iacute; como los del 14 (igualdad formal) y 30.2 (objeci&oacute;n de conciencia al servicio militar, hoy sin eficacia) cuentan para su tutela jurisdiccional con un procedimiento preferente y sumario que se tramita ante los tribunales ordinarios, regul&aacute;ndose en las leyes procesales espec&iacute;ficas de los distintos &oacute;rdenes jurisdiccionales, as&iacute; como la posibilidad de recurrir en amparo ante el Tribunal Constitucional (art. 53.2 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola).</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. La reforma de los derechos fundamentales del T&iacute;tulo I, Cap&iacute;tulo II, Secci&oacute;n I se sujeta al procedimiento de enmienda m&aacute;s gravoso que establece la Constituci&oacute;n (art. 168). Por otra parte, su regulaci&oacute;n est&aacute; sujeta a reserva de ley, tanto org&aacute;nica (desarrollo del derecho fundamental) como ordinaria (regulaci&oacute;n de su ejercicio).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n7" name="7">7</a>. Cfr. Otto, Ignacio de, "La regulaci&oacute;n del ejercicio de los derechos y libertades. La garant&iacute;a de su contenido esencial en el art&iacute;culo 53.1 de la Constituci&oacute;n", en Mart&iacute;n-Retortillo, Lorenzo, Otto, Ignacio de, <i>Derechos fundamentales y Constituci&oacute;n</i>, Civitas, Madrid, 1988, pp. 125 y ss.; Jim&eacute;nez Campo, Javier, Art&iacute;culo 53, en<i> Comentarios a la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978</i>. Madrid, Edersa, 1996, vol. IV, pp. 443 y ss.; &iacute;d., <i>Derechos fundamentales: concepto y garant&iacute;as</i>, Trotta, Madrid, 1999.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Bastida Freijedo, Francisco Jos&eacute; et &aacute;l., <i>Teor&iacute;a general de los derechos fundamentales en la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978</i>, Tecnos, Madrid, 2004, pp. 151 y ss.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Su regulaci&oacute;n se halla en la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola (arts. 53.2, 161.1.b, 162.1.b) y en la Ley Org&aacute;nica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional (arts. 41 a 58).</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. La bibliograf&iacute;a sobre estos derechos es bastante abundante. Se destacan especialmente las siguientes obras: De Diego D&iacute;ez, Luis Alfredo, <i>El derecho al Juez ordinario predeterminado por la Ley</i>, Tecnos, Madrid, 1998; Esparza Leibar, I&ntilde;aki, <i>El principio del proceso debido</i>, Bosch, Barcelona, 1995; Fern&aacute;ndez Viagas, Pl&aacute;cido, <i>El juez imparcial</i>, Comares, Granada, 1997, y Serrano Hoyo, Gregorio, <i>La prohibici&oacute;n de indefensi&oacute;n y su incidencia en el proceso</i>, Comares, Granada, 1997.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a> STC 102/1987, FJ 2; STC 89/1986, del 1 de julio, FJ 3; STC 90/1988, FJ 3; STC 33/1992, FJ 6. Cito las Sentencias del Tribunal Constitucional se&ntilde;alando su n&uacute;mero y a&ntilde;o, as&iacute; como el n&uacute;mero del Fundamento Jur&iacute;dico (FJ) en el que aparece la doctrina constitucional de inter&eacute;s.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. Art&iacute;culo 285 LEC; art&iacute;culo 659 LECr, art&iacute;culo 61 LJCA, art&iacute;culo 87.2 LPL, art&iacute;culo 82 LPM.</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. STC 36/1983, FJ 3; STC 51/1985, FJ 9; STC 40/1986, FJ 2; STC 50/1988, FJ 3; STC 170/1988, FJ 2.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. STC 51/1985, FJ 9; STC 89/1986, FJ 3; STC 199/1996, FJ 6.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. STC 89/1986, FJ 3.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. STC 89/1986, FJ 3.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n17" name="17">17</a>. Art&iacute;culo 281.2 y 3 LEC.</p>     <p><a href="#n18" name="18">18</a>. STC 51/1985, FJ 9.</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. Art&iacute;culo 281.2 LEC; STC 10/2000, FJ 3.</p>     <p><a href="#n20" name="20">20</a>. STC 170/1988, FJ 2.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. STC 50/1988, FJ 3; STC 59/1992, FJ 2; STC 246/1994, FF JJ 3 y 5; STC 217/1998, FJ 2.</p>     <p><a href="#n22" name="22">22</a> STC 60/1988, FJ 2.</p>     <p><a href="#n23" name="23">23</a>. STC 170/1988, FJ 2; STC 33/1992, FJ 6.</p>     <p><a href="#n24" name="24">24</a>. STC 116/1983, FJ 3; STC 51/1985, FJ 9; STC 170/1998, FJ 2.</p>     <p><a href="#n25" name="25">25</a>. STC 102/1987, FJ 2.</p>     <p><a href="#n26" name="26">26</a>. STC 89/1985, FJ 2.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n27" name="27">27</a>. STC 212/1990, FJ 3.</p>     <p><a href="#n28" name="28">28</a>. STC 161/1997, FJ 7.</p>     <p><a href="#n29" name="29">29</a>. STC 197/1995, FFJJ 7 y 8.</p>     <p><a href="#n30" name="30">30</a>. V&eacute;ase el Cap&iacute;tulo IV del C&oacute;digo Penal (arts. 379-385), seg&uacute;n redacci&oacute;n introducida por Ley Org&aacute;nica 15/2007, del 30 de noviembre.</p>     <p><a href="#n31" name="31">31</a>. STC 216/1992, FJ 2.</p>     <p><a href="#n32" name="32">32</a>. STC 155/1994, FJ 2; STC 227/1994 FJ 3.</p>     <p><a href="#n33" name="33">33</a> STC 203/1990, FJ 2; STC 227/1994 FJ 3.</p>     <p><a href="#n34" name="34">34</a>. STC 62/1994, FJ 2.</p>     <p><a href="#n35" name="35">35</a>. STC 9/1982, FJ 1; STC 141/1986, FJ 1; STC 30/1989, FJ 3.</p>     <p><a href="#n36" name="36">36</a>. STC 9/1982, FJ 1; STC 54/1985, FJ 6; STC 53/1987, STC 53/1989; STC 100/1992.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n37" name="37">37</a>. STC 168/1990, FJ 2.</p>     <p><a href="#n38" name="38">38</a>. STC 32/1992, FJ 3; STC 62/1994, FJ 2.</p>     <p><a href="#n39" name="39">39</a>. STC 62/1994, FJ 2.</p>     <p><a href="#n40" name="40">40</a>. STC 30/1989, FJ 3.</p>     <p><a href="#n41" name="41">41</a>. STC 12/1981, FJ 4.</p>     <p><a href="#n42" name="42">42</a>. STC 134/1986, FJ 2.</p>     <p><a href="#n43" name="43">43</a>. STC 141/1986, FJ 1; STC 30/1989, FJ 3.</p>     <p><a href="#n44" name="44">44</a> STC 56/1994, FJ 4.</p>     <p><a href="#n45" name="45">45</a>. STC 30/1989, FJ 3.</p>     <p><a href="#n46" name="46">46</a>. Para que una lengua tenga el car&aacute;cter de cooficial se exige su reconocimiento como tal en el Estatuto de Autonom&iacute;a (es decir, en la norma institucional b&aacute;sica) de la Comunidad Aut&oacute;noma. Ninguna otra disposici&oacute;n normativa, ya sea estatal o auton&oacute;mica, puede invadir esta reserva estatutaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n47" name="47">47</a>. Ley Org&aacute;nica 16/1994, del 8 noviembre, de reforma de la LOPJ.</p>     <p><a href="#n48" name="48">48</a>. STC 105/2000, FJ 12.</p>     <p><a href="#n49" name="49">49</a>. Supone &eacute;sta que la ley, por su car&aacute;cter democr&aacute;tico, ha de reputarse constitucional en tanto no se demuestre fehacientemente lo contrario. Dicho en palabras de Ignacio de Otto, para que una ley sea constitucional basta con que no sea contraria con la Constituci&oacute;n, sin que se le deba exigir, adem&aacute;s, ser conforme con ella. Cfr. Ignacio de Otto, <i>Derecho constitucional. Sistema de fuentes</i>, Ariel, Barcelona, 1988, pp. 148-149.</p>     <p><a href="#n50" name="50">50</a>. STC 95/1995, FJ 2.</p>     <p><a href="#n51" name="51">51</a>. STC 53/1987, FJ 2; STC 83/1992, FJ 1; STC 53/1987, FJ 2; STC 100/1992, FJ 2.</p>     <p><a href="#n52" name="52">52</a>. STC 104/1985, FJ 3; STC 104/1986, FJ 3.</p>     <p><a href="#n53" name="53">53</a>. STC 56/1994, FJ 4.</p>     <p><a href="#n54" name="54">54</a>. V&eacute;ase, por ejemplo, art&iacute;culo 100-116 LECr; art&iacute;culo 19-24 LJCA; art&iacute;culo 16-17 LPL. </p>     <p><a href="#n55" name="55">55</a> No as&iacute; las civiles. Las sentencias civiles dictadas en rebeld&iacute;a, sin embargo, pueden ser rescindidas &ndash;aun siendo firmes&ndash; a instancia del rebelde cuando concurren las circunstancias excepcionales previstas en el art&iacute;culo 501 LEC: fuerza mayor ininterrumpida, que impidi&oacute; al rebelde comparecer en todo momento, aunque haya tenido conocimiento del pleito por haber sido citado o emplazado en forma; desconocimiento de la demanda y del pleito, cuando la citaci&oacute;n o el emplazamiento se hubieren practicado por c&eacute;dula, a tenor del art&iacute;culo 161, pero &eacute;sta no hubiese llegado a poder del demandado rebelde por causa que no le sea imputable; desconocimiento de la demanda y del pleito, cuando el demandado rebelde haya sido citado o emplazado por edictos, y haya estado ausente del lugar en que se haya seguido el proceso y de cualquier otro lugar del Estado o de la Comunidad Aut&oacute;noma, en cuyos boletines oficiales se hubiesen publicado aqu&eacute;llos. Sin embargo, la LEC no admite el reconocimiento de sentencias extranjeras dictadas en rebeld&iacute;a (art. 952 de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881, correspondiente a la parte no derogada por la actual Ley de Enjuiciamiento Civil de 2000).</p>     <p><a href="#n56" name="56">56</a>. V&eacute;ase tambi&eacute;n al respecto STC 87/1994, FJ 4 y 6.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n57" name="57">57</a>. STC 111/1984, FJ 3.</p>     <p><a href="#n58" name="58">58</a>. STC 101/1984, FJ 4. Sobre el juez imparcial y su relaci&oacute;n con la predeterminaci&oacute;n del juez, V&eacute;ase Jim&eacute;nez Asensio, Rafael, <i>Imparcialidad judicial y derecho al juez imparcial</i>, Aranzadi, Navarra, 2002, pp. 234 y ss.</p>     <p><a href="#n59" name="59">59</a>. STC 47/1983, FJ 2.</p>     <p><a href="#n60" name="60">60</a>. STC 101/1984, FJ. 4; STC 93/1988, FJ. 4.</p>     <p><a href="#n61" name="61">61</a>. STC 93/1988, FJ 5.</p>     <p><a href="#n62" name="62">62</a>. ATC 42/1996, del 14 de febrero de 1996, FJ 1-3.</p>     <p><a href="#n63" name="63">63</a>. STC 44/1985, FJ 4; STC 148/1987, FJ 1; STC 31/1983, FJ 3; STC 22/1985, FJ 3.</p>     <p><a href="#n64" name="64">64</a>. Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881 (arts. 56 a 71); LEC (Libro I, T&iacute;tulo II, arts. 36-62); LECr (arts. 8-18); LJCA (arts. 1-7); LPL (art. 4-11); LPM (arts. 9-11).</p>     <p><a href="#n65" name="65">65</a>. STC 55/1990, FJ 3; STC 171/1999, del 27 de septiembre, F. J. 2; STC 199/1987, FJ 6.</p>     <p><a href="#n66" name="66">66</a> STC 55/1990, del 28 de marzo, FJ 3.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n67" name="67">67</a>. STC 101/1984, del 7 de noviembre, FJ 2 y 4.</p>     <p><a href="#n68" name="68">68</a>. V&eacute;anse tambi&eacute;n las reglas relativas al reparto de asuntos entre Juzgados de Primera Instancia, cuando existen varios en un mismo partido judicial (art. 68 de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil).</p>     <p><a href="#n69" name="69">69</a>. ATC 13/1989, del 16 de enero, FJ 2; STC 205/1994, del 11 de julio, F.J. 4; STC 64/2001, del 17 de marzo, FJ. 4.</p>     <p><a href="#n70" name="70">70</a>. STC 101/1983, del 8 de noviembre, FJ 5.</p>     <p><a href="#n71" name="71">71</a>. STC 282/1993, del 27 de septiembre, FJ 3 y 4; STC 64/1997, del 7 de abril, FJ 3.</p>     <p><a href="#n72" name="72">72</a>. V&eacute;anse, por ejemplo, los art&iacute;culos 161.3 y 172.4 LOPJ.</p>     <p><a href="#n73" name="73">73</a>. STC 106/1989, FJ 2.</p>     <p><a href="#n74" name="74">74</a>. STC 47/1982, FJ 3; STC 145/1988, FJ 5; STC 98/1990, FJ 4; STC 60/1995, FJ 3.</p>     <p><a href="#n75" name="75">75</a>. STC 180/1991, FJ 6.</p>     <p><a href="#n76" name="76">76</a>. V&eacute;ase tambi&eacute;n el voto particular del magistrado Garc&iacute;a Manzano a la STC 69/1981.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n77" name="77">77</a> STC 69/1981, FJ 21. En este sentido, el juez que se abstenga de conocer un proceso por causas distintas a las legalmente previstas incurrir&aacute; en responsabilidad disciplinaria calificada como falta grave (art. 418.15 LOPJ).</p>     <p><a href="#n78" name="78">78</a>. STC 47/1982, FJ 3; STC 145/1988, FJ 5.</p>     <p><a href="#n79" name="79">79</a>. STC 136/1992, FJ 2; STC 60/1995, FJ 3.</p>     <p><a href="#n80" name="80">80</a>. STC 136/1992, FJ 2; STC 60/1995, FJ 3.</p>     <p><a href="#n81" name="81">81</a>. STC 60/1995, FJ 3.</p>     <p><a href="#n82" name="82">82</a>. STC 69/1991, FJ 21.</p>     <p><a href="#n83" name="83">83</a>. La legislaci&oacute;n procesal laboral introduce una limitaci&oacute;n temporal: "la recusaci&oacute;n habr&aacute; de proponerse en instancia con anterioridad a la celebraci&oacute;n de los actos de conciliaci&oacute;n y juicio y, en recursos, antes del d&iacute;a se&ntilde;alado para la votaci&oacute;n y fallo o, en su caso, para la vista" (art. 15).</p>     <p><a href="#n84" name="84">84</a>. Todav&iacute;a es muy reciente la cadena de recusaciones que se produjo en el Tribunal Constitucional por parte de los dos partidos principales, Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol y Partido Popular, en un intento evidente de lograr que los recursos pendientes (algunos tan trascendentes como el relativo al Estatuto de Autonom&iacute;a de Catalu&ntilde;a, o a la pol&eacute;mica Ley que permite el matrimonio homosexual) se resolviese s&oacute;lo por los magistrados m&aacute;s afines a las posturas pol&iacute;ticas de uno y otro partido. As&iacute;, el Partido Popular recus&oacute; al magistrado Pablo P&eacute;rez Tremps (propuesto por el gobierno socialista), consider&aacute;ndolo parcial para resolver el recurso de inconstitucionalidad presentado contra el Estatuto de Autonom&iacute;a de Catalu&ntilde;a, bas&aacute;ndose en que dicho magistrado hab&iacute;a elaborado un informe jur&iacute;dico sobre dicha ley antes de ser magistrado, en su calidad de profesor de derecho constitucional. La resoluci&oacute;n es conflictiva, ya que ser&iacute;a una cortapisa para que pudieran ejercer como magistrados del Tribunal Constitucional muchos juristas cualificados ajenos a la judicatura (en la que, obviamente, no caben informes jur&iacute;dicos como el realizado por P&eacute;rez Tremps). Pi&eacute;nsese si podr&iacute;a considerarse parcial un magistrado que, como profesor universitario, hab&iacute;a publicado un texto sobre una materia concreta que se somete a su enjuiciamiento.</p>     <p><a href="#n85" name="85">85</a>. STC 111/1984, FJ 3; STC 66/1986, FFJJ 4 y 5; STC 4/1990, FJ 5Âº.</p>     <p><a href="#n86" name="86">86</a>. STC 66/1986, FJ. 4; STC 4/1990, FJ 3.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n87" name="87">87</a>. Los delitos cuyo conocimiento compete a este pol&eacute;mico &oacute;rgano se hallan en la Ley Org&aacute;nica 6/1985, de 1 de julio, del poder judicial (art. 65). Sin embargo, una de sus competencias m&aacute;s relevantes y, por la que este &oacute;rgano se ha convertido en un referente judicial en Espa&ntilde;a (el terrorismo) est&aacute; fijada por la Disposici&oacute;n Transitoria de la Ley Org&aacute;nica 4/1988, del 25 de mayo, de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.</p>     <p><a href="#n88" name="88">88</a> STC 56/1990, FJ 36.</p> <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A</i></b></p>     <p>Aunque el trabajo ha sido elaborado sobre una base fundamentalmente normativa y jurisprudencial, destaco a continuaci&oacute;n algunas obras de especial relevancia en el tema aunque, desde luego, sin &aacute;nimo de exhaustividad.</p>     <!-- ref --><p>1. Alonso Garc&iacute;a, Enrique, El art&iacute;culo 24.1 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional: problemas generales, en <i>Estudios sobre la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola. Homenaje al profesor Eduardo Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a</i>. Madrid, Civitas, 1991, vol. II.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-0579200800020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bastida Freijedo, Francisco Jos&eacute; et &aacute;l., <i>Teor&iacute;a general de los derechos fundamentales en la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978</i>. Madrid, Tecnos,2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-0579200800020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Borrajo Iniesta, Ignacio; Fern&aacute;ndez Farreres, Germ&aacute;n Jos&eacute;; D&iacute;ez-Picazo, Ignacio, <i>El derecho a la tutela judicial efectiva y el recurso de amparo</i>. Madrid, Civitas, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-0579200800020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Carrillo, Marc, <i>La tutela de los derechos fundamentales por los tribunales ordinarios</i>. Madrid, Bolet&iacute;n Oficial del Estado-Centro de EstudiosConstitucionales, Colecci&oacute;n Estudios Constitucionales, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-0579200800020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. De Diego D&iacute;ez, Luis Alfredo, <i>El derecho al juez ordinario predeterminado por la Ley</i>. Madrid, Tecnos, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-0579200800020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Esparza Leibar, I&ntilde;aki, <i>El principio del proceso debido</i>. Barcelona, Bosch, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-0579200800020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Fern&aacute;ndez Viagas, Pl&aacute;cido, <i>el juez imparcial</i>. Granada, Comares, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-0579200800020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Figueruelo Burrieza, &Aacute;ngela, <i>El derecho a la tutela judicial efectiva</i>. Madrid, Tecnos, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-0579200800020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Garc&iacute;a Morillo, Joaqu&iacute;n, <i>El amparo judicial de los derechos fundamentales</i>. Madrid, Ministerio de Justicia, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-0579200800020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Garc&iacute;a Morillo, Joaqu&iacute;n, <i>La protecci&oacute;n judicial de los derechos fundamentales</i>. Valencia, Tirant lo Blanch, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-0579200800020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, Jes&uacute;s, <i>El derecho a la tutela jurisdiccional</i>. Madrid, Civitas, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-0579200800020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Jim&eacute;nez Asensio, Rafael, <i>Imparcialidad judicial y derecho al juez imparcial</i>. Navarra, Aranzadi, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-0579200800020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Jim&eacute;nez Campo, Javier, Art&iacute;culo 53, en <i>Comentarios a la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978</i>. Madrid, Edersa, 1996, vol. IV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-0579200800020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Jim&eacute;nez Campo, Javier, <i>Derechos fundamentales: concepto y garant&iacute;as</i>. Madrid, Trotta, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-0579200800020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Mart&iacute;n-Retortillo, Lorenzo, de Otto, Ignacio, <i>Derechos fundamentales y Constituci&oacute;n</i>. Madrid, Civitas, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-0579200800020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Serrano Hoyo, Gregorio, <i>La prohibici&oacute;n de indefensi&oacute;n y su incidencia en el proceso</i>. Granada, Comares, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-0579200800020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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