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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Proceso de institucionalización de la higiene: estado, salubridad e higienismo en Colombia en la primera mitad del siglo XX]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper seeks to set out the process by which national elites made major efforts to the hygiene apparatus in Colombia a responsibility of the national state. The motivations behind this were a mix of racial, medical and social reasons. During this period, Colombian doctors, thanks to a racial ideology, built a pro-hygiene narrative in which they argued for the importance of institutionalizing the hygiene apparatus. The paper’s analysis is based upon legislation, reports to the National Congress and medical conferences. The sources have been studied from the perspective of discourse analysis.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Proceso de institucionalizaci&oacute;n de la higiene: estado, salubridad e higienismo en Colombia en la primera mitad del siglo XX*</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>The process of institutionalization of hygiene: the state, health and hygiene in Colombia in the first half of the 20th century</b></p>     <p><b><i>Mar&iacute;a-Teresa Guti&eacute;rrez**</i></b></p>     <p>* Este art&iacute;culo es producto de la tesis elaborada por la autora para la maestr&iacute;a de Historia de la Universidad de los Andes, en el a&ntilde;o 2008.</p>     <p>** IEPRI - Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia. Antrop&oacute;loga de la Universidad Nacional de Colombia y mag&iacute;ster de la Universidad de los Andes. Actualmente es Asistente junior del IEPRI (Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales) de la Universidad Nacional de Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mariate_gu@hotmail.com">mariate_gu@hotmail.com </a></p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 16 de febrero de 2010    <br> Fecha de aprobaci&oacute;n: 5 de abril de 2010</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Este art&iacute;culo pretende entender los procesos mediante los cuales en Colombia, en la primera mitad del siglo XX, las &eacute;lites nacionales hicieron grandes esfuerzos por institucionalizar la higiene como una de las principales funciones del Estado colombiano. Las argumentaciones para que esto se diera pasaron por teor&iacute;as raciales, m&eacute;dicas y sociales que estaban en boga en este momento. En este sentido, los m&eacute;dicos colombianos-gracias a la ideolog&iacute;a racialista con la cual estaban armados- construyeron un discurso pro higienismo con el cual intentaron la institucionalizaci&oacute;n de un aparato higienista que fuera apropiado para la naci&oacute;n. El estudio se hace a partir de las siguientes fuentes: legislaci&oacute;n, informes presentados al Congreso de la Rep&uacute;blica, memorias de congresos m&eacute;dicos, entre otros, y fueron analizadas desde la perspectiva de an&aacute;lisis del discurso. Este art&iacute;culo atraviesa lostres momentos fundamentales de la institucionalizaci&oacute;n de la higiene con sus dificultades y sus avances.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> higienismo, institucionalizaci&oacute;n, teor&iacute;as racialistas.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This paper seeks to set out the process by which national elites made major efforts to the hygiene apparatus in Colombia a responsibility of the national state. The motivations behind this were a mix of racial, medical and social reasons. During this period, Colombian doctors, thanks to a racial ideology, built a pro-hygiene narrative in which they argued for the importance of institutionalizing the hygiene apparatus. The paper’s analysis is based upon legislation, reports to the National Congress and medical conferences. The sources have been studied from the perspective of discourse analysis.</p>     <p><b>Key words:</b> hygienism, institutionalization, racial theories.</p> <hr>     <p><b><i>INTRODUCCI&Oacute;N</i></b></p>     <p>En este art&iacute;culo intentar&eacute; mostrar la forma en que las &eacute;lites m&eacute;dicas colombianas de la primera mitad del siglo XX intentaron implantar el aparato higi&eacute;nico como una de las funciones fundamentales del Estado colombiano. Estos intentos se evidencian en el proceso legal y normativo que tuvo el aparato higi&eacute;nico en el pa&iacute;s y por ende una de las principales fuentes de este art&iacute;culo son las leyes emitidas en la primera mitad del siglo XX. Estas leyes se pueden dividir en dos tipos: las que regulan el aparato higi&eacute;nico a nivel nacional y las que regulan el aparato higi&eacute;nico a nivel interno, es decir las que determinan las funciones que deb&iacute;a cumplir la higiene en el periodo.</p>     <p>Por falta de espacio y de informaci&oacute;n consistente para todo el periodo y todo el territorio colombiano no se tratar&aacute;n las leyes que regulaban y organizaban la higiene a nivel regional o municipal; la informaci&oacute;n del funcionamiento de la higiene en estos niveles se realiza a partir de los informes que produjeron los encargados del aparato higi&eacute;nico del pa&iacute;s al Congreso sobre el funcionamiento de la misma en el territorio nacional. La perspectiva que se tuvo para analizar las fuentes aqu&iacute; expuestas es la de an&aacute;lisis del discurso, la cual permite ver la legislaci&oacute;n, los informes al Congreso y los congresos m&eacute;dicos en su doble aspecto pol&iacute;tico-cient&iacute;ficos. Esto enriquece el estudio y aporta a otros trabajos que se han escrito, o que se puedan escribir sobre el tema, una riqueza discursiva y anal&iacute;tica importante.</p>     <p>Los m&eacute;dicos e higienistas colombianos de la primera mitad del siglo XX construyeron un discurso especial en el cual combinaron ideas racialistas con corrientes m&eacute;dicas de la &eacute;poca. Sin embargo, debemos aclarar que la propuesta higienista en este periodo no se qued&oacute; s&oacute;lo en las ideas sino que los higienistas propugnaron por la implementaci&oacute;n de una serie de medidas y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que cre&iacute;an necesarias para mejorar el estado de la naci&oacute;n y sus habitantes. En ese sentido, plasmar&eacute; en este art&iacute;culo el proceso mediante el cual las &eacute;lites colombianas de primera mitad del siglo XX lograron el establecimiento y fortalecimiento del aparato higi&eacute;nico en el pa&iacute;s.</p>     <p>As&iacute;, analizar&eacute; el proceso de institucionalizaci&oacute;n de la higiene, caracterizado por los esfuerzos del Estado central por controlarla junto con la salubridad, y por las dificultades que encontr&oacute; para que las regiones cedieran la tutela del manejo de las instituciones creadas para manejar estos temas. Es decir, el conflicto entre Estado central y gobierno regional sigui&oacute; vigente de tal manera que tuvo grandes dificultades en la tarea de legislar, organizar y coordinar los servicios de higiene y salubridad como veremos m&aacute;s adelante.</p>     <p>De la misma manera, analizar&eacute; el proceso mediante el cual la higiene en Colombia en la primera mitad del siglo XX se institucionaliz&oacute;, y examinar&eacute; su creciente importancia. Es conveniente recordar que, para la mitad del siglo, la cuesti&oacute;n de la higiene era una de las funciones m&aacute;s importantes del Estado colombiano. Sostengo que esto fue as&iacute; gracias a dos procesos fundamentales. Por un lado, un cambio en la concepci&oacute;n de lo social, de manera que las responsabilidades del Estado para con la sociedad, y especialmente con las clases m&aacute;s desfavorecidas, se ampli&oacute;, dando cabida al paso de la beneficencia a la asistencia p&uacute;blica. Y por otro, los importantes esfuerzos hechos por el Estado colombiano desde finales del siglo XIX por superar las diferencias y tensiones regionales, constituy&eacute;ndose como un ente centralizador del poder pol&iacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>PROCESO DE INSTITUCIONALIZACI&Oacute;N DE LA HIGIENE: ESTADO, SALUBRIDAD E HIGIENISMO EN COLOMBIA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX</i></b></p>     <p>Seg&uacute;n Mario Hern&aacute;ndez, en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX la preocupaci&oacute;n por la cuesti&oacute;n social se hizo evidente en tres tipos de pol&iacute;tica social, que ven&iacute;an forj&aacute;ndose desde el siglo XIX.<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> En primera instancia tenemos la beneficencia p&uacute;blica, la cual se dirigi&oacute; primordialmente a los pobres y se fundament&oacute; en la caridad cristiana con algunos auxilios estatales. En segundo lugar, exist&iacute;a el ejercicio privado de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, que era escaso y adem&aacute;s accesible s&oacute;lo a las clases acomodadas. Y por &uacute;ltimo, tenemos la higiene, la cual era dividida en p&uacute;blica y privada, y que trataremos extensamente m&aacute;s adelante.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> Aunque estos tres tipos de pol&iacute;tica social coexistieron en la primera mitad del siglo XX, aqu&iacute; solo tratar&eacute; la beneficencia y la higiene.</p>     <p>La beneficencia abarc&oacute; toda la inmensa gama de las necesidades y dolores que apenaban al g&eacute;nero humano.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> Desde su origen, las actividades de beneficencia se han relacionado directamente con acciones humanitarias y altruistas a cargo del Estado o de particulares, con el objetivo de ayudar a personas que se encuentran en situaciones de necesidad, ocasionadas por la carencia de condiciones m&iacute;nimas de supervivencia tales como alimentaci&oacute;n, vestido, vivienda, atenci&oacute;n m&eacute;dica y medios econ&oacute;micos. La beneficencia convivi&oacute; con otras formas de protecci&oacute;n tales como la asistencia p&uacute;blica y privada, la cofrad&iacute;a, la mutualidad, la previsi&oacute;n y el seguro social. Desde sus or&iacute;genes, &eacute;sta ha estado ligada a actividades de tipo religioso, militar y de caridad, siempre con objetivos filantr&oacute;picos, caritativos o compasivos.</p>     <p>En Colombia, desde el siglo XVIII empez&oacute; a percibirse un cambio en el pensamiento hacia los pobres; cambio que tuvo que ver con la universalizaci&oacute;n de la pobreza, puesto que el problema pas&oacute; de ser de car&aacute;cter individual a ser de car&aacute;cter social. De esta manera, la pobreza se insert&oacute; en un tipo de sociedad en la cual se la ve&iacute;a como una enfermedad. Sin embargo, la presencia de los pobres se hac&iacute;a necesaria puesto que eran la mano de obra de los trabajos pesados.</p>     <p>En la medida en que la pobreza se inscribi&oacute; en una ideolog&iacute;a de distinto orden, la Iglesia, el Estado, los gremios y los trabajadores propugnaron por una estrategia distinta de soluci&oacute;n o aplacamiento de la situaci&oacute;n.<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> Entre 1830 y 1860, por ejemplo, se empez&oacute; a constituir una nueva forma de beneficencia en Bogot&aacute; en la cual el papel del m&eacute;dico, pero sobre todo el de las instituciones de reclusi&oacute;n, fue fundamental. En la medida en que los pobres eran "un peligro para el bienestar de las gentes de bien", se tendi&oacute; a su reclusi&oacute;n en presidios, hospitales, leprosorios y asilos. Tambi&eacute;n, una de las estrategias m&aacute;s usadas, fue la de llamar a los pobres a las l&iacute;neas del ej&eacute;rcito, no obstante, esta medida era temporal y poco efectiva.<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a></p>     <p>Por otro lado, al ser Bogot&aacute; la capital del pa&iacute;s, fue blanco principal de campesinos y terratenientes ca&iacute;dos en desgracia que migraron a esta ciudad en busca de oportunidades, lo cual promovi&oacute; la pauperizaci&oacute;n de la misma. De esta manera, las estrategias adoptadas por la administraci&oacute;n y por las instituciones religiosas resultaron infructuosas.<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a></p>     <p>Ante los intentos, en el siglo XIX, de secularizar la beneficencia, los administradores de la caridad se encontraron con una realidad irrefutable: la experiencia de las instituciones religiosas en este sentido.<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> Lo caracter&iacute;stico, desde finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, era la superposici&oacute;n de esfuerzos e iniciativas sin que existiera un referente claro -&iquest;el Estado?, &iquest;la Iglesia?, &iquest;los vecinos?- frente a los problemas sociales que el desarrollo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico generaban. En esta superposici&oacute;n de esfuerzos las iniciativas filantr&oacute;picas no desempe&ntilde;aban un papel menor. A comienzos del siglo XX las &oacute;rdenes religiosas manejaban los recursos que donaban las personas pudientes, l&iacute;deres regionales y locales, y due&ntilde;os de tierras y comerciantes, quienes ve&iacute;an la filantrop&iacute;a como un deber cristiano.<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a></p>     <p>Con el proceso de medicalizaci&oacute;n y el planteamiento de los problemas sociales como responsabilidad del Estado por parte de los m&eacute;dicos, podemos reconocer la transformaci&oacute;n de la beneficencia en asistencia p&uacute;blica. En la primera mitad del siglo XX los higienistas propugnaron no s&oacute;lo por una mejora en los servicios hospitalarios, controlados por &oacute;rdenes religiosas, sino que a partir de la segunda d&eacute;cada del mismo siglo se involucraron de manera directa en la forma en la que el Estado intent&oacute; solucionar el problema social de la pobreza. La manera en que lo hicieron fue diferencial. En algunos casos algunos prefirieron la construcci&oacute;n de sus propios hospitales, como el de San Carlos, especializado en tuberculosos. Pero fueron los higienistas quienes, desde su posici&oacute;n privilegiada, emitieron reglamentaciones a establecimientos de atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n y propugnaron por la aceptaci&oacute;n del cuerpo m&eacute;dico en las instituciones de beneficencia, de manera que su intervenci&oacute;n fue directa. Adem&aacute;s, a partir de la segunda d&eacute;cada del siglo XX -como veremos m&aacute;s adelante- la higiene empez&oacute; a controlar los servicios de caridad y beneficencia, pues a &eacute;sta se incorpor&oacute; la asistencia p&uacute;blica, de manera que la cuesti&oacute;n social hizo parte, cada vez con mayor fuerza, de la instituci&oacute;n higi&eacute;nica.</p>     <p>El periodo higienista en Colombia comienza desde 1886 con la creaci&oacute;n de la Junta Central de Higiene, aunque realmente la aplicaci&oacute;n de las normas dictadas en esta fecha es m&aacute;s tard&iacute;a debido a la turbulenta vida pol&iacute;tica colombiana que se vivi&oacute; hasta principios del siglo XX; y podr&iacute;amos decir que finaliza en 1953 con la creaci&oacute;n del Ministerio de Salud, cuando la ideolog&iacute;a higienista se transform&oacute; hacia una ideolog&iacute;a salubrista.</p>     <p>Este gran periodo higienista puede dividirse en etapas, en las cuales la higiene se fue institucionalizando progresivamente. En primera instancia tenemos el periodo comprendido de 1886 a 1920, en el cual la higiene era muy d&eacute;bil, sobre todo por problemas para hacer valer las normas higi&eacute;nicas en los espacios regionales que no quer&iacute;an ser controlados desde una instancia centralizadora estatal. En segundo lugar tenemos el periodo comprendido entre 1920 y 1937, el cual fue especialmente productivo en reforzar y hacer cumplir normas dictadas anteriormente pero controlando adem&aacute;s instituciones de suma importancia. Por &uacute;ltimo, de 1938 a 1953, se vivi&oacute; un periodo en el cual el progreso higi&eacute;nico se increment&oacute; representativamente, logrando que en el a&ntilde;o de 1938 se constituyera el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsi&oacute;n Social y, seguidamente, en 1946, logr&oacute; establecer su propio ministerio. Sin embargo, en 1953 se organiz&oacute; el Ministerio de Salud, el cual dejar&iacute;a de lado a la higiene.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el periodo de tiempo entre 1886 y 1953, la higiene reglament&oacute; la prevenci&oacute;n y profilaxis de enfermedades infecciosas y contagiosas; la sanidad y navegaci&oacute;n mar&iacute;tima y fluvial; la higiene de inmuebles; el consumo y fabricaci&oacute;n de licores, cervezas, bebidas gaseosas y fermentadas; los laboratorios de higiene, entre otros. Las campa&ntilde;as de higiene de inmuebles y consumo de bebidas alcoh&oacute;licas tuvieron una fuerza mayor a nivel municipal.</p>     <p>Como afirma Hern&aacute;ndez, desde finales del siglo XIX y principios del XX, con la Ley 30 de 1886, la higiene se consolid&oacute; como un aparato &uacute;til en la profilaxis de las enfermedades que azotaban al pa&iacute;s, especialmente por los tratados que se firmaron a principios del siglo XX en las conferencias sanitarias de Washington y Par&iacute;s.<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a> Para este autor, los personajes que influyeron en mayor medida sobre el establecimiento de la higiene como &oacute;rgano gubernamental se instituyeron en una especie de tecnocracia, pues al ser m&eacute;dicos utilizaron sus conocimientos especializados para hacerse imprescindibles a la hora de tomar decisiones en materia higi&eacute;nica.<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> No sabemos con certeza qu&eacute; clase de aparato higi&eacute;nico exist&iacute;a antes de 1886, sin embargo, Pablo Garc&iacute;a Medina,<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a> uno de los mayores promotores de la higiene en Colombia, afirma en una compilaci&oacute;n sobre leyes, decretos, acuerdos y resoluciones sobre higiene que "antes de 1886 el servicio de higiene estaba encomendado a cada uno de los Estados que formaba la naci&oacute;n, de manera que no hab&iacute;a armon&iacute;a en las diversas disposiciones, que eran muy deficientes".<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a></p>     <p><b><i>1. Primer periodo: la higiene entre 1886 y 1920</i></b></p>     <p><a href="img/revistas/esju/v12n1/v12n1a5f1.jpg" target="_blank">Ver imagen</a></p>     <p>En el periodo comprendido entre 1886 y 1920, la higiene empez&oacute; a configurarse como un servicio estatal organizado. En este sentido, la manera en que sufri&oacute; cambios constantes en su organizaci&oacute;n y adscripci&oacute;n a entes estatales se debi&oacute; a la relevancia que se le dio en distintos momentos de esta etapa. Como hemos dicho repetidas veces, la Ley 30 de 1886, impulsada por el m&eacute;dico Nicol&aacute;s Osorio, permiti&oacute; que el servicio organizado de higiene empezara a funcionar de manera centralizada. Con la creaci&oacute;n de la Junta Central de Higiene en 1886 se intent&oacute; fortalecer el servicio higi&eacute;nico, de manera que las disposiciones que dictara deb&iacute;an ser de car&aacute;cter obligatorio.<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a> Sin embargo, las dificultades de orden pol&iacute;tico, como la Guerra de los Mil D&iacute;as y la p&eacute;rdida de Panam&aacute;, hicieron que el servicio comenzara a funcionar realmente hasta despu&eacute;s de 1904, con Rafael Reyes en el poder. Las actividades principales de la Junta Central de Higiene fueron las de controlar las enfermedades epid&eacute;micas y end&eacute;micas, y responsabilizarse del saneamiento y control de los puertos. Esto &uacute;ltimo era importante porque se hac&iacute;a siguiendo los acuerdos firmados en las convenciones sanitarias de Washington y Par&iacute;s, en 1908 y 1912 respectivamente.<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a> Entre sus funciones tambi&eacute;n estuvo el manejo de aguas, alimentos, entre otros.<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a></p>     <p>Los cambios en cuanto al nombre de la instituci&oacute;n higi&eacute;nica y su dependencia a distintos ministerios tambi&eacute;n tuvo que ver con la necesidad creciente de dotar de instrumentos jur&iacute;dicos de peso a la normatividad higienista. Los m&eacute;dicos colombianos, por ejemplo, en un intento modernizador, hicieron la propuesta en el II Congreso M&eacute;dico de Medell&iacute;n, en 1913, de la creaci&oacute;n de este Consejo de Sanidad, el cual se hizo efectivo con la Ley 33.<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a> El Consejo estaba compuesto por tres m&eacute;dicos, un profesor de ciencias naturales y un bacteri&oacute;logo. Las Juntas Departamentales siguieron funcionando, pero ahora pasaron a depender del Consejo.</p>     <p>La idea de formar este Consejo era la de darle mayor poder jur&iacute;dicopol&iacute;tico al higienismo en Colombia. As&iacute;, cuando en 1914, con la Ley 84 se volvi&oacute; a la Junta Central de Higiene, esta corporaci&oacute;n contaba con m&aacute;s instrumentos jur&iacute;dicos para controlar y reglamentar la higiene en el pa&iacute;s.<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a> Los integrantes de esta Junta deb&iacute;an ser cuatro miembros: m&eacute;dicos graduados que ten&iacute;an a su cargo la "direcci&oacute;n, reglamentaci&oacute;n y vigilancia de la higiene p&uacute;blica y privada de la Naci&oacute;n".<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a> Los departamentos y municipios ten&iacute;an que encargarse del mantenimiento de los entes locales, pero quedando dependientes siempre de la Junta Central de Higiene.</p>     <p>En este periodo la colaboraci&oacute;n estatal estaba restringida a un caso especial, el de amenaza epid&eacute;mica, y los departamentos y municipios hac&iacute;an los gastos correspondientes a la higiene pero sin tener control legal de estas instituciones.<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a> Esto cre&oacute; tensiones entre las regiones y el Estado centralista; lo que se hizo aun m&aacute;s evidente con la Reforma Constitucional de 1910, la cual le daba la posibilidad a los poderes locales de tomar decisiones aut&oacute;nomas en cuanto al gobierno de la regi&oacute;n, adem&aacute;s de devolver gran parte de las rentas a los departamentos y municipios como estrategia para controlar a los gamonales regionales y generar conflictos entre lo que las leyes promulgaban; es decir, un centralismo con las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas en las cuales los poderes regionales pesaban m&aacute;s.<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a></p>     <p>Con la creaci&oacute;n de la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene, por medio del Decreto N&uacute;mero 2198 de 1918, se resaltaron dos nuevos puntos importantes. Por una parte, se estableci&oacute; la organizaci&oacute;n y direcci&oacute;n de los lazaretos a cargo de la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene; este ramo era anteriormente independiente y era controlado y regulado por religiosos. As&iacute;, en 1918 se empezaron a dar pasos para que servicios independientes iniciaran a ser parte del aparato higi&eacute;nico nacional. &Eacute;ste tambi&eacute;n es el caso de la lucha contra la tuberculosis, pues en 1919 se estableci&oacute; que esta campa&ntilde;a pasara a manos de la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene.<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a></p>     <p>Por otra parte, siendo consistente con las corrientes cient&iacute;ficas en boga en ese momento, se estableci&oacute; la creaci&oacute;n de un Instituto Bacteriol&oacute;gico Central que tendr&iacute;a la funci&oacute;n de "practicar los trabajos bacteriol&oacute;gicos o qu&iacute;micos que exigieran el estudio de las enfermedades o el cumplimiento de las disposiciones sobre higiene".<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a> Aunque, por falta de recursos, esto no se hizo efectivo sino hasta mucho despu&eacute;s, es notorio el hecho de que los laboratorios de higiene iban a ser, a lo largo del periodo higienista, una preocupaci&oacute;n importante, sobre todo como &oacute;rgano consultor en cuanto a alimentos, bebidas alcoh&oacute;licas, aguas y leches, entre otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el informe presentado por la Junta Central de Higiene al Congreso, en 1916, se hicieron evidentes algunos de los logros, pero tambi&eacute;n las limitaciones de este organismo. As&iacute;, por ejemplo, era claro que las autoridades departamentales y municipales no hac&iacute;an cumplir las disposiciones, no s&oacute;lo por falta de recursos sino "por descuido o inercia". Tanto es as&iacute; que s&oacute;lo algunos departamentos, como Atl&aacute;ntico, Cundinamarca y Tolima, cumplieron eficientemente con la implementaci&oacute;n de la vacuna de la viruela como medio de prevenci&oacute;n de una epidemia.<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a></p>     <p>Pero no todo era problemas. El director de la Junta Central de Higiene, Manuel Lobo, afirmaba en 1916 que la concientizaci&oacute;n que se estaba llevando a cabo hab&iacute;a sido importante, sin contar con que cada vez m&aacute;s las publicaciones de la Junta Central de Higiene eran reproducidas por los Directores Departamentales de Higiene. El optimismo de este galeno se hace evidente al expresar que la labor educadora realizada en 1916 hab&iacute;a sido de gran importancia, no s&oacute;lo porque era muestra de los avances en materia de higiene en el pa&iacute;s, sino porque tambi&eacute;n formaba a las nuevas generaciones en estos temas.<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a></p>     <p>No hay que perder de vista tambi&eacute;n que la pugna regional-nacional, por el control de las instituciones higi&eacute;nicas, tuvo al menos un aspecto positivo; es decir, las regiones hicieron grandes esfuerzos, principalmente los municipios de Medell&iacute;n y Bogot&aacute;, por lograr avances significativos en materias higi&eacute;nicas a principios de siglo XX. De manera que si bien terminar&iacute;an adapt&aacute;ndose a las disposiciones estatales centrales, sus aparatos higi&eacute;nicos eran obra del esfuerzo por demostrar su competencia administrativa en ese campo. En este sentido, Medell&iacute;n fue especialmente innovador al organizar una campa&ntilde;a para la construcci&oacute;n del acueducto con recursos provenientes de un empr&eacute;stito otorgado por Estados Unidos, sin colaboraci&oacute;n alguna del gobierno nacional.</p>     <p>Bogot&aacute; estaba un poco m&aacute;s atrasada. Aunque desde 1916 empez&oacute; a negociar un empr&eacute;stito con Estados Unidos para realizar las principales obras de saneamiento, s&oacute;lo fue hasta 1919 que se estableci&oacute; la Junta de Saneamiento de Bogot&aacute; apoyada econ&oacute;micamente por el municipio y el Estado central.<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a> Al hablar de saneamiento nos referimos, principalmente, a la construcci&oacute;n del acueducto y a la desinfecci&oacute;n de habitaciones antihigi&eacute;nicas. Manuel Lobo afirmaba, en su informe de 1916, que estas habitaciones eran la principal causa de aparici&oacute;n y propagaci&oacute;n de la tuberculosis en las principales ciudades del pa&iacute;s. As&iacute; mismo, la culpa de esta situaci&oacute;n, seg&uacute;n Lobo, era el "esp&iacute;ritu de lucro desenfrenado" que hab&iacute;a hecho que se construyeran "habitaciones estrechas, h&uacute;medas, desprovistas de agua, casi sin aire, y sin luz, y que eran, por lo tanto, una amenaza para la salud y la vida de quienes las ocupaban".<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a> Seg&uacute;n el autor, las habitaciones destinadas a los obreros eran las que ten&iacute;an m&aacute;s defectos de car&aacute;cter higi&eacute;nico.</p>     <p>El servicio higi&eacute;nico en Cundinamarca, uno de los m&aacute;s organizados del pa&iacute;s, se divid&iacute;a en higiene escolar, matadero p&uacute;blico, hoteles y casa de asistencia, lucha antiven&eacute;rea e higiene municipal. Este &uacute;ltimo servicio se refer&iacute;a a la Oficina Municipal de Higiene y Salubridad de Bogot&aacute;, a cargo del doctor Zen&oacute;n Solano en el a&ntilde;o de 1916. Este m&eacute;dico divid&iacute;a los servicios de higiene de la capital en asistencia p&uacute;blica y administraci&oacute;n sanitaria.<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a> La primera hac&iacute;a referencia al Hospital de los Alisios para virulentos y a la Cl&iacute;nica Hospital, los cuales estaban en condiciones "insoportables de abandono" por parte de la caridad de la ciudad. La administraci&oacute;n sanitaria, por su parte, comprend&iacute;a cuatro secciones: inspecci&oacute;n t&eacute;cnica de higiene y salubridad, servicio de desinfecciones, vacunaci&oacute;n y laboratorio municipal.</p>     <p>A pesar de que la capital del pa&iacute;s ten&iacute;a uno de los servicios m&aacute;s completos, &eacute;ste parec&iacute;a insuficiente ante las evidentes necesidades de la ciudad. En la primera mitad del siglo XX, Bogot&aacute; era vista como una ciudad atrasada y las obras que hab&iacute;a que realizar eran demasiado costosas para un presupuesto tan peque&ntilde;o. Sin embargo, en el mencionado Informe de 1916 se hacen evidentes las esperanzas de que los m&eacute;dicos influenciaran de manera directa las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas higi&eacute;nicas, teniendo en cuenta adem&aacute;s las argumentaciones cient&iacute;fico-raciales:</p>     <blockquote>       <p>Existen fundadas esperanzas de que el actual Consejo, cuyo seno hay m&eacute;dicos eminentes, procure levantar el servicio a la altura que la ciencia moderna exige, pues todos sus miembros, caballeros distinguidos, se han manifestado convencidos de que la higiene es el ramo m&aacute;s importante de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, como que ella entra&ntilde;a la seguridad social y el vigor y progreso de la raza.<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a></p> </blockquote>     <p>En Bogot&aacute;, en el a&ntilde;o de 1918, se present&oacute; una epidemia de gripa que amenaz&oacute; con diseminarse por todo el pa&iacute;s de manera r&aacute;pida. Esta epidemia logr&oacute; que se unificaran los esfuerzos por combatirla por parte del municipio, el departamento y la naci&oacute;n, los cuales instaron a las instituciones de beneficencia y a la higi&eacute;nica para que tanto los hospitales como los m&eacute;dicos atendieran a los enfermos y propusieran medidas de aplacamiento de la enfermedad. Esta epidemia hizo aun m&aacute;s evidente las condiciones de miseria de las ciudades, pero tambi&eacute;n tuvo otras consecuencias importantes como la de impulsar las campa&ntilde;as salubristas. De esta manera se hizo indudable la incapacidad de las instituciones hospitalarias y de beneficencia para atender adecuadamente a la poblaci&oacute;n enferma.<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a></p>     <p>Entre las campa&ntilde;as m&aacute;s importantes que se empiezan a consolidar en el periodo entre 1886 y 1920, aunque especialmente desde la primera d&eacute;cada del siglo XX, y cuya importancia y relevancia van a permanecer constantes en todo el periodo higienista, est&aacute;n las referentes a la sanidad de los puertos y la prevenci&oacute;n y profilaxis de las enfermedades infectocontagiosas. Estas campa&ntilde;as estuvieron fuertemente relacionadas, puesto que sus avances depend&iacute;an en gran medida de los acuerdos internacionales y de la acci&oacute;n extranjera, esencialmente a trav&eacute;s de la Fundaci&oacute;n Rockefeller que desde comienzos del siglo XX empez&oacute; a ejercer presi&oacute;n para el control de las principales epidemias y endemias que afectaban a los pa&iacute;ses tropicales. Entre estas enfermedades se cont&oacute; la fiebre amarilla, el paludismo y la uncinariasis.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta manera, la pol&iacute;tica sanitaria de los puertos nacionales estuvo regida, durante las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XX, por la Convenci&oacute;n Sanitaria de Washington anteriormente nombrada, la cual era expl&iacute;cita en cuanto a las normas de desinfecci&oacute;n y control de las enfermedades que deb&iacute;an tener los puertos colombianos.<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a> Desde 1909 la Fundaci&oacute;n Rockefeller empez&oacute; a intervenir en el campo sanitario en toda Latinoam&eacute;rica, aunque a Colombia lleg&oacute; tard&iacute;amente en el a&ntilde;o de 1916, y su labor se debi&oacute; a la amenaza de una epidemia de fiebre amarilla que le impuso a los barcos de Colombia una cuarentena obligatoria. El Gobierno, preocupado por esta situaci&oacute;n, le solicit&oacute; a la Fundaci&oacute;n que realizara investigaciones en ese sentido. En esta ocasi&oacute;n, la tarea de la Fundaci&oacute;n se limit&oacute; a la investigaci&oacute;n de los brotes epid&eacute;micos para llegar a la conclusi&oacute;n de que no exist&iacute;an tales. Sin embargo, en 1918, el gobierno de Marco Fidel Su&aacute;rez le solicit&oacute; a la Junta Sanitaria Internacional de la Fundaci&oacute;n Rockefeller que incluyera al pa&iacute;s en la campa&ntilde;a contra la uncinariasis que esta organizaci&oacute;n estaba llevando a cabo en varios pa&iacute;ses. As&iacute;, entre 1919 y 1934, la Fundaci&oacute;n Rockefeller empez&oacute; su colaboraci&oacute;n sanitaria con Colombia, lo cual implicar&iacute;a mucho m&aacute;s que la soluci&oacute;n sanitaria, pues esta influencia se extendi&oacute; a otros campos como el pol&iacute;tico, el social y el econ&oacute;mico, as&iacute; como tambi&eacute;n al cient&iacute;fico.<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a></p>     <p>A manera de conclusi&oacute;n podemos afirmar que en este primer periodo la instituci&oacute;n higi&eacute;nica estaba "peleando" por un espacio de acci&oacute;n preferencial desde el cual se pudiera hacer efectiva la normatividad higi&eacute;nica necesaria para lograr el tan deseado progreso. La principal dificultad para lograr una instituci&oacute;n higi&eacute;nica nacional controlada por el Estado central, tiene que ver con los conflictos de &eacute;ste con el gobierno regional. Sumado a esto, la falta de recursos de este &uacute;ltimo hac&iacute;a aun m&aacute;s dif&iacute;cil la colaboraci&oacute;n entre las dos instancias. Por &uacute;ltimo, la atenci&oacute;n hacia la poblaci&oacute;n m&aacute;s necesitada, por medio de la beneficencia y la caridad, no llenaba los requisitos necesarios para que fuera efectiva, de manera que con la higiene los m&eacute;dicos empezaron a regular este espacio, minando la potestad religiosa y caritativa, y legitimando la perspectiva cient&iacute;fica m&eacute;dica e higienista.</p>     <p><b><i>2. Segundo periodo: La higiene entre 1920 y 1937</i></b></p>     <p><a href="img/revistas/esju/v12n1/v12n1a5f2.jpg" target="_blank">Ver imagen</a></p>     <p>El Director Nacional de Higiene, Pablo Garc&iacute;a Medina, desde 1919 ven&iacute;a planteando la necesidad de incluir la asistencia p&uacute;blica dentro de las responsabilidades de la higiene.<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a> Seg&uacute;n este galeno, la asistencia p&uacute;blica deb&iacute;a comprender dos cuestiones: en primera instancia, socorros m&eacute;dicos, farmac&eacute;uticos, alimenticios e higi&eacute;nicos, llevados a domicilio para los enfermos necesitados; y servicios de consultas o dispensarios gratuitos, hospitales, hospicios, asilos para indigentes y enajenados, y dem&aacute;s establecimientos.<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a></p>     <p>De hecho en 1922, el Congreso expidi&oacute; la Ley 99 de 1922, seg&uacute;n la cual los establecimientos de beneficencia o asistencia p&uacute;blica que fueran costeados por el tesoro nacional, departamental o municipal deb&iacute;an someterse a las ordenanzas de la instituci&oacute;n higi&eacute;nica correspondiente; es decir, deb&iacute;an comprobar sus reglamentos con el Director Nacional de Higiene, con el Director Departamental o con el m&eacute;dico municipal, seg&uacute;n fuera el caso.<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a></p>     <p>Para el a&ntilde;o de 1925 se expidi&oacute; la ley 15, en la cual se estipulaba que la asistencia p&uacute;blica estar&iacute;a encargada de las campa&ntilde;as contra las enfermedades ven&eacute;reas y la tuberculosis, como tambi&eacute;n de la protecci&oacute;n de la infancia.<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a> La mortalidad infantil y la tuberculosis empezaban a aparecer insistentemente como problemas de salubridad p&uacute;blica, junto con las enfermedades ven&eacute;reas y el alcoholismo, las cuales eran caracterizadas como enfermedades sociales puesto que se extend&iacute;an y propagaban, amenazando a la sociedad y su futuro. Por esta misma Ley se le cambi&oacute; el nombre a la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene, incluy&eacute;ndosele la asistencia p&uacute;blica y asegurando de esta manera un control estatal sobre las instituciones de beneficencia que realizaban este servicio.<a href="#36" name="n36"><sup>36</sup></a> Dicho cambio signific&oacute; tambi&eacute;n la transformaci&oacute;n de la manera en la que hasta el momento se ven&iacute;a administrando la instituci&oacute;n higi&eacute;nica en el pa&iacute;s.<a href="#37" name="n37"><sup>37</sup></a></p>     <p>Al involucrar a toda la poblaci&oacute;n, tanto la asistencia p&uacute;blica como la higiene empezaron a ser vistas como un problema estatal, de manera que la acci&oacute;n contra las enfermedades que afectaban a las personas estuvo pensada, por un lado, como una obra caritativa, ya que en la medida en que las personas pobres eran las afectadas, &eacute;stas ten&iacute;an derecho a una atenci&oacute;n gratuita. Por otro lado, ya que el Estado ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de prevenir y controlar las posibles enfermedades que se presentaran, la atenci&oacute;n a los desamparados fue vista como una labor de defensa contra las enfermedades. Este cambio de concepci&oacute;n tiene que ver con la situaci&oacute;n social que se empez&oacute; a vivir desde 1920. Para finales de esta d&eacute;cada, se hizo evidente el cambio en el panorama nacional, puesto que el proceso de industrializaci&oacute;n empez&oacute; a hacerse innegable. De esta manera, la aparici&oacute;n de industriales y obreros como clases sociales ayud&oacute; al fen&oacute;meno de crecimiento de la poblaci&oacute;n de las ciudades, y como consecuencia la pobreza y miseria tambi&eacute;n aumentaron.</p>     <p>Aparte de este fen&oacute;meno, desde 1923 el Estado colombiano empez&oacute; a pedir una serie de empr&eacute;stitos a Estados Unidos, dando inicio a lo que se ha llamado hist&oacute;ricamente "la danza de los millones". El dinero entrante, proveniente de los empr&eacute;stitos y la indemnizaci&oacute;n por la toma de Panam&aacute; en 1925, fue invertido nuevamente en obras p&uacute;blicas, principalmente en el ramo del transporte. Sin embargo, esta situaci&oacute;n gener&oacute; un aumento desproporcionadode la inflaci&oacute;n y oblig&oacute; al gobierno a tomar medidas de emergencia que impulsaron nuevos conflictos sociales entre los distintos sectores nacionales.</p>     <p>Uno de los problemas que m&aacute;s preocup&oacute; a los higienistas a lo largo de la primera mitad del siglo XX fue la mortalidad infantil. En este sentido, la protecci&oacute;n de la infancia se conceb&iacute;a como uno de los puntos fundamentales para asegurar un "mejoramiento de la raza" y puesto que Colombia no registraba una inmigraci&oacute;n fuerte, el crecimiento poblacional ca&iacute;a todo en manos de la infancia. El Director Departamental de Higiene de Antioquia, Juan B. Londo&ntilde;o, en su informe de 1916, denuncia la excesiva mortalidad infantil de este a&ntilde;o por causas que, con un buen aparato higi&eacute;nico, hab&iacute;an podido ser evitadas. Sin embargo, este autor lamentaba el hecho de que no se utilizaran medidas m&aacute;s radicales: "Los medios de evitar la excesiva mortalidad infantil son m&uacute;ltiples, pero desgraciadamente de dif&iacute;cil aplicaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo impedir, por ejemplo, los matrimonios consangu&iacute;neos y entre individuos en grado avanzado de degeneraci&oacute;n, o de avanzada edad o sifil&iacute;ticos, para que los ni&ntilde;os no nazcan plenos de taras y sin resistencia vital?"<a href="#38" name="n38"><sup>38</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de estas quejas, el servicio de protecci&oacute;n de la infancia s&oacute;lo se organiz&oacute; a finales de 1929 como una parte importante de la asistencia social. Este servicio ten&iacute;a dos objetivos: los ni&ntilde;os enfermos y los ni&ntilde;os sanos, a los cuales se les brindaba alimentaci&oacute;n y cuidados en las denominadas gotas de leche. Adem&aacute;s, se les hac&iacute;a un seguimiento en su desarrollo, y los ni&ntilde;os enfermos eran atendidos en las distintas instituciones caritativas del pa&iacute;s.<a href="#39" name="n39"><sup>39</sup></a></p>     <p>En la exposici&oacute;n de motivos a la Ley 12 de 1926, realizada por Antonio Jos&eacute; Uribe, referente a la ense&ntilde;anza de la higiene, saneamiento de los puertos mar&iacute;timos y fluviales y de las principales ciudades del pa&iacute;s, se hizo evidente la relaci&oacute;n entre higiene, progreso y civilizaci&oacute;n. Seg&uacute;n este autor, Am&eacute;rica Latina hab&iacute;a sufrido un estancamiento en su progreso debido al estado rudimentario de la higiene y de las condiciones clim&aacute;ticas en las que se encontraba el continente. La prueba principal que presenta Uribe es el &iacute;ndice de mortalidad, el cual representa la "despoblaci&oacute;n" del continente y la "falta de brazos para el desarrollo de la industria".<a href="#40" name="n40"><sup>40</sup></a> Aunque Uribe reconoce los esfuerzos del Estado colombiano en materia higi&eacute;nica, lamenta tambi&eacute;n el hecho de que estos no hayan sido suficientes para atraer de manera masiva a inmigrantes, especialmente los provenientes de Estados Unidos y Europa. Seg&uacute;n el autor, "las enfermedades sociales que originan la mortalidad infantil, el alcoholismo, la s&iacute;filis y la tuberculosis, han atacado la poblaci&oacute;n, no han permitido todo su natural desarrollo y han alejado la inmigraci&oacute;n en la escala que necesitamos".<a href="#41" name="n41"><sup>41</sup></a></p>     <p>El prop&oacute;sito de la ley estaba orientado a establecer una manera efectiva por medio de la cual se difundieran los conocimientos de higiene en las escuelas. Esta ense&ntilde;anza deb&iacute;a constar de nociones de higiene privada, p&uacute;blica e higiene social. Adem&aacute;s, propon&iacute;a el saneamiento de los puertos mar&iacute;timos y el control de las obras que fueran necesarias para el saneamiento de los puertos, incluyendo en ello la dotaci&oacute;n de abundante servicio de aguas potables, el alcantarillado, la pavimentaci&oacute;n de las ciudades y el saneamiento de las habitaciones.<a href="#42" name="n42"><sup>42</sup></a> Es claro entonces que para este periodo la pol&iacute;tica sanitaria nacional se concentr&oacute; en los puertos del pa&iacute;s. La importancia de los puertos iba a crecer aun m&aacute;s en 1930, puesto que los gobiernos liberales aumentaron las relaciones comerciales con Estados Unidos, haci&eacute;ndose necesaria una red mucho m&aacute;s efectiva y adecuada.</p>     <p>En 1931 se expidi&oacute; la Ley 1, por medio de la cual se estructur&oacute; el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia P&uacute;blica, con la innovaci&oacute;n de ser un departamento independiente de cualquier ministerio, lo que llev&oacute; a un aumento de su capacidad administrativa.<a href="#43" name="n43"><sup>43</sup></a> Seg&uacute;n esta ley, las funciones del Departamento deb&iacute;an incluir la direcci&oacute;n, vigilancia y reglamentaci&oacute;n de la higiene privada y p&uacute;blica, as&iacute; como la asistencia p&uacute;blica de toda la naci&oacute;n. Entre las actividades m&aacute;s importantes se subrayaron la reglamentaci&oacute;n del servicio de sanidad mar&iacute;tima, la prevenci&oacute;n de enfermedades trasmisibles y la vigilancia de los c&oacute;digos sanitarios internacionales a los que se hab&iacute;a suscrito Colombia.<a href="#44" name="n44"><sup>44</sup></a> Seg&uacute;n el Decreto 1.828 de 1931, los ramos de higiene nacional y de lazaretos deb&iacute;an fusionarse en una sola instituci&oacute;n que, a partir de ese momento, se llamar&iacute;a Departamento Nacional de Higiene.<a href="#45" name="n45"><sup>45</sup></a> El prop&oacute;sito principal de esta reforma se refer&iacute;a a los intentos de unificaci&oacute;n y centralizaci&oacute;n del servicio de higiene a nivel nacional. La independencia de la instituci&oacute;n higi&eacute;nica durar&iacute;a hasta el a&ntilde;o de 1934, a&ntilde;o en el cual se inscribir&iacute;a &eacute;sta nuevamente en el Ministerio de Gobierno.</p>     <p>Despu&eacute;s de la Conferencia de Washington, Colombia no particip&oacute; de manera activa en las reuniones sucesivas. Aunque com&uacute;nmente el representante colombiano no estaba relacionado con los temas higi&eacute;nicos del pa&iacute;s, a la VI Conferencia Sanitaria Internacional realizada en Montevideo en 1920 asisti&oacute; Pablo Garc&iacute;a Medina, quien cumpli&oacute; un papel destacado. Las Conferencias apoyaban las propuestas que desde el interior del pa&iacute;s se ven&iacute;an haciendo, sobre todo en lo relacionado con salubridad portuaria y asignaci&oacute;n de un presupuesto m&aacute;s amplio para la higiene nacional. El informe de Garc&iacute;a Medina sobre el panorama higi&eacute;nico en Colombia fue m&aacute;s que optimista, coincidiendo esto con el inter&eacute;s de los higienistas colombianos de no exagerar la mala situaci&oacute;n para as&iacute; no entorpecer los intercambios econ&oacute;micos del pa&iacute;s con las potencias mundiales, especialmente con Estados Unidos.</p>     <p>Estas conferencias influyeron de manera directa la agenda higi&eacute;nica del pa&iacute;s. As&iacute;, aparte de la reglamentaci&oacute;n sobre sanidad de puertos y la declaraci&oacute;n obligatoria de las enfermedades infecciosas, tambi&eacute;n se estimularon las estad&iacute;sticas m&eacute;dicas, la prevenci&oacute;n y profilaxis de enfermedades infectocontagiosas y la dotaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos. De la misma manera, en la VI Conferencia se impuls&oacute; de manera especial el establecimiento de una estad&iacute;stica sanitaria que de manera competente reflejara el estado higi&eacute;nico del pa&iacute;s. &Eacute;ste fue el prop&oacute;sito principal de la promulgaci&oacute;n de Ley 99 de 1922, ya que estableci&oacute; la declaraci&oacute;n obligatoria de ciertas enfermedades, especialmente la tuberculosis, la s&iacute;filis y la lepra. Sin embargo, estas disposiciones se quedaron en el papel, puesto que para 1931 en casi ning&uacute;n departamento de la naci&oacute;n se aplicaba. La raz&oacute;n principal de ello ten&iacute;a que ver con que los m&eacute;dicos sent&iacute;an que pod&iacute;an perder su clientela en caso de que hicieran efectiva la declaraci&oacute;n de las enfermedades.<a href="#46" name="n46"><sup>46</sup></a></p>     <p>En un intento por unir los esfuerzos entre naci&oacute;n, departamentos y municipios, en 1934 se empezaron a constituir las unidades sanitarias para peque&ntilde;as ciudades y pueblos. Uno de los primeros experimentos en este sentido fue la Unidad Sanitaria de Pereira, la cual cont&oacute; con el apoyo econ&oacute;mico de la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros. A partir de &eacute;sta, la Direcci&oacute;n Nacional destin&oacute; apoyos para otras unidades sanitarias, como lo muestra el Decreto N&uacute;mero 247 de 1936, en el cual se destinaron $280.000 pesos para la organizaci&oacute;n de las Unidades Sanitarias, ayuda que los municipios hab&iacute;an solicitado al Departamento Nacional de Higiene.<a href="#47" name="n47"><sup>47</sup></a> En este tipo de organizaci&oacute;n podemos ver la relaci&oacute;n existente en este periodo entre las pol&iacute;ticas sanitarias y las pol&iacute;ticas sociales, de manera que en algunos casos, debido a que las entidades privadas interesadas empezaron a formar parte de la financiaci&oacute;n de los centros mixtos, como el de Pereira, las obras a realizar sirvieron para el fin del control social.</p>     <p>Desde el a&ntilde;o de 1919 se hab&iacute;a establecido, seg&uacute;n Ley 46 de 1919, la creaci&oacute;n de un laboratorio bacteriol&oacute;gico y qu&iacute;mico -el Laboratorio Oficial de Higiene-, el cual estar&iacute;a al servicio de la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene. En 1920 se nombr&oacute; a Federico Lleras Acosta como director del Laboratorio, quien orient&oacute; la construcci&oacute;n del mismo. Este laboratorio fue construido entre 1920 y 1926 y m&aacute;s tarde se le dar&iacute;a el nombre de Palacio de Higiene. Entre las funciones principales de este laboratorio estaba el estudio de las enfermedades, el an&aacute;lisis de las aguas para consumo (no s&oacute;lo las de Bogot&aacute; sino las de todas las ciudades principales de Colombia), as&iacute; como el an&aacute;lisis de muestras mandadas de otros municipios y la inspecci&oacute;n de las drogas para la venta.<a href="#48" name="n48"><sup>48</sup></a> Sin embargo, este Laboratorio Oficial de Higiene hac&iacute;a parte de un plan mucho m&aacute;s ambicioso por parte del director nacional, Pablo Garc&iacute;a Medina. Se trataba de la organizaci&oacute;n de un Instituto Nacional de Higiene que, aparte del Laboratorio Oficial, contar&iacute;a con el Parque de Vacunaci&oacute;n que funcionaba desde el siglo XIX y con un laboratorio bacteriol&oacute;gico en proyecto. En junio de 1926 empez&oacute; a funcionar el Palacio de Higiene, y en &eacute;ste se instalaron todas sus dependencias.</p>     <p>El laboratorio Samper-Mart&iacute;nez hab&iacute;a sido creado en 1916 por los doctores Bernardo Samper y Jorge Mart&iacute;nez Santamar&iacute;a. Este laboratorio permanecer&iacute;a como una entidad privada hasta el a&ntilde;o de 1925, a&ntilde;o en el cual el Estado colombiano lo compr&oacute; con ayuda y recomendaciones de la Fundaci&oacute;n Rockefeller, y qued&oacute; inscrito dentro del Instituto Nacional de Higiene cumpliendo las funciones de laboratorio bacteriol&oacute;gico. Debido a que parte de las funciones de estos laboratorios era la de examinar las muestras bacteriol&oacute;gicas de todas las regiones de Colombia, se hizo necesario en 1927 expandir la red de laboratorios. Sin embargo, en 1928, con la promulgaci&oacute;n de la Ley 100 de 1928, el Laboratorio Samper-Mart&iacute;nez se transform&oacute; definitivamente en el Instituto de Higiene Samper-Mart&iacute;nez.</p>     <p>Con la misma Ley 100 se cre&oacute; la carrera de higienista, orientada a aquellos que fueran a dedicarse a la salubridad p&uacute;blica, especializ&aacute;ndose en la formaci&oacute;n de m&eacute;dicos e ingenieros sanitarios.<a href="#49" name="n49"><sup>49</sup></a> Esto demuestra el creciente inter&eacute;s por crear una &eacute;lite que estuviera capacitada de manera adecuada para ocupar los cargos en la instituci&oacute;n higi&eacute;nica, los cuales requer&iacute;an de cierto grado de especializaci&oacute;n t&eacute;cnica.<a href="#50" name="n50"><sup>50</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde 1933 se empez&oacute; a sugerir en el c&iacute;rculo de higienistas colombianos la conveniencia de crear un ministerio &uacute;nico para la administraci&oacute;n de los servicios organizados de higiene. Apoyados por la Academia de Medicina, los higienistas argumentaban que aunque Colombia tuviera una de las mejores legislaciones de Latinoam&eacute;rica, su cumplimiento dejaba mucho que desear y, as&iacute;, la creaci&oacute;n de un Ministerio podr&iacute;a darle soluci&oacute;n a esta problem&aacute;tica. De esta manera, entre 1935 y 1936, se presentaron al Congreso varias propuestas de conformaci&oacute;n de un Ministerio que integrara la higiene, la asistencia p&uacute;blica, la previsi&oacute;n social y el trabajo; sin embargo, s&oacute;lo en 1938 se aprob&oacute; la creaci&oacute;n de dicho Ministerio.</p>     <p><b><i>3. Tercer periodo: la higiene entre 1938 y 1946</i></b></p>     <p>Un d&iacute;a antes de que terminase el gobierno de Alfonso L&oacute;pez Pumarejo y empezara el de Eduardo Santos (1938-1942), la Ley 96 del 6 de agosto de 1938 cre&oacute; el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsi&oacute;n Social. El sistema de organizaci&oacute;n del Ministerio ten&iacute;a por fundamento la contribuci&oacute;n econ&oacute;mica de todas las entidades p&uacute;blicas y privadas que realizaran campa&ntilde;as de higiene para la formaci&oacute;n de un fondo com&uacute;n destinado al sostenimiento de los servicios, y la direcci&oacute;n de todas esas campa&ntilde;as por una sola autoridad dependiente de las entidades centrales. Con ello se evitaba que funcionaran en una misma poblaci&oacute;n servicios desvinculados unos de otros. Pero hab&iacute;a problemas en este sentido; fue el caso de las Asambleas y Consejos Municipales quienes no asignaban las partidas que las necesidades de la higiene requer&iacute;an. A excepci&oacute;n de las capitales de los departamentos, realmente eran pocas las ciudades en cuyos presupuestos se inclu&iacute;an partidas para estos servicios. Sin embargo, &eacute;sta no fue la &uacute;nica dificultad con la que se encontraron los mandatarios de la higiene. Debido a la autonom&iacute;a que la Constituci&oacute;n le concedi&oacute; a los departamentos y municipios para el manejo de sus propios fondos, seg&uacute;n Jaramillo S&aacute;nchez, primer Ministro de la cartera,<a href="#51" name="n51"><sup>51</sup></a> en muchos casos los dineros apropiados sirvieron m&aacute;s para "satisfacer intereses pol&iacute;ticos y personales que para atender a las necesidades de la higiene".<a href="#52" name="n52"><sup>52</sup></a></p>     <p>As&iacute;, existieron organismos aut&oacute;nomos que por estar sostenidos con fondos municipales o departamentales no se somet&iacute;an a las normas de las autoridades nacionales ni en lo administrativo ni en lo t&eacute;cnico. Para corregir esto, la Secci&oacute;n de Sanidad y el Departamento de Servicios Coordinado, se esforzaron por celebrar contratos con entidades que realizaban campa&ntilde;as sanitarias para establecer servicios en forma cooperativa y dependientes t&eacute;cnica y administrativamente del Ministerio. El prop&oacute;sito de ello era ir eliminando poco a poco las organizaciones aut&oacute;nomas; sin embargo, muchos municipios prefirieron renunciar a los auxilios nacionales con tal de conservar la facultad de nombrar y remover libremente a los funcionarios de higiene. As&iacute;, se intent&oacute; crear secretar&iacute;as departamentales de Higiene y Asistencia Social dependientes del Ministerio, pero s&oacute;lo se logr&oacute; en Antioquia y Nari&ntilde;o; las de Caldas, Cundinamarca y Valle del Cauca segu&iacute;an desvinculadas del Ministerio y depend&iacute;an de sus gobernaciones respectivas.<a href="#53" name="n53"><sup>53</sup></a> Asimismo, tampoco se hab&iacute;a podido impedir</p>     <blockquote>       <p>la acci&oacute;n nociva del pol&iacute;tico parroquial que aspiraba a satisfacer sus necesidades econ&oacute;micas, y las de sus familiares y electores, por intermedio de las organizaciones de higiene, y las todav&iacute;a m&aacute;s funestas del cacique y del terrateniente que hostilizaban a las autoridades sanitarias porque &eacute;stas les exig&iacute;an la modificaci&oacute;n de h&aacute;bitos ancestrales de vida y la ejecuci&oacute;n de ciertas obras imprescindibles para la defensa de la salud p&uacute;blica y la de sus trabajadores.<a href="#54" name="n54"><sup>54</sup></a></p> </blockquote>     <p>Tambi&eacute;n desde 1937 se empez&oacute; a plantear la idea de que quien trabajaba al servicio de una empresa no era ya un pobre de solemnidad a quien el Estado debiera prestar servicios gratuitos, sino un elemento productor de riqueza cuya salud deb&iacute;a estar protegida por el patrono. Igualmente, en este a&ntilde;o, durante la reuni&oacute;n de directores de higiene, se plante&oacute; la necesidad del establecimiento obligatorio de Secretar&iacute;as Departamentales de Higiene y Asistencia P&uacute;blica, dependientes del Ministerio, para coordinar los servicios nacionales con los departamentales. De esta manera, para 1938 se encontraban funcionando como dependencia directa del Ministerio, los Centros Mixtos de Salud -el de la zona bananera y los ensayados por la Federaci&oacute;n de Cafeteros-, 27 Unidades Sanitarias, 68 Comisiones Sanitarias Rurales, tres Servicios Antilarvarios, cinco Oficinas de Sanidad y diez Inspecciones Sanitarias. Todos, excepto el de la zona bananera, se sostuvieron con fondos del presupuesto nacional. No obstante, las direcciones municipales de higiene, dependientes de los cabildos y alcaldes, segu&iacute;an funcionando sin conexi&oacute;n alguna con el Ministerio. A pesar de ello, las partidas destinadas al sostenimiento de los servicios sanitarios en el pa&iacute;s, de todas maneras, mostraron un incremento a nivel nacional; aumento que se vino presentando desde antes de 1938.<a href="#55" name="n55"><sup>55</sup></a></p>     <p>Las diferencias entre los diversos organismos que realizaban campa&ntilde;as sanitarias estaban en la clase de servicios que prestaban y los presupuestos. Por ejemplo, los Centros Mixtos de Salud y las Unidades y Comisiones Sanitarias desarrollaban campa&ntilde;as m&uacute;ltiples y trataban de resolver todos los problemas sanitarios que se presentaban en las regiones donde estaban localizados. Los primeros dispon&iacute;an de sumas de entidades privadas y prestaban servicios de asistencia social a una escala relativamente amplia. Las Unidades y Comisiones orientaban sus labores principalmente hacia la prevenci&oacute;n de las enfermedades y labores asistenciales, en lo relativo a la protecci&oacute;n infantil y a la lucha contra las enfermedades end&eacute;micas y sociales. Las Unidades, sostenidas en parte con fondos municipales, ten&iacute;an bastante personal y contaban con servicios como sala cuna, gota de leche, jardines infantiles, dispensarios antituberculosos y antiven&eacute;reos. Las Comisiones trabajaban con personal reducido: un m&eacute;dico, un odont&oacute;logo, una o dos enfermeras y dos o tres inspectores sanitarios que eran financiados totalmente por la naci&oacute;n y los departamentos.<a href="#56" name="n56"><sup>56</sup></a></p>     <p>En el a&ntilde;o de 1938 se realiz&oacute; la X Conferencia Sanitaria Panamericana en Bogot&aacute;. La IX Conferencia se hab&iacute;a reunido en Buenos Aires, y all&iacute; se hab&iacute;a fijado que la siguiente se realizar&iacute;a en Bogot&aacute;, para lo cual se hab&iacute;a nombrado una Comisi&oacute;n Organizadora presidida por Jorge Bejarano, la nueva estrella de los higienistas colombianos que reemplazaba a la generaci&oacute;n de Pablo Garc&iacute;a Medina.<a href="#57" name="n57"><sup>57</sup></a></p>     <p>El Discurso inaugural de la Conferencia estuvo a cargo de Alberto Jaramillo S&aacute;nchez, quien resalt&oacute; en primera instancia los problemas de car&aacute;cter epidemiol&oacute;gico de las regiones tropicales, para despu&eacute;s empezar a resaltar las principales obras sanitarias a realizar, especialmente las relacionadas con las enfermedades que "debilitaban al pueblo colombiano". Destac&oacute; tambi&eacute;n la importancia de las luchas antiven&eacute;rea y antituberculosa, las cuales representaban un reto para las organizaciones higi&eacute;nicas de pa&iacute;ses con limitados presupuestos para la higiene, de manera que el Ministro instaba a que se buscara la manera en que se continuaran las campa&ntilde;as de manera efectiva pero con las limitaciones t&eacute;cnicas y econ&oacute;micas que se presentaban en el pa&iacute;s. Finalmente, Jaramillo S&aacute;nchez resaltaba la importancia de realizar para la pr&oacute;xima Conferencia importantes avances en lo relacionado con el saneamiento del suelo, la disminuci&oacute;n de la mortalidad infantil, la lucha contra el paludismo, la anemia y la amibiasis, la higiene en el campo, la alimentaci&oacute;n, y el mantenimiento y provisi&oacute;n de aguas potables. La importancia que le conced&iacute;a este galeno a la higiene se hace evidente al declarar: "Dif&iacute;cil conseguir el ideal sanitario en climas como los nuestros, pero para buscarlo no han de faltar a este gobierno ni entusiasmo ni constancia en el esfuerzo; porque sabe que al perseguirlo defiende y acrecienta el &uacute;nico capital invaluable de que disfrutan las naciones: el hombre, como n&uacute;cleo permanente de la raza, como proyecci&oacute;n, seguir&aacute; hacia el porvenir".<a href="#58" name="n58"><sup>58</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ministro propon&iacute;a tambi&eacute;n la unificaci&oacute;n de los servicios preventivos y curativos a cargo del Estado. Afirmaba que hab&iacute;a advertido ya al Gobierno sobre la necesidad de "legalizar" el oficio del higienista por el sacrificio, dedicaci&oacute;n de tiempo completo y desvinculaci&oacute;n profesional a que ello obligaba. En este sentido, promet&iacute;a que el pa&iacute;s se esforzar&iacute;a en formar t&eacute;cnicos propios en pa&iacute;ses mejor dotados que Colombia, apoyando la colaboraci&oacute;n de los venidos de fuera que hab&iacute;an prestado su colaboraci&oacute;n a la soluci&oacute;n de cuestiones apremiantes de la sanidad nacional. Finalmente, el ministro dedicaba un espacio a explicar las razones que condujeron a unir en un solo ministerio las cuestiones de trabajo, higiene y previsi&oacute;n social. Seg&uacute;n &eacute;l, &eacute;ste ser&iacute;a s&oacute;lo un paso para lograr la tecnificaci&oacute;n de la administraci&oacute;n de los asuntos sociales y esperaba la creaci&oacute;n del Ministerio de Higiene en un mediano plazo. Sin embargo, la separaci&oacute;n entre higiene, asistencia p&uacute;blica, beneficencia y la incipiente seguridad social se profundiz&oacute; en los a&ntilde;os cuarenta, puesto que en esta &eacute;poca se ahond&oacute; en la idea de separar los asuntos de la higiene de fundamento t&eacute;cnico, de otros como los laborales, de fundamento pol&iacute;tico.<a href="#59" name="n59"><sup>59</sup></a></p>     <p>En 1946, por la Ley 27 de ese a&ntilde;o, se cre&oacute; el Ministerio de Higiene, separando las materias de higiene y asistencia p&uacute;blica, de las laborales y de la seguridad social, las cuales quedaron a cargo del Ministerio del Trabajo. Si bien cuando se expidi&oacute; esta Ley ten&iacute;a cuatro meses de instalado el gobierno de Mariano Ospina P&eacute;rez, los art&iacute;fices de ella hab&iacute;an sido los higienistas, cuya mayor&iacute;a estaba en el lado del liberalismo y ten&iacute;an a Jorge Bejarano como uno de sus representantes m&aacute;s activos. El trabajo previo a la creaci&oacute;n de esta nueva instancia se hab&iacute;a adelantado bajo el gobierno de Eduardo Santos, y de alguna manera recog&iacute;a los prop&oacute;sitos de las Conferencias Panamericanas -de contar con una instancia estatal independiente y espec&iacute;fica-, expresados en Lima desde 1927 y ratificados en Bogot&aacute; en 1938.</p>     <p>La estad&iacute;stica vital se ven&iacute;a desarrollando en Colombia desde los a&ntilde;os treinta, no s&oacute;lo en el tema de la declaraci&oacute;n obligatoria de enfermedades, sino tambi&eacute;n, y de manera m&aacute;s estructurada, alrededor de los servicios de protecci&oacute;n materna e infantil.<a href="#60" name="n60"><sup>60</sup></a> El Departamento de Protecci&oacute;n Infantil y Materna fue muy activo en la recopilaci&oacute;n de informaci&oacute;n y en el segui miento de los indicadores demogr&aacute;ficos y de mortalidad para esta poblaci&oacute;n. Asimismo, el Departamento fue un decidido impulsor de la integraci&oacute;n de los servicios de control de enfermedades con los de atenci&oacute;n materna e infantil, en el marco del proyecto eugen&eacute;sico de mejoramiento de la raza. La meta primordial del nuevo programa de estad&iacute;stica demogr&aacute;fica fue la implantaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n obligatoria por parte de los m&eacute;dicos y de las enfermedades transmisibles, que hasta el momento no se hab&iacute;a llevado a cabo en Colombia, a pesar de la existencia de leyes y debates sobre el particular. Este programa tambi&eacute;n abr&iacute;a la puerta a la inclusi&oacute;n de las estad&iacute;sticas vitales, tales como embarazos, nacimientos y defunciones, entre otros.</p>     <p>Dentro del contexto de la pol&iacute;tica del Buen Vecino planteada por Roosevelt -mandato que cubri&oacute; la Segunda Guerra Mundial-, se dise&ntilde;&oacute; un programa cooperativo para los asuntos de salubridad y saneamiento; cooperaci&oacute;n que se estableci&oacute; entre el Instituto de Asuntos Americanos, el gobierno de Washington y 21 rep&uacute;blicas americanas. De esta manera, para organizar la coordinaci&oacute;n de estos servicios en Colombia, junto con el coordinador de la oficina de Relaciones Interamericanas del Instituto de Asuntos Americanos, el jefe de la Divisi&oacute;n de Salubridad y Saneamiento del Instituto de Asuntos Americanos, y el ministro de Trabajo, Higiene y Previsi&oacute;n Social de Colombia, Arsecio Londo&ntilde;o Palacio, se estableci&oacute; en 1942 la creaci&oacute;n de un servicio especial de salubridad y saneamiento, denominado Servicio Cooperativo Interamericano de Salud P&uacute;blica (SCISP),<a href="#61" name="n61"><sup>61</sup></a> el cual, si bien se adscrib&iacute;a al Ministerio, contaba con cierta autonom&iacute;a administrativa.</p>     <p>Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, por recomendaci&oacute;n del Servicio Cooperativo, se aprob&oacute; la Ley 27 de 1946, por medio de la cual se cre&oacute; el Ministerio de Higiene como un ente aut&oacute;nomo. Sin embargo, se puede decir que desde 1945 se ven&iacute;an haciendo reformas importantes; por ejemplo, la organizaci&oacute;n de una Direcci&oacute;n Nacional de Salubridad que, finalmente, iba a ser el modelo para el Ministerio de Higiene y dar&iacute;a origen igualmente al Ministerio del Trabajo.</p>     <p>Las dependencias del Ministerio fueron la escuela Superior de Higiene, los organismos nacionales de Higiene y los organismos internacionales, aparte de las dependencias administrativas.<a href="#62" name="n62"><sup>62</sup></a> Es claro entonces que los objetivos que se plante&oacute; el Ministerio de Higiene no variaron mucho de las actividades que ven&iacute;an realizando los distintos organismos higi&eacute;nicos desde principios del siglo XX. Sin embargo, la meta primordial del nuevo Ministerio fue la implantaci&oacute;n definitiva de la declaraci&oacute;n obligatoria de las enfermedades trasmisibles, y tambi&eacute;n el fortalecimiento de las estad&iacute;sticas vitales. Uno de los logros principales de este periodo fue la implantaci&oacute;n de la carrera p&uacute;blica de higienista la cual contribuy&oacute;, de manera importante, en los dos objetivos anteriores.<a href="#63" name="n63"><sup>63</sup></a></p>     <p><b><i>CONCLUSIONES</i></b></p>     <p>En este art&iacute;culo se evidencian los procesos mediante los cuales el grupo m&eacute;dico de la primera mitad del siglo XX en Colombia intent&oacute; establecer la higiene como responsabilidad del Estado y, as&iacute;, hacer de este ramo una nueva tecnocracia.</p>     <p>Los m&eacute;dicos justificaron las pr&aacute;cticas higi&eacute;nicas vali&eacute;ndose del discurso racialista en boga en el momento y adapt&aacute;ndolo a las condiciones espec&iacute;ficas del pa&iacute;s. En este sentido, la argumentaci&oacute;n para la adopci&oacute;n de modelos pol&iacute;ticos estuvo basada en teor&iacute;as raciales que para el momento eran consideradas como cient&iacute;ficas. Es as&iacute; entonces como podemos ver la estrecha relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y pr&aacute;cticas, y demostramos c&oacute;mo desde posiciones ideol&oacute;gicas determinadas se proponen pol&iacute;ticas p&uacute;blicas consideradas necesarias para el progreso de la naci&oacute;n.</p>     <p>En la instauraci&oacute;n y consolidaci&oacute;n del aparato higi&eacute;nico en el pa&iacute;s, los m&eacute;dicos se encontraron con dificultades de distinto corte, pero una de estas dificultades, que ha sido muy poco trabajada por los acad&eacute;micos versados en el tema, es la que tiene que ver con los problemas generados en los diversos niveles -especialmente los municipales- para adscribirse a los aparatos centralizados de higiene. Estudiar este punto tiene una dificultad adicional y es que las fuentes no son constantes para el periodo ni para el territorio nacional; sin embargo, por otras referencias se puede llegar a entrever que para los niveles medio y bajo de gobierno se hab&iacute;a hecho fundamental tener cierta independencia cuando se trataba del aparato higi&eacute;nico, y esta fue una de las quejas que m&aacute;s hicieron los encargados del aparato centralizador de la higiene. Para terminar, debo resaltar la importancia que tiene este tema pues la higiene, como se demuestra en este art&iacute;culo, no s&oacute;lo se encarg&oacute; de la salubridad, sino tambi&eacute;n de aspectos que se pueden considerar propios de la protecci&oacute;n social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>La salud fragmentada en Colombia 1910-1946</i>. Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, 2002, p. 40.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. <i>Ibid</i>., p. 39.</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Guadarrama, Gloria. <i>Entre la caridad y el derecho</i>. El Colegio Mexiquense, M&eacute;xico, 2005, p. 60.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Mart&iacute;nez, Alberto. "La Polic&iacute;a de la pobreza". En: <i>Revista Foro: Foro por Colombia</i> No 3. Julio de 1987, pp. 61-67.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Restrepo, Estela. "Vagos, enfermos y valetudinarios, Bogot&aacute;: 1830-1860". En: <i>Historia y Sociedad</i> No. 8. Universidad Nacional de Medell&iacute;n, Medell&iacute;n, marzo de 2002, p. 80.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. <i>Ibid.</i>, p. 87.</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Castro, Beatriz. "Beneficencia y caridad en Cali 1848-1898". En: <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> V. 27 N. 22. Banco de la Rep&uacute;blica, Bogot&aacute;, 1990, pp. 67-80.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 40.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, pp. 44-45.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n10" name="10">10</a>. Entre los personajes m&aacute;s importantes Hern&aacute;ndez nombra a "Liborio Zerda, Nicol&aacute;s Osorio, Juan de Dios Carrasquilla, Pablo Garc&iacute;a Medina, Jorge Mart&iacute;nez, Bernardo Samper, Roberto Franco, Federico Lleras Acosta, Luis Cuervo M&aacute;rquez; y la generaci&oacute;n de sus disc&iacute;pulos como Jorge Bejarano, Luis Pati&ntilde;o Camargo, Arturo Robledo, Enrique Enciso, H&eacute;ctor Pedraza y Laurentino Mu&ntilde;oz". Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 45.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. Hern&aacute;ndez anota entre sus actividades: "El doctor Pablo Garc&iacute;a Medina fue secretario de la Junta central de Higiene desde 1894 y jefe de la Higiene Nacional hasta 1932. Fue profesor de Fisiolog&iacute;a en la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales a finales del siglo XIX, c&aacute;tedra en la que impart&iacute;a el pensamiento de Claude Bernard. Luego ejerci&oacute; la c&aacute;tedra de Higiene con un enfoque claramente bacteriol&oacute;gico. Lleg&oacute; a ser Vicepresidente de la IV Conferencia Sanitaria Internacional de Montevideo y Director de la oficina Sanitaria Panamericana de Washington". Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 47.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>Compilaci&oacute;n de las leyes, decretos, acuerdos y resoluciones vigentes sobre higiene y sanidad en Colombia</i>. Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1920, p. 1.</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>op. cit.</i>, pp. VI-VIII.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al</i>. <i>Caf&eacute; y gusanos, mosquitos y petr&oacute;leo</i>. Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, 2004, p. 85.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 45. Para ver la legislaci&oacute;n y campa&ntilde;as higi&eacute;nicas entre 1886 y 1920 ver Anexos cuadro 2.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 45.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al. op. cit.</i>, p. 80; Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 46.</p>     <p><a href="#n18" name="18">18</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>op. cit.</i>, Ley 84 de 1914, p. 47. La Ley 84 de 1914 establec&iacute;a tambi&eacute;n que las Juntas Departamentales pod&iacute;an ser cambiadas por un Director Departamental de Higiene, aunque daba la posibilidad de que se siguieran conservando las Juntas.</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>op. cit</i>., Ley 84 de 1914, p. 47.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n20" name="20">20</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 46.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>op. cit.</i>, Ley 112 de 1919, p. 63.</p>     <p><a href="#n22" name="22">22</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. Decreto N&uacute;mero 2198 de 1918, p. 82.</p>     <p><a href="#n23" name="23">23</a>. Lobo, Manuel. <i>Junta Central de Higiene: exposici&oacute;n de la Junta al Congreso Nacional de 1916</i>. Imprenta y litograf&iacute;a de J. Casis, Bogot&aacute;, 1916, pp. 4-5.</p>     <p><a href="#n24" name="24">24</a>. <i>Ibid.</i>, p. 11.</p>     <p><a href="#n25" name="25">25</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>op. cit.</i>, Ley 56 de 1919, p. 61.</p>     <p><a href="#n26" name="26">26</a>. Lobo, Manuel. <i>op. cit.</i>, p. 8.</p>     <p><a href="#n27" name="27">27</a>. <i>Ibid.</i>, pp. 54-60.</p>     <p><a href="#n28" name="28">28</a>. <i>Ibid.</i>, p. 62.</p>     <p><a href="#n29" name="29">29</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit.</i>, p. 50.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n30" name="30">30</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al. La Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud y el Estado colombiano: cien a&ntilde;os de historia 1902-2002</i>. Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, Oficina Regional, Bogot&aacute;, 2002, p. 24.</p>     <p><a href="#n31" name="31">31</a>. <i>Ibid.</i>, p. 26. La campa&ntilde;a contra la uncinariasis fue la primera que se hizo en Colombia por parte de la Fundaci&oacute;n Rockefeller, pero que paulatinamente se fue extendiendo a otras enfermedades como el paludismo. Ten&iacute;a un departamento especial que estaba adscrito a la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene, pero estaba a cargo de la Fundaci&oacute;n y se financiaba con dineros del Estado colombiano y de esta fundaci&oacute;n.</p>     <p><a href="#n32" name="32">32</a>. En el a&ntilde;o de 1923, como producto de la misi&oacute;n Kemmerer, contratada por el gobierno de Pedro Nel Ospina, se reorganizaron los ministerios quedando de esta manera la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene adscrita al reci&eacute;n creado Ministerio de Instrucci&oacute;n y Salubridad P&uacute;blicas.</p>     <p><a href="#n33" name="33">33</a>. Garc&iacute;a Medina, Pablo. "Informe del Director de Higiene al Ministro de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica". En: <i>Revista de Higiene</i> No. 115, p. 286. Citado en Quevedo, Emilio, <i>et al.</i>, 2004, p. 240.</p>     <p><a href="#n34" name="34">34</a>. Ley 99 de 1922, publicada en Departamento Nacional de Higiene. <i>Legislaci&oacute;n colombiana sobre higiene y sanidad: leyes, acuerdos, decretos resoluciones. compilaci&oacute;n ordenada por el Departamento Nacional de Higiene</i>. Editorial de la Litograf&iacute;a Colombiana, Bogot&aacute;, 1937, p. 5.</p>     <p><a href="#n35" name="35">35</a>. <i>Ibid</i>., p. 75.</p>     <p><a href="#n36" name="36">36</a>. La higiene estatal continuar&iacute;a con la denominaci&oacute;n de Direcci&oacute;n Nacional de Higiene y Asistencia P&uacute;blica hasta 1931, a&ntilde;o en el cual cambia su nombre por Departamento Nacional de Higiene y Asistencia P&uacute;blica.</p>     <p><a href="#n37" name="37">37</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al. op. cit</i>. 2004, p. 244. Para ver las instituciones higi&eacute;nicas y sus directores en el periodo comprendido entre 1920 y 1937.</p>     <p><a href="#n38" name="38">38</a>. Londo&ntilde;o, Juan B. <i>Informe del Director Departamental de Higiene correspondiente al a&ntilde;o de 1916</i>. Imprenta Oficial, Medell&iacute;n, 1916, p. 18.</p>     <p><a href="#n39" name="39">39</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al</i>. <i>op. cit</i>. 2004, p. 244.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n40" name="40">40</a>. Uribe, Antonio Jos&eacute;. <i>Pol&iacute;tica Sanitaria: Exposici&oacute;n de motivos a la Ley 12 de 1926 sobre ense&ntilde;anza de la higiene, saneamiento de los puertos mar&iacute;timos y de las principales ciudades de la Rep&uacute;blica</i>. Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1926, pp. 11-12.</p>     <p><a href="#n41" name="41">41</a>. <i>Ibid</i>.</p>     <p><a href="#n42" name="42">42</a>. <i>Ibid.</i>, p. 16.</p>     <p><a href="#n43" name="43">43</a>. Para ver la legislaci&oacute;n y las campa&ntilde;as higi&eacute;nicas entre 1920 y 1937.</p>     <p><a href="#n44" name="44">44</a>. Debido a que se consider&oacute; inconstitucional la independencia de la higiene, &eacute;sta pas&oacute; a depender directamente de la Presidencia de la Rep&uacute;blica en el mismo a&ntilde;o de 1931.</p>     <p><a href="#n45" name="45">45</a>. Este Departamento constaba de dos secciones, una cient&iacute;fica y la otra administrativa. La primera se encargaba de la organizaci&oacute;n y reglamentaci&oacute;n t&eacute;cnica de la higiene en la naci&oacute;n; y la segunda secci&oacute;n se encargaba de las tareas administrativas; las dos deb&iacute;an colaborar en la construcci&oacute;n de los presupuestos anuales. Decreto N&uacute;mero 1.828 de 1931 publicado en Departamento Nacional de Higiene 1937, p. 46.</p>     <p><a href="#n46" name="46">46</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario <i>, et al</i>., 2002, p. 40.</p>     <p><a href="#n47" name="47">47</a>. "Se entiende por Unidad Sanitaria, la organizaci&oacute;n de los servicios de higiene y sanidad en un Municipio, Departamento o Regi&oacute;n, con un fondo cooperativo que se construye con los aportes suministrados por cada una de esas entidades y la Naci&oacute;n, y cuyo funcionamiento queda en forma completa bajo la direcci&oacute;n t&eacute;cnica del Departamento Nacional de Higiene". Decreto N&uacute;mero 247 de 1936, publicado en Departamento Nacional de Higiene, 1937, p. 67.</p>     <p><a href="#n48" name="48">48</a>. Ley 46 de 1919, publicada en Departamento Nacional de Higiene 1937, p. 58.</p>     <p><a href="#n49" name="49">49</a>. Ley 100 de 1928, publicada en Departamento Nacional de Higiene, 1937, p. 87.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n50" name="50">50</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al.</i>, 2004, p. 242.</p>     <p><a href="#n51" name="51">51</a>. Para ver las instituciones higi&eacute;nicas y sus directores en el periodo comprendido entre 1938 y 1953 ver Anexos, cuadro 6.</p>     <p><a href="#n52" name="52">52</a>. Jaramillo S&aacute;nchez, Alberto. <i>Anexo a la memoria del Ministro de Trabajo, Higiene y Previsi&oacute;n Social: Fasc&iacute;culo 1 servicios de Higiene</i>. El Gr&aacute;fico, Bogot&aacute;, 1938, pp. 40-41.</p>     <p><a href="#n53" name="53">53</a>. <i>Ibid.</i>, p. 62.</p>     <p><a href="#n54" name="54">54</a>. <i>Ibid</i>., p. 62.</p>     <p><a href="#n55" name="55">55</a>. <i>Ibid</i>., p. 70.</p>     <p><a href="#n56" name="56">56</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al., op. cit.</i>, 2002, pp. 55.</p>     <p><a href="#n57" name="57">57</a>. La delegaci&oacute;n colombiana estuvo compuesta por los funcionarios de higiene, con el estrenado Ministro de este ramo, Alberto Jaramillo S&aacute;nchez, a la cabeza, y un grupo de m&eacute;dicos que, en su conjunto, conformaban el v&eacute;rtice superior de la "comunidad" de los higienistas y del llamado cuerpo m&eacute;dico nacional, la mayor&iacute;a de ellos de tendencia claramente liberal: Arturo Robledo, Francisco G&oacute;mez Pinz&oacute;n, Rub&eacute;n Gamboa Echand&iacute;a, Bernardo Samper, Luis Pati&ntilde;o Camargo, Jes&uacute;s Pel&aacute;ez Botero, Jorge E. Cavelier. Otro tanto suced&iacute;a con los profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia: Roberto Franco, Juan Pablo Llin&aacute;s, Luis Cuervo M&aacute;rquez, Napole&oacute;n Franco Pareja, Juan N. Corpas, Julio Aparicio, Calixto Torres Uma&ntilde;a, Alfonso Esguerra G&oacute;mez, Jorge Salcedo Salgar. Entre ellos se repart&iacute;an las m&aacute;s altas responsabilidades, los honores y las recompensas sociales y econ&oacute;micas. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al</i>., <i>op. cit.</i>, 2002, p. 63.</p>     <p><a href="#n58" name="58">58</a>. Jaramillo S&aacute;nchez, Alberto. <i>op. cit.</i>, 1938, p. 10.</p>     <p><a href="#n59" name="59">59</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>op. cit</i>., 2000, pp. 193-194.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n60" name="60">60</a>. Desde 1931 se hab&iacute;a creado la Secci&oacute;n de Protecci&oacute;n Infantil en el Departamento Nacional de Higiene, que en 1938 pas&oacute; a ser el Departamento de Protecci&oacute;n Infantil y Materna del Ministerio de Trabajo Higiene y Previsi&oacute;n Social. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al., op. cit.</i>, 2002, p. 65.</p>     <p><a href="#n61" name="61">61</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al</i>., <i>op. cit.</i>, 2002, p. 73. Este servicio fue el de m&aacute;s alta inversi&oacute;n en higiene y salubridad en el pa&iacute;s, puesto que se daba un mill&oacute;n de d&oacute;lares y de un peso colombiano por cada d&oacute;lar por parte del gobierno colombiano. Para ver el presupuesto provisional del SCISP por proyectos, ver Anexos, cuadro 8.</p>     <p><a href="#n62" name="62">62</a>. Quevedo, Emilio, <i>et al.</i>, 2004, p. 320.</p>     <p><a href="#n63" name="63">63</a>. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al.</i>, 2002, p. 80.</p> <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A</i></b></p>     <!-- ref --><p>1. Castro, Beatriz. "Beneficencia y caridad en Cali 1848-1898". En: <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> V. 27 N. 22. Editorial Banco de la Rep&uacute;blica, Bogot&aacute;, 1990, pp. 67-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-0579201000010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Departamento Nacional de Higiene. <i>Legislaci&oacute;n colombiana sobre higiene y sanidad: leyes, acuerdos, decretos resoluciones</i>. Compilaci&oacute;n ordenada por el Departamento Nacional de Higiene. Editorial de la Litograf&iacute;a Colombiana, Bogot&aacute;, 1937, p. 380.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579201000010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Garc&iacute;a Medina, Pablo. "Informe del Director de Higiene al Ministro de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica". En: Revista de Higiene No.115, 1916, p. 286.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-0579201000010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Garc&iacute;a Medina, Pablo. <i>Compilaci&oacute;n de las leyes, decretos, acuerdos y resoluciones vigentes sobre higiene y sanidad en Colombia</i>. Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1920.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579201000010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Guadarrama, Gloria. <i>Entre la Caridad y el Derecho</i>. El Colegio Mexiquense, 2005, pp. 1-295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-0579201000010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario. <i>La salud fragmentada en Colombia 1910-1946</i>. Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-0579201000010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, Mario, <i>et al</i>. La Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud y el Estado colombiano: cien a&ntilde;os de historia 1902 2002.Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, Oficina Regional, Bogot&aacute;, 2002, p. 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-0579201000010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Jaramillo S&aacute;nchez, Alberto. <i>Anexo a la memoria del Ministro de Trabajo, Higiene y Previsi&oacute;n Social: Fasc&iacute;culo 1 servicios de Higiene</i>. El Gr&aacute;fico, Bogot&aacute;, 1938, pp. 40- 41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579201000010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Lobo, Manuel. <i>Junta Central de Higiene: exposici&oacute;n de la Junta al Congreso Nacional de 1916</i>. Imprenta y litograf&iacute;a de J. Casis, Bogot&aacute;, 1916, pp. 4-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-0579201000010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Londo&ntilde;o, Juan B. <i>Informe del Director Departamental de Higiene correspondiente al a&ntilde;o de 1916</i>. Imprenta Oficial, Medell&iacute;n, 1916.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579201000010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Mart&iacute;nez, Alberto. "La Polic&iacute;a de la pobreza". En: <i>Revista Foro: Foro por Colombia</i>, No 3. Bogot&aacute;, julio de 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-0579201000010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Quevedo, Emilio <i>, et al. Caf&eacute; y gusanos, mosquitos y petr&oacute;leo</i>. Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579201000010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Restrepo, Estela. "Vagos, enfermos y valetudinarios, Bogot&aacute;: 1830-1860". En: <i>Historia y Sociedad</i> No. 8. Universidad Nacional de Medell&iacute;n, Medell&iacute;n, Marzo de 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-0579201000010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Uribe, Antonio Jos&eacute;. <i>Pol&iacute;tica Sanitaria: Exposici&oacute;n de motivos a la Ley 12 de 1926 sobre ense&ntilde;anza de la higiene, saneamiento de los puertos mar&iacute;timos y de las principales ciudades de la Rep&uacute;blica</i>. Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1926, pp. 11-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579201000010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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