<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-0579</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Estud. Socio-Juríd]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-0579</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-05792010000200012</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Guerreros y campesinos. El despojo de la tierra en Colombia]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vargas-Reina]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jenniffer]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá D.C.]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>12</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>381</fpage>
<lpage>387</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-05792010000200012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-05792010000200012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-05792010000200012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Alejandro Reyes Posada. Guerreros y campesinos. El despojo de la tierra en Colombia.    <br> Norma: Bogot&aacute;. Colombia. 2009. 392p. Con la colaboraci&oacute;n de Liliana Duica Amaya</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p><b><i>Jenniffer Vargas-Reina*</i></b></p>      <p>* IEPRI, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute; D.C., Colombia. Trabajadora social. Candidata a mag&iacute;ster de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia. Investigadora en el proyecto <i>Fallas estatales en el &aacute;rea andina</i>. Equipo de Investigaci&oacute;n <i>Conflicto e instituciones desde una perspectiva comparada.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jenniffervr@gmail.com">jenniffervr@gmail.com</a></p>  <hr size="1">      <p>El abogado, investigador y experto en conflictos agrarios Alejandro Reyes Posada presenta en su obra <i>Guerreros y campesinos. El despojo de la tierra en Colombia</i> un an&aacute;lisis sobre el despojo de tierras rurales por la acci&oacute;n de los grupos armados, problem&aacute;tica que encuentra sus causas m&aacute;s profundas en los conflictos agrarios que desde mediados del siglo XX han ocurrido en el pa&iacute;s por la inequitativa distribuci&oacute;n y el ineficiente uso de la tierra, debido al fracaso de la reforma agraria y a la expansi&oacute;n de las guerrillas, los paramilitares, y los narcotraficantes, que en su lucha por el dominio territorial y el acceso a recursos estrat&eacute;gicos han segado la vida de miles de colombianos y han llevado al desplazamiento forzado a m&aacute;s de cuatro millones de campesinos, ind&iacute;genas, afrodescendientes y l&iacute;deres sociales.</p>      <p>Para comprender la magnitud del problema de las tierras, en primera instancia, el autor se remite a los conflictos agrarios entre terratenientes y campesinos durante la d&eacute;cada de los ochenta, y destaca como consecuencias de dichos conflictos: la expulsi&oacute;n del campesinado, la concentraci&oacute;n de la propiedad rural, la derrota del movimiento reformista agrario, el fortalecimiento de los grupos armados, y el posicionamiento del mecanismo de la violencia como forma de tramitar los conflictos, ante el fracaso de reformas y mecanismos institucionales para redistribuir la tierra y regular los conflictos de intereses.</p>     <p>El desenlace de dichos conflictos condujo a que el problema de la tierra hoy est&eacute; ligado a la fragmentaci&oacute;n del dominio territorial en manos de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes, control militar, pol&iacute;tico y administrativo que el Estado debe recuperar en todo el territorio nacional para poder garantizar una pol&iacute;tica de tierras que permita la restituci&oacute;n a quienes fueron despojados de ellas, y una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa y eficiente.</p>     <p>Por esta raz&oacute;n, Reyes Posada centra su an&aacute;lisis en la acci&oacute;n de los grupos armados, la expansi&oacute;n y capacidad de afectaci&oacute;n de las guerrillas sobre los grandes propietarios,<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> y el surgimiento de los paramilitares como grupos de defensa privada de grandes terratenientes, empresarios y narcotraficantes, que frente a la extorsi&oacute;n de las grupos guerrilleros, formaron ej&eacute;rcitos privados para la defensa de sus propiedades y negocios, pero que posteriormente entraron en una lucha por el dominio territorial, el acceso a recursos estrat&eacute;gicos y la captaci&oacute;n de contratos, administraciones y recursos p&uacute;blicos, entre otros.</p>     <p>Pero dos de los aspectos centrales que hacen de este texto un aporte novedoso y pertinente es el an&aacute;lisis del surgimiento de la clase emergente agraria financiada por el negocio del narcotr&aacute;fico, los cambios en la estructura social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que produjo la compra de tierras por narcotraficantes, y el estudio detallado sobre el despojo de tierras de campesinos por presi&oacute;n de grupos paramilitares en el per&iacute;odo comprendido entre 1997 y 2007, aspectos que desarrollo a continuaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>1. EL IMPACTO DE LA COMPRA DE TIERRAS POR NARCOTRAFICANTES</i></b></p>     <p>El autor afirma que una de las consecuencias del narcotr&aacute;fico menos visibles, pero de mayor impacto, ha sido la compra masiva de predios rurales por los barones de la droga, con el fin de lavar dinero il&iacute;cito, tener una infraestructura para la operaci&oacute;n del negocio de las drogas, disponer de &aacute;reas de seguridad y acumular tierras valorizables.</p>     <p>Con la compra de tierras surgieron escuadrones armados dirigidos y financiados, aunque no de manera exclusiva, por los jefes del negocio de las drogas que entraron a disputar la hegemon&iacute;a local que ten&iacute;an los frentes guerrilleros, en ocasiones desterr&aacute;ndolos casi por completo, y en otras, acomod&aacute;ndose a pagar impuesto a las guerrillas y manteniendo un inestable equilibrio. Muchos de los l&iacute;deres de estos escuadrones armados se convertir&iacute;an en mandos medios y altos de la estructura paramilitar en regiones de la Costa Atl&aacute;ntica, el Magdalena Medio y los Llanos.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a></p>     <p>El autor sostiene que si se estudia la relaci&oacute;n geogr&aacute;fica entre la presencia paramilitar, la compra de tierras por narcotraficantes y los conflictos por la tierra, se descubren los apoyos que narcotraficantes y terratenientes le han dado al movimiento paramilitar. En zonas de la Costa Atl&aacute;ntica donde se presentaron conflictos agrarios por la tierra, una de las funciones iniciales de los paramilitares fue la defensa de la gran propiedad. En zonas del Magdalena medio en las que ha primado la compra de tierras por parte de narcotraficantes tambi&eacute;n se ha constatado el financiamiento a grupos paramilitares.</p>     <p>Pero, adem&aacute;s del financiamiento de los narcotraficantes a grupos paramilitares, &eacute;stos se expandieron y fortalecieron gracias a las Fuerzas Armadas, las que en ocasiones promovieron, y en otras toleraron, a los que actuaron en coordinaci&oacute;n con ellas y contra las guerrillas. A esto se suma el papel cumplido por dirigentes pol&iacute;ticos con influencia a nivel regional y nacional que apoyaron al paramilitarismo contra movimientos sociales, lideres y partidos pol&iacute;ticos de izquierda, como ocurri&oacute; con el exterminio de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, y finalmente, gracias a la disposici&oacute;n de muchos hacendados, empresarios, y hasta multinacionales, que prefirieron contribuir a los paramilitares antes de confiar en la seguridad del Estado y por las v&iacute;as legales, frente a la presi&oacute;n guerrillera.</p>     <p>La compra de tierras por narcotraficantes cambi&oacute; los t&eacute;rminos del problema agrario colombiano: 1) <i>en muchas regiones los narcos han sustituido a las viejas capas propietarias de la tierra y han deteriorado el escaso liderazgo social en las regiones afectadas</i>; 2) contribuy&oacute; a elevar los niveles de concentraci&oacute;n de la propiedad en pocas manos, con el consiguiente aumento del desplazamiento forzado; 3) <i>financi&oacute; la vinculaci&oacute;n de las estrategias p&uacute;blicas y privadas de contrainsurgencia que disputaron dominios territoriales con las guerrillas, aterrorizaron la poblaci&oacute;n rural y elevaron los niveles de violencia</i>; 4) han reforzado la destinaci&oacute;n de las mejores tierras del pa&iacute;s a la ganader&iacute;a extensiva, en perjuicio de la agricultura y los bosques.</p>     <p><b><i>2. EL DESPOJO DE TIERRAS POR PARAMILITARES EN COLOMBIA</i></b></p>     <p>Reyes realiza un estudio sobre el proceso de expulsi&oacute;n de la poblaci&oacute;n campesina y el despojo de tierras rurales en Colombia entre 1997 (cuando fueron creadas las AUC) y 2007 (cuando hab&iacute;a concluido su desmonte y desmovilizaci&oacute;n en el gobierno del presidente &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez). Para llevar a cabo este an&aacute;lisis el autor describe los bloques y frentes en que se dividi&oacute; el movimiento paramilitar y sus dominios territoriales; posteriormente, analiza el despojo de tierras en los once departamentos m&aacute;s afectados por el desplazamiento forzado debido a la acci&oacute;n de dichos grupos (los departamentos de la Costa Atl&aacute;ntica, y otros como Antioquia, Choc&oacute;, Meta y Caquet&aacute;), con base en entrevistas a funcionarios responsables de estos temas, investigadores, l&iacute;deres sociales, consulta documental, y revisi&oacute;n de las bases de datos de las que dispone el pa&iacute;s sobre la materia.</p>     <p>La investigaci&oacute;n de Reyes describe la din&aacute;mica diferencial en cada uno de los departamentos seleccionados. Para ello ubica el frente paramilitar –y los mandos medios y altos que comandaron cada zona–, describe con detalles el proceso de desplazamiento y despojo en cada departamento, se&ntilde;ala la cantidad de personas desplazadas por municipio y el n&uacute;mero de hect&aacute;reas abandonadas o usurpadas; tambi&eacute;n relaciona de qu&eacute; manera ha influido o no el proceso de desmovilizaci&oacute;n en dicha zona, c&oacute;mo es percibido dicho proceso, y si se han generado o no nuevas bandas emergentes, o han continuado los paramilitares delinquiendo como estructura.</p>     <p>Si bien el proceso y el impacto del despojo, as&iacute; como las dificultades para restituir las tierras, tienen un car&aacute;cter diferencial en cada uno de los departamentos seleccionados, hay varios aspectos similares que se presentan en todos ellos y que podemos esbozar aqu&iacute;. En primer lugar, respecto a los <i>prop&oacute;sitos</i> de los grupos paramilitares, que llevaron a los asesinatos selectivos, las masacres, la imposici&oacute;n del terror, y el despojo de tierras, est&aacute;n: romper todo v&iacute;nculo de colaboraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n con las guerrillas, y crear v&iacute;nculos afines con las autodefensas; colmar el apetito de tierras y riqueza que ten&iacute;an los mandos medios y altos como Salvatore Mancuso, Carlos Mario Jim&eacute;nez, Macaco, H.H, y Elver Veloza, etc.; controlar territorios y rutas del narcotr&aacute;fico; desocupar los corredores estrat&eacute;gicos, y regular el mercado de tierras (no se pod&iacute;an hacer intercambios de propiedad si no hab&iacute;a un consentimiento de las autodefensas).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre <i>los aspectos centrales que favorecieron el despojo</i> pueden citarse: la alianza entre paramilitares y fuerzas militares y la captura de instancias de las administraciones municipales por parte de los primeros, que lograron apoderarse de rentas del presupuesto p&uacute;blico e inclusive filtrarse en las instituciones de administraci&oacute;n de justicia como las fiscal&iacute;as, o presionar a los funcionarios de las administraci&oacute;n a trav&eacute;s de la intimidaci&oacute;n, las amenazas o la corrupci&oacute;n; tambi&eacute;n, el establecimiento de alianzas con pol&iacute;ticos y elites territoriales, y aun el control de las maquinarias electorales y las burocracias.</p>     <p>En los departamentos de la Costa Atl&aacute;ntica ha primado <i>la utilizaci&oacute;n de las tierras despojadas</i> a los campesinos para el uso de la ganader&iacute;a extensiva, pero tambi&eacute;n para instalaci&oacute;n de megaproyectos; por ejemplo, la zona de Mar&iacute;a La Baja y el Guamo. Esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n se ha generado en departamentos como Choc&oacute;, en donde los paramilitares se han asociado con empresarios para llevar a cabo proyectos productivos de cultivos como la palma de cera en territorios colectivos, o para la explotaci&oacute;n maderera y minera.</p>     <p>En todos los departamentos se presentan <i>dificultades similares para restituir las tierras despojadas</i> a sus leg&iacute;timos due&ntilde;os, adem&aacute;s del problema de seguridad en varias zonas. En la mayor&iacute;a de departamentos un foco de inseguridad sobre los derechos de propiedad son las notar&iacute;as y las oficinas de registro de instrumentos p&uacute;blicos: all&iacute; la coacci&oacute;n a los funcionarios y la corrupci&oacute;n han permitido el traspaso de propiedad a manos de los grupos armados o sus testaferros. Adem&aacute;s de lo anterior, los campesinos despojados no tienen papeles de sus predios; muchos de los actos de despojo tienen apariencia de legalidad mediante ventas forzadas, compras a menor precio, o expropiaci&oacute;n violenta sin contraprestaci&oacute;n; no existe actualizaci&oacute;n del registro; y se ha generado la falsificaci&oacute;n de papeles y escrituras.</p>     <p>Inclusive, se ha llegado al extremo de borrar toda evidencia de registro de traspaso fraudulento de propiedades, como el caso de las oficinas de Registro de Instrumentos P&uacute;blicos de Valledupar y C&oacute;rdoba que fueron incendiadas para desaparecer los registros de propiedad antes y despu&eacute;s de la llegada de los paramilitares. La primera fue incendiada por orden de Jorge 40. Adem&aacute;s de la destrucci&oacute;n de estas oficinas, tambi&eacute;n pesa el asesinato de dos funcionarios jefes de registro en Sincelejo y Valle. En la investigaci&oacute;n de dichos cr&iacute;menes se busca esclarecer si fue a causa de su negativa a legalizar millonarias compraventas de tierras de paras y narcotraficantes. Finalmente, tambi&eacute;n existen otras dificultades de car&aacute;cter institucional como cambios en las reglas de juego, desbordamiento de las funciones de las entidades oficiales descentralizadas encargadas del tema, y falta de presupuesto, entre otras.</p>     <p>Teniendo en cuenta el panorama anterior, Reyes concluye que la violencia del conflicto armado y del narcotr&aacute;fico no s&oacute;lo ha deteriorado los medios democr&aacute;ticos para expresar y resolver los conflictos sociales, sino que adem&aacute;s ha empeorado la inequidad y la ineficiencia.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> Entre las consecuencias de  esta guerra est&aacute; una mayor concentraci&oacute;n de la propiedad, el desplazamiento forzado acelerado, el empobrecimiento de campesinos y empresarios, una mayor subutilizaci&oacute;n de la tierra en ganader&iacute;a extensiva, y una reducci&oacute;n de la agricultura comercial y campesina (p. 368).</p>     <p>Para Reyes s&oacute;lo puede aplicarse una pol&iacute;tica estatal sobre tierras all&iacute; donde no llega el poder de los se&ntilde;ores de la guerra. El Estado debe recuperar el control y el dominio militar, pol&iacute;tico y administrativo sobre su territorio. Adem&aacute;s de lo anterior, plantea que en este momento en que el Estado ha emprendido una tarea de recuperaci&oacute;n del territorio de manos guerrillas y paramilitares es necesario hacer una pol&iacute;tica de ordenamiento de la poblaci&oacute;n que genere mayor equidad y un desarrollo econ&oacute;mico sostenible, impedir la ampliaci&oacute;n de su frontera agraria hacia zonas selv&aacute;ticas, y llega a proponer (argumentado que Colombia tiene m&aacute;s territorio que Estado) que se trace una l&iacute;nea fronteriza por fuera de la cual no ser&iacute;a licita la ocupaci&oacute;n campesina. Seg&uacute;n el autor, reducir el &aacute;rea habitable que el Estado puede controlar facilita la recuperaci&oacute;n del monopolio de la fuerza leg&iacute;tima y le quita espacio a las formas de control armado ilegales sobre la poblaci&oacute;n (p. 369).</p>     <p>Reyes afirma que el Estado puede disponer de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para regular el uso del suelo. Varias zonas agropecuarias subutilizadas con ganader&iacute;a extensiva, y cuya propiedad ha sido concentrada en manos ileg&iacute;timas, podr&iacute;an dar cabida a una mayor densidad de agricultores empresariales y campesinos. Las anteriores medidas deben estar acompa&ntilde;adas de una pol&iacute;tica que contemple la urbanizaci&oacute;n planificada y ordenada de los desplazados por la violencia, de los cuales, seg&uacute;n el autor, por lo menos dos tercios no van a regresar a las regiones de expulsi&oacute;n.</p>     <p>Este texto de Alejandro Reyes constituye, sin duda, un valioso aporte para la comprensi&oacute;n de las causas, din&aacute;micas y consecuencias de los conflictos agrarios que tuvieron lugar en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas y del proceso de despojo de tierras que hoy ha llegado a dimensiones realmente alarmantes, injustas, e inmorales. El reto que tiene el Estado para enfrentar esta compleja problem&aacute;tica es may&uacute;sculo; pasa por desmantelar completamente las estructuras y alianzas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que los paramilitares y los narcotraficantes han establecido con empresarios y pol&iacute;ticos; desmantelar tambi&eacute;n la red de testaferros y funcionarios que han posibilitado la legalizaci&oacute;n de las tierras usurpadas; la creaci&oacute;n de una jurisdicci&oacute;n especial para hacer de una manera eficiente la restituci&oacute;n de tierras; y por la creaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de una pol&iacute;tica que garantice verdad, justicia, reparaci&oacute;n y garant&iacute;as de no repetici&oacute;n a los millones de colombianos y colombianas que han tenido que pagar con sus vidas el costo de una guerra que no es suya.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Seg&uacute;n Reyes, la guerrilla de las FARC desarroll&oacute; una estrategia de copamiento geogr&aacute;fico en el pa&iacute;s: en 1985 ocupaba las regiones n&uacute;cleo de la colonizaci&oacute;n campesina; para 1990 comenzaba actuar en las grandes regiones de ganader&iacute;a extensiva de la Costa Atl&aacute;ntica, hacia el nororiente y el sur del pa&iacute;s. Para el a&ntilde;o 2000 se intensificaron sus acciones pr&aacute;cticamente en todas las regiones. Pero desde el 2005 se observa un importante repliegue geogr&aacute;fico desde el norte hacia el sur y desde el occidente hacia el oriente. Reyes atribuye dicho repliegue a la pol&iacute;tica de Seguridad de &Aacute;lvaro Uribe que forz&oacute; a las FARC a replegarse en zonas de refugio que coinciden con zonas de cultivos il&iacute;citos y rutas de exportaci&oacute;n de drogas (p. 58).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n2" name="2">2</a>. Reyes retoma los hallazgos de la investigaci&oacute;n de Gustavo Duncan en los que concluye que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) no han sido nunca una estructura unificada ni vertical frente a un mando conjunto, sino siempre una alianza inestable y din&aacute;mica de grupos regionales, con una alta tasa de relevo de mandos, asesinato de comandantes y surgimientos de nuevos liderazgos. En este sentido, para Reyes la desmovilizaci&oacute;n de los principales bloques paramilitares no constituy&oacute; el fin del paramilitarismo, pues los comandantes desmovilizados no tuvieron el poder suficiente para impedir el surgimiento de nuevos grupos y la continuaci&oacute;n de los anteriores. De hecho, desmovilizados han generado nuevas organizaciones llamadas por el Gobierno "bandas emergentes" o "bandas criminales" (p. 120).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Sobre esto &uacute;ltimo se pueden citar las cifras presentadas por Reyes con respecto a la propiedad y el uso del suelo: "En el a&ntilde;o 2000 tres millones de peque&ntilde;os propietarios de predios inferiores a veinte hect&aacute;reas pose&iacute;an un poco menos de siete millones de hect&aacute;reas. 422.000 medianos propietarios de predios entre veinte y doscientas hect&aacute;reas pose&iacute;an casi 17 millones de hect&aacute;reas, y 47.000 grandes propietarios de predios superiores a doscientas hect&aacute;reas ten&iacute;an 51,4 millones de hect&aacute;reas. En los extremos de la pir&aacute;mide rural las cifras son reveladoras Dos millones de minifundistas, con predios inferiores a una hect&aacute;rea pose&iacute;an 1,3 millones de hect&aacute;reas. Mientras 2.200 due&ntilde;os de predios superiores a 2.000 hect&aacute;reas, ten&iacute;an 39 millones de hect&aacute;reas..." A prop&oacute;sito de los usos del suelo se&ntilde;ala que la ganader&iacute;a ocupa casi tres veces el &aacute;rea a que deber&iacute;a estar dedicada esa actividad. A expensas de la agricultura y de los bosques "el pa&iacute;s tiene 21,5 millones de hect&aacute;reas con vocaci&oacute;n agr&iacute;cola y solo usa 4,7 millones en agricultura, entre cultivos transitorios y permanentes que equivalen a menos de una cuarta parte del potencial aprovechable. En cambio ocupa 37,8 millones de hect&aacute;reas en ganader&iacute;a, la mayor parte extensiva, mientras la vocaci&oacute;n natural para pastos es solo de 14,2 millones de hect&aacute;reas, la mayor&iacute;a en los llanos orientales" (p. 367).</p> </font>      ]]></body>
</article>
