<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-0579</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Estud. Socio-Juríd]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-0579</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-05792014000100001</article-id>
<article-id pub-id-type="doi">dx.doi.org/10.12804/esj16.1.2014.00</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aspectos jurídicos, políticos y económicos de la tragedia de la Colombia rural de las últimas décadas: hipótesis para el análisis]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Legal, political and economic aspects of the tragedy in rural Colombia in recent decades: hypothesis for analysis]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Berry]]></surname>
<given-names><![CDATA[Albert]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Toronto  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Toronto ]]></addr-line>
<country>Canadá</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<volume>16</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>7</fpage>
<lpage>24</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-05792014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-05792014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-05792014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p>Editorial</p>      <p align="center"><font size="4"><b>Aspectos jur&iacute;dicos, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de la tragedia de la Colombia rural de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: hip&oacute;tesis para el an&aacute;lisis</b></font></p>  	    <p align="center">Albert Berry*    <br> 	Universidad de Toronto</p>      <p>* Profesor em&eacute;rito de Econom&iacute;a de la Universidad de Toronto, Director de Investigaci&oacute;n del Programa para Am&eacute;rica Latina y el caribe en el Centro de Estudios Internacionales. Toronto, Canad&aacute;. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:berry2@chass.utoronto.ca">berry2@chass.utoronto.ca</a>.</p>      <p>doi: dx.doi.org/10.12804/esj16.1.2014.00</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Colombia comparte con Sud&aacute;n y con la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo la fama de ser uno de los tres pa&iacute;ses del mundo con mayor n&uacute;mero de personas desplazadas. En ciertos periodos ha presentado la m&aacute;s alta tasa de homicidios del planeta. Cada pa&iacute;s que sufre estas desgracias tiene una historia distinta de la de los otros: Colombia nunca ha tenido un gobierno o un mandatario directamente involucrado en masacres -como el presidente-dictador del Sud&aacute;n- ni es un pa&iacute;s con un gobierno ausente en grandes zonas de su territorio, como en el caso del Congo. No obstante, a pesar de no ser comparable con esos dos pa&iacute;ses en las caracter&iacute;sticas mencionadas, la tragedia colombiana es m&aacute;s sorprendente y m&aacute;s complicada en cuanto a factores que han dejado una enorme cantidad de muertos y un n&uacute;mero gigantesco de desplazados.<Sup><a href="#num1" name="nu1">1</a></Sup></p>      <p>En relaci&oacute;n con los pa&iacute;ses referenciados,<Sup><a href="#num2" name="nu2">2</a></sup> Colombia es el m&aacute;s desarrollado en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, sociales e institucionales, lo que, igualmente, hace m&aacute;s extra&ntilde;o el hecho de padecer enfermedades sociopol&iacute;ticas. Goza, por ejemplo, de una combinaci&oacute;n de elementos democr&aacute;ticos: no solo elige sus gobiernos, sino que tambi&eacute;n cuenta con una dispersi&oacute;n regional de poderes pol&iacute;ticos mayor que en el caso de una dictadura centralizante. Empero, muchos observadores comentan que esa forma de 'democracia' deja incentivos y oportunidades para la generaci&oacute;n de violencia e injusticia dentro de los mismos procesos pol&iacute;ticos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La interpretaci&oacute;n tradicional de la violencia colombiana de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, resultado de los odios hereditarios entre los miembros de los dos partidos pol&iacute;ticos tradicionales en un contexto de elecciones democr&aacute;ticas, fue parcial y dej&oacute; de lado los elementos m&aacute;s sutiles y perdurables. En d&eacute;cadas posteriores, el papel de otros factores pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos -especialmente la tenencia de "la tierra"- parece haber sido m&aacute;s relevante y, seguramente, m&aacute;s obvio de lo que era en ese periodo anterior.</p>      <p>Colombia sigue siendo un Estado heterog&eacute;neo en cuanto al comportamiento de sus diversas instancias; soporta una combinaci&oacute;n de fuerzas, algunas muy din&aacute;micas y positivas, otras muy negativas, y no faltan las oportunistas ante la posibilidad de avanzar sobre sus propios intereses (en este n&uacute;mero, Estrada y Rodr&iacute;guez, 2014). Se trata de un Estado con un alto nivel de corrupci&oacute;n en ciertas instituciones importantes relacionadas con la cuesti&oacute;n de la tierra. De los pa&iacute;ses con muy altos niveles de violencia, Colombia parece ser el lugar donde la lucha por la tierra tiene mayor peso.<Sup><a href="#num3" name="nu3">3</a></Sup></p>      <p>Colombia se conoce en el mundo entero como un pa&iacute;s que ha sufrido much&iacute;sima violencia, un fen&oacute;meno relativamente f&aacute;cil de observar y medir. Tiene menos fama como pa&iacute;s de grandes injusticias, que tampoco ha podido vencer. En su caso, m&aacute;s que en muchos otros pa&iacute;ses, los dos fen&oacute;menos est&aacute;n muy ligados. Gran parte de la violencia y la injusticia sufridas est&aacute;n asociadas a la posesi&oacute;n de la tierra -despojo, robo, extorsi&oacute;n, manipulaci&oacute;n legal, entre otros-. Hoy en d&iacute;a hay un alt&iacute;simo nivel de concentraci&oacute;n de la tierra, del cual un elevado porcentaje ha sido apropiado de manera funesta, a veces con violencia, a veces por otras v&iacute;as. No sorprender&iacute;a que el porcentaje de la tierra que registra actualmente grandes extensiones y que goza de una historia de acumulaci&oacute;n leg&iacute;tima (o sea, limpia de sangre, de despojo y de cualquier forma de fraude, lo que es una gran inc&oacute;gnita) estuviera en un rango entre el 10% y el 25%, seg&uacute;n la definici&oacute;n de legitimidad. Una significado amplio, corresponder&iacute;a al caso de una acumulaci&oacute;n dada sin violencia, coerci&oacute;n, soborno de bur&oacute;cratas, manipulaci&oacute;n legal o similares.<Sup><a href="#num4" name="nu4">4</a></sup> En resumen, la justicia en Colombia, en cuanto a cuestiones de tierra rural, ha sido muy poca, no solamente en t&eacute;rminos absolutos sino tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con la gran mayor&iacute;a de otros pa&iacute;ses. El Estado no ha sido capaz de prevenir una cantidad enorme de iniquidades e incluso, en muchas ocasiones, ha facilitado tales desafueros.</p>      <p>Infortunadamente, las condiciones del &uacute;ltimo medio siglo en Colombia produjeron un proceso de "selecci&oacute;n de los peores", es decir, quienes terminan ejerciendo el poder sobre la tierra son, en promedio, aquellos con menor calidad moral, dado que solamente ellos est&aacute;n "dispuestos a" y son "capaces de" hacer lo necesario para controlar la tierra. La teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n afirma que la selecci&oacute;n se da a favor de los organismos que mejor se adaptan. En econom&iacute;a es igual: cuando los mercados funcionan bien, se habla de la selecci&oacute;n de los m&aacute;s eficientes. Pero cuando ni los mercados ni el sistema pol&iacute;tico marchan adecuadamente surge esa "selecci&oacute;n de los peores". Es un equilibrio dif&iacute;cil de romper, como se ha evidenciado en tantos otros pa&iacute;ses y sociedades.</p>      <p>Entre las preguntas planteadas por la historia de la tierra en Colombia est&aacute; el grado del impacto, a largo plazo, que se debe esperar del hecho de que un porcentaje tan alto de ingresos y riqueza del pa&iacute;s quede en manos de gente de baja moralidad, entre ellos los narcotraficantes, los victimarios en el proceso de despojo, los bur&oacute;cratas corruptos, por mencionar algunos. &iquest;C&oacute;mo, desde ese punto de partida, se puede construir un sistema pol&iacute;tico y una cultura sanos?.</p>      <p>Este n&uacute;mero especial de la revista se compone de una serie de estudios que contribuyen al an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n del conflicto alrededor de la tierra en Colombia. Esta problem&aacute;tica se caracteriza por un nivel de despojo que ha sido un rasgo concluyente de la historia nacional de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Los ensayos se&ntilde;alados buscan descifrar un poco la experiencia en cuesti&oacute;n para responder a la pregunta de &iquest;por qu&eacute; Colombia?.</p>      <p>Cada estudio considera, entre otras cosas, aspectos jur&iacute;dicos e institucionales de esos acontecimientos; las respuestas pol&iacute;ticas a ellos, y las interacciones entre lo pol&iacute;tico y lo jur&iacute;dico. Desde lejos, no parecer&iacute;a obvio que los aspectos jur&iacute;dicos e institucionales tuviesen gran influencia en un proceso descrito con mucha frecuencia como "guerra civil". En el contexto del conflicto que nos ocupa es com&uacute;n suponer que ni la ley ni las instituciones encargadas de su implementaci&oacute;n funcionen. Es m&aacute;s, existe la percepci&oacute;n de que a&uacute;n en tiempos m&aacute;s normales Colombia no se comporta muy de acuerdo con las leyes formales; en su defecto acude a otros mecanismos, en donde lo que importa es el poder, a veces pol&iacute;tico, en ocasiones f&iacute;sico y, a veces tambi&eacute;n, de otra &iacute;ndole. Dentro de esa realidad, &iquest;qu&eacute; peso tiene el sistema judicial/policial compuesto, por una parte, por el cuerpo de leyes, decretos, etc. que supuestamente establecen las reglas del juego, y por otra, por los actores dentro de ese sistema: cortes, jueces, abogados, notarios (parcialmente, por lo menos), polic&iacute;as y militares? &iquest;Cu&aacute;l ha sido el impacto del mismo sobre el proceso de despojo?.</p>      <p>Cualquier teor&iacute;a que busque explicar la experiencia de Colombia tiene que incluir elementos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos, y socioculturales; esas proposiciones existen en abundancia. Aquellas que asignan gran peso a las caracter&iacute;sticas del sistema judicial/policial son menos numerosas y, de nuevo, a primera vista y por mucho, menos convincentes. No obstante, al acercarse a la realidad colombiana, tales teor&iacute;as parecen tener m&aacute;s peso, directa e indirectamente. Esta publicaci&oacute;n analiza a fondo esas cuestiones: &iquest;c&oacute;mo contribuye el sistema legal/judicial/policial a acentuar y/o mitigar los cr&iacute;menes (masacres, homicidios, despojo violento y otras formas del despojo) alrededor de la tierra?.</p>      <p><font size="3"><b>2. Breve recorrido de los procesos de violencia e injusticia en las &aacute;reas rurales</b></font></p>      <p>La mayor&iacute;a de los elementos contribuyentes a la violencia en Colombia se conocen bien a trav&eacute;s de los varios an&aacute;lisis disponibles; aunque en menor proporci&oacute;n, esto es tambi&eacute;n valido en lo que se refiere a la injusticia. Entre los actores claves se pueden contar los militantes de la guerrilla, los narcotraficantes, los paramilitares, algunos terratenientes y algunos con intereses mineros, todo eso en el marco de un Estado por una parte d&eacute;bil, en lo atinente a su presencia f&iacute;sica en las regiones remotas del pa&iacute;s, y por otra, debilitado, por la infiltraci&oacute;n de beneficiarios del conflicto y por la presencia de bur&oacute;cratas oportunistas (entre otros, algunos militares, polic&iacute;as), dispuestos a favorecer a uno u otro de los grupos mencionados para alcanzar sus propios intereses. Los grandes perdedores, fuera de los muertos que deja el conflicto, han sido los peque&ntilde;os agricultores.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una tradici&oacute;n &uacute;nica de violencia durante el siglo veinte forma parte del contexto hist&oacute;rico. Los factores econ&oacute;micos, a su turno, siempre han tenido un papel importante en los episodios de violencia y tambi&eacute;n en el nivel m&aacute;s cr&oacute;nico de conflicto rural. Esos factores parecen ser relativamente m&aacute;s significativos en la experiencia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas que en &eacute;pocas anteriores. Por ejemplo, son grandes las ganancias econ&oacute;micas logradas con el aprovechamiento de la droga, los cultivos como la palma africana, la ganader&iacute;a y la especulaci&oacute;n de tierras; todos estos elementos son determinantes frente a un Estado y un sistema jur&iacute;dico d&eacute;biles. La presencia de tantos actores en el mismo drama, sin hablar de las divisiones y conflictos dentro de algunos grupos (como sucede, por ejemplo, con los paramilitares) implica una complejidad grande, una mezcla tal vez m&aacute;s complicada y peligrosa de lo que ha experimentado cualquier otro pa&iacute;s.</p>      <p>Durante toda la segunda mitad del siglo XX, especialmente a partir de los a&ntilde;os setenta, la din&aacute;mica del despojo fue intensa y producto del conflicto armado, del narcotr&aacute;fico y de la presi&oacute;n por la tierra para el desarrollo agroindustrial. En los a&ntilde;os ochenta y noventa hubo una explosi&oacute;n de violencia con extorsiones y secuestros por parte de la guerrilla; se crearon grupos de autodefensa para combatir los secuestros y tambi&eacute;n surgieron los primeros grupos paramilitares financiados por narcotraficantes, quienes, con el pretexto de combatir a la subversi&oacute;n guerrillera, buscaban controlar territorio para manejar el negocio de la droga. As&iacute; se asesinaron l&iacute;deres campesinos y se cometieron masacres y desplazamientos.<Sup><a href="#num5" name="nu5">5</a></Sup></p>      <p>Desde finales de la d&eacute;cada de 1990 hasta 2006 se dio la consolidaci&oacute;n de grupos paramilitares. Es decir, la presencia permanente de ellos en el territorio y la instalaci&oacute;n en algunas fincas como bases de entrenamiento (en guerra, tortura, etc.). Esta fue la &eacute;poca de m&aacute;s terror y mucho abandono de la tierra por parte de los colonos y campesinos. La desmovilizaci&oacute;n de los grupos paramilitares (2005-2006) se tradujo en una transformaci&oacute;n jur&iacute;dica y material de la propiedad (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). La coerci&oacute;n fue instrumento no solo utilizado por guerrilleros y paramilitares para controlar el territorio "sino tambi&eacute;n por empresarios quienes atemorizaron a los antiguos colonos para que abandonaran de las tierras. Pero adem&aacute;s de la coerci&oacute;n, las alianzas entre grandes propietarios y estos grupos fueron otro medio para lograr la titulaci&oacute;n y la transferencia de la tierra" (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero).</p>      <p>Otra v&iacute;a de titulaci&oacute;n y transferencia de la propiedad rural fue la violaci&oacute;n de las leyes rurales, por ejemplo de la Ley 160 de 1994 y de la Resoluci&oacute;n 041 de 1996, que establecen los l&iacute;mites de titulaci&oacute;n cuando las tierras son de origen bald&iacute;o (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). Algunas tierras supuestamente de colonos se perdieron "mediante titulaciones convenidas con el INCORA por influencia de empresas, compras fraudulentas y constituci&oacute;n de empresas que adquieren en papel estos predios para posteriormente venderlos" (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero).</p>      <p>Aunque el desplazamiento y el despojo han sido a veces una consecuencia del conflicto, son principalmente una estrategia sistem&aacute;tica de acaparamiento y de control territorial. Es decir, el desplazamiento no se genera a causa de la guerra, sino que hay guerra para que haya desplazados (PNUD, 2011). Estos hechos ocurren al margen o incluso a la sombra de aparatos pol&iacute;ticos leg&iacute;timos e ileg&iacute;timos (Estrada y Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). Esta es tal vez la primera ocasi&oacute;n en la historia del pa&iacute;s en que el conflicto, el despojo y la concentraci&oacute;n de la tierra han tenido tanto aporte directo e indirecto del Estado (impl&iacute;cito en la falta de respuesta seria a los actos criminales).</p>      <p><font size="3"><b>3. Elementos de an&aacute;lisis</b></font></p>      <p>Como ya se coment&oacute;, el despojo masivo de tierras durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se debe a un complejo de factores hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y jur&iacute;dicos. Tras estos elementos est&aacute;n las caracter&iacute;sticas culturales, sociales y morales de la sociedad. En este ensayo se distinguen cuatro dimensiones interrelacionadas: sociocultural, pol&iacute;tica, jur&iacute;dica y econ&oacute;mica.</p>      <p>Las reglas del juego de cualquier sociedad est&aacute;n determinadas directamente por los procesos pol&iacute;ticos o jur&iacute;dicos. Los primeros permiten la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y de sus varios grupos mediante canales establecidos por la historia pol&iacute;tica y constitucional del pa&iacute;s y por las pr&aacute;cticas seguidas en esa historia.</p>      <p>Los procesos jur&iacute;dicos est&aacute;n dise&ntilde;ados para asegurar que ciertos valores de la sociedad se mantengan gracias a las reglas que operan en forma independiente del proceso pol&iacute;tico corriente. Con esto se busca un grado de estabilidad, profesionalismo y neutralidad pol&iacute;tica en ciertos aspectos de la vida de la gente. El componente jur&iacute;dico de una sociedad tiene dos elementos: el constitucional, que establece las instituciones pol&iacute;ticas y sus formas de operar, y el estatuario, que corresponde a las leyes c&iacute;vicas dise&ntilde;adas para mantener el nivel de justicia en las relaciones entre personas, y entre ellas y el Estado. El contenido de las reglas constitucionales se fija en ciertos momentos por procesos pol&iacute;ticos "especiales" con la idea de que permanezcan durante un largo periodo, hasta que la sociedad decida hacer cambios a trav&eacute;s de otro proceso pol&iacute;tico similar. En contraste, las leyes estatuarias no-constitucionales se establecen como producto normal del preceder legislativo del Congreso del pa&iacute;s.</p>      <p>Fuera del hecho de que los actores pol&iacute;ticos establecen el contenido y la estructura del sistema jur&iacute;dico, ambos procesos tambi&eacute;n interact&uacute;an de manera continua. Dadas las reglas jur&iacute;dicas, el modo de aplicarlas se determina hasta cierto punto por los procesos pol&iacute;ticos del momento. Por ejemplo, el nombramiento de los jueces puede ser responsabilidad de pol&iacute;ticos y as&iacute; reflejar las preferencias de ellos, o el comportamiento del sistema judicial puede depender de los recursos que los pol&iacute;ticos le asignen.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La cultura y los aspectos morales de la sociedad supuestamente tienen un reflejo en la Constituci&oacute;n y en el cuerpo legislativo. Se manifiestan, del mismo modo, tal vez en una forma menos precisa y menos directa, en la manera de funcionar del sistema jur&iacute;dico, en parte a trav&eacute;s del impacto del proceso pol&iacute;tico sobre el ejercicio jur&iacute;dico.</p>      <p>Para entender mejor el drama de la tierra rural en Colombia hay que tener en cuenta, en primera instancia, las "reglas del juego" establecidas por las instituciones pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas y, en segundo t&eacute;rmino, las de los actores con intereses o responsabilidades espec&iacute;ficas, relacionadas con el tema. Puede haber coincidencia parcial entre unos y otros, por ejemplo, un juez que tambi&eacute;n tiene un inter&eacute;s econ&oacute;mico.</p>      <p>Un punto de partida para el an&aacute;lisis del despojo es la alta demanda de la tierra, basada en elementos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y militares. El despojo y transferencia de tanta tierra implican un gran desbalance de poderes entre quienes quieren acumular y quienes pierden; en el caso del despojo, entre los victimarios y las v&iacute;ctimas. As&iacute;, hay que mirar tambi&eacute;n el porqu&eacute; de la debilidad de los perdedores.</p>      <p>Quienes han querido acumular tierras hacen parte de los grupos narcotraficantes, guerrilleros o paramilitares; tambi&eacute;n algunos terratenientes tradicionales y empresas nacionales e internacionales con metas de explotaci&oacute;n. Adem&aacute;s, hay otros grupos como bur&oacute;cratas y polic&iacute;as corruptos, y excampesinos pertenecientes a las fuerzas armadas paramilitares. Algunos, o todos miembros de cada uno de esos grupos, est&aacute;n dispuestos a ignorar o evadir cualquier obst&aacute;culo que se les interponga. En el caso de los grupos armados, el <i>modus operandi</i> es la guerra, pero posteriormente es posible que busquen legitimar sus derechos (Guti&eacute;rrez, este n&uacute;mero). Los otros grupos aprovechan la debilidad pol&iacute;tica y jur&iacute;dica de quienes en un momento dado cultivan la tierra (Pe&ntilde;a Huertas et al., este n&uacute;mero).<Sup><a href="#num6" name="nu6">6</a></sup> Al mirar atr&aacute;s, el fen&oacute;meno del despojo evidencia la fragilidad de las defensas de los colonos y campesinos, y otros obligados a dejar las parcelas que antes hab&iacute;an cultivado. Importa, para poder entender y formular pol&iacute;ticas hacia el futuro, estar en capacidad de juzgar cu&aacute;les han sido los factores de mayor trascendencia en la ventaja de los ganadores y en la debilidad de los perdedores. Una mirada al cronograma de eventos y tendencias principales ayuda a identificarlos.</p>  <ol>     <li>De los a&ntilde;os sesenta en adelante aparecieron nuevos actores (en relaci&oacute;n con la historia previa de violencia rural en Colombia) de creciente poder: los narcotraficantes y la guerrilla. Los dos grupos rompieron con algunos de los patrones tradicionales de la violencia, aunque por razones distintas, y alcanzaron a controlar un porcentaje significativo del territorio agropecuario nacional. Luego surgieron los grupos de autodefensa que, con las fuerzas militares del Estado, completaron el panorama de los cuatro grupos participantes directos en la confrontaci&oacute;n. Hab&iacute;a, seg&uacute;n el periodo y la regi&oacute;n, arreglos de cooperaci&oacute;n entre diferentes combinaciones; la guerrilla y los paramilitares se aliaron con cierta frecuencia con los narcotraficantes para aprovechar las ventajas financieras que esos enlaces implicaban.    <br> Esta situaci&oacute;n tuvo importantes impactos internacionales por el tr&aacute;fico de drogas a EE.UU. y por el peligro que en ciertos momentos represent&oacute; la guerrilla para el Estado colombiano. En ese contexto se mont&oacute; el Plan Colombia, financiado por EE.UU., con el prop&oacute;sito de derrotar el narcotr&aacute;fico y la guerrilla. Durante la &eacute;poca de mayor importancia del Plan, el esfuerzo militar colombiano se orient&oacute; a esos dos grupos. Mientras tanto, la creciente presencia de los paramilitares y sus actos de violencia se quedaron durante un tiempo por debajo del radar en t&eacute;rminos de estrategia y del debate nacional e internacional. Gradualmente el control de la tierra por parte de cada uno de los grupos cambi&oacute; a favor de los paramilitares y sus aliados.</li>    <br>      <li>Un segundo fen&oacute;meno, que se inici&oacute; durante la &eacute;poca de conflicto pero que gan&oacute; importancia desde los a&ntilde;os noventa, fue la toma de tierras por razones no-militares, algunas abandonadas durante el conflicto y otras accedidas a trav&eacute;s del despojo coercitivo o de alguna manipulaci&oacute;n legal y el conflicto dirigido a promover el despojo (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). Los promotores principales de estos procesos fueron, naturalmente, quienes buscaban acumular m&aacute;s tierra.    <br> En la lucha descrita es notoria la debilidad de los colonos/campesinos, pero, a la vez, es t&iacute;pico de la historia del avance de la agricultura colombiana que los peque&ntilde;os cultivadores lleguen primero a colonizar nuevas &aacute;reas, en muchos casos con el auspicio de grandes terratenientes y con la certeza de que no iban a convertirse en due&ntilde;os de la parcela; a veces ten&iacute;an la esperanza de poderse quedar y se sorprendieron cuando otros los sacaron de la posesi&oacute;n que consideraban suya. En este sentido, lo ocurrido m&aacute;s recientemente, aunque con mayor violencia, se puede ver como la continuaci&oacute;n de un patr&oacute;n t&iacute;pico de la historia rural de Colombia.<Sup><a href="#num7" name="nu7">7</a></Sup>    <br> Durante este &uacute;ltimo periodo, se han presentado varias formas de defensa de los derechos de los colonos y campesinos, pero los procesos pol&iacute;ticos y jur&iacute;dicos en lugar de fortalecer esas defensas m&aacute;s bien las han debilitado. Entre los efectos de lo anterior est&aacute;n el creciente n&uacute;mero de familias desplazadas y el aumento de la concentraci&oacute;n de la tierra, ya muy alta por los a&ntilde;os setenta. Varios de los factores importantes en este proceso son temas de an&aacute;lisis de los art&iacute;culos de este n&uacute;mero y ayudan a entender cu&aacute;les factores jugaron los papeles principales. Quedan, por supuesto, algunas inc&oacute;gnitas para aclarar en el futuro.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <li> La b&uacute;squeda de territorios se bas&oacute;, entre otras cosas, en la factibilidad de uso militar por parte de los grupos armados, especialmente durante el periodo de mayor conflicto. A muchos pol&iacute;ticos locales el control de la tierra les tra&iacute;a beneficios, de acuerdo con una larga tradici&oacute;n del pa&iacute;s. Mientras tanto, el incentivo econ&oacute;mico<Sup><a href="#num8" name="nu8">8</a></sup> estuvo marcado por varios factores:    <br>    <br>  <ol type="a">      <li>La recuperaci&oacute;n del valor de la tierra como recurso productivo, despu&eacute;s de que una larga tendencia negativa de los precios agr&iacute;colas a nivel mundial llegara a su fin y se invirtiera el fen&oacute;meno, para producir los famosos precios picos de la d&eacute;cada pasada. Entre otras cosas, este patr&oacute;n implic&oacute; un aumento en el valor de la tierra.</li>      <li>El impacto del proceso de apertura desde inicios de los noventa. Este proceso ha valorizado la generaci&oacute;n de algunos productos exportables (como la palma africana) y, al tiempo, ha disminuido la protecci&oacute;n de algunos cultivos importables (como el ma&iacute;z y el trigo). El proceso de negociar el pacto con EE. UU. favoreci&oacute; a la gran agricultura, dada su mayor influencia sobre el dise&ntilde;o del mismo (Garay et al., 2009).<Sup><a href="#num9" name="nu9">9</a></Sup></li>      <li>El conflicto mismo hizo da&ntilde;o a muchos productores, grandes y peque&ntilde;os. Entre los grandes, aquellos que no ten&iacute;an capacidad o voluntad de esperar a que las cosas se mejoraran y no quer&iacute;an pelear, dejaron sus tierras y las vendieron a otros que consideraban menos graves esos peligros (Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). De los peque&ntilde;os muchos fueron desplazados y abandonaron sus tierras, sobre las cuales, frecuentemente, no ten&iacute;an t&iacute;tulo formal.</li>      <li>Mientras que los conflictos en promedio redujeron el valor de la tierra, las fuerzas que apuntaron aumentos de precios a largo plazo alimentaron un proceso de especulaci&oacute;n. Este mecanismo, presente en alg&uacute;n grado en todas las econom&iacute;as de mercado, se dio por varias razones (entre ellas las que se acaban de comentar) y fue agudo durante una buena parte del periodo en discusi&oacute;n.</li>      <li>Los peque&ntilde;os productores que se quedaron o quer&iacute;an quedarse en su tierra tuvieron desventajas por una serie de factores adicionales, entre ellos la inseguridad y la dificultad de producir en condiciones de conflicto, as&iacute; como la falta de apoyo estatal para aumentar la productividad. Esta &uacute;ltima fragilidad del Estado ten&iacute;a ra&iacute;ces en buena parte en la violencia -pues en las zonas afectadas por el conflicto quedaba dif&iacute;cil la provisi&oacute;n de asistencia t&eacute;cnica-, pero tambi&eacute;n, y m&aacute;s a fondo, en la falta de inversi&oacute;n en investigaciones y desarrollo tecnol&oacute;gico de utilidad para la agricultura familiar (PNUD, 2011, cap&iacute;tulo 11). El deterioro referido fue en parte resultado de la liberalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y de la reducci&oacute;n de las responsabilidades del Estado, condiciones que se dieron en los a&ntilde;os ochenta y noventa.</li>      <li>Junto con estos elementos favorables a la acumulaci&oacute;n de tierra, hab&iacute;a otro factor que pesaba contra la presencia de campesinos/ trabajadores agr&iacute;colas: la tendencia de las grandes unidades dentro del sector agropecuario a favorecer tecnol&oacute;gicas intensivas que no requieren mucha mano de obra. Dado este patr&oacute;n, y la posibilidad de que la presencia de campesinos fuese una fuente de problemas futuros para los nuevos due&ntilde;os, lo mejor era minimizar la poblaci&oacute;n agr&iacute;cola. Este aspecto interactu&oacute; con el deseo militar de limpiar la tierra de gente que posiblemente hab&iacute;a cooperado con el enemigo durante el conflicto.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ol></li>     <br>      <li>Los patrones se&ntilde;alados dejaron un proceso en que, en busca del acceso permanente a la tierra -aunque con muchos subtemas seg&uacute;n los intereses y acciones de subgrupos e individuos (Garc&iacute;a Reyes, Rodr&iacute;guez, Uribe Kaffure, este n&uacute;mero)- figuraban como autores principales del despojo los narcotraficantes, los paramilitares (con importancia que var&iacute;a con seg&uacute;n periodo, alianzas, desacuerdos, condiciones locales y coyunturas particulares) y otros interesados en la acumulaci&oacute;n de territorio, incluyendo entre ellos a varias empresas.<Sup><a href="#num10" name="nu1">10</a></sup> Blancos principales de quienes quer&iacute;an restar tierra eran, tambi&eacute;n seg&uacute;n el periodo, la guerrilla y los campesinos.<Sup><a href="#num11" name="nu11">11</a></Sup>    <br>  Una cuesti&oacute;n central acerca de este conflicto continuo, aunque con matices, es el comportamiento del Estado: &iquest;se habr&iacute;a aliado en alg&uacute;n grado con las fuerzas de acumulaci&oacute;n o con los peque&ntilde;os productores? Este tema tambi&eacute;n es complicado por diferencias en el tiempo y entre las varias instancias, entre ellas las jur&iacute;dicas. No obstante, se puede colegir que, <i>groso modo</i> y por lo general, las instituciones y acciones del Estado han favorecido los grandes intereses de los paramilitares y sus aliados. Esta conclusi&oacute;n queda confirmada por el an&aacute;lisis detallado del comportamiento de las instituciones y tambi&eacute;n por el resultado final: el hecho de que los campesinos hayan perdido tanto. Sin embargo, no todas las peleas terminan a favor de las fuerzas de acumulaci&oacute;n. Al analizar los &eacute;xitos y los fracasos en la defensa del campesinado, se pueden dilucidar en alg&uacute;n grado las acciones estatales que tuvieron efectos positivos o negativos sobre la contienda y el balance neto al final de ella.</li>    <br>      <li>Los mecanismos del despojo incluyeron ataques f&iacute;sicos, presi&oacute;n bajo amenaza, coerci&oacute;n, reclamaci&oacute;n jur&iacute;dica y otros. La voluntad de resistir por parte de los campesinos qued&oacute; disminuida en muchos casos por no tener t&iacute;tulo formal de tierra y no saber c&oacute;mo proceder en ausencia de ese recurso. Despu&eacute;s, cuando la familia piensa reclamar la tierra o existe un programa de restituci&oacute;n, vuelven a cobrar vigencia los mecanismos para amilanar a los involucrados por parte de los victimarios o de sus sucesores. En esos momentos, se usa todav&iacute;a la violencia personal, como lo demuestren las muertes de algunas personas en tr&aacute;mites de restituci&oacute;n. Otro instrumento que obstaculiza el proceso de justicia es el uso de testaferros por parte de los grandes reclamantes. Finalmente, y muy relacionado con la compra eventual de tierra por grandes empresas agr&iacute;colas o mineras, est&aacute; el paso del tiempo y la venta m&uacute;ltiple para 'lavar' la historia de un terreno, lo que dificulta el reclamo que puede hacer un campesino. Especuladores y otros intermediarios participan en este proceso de lavar, en beneficio de s&iacute; mismos y de las grandes empresas para terminar como due&ntilde;os del terreno (Velazco Montoya, este n&uacute;mero).</li>    <br>      <li>La trayectoria de las acciones estatales y entre instituciones ocurre en un contexto de fuerzas poderosas que persiguen el despojo <i>vs</i>. grupos d&eacute;biles que lo quieren parar. As&iacute;, entre las preguntas sobre el comportamiento estatal, se puede distinguir la que inquiere sobre el impacto de las actividades del Estado en quienes generaron el despojo y en quienes defienden a los afectados.    <br> Varios patrones y tendencias de las instancias estatales han favorecido los grandes intereses. Un aspecto importante de la pol&iacute;tica colombiana de estos a&ntilde;os ha sido la infiltraci&oacute;n de victimarios en las instituciones, desde la famosa presencia de Pablo Escobar en el Senado hasta la participaci&oacute;n, en el momento pico, de m&aacute;s o menos un 30% de los congresistas con enlaces paramilitares o narcotraficantes. &iquest;Un Estado con esa presi&oacute;n ser&aacute; capaz de adoptar pol&iacute;ticas que alivien a las v&iacute;ctimas del despojo? La l&oacute;gica sugiere que s&iacute;, siempre y cuando sean pol&iacute;ticas de alivio para los destituidos en sus nuevos sitios, en lugar de pol&iacute;ticas que los ayuden a retomar sus tierras.    <br> Otro determinante significativo de las pol&iacute;ticas estatales es el enfoque sobre la guerra civil con la guerrilla y la necesidad de controlar el narcotr&aacute;fico, orientaci&oacute;n que limit&oacute; la atenci&oacute;n hacia las actividades de los paramilitares, de sus aliados y de muchos oportunistas que se aprovechaban del contexto para favorecer sus intereses a costo de los campesinos. La corrupci&oacute;n oportunista dentro del Estado benefici&oacute; naturalmente a los grandes intereses, por la raz&oacute;n obvia de que sus actores tienen mayor capacidad de soborno que los dem&aacute;s. Muchos son los ejemplos de este tipo de comportamiento. Mientras tanto, la pol&iacute;tica econ&oacute;mica colabor&oacute; tambi&eacute;n con los grandes intereses agr&iacute;colas, especialmente durante el periodo 2001-2010, una etapa clave para la determinaci&oacute;n de qui&eacute;nes quedar&iacute;an finalmente en control de la tierra. Durante este lapso se avanz&oacute; mucho en el camino de legitimar tierras con antecedentes dudosos (Velazco Montoya, este n&uacute;mero).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Muchos impedimentos han dificultado los esfuerzos dentro del gobierno para defender a las v&iacute;ctimas de la violencia y el despojo. Vargas (este n&uacute;mero) contrasta las instituciones que regulan la participaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas antes y despu&eacute;s de la Ley 1448 de 2112. A pesar de varias mejoras importantes aportadas por esa norma, el autor concluye que en cuanto a su capacidad de actuar en forma eficiente, el avance alcanzado es m&aacute;s bien de poco a un menos poco, pero siempre lejos de lo deseable.</li>    <br>      <li>Entre los determinantes de las pol&iacute;ticas de cualquier gobierno figuran con mayor o menor peso las actitudes del p&uacute;blico (electorado). Ellas han permitido, quiz&aacute;s apoyado, que los gobiernos tomen el lado de los grandes intereses, especialmente durante la presidencia de &Aacute;lvaro Uribe (2002-2010), cuando tales actitudes se reflejaron en los sondeos muy positivos de aprobaci&oacute;n de las acciones del gobierno. En buena parte, esta reacci&oacute;n fue el resultado natural ante el &eacute;xito gubernamental en su confrontaci&oacute;n con la guerrilla, grupo muy poco popular dentro del p&uacute;blico. Poner los ojos sobre ese conflicto ha ayudado a que los gobiernos no sufran mucha cr&iacute;tica por lo que hacen o no hacen en otras &aacute;reas.    <br>  El fuerte enfoque sobre la ofensiva contra la guerrilla y el narcotr&aacute;fico contribuy&oacute; tambi&eacute;n a un conocimiento muy limitado de los factores existentes detr&aacute;s de las masacres y del proceso general de despojo. Entonces no se gener&oacute; una preocupaci&oacute;n seria por parte del p&uacute;blico urbano sobre lo que ocurr&iacute;a realmente, con el resultado de que la protesta p&uacute;blica -que de otra manera hubiera podido impactar la pol&iacute;tica- no ha estado muy presente. La propaganda p&uacute;blica a favor de la idea de que ganar la guerra contra la guerrilla fue generalmente efectiva y era lo &uacute;nico importante; dej&oacute; poco espacio de reflexi&oacute;n para las enormes injusticias que quedaban o que inclusive aumentaron durante la &uacute;ltima d&eacute;cada.<Sup><a href="#num12" name="nu12">12</a></sup> El decreciente nivel de violencia<Sup><a href="#num13" name="nu13">13</a></sup> y despojo indujo la venta de tierras a la agroindustria, a veces explotaci&oacute;n leg&iacute;tima y en ocasiones fantasma.    <br> Sobra decir que el p&uacute;blico colombiano, como cualquier otro, tiene poco conocimiento y capacidad de juzgar los aspectos econ&oacute;micos de la pol&iacute;tica agraria y su patr&oacute;n anticampesino. Sin importar el grado de solidaridad con los perdedores del drama rural, a&uacute;n si la gente com&uacute;n conociera mejor lo que ha pasado, esa empat&iacute;a con ellos no ha tenido oportunidad de mostrarse. Durante una parte importante del periodo de despojo Colombia sufri&oacute; la peor crisis macroecon&oacute;mica en un siglo, evento que naturalmente canaliz&oacute; la preocupaci&oacute;n de muchas personas por su propio futuro y supuestamente rest&oacute; atenci&oacute;n a la cuesti&oacute;n agraria. Por lo general, entonces, la conciencia de la sociedad no ha sido un factor amplio, sino limitado a ciertos grupos conocedores de la realidad y poseedores de un alto nivel de empat&iacute;a por las v&iacute;ctimas; algunos de estos grupos se mencionan adelante.</li>     <br>      <li><i>El sistema judicial.</i> Cuando hay mucha presi&oacute;n sobre las actuaciones del gobierno por parte de intereses poderosos, se espera que en alg&uacute;n grado las instituciones con m&aacute;s independencia de los pol&iacute;ticos del momento tengan la capacidad de balancear esas imposiciones. Las instituciones del caso en Colombia son el sistema judicial/policial y la Corte Constitucional. La primera no ha desempe&ntilde;ado esa funci&oacute;n de forma notable, por las debilidades internas que presenta, por ejemplo, el hecho de que los notarios, con su propio r&eacute;gimen jur&iacute;dico y sin ser funcionarios del Estado, jueguen un papel importante en la asignaci&oacute;n de derechos de propiedad (Pe&ntilde;a Huertas et al., este n&uacute;mero).    <br>    <br>  En la pr&aacute;ctica, el sistema judicial se prest&oacute; bastante a colaborar con los victimarios y sus aliados pero, como en otros aspectos de esta historia, su comportamiento parece haber variado considerablemente de un caso a otro. Una fuente de impotencia de la mayor&iacute;a de los peque&ntilde;os productores fue la falta de un t&iacute;tulo formal de su tierra; no importaba qu&eacute; tanto la hubiesen cultivado. Este problema, junto con la fragilidad del sistema jur&iacute;dico,<Sup><a href="#num14" name="nu14">14</a></sup> logr&oacute; que no hubiese manera de refutar los reclamos de otros interesados. Lo anterior no quiere decir, sin embargo, que tener t&iacute;tulo v&aacute;lido cambie el resultado en la mayor&iacute;a de las ocasiones, dadas las fuerzas que buscaban despojar a los campesinos. El tema de las implicaciones de la seguridad jur&iacute;dica es sustancial e interesante, pero queda como cuesti&oacute;n abierta.<Sup><a href="#num15" name="nu15">15</a></Sup>    <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  La Corte Constitucional, en contraste, ha jugado un papel muy positivo dentro de los l&iacute;mites de su capacidad y poder de afectar el comportamiento del gobierno. Fue una fuente de presi&oacute;n para que el gobierno optara por opciones positivas en cuanto a la protecci&oacute;n de los desplazados, o potenciales desplazados y la restituci&oacute;n de la tierra, entre otros.<Sup><a href="#num16" name="nu16">16</a></sup> Este contraste con el sistema judicial refleja, por dem&aacute;s, la mayor independencia que tiene la Corte y la calidad de sus miembros.</li>    <br>       <li><i>Factores pol&iacute;ticos positivos.</i> Fuera de la Corte Constitucional y algunos estamentos del sistema judicial, por lo menos otros tres grupos han obrado a favor de las v&iacute;ctimas. Por una parte, algunas instituciones internacionales han hecho aportes valiosos en diferentes momentos, entre ellos el PNUD con su enorme contribuci&oacute;n en la forma de an&aacute;lisis a fondo de la crisis rural (PNUD, 2011), y el Banco Mundial, cuyo reconocimiento de la necesidad de un cambio en el r&eacute;gimen de la tierra fue su incentivo para apoyar una iniciativa gubernamental; impulsado por las asociaciones campesinas, colabor&oacute; en la promoci&oacute;n de la llamada "reforma agraria a trav&eacute;s del mercado" (Pe&ntilde;a Huertas et al., este n&uacute;mero). No obstante ese esfuerzo se hizo en condiciones en las que no hab&iacute;a mucha posibilidad de &eacute;xito.</li>     </ol>      <p>Dentro del mismo gobierno colombiano -Ministerio de Agricultura-, pero con un grado de independencia necesario para llevar a cabo su objetivo y facilitado por los enlaces con otras instituciones, entre ellas el Banco Mundial, se mont&oacute; el <i>Proyecto de protecci&oacute;n de tierras y patrimonio para la poblaci&oacute;n desplazada</i> (PPTP), en el cual participaron personas dedicadas a las actividades correspondientes con bajo perfil (dado la actitud reacia del gobierno de turno) y pudieron preparar el terreno para la Ley de V&iacute;ctimas de 2011 (Estrada y Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero). La experiencia del PPtP en trabajar con entidades p&uacute;blicas de tendencias variadas en cuanto a su inter&eacute;s en el tema y sus actitudes frente a la protecci&oacute;n y a la restituci&oacute;n constituye un tipo de laboratorio sociopol&iacute;tico para mirar desde cerca un posible proceso de transformaci&oacute;n burocr&aacute;tica (o no, seg&uacute;n el caso). Existe en la literatura la teor&iacute;a del punto de inflexi&oacute;n (<i>tipping point</i>), seg&uacute;n la cual cuando un punto de vista o un <i>modus operandi</i> antes minoritario crece o se hace mayoritario, quienes ten&iacute;an antes una perspectiva o manera de operar distinta se unen a la nueva mayor&iacute;a por diferentes motivos.</p>      <p>Un grupo de ONG ha hecho tambi&eacute;n una gran contribuci&oacute;n para que actos criminales salgan a la luz, entre ellos Codhes y Cinep y entidades internacionales como WOLA y el Oslo Peace Institute, por mencionar algunas. Fuera de estos tres grupos, ha contribuido tambi&eacute;n de manera muy importante un grupo de acad&eacute;micos y analistas que se han dedicado al tema y que lo han plasmado en sus estudios y en su participaci&oacute;n en el debate p&uacute;blico, entre ellos Ana Mar&iacute;a Ib&aacute;&ntilde;ez, Dar&iacute;o Fajardo, Absal&oacute;n Machado, Alejandro Reyes y muchos m&aacute;s.</p>      <p>Como resumen de estas experiencias, ha sido notable la capacidad en cuanto a capital humano que se ha dedicado a corregir las injusticias del pasado y del presente en Colombia. El trabajo duro y fruct&iacute;fero del PPTP durante el gobierno de Uribe para crear bases de avances posteriores cuando las condiciones para la justicia rural fueran m&aacute;s propicias evidenci&oacute; un potencial impresionante (Estrada y Rodr&iacute;guez, este n&uacute;mero).</p>  <hr>      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      <p><Sup><a href="#nu1" name="num1">1</a></Sup> Tal vez por lo complicado de estos procesos y su continuidad en el tiempo, la experiencia de Colombia es menos conocida en el &aacute;mbito internacional que la de los dos pa&iacute;ses africanos.    <br>  <Sup><a href="#nu2" name="num2">2</a></Sup> Esas, y la mayor&iacute;a de las otras experiencias de violencia, parecen ser explicadas en buena medida por factores de mucho menos peso en Colombia. Lo ocurrido en Ruanda, Sudan, Kosovo e Indonesia en buena parte obedece a animosidades &eacute;tnicas; en el Congo, a la maldici&oacute;n de los recursos naturales (minerales) junto a la debilidad del Estado; en Camboya y Per&uacute;, a ideolog&iacute;as muy extremas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <Sup><a href="#nu3" name="num3">3</a></Sup> La ausencia del despojo durante el duro conflicto que sufri&oacute; el Per&uacute; en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta contrasta con el caso de Colombia (Guti&eacute;rrez, este n&uacute;mero) y sugiere un &eacute;nfasis mucho menor sobre la tierra como activo econ&oacute;mico muy importante.    <br>  <Sup><a href="#nu4" name="num4">4</a></Sup> A&uacute;n antes de los conflictos y la violencia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, este porcentaje fue probablemente bajo. Un agr&oacute;nomo muy conocedor del pa&iacute;s me cont&oacute; una vez que en su experiencia no hab&iacute;a conocido un caso de una gran propiedad que se hubiese construido sin alg&uacute;n grado de aprovechamiento de colonos, de leyes ambiguas o de circunstancias semejantes.    <br>  <Sup><a href="#nu5" name="num5">5</a></Sup> Para mayores detalles v&eacute;ase Rodr&iacute;guez (este n&uacute;mero).    <br>  <Sup><a href="#nu6" name="num6">6</a></Sup> En el curso del siglo pasado la calidad de las sociedad rural en varias regiones del pa&iacute;s fue evolucionando de una situaci&oacute;n de pseudofeudalismo -en la que los peque&ntilde;os por lo menos ten&iacute;an una relaci&oacute;n de beneficio mutuo con las familias de poder- a una m&aacute;s capitalista, en la que esos lazos se habr&iacute;an roto, ya fuera por avance mismo del sistema, por la violencia o por otros motivos, como la "selecci&oacute;n de los peores" entre los due&ntilde;os de la tierra.    <br>  <Sup><a href="#nu7" name="num7">7</a></Sup> Hoy en d&iacute;a los grandes intereses no necesitan colonos ni cultivar territorios durante un tiempo para abrir espacios; con mayor frecuencia pueden tomar posesi&oacute;n directamente.    <br>  <Sup><a href="#nu8" name="num8">8</a></Sup> Dentro de la literatura internacional sobre la relaci&oacute;n conflicto-recursos naturales est&aacute;n las teor&iacute;as de la maldici&oacute;n de los recursos naturales y la enfermedad holandesa. La primera busca explicar las causas del conflicto y sus efectos. En casos en que la explotaci&oacute;n de recursos no conduce a la violencia, quedan las preguntas sobre sus impactos, entre ellos los distributivos. El trabajo de Garc&iacute;a Reyes (este n&uacute;mero) se ubica dentro de esta corriente.    <br>  <Sup><a href="#nu9" name="num9">9</a></Sup> En opini&oacute;n de Rodr&iacute;guez (este n&uacute;mero), el liberalismo econ&oacute;mico agudiz&oacute; la competencia por acumular cada vez m&aacute;s tierra. El caso de la palma africana, producto de exportaci&oacute;n, corresponde claramente a esta l&oacute;gica.    <br>  <Sup><a href="#nu10" name="num10">10</a></Sup> En contraste la guerrilla aprovechaba la tierra principalmente por razones militares y de control indirecto de fuentes de ingreso.    <br>  <Sup><a href="#nu11" name="num11">11</a></Sup> Guti&eacute;rrez San&iacute;n (este n&uacute;mero) se concentra en el proceso de despojo activo paramilitar. Comenta que aunque esa acci&oacute;n apenas corresponde a una fracci&oacute;n del desplazamiento forzado total en Colombia, entenderla bien es extremadamente importante por razones anal&iacute;ticas y de pol&iacute;tica social.    <br>  <Sup><a href="#nu12" name="num12">12</a></Sup> V&eacute;ase la discusi&oacute;n del caso de Meta en Rodr&iacute;guez (este n&uacute;mero).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <Sup><a href="#nu13" name="num13">13</a></Sup> Aunque el porcentaje continu&oacute; muy alto en esta d&eacute;cada tambi&eacute;n, o sea, el despojo no estaba muy correlacionado con el n&uacute;mero de muertos.    <br>  <Sup><a href="#nu14" name="num14">14</a></Sup> Las debilidades del sistema tradicional de justicia se analizan en forma exhaustiva en el estudio de Pe&ntilde;a Huertas et al. (este n&uacute;mero).    <br>  <Sup><a href="#nu15" name="num15">15</a></Sup> El optimismo alrededor de la titulaci&oacute;n colectiva en el Bajo Atrato (Garc&iacute;a Reyes, este n&uacute;mero) fue excesivo, como lo indica la experiencia en otros pa&iacute;ses en donde existe poco control estatal sobre lo que ocurre en la pr&aacute;ctica. No ha sido infrecuente en pa&iacute;ses de la &Aacute;frica Subsahariana que al implementar el sistema jur&iacute;dico europeo, ese hecho se aproveche por quienes saben manejarlo y as&iacute; se apoderen de tierra que anteriormente estaba bajo sistemas tradicionales e informales. La seguridad jur&iacute;dica puede servir m&aacute;s que todo a quienes conocen maneras de apodarse de la tierra y los t&iacute;tulos que confirman que es de ellos.    <br>  <Sup><a href="#nu16" name="num16">16</a></Sup> V&eacute;ase Pe&ntilde;a Huertas et al. (este n&uacute;mero).</p>   <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Garay S., L.J, Barberi G., F., y Cardona L., I. (2009). <i>Impact of the US-Colombia FTA on the small farm economy in Colombia.</i> Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-0579201400010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p>Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2011)<i>. Informe nacional de Desarrollo Humano, Colombia</i>. Bogot&aacute;, PNUD.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-0579201400010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Garay S]]></surname>
<given-names><![CDATA[L.J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Barberi G]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cardona L]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Impact of the US-Colombia FTA on the small farm economy in Colombia]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo</collab>
<source><![CDATA[Informe nacional de Desarrollo Humano, Colombia]]></source>
<year>2011</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PNUD]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
