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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"><B>Editorial</B></p>     <p align="center"><font size="4"><b>&iquest;Por qu&eacute; leer a Maquiavelo?</b></font></p>     <p align="center">Mery Castillo Cisneros    <br> y Andr&eacute;s Molano Rojas</p> <hr>     <p>La conmemoraci&oacute;n del quinto centenario de la publicaci&oacute;n de "El Pr&iacute;ncipe", a la cual ha querido sumarse el <I>Dossier</I> de la presente edici&oacute;n de <I>Desaf&iacute;os</I>, debe ir oportunamente acompa&ntilde;ada de la pregunta por el sentido y pertinencia que la lectura de su obra sigue teniendo hoy en las escuelas y facultades de Ciencia Pol&iacute;tica y de Relaciones Internacionales. </p>      <p>En un ensayo de 1991 el escritor italiano Italo Calvino se preguntaba &iquest;por qu&eacute; leer los cl&aacute;sicos? En tanto que no hay duda de que <I>El pr&iacute;ncipe </I>es precisamente eso, un cl&aacute;sico de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y del pensamiento en relaciones internacionales, su reflexi&oacute;n justifica muy bien el presente <I>Dossier</I> dedicado a Maquiavelo. </p>     <p>Para empezar, hay que leer a Maquiavelo porque Maquiavelo, y en particular <I>El Pr&iacute;ncipe</I>, es un cl&aacute;sico. Y un cl&aacute;sico, dice Calvino, es un libro del cual "se suele o&iacute;r decir: 'Estoy releyendo...' y nunca 'Estoy leyendo...'" <sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. En efecto, ning&uacute;n lector lee en realidad a Maquiavelo por primera vez (siempre se lo lee con lo que se sabe acerca de &eacute;l y  de su obra "de o&iacute;das", o por referencias, o por lugares comunes); y por otro lado, una vez se ha le&iacute;do a Maquiavelo, cuyo pensamiento ha trascendido las generaciones en una larga cadena de "tradiciones" que constituyen un rico legado, resulta inevitable empezar a descubrirlo (es decir, a releerlo) en los subsiguientes eslabones de la tradici&oacute;n a la que, sin saberlo, dio origen. </p>      <p>Dice tambi&eacute;n el autor de las <I>Seis propuestas para el pr&oacute;ximo milenio</I>, que "los cl&aacute;sicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea  cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetiz&aacute;ndose con el inconsciente colectivo o individual". Y no cabe duda de que la obra de Maquiavelo no solo influy&oacute; el pensamiento posterior (incluso el de Federico II de Prusia, que siendo tan pr&oacute;ximo a Maquiavelo en la pr&aacute;ctica no dud&oacute; en escribir un <I>Anti-Maquiavelo</I> en 1739). Y si adem&aacute;s "los cl&aacute;sicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de s&iacute; la huella que han dejado en la  cultura o en las culturas que han atravesado (o m&aacute;s sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres)", basta recordar la impronta que ha dejado Maquiavelo no solo en el lenguaje (maquiav&eacute;lico, maquiavelismo, e incluso maquiaveliano, como lo sugiere uno de los autores que participa en este n&uacute;mero y lo seguir&aacute; haciendo (como lo sugiere uno de los autores que participa en este n&uacute;mero de <I>Desaf&iacute;os</I>). </p>     <p>Por otra parte, "un cl&aacute;sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir". Y prueba de ello son precisamente los art&iacute;culos que el lector encontrar&aacute; en el presente <I>Dossier</I>, que se suman a los muchos otros que con ocasi&oacute;n de la efem&eacute;ride han sido publicados; y que de alguna manera son tambi&eacute;n una prolongaci&oacute;n, en otro tiempo y lugar, con otros interlocutores, de la conversaci&oacute;n que acaso iniciara el secretario florentino en la intimidad de su estudio, cuando interrogaba a los grandes hombres de la antig&uuml;edad sobre los m&oacute;viles de sus acciones, y ellos, "con toda humanidad", le respond&iacute;an<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por supuesto, "un cl&aacute;sico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos cr&iacute;ticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima". Y ese ha sido uno de los riesgos que era forzoso correr al preparar una edici&oacute;n conmemorativa sobre <I>El pr&iacute;ncipe</I> de Maquiavelo (o sobre Maquiavelo, el de <I>El pr&iacute;ncipe</I>). Pero ha valido la pena: para los autores que han contribuido a este resultado, el breve op&uacute;sculo sobre las formas de adquirir, conservar (y tambi&eacute;n perder) el poder, ha funcionado "como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos  talismanes", y es ese universo el que ha quedado aqu&iacute; consignado, para compartir con los futuros lectores. </p>     <p>Muchos de esos lectores, al toparse con el <I>Dossier</I>, quiz&aacute; se pregunten, como Italo Calvino ya casi al terminar su propia reflexi&oacute;n sobre el tema, "&iquest;por qu&eacute; leer los cl&aacute;sicos en vez de concentrarse en lecturas que nos hagan entender m&aacute;s a fondo nuestro tiempo?". Y tal vez tengan raz&oacute;n. Por eso, las p&aacute;ginas que siguen quisieran tambi&eacute;n ofrecer una  conexi&oacute;n, un enlace, entre Nicol&aacute;s Maquiavelo y el mundo de hoy. </p>     <p>Aunque, finalmente, solo existe una respuesta a la pregunta &iquest;Por qu&eacute; leer los cl&aacute;sicos?, que explica tambi&eacute;n por qu&eacute; leer a Maquiavelo: "No  se leen los cl&aacute;sicos por deber o por respeto, sino solo por amor". </p> <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Todas las referencias a Italo Calvino han sido tomadas de CALVINO, Italo (1981) <I>Por qu&eacute; leer los cl&aacute;sicos</I>. En: "Por qu&eacute; leer los cl&aacute;sicos". Bcn: Tusquets, 1991. P&aacute;gs. 13-20.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Carta de Nicol&aacute;s Maquiavelo a su amigo Francesco Vettori, 10 de diciembre de 1513.</P>  </font>      ]]></body>
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