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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Por qué fracasa Colombia? Delirios de un país que se desconoce a sí mismo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[    <font size="2" face="Verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>&iquest;Por qu&eacute; fracasa Colombia? Delirios de un pa&iacute;s que se desconoce a s&iacute; mismo</b></font></p>       <p align="center">Sven Schuster*</p>      <p>* Profesor Asociado. Director del programa de Historia de la Universidad del Rosario. Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:svenb.schuster@urosario.edu.co">svenb.schuster@urosario.edu.co</a></p>  <hr>      <p>A primera vista, el nuevo libro del escritor y profesor universitario Enrique Serrano promete mucho. As&iacute;, el t&iacute;tulo evoca de manera calculada las influyentes obras de Daron Acemoglu y James Robinson <i>(&iquest;Por qu&eacute; fracasan los pa&iacute;ses?), </i>David Bushnell <i>(Colombia, una naci&oacute;n a pesar de s&iacute; misma) </i>y Alfonso M&uacute;nera <i>(El fracaso de la naci&oacute;n), </i>insinuando, de esta forma, que el lector encontrar&aacute; una explicaci&oacute;n por la continua debilidad del Estado colombiano y el fr&aacute;gil sentimiento de nacionalidad de sus habitantes. Elogiado por los cr&iacute;ticos de la gran prensa y descrito por la editorial como un libro "a todas luces inc&oacute;modo para el discurso intelectual hegem&oacute;nico de nuestros d&iacute;as", el &eacute;xito comercial de la obra ya parece garantizado. No obstante, como frecuentemente es el caso con los defensores de grandes tesis, surge la duda sobre si el libro puede realmente cumplir con las expectativas.</p>      <p>Para decirlo de antemano: Es un libro muy bien escrito y debe reconocerse que la fuerte cr&iacute;tica hacia la historiograf&iacute;a profesional en Colombia pronunciada en el prefacio del libro es justificada, pues es verdad que la forma como se valora la producci&oacute;n acad&eacute;mica hoy en d&iacute;a, caracterizada por el creciente desprecio del libro como forma de circulaci&oacute;n de conocimiento &mdash;en complicidad con las universidades y ciertas entidades de fomento cient&iacute;fico&mdash; hace que la distancia entre el p&uacute;blico no especializado y los historiadores profesionales est&eacute; aumentando. Serrano, a pesar de desempe&ntilde;arse en una prestigiosa universidad privada, ha resistido en gran parte a las tentaciones de este tipo de "ciencia", la cual premia cada vez m&aacute;s las publicaciones en revistas indexadas internacionales en ingl&eacute;s y tiende a despreciar al lector com&uacute;n, ansioso de informarse sobre los problemas estructurales de la Colombia actual; persistencia loable sin duda, que va de la mano con el hecho de que, a diferencia de muchos historiadores, Serrano logra captar a sus lectores desde la primera p&aacute;gina con una prosa excepcional que oscila magistralmente entre lo anecd&oacute;tico y lo abstracto. Sin embargo, desde el punto de vista acad&eacute;mico, el libro contiene una larga serie de afirmaciones insostenibles, debido a que su contenido en lo te&oacute;rico es anacr&oacute;nico y en lo emp&iacute;rico, deficiente.</p>      <p>Considerando que la obra pertenece m&aacute;s al g&eacute;nero del ensayo literario que a la historia acad&eacute;mica, resulta necesario preguntarse si es pertinente juzgarla con los mismos criterios que un estudio riguroso y emp&iacute;ricamente fundado. La respuesta tiene que ser afirmativa, ya que el autor promete de manera expl&iacute;cita una indagaci&oacute;n profunda sobre el origen remoto de la "nacionalidad" y las ra&iacute;ces de la "mentalidad colombiana" (p. 25), lo cual incluye fen&oacute;menos tan diversos como el machismo, el cortoplacismo, el arribismo, o la supuesta mediocridad de los colombianos. Aunque en ninguna parte se apoya en fuentes primarias ni en un extenso aparato bibliogr&aacute;fico, s&iacute; incluye varias referencias acad&eacute;micas en el texto, generalmente de renombrados colombianistas nacionales y extranjeros (p. 19). No obstante, acerca del "fracaso" de Colombia como Estado y naci&oacute;n, como promete el t&iacute;tulo, encontramos casi nada. Al contrario, el libro se inserta m&aacute;s bien en la tradici&oacute;n de la historiograf&iacute;a revisionista de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, enfoc&aacute;ndose en la supuesta cultura democr&aacute;tica y los largos per&iacute;odos de paz en la historia colombiana. As&iacute;, se cuestionan ciertas "verdades acad&eacute;micas", como por ejemplo la tesis de la violencia continua y end&eacute;mica, muy al estilo de <i>La naci&oacute;n so&ntilde;ada </i>(2006) del historiador Eduardo Posada Carb&oacute;; es entonces probable que la escogencia del t&iacute;tulo tenga que ver m&aacute;s con razones de marketing y no tanto con el contenido.</p>      <p>La gran tesis del libro es que la naci&oacute;n colombiana no es una construcci&oacute;n moderna, forjada entre las revoluciones atl&aacute;nticas de finales del siglo XVIII y los albores del siglo XX, sino algo mucho m&aacute;s viejo. En efecto, Serrano sostiene que las ra&iacute;ces de la supuesta nacionalidad colombiana se extienden hasta la Espa&ntilde;a de la Reconquista de los siglos VII a XV (pp. 29-56). En este sentido, los primeros conquistadores en Tierra Firme y m&aacute;s tarde los "pasajeros a Indias", (quienes, seg&uacute;n el autor consistieron en gran parte de jud&iacute;os conversos que buscaban refugio lejos del control opresivo de la metr&oacute;poli ib&eacute;rica) habr&iacute;an formado el n&uacute;cleo de la naci&oacute;n venidera. En medio de una topograf&iacute;a extremamente fragmentada, coexistiendo con tribus ind&iacute;genas y ansiosos de poder conservar su estilo de vida pac&iacute;fica, basado en la peque&ntilde;a agricultura de subsistencia, se habr&iacute;a formado paulatinamente un "car&aacute;cter nacional" entre los colombianos, marcado por el catolicismo, la constante movilidad, la poca relevancia del latifundio, la flexibilidad, la importancia del lenguaje como recurso de poder, y otras tantas estructuras sociales que perduran hasta hoy (pp. 57-92). Siguiendo a Serrano, las ra&iacute;ces de la naci&oacute;n son esencialmente pre-modernas, por lo que, en este sentido, la ruptura de la independencia, con todo su bagaje intelectual proveniente de todos los rincones del mundo atl&aacute;ntico y tan magistralmente analizada por Francois-Xavier Guerra, Thomas Bender, Eric van Young y muchos otros, en realidad solo hab&iacute;a confirmado lo que ya exist&iacute;a.</p>      <p>Desde el punto de vista acad&eacute;mico, tal afirmaci&oacute;n es por supuesto absurda. Al hacer referencia despectiva a "algunos tratadistas", como por ejemplo a Alvaro Tirado Mej&iacute;a, y sus tesis "falsas" acerca de la no existencia de la naci&oacute;n antes de la independencia, Serrano insin&uacute;a que sus propias ideas esencialistas simplemente chocan con la opini&oacute;n aislada de algunos historiadores radicales (p. 170). Sin embargo, este no es el caso, ya que la tesis de Serrano est&aacute; en completo desacuerdo con pr&aacute;cticamente todo lo que se ha escrito sobre naci&oacute;n y nacionalismo en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os. Por lo menos desde las ya cl&aacute;sicas obras de Anderson, Hobsbawm, Tilly y otros, nadie habr&iacute;a propuesto en serio detectar el origen de las naciones americanas en los siglos anteriores a la independencia, teniendo en cuenta que, aparte de tratarse de un concepto inexistente en la &eacute;poca, todas las condiciones necesarias para crear algo m&iacute;nimamente parecido a una "comunidad imaginada" no estaban dadas en ninguna parte del imperio espa&ntilde;ol y que, incluso en la tercera d&eacute;cada del siglo XIX, cuando "naci&oacute;n" todav&iacute;a equival&iacute;a a "Estado" en las reci&eacute;n fundadas rep&uacute;blicas hispanoamericanas, este &uacute;ltimo era tan rudimentario que apenas pudo ejercer el control sobre una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en su territorio. La capacidad para "construir naci&oacute;n" era fuertemente limitada y solo aumentar&iacute;a paulatinamente en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, al primordialista Serrano no le interesa el punto de vista de los constructivistas, ni tampoco le interesa historizar categor&iacute;as como "Estado" y "naci&oacute;n".</p>      <p>Entonces, no es de extra&ntilde;ar que el libro no contenga ninguna referencia al ya cl&aacute;sico texto del colombianista Hans-Joachim K&oacute;nig (En <i>el camino hacia la naci&oacute;n, </i>1994), quien mostr&oacute; por primera vez de forma contundente el car&aacute;cter construido de la naci&oacute;n en Colombia a partir de los discursos oficiales, al igual que los esfuerzos muy a menudo infructuosos de un Estado d&eacute;bil por penetrar el territorio, ejercer el monopolio de la violencia, inventar y difundir s&iacute;mbolos nacionales, fomentar la educaci&oacute;n y crear una "historia patria" coherente. Siguiendo el ejemplo de K&oacute;nig, varios estudiosos del nacionalismo han mostrado c&oacute;mo, con qu&eacute; medios y desde qu&eacute; regiones, las &eacute;lites pol&iacute;ticas intentaron implantar un sentimiento de pertenencia en una poblaci&oacute;n extremamente heterog&eacute;nea y en gran parte desprovista de los beneficios de una ciudadan&iacute;a te&oacute;rica; sin embargo, ning&uacute;n representante de esta importante corriente historiogr&aacute;fica es citado en el libro de Serrano. En vez de eso, el autor se apoya de manera ecl&eacute;ctica en escritos y pensamientos que justifican la tesis primordialista de una "naci&oacute;n" marcada casi exclusivamente por la hispanidad y el catolicismo desde la Colonia, tesis que, en cierto sentido, se asemeja a la ideolog&iacute;a hispanista de la Regeneraci&oacute;n de N&uacute;&ntilde;ez y Caro a finales del siglo XIX, que no obstante, hoy en d&iacute;a parece totalmente anacr&oacute;nica.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n, Serrano tambi&eacute;n hace referencia a algunos factores m&aacute;s espec&iacute;ficos para explicar ciertas "caracter&iacute;sticas" de la naci&oacute;n colombiana. En este sentido, niega que Colombia sea y haya sido un pa&iacute;s de violencia end&eacute;mica. Seg&uacute;n el autor, los trescientos a&ntilde;os de la Colonia ocurrieron en relativa armon&iacute;a y paz, aunque en condiciones muchas veces precarias (pp. 99-102). Al contrario de lo ocurrido en Nueva Espa&ntilde;a y Per&uacute;, el Nuevo Reino de Granada y m&aacute;s tarde el Virreinato se habr&iacute;a destacado por su pobreza material, la falta de poblaci&oacute;n nativa para esclavizar, el predominio del minifundio y la constante movilidad de sus habitantes, por lo que tanto la explotaci&oacute;n de los ind&iacute;genas como las luchas por la tierra no habr&iacute;an jugado un lugar importante en lo que hoy es Colombia, ni tampoco el recurso excesivo a la violencia (pp. 225-229). Acerca de este &uacute;ltimo aspecto, cabe mencionar que la historiograf&iacute;a reciente est&aacute; lejos de suponer tales tesis. Es verdad que la violentolog&iacute;a de los a&ntilde;os sesenta, setenta y ochenta cre&oacute; y difundi&oacute; la tesis de la "violencia end&eacute;mica"; sin embargo, hoy en d&iacute;a solo una minor&iacute;a de los acad&eacute;micos defender&iacute;a la existencia de una "cultura de la violencia" o la "continuidad de la violencia" en Colombia, pues tesis de este tipo se han vuelto m&aacute;s bien un fen&oacute;meno de la ensay&iacute;stica.</p>      <p>Que Serrano simplemente ignore esta parte bien fundada de la historiograf&iacute;a reciente es una constante del libro. Adem&aacute;s, el error que m&aacute;s cr&iacute;tica de la violentolog&iacute;a &mdash;la afirmaci&oacute;n de una violencia end&eacute;mica, casi gen&eacute;tica&mdash; lo comete &eacute;l mismo con su culturalismo crudo. En vez de explicar a profundidad las decisiones tomadas por los actores hist&oacute;ricos, dentro de estructuras hist&oacute;ricamente formadas (como la miner&iacute;a, la importaci&oacute;n de esclavos africanos durante la Colonia, la continua hostilidad contra las culturas ind&iacute;genas, as&iacute; como todo tipo de violencia cotidiana), se dedica a reafirmar los discursos de la historia patria del siglo XIX, la cual tambi&eacute;n procuraba proveer la tan anhelada "naci&oacute;n" con un mito de origen. Esto es tal vez el punto m&aacute;s criticable del libro de Serrano, ya que la Colombia actual seguramente no necesita m&aacute;s de este tipo de "leyendas rosas", a costo de la exclusi&oacute;n de grupos minoritarios, para confirmar una supuesta nacionalidad negada. Un pa&iacute;s que est&aacute; a punto de dejar atr&aacute;s un conflicto de m&aacute;s de medio siglo necesitar&iacute;a m&aacute;s bien una versi&oacute;n cr&iacute;tica e integradora de la historia, la cual reconozca el papel de los actores marginados, incluso sus proyectos alternativos al Estado-naci&oacute;n homogeneizador de las &eacute;lites. Esta integraci&oacute;n de la pluralidad de las historias y memorias de grandes grupos poblacionales que apenas desde 1991 forman parte de la "naci&oacute;n pluricultural" (por lo menos en el papel), no es para nada un proyecto acabado ni tampoco es una utop&iacute;a; es lo que ha ocupado una buena parte de la historia acad&eacute;mica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Adem&aacute;s, la historia acad&eacute;mica &uacute;ltimamente se ha alejado a concebir la construcci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n como un fen&oacute;meno end&oacute;geno, poniendo el &eacute;nfasis cada vez m&aacute;s en las fuentes transnacionales del nacionalismo, como lo ha hecho Fr&eacute;d&eacute;ric Mart&iacute;nez en el <i>El nacionalismo cosmopolita </i>(2001), por ejemplo.</p>      <p>Si bien el rechazo de la tesis de la "violencia end&eacute;mica" no es muy original, la afirmaci&oacute;n de la poca relevancia del problema de la tierra resulta incomprensible, sobre todo pensando en la realidad de un pa&iacute;s que se adscribe nuevamente a un modelo extractivista y cuyo conflicto armando est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con los recursos naturales. Finalmente, la hip&oacute;tesis de que Colombia es un pa&iacute;s en el cual no hubo ni hay mestizaje cultural es simplemente absurda. Negando cualquier forma de transculturaci&oacute;n, Serrano sostiene que "el pa&iacute;s" es profundamente hisp&aacute;nico en casi todas sus manifestaciones culturales. En esta perspectiva, las lenguas, religiones y valores de los ind&iacute;genas actuales, que cuentan con alrededor de 4% de la poblaci&oacute;n, estar&iacute;an "casi muriendo o atravesando un estado de amenaza implacable, de destino ineluctable de desaparici&oacute;n", y "lo &uacute;nico que sobrevive es una hispanidad colombianizada y adaptada a los valores e ideales del presente &#91;...&#93;" (p. 254). De la misma manera, la importante influencia africana, y en general cualquier fen&oacute;meno de mestizaje cultural desde la conquista, no son considerados elementos relevantes de la "nacionalidad colombiana", ni en &aacute;mbitos tan evidentes como la m&uacute;sica, la comida, el lenguaje, la literatura, el arte, etc.</p>      <p>&iquest;Es esto entonces "un libro pol&eacute;mico", como prometen los columnistas en los grandes peri&oacute;dicos? Para muchos lectores, felices con el reciente reconocimiento de la diversidad cultural en Colombia, animados por las continuas luchas por a&uacute;n m&aacute;s derechos de ciudadan&iacute;a, y en general m&aacute;s respeto hacia el <i>otro, </i>las tesis de Serrano por cierto pueden resultar provocadoras. El autor, por tanto, no hace ning&uacute;n secreto de sus propias inclinaciones ideol&oacute;gicas, al hacer caso omiso de los varios grupos minoritarios que han luchado desde el siglo XIX contra los intentos de imponer un modelo de naci&oacute;n que niega las diferencias y que fue finalmente abandonado. Aparte de eso, el libro tambi&eacute;n es un ataque directo a la historiograf&iacute;a acad&eacute;mica de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la cual, en gran parte, no sostiene lo que Serrano dice que sostiene. Sin embargo, no es realmente un libro "pol&eacute;mico" in sensu stricto. Para llegar a serlo, para realmente provocar un debate airado pero serio sobre los problemas persistentes del Estado y la falta de un sentido del "bien com&uacute;n" entre los colombianos, tendr&iacute;a que tener una mejor base emp&iacute;rica, argumentos menos culturalistas y un manejo menos selectivo de la literatura secundaria. Es por eso que los libros de Acemoglu/Robinson, Bushnell y M&uacute;nera &mdash;los cuales tambi&eacute;n contienen una buena dosis de tesis cuestionables&mdash; se han vuelto objetos de debates profundos en el &aacute;mbito acad&eacute;mico; el libro de Serrano, sin embargo, no va a correr esta suerte.</p>   </font>      ]]></body>
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