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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper provides a comparison between Adam Smith and David Ricardo’s treatments of poverty in a capitalist society. The comparison focus on the different arguments they use to relate poverty to inequality and institutional realities. The discussion points out the life experiences of each author and their intellectual interests, taking into account that poverty was one of the most pressing social problems faced by England between the 18th and 19th century. Smith associates poverty with the stability of social order; while Ricardo postulates that poverty is a function of the distributive struggle and the forces of population growth.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>LA POBREZA EN</b><b> SMITH Y RICARDO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>POVERTY IN SMITH AND RICARDO</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Edgar Pardo Beltr&aacute;n</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Profesor de la Universidad Externado de Colombia, estudiante del doctorado en econom&iacute;a, New School for Social Research, New York. Se agradecen los comentarios de Robert L. Heilbroner a una versi&oacute;n en ingl&eacute;s de este art&iacute;culo; lo mismo que a Mauricio P&eacute;rez, Jaime Lozano y Carolina Esguerra, por su colaboraci&oacute;n para la publicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol. E-mail: <a href="mailto:parde097@newschool.edu">parde097@newschool.edu</a></p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: pobreza, historia del pensamiento econ&oacute;mico, Smith, Ricardo, teor&iacute;a econ&oacute;mica, JEL: B12, B31, I32]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo compara los enfoques de Adam Smith y David Ricardo sobre la pobreza en una sociedad capitalista. La comparaci&oacute;n se centra alrededor de los diferentes argumentos que ellos utilizan para relacionar la pobreza con la inequidad y las realidades institucionales. La discusi&oacute;n se contextualiza en las experiencias vividas de cada autor, as&iacute; como en los intereses intelectuales de cada uno; teniendo en cuenta que la pobreza fue uno de los principales problemas que enfrent&oacute; Inglaterra entre el siglo XVIII y XIX. La postura de Smith establece una relaci&oacute;n entre la pobreza y la estabilidad del orden social; mientras que la perspectiva de Ricardo postula la pobreza como funci&oacute;n de los conflictos distributivos y las fuerzas del crecimiento de la poblaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: poverty, history of economic thought, Smith, Ricardo, economic theory, JEL: B12, B31]</p>     <p align="justify">This paper provides a comparison between Adam Smith and David Ricardo&rsquo;s treatments of poverty in a capitalist society. The comparison focus on the different arguments they use to relate poverty to inequality and institutional realities. The discussion points out the life experiences of each author and their intellectual interests, taking into account that poverty was one of the most pressing social problems faced by England between the 18th and 19th century. Smith associates poverty with the stability of social order; while Ricardo postulates that poverty is a function of the distributive struggle and the forces of population growth.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br>El hecho de que Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo 1772-1823) pertenecieran a la escuela econ&oacute;mica cl&aacute;sica no significa que ambos coincidieran totalmente en sus ideas y argumentos. A pesar de compartir una misma visi&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica, la &eacute;poca y el ambiente en que sus vidas se desarrollaron fueron distintos y, en esas circunstancias, sus apreciaciones sobre la manera en que el sistema econ&oacute;mico opera pudieron diferir. Tanto Smith como Ricardo consideraron las libertades individuales y el mercado libre como caracter&iacute;sticas cruciales de la econom&iacute;a capitalista, pero llegaron a esta conclusi&oacute;n por caminos diferentes. Igualmente, ambos relacionaron la pobreza con la desigualdad –ejemplo, diferencias en ingreso y riqueza entre clases– y, por razones diferentes, con las realidades institucionales –ejemplo, un orden social dado, leyes, impuestos.</p>     <p align="justify">Smith, figura central de la Ilustraci&oacute;n, luch&oacute; por la emancipaci&oacute;n filos&oacute;fica, social y pol&iacute;tica de la tiran&iacute;a clerical. Ense&ntilde;&oacute; en la Universidad de Glasgow la c&aacute;tedra de filosof&iacute;a moral, que cubr&iacute;a los temas de teolog&iacute;a natural, &eacute;tica, jurisprudencia y econom&iacute;a pol&iacute;tica, todo ello desde una perspectiva hist&oacute;rica. Smith consider&oacute; al sistema capitalista, que denominaba comercial o mercantil, como parte de un orden social regido con “armon&iacute;a celeste”. Sostuvo que la inequidad, principal causa de la pobreza, se justificaba para garantizar la estabilidad del orden social. Dijo adem&aacute;s que la acumulaci&oacute;n de capital, al incrementar los beneficios de la divisi&oacute;n del trabajo, genera al cabo del tiempo un aumento en los salarios, sin que ello sea garant&iacute;a de una menor desigualdad entre las clases sociales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ricardo, un exitoso hombre de negocios y miembro de la C&aacute;mara de los Comunes, era m&aacute;s pesimista y ve&iacute;a el proceso de acumulaci&oacute;n de capital como parte de un conflicto distributivo sin fin entre las clases sociales. Pensaba que el conflicto central era entre los salarios y las ganancias, pero cre&iacute;a que los intereses de los terratenientes chocaban a su vez con los de los capitalistas y trabajadores. Para Ricardo, la pobreza depend&iacute;a de las din&aacute;micas del conflicto distributivo y del crecimiento poblacional.</p>     <p align="justify">A pesar de pertenecer a generaciones diferentes, Smith y Ricardo se preocuparon por el tema de la pobreza porque fue uno, si no el mayor, de los problemas sociales enfrentados por la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. Para entender la concepci&oacute;n de Smith acerca de la pobreza es necesario revisar <i>La teor&iacute;a de los sentimientos morales</i></p>     <p align="justify">(TSM, 1759) y otras obras que precedieron a <i>La riqueza de las naciones</i> (RN, 1776)<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, as&iacute; como establecer la relaci&oacute;n de este fen&oacute;meno con sus ideas sobre divisi&oacute;n del trabajo, poblaci&oacute;n, salarios e intervenci&oacute;n gubernamental. A su turno, Ricardo asocia el problema de la pobreza con su descripci&oacute;n de los procesos de distribuci&oacute;n y acumulaci&oacute;n; con sus ideas sobre los salarios, los beneficios, la renta y el papel del gobierno; y con el debate con Malthus acerca de la poblaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Ambos autores son complejos, aunque por razones diferentes. Smith lo es por la diversidad de temas que estudia, no s&oacute;lo de econom&iacute;a pol&iacute;tica, y por las relaciones que establece entre ellos, provocando que su teor&iacute;a sea m&aacute;s propensa a contradicciones y malentendidos. Ricardo porque a pesar de que no se ocupa de temas tan variados como Smith, los que toca son en s&iacute; bastante densos y adem&aacute;s porque, como se lo confesara a Mill, ten&iacute;a muchas dificultades para ejercitar el duro arte de escribir.</p>     <p align="justify"><b>1. ADAM SMITH</b></p>     <p align="justify">La pobreza posee un distintivo rasgo de clase para Smith. Los pobres son quienes solamente pueden sostenerse por su trabajo asalariado (<i>Lecciones sobre jurisprudencia</i>, LJ, 39), pero un trabajador “es rico o pobre, est&aacute; bien o mal, en proporci&oacute;n al precio real de su labor” (RN,</p>     <p align="justify">51), y este precio est&aacute; relacionado con la cantidad de bienes que &eacute;l pueda comprar. Las personas m&aacute;s pobres, entonces, son aquellas que apenas pueden proporcionarse las necesidades de subsistencia, aun cuando disfruten mucho los pocos bienes materiales que pueden adquirir. No obstante, afirma Smith, ellos no son vistos como seres inferiores con respecto a aquellos que pueden poseer mucho m&aacute;s (TSM, 123)<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">El car&aacute;cter de clase de la pobreza subyace en toda la teor&iacute;a de</p>     <p align="justify">Smith. Metodol&oacute;gicamente hablando, y al igual que el resto de su teor&iacute;a, la explicaci&oacute;n acerca de las causas de la pobreza la va construyendo gradualmente, con argumentos que va tomando de diferentes disciplinas del saber. Se apoya no s&oacute;lo en criterios econ&oacute;micos sino tambi&eacute;n en elementos hist&oacute;ricos, sociol&oacute;gicos, psicol&oacute;gicos, filos&oacute;ficos e incluso, aunque parezca parad&oacute;jico, teol&oacute;gicos.</p>     <p align="justify">La pobreza est&aacute; hist&oacute;ricamente relacionada con la desigualdad, pues aparece conjuntamente con la propiedad privada y el gobierno, seg&uacute;n Smith. La propiedad privada es la que crea diferencias entre las personas. Aquellos que poseen menos, o incluso nada, desean alcanzar aunque sea un poco de la fortuna material de otros, pero es el gobierno el que impide que tal cosa suceda. Smith argumenta que en la &eacute;poca de los cazadores, una de las eras en la que &eacute;l dividi&oacute; la historia humana,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">no exist&iacute;a un gobierno regular, ellos viv&iacute;an de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La apropiaci&oacute;n de las manadas y los reba&ntilde;os, que introducen la inequidad de la fortuna, fue lo que primero permiti&oacute; el surgimiento de un gobierno regular. Hasta cuando exista la propiedad no puede existir un gobierno, <i>porque su fin &uacute;ltimo es proteger la riqueza y defender al rico del pobre... Esta inequidad de fortunas implica una distinci&oacute;n entre los ricos y los pobres, d&aacute;ndole a los primeros influencia sobre los segundos</i>, porque quienes no pose&iacute;an manadas ni reba&ntilde;os ten&iacute;an que depender de quienes s&iacute; los pose&iacute;an... [Los ricos] necesariamente llegan a poseer una gran influencia sobre los dem&aacute;s... (LJ, 40; cursivas a&ntilde;adidas).</p> </blockquote>     <p align="justify">Esta explicaci&oacute;n puede extenderse tambi&eacute;n a otros escenarios hist&oacute;ricos, incluyendo la sociedad mercantil descrita en RN:</p>     <blockquote>    <p align="justify"><i>Donde quiera que haya una gran propiedad, hay una gran inequidad</i>. Por cada hombre rico deben existir al menos cinco pobres, y la abundancia de unos pocos supone la indigencia de muchos. La opulencia de los ricos suscita la indignaci&oacute;n de los pobres, que se gu&iacute;an por los deseos, y se incitan por la envidia, para invadir sus posesiones. <i>Es s&oacute;lo bajo la protecci&oacute;n de la magistratura civil que quien posee la propiedad</i>, que se adquiere por el trabajo de muchos a&ntilde;os, o por medio de generaciones sucesivas, <i>puede dormir en paz</i> (RN, 709-710; cursivas a&ntilde;adidas).</p> </blockquote>     <p align="justify">A trav&eacute;s de la historia los gobiernos han estado entonces para proteger la propiedad privada del acecho de los pobres. Los individuos con poder econ&oacute;mico, siguiendo sus propios intereses, han influido sobre la sociedad para fomentar la creaci&oacute;n de instituciones que preserven el orden social y refuercen los patrones existentes de distribuci&oacute;n de riqueza. En consecuencia, para Smith, la inequidad es el resultado de un convenio social entre los propietarios privados y los l&iacute;deres pol&iacute;ticos en donde se legitiman los intereses de los primeros<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. M&aacute;s a&uacute;n, en una sociedad mercantil, tal acuerdo fundamental, en donde lo pol&iacute;tico se supedita a lo econ&oacute;mico, es el que determina el proceso de acumulaci&oacute;n de capital y la manera en que el excedente social ser&aacute; repartido.</p>     <p align="justify">Hasta aqu&iacute;, la pobreza es el resultado de un proceso hist&oacute;rico-econ&oacute;mico con profundas repercusiones pol&iacute;ticas y sociales. La inquietud permanente de Smith por encontrar siempre la causa &uacute;ltima de las cosas lo llev&oacute; a preguntarse acerca de la persistencia de la desigualdad y, por ende, de la pobreza. Para ello, acude a argumentos morales y psicol&oacute;gicos en donde el tema del orden social surge: si la inequidad est&aacute; asociada con la propiedad de la riqueza, los poseedores de dicha riqueza promover&aacute;n un orden social que los favorezca, aun en detrimento de otras clases. Pero, &iquest;c&oacute;mo es posible garantizar la estabilidad social en un entorno de desigualdad?</p>     <p align="justify">Para Smith, el orden social est&aacute; apoyado en dos principios morales, autoridad y utilidad, que inducen al hombre, por temor y conveniencia, a ser obediente y a entrar en una sociedad civil. La autoridad consiste en la sumisi&oacute;n de los pobres a los ricos, mientras que la utilidad es el reconocimiento universal por parte de los individuos de la conveniencia de obedecer al “magistrado civil”. Ambos principios se reflejan en actitudes y comportamientos tanto de los individuos como de las instituciones. Dichos principios, que son la base moral de la socializaci&oacute;n, est&aacute;n muy entrelazados. “La adquisici&oacute;n de la valiosa y extensa propiedad... necesariamente requiere el establecimiento de un gobierno civil... [, el que] supone una cierta subordinaci&oacute;n” (RN, 710).</p>     <p align="justify">La subordinaci&oacute;n de unos hombres a otros es mantenida por cuatro elementos: la superioridad de las cualidades personales, la edad, la fortuna y el origen. Los dos &uacute;ltimos son los m&aacute;s importantes para cualquier sociedad<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> pues pueden ser percibidos por los individuos, sin importar su nivel de educaci&oacute;n o su posici&oacute;n social<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Si la “gran masa”, dice Smith, percibe la autoridad puede entonces aceptarla e interiorizarla colectiva e individualmente. Es as&iacute; como el principio de autoridad entra a hacer parte de los pensamientos y pasiones de los individuos, pues</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">surge de nuestra <i>simpat&iacute;a</i> con nuestros superiores que son m&aacute;s que nuestros iguales e inferiores: nosotros admiramos su feliz situaci&oacute;n, entramos en ella con placer, y nos esforzamos por promoverla (LJ, 39; cursiva a&ntilde;adida).</p> </blockquote>     <p align="justify">El concepto de <i>simpat&iacute;a</i> es muy importante en la TSM de Smith. Consiste en la identificaci&oacute;n de un individuo con las ideas, sentimientos y circunstancias de otros. Esta <i>simpat&iacute;a</i> puede traducirse en colaboraci&oacute;n, solidaridad, pero tambi&eacute;n en admiraci&oacute;n y respeto, e incluso tolerancia y sumisi&oacute;n<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. Es por esto que, a m&aacute;s de la determinaci&oacute;n econ&oacute;mica e hist&oacute;rica de la inequidad, las diferencias entre los individuos se refuerzan con motivaciones sociales y psicol&oacute;gicas. Los trabajadores aceptan individualmente la autoridad de los ricos debido a la existencia de la <i>simpat&iacute;a</i>. Un elemento atribuido a la naturaleza humana, a sus sentimientos. Esta es la argumentaci&oacute;n psicol&oacute;gica que Smith incorpora dentro de su teor&iacute;a para explicar c&oacute;mo el orden social se mantiene no obstante las diferencias materiales y sociales.</p>     <blockquote>    <p align="justify">Sobre esta de la humanidad, de aceptar las pasiones de los ricos y los poderosos, est&aacute;n fundadas las distinciones de rango, y el orden de la sociedad... Nosotros deseamos servir [al rico y al poderoso] por su propio bien, sin ninguna otra recompensa que la vanidad y el honor de servirles... <i>Incluso cuando el orden de la sociedad parece requerir que nos opongamos a ellos, nosotros mismos nos resistimos a hacerlo</i> (TSM, 81; cursiva a&ntilde;adida).</p> </blockquote>     <p align="justify">En Smith la estabilidad social est&aacute; por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n: <i>La paz y el orden de la sociedad son de mayor importancia que incluso el consuelo de los miserables</i> (TSM, 136, cursiva a&ntilde;adida). Considera que cualquier sociedad necesita seguridad y orden para ser pr&oacute;spera, y esto se hace posible mediante la aceptaci&oacute;n del predominio de ciertas relaciones sociales entre clases<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Las pasiones humanas ayudan a superar el odio y el resentimiento que pudieran surgir<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. Smith da mayor importancia a los efectos positivos de la inequidad –fortalecimiento de la cohesi&oacute;n y el orden– que a sus perjuicios como fuente de ruptura social y desasosiego<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. No obstante, Smith reconoce que el orden social construido de esta manera puede generar un complicado problema, la “corrupci&oacute;n de nuestros sentimientos morales”, que en el caso de la pobreza se traduce en despreciar o rechazar a los individuos de menor condici&oacute;n<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p align="justify">Dicho problema moral tiene varias dimensiones. Por una parte, pareciera que la <i>simpat&iacute;a</i>, como lo anota Heilbroner (1991), tuviera una asimetr&iacute;a peculiar, muy evidente en el an&aacute;lisis que Smith hace de la pobreza<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>. Reconoce que la pobreza inspira poca compasi&oacute;n porque se considera al pobre como resultado de una desgracia econ&oacute;mica que el mismo individuo habr&iacute;a podido evitar por sus propios medios; mientras que otro tipo de desgracias, consideradas inevitables (inundaciones, terremotos, accidentes, enfermedades), generan mayores sentimientos de solidaridad o compasi&oacute;n en el resto de la poblaci&oacute;n. Es precisamente en el contexto del tratamiento de Smith sobre la inequidad y la pobreza que la <i>simpat&iacute;a</i> no funciona.</p>     <p align="justify">De otro lado, Smith, al aceptar que las diferencias en riqueza y grandeza son necesarias para mantener el orden social, reconoce que dichas diferencias se oponen a los principios de sabidur&iacute;a y benevolencia, que ser&iacute;an moralmente m&aacute;s deseables. Adem&aacute;s, en una sociedad capitalista, las pasiones –ego&iacute;smo y ambici&oacute;n– de unos pocos hombres, que los mueven a ser ricos y poderosos, pueden limitar las posibilidades de otros para alcanzar su propio bienestar. Smith no es muy claro en este sentido. Al parecer, deseaba que las virtudes de conciencia y justicia fueran un contrapeso a las acciones, no s&oacute;lo econ&oacute;micas, basadas en el ego&iacute;smo.</p>     <p align="justify">Esta “paradoja de construir una comunidad moral sobre dichos fundamentos inmorales”<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>, lo mismo que la verdadera importancia de la <i>simpat&iacute;a</i> para Smith, son todav&iacute;a fuente de profundos debates te&oacute;ricos. Smith intenta superar todas estas dificultades acudiendo a explicaciones filos&oacute;ficas e incluso teol&oacute;gicas que a&uacute;n hoy son tambi&eacute;n tema de discusi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Efectivamente, en su <i>Historia de la Astronom&iacute;a</i> (HA), Smith hab&iacute;a escrito</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><i>La filosof&iacute;a es la ciencia de los principios conectados de la Naturaleza</i>. La Naturaleza, despu&eacute;s de la larga experiencia que la observaci&oacute;n com&uacute;n puede adquirir, parece abundar de eventos que aparecen solitarios e incoherentes con todo lo dem&aacute;s que &eacute;sta los precede... <i>La filosof&iacute;a</i>, representando las cadenas invisibles que unen los objetos separados, <i>trata de introducir orden</i> en el caos de las discordantes apariencias... La filosof&iacute;a, por lo tanto, debe ser tratada como una de esas artes que se relacionan con la imaginaci&oacute;n; y cuya teor&iacute;a e historia, bajo la que se explica, cae propiamente dentro de la circunferencia de nuestro tema (31; &eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p> </blockquote>     <p align="justify">As&iacute;, la Naturaleza se revela ante nosotros con la experiencia cotidiana, como la realidad que enfrentamos. La filosof&iacute;a nos ayuda a entender el orden l&oacute;gico existente detr&aacute;s del aparente caos que a primera vista parece caracterizar al universo. Esta concepci&oacute;n, sin embargo, le generar&iacute;a a Smith una contradicci&oacute;n adicional al reconocer despu&eacute;s</p>     <blockquote>    <p align="justify"><i>que los reyes son los sirvientes de la gente... [Esa] es la doctrina de la raz&oacute;n y la filosof&iacute;a; pero no es la doctrina de la Naturaleza</i>. La Naturaleza nos ense&ntilde;ar&aacute; a someternos a ellos porque s&iacute;, a estremecernos y a inclinarnos ante su situaci&oacute;n exaltada... Los motivos m&aacute;s fuertes, las m&aacute;s furiosas pasiones... son apenas suficientes para compensar esta disposici&oacute;n natural a respetarlos. (TSM, 81; &eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p> </blockquote>     <p align="justify">Smith estaba en contra de la influencia del clericalismo sobre el pensamiento cient&iacute;fico. En su HA muestra su admiraci&oacute;n por la teor&iacute;a de la mec&aacute;nica celeste de Newton. Desea que otras ciencias logren tambi&eacute;n descubrir las leyes naturales subyacentes. En la perspectiva de Smith, el uso de la raz&oacute;n y la filosof&iacute;a para entender las relaciones entre el soberano y su naci&oacute;n genera un grave malentendido acerca de c&oacute;mo es que realmente se llevan a cabo. La raz&oacute;n y la filosof&iacute;a ayudan a entender c&oacute;mo y por qu&eacute; funciona la Naturaleza, excepto al estudiar las causas del orden social establecido, debido a que Smith no rechaza la creencia, bastante difundida en ese entonces, de que tanto la Naturaleza como la monarqu&iacute;a ten&iacute;an un origen divino<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>, lo que obliga a la gente a servir al rey, contrario a lo que la filosof&iacute;a propone –la democracia. Al parecer, es por esto que Smith abandona algunos argumentos filos&oacute;ficos cuando trata de explicar por qu&eacute; la inequidad es necesaria para garantizar la paz y el orden de la sociedad y, curiosamente, para los ojos de nuestra &eacute;poca, decide guarecerse en argumentos teol&oacute;gicos, como veremos en seguida.</p>     <p align="justify">El avance que en aquel entonces ten&iacute;a la teor&iacute;a del conocimiento, junto con la estructura pol&iacute;tica imperante, le imped&iacute;an a Smith distinguir con claridad lo natural de lo originado en fen&oacute;menos hist&oacute;ricos o institucionales. Otro elemento que ayud&oacute; a la confusi&oacute;n radica en que Smith, en TSM, pese a que las hab&iacute;a distinguido, no precisa en ocasiones el tipo de sociedad al que se est&aacute; refiriendo –la que es o la que deber&iacute;a ser–. As&iacute; por ejemplo, Smith cree que en su sociedad ideal, la de la libertad perfecta –caracterizada por la seguridad pol&iacute;tica y la libertad de contrato–, la Naturaleza, de manera justa, recompensa los esfuerzos y las virtudes (especialmente la prudencia y la frugalidad) del hombre. Al incrementarse el ego&iacute;smo la desigualdad social aumenta. Algunos individuos, como colectividad, basados en su buena voluntad, desear&iacute;an evitar que tal cosa sucediera. Pero, dice Smith, sus acciones bien-intencionadas pueden causar, en contra de lo esperado, m&aacute;s inequidad.</p>     <p align="justify">En efecto, a pesar de que la Naturaleza, creada por Dios, desea que la humanidad mejore por s&iacute; misma y solucione sus propios problemas, la intervenci&oacute;n humana para corregir las diferencias sociales en muchas ocasiones empeora la situaci&oacute;n en lugar de mejorarla, porque el hombre no es tan perfecto como “El Autor” de la Naturaleza. Tanto la Naturaleza como la humanidad tienen los mismos fines (ejemplo, la preservaci&oacute;n del ser humano y la propagaci&oacute;n de las especies), con la diferencia de que el hombre no puede controlar el curso de la Naturaleza como ella lo hace por s&iacute; misma (TSM, 97, 116-117). En consecuencia, ser&aacute; la Naturaleza la que resuelva cualquier desviaci&oacute;n de la desigualdad –y por ende de la pobreza– de una forma m&aacute;s perfecta que el hombre. Todo este an&aacute;lisis lo inicia Smith a partir de su concepci&oacute;n de sociedad perfecta. Pero, por falta de claridad en la obra, esta descripci&oacute;n es com&uacute;nmente interpretada como si se estuviera refiriendo al funcionamiento corriente de la sociedad capitalista.</p>     <p align="justify">De otro lado, es interesante se&ntilde;alar que la primera vez que Smith introduce expl&iacute;citamente su famoso t&eacute;rmino de la “mano invisible” en TSM es precisamente para justificar el car&aacute;cter natural y divino de la inequidad. Dios aconseja a los ricos para que consuman s&oacute;lo lo que necesitan y para que compartan con los pobres un poco de lo que poseen, de tal forma que la poblaci&oacute;n pueda adquirir lo que cada uno se merece y de paso sean felices con ello. Su argumentaci&oacute;n se resume en el siguiente pasaje:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El producido del suelo mantiene en todo tiempo aproximadamente aquel n&uacute;mero de habitantes que es capaz de sostener. Los ricos &uacute;nicamente seleccionan del mont&oacute;n lo que es m&aacute;s precioso y agradable. <i>Ellos consumen un poco m&aacute;s que los pobres, y a pesar de su ego&iacute;smo natural y su rapacidad, de que busquen s&oacute;lo su propia conveniencia</i>, de que pretendan como &uacute;ltimo fin que el trabajo de sus miles de empleados complazca su propia vanidad e insaciabilidad de deseos, <i>ellos comparten con los pobres lo producido de todas sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a realizar una distribuci&oacute;n seg&uacute;n las necesidades de la vida</i>, similar a la que ser&iacute;a realizada si la tierra se repartiera en porciones iguales entre todos los habitantes, <i>y as&iacute; sin intentarlo, trabajan por el inter&eacute;s de la sociedad, y facilitan los medios para la multiplicaci&oacute;n de las especies. Cuando la Providencia dividi&oacute; la tierra entre los pocos nobles, no olvid&oacute; ni abandon&oacute; a aquellos que aparentemente hab&iacute;an quedado fuera de la repartici&oacute;n. Estos &uacute;ltimos tambi&eacute;n disfrutan de todo lo producido</i>. En lo que constituye la verdadera felicidad de la vida humana, ellos no est&aacute;n de ninguna manera por debajo de aquellos que parecen superiores (TSM, 112-123; &eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por tanto, la pobreza es tambi&eacute;n un resultado del orden social sabiamente establecido por la Naturaleza y su Creador, en donde la mano invisible es un mecanismo natural o divino que garantiza un reparto justo del producto social y adem&aacute;s la estabilidad del orden social, que es expresi&oacute;n de la armon&iacute;a celeste.</p>     <p align="justify">No obstante lo anterior, Smith cree que el hombre y las instituciones, a pesar de sus limitaciones, algo pueden hacer para evitar que la injusticia social y la miseria aumenten. La subordinaci&oacute;n de los pobres en una sociedad mercantil puede reducirse a trav&eacute;s de un sistema de justicia que limite la influencia directa o fuerte de los poseedores de propiedad sobre el destino de los pobres. El “gasto en justicia” (RN) que haga el gobierno importar&iacute;a adem&aacute;s al revelar la conveniencia de la aplicaci&oacute;n del principio de utilidad, m&aacute;s exactamente el de la utilidad p&uacute;blica. Al hacerse evidente su beneficio, motivar&iacute;a a los hombres a acatar la “magistratura civil”.</p>     <blockquote>    <p align="justify"><i>Cada cual es sensible a la necesidad de este principio para preservar la justicia y la paz en la sociedad</i>. Por medio de las instituciones civiles los m&aacute;s pobres deben ser recompensados por los ricos y poderosos; y a pesar de que pueden existir algunas irregularidades en casos particulares, como indudablemente las hay, nos sometemos a ellas para evadir mayores perjuicios. <i>Este es el sentido de la utilidad p&uacute;blica, m&aacute;s que la privada, que influencia al hombre a obedecer</i>” (Smith, LJ, 39, &eacute;nfasis a&ntilde;anido).</p> </blockquote>     <p align="justify">As&iacute;, la utilidad p&uacute;blica refuerza la obediencia civil, aunque</p>     <blockquote>    <p align="justify">En todos los gobiernos ambos principios [autoridad y utilidad p&uacute;blica] se presentan en alg&uacute;n grado, pero en una monarqu&iacute;a la autoridad prevalece, y en una democracia la utilidad... (LJ, 39).</p> </blockquote>     <p align="justify">En RN Smith analiza tambi&eacute;n la inequidad y la pobreza a trav&eacute;s de sus explicaciones sobre la divisi&oacute;n del trabajo, los salarios, el proceso de acumulaci&oacute;n y el papel del gobierno. Acepta, al igual que Hume y otros pensadores, que los seres humanos son iguales al nacer e incluso en sus primeros a&ntilde;os de ni&ntilde;ez; pero, al cabo del tiempo, la divisi&oacute;n del trabajo establecer&iacute;a las diferencias</p>     <blockquote>    <p align="justify">entre un fil&oacute;sofo y un mozo de servicio...[que] parecen surgir no tanto de la naturaleza, como de los h&aacute;bitos, costumbres y la educaci&oacute;n<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>... Las diferencias en talentos comienzan entonces a ser evidentes y se hacen cada vez mayores...(RN, 28-29).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">A su vez, la divisi&oacute;n del trabajo proviene de la disposici&oacute;n natural del hombre a permutar, feriar e intercambiar. Es esta &uacute;ltima la que “crea las diferencias en los talentos, que est&aacute;n bien marcados entre los hombres de diferentes profesiones, es esta misma disposici&oacute;n la que hace que las diferencias sean &uacute;tiles” (RN, 29).</p>     <p align="justify">La idea de una sociedad econ&oacute;micamente estratificada, como la que se refleja en RN, difiere del orden social mencionado en el TSM en cuanto a que la desigualdad no estar&iacute;a mediada cotidianamente por la Naturaleza, sino por el mercado. Ello, sin embargo, parece que no representa para Smith una contradicci&oacute;n en la medida en que el mercado, teleol&oacute;gicamente hablando, seg&uacute;n lo muestra en RN, tambi&eacute;n se rige por unas leyes naturales. As&iacute; como la mano invisible hace que las motivaciones individuales generen bienestar y mantengan la estabilidad social, el mercado libre se convierte en el instrumento econ&oacute;mico eficaz para tales fines, el cual adem&aacute;s reproduce las condiciones de distribuci&oacute;n del ingreso y la riqueza. La inequidad, entonces, parece surgir por razones de mercado, que en &uacute;ltimas tambi&eacute;n se rige por condiciones “naturales”, y en donde la divisi&oacute;n del trabajo tiene un papel crucial.</p>     <p align="justify">El valor real del trabajo est&aacute; relacionado con la cantidad de bienes que un trabajador puede comprar. A su turno, el precio natural del trabajo es aquel valor que garantiza la reproducci&oacute;n de la cantidad de trabajo que la sociedad necesita. Este precio natural es diferente del de mercado, ya que este &uacute;ltimo resulta de la interacci&oacute;n de la oferta y la demanda en un momento en el tiempo. A un precio natural dado, la pobreza empeora cuando la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, pues el salario caer&iacute;a por debajo de su nivel natural. Cuando el crecimiento de la poblaci&oacute;n y la oferta de trabajo se ajusten al de la demanda de trabajo, el salario volver&iacute;a a ubicarse cerca del precio natural.</p>     <p align="justify">Es por esto que en el corto y mediano plazo la pobreza puede incrementarse m&aacute;s all&aacute; de lo considerado como natural. Ello no sucede, sin embargo, en el largo plazo, a medida que el pa&iacute;s avanza. Smith cree conveniente para la sociedad como un todo que los trabajadores mejoren su nivel de bienestar (RN, 100), pero esto depende del proceso de acumulaci&oacute;n, que es lo que permite incrementar la demanda de trabajo y los salarios en per&iacute;odos largos. Para Smith, “la demanda de hombres, como la de cualquier otra mercanc&iacute;a, necesariamente regula la producci&oacute;n de hombres” (RN, 98) y los salarios est&aacute;n regulados por la demanda de trabajo y por “el precio de las necesidades y comodidades de la vida” (RN, 103).</p>     <p align="justify">La pobreza puede as&iacute; decrecer en t&eacute;rminos absolutos, pero en RN no resulta claro si la divisi&oacute;n del trabajo asociada con el proceso de acumulaci&oacute;n disminuye o incrementa la inequidad generada por el prevaleciente orden social. Smith afirma que el bienestar nacional va mejorando las “circunstancias” de las personas pobres quienes conforman “la mayor parte” de la poblaci&oacute;n, y aunque esto no signifique que la inequidad haya decrecido en t&eacute;rminos relativos, el mejoramiento absoluto en las condiciones de vida de los trabajadores “no podr&aacute; considerarse como un inconveniente. Ninguna sociedad puede florecer y ser feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables” (RN, 96).</p>     <p align="justify">Aparte del gasto en justicia arriba mencionado, y con la excepci&oacute;n de ampliar el acceso a la educaci&oacute;n de los trabajadores para evitar su idiotizaci&oacute;n<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>, Smith cree que el gobierno no debe, en general, intervenir en el proceso de acumulaci&oacute;n y distribuci&oacute;n porque es por medio del mercado, dirigido por la mano invisible, que los individuos persiguiendo sus propios intereses “frecuentemente promueven los resultados sociales de manera m&aacute;s efectiva que lo que &eacute;l puede intentar promover” (RN, 456) por s&iacute; solo o a trav&eacute;s de otros mecanismos.</p>     <p align="justify">Smith piensa adem&aacute;s que el gobierno no debe aplicar impuestos indirectos que afecten el precio de los bienes consumidos por los trabajadores porque tales tributos incrementan el costo del trabajo y se transmiten a los consumidores finales v&iacute;a mayores precios. Dos excepciones se aplicar&iacute;an a esta regla. La primera se refiere a los grav&aacute;menes a los bienes de lujo, pues ayudar&iacute;an a las personas pobres a ahorrar m&aacute;s (no malgastar&iacute;an sus salarios en dichos bienes). La segunda excepci&oacute;n estar&iacute;a basada en la importancia para los ingresos p&uacute;blicos de un determinado tributo. Tal era el caso del impuesto al combustible, que a pesar de estar afectando una necesidad b&aacute;sica, incluso para los m&aacute;s pobres (RN, 874-875), su importancia en t&eacute;rminos de recaudo imped&iacute;a su desaparici&oacute;n. En contraste, Smith cre&iacute;a que no deb&iacute;a existir ning&uacute;n impuesto directo que afectara a los salarios.</p>     <p align="justify"><b>2. DAVID RICARDO</b></p>     <p align="justify">El inter&eacute;s te&oacute;rico primordial de Ricardo es la distribuci&oacute;n del producto social entre clases. “El problema principal de la econom&iacute;a pol&iacute;tica consiste en determinar las leyes que regulan esta distribuci&oacute;n”<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. A pesar de que no provee una definici&oacute;n expl&iacute;cita de la pobreza, no es dif&iacute;cil deducir de sus trabajos y su correspondencia, especialmente con Mill, Malthus y Trower, que Ricardo identifica la pobreza como un problema social que afecta a las clases trabajadoras y reduce el bienestar general de la sociedad. Se preocup&oacute; por la pobreza porque era uno de los mayores problemas sociales de Gran Breta&ntilde;a, pero sobre todo porque consideraba que las medidas que se hab&iacute;an tomado para resolverla la hab&iacute;an empeorado en lugar de aliviarla y adem&aacute;s estar&iacute;an reduciendo el ritmo de acumulaci&oacute;n de capital.</p>     <p align="justify">El trabajo y los salarios son fundamentales en la teor&iacute;a de Ricardo. Primero, “el valor de una mercanc&iacute;a, o [sea] la cantidad de cualquiera otra por la que se cambiar&aacute;, depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para producirla...” (<i>Principles</i>, 11). Segundo, “el teorema fundamental de Ricardo” (Blaug, 1996) –los salarios y las ganancias relativas siempre se mueven en direcciones opuestas y las &uacute;ltimas dependen de los primeros– refleja la existencia de un conflicto distributivo durante el proceso de acumulaci&oacute;n. En octubre de 1816, Ricardo escribi&oacute; a James Mill: “Pienso que las ganancias dependen de los salarios –los salarios dependen de la demanda y la oferta de trabajo, y del costo de las necesidades en que los salarios son gastados. Estas dos causas deben estar operando sobre las ganancias al mismo tiempo, ya sea en la misma direcci&oacute;n, o en sentido contrario” (Sraffa, 1973, p. 72)<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ricardo deduce tal “teorema” de sus consideraciones sobre la renta. Muestra que el capital y los salarios determinan los precios de los bienes agr&iacute;colas. La renta, entonces, aparece cuando es necesario utilizar tierras menos f&eacute;rtiles para satisfacer la demanda agr&iacute;cola creciente. El incremento en los precios se debe a una mayor demanda y tambi&eacute;n a los mayores costos de producci&oacute;n, pero nunca a un incremento de la renta. Este &uacute;ltimo es una consecuencia, no una causa. Ricardo es muy enf&aacute;tico con respecto a la relaci&oacute;n entre la renta y los precios de los bienes agr&iacute;colas. Insiste en que la importaci&oacute;n de granos no s&oacute;lo es favorable para los trabajadores sino tambi&eacute;n para los capitalistas, al reducir los costos del trabajo. S&oacute;lo los terratenientes pueden perjudicarse con las importaciones.</p>     <p align="justify">Tercero, la determinaci&oacute;n de las causas de los movimientos salariales, junto con su teor&iacute;a de la renta, ayudan a Ricardo a sustentar sus ideas en contra de la hip&oacute;tesis de Malthus sobre la poblaci&oacute;n –ejemplo, mientras la poblaci&oacute;n crece geom&eacute;tricamente la oferta de alimentos lo hace aritm&eacute;ticamente<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, el estudio de los salarios le sirve a Ricardo para mostrar las tres causas principales de la pobreza, a saber: la relaci&oacute;n din&aacute;mica entre las fuerzas demogr&aacute;ficas y econ&oacute;micas, el car&aacute;cter del proceso de acumulaci&oacute;n y las razones institucionales. La primera causa que esboza es una refutaci&oacute;n a su amigo Malthus.</p>     <blockquote>    <p align="justify">El crecimiento de la poblaci&oacute;n y el aumento de los alimentos ser&aacute;n efecto, aunque no necesariamente, del alza en salarios. La mejorada condici&oacute;n del trabajador, debido al mayor valor que se le paga, no le obliga a casarse y a tomar sobre s&iacute; el peso de una familia; en vez de eso, con el incremento podr&iacute;a comprarse, si le agrada, algunas de las mercanc&iacute;as que contribuyan a su satisfacci&oacute;n. En este caso, su mayor salario no ir&aacute; acompa&ntilde;ado de otro efecto distinto al aumento de la demanda de algunos de esos art&iacute;culos, y como la clase de los trabajadores no aumentar&iacute;a materialmente, sus salarios continuar&iacute;an permanentemente altos. Pero aunque esto pueda ser la consecuencia de los salarios altos, las delicias de la sociedad dom&eacute;stica son a&uacute;n tan grandes que en la pr&aacute;ctica se encuentra que al mejoramiento de la condici&oacute;n del trabajador sigue invariablemente un aumento de la poblaci&oacute;n; y s&oacute;lo porque ocurre as&iacute;, con la ligera excepci&oacute;n antes mencionada, es que surge una nueva y mayor demanda de alimentos. Por lo tanto, esta demanda es efecto de un aumento de capital y de la poblaci&oacute;n, pero no la causa –&uacute;nicamente porque los gastos de la gente toman esa direcci&oacute;n es que el precio de mercado de las subsistencias excede su precio natural, y se produce la cantidad de alimentos requerida; y es porque el n&uacute;mero de personas aumenta que los salarios vuelven a descender nuevamente (<i>Principles</i>, 406-407).</p> </blockquote>     <p align="justify">As&iacute;, la pobreza puede incrementarse con disminuciones tanto indirectas como directas de los salarios. La primera se da cuando a un incremento salarial sigue una demanda adicional de bienes b&aacute;sicos tal que coloque el precio de mercado de dichos art&iacute;culos por encima de su precio natural, reduciendo la capacidad de compra de los trabajadores. La pobreza tambi&eacute;n puede aumentar con un exceso de oferta de trabajo tal, con respecto a su demanda, que reduce los salarios por debajo de su nivel natural, impidiendo adquirir la totalidad de los bienes necesarios para la subsistencia.</p>     <p align="justify">La segunda causa principal de la pobreza, el car&aacute;cter de la acumulaci&oacute;n, est&aacute; relacionada con el “teorema fundamental”. Dado que los salarios absolutos se incrementan en el largo plazo, Ricardo considera que la pobreza puede ser mayor si las ganancias relativas disminuyen en una proporci&oacute;n tal que induzca una reducci&oacute;n en el proceso de acumulaci&oacute;n. Al darse tal reducci&oacute;n, la demanda de trabajo caer&iacute;a y, en consecuencia, los salarios. Por otra parte, los capitalistas pueden alternativamente introducir maquinaria para enfrentar el alza salarial. Dicha introducci&oacute;n es inicialmente una amenaza para los trabajadores<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>, pero con el tiempo, afirma Ricardo, puede tambi&eacute;n crear problemas a los capitalistas porque un menor costo de producci&oacute;n aumenta la rentabilidad, atrae capital y, por tanto, disminuye la tasa de ganancia de la industria. El empresario ya establecido puede evitar esa mayor afluencia de capital anticip&aacute;ndose a reducir el precio de las mercanc&iacute;as a un nivel tal que sea compatible con la tasa general de ganancias<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. A pesar de esto, Ricardo considera que toda la sociedad se beneficiar&aacute; porque en el largo plazo todos los precios ser&aacute;n menores y la demanda efectiva mayor, incluyendo la demanda de bienes de los trabajadores.</p>     <p align="justify">La tercera causa fundamental de la pobreza est&aacute; relacionada con los intentos institucionales usados para resolver la pobreza en Gran Breta&ntilde;a: las Leyes de Pobres y los impuestos. Con respecto a las primeras, Ricardo cree que fomentan innecesariamente el crecimiento de la poblaci&oacute;n en lugar de disminuirlo. “Si usted se propone alimentar, vestir y educar a todos los ni&ntilde;os pobres, usted estar&aacute; generando un gran est&iacute;mulo a un principio ya bastante activo. Con este esquema no puedo ser amigable”<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>. Ricardo cree ciegamente que el proceso de acumulaci&oacute;n y el libre mercado ajustar&aacute;n el crecimiento poblacional a la demanda de trabajo. Dichas leyes aumentan artificialmente la capacidad de compra de los trabajadores. La intervenci&oacute;n gubernamental a este respecto no debe existir.</p>     <blockquote>    <p align="justify">Cuando los salarios suben, el hecho se debe generalmente a que un aumento de la riqueza y del capital han ocasionado una nueva demanda de trabajo, la cual servir&aacute; infaliblemente para aumentar la producci&oacute;n de bienes... Estas son, pues, las leyes por las que se regulan los salarios y se rige la prosperidad de la mayor&iacute;a de un pueblo. <i>Como todos los dem&aacute;s contratos, los salarios deben abandonarse a la leal y libre concurrencia del mercado, sin someterla nunca a la intervenci&oacute;n del poder p&uacute;blico</i>. La tendencia manifiesta de las leyes de beneficencia est&aacute; en directa oposici&oacute;n a estos principios evidentes (<i>Principles</i>, 104 105; &eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En oposici&oacute;n a Malthus, Ricardo considera que cualquier control al crecimiento de la poblaci&oacute;n no soluciona el problema. En 1816 Ricardo escribi&oacute; a Trower: “reduciendo la poblaci&oacute;n se reduce el nivel de alimentos en quiz&aacute;s una mayor proporci&oacute;n, lo que agrava en lugar de reducir la miseria” (Sraffa, 1973, 48). En otras palabras, debemos dejar que las fuerzas naturales que regulan el crecimiento de la poblaci&oacute;n funcionen libremente. En otra carta a Trower, en 1817, Ricardo afirm&oacute;:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La poblaci&oacute;n s&oacute;lo puede ser controlada con la reducci&oacute;n de las fuerzas que la hacen crecer <i>excesivamente</i>, dejando perfectamente libres los contratos entre los pobres y sus empleadores, se limitar&iacute;a la cantidad de trabajo en el mercado a su demanda efectiva. El pretender alimentar a todo el que lo requiera crea una demanda ilimitada de seres humanos, y si no fuera por la mala administraci&oacute;n... la poblaci&oacute;n seguir&iacute;a creciendo en una progresi&oacute;n regular hasta que los ricos se conviertan en pobres, y entonces no exista m&aacute;s distinci&oacute;n alguna de rangos (Sraffa, 1973, 25; cursiva original).</p> </blockquote>     <p align="justify">Ricardo tambi&eacute;n cre&iacute;a que las leyes contra la pobreza hab&iacute;an vuelto perezosa a la gente. Los pobres deber&iacute;an hacer alg&uacute;n esfuerzo para conseguir los ingresos que desean e, igualmente, deber&iacute;an ser prudentes en sus gastos y en el n&uacute;mero de hijos que deseen tener<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>. Ricardo consideraba preciso modificar las Leyes de Pobres. Al respecto, le escribe a Trower:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Estar&iacute;a de acuerdo en realizar cambios en las Leyes de Pobres as&iacute; como en reconstruirlas para enmarcarlas dentro de lo que la intenci&oacute;n original deseaba de ellas; a saber, socorrer a los ancianos, enfermos y, bajo algunas circunstancias, a los ni&ntilde;os (Sraffa, 1973, 248).</p> </blockquote>     <p align="justify">Con respecto a los ni&ntilde;os, las Leyes de Pobres ser&iacute;an m&aacute;s efectivas si se enfocaran en su educaci&oacute;n<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>, aunque</p>     <blockquote>    <p align="justify">el gran prop&oacute;sito ser&iacute;a ense&ntilde;ar a las clases trabajadoras a valerse por s&iacute; mismas ante las eventualidades a las que est&eacute;n expuestas en raz&oacute;n de variaciones ocasionales en la demanda de ciertos bienes manufacturados, las que no deben ser objeto de legislaci&oacute;n (Sraffa, 1973, 248).</p> </blockquote>     <p align="justify">Otra de las soluciones discutidas en esa &eacute;poca se refer&iacute;a a la creaci&oacute;n de bancos privados en donde los trabajadores pudieran ahorrar parte de sus salarios, motiv&aacute;ndolos as&iacute; a la prudencia. Esta &uacute;ltima tambi&eacute;n podr&iacute;a resultar de una mayor educaci&oacute;n. Ricardo piensa que el salario ideal de una persona deber&iacute;a ser uno que</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">sea suficiente no s&oacute;lo para mantenerse a s&iacute; mismo y a su familia cuando se encuentra trabajando sino aquel que le permita dejar una provisi&oacute;n en un banco de ahorros (Sraffa, 1973, 248).</p> </blockquote>     <p align="justify">Finalmente, Ricardo no est&aacute; de acuerdo con los impuestos que agobian a las personas pobres, pero no exactamente por razones sociales. Siente que el problema con los impuestos es que tienen una “tendencia a reducir el poder de acumulaci&oacute;n. Todos los impuestos recaen sobre el capital o la renta” (<i>Principles</i>, 152). Adicionalmente, “los impuestos sobre el salario incrementan los mismos y por consiguiente disminuir&aacute;n la tasa de ganancia del capital” (<i>ibid</i>, 213). Cualquier impuesto que afecte el capital reduce “el goce anual de las personas... [Los tributos] reducen los fondos para la manutenci&oacute;n del trabajo, y por esto disminuyen la producci&oacute;n futura del pa&iacute;s” (<i>ibid</i>, 153).</p>     <p align="justify"><b>3. CONCLUSIONES Y COMENTARIOS FINALES</b></p>     <p align="justify">Tanto para Smith como para Ricardo, los pobres pertenecen a la clase trabajadora. Aunque por razones diferentes, ambos creen que la pobreza est&aacute; relacionada con asuntos distributivos e institucionales en las econom&iacute;as capitalistas. Para Smith, Dios, con su mano invisible, fija los patrones sociales de distribuci&oacute;n, mientras Ricardo ve la distribuci&oacute;n como un resultado del conflicto entre tres clases –trabajadores, capitalistas y terratenientes– en donde la relaci&oacute;n inversa entre los salarios y los beneficios es la principal fuente del conflicto distributivo y la fuerza determinante del proceso de acumulaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La inequidad y la pobreza resultante est&aacute;n natural o socialmente predeterminadas. Smith y Ricardo se&ntilde;alan que dejando trabajar libremente las fuerzas econ&oacute;micas y demogr&aacute;ficas ser&aacute; posible aliviar la pobreza en virtud de la tendencia de largo plazo a que los salarios absolutos aumenten a medida que el proceso de acumulaci&oacute;n avanza. Seg&uacute;n Smith, la inequidad prevaleciente preserva la estabilidad social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica porque, a pesar de las diferencias de clase, la sociedad avanza con la acumulaci&oacute;n de capital de manera an&aacute;loga al funcionamiento ordenado de la Naturaleza o el Universo. Smith piensa tambi&eacute;n, seg&uacute;n Heilbroner (1992), que “las leyes del mercado por s&iacute; mismas ser&aacute;n una parte integral de las leyes que permiten que la sociedad prospere o decaiga” (54). Las explicaciones de Smith son m&aacute;s complejas que las de Ricardo porque aqu&eacute;llas consideran no s&oacute;lo dimensiones hist&oacute;ricas, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, como lo hace Ricardo, sino tambi&eacute;n aspectos psicol&oacute;gicos, morales, filos&oacute;ficos y teol&oacute;gicos en una muy intrincada manera. En contraste, Ricardo no va m&aacute;s all&aacute; de indicar que cualquier aumento en los salarios relativos constituye una amenaza a la acumulaci&oacute;n de capital, porque reduce la participaci&oacute;n de los beneficios en el ingreso total. Cabe recordar que Smith fue un acad&eacute;mico formador de elites, mientras que Ricardo fue un hombre pr&aacute;ctico dedicado a los negocios y la pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">Smith y Ricardo aceptan que la inequidad puede continuar o ser mayor, pero la tendencia de la sociedad hacia el progreso econ&oacute;mico y social por medio de la acumulaci&oacute;n de capital mitigar&aacute; esta indeseada situaci&oacute;n, al mejorar el bienestar de los trabajadores en virtud de una mayor disponibilidad de la riqueza material de la sociedad a la que incluso los pobres tendr&iacute;an alg&uacute;n acceso. La libertad, a su vez, basada en la discrecionalidad de los individuos para contratar en concordancia con las leyes –naturales u objetivas- del mercado, ser&iacute;a un pilar fundamental. Es por estas razones que Smith y Ricardo desestiman la efectividad de la intervenci&oacute;n gubernamental directa para reducir la incidencia de la pobreza. Smith s&oacute;lo acepta la acci&oacute;n estatal dirigida a mejorar el nivel de educaci&oacute;n de los pobres para contrarrestar los efectos negativos de la divisi&oacute;n del trabajo en el desarrollo intelectual de los trabajadores. De la misma manera, Ricardo considera que lo mejor que el gobierno puede hacer, aparte de atender a enfermos y ancianos, es promover la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y motivar a los trabajadores a ser prudentes a trav&eacute;s del ahorro y tambi&eacute;n una mayor educaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Para Smith, el mayor ahorro de los pobres se lograr&iacute;a con el mantenimiento de impuestos a los bienes suntuarios. Pese a que por razones sociales, el ingreso de los pobres debe estar exento de la tributaci&oacute;n directa, Smith propone mantener vigentes algunos impuestos indirectos por razones de recaudo. Ricardo coincide con Smith en cuanto a la reducci&oacute;n de los grav&aacute;menes a los trabajadores, pero porque el mantenerlos constituye una carga adicional sobre las ganancias, lo que reduce el ritmo de acumulaci&oacute;n de capital.</p>     <p align="justify">Tres comentarios finales. El primero, en contra de la creencia general y a pesar de la existencia de algunas incongruencias que no se pueden negar, el tratamiento de la pobreza en los trabajos de Smith</p>     <p align="justify">–especialmente en sus dos libros m&aacute;s importantes, <i>La teor&iacute;a de los sentimientos morales</i> y <i>la riqueza de las naciones</i> – muestra una extraordinaria consistencia en el sentido de que no modifica sustancialmente sus ideas fundamentales. Segundo, aunque Smith y Ricardo est&aacute;n preocupados por la incidencia de la pobreza en Gran</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Breta&ntilde;a y coinciden en resaltar las bondades del libre mercado y el poco margen de intervenci&oacute;n que deber&iacute;a tener la intervenci&oacute;n estatal, llama la atenci&oacute;n que sus motivaciones hayan obedecido a vivencias e intereses intelectuales completamente diferentes. Por &uacute;ltimo, es interesante observar en la literatura reciente de la filosof&iacute;a, la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica que muchos de los argumentos expuestos por estos autores son todav&iacute;a utilizados, casi dos siglos despu&eacute;s de que fueran inicialmente desarrollados. &iquest;Ser&aacute; que los pensadores de hoy en d&iacute;a siguen creyendo en el origen natural y divino del mercado?</p>     <p align="justify"> <b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Todas las citas textuales en este art&iacute;culo se referir&aacute;n a la versi&oacute;n inglesa de las diferentes fuentes, con traducciones libres del autor.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Todas las referencias a las obras de Smith diferentes a RN est&aacute;n basadas en la edici&oacute;n hecha por Heilbroner (1987).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. “Los ricos, particularmente, est&aacute;n interesados en apoyar el orden que pueda asegurarles la posesi&oacute;n de sus propias ventajas... El gobierno civil, en tanto, es instaurado para asegurar la propiedad, est&aacute; en realidad instituido para la defensa del rico contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes no tienen ninguna” (RN, 715).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. “El nacimiento y la fortuna son evidentemente las dos circunstancias que principalmente ponen a un hombre sobre otro. &Eacute;stas son las dos fuentes de la distinci&oacute;n personal y, por esto, son las causas principales que naturalmente establecen la autoridad y la subordinaci&oacute;n entre ellos” (RN, 714).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. “La naturaleza sabiamente ha juzgado que la distinci&oacute;n de rangos, la paz y el orden social, estar&aacute;n mejor aseguradas sobre las diferencias palpables de nacimiento y fortuna, que bajo las diferencias invisibles y a veces inciertas de la sabidur&iacute;a y las virtudes. Los ojos de la gran multitud pueden percibir claramente lo primero: es con mucha dificultad que los sabios y virtuosos pueden distinguir lo segundo” (TSM, 136).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Autores como Heilbroner, por ejemplo, prefieren denominarlo empat&iacute;a en vez de <i>simpat&iacute;a</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. No interesa qu&eacute; tan justos o injustos, qu&eacute; tan virtuosos o no sean los reyes y los nobles, porque “ellos est&aacute;n sustentados en su rango y preeminencia” (TSM, 82). Fitzgibbons (1995), por su parte, dice: “Smith da prioridad a la preservaci&oacute;n del sistema... La equidad no era un objetivo o valor por s&iacute; mismo, y la preservaci&oacute;n del estado requer&iacute;a que la ley fuera imparcial, en lugar de que estuviera parcializada en favor de los pobres” (168).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. “Los motivos m&aacute;s fuertes... son apenas suficientes para balancear esta disposici&oacute;n natural a respetar [a los ricos]... son aptos para ceder en cualquier momento y f&aacute;ciles de recaer dentro de su estado habitual para aquellos que est&aacute;n acostumbrados a seguir a sus superiores naturales” (TSM, 81).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Heilbroner (1991).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Esta disposici&oacute;n a admirar y casi venerar al rico y al poderoso, y a despreciar, o por lo menos a rechazar, a las personas en condiciones de pobreza, aunque necesaria para establecer y mantener la distinci&oacute;n de rangos y el orden de la sociedad, es, al mismo tiempo, la mayor y m&aacute;s universal causa de la corrupci&oacute;n de nuestros sentimientos morales (TSM, 86).</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Ver TSM, Parte III, Cap&iacute;tulo 3.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Heilbroner (1991, 436).</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Smith evade utilizar la palabra Dios. El prefiere referirse a “El Autor”, “La Deidad” o “El Creador”.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. Esta oraci&oacute;n fue curiosamente utilizada por Morrow (1928) para demostrar c&oacute;mo “Smith era un creyente convencido de la equidad como cualquier l&iacute;der revolucionario” (168).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Smith dice en RN que el hombre, en virtud de la division del trabajo, es confinado a realizar operaciones simples durante su jornada laboral que lo pueden convertir en est&uacute;pido e ignorante. Es este perjuicio social el que justificaria el gasto gubernamental en educaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Prefacio de su libro <i>On the Principles of Political Economy and Taxation</i>, p. 5. En adelante, <i>Principles</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. Ricardo tambi&eacute;n afirma en <i>Principles</i> que los salarios dependen de “la oferta y la demanda de trabajo y del precio de las mercanc&iacute;as en que los salarios de trabajo son gastados” (97).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Un resumen sobre el principio de la poblaci&oacute;n de Malthus y el debate sobre la poblaci&oacute;n, la renta y la acumulaci&oacute;n est&aacute;n en Schumpeter (1966), Cap. V. Ver tambi&eacute;n Heilbroner (1992), cap. IV.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. “Que la opini&oacute;n mantenida por la clase trabajadora de que el empleo de la maquinaria es frecuentemente perjudicial para sus intereses no est&aacute; fundado en un prejuicio ni en un error, sino que se ajusta a los principios m&aacute;s correctos de la Econom&iacute;a Pol&iacute;tica” (<i>Principles</i>, 392).</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. Un manufacturero “podr&iacute;a continuar cobrando el mismo precio por sus productos; pero, como ya lo hemos visto, estar&aacute; obligado a bajar el precio de sus bienes, o si no el capital llegar&aacute; a la industria hasta que sus ganancias se reduzcan al nivel general... Ni las m&aacute;quinas, ni las mercanc&iacute;as hechas por &eacute;stas, aumentan en valor real, sino que todos los bienes hechos por m&aacute;quinas se reducen, y caen en proporci&oacute;n a su durabilidad” (<i>Principles</i>, 41-42).</p>     <p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Correspondencia a Mill (Sraffa, 1973, 361).</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. “La operaci&oacute;n del sistema de las Leyes de Pobres ha sido contraria a esto. Ellas han creado restricciones superfluas, y han invitado a la imprudencia, al ofrecer una porci&oacute;n de los salarios prudentes y de la industria para tal fin” (<i>Principles</i>, 107).</p>     <p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. Ricardo considera esta posibilidad en una carta a Mill (Sraffa, 1973, 360).</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Blaug, Mark. <i>Economic Theory in Retrospect</i>, 5&ordf; ed., Cambridge, Cambridge University Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200000010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Fitzgibbons, Athal. <i>Adam Smith’s System of Liberty, Wealth and Virtue</i>. Oxford, Clarendon Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200000010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Heilbroner, Robert L. <i>The Essential Adam Smith</i>, New York, W.W. Norton &amp; Company, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200000010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Heilbroner, Robert L. “The Socialization of the Individual in Adam Smith”, en Mark Blaug, editor. <i>Adam Smith (1723-1790)</i>, Vol. II, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200000010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Heilbroner, Robert L. <i>The Worldly Philosophers</i>, 6&ordf; ed., New York, Touchstone, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200000010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Morrow, Glenn L. “Adam Smith: Moralist and Philosopher”, en J. M. Clark, P. H. Douglas, J. H. Hollander, G. L. Morrow, M. Palyi y J. Viner. <i>Adam Smith, 1776-1926</i>. Lectures to commemorate the sesquicentennial of the publication of the Wealth of Nations, New York, August M. Kelley, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200000010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Ricardo, David. <i>On the Principles of Political Economy and Taxation</i>, editado por Piero Sraffa, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200000010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Schumpeter, Joseph. <i>History of Economic Analysis</i>, 6&ordf; ed., editado por Elizabeth Boody Schumpeter, Oxford, Oxford University Press, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200000010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Smith, Adam. <i>An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations</i>, editado por R. H. Campbell, A. S. Skinner y W. B. Todd, Oxford, Oxford University Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200000010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Smith, Adam. “The History of Astronomy”, en R. L. Heilbroner, <i>The Essential Adam Smith</i>. New York, W. W. Norton &amp; Company, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200000010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Smith, Adam. “The Theory of Moral Sentiments”, en R. L. Heilbroner. <i>The Essential Adam Smith</i>. New York, W. W. Norton &amp; Company, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200000010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Smith, Adam. “Lectures on Jurisprudence”, en R. L. Heilbroner. <i>The Essential Adam Smith</i>. New York, W.W. Norton &amp; Company, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200000010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Sraffa, Piero. <i>The Works and correspondence of David Ricardo</i>. Vol. VII. Letters 1816-1818, Cambridge, Cambridge University Press, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200000010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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