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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EDITORIAL</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>I</b></p>     <p align="justify"></p>     <p align="justify">En sus <i>Pensamientos</i>, Blas Pascal establece una distinci&oacute;n entre esp&iacute;ritu geom&eacute;trico y esp&iacute;ritu de finura. El esp&iacute;ritu geom&eacute;trico razona a partir de pocos principios b&aacute;sicos, alejados del uso com&uacute;n, y emplea reglas matem&aacute;ticas para extraer conclusiones. El esp&iacute;ritu de finura parte de la complejidad del mundo real, y discierne principios explicativos entre la enmara&ntilde;ada y sutil gama de opciones posibles. En el campo de los asuntos humanos, las explicaciones son err&oacute;neas cuando se omiten hechos o principios esenciales y para evitar el error es necesario entonces tener en cuenta todos esos elementos, lo que requiere “buena vista”, y emplear un razonamiento justo para no sacar conclusiones falsas a partir de principios conocidos. Los ge&oacute;metras podr&iacute;an ser finos si tuvieran buena vista, y los esp&iacute;ritus finos podr&iacute;an ser ge&oacute;metras si la buena vista no les impidiera ver principios desacostumbrados.</p>     <p align="justify">Lo que hace que ciertos esp&iacute;ritus finos no sean ge&oacute;metras es no poder emplear los m&eacute;todos de la geometr&iacute;a y lo que hace que los ge&oacute;metras no sean esp&iacute;ritus finos es no ver lo que tienen ante sus ojos. Se pierden en las cuestiones de finura, donde las explicaciones no se pueden alcanzar mediante la simple deducci&oacute;n. “Es raro que los ge&oacute;metras sean finos y que los finos sean ge&oacute;metras, a causa de que los ge&oacute;metras quieren tratar geom&eacute;tricamente las cosas finas y caen en el rid&iacute;culo, queriendo comenzar por las definiciones y seguir por los principios, lo cual no es manera de proceder en esta clase de razonamiento”.</p>     <p align="justify">Unos penetran viva y profundamente en las consecuencias de los principios, los otros integran un gran n&uacute;mero de principios sin confundirlos. Apoyado en un verso de Arqu&iacute;loco, Isaiah Berlin hace una distinci&oacute;n semejante, entre erizos y zorros: “El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa”. El razonamiento justo tiene fuerza y rectitud, el razonamiento fino tiene amplitud, y estos atributos no siempre van juntos. Puede haber esp&iacute;ritus fuertes y estrechos o esp&iacute;ritus d&eacute;biles y amplios. Para evitar el error sin caer en los extremos, Pascal propone su conocido aforismo: “siendo todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y manteni&eacute;ndose todas por un lazo natural e insensible que liga las m&aacute;s alejadas y las m&aacute;s diferentes, yo tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, as&iacute; como conocer el todo sin conocer particularmente las partes”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"></p>     <p align="center"><b>II</b></p>     <p align="justify"></p>     <p align="justify">Economistas cl&aacute;sicos como Adam Smith y John Stuart Mill ten&iacute;an amplitud, y aunque su esp&iacute;ritu era recto no era geom&eacute;trico, pero algunos de sus descendientes intelectuales impusieron el esp&iacute;ritu de la geometr&iacute;a y nublaron su visi&oacute;n. La econom&iacute;a que desarrollaron se convirti&oacute; en un sistema axiom&aacute;tico deductivo que llegaba a conclusiones l&oacute;gicas y universales, aunque carentes de conexi&oacute;n con la riqueza y complejidad del mundo real. Despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, el sistema de mercado que se cre&oacute; en la Inglaterra victoriana se intenta imponer en todo el mundo, con &eacute;xito limitado, pues el orden humano y social pertenece a un &aacute;mbito donde se requiere esp&iacute;ritu de finura, donde no se pueden omitir hechos esenciales. El intento de establecer sistemas de mercado en los pa&iacute;ses de la antigua &oacute;rbita sovi&eacute;tica ha mostrado que no se puede construir un orden mercantil mediante la simple ingenier&iacute;a social, como un ingeniero construye un edificio a partir de planos, bocetos y materiales que cumplen leyes de aplicaci&oacute;n universal. El mismo error que cometieron los planificadores centrales de los pa&iacute;ses comunistas, aunque buscaran otra forma de organizaci&oacute;n social.</p>     <p align="justify">En los asuntos humanos, la abstracci&oacute;n excesiva puede llevar a la iniquidad. La amplitud de visi&oacute;n y la ponderaci&oacute;n de las acciones son imprescindibles. El sistema de mercado requiere de un sinn&uacute;mero de elementos que deja de lado el sistema geom&eacute;trico construido a partir de los principios b&aacute;sicos del modelo racionalista y reduccionista, fuerte pero estrecho, de la econom&iacute;a convencional. Por no tener en cuenta los procesos hist&oacute;ricos que dan lugar a diversos marcos institucionales que permiten el funcionamiento de los mercados –que despu&eacute;s del acerbo ataque de Popper al historicismo hoy se incluyen en el t&eacute;rmino <i>path dependence</i> para que sean de buen recibo– el capitalismo global ha disuelto los mecanismos que regulaban el intercambio en esos pa&iacute;ses sin ofrecer sustitutos que contrarresten los efectos nocivos de la competencia desenfrenada.</p>     <p align="justify">Hoy, la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n rusa se encuentra en una situaci&oacute;n peor que antes del derrumbe del comunismo y la econom&iacute;a no se regula mediante contratos sino por la imposici&oacute;n del m&aacute;s fuerte. En Nueva Zelanda, donde el experimento de implantaci&oacute;n del mercado libre se llev&oacute; a cabo casi en condiciones de laboratorio, apareci&oacute; una nueva clase social que debe recurrir a la beneficencia y que no exist&iacute;a antes de ese experimento. En los pa&iacute;ses en desarrollo, la desigualdad ha aumentado, la corrupci&oacute;n se ha extendido y no se atisban el crecimiento ni la nivelaci&oacute;n con los pa&iacute;ses desarrollados que promet&iacute;a la liberaci&oacute;n de los mercados.</p>     <p align="justify">Hoy, los economistas de todas las vertientes buscan de nuevo la amplitud de los cl&aacute;sicos, sin sacrificar el rigor anal&iacute;tico de sus descendientes, y se preocupan por tener en cuenta todos los elementos esenciales –instituciones sociales, sistemas legales, marcos pol&iacute;ticos y relaciones de poder, valores &eacute;ticos y religiosos, sistemas culturales, creencias y h&aacute;bitos– que no se pueden reducir a una simple motivaci&oacute;n econ&oacute;mica, pese al imperialismo de la econom&iacute;a geom&eacute;trica que se difunde desde algunas universidades norteamericanas. Durante alg&uacute;n tiempo, no sabemos cu&aacute;nto, persistir&aacute; la tensi&oacute;n entre el esp&iacute;ritu fuerte y estrecho y el esp&iacute;ritu d&eacute;bil y amplio: quiz&aacute;, aunque no es seguro porque en la historia no hay nada seguro, llegue un tiempo en que tengamos un esp&iacute;ritu fuerte y amplio. Y, como quer&iacute;a Pascal, que lleguemos a evitar los “dos excesos: excluir la raz&oacute;n, no admitir sino la raz&oacute;n”.</p>     <p align="center"></p>     <p align="center"><b>III</b></p>     <p align="justify"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Este n&uacute;mero de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> incluye trabajos que contribuyen a ampliar la visi&oacute;n y a afinar el an&aacute;lisis para reexaminar los problemas y proponer soluciones que tengan en cuenta la eficiencia econ&oacute;mica sin ignorar el papel de las costumbres y de las instituciones legales, tratando de lograr una s&iacute;ntesis de los valores del pensamiento ilustrado y civilista que no confunde la “libertad” de los mercados –esos arquetipos plat&oacute;nicos abstractos– con la libertad de los seres humanos –esas criaturas de carne y hueso cuya existencia es sacrificada en nombre de abstracciones que se cumplir&aacute;n en el futuro– ni equipara la justicia a la racionalidad geom&eacute;trica de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo de Geoffrey Hodgson critica la concepci&oacute;n neocl&aacute;sica de la racionalidad como simple c&aacute;lculo de costo beneficio con plena informaci&oacute;n y muestra que en el comportamiento real de los seres humanos siempre se recurre consciente o inconscientemente a los h&aacute;bitos y las reglas, y que aun los computadores requieren reglas o algoritmos para realizar sus operaciones. De modo que en su an&aacute;lisis de la toma de decisiones la teor&iacute;a econ&oacute;mica debe incluir expresamente el papel de esos h&aacute;bitos y reglas, que cuando se usan de manera general se convierten en instituciones. Examina siete tipos de situaciones de decisi&oacute;n –optimizaci&oacute;n, vastedad, complejidad, incertidumbre, conocimiento, aprendizaje y comunicaci&oacute;n– en las que es m&aacute;s ventajoso usar h&aacute;bitos y reglas que recurrir a la optimizaci&oacute;n racional, aunque &eacute;sta pueda tener una aplicaci&oacute;n limitada pero no universal. Y concluye que ni la econom&iacute;a neocl&aacute;sica ni la econom&iacute;a del comportamiento pueden dar una explicaci&oacute;n completa del uso de h&aacute;bitos o reglas en estos casos y a&uacute;n menos del surgimiento y difusi&oacute;n de los h&aacute;bitos, reglas e instituciones, pues su explicaci&oacute;n siempre requiere estudios de caso particulares y no se puede deducir de principios universales como la reducci&oacute;n de los costos de transacci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Los dos art&iacute;culos siguientes analizan las relaciones y los conflictos entre el sistema econ&oacute;mico y el sistema legal, un tema de gran importancia en nuestro pa&iacute;s, que a&uacute;n requiere an&aacute;lisis m&aacute;s amplios, espec&iacute;ficos e interdisciplinarios, y a la vez rigurosos.</p>     <p align="justify">El interesante trabajo de Mark C. Gordon revisa la evoluci&oacute;n reciente del concepto formalista del federalismo en la Corte Suprema de Justicia y el Congreso de los Estados Unidos a partir de las decisiones judiciales y los debates parlamentarios. Presenta las l&iacute;neas generales de un nuevo enfoque que se interesa m&aacute;s en los resultados que en las relaciones formales de poder, que contempla el actual papel de los estados y las localidades, muy diferente del papel que le atribuyeron los redactores de la Constituci&oacute;n, y que da poder a los ciudadanos para que asuman su verdadera responsabilidad en una sociedad realmente democr&aacute;tica. Este nuevo enfoque busca reorganizar el sistema federal para que cada nivel de gobierno contribuya a resolver los problemas que corresponden a ese nivel espec&iacute;fico al tiempo que reconoce que la interacci&oacute;n, la asociaci&oacute;n y la tensi&oacute;n ocasional entre niveles de gobierno son necesarias para que los ciudadanos tengan una verdadera participaci&oacute;n c&iacute;vica.</p>     <p align="justify">El oportuno art&iacute;culo de Juan C. Guataqu&iacute; y Luis E. Fajardo es una contribuci&oacute;n al an&aacute;lisis de las divergencias entre la visi&oacute;n y las medidas de pol&iacute;tica de las autoridades econ&oacute;micas y la interpretaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n y las decisiones de las altas cortes colombianas. Intenta demostrar que las decisiones de los tribunales con respecto a los fallos de exequibilidad y de acci&oacute;n de tutela son un impedimento para lograr la flexibilidad de la legislaci&oacute;n laboral que han buscado las autoridades econ&oacute;micas desde finales de los a&ntilde;os ochenta. Para ello presentan un modelo microecon&oacute;mico que permite analizar los efectos de la reducci&oacute;n de la flexibilidad de los contratos de trabajo sobre las decisiones acerca de los niveles de salario y empleo. Los puntos de vista que se expresan en este art&iacute;culo son un tema de controversia que merece la atenci&oacute;n y el estudio de los economistas y los profesionales del derecho preocupados por la relaci&oacute;n entre las normas jur&iacute;dicas y la econom&iacute;a y el equilibrio de poderes en el sistema democr&aacute;tico. Las p&aacute;ginas de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> est&aacute;n abiertas a esas contribuciones.</p>     <p align="justify">Los tres art&iacute;culos siguientes se refieren al problema de las finanzas p&uacute;blicas desde &oacute;pticas diferentes pero complementarias.</p>     <p align="justify">La s&iacute;ntesis de la cuidadosa investigaci&oacute;n realizada por Javier A. Guti&eacute;rrez, Carolina Guzm&aacute;n y Ulpiano J. Jim&eacute;nez pasa revista a varios modelos y hechos relacionados con las finanzas p&uacute;blicas. Compara los factores pol&iacute;ticos e institucionales que influyen en los niveles de deuda p&uacute;blica y de d&eacute;ficit fiscal en pa&iacute;ses con econom&iacute;as de tama&ntilde;o similar a la colombiana y presenta los resultados de un experimento de laboratorio para evaluar la influencia de las relaciones entre gobernantes y electores sobre la deuda y el d&eacute;ficit fiscal apoy&aacute;ndose en la teor&iacute;a del principal y el agente.</p>     <p align="justify">Los dos trabajos siguientes constituyen interesantes y opuestos aportes a la discusi&oacute;n sobre la financiaci&oacute;n y el pago de la deuda del gobierno nacional. El primero, de Antonio Hern&aacute;ndez, Luis Lozano y Martha Misas, argumenta que el gobierno debe pagar su deuda en los t&eacute;rminos en que la contrajo, sostiene que el problema de la deuda no obedece a los altos intereses sino al elevado endeudamiento, y discute las propuestas que buscan reducir la deuda mediante la emisi&oacute;n monetaria y sus posibles consecuencias. El segundo, de Mauricio Cabrera y Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez, polemiza con el art&iacute;culo anterior y argumenta que la disyuntiva no es entre sisar o pagar la deuda p&uacute;blica sino entre pagarla a un precio excesivo o a un precio justo. Sostiene que la tasa de inter&eacute;s de los TES es muy superior al DTF y encarece la deuda interna, y concluye que es necesario replantear el manejo de la deuda.</p>     <p align="justify">La secci&oacute;n de cl&aacute;sicos institucionales presenta un viejo y en nuestro medio poco conocido trabajo de Thorstein Veblen sobre el concepto de capital en su dimensi&oacute;n tecnol&oacute;gica, que anticipa muchas de las discusiones actuales sobre el papel de la tecnolog&iacute;a, del conocimiento y del “capital humano”, t&eacute;rmino que le habr&iacute;a horrorizado y le habr&iacute;a servido de disculpa para ejercer su ruda iron&iacute;a. El lector interesado que supere las dificultades de estilo y lenguaje de este autor podr&aacute; apreciar la gran riqueza conceptual y la amplitud de visi&oacute;n que llevaron a que el fundador del institucionalismo norteamericano desde&ntilde;ara el esp&iacute;ritu geom&eacute;trico que en su &eacute;poca empezaba a subyugar al pensamiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n final se presentan dos breves ensayos, uno de Jes&uacute;s A. Bejarano, fundador de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>, que muestra su profunda preocupaci&oacute;n ante el estado de las ciencias sociales en el pa&iacute;s, y las palabras que el profesor Jaime Jaramillo Uribe pronunci&oacute; en un reciente homenaje de la Universidad Externado de Colombia al profesor Bejarano.</p> </font>     ]]></body>
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