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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[COLOMBIA UN PROYECTO INCONCLUSO. COLOMBIA UN PAÍS POR CONSTRUIR]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>COLOMBIA UN PROYECTO INCONCLUSO. COLOMBIA UN PA&Iacute;S POR CONSTRUIR</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b> COLOMBIA AN INCONCLUSIVE PROJECT. COLOMBIA A COUNTRY TO REBUILD</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Colombia un Proyecto Inconcluso: valores, instituciones y capital social</i>, de Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2000.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Fernando Gait&aacute;n Daza</i>*</p>     <p align="justify">* Profesor de la Universidad Externado de Colombia.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>En su libro <i>Colombia: un proyecto inconcluso</i>, Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar afirma que la pobreza o riqueza de una naci&oacute;n se explica por el tipo de instituciones que reflejan los valores de la sociedad, la disponibilidad de capital social y la firmeza del Estado para disminuir los costos de transacci&oacute;n y defender los derechos de propiedad.</p>     <p align="justify">Lo importante, dec&iacute;a Arist&oacute;teles, es hacerse las preguntas correctas. Y aqu&iacute;, desde la primera frase de su libro, Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar nos muestra que su objetivo es hacerse las preguntas correctas: “&iquest;Por qu&eacute; Colombia es un pa&iacute;s pobre?” A la que habr&iacute;a que agregar el otro cuestionamiento esencial de la econom&iacute;a pol&iacute;tica: &iquest;por qu&eacute; hay pobres y ricos?</p>     <p align="justify">Las respuestas que brinda la econom&iacute;a de la corriente principal a estas dos preguntas son risibles. Al interrogante de la existencia de pobres y ricos nos responden que en alg&uacute;n punto del tiempo pasado Juan trabajaba y trabajaba y ahorraba y ahorraba, y Pedro entre tanto era vago y vago. Y as&iacute; se cre&oacute; una casta de ricos felices y ahorrativos y otra de vagos mentirosos y pobres.</p>     <p align="justify">Y a la pregunta de por qu&eacute; hay pa&iacute;ses pobres y ricos contestan con una serie de f&oacute;rmulas, un conjunto nunca cerrado de indicadores, algo sobre la transferencia de tecnolog&iacute;a, alg&uacute;n comentario tendencioso en torno a la calidad de las personas de uno y otro pa&iacute;s. Y antes que uno alcance a preguntar qu&eacute; est&aacute;n diciendo, comienzan a borrar del tablero las ecuaciones y farfullan que tienen una cita urgente.</p>     <p align="justify">En realidad, preguntarse sobre la riqueza relativa de las naciones y la existencia de pobres y ricos es hoy un tema menor para la econom&iacute;a de la corriente principal. Pero no lo es, como recalca Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar, para la econom&iacute;a pol&iacute;tica, que es en realidad la &uacute;nica econom&iacute;a que existe, donde el Estado no es una variable m&aacute;s, muchas veces ex&oacute;gena al modelo, y donde las actitudes, valores y el ordenamiento pol&iacute;tico son parte intr&iacute;nseca de la reflexi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El estudio de Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar se basa en una encuesta nacional realizada a 3.000 personas mayores de 18 a&ntilde;os, realizada en junio de 1997. La encuesta incluye una submuestra representativa y estratificada de la sociedad colombiana de 2.250 personas y submuestras adicionales de 250 personas en tres sectores especiales. La submuestra principal cubri&oacute; 500 entrevistados en ciudades grandes, 500 en ciudades intermedias, 500 en ciudades peque&ntilde;as, 500 en &aacute;reas rurales y 250 en &aacute;reas de violencia.</p>     <p align="justify">Los temas que cubri&oacute; la encuesta, en 313 preguntas, fueron interacci&oacute;n social y estado personal, familia, mujer y educaci&oacute;n, participaci&oacute;n c&iacute;vica, trabajo, empleo, inseguridad, violencia, corrupci&oacute;n, eficiencia de la justicia y papel de la pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">La encuesta tiene como base la metodolog&iacute;a de la World Values Survey, aplicada en 61 pa&iacute;ses. Los resultados de estos estudios permiten predecir cambios culturales, diferencias entre hombres y mujeres y diferencias intergeneracionales.</p>     <p align="justify">El objetivo principal del estudio es</p>     <blockquote>    <p align="justify">obtener elementos de juicio que contribuyan al dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sobre la base de la identificaci&oacute;n de los valores predominantes en la sociedad colombiana. Para el efecto se indaga sobre la legitimidad de las instituciones en los frentes pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico, as&iacute; como sobre los costos de transacci&oacute;n, teniendo en mente el marco te&oacute;rico que sirve de referencia para el trabajo y que se centra en la relaci&oacute;n entre crecimiento econ&oacute;mico y las libertades civiles y pol&iacute;ticas de la poblaci&oacute;n.</p> </blockquote>     <p align="justify">Es de anotar que este trabajo es el primero que aporta datos para medir la legitimidad de nuestras instituciones. Infinidad de trabajos anteriores dan por descontado, casi como una premisa, que el Estado colombiano es ileg&iacute;timo, sin aportar evidencia alguna y sin medir en qu&eacute; aspectos es ileg&iacute;timo. El estudio que comentamos cierra, como veremos, muchos caminos para esas ligeras aproximaciones y tambi&eacute;n abre otros muy enriquecedores.</p>     <p align="justify">El estudio est&aacute; organizado en tres bloques: &ldquo;El primero se ocupa de las instituciones formales, su legitimidad y eficiencia. El segundo se refiere a las motivaciones individuales en el &aacute;mbito familiar, social y productivo. El tercero eval&uacute;a las caracter&iacute;sticas de la justicia, la violencia y el capital social”.</p>     <p align="justify">Las conclusiones del estudio son m&uacute;ltiples. Casi podr&iacute;a decirse que cada pregunta ofrece la posibilidad de reflexiones intensas y minuciosas. De ah&iacute; que las 900 p&aacute;ginas de las que consta el trabajo a duras penas sean suficientes para someter a la cr&iacute;tica, el an&aacute;lisis y el contraste cada una de las preguntas.</p>     <p align="justify">En lo que se refiere a la legitimidad que se asume como una premisa del Estado colombiano, el estudio encontr&oacute; que: &ldquo;La gran mayor&iacute;a desconf&iacute;a de las instituciones y organizaciones que sirven de soporte al r&eacute;gimen pol&iacute;tico. La desconfianza respecto de los partidos pol&iacute;ticos es tan elevada que s&oacute;lo se equipara con la que se manifiesta tener con la guerrilla y los paramilitares”. Pero, sorprendentemente: “dentro de este panorama poco alentador surge como algo destacado la elevada confianza en el ej&eacute;rcito y la polic&iacute;a” y, adem&aacute;s: “la opini&oacute;n favorable hacia el sistema democr&aacute;tico como tal es a&uacute;n mayor”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Estas conclusiones, datos en mano, no permiten generalizar que el Estado colombiano es ileg&iacute;timo aunque algunas de sus instituciones s&iacute; lo sean. De esta manera se reorienta el debate sobre la legitimidad o ilegitimidad del Estado o sobre la desconfianza en los aparatos armados legales del pa&iacute;s. Igualmente se prefiere al ej&eacute;rcito y a la polic&iacute;a m&aacute;s, mucho m&aacute;s, que a la guerrilla o a los grupos paramilitares. As&iacute; es bueno estar hablando, con los datos en la mano, y no inventando afirmaciones que no por repetidas se convierten en ciertas.</p>     <p align="justify">No faltan tampoco los estudios que hablan de la anomia social, rupturas en el tejido social o estados de frustraci&oacute;n por ejemplo, como causas de la violencia. &iquest;Qu&eacute; tan frustrados se sienten los colombianos? Ya no en los libros sino en sus respuestas: poco; por el contrario, manifiestan estar felices y adem&aacute;s: &ldquo;El colombiano dice estar satisfecho con lo que tiene”. He aqu&iacute; otra discusi&oacute;n que los datos concretos resuelven: no se puede hablar de frustraci&oacute;n, estado de insatisfacci&oacute;n, desigualdad social, privaci&oacute;n como causa de nuestros altos niveles de violencia. Otro buen conjunto de libros y art&iacute;culos que, repletos de afirmaciones sobre la frustraci&oacute;n y el ansia de tener lo mismo que el vecino, se deben retirar de las estanter&iacute;as.</p>     <p align="justify">La gente no s&oacute;lo manifiesta estar satisfecha con lo que tiene sino que adem&aacute;s tiene un marcado pensamiento reformista. El 22% manifiesta su apoyo al <i>statu quo</i> y s&oacute;lo un 7% apoya la necesidad de hacer cambios por la v&iacute;a revolucionaria, lo cual deja un significativo 69% que prefiere los cambios graduales. Las grandes y dr&aacute;sticas transformaciones que se piden en las columnas de los diarios tienen poca acogida. Esta actitud de los colombianos no parece nueva. Ya James Henderson en su libro sobre la violencia de los a&ntilde;os cincuenta hab&iacute;a encontrado que los enfrentamientos violentos no tienen como objetivo grandes cambios y que por el contrario, la ‘Violencia&rsquo; ha sido “una fuerza conservadora en la historia de Colombia”.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de esa actitud, el estudio de Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar muestra una actitud sumisa y dependiente en el colombiano medio: &ldquo;De otra parte, en el marco valorativo puede afirmarse que el colombiano es dependiente: sus estructuras sociales son jerarquizadas y no valora la independencia. El extremo a que se llega en este &aacute;mbito ubica al pa&iacute;s como el &uacute;nico en el marco de la World Values Survey en el que la importancia asignada a la obediencia supera al que se le asigna a la independencia”.</p>     <p align="justify">Otro elemento interesante es la tolerancia de los colombianos. Con frecuencia se habla de la intolerancia de los colombianos y los alcaldes son elegidos porque incluyen en sus promesas electorales propuestas para aumentar la tolerancia. Adicionalmente, los organismos del gobierno emplean recursos y tiempo en campa&ntilde;as televisivas para cambiar “la naturaleza intolerante del colombiano”.</p>     <p align="justify">Los resultados de la encuesta no son concluyentes en este punto: &ldquo;El pa&iacute;s, si bien valora la tolerancia, presenta al respecto un &iacute;ndice que en el frente internacional se encuentra entre los m&aacute;s bajos del mundo”. Ser&iacute;a interesante analizar si las naciones que comparten con nosotros los &uacute;ltimos lugares en el nivel de tolerancia tienen niveles de violencia parecidos a los nuestros. Lamentablemente, esto no se hizo en el estudio y nos quedamos sin saber qu&eacute; tanto influye en otras variables el &iacute;ndice de tolerancia que aunque es bajo tiene una valoraci&oacute;n positiva.</p>     <p align="justify">La relaci&oacute;n entre la justicia y la violencia mereci&oacute; amplio estudio. Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar destaca que es esencial para el crecimiento que los costos de transacci&oacute;n de los mercados econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos sean bajos, y esto depende crucialmente del funcionamiento de la justicia. Claro est&aacute; que en nuestro pa&iacute;s se ha hecho &eacute;nfasis no en el funcionamiento de la justicia sino en las caracter&iacute;sticas de los colombianos, su astucia o su maldad. Esto tiene importantes consecuencias para el gasto p&uacute;blico. Si el problema es cultural, entonces lo que se requiere es educaci&oacute;n y habilitar centros de conciliaci&oacute;n para que las personas, influenciadas por una cultura negativa, se atengan a conciliar y poco a poco vayan aprendiendo a dirimir pac&iacute;ficamente los conflictos. Todo esto suena muy bonito y es lo que hemos hecho. Pues bien, al respecto dice Cu&eacute;llar:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Pero, si bien la claridad de las normas y la imparcialidad y eficiencia del aparato judicial son importantes, tambi&eacute;n lo es el bagaje cultural de la poblaci&oacute;n. En el pa&iacute;s prevalece la creencia de que el colombiano est&aacute; predispuesto al incumplimiento de las reglas, y al irrespeto de lo p&uacute;blico y de los derechos de los dem&aacute;s. De los resultados de la encuesta se desprende que esto no es as&iacute;. Frente a otros pa&iacute;ses del mundo, diversos indicadores se&ntilde;alan que esta predisposici&oacute;n no es elevada, inclusive es inferior al promedio de los pa&iacute;ses evaluados en el marco de la World Values Survey. Por esto cabe afirmar que las razones del incumplimiento tienen m&aacute;s asidero en la carencia de efectividad de la justicia y en la impunidad.</p> </blockquote>     <p align="justify">Si alguien estaba preocupado por discernir si eran las caracter&iacute;sticas culturales de los colombianos o el dise&ntilde;o institucional de la justicia lo que determinaba el incumplimiento de las normas, encuentra en este estudio una respuesta basada en datos: son las instituciones, no los rasgos de los colombianos, las que no funcionan. No m&aacute;s cursos, campa&ntilde;as, propagandas, programas de orientaci&oacute;n c&iacute;vica, casas de conciliaci&oacute;n. No m&aacute;s folletos, libros, videocasetes, publicidad, para hacernos cambiar nuestras actitudes. Todo es m&aacute;s simple: que funcionen las instituciones de justicia y habr&aacute; justicia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el campo de la justicia se destaca otro elemento. El estamento policial y los jefes pol&iacute;ticos que, como Mockus, hacen &eacute;nfasis en perseguir el homicidio y el atraco. El homicidio en particular es visto como un fen&oacute;meno con su propia autonom&iacute;a que se ejerce porque la gente pelea o est&aacute; borracha. El atraco se menciona pero no se explica. Se dicen cosas vagas sobre las peleas entre las personas, se menciona la intolerancia y finalmente la gente se mata por circunstancias: tiene armas, se madre&oacute; y est&aacute; borracha.</p>     <p align="justify">Explicaci&oacute;n que Cu&eacute;llar derrumba para dar otra nueva que puede sintetizarse de la siguiente manera: la falta de efectividad de la justicia civil lleva a que los problemas civiles se resuelvan con delitos. Leamos a Mar&iacute;a Mercedes:</p>     <blockquote>    <p align="justify">En el &aacute;mbito judicial, necesario para dirimir conflictos entre particulares, se destaca que uno de cada dos colombianos enfrenta problemas civiles y s&oacute;lo uno de cada cinco afectados acude a las autoridades estatales para denunciar a quien afecta contra su propiedad. Frente al delito y la criminalidad ocurre algo similar. Si bien su frecuencia es menor, afecta a uno de cada tres colombianos y est&aacute; entre las m&aacute;s elevadas del mundo, tan solo una de cada dos v&iacute;ctimas acude a las autoridades, lo que evidencia que en este caso la poblaci&oacute;n, aunque espera poco, espera algo m&aacute;s de parte del Estado que en el caso de la justicia civil. La enorme delincuencia que atenta contra el bienestar de la poblaci&oacute;n est&aacute; acompa&ntilde;ada, inclusive entre jueces y miembros de las Fuerzas Armadas, de la percepci&oacute;n de que acudir a la justicia en Colombia resulta demasiado gravoso. Es decir, los costos de transacci&oacute;n son elevados. Entre las razones para no acudir en busca de justicia se destaca la ineficiencia, la impunidad y el temor: una de cada tres personas afectada por un delito teme denunciarlo porque espera que la justicia opera m&aacute;s bien en su contra o porque cree que con la justicia privada se logran mejores resultados.</p> </blockquote>     <p align="justify">En conclusi&oacute;n, este problema abarca la totalidad de la justicia y no s&oacute;lo, como presum&iacute;amos, a la justicia penal. A su vez, si queremos hablar de impunidad debemos calcularla para la justicia civil, que es donde se encuentra la parte principal del nudo que debemos desmadejar para hacer efectiva nuestra justicia.</p>     <p align="justify">Otro de los temas repetitivos de la pol&iacute;tica para acabar la violencia es restringir el porte de armas o, como dice la ciencia pol&iacute;tica, asegurar el monopolio de las armas por parte del Estado. La conclusi&oacute;n de Cu&eacute;llar al respecto no puede ser m&aacute;s diciente: &ldquo;Es interesante que el porte de armas no es preponderante donde es mayor la violencia ni la presencia de grupos armados fuera de la ley. Las armas las compran quienes tienen con qu&eacute; y los jueces”.</p>     <p align="justify">Finalmente cabe destacar las conclusiones sobre el capital social, que los te&oacute;ricos de otras ciencias llaman sociedad civil. Mucho se ha hablado sobre la debilidad o fortaleza de la sociedad civil y su grado de cohesi&oacute;n. Dentro de la man&iacute;a de encontrar caracter&iacute;sticas, generalmente presentes en el promedio de pa&iacute;ses, como causa de nuestros males, varios te&oacute;ricos han hablado de la debilidad y falta de cohesi&oacute;n de la sociedad civil colombiana. Al respecto, anotemos que la falta de cohesi&oacute;n de la sociedad civil es un fruto natural del capitalismo y del liberalismo, que elimina las relaciones de dependencia de los gremios, el terrateniente y la tierra, despoja a los productores de su propiedad sobre los medios de producci&oacute;n y crea seres humanos libres de vender su fuerza de trabajo en el mercado libre. No es claro por qu&eacute; este desarrollo, producto del afianzamiento del capitalismo, debe producir en Colombia dificultades inmensas que no caus&oacute; en otras latitudes. Como si la atomizaci&oacute;n de la sociedad fuera un invento colombiano. Ni tanto honor ni tanta indignidad.</p>     <p align="justify">Otro problema es la debilidad de la sociedad civil. A primera vista y sin profundizar en su estudio, &eacute;sta no parece existir: nuestros gremios son en extremo influyentes en la vida nacional, nuestra tasa de sindicalizaci&oacute;n no es alta pero tampoco baja, proliferan todo tipo de cooperativas, juntas de acci&oacute;n comunal, clubes deportivos. Todos los d&iacute;as hay un pu&ntilde;ado de bazares. Todas estas intuiciones son ratificadas por Mar&iacute;a Mercedes: &ldquo;Del an&aacute;lisis realizado es apenas obvio concluir que en Colombia la estructura institucional del Estado no es la m&aacute;s propicia para el comportamiento cooperativo. Sin embargo hay evidencia para afirmar que en el pa&iacute;s la dotaci&oacute;n de capital social, medido &eacute;ste en t&eacute;rminos de la participaci&oacute;n en organizaciones voluntarias, es elevada, inclusive frente a otros pa&iacute;ses de menor desarrollo relativo”.</p>     <p align="justify">Esta organizaci&oacute;n de la sociedad civil tiene dos caras. Por una parte, la mayor tendencia a organizarse se presenta en los departamentos con mayor desigualdad, no en los m&aacute;s pobres. Por otra parte, el capital social se basa en la desconfianza en los dem&aacute;s. Es decir, se crean grupos cerrados de presi&oacute;n que buscan objetivos particulares. Afirma Cu&eacute;llar: &ldquo;Al contrario de lo que ser&iacute;a de esperar, el capital social surge en los departamentos donde es mayor la desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso, y a pesar de ser aquellos donde es mayor la protecci&oacute;n social, es donde est&aacute;n presentes los mayores sentimientos de incertidumbre frente al futuro”.</p>     <p align="justify">Por esa raz&oacute;n, en Colombia no hace falta organizaci&oacute;n de la sociedad civil. E incluso est&aacute; m&aacute;s organizada que en otros pa&iacute;ses. Claro est&aacute; que lo importante no es esta u otra conclusi&oacute;n. Lo interesante es que el libro de Mar&iacute;a Mercedes Cu&eacute;llar cierra unos caminos y abre otros tantos. Nadie podr&aacute; hablar de ahora en adelante de la realidad colombiana sin hacer referencia a su estudio. Muchos libros y art&iacute;culos habr&aacute;n de guardarse en los anaqueles. Y habr&aacute; muchos m&aacute;s que escribir. Pero nadie podr&aacute; hablar de Colombia sin referirse a las conclusiones, los datos y los argumentos de <i>Colombia: un proyecto inconcluso</i>.</p> </font>     ]]></body>
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