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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EDITORIAL</b></p></font>     <p>    <br>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>I</b></p>     <br>     <p align="justify">As&iacute; algunos pretendan ocultarlo, los cr&iacute;ticos m&aacute;s severos de la doctrina econ&oacute;mica dominante son los economistas. Los que buscan superar la actual estrechez de la disciplina y recuperar el esp&iacute;ritu abierto y la visi&oacute;n arraigada en la realidad, cualidades que mantuvo desde su origen hasta mediados del siglo pasado y que son imprescindibles para el avance de toda ciencia.</p>     <p align="justify">La b&uacute;squeda del conocimiento siempre se ha enfrentado a la ‘verdad&rsquo; de la autoridad, que pretende una obediencia ciega. Quienes anhelan un pensamiento libre de tutelas no deber&iacute;an recurrir a tales argumentos. Pero cuando se est&aacute; atrapado en pendencias escol&aacute;sticas a las que se quiere revestir de prestigio y apariencia, no importa lo que se dice sino qui&eacute;n lo dice o en d&oacute;nde se dice. En esos litigios, a veces hay que invocar a las autoridades, sin guardarles reverencia. Lo que se quiere encubrir con la ret&oacute;rica tambi&eacute;n se puede revelar con la ret&oacute;rica. Y mostrar que el emperador va desnudo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un selecto grupo de economistas de diversas corrientes –entre ellos cuatro premios Nobel: Franco Modigliani, Paul Samuelson, Herbert Simon y Jan Tinbergen– suscribi&oacute; en 1992 un manifiesto que demandaba un an&aacute;lisis econ&oacute;mico pluralista y riguroso:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Estamos preocupados por la amenaza que el monopolio intelectual representa para la ciencia econ&oacute;mica. Hoy en d&iacute;a, los economistas est&aacute;n sometidos a un monopolio en el m&eacute;todo y los paradigmas, a menudo defendidos sin un argumento mejor que el de constituir la ‘corriente principal&rsquo;. Los economistas abogan por la libre competencia, pero no la practican en el campo de las ideas.</p> </blockquote>     <p align="justify">Ser&iacute;a rid&iacute;culo descalificar a los autores del manifiesto por no ser ‘economistas profesionales&rsquo; y tildarlos de pol&iacute;ticos o soci&oacute;logos ‘ignorantes&rsquo;. Quiz&aacute; su lectura no sea recomendable. Tal vez esa preocupaci&oacute;n no sea cuantificable y se deba desechar. Al fin y al cabo, eso suelen hacer algunos economistas. Pero &eacute;se es el motivo de la preocupaci&oacute;n, el origen de la cr&iacute;tica, y forma parte de la discusi&oacute;n, en la que es preciso participar con argumentos y no con juicios de autoridad.</p>     <p align="justify">Durante los diez a&ntilde;os transcurridos desde la publicaci&oacute;n de ese manifiesto, la corriente dominante ha batallado intensamente desde las universidades y las grandes organizaciones multilaterales para prohijar la libre competencia de capitales y mercader&iacute;as en todo el mundo, pero se niega a aceptar la competencia en el campo intelectual. Algo que es normal, pues la ciencia no es siempre la b&uacute;squeda desinteresada de la verdad. Muy pocos est&aacute;n dispuestos a ceder el lugar que ocupan, menos a&uacute;n si est&aacute;n cerca de la c&uacute;spide profesional o tienen la ilusi&oacute;n de llegar a ella. Aun as&iacute;, la preocupaci&oacute;n de los ilustres economistas que firmaron el manifiesto se ha extendido. Toda acci&oacute;n genera reacci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La liberalizaci&oacute;n de los mercados de capitales y la apertura de las econom&iacute;as no han cerrado la brecha entre pa&iacute;ses desarrollados y en desarrollo. Esta brecha ha aumentado. No ha generado la prosperidad ni el crecimiento que ser&iacute;an el resultado autom&aacute;tico de la expansi&oacute;n del comercio. No ha eliminado el desempleo ni ha tra&iacute;do el bienestar ni ha atenuado la desigualdad econ&oacute;mica y social, como se promet&iacute;a. Los pa&iacute;ses que destruyeron las instituciones tradicionales para instaurar las fuerzas del mercado son asolados por los vaivenes de las finanzas internacionales o por nuevas capas gangsteriles. Es normal entonces que la validez de aquellas f&oacute;rmulas m&aacute;gicas y universales se ponga en cuesti&oacute;n tambi&eacute;n en todo el mundo. Y nuestra generaci&oacute;n corrobora que es m&aacute;s f&aacute;cil destruir que construir.</p>     <p align="justify">Lecci&oacute;n que no aprendieron los dirigentes de la Revoluci&oacute;n de Octubre, que hablaban en nombre de las leyes de la historia y no pudieron construir una sociedad mejor despu&eacute;s de asaltar el Palacio de Invierno. Varios decenios despu&eacute;s tambi&eacute;n la desconocen quienes si bien no invocan las leyes de la historia (pues en sus modelos &eacute;sta poco o nada cabe y es dif&iacute;cil de formalizar, quiz&aacute; con ayuda de variables <i>proxy</i>) s&iacute; hablan en nombre de principios universales del comportamiento econ&oacute;mico expresados en f&oacute;rmulas algebraicas que predecir&iacute;an el futuro hasta el infinito.</p>     <p align="justify">Esos son los hechos, escuetos y simples, poco interesantes, como suelen serlo. Elegidos con deliberaci&oacute;n pues los hechos no hablan por s&iacute; mismos. Y enunciados en forma simplista, como primera aproximaci&oacute;n, como har&iacute;an los buenos economistas. Qu&eacute; le vamos a hacer. No somos historiadores, ni antrop&oacute;logos, ni polit&oacute;logos, ni juristas, ni pol&iacute;ticos. &iexcl;Dios nos guarde!</p>     <p align="justify">El marxismo doctrinario, sus esperanzadas profec&iacute;as y las l&uacute;gubres y grises sociedades que produjo se desplomaron pac&iacute;ficamente. Un derrumbe que sorprendi&oacute; aun a los m&aacute;s avisados futur&oacute;logos, que pese a sus veloces computadores, a sus inmensas bases de datos y a sus refinados modelos prospectivos, no hab&iacute;an imaginado ese escenario en sus visiones del futuro.</p>     <p align="justify">El fundamentalismo econ&oacute;mico de estos tiempos, como todo fundamentalismo, cobra fuerza con los reveses. Sus promesas no son para el presente sino para el fin de los tiempos, cuando se imponga su verdad, cuando se suprima la ignorancia, cuando se derrote a los pseudocient&iacute;ficos charlatanes que no saben econometr&iacute;a, a los pol&iacute;ticos populistas, a los empresarios proteccionistas, a los sindicatos gremialistas y a todos los que impiden aplicar a fondo las pol&iacute;ticas correctas y se niegan a sacrificarse en el presente para establecer el para&iacute;so futuro. Pretextos y disculpas que, de no ser por el sobrecargado aparato de ecuaciones, en nada difieren de los que se esgrim&iacute;an en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo diecinueve. En cuestiones de doctrina no importan los hechos sino la fe o los mandatos conciliares. Y para los ac&oacute;litos s&oacute;lo existen las interpretaciones que ense&ntilde;an los pastores de la grey. Las interpretaciones y los escritos que no est&aacute;n consagrados o que est&aacute;n vetados son obra de heresiarcas que ignoran la verdad y propagan la mentira, y merecen la excomuni&oacute;n, la ignominia o el silencio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por fortuna, la econom&iacute;a no es escol&aacute;stica. Con la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y la dolorosa y frustrante transici&oacute;n al capitalismo en los pa&iacute;ses de Europa del Este, con el fracaso de los programas de ajuste en Am&eacute;rica Latina, con la extensi&oacute;n de la miseria en &Aacute;frica, con el alto desempleo en Europa occidental, la creciente desigualdad en Am&eacute;rica del Norte y las crisis asi&aacute;ticas ha aumentado la inquietud por el rumbo de la profesi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Cientos de economistas de las m&aacute;s variadas corrientes y tradiciones van m&aacute;s all&aacute; del manifiesto de 1992. No s&oacute;lo convocan a “un nuevo pluralismo que lleve a un di&aacute;logo cr&iacute;tico y tolerante entre las diversas escuelas” sino que se esfuerzan por entender y discutir qu&eacute; anda mal en la disciplina, por qu&eacute; es incapaz de contribuir a resolver los problemas contempor&aacute;neos y por qu&eacute; son tan frecuentes los yerros de sus recetas y sus predicciones.</p>     <p align="justify">En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, varios premios Nobel ‘ortodoxos&rsquo; y otros que por traspasar las estrechas fronteras de la disciplina recibieron ese premio han expresado su descontento con el estado de la profesi&oacute;n. Los avances en otros campos est&aacute;n abriendo nuevas sendas de investigaci&oacute;n que rompen las fronteras entre la econom&iacute;a y otras ciencias sociales. Aun dentro de la misma corriente principal es cada vez mayor la importancia que se da al estudio de las instituciones que dan marco al funcionamiento del sistema econ&oacute;mico. Como se la dieron los pensadores cl&aacute;sicos. Resurgen corrientes que el formalismo cre&iacute;a haber liquidado, y la profesi&oacute;n en su conjunto es presionada “para hacer frente a todos los argumentos”, como dec&iacute;a aquel manifiesto. En diversas facultades de econom&iacute;a, aun de los Estados Unidos, se intenta limitar el abuso de la posici&oacute;n dominante y los ‘economistas profesionales&rsquo; se ven obligados a dialogar con otras escuelas y tradiciones.</p>     <p align="justify">Pero las noticias de los movimientos culturales siempre nos llegan tarde, y nos lanzamos tras sus huellas cuando ya est&aacute;n de vuelta. Algo que parecer&iacute;a ser natural. Vivimos en el tr&oacute;pico y ca&iacute;mos en el subdesarrollo por haber sido colonizados por iberos y no por anglos ni sajones. As&iacute; hoy muchos quieran vivir como en Espa&ntilde;a. Por ese estigma original, la tolerancia y el pluralismo no son moda entre nosotros, ni siquiera entre los adalides de las libertades, y hoy son m&aacute;s dif&iacute;ciles: por fuera de las murallas que protegen y a&iacute;slan a los expertos en vender soluciones prefabricadas para todos los problemas sociales, el temor de la gente corriente ante fuerzas que no entiende, en parte desatadas por esas mismas soluciones, ha llevado a creer que no es hora de enfrentar argumentos con argumentos, y crea la ilusi&oacute;n de que los remedios s&oacute;lo pueden llegar con acciones implacables.</p>     <p align="justify">Nuestros c&iacute;rculos m&aacute;s informados est&aacute;n atrasados de noticias. Su retraso es mayor cuando las noticias se originan en las capas inferiores de la pir&aacute;mide. Y se traduce en la omisi&oacute;n de hechos innegables: el descontento con la econom&iacute;a es muy profundo entre la nuevas generaciones de estudiosos. El movimiento estudiantil contra una econom&iacute;a autista ha sobrepasado las fronteras de los <i>campi</i> franceses y ha encontrado eco en otros pa&iacute;ses europeos, como el Reino Unido, cuna de la econom&iacute;a cl&aacute;sica, y en la misma Universidad de Cambridge, casa de Marshall y de Keynes. Y reverbera en los dem&aacute;s continentes, como evidencia el Manifiesto de Kansas City.</p>     <p align="justify">A diferencia de sus padres o de su abuelos que en un mayo florido se lanzaron a las calles a so&ntilde;ar utop&iacute;as y a compartir sus sue&ntilde;os, los estudiantes de Par&iacute;s y de Cambridge no piden lo imposible. S&oacute;lo buscan restaurar principios elementales que hagan de la econom&iacute;a y de su ense&ntilde;anza un juego de lo posible y de lo creativo. Que se deje de fantasear con mundos imaginarios cuya conexi&oacute;n con la realidad es ‘misteriosa e infundada&rsquo;. Que los modelos y las teor&iacute;as se contrasten con los hechos. Una petici&oacute;n que har&iacute;a sonre&iacute;r a Cop&eacute;rnico o a Newton. Que la econom&iacute;a se refiera al comportamiento de personas reales, no a arquetipos ideales. Que los juegos estrat&eacute;gicos describan el comportamiento real de esas personas y no se limiten a prescribir c&oacute;mo se deber&iacute;an comportar. Y se oponen a la utilizaci&oacute;n abusiva e irreflexiva de las matem&aacute;ticas:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El uso de las matem&aacute;ticas como instrumento es necesario. Pero el recurso a la formalizaci&oacute;n matem&aacute;tica, cuando deja de ser un instrumento y se convierte en un fin en s&iacute; mismo, conduce a una verdadera esquizofrenia con respecto al mundo real. La formalizaci&oacute;n facilita la construcci&oacute;n de ejercicios y la manipulaci&oacute;n de modelos en los que lo importante es encontrar ‘el buen&rsquo; resultado (es decir, el resultado l&oacute;gico de las hip&oacute;tesis iniciales) para presentar un buen examen. Esto facilita la calificaci&oacute;n y la selecci&oacute;n, con la fachada de cientificidad, pero no responde a las preguntas que nos planteamos en los debates econ&oacute;micos contempor&aacute;neos.</p> </blockquote>     <p align="justify">No s&oacute;lo los estudiantes colombianos han escuchado esta respuesta elogiosa de sus instructores: <i>‘S&iacute;. Lo que usted dice es relevante, se puede modelar&rsquo;</i>. O esta otra, <i>‘Eso no es econom&iacute;a. No se puede modelar&rsquo;</i>, eficaz para encuadrarlos y evadir preguntas dif&iacute;ciles. Los estudiantes franceses se atreven a poner en duda los modelos que les ense&ntilde;an, y tienen raz&oacute;n, por cuanto estos se limitan a tratar preferencias dadas y calcular agregados a partir de datos individuales. Se equivocan cuando olvidan que para representar relaciones m&aacute;s complejas se requieren matem&aacute;ticas m&aacute;s complejas. Los estudiantes que han perdido el atrevimiento y se resignan a hacer bien las tareas y a presentar buenos ex&aacute;menes contrar&iacute;an lo que les recomendara John Stuart Mill en su discurso inaugural como Rector de la Universidad de Saint Andrews:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Poner en duda todas las cosas; no aceptar doctrina, propia o ajena, sin el riguroso escrutinio de la cr&iacute;tica negativa, sin dejar pasar inadvertidas falacias, incoherencias o confusiones; sobre todo, insistir en tener claro el significado de una palabra antes de usarla y el significado de una proposici&oacute;n antes de afirmarla.</p> </blockquote>     <p align="justify">Los estudiantes europeos, formados en una tradici&oacute;n cr&iacute;tica, de la que Mill fue exponente destacado, piden que en la ense&ntilde;anza se respeten ciertas reglas elementales: que se expongan las circunstancias econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales que llevaron al surgimiento de las teor&iacute;as que deben estudiar, que se d&eacute; mayor importancia a los datos emp&iacute;ricos y a la historia econ&oacute;mica para precisar el alcance y la conveniencia de las herramientas y modelos econ&oacute;micos, que estos y sus predicciones se cotejen con los hechos, que los programas incluyan diversas corrientes o tradiciones del pensamiento, que lo que aprenden ayude a resolver los problemas concretos de la sociedad contempor&aacute;nea<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. En suma, que contribuya a formar un esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, no s&oacute;lo a graduar expertos sino tambi&eacute;n a educar ciudadanos que sepan econom&iacute;a, y “lo que se espera del economista es ante todo una cultura general, econ&oacute;mica y social, y un buen conocimiento de los mecanismos y de las instituciones econ&oacute;micas”. En esta petici&oacute;n, los estudiantes de Par&iacute;s y de Cambridge siguen la tradici&oacute;n de Mill, quiz&aacute; sin saberlo porque hoy poco se lee a los grandes autores:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El objetivo de las universidades no es ense&ntilde;ar el conocimiento requerido para que los estudiantes puedan ganarse el sustento de una manera particular. Su objetivo no es formar abogados, o m&eacute;dicos, o ingenieros h&aacute;biles, sino seres humanos capaces y cultos... Los estudiantes son seres humanos antes de ser abogados, m&eacute;dicos, comerciantes o industriales; y si se los forma como seres humanos capaces y sensatos, ser&aacute;n por s&iacute; mismos m&eacute;dicos y abogados capaces y sensatos.</p> </blockquote>     <p align="justify">Hartos de las utop&iacute;as del siglo veinte, que llevaron a la hecatombe y a la injusticia, los j&oacute;venes estudiantes piden a sus profesores que apliquen la raz&oacute;n al estudio de la racionalidad. Igual que los marxistas disidentes, que ped&iacute;an que se aplicara el marxismo al marxismo. Cuando la raz&oacute;n no se aplica a la raz&oacute;n, aun para entender sus l&iacute;mites, aparece el des&aacute;nimo que lleva a la deserci&oacute;n y a la frustraci&oacute;n. Hace casi veinte a&ntilde;os, Jes&uacute;s Antonio Bejarano llam&oacute; a este cuadro sintom&aacute;tico el “s&iacute;ndrome de s&eacute;ptimo semestre”. Pero no lo escribi&oacute; en ingl&eacute;s y no lo public&oacute; en un <i>journal</i> indexado sino en una modesta revista del altiplano cundiboyacense.</p>     <p align="justify">Las semejanzas entre los dos manifiestos, el de los economistas ilustres y el de los aprendices de economistas, son notables. Y, por supuesto, sus declaraciones est&aacute;n abiertas a la discusi&oacute;n. Pero el sol no se puede tapar con el &iacute;ndice y afirmar, sin sonrojarse, que estas cr&iacute;ticas son obra de mentes ignorantes. Por fortuna, no todos los economistas van al trote con anteojeras.</p>     <p align="justify">Esta entrega de nuestra revista empieza con un breve ensayo de Geoffrey Hodgson, profesor de la Universidad de Hertfordshire, que alienta la protesta de los estudiantes de Par&iacute;s y de Cambridge, y hace votos para que sus esfuerzos contribuyan a que la econom&iacute;a recupere la amplitud de visi&oacute;n que perdi&oacute; en la segunda mitad del siglo pasado. Como maestro responsable y respetuoso, los anima a pensar por s&iacute; mismos y los invita a que sigan haciendo preguntas, cuanto m&aacute;s dif&iacute;ciles mejor, y trata de que no cometan los yerros de su propia generaci&oacute;n. Una de sus profesoras, Joan Robinson, sol&iacute;a decir que cuando los estudiantes de econom&iacute;a dejan de hacer preguntas, est&aacute;n preparados para ser profesores<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Disculpemos su iron&iacute;a despu&eacute;s de mirarnos al espejo.</p>     <p align="justify">Casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, los estudiantes franceses corroboran esa opini&oacute;n y se quejan porque la actual ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a los despoja de los conocimientos necesarios para ser buenos economistas. Citan en apoyo un informe del Ministerio de Educaci&oacute;n de su pa&iacute;s: “&iquest;Qui&eacute;n no ha constatado la p&eacute;rdida de cultura econ&oacute;mica de un bachiller proveniente del &aacute;rea econ&oacute;mico-social despu&eacute;s de pasar dos a&ntilde;os en una facultad de ciencias econ&oacute;micas?” Esta tradici&oacute;n de ense&ntilde;anza, contraria a la <i>paidea</i> griega, privilegia la formaci&oacute;n en serie de t&eacute;cnicos deslumbrados por el brillo y la manipulaci&oacute;n de herramientas, en menoscabo de la formaci&oacute;n de personas reflexivas que adem&aacute;s de conocer esas herramientas saben cu&aacute;ndo y c&oacute;mo utilizarlas, y cu&aacute;ndo hay que construir otras para remplazar a las que se han vuelto herrumbrosas y obsoletas.</p>     <p align="justify">El profesor Hodgson coincide con los estudiantes en que la matematizaci&oacute;n creciente de la econom&iacute;a es una de las causas del empobrecimiento de la disciplina.</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La formalizaci&oacute;n se alimenta a s&iacute; misma. Da lugar a un proceso ostentoso de reforzamiento... en el que todo lo que importa es aquello que se puede presentar en forma matem&aacute;tica: lo dem&aacute;s se margina o se rechaza... el plan de estudios se estrecha. Y, con el tiempo, los criterios de selecci&oacute;n basados en la formalizaci&oacute;n atractiva e innovadora empiezan a predominar en las principales revistas y en los procesos de nombramiento de los profesores. A golpes de trinquete, la profesi&oacute;n en su conjunto es dominada progresivamente por los formalistas.</p> </blockquote>     <p align="justify">Pero les advierte que no es la causa &uacute;nica y quiz&aacute; no la m&aacute;s importante, “no creo que &eacute;sta sea toda la historia. La formalizaci&oacute;n no explica por completo las penalidades de las ciencias sociales”, de las que pone como ejemplo las que sufre la sociolog&iacute;a, cuyo programa de investigaci&oacute;n – explicar las acciones humanas en el marco de las estructuras sociales– est&aacute; en el caos. Argumenta (s&iacute;, para hablar de la sociolog&iacute;a se pueden usar razonamientos y no meros ep&iacute;tetos dudosos y deleznables) que a pesar de los trabajos serios y valiosos de muchos soci&oacute;logos, tiene graves problemas: su discurso se ha vuelto incomprensible por la influencia de corrientes que hacen pasar la oscuridad por profundidad. Ha renunciado a sus presupuestos te&oacute;ricos originales para abrazar una concepci&oacute;n del hombre econ&oacute;mico que le ha hecho perder su identidad y que se llame ‘sociolog&iacute;a&rsquo; a lo que no es m&aacute;s que econom&iacute;a asocial. Entre los soci&oacute;logos hay confusi&oacute;n y desconfianza en s&iacute; mismos, y muchos se han trasladado a otros departamentos, donde hacen estudios de caso, muchos de ellos sobre temas econ&oacute;micos, pero en general han abandonado el n&uacute;cleo te&oacute;rico de la disciplina. Esos problemas no obedecen a un exceso de formalizaci&oacute;n, por una raz&oacute;n evidente: hasta ahora, la sociolog&iacute;a no ha intentado imitar a las ciencias naturales y parecerse a la f&iacute;sica.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el profesor Hodgson, en el deterioro de las ciencias sociales interviene un fen&oacute;meno social m&aacute;s ‘terrible y preocupante&rsquo;, cuyos indicios avizor&oacute; Thorstein Veblen a finales de la segunda d&eacute;cada del siglo pasado: la comercializaci&oacute;n del mundo del saber y la adaptaci&oacute;n de las universidades a las necesidades de las grandes corporaciones. En la academia contempor&aacute;nea “intervienen fuerzas globales que amenazan la integridad intelectual de todas las disciplinas acad&eacute;micas”.</p>     <p align="justify">Esboza una hip&oacute;tesis que desarrolla en su libro <i>Econom&iacute;a y utop&iacute;a</i>: en el capitalismo global, cada vez m&aacute;s especializado y ansioso de conocimientos que pueda transformar en nuevas necesidades y en nuevos productos, se requiere una inmensa masa de trabajadores no calificados y una gran variedad de especialistas calificados cuya formaci&oacute;n tiene varias consecuencias para las universidades. La primera, que las “necesidades e intereses del mundo corporativo est&eacute;n en el centro del campo acad&eacute;mico”, a riesgo de perder su car&aacute;cter de centros de investigaci&oacute;n independiente. La segunda es la aceleraci&oacute;n del proceso de especializaci&oacute;n y el aumento de los conocimientos, que llevan a una incesante divisi&oacute;n de la ciencia, que a su vez dificulta la actualizaci&oacute;n permanente aun de los especialistas m&aacute;s especializados y pone obst&aacute;culos a la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica y al di&aacute;logo interdisciplinario.</p>     <blockquote>    <p align="justify">Hoy, cuando es m&aacute;s dif&iacute;cil lograr una gran visi&oacute;n, las grandes preguntas ri&ntilde;en con el &eacute;xito. Las disciplinas se reducen a tecnicismos casi insignificantes. Infortunadamente, se pierde la gran visi&oacute;n. Las causas de la enfermedad de la econom&iacute;a no se limitan a la econom&iacute;a... [y] el restablecimiento de la salud es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Coincide con los estudiantes en que hay que reformar la ense&ntilde;anza, pero no s&oacute;lo la de la econom&iacute;a; juzga necesaria una reforma de toda la educaci&oacute;n universitaria, semejante a la que Guillermo de Humboldt impuls&oacute; en Alemania en el siglo diecinueve, gracias a la cual la filosof&iacute;a sustituy&oacute; a la teolog&iacute;a como n&uacute;cleo de la investigaci&oacute;n. “La b&uacute;squeda de la verdad sigui&oacute; siendo el prop&oacute;sito de la universidad y se exigi&oacute; que todos los estudiantes entendieran los problemas filos&oacute;ficos de la verdad y de la explicaci&oacute;n”. Y recomienda que la ense&ntilde;anza de las matem&aacute;ticas, junto con el aprendizaje de la filosof&iacute;a y el conocimiento de los hechos pertinentes de la historia de las ideas formen parte del plan de estudios obligatorio de toda ciencia.</p>     <p align="justify">Esta reforma pondr&iacute;a a la ense&ntilde;anza de las ciencias en el lugar que le corresponde y dejar&iacute;a al desnudo las fragilidades mutuas. Y en vez del imperialismo y la prepotencia acad&eacute;mica, los estudiantes de todas las disciplinas podr&iacute;an compartir la aventura com&uacute;n de ampliar el conocimiento humano y contribuir a resolver los problemas del planeta. &iexcl;Ay, cu&aacute;nto nos alejamos de esa reforma cuando confundimos la investigaci&oacute;n desinteresada con la venta de productos por pedido y la formaci&oacute;n de las nuevas generaciones con la producci&oacute;n en serie!</p>     <p align="justify">Los estudiantes de Par&iacute;s no est&aacute;n solos. Iniciaron la marcha y sus propuestas de reforma hoy se discuten en muchas universidades. El movimiento contra la econom&iacute;a autista es irreversible. El debate es cada vez m&aacute;s amplio, serio y profundo. Si insistimos en negar lo que est&aacute; ocurriendo en la disciplina y en ignorar las cr&iacute;ticas que provienen de la misma profesi&oacute;n, caeremos en el mutismo cuando el post-autismo se ponga de moda.</p>     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>II</b></p>     <br>     <p align="justify">El art&iacute;culo de Albert Berry, economista canadiense que ha estudiado los problemas colombianos desde los a&ntilde;os sesenta, es una exhaustiva revisi&oacute;n de los intentos de reforma agraria en Colombia desde comienzos del siglo XX, cuyo tel&oacute;n de fondo es la historia m&aacute;s general del pa&iacute;s. Hace un minucioso examen de las condiciones y motivaciones del esfuerzo de reforma agraria de los a&ntilde;os treinta y concluye que “el fracaso para resolver el problema de la tierra cuando parec&iacute;a haber una posibilidad contribuy&oacute; notablemente a la ‘Violencia&rsquo;”. Repasa los intentos de reforma de los sesenta, que buscaban reducir los altos niveles de conflicto y violencia en las zonas rurales m&aacute;s que transformar la estructura general de la propiedad para promover y modernizar la producci&oacute;n agr&iacute;cola del pa&iacute;s. Esto dio lugar a una estructura dual que acentu&oacute; las tensiones sociales y la violencia. En ese marco, analiza el p apel del Incora en los setenta y el fallido intento de las organizaciones campesinas que buscaban una reforma agraria pac&iacute;fica, y concluye que esos intentos no tuvieron “pr&aacute;cticamente ning&uacute;n efecto sobre las grandes propiedades de las mejores tierras del pa&iacute;s”. Tambi&eacute;n eval&uacute;a el papel de las empresas comunitarias y muestra que el DRI tuvo efectos ben&eacute;ficos en cuanto a la mejora de los ingresos campesinos, pero consecuencias nocivas sobre la desigualdad social. Comenta los esfuerzos de reforma orientados al mercado y muestra que las pol&iacute;ticas de libre mercado de comienzos de los noventa agudizaron la crisis rural y la desigualdad social. Y en la secci&oacute;n final esboza las lecciones de la experiencia colombiana para concluir que las visiones r&iacute;gidas, marxistas y neocl&aacute;sicas, del mundo campesino colombiano “est&aacute;n bastante alejadas de la verdad”.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo de Gonzalo Vargas, s&iacute;ntesis de su tesis de maestr&iacute;a, intenta delimitar el concepto de capital social y precisar su contribuci&oacute;n al desarrollo econ&oacute;mico y social. La primera secci&oacute;n revisa diversos trabajos te&oacute;ricos y aplicados sobre el tema para determinar sus or&iacute;genes y los diversos significados que se le han atribuido, en particular en los trabajos derivados de las obras de Pierre Bourdieu, James Coleman y Richard Putnam. El autor muestra que los economistas han tomado este concepto de otras ciencias sociales y lo han utilizado con muy diversos significados y en forma muy vaga, hasta tal punto que, como dice Portes, “se aplica a tantos eventos y en tantos contextos que pierde cualquier significado distintivo”. La segunda secci&oacute;n muestra algunos de los problemas te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos que dificultan su aplicaci&oacute;n y su medici&oacute;n a trav&eacute;s de &iacute;ndices que permitan hacer comparaciones entre pa&iacute;ses. La tercera secci&oacute;n muestra que para construir una teor&iacute;a econ&oacute;mica del capital social es necesario superar la vaguedad conceptual y elaborar definiciones m&aacute;s precisas y espec&iacute;ficas, incorporando los conceptos y los avances te&oacute;ricos de la Nueva Econom&iacute;a Institucional.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo siguiente, de &Oacute;scar Benavides y Clemente Forero, presenta un modelo de crecimiento end&oacute;geno con tres sectores que producen bienes finales, capital humano y tecnolog&iacute;a, que busca integrar los modelos de crecimiento end&oacute;geno de Lucas y de Romer que no permiten determinar simult&aacute;neamente las decisiones de inversi&oacute;n en capital humano y tecnolog&iacute;a ni optimizar la elecci&oacute;n entre ambos. A partir de varios supuestos menos restrictivos que los de esos modelos, sin tener que suponer externalidades, y teniendo en cuenta que el mercado de tecnolog&iacute;a tiene una estructura de competencia monop&oacute;lica debido al sistema de patentes que otorgan derechos comerciales exclusivos sobre este conocimiento y que en la producci&oacute;n de capital humano hay competencia perfecta, pues requiere factores rivales y sujetos a exclusi&oacute;n, el modelo permite obtener una tasa de crecimiento positiva en el largo plazo y tomar decisiones acerca de la inversi&oacute;n en capital humano y en ampliaci&oacute;n del conocimiento tecnol&oacute;gico. El art&iacute;culo concluye con una ilustrativa enumeraci&oacute;n de las diferencias y ventajas del modelo que se presenta con respecto a los modelos que se intentan integrar.</p>     <p align="justify">El trabajo de Eduardo Wiesner, uno de los m&aacute;s reputados estudiosos de los procesos de modernizaci&oacute;n del Estado en Colombia y Am&eacute;rica Latina, analiza el desarrollo de la capacidad de evaluaci&oacute;n y las razones para que la evaluaci&oacute;n de resultados no se haya incorporado plenamente en los programas de reforma adoptados en la regi&oacute;n. A las que organiza en tres categor&iacute;as: restricciones ocasionadas por las caracter&iacute;sticas institucionales y la creciente inflexibilidad del gasto p&uacute;blico, restricciones de econom&iacute;a pol&iacute;tica y restricciones creadas por la r&aacute;pida expansi&oacute;n de los gastos del sector p&uacute;blico. Luego de examinar ese tipo de restricciones, analiza los procesos que contribuyen al desarrollo de la capacidad de evaluaci&oacute;n: la institucionalizaci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n y la ampliaci&oacute;n del mercado de evaluaciones. Propone las l&iacute;neas generales de un plan de acci&oacute;n para el desarrollo de esa capacidad y analiza los elementos que pueden contribuir a la expansi&oacute;n del mercado de evaluaciones haciendo &eacute;nfasis en la demanda y en la autoevaluaci&oacute;n de los programas y las actividades de las entidades p&uacute;blicas. Se&ntilde;ala los retos de la evaluaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina y define una jerarqu&iacute;a de &aacute;reas prioritarias. Examina el papel que pueden desempe&ntilde;ar las entidades multilaterales en la planeaci&oacute;n, la financiaci&oacute;n y el apoyo t&eacute;cnico para el desarrollo de la capacidad de evaluaci&oacute;n. Y concluye con una serie de recomendaciones.</p>     <p align="justify">El &uacute;ltimo art&iacute;culo , de Ernesto C&aacute;rdenas y Jair Ojeda, profesores del Externado de Colombia, muestra que la teor&iacute;a de la implementaci&oacute;n aclara las diferencias metodol&oacute;gicas entre la teor&iacute;a walrasiana y la nueva econom&iacute;a institucional, a la que consideran una extensi&oacute;n que llena los vac&iacute;os de la primera. La primera parte revisa el concepto de instituci&oacute;n de Douglass North, como reglas del juego que gu&iacute;an el comportamiento de los individuos mediante estructuras de incentivos, para mostrar sus relaciones con los costos de transacci&oacute;n, a los que tratan como problemas de informaci&oacute;n, y con los derechos de propiedad, que analizan a partir del teorema de Coase y el supuesto de racionalidad acotada, para proponer una redefinici&oacute;n del concepto de individualismo metodol&oacute;gico que tenga en cuenta las organizaciones. La segunda parte sintetiza los principales conceptos de la teor&iacute;a de la implementaci&oacute;n, a la que consideran el dual de la teor&iacute;a de juegos, es decir, la b&uacute;squeda de una soluci&oacute;n o el dise&ntilde;o de un mecanismo que tenga en cuenta los m&uacute;ltiples equilibrios y logre los fines del planificador o agente que dise&ntilde;a ese mecanismo. Y presenta un ejemplo detallado de implementaci&oacute;n de una norma que ilustra el uso de dichos conceptos. La tercera parte enumera varios paralelismos entre la nueva econom&iacute;a institucional y la teor&iacute;a de la implementaci&oacute;n, que en opini&oacute;n de los autores pueden llevar a una reconciliaci&oacute;n de ambas perspectivas te&oacute;ricas.</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n de cl&aacute;sicos se presenta la traducci&oacute;n de uno de los ensayos de Frank Knight sobre &eacute;tica y econom&iacute;a que se publicaron en el <i>Quarterly Journal of Economics</i> de 1922. Este escrito discute el alcance y el m&eacute;todo de la ciencia econ&oacute;mica, y cuestiona a los economistas por su pretensi&oacute;n de hacer an&aacute;lisis causales a partir de necesidades inmutables, que en realidad son variables y cambiantes. Cuando las necesidades y motivaciones humanas no se consideran datos emp&iacute;ricos susceptibles de manipulaci&oacute;n l&oacute;gica, cuando son valores y la creaci&oacute;n de valores es m&aacute;s que la satisfacci&oacute;n de los deseos, hay lugar para la &eacute;tica, que no se puede confundir con la ‘econom&iacute;a divinizada&rsquo;.</p>     <p align="justify">La secci&oacute;n de notas y discusiones incluye la nota que Paul Krugman escribi&oacute; en homenaje a James Tobin al d&iacute;a siguiente de su muerte y un trabajo de Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez que sintetiza sus principales aportes a la teor&iacute;a y la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Concluye con un breve comentario de Amartya Sen, publicado en <i>Il Sole 24 Ore</i>, acerca de los movimientos de protesta contra la globalizaci&oacute;n. Critica el ataque a la globalizaci&oacute;n como expresi&oacute;n del dominio occidental, pero destaca las expresiones de inconformidad por las desigualdades internacionales y las asimetr&iacute;as pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas.</p>     <p align="justify">Hab&iacute;amos anunciado a nuestros lectores que en este n&uacute;mero publicar&iacute;amos los documentos de la segunda ronda del debate sobre el informe de la Misi&oacute;n Alesina. Fedesarrollo, la Universidad Nacional y el Externado publicar&aacute;n un libro, editado por &Aacute;lvaro Tirado Mej&iacute;a, que recopila todos los documentos. Los interesados en el tema podr&aacute;n consultarlo en este mismo semestre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esta entrega de la revista concluye con dos rese&ntilde;as. La primera, del libro <i>Las falacias de la teor&iacute;a econ&oacute;mica</i> de Paul Ormerod, escrita por Alberto Castrill&oacute;n, es una reflexi&oacute;n acerca de la disciplina econ&oacute;mica cercana a las preocupaciones de Hodgson y de los estudiantes que rechazan la estrechez de la interpretaci&oacute;n econ&oacute;mica. La segunda, de Bernardo P&eacute;rez Salazar, Director del Observatorio de Manejo del Conflicto del Externado, es un comentario al informe de la Corporaci&oacute;n Rand sobre las drogas y la insurgencia en el pa&iacute;s, <i>El minotauro del laberinto colombiano</i>. Su autor eval&uacute;a la intervenci&oacute;n estadounidense y resalta las propuestas de Jes&uacute;s Antonio Bejarano para una soluci&oacute;n negociada. El fracaso de las negociaciones emprendidas por el Presidente Pastrana da especial actualidad a ese informe y a esta rese&ntilde;a.</p>     <p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Jacob Viner, uno de los m&aacute;s distinguidos economistas de la Escuela de Chicago aplaud&iacute;a esta petici&oacute;n estudiantil: “Vivimos tiempos dif&iacute;ciles y existen problemas cruciales de vida y muerte, riqueza y pobreza, libertad y tiran&iacute;a que aguardan respuesta. En las ciencias sociales y naturales , los estudiantes tienden primero a buscar soluciones a esos problemas y a desarrollar habilidades que los ayuden a resolverlos. Tal como debe ser. &Eacute;sa es la prioridad, y quiz&aacute; tambi&eacute;n la segunda, la tercera y la cuarta.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Antes de ella, el profesor Viner tambi&eacute;n lo dijo, con otras palabras y no menor iron&iacute;a: “las escuelas de posgrado tienden a convertir a sus estudiantes en especialistas estrechos, cuyo punto de vista se limita a su propia disciplina o a una rama especial de esa disciplina, y no pueden reconocer la importancia de mirar su propia disciplina desde otro punto de vista. Esos estudiantes reciben entonces su t&iacute;tulo por la solidez de unas tesis que demuestran a satisfacci&oacute;n de sus supervisores que han descontaminado sus mentes de toda influencia ajena a la disciplina que pudiera pervivir de su formaci&oacute;n del pregrado. Y luego retornan a las universidades a transmitir a la siguiente generaci&oacute;n la versi&oacute;n que las escuelas de posgrado tienen de la educaci&oacute;n liberal: percibir el mundo a trav&eacute;s del ojo de una aguja”.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. En la primera mitad del siglo pasado, ese proceso de especializaci&oacute;n y acumulaci&oacute;n de conocimientos no era tan acelerado, pero en su propuesta para evitar que la ense&ntilde;anza de posgrado llegara a ser tan estrecha como vislumbraba, el profesor Viner dec&iacute;a: “Me dicen que esta especializaci&oacute;n intensiva es necesaria para hacer descubrimientos y sobre todo para mejorar las t&eacute;cnicas de descubrimiento. Para descubrir cosas desconocidas parece ser necesario trabajar en un surco muy estrecho y mantener la mirada fija en ese surco, sin ojear siquiera los deleitables conocimientos del jard&iacute;n del colega vecino. En la ense&ntilde;anza de pregrado pregonamos la s&iacute;ntesis de disciplinas, la amplitud de visi&oacute;n y la perspectiva hist&oacute;rica, y en los pregrados aun hay profesores que lo hacen. Pero cuando, mediante becas y otros alicientes, atraemos estudiantes a nuestras escuelas de posgrado, los animamos para que sean profesionales con tapaojos que limitan su visi&oacute;n al estrecho surco de investigaci&oacute;n, y nos empe&ntilde;amos –a veces con &eacute;xito– en convertirlos en perros buscadores de trufas –o si lo prefieren, en caballos de carreras– esmeradamente entrenados para un solo y peque&ntilde;o prop&oacute;sito, pero que no sirven para m&aacute;s. Y les encomendamos a los estudiantes de pregrado”.</p> </font>      ]]></body>
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