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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL MINOTAURO DEL LABERINTO COLOMBIANO]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>EL MINOTAURO DEL LABERINTO COLOMBIANO<sup><a href="#ast">*</a><a name="nast"></a></sup></b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b> THE MINOTAUR OF COLOMBIAN LABYRINTH</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Colombian Labyrinth. The synergy of drugs and insurgency and its implications for regional stability</i> de Angel Rabasa y Peter Chalk, Santa M&oacute;nica, Rand Corporation, Project Air Force, 2001, 113 p&aacute;ginas. </p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar</i>**</p>     <p align="justify"> ** Director del Observatorio del Manejo del Conflicto, Facultad de Econom&iacute;a, Universidad Externado de Colombia, calle 12 n.<sup>o</sup> 1-17 este, <a href="mailto:obsconflicto@uexternado.edu.co">obsconflicto@uexternado.edu.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 28 de julio de 2001; fecha de aceptaci&oacute;n: 23 de octubre de 2001.</p> <hr>     <blockquote>       <p align="right">    <br>Tal vez lo que tiene que ser conjurado no es el monstruo particular, por el que sus propios patrocinadores y voceros terminan sintiendo terror, y al que finalmente destruyen, sino la costumbre colectiva de estar a la vez fascinados y aterrorizados con &eacute;l. Como el m&iacute;tico Minotauro de Creta, que exig&iacute;a cada a&ntilde;o el tributo de la sangre joven de la isla, este monstruo parece ineluctable, pero es verdadera la interpretaci&oacute;n que hizo de &eacute;l Borges en su relato Asteri&oacute;n: la principal necesidad del monstruo es la de desaparecer, y lo &uacute;nico que verdaderamente lo sostiene es el temor que la sociedad le profesa.</p>       <p align="right">William Ospina</p> </blockquote>     <br>     <p align="justify"><b>PRESENTACI&Oacute;N</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La corporaci&oacute;n Rand es una entidad de prestigio y renombre universales, muy conocida por sus estrechos v&iacute;nculos con la industria aeroespacial norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial. Su misi&oacute;n es muy amplia: ayudar en la f ormulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas y la toma de decisiones por medio de la investigaci&oacute;n y el an&aacute;lisis<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Rand se precia adem&aacute;s de servir el inter&eacute;s p&uacute;blico, difundiendo los hallazgos de sus investigaciones, como lo ha hecho con el documento que analiza la situaci&oacute;n colombiana titulado <i>Colombian Labyrinth</i> (Rabasa y Chalk, 2001).</p>     <p align="justify">Cabe reconocer que Rand ha hecho aportes fundamentales en campos como la teor&iacute;a de juegos, la programaci&oacute;n lineal y din&aacute;mica, la modelaci&oacute;n y la simulaci&oacute;n matem&aacute;tica, la teor&iacute;a de redes y el an&aacute;lisis de costos. Si bien estos desarrollos han servido ante todo para tomar decisiones en situaciones de incertidumbre relacionadas con la seguridad nacional de su pa&iacute;s, tambi&eacute;n han sido utilizados por Rand para analizar y formular pol&iacute;ticas sociales en campos tan dis&iacute;miles como la renovaci&oacute;n urbana, la pobreza, la educaci&oacute;n y el cuidado de la salud, as&iacute; como en el dise&ntilde;o y la operaci&oacute;n eficiente de sistemas de polic&iacute;a y control de incendios.</p>     <p align="justify">En el caso del documento sobre la situaci&oacute;n colombiana, el subt&iacute;tulo –La sinergia entre drogas e insurgencia y sus implicaciones para la estabilidad regional– indica claramente que la investigaci&oacute;n se enfoca desde la perspectiva de los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos. El estudio es un resultado del Proyecto Air Force, cuyo cometido consiste en suministrar un an&aacute;lisis independiente de alternativas de pol&iacute;tica en torno al desarrollo, el empleo, el aprestamiento para el combate y el apoyo de las fuerzas aeroespaciales existentes y futuras, el emplazamiento y el empleo de fuerzas aeroespaciales. El documento est&aacute; por tanto anclado firmemente en el &aacute;rea de competencia central de Rand: conectar la planificaci&oacute;n militar con las decisiones de investigaci&oacute;n y desarrollo de tecnolog&iacute;as.</p>     <p align="justify">Teniendo en mente estas consideraciones, sus hallazgos y recomendaciones son coherentes con lo que cabe esperar en un documento de estrategia y doctrina militar. Dirige al gobierno colombiano las siguientes observaciones y recomendaciones claras y directas.</p>     <p align="justify">1. La estrategia pol&iacute;tica del gobierno colombiano para hacer frente a la crisis interna del pa&iacute;s est&aacute; condicionada por limitaciones de la pol&iacute;tica de cooperaci&oacute;n internacional de Estados Unidos. Hasta el presente, esa pol&iacute;tica s&oacute;lo se ha justificado en t&eacute;rminos de asistencia antinarc&oacute;ticos. En consecuencia, esa estrategia pol&iacute;tica no responde al an&aacute;lisis de la crisis colombiana en su conjunto, depende excesivamente de las negociaciones de paz y carece de metas pol&iacute;tico-militares bien definidas.</p>     <p align="justify">2. El gobierno colombiano debe remediar su falta de claridad estrat&eacute;gica para manejar la crisis en todas sus dimensiones. Adem&aacute;s, debe desarrollar la capacidad para instrumentar una estrategia integral, lo que requiere una reforma militar para remplazar el personal conscripto, el 70% de la fuerza, por voluntarios profesionales. As&iacute; mismo, requiere programar inversiones para remediar debilidades en movilidad, inteligencia y comunicaciones. Tambi&eacute;n debe integrar mejor los esfuerzos antinarc&oacute;ticos y contrainsurgentes de la polic&iacute;a y el ej&eacute;rcito.</p>     <p align="justify">3. Todo ello exige una financiaci&oacute;n adecuada. El monto del gasto militar colombiano asciende a cerca del 3,5% del PIB y se ha mantenido en ese nivel desde comienzos de la d&eacute;cada de los 90. Rand considera que ese monto es muy inferior al requerido por un pa&iacute;s en emergencia que combate una insurgencia activa. Sugiere como modelo el programa de asistencia militar de los Estados Unidos a El Salvador durante la administraci&oacute;n Reagan, en vista de que logr&oacute; transformar el ej&eacute;rcito de ese pa&iacute;s en una fuerza capaz de hacer retroceder una amenaza guerrillera formidable.</p>     <p align="justify">4. Los requerimientos militares que justifican este esfuerzo econ&oacute;mico son ‘irreducibles&rsquo; si se quiere asegurar que el gobierno colombiano restaure un clima de seguridad, prerrequisito para la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Las observaciones y recomendaciones de Rand al gobierno de Estados Unidos son igualmente directas:</p>     <p align="justify">1. La pol&iacute;tica de Estados Unidos hacia Colombia ostenta un grave vac&iacute;o, pues no advierte que para ganar la guerra contra las drogas es necesario que el gobierno colombiano retome el control de su territorio. El control pol&iacute;tico y militar que ejercen las guerrillas sobre una porci&oacute;n creciente del territorio y la poblaci&oacute;n colombiana es la afrenta central a la autoridad del gobierno de Bogot&aacute;. Estados Unidos debe considerar si puede seguir sosteniendo la distinci&oacute;n entre lucha antinarc&oacute;ticos y contrainsurgencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2. El apoyo de Estados Unidos a la iniciativa del Plan Colombia comprometi&oacute; su respaldo al &eacute;xito de la estrategia del gobierno colombiano. Ante un fracaso de esa estrategia, Estados Unidos se ver&aacute; confrontado a la alternativa de escalar su compromiso o retirarse. Para no afectar la capacidad de defender sus intereses en la regi&oacute;n andina, tendr&iacute;a que suministrar apoyo sostenido hasta que el gobierno colombiano retome la iniciativa pol&iacute;tica y militar<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">3. Las mejoras t&aacute;ctico-operativas que se financiar&iacute;an con esa ayuda militar se deben orientar prioritariamente a la detecci&oacute;n, la identificaci&oacute;n y el ataque de objetivos guerrilleros de infanter&iacute;a liviana, mediante plataformas, sensores, armas y herramientas anal&iacute;ticas de desarrollo reciente, as&iacute; como a fortalecer el transporte de tropas por helic&oacute;ptero. Para recobrar el control de carreteras y arterias fluviales y crear ‘burbujas de seguridad&rsquo; de las actividades civiles y econ&oacute;micas, recomienda establecer una fuerza anfibia con capacidad de desembarque y maniobra, respaldada por unidades navales con capacidad de fuego de supresi&oacute;n y apoyo. Adem&aacute;s, el paso a un sistema de comunicaci&oacute;n por sat&eacute;lite, para apoyar las operaciones militares m&oacute;viles, ser&iacute;a una gran contribuci&oacute;n para liberar tropas hoy dedicadas a proteger el sistema de estaciones terrestres de comunicaci&oacute;n de relevo, reducir su vulnerabilidad y mejorar su confiabilidad.</p>     <p align="justify">4. Por &uacute;ltimo, advierte a Estados Unidos que debe sentar las bases de una estrategia alterna de cooperaci&oacute;n regional, que responda con un esfuerzo multilateral interamericano en el evento de que la crisis colombiana se intensifique y se desborde a los pa&iacute;ses vecinos.</p>     <p align="justify"><b>LA CRISIS COLOMBIANA: &iquest;UNA TRAGEDIA EN ESCENA?</b></p>     <p align="justify">La clara e inequ&iacute;voca presentaci&oacute;n de la posici&oacute;n y la perspectiva anal&iacute;tica del documento de Rand es un modelo de estilo y tratamiento de la investigaci&oacute;n asociada con la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Contrasta con el estilo sinuoso y confuso de los documentos y las decisiones de las autoridades colombianas, que con frecuencia suscita reservas entre los observadores externos e independientes acerca de la capacidad del gobierno para retomar el control y la iniciativa en el manejo de la crisis y del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">De igual modo, llama la atenci&oacute;n el contraste entre el estilo directo y claro del subt&iacute;tulo del informe de Rand –La sinergia entre drogas e insurgencia y sus implicaciones para la estabilidad regional– con el tono metaf&oacute;rico del t&iacute;tulo: El laberinto colombiano. El lector puede intuir que con esa met&aacute;fora, los autores quisieron reflejar –m&aacute;s all&aacute; del fr&iacute;o an&aacute;lisis de estrategia y doctrina militares– el sentimiento que despert&oacute; en ellos el drama humano que observaron cuando examinaban de cerca la crisis colombiana.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de la referencia al embrollo de nuestra crisis, la met&aacute;fora del laberinto trae a la mente el palacio mitol&oacute;gico que Minos construy&oacute; en Cnosos para albergar al Minotauro, monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. El temor que obligaba a los ateni enses a enviar al sacrificio siete j&oacute;venes y siete doncellas cada a&ntilde;o como ofrenda al Minotauro quiz&aacute;s llev&oacute; a los autores a usar esa met&aacute;fora para sintetizar el caso colombiano. Teseo al fin aniquil&oacute; al monstruo y escap&oacute; con ayuda de un ovillo que hil&oacute; para &eacute;l Ariadna, hija de Minos, para que no extraviara el camino de salida. Las met&aacute;foras no son casuales, aun si son deliberadas. Quiz&aacute; los autores tambi&eacute;n la eligieron porque Teseo luego lleg&oacute; a ser rey de Atenas y entre sus legados a la ciudad se destaca una constituci&oacute;n democr&aacute;tica.</p>     <p align="justify">Una asociaci&oacute;n posible entre la crisis colombiana y esta met&aacute;fora llevar&iacute;a a abrazar el esp&iacute;ritu herc&uacute;leo del mito griego y apostar a un desenlace que, con la ayuda militar de Estados Unidos, d&eacute; la victoria al gobierno colombiano sobre las fuerzas terroristas y narcoguerrilleras –que libran una guerra predatoria y lucrativa contra la sociedad colombiana, que atemorizada les tributa entre 300 y 900 millones de d&oacute;lares cada a&ntilde;o por secuestros, extorsi&oacute;n, robo y tr&aacute;fico de drogas– y restablezca un clima de paz que desarraigue por completo el recurso de la violencia para ejercer la pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">En principio, este pron&oacute;stico encuadra bien en el modelo general que desarrolla el grupo de investigaci&oacute;n sobre desarrollo econ&oacute;mico del Banco Mundial dentro del proyecto <i>Econom&iacute;a de las guerras civiles, crimen y violencia</i><a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Luego de identificar y evaluar ‘regularidades emp&iacute;ricas&rsquo; a partir de estudios estructurados de pa&iacute;ses-caso, los investigadores usan m&eacute;todos econom&eacute;tricos para analizar hip&oacute;tesis derivadas de la comparaci&oacute;n cuantitativa de variables clave asociadas con el inicio y la perduraci&oacute;n de conflictos civiles en diversos pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo desde la d&eacute;cada de los 60.</p>     <p align="justify">De acuerdo con la evidencia analizada hasta ahora, el grupo del Banco Mundial ha encontrado que el factor econ&oacute;mico es el m&aacute;s importante para explicar el inicio y la duraci&oacute;n de los conflictos internos. El riesgo de que surja un conflicto interno en un pa&iacute;s en v&iacute;as de desarrollo aumenta notablemente cuando hay una combinaci&oacute;n de a) una econom&iacute;a dependiente de exportaciones de bienes primarios, b) un bajo nivel educativo general de la poblaci&oacute;n, c) una cohorte proporcionalmente alta de hombres j&oacute;venes, y d) un descenso del ciclo econ&oacute;mico (Collier, 1999, 15).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Paul Collier, director del grupo, describe en detalle la l&oacute;gica que explicar&iacute;a el comportamiento predatorio y lucrativo de las fuerzas rebeldes mediante la extorsi&oacute;n a quienes se dedican a actividades de exportaci&oacute;n de bienes primarios, petr&oacute;leo, piedras y metales preciosos y productos de plantaci&oacute;n de alto valor, como el banano y la coca (Collier, 2001; Collier y Hoeffler, 2001). Se&ntilde;ala que estos bienes son particularmente vulnerables a la extorsi&oacute;n y a las cargas impositivas oficiales porque su producci&oacute;n depende en alto grado de activos durables cuya localizaci&oacute;n no se puede modificar f&aacute;cilmente.</p>     <p align="justify">Una vez establecido un campo petrolero y construido el oleoducto, hay que seguir explot&aacute;ndolo, aun si se prev&eacute; que gran parte de las ganancias se perder&aacute;n a manos de los rebeldes. Igual sucede con las minas de piedras y metales preciosos, las plantaciones de cultivos de alto valor y la infraestructura de generaci&oacute;n y transmisi&oacute;n de energ&iacute;a el&eacute;ctrica. Estas actividades por lo general se localizan en zonas rurales y por su naturaleza no pueden evadir la extorsi&oacute;n traslad&aacute;ndose a sitios m&aacute;s seguros, como lo puede hacer la industria manufacturera; adem&aacute;s soportan la extorsi&oacute;n permanente de la insurgencia, sin afectar la continuidad de su operaci&oacute;n econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Estas caracter&iacute;sticas condicionan las medidas necesarias para su defensa. Estas actividades est&aacute;n ubicadas en zonas espaciosas y aisladas, en parajes rodeados de zonas boscosas y monta&ntilde;osas, y son f&aacute;cil presa de ataques de las fuerzas insurgentes. Su defensa requiere fuerzas militares entrenadas y armadas para hacer frente a este tipo de ataques. De modo que el gobierno oficial a menudo debe imponerles cargas adicionales para financiar su protecci&oacute;n militar.</p>     <p align="justify">En este punto, la l&oacute;gica predatoria y las oportunidades de lucro derivadas del conflicto interno dejan de involucrar exclusivamente a los grupos insurgentes. El incremento de los recursos econ&oacute;micos que controlan los alzados en armas con su actividad predatoria lleva al surgimiento de intereses, elecciones y restricciones dentro del campo oficial, que reclama m&aacute;s poder en la asignaci&oacute;n de los dineros p&uacute;blicos con el fin de ‘compensar las desventajas&rsquo; y someter militarmente a los insurgentes. La prolongaci&oacute;n del conflicto conduce entonces a una econom&iacute;a pol&iacute;tica de guerra, a trav&eacute;s de la cual una parte creciente de los actores sociales –situados a un lado y otro de la contienda– acumula activos econ&oacute;micos y reconocimiento social y pol&iacute;tico, a los que no ten&iacute;an acceso antes del inicio del conflicto y que superan los costos que la guerra representa para sus intereses particulares. Aparecen entonces grupos especiales de inter&eacute;s que alimentan subrepticiamente el inicio, la perduraci&oacute;n y la renovaci&oacute;n continuas de conflictos internos, entre quienes no pasan inadvertidos los fabricantes y traficantes de armas (Richani, 2001).</p>     <p align="justify">Collier recomienda varias medidas de pol&iacute;tica para contener esta espiral, entre las que se destacan las que contribuyen a reducir los incentivos econ&oacute;micos para la rebeli&oacute;n y el poder econ&oacute;mico de los dem&aacute;s grupos especiales de intereses que obtienen ventajas econ&oacute;micas con la persistencia del desorden p&uacute;blico (Collier, 1999, 14). Sugiere crear mecanismos multilaterales que restrinjan el acceso a los mercados internacionales de los bienes primarios exportados ileg&iacute;timamente desde pa&iacute;ses en conflicto; promover pol&iacute;ticas de diversificaci&oacute;n econ&oacute;mica para reducir la importancia de los bienes primarios de exportaci&oacute;n que generan rentas dependientes de su localizaci&oacute;n espec&iacute;fica; dar mayor transparencia al uso de los ingresos p&uacute;blicos provenientes de los impuestos a estos bienes para financiar la prestaci&oacute;n eficiente de servicios b&aacute;sicos, y crear un clima favorable para el r&aacute;pido crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">Pero advierte que con estas medidas muchos grupos poderosos ver&aacute;n afectadas las ventajas para acumular poder pol&iacute;tico y activos econ&oacute;micos, y que los utilizar&aacute;n para oponerse a los cambios institucionales que perjudiquen sus intereses particulares (Collier, 1999; Wiesner, 1997).</p>     <p align="justify">En el caso colombiano ya nadie pone en duda que la m&aacute;quina de guerra de la guerrilla y los paramilitares se nutre con los rendimientos del narcotr&aacute;fico, la extorsi&oacute;n a la industria minero-energ&eacute;tica, el secuestro, la pirater&iacute;a y la extorsi&oacute;n. Y es notorio que el desorden p&uacute;blico generado por la guerrilla, los paramilitares, redes de narcotraficantes y dem&aacute;s delincuentes tambi&eacute;n corrompe y mueve a muchos grupos de inter&eacute;s, que si bien est&aacute;n formalmente del lado del r&eacute;gimen oficial en el conflicto interno, obtienen ventajas que los benefician y lucran econ&oacute;micamente.</p>     <p align="justify">Si se reinterpreta el conflicto colombiano desde esta &oacute;ptica, la haza&ntilde;a de proporciones herc&uacute;leas que en principio evoca la met&aacute;fora del Minotauro y el laberinto se desvanece y adquiere un matiz de tragedia, en el sentido estricto que le atribu&iacute;an los griegos.</p>     <p align="justify">La visi&oacute;n moderna, que conf&iacute;a sin reservas en la tecnolog&iacute;a y su poder para someter el destino a nuestro control con la aplicaci&oacute;n de la ciencia, ha alterado en forma radical las creencias acerca del universo y ha alejado de nosotros el sentimiento tr&aacute;gico que experimentaron los antiguos. En la vieja Grecia, el destino reflejaba la naturaleza inhumana, irracional y maligna del universo, que estaba m&aacute;s all&aacute; del control humano. En la visi&oacute;n tr&aacute;gica, el hombre se enfrentaba con esas facetas incomprensibles, absurdas y siniestras del universo e intentaba comprenderlas y encararlas sin perder la dignidad humana, sabiendo de antemano que, impotente ante la adversidad insondable del destino, ser&iacute;a derrotado (Ballard, 1973, 411-17).</p>     <p align="justify">En nuestra guerra interna, la tragedia que se escenifica ante nuestros ojos parece revelar que no hay un Minotauro maligno y ajeno al que pueda aniquilar un Teseo redivivo. Entre quienes combaten al Minotauro del terrorismo y la narcoguerrilla, &iquest;acaso algunos no logran ventajas especiales y se benefician con los grav&aacute;menes de guerra que consumen a la sociedad colombiana?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La siguiente escena –el escalamiento del conflicto armado– nos revelar&aacute; c&oacute;mo interpretar la ayuda militar de los Estados Unidos a Colombia. &iquest;Se asemejar&aacute; a la ayuda de Ariadna a Teseo para derrotar al Minotauro? &iquest;O a una ofrenda que rendimos al monstruo –entre aterrorizados y fascinados– para alimentar y renovar su apetito insaciable y bestial?</p>     <p align="justify"> <b>OTRA VISI&Oacute;N DEL CONFLICTO COLOMBIANO<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a></b></p>     <blockquote>       <p align="right">Esa me parece que es la tragedia del an&aacute;lisis del proceso de paz colombiano, que no tenemos un tel&oacute;n de fondo para... encajar y ordenar los distintos eventos, hechos, acciones que ocurren en el proceso... aqu&iacute; se est&aacute; negociando es por miedo, y eso es un mal negocio. Pero bueno, invent&eacute;monos una teor&iacute;a para ver si esto sale bien, a ver si usamos ese miedo de manera positiva... buscando honestamente un escenario de negociaci&oacute;n, y el &uacute;nico eficaz es ese que llamamos integrador, en el sentido que de la negociaci&oacute;n debe salir una nueva comunidad pol&iacute;tica, una nueva organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, una nueva configuraci&oacute;n del poder, sin repartir nada.</p>       <p align="right">Jes&uacute;s Antonio Bejarano</p> </blockquote>     <p align="justify">Voceros autorizados, como Henry Kissinger, se&ntilde;alan que las guerras civiles han terminado hist&oacute;ricamente con la victoria total de uno de los bandos o con la posterior exterminaci&oacute;n de ambos.</p>     <blockquote>       <p>Las negociaciones entre actores casi nunca concluyen en un compromiso, pero estas contin&uacute;an siendo la prescripci&oacute;n favorita de los asesores norteamericanos que urgen salidas ‘pol&iacute;ticas&rsquo; (Kissinger, 2001).</p> </blockquote>     <p align="justify">Los investigadores del Banco Mundial calculan, a partir de modelos econom&eacute;tricos, que hay un riesgo del 32% de que se reanude una guerra civil poco despu&eacute;s de concluidas las negociaciones. Como posible explicaci&oacute;n, se&ntilde;alan que en esas circunstancias se suelen mantener arsenales por fuera del control ‘oficial&rsquo;, ex rebeldes que las saben usar y, a veces, alg&uacute;n n&uacute;cleo de organizaci&oacute;n rebelde recalcitrante. Estas condiciones facilitan la reanudaci&oacute;n de la rebeli&oacute;n (Collier y Hoeffler, 2001, 6 y 16).</p>     <p align="justify">Los esfuerzos para resolver la crisis colombiana mediante acuerdos pol&iacute;ticos negociados desconocer&iacute;an entonces las lecciones que deja la experiencia internacional acerca de este tipo de conflictos. Ser&iacute;a parroquial abogar por otro tratamiento diferente de la escalada militar para resolver el formidable reto que enfrenta el pa&iacute;s como resultado de la sinergia entre drogas e insurgencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El m&aacute;s autorizado analista colombiano de los procesos de paz en el mundo, Jes&uacute;s Antonio Bejarano, reiter&oacute; en sus intervenciones y escritos que en los m&aacute;s de 50 conflictos internos armados ocurridos en el mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial se observa un patr&oacute;n: alrededor del 25% termina en mesas de negociaci&oacute;n; en cerca del 35% gana una de las partes y el 40% no se resuelve; se reanuda el 50% de los conflictos ‘resueltos&rsquo; en mesas de negociaci&oacute;n y la tasa de fracaso de las negociaciones que se inician pactando ceses del fuego es cercana al 95%, como ha sucedido en las negociaciones con las FARC y el ELN desde 1982 (Bejarano, 2001, 85-86).</p>     <p align="justify">Firme defensor de pol&iacute;ticas de seguridad que permitan ejercer la obligaci&oacute;n constitucional de todo Estado de derecho a responder a la violencia con el uso leg&iacute;timo de la fuerza, Bejarano se apart&oacute; de utilizarlas para promover alternativas militaristas o autoritarias. En contraste con quienes utilizan las cifras mundiales sobre conflictos internos para amedrentar y reducir las salidas exclusivamente a la militar, Bejarano insisti&oacute; en que la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada –aun desde una posici&oacute;n de ventaja militar ante los rebeldes– era una <i>ventana de oportunidades</i>.</p>     <p align="justify">En nuestro caso espec&iacute;fico, ve&iacute;a la negociaci&oacute;n como una oportunidad para atender demandas sociales de cambio bien fundadas: reformas al r&eacute;gimen pol&iacute;tico que produzcan resultados ostensibles en la esfera de la justicia y la lucha contra la impunidad, un sistema de rendici&oacute;n de cuentas con responsabilidad pol&iacute;tica, patrones de inversi&oacute;n p&uacute;blica y procesos de descentralizaci&oacute;n econ&oacute;mica que contribuyan a resolver los problemas de asentamiento territorial de la poblaci&oacute;n colombiana y efectividad en el gasto social para garantizar la igualdad de oportunidades sociales<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="justify">No deber&iacute;a sorprender que su defensa de la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada del conflicto colombiano evoque ecos cercanos a los de la catarsis –una purga o purificaci&oacute;n que nos ayuda a recuperar la cualidad &eacute;tica propia de la condici&oacute;n humana– que experimentaban los antiguos griegos en las representaciones de las grandes tragedias (Ballard, 1973, 411-14).</p>     <p align="justify">En sentido general, la tragedia antigua representaba la lucha contra la naturaleza ambigua de lo maligno e irracional, a trav&eacute;s de la cual el protagonista modificaba su visi&oacute;n de lo torvo e inhumano y descubr&iacute;a posibilidades de utilizarlo creativamente, sin perder su identidad y conservando la dignidad humana hasta el final. La acci&oacute;n tr&aacute;gica nos permite recrearnos como seres humanos, nos enfrenta al reto de reconstruir los valores, el orden, la raz&oacute;n y la justicia. Ir&oacute;nicamente, la adversidad del destino –en este caso, la del conflicto colombiano– podr&iacute;a ser una provocaci&oacute;n, una oportunidad para sacar lo mejor de cada ciudadano.</p>     <p align="justify">La convocatoria a una catarsis de la sociedad colombiana que propuso Bejarano no se puede descartar sin graves consecuencias. Curtido en negociaciones exitosas con el M-19, el EPL y el Quint&iacute;n Lame, y en negociaciones frustradas con la Coordinadora Guerrillera Sim&oacute;n Bol&iacute;var, las FARC y el ELN, nadie conoc&iacute;a ni entend&iacute;a mejor el <i>tel&oacute;n de fondo</i> en el que se escenifica el conflicto colombiano.</p>     <p align="justify">Sol&iacute;a comentar que de los 27 conflictos internos armados que hubo en el mundo entre 1991 y 1996, cinco se resolvieron y 22 –entre ellos el colombiano– no se resolvieron. Los que se resolvieron empezaron despu&eacute;s de 1990. Los 22 que no se resolvieron empezaron antes de la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n en 1989. Glosaba esta estad&iacute;stica con su iron&iacute;a habitual; en Colombia apostamos “a la tesis absurda de que como el comunismo se iba a acabar, entonces la guerrilla se iba a acabar por consunci&oacute;n” (p. 83). No importa que el comunismo se haya acabado, el problema colombiano es el de una sociedad con diversos valores e identidades, que no se ha podido integrar para avanzar como colectividad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Para &eacute;l, la mayor dificultad era encontrar un medio para comunicar e integrar las diversas visiones del mundo que reflejan los fragmentos de nuestra identidad. Sosten&iacute;a que era fundamental encontrar la manera de construir otra cosa, un nuevo lenguaje que hiciera posible “una interpretaci&oacute;n com&uacute;n de la palabra ‘com&uacute;n&rsquo;” (p. 89) para conformar una nueva identidad, que nos fuera &uacute;til y compartida por todos nosotros. Una catarsis colectiva. La incapacidad para construir esa “otra cosa” ha llevado hasta ahora a que los procesos de negociaci&oacute;n de paz se ocupen casi exclusivamente de aspectos de procedimiento, y equivocadamente hemos concebido la paz como “el resultado de los que se sientan a la mesa... [y] terminamos en una cosa en la que el 98% de la gente termina viviendo bajo unas reglas que define el 2% de la gente” (p. 92-93).</p>     <p align="justify">Una consecuencia de este modelo de negociaci&oacute;n es que nunca se ha llegado a un consenso pol&iacute;tico y social en torno de la posici&oacute;n del gobierno en las mesas de negociaci&oacute;n. Por el contrario, el gobierno ha forzado avances en la negociaci&oacute;n minando todo apoyo pol&iacute;tico y social a la negociaci&oacute;n, debilit&aacute;ndola, marginando a la sociedad civil y abriendo espacios para que algunas minor&iacute;as o individuos se apropien de su vocer&iacute;a y se llamen a s&iacute; mismos ‘sociedad civil&rsquo;.</p>     <p align="justify">Bejarano pensaba que las concesiones de la zona de distensi&oacute;n y los intercambios humanitarios fueron capitalizadas por el sector militarista de la guerrilla en desmedro del sector pol&iacute;tico y le recortaron las posibilidades de intervenir con m&aacute;s peso en las negociaciones, lo que se habr&iacute;a logrado por ejemplo con estrategias m&aacute;s l&uacute;cidas y medidas audaces que obligaran a ambos sectores a discutir en p&uacute;blico su visi&oacute;n del Estado y la sociedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pensaba que, en medio de la confusi&oacute;n, quienes aplicaban la l&oacute;gica de que todo actor violento es un actor pol&iacute;tico y pretend&iacute;an que los paramilitares hicieran parte de la mesa de negociaciones dejaban abierta la puerta para que se colara el mensaje de que la violencia paramilitar en defensa del Estado era negociable a cambio de una contraprestaci&oacute;n. La violencia no se puede negociar. Se negocian los fines y las razones pol&iacute;ticas que llevan a emplear la violencia contra el Estado. Si los paramilitares son una estrategia militar para defender el Estado, son parte del tema de la negociaci&oacute;n entre el gobierno y la guerrilla –que en su momento debe resolver el gobierno, como sucedi&oacute; en Centroam&eacute;rica– pero no son parte de la mesa de negociaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">A esta confusi&oacute;n se suman los esfuerzos para promover una paz ‘negativa&rsquo; –es decir, una cultura de la paz– mediante valores como la tolerancia y la comprensi&oacute;n, que haga innecesaria la guerra y restaure el clima propio de una sociedad pac&iacute;fica, de una sociedad que no tiene conflictos de fondo.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n sosten&iacute;a que treinta, cuarenta o m&aacute;s a&ntilde;os de conflicto armado en Colombia no s&oacute;lo hab&iacute;an generado diferencias –como sucede en los matrimonios que se resuelven tramitando sus querellas o, en &uacute;ltimas, con el divorcio– sino tambi&eacute;n y principalmente ‘diferendos&rsquo;, y en este caso los problemas que se deben negociar son de convicciones, creencias y visiones del mundo, y no se pueden resolver ‘usando el m&eacute;todo del regateo o de qui&eacute;n se queda con qu&eacute;&rsquo;.</p>     <p align="justify">Para resolver los diferendos es necesario abrir oportunidades y crear instrumentos que permitan clarificar y satisfacer demandas sociales de cambio relevantes en el presente, que sirvan como punto de referencia para la valoraci&oacute;n colectiva de los avances que se vayan logrando en las negociaciones, a medida que se van concretando las reformas acordadas.</p>     <p align="justify">Esa era la ‘paz positiva&rsquo; que defend&iacute;a Bejarano, en cuya b&uacute;squeda las negociaciones deben servir para transformar los valores, visiones y objetivos de cada una de las partes e integrarlos en una visi&oacute;n com&uacute;n nueva, como resultado de “entender cosas, de modificar criterios, de encontrar que hab&iacute;a caminos parecidos a lo que se quer&iacute;a sin poner sobre la mesa objetivos m&aacute;ximos” (pp. 103 y 104).</p>     <p align="justify">&iquest;En el escenario de la tragedia colombiana se cuenta con las condiciones para renovar nuestra percepci&oacute;n del conflicto interno? &iquest;Ha madurado el conflicto hasta un grado que nos permita descubrir las posibilidades de utilizar creativamente la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada sin renunciar a la dignidad humana? &iquest;Hay un ambiente realmente favorable para reformas que satisfagan las demandas sociales de cambio? &iquest;Cobrar&iacute;an vigor con la inercia de un proceso de paz exitoso?</p>     <p align="justify">En su respuesta a estas preguntas –con las que lo asediaban en los cocteles y en las aulas–, Bejarano usaba como punto de referencia la situaci&oacute;n de El Salvador en 1990, cuando se dio culminaci&oacute;n a las negociaciones de paz en 6 meses. En ese momento coincidieron varias condiciones:</p>     <p align="justify">1. Se percib&iacute;a que el proceso estaba maduro porque se conoc&iacute;an las demandas sociales de cambio que se absolver&iacute;an con la negociaci&oacute;n, es decir, el tel&oacute;n de fondo para negociar estaba en su sitio.</p>     <p align="justify">2. La opini&oacute;n p&uacute;blica era favorable al avance de los cambios en el curso del proceso de paz, es decir, exist&iacute;a la convicci&oacute;n compartida de que la paz era una oportunidad para cambiar las cosas.</p>     <p align="justify">3. Se contaba con una mesa de negociaciones que hab&iacute;a demostrado capacidad para tramitar los cambios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">4. La &uacute;ltima condici&oacute;n, muy importante, que en Colombia hoy est&aacute; sujeta a los resultados de las pr&oacute;ximas elecciones presidenciales: el presidente ten&iacute;a capacidad para <i>dirigir la orquesta</i> y lograr el consenso necesario para concretar las demandas sociales de cambio en el marco del proceso de paz.</p>     <p align="justify">Bejarano nos dej&oacute; antes de que la promesa de negociaci&oacute;n que llev&oacute; a Pastrana a la presidencia desembocara en el fracaso. Pero su visi&oacute;n del conflicto colombiano a&uacute;n puede abrir una <i>ventana de oportunidades</i>, as&iacute; como el hilo de Ariadna ayud&oacute; a Teseo a salir del laberinto. Con ayuda de sus orientaciones y siguiendo la cadena de pasos y condiciones que extrajo de la experiencia para alcanzar una negociaci&oacute;n exitosa, podremos explorar y recorrer el camino que nos conduce a enfrentar al Minotauro, el temor que los colombianos sentimos ante nosotros mismos. Frente a frente, ante el tel&oacute;n de fondo que teji&oacute; Bejarano y que nos puede servir de espejo, podremos emprender las acciones necesarias para construir la identidad colombiana, restaurar el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza y dar a nuestro propio minotauro el lugar que se merece, el de un mito fundador.</p>     <p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"> <a href="#nast">*</a><a name="ast"></a> Versi&oacute;n revisada del documento preparado para el Coloquio sobre visiones del conflicto colombiano, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, 26 de julio de 2001.</p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Ver su p&aacute;gina web <a href="http://www.rand.org" target="_blank">www.rand.org</a></p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Si Colombia opta por seguir el modelo de asistencia militar de Estados Unidos a El Salvador, habr&aacute; que presupuestar un programa para al menos 5 a&ntilde;os, con un gasto 30% mayor al ejecutado en 2000, que seg&uacute;n el Ministerio de Defensa fue del orden de US$2.500 millones. Suponiendo un crecimiento promedio moderado de la econom&iacute;a colombiana del 3% anual durante ese per&iacute;odo, en los pr&oacute;ximos 5 a&ntilde;os el gobierno tendr&iacute;a que presupuestar un gasto militar del orden de US$17.500 millones.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Ver <a href="http://www.worldbank.org">www.worldbank.org</a>.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Esta secci&oacute;n se basa en la conferencia que el profesor Jes&uacute;s Antonio Bejarano dict&oacute; el 16 de julio de 1999 –dos meses antes de su asesinato– a los estudiantes de la Especializaci&oacute;n en Gobierno, Gerencia y Asuntos P&uacute;blicos, y en Pol&iacute;tica y Asuntos Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. La trascripci&oacute;n fue publicada en Bejarano (2000, 63-104).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Estos son entre otros los ‘n&uacute;cleos&rsquo; a los que se refer&iacute;a Bejarano cuando dec&iacute;a: “estoy hablando… de llegar a encontrar los n&uacute;cleos a trav&eacute;s de los cuales, bien que mal, sintamos que la vida pol&iacute;tica, la estructura institucional del pa&iacute;s nos es &uacute;til, y es para lo que nosotros damos. La sensaci&oacute;n que uno tiene es que lo que hay no es para lo que nosotros tributamos, &iquest;no es cierto?” (p. 90).</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Bagley, B. <i>Drug trafficking, political violence and</i> <i>U.S.</i> <i>policy in</i> <i>Colombia</i> <i>in the 1990s</i>, 2001, 5 de enero.</p>     <p align="justify">2. Ballard, E. “Sense of the tragic”, <i>Dictionary of the history of ideas</i>, vol. IV, Nueva York, Charles Scribner&rsquo;s Sons Publishers, 1973, pp. 411-417.</p>     <p align="justify">3. Bejarano, J. “Perspectivas del proceso de paz en Colombia”, <i>Revista del Instituto de Estudios por la Democracia, la Paz y la Convivencia en Colombia</i>, <i>Depaz</i> 1, Bogot&aacute;, 2000, pp. 63 -104.</p>     <p align="justify">4. Collier, P. <i>Doing well out of war</i>, World Bank, Policy Research Working Papers, 1999, abril.</p>     <p align="justify">5. Collier, P. <i>Economic consequences of civil conflict and policy implications</i>, World Bank, Policy Research Working Papers, 2000.</p>     <p align="justify">6. Collier, P. y Hoeffler, A. <i>Greed and grievance in civil war</i>, World Bank, Policy Research Working Papers, 2001.</p>     <p align="justify">7. Kissinger, H. “Plan Colombia: &iquest;una salida del caos?”, <i>Does America need a foreign policy?</i>, de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en Simon &amp; Schuster y reproducido con permiso del editor y del autor por <i>El Espectador</i>, secci&oacute;n internacional, 2001,  junio 10.</p>     <p align="justify">8. Rabasa, A. y Chalk P. <i>Colombian labyrinth.</i> <i>The synergy of drugs and insurgency and its implications for regional stability</i>, Santa M&oacute;nica, Rand Corporation, Project Air Force, 2001. </p>     <p align="justify">9. Richani, N. <i>The political economies of the war systems in Lebanon and Colombia</i>, The George Washington University Political Science Department, 2001.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">10. Wiesner E. <i>La efectividad de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en Colombia. Un an&aacute;lisis neoinstitucional</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo–DNP, 1997.</p> </font>      ]]></body>
</article>
