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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>EL JUEGO DE LOS DINOSAURIOS</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>THE DINOSAURS&rsquo; GAME</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>La hora de los dinosaurios. Conflicto y depredaci&oacute;n en Colombia</i>     <br>de Boris Salazar y Mar&iacute;a del Pilar Castillo, Bogot&aacute;, CIDSE-CEREC, 2001, 182 p&aacute;ginas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar</i>*</p>     <p align="justify"> * Director del Observatorio del Manejo del Conflicto, Facultad de Econom&iacute;a, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, <a href="mailto:obsconflicto@uexternado.edu.co">obsconflicto@uexternado.edu.co</a>. Fecha de recepci&oacute;n: 16 de septiembre de 2002; fecha de aceptaci&oacute;n: 27 de septiembre de 2002. </p> <hr>     <blockquote>    <p align="right">    <br>se requiere por tanto un nuevo cuadro de preguntas, o como sugiere Galtung, <i>el cambio de una orientaci&oacute;n interdisciplinaria a una interproblem&aacute;tica</i> que remita no tanto a respuestas que se puedan producir, seg&uacute;n distintas disciplinas, a las variadas manifestaciones de violencia, sino que articule las variables que expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente est&aacute;n presentes en la formaci&oacute;n de la paz, y que pudieran ser el puente <i>entre la pl&eacute;tora de investigaciones sobre la violencia y el campo bald&iacute;o de las investigaciones para la paz</i> (1995, 10).         <br>     Jes&uacute;s Antonio Bejarano</p> </blockquote>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>PRESENTACI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">En la historia natural del planeta, pocas formas de vida han sido tan exitosas como los dinosaurios. Antes de extinguirse hace 65 millones de a&ntilde;os, los dinosaurios dominaron la vida de la Tierra durante cerca de 180 millones de a&ntilde;os. El t&iacute;tulo, <i>La hora de los dinosaurios</i>,  recuerda con sarcasmo la ir&oacute;nica comparaci&oacute;n del presidente C&eacute;sar Gaviria&shy; entre la guerrilla colombiana y esa especie extinta: fuera de tiempo e infecunda. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, las organizaciones armadas ilegales no s&oacute;lo proliferan sino que definen las elecciones a los altos cargos del Estado e inciden en la agenda de los gobiernos. Y la historia parece repetirse aqu&iacute; en orden inverso, despu&eacute;s de la comedia sigue la tragedia.</p>     <p align="justify">Este gran error de apreciaci&oacute;n hist&oacute;rica de un dirigente pol&iacute;tico en la cumbre del poder revela la precaria comprensi&oacute;n que tenemos los colombianos del mayor de nuestros males, y da la raz&oacute;n a Jes&uacute;s Antonio Bejarano cuando insist&iacute;a en la imperiosa necesidad de investigar para hacer la paz. <i>La hora de los dinosaurios</i> es un serio esfuerzo en esa direcci&oacute;n, cuyos aportes no han sido plenamente valorados.</p>     <p align="justify">Sus autores plantean varias preguntas pertinentes para entender el conflicto armado y delimitar un mapa conceptual para las investigaciones que buscan romper el c&iacute;rculo explosivo. En un pa&iacute;s donde no han prosperado los intentos de implantar la hegemon&iacute;a del Estado ni las dictaduras benignas –donde “en lugar de un dictador m&iacute;tico, tenemos un coronel derrotado en veinte guerras esperando con dignidad una pensi&oacute;n”– &iquest;habr&aacute;, entre los tipos de orden y de arreglos institucionales existentes, alguno que sirva como punto de partida para construir un Estado leg&iacute;timo? &iquest;Se encontrar&aacute; el embri&oacute;n de esa nueva configuraci&oacute;n pol&iacute;tica en el aprendizaje y la adaptaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as depredadoras que, por cuenta de organizaciones armadas de distinta &iacute;ndole –no s&oacute;lo la guerrilla insurgente– y saqueadores de cuello blanco, han sostenido por m&aacute;s de dos decenios la expansi&oacute;n e intensificaci&oacute;n continuas del conflicto violento en Colombia? &iquest;O se encontrar&aacute; en la intrincada red de intercambios urdida por la poblaci&oacute;n que no enfrenta con violencia a las organizaciones armadas, y a pesar del incierto e inestable orden autoritario que esas organizaciones le imponen con sus estrategias de depredaci&oacute;n, sigue empe&ntilde;ada en sobrevivir y mejorar su econom&iacute;a?</p>     <p align="justify">Salazar y Castillo ofrecen respuestas tentativas apoyadas en conceptos tomados de la econom&iacute;a evolutiva “que hace &eacute;nfasis en los procesos de adaptaci&oacute;n de gente com&uacute;n que interact&uacute;a a trav&eacute;s de instituciones espec&iacute;ficas”<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Mientras que otros analistas centran su atenci&oacute;n en la falta de instituciones de regulaci&oacute;n y de justicia “cl&aacute;sicas” o propias del liberalismo, ellos no se interesan en explorar lo que no existe ni en calcular las p&eacute;rdidas derivadas de no estar en una situaci&oacute;n ideal. Se ocupan en cambio de analizar el surgimiento espont&aacute;neo de relaciones de intercambio en el incierto contexto del conflicto colombiano, cuya soluci&oacute;n parece ser remota. En los intercambios moldeados por estas dos condiciones extremas –incertidumbre y soluciones remotas– existe un alto contenido heur&iacute;stico y de informaci&oacute;n que les imprime una robustez excepcional. La apuesta inicial de los investigadores es que estos intercambios –en los que la poblaci&oacute;n paga con dinero, tiempo y a veces aun con la vida, para saber qu&eacute; hacer y aprender reglas de decisi&oacute;n que incrementen sus posibilidades de supervivencia y de mejoramiento econ&oacute;mico– pueden generar instituciones, normas, acuerdos y contratos duraderos, viables y &uacute;tiles para regular y ordenar nuestra sociedad, azotada por un conflicto violento y prolongado.</p>     <p align="justify"> <b>UNA PROVOCACI&Oacute;N PARA EL BUEN LECTOR</b></p>     <p align="justify">El lector que hojee el libro de Salazar y Castillo encontrar&aacute; una multiplicidad de lecturas posibles. Aparte de un n&uacute;cleo cautivador de hip&oacute;tesis que proponen explicar la din&aacute;mica general del conflicto colombiano a partir del an&aacute;lisis de la l&oacute;gica interactiva de los actores involucrados, el libro tambi&eacute;n permite una lectura metodol&oacute;gica y t&eacute;cnica de la modelaci&oacute;n de conflictos violentos y de la acci&oacute;n colectiva mediante juegos evolutivos y adaptativos con aprendizaje. Tambi&eacute;n presenta una visi&oacute;n cr&iacute;tica de la historia social y pol&iacute;tica de la segunda mitad del siglo XX, y numerosos y perspicaces comentarios sobre algunos acontecimientos.</p>     <p align="justify">Quiz&aacute;s la riqueza tem&aacute;tica, anal&iacute;tica y metodol&oacute;gica del texto, as&iacute; como su presentaci&oacute;n en cap&iacute;tulos que a veces dan la sensaci&oacute;n de ser ensayos independientes, sean atributos que no facilitan la s&iacute;ntesis de las ideas centrales en una primera lectura. Puede ser este uno de los motivos para que el libro no haya atra&iacute;do la atenci&oacute;n del p&uacute;blico no especializado y que sus valiosos aportes a&uacute;n no enriquezcan e informen las discusiones p&uacute;blicas.</p>     <p align="justify">Por eso a la luz de uno de los muchos aportes sugerentes del libro, puede ser interesante discutir aqu&iacute; la decisi&oacute;n expl&iacute;cita de la administraci&oacute;n Uribe de enfrentar el desaf&iacute;o insurgente con el escalamiento militar, luego del fracaso de los di&aacute;logos directos entre el ex presidente Pastrana y las FARC.</p>     <p align="justify">&iquest;Esa decisi&oacute;n se funda en una adecuada comprensi&oacute;n de la naturaleza del conflicto? Es &uacute;til transcribir una cita que Salazar y Castillo quiz&aacute;s no exploran con suficiente detalle. Una reflexi&oacute;n de Max G. Manwaring, profesor de estrategia militar del U. S. Army War College, a prop&oacute;sito del manejo del conflicto peruano en 1995:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">Al mismo tiempo, parece que los poderes en el Per&uacute; no entienden que una vez una organizaci&oacute;n como Sendero Luminoso est&aacute; bien establecida, no ser&aacute; derrotada del todo mediante las reformas dise&ntilde;adas para eliminar las causas de la insurgencia. La organizaci&oacute;n s&oacute;lo ser&aacute; derrotada por una organizaci&oacute;n superior y una estructura pol&iacute;tica y moral dise&ntilde;ada para neutralizarla o eliminarla<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Pensar que en el caso colombiano la soluci&oacute;n consiste en diezmar la capacidad militar de las organizaciones armadas ilegales es ignorar que el fondo de la disputa violenta es la legitimidad –pol&iacute;tica y moral– de la actual distribuci&oacute;n del poder del Estado. Si hemos entendido bien a Malcom Deas, la importancia hist&oacute;rica de la violencia pol&iacute;tica en Colombia radica en su utilizaci&oacute;n simb&oacute;lica por sectores que se consideran marginados –social o territorialmente– por la distribuci&oacute;n y el ejercicio del poder pol&iacute;tico del Estado (Deas, 1994, 3-86).</p>     <p align="justify">Para precisar esta interpretaci&oacute;n puede ser conveniente valernos de la reflexi&oacute;n de Alfred Hirschman sobre los efectos integradores o disipativos de los distintos tipos de conflicto, recogida por Freddy Cante en forma sint&eacute;tica y pertinente para el caso colombiano<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Hirschman propone clasificar los conflictos en <i>divisibles</i> e <i>indivisibles</i>. Los conflictos divisibles son <i>integradores</i> por cuanto admiten la aceptaci&oacute;n o el rechazo parcial de demandas sociales de acciones correctivas que incluyan y den participaci&oacute;n a quienes est&aacute;n excluidos, en aras de la convivencia, por ejemplo situaciones de inequidad y crisis, asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n o demanda de derechos individuales. Los conflictos indivisibles tienen efectos <i>disipativos</i> sobre la sociedad por cuanto excluyen a quienes no comparten ciertas caracter&iacute;sticas o valores a los que no est&aacute;n dispuestos a renunciar las sociedades, colectividades o los individuos, por ejemplo atributos de car&aacute;cter social, &eacute;tnico, ling&uuml;&iacute;stico o religioso.</p>     <p align="justify">Los conflictos divisibles son pilares de la democracia moderna, por cuanto se negocian pol&iacute;ticamente. Se basan en rivalidades “dependientes”. Es decir, se resuelven con el intercambio y el regateo: los individuos ofrecen lo que saben y poseen a cambio de lo que ignoran y carecen, y en el juego del intercambio terminan convirtiendo en amigos a los enemigos. En palabras de Rodrigo Uprimny (2001, 45):</p>     <blockquote>    <p align="justify">La pol&iacute;tica democr&aacute;tica no s&oacute;lo acepta sino que considera imprescindible convivir con el conflicto, pues en sociedades complejas, llenas de incertidumbre, las disputas son inevitables. Pero para que el conflicto tenga efectos &uacute;tiles y justos debe, en cierta medida, ser domesticado por las instituciones y por las din&aacute;micas sociales y culturales ya que, como lo dice sugestivamente Johan Galtung, la violencia es un s&iacute;ntoma de nuestra incapacidad para transformar creativamente un conflicto.</p> </blockquote>     <p align="justify">En cambio, los conflictos indivisibles s&oacute;lo se pueden manejar encontrando alternativas para que los rivales renuncien a lo que en principio no estaban dispuestos a renunciar. Es decir, no basta negociar la redistribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico, sino que la sociedad eventualmente tendr&aacute; que encontrar la manera de reconocer y aceptar reglas que le permitan convivir con un n&uacute;cleo de atributos y valores sociales que hasta entonces –tanto en principio como en la pr&aacute;ctica– hab&iacute;an sido ignorados por la estructura y distribuci&oacute;n de competencias del Estado. Es justamente por medio del logro de un consenso social “ampliado” y la definici&oacute;n de los medios para darle estabilidad como se puede ganar a la insurgencia la batalla de la legitimidad. Retomando las palabras de Manwaring, hay que construir una estructura de legitimidad pol&iacute;tica y moral superior, que haga posible el apoyo popular y el compromiso vinculante de toda la sociedad con la acci&oacute;n colectiva coherente. Es decir, una situaci&oacute;n en la que la acci&oacute;n colectiva est&eacute; gobernada por valores y normas cuya validez y legitimidad sean n&iacute;tidos a los ojos de los individuos de la sociedad, sobre la base del reconocimiento expl&iacute;cito de que las reglas inestables o autocontradictorias –siempre propensas a la influencia discrecional de grupos de presi&oacute;n minoritarios– disipan el orden social, restan coherencia a la acci&oacute;n colectiva y conducen a su inoperancia (Cante 2001, 69-71).</p>     <p align="justify">Como se&ntilde;ala F&eacute;lix Ovejero, los ciudadanos reconocen la legitimidad de su Estado cuando perciben que la gesti&oacute;n p&uacute;blica se funda en razones –o emociones– de justicia con las que se pueden identificar. De ser as&iacute;, las investigaciones para la paz que reclamaba Bejarano quiz&aacute;s se deber&iacute;an centrar en la b&uacute;squeda de maneras de involucrar a la poblaci&oacute;n –sobre todo a aquella que a&uacute;n no est&aacute; sometida directamente a la violencia modulada de la coacci&oacute;n armada– en procesos participativos que corrijan los sesgos de informaci&oacute;n que afectan las decisiones de pol&iacute;tica p&uacute;blica, cuando se ignoran las experiencias a las que est&aacute;n sometidos los sectores que se consideran marginados social y territorialmente<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">La legitimidad de un orden social y pol&iacute;tico se construye sobre bases estables cuando los ciudadanos son plenamente conscientes de su &ograve;espaldo y compromiso con la gesti&oacute;n p&uacute;blica y participan directamente en las decisiones p&uacute;blicas, y no cuando act&uacute;an por temor y sin ponderar las consecuencias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <b>LAS PREMISAS DE UNA DE TANTAS LECTURAS POSIBLES</b></p>     <p align="justify">Reflexiones como la anterior abundan a lo largo del libro. Como se se&ntilde;al&oacute; en un principio, &eacute;ste ofrece muchas lecturas posibles. Para incitar al buen lector a que haga la suya y la contraste con la presente, a continuaci&oacute;n se presenta una s&iacute;ntesis que sistematiza y hace expl&iacute;citas las hip&oacute;tesis de los autores acerca de la din&aacute;mica del conflicto.</p>     <p align="justify">Partamos de aceptar que hoy las guerras convencionales entre Estados nacionales y ej&eacute;rcitos regulares son la excepci&oacute;n. En el mundo, los conflictos armados irregulares se han incrementado en n&uacute;mero e intensidad, en respuesta a los incentivos que brinda la globalizaci&oacute;n a la privatizaci&oacute;n general: las organizaciones armadas irregulares tienen oportunidades sostenidas para captar flujos econ&oacute;micos de gran escala a trav&eacute;s de intercambios legales e ilegales en los mercados internacionales. El conflicto colombiano exhibe peculiaridades que se manifiestan en coaliciones entre diversos grupos, en las que predominan lealtades exiguas y cambiantes que se alternan continuamente en breve y an&aacute;rquica sucesi&oacute;n. En el pa&iacute;s, el control de la poblaci&oacute;n y del territorio pasa de manos de un grupo armado a otro con pasmosa fluidez.</p>     <p align="justify">Ante estas caracter&iacute;sticas del objeto de estudio, los autores cuestionan el valor de la l&oacute;gica funcional de <i>causa y efecto</i> para ponderar el peso espec&iacute;fico de los factores que se podr&iacute;an establecer como “causas” del conflicto. No tiene sentido seguir buscando sus fuentes en alg&uacute;n rasgo de irracionalidad o preferencia cong&eacute;nita de los colombianos por la violencia. Juzgan m&aacute;s apropiado un enfoque estrat&eacute;gico que explore las l&oacute;gicas de acci&oacute;n de los protagonistas, no solamente a partir de las motivaciones iniciales de los participantes sino tambi&eacute;n en el transcurso de sus interacciones.</p>     <p align="justify">Siguiendo este enfoque estrat&eacute;gico, el an&aacute;lisis se centra en la explicaci&oacute;n de las expectativas y las formas de razonar y decidir de los diversos actores, considerando el conocimiento acumulado por la experiencia de cada cual en el curso del enfrentamiento. Para ello, los autores recurren a un variado arsenal de t&eacute;cnicas de teor&iacute;a de juegos.</p>     <p align="justify">En general se apartan de los agentes racionales –propios del marco tradicional de la teor&iacute;a de juegos– que juegan simult&aacute;neamente y alcanzan un equilibrio de Nash aplicando coherentemente algoritmos de optimizaci&oacute;n<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Y emplean modelos de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica en los cuales los agentes tienen informaci&oacute;n imperfecta y aspiraciones que ajustan continuamente de acuerdo con la evoluci&oacute;n de sus apreciaciones acerca de la viabilidad de su cumplimiento. Los agentes poseen adem&aacute;s memorias de diverso alcance, y como resultado de su historia anterior hacen conjeturas acerca de los resultados de sus acciones y de las de los agentes con los que interact&uacute;an. A partir de sus conjeturas deciden c&oacute;mo continuar su interacci&oacute;n: si no hay incentivos para moverse del estado en que se encuentran, &eacute;ste se mantendr&aacute;, estableciendo as&iacute; un statu quo, cuya inercia proviene de la historia anterior. En suma, en estos modelos los agentes “tratan consciente pero quiz&aacute;s imperfectamente de lograr un buen pago”<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Con base en estos modelos de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica, en los que la historia ayuda a explicar el comportamiento posterior de los agentes, los autores proponen modelar y discernir las diversas alternativas de cursos posibles de acci&oacute;n –secuencias de jugadas y respuestas– que pueden seguir los agentes para encontrar resultados estables<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>LOS CURSOS POSIBLES DEL CONFLICTO</b></p>     <p align="justify">&iquest;Podr&aacute;n las organizaciones armadas conducir a nuestra sociedad a un estado de acci&oacute;n colectiva coherente, distinto del actual estado de anarqu&iacute;a y de las relaciones contractuales basadas en la coacci&oacute;n armada? &iquest;Pueden las organizaciones que surgen como respuesta al aprendizaje de la poblaci&oacute;n para sobrevivir en el juego de “amenaza y protecci&oacute;n” sobre la cual opera la estrategia depredadora de las organizaciones armadas, contribuir de alguna manera al cambio? Las respuestas que sugieren los modelos discutidos en <i>La hora de los dinosaurios</i> coinciden en se&ntilde;alar que el aprendizaje adquirido en el enfrentamiento –el de las organizaciones armadas y el de las organizaciones espont&aacute;neas que han surgido en la poblaci&oacute;n expuesta a la violencia modulada de la coacci&oacute;n armada– conduce inevitablemente al escalamiento militar.</p>     <p align="justify">La din&aacute;mica de escalamiento que describen y explican un su conjunto los modelos expuestos por Salazar y Castillo sigue en general la siguiente evoluci&oacute;n: en los conflictos que involucran fuerzas insurgentes que desaf&iacute;an al Estado, los primeros momentos del conflicto deben favorecer al ej&eacute;rcito regular por el tama&ntilde;o de su pie de fuerza y experiencia en el combate<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. Sin embargo, si con una estrategia de corta duraci&oacute;n y alta intensidad el ej&eacute;rcito regular no logra exterminar el n&uacute;cleo insurgente, el horizonte temporal modifica en forma radical el panorama y la perspectiva del enfrentamiento. Con la prolongaci&oacute;n indefinida de &eacute;ste, los recursos econ&oacute;micos que la insurgencia obtiene de la econom&iacute;a civil mediante la estrategia de “amenaza y protecci&oacute;n” –seguridad a cambio de apoyo y tributaci&oacute;n– le permiten obtener mayores recursos para escalar su acci&oacute;n militar y continuar su expansi&oacute;n econ&oacute;mica y territorial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ante el fracaso de la estrategia inicial de aniquilaci&oacute;n, el ej&eacute;rcito pierde la iniciativa t&aacute;ctica y operativa. Pronto se ve atrapado en la din&aacute;mica de escalamiento gradual, que representa una ventaja estrat&eacute;gica para la insurgencia, en tanto le permite continuar su aprendizaje t&aacute;ctico y fortalecer su poder de fuego y control territorial.</p>     <p align="justify">A medida que crece el control territorial de la insurgencia, &eacute;sta aprende a debilitar al Estado penetrando las administraciones de las entidades territoriales en el &aacute;mbito local. Aqu&iacute;, la insurgencia interviene en un ambiente general de impunidad, producto de una historia de fracasos reiterados en la vigilancia y supervisi&oacute;n de lo p&uacute;blico mediante procesos democr&aacute;ticos y legales. De esta circunstancia, y de los relatos sobre sus or&iacute;genes –en el caso particular de las FARC, un grupo de finqueros medianos con s&oacute;lida experiencia guerrillera, que fue expulsado a sangre y fuego por un ej&eacute;rcito que segu&iacute;a la doctrina del <i>enemigo interno</i>–, la insurgencia deriva la “superioridad pol&iacute;tica y moral” que le permite justificar su accionar y permanencia por v&iacute;a de la coacci&oacute;n armada.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la fragilidad de las ganancias territoriales de la insurgencia obtenidas por la v&iacute;a de las armas la obliga a emprender la construcci&oacute;n de “Estados embrionarios”. Ello implica la creaci&oacute;n y sostenimiento de fronteras territoriales de hecho, la capacidad para ejercer el monopolio de la violencia dentro de esos l&iacute;mites, as&iacute; como un nivel razonable de organizaci&oacute;n y capacidad comprobada para controlar las tendencias centr&iacute;fugas que se presentan en toda organizaci&oacute;n armada ilegal<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">Pero de otra parte, la misma eficiencia del modelo de “amenaza y protecci&oacute;n” utilizado por la insurgencia lleva al surgimiento de los paramilitares. En un inicio –como respuesta de terratenientes y narcotraficantes para resistir activamente a la guerrilla– son aliados naturales del ej&eacute;rcito regular en la lucha contra la insurgencia. La estrategia paramilitar busca controlar la expansi&oacute;n insurgente con el uso modulado de la violencia y el terror para disputarle sus fuentes de apoyo y crecimiento: la poblaci&oacute;n civil y los recursos econ&oacute;micos. Adem&aacute;s, en una confrontaci&oacute;n violenta de esta naturaleza –en la que no existe dimensi&oacute;n ideol&oacute;gica de importancia alguna–, el &eacute;xito de los paramilitares reside en la ventaja estrat&eacute;gica del m&aacute;s r&aacute;pido y liviano en sus desplazamientos frente a la guerrilla m&aacute;s atada al territorio, y por tanto m&aacute;s vulnerable militarmente. Al convertirse en el agente m&aacute;s efectivo para desarrollar la estrategia de “amenaza y protecci&oacute;n”, los paramilitares elevan su capacidad de supervivencia y expansi&oacute;n, hasta el punto de actuar en forma aut&oacute;noma, por fuera de su alianza natural con el ej&eacute;rcito, y de convertirse en el principal obst&aacute;culo militar y estrat&eacute;gico efectivo que encuentra la insurgencia.</p>     <p align="justify">La din&aacute;mica propia de estas interacciones entre organizaciones armadas ilegales rivales convierte el desaf&iacute;o de la estabilidad de los arreglos institucionales que se hallan bajo control del enemigo, en la raz&oacute;n esencial de la supervivencia de cada contendiente. Puesto que el mejoramiento de la posici&oacute;n propia con respecto a la del adversario radica en ampliar el conjunto de informaci&oacute;n e incrementar los recursos econ&oacute;micos que se controlan, el escalamiento gradual se convierte en el curso de acci&oacute;n natural para ampliar el control del territorio y de la poblaci&oacute;n mediante la violencia selectiva y el terrorismo modulado.</p>     <p align="justify">A su vez, el escalamiento gradual transforma de manera decisiva los conjuntos de informaci&oacute;n que la poblaci&oacute;n civil requiere para sortear las demandas impuestas por la estrategia de “amenaza y protecci&oacute;n”, as&iacute; como las decisiones en relaci&oacute;n con el establecimiento de alianzas cambiantes, ora con un agente armado, ora con su enemigo. La ausencia de distinciones ideol&oacute;gicas marcadas que soporten lealtades para una u otra alianza contribuye a acentuar la asimetr&iacute;a informativa en la que debe actuar la poblaci&oacute;n civil, y la expone a cometer errores que pueden conducirla a la muerte o a la desaparici&oacute;n. Por cuenta de esta din&aacute;mica, la poblaci&oacute;n entra en el proceso de aprendizaje que soporta fen&oacute;menos de organizaci&oacute;n popular, entre ellos las organizaciones campesinas contra la erradicaci&oacute;n forzosa de cultivos il&iacute;citos, las comunidades de paz, las organizaciones de familiares de secuestrados, de desplazados, de oposici&oacute;n a la creaci&oacute;n de nuevas zonas de despeje, y otras m&aacute;s.</p>     <p align="justify">Pero si bien las organizaciones civiles representan estrategias que activan canales de comunicaci&oacute;n m&aacute;s sensibles y precisos para detectar el peligro, as&iacute; como establecer reglas de decisi&oacute;n relativamente exitosas para mantener o satisfacer las aspiraciones de supervivencia de la poblaci&oacute;n civil, su capacidad para modificar el curso del escalamiento militar est&aacute; severamente limitada por la naturaleza de sus interacciones con las organizaciones armadas. Las organizaciones civiles son objetivos primordiales de infiltraci&oacute;n para las organizaciones armadas a trav&eacute;s de la cooptaci&oacute;n de sus l&iacute;deres, bien sea para transmitir sus propuestas y ganar adeptos para su causa, o bien para infundir terror y lograr que la poblaci&oacute;n retire el apoyo al enemigo. A veces, los espacios de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y civil llegan a ser absolutamente controlados por las organizaciones armadas, hasta el punto de que la protesta social y ciudadana es monopolizada por estas &uacute;ltimas para sus propios fines.</p>     <p align="justify">Finalmente, el escalamiento militar se mantiene sin que las organizaciones armadas deban sufragar sus costos. El l&iacute;mite para la expansi&oacute;n y el escalamiento del conflicto se encuentra cuando la extracci&oacute;n que realicen las organizaciones armadas en su conjunto afecte la capacidad de la econom&iacute;a para generar excedentes. Dentro de este l&iacute;mite, la &uacute;nica elecci&oacute;n que enfrenta cada agente armado es la de mantener una posici&oacute;n econ&oacute;micamente ventajosa frente a sus contrincantes para asegurar su fortalecimiento militar. Perversamente, cuanto m&aacute;s eficientes sean las organizaciones armadas en la extracci&oacute;n de excedentes de la econom&iacute;a civil, mayor es el incentivo para continuar el conflicto militar. Y la irrupci&oacute;n de nuevos contendientes no s&oacute;lo lleva a incrementar los esfuerzos b&eacute;licos e intensificar las actividades de apropiaci&oacute;n de recursos econ&oacute;micos, sino a mayores ingresos controlados por las partes involucradas. De esta manera, el enfrentamiento armado lleva a un resultado estable que se puede denominar “equilibrio de escalamiento”.</p>     <p align="justify"><b>&iquest;EQUILIBRIO MIOPE O TRAMPA RACIONAL?</b></p>     <p align="justify">La cat&aacute;strofe colectiva a la que puede conducir el escalamiento militar indefinido obliga a explorar la naturaleza de la interacci&oacute;n que gu&iacute;a su din&aacute;mica. &iquest;Se trata de un equilibrio miope, resultado de agentes que por inercia se apegan a sus estrategias iniciales sin una adecuada comprensi&oacute;n de sus rivales, o sin tener en cuenta los cambios en las estrategias de estos en el desarrollo del conflicto? &iquest;O se trata de una situaci&oacute;n en la que los agentes son sensibles a los cambios de estrategia del rival y en consecuencia transforman sus estrategias, con lo que nos mantenemos en la inercia de un equilibrio de escalamiento?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Salazar y Castillo insin&uacute;an en diversas partes de su libro que ambas situaciones coexisten en el conflicto colombiano. En cuanto a las Fuerzas Armadas, cuestionan la validez de la imagen que el ej&eacute;rcito construy&oacute; de la guerrilla en el pasado –el escalamiento verbal de su desvalorizaci&oacute;n como bandoleros, cuadrillas, narcoguerrillas, puede reflejar un aut&eacute;ntico error de percepci&oacute;n del adversario&shy; que persiste hasta hoy– y su capacidad para crear los canales y el contexto adecuado para aprender de la experiencia y del conflicto. &iquest;Qu&eacute; papel jug&oacute; la “miop&iacute;a” de la Fuerzas Armadas en la transformaci&oacute;n del conflicto colombiano, que de una lucha social por la tierra se convirti&oacute; en un enfrentamiento con organizaciones armadas capaces de extraer tributos de la econom&iacute;a civil para sostener el escalamiento militar?</p>     <p align="justify">En la actualidad, las Fuerzas Armadas pretenden intensificar la escalada militar con base en la expectativa de que podr&aacute;n crear un desequilibrio decisivo utilizando su ventaja en poder de fuego como una “tecnolog&iacute;a con rendimientos crecientes”. &iquest;Es esta una apreciaci&oacute;n estrat&eacute;gica dentro de un conflicto que se desarrolla en un territorio que para efectos pr&aacute;cticos es ilimitado?<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> &iquest;O se trata de una estrategia inercial que se mantiene en forma miope y que adem&aacute;s da una ventaja estrat&eacute;gica a la insurgencia por cuanto el escalamiento gradual le permite mantener la iniciativa t&aacute;ctica y operacional?</p>     <p align="justify">Por su parte, la insurgencia –y en particular las FARC– en el pasado ha seguido de manera juiciosa una estrategia exitosa basada en la consolidaci&oacute;n de Estados embrionarios mediante la coacci&oacute;n armada y el intercambio de protecci&oacute;n por apoyo y tributaci&oacute;n. &iquest;Pero puede la insurgencia estar cayendo en la trampa cognitiva de las estrategias exitosas que se repiten de modo acumulativo en el tiempo, hasta llevar a que la organizaci&oacute;n se apegue a un curso de acci&oacute;n superior en el corto plazo, que en el largo plazo resulta inferior? &iquest;Es su estrategia el producto de una b&uacute;squeda sistem&aacute;tica de cursos de acci&oacute;n superiores a su alcance o el resultado del car&aacute;cter rutinario de los procesos de aprendizaje de su organizaci&oacute;n?</p>     <p align="justify">Es claro que el objetivo de la insurgencia de destruir y sustituir el r&eacute;gimen pol&iacute;tico actual es esencial para mantener su unidad y cohesi&oacute;n interna. El movimiento insurgente se ha construido sobre la confianza ciega en que ese ser&aacute; el resultado futuro de su acci&oacute;n presente. El objetivo de derrocar y sustituir el r&eacute;gimen es adem&aacute;s el n&uacute;cleo central de su car&aacute;cter y esencia estrat&eacute;gica como ej&eacute;rcito disciplinado, dispuesto al combate, que ha mostrado una coherencia pr&aacute;ctica en sus objetivos como ninguna otra organizaci&oacute;n puede hacerlo hoy en Colombia.</p>     <p align="justify">&iquest;Pero ante la renovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica del ej&eacute;rcito y la contraofensiva de los grupos paramilitares, estar&aacute; la insurgencia en capacidad de ampliar su control territorial con la velocidad requerida para consolidar un Estado embrionario antes de ser militarmente m&aacute;s vulnerable? &iquest;Y puede sostener esa expansi&oacute;n, crecimiento y consolidaci&oacute;n, sin lograr la legitimidad indispensable para formar alianzas duraderas con sectores de la poblaci&oacute;n civil basadas en una hegemon&iacute;a pol&iacute;tica y no armada? Por la err&oacute;nea confianza en que la debilidad del enemigo justifica su propia falta de legitimidad pol&iacute;tica, &iquest;estar&aacute; la insurgencia incurriendo en una sobrevaloraci&oacute;n miope de sus propias posibilidades?</p>     <p align="justify">El resultado de la interacci&oacute;n entre Estado, insurgencia y grupos paramilitares es que la poblaci&oacute;n y la econom&iacute;a civil se han convertido en objetivo militar central de un enfrentamiento cuyo curso se aparta cada vez m&aacute;s de las normas que regulan los conflictos convencionales. Estamos ante una situaci&oacute;n que permite a los grupos armados ilegales seguir –en funci&oacute;n de sus respectivos c&aacute;lculos militares– las conductas que produzcan o aseguren los mejores pagos o resultados, sin consideraci&oacute;n humanitaria alguna ni tampoco de los intereses sociales o econ&oacute;micos directamente afectados por sus decisiones.</p>     <p align="justify">El escalamiento indefinido del conflicto violento –una de cuyas consecuencias m&aacute;s inmediatas y catastr&oacute;ficas es el desplazamiento forzoso de la poblaci&oacute;n civil asentada en los territorios en disputa&shy;– est&aacute; modificando en forma r&aacute;pida y violenta la configuraci&oacute;n pol&iacute;tica, espacial y demogr&aacute;fica del pa&iacute;s. &iquest;Cu&aacute;l es la estabilidad de este “equilibrio de escalamiento”, cuya viabilidad depende de la extracci&oacute;n indefinida de excedentes de la econom&iacute;a? &iquest;Cu&aacute;l puede ser en el futuro el resultado estable para una sociedad que se est&aacute; formando en respuesta a un conflicto violento, irregular y prologado?</p>     <p align="justify">El flujo r&aacute;pido, violento y prolongado en que se desenvuelve el conflicto colombiano no es favorable para que la poblaci&oacute;n civil encuentre una salida a esta trampa del equilibrio de escalamiento. Ante la incertidumbre, las decisiones de vida o muerte y la velocidad con que cambia la configuraci&oacute;n de los eventos, los agentes tienden a adaptar sus previsiones y expectativas con m&aacute;s rapidez y usando memorias m&aacute;s cortas. Esta estrategia adaptativa tiende a introducir un elemento c&iacute;clico en la conducta de la poblaci&oacute;n, que la hace propensa a apoyar la discrecionalidad, propicia al oportunismo y abierta a los contratos y la reciprocidad asim&eacute;tricos. La prevalencia de este comportamiento dominado por consideraciones de corto plazo, que se expresa en organizaciones civiles predispuestas a contratos e intercambios regulados por la violencia modulada de la coacci&oacute;n armada, s&oacute;lo contribuye a reproducir de manera miope condiciones favorables para el orden de “equilibrio de escalamiento” en el que vivimos los colombianos.</p>     <p align="justify">Esta &uacute;ltima conclusi&oacute;n es el pago que al final obtienen Salazar y Castillo a su apuesta inicial de que tal vez en los intercambios espont&aacute;neos de la poblaci&oacute;n civil, forjados al fragor de la incertidumbre y de una soluci&oacute;n lejana, se podr&iacute;a hallar el embri&oacute;n de una configuraci&oacute;n pol&iacute;tica capaz de propiciar la acci&oacute;n colectiva coherente –es decir, capaz de garantizar la justicia social– en el contexto de la sociedad colombiana.</p>     <p align="justify"><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Ver Friedman (1999, 1) citado en Salazar y Castillo (2001, 31).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Ver Manwaring (1995, 166) citado por Salazar y Castillo (2001, 82).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Ver Hirschman (1995) citado por Cante (2001, 63-64).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Ver Ovejero (2001, 18-30). “La deliberaci&oacute;n para ser buena, requiere de todos los datos; y parte de esos datos son filtrados por sesgos cognitivos, derivados de experiencias vitales. La participaci&oacute;n corrige los <i>sesgos de informaci&oacute;n</i> en la medida en que ampl&iacute;a el inventario de respuestas a los problemas, entre otras razones porque otorga voz a quienes experimentan y acumulan buena parte del conocimiento que s&oacute;lo la pr&aacute;ctica proporciona” (p. 28).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Un ejemplo muy conocido de este tipo de modelos es el dilema del prisionero. Dos individuos presuntamente c&oacute;mplices en un delito son aprehendidos. Si ninguno delata al otro, no habr&aacute; c&oacute;mo iniciar un proceso en contra de ninguno y ambos quedar&aacute;n libres. Incomunicados e interrogados por separado, cada uno puede delatar a su c&oacute;mplice y recibir una pena favorable. De no hacerlo, se expone a ser delatado por su c&oacute;mplice, en cuyo caso la pena es severa. Ante el riesgo de delaci&oacute;n, la jugada que ofrecer&iacute;a el mejor pago a cualquiera de los dos presos ser&iacute;a la de delatar a su c&oacute;mplice para beneficiarse de la pena m&aacute;s leve. Pero si entre ambos existe una relaci&oacute;n que se puede extender a largo plazo, y en la que la misma situaci&oacute;n se repita con frecuencia, es probable que ambos tiendan a cooperar y se abstengan de delatarse. De no hacerlo, quedar&iacute;an expuestos a retaliaciones m&aacute;s costosas por cuenta de su c&oacute;mplice, convertido en rival, que podr&iacute;an superar los beneficios de no cooperar. Esta consideraci&oacute;n aconseja que ambos converjan en no delatarse. La expectativa de que la interacci&oacute;n contin&uacute;e en el largo plazo lleva a que la delaci&oacute;n no garantice la estabilidad para ninguno de los dos, mientras que la opci&oacute;n de no delatar produce un resultado estable para ambos.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Ver Fundenberg y Levine (1996, 3), Brams (1997, 103-129), Vega-Redondo AA.VV. (1998, 292-331), citados en Salazar y Castillo (2001, 132, 112, 150).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. El concepto de <i>resultados estables</i> tiene un valor particular en el &aacute;mbito de las teor&iacute;as de la acci&oacute;n colectiva. Representa un estado en el que hay convergencia o consenso social en torno a ciertas funciones de bienestar social, as&iacute; como sobre los medios para alcanzarlas. Como ya se menciona en el texto, la estabilidad de estos estados depende de la coherencia de la acci&oacute;n colectiva. Es decir, de la inexistencia de ciclos y zonas borrosas –situaciones en que valores y normas muy dis&iacute;miles hacen que su propia validez y legitimidad sean difusos a los ojos de los individuos de la sociedad. En este contexto, las reglas inestables o autocontradictorias son m&aacute;s propensas a la influencia discrecional de grupos de presi&oacute;n minoritarios, lo que afecta negativamente la acci&oacute;n colectiva haci&eacute;ndola incoherente e inoperante. Ver Cante (2001, 69-71).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Ver Mason y Fett (1996), citado en Salazar y Castillo (2001, 76).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Ver Skaperdas y Syropoulos (1995, 61-82), citado por Salazar y Castillo (2001, 42).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Ver Hirshleifer (1991, 130-134) citado en Salazar y Castillo (2001, 159).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Bejarano, J. <i>Una agenda para la paz.</i> <i>Aproximaciones desde la teor&iacute;a de la resoluci&oacute;n de conflictos</i>,  Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1995.</p>     <p align="justify">2. Brams, S. “The Rationality of Surprise: Unstable Nash Equilibria and The Theory of Moves”, Geva, N. y Mintz, A., editores, <i>Decision Making on War and Peace.</i><i>The Cognitive-Rational Debate</i>,  Londres, Lynne Rienner Publishers, 1997.</p>     <p align="justify">3. Cante, F. “Agencias de protecci&oacute;n privada y resoluci&oacute;n asim&eacute;trica del conflicto: &iquest;Institucionalizaci&oacute;n de preferencias masoquistas en Colombia?”, Mart&iacute;nez, A., editor, <i>Econom&iacute;a, conflicto y crimen</i>,  Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 2001, pp. 59 -75.</p>     <p align="justify">4. Deas, M. “Canjes violentos: Reflexiones sobre la violencia pol&iacute;tica en Colombia”. <i>Dos ensayos sobre la violencia en Colombia</i>,  Bogot&aacute;, Fonade- DNP, 1994.</p>     <p align="justify">5. Friedman, D. <i>Evolutionary Economics Goes Mainstream: A Review of the Theory of Learning in Games</i>,  mimeo, Universidad de California, Santa Cruz, Departamento de Econom&iacute;a, 1999.</p>     <p align="justify">6. Fundenberg, D. y Levine, D. K. <i>Learning and Evolution in Games</i>,  mimeo, Summer Meetings of the Econometric Society, 1996.</p>     <p align="justify">7. Hirshleifer, J. “The Technology of Conflict as an Economic Activity”, <i>American Economic Review Papers and Proceedings</i> 80, 1991, pp. 130-34.</p>     <p align="justify">8. Manwaring, M. G. “Peru’s Sendero Luminoso: The Shining Path Beckons”, <i>Annals of the AAPSS</i> 541, 1995, pp. 157-166.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">9. Mason, T. D. y Fett, P. J. “How Civil Wars End: A Rational Choice Approach”, <i>Journal of Conflict Resolution</i> 40, 1996, pp. 546-568.</p>     <p align="justify">10. Ovejero, F. “Democracia liberal y democracias republicanas”, <i>Claves de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica</i> 111, 2001, pp. 18 - 30.</p>     <p align="justify">11. Salazar, B. y Castillo, M. del P. <i>La hora de los dinosaurios. Conflicto y depredaci&oacute;n en Colombia</i>,  Bogot&aacute;, CIDSE-CEREC, 2001.</p>     <p align="justify">12. Skaperdas, S. y Syropoulos, C. “Gangs as Primitive States”, Fiorentini, G. y Peltzman, S., editores, <i>The Economics of Organized Crime</i>,  Cambridge, Reino Unido, Cambridge University Press, 1995, pp. 61-82.</p>     <p align="justify">13. Uprimmy, R. <i>Orden democr&aacute;tico y manejo de conflictos</i>,  Bogot&aacute;, Corporaci&oacute;n Viva la Ciudadan&iacute;a–Universidad Pedag&oacute;gica Nacional, 2001.</p>     <p align="justify">14. Vega-Redondo, F. AA.VV. “Evolving Aspirations and Cooperation”, <i>Journal of Economic Theory</i> 80, 1998, pp. 292-331.</p> </font>      ]]></body>
</article>
