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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EL MALESTAR EN LA GLOBALIZACI&Oacute;N</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>GLOBALIZATION AND ITS DISCONTENTS</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center">de Joseph Stiglitz, 2002, Taurus, Bogot&aacute;, 314 p&aacute;ginas.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Astrid Mart&iacute;nez</i>*</p>     <p align="justify"> * Profesora asociada de la Universidad Nacional de Colombia e investigadora del CIPE, Universidad Externado de Colombia, <a href="mailto:as_martinez@hotmail.com">as_martinez@hotmail.com</a>. Fecha de recepci&oacute;n: 24 de septiembre de 2002; fecha de aceptaci&oacute;n: 1 de octubre de 2002.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>En el verano de 1997, cuando el <i>baht</i> tailand&eacute;s perdi&oacute; s&uacute;bitamente un veinticinco por ciento de su valor, nadie anticip&oacute; que se trataba del comienzo de una crisis universal. En el siguiente semestre, la crisis financiera lleg&oacute; a Indonesia, Corea y Malasia. La ca&iacute;da del crecimiento en el sureste asi&aacute;tico redujo el crecimiento global y los precios de las materias primas. Las repercusiones llegaron a Rusia, &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina. La crisis financiera se extendi&oacute; a Brasil en 1998, a Argentina en 2001 y a Uruguay en 2002.</p>     <p align="justify">El descontento se expres&oacute; en las manifestaciones contra la globalizaci&oacute;n que comenzaron con ataques a los s&iacute;mbolos de la transnacionalizaci&oacute;n como McDonald&rsquo;s en Par&iacute;s y siguieron contra la reuni&oacute;n ministerial de la OMC en Seattle en diciembre de 1999 y contra otras reuniones de las entidades multilaterales en los siguientes a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">En todos los rincones del planeta la pregunta es: &iquest;qu&eacute; fall&oacute;? A comienzos de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa hab&iacute;a optimismo. Los pa&iacute;ses en desarrollo y los que hac&iacute;an el tr&aacute;nsito de una econom&iacute;a centralmente planificada a una econom&iacute;a de mercado estaban adoptando los preceptos del Consenso de Washington, y la econom&iacute;a mundial promet&iacute;a ser m&aacute;s din&aacute;mica gracias a la liberaci&oacute;n del comercio y de los flujos de capitales.</p>     <p align="justify">En Am&eacute;rica Latina, para Eduardo Lora (2002), la dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica internacional hace dudar sobre la capacidad de ajuste fiscal de los pa&iacute;ses. En todas partes hay manifestaciones de descontento social y de insatisfacci&oacute;n, y surge un espacio para propuestas populistas de izquierda y de derecha. Se observa desde 1997 un deterioro agudo en los t&eacute;rminos de intercambio de Am&eacute;rica Latina, amortiguado parcialmente con la evoluci&oacute;n de los precios del petr&oacute;leo.</p>     <p align="justify">A pesar de las reducciones de las tasas de inter&eacute;s del Federal Reserve, no se ha reducido el costo de financiamiento para Am&eacute;rica Latina: los m&aacute;rgenes a principios de 2002 eran superiores en seis puntos a los vigentes en 1997, antes de la crisis asi&aacute;tica. Los mercados en 2001 hab&iacute;an diferenciado pa&iacute;ses en la regi&oacute;n, y la crisis financiera hab&iacute;a afectado a Argentina y Brasil, pero no a Colombia ni M&eacute;xico. En septiembre de 2002, los m&aacute;rgenes se han elevado para todos los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los flujos de financiamiento externo a Am&eacute;rica Latina se han debilitado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde 1998. En su mejor momento, esos recursos llegaron a 100 mil millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o. Hoy cayeron a la mitad debido al comportamiento de las inversiones de cartera. En 1999 y 2000, estos flujos fueron negativos y hoy son nulos. En 2001, la inversi&oacute;n externa directa, IED, en la regi&oacute;n latinoamericana fue de 57 mil millones de d&oacute;lares. Las perspectivas del crecimiento en 2002 son pobres contra el 3 a 4% que se pronostic&oacute; a principios de a&ntilde;o. La inflaci&oacute;n ha ca&iacute;do en todos los pa&iacute;ses del &aacute;rea.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el mismo Lora, economista del BID, a pesar del debilitamiento de la demanda interna, los gobiernos han mantenido pol&iacute;ticas fiscales austeras. Los pa&iacute;ses no han podido tampoco aumentar el d&eacute;ficit externo, “como ser&iacute;a deseable” para no tener que recortar a&uacute;n m&aacute;s el gasto interno cuando est&aacute;n cayendo los ingresos de exportaci&oacute;n. La inversi&oacute;n extranjera logr&oacute; cubrir los faltantes hasta mediados de 2001, pero ese no parece ser un escenario sostenible. Debido al reducido margen de ajuste de los balances fiscales y externos para preservar la estabilidad macroecon&oacute;mica, Brasil y Chile recurrieron a la devaluaci&oacute;n en 2001 y Argentina, a la elevaci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s. La tragedia argentina no estaba anunciada. A principios de 2000, el consenso de los mercados era que en 2001, el crecimiento de ese pa&iacute;s ser&iacute;a de 4 o 5%. Los m&aacute;rgenes de deuda no eran superiores a 600 puntos b&aacute;sicos (6% por encima de los bonos del tesoro de Estados Unidos) y el pa&iacute;s ten&iacute;a una buena calificaci&oacute;n de riesgo. Hoy, las perspectivas de crecimiento son negativas y el mercado de cr&eacute;dito est&aacute; cerrado para ese pa&iacute;s. A Argentina, seg&uacute;n Lora, la afect&oacute; la devaluaci&oacute;n del real, la ca&iacute;da del precio de las materias primas, el fortalecimiento del d&oacute;lar y los hechos pol&iacute;ticos internos que dificultaron la adopci&oacute;n de medidas de ajuste y debilitaron la confianza internacional. Todo ello cre&oacute; preocupaci&oacute;n sobre la sostenibilidad fiscal debido a la elevada deuda p&uacute;blica, la sensibilidad de la situaci&oacute;n fiscal a la tasa de inter&eacute;s (toda en d&oacute;lares) y los elevados requerimientos de endeudamiento p&uacute;blico para 2001. A pesar del ajuste m&aacute;s “draconiano”, con reducci&oacute;n de salarios p&uacute;blicos, creativas reestructuras de deuda y dos soportes del FMI, Argentina no pudo superar la crisis.</p>     <p align="justify">Con base en las encuestas que se hacen en la regi&oacute;n, Lora (2002) se pregunta si ha llegado el fin de las reformas que se emprendieron a principios de los a&ntilde;os noventa en la regi&oacute;n, si habr&aacute; retorno a las pol&iacute;ticas de control e intervenci&oacute;n estatal. El autor responde que hasta ahora no, que los opositores a las reformas han decidido ceder en momentos de crisis, para evitar un riesgo mayor. Sin embargo dice:</p>     <blockquote>    <p align="justify">no se puede desconocer que en toda la regi&oacute;n reina un ambiente de descontento con la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y de insatisfacci&oacute;n con los resultados de algunas reformas econ&oacute;micas. Dos de cada tres personas en Argentina, Colombia y Per&uacute; opinan que la situaci&oacute;n es mala o muy mala. Menos de la mitad de los venezolanos, brasile&ntilde;os o chilenos, y s&oacute;lo uno de cada cinco de los peruanos, argentinos o colombianos opinan que las privatizaciones han tra&iacute;do beneficios.</p> </blockquote>     <p align="justify">En las actuales circunstancias de Am&eacute;rica Latina, no se han cumplido las condiciones que Lora se&ntilde;al&oacute; como necesarias para evitar el retroceso de las reformas: que se encontrara una soluci&oacute;n a la situaci&oacute;n de Argentina y evitar el contagio; que se recuperara la econom&iacute;a de los Estados Unidos y que se dinamizaran las exportaciones.</p>     <p align="justify">La democracia tambi&eacute;n parece estar en riesgo. Los latinoamericanos esperan mucho m&aacute;s de la democracia: dos de cada tres latinoamericanos se declaran insatisfechos o muy insatisfechos con los resultados de la democracia, y en muchos pa&iacute;ses apenas una minor&iacute;a piensa que es la mejor forma de gobierno.</p>     <p align="justify">En este escenario, en 2001, Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia gana el premio Nobel de Econom&iacute;a, junto con Michael Spence de Stanford y George Akerlof de California, por sus contribuciones al an&aacute;lisis de mercados con informaci&oacute;n asim&eacute;trica<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Estos estudiosos aportaron elementos para el desarrollo de la teor&iacute;a de la competencia imperfecta y de los casos en los cuales se justifica la intervenci&oacute;n del Estado. Las fallas de mercado detectadas en estos an&aacute;lisis impiden que la competencia conduzca a un &oacute;ptimo paretiano en el mercado. Diversos dispositivos de la regulaci&oacute;n pueden conducir a una situaci&oacute;n de “segundo mejor”. De esa manera, este an&aacute;lisis mejora la capacidad te&oacute;rica de la corriente principal en econom&iacute;a. Sus cr&iacute;ticos afirman que las fallas del Estado impiden que la intervenci&oacute;n conduzca a un mejor resultado que el mercado. Los constitucionalistas, por ejemplo, son partidarios de introducir reglas fijas en el contrato social, en la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, para reducir al m&iacute;nimo el margen de maniobra de las autoridades en situaciones de falla de mercado.</p>     <p align="justify">El reconocimiento de la obra de estos economistas fue recibido con euforia por el movimiento internacional en contra de la globalizaci&oacute;n y por quienes est&aacute;n en contra de las pol&iacute;ticas inspiradas en el Consenso de Washington. Se les otorgaba as&iacute; estatus te&oacute;rico a las objeciones contra el fundamentalismo de mercado que seg&uacute;n sus detractores hab&iacute;a inspirado las reformas econ&oacute;micas adoptadas en el mundo en desarrollo y en las econom&iacute;as en transici&oacute;n al capitalismo despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n en 1989.</p>     <p align="justify">La publicaci&oacute;n del libro <i>El malestar en la globalizaci&oacute;n</i> de Joseph Stiglitz en 2002, en un lenguaje period&iacute;stico y accesible a la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial, sac&oacute; el debate de los c&iacute;rculos cerrados de la academia y est&aacute; a punto de convertirse en la biblia de los movimientos alternativos en el mundo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El libro fue escrito, seg&uacute;n su autor, para narrar lo que vio, en su condici&oacute;n de consejero de Bill Clinton, entre 1993 y 1997, y como economista jefe y vicepresidente <i>senior</i> del Banco Mundial, entre 1997 y 2000, de la gesti&oacute;n de la globalizaci&oacute;n por parte del gobierno de los Estados Unidos y del FMI, y en menor medida por el Banco Mundial y la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio, OMC. Esta gesti&oacute;n es la responsable de que los beneficios de la globalizaci&oacute;n, entendida como “la supresi&oacute;n de las barreras al libre comercio y la mayor integraci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales”, hayan tenido un “efecto devastador” sobre los pobres de los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p align="justify">El libro tiene una gran repercusi&oacute;n por dos razones. La primera, porque fue escrito por el Premio Nobel de 2001. Innumerables autores en el mundo<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>, en el nivel internacional de la academia y de la pol&iacute;tica, vienen comentando y criticando el papel de las entidades multilaterales y la necesidad de revisar la arquitectura institucional internacional, con mayor &eacute;nfasis desde 1997, sin que hasta el momento ninguno de ellos haya tenido el eco del manifiesto de Stiglitz. En segundo lugar, porque el contenido del libro habla de los problemas que preocupan a los gobiernos y a los pueblos de los pa&iacute;ses desarrollados y no desarrollados. El fracaso del Consenso de Washington como f&oacute;rmula del &eacute;xito de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en el logro simult&aacute;neo de los objetivos de crecimiento, empleo y equidad social ha minado la fe en la globalizaci&oacute;n y en la democracia. Los esc&aacute;ndalos por la falta de transparencia de las operaciones contables de los grandes grupos econ&oacute;micos en los Estados Unidos y la repercusi&oacute;n en el mundo de la ca&iacute;da del valor accionario de las compa&ntilde;&iacute;as punto com han renovado la pertinencia de la reflexi&oacute;n sobre el papel del Estado en la protecci&oacute;n de los grupos que no cuentan con la informaci&oacute;n adecuada.</p>     <p align="justify">Stiglitz hace un juicio cr&iacute;tico del Consenso de Washington<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> no porque estuviera mal formulado u orientado o porque fueran falsos sus enunciados que buscaban corregir los errores de la pol&iacute;tica monetaria laxa, la hiperinflaci&oacute;n, la corrupci&oacute;n, la hipertrofia gubernamental y el crecimiento por encima de las posibilidades de los pa&iacute;ses, rasgos que hab&iacute;an caracterizado el manejo econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses altamente endeudados en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta. “El problema radic&oacute; –seg&uacute;n el autor– en que muchas de esas pol&iacute;ticas se transformaron en fines en s&iacute; mismas, m&aacute;s que en medios para un crecimiento equitativo y sostenible. As&iacute;, las pol&iacute;ticas fueron llevadas demasiado lejos y demasiado r&aacute;pido, y excluyeron otras pol&iacute;ticas que eran necesarias” (Stiglitz, 2002, 81). En el cap&iacute;tulo tres, “&iquest;Libertad de elegir?”, Stiglitz desarrolla el n&uacute;cleo fundamental de los argumentos del libro.</p>     <p align="justify">Estos argumentos son tres. El primero afirma el derecho de las naciones a definir aut&oacute;nomamente sus pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales. Son los nacionales quienes mejor conocen sus problemas y sus instituciones, y las autoridades locales son las que responden por el resultado de las acciones gubernamentales. Los pa&iacute;ses que han tenido &eacute;xito para sortear la crisis son aquellos que como China, Polonia, Vietnam, Uganda, Etiop&iacute;a y Malasia siguieron su propio camino, y no el indicado por el FMI. Esos pa&iacute;ses recurrieron al mercado, pero respetaron las caracter&iacute;sticas de sus econom&iacute;as y sociedades. Aqu&iacute; aparecen menciones espec&iacute;ficas sobre lo que se ha debido hacer en econom&iacute;as en transici&oacute;n, que se desarrollan despu&eacute;s en los cap&iacute;tulos dedicados a Rusia. El llamado es a no ignorar las instituciones a la hora de formular las recomendaciones de pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">El segundo argumento, que es un juicio de valor no demostrado, es que las entidades multilaterales son las representantes de los intereses privados del gran capital financiero y comercial. Este hecho explica la falta de secuencia y ritmo de las exigencias hechas a los pa&iacute;ses del sureste asi&aacute;tico en la crisis de 1997 y 1998. El apoyo financiero que el FMI les dio a Tailandia, Indonesia y Corea era para que sostuvieran sus tipos de cambio. La medicina prescrita incluy&oacute; alzas en las tasas de inter&eacute;s, recortes en los gastos y aumento de los impuestos para garantizar el retorno de los capitales. La medicina fracas&oacute;, pero los paquetes de rescate sirvieron para que las empresas pagaran los pr&eacute;stamos que hab&iacute;an obtenido de la banca internacional.</p>     <p align="justify">Cuando Estados Unidos act&uacute;a por su cuenta y no en el marco de las agencias multilaterales, el resultado puede ser aun peor para los pa&iacute;ses. El representante comercial de los Estados Unidos pretendi&oacute; obligar a China en 1994 a abrir sus mercados r&aacute;pidamente, so pena de impedirle pertenecer a la OMC. En 1999 se le exigi&oacute; liberar su mercado financiero para responder “a los estrechos intereses de la comunidad financiera norteamericana, que el Tesoro en&eacute;rgicamente representa” (ib&iacute;d., 92). El premier chino Zhu Rongji debi&oacute; volver a su pa&iacute;s con las manos vac&iacute;as, lo que debilit&oacute; su agenda reformista en contra, parad&oacute;jicamente, de lo que buscaba Estados Unidos.</p>     <p align="justify">La liberaci&oacute;n de los mercados financieros, precipitada por este juego de intereses, es para Stiglitz la causa central de las fallas de la apertura y la desregulaci&oacute;n propuestas por el FMI durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. Como elemento secundario menciona, sin igual &eacute;nfasis, la “hipocres&iacute;a” de los pa&iacute;ses desarrollados en las negociaciones comerciales cuando exigen derrumbar las barreras al comercio libre mientras levantan muros de protecci&oacute;n para sus sectores no competitivos.</p>     <p align="justify">Un tercer punto es el llamado de atenci&oacute;n sobre la necesidad de reexaminar el papel de las instituciones multilaterales y la transparencia con la cual operan, con el fin de que la globalizaci&oacute;n rinda sus frutos positivos. Se requiere reencontrar la concepci&oacute;n que dio origen, con la visi&oacute;n de Keynes, al FMI, una instituci&oacute;n creada originalmente para corregir fallas del mercado, que aceptaba la necesidad de la acci&oacute;n colectiva en el nivel global, pero que se encuentra hoy en manos de los fundamentalistas del mercado. Las reformas que requiere el FMI son profundas, pero Stiglitz es muy esc&eacute;ptico sobre la viabilidad de esta reforma; no piensa lo mismo de la reforma del Banco Mundial y de la OMC. Respecto de estas dos instituciones, piensa que el cambio ya comenz&oacute;. La parte m&aacute;s sugerente de las recomendaciones alternativas es la que hace el autor en el cap&iacute;tulo final de su obra, en el apartado en que sugiere “Lo que se necesita” para reformar el sistema financiero internacional.</p>     <p align="justify">La reacci&oacute;n del FMI al libro no se hizo esperar. Kenneth Rogoff, consejero econ&oacute;mico y director de investigaci&oacute;n del FMI, le dirigi&oacute; una carta abierta a Stiglitz el 2 de julio de 2002. En ella, el consejero defiende la instituci&oacute;n y sus funcionarios, reconoce que hay que hacer ajustes en la forma como se maneja la situaci&oacute;n de pa&iacute;ses que entran en bancarrota y duda que las recomendaciones de Stiglitz hubieran conducido a un mejor resultado. Tambi&eacute;n le recuerda a Stiglitz que el FMI no caus&oacute; la p&eacute;rdida de Rusia, que ese pa&iacute;s ya estaba perdido en una profunda crisis pol&iacute;tica y social cuando el FMI acudi&oacute; en su ayuda. Por &uacute;ltimo pone en duda la veracidad de las afirmaciones de Stiglitz sobre conversaciones o encuentros que narra en el libro y afirma que si Stiglitz hubiera expuesto sus argumentos dentro del sistema, el FMI le habr&iacute;a o&iacute;do.</p>     <p align="justify">La pol&eacute;mica internacional continu&oacute;. A manera de ilustraci&oacute;n, el 9 de julio, Martin Wolf publica la columna “Wolf on Stiglitz: self-satisfied, simplistic, cogent” en <i>Comment &amp; Analysis</i>. En ella reconoce la importancia de Stiglitz como economista te&oacute;rico y de su testimonio por tratarse de alguien que estuvo dentro de las instituciones criticadas. Los argumentos correctos de Stiglitz son dos, seg&uacute;n Wolf: El primero es que aquellos que se oponen a la globalizaci&oacute;n ignoran a menudo sus beneficios. El segundo es que para muchos analistas de los pa&iacute;ses en desarrollo, la globalizaci&oacute;n no ha tra&iacute;do los prometidos beneficios econ&oacute;micos. Sin embargo, los ataques personales que hace Stiglitz dejan un mal sabor. Adem&aacute;s encuentra que el autor no reconoce las fallas del gobierno, mientras califica a sus oponentes de fan&aacute;ticos del mercado. Muchos gobiernos son corruptos, violentos e incompetentes. Es ingenuo pensar que siempre act&uacute;an por el inter&eacute;s p&uacute;blico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El an&aacute;lisis de Stiglitz, dice Wolf, simplifica la realidad. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a Rusia seguir una v&iacute;a paulatina como la China si hab&iacute;a perdido el Estado, el partido dirigente, el sistema econ&oacute;mico y una ideolog&iacute;a en solo meses?</p>     <p align="justify">Para Wolf, hay observaciones de Stiglitz que merecen ser tenidas en cuenta. Una es que la liberaci&oacute;n de la cuenta de capital ha coexistido con reg&iacute;menes cambiarios err&oacute;neos y debilitado los sistemas financieros, lo que caus&oacute; cat&aacute;strofes en varios pa&iacute;ses. Dos, el apoyo del FMI y del Banco Mundial a un sistema corrupto en Rusia y otros pa&iacute;ses en transici&oacute;n fue equivocado y motivo de esc&aacute;ndalo. Tres, no se debi&oacute; subestimar el papel de las instituciones en la promoci&oacute;n de la liberalizaci&oacute;n de la cuenta de capital. Cuatro, el Fondo no es transparente y debe cambiar.</p>     <p align="justify">Es cierto que el libro tiene por momentos un tono demasiado personal en la descripci&oacute;n de c&oacute;mo funcionan las instituciones multilaterales y que no siempre es claro el &aacute;mbito de decisiones que estaban realmente al alcance de las instituciones y de los pa&iacute;ses en cada una de las situaciones examinadas. Sin embargo, la lectura de este libro contribuye a entender el entorno en el que operan econom&iacute;as como la colombiana y convoca a una reflexi&oacute;n sobre el papel que deben cumplir las autoridades y la sociedad en la b&uacute;squeda de nuevas propuestas de pol&iacute;tica y de respuestas a los desaf&iacute;os de los pa&iacute;ses en desarrollo: promover el crecimiento, generar empleo y reducir la inequidad.</p>     <p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Michael Spence mostr&oacute; que los agentes mejor informados en el mercado adelantan acciones costosas para mejorar sus resultados de mercado. Para ello transmiten informaciones correctas a los peor informados y esta se&ntilde;al funciona. Sus trabajos han tenido aplicaci&oacute;n en el caso de la educaci&oacute;n como se&ntilde;al de productividad en el mercado laboral y en el caso de los dividendos como se&ntilde;al de rentabilidad en el mercado de acciones. George Ackerlof demostr&oacute; que los vendedores tienen mejor informaci&oacute;n que los compradores y que este hecho conduce a una selecci&oacute;n adversa que desmejora el bienestar de los consumidores. Igual cosa ocurre entre los prestamistas y quienes demandan los pr&eacute;stamos, lo que lleva a que las tasas de inter&eacute;s sean m&aacute;s altas en los pa&iacute;ses del Tercer Mundo. Joseph Stiglitz demostr&oacute; que las asimetr&iacute;as de la informaci&oacute;n pueden explicar fen&oacute;menos como el desempleo y el racionamiento de cr&eacute;dito. Sobre este &uacute;ltimo aspecto y las aplicaciones de estas contribuciones a Colombia, ver Tenjo (2002). Para una relaci&oacute;n de la obra de los ganadores, ver <a href="http://www.nobelprizes.com" target="_blank">www.nobelprizes.com</a>.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Mencionamos dos autores pertenecientes a la academia de los Estados Unidos: Sachs (1997) y Rodrik (2002), y la CEPAL (2002).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. El Consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones hechas por las entidades multilaterales a finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta a los pa&iacute;ses altamente endeudados y se resume en lo siguiente: 1. El d&eacute;ficit p&uacute;blico no puede ser usado para reactivar la econom&iacute;a, a no ser que el mayor gasto vaya a infraestructura, y debe ser muy bajo (1 a 2% del PIB); 2. El gasto p&uacute;blico debe ser reorientado. En vez de disponer recursos para la oferta de servicios sociales, hay que dar subsidios a la demanda en educaci&oacute;n y salud; 3. La base impositiva debe ser amplia y las tasas marginales impositivas, bajas; 4. Las tasas de inter&eacute;s reales deben ser positivas para evitar la fuga de capitales e incentivar el ahorro; 5. Las exportaciones deben ser el motor del crecimiento, y la tasa de cambio real debe ser competitiva y estable; 6. La peor forma de protecci&oacute;n son los paraaranceles y cuotas, y debe haber aranceles bajos excepto para las industrias nacientes; la liberalizaci&oacute;n comercial debe ser paulatina; 7. La restricci&oacute;n a la inversi&oacute;n extranjera es indeseable; 8. Las privatizaciones son bienvenidas cuando promueven la competencia, y son a&uacute;n m&aacute;s &uacute;tiles si ayudan a financiar el Estado; 9. La competencia se debe promover mediante una regulaci&oacute;n adecuada, pero si la regulaci&oacute;n la hacen administradores mal pagados, ello promueve la corrupci&oacute;n, y 10. Los derechos de propiedad son cruciales para el crecimiento.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. CEPAL. <i>Globalizaci&oacute;n y desarrollo</i>, vig&eacute;simo noveno per&iacute;odo de sesiones, Brasilia, Brasil, 6 al 10 de mayo, 2002.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2. Lora, Eduardo. “Am&eacute;rica Latina en la encrucijada”, <i>Revista El Espectador</i>,  6 de enero, 2002.</p>     <p align="justify">3. Rodrik, Dani. <i>After neoliberalism, what</i>?, 2002, <a href="http://www.harvard.edu/" target="_blank">www.harvard.edu</a></p>     <p align="justify">4. Sachs, Jeffrey. “The Wrong Medicine for Asia”, <i>New York Times</i>, 3 de noviembre, 1997.</p>     <p align="justify">5. Stiglitz, Joseph. <i>El malestar en la globalizaci&oacute;n</i>, Taurus, Bogot&aacute;, 2002.</p>     <p align="justify">6. Tenjo, Fernando. “Stiglitz, sus aportes y la econom&iacute;a colombiana”, <i>Carta Financiera</i>, ANIF, enero, 2002.</p> </font>      ]]></body>
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