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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center"><b>    <br>EDITORIAL </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br>    <br></p>     <p align="center"><b>I </b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="justify">Cuando enviamos a la imprenta este n&uacute;mero de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>, se iniciaba una guerra. Iraq era invadida para derrocar a Saddam Hussein y prevenir el uso de sus armas de destrucci&oacute;n masiva (o por lo menos de las que se supon&iacute;a que ten&iacute;a) por una coalici&oacute;n encabezada por Estados Unidos y Reino Unido, en la que participa el Gobierno de Colombia por razones obvias y pragm&aacute;ticas.</p>     <p align="justify">Luego del derrumbe del Muro de Berl&iacute;n, se convirti&oacute; en lugar com&uacute;n decir que vivimos en un mundo unipolar. Parad&oacute;jicamente, el ambiente internacional de comienzos del siglo XXI guarda semejanzas con el del siglo XIX, cuando su base era el equilibrio de poderes entre las potencias europeas. Hoy parece haber dejado de ser inminente la hecatombe nuclear, pero no han cesado las guerras. Se han trasladado a la periferia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las guerras contempor&aacute;neas que se libran en la periferia, al igual que las del siglo XIX, tienen tres caracter&iacute;sticas. En primer lugar, una potencia invade a un pa&iacute;s retrasado (lo “interviene”, se dice eufem&iacute;sticamente, como si se tratara de un procedimiento quir&uacute;rgico). En segundo lugar, hay una fuerte asimetr&iacute;a de poder militar entre los invasores y los invadidos; el resultado b&eacute;lico se conoce de antemano. Por &uacute;ltimo, y debido a esa misma asimetr&iacute;a, las guerras que se libran en la periferia cuestan pocas vidas humanas a los ej&eacute;rcitos invasores; los costos humanos y materiales que padecen las naciones invadidas son m&aacute;s considerables.</p>     <p align="justify">En el siglo XIX se hablaba de guerras coloniales, de expediciones punitivas, de diplomacia de las ca&ntilde;oneras. John Stuart Mill, eminente ciudadano de la gran potencia de su &eacute;poca, pensaba que la nueva forma que hab&iacute;an tomado las guerras era un signo del avance de la civilizaci&oacute;n:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Otro cambio que ha caracterizado hasta ahora, y es seguro que seguir&aacute; caracterizando, al progreso de la sociedad civilizada es el continuo aumento de la seguridad [...] Las guerras y la destrucci&oacute;n que &eacute;stas producen hoy se limitan casi siempre [Mill escrib&iacute;a en 1857], en la mayor parte de los pa&iacute;ses, a aquellas posesiones muy alejadas en las que se ponen en contacto con los salvajes.</p> </blockquote>     <p align="justify">En la &eacute;poca de Mill, y en la nuestra, las potencias no justifican sus actos con el lenguaje crudo y directo de la <i>Realpolitik</i>. Acuden a valores universales y humanitarios: civilizaci&oacute;n, libertad, progreso, justicia, preservaci&oacute;n de la paz, defensa de los derechos humanos, lucha contra el terrorismo. Quiz&aacute;s en algunos casos quepa suponer que las motivaciones de los abanderados del progreso y la civilizaci&oacute;n son sinceras, que su intenci&oacute;n verdadera es mejorar la situaci&oacute;n con respecto a la que exist&iacute;a antes de la “intervenci&oacute;n”. Eso supondr&iacute;a que la potencia invasora no s&oacute;lo busca vencer en la batalla sino reconstruir al pa&iacute;s intervenido durante la posguerra. Y esta reconstrucci&oacute;n no s&oacute;lo exige la realizaci&oacute;n de obras f&iacute;sicas sino el establecimiento de instituciones compatibles con los valores que se invocaron para justificar la invasi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Pero esta suposici&oacute;n olvida dos peque&ntilde;as dificultades. Por una parte, la distancia entre los prop&oacute;sitos nobles y humanitarios y las consecuencias indeseables e inesperadas del uso de la fuerza para imponerlos y hacerlos realidad. Como dijo alguna vez un gran general de Estados Unidos, William T. Sherman, “la guerra es un infierno”. El comportamiento de quienes tienen que vivir ese infierno suele contraponerse al que es normal en un ambiente civilizado. Por la otra, el hecho de que las percepciones de lo deseable que tienen los invasores no siempre coinciden con las de los invadidos. Las brechas culturales y las diferencias de valores que son su manifestaci&oacute;n dif&iacute;cilmente se zanjan con las armas.</p>     <p align="justify">Si retornamos la mirada al siglo XIX, vuelven a la mente algunas de las guerras coloniales que se emprendieron contra pueblos “salvajes” y muy “alejados”. La guerra de los <i>Boers</i>, que Gran Breta&ntilde;a libr&oacute; en Sud&aacute;frica, y las campa&ntilde;as espa&ntilde;olas para mantener el dominio sobre Cuba inauguraron la t&eacute;cnica de los campos de concentraci&oacute;n: confinar a la poblaci&oacute;n civil del pa&iacute;s “intervenido” como parte de una estrategia de contrainsurgencia. Una de las motivaciones invocadas por los Estados Unidos de Am&eacute;rica para enfrentarse en guerra con Espa&ntilde;a fue la de socorrer a los cubanos desvalidos. Y una de las secuelas de ese acto fue la sangrienta represi&oacute;n de los guerrilleros filipinos que se sublevaron contra las fuerzas de ocupaci&oacute;n para impedir que su patria se convirtiera en un dominio ultramarino de otra potencia extranjera.</p>     <p align="justify">En el caso de la guerra librada en Iraq, prestantes intelectuales neoconservadores de Estados Unidos han sostenido que los costos ser&aacute;n m&iacute;nimos frente a los beneficios que se esperan –el establecimiento de una democracia liberal moderna y pro-occidental–, que, adem&aacute;s de liberar a sus ciudadanos de la dictadura, a todas luces atroz, de Hussein, se instaurar&aacute;n instituciones benignas y eficientes que servir&aacute;n de modelo y aliciente para los habitantes de otros pa&iacute;ses del Medio Oriente.</p>     <p align="justify">El mejor monumento literario de las tr&aacute;gicas consecuencias que puede tener el bienintencionado intervencionismo es la breve novela de Joseph Conrad, <i>El coraz&oacute;n de las tinieblas</i>, cr&oacute;nica de una traves&iacute;a por el r&iacute;o Congo en la colonia africana que a finales del siglo XIX era dominio personal del rey de los belgas. El narrador viaja en busca de Kurtz, un agente comercial que es considerado ejemplo de idealismo y es respetado por su gran habilidad en el negocio del tr&aacute;fico de marfil. El narrador tiene noticias de que Kurtz est&aacute; enfermo y de que se ha internado en la selva. Su primer contacto con Kurtz no es cara a cara. Cuando llega al establecimiento comercial de Kurtz, encuentra un manuscrito que &eacute;ste dej&oacute; olvidado. El narrador relata as&iacute; su impresi&oacute;n:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">... supe que, muy apropiadamente, la Sociedad Internacional para la Supresi&oacute;n de las Costumbres Salvajes le hab&iacute;a encomendado la elaboraci&oacute;n de un informe para su futura orientaci&oacute;n. Y lo hab&iacute;a escrito [...] Era elocuente, vibraba con elocuencia, aunque demasiado emocional, pienso yo [...] Pero era un bello escrito [...] Comenz&oacute; con el argumento de que nosotros, blancos, desde el punto de desarrollo al que hemos llegado, “por necesidad debemos parecer a los salvajes seres sobrenaturales; los abordamos con un poder como el de un dios”, y as&iacute; sucesivamente. “Con el simple ejercicio de nuestra voluntad podemos ejercer un poder por el bien pr&aacute;cticamente sin l&iacute;mites”, etc., etc. De all&iacute; alz&oacute; vuelo, y me llev&oacute; consigo. La perorata era magn&iacute;fica, aunque dif&iacute;cil de recordar, sabe usted. Me dio la impresi&oacute;n de una inmensidad ex&oacute;tica regida por una benevolencia augusta. Me hizo estremecer de entusiasmo. Era el poder desorbitado de la elocuencia, de palabras, de nobles palabras encendidas. No hab&iacute;a insinuaciones pr&aacute;cticas que interrumpieran el torrente m&aacute;gico de palabras, a menos que una suerte de nota al final de la &uacute;ltima p&aacute;gina, evidentemente garrapateada mucho despu&eacute;s, pueda considerarse la exposici&oacute;n de un m&eacute;todo. Era muy sencilla. Luego de ese conmovedor llamado a todo sentimiento altruista quemaba la vista, luminosa y terrible como un rayo en un cielo sereno: “&iexcl;Exterminadlos a todos!”.</p> </blockquote>     <p align="justify">Ojal&aacute; ese llamado no tenga eco en nuestro tiempo.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><b>II </b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">Varios art&iacute;culos de este n&uacute;mero de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> expresan la preocupaci&oacute;n por evitar, en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, los vicios derivados de un reducido marco de la ingenier&iacute;a social cuyas f&oacute;rmulas ser&iacute;an v&aacute;lidas para todo tiempo y lugar.</p>     <p align="justify">En el primero, Luis Jorge Garay invita al debate p&uacute;blico sobre la relaci&oacute;n entre el desarrollo y la exclusi&oacute;n social. A pesar de algunos logros macroecon&oacute;micos, en nuestro pa&iacute;s han retrocedido muchos indicadores sociales y se dista de tener una democracia compatible con el Estado social de derecho. El autor describe las principales manifestaciones de la exclusi&oacute;n –aumento de la pobreza y la indigencia; expansi&oacute;n de la econom&iacute;a informal; marginaci&oacute;n de los j&oacute;venes; concentraci&oacute;n del ingreso, la riqueza y el poder; ejercicio perverso de la funci&oacute;n p&uacute;blica–, y argumenta que para erradicar sus causas e instaurar una verdadera democracia es necesario modificar las estructuras de poder. Garay plantea tres grandes desaf&iacute;os alrededor de los cuales deber&iacute;a girar ese debate: un sistema integral de protecci&oacute;n social; el fortalecimiento de la justicia y la protecci&oacute;n de los ciudadanos para asegurar la convivencia y la paz; y la democracia econ&oacute;mica como condici&oacute;n para la democracia pol&iacute;tica y social.</p>     <p align="justify">El segundo, de &Eacute;dgard Moncayo, revisa los aportes del enfoque geogr&aacute;fico y territorial al an&aacute;lisis del desarrollo. El decepcionante desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de Am&eacute;rica Latina en los 90 hace imperativo buscar nuevos caminos para lograr el desarrollo econ&oacute;mico. Enfoques te&oacute;ricos recientes –desarrollo humano, desarrollo sostenible, competitividad sist&eacute;mica y econom&iacute;a institucional– tienen objetivos m&aacute;s ambiciosos que el simple crecimiento y la estabilidad macroecon&oacute;mica. Reconocen que el progreso no es inevitable y puede incluso ser reversible. Este art&iacute;culo de s&iacute;ntesis, o <i>survey article,</i> como se le denomina en ingl&eacute;s, revisa la literatura sobre el papel del territorio en los procesos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, y busca integrar los aportes de varios campos disciplinarios para conformar una visi&oacute;n del desarrollo que tenga en cuenta el car&aacute;cter localizado de los procesos de acumulaci&oacute;n, innovaci&oacute;n y formaci&oacute;n de capital social. Subraya aspectos a veces olvidados por el an&aacute;lisis econ&oacute;mico, como la geograf&iacute;a y las condiciones locales y regionales que producen disparidades econ&oacute;micas, sociales y espaciales aun dentro de un mismo pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">El tercer art&iacute;culo, de Isabel Pla, de la Universidad de Valencia, aplica un enfoque institucional a los cambios ocurridos durante la transici&oacute;n de una econom&iacute;a planificada a una econom&iacute;a de mercado en la Rusia post-sovi&eacute;tica, a fin de ilustrar en otro &aacute;mbito hist&oacute;rico y cultural los efectos imprevistos de pol&iacute;ticas ortodoxas que favorecen al mercado. Su trabajo pone de presente que el establecimiento de un mercado autorregulado no es un proceso espont&aacute;neo y que no basta modificar los derechos de propiedad –las reglas formales– para que las empresas privatizadas se comporten como dicen los manuales. Las reglas informales son esenciales y condicionan el &eacute;xito o el fracaso de la transformaci&oacute;n de todo sistema econ&oacute;mico. Las reformas no tuvieron el &eacute;xito esperado porque sus dise&ntilde;adores no contemplaron la posibilidad de que llevaran a la aparici&oacute;n de un nuevo tipo de empresas que mantienen el comportamiento heredado de la econom&iacute;a planificada y, en vez de adherirse a las nuevas reglas formales buscan protegerse de ellas. Durante el per&iacute;odo de transici&oacute;n apareci&oacute; una nueva forma de funcionamiento econ&oacute;mico que eval&uacute;a el &eacute;xito y el fracaso de las organizaciones econ&oacute;micas mediante reglas y criterios ficticios. Los precios son ficticios, las deudas se reproducen y no se cancelan oportunamente, los salarios no se pagan. As&iacute;, los ingresos son ilusorios, las obligaciones fiscales se calculan a precios distintos de los del mercado y el desequilibrio financiero es permanente. Seg&uacute;n Pla, las empresas rusas han enfrentado las reformas macroecon&oacute;micas mediante estrategias de supervivencia de corto plazo que modifican la manera de cancelar las transacciones econ&oacute;micas en todo el sistema econ&oacute;mico. Los instrumentos no monetarios les permiten eludir la restricci&oacute;n presupuestal, la liberalizaci&oacute;n de los precios y la falta de liquidez. En suma, las reformas para instaurar el sistema llevaron, parad&oacute;jicamente, a generalizar el sistema de trueque.</p>     <p align="justify">El siguiente grupo de art&iacute;culos aborda problemas te&oacute;ricos relacionados con la vieja y la nueva econom&iacute;a institucional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El de Jairo Parada, de la Universidad de Missouri de Kansas City, contrasta las contribuciones al resurgimiento del inter&eacute;s por las instituciones de dos corrientes: la Econom&iacute;a Institucional Original, EIO, que sigue la tradici&oacute;n de Veblen, Ayres, Commons y Mitchell, y la Nueva Econom&iacute;a Institucional, NEI, originada en la teor&iacute;a de costos de transacci&oacute;n de Coase y desarrollada por North, Williamson y otros autores. La primera contin&uacute;a la cr&iacute;tica de Thorstein Veblen a la tradici&oacute;n hedonista y teleol&oacute;gica de los economistas cl&aacute;sicos. Veblen se propuso crear una teor&iacute;a econ&oacute;mica evolutiva basada en la visi&oacute;n de Darwin y la sicolog&iacute;a pragmatista. La segunda, un desarrollo de la versi&oacute;n neocl&aacute;sica, modifica algunas de sus premisas para darle mayor realismo y poderla aplicar a la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica, pero a&uacute;n mantiene el esquema racionalista del c&aacute;lculo maximizador. Mientras algunos autores asociados con la NEI suelen ignorar las propuestas de los institucionalistas originales, otros piensan que estas dos vertientes se pueden fusionar en una teor&iacute;a institucionalista alternativa a la escuela neocl&aacute;sica. Luego de discutir las divergencias y similitudes ontol&oacute;gicas y metodol&oacute;gicas entre ambas escuelas, Parada sostiene que esta integraci&oacute;n no es posible, al menos en el estado actual del debate.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo de Xos&eacute; Carlos Arias y Gonzalo Caballero, de la Universidad de Vigo, una lograda panor&aacute;mica del estado del arte del an&aacute;lisis pol&iacute;tico e institucional, revisa los trabajos de autores neoinstitucionalistas que intentan superar las insuficiencias de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional y otros enfoques econ&oacute;micos de la pol&iacute;tica. El enfoque transaccional discutido en este escrito constituye un nuevo programa de investigaci&oacute;n que facilita el entendimiento y la explicaci&oacute;n del papel de los actores pol&iacute;ticos y la evoluci&oacute;n de las reglas de la interacci&oacute;n pol&iacute;tica. Concibe las interacciones pol&iacute;ticas como transacciones y examina el papel de las instituciones en ambientes pol&iacute;ticos donde hay derechos pol&iacute;ticos incompletos, cumplimiento imperfecto de acuerdos, informaci&oacute;n imperfecta, modelos subjetivos de decisi&oacute;n y altos costos de transacci&oacute;n, como suelen serlo los “mercados pol&iacute;ticos”. En la secci&oacute;n inicial, Arias y Caballero repasan el origen de la teor&iacute;a de los costos de transacci&oacute;n iniciado por la cr&iacute;tica de Coase a la concepci&oacute;n perfectamente competitiva del mundo y del mercado neocl&aacute;sico, y su desarrollo y aplicaci&oacute;n al campo de la pol&iacute;tica. En las secciones siguientes revisan los aportes a la teor&iacute;a del Estado y al an&aacute;lisis de los contratos pol&iacute;ticos. Examinan la soluciones institucionales eficientes, aquellas que reducen los costos de transacci&oacute;n y resuelven los problemas de credibilidad asociados a la consistencia temporal de la pol&iacute;tica, y muestran que en general &eacute;stas corresponden a las instituciones del sistema democr&aacute;tico, por cuanto favorecen la toma razonada de decisiones y evitan que la delegaci&oacute;n de la autoridad se convierta en abdicaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, revisan la literatura neoinstitucionalista sobre las instituciones legislativas y la burocracia estatal.</p>     <p align="justify">Andr&eacute;s Casas, Darwin Cort&eacute;s y Luis Gamboa, de la Universidad del Rosario, contribuyen a este n&uacute;mero con un ensayo sobre teor&iacute;a del bienestar que examina los nuevos enfoques te&oacute;ricos para evaluar el bienestar individual y social derivados del teorema de imposibilidad de Arrow. Presentan en forma sint&eacute;tica la vieja teor&iacute;a del bienestar de Pigou y comentan sus debilidades. Analizan los aportes de Harsanyi para resolver el problema de la imposibilidad de construir una funci&oacute;n de bienestar social en forma no dictatorial recurriendo a una funci&oacute;n de bienestar que admite comparaciones interpersonales de utilidad e introduce la figura de un juez imparcial. Comparan los argumentos deontol&oacute;gicos y consecuencialistas, dando especial &eacute;nfasis a los aportes de Rawls y de Sen, los cuales han permitido construir indicadores m&aacute;s precisos de bienestar, como los de desarrollo humano, que adem&aacute;s de considerar los ingresos incluyen las tasas de mortalidad, la propensi&oacute;n a la morbilidad, la escolaridad, la nutrici&oacute;n y la participaci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">En los estudios sobre el desarrollo y la creaci&oacute;n de empleos ha revivido el tema de la capacidad empresarial como motor de la transformaci&oacute;n econ&oacute;mica y el crecimiento. No siempre se distingue, sin embargo, entre la simple creaci&oacute;n de empresas, que a veces no es m&aacute;s que una opci&oacute;n de subsistencia, y el establecimiento de empresas con la potencialidad de generar procesos din&aacute;micos de crecimiento. Dieter B&ouml;genhold, de la Universidad de Saarlandes, dedica su art&iacute;culo a la cr&iacute;tica de los presupuestos del debate contempor&aacute;neo y a dar precisi&oacute;n al concepto. Mediante la combinaci&oacute;n de argumentos te&oacute;ricos y los resultados emp&iacute;ricos de comparaciones internacionales muestra que es necesario diferenciar entre lo que es la capacidad empresarial y lo que debe ser, y que &eacute;sta es m&aacute;s compleja de lo que se supone en el debate acad&eacute;mico y en la discusi&oacute;n de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. Muestra que el concepto de capacidad empresarial no tiene un significado &uacute;nico y que es necesario tener en cuenta al menos dos aspectos: el de las empresas de r&aacute;pido crecimiento, que constituyen el centro de atenci&oacute;n en el debate de pol&iacute;tica econ&oacute;mica, y el de las microempresas individuales creadas por trabajadores por cuenta propia que no tienen intenciones ni posibilidades de crecer, las cuales se presentan como panaceas para crear empleos y que, en realidad, son medios para enfrentar los cambios del mercado laboral y no nuevas fuentes de empleo. B&ouml;genhold intenta demostrar que la equiparaci&oacute;n entre capacidad empresarial y empleo por cuenta propia no es seria. La mayor parte de las microempresas individuales no pertenecen a los sectores innovadores y din&aacute;micos de la econom&iacute;a sino al sector de los servicios y son un reflejo de la falta de oportunidades de empleo asalariado. Pone en tela de juicio la supuesta relaci&oacute;n positiva entre alta tasa de empleo por cuenta propia, incremento del acervo de capital y bienestar. Y muestra que la capacidad empresarial no es una categor&iacute;a universal, ahist&oacute;rica y aespacial, sino un resultado de transformaciones espec&iacute;ficas de la econom&iacute;a y la sociedad.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><b>III </b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n “Cl&aacute;sicos” incluimos un breve ensayo de John R. Commons, de 1931, que sintetiza su concepci&oacute;n de la econom&iacute;a institucional y expone el concepto de instituci&oacute;n como “la acci&oacute;n colectiva que controla, libera y ampl&iacute;a la acci&oacute;n individual”. Su obra sent&oacute; las bases de una interpretaci&oacute;n de las instituciones como proceso de evoluci&oacute;n econ&oacute;mica y legal centrada en el an&aacute;lisis de las transacciones. Esta interpretaci&oacute;n, poco conocida en nuestro medio, busca integrar los aspectos econ&oacute;micos y legales de los diversos tipos de transacci&oacute;n sin reducirlos a un denominador com&uacute;n, bien sea jur&iacute;dico o econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">En este n&uacute;mero, iniciamos la reproducci&oacute;n de trabajos de pensadores econ&oacute;micos colombianos que pueden ameritar el apelativo de cl&aacute;sicos. El desconocimiento de su obra a veces ha llevado a pensar que s&oacute;lo escribimos seriamente sobre temas econ&oacute;micos desde cuando la econom&iacute;a se estableci&oacute; como profesi&oacute;n universitaria en la segunda mitad del siglo XX. Damos principio a este esfuerzo con la publicaci&oacute;n de los cap&iacute;tulos que en 1853 Eustacio Santamar&iacute;a intercal&oacute; en su traducci&oacute;n de la obra de Bastiat, <i>Lo que se ve y lo que no se ve: o la econom&iacute;a pol&iacute;tica en una lecci&oacute;n</i>. “Lo que no se ve”, en t&eacute;rminos de Bastiat, son los costos de oportunidad, y Santamar&iacute;a ilustra con problemas econ&oacute;micos apremiantes de su &eacute;poca la aplicaci&oacute;n de este concepto. Los lectores de Santamar&iacute;a ver&aacute;n que el debate sobre el librecambio, la privatizaci&oacute;n y la caza de rentas ya estaba vigente en el pa&iacute;s desde mediados del siglo XIX y que, en general, la profesionalizaci&oacute;n de la disciplina s&oacute;lo ha logrado cambiar el lenguaje y las autoridades que invocan los t&eacute;cnicos.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>IV </b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">La secci&oacute;n “Notas y discusiones” contiene cuatro trabajos que merecer&iacute;an ir en la primera parte de la <i>Revista</i>. El primero, de Javier Fern&aacute;ndez Riva, es el texto de sus comentarios a la conferencia de Joseph Stiglitz en el foro realizado en marzo pasado con ocasi&oacute;n de la visita del Premio N&oacute;bel a Bogot&aacute;. Quienes asistieron al foro habr&aacute;n hallado algunas coincidencias entre las apreciaciones de Stiglitz y de Fern&aacute;ndez; quiz&aacute; valga la pena destacar que las de este &uacute;ltimo no s&oacute;lo se formularon con mayor vigor y precisi&oacute;n conceptual, sino que se hab&iacute;an expresado en los debates p&uacute;blicos acerca de la econom&iacute;a colombiana a&uacute;n antes de que aquel se retirara del Banco Mundial.</p>     <p align="justify">El trabajo de Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez es un homenaje p&oacute;stumo a Juan Luis Londo&ntilde;o y, como debe serlo, es una cr&iacute;tica ponderada de su obra y de sus realizaciones. Con base en una revisi&oacute;n exhaustiva de sus trabajos, desde cuando era estudiante universitario hasta la febril actividad de sus &uacute;ltimos meses en el Ministerio de Protecci&oacute;n Social, Gonz&aacute;lez retrata a Londo&ntilde;o como un hombre de acci&oacute;n interesado en la transformaci&oacute;n de la realidad –quiz&aacute; por la influencia juvenil de la primera tesis filos&oacute;fica de Marx– m&aacute;s que como un estudioso preocupado por escudri&ntilde;ar hasta el m&iacute;nimo detalle las premisas y las consecuencias te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas de las diversas vertientes del pensamiento econ&oacute;mico y social. Juan Luis, por su inteligencia y sinceridad, fue un buen representante de la generaci&oacute;n de economistas latinoamericanos educados en Estados Unidos que impulsaron las reformas estructurales en Am&eacute;rica Latina.</p>     <p align="justify">La breve nota de Jagdish Bhagwati y Daniel Tarullo sobre la prohibici&oacute;n de los controles de capital en los acuerdos bilaterales de libre comercio con Estados Unidos es muy oportuna en momentos en que el Gobierno colombiano ha planteado p&uacute;blicamente su intenci&oacute;n de entablar negociaciones para tal efecto. Bhagwati es un agudo defensor del libre comercio pero sostiene que la imposici&oacute;n de este tipo de cl&aacute;usulas por la administraci&oacute;n Bush es “miope” y “constituye un triunfo desalentador de la ideolog&iacute;a frente a la experiencia y el buen sentido”.</p>     <p align="justify">La nota final es el texto de la intervenci&oacute;n de Gabriel Rosas en el foro que se realiz&oacute; en el Externado el 16 de septiembre de 2002 con ocasi&oacute;n del tercer aniversario de la muerte de Jes&uacute;s Antonio Bejarano, fundador de esta revista. Rosas, quien fue titular de la cartera de Agricultura del gobierno Barco, recibi&oacute; de Bejarano el informe de la Misi&oacute;n Agropecuaria que este dirigi&oacute;. Su visi&oacute;n retrospectiva es indicativa de cu&aacute;nto se hubiera podido enriquecer la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica agropecuaria durante la d&eacute;cada del 90 de hab&eacute;rsele incorporado el pensamiento de Bejarano.</p>     <p align="justify">La secci&oacute;n “Rese&ntilde;as” incluye tres comentarios sobre libros recientes. Lina Ochoa, de la Universidad Nacional, aborda la historia de la econom&iacute;a poskeynesiana desde la publicaci&oacute;n de <i>La teor&iacute;a general</i>; Yuri Gorbaneff, profesor de la Universidad Javeriana y del Externado, explora la evoluci&oacute;n del concepto de propiedad y su influencia sobre el desarrollo de las instituciones; y Luc&iacute;a Montoya, tambi&eacute;n profesora del Externado de Colombia, nos ofrece su lectura de <i>El modelo propio</i> de Eduardo Sarmiento, con algunas reflexiones acerca de cu&aacute;n aplicable puede ser a la Colombia de hoy.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><b>V </b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> agradece el apoyo financiero de Colciencias para la edici&oacute;n de su n&uacute;mero anterior. </p> </font>      ]]></body>
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