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<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LO QUE SE VE Y LO QUE NO SE VE. La economía política en una lección, dada a sus paisanos de Francia por Federico Bastiat, e interpretada y ofrecida a los suyos de Zipaquirá por Eustacio Santamaría]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[WHAT IS SEEN AND NOT SEEN. The Political Economy in One Lesson, Given By Federico Bastiat to His French Fellows, and Offered By Eustacio Santamaría in Zipaquirá]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>LO QUE SE VE Y LO QUE NO SE VE.     <br>La econom&iacute;a pol&iacute;tica en una lecci&oacute;n, dada a sus paisanos de Francia por Federico Bastiat, e interpretada y ofrecida a los suyos de Zipaquir&aacute; por Eustacio Santamar&iacute;a </b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>WHAT IS SEEN AND NOT SEEN.     <br>The Political Economy in One Lesson, Given By Federico Bastiat to His French Fellows, and Offered By Eustacio Santamar&iacute;a in Zipaquir&aacute;    <br></b></p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Eustacio Santamar&iacute;a</i></p> <hr>     <p align="center">    <br><b>* * * </b></p>     <p>    <br></p>     <p align="justify">Eustacio Santamar&iacute;a naci&oacute; en Nemoc&oacute;n el 29 de marzo de 1829. Fue nombrado c&oacute;nsul en El Havre en diciembre de 1869, durante el gobierno del general Salgar, y empez&oacute; a ejercer sus funciones ante Francia y Gran Breta&ntilde;a desde abril de 1870. Antes de su nombramiento la delegaci&oacute;n consular fue dirigida en 1869 por J. M. Torres Caicedo, quien se opuso en un fuerte debate a los manejos que hizo Santamar&iacute;a de los asuntos de la delegaci&oacute;n; por Jes&uacute;s T. Tejada entre 1866 y 1868; y por Rafael N&uacute;&ntilde;ez en 1866, que apoy&oacute; la elecci&oacute;n de Santamar&iacute;a como c&oacute;nsul<sup><a href="#1">1</a><a name="n1"></a></sup>.</p>     <p align="justify">En 1873, Santamar&iacute;a ejerci&oacute; el cargo de secretario general del gobierno del Estado Soberano de Cundinamarca y se destac&oacute; por firmar el contrato con Percy Brandon y William Powles para la construcci&oacute;n de una l&iacute;nea f&eacute;rrea entre Bogot&aacute; y el sitio de Los Manzanos en el camino de occidente. Este contrato, como muchos otros que se suscribieron durante la fiebre ferrocarrilera de la d&eacute;cada de los 70, suscit&oacute; controversias apasionadas sobre la viabilidad del proyecto, su rentabilidad, el beneficio que traer&iacute;a para el erario p&uacute;blico y su impacto en la vida econ&oacute;mica de la regi&oacute;n<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p align="justify">Sus escritos m&aacute;s estructurados son el segundo y el tercer tomo de las <i>Conversaciones familiares sobre industria, agricultura, comercio, etc</i>.<sup><a name="n3"></a><a href="#3">3</a></sup>, en los que interpreta la realidad neogranadina y sugiere pol&iacute;ticas a partir de los elementos te&oacute;ricos que aprendi&oacute; en Par&iacute;s<a name="n4"></a><sup><a href="#4">4</a></sup>. Uno de los temas m&aacute;s importantes de esta obra es el manejo de las minas de sal de Zipaquir&aacute; y Chita, tema de vital importancia al que dedic&oacute; siete cap&iacute;tulos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Su traducci&oacute;n, bastante <i>libre</i>, de la obra de F. Bastiat, <i>Lo que se ve y lo que no se ve: o la econom&iacute;a pol&iacute;tica en una lecci&oacute;n</i>, es una interpretaci&oacute;n ofrecida a “los suyos de Zipaquir&aacute;”<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="n5"></a>, en la que a&ntilde;ade algunos cap&iacute;tulos que siguen el m&eacute;todo propuesto por Bastiat de analizar los fen&oacute;menos econ&oacute;micos no s&oacute;lo por sus consecuencias inmediatas sino tambi&eacute;n por las de largo plazo. En la nota que acompa&ntilde;a a la traducci&oacute;n advierte, con un estilo ret&oacute;rico m&aacute;s propio del Renacimiento que del siglo XIX, que agreg&oacute; los cap&iacute;tulos VIII, IX, X, XI, XII, XIV y XVI, basado en las lecciones que recibi&oacute; en Par&iacute;s de Bastiat, Chevalier, Blanqui y Garnier.</p>     <p align="justify">Los cap&iacute;tulos que se transcriben a continuaci&oacute;n tratan temas que constituyeron el eje del debate pol&iacute;tico y econ&oacute;mico durante la segunda mitad del siglo XIX: la discusi&oacute;n entre librecambio y proteccionismo; la producci&oacute;n agr&iacute;cola de exportaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de una base industrial; el papel paternalista del Estado y la reducci&oacute;n de sus funciones a la protecci&oacute;n de la vida, la propiedad, las obras de fomento, el ejercicio judicial y la defensa de la soberan&iacute;a. Tambi&eacute;n defiende la eliminaci&oacute;n del monopolio estatal sobre las salinas de Zipaquir&aacute; y Chita, opini&oacute;n que no prosper&oacute; durante los gobiernos radicales, pues estos obten&iacute;an gran parte de sus recursos de estas minas, las rentas de las aduanas y los ingresos del Ferrocarril de Panam&aacute;.</p>     <p align="justify">La presentaci&oacute;n de los temas no es rigurosa, pero los comentarios son valiosos en la medida en que reflejan los intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que antecedieron las reformas liberales de mediados del siglo XIX. Adem&aacute;s, muestra que el debate pol&iacute;tico en Colombia no ha cambiado en lo sustancial, y que la discusi&oacute;n sobre el proteccionismo y el librecambio ha sido y sigue siendo un comod&iacute;n en las discusiones de pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify"><i>Juan Santiago Correa R</i>.<a name="nast"></a><sup><a href="#ast">*</a></sup></p>     <p align="justify">    <br></p>     <p align="center"><b>* * * </b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b>XIV     <br>PROTECCI&Oacute;N A LOS ARTESANOS NACIONALES </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Don Chapet&oacute;n, carpintero de C&aacute;diz, Don Gavacho, sastre de Burdeos, y el ladino Juan Bull, zapatero de Londres, emprenden viaje para Bogot&aacute;. Establ&eacute;cense all&iacute;; mas al establecerse, mil obst&aacute;culos se les presentan para hacer pronto fortuna, que es el objeto que los ha tra&iacute;do por esos mundos de Dios. Muy bien sabido tienen ellos lo bueno, barato y elegante de los artefactos europeos; no ignoran tampoco que a pesar de los enormes gastos de transporte que ocasionan, muy bien podr&iacute;an venderse con ganancia en nuestro mercado zapatos, vestido y muebles de la mejor calidad y &uacute;ltima moda de Francia, Inglaterra y Alemania; conocen que el oficio de negociante ser&iacute;a mejor que el de artesano en tales circunstancias: se mecen por un momento con las ilusiones de abandonar para siempre serrucho, aguja y cartab&oacute;n, mas llevando la mano al bolsillo, ven que les falta <i>nervio</i> para transportar por su cuenta calzado, vestido y obras de ebanister&iacute;a de Europa a Nueva Granada. Dev&aacute;nanse los sesos pensando y repensando de qu&eacute; modo har&iacute;an para hacer frente a la concurrencia de los comerciantes, cuyos importes de artefactos extranjeros amagan abundar en el mercado, y son preferidos a los nacionales por la mayor parte del p&uacute;blico consumidor. Prop&oacute;nense traer artesanos europeos, y maderas, telas, cueros, clavos y &uacute;tiles europeos; y no dudan de ese modo en hacer calzado, vestido y obras de ebanister&iacute;a mejores y m&aacute;s baratos que los de pura cargaz&oacute;n que env&iacute;a el extranjero. Mas la misma falta de <i>nervio</i> les desbarata su nuevo proyecto.</p>     <p align="justify">La crisis es terrible; el mercado extranjero abunda; el p&uacute;blico gusta mucho de &eacute;l, porque le conviene m&aacute;s bajo todos aspectos; los artesanos no saben qu&eacute; camino tomar, se ven perdidos, arruinados, prontos a tomar violentas resoluciones contra los negociantes; cuando el cuerdo Juan Bull convoca a los zapateros, sastres, carpinteros, herreros, cerrajeros, cuya industria estaba amenazada y con ella el porvenir de sus familias, para acordarse sobre el partido que deber&iacute;an tomar.</p>     <p align="justify">Ning&uacute;n artesano falt&oacute; a la reuni&oacute;n, delante de la cual cada uno de ellos dijo lo mejor que le parec&iacute;a para arrostrar la crisis. Debe creerse que ninguna de las proposiciones era conducente, cuando no hemos sabido que alguna de ellas fuera adoptada por todos; hasta que se levant&oacute; Juan Bull, que ocupaba el asiento de presidente, y en su mal espa&ntilde;ol les dijo: “es ciertamente muy sensible el que no pueda hallarse medio alguno que, conserv&aacute;ndonos en nuestro respectivo oficio, nos ampare de la postraci&oacute;n que nos amenaza; porque, digan lo que quieran (atenci&oacute;n general), yo s&eacute; lo poco que vale la mano de obra en Europa y los ingeniosos auxilios que las artes sacan de la mec&aacute;nica; auxilios que hacen ganar tiempo, y ahorrar dinero, material y trabajo; s&eacute; tambi&eacute;n, porque soy de all&aacute; y lo he visto con mis propios ojos, que, a pesar de los crecidos gastos del transporte, los artefactos extranjeros nos llegan aqu&iacute; mejores, m&aacute;s baratos y m&aacute;s elegantes que los fabricados con nuestra poca destreza y nuestros mal&iacute;simos &uacute;tiles. Y como no tenemos capitales con qu&eacute; poder hacer concurrencia a los ricos extranjeros, no veo sino un recurso que no solamente nos preservar&iacute;a de una ruina completa, sino que nos proporcionar&iacute;a mayor n&uacute;mero de goces y un porvenir que puede llamarse muy lisonjero; bienestar y porvenir que jam&aacute;s lograr&iacute;amos atenidos a nuestro pobre oficio”. “&iquest;Cu&aacute;l es el recurso?, &iquest;cu&aacute;l es el recurso?”, grit&oacute; el auditorio entusiasmado. “&iexcl;Viva Juan Bull! &iexcl;Viva el famoso m&iacute;ster!”.</p>     <p align="justify">Tan luego como el alboroto ces&oacute;, continu&oacute; Juan Bull: “si es cierto que los extranjeros pueden mandar a nuestro mercado artefactos mucho mejores y m&aacute;s baratos que los que nosotros podemos fabricar aqu&iacute;, en donde los instrumentos de trabajo y la mano de obra cuestan tanto y son tan imperfectos; tambi&eacute;n es cierto que hay productos peculiares a esta tierra, de que se carece en Europa, y en cuyo mercado tienen tan buena salida como sus artefactos en el nuestro. All&aacute; en tierra caliente no m&aacute;s se puede hacer az&uacute;car y panela y miel, y el cacao, ma&iacute;z, arroz, caf&eacute;, el a&ntilde;il, que s&eacute; yo, crecen en abundancia. La tierra, no cuesta nada: se le piden unas tantas fanegadas al gobierno, y c&aacute;tennos ustedes ah&iacute; hechos cultivadores. Al principio la cosa marcha lentamente, mas despu&eacute;s, con algo de perseverancia y buena voluntad, entra el dinero a montones, sin exageraci&oacute;n ninguna. En la sabana tambi&eacute;n se producen papas, ganado y trigo, etc., que pueden venderse a los de tierra caliente en cambio de los productos peculiares a su clima y de que aqu&iacute; se tiene necesidad. Y mientras tanto compramos al extranjero nuestros vestidos, nuestro calzado y nuestras herramientas. Botemos, pues, nuestros malos &uacute;tiles o regal&eacute;moslos a los remendones que quieran quedarse aqu&iacute;, y v&aacute;monos a cultivar los campos o a sacar oro en Mosquita, Antioquia o el Cauca; que para eso est&aacute;n llamados los habitantes de estas comarcas, y no para fabricar zapatos, botas, medias, casacas y jaranas. La agricultura y la miner&iacute;a son el patrimonio de la Nueva Granada, as&iacute; como el de Inglaterra son las manufacturas” (se&ntilde;ales de aprobaci&oacute;n).</p>     <p align="justify">“El modo, pues, de burlarnos de la crisis actual, es el de cambiar las tijeras, el cartab&oacute;n y el serrucho, por el azad&oacute;n y el arado. Comenzaremos, si nos va muy mal, por ser jornaleros, luego arrendatarios, y en menos de que me limpio un ojo, seremos hacendados. Por mi parte, yo s&eacute; ya cu&aacute;l es el partido que debo tomar”. &iexcl;Viva el famoso m&iacute;ster!, &iexcl;viva mil veces!, fue el grito entusiasta que parti&oacute; del pecho de todos los artesanos como del pecho de un solo hombre.</p>     <p align="justify">Al d&iacute;a siguiente ya se hab&iacute;an reunido los artesanos por partidas; quienes se iban para la Mesa, quienes para Guaduas, quienes para Antioquia, estos para la Costa, aquellos para el Cauca, otros para el Socorro, todos llenos de &aacute;nimo y esperanzas en la nueva carrera que iban a emprender; cuando tres legisladores, viendo la alarma en que se hallaban las pobres chicheras y revendedoras de Bogot&aacute;, cuyos marchantes o parroquianos iban a arruinar su industria al emigrar; y acord&aacute;ndose del ejemplo del se&ntilde;or Prohibiente en Francia, cuando la cuesti&oacute;n del hierro belga, hicieron convocar extraordinariamente el Congreso, encabezaron una representaci&oacute;n en que probaban el espantoso peligro en que se hallaban las chicheras, venteras y revendedoras de Bogot&aacute;; y el Congreso, convencido por tan poderosas razones, y abundando en la opini&oacute;n de que la industria naciente de la naci&oacute;n iba a perecer en la m&aacute;s tierna edad, como una flor cegada por la cruel hoz, fabric&oacute; a toda prisa una ley que prohib&iacute;a la entrada de toda especie de artefactos extranjeros, a no ser que pagaran un derecho imposible casi de soportar. Calm&aacute;ronse los artesanos, qued&aacute;ronse en Bogot&aacute; ganando su vida en paz, no teniendo que temer concurrencia alguna.</p>     <p align="justify">Todo era bonanza en Bogot&aacute; entre los artesanos, jam&aacute;s hab&iacute;a reinado tanto orden, ni se acordaba ya nadie de la crisis pasada, cuando la necesidad fuerza a taita Juancho a renovar algunas de sus cosas de uso. El pobre taita que viv&iacute;a en el campo y hab&iacute;a estado a oscuras de cuanto se hab&iacute;a pasado en la capital pocos d&iacute;as antes, se ech&oacute; cuatro pesos al bolsillo, mont&oacute; en su mocho casta&ntilde;o y ech&oacute; a galope para Bogot&aacute;, con intenci&oacute;n de comprar ah&iacute; un par de calzones por tres pesos, y dos pares de zapatos para su mujer y su hija, por un peso.</p>     <p align="justify">&iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a el chasco del pobre taita, cuando yendo a su tienda favorita, encontr&oacute; que le era imposible el comprar los pantalones por menos de seis pesos, y los zapatos por menos de dos? Se qued&oacute; con la boca abierta, sin bullir pie ni mano, ni decir oste ni moste.</p>     <p align="justify">Pide que se le explique la causa de esa enorme carest&iacute;a en tan poco tiempo; y de la explicaci&oacute;n resulta que la ley que proh&iacute;be la introducci&oacute;n de artefactos extranjeros <i>no ve</i> sino el provecho de unos cuantos venteros y de unos cuantos malos artesanos de Bogot&aacute;, y el fantasma de no s&eacute; qu&eacute; industria nacional, salvada de la ruina. &iquest;Y qu&eacute; es <i>lo que no ve</i>? &iexcl;Ah, <i>lo que no ve</i> es m&aacute;s digno de atenci&oacute;n de lo que se cree! <i>No ve</i> que el taita Juancho tiene que pagar doble, si no triple, el mismo n&uacute;mero de goces. <i>No ve</i> que el taita Juancho se ve obligado a tener un pe&oacute;n menos y llevar una carga menos al mercado. <i>No ve</i> que el pe&oacute;n y el due&ntilde;o de la mula carecen de ocupaci&oacute;n y se perjudican. <i>No ve</i> que esos mismos artesanos consagrados a la agricultura y a la miner&iacute;a tendr&iacute;an mayor beneficio propio y habr&iacute;an contribuido de una manera poderosa al fomento de la industria nacional, que no podr&aacute; ser jam&aacute;s otra que la que resulta del cultivo de los campos y de la explotaci&oacute;n de las minas.</p>     <p align="justify">Y como la enormidad de los derechos no deja entrar a la Nueva Granada esa especie de artefactos, sino tal cual vez y eso de contrabando, se deduce por cualquier lado que se examine la cuesti&oacute;n que, con la ley que proh&iacute;be la entrada de artefactos extranjeros, no hay en suma sino una p&eacute;rdida neta, una partida negativa en el libro de la industria y del progreso nacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1) El tesoro no ha echado ni un centavo m&aacute;s en sus arcas; 2) el taita Juancho y todos los granadinos que no son artesanos, tienen que satisfacer las mismas necesidades con un trabajo doble, si no triple; 3) la industria nacional ha perdido los brazos de todos esos artesanos, que consagrados verdaderamente a ella, la habr&iacute;an hecho sin duda alguna florecer; 4) esos mismos artesanos ser&iacute;an hoy mucho m&aacute;s felices de lo que son, y no causar&iacute;an los trastornos dom&eacute;sticos que por su posici&oacute;n social causan necesariamente en las ciudades populosas.</p>     <p align="justify">“&iexcl;Esto es tan claro como dos y dos son cuatro!”, gritar&aacute;n todos, y luego votar&aacute;n en favor de la prohibici&oacute;n, sin acordarse de tal cosa, como dice el amigo Bastiat.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b>XV     <br>EL GOBIERNO METIDO EN LO QUE NO DEBE</b></p>     <p align="justify">Los deberes de los gobiernos no son ni pueden ser deberes paternales; pues antes ser&iacute;a preciso demostrar que hay alg&uacute;n gobierno que quiere tanto a sus s&uacute;bditos como un padre quiere a sus hijos, y que es tan superior a ellos en inteligencia como un padre lo es respecto de sus hijos.</p>     <p align="justify">La misi&oacute;n de las constituciones democr&aacute;ticas es la de despojar a los gobiernos civiles de aquellas innumerables atribuciones que daban a los gobiernos antiguos el car&aacute;cter de paternales, dej&aacute;ndoles puramente el manejo de los negocios que son de su estricta competencia. La naci&oacute;n mejor gobernada ser&aacute; aquella en que el gobierno civil no tenga m&aacute;s fines que los siguientes: proteger nuestras personas y nuestras propiedades; obligarnos a satisfacer nuestras necesidades, no por medio de la rapi&ntilde;a, sino por medio de la industria; obligarnos a allanar nuestras diferencias, no por medio de las armas, sino por medio de &aacute;rbitros, y forzarnos a dirigir todas nuestras fuerzas contra cualquiera otra sociedad que nos cause da&ntilde;os o nos insulte.</p>     <p align="justify">Proteger la industria, las ciencias, las artes, el comercio, la religi&oacute;n, no son negocios de su competencia; no ponerles trabas es en lo &uacute;nico que &eacute;l debe poner cuidado, que ni la industria, ni las ciencias, ni las artes, ni el comercio, ni la religi&oacute;n necesitan de su protecci&oacute;n para sostenerse y progresar. Y mal podr&iacute;a el gobierno mezclarse en eso sin descuidar su objeto principal de conservar el orden y distribuir justicia.</p>     <p align="justify">Si un gobierno es negociante, propietario o fabricante, entra en negocios que no tienen relaci&oacute;n alguna con sus deberes, puesto que en serlo causa m&aacute;s da&ntilde;os que beneficios, o para decir la entera verdad, no causa sino grandes perjuicios. Esta ser&aacute; la cuesti&oacute;n que someter&eacute; ahora a la prueba de <i>lo que se ve</i> y de <i>lo que no se ve</i>, tomando por ejemplo lo que pasa en cierta rep&uacute;blica que se llama Nueva Granada.</p>     <p align="justify">Nunca es m&aacute;s cierto que cuando se habla de los deberes de los gobiernos, que sin cierta divisi&oacute;n de los deberes el mundo no podr&iacute;a marchar. Es mucho m&aacute;s importante que los hombres tengan pan que el que tengan guitarras, y sin embargo, de ah&iacute; no se deduce que un fabricante de guitarras deba agregar a su oficio el de panadero, porque si as&iacute; lo hiciera tendr&iacute;amos malas guitarras y peor pan. Si un zapatero agregara a su oficio el de boticario, tendr&iacute;amos mal calzado y detestables remedios; y si a esos dos agregara el de confitero, no ser&iacute;a yo quien comer&iacute;a sus colaciones. Lo mismo sucede con respecto al gobierno; si al oficio de guardar el orden, de proteger nuestras personas y propiedades, de hacernos administrar justicia y de obligarnos a defendernos contra nuestros enemigos, agrega el de manejar intereses, y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; m&aacute;s, tendremos mal orden, peor justicia, detestable polic&iacute;a y mal&iacute;simas cuentas de esos intereses, como en efecto sucede.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Vamos al caso. Desde el tiempo de los godos es el gobierno granadino due&ntilde;o del derecho de manejar salinas, minas, factor&iacute;as, y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; m&aacute;s propiedades, por cuenta de la naci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Sometiendo a la prueba de nuestra piedra de toque una de las propiedades del gobierno, y estudiando sus consecuencias, cualquiera podr&aacute; despu&eacute;s aplicar la misma demostraci&oacute;n a las dem&aacute;s.</p>     <p align="justify">La salina de Zipaquir&aacute; nos viene a pedir de boca. Pasa un muchacho cualquiera por delante de la puerta del presidente, este le hace echar mano por sus criados, lo meten a su cuarto, y no sale de ah&iacute; sino con un destino de poco m&aacute;s o menos $150 al mes. Ni se necesita m&aacute;s para ser director de ventas o de intereses nacionales. El oficio del tal muchacho era el de abogado, m&eacute;dico, maestro de dibujo o m&uacute;sica, no importa, all&iacute; lo enganchan, y ha de manejar, sepa o no sepa, los intereses nacionales. No hay duda de que se ve en algunos afanes de mayor cuant&iacute;a; se mueve, se agita, corre, vuela, en una palabra, no sabe qu&eacute; hacer. Yo mismo, dice &eacute;l, no puedo manejar esta salina, porque entonces, &iquest;qui&eacute;n manejar&iacute;a las otras propiedades nacionales? Se quedar&iacute;an desatendidas y Dios sabe lo que despu&eacute;s me ir&iacute;a por la pierna arriba. Nombrar un administrador con unos $200 al mes es lo m&aacute;s prudente. Convenido.</p>     <p align="justify">Viene el administrador; administra seg&uacute;n le parece; mas como a &eacute;l, fuera del sueldo que coge, nada le interesa el mayor o menor rendimiento de la salina, se cuida poco de ella.</p>     <p align="justify">Nuestro muchacho lo nota y se resuelve a mudar de plan, pues el muchacho es honrado y desea de veras la prosperidad de aquello que tiene bajo su cuidado. Arrendar&eacute; la salina al que m&aacute;s me ofrezca, dice &eacute;l. &iexcl;Corriente! A dos reales arroba me la fabrica cierta compa&ntilde;&iacute;a; entregu&eacute;mosela y veamos c&oacute;mo nos va. Pero se le ocurre que en un pa&iacute;s en donde hay tantos manantiales y rocas de sal, podr&iacute;a antoj&aacute;rsele a algunos granadinos fabricar tambi&eacute;n sal y venderla m&aacute;s barata que lo que el gobierno desea. “A otro perro con ese hueso”, dice este, y da una ley por la cual nadie m&aacute;s que el gobierno puede fabricar sal en tantas y cuantas leguas a la redonda. Fabrica el gobierno exclusivamente sal, a seis reales la arroba, ganando en cada una cuatro reales, y se acuesta a dormir sobre sus laureles, sin pensar en las consecuencias que su proceder traiga a la naci&oacute;n, que en este caso tambi&eacute;n son unas <i>visibles</i> y otras <i>invisibles</i>.</p>     <p align="justify">Suponiendo que se fabriquen y vendan diariamente 1.000 arrobas de sal, recibe el gobierno una ganancia neta de $500 al d&iacute;a o sea $15.000 al mes. Estos $15.000 que entran a las arcas nacionales mensualmente, son el efecto inmediato, el efecto <i>que se ve</i> con los ojos del cuerpo; mas los que no ven sino los ojos del alma, los que s&oacute;lo la inteligencia descubre son mucho m&aacute;s considerables.</p>     <p align="justify">Tratemos de ponerlos en limpio. El taita Juancho y millares de personas m&aacute;s que se hallan en su mismo caso, se ven obligadas a no emplear sino la tercera parte de la sal que emplear&iacute;an si no costase sino a dos reales la arroba, porque es de advertir que la sal es uno de los objetos de m&aacute;s urgente necesidad. La misma industria salinera emplear&iacute;a tres veces m&aacute;s de brazos, si vendiese una cantidad de sal triple. De la carest&iacute;a de la sal resulta que ni la industria de las mulas, ni la de los carros, progresan, ni los caminos se abren ni mejoran, porque donde no hay transportes que puedan soportar los gastos de arreglo de caminos, estos no pueden existir por m&aacute;s que se quiera. La restricci&oacute;n de la industria salinera hace que aquellos hombres que podr&iacute;an ocuparse ventajosamente en la miner&iacute;a o en la agricultura, o en los transportes o en la abertura de caminos, se han hecho sastres, zapateros, herreros, carpinteros, etc., y que el gobierno para darles ocupaci&oacute;n y modo de que ganen su vida, ha prohibido la entrada de artefactos extranjeros, que son mejores y m&aacute;s baratos, con perjuicio del mismo taita Juancho, de millares de personas m&aacute;s y de la industria nacional.</p>     <p align="justify"><i>No se ve</i> todo eso, que es enorme, y <i>no se ve</i> tampoco que el gobierno no se perjudicar&iacute;a en nada si vendiese esa salina, por la cual se le dar&iacute;a lo que ella vale; y si entrase con ese dinero como accionista en empresas particulares, que al mismo tiempo que le reembolsar&iacute;an sus $15.000 mensuales por lo menos, dar&iacute;an a la naci&oacute;n, y a su industria un incremento imposible casi de calcularse.</p>     <p align="justify">Poniendo, pues, como hemos puesto, los efectos <i>que se ven</i> en frente de los <i>que no se ven</i> en esta cuesti&oacute;n, se deduce que un monopolio legal sobre objetos de gran consumo acarrea los males m&aacute;s graves a una naci&oacute;n; males que desgraciadamente no se ven con los ojos del cuerpo, sino el d&iacute;a en que, ca&iacute;do el monopolio, se notan los innumerables beneficios que su ca&iacute;da derrama sobre los intereses de la naci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El gobierno conservar&iacute;a en este caso la misma entrada de $15.000 mensuales, para sus gastos de administraci&oacute;n o para pagar los intereses de la deuda nacional, y dar&iacute;a vida al mismo tiempo por dos lados a la industria; en primer lugar, por medio de la baratura en que se pondr&iacute;a la sal, por el aumento del consumo de esta, el aumento de brazos que emplear&iacute;a esta industria y mil m&aacute;s que de ella se deducen; y en segundo lugar, por la grande o grandes empresas nacionales que se llevar&iacute;an a cabo si &eacute;l tomase parte en ellas con sus capitales. Esto es <i>lo que no se ve</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>XVI        <br> DE ESOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS </b></p>     <p align="justify">Que no se pueden atender muchas cosas a la vez sin atenderlas p&eacute;simamente; que es imposible servir a varios amos a la vez sin servirlos mal, es cierto y positivo; y que un m&eacute;dico que ejerce al mismo tiempo la abogac&iacute;a y desempe&ntilde;a un curato no podr&aacute; jam&aacute;s traspasar los l&iacute;mites de un mal curandero, un peor tinterillo y un cl&eacute;rigo de misa y olla, es una verdad que salta a los ojos de cualquiera. Y que el gobierno que en todas las circunstancias no mira con mucha atenci&oacute;n, con atenci&oacute;n profunda y con la mayor conciencia de lo que hace, las cosas que tiene a su cargo para examinarlas en todas sus partes, ese es un gobierno incompleto, y llamado a perecer, porque corre el riesgo m&aacute;s inminente de pasar por alto en sus acciones la justicia; y que el gobierno que descuida la justicia es un gobierno perdido, y del que el &uacute;ltimo juicio de los hombres, la posteridad, no har&aacute; menci&oacute;n sino como de un estorbo da&ntilde;ino arrojado a la marcha de la humanidad.</p>     <p align="justify">Jam&aacute;s habr&aacute; justicia absoluta en una naci&oacute;n en donde el encargado de hacer que se administre la justicia tenga que atender a obligaciones de otra especie; y que mientras mayor sea el n&uacute;mero de objetos que est&eacute;n al cargo del gobierno, tanto m&aacute;s deprimida, hollada y despreciada se hallar&aacute; la justicia.</p>     <p align="justify">Que el gobierno sea propietario y maneje por su cuenta, y valido de su fuerza exclusivamente, una empresa que constituye una de las riquezas del pa&iacute;s, es una calamidad positiva, lo he demostrado perentoriamente en el cap&iacute;tulo pasado, poniendo sus funestas consecuencias <i>que no se ven</i> al frente de las <i>que se ven</i>. Mas, sentado que no sea posible de otro modo, sino que es preciso que el gobierno maneje propiedades, voy a probar con un hecho hist&oacute;rico que aun en el manejo de ellas los efectos <i>que se ven</i> se tienen m&aacute;s en cuenta que los <i>que no se ven</i>; lo que ser&aacute; aun una prueba perentoria m&aacute;s de que el zapatero no debe sino hacer zapatos, y no dar sangr&iacute;as ni hacer navajas.</p>     <p align="justify">Una de las propiedades que el gobierno granadino maneja, por cuenta de la naci&oacute;n, seg&uacute;n dicen, es la de la salina de Chita. Esta posesi&oacute;n queda en un pa&iacute;s muy distante de Bogot&aacute;, y muy distante tambi&eacute;n de la civilizaci&oacute;n. Ah&iacute; viven los empleados y peones de la salina, casi solos; la vida no tiene atractivo ninguno, el clima es enfermizo, hay escasez de buenos alimentos y los caminos que ah&iacute; conducen se llaman caminos porque el uso as&iacute; los ha denominado, mas no porque tengan ni semejanza con estos.</p>     <p align="justify">Arrendose esta salina una vez sin previsi&oacute;n ninguna, como era natural de la parte de un gobierno, con detrimento del tesoro p&uacute;blico, a un contratista que hizo en ella un caudal inmenso en menos de qu&iacute;tame all&aacute; esas pajas. El gobierno, despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os, not&oacute; que el contratista ganaba m&aacute;s de lo que por su trabajo merec&iacute;a, con perjuicio de la hacienda nacional, e hizo rescindir el contrato con la mayor justicia de su parte. La p&eacute;rdida que sufri&oacute; el tesoro en los a&ntilde;os que dur&oacute; el contrato es una prueba manifiesta de la incompetencia del gobierno en lo que no sea administrar justicia y poner orden; mas eso no viene ahora al caso, a pesar de que el fin de esta peque&ntilde;a historia dar&aacute; aun una prueba m&aacute;s concluyente de lo mismo.</p>     <p align="justify">Se invita a nueva contrata. Entre los oponentes se saca la ficha el que promete m&aacute;s ganancias al tesoro. El administrador de cuentas es un joven pundonoroso y honrado como el que m&aacute;s, pero carece de experiencia, pues siendo antes abogado, jam&aacute;s se las hab&iacute;a visto m&aacute;s gordas. Se hace la segunda contrata. &iquest;Cu&aacute;l es el &aacute;nimo del gobierno? El de sacarse el clavo, como dicen, el de recobrar a todo trance lo perdido con el anterior contratista. Busca el otro extremo; pues esa es una de las cualidades visibles que distinguen al gobierno que traspasa los l&iacute;mites de la administraci&oacute;n de los negocios de su competencia; siempre cae en los extremos, jam&aacute;s busca el t&eacute;rmino medio, pues si lo buscara, esto le dar&iacute;a el car&aacute;cter de justiciero, lo que se opone enteramente con la clase de negocios a que tiene que atender.</p>     <p align="justify">Se marcha el nuevo contratista a comenzar sus trabajos. Al ver el campo del combate pagado, halla que no hay sino muertos y heridos: las calderas viejas y rotas, las ramadas desplomadas dispuestas a caer al imperio de un aguacero fuerte, los manantiales tapados por medio de derrumbes, el combustible a una distancia enorme y sin camino ninguno por donde tenerlo a mano y hacer uso de &eacute;l. Todo eso y m&aacute;s que el gobierno hab&iacute;a callado con intenci&oacute;n o sin ella, impide el que los trabajos se comiencen tan pronto como ser&iacute;a necesario para cumplir con lo prometido. Sin embargo, el nuevo contratista espera que el gobierno tenga eso en cuenta, para ser indulgente con &eacute;l como de justicia, lleva algunas docenas de peones de la Sabana y del Socorro, manda ah&iacute; a sus dos hijos, y lleno de deseos de mejorar la elaboraci&oacute;n, encarga a Inglaterra dos calderas para evaporar la sal, y varias otras m&aacute;quinas para facilitar los trabajos. Pero el gobierno no cede, ordena que se cumpla la contrata al pie de la letra, y que el dinero que &eacute;l debe recibir del contratista entre en sus arcas. C&uacute;mplense sus &oacute;rdenes y deseos; el dinero viene, lo recibe sob&aacute;ndose las manos y dando brincos como un muchacho.</p>     <p align="justify">La entrada de ese dinero es la parte de la cuesti&oacute;n que el gobierno <i>ve</i>; la recuperaci&oacute;n de lo antes perdido es lo que tambi&eacute;n <i>ve</i> en aquel momento. Mas su vista no traspasa los l&iacute;mites de lo que <i>se ve</i>, o no quiere traspasarlos. Anim&eacute;monos ahora a ver lo que <i>no se ve</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><i>No se ve</i> que el dinero que el tesoro recibe no viene de la luna, que ese dinero viene de la venta de los intereses del contratista, y que la ruina de esos intereses trae consigo la de las personas que de ellos dependen: y que esos intereses hacen parte de la riqueza nacional, que sufre por decontado cuando ellos sufren. <i>No se ve</i> que el taita Juancho pierde su colocaci&oacute;n como mayordomo de sus mulas. <i>No se ve</i> que dentro de poco el contratista no tiene m&aacute;s dinero con que rendir cuentas al gobierno, y que este observa con pesar que los fuertes no entran como antes a las arcas. <i>No ve</i> que los compradores de sal vienen a Chita por lana y se van trasquilados; <i>no ve</i> el enorme perjuicio que de ah&iacute; resulta al taita Juancho, a la industria mulera, a los ganados, y a los caminos que se tapan por falta de transe&uacute;ntes; <i>no ve</i> que el contratista env&iacute;a contraorden a Inglaterra para que las calderas no vengan; <i>no ve</i> el fomento que hubiera recibido la industria salinera con esos instrumentos, que disminuyendo y facilitando la mano de obra, aumentan considerablemente la bondad y la cantidad de los productos fabricados.</p>     <p align="justify">El gobierno, que representa la naci&oacute;n en sus intereses, <i>no ve</i> que la riqueza nacional ha retrogradado en vez de haber progresado. <i>No ve</i>, que el tesoro no ha ganado nada, que ha perdido al contrario, y que hubiera perdido mucho m&aacute;s, si el contratista no se hubiese retirado antes de que su ruina fuese completa, y con ella la de crecidos intereses del gobierno. <i>No ve</i> que con su ignorancia o mala fe ha hollado dos veces la justicia, la una cuando se dej&oacute; enga&ntilde;ar por un contratista y la otra cuando &eacute;l mismo fue el enga&ntilde;ador. <i>No ve</i> que en su falta de sentido com&uacute;n quiere tapar un roto con un descosido. Y <i>no ve</i> sobre todo que el criterio de un buen gobierno es la justicia, y que la base de la justicia es la ley para todos. Que las naciones se parecen en ciertos casos a los ej&eacute;rcitos; se someten al r&eacute;gimen m&aacute;s severo con tal de que este r&eacute;gimen se aplique a todos; como si la disciplina a la cual todos est&aacute;n igualmente obligados a someterse, jefes como soldados, no se hiciese sentir sobre nadie. Encuentra en nuestra alma tal expansi&oacute;n la igualdad, que soportamos f&aacute;cilmente el peso m&aacute;s duro con tal de que todos participemos de &eacute;l. &iexcl;Qu&eacute; de gentes no se asocian en los tiempos en que andamos para sufrir en com&uacute;n! Pero que el r&eacute;gimen de la severidad no se aplique a todos, que hiera a cierto n&uacute;mero de personas no m&aacute;s, entonces, &iexcl;ah!, no hay que pensar en la sumisi&oacute;n de nadie, porque el yugo se vuelve insoportable. Entonces el gobierno se llena de dificultades, que crecen en proporci&oacute;n de sus desigualdades e injusticias. Al contrario, cuando todos se complacen en decir de una administraci&oacute;n: “es severa pero justa”, la tarea de los gobernantes se vuelve f&aacute;cil. Bajo un gobierno sin preferencias, sin personalidades, no hay que temer las agitaciones desordenadas. La generalidad se unir&aacute; sin duda para hacer representaciones, si las cree necesarias, ella pedir&aacute; en masa las reformas, se tratar&aacute; de justicia a justicia; pero no habr&aacute;n ni facciones ni conspiraciones. Seg&uacute;n el modo como el gobierno haga ejecutar para todos y a la luz del d&iacute;a, la letra estricta de la ley civil, se exigir&aacute; tambi&eacute;n de &eacute;l a la luz del d&iacute;a, la ejecuci&oacute;n de la ley natural del progreso.</p>     <p align="justify">He aqu&iacute; por qu&eacute; nos indignamos y combatimos contra la antidemocr&aacute;tica pr&aacute;ctica y fatal tendencia del gobierno en ingerirse en asuntos que no son de su estricta competencia, porque de ello resulta indispensablemente que sus actos todos no llevan el sello de la justicia: la ley para todos.</p>     <p align="justify">    <br>   <b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"> <a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. Torres Caicedo, J. M. 1874. <i>Muerte moral de don Eustacio Sanz de Santamar&iacute;a</i>, Nemoc&oacute;n, Imprenta de don Basilio-Eustacio, 134 p.</p>     <p align="justify"> <a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. Santamar&iacute;a, Eustacio. 1873. <i>Informe general al Gobernador de Cundinamarca</i>, Bogot&aacute;, Imprenta de Gait&aacute;n, 120 p.</p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. Santamar&iacute;a, Eustacio. 1871/2. <i>Conversaciones familiares sobre industria, agricultura, comercio, etc.</i>, Havre, Imprenta de A. Lemale Aine, tomos II y III . El tomo I fue escrito por Jos&eacute; Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez de Alba.</p>     <p align="justify"> <a href="#n4">4</a><a name="4"></a>. Aunque sus recomendaciones giran alrededor de temas econ&oacute;micos nacionales, tambi&eacute;n hace comparaciones con otros pa&iacute;ses hispanoamericanos y da consejos culinarios y pr&aacute;cticos sobre la vida diaria del campo y la ciudad.</p>     <p align="justify"> <a href="#n5">5</a><a name="5"></a>. Aunque no es claro qui&eacute;nes eran “los suyos de Zipaquir&aacute;”, cabe suponer que se refiere a miembros de la &eacute;lite pol&iacute;tica y acad&eacute;mica colombiana de la &eacute;poca, como Lorenzo Mar&iacute;a Lleras, los hermanos Santiago, Rafael y Felipe P&eacute;rez Manosalva, y Jos&eacute; Mar&iacute;a Triana, entre otros zipaquire&ntilde;os notables.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="ast"></a><a href="#nast">*</a> Economista, docente investigador de la Universidad Externado de Colombia.</p> </font>      ]]></body>
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