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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[JUAN LUIS LONDOÑO: IDEAS PARA LA ACCIÓN]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center"><b>    <br>JUAN LUIS LONDO&Ntilde;O: IDEAS PARA LA ACCI&Oacute;N</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>JUAN LUIS LONDOÑO: IDEAS FOR ACTION</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez*</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Profesor de la Universidad Externado de Colombia y la Universidad Nacional de Colombia, <a href="mailto:jivangonzalez@cable.net.co">jivangonzalez@cable.net.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 7 de abril de 2003, fecha de aceptaci&oacute;n: 21 de abril de 2003. Agradezco los comentarios de Alberto Supelano. </p> <hr>     <p align="justify">    <br>Para Juan Luis Londo&ntilde;o la actividad acad&eacute;mica siempre estuvo ligada a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Pensaba que la reflexi&oacute;n te&oacute;rica debe contribuir al cambio de la sociedad. Desde sus primeros trabajos, escritos a finales de los 70, busc&oacute; puentes entre el an&aacute;lisis abstracto y la actividad concreta. Aunque conoc&iacute;a bien las grandes tendencias del pensamiento econ&oacute;mico, no parec&iacute;a interesado en los detalles de las discusiones te&oacute;ricas b&aacute;sicas. En su obra acad&eacute;mica no hay espacio para la reflexi&oacute;n pausada. No lo desvelaba la preocupaci&oacute;n por la consistencia de los teoremas significativos, de los que habla Samuelson (1947). No le atra&iacute;a la evoluci&oacute;n de las grandes escuelas del pensamiento econ&oacute;mico. Parec&iacute;a no tener tiempo para disfrutar el debate acad&eacute;mico. Era pragm&aacute;tico y validaba los argumentos por su capacidad para encontrar soluciones. La econom&iacute;a ten&iacute;a sentido si contribu&iacute;a a interpretar y a modificar la realidad. En sus art&iacute;culos abundan las recomendaciones de pol&iacute;tica. Y durante los gobiernos de Gaviria y Uribe logr&oacute; que sus intuiciones se convirtieran en leyes y programas.</p>     <p align="justify">Lo m&aacute;s sorprendente de su obra es la capacidad de conjugar el dato con la imaginaci&oacute;n. Su habilidad para construir historias. Shackle (1972) dice que los economistas somos como los novelistas. Inventamos cuentos. El literato recurre a las palabras. Los economistas disponemos de otros instrumentos (el dato, la econometr&iacute;a, la matem&aacute;tica, etc.) para contar historias. Reconstruimos el mundo a nuestra manera. Y es buen economista, dice Shackle, quien narra historias utilizando adecuadamente esas herramientas. Puesto que con los instrumentos de la econom&iacute;a nunca sabremos si la historia es verdadera o falsa, al final s&oacute;lo importa la buena narraci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La obra de Londo&ntilde;o despierta inter&eacute;s porque su lenguaje es directo. Nunca olvida al lector. Lo invita a que lo acompa&ntilde;e en la argumentaci&oacute;n. La exposici&oacute;n es sencilla, clara y pedag&oacute;gica. Las historias son completas. Ning&uacute;n art&iacute;culo acaba en punta. Comienza aclarando el origen del problema, luego critica a quienes no han entendido de qu&eacute; se trata, y despu&eacute;s presenta su versi&oacute;n del asunto y propone soluciones. El mejor ejemplo de esa capacidad narrativa es su tesis doctoral (Londo&ntilde;o, 1990b; 1995). Con la escasa informaci&oacute;n disponible reconstruy&oacute; la historia de la distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia desde los a&ntilde;os 30. Ninguno de los estudios que se han hecho en el pa&iacute;s sobre ese tema es tan audaz como el suyo. Y hablo de audacia en un doble sentido: capacidad para construir historias, y habilidad para formular principios con car&aacute;cter de ley a partir de las tendencias observadas.</p>     <p align="justify">Londo&ntilde;o cre&oacute; series impensables que van desde 1936 hasta 1986. Para cada a&ntilde;o, valor&oacute; la tasa de retorno de la educaci&oacute;n, los precios del capital humano, la productividad total de los factores en &aacute;reas urbanas y rurales, los salarios diarios en la agricultura por departamento, las retribuciones de la educaci&oacute;n por sectores econ&oacute;micos (agricultura, construcci&oacute;n), la distribuci&oacute;n factorial del ingreso en &aacute;reas rurales y urbanas, la participaci&oacute;n en el ingreso de los cuatro factores b&aacute;sicos (trabajo bruto, capital humano, rentas agr&iacute;colas, ganancia). A estas series, que apenas son una ficci&oacute;n, Londo&ntilde;o logr&oacute; imprimirles una enorme fuerza narrativa.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n fue osado como reformador social. Sac&oacute; avante una de las normas m&aacute;s importantes de los 90: la Ley 100 de 1993. Su convicci&oacute;n, su optimismo, su facilidad de palabra y su fuerza argumentativa hicieron posible que &eacute;sta y otras propuestas fueran aprobadas en el Congreso. En su &uacute;ltimo cargo, pocos d&iacute;as antes de su muerte, logr&oacute; que el Parlamento concretara en tiempo r&eacute;cord las leyes laboral y pensional.</p>     <p align="justify">Cuando la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud –OMS– (WHO, 2000) dio a Colombia el primer puesto en el mundo en la clasificaci&oacute;n del indicador <i>imparcialidad de la contribuci&oacute;n financiera</i> (ICF), alz&oacute; la copa y en la revista <i>Dinero</i>brind&oacute; con tono triunfalista: “salud por la salud de Colombia”. Con un optimismo desbordante se apresur&oacute; a identificar <i>imparcialidad</i> con <i>equidad</i>. Y afirm&oacute; que el sistema de salud de Colombia era el m&aacute;s <i>equitativo</i> del mundo. No compart&iacute; esta opini&oacute;n. Lejos de avanzar hacia la equidad, el sistema de salud colombiano es muy inequitativo. El indicador ICF es compatible con los criterios de <i>solidaridad</i> que animan la Ley 100, no con principios de <i>equidad</i> (Gonz&aacute;lez, 2001). En su af&aacute;n por destacar las bondades del proyecto, Londo&ntilde;o se equivoc&oacute;. La sustituci&oacute;n del t&eacute;rmino <i>imparcialidad</i> por <i>equidad</i> no es v&aacute;lida. Una y otra vez atribuy&oacute; los errores de la Ley 100 a su aplicaci&oacute;n y no a su concepci&oacute;n original.</p>     <p align="justify">En los 80 se inclin&oacute; hacia el keynesianismo. Crey&oacute; en las ventajas del proteccionismo, en el apoyo discrecional del Estado a la industria y a la agricultura. Critic&oacute; al Fondo Monetario Internacional. En sus an&aacute;lisis del mercado laboral comparti&oacute; el diagn&oacute;stico de la Misi&oacute;n Chenery<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup>, en la que tuvo una participaci&oacute;n activa. La Misi&oacute;n afirm&oacute;, sin ambages, que el desempleo ten&iacute;a sus ra&iacute;ces en la debilidad de la demanda efectiva. Y rechaz&oacute; como factores explicativos del desempleo los costos laborales y las inflexibilidades del mercado laboral. Sin renegar expl&iacute;citamente de Keynes, en los 90 cambia de perspectiva. No defiende con tanto &aacute;nimo la intervenci&oacute;n discrecional del Estado. Comienza a ver con muy buenos ojos la apertura, y en vez de priorizar los factores de demanda en la explicaci&oacute;n del desempleo se va inclinando hacia el lado de la oferta, y da especial &eacute;nfasis a la educaci&oacute;n y a las condiciones del capital humano. Impuls&oacute; la &uacute;ltima reforma laboral, entre otras razones, con el argumento de que el mercado laboral es inflexible y no facilita la creaci&oacute;n de empleos. L&oacute;gica que rechaz&oacute; en los 80. Consider&oacute; que los ajustes estructurales de los a&ntilde;os noventa eran apropiados aunque insuficientes. E insisti&oacute; en la conveniencia de intensificar la apertura.</p>     <p align="justify">No lo censuro por cambiar de posici&oacute;n, sino porque no justifica bien la nueva visi&oacute;n de los hechos. Una mirada al mercado laboral nos ayuda a entender mejor el problema. A mediados de los 80, la Misi&oacute;n Chenery, y Londo&ntilde;o con ella, afirmaba que el origen del desempleo era la falta de demanda efectiva. En los 90, y as&iacute; lo reconoce el mismo Londo&ntilde;o, el mercado laboral se flexibiliz&oacute; y el empleo temporal aument&oacute;. Frente a esta evidencia, &iquest;por qu&eacute; insisti&oacute; en una reforma laboral que profundiza la flexibilidad del mercado del trabajo?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">A continuaci&oacute;n comento su obra dividi&eacute;ndola en tres temas: 1)&nbsp;desarrollo, crecimiento y distribuci&oacute;n; 2)&nbsp;macroeconom&iacute;a y mercado laboral; 3)&nbsp;seguridad y protecci&oacute;n social.</p>     <p align="justify"><b>DESARROLLO, CRECIMIENTO Y DISTRIBUCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Siempre dio importancia a lo social. No acept&oacute; la dicotom&iacute;a entre pol&iacute;tica social y pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Explor&oacute; las interacciones entre el desarrollo, el crecimiento y la distribuci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En uno de sus primeros ensayos critica el enfoque schumpeteriano porque asume una posici&oacute;n “voluntarista” que “parece jugar un importante papel ideol&oacute;gico” (Londo&ntilde;o, 1979, 26). En Schumpeter, dice, prevalece el “subjetivismo microecon&oacute;mico”. Afirma que la aproximaci&oacute;n de Schumpeter es demasiado general y que no da cuenta de las especificidades de “nuestro sistema productivo”<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>. Propone un enfoque “m&aacute;s comprensible” del problema del subdesarrollo, que tenga en cuenta “la competencia imperfecta”. No cree que sea posible consolidar la peque&ntilde;a empresa sin entender sus articulaciones con la gran industria<sup><a name="n3"></a><a href="#3">3</a></sup>.</p>     <p align="justify">A finales de los 70 y comienzos de los 80 ley&oacute; a Salama, Poulantzas, Corchuelo y Misas. Buscaba elementos que le ayudaran a formar una visi&oacute;n comprehensiva de la realidad<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. Afirm&oacute; con convicci&oacute;n que “para aprehender la relaci&oacute;n entre la g&eacute;nesis y la estructura nos acogemos a la llamada <i>Teor&iacute;a del desarrollo desigual y combinado</i>” (Londo&ntilde;o, 1979, 31).</p>     <p align="justify">Coquete&oacute; de lejos, y con mucha timidez, con el marxismo. Con Carlos Posada escribi&oacute; en 1983 un art&iacute;culo sobre la teor&iacute;a marxista de la ganancia que comienza afirmando que el pensamiento de Marx se puede “desdoblar” en un nivel “filos&oacute;fico” o “cualitativo” y un nivel “cuantitativo”. Sostienen que en el nivel cualitativo “nada” se puede “objetar” o “a&ntilde;adir” a la teor&iacute;a marxista de la ganancia. En cambio, en el nivel cuantitativo “s&iacute; es posible” y “conveniente objetar algunas tesis de Marx”. Y lo critican por cierto simplismo anal&iacute;tico que le impide ver la complejidad de factores que inciden en la tasa de ganancia. A diferencia de la teor&iacute;a marxista, el an&aacute;lisis de Keynes s&iacute; ayuda a entender que “los ritmos de evoluci&oacute;n de la demanda efectiva global pueden afectar las relaciones producto-capital, producto-empleo y capital-empleo” (Londo&ntilde;o y Posada, 1983, 55). Manifiestan su preferencia por Keynes sin que medie, ni en &eacute;se ni en otros art&iacute;culos, una comparaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la obra de ambos autores. En los textos de Londo&ntilde;o no hay lugar para la reflexi&oacute;n tranquila sobre las distintas concepciones te&oacute;ricas. Parecer&iacute;a que el apremio por adelantar las reformas no le dejaba tiempo para la meditaci&oacute;n sosegada.</p>     <p align="justify">La peque&ntilde;a empresa fue uno de los primeros temas que atrajo su atenci&oacute;n. Quer&iacute;a hacer un diagn&oacute;stico global y critic&oacute; las investigaciones que dejaban de lado las interacciones entre los fen&oacute;menos. En su opini&oacute;n, el problema de la peque&ntilde;a empresa no era el cr&eacute;dito, como se dec&iacute;a a finales de los 70, sino la concentraci&oacute;n y el monopolio. “Para la peque&ntilde;a empresa, el cr&eacute;dito no es el meollo del problema, sino la concentraci&oacute;n de la riqueza y la producci&oacute;n, y la existencia de grandes monopolios” (Londo&ntilde;o, 1979, 36). En este trabajo afloran elementos claramente keynesianos. En su opini&oacute;n, la consolidaci&oacute;n de la demanda agregada –motor de la peque&ntilde;a empresa– no es posible mientras haya concentraci&oacute;n de la riqueza y monopolios. La pol&iacute;tica econ&oacute;mica debe tener “presente la regulaci&oacute;n de la concentraci&oacute;n industrial y los conglomerados”. Si no lo hace “resulta irrelevante”, y no incide en los “sucesos econ&oacute;micos”. Es fundamental modificar la estructura industrial. De lo contrario, la promoci&oacute;n a la peque&ntilde;a empresa termina siendo “m&aacute;s nominal que real”, ya que “se presenta una s&uacute;per imposici&oacute;n formal de pol&iacute;ticas e instrumentos de pol&iacute;ticas sobre una estructura industrial que no corresponde a las medidas que ella contiene” (Londo&ntilde;o, 1979, 48-49). Y rechaza de manera contundente la confianza en la autonom&iacute;a de los mercados: “dar paso libre a las fuerzas de mercado es fortalecer a quienes puedan imponer su fuerza en &eacute;l” (Londo&ntilde;o, 1979, 47).</p>     <p align="justify">En los 80, sus an&aacute;lisis ya tienen un marco claramente keynesiano. La “ca&iacute;da de la demanda efectiva fue el factor central de la crisis en bienes de consumo e intermedios” (Echavarr&iacute;a, Caballero y Londo&ntilde;o, 1983, 82). En esa &eacute;poca, no s&oacute;lo juzgaba conveniente impulsar la demanda efectiva. Tambi&eacute;n ve&iacute;a con buenos ojos la acci&oacute;n del Estado en favor del mercado interno, y de la protecci&oacute;n de la industria nacional<sup><a name="n5"></a><a href="#5">5</a></sup>. Propon&iacute;a aumentar los aranceles<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify">En 1984 critic&oacute; el diagn&oacute;stico del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la situaci&oacute;n colombiana. No aceptaba el v&iacute;nculo que el FMI establec&iacute;a entre d&eacute;ficit externo y d&eacute;ficit fiscal, pues pensaba que el d&eacute;ficit externo era “fundamentalmente ex&oacute;geno”. En un art&iacute;culo posterior, afirm&oacute; que la pol&iacute;tica econ&oacute;mica no se deb&iacute;a centrar exclusivamente en la b&uacute;squeda del cr&eacute;dito externo, porque no se contaba con una estrategia adecuada y ello pod&iacute;a conducir a un “deterioro del resto de metas de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica” (Londo&ntilde;o, 1985b). El ajuste fiscal deb&iacute;a ser m&aacute;s gradual y no tan r&aacute;pido como propon&iacute;a el FMI. Las medidas fiscales restrictivas no eran convenientes porque contra&iacute;an la demanda efectiva. El efecto contraccionista ocasiona un debilitamiento de los ingresos p&uacute;blicos, que a la larga va en contra del prop&oacute;sito buscado originalmente<sup><a name="n7"></a><a href="#7">7</a></sup>.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n prest&oacute; mucha atenci&oacute;n a la relaci&oacute;n entre el crecimiento y la distribuci&oacute;n. La curva de Kuznets le sirvi&oacute; como punto de referencia<a name="n8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup>. Y aunque la citaba a menudo, no parece que se haya percatado de las continuas dudas que atormentaron a su creador. Tend&iacute;a a interpretar dicha curva en forma determinista. No advirti&oacute; que Kuznets (1955) <i>no</i> propuso una secuencia temporal determinista. Reconoci&oacute; que “a partir del modelo discutido no se pueden sacar conclusiones firmes” (Kuznets, 1995, 12). Aqu&iacute; se equivoca en dos sentidos: primero, en la interpretaci&oacute;n de las causalidades de la curva de Kuznets, y segundo, en la forma de aplicarla a Colombia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No es l&iacute;cito mirar la U invertida de Kuznets como una relaci&oacute;n causal que va en la direcci&oacute;n crecimiento&nbsp; <font face="Symbol">&reg;</font> &nbsp;distribuci&oacute;n. Esta aproximaci&oacute;n de Londo&ntilde;o deja de lado otra interpretaci&oacute;n de Kuznets que se acerca m&aacute;s a su visi&oacute;n del problema: la mejor distribuci&oacute;n del ingreso es una condici&oacute;n –y no una mera consecuencia– del crecimiento (distribuci&oacute;n&nbsp; <font face="Symbol">&reg;</font> &nbsp;crecimiento). Para Kuznets, la igualdad de oportunidades, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, es un “requisito indispensable” para que haya crecimiento. La igualdad de oportunidades es la “filosof&iacute;a b&aacute;sica” sobre la que se “asienta” el crecimiento<a name="n9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup>. Si la igualdad de oportunidades es la “filosof&iacute;a b&aacute;sica” sobre la que se “asienta” el crecimiento, no es pertinente interpretar, como lo hace Londo&ntilde;o, la U invertida de Kuznets como una relaci&oacute;n de causalidad que supone sustituir equidad presente por equidad futura. Por el contrario, en la perspectiva de Kuznets el crecimiento de ma&ntilde;ana se fundamenta en la equidad de hoy.</p>     <p align="justify">Londo&ntilde;o aplic&oacute; la curva de Kuznets con una visi&oacute;n determinista. Constat&oacute; que en Colombia “la distribuci&oacute;n del ingreso ha tenido una inequ&iacute;voca tendencia a la mejor&iacute;a desde 1964 (con la excepci&oacute;n del subper&iacute;odo 1970-1973 [...]), aunque la tasa de disminuci&oacute;n de la desigualdad ha sido menor en la &uacute;ltima d&eacute;cada” (Londo&ntilde;o, 1990, 144)<a name="n10"></a><sup><a href="#10">10</a></sup>. Colombia, dice all&iacute;, ha dejado de ser “uno de los pa&iacute;ses con mayores niveles de concentraci&oacute;n en los ingresos”, y ahora (1990) “se coloca en un lugar intermedio dentro del contexto internacional, y con valores similares –incluso mejores– a los de otros pa&iacute;ses con un igual nivel de desarrollo econ&oacute;mico” (Londo&ntilde;o, 1990, 145). Interpret&oacute; la tendencia positiva de la distribuci&oacute;n con un optimismo desbordado y afirm&oacute;, siete a&ntilde;os despu&eacute;s, que “la desigualdad distributiva y la pobreza absoluta est&aacute;n comenzando a dejar de ser los problemas sociales dominantes en Colombia” (Londo&ntilde;o, 1997, 20)<a name="n11"></a><sup><a href="#11">11</a></sup>. Calific&oacute; de “espectacular” la reducci&oacute;n de la brecha distributiva en el pa&iacute;s durante los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os(Londo&ntilde;o, 1996, 2)<a name="n12"></a><sup><a href="#12">12</a></sup>. Y concluy&oacute; que “aquello [la reducci&oacute;n de la brecha distributiva] que le tom&oacute; a Inglaterra dos siglos, Colombia lo logr&oacute; en el ‘breve intervalo&rsquo; de 50 a&ntilde;os” (ib&iacute;d., 16)<a name="n13"></a><sup><a href="#13">13</a></sup>. En medio de esta euforia, termin&oacute; legitimando la apertura, la liberaci&oacute;n cambiaria y las propuestas del Consenso de Washington (Williamson, 1990; 2000). Y, sobre todo, transmiti&oacute; la falsa impresi&oacute;n de que el problema distributivo ya no es neur&aacute;lgico en la sociedad colombiana. Desde el punto de vista pol&iacute;tico esta conclusi&oacute;n tiene enormes repercusiones porque minimiza la importancia de la agenda distributiva.</p>     <p align="justify">Sostuvo que la distribuci&oacute;n del ingreso hab&iacute;a mejorado en la segunda mitad de los 60 por razones demogr&aacute;ficas<a name="n14"></a><sup><a href="#14">14</a></sup>, porque: 1)&nbsp;“el diferencial de ingresos, producto de los diferentes niveles promedio de educaci&oacute;n, ha decrecido con el tiempo” (Londo&ntilde;o, 1990, 145)<sup><a name="n15"></a><a href="#15">15</a></sup>, 2)&nbsp;el ritmo de crecimiento es mayor, 3)&nbsp;el gasto social focalizado es m&aacute;s eficiente (Londo&ntilde;o, 1996, 2)<sup><a name="n16"></a><a href="#16">16</a></sup>, y 4)&nbsp;la liberaci&oacute;n econ&oacute;mica tiene un impacto positivo en la distribuci&oacute;n del ingreso (Londo&ntilde;o, 1996, 14)<sup><a name="n17"></a><a href="#17">17</a></sup>.</p>     <p align="justify">En la segunda mitad de los 90, abraz&oacute; la tesis de que si bien los programas de ajuste hab&iacute;an sido insuficientes, especialmente porque no le hab&iacute;an dado la importancia requerida a los aspectos distributivos, la situaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina habr&iacute;a sido peor si no se hubieran llevado a cabo (Birdsall, Londo&ntilde;o y O&rsquo;Connell, 1998)<sup><a name="n18"></a><a href="#18">18</a></sup>. Hab&iacute;a que buscar la ra&iacute;z &uacute;ltima del problema distributivo en la “acumulaci&oacute;n baja e inequitativa del capital humano”, en la lenta formaci&oacute;n de capital y en la falta de crecimiento<a name="n19"></a><sup><a href="#19">19</a></sup>. Londo&ntilde;o y sus compa&ntilde;eros no dieron mayor relevancia a los problemas financieros y a las dificultades derivadas de las pol&iacute;ticas err&oacute;neas que se aplicaron en los campos monetario y cambiario. No examinaron c&oacute;mo se pod&iacute;an reorientar las pol&iacute;ticas monetaria y cambiaria para mejorar la distribuci&oacute;n del ingreso, sino que centraron la atenci&oacute;n en la educaci&oacute;n. La soluci&oacute;n, dec&iacute;an, es “m&aacute;s educaci&oacute;n, y una educaci&oacute;n m&aacute;s igualitaria puede promover tanto la eficiencia como la equidad” (Birdsall, Londo&ntilde;o y O&rsquo;Connell, 1998, 42). La poca inversi&oacute;n en capital humano alimenta la pobreza y la desigualdad, las que a su vez debilitan la inversi&oacute;n en capital humano. Este c&iacute;rculo vicioso ha limitado el crecimiento econ&oacute;mico en Am&eacute;rica Latina (ib&iacute;d., 48)<sup><a name="n20"></a><a href="#20">20</a></sup>. Las reformas de los 90 fueron convenientes porque aumentaron “la demanda de mano de obra calificada en la regi&oacute;n”. Y ello ha elevado la rentabilidad de la inversi&oacute;n en capital humano, lo que se ha reflejado en un “inter&eacute;s del sector empresarial por contar con un mejor sistema de educaci&oacute;n p&uacute;blica”. Las pol&iacute;ticas aplicadas en los 90 han sido “exitosas” en el frente macroecon&oacute;mico, y han “generado una disposici&oacute;n en el sector p&uacute;blico para emprender reformas en los sectores de salud y educaci&oacute;n” (ib&iacute;d., 42). Algunos autores no comparten este optimismo; entre ellos Berry (1998, 235), quien considera que los programas de ajuste que se aplicaron en Am&eacute;rica Latina tuvieron un impacto negativo en la distribuci&oacute;n del ingreso.</p>     <p align="justify">En un ambicioso estudio sobre las interacciones entre la distribuci&oacute;n del ingreso, la dotaci&oacute;n de factores y la apertura, Spilimbergo, Londo&ntilde;o y Sz&egrave;kely (1999, 77) mostraron que los pa&iacute;ses intensivos en tierra y capital presentan una distribuci&oacute;n del ingreso m&aacute;s desigual que los pa&iacute;ses intensivos en calificaci&oacute;n de la mano de obra. A partir de esta constataci&oacute;n concluyeron que el impacto de la apertura sobre la distribuci&oacute;n depende de la dotaci&oacute;n de factores y del capital humano. Seg&uacute;n ellos, estos resultados se alejan del marco sencillo de Hecksher-Ohlin. El estudio de Birdsall y Londo&ntilde;o (1997) tambi&eacute;n destac&oacute; la importancia de los activos en el examen de las causas y soluciones de la pobreza. Por diversos caminos, Londo&ntilde;o lleg&oacute; a concluir que la apertura y los programas de ajuste no eran negativos en s&iacute; mismos.</p>     <p align="justify"><b>MACROECONOM&Iacute;A Y MERCADO DEL TRABAJO </b></p>     <p align="justify">Londo&ntilde;o fue analista cuidadoso del mercado del trabajo, pero no fue macroeconomista. Las ideas macro le serv&iacute;an para contextualizar sus an&aacute;lisis del mercado laboral. Ya vimos que en los 80 simpatiz&oacute; con una concepci&oacute;n estructuralista influida por el keynesianismo. Pero su aceptaci&oacute;n de Keynes no fue incondicional. Critic&oacute; las limitaciones del modelo IS-LM. E incluso manifest&oacute;, siempre de paso, su desacuerdo con algunos aspectos del pensamiento keynesiano. Es dif&iacute;cil saber con precisi&oacute;n si la cr&iacute;tica de Londo&ntilde;o se dirig&iacute;a contra Keynes o s&oacute;lo contra el keynesianismo hidr&aacute;ulico de la curva IS-LM. Pues s&oacute;lo hizo referencias r&aacute;pidas a estos problemas. No entr&oacute; en la discusi&oacute;n planteada por poskeynesianos como Davidson (1978) sobre los alcances de la teor&iacute;a monetaria de Keynes, frente a las lecturas hidr&aacute;ulicas y “bastardas”, como las llam&oacute; Joan Robinson.</p>     <p align="justify">Propuso, sin argumentar suficientemente, una “pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica de bienes-salario” (Londo&ntilde;o, 1983, 61), y un modelo de desarrollo “cuyas bases sean el fortalecimiento del mercado interno mediante la distribuci&oacute;n del ingreso hacia las capas medias y bajas de la poblaci&oacute;n”. Puso en tela de juicio los modelos keynesianos hidr&aacute;ulicos (Londo&ntilde;o, 1985). Para superar estas versiones convencionales se deb&iacute;an hacer investigaciones que pusieran en evidencia los aspectos monetarios y que, adem&aacute;s, desagregaran la econom&iacute;a en funci&oacute;n del “grado de transabilidad” de los bienes. En el an&aacute;lisis del caso colombiano se deb&iacute;a tener en cuenta “la heterogeneidad estructural, la pugna distributiva y la multiplicidad de mecanismos de ajuste en la din&aacute;mica macroecon&oacute;mica de corto plazo”. Frente a un modelo tan limitado como el IS-LM era m&aacute;s apropiado estimar y desarrollar una matriz de contabilidad social para Colombia (Social Accounting Matriz, SAM). La laboriosidad de Londo&ntilde;o se manifest&oacute; en su minuciosa manera de trabajar la SAM.</p>     <p align="justify">Con Ocampo y Villar examin&oacute; las caracter&iacute;sticas del ahorro y de la inversi&oacute;n en Colombia (Ocampo, Londo&ntilde;o y Villar, 1985), con quienes mostr&oacute; que la participaci&oacute;n creciente del “ahorro financiero” en los agregados macroecon&oacute;micos, especialmente en los 70, no significaba un aumento del ahorro macro. La liberaci&oacute;n financiera hab&iacute;a incidido “m&aacute;s en la forma como se canalizaron los ahorros a trav&eacute;s del sistema econ&oacute;mico” que en el monto total. Estimaron que, en promedio, la propensi&oacute;n marginal al ahorro del sector privado oscilaba entre el 27 y el 18% del PIB. Pero, agregaban, estas propensiones son <i>inestables</i> porque “dependen de la distribuci&oacute;n del ingreso” (ib&iacute;d., 138). La tasa de ahorro aumenta entre 1,5 y 3,5 puntos porcentuales en los a&ntilde;os en los que hay restricciones a las importaciones. De la mano de Ocampo y Villar, Londo&ntilde;o reafirm&oacute; su confianza en el marco anal&iacute;tico keynesiano: “la demanda es el principal determinante de la inversi&oacute;n privada” (ib&iacute;d., 140)<a name="n21"></a><sup><a href="#21">21</a></sup>. La distribuci&oacute;n del ingreso, no s&oacute;lo entre las clases sociales, sino tambi&eacute;n entre los sectores p&uacute;blico y privado, “parece de suyo m&aacute;s importante que aquellos factores que tradicionalmente ha enfatizado la teor&iacute;a macroecon&oacute;mica” (ib&iacute;d., 141). No cre&iacute;an que la tasa de inter&eacute;s fuera un mecanismo eficaz para conseguir el equilibrio entre ahorro e inversi&oacute;n. Pensaban que “los mecanismos de ahorro forzoso –donde toman parte activa los procesos distributivos y la pol&iacute;tica econ&oacute;mica– juegan un papel clave en el ajuste de los desequilibrios macroecon&oacute;micos”. Y conclu&iacute;an proponiendo “la necesidad de inversi&oacute;n del Estado en la regulaci&oacute;n de ambos procesos” (ib&iacute;d., 141).</p>     <p align="justify">A mediados de los 80, particip&oacute; junto con Hollis Chenery, Jos&eacute; Antonio Ocampo y Manuel Ram&iacute;rez en la misi&oacute;n de empleo, la Misi&oacute;n Chenery, de corte claramente keynesiano. En aquellos d&iacute;as, sus an&aacute;lisis del mercado laboral pon&iacute;an en primer plano el lado de la demanda<sup><a name="n22"></a><a href="#22">22</a></sup>. Rechazaba l os diagn&oacute;sticos del mercado laboral que enfatizan el lado de la oferta (Londo&ntilde;o, 1985c). No estaba de acuerdo con quienes explican el desempleo por las “inflexibilidades del mercado del trabajo”. No cre&iacute;a que el obst&aacute;culo al desempleo fueran las rigideces del mercado. El problema se originaba en “la dificultad de expandir la demanda para los bienes industriales y de la construcci&oacute;n”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En los 90, cambi&oacute; de &oacute;ptica, y empez&oacute; a ver el mercado de trabajo con el lente de la oferta, m&aacute;s que con el de la demanda. Atribuy&oacute; el aumento de los costos de la mano de obra en d&oacute;lares a la confluencia de tres factores: la menor inflaci&oacute;n, la revaluaci&oacute;n del peso y la inercia salarial (Londo&ntilde;o, 1999). Y termin&oacute; d&aacute;ndole m&aacute;s importancia a la inercia salarial y minimizando el impacto negativo sobre el empleo de la pol&iacute;tica monetaria restrictiva y la pol&iacute;tica cambiaria, la cual permiti&oacute; que el pa&iacute;s se inundara de d&oacute;lares. En las &uacute;ltimas discusiones que lider&oacute; como ministro de Trabajo y de Salud, puso todo el &eacute;nfasis en los factores de oferta e insisti&oacute; en que la flexibilizaci&oacute;n del mercado era una condici&oacute;n necesaria para dinamizar el empleo. Pero no sustent&oacute; adecuadamente este diagn&oacute;stico, diametralmente opuesto al que contribuy&oacute; a formular en la Misi&oacute;n Chenery. M&aacute;xime cuando en los a&ntilde;os 90, como &eacute;l mismo reconoc&iacute;a, el mercado laboral era m&aacute;s flexible que en los 80.</p>     <p align="justify"><b>SEGURIDAD Y PROTECCI&Oacute;N SOCIAL </b></p>     <p align="justify">Para Londo&ntilde;o, la acci&oacute;n del Estado deb&iacute;a apuntar en dos direcciones: “fortalecer el crecimiento econ&oacute;mico” y “fortalecer las acciones del Estado en aquellas &aacute;reas que impulsan expl&iacute;citamente la complementariedad entre el crecimiento y la equidad: la infraestructura social” (Londo&ntilde;o, 1992b, 64). Su obra m&aacute;s importante como reformador social fue la Ley 100 de 1993. Aunque conceb&iacute;a la pol&iacute;tica social desde una perspectiva amplia<sup><a name="n23"></a><a href="#23">23</a></sup>, la Ley 100 se qued&oacute; a mitad de camino. La ley avanza en solidaridad pero no en equidad (Gonz&aacute;lez, 2001; 2002), y el pluralismo estructurado, tal como lo concibieron Londo&ntilde;o y Frenk (1997), ha tenido enormes problemas en su aplicaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Si la salud es un bien p&uacute;blico, es fundamental la participaci&oacute;n del Estado en la regulaci&oacute;n, provisi&oacute;n y financiaci&oacute;n de los servicios. Pero si se la concibe como un bien privado, se buscar&aacute; desarrollar los mecanismos de mercado m&aacute;s apropiados para dinamizar la oferta y la demanda. Se tratar&aacute;, como hace la Ley 100 de 1993, de que el sistema de precios funcione de alguna manera. La Ley 100 busca que las personas expresen sus preferencias. Por ello se ofrece un abanico de elecciones. En teor&iacute;a, se puede escoger entre varias empresas prestadoras de servicios (EPS) y, al interior de &eacute;stas, entre varios m&eacute;dicos. A su vez, la EPS puede escoger el hospital o la instituci&oacute;n prestadora de servicios (IPS) que considere m&aacute;s apropiada. En la pr&aacute;ctica ello no ha funcionado as&iacute;. La concentraci&oacute;n ha aumentado y el n&uacute;mero de intermediarios ha disminuido. La integraci&oacute;n vertical se ha intensificado y las EPS tienen sus propias IPS. Y el flujo de fondos no se hace teniendo en cuenta el bienestar del usuario, sino la rentabilidad financiera. Las EPS tratan de demorar el mayor tiempo posible el giro a las IPS con el fin de aumentar los rendimientos de sus activos financieros.</p>     <p align="justify">La Ley 100 no propende por el mercado puro. Primero, porque, en lugar de un sistema descentralizado sin ninguna restricci&oacute;n, se opta por un sistema institucional pluralista, con clara regulaci&oacute;n central (Londo&ntilde;o y Frenk, 1997). Segundo, porque el r&eacute;gimen contributivo est&aacute; acompa&ntilde;ado de un compromiso solidario, expresado en el r&eacute;gimen subsidiado. No hay duda de que la norma se orienta al mercado, pero es tambi&eacute;n claro que la ley mantiene un postulado de solidaridad. La pregunta fundamental es si la organizaci&oacute;n del sistema de salud creada por la Ley 100 es mejor que la anterior. Respondo de dos maneras. Primero, el sistema anterior a la Ley 100 negaba tras la centralizaci&oacute;n y la intervenci&oacute;n del Estado, el compromiso con la equidad. Segundo, la Ley 100 esconde, tras la competencia estructurada y la solidaridad, el compromiso con la equidad. Ninguno de esos dos modelos de organizaci&oacute;n de la salud y de la seguridad social est&aacute; fundado en un postulado de equidad, y de all&iacute; se desprenden dos consecuencias negativas: 1)&nbsp;la cobertura universal no se alcanza y la calidad del servicio desmejora, y 2)&nbsp;el sistema de seguridad social no es sostenible financieramente.</p>     <p align="justify">Londo&ntilde;o dej&oacute; dise&ntilde;ada su &uacute;ltima obra: el Ministerio de la Protecci&oacute;n Social. Su ideal era crear un sistema de seguridad social integrado, eficiente y con cobertura universal. Ese sistema tendr&iacute;a sentido si el Ministerio de la Protecci&oacute;n Social tuviera injerencia en la administraci&oacute;n y en los destinos del enorme ahorro de la salud y de las pensiones. Pero esta dimensi&oacute;n financiera macro qued&oacute; relegada a un plano muy secundario, y al Ministerio de la Protecci&oacute;n Social no le quedar&aacute; m&aacute;s remedio que acoger las decisiones del Ministerio de Hacienda.</p>     <p align="justify"><b>IDEAS PARA LA ACCI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">En <i>Anti-Equilibrium</i>, Kornai (1971) dice que la econom&iacute;a es cient&iacute;fica en la medida en que explica correctamente el mundo real. Mientras que los matem&aacute;ticos se pueden contentar con la consistencia l&oacute;gica, los economistas no. Londo&ntilde;o quiso amarrar sus reflexiones a la realidad. No buscaba el conocimiento por el deseo puro de conocer. Lo buscaba para transformar. Y la orientaci&oacute;n pragm&aacute;tica que inspira su obra se manifiesta en un lenguaje directo, claro y asertivo. Sus art&iacute;culos est&aacute;n llenos de ideas para la acci&oacute;n. Esta opci&oacute;n tuvo un costo: la ausencia de una reflexi&oacute;n te&oacute;rica sistem&aacute;tica. Para &eacute;l, la teor&iacute;a era el ropaje que cubr&iacute;a la lectura del dato. Si se hubiera comprometido m&aacute;s con la teor&iacute;a nos habr&iacute;a transmitido sus interrogantes sobre el dato y su sentido. Pero no dudaba sino que interpretaba y propon&iacute;a. Impulsado por la fuerza de la acci&oacute;n, Londo&ntilde;o terminaba valorando las ideas en funci&oacute;n de su potencialidad pragm&aacute;tica.</p>     <p align="justify">Su deseo de crear y buscar soluciones lo convert&iacute;a en un interlocutor apasionado. En una nota que me envi&oacute; el 5 de junio del 2001 dec&iacute;a:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">... siempre que leo tus art&iacute;culos quedo con un sinsabor. Esta vez le&iacute; el art&iacute;culo sobre salud de la revista Web de la Universidad Nacional. Creo que no te has tomado el trabajo detallado de entender lo que propuso la ley [se refer&iacute;a a la Ley 100], y pones sus prop&oacute;sitos como derivados de un texto de Varian. Es un argumento expositivo que te he visto repetidas veces. Es como si tras los procesos pol&iacute;ticos y t&eacute;cnicos s&oacute;lo hubiese ideolog&iacute;a. Me parece que premias excesivamente la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica, y no permites encontrar fallas que se puedan corregir [...] Por supuesto, nada es perfecto, pero, &iquest;est&aacute;s seguro que el viejo modelo de salud era bueno? &iquest;Que era mejor que lo que hoy tenemos? Un llamado cordial al pragmatismo.</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>    <br>   NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"> <a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. En Chenery, Ocampo y Ram&iacute;rez (1986) se presentan las principales conclusiones del estudio. Londo&ntilde;o particip&oacute; activamente en la secretar&iacute;a t&eacute;cnica de la Misi&oacute;n Chenery.</p>     <p align="justify"> <a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. Rechaza la visi&oacute;n de Schumpeter porque “en el fondo subyace una concepci&oacute;n del mercado y del desarrollo econ&oacute;mico que no es correcta en tanto no logra mostrar lo espec&iacute;fico de nuestro sistema productivo, cual es estar inmerso en la acumulaci&oacute;n a escala mundial y presentar un patr&oacute;n de expansi&oacute;n oligopolista” (Londo&ntilde;o, 1979, 26).</p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. “El estudio del comportamiento de una empresa no se puede hacer m&aacute;s que en el marco de su <i>entorno</i>: el an&aacute;lisis de la empresa en s&iacute; amenaza con volverse ilusorio” (Londo&ntilde;o, 1979, 28).</p>     <p align="justify"> <a href="#n4">4</a><a name="4"></a>. “Partamos del concepto de totalidad concreta que nos permite percibir la realidad como un todo estructurado y dial&eacute;ctico, en el cual puede ser comprendido racionalmente cualquier hecho; la realidad es un todo estructurado, que se desarrolla y se crea (no s&oacute;lo un conjunto de realizaciones, hechos procesos, sino tambi&eacute;n su creaci&oacute;n, su estructura y su g&eacute;nesis)” (Londo&ntilde;o, 1979, 28).</p>     <p align="justify"> <a href="#n5">5</a><a name="5"></a>. “La expansi&oacute;n industrial requiere entonces un impulso a la demanda por bienes nacionales, lo cual se podr&iacute;a lograr mediante el uso de instrumentos de manejo macroecon&oacute;mico: pol&iacute;tica fiscal y monetaria activas, pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n al productor nacional, y una pol&iacute;tica agropecuaria que garantice el abastecimiento adecuado de alimentos” (Echavarr&iacute;a, Caballero y Londo&ntilde;o, 1983, 82).</p>     <p align="justify"> <a href="#n6">6</a><a name="6"></a>. “Es necesario pensar desde ahora en una reforma arancelaria que s&oacute;lo permita importar bienes de capital con un arancel del 5-10% en casos verdaderamente excepcionales. El arancel para los bienes de capital es excesivamente bajo –en oportunidades negativo en t&eacute;rminos efectivos–, y se debe aumentar para aquellos bienes que definitivamente se desee promover. Para citar una vez m&aacute;s el caso de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, all&iacute; el arancel es mucho mayor para los alimentos y para los bienes de capital e intermedios que para los de consumo. Los mecanismos para-arancelarios deben servir de complemento dada su mayor flexibilidad y es necesario crear una cl&aacute;usula de protecci&oacute;n anti-dumping para el sector” (Echavarr&iacute;a, Caballero y Londo&ntilde;o, 1983, 121).</p>     <p align="justify"> <a href="#n7">7</a><a name="7"></a>. “Una reducci&oacute;n del d&eacute;ficit p&uacute;blico del 2 al 2,5% del PIB no es consistente con expansi&oacute;n alguna de la actividad urbana, como lo muestran los resultados de un modelo keynesiano de simulaci&oacute;n para la econom&iacute;a colombiana. Este efecto contraccionista genera a su vez un debilitamiento de los ingresos p&uacute;blicos que hace muy poco probable el cumplimiento de las propias metas fiscales sin contribuir a una mejora considerable de la cuenta corriente. Al no ser sustentables los supuestos sobre elasticidades propuestos por el FMI, la existencia de este &uacute;ltimo efecto depender&iacute;a de una recesi&oacute;n m&aacute;s profunda o m&aacute;s prolongada” (Londo&ntilde;o y Perry, 1985, 241).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n8">8</a><a name="8"></a>. “Emp&iacute;ricamente, la forma de U invertida que conjetur&oacute; Kuznets describe con precisi&oacute;n la experiencia colombiana en la distribuci&oacute;n del ingreso. Sin embargo, las causas que se encuentran detr&aacute;s de esta evoluci&oacute;n son diferentes de aquellas en las cuales hacen &eacute;nfasis las historias de Kuznets. El simple crecimiento del ingreso o la migraci&oacute;n poblacional hacia las &aacute;reas urbanas s&oacute;lo dar&iacute;an cuenta de una leve variaci&oacute;n de la desigualdad del ingreso en Colombia durante el per&iacute;odo, en comparaci&oacute;n con los cambios en la productividad relativa entre los sectores y con los cambios en la desigualdad al interior de los diferentes factores de producci&oacute;n” (Londo&ntilde;o, 1995, 183).</p>     <p align="justify"> <a href="#n9">9</a><a name="9"></a>. “A mi juicio, un requisito indispensable para el crecimiento econ&oacute;mico moderno, la filosof&iacute;a b&aacute;sica en que se asienta y que le transmite su gran dinamismo, es la creencia de que hay que hacer llegar a todos los grupos comprendidos en la sociedad la igualdad de oportunidades tanto pol&iacute;ticas como econ&oacute;micas...” (Kuznets, 1959, 173).</p>     <p align="justify"> <a href="#n10">10</a><a name="10"></a>. Seg&uacute;n Londo&ntilde;o (1995) la desigualdad aument&oacute; desde mediados de los a&ntilde;os 30 hasta finales de los 60. Y disminuy&oacute; en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os.</p>     <p align="justify"><a href="#n11">11</a><a name="11"></a>. “El pa&iacute;s ha experimentado enormes cambios distributivos y de bienestar que han ido reduciendo la desigualdad y la pobreza, pero al parecer ha habido un desplazamiento de los problemas sociales predominantes en el pa&iacute;s, ya que las insuficiencias y desigualdades en el nivel educativo y las esperanzas de vida de la poblaci&oacute;n joven habr&iacute;an comenzado a tener un papel dominante” (Londo&ntilde;o, 1997, 19). Ver, tambi&eacute;n, Londo&ntilde;o (1996b).</p>     <p align="justify"> <a href="#n12">12</a><a name="12"></a>. En Cuentas Nacionales, la participaci&oacute;n de los asalariados pas&oacute; del 60% a finales de los a&ntilde;os 30 al 70% a mediados de los 90. Ver Londo&ntilde;o (1996, 8).</p>     <p align="justify"> <a href="#n13">13</a><a name="13"></a>. “El cambio en Colombia fue, por tanto, cinco veces m&aacute;s r&aacute;pido que en Inglaterra, o que en cualquier otro pa&iacute;s t&iacute;picamente desarrollado” (Londo&ntilde;o, 1996, 16). “Colombia ha mostrado cambios distributivos de similar magnitud que los ingleses (y la desigualdad colombiana en los a&ntilde;os 60 no era muy diferente de la inglesa 100 a&ntilde;os atr&aacute;s), pero en un plazo much&iacute;simo menor. As&iacute;, lo que tom&oacute; a Inglaterra m&aacute;s de 250 a&ntilde;os, Colombia lo vivi&oacute; en el breve plazo de 50 a&ntilde;os” (Londo&ntilde;o, 1997, 28). Ver, tambi&eacute;n, Londo&ntilde;o (1992b).</p>     <p align="justify"><a href="#n14">14</a><a name="14"></a>. “Los rangos de edad que suponen perfiles de ingreso m&aacute;s estables, han comenzado a tener m&aacute;s participaci&oacute;n. Tambi&eacute;n, se pueden deber a modificaciones significativas en los mismos perfiles de ingreso que una persona espera tener a lo largo de su vida laboral” (Londo&ntilde;o, 1990, 145).</p>     <p align="justify"> <a href="#n15">15</a><a name="15"></a>. “Igualmente, la experiencia laboral parece estar pesando menos en los perfiles de ingreso puesto que mientras para los a&ntilde;os 70 un ocupado pod&iacute;a esperar doblar sus ingresos reales entre el comienzo de su ciclo laboral y su punto m&aacute;ximo de producci&oacute;n, al finalizar los a&ntilde;os 80 puede esperar que sus ingresos aumenten tan s&oacute;lo en un 70% y para un per&iacute;odo m&aacute;s largo, en la medida en que sus ingresos m&aacute;ximos los tendr&aacute; a una mayor edad” (Londo&ntilde;o, 1990, 145).</p>     <p align="justify"> <a href="#n16">16</a><a name="16"></a>. “Gracias a los &iacute;mpetus del crecimiento y de la focalizaci&oacute;n del gasto social, Colombia ha alcanzado los patrones internacionales” (Londo&ntilde;o, 1996, 23). Londo&ntilde;o (1996c) afirma que el gasto p&uacute;blico ha sido redistributivo y que gracias a la focalizaci&oacute;n puede ser m&aacute;s eficiente. Ver, Londo&ntilde;o (1992c).</p>     <p align="justify"> <a href="#n17">17</a><a name="17"></a>. “Las reformas econ&oacute;micas han aumentado la demanda de capital social, lo que eleva la rentabilidad privada de la inversi&oacute;n en capital humano y da origen a un renovado inter&eacute;s del sector privado en mejorar el sistema de educaci&oacute;n p&uacute;blica. Asimismo, el sector p&uacute;blico tiene nuevos incentivos para acometer la reforma de los sectores de salud y educaci&oacute;n. De este modo se podr&iacute;a iniciar un c&iacute;rculo virtuoso de una mejor acumulaci&oacute;n y distribuci&oacute;n del capital humano, ligadas con un crecimiento econ&oacute;mico m&aacute;s equitativo” (Birdsall, Londo&ntilde;o y O&rsquo;Connell, 1998, 39). Londo&ntilde;o critica a Albert Berry, a Libardo Sarmiento y a Eduardo Sarmiento porque han puesto en tela de juicio las bondades de las reformas. “Desde finales de los a&ntilde;os 80 el pa&iacute;s emprendi&oacute; ajustes a su modelo econ&oacute;mico para impulsar la apertura y la competitividad de la econom&iacute;a; algunos analistas colombianos (especialmente E. Sarmiento y L. Sarmiento), con bastante eco en los c&iacute;rculos acad&eacute;micos internacionales (por ejemplo, Berry), han considerado que tales pol&iacute;ticas econ&oacute;micas –tildadas en forma simplista de neoliberales– habr&iacute;an contribuido a un grave deterioro social” (Londo&ntilde;o, 1997, 20). Los programas de ajuste de los 90 han sido exitosos, entre otras razones, porque estuvieron acompa&ntilde;ados de un gasto social expansivo y eficiente (Londo&ntilde;o, 1997, 35). Ver, adem&aacute;s, Londo&ntilde;o y Sz&egrave;kely (1998). Las conclusiones optimistas de Londo&ntilde;o y Sz&egrave;kely sobre las bondades de la apertura son criticadas por Berry (2000).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n18">18</a><a name="18"></a>. La argumentaci&oacute;n va en la misma direcci&oacute;n que en Birdsall, De la Torre y Menezes (2001). En la agenda para Am&eacute;rica Latina los autores proponen “auspiciar la equidad sin menguar el crecimiento”.</p>     <p align="justify"> <a href="#n19">19</a><a name="19"></a>. “El an&aacute;lisis emp&iacute;rico muestra que la acumulaci&oacute;n baja e inequitativa del capital humano explica en gran parte no s&oacute;lo el alto nivel de pobreza y la disparidad de ingresos en Am&eacute;rica Latina, sino tambi&eacute;n su lenta formaci&oacute;n de capital y la falta de crecimiento econ&oacute;mico; y que, en un c&iacute;rculo vicioso, la insuficiencia y la desigualdad de los recursos humanos de la regi&oacute;n han sido efecto y al mismo tiempo factor coadyuvante del alto grado de desigualdad de activos e ingresos en toda Am&eacute;rica Latina” (Birdsall, Londo&ntilde;o y O&rsquo;Connell, 1998, 41). Ver, adem&aacute;s, Londo&ntilde;o (1993).</p>     <p align="justify"> <a href="#n20">20</a><a name="20"></a>. En Colombia, el panorama se agrava con la violencia (Londo&ntilde;o y Guerrero, 1999).</p>     <p align="justify"> <a href="#n21">21</a><a name="21"></a>. “Del trabajo anterior se pueden extraer conclusiones de la mayor relevancia para la comprensi&oacute;n de la din&aacute;mica macroecon&oacute;mica de nuestro pa&iacute;s. En el an&aacute;lisis de la inversi&oacute;n privada se confirma la primac&iacute;a de los factores de demanda en la explicaci&oacute;n de su comportamiento y se precisa su conexi&oacute;n con las variables del sector externo. El mecanismo keynesiano cl&aacute;sico del acelerador constituye la mejor descripci&oacute;n de la din&aacute;mica de la inversi&oacute;n privada en el pa&iacute;s” (Ocampo, Londo&ntilde;o y Villar, 1985, 140).</p>     <p align="justify"><a href="#n22">22</a><a name="22"></a>. “La agudizaci&oacute;n de los problemas laborales de los j&oacute;venes no se puede entender a partir de consideraciones exclusivas del lado de la oferta laboral” (Londo&ntilde;o y Kertzman, 1985, 178). Ver Londo&ntilde;o (1987).</p>     <p align="justify"><a href="#n23">23</a><a name="23"></a>. “Se ha hecho evidente el avance considerable, en muchos pa&iacute;ses, como consecuencia de pol&iacute;ticas sociales <i>ambiciosas</i>, <i>bien financiadas</i> y dotadas con <i>instrumentos eficaces</i>. De esos ex&aacute;menes se extraen varias conclusiones. Primera, la pobreza y la desigualdad se pueden combatir efectivamente con la acci&oacute;n decidida del Estado: no son flagelos con los cuales las sociedades tengan que convivir de forma indefinida. Segunda, la pol&iacute;tica social no se puede considerar en forma aislada de las cuestiones macroecon&oacute;micas y los problemas del desarrollo, ya que se relacionan en forma estrecha. Tercera, la pol&iacute;tica social es m&aacute;s eficaz cuando crea condiciones para que la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre genere ingresos en forma permanente. En este contexto es &oacute;ptimo combinar la creaci&oacute;n de condiciones para el surgimiento de nuevas <i>oportunidades</i> econ&oacute;micas y el aumento de la <i>capacidad</i> de los grupos m&aacute;s pobres para aprovecharlas” (Londo&ntilde;o, 1992, 89-90).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <p align="justify">1. Berry, Albert. “Conclusion”, Berry, Albert, editor, <i>Poverty, Economic Reform, and Income Distribution in Latin America</i>, London, Lynne Rienner 1998, pp. 235-55.</p>     <p align="justify">2. Berry, Albert. <i>Policy Response to Poverty and Inequality in the Developing World: &iquest;Where Should the Priorities Lie?</i>, Toronto, University of Toronto, mimeo, 2000.</p>     <p align="justify">3. Birdsall, Nancy; De La Torre, Augusto y Menezes, Rachel. <i>El disenso de Washington. Pol&iacute;ticas econ&oacute;micas para la equidad social en latinoam&eacute;rica</i>, Washington, Fondo Carnegie para la Paz Internacional y el Di&aacute;logo Interamericano, 2001.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">4. Birdsall, Nancy y Londo&ntilde;o, Juan. “Asset Inequality Matters: An Assessment of the World Bank&rsquo;s Approach to Poverty Reduction”, <i>American Economic Review</i> 87, 2, 1997, pp. 32-37, mayo.</p>     <p align="justify">5. Birdsall, Nancy; Londo&ntilde;o, Juan y O&rsquo;Connell, Lesley. “La educaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina: la demanda y la distribuci&oacute;n importan”, <i>Revista de la CEPAL</i> 66, 1998, pp. 39-52, diciembre.</p>     <p align="justify">6. Chenery, Hollis; Ocampo, Jos&eacute; y Ram&iacute;rez, Manuel. “El problema laboral colombiano: diagn&oacute;stico, perspectivas y pol&iacute;ticas”, Informe Final de la Misi&oacute;n de Empleo, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i>, Serie Documentos, separata 10, agosto-septiembre, 1986.</p>     <p align="justify">7. Davidson, Paul. <i>Money and the Real World</i>, New York, MacMillan, 1978.</p>     <p align="justify">8. Echavarria, Juan; Caballero, Carlos y Londo&ntilde;o, Juan. “El proceso colombiano de industrializaci&oacute;n: algunas ideas sobre un viejo debate”, <i>Deslinde</i> 1, 1, 1983, pp. 81-125, noviembre.</p>     <p align="justify">9. Gonz&aacute;lez, Jorge. “Imparcialidad financiera y equidad. Otra lectura del informe de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud –A&ntilde;o 2000–”, <i>&iquest;Equidad? El Problema de la equidad financiera en salud</i>, Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, Observatorio de Pol&iacute;tica Social y Calidad de Vida, Bogot&aacute;, Alames, pp. 75-84. Reproducido en <i>Revista Gerencia y Pol&iacute;ticas de Salud</i> 1, 1, 2001, pp. 39-47, noviembre.</p>     <p align="justify">10. Gonz&aacute;lez, Jorge. “Salud y seguridad social: entre la solidaridad y la equidad”, <i>Revista Gerencia y Pol&iacute;ticas de Salud</i> 1, 2, 2002, pp. 18-24, septiembre.</p>     <p align="justify">11. Gonz&aacute;lez, Jorge y P&eacute;rez, Francisco. “Salud: la transici&oacute;n de los hospitales p&uacute;blicos de Colombia hacia la financiaci&oacute;n por venta de servicios (1993-1995), <i>Coyuntura Social</i> 16, 1997, pp. 21-38, mayo.</p>     <p align="justify">12. Gonz&aacute;lez, Jorge y P&eacute;rez, Francisco. “Salud para los pobres en Colombia: de la planeaci&oacute;n centralizada a la competencia estructurada”, <i>Coyuntura Social</i> 18, 1998, pp. 149-173, mayo.</p>     <p align="justify">13. Kornai, J&aacute;nos. <i>Anti-Equilibrium</i>, New York, Elsevier, 1971.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">14. Kuznets, Simon. “Economics Growth and Income Inequality”, <i>American Economic Review</i> 45, 1, 1955, pp. 1-28, marzo.</p>     <p align="justify">15. Kuznets, Simon. <i>Aspectos cuantitativos del desarrollo econ&oacute;mico</i>, 1959, M&eacute;xico, CEMLA, 1964.</p>     <p align="justify">16. Londo&ntilde;o, Juan. “Peque&ntilde;a empresa y estructura industrial colombiana”, <i>Revista Universidad EAFIT</i> 36, pp. 24-47, diciembre. Reproducido en <i>Ciencia, Tecnolog&iacute;a, Desarrollo</i> 3, 4, 1979, pp. 601-655, octubre-diciembre.</p>     <p align="justify">17. Londo&ntilde;o, Juan. “Una visi&oacute;n alternativa sobre Keynes”, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i> 145, 1983, pp. 59-61, mayo.</p>     <p align="justify">18. Londo&ntilde;o, Juan. “El FMI y la nueva pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Por caminos peligrosos”, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i> 163/164, 1984, pp. 12-15, noviembre-diciembre.</p>     <p align="justify">19. Londo&ntilde;o, Juan. “Ahorro y gasto en una econom&iacute;a heterog&eacute;nea: el rol macroecon&oacute;mico del mercado de alimentos”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i> 15, 4, 1985, pp. 129-179, diciembre.</p>     <p align="justify">20. Londo&ntilde;o, Juan. “Colombia y el FMI: &iquest;un acuerdo sin formalidades?”, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i> 167/168, 1985b, pp. 23-29, marzo-abril.</p>     <p align="justify">21. Londo&ntilde;o, Juan. “Evoluci&oacute;n reciente del empleo y del desempleo urbano”, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i> 172/173, 1985c, pp. 10-24, agosto-septiembre.</p>     <p align="justify">22. Londo&ntilde;o, Juan. “La din&aacute;mica laboral y el ritmo de actividad econ&oacute;mica: un repaso emp&iacute;rico de la ultima d&eacute;cada”, Ocampo, Jos&eacute; y Ram&iacute;rez, Manuel, editores, <i>El problema laboral colombiano</i>, Informe Final de la Misi&oacute;n Chenery, vol. 1, Bogot&aacute;, 1987, pp. 89-136.</p>     <p align="justify">23. Londo&ntilde;o, Juan. “Distribuci&oacute;n del ingreso nacional en 1989”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i>, 1990, pp. 131-145.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">24. Londo&ntilde;o, Juan. <i>Income Distribution During the Structural Transformation: Colombia 1938-1988</i>, 1990b, Tesis Ph.D., Cambridge, Harvard University.</p>     <p align="justify">25. Londo&ntilde;o, Juan. “La infraestructura social en la revoluci&oacute;n pac&iacute;fica”, <i>Planeaci&oacute;n y Desarrollo</i> 23, 1, 1992, pp. 89-108, mayo.</p>     <p align="justify">26. Londo&ntilde;o, Juan. “La equidad no es una utop&iacute;a. Los lugares comunes, las observaciones emp&iacute;ricas y el rol de la pol&iacute;tica social”, <i>Estrategia Econ&oacute;mica y Financiera</i>, 1992b, pp. 60-65, agosto.</p>     <p align="justify">27. Londo&ntilde;o, Juan. <i>La planeaci&oacute;n del desarrollo y los sistemas de seguimiento y evaluaci&oacute;n</i>, ponencia presentada en el seminario “indicadores sociales”, 3, 4 y 5 de noviembre, Santa Marta, mimeo, 1992c.</p>     <p align="justify">28. Londo&ntilde;o, Juan. “Capital humano y cambios en la distribuci&oacute;n del ingreso en el largo plazo (Colombia, 1938-1988)”, <i>El Trimestre Econ&oacute;mico</i>, 1993, pp. 153-193.</p>     <p align="justify">29. Londo&ntilde;o, Juan. <i>Distribuci&oacute;n del ingreso y desarrollo econ&oacute;mico. Colombia en el siglo XX</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, Banco de la Rep&uacute;blica, Fedesarrollo. Apartes del libro fueron publicados inicialmente en <i>Planeaci&oacute;n y Desarrollo</i> 23, 2, 1992, 1995, pp. 11-70, septiembre.</p>     <p align="justify">30. Londo&ntilde;o, Juan. <i>The Social Impact of the Colombian Economic Model</i>, Washington, World Bank, mimeo, 1996.</p>     <p align="justify">31. Londo&ntilde;o, Juan. “25 a&ntilde;os de cambios distributivos en Colombia”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i>, 1996b, pp. 60-64.</p>     <p align="justify">32. Londo&ntilde;o, Juan. “Pr&oacute;logo”, Velez, Carlos, <i>Gasto social y desigualdad. Logros y extrav&iacute;os</i>, Bogot&aacute;, Misi&oacute;n Social, DNP, pp. 29-36, 1996c.</p>     <p align="justify">33. Londo&ntilde;o, Juan. “Brechas sociales en Colombia”, <i>Revista de la CEPAL</i> 61, abril, pp. 19-38. Reproducido en S&aacute;nchez, Fabio, compilador. 1998, <i>La distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia. Tendencias recientes y retos de pol&iacute;tica p&uacute;blica</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, DNP, 1997, pp. 1-36.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">34. Londo&ntilde;o, Juan. “La imaginaci&oacute;n social ante el desempleo”, <i>Econom&iacute;a Colombiana</i> 276, 1999, pp. 13-14, noviembre.</p>     <p align="justify">35. Londo&ntilde;o, Juan y Frenk, Julio. “Structured Pluralism: Towards an Innovative Model for Health System Reform in Latin Amercia”, <i>Health Policy</i> 41, 1997, pp. 1-36.</p>     <p align="justify">36. Londo&ntilde;o, Juan y Guerrero, Rodrigo. “La violencia y sus costos en Am&eacute;rica Latina”, <i>Coyuntura Social</i> 21, 1999, pp. 73-106, noviembre.</p>     <p align="justify">37. Londo&ntilde;o, Juan y Kertzman, Fanny. “Ciclo de vida e inserci&oacute;n de los j&oacute;venes en el mercado de trabajo”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i>, 1985, pp. 159-179.</p>     <p align="justify">38. Londo&ntilde;o, Juan y Perry, Guillermo. “El Banco Mundial, el Fondo Monetario y Colombia: an&aacute;lisis cr&iacute;tico de sus relaciones”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i> 15, 3, 1985, pp. 209-243, octubre.</p>     <p align="justify">39. Londo&ntilde;o, Juan y Posada, Carlos. “La ganancia: filosof&iacute;a de su naturaleza y econom&iacute;a de su magnitud”, <i>Lecturas de Econom&iacute;a</i> 10, 1983, pp. 47-58, enero-abril.</p>     <p align="justify">40. Londo&ntilde;o, Juan y Szekely, Miguel. “Sorpresas distributivas despu&eacute;s de una d&eacute;cada de reformas”, <i>Pensamiento Iberoamericano</i>, volumen extraordinario, 1998.</p>     <p align="justify">41. Ocampo, Jos&eacute;; Londo&ntilde;o, Juan y Villar, Leonardo. “Ahorro e inversi&oacute;n en Colombia”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i> 15, 2, 1985, pp. 93-141, junio.</p>     <p align="justify">42. Samuelson, Paul. <i>Foundations of Economic Analysis</i>, 1947, Cambridge, Harvard University Press, 1983.</p>     <p align="justify">43. Shackle, George L. S. <i>Epistemics and Economics. A Critique of Economic Doctrines</i>, 1972, New Jersey, New Brunswick, Transaction Publishers, 1992.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">44. Spilimbergo, Antonio; Londo&ntilde;o, Juan y Sz&egrave;kely, Miguel. “Income Distribution, Factor Endowments, and Trade Openness”, <i>Journal of Development Economics</i> 59, 1999, pp. 77-101.</p>     <p align="justify">45. Williamson, John. “What Washington Means by Policy Reform”, Williamson, John, editor, <i>Latin American Adjustment: How Much Has Happened?</i>, Washington, Institute for International Economics, 1990.</p>     <p align="justify">46. Williamson, John. “What Should the World Bank Think about the Washington Consensus?”, <i>World Bank Research Observer</i> 15, 2, 2000, pp. 251-264, agosto.</p>     <p align="justify">47. World Health Organization, WHO. <i>The World Health Report 2000. Health Systems: Improving Performance</i>, Ginebra, World Health Organization, 2000.</p> </font>      ]]></body>
</article>
