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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL NOBLE TRIUNFO. LOS DERECHOS DE PROPIEDAD Y LA PROSPERIDAD A TRAVÉS DE LOS SIGLOS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>EL NOBLE TRIUNFO. LOS DERECHOS DE PROPIEDAD Y LA PROSPERIDAD A TRAV&Eacute;S DE LOS SIGLOS</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>THE NOBLE TRIUMPH. PROPERTY RIGHTS AND PROSPERITY THROUGH CENTURIES</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center">de Bethell Tom, <i>The Noblest Triumph</i>. <i>Property and Prosperity through the Ages</i>, Nueva York, St. Martin Griffin, 1998.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Yuri Gorbaneff</i>*</p>     <p align="justify"> * Profesor del Departamento de Administraci&oacute;n de la Pontificia Universidad Javeriana, y profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, <a href="mailto:yurigor@javeriana.edu.co">yurigor@javeriana.edu.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 18 de diciembre de 2002, Fecha de aceptaci&oacute;n: 10 de febrero de 2003.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Tom Bethell elabora una historia de los derechos de propiedad y demuestra que la propiedad privada es necesaria para el crecimiento. La estructura del libro es clara y cubre muy diversos temas: la fundamentaci&oacute;n legal de la propiedad, la historia de la propiedad en el mundo greco-romano y los escritos de los economistas cl&aacute;sicos. Critica los experimentos socialistas de supresi&oacute;n de la propiedad privada. Discute algunos aspectos de la distribuci&oacute;n de la propiedad con ejemplos hist&oacute;ricos de varias culturas y &eacute;pocas. Estudia la propiedad intelectual y las relaciones entre propiedad y medio ambiente. Y termina con un himno a la propiedad privada y la democracia en China.</p>     <p align="justify">Para persuadir a los esc&eacute;pticos, Bethell cita generosamente a los autores famosos. Las citas y la documentaci&oacute;n constituyen la mayor fortaleza del libro. Lamentablemente, no siempre cita los textos originales sino fuentes secundarias posteriores. No obstante, su erudici&oacute;n y seriedad en el trabajo bibliogr&aacute;fico son impresionantes. Quien tema leer a Bentham o Mill agradecer&aacute; a Bethell.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de los cumplidos de rigor, el lector espera la palabra “pero”. H&eacute;la aqu&iacute;. El defecto principal del libro es su poca solidez te&oacute;rica. Quiz&aacute; lo disculpe el hecho de que sea periodista. Pero subsiste el problema: Bethell presenta los derechos de propiedad como se venden los paquetes de promoci&oacute;n en los supermercados: todo o nada. La propiedad privada es imprescindible para el crecimiento. Si no se garantizan los derechos de propiedad privada no se puede esperar el crecimiento. Como ciertos periodistas, Bethell busca “la chiva”. Y la encuentra: es la amenaza a la propiedad privada. Desde ese momento, el autor se pone la c&oacute;moda coraza de defensor de la propiedad y empieza a reunir citas y evidencia anecd&oacute;tica a favor de su hip&oacute;tesis. Enfila lanzas contra los monstruos que niegan la propiedad privada y logra notables victorias. Toda forma de propiedad que no sea privada es mala. La &uacute;nica manera de corregir la situaci&oacute;n es privatizar todo. En el fragor de la batalla, no advierte que pelea contra un enemigo imaginario. Como le suced&iacute;a al personaje de Cervantes. &iquest;A qu&eacute; me refiero? La propiedad privada de por s&iacute; no es buena ni mala. Es buena cuando conduce a resultados eficientes y mala en los dem&aacute;s casos.</p>     <p align="justify">En t&eacute;rminos t&eacute;cnicos, se trata del tema de los costos de transacci&oacute;n. Bethell es un autor tan serio y sistem&aacute;tico que en su resumen de la literatura tambi&eacute;n cita a Ronald Coase. Pero no lo aplica. Coase (1937) ense&ntilde;&oacute; que la propiedad privada tiene limitaciones: la limitan los costos de transacci&oacute;n. Cuando son altos, los arreglos de propiedad deben variar para tratar de disminuirlos. Por ello, en vez de una red de productores propietarios independientes aparece la gran industria, con la divisi&oacute;n de trabajo y numerosos empleados. Tambi&eacute;n aparece la propiedad estatal, la colectiva, el patrimonio com&uacute;n de la humanidad, etc. Para los lectores que saben que entre la propiedad, los costos de transacci&oacute;n y la eficiencia existe una relaci&oacute;n no lineal, la noticia de Bethell parece demasiado simple.</p>     <p align="justify">Sus dos argumentos en pro de la propiedad privada consisten en que cualquier otro tipo de propiedad desmotiva y lleva a la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos. Veamos primero el argumento de la desmotivaci&oacute;n. Bethell llena varias p&aacute;ginas con ejemplos de la pereza que causa la propiedad comunal. El ejemplo de la econom&iacute;a sovi&eacute;tica ocupa un lugar prominente. Pero aqu&iacute; simplifica demasiado las cosas. Es cierto, la econom&iacute;a planificada en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica fracas&oacute; y todos presenciamos este evento. &iquest;Pero por qu&eacute; fracas&oacute;? Su respuesta es evidente, porque la propiedad era p&uacute;blica y no privada. Supongamos que es as&iacute;. En ese caso, la econom&iacute;a planificada nunca debi&oacute; funcionar y deb&iacute;a haber fracasado desde 1925, cuando se aprob&oacute; el primer plan quinquenal. La historia dice otra cosa. El &eacute;xito de la econom&iacute;a planificada en esa &eacute;poca fue rotundo, excepto en la agricultura, mientras que el mundo industrializado estaba sumido en la recesi&oacute;n de los 30.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entonces, &iquest;por qu&eacute; fracas&oacute; la econom&iacute;a stalinista, si no fue debido a la propiedad p&uacute;blica? La propiedad p&uacute;blica fue una causa, pero no la &uacute;nica ni inmediata. La causa inmediata fue la desmotivaci&oacute;n o, en t&eacute;rminos t&eacute;cnicos, el problema de la agencia. Claro, responde Bethell, &iquest;y por qu&eacute; el problema de la agencia no hundi&oacute; la econom&iacute;a stalinista en 1925? Es una buena pregunta. La teor&iacute;a explicar&iacute;a que Stalin control&oacute; el problema de la agencia. Las herramientas que utiliz&oacute; son parecidas a las que hoy utilizan los gerentes posmodernos: la educaci&oacute;n que imprime valores, la creaci&oacute;n de una cultura corporativa y de la autodisciplina de los empleados. Esta cultura corporativa, basada en el r&eacute;gimen austero y dictatorial de Stalin, se disolvi&oacute; despu&eacute;s de su muerte y la econom&iacute;a planificada empez&oacute; a marchar por la parte descendiente de la curva.</p>     <p align="justify">En el cap&iacute;tulo “Austrian Objection”, donde Bethell expone la cr&iacute;tica de los economistas austriacos contra la econom&iacute;a stalinista, olvida citar a otro austriaco, Joseph Schumpeter, quien demostr&oacute; las ventajas del sistema planificado sobre el mercado libre (Schumpeter, 1974). Pero la parte m&aacute;s interesante es su evaluaci&oacute;n de la <i> Perestroika</i>, pues evita este tema, con raz&oacute;n. La <i>Perestroika</i> sustituy&oacute; la propiedad p&uacute;blica por la privada y puso en marcha los mecanismos de mercado en la econom&iacute;a rusa. Si el problema de la econom&iacute;a sovi&eacute;tica era la falta de propiedad privada, la <i>Perestroika</i> deber&iacute;a haber tenido un &eacute;xito rotundo. Lo rotundo fue el fracaso. Por lo visto, la forma de la propiedad importa, pero no tanto. Importan las instituciones de mercado. Una de ellas, la propiedad. Pero no necesariamente privada. Se trata de garantizar los derechos de propiedad en todas sus manifestaciones (Rodrik, 2000).</p>     <p align="justify">&iquest;Cu&aacute;l es la moraleja? La empresa privada no es perseguida por nadie, ni la p&uacute;blica es condenada por nadie. Existen empresas p&uacute;blicas excelentes y privadas malas. Todo depende de la capacidad gerencial y motivadora del l&iacute;der. En este sentido, las empresas p&uacute;blicas no difieren mucho de las privadas. Cuando la empresa privada es grande, el gerente rara vez es el due&ntilde;o. Los empleados de la empresa son simples trabajadores asalariados y no se comportan como propietarios. El primero que mencion&oacute; este hecho fue Mill. Bethell lo cita pero se abstiene de comentarlo, quiz&aacute; porque debilitar&iacute;a su planteamiento. La empresa privada, la profunda divisi&oacute;n de trabajo y la separaci&oacute;n de la propiedad y la gerencia suscitan problemas de agencia parecidos a los de la empresa p&uacute;blica. Cuando los costos de transacci&oacute;n son altos, la sociedad opta por la propiedad p&uacute;blica. Ejemplo: los monopolios naturales. Hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido privatizar el acueducto de una ciudad, por una raz&oacute;n sencilla: esto llevar&iacute;a a cualquier cosa menos a la eficiencia. Parafraseando a Winston Churchill, la propiedad p&uacute;blica es mala, pero otras formas de propiedad pueden ser peores.</p>     <p align="justify">El segundo argumento de Bethell consiste en que la propiedad p&uacute;blica conduce a la sobreexplotaci&oacute;n del bien. Los libros de microeconom&iacute;a ponen el ejemplo de dos formas alternativas de propiedad sobre un pasto comunal. La propiedad comunal lleva a que los vecinos lo exploten y acaben con &eacute;l. Cuando se privatiza, su actitud cambia y lo empiezan a utilizar de manera sostenible y responsable. Al leer a Bethell se puede concluir que este esquema es la verdad &uacute;ltima y que lo mejor que se puede hacer con los bienes comunes es privatizarlos cuanto antes.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n esta l&oacute;gica, los pueblos n&oacute;madas —que no conoc&iacute;an la propiedad privada— ten&iacute;an que vivir en la miseria. La historia cuenta otra cosa. En las etapas iniciales de la civilizaci&oacute;n, la tecnolog&iacute;a agr&iacute;cola era tan rudimentaria que la rentabilidad de los cultivos era menor que la de la caza. Su miembros eran racionales y eleg&iacute;an la caza y la vida n&oacute;mada. La propiedad privada de la tierra era innecesaria y aun antiecon&oacute;mica. T&eacute;cnicamente hablando, los costos de transacci&oacute;n asociados a los derechos de propiedad eran muy grandes comparados con las ganancias potenciales. Era m&aacute;s barato dejar la tierra para uso comunal.</p>     <p align="justify">Hegel dijo que todo lo racional es real y todo lo real es racional. La propiedad privada aparece s&oacute;lo cuando la inversi&oacute;n de recursos para establecerlos empieza a tener sentido. Hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido privatizar la luna porque los costos de establecer, negociar e imponer sus derechos son superiores a la rentabilidad esperada. Los ejemplos de Bethell sobre la conservaci&oacute;n de los elefantes en &Aacute;frica no son coherentes porque los esquemas de “privatizaci&oacute;n” de los elefantes dependen de la propiedad comunal de las &aacute;reas donde habitan esos animales (Anderson, 1999, 472).</p>     <p align="justify">Los diversos ejemplos de la eficiencia de la propiedad privada en la moderaci&oacute;n del consumo privado son encantadores y c&aacute;ndidos. Medir el consumo personal y cobrar seg&uacute;n lo consumido es lo mejor. “Las cuentas claras y el chocolate espeso”, como se dice en Colombia. Lo que pasa es que no siempre es barato medir el consumo personal. En una casa no es com&uacute;n tener neveras separadas para padres e hijos, aunque esto ser&iacute;a lo ideal para cuantificar el consumo y calcular el aporte de cada uno a la econom&iacute;a familiar. Los esposos tampoco cuantifican su consumo por separado.</p>     <p align="justify">La propiedad privada no siempre es eficiente. A veces es tan ineficiente que el Estado debe intervenir estableciendo tarifas m&aacute;ximas, tasas de inter&eacute;s permitidas, normas ambientales y otra gama de reglas. Bethell, en su noble af&aacute;n de caballero andante, tambi&eacute;n se enfrenta a la regulaci&oacute;n. Y sin raz&oacute;n. El famoso art&iacute;culo de Akerlof (1970) trata el tema. &iquest;Por qu&eacute; en algunos mercados es necesaria la regulaci&oacute;n? Porque entre compradores y vendedores la informaci&oacute;n es asim&eacute;trica. En t&eacute;rminos m&aacute;s sencillos, porque hay desconfianza. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando los compradores desconf&iacute;an de los vendedores? No les compran. El Estado no liquida la propiedad privada. La constituye como derecho, la regula y hace posibles las transacciones en ambientes complejos. Bethell toca sin profundizar el tema de la distribuci&oacute;n de la propiedad. Este vac&iacute;o es lamentable porque la &uacute;nica manera de garantizar los derechos de propiedad es su legitimidad. La propiedad es leg&iacute;tima cuando la sociedad aprueba su distribuci&oacute;n. Los conflictos distributivos de Am&eacute;rica Latina indican que la legitimidad de la propiedad es baja. As&iacute;, no es f&aacute;cil garantizar los derechos de propiedad. Como dijo Eduardo Frei, los que se oponen a las reformas democr&aacute;ticas, ma&ntilde;ana sufrir&aacute;n la violencia y el desorden (Bethell, 1998, 209).</p>     <p align="justify">Bethell se preocupa en vano. Nadie ataca la propiedad privada. Jeremy Bentham ten&iacute;a raz&oacute;n. La ley que protege la propiedad privada es el triunfo m&aacute;s noble de la humanidad sobre s&iacute; misma (Bethell, 1998, 100). Pero desde Bentham la econom&iacute;a ha avanzado en la comprensi&oacute;n del proceso del intercambio. Ha quedado claro que la ideolog&iacute;a es mala consejera, que las recetas simples y universales rara vez dan buenos resultados, que la propiedad cumple un papel social y que su distribuci&oacute;n no es indiferente para el crecimiento. Con toda su debilidad te&oacute;rica, el libro de Bethell es interesante as&iacute; s&oacute;lo sea por ser pol&eacute;mico y por llamar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico sobre el tema de los derechos de propiedad, un tema que no se puede disociar de la historia y las sendas de crecimiento de Am&eacute;rica Latina.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1. Akerlof, George. “The market for ‘lemons&rsquo;: Quality Uncertainty and the Market Mechanism”, <i>The Quarterly Journal of Economics</i> 84, 3, 1970, pp. 488-500, agosto.</p>     <p align="justify">2. Anderson, Terry. “The Nobles Triumph”, <i>Cato Journal</i> 18, 3, 1999, pp. 471-473.</p>     <p align="justify">3. Bethell, Tom. <i>The Noblest Triumph. </i><i>Property and Prosperity through the Ages</i>, Nueva York, St. Martin Griffin, 1998.</p>     <p align="justify">4. Coase, Ronald. “The nature of the firm”, <i>Economica </i>4, 16, New Series, noviembre, 1937, pp. 386-405.</p>     <p align="justify">5. Rodrik, Dani. “Institutions f or High Quality Growth: What They Are and How to Ackquiere Them”, <i>Studies in Comparative International Development</i> 35, 3, 2000, pp. 3-31.</p>     <p align="justify">6. Schumpeter, Joseph. <i>Capitalism, Socialism and Democracy</i>, London, Unwin University Books, 1974.</p> </font>      ]]></body>
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