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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EDITORIAL </b></p></font>     <p>    <br>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="justify">Fernando Hinestrosa, Rector del Externado, recordaba en estos d&iacute;as que la libertad no es un bien que se posee de una vez y para siempre, sino una disposici&oacute;n que debemos ejercer d&iacute;a a d&iacute;a, y un estado de la sociedad por el que debemos luchar en todo momento.</p>     <p align="justify">En el mundo contempor&aacute;neo, los enemigos de la libertad vociferan amenazas en nombre de la libertad, y en su nombre intentan recortar las libertades y los derechos que se enunciaron en el siglo XVIII, y que en la antig&uuml;edad inspiraron a la democracia ateniense y guiaron las relaciones entre sus gobernantes y sus ciudadanos. El grito de guerra del presidente de los Estados Unidos hace eco en diversos pa&iacute;ses: “exportaremos la muerte y la violencia a todos los rincones de la Tierra en defensa de nuestra gran naci&oacute;n”. Y las naciones se hunden en mundos orwellianos y emprenden programas con nombres como el de “vigilancia de informaci&oacute;n terrorista”, eufemismos que en realidad no significan otra cosa que “vigilancia de informaci&oacute;n total”. No deja de ser ir&oacute;nico que un presidente latinoamericano participe en un <i>reality show</i> denominado el Gran Hermano.</p>     <p align="justify">La <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> se une al homenaje en conmemoraci&oacute;n de los cuarenta a&ntilde;os de una rector&iacute;a que, fiel a la tradici&oacute;n de quienes fundaron nuestra universidad en tiempos sombr&iacute;os, ha velado siempre para que preservemos y ejerzamos la libertad de esp&iacute;ritu y de expresi&oacute;n, formemos ciudadanos responsables y no simples t&eacute;cnicos o especialistas, y expresemos y respetemos las ideas propias y ajenas, y las discutamos en un ambiente pluralista y civilizado. En suma, fiel al precepto de que “la democracia no es un conjunto de t&eacute;cnicas, mecanismos, estructuras; la democracia exige en sus fundamentos una &eacute;tica; la democracia prospera cuando el discurso p&uacute;blico sobre sus fines se desarrolla sin hipocres&iacute;as, sin manipulaciones y sin concesiones; la democracia se basa en valores que deben ser cultivados, protegidos y promovidos, como la libertad”.</p>     <p align="justify">Nada mejor para conmemorar esta ocasi&oacute;n que ceder el espacio editorial a dos escritores que, afines a esta tradici&oacute;n –no s&oacute;lo de palabra sino con el ejemplo– ponen de relieve que esa libertad es verdadera no cuando la guardamos como un tesoro reservado para nosotros mismos o nuestro c&iacute;rculo cerrado, sino cuando es de todos: John Ralston Saul, ciudadano canadiense, y Manuel Murillo Toro, ex presidente de Colombia, nuestro cl&aacute;sico nacional de este n&uacute;mero.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">I</p>     <p align="justify"><i>Libertad de expresi&oacute;n.</i> Algo que no es grato ni sencillo, pero quiz&aacute;s el elemento m&aacute;s importante de cualquier democracia. La libertad de expresi&oacute;n es objeto de dos opiniones tan difundidas como contradictorias. La primera es que la tenemos; la segunda es que es un lujo.</p>     <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo se puede tener algo que es un acto existencial? Las constituciones pueden declarar que es inviolable y protegerla con leyes. Podemos invocarla hasta ponernos morados. Pero la libertad de expresi&oacute;n s&oacute;lo se conserva mediante el uso constante.</p>     <p align="justify">El esfuerzo agotador que esto requiere implica la voluntad de escuchar sumada al deseo de hacerse o&iacute;r. Escuchar significa prestar atenci&oacute;n, no s&oacute;lo o&iacute;r aquello que dice la gente. Y ser o&iacute;do a veces significa estar expuesto a la cr&iacute;tica, incluso al rid&iacute;culo. Por eso los integrantes de nuestras elites, que no ans&iacute;an hacerse o&iacute;r en cuanto individuos, lo consideran un lujo.</p>     <p align="justify">El reflejo natural de los poderosos consiste en tratar de limitar la libertad de expresi&oacute;n. Lo hacen de manera constante y casi inconsciente, al margen de su opini&oacute;n pol&iacute;tica particular. Cuanto m&aacute;s estructurada es la sociedad m&aacute;s ocurre esto mediante convenciones sociales, por v&iacute;a del eufemismo y la cortes&iacute;a, e indirectamente mediante leyes y convenios contractuales que no hacen alusi&oacute;n a la cosa que est&aacute;n limitando.</p>     <p align="justify">Por ejemplo, los contratos laborales casi autom&aacute;ticamente hacen que la pericia y las opiniones del empleado sean propiedad de la empresa. Tambi&eacute;n hay leyes contra el libelo, que aplican una interpretaci&oacute;n estricta de “los hechos” a las &aacute;reas de debate p&uacute;blico donde la gente que tiene m&aacute;s probabilidades de entablar un juicio es precisamente la que oculta los hechos. El proceso judicial no le impone la obligaci&oacute;n de explicar, sino que ataca a los que buscan informaci&oacute;n y tratan de usar la libertad de expresi&oacute;n. Hay vastas y complejas leyes relacionadas con el secreto que sustraen al dominio p&uacute;blico zonas enteras de inter&eacute;s p&uacute;blico. Y desde luego est&aacute; la raz&oacute;n de Estado, que elimina el derecho de los ciudadanos a discutir aquello que les concierne.</p>     <p align="justify">Un nuevo m&eacute;todo de limitaci&oacute;n consiste en argumentar que la libertad de expresi&oacute;n, una vez conquistada, se puede tratar como un lujo. El argumento sostiene que la gente necesita, ante todo, prosperidad. Con el bienestar f&iacute;sico y la estabilidad que conlleva, la gente tiene tiempo y energ&iacute;a para ejercer la libertad de expresi&oacute;n. Se sigue, <i>sotto voce,</i> que cuanto menos &eacute;xito tengan los poderosos en dirigir la econom&iacute;a de un pa&iacute;s, menos debe la ciudadan&iacute;a usar su libertad de expresi&oacute;n.</p>     <p align="justify">El argumento de “la propiedad ante todo” se basa en una interpretaci&oacute;n com&uacute;n de la historia occidental donde el crecimiento del comercio y la industria cre&oacute; una clase media que comenz&oacute; a exigir derechos. Es un punto de vista conveniente en una sociedad corporativa. Reduce la aportaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y del humanismo a un papel pasivo y secundario. En realidad, el edificio fue creado por la tecnolog&iacute;a y el mercado. Luego la ciudadan&iacute;a tuvo permiso para decorar las habitaciones.</p>     <p align="justify">Esta es una inversi&oacute;n total de la historia occidental. Sol&oacute;n naci&oacute; de una &eacute;tica del servicio p&uacute;blico. Y fue el fracaso econ&oacute;mico –no el &eacute;xito– lo que hizo que &eacute;l y la ciudadan&iacute;a asumieran mayor poder. S&oacute;crates y el sistema de debate democr&aacute;tico de Atenas fueron producto de una sociedad estable y agraria. Fue erosionada y destruida por las pretensiones comerciales del imperio. Nuestro concepto actual de igualdad, que impl&iacute;citamente incluye el derecho de manifestar nuestra opini&oacute;n, viene del cristianismo primitivo y las asambleas locales de las tribus n&oacute;rdicas europeas. La Carta Magna inglesa no fue un producto industrial. Tampoco lo fueron los divulgadores ling&uuml;&iacute;sticos, de Shakespeare a Dante. Tampoco lo fue Erasmo, quien hizo tanto para demostrar que se pod&iacute;a usar un lenguaje claro como forma de poder p&uacute;blico. La mayor&iacute;a de nuestras ideas sobre la democracia se afianzaron en el &aacute;mbito p&uacute;blico un siglo antes que la revoluci&oacute;n industrial se pusiera seriamente en marcha. Aunque la revoluci&oacute;n americana inclu&iacute;a elementos tributarios y comerciales, las clases mercantiles urbanas tendieron a permanecer neutrales durante la guerra mientras que los que habitaban la tierra, ricos y pobres, sobrellevaron la carga militar y pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">Si la econom&iacute;a desempe&ntilde;&oacute; un papel central en el ascenso de la libertad de expresi&oacute;n, la peste negra fue m&aacute;s ben&eacute;fica que la revoluci&oacute;n industrial. La peste diezm&oacute; a la poblaci&oacute;n europea de tal modo que foment&oacute; mayores concentraciones de riqueza agraria y los sistemas administrativos establecidos se desmoronaron.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No es que la industrializaci&oacute;n no haya cumplido ning&uacute;n papel en la creaci&oacute;n del sistema democr&aacute;tico, pero ese papel fue secundario. Un efecto, no una causa. No pasamos del cambio econ&oacute;mico a la prosperidad y a la democracia para terminar con una libertad de expresi&oacute;n que es una suerte de pan de oro para cubrir la parte externa de una estructura ya concluida.</p>     <p align="justify">El arduo y tenaz despertar de la libertad de expresi&oacute;n en los siglos XVII y XVIII nos permiti&oacute; formular nuestras ideas de la democracia. En el &iacute;nterin, los que manifestaban su opini&oacute;n a veces eran ejecutados, encarcelados o desterrados. Pero una reverberaci&oacute;n verbal consciente desencaden&oacute; gradualmente el proceso democr&aacute;tico, a veces mediante la reforma, a veces mediante explosiones. Esta afirmaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a permiti&oacute; imaginar otra clase de econom&iacute;a y ponerla en movimiento.</p>     <p align="justify">En occidente o&iacute;mos casi todos los d&iacute;as la misma clase de inversi&oacute;n hist&oacute;rica. Nuestra sociedad corporativista se complace en insistir en la “acci&oacute;n responsable”. Esto es, en s&iacute; mismo, una inversi&oacute;n de nuestro concepto del ciudadano responsable. En una democracia, las estructuras de la sociedad son responsables ante el ciudadano, que es la fuente suprema de poder. “Acci&oacute;n responsable” sugiere lo contrario: el ciudadano debe limitar su uso del poder para no da&ntilde;ar las estructuras. Esto equivale a la institucionalizaci&oacute;n de una banal raz&oacute;n de Estado.</p>     <p align="justify">Una persona irresponsable es pues alguien que atenta contra las convenciones al manifestar su opini&oacute;n. Por definici&oacute;n, es alguien que est&aacute; fuera de las especializaciones, las profesiones y los grupos corporativos. Un picapleitos. En una versi&oacute;n exagerada del decoro de clase media, nuestras educadas elites se sienten limitadas en sus palabras y actos p&uacute;blicos por su obligaci&oacute;n de administrar responsablemente la sociedad.</p>     <p align="justify">As&iacute;, las estructuras y los sistemas educativos de las democracias han producido enormes elites que son inconsciente pero profundamente antidemocr&aacute;ticas. Pueden representar el 30 por ciento de la poblaci&oacute;n y ocupar la mayor&iacute;a de las posiciones de poder. Para ellas, la libertad de expresi&oacute;n es un acto de complacencia reclamado por los marginales y un lujo que la gente responsable tolera con renuencia y resentimiento.</p>     <p align="justify"><i>John Ralston Saul</i></p>     <p align="center">II</p>     <p align="justify">Bogot&aacute;, mayo 7 de 1864</p>     <p align="justify">Se&ntilde;or editor de <i>El Independiente</i></p>     <p align="justify">Remito a usted el valor de la suscripci&oacute;n a su peri&oacute;dico por un trimestre. Aunque se ha presentado con lanza en ristre contra m&iacute;, saludo sinceramente su aparici&oacute;n y le deseo larga vida. Sin imprenta que refleje con toda libertad los diferentes matices de la opini&oacute;n, es imposible administrar con mediano acierto. Adem&aacute;s, es del m&aacute;s alto inter&eacute;s que cale bien en nuestras costumbres la asistencia de la imprenta, tanto como medio de formar el criterio nacional, como para realizar el gobierno de la opini&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por esta raz&oacute;n, cuando el gobernante o administrador tiene la calma para leer todo sin preocuparse de lo que afecta a su persona, lastimando su vanidad o su amor propio, los peri&oacute;dicos que lo atacan o censuran m&aacute;s fuertemente, quiz&aacute; le sirven mejor que aquellos que lo aprueban o sostienen.</p>     <p align="justify">Deseo mucho que tengamos al fin un gran movimiento period&iacute;stico que discuta todo y someta los principios y los hombres al crisol de una cr&iacute;tica severa e inexorable, &uacute;nico medio que veo por ahora de moralizaci&oacute;n; como ustedes se anuncian as&iacute;, deseo que no desmayen. Por mi parte quiero dar ejemplo de entregar toda mi vida p&uacute;blica, todos mis actos como funcionario p&uacute;blico, a la censura de mis conciudadanos; no importa que a veces sean injustos o apasionados. Y como creo que el hombre p&uacute;blico pertenece en todo y por todo a la sociedad, no vacilo en decir que admito tambi&eacute;n con gusto y por convicci&oacute;n la censura o el examen de nuestra vida privada.</p>     <p align="justify">Ustedes me har&aacute;n un gran servicio, ya que me encuentro a la cabeza de la administraci&oacute;n, si no solo no guardan contemplaci&oacute;n o miramientos con mis propios actos o conducta, sino tambi&eacute;n si me ayudan a moralizar el servicio, flagelando en sus columnas a todos los funcionarios que no sean en privado y en p&uacute;blico dignos de servir a nuestro incipiente pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Quedo de ustedes afectuos&iacute;simo compatriota y atento lector,</p>     <p align="justify"><i>Manuel Murillo</i></p>     <p align="center">III</p>     <p align="justify">Para esta entrega de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> seleccionamos varios ensayos sobre econom&iacute;a y derecho, pensamiento econ&oacute;mico e historia y pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">El primero, de Ugo Pagano, profesor de la Universidad de Siena, examina las relaciones entre derechos y libertades. La tradici&oacute;n de la Ilustraci&oacute;n, de la que la econom&iacute;a es heredera, imagina un mundo arm&oacute;nico en el que los valores universales –libertad, igualdad, justicia, bienestar– son perfectamente compatibles y se nutren rec&iacute;procamente. El siglo XX mostr&oacute; claramente que era apenas una ilusi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Los revolucionarios de la primera mitad del siglo XX, los bolcheviques de izquierda, creyeron que iban a crear una sociedad igualitaria y, sin lograr ese prop&oacute;sito, erigieron una sociedad totalitaria. Los revolucionarios de finales del siglo, los bolcheviques de derecha, hablan en nombre de la libertad, pero confunden la libertad de los negocios con la libertad de los ciudadanos, y por esta confusi&oacute;n proponen c&iacute;nicas panaceas que llevan a una profunda desigualdad y lanzan a la miseria a millones de personas. El p&eacute;ndulo de la historia no puede seguir oscilando entre esos extremos. En vez de entregar la fe a sistemas abstractos y supuestamente armoniosos que formulan una soluci&oacute;n universal, debemos volver a pensar con modestia y reconocer el conflicto entre los valores humanos supremos, y admitir que no hay una soluci&oacute;n definitiva sino soluciones parciales que debemos ponderar sin renunciar a decidir.</p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo, el profesor Pagano se apoya en las teor&iacute;as jur&iacute;dico econ&oacute;micas de W. N. Hohfeld y J. R. Commons para mostrar, de manera formal y rigurosa, que existe una contraposici&oacute;n, un <i>trade-off</i> en jerga t&eacute;cnica, entre derechos y libertades, por cuanto los derechos de ciertos agentes son deberes de otros –que desde un punto de vista econ&oacute;mico institucional se pueden analizar como bienes posicionales– y que esta contraposici&oacute;n est&aacute; ligada a las “condiciones de equilibrio” que deben satisfacer los derechos y las libertades, entre ellas, la restricci&oacute;n de escasez social propia de este tipo de bienes. La manera de enfrentar estas condiciones da lugar a distintas configuraciones institucionales y a distintos sistemas de derechos y de responsabilidades: capitalismo cl&aacute;sico, capitalismo taylorista, capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores, por ejemplo. A su vez, estos dan lugar a desequilibrios m&uacute;ltiples. De modo que los modelos no dan resultados &uacute;nicos e inevitables y que optar por uno u otro es una cuesti&oacute;n de decisi&oacute;n, no t&eacute;cnica sino pol&iacute;tica y, por tanto, &eacute;tica.</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los dos art&iacute;culos siguientes, de Alberto Castrill&oacute;n y Mario Garc&iacute;a, profesores del Externado de Colombia, se refieren, desde &oacute;pticas distintas –la de la &eacute;tica y la econom&iacute;a, y la del &aacute;mbito cultural en el que surgen las ideas– a dos episodios de la historia del pensamiento econ&oacute;mico.</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="justify">El abandono de los estudios hist&oacute;ricos en las facultades de econom&iacute;a ha llevado a pensar que la teor&iacute;a econ&oacute;mica fue una invenci&oacute;n del norte de Europa, ante todo anglosajona. Y que la sociedad capitalista y sus instituciones se originaron en Inglaterra, y llegaron a la perfecci&oacute;n en el norte de Am&eacute;rica, bajo el acicate del esp&iacute;ritu protestante. No es extra&ntilde;o, entonces, que despu&eacute;s de tantos reveses, hoy se proponga que, para salir del subdesarrollo, los pa&iacute;ses del sur deben calcar las instituciones del norte, y para algunos convertirse al protestantismo. Es ir&oacute;nico que Marx pensara que los pa&iacute;ses desarrollados son el espejo de los pa&iacute;ses atrasados, aunque su soluci&oacute;n no fuese el calvinismo sino el socialismo, que en la versi&oacute;n leninista llev&oacute; a una teolog&iacute;a laica, no muy diferente en esencia de la fe de carbonero en la omnipotencia del mercado libre. En las discusiones teol&oacute;gicas, las discrepancias con la ortodoxia llevan a herej&iacute;as, y las herej&iacute;as se convierten en nuevas ortodoxias.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo de Alberto Castrill&oacute;n ofrece una perspectiva conveniente para que revisemos esta visi&oacute;n simplista. Presenta una breve s&iacute;ntesis de las doctrinas econ&oacute;micas y teol&oacute;gicas de los escol&aacute;sticos espa&ntilde;oles, que en el marco del probabilismo moral, analizaron los problemas econ&oacute;micos como una cuesti&oacute;n moral y subjetiva, e influyeron en el pensamiento de los moralistas escoceses, de los economistas austr&iacute;acos y tambi&eacute;n en Keynes, como reconocen grandes economistas para quienes no es l&iacute;cito revisar la historia a la usanza del Gran Hermano, entre ellos Schumpeter y Hayek.</p>     <p align="justify">Se&ntilde;ala que la econom&iacute;a cl&aacute;sica fue una soluci&oacute;n de continuidad entre el pensamiento escol&aacute;stico y las teor&iacute;as econ&oacute;micas que se fundamentan en el valor subjetivo. Y que esta ruptura obedeci&oacute; a la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que impuso el culto al determinismo newtoniano y a la b&uacute;squeda de certezas absolutas, que conjuran la necesidad de elegir mediante la aplicaci&oacute;n de la probabilidad matem&aacute;tica.</p>     <p align="justify">No por azar los austr&iacute;acos, como Hayek, rechazan la visi&oacute;n cientifista y determinista en el an&aacute;lisis econ&oacute;mico, y repudian los dise&ntilde;os de ingenier&iacute;a social. Y no es casualidad que el marco del pensamiento econ&oacute;mico de Keynes, fuese la preocupaci&oacute;n moral, como lo puede constatar cualquier lector de su <i>Tratado de la probabilidad</i>, infortunadamente olvidado, y otras de sus obras, cuyos ejemplares, menos ajados que la <i>Teor&iacute;a general</i>, reposan en los estantes como si hubiesen acabado de salir de la imprenta.</p>     <p align="justify">Las ideas, igual que las palabras, no son intemporales, surgen en contextos espec&iacute;ficos, y evolucionan y se transforman con el tiempo y con el uso. Si las interpretamos o usamos como algo eterno e inmutable caemos en el anacronismo, y traicionamos el pensamiento de nuestros antecesores imput&aacute;ndoles nuestros propios pensamientos o atribuy&eacute;ndoles nuestros propios dramas y temores.</p>     <p align="justify">El ensayo de Mario Garc&iacute;a, anticipo de un trabajo m&aacute;s extenso y ambicioso, presenta un panorama general de la sociedad inglesa y del ambiente cultural anterior a la Primera Guerra Mundial, en el que se form&oacute; y madur&oacute; el pensamiento de John Maynard Keynes. Descripci&oacute;n que se promete indispensable para entender su obra a cabalidad e interpretarla rectamente.</p>     <p align="justify">No sin un toque de iron&iacute;a, esboza a grandes rasgos la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica y el avance de la industrializaci&oacute;n con una mirada profesional. Despu&eacute;s, con ayuda de obras sociol&oacute;gicas y escritos literarios, comenta las fracturas que se producen en la cultura inglesa al tiempo que la expansi&oacute;n del imperio crea la ilusi&oacute;n de una civilizaci&oacute;n inmutable reforzada por la educaci&oacute;n en los valores aristocr&aacute;ticos victorianos. El progreso econ&oacute;mico crea al mismo tiempo una sensaci&oacute;n de temor ante el cambio y da lugar a comportamientos convencionales que crean una ilusi&oacute;n de continuidad para superar la angustia de la condici&oacute;n moderna. El panorama se completa con la menci&oacute;n de escritos g&oacute;ticos que ponen de presente la represi&oacute;n religiosa, sexual y pol&iacute;tica de esa &eacute;poca, y con ayuda de Frances Yates, da una pincelada que alude a las corrientes esot&eacute;ricas de esa &eacute;poca, que en la nuestra est&aacute;n representadas por los adeptos de la Nueva Era.</p>     <p align="justify">Los lectores de este ensayo esperar&aacute;n impacientes los siguientes cap&iacute;tulos de esta fascinante aventura, en las que muy probablemente los protagonistas ser&aacute;n Keynes y su obra.</p>     <p align="justify">Keynes se propuso formular una teor&iacute;a monetaria de la producci&oacute;n en la que el dinero fuese m&aacute;s que un simple velo o una gran rueda de la circulaci&oacute;n. Desde entonces, el debate sobre el papel del dinero en la econom&iacute;a ha ocupado la atenci&oacute;n de varias generaciones de economistas, sin llegar a resultados concluyentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El siguiente grupo de art&iacute;culos, sobre historia econ&oacute;mica, se dedica a dos temas de grandes repercusiones sobre la situaci&oacute;n financiera internacional y el desarrollo del pa&iacute;s. El primero, de Mauricio Avella, examina los antecedentes de la deuda externa colombiana. El segundo, de &Aacute;lvaro Balc&aacute;zar describe la evoluci&oacute;n de la agricultura en los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">En el &uacute;ltimo tercio del siglo XX, la deuda externa del tercer mundo se convirti&oacute; en un mecanismo para trazar pol&iacute;ticas e imponer reformas que subordinaban el crecimiento de los pa&iacute;ses a la continuidad del pago de las amortizaciones y de los intereses. En el siglo XVIII, era evidente que los pa&iacute;ses endeudados no pod&iacute;an ceder sus derechos nacionales a los prestamistas internacionales, y que los derechos concretos de los ciudadanos ten&iacute;an prioridad sobre los derechos abstractos de los prestamistas. Hoy, esa prioridad se ha invertido para atribuir un valor moral al pago de la deuda cuando no es m&aacute;s que un contrato que se puede renegociar o dejar de pagar, como se suele hacer en el sector privado, y los pa&iacute;ses en desarrollo se han visto obligados a privatizar o ceder sus empresas a los prestamistas so pena de ser calificados como parias internacionales. Este cambio de mentalidad, que privilegia los intereses corporativos, impide encontrar mecanismos que busquen cancelar las deudas y los pagos de intereses.</p>     <p align="justify">El ensayo de Mauricio Avella describe el comportamiento c&iacute;clico de la deuda latinoamericana concentrando su an&aacute;lisis en el per&iacute;odo de la Paz Brit&aacute;nica, que el autor extiende desde la tercera d&eacute;cada del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Describe las fases del ciclo de cr&eacute;dito internacional en las que los principales pa&iacute;ses exportadores fueron primero Inglaterra y luego Estados Unidos, analiza la participaci&oacute;n de los flujos de capital a Am&eacute;rica Latina y compara la situaci&oacute;n de los distintos pa&iacute;ses del continente. Colombia fue el principal deudor durante ese per&iacute;odo, como lo ser&iacute;a m&aacute;s adelante, cuando Nueva York remplaza a la <i>city</i> londinense como centro financiero internacional.</p>     <p align="justify">El historiador ingl&eacute;s Barrington Moore se&ntilde;al&oacute; alguna vez que las sociedades que se convirtieron en naciones industriales y democracias estables fueron aquellas que resolvieron el problema agrario. Colombia no lo ha resuelto, se ha convertido en un pa&iacute;s con una econom&iacute;a terciaria sin industrias s&oacute;lidas y con una guerra de origen rural que dura m&aacute;s de medio siglo. La b&uacute;squeda exclusiva de eficiencia econ&oacute;mica y de mejoras de la productividad en los productos de exportaci&oacute;n no puede desarraigar las ra&iacute;ces de este mal hist&oacute;rico y olvida que para comprar alimentos importados se necesita que la poblaci&oacute;n tenga empleo y capacidad de pago.</p>     <p align="justify">El trabajo de &Aacute;lvaro Balc&aacute;zar examina los cambios estructurales de la agricultura colombiana durante la d&eacute;cada de los noventa en consonancia con la pol&iacute;tica de apertura y la alteraci&oacute;n de los precios relativos de los productos agr&iacute;colas. Seg&uacute;n el autor, este cambio llev&oacute; a una modificaci&oacute;n de los patrones de producci&oacute;n y uso de los recursos. Decay&oacute; la producci&oacute;n de cultivos transitorios importables que se hab&iacute;an expandido al amparo de las pol&iacute;ticas proteccionistas y aument&oacute; la producci&oacute;n de cultivos permanentes que requieren altas inversiones y de bienes no transables intensivos en mano de obra. Adem&aacute;s, la falta de posibilidades de reconversi&oacute;n, la concentraci&oacute;n de la tierra en algunas zonas y la violencia rural llevaron a una expansi&oacute;n de la ganader&iacute;a, aun en zonas que antes se dedicaban a cultivos semestrales. El resultado m&aacute;s notorio de esta transformaci&oacute;n estructural es el aumento de la concentraci&oacute;n del ingreso en el campo y en la ciudad.</p>     <p align="justify">La econom&iacute;a neoinstitucionalista atribuye un papel fundamental a los costos de transacci&oacute;n y a su reducci&oacute;n en el desarrollo de instituciones adecuadas para el funcionamiento del sistema de mercado. Una de las grandes dificultades para comprobar esta teor&iacute;a es la de definir y medir en forma apropiada estos costos.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo final, de Decio Zylbersztajn y Carolina T. Gra&ccedil;a, intenta superar esta dificultad midiendo el costo de apertura de nuevas empresas de confecciones en el Brasil, a partir de informaci&oacute;n recopilada mediante encuestas, y analizar su variabilidad entre los diferentes estados industriales de ese pa&iacute;s y entre las distintas zonas de una misma ciudad para orientar las reformas institucionales necesarias. Debido a los altos costos, 11,3% del PIB per c&aacute;pita en promedio, y a la demora para cumplir los tr&aacute;mites y procedimientos, 64 d&iacute;as en promedio, un alto porcentaje de empresas debe operar informalmente antes de establecerse como empresa legalmente constituida. Las diferencias con otros estudios similares indican que los resultados no son concluyentes y que es necesario proseguir esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica.</p>     <p align="center">IV</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n de cl&aacute;sicos, publicamos un ensayo poco conocido de Paul Streeten, profesor em&eacute;rito de la Universidad de Boston, sobre la obra te&oacute;rica y las recomendaciones pr&aacute;cticas de Keynes y sus relaciones con la tradici&oacute;n brit&aacute;nica cl&aacute;sica.</p>     <p align="justify">Durante m&aacute;s de dos siglos, el tema de pol&iacute;tica de m&aacute;s aguda y enconada controversia entre los economistas ha sido el de la intervenci&oacute;n o no intervenci&oacute;n del Estado o, en su defecto, el de los l&iacute;mites y alcances de dicha intervenci&oacute;n. Ese tema enfrent&oacute; a los cl&aacute;sicos contra los mercantilistas y ha ocupado la atenci&oacute;n de los economistas colombianos desde su emancipaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Y aunque las t&eacute;cnicas se han refinado desde entonces, no ha sucedido lo mismo con los argumentos. Y las actitudes predominantes siguen siendo simplistas y extremas: intervenci&oacute;n o mercado libre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El escrito del profesor Streeten sit&uacute;a en perspectiva este debate mostrando que enfrenta a dos visiones contrapuestas del orden econ&oacute;mico seg&uacute;n sea la posici&oacute;n que se tenga frente a la teor&iacute;a de la armon&iacute;a de intereses, legado de la filosof&iacute;a natural a la econom&iacute;a, un orden benevolente en el que las acciones miopes y ego&iacute;stas llevan al bien com&uacute;n, seg&uacute;n Adam Smith. El ensayo revisa las distintas interpretaciones de la teor&iacute;a de la armon&iacute;a de intereses en la tradici&oacute;n brit&aacute;nica. Encuentra que existe una visi&oacute;n tosca y versiones m&aacute;s refinadas, y que el utilitarismo y el liberalismo han utilizado una u otras para defender el <i>laissez faire</i> o la intervenci&oacute;n del Estado, aun una intervenci&oacute;n autoritaria.</p>     <p align="justify">Keynes recurri&oacute; al utilitarismo de Bentham para demostrar que una redistribuci&oacute;n del ingreso, de los m&aacute;s ricos a los m&aacute;s pobres, no s&oacute;lo aumentaba la utilidad total sino que aceleraba la inversi&oacute;n y el crecimiento econ&oacute;mico. La posici&oacute;n de Keynes parece oponerse al liberalismo por cuanto recomienda la intervenci&oacute;n en la distribuci&oacute;n y en la producci&oacute;n y hacer innecesario el utilitarismo. Sin embargo, aunque piensa que el Estado debe intervenir para eliminar los obst&aacute;culos que impiden que los intereses privados tengan resultados ben&eacute;ficos, su posici&oacute;n es m&aacute;s cercana a liberales como Bentham y J. S. Mill que a la de antiliberales como List. Y se mantuvo fiel al utilitarismo por cuanto hasta el final de su vida crey&oacute;, igual que ellos, que “el bienestar econ&oacute;mico de una naci&oacute;n es algo que el gobierno puede y debe descubrir y alentar”.</p>     <p align="justify">En suma, el profesor Streeten muestra que la obra de Keynes puede ser interpretada de diversas maneras, como suele serlo la obra de los grandes pensadores, y que pese a creer en la armon&iacute;a de intereses –en cuanto asemej&oacute; las actividades econ&oacute;micas de la naci&oacute;n a las de los individuos, es decir, impulsadas por un prop&oacute;sito com&uacute;n que bien entendido es el prop&oacute;sito de cada individuo– tambi&eacute;n fue consciente de los conflictos de intereses, de los problemas de distribuci&oacute;n del poder econ&oacute;mico y de su manipulaci&oacute;n consciente. De modo que fue capaz de trascender las actitudes extremas. Quiz&aacute; por ello, hoy no sea de buen recibo para unos ni para otros.</p>     <p align="center">V</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n de “Notas y discusiones” se incluyen dos ensayos sobre el pensamiento neoinstitucionalista que bien merecen estar en la secci&oacute;n principal de la revista.</p>     <p align="justify">Las instituciones eran esenciales en la teor&iacute;a cl&aacute;sica, que pese a considerar el mercado como un mecanismo econ&oacute;mico universal, pon&iacute;a de relieve el proceso hist&oacute;rico a trav&eacute;s del cual el intercambio econ&oacute;mico dej&oacute; de ser un simple trueque, as&iacute; como las circunstancias legales y pol&iacute;ticas que influ&iacute;an en la distribuci&oacute;n del producto y permit&iacute;an el buen funcionamiento del mercado. Con la revoluci&oacute;n marginalista y su preconcepci&oacute;n del hombre racional, cuyas acciones conducen al equilibrio &oacute;ptimo, ese &eacute;nfasis pas&oacute; a un segundo plano y, luego, con la formalizaci&oacute;n y cuasi axiomatizaci&oacute;n del equilibrio walrasiano, las instituciones fueron desechadas en la teor&iacute;a pura. As&iacute;, las discusiones de pol&iacute;tica siempre se ocuparan de medidas o reformas legales o institucionales. Pese a ello, hoy se debate si la reintroducci&oacute;n de las instituciones en al an&aacute;lisis econ&oacute;mico constituye o no un cambio de paradigma.</p>     <p align="justify">El trabajo de Salom&oacute;n Kalmanovitz, ponencia presentada en el seminario sobre Nuevos Paradigmas en Ciencias Sociales realizado en la Universidad Nacional, muestra que la escuela neoinstitucionalista se aparta de varios de los supuestos de la corriente neocl&aacute;sica, entre ellos el del hombre econ&oacute;mico racional, y ha hecho grandes aportes a la historia econ&oacute;mica, pero no por ello es un paradigma distinto del de la corriente principal. Examina, adem&aacute;s, algunas diferencias entre esa escuela, la corriente marxista y el institucionalismo de Veblen, Mitchell y Commons, con el que comparte el inter&eacute;s por el aspecto emp&iacute;rico de la ciencia, entre las que destaca el papel de los costos de transacci&oacute;n. Finalmente, indica c&oacute;mo se puede aplicar este enfoque al an&aacute;lisis de las instituciones en Am&eacute;rica Latina.</p>     <p align="justify">El ensayo de Jos&eacute; F. Cata&ntilde;o, disc&iacute;pulo de Carlo Benetti, es una r&eacute;plica a las tesis de Kalmanovitz, a quien critica por no entender que la falla central del sistema neocl&aacute;sico es la ausencia de una teor&iacute;a aceptable de los intercambios descentralizados y que el supuesto de racionalidad no es necesario en ese sistema de equilibrio neocl&aacute;sico, as&iacute; como por desconocer que &eacute;ste sistema supone unas instituciones abstractas, el subastador walrasiano o una caja de compensaci&oacute;n central, que por razones l&oacute;gicas implican costos de transacci&oacute;n nulos. Para el profesor Cata&ntilde;o, los verdaderos adversarios de los neocl&aacute;sicos son los economistas heterodoxos –posmarxistas, neorricardianos, poskeynesianos y evolucionistas– cuyas teor&iacute;as no se derivan del modelo de equilibrio de Arrow y Debreu.</p>     <p align="justify">La nota que cierra esta secci&oacute;n, manifiesto de la Unidad de Estudios en Interacciones Econ&oacute;micas, que agrupa a profesores j&oacute;venes y estudiantes de la Universidad Nacional y del Externado de Colombia, hace un balance del Primer Simposio Nacional de Microeconom&iacute;a, realizado en Bogot&aacute; entre el 31 de julio y el 2 de agosto de 2003.</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n final, Bernardo P&eacute;rez rese&ntilde;a dos libros sobre la guerra en Colombia, <i>Breaking the Conflict Trap. Civil War and Development Policy</i>, del Banco Mundial , y <i>Sistemas de guerra. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en Colombia</i>, de Nazih Richani. Y Homero Cuevas rese&ntilde;a <i>La raz&oacute;n liberal. Econom&iacute;a, pol&iacute;tica y &eacute;tica en la obra de John Stuart Mill</i>, de Mauricio P&eacute;rez Salazar.</p> </font>     ]]></body>
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