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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Legal positions (such as rights, duties, liberties, powers, liabilities and immunities) are linked together by strong institutional complementarities that differ from the usual institutional complementarities that have been recently considered in economic literature. Legal positions not only satisfy the usual conditions of institutional complementarity stemming from the fact that legal positions that “fit” together are marginally better than those that do not. They also define legal equilibria characterized by the social scarcity constraint that is typical of positional goods.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>POSICIONES LEGALES Y COMPLEMENTARIEDADES INSTITUCIONALES</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>LEGAL POSITIONS AND INSTITUTIONAL COMPLEMENTARITIES</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Ugo Pagano</i>*</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">* Profesor del Departamento de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica, Universidad de Siena y CEU, Budapest, <a href="mailto:pagano@unisi.it">pagano@unisi.it</a> Present&eacute; versiones preliminares de este art&iacute;culo en las reuniones anuales de la EAEPE realizadas en Siena en noviembre de 2001 y en la Universidad de la Sorbona en febrero de 2002, y en la conferencia conjunta Hamburgo-Siena realizada en Hamburgo en junio de 2002. Agradezco a los participantes en ambos seminarios por sus &uacute;tiles comentarios; tambi&eacute;n las sugerencias de Masahiko Aoki, Samuel Bowles, Marcello De Cecco, Eric Brousseau, Jean-Michel Glachant, Mathew Kramer, Antonio Nicita, Hans-Bernd Sch&auml;fer, Gregory Valatin y Carlo Zappia. La responsabilidad de los errores es m&iacute;a.     <br> Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 14 de abril de 2003, fecha de aceptaci&oacute;n: 20 de junio de 2003.</font></p> <font face="Verdana" size="2"><hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: posiciones legales, complementariedad institucional, contratos, leyes de propiedad, organizaci&oacute;n industrial, sistemas capitalistas; JEL: J41, J50, K11, K12, K22, K31, L20, P10]</p>     <p align="justify">Las posiciones legales (derechos, deberes, libertades, poderes, obligaciones e inmunidades) est&aacute;n vinculadas por complementariedades institucionales fuertes que difieren de las complementariedades institucionales que suele considerar la literatura econ&oacute;mica. Las posiciones legales no s&oacute;lo satisfacen las condiciones ordinarias de complementariedad institucional ocasionadas por el hecho de que las posiciones legales que se “ajustan” entre s&iacute; lo hacen marginalmente mejor que las que no se ajustan. Tambi&eacute;n definen equilibrios legales caracterizados por la restricci&oacute;n de escasez social t&iacute;pica de los bienes posicionales.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: legal positions, institutional complementarities, contracts, property law, industrial organization, capitalist systems; JEL: J41, J50, K11, K12, K22, K31, L20, P10]</p>     <p align="justify">Legal positions (such as rights, duties, liberties, powers, liabilities and immunities) are linked together by strong institutional complementarities that differ from the usual institutional complementarities that have been recently considered in economic literature. Legal positions not only satisfy the usual conditions of institutional complementarity stemming from the fact that legal positions that “fit” together are marginally better than those that do not. They also define legal equilibria characterized by the social scarcity constraint that is typical of positional goods.</p> <hr>     <p align="justify"><b>    <br>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los derechos y las libertades pertenecen al lenguaje pol&iacute;tico cotidiano. El uso pol&iacute;tico de los t&eacute;rminos puede hacer pensar que la historia humana es un avance continuo de los derechos y las libertades que no plantea ning&uacute;n <i>trade off</i> entre ellos. En este art&iacute;culo argumentamos que existe dicho <i>trade off</i> y que est&aacute; relacionado con las condiciones de equilibrio b&aacute;sicas que deben satisfacer los derechos y las libertades<a name="n1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup>. Los derechos de algunos individuos se deben consumir conjuntamente con los deberes (es decir una falta de libertades) de otros individuos. Los derechos que algunos agentes disfrutan como un producto o un bien deben ser experimentados como deberes (como un insumo o como un mal) por otros agentes. En otras palabras, las relaciones legales que definen derechos, deberes y libertades implican posiciones legales opuestas para los agentes que consumen los mismos objetos con signos opuestos, y puede ser &uacute;til considerarlas como bienes posicionales. Un argumento similar se aplica a las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden que entra&ntilde;an poderes, incapacidades, obligaciones e inmunidades.</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n siguiente revisamos las teor&iacute;as de las posiciones legales de Hohfeld y de Commons, y exponemos el concepto de <i>equilibrio legal</i>. Luego presentamos los conceptos de bienes posicionales y de escasez social, y argumentamos que es m&aacute;s conveniente interpretar las relaciones legales a la luz de estos conceptos. Un resultado del an&aacute;lisis es que en el sistema hay una tendencia natural a acumular los desequilibrios legales y una falla para satisfacer las complementariedades institucionales fuertes requeridas por el car&aacute;cter correlativo de las posiciones legales. A continuaci&oacute;n examinamos algunos casos de complementariedades institucionales fuertes, que caracterizan a diferentes sistemas de posiciones legales. Mostramos que las posiciones que distinguen a los modelos alternativos de capitalismo satisfacen de manera diferente la restricci&oacute;n de escasez social en que se fundamentan los equilibrios legales. En la secci&oacute;n final examinamos las relaciones de complementariedad institucional que caracterizan a la relaci&oacute;n entre derechos y tecnolog&iacute;as. Tambi&eacute;n en este caso tenemos m&uacute;ltiples ordenamientos institucionales, debido a las relaciones de refuerzo mutuo entre los diferentes tipos de derechos y tecnolog&iacute;as. Pero argumentamos que la multiplicidad de equilibrios organizacionales que caracteriza a estas relaciones obedece a las complementariedades institucionales d&eacute;biles<sup><a name="n2"></a><a href="#2">2</a></sup>. Los equilibrios organizacionales no necesariamente satisfacen la restricci&oacute;n de escasez social que caracteriza a las relaciones entre posiciones legales. Concluimos argumentando que la comprensi&oacute;n de los sistemas alternativos de relaciones legales se puede beneficiar del an&aacute;lisis de las complementariedades institucionales fuertes, que caracterizan a las relaciones internas de las posiciones legales y del an&aacute;lisis de las complementariedades institucionales d&eacute;biles, como las que existen entre los derechos legales alternativos, el car&aacute;cter de los recursos y otros rasgos de la sociedad que incorpora estos derechos.</p>      <p align="justify"><b>EQUILIBRIOS LEGALES</b></p>      <p align="justify">Los buques que est&aacute;n en peligro tienen el derecho legal a recibir ayuda de otros buques. Este derecho est&aacute; necesariamente correlacionado con el deber de otros barcos de no abandonar al que est&aacute; en peligro. Este deber tambi&eacute;n implica de manera necesaria que otros barcos no tienen la libertad para abandonar al que est&aacute; en peligro y que &eacute;ste no est&aacute; expuesto a la libertad de los otros para negarle la ayuda. Este ejemplo muestra que, para que se disfruten efectivamente, algunos derechos implican necesariamente limitaciones de algunas libertades. Del mismo modo, mi libertad para dirigir mi barco a donde deseo est&aacute; limitada por el derecho de otros barcos a recibir ayuda en situaci&oacute;n de peligro. Como veremos en la siguiente secci&oacute;n, el <i>trade off</i> econ&oacute;mico entre libertades y derechos surge de una situaci&oacute;n de escasez social que no se puede estudiar adecuadamente si nos concentramos &uacute;nicamente en los bienes o males privados y p&uacute;blicos. La comprensi&oacute;n de la escasez social requiere la introducci&oacute;n de los bienes posicionales.</p>     <p align="justify">Por el momento, revisemos el an&aacute;lisis de las relaciones legales –introducido originalmente por Hohfeld (1919) y luego desarrollado por Commons (1924)–, una de las contribuciones m&aacute;s importantes del institucionalismo norteamericano<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>.</p>     <p align="justify">Para simplificar el argumento s&oacute;lo consideraremos las transacciones entre dos agentes i y j. De acuerdo con Hohfeld, las relaciones jur&iacute;dicas de primer orden establecen algunas relaciones necesarias entre los agentes i y j. Por ejemplo, i puede tener (o no tener) el derecho a que j lo rescate cuando su barco est&aacute; en problemas (acci&oacute;n A) y j puede estar privado de la libertad correspondiente de abandonarlo sin darle ayuda. As&iacute;, tenemos que:</p>      <blockquote>    <p align="justify">(1) Derecho de i &lt;---&gt; Deber de j</p> </blockquote>     <p align="justify">o, en otras palabras, el agente i tiene el derecho legal, sobre el agente j, a que j haga la acci&oacute;n A si y s&oacute;lo si j tiene el deber de hacer A con respecto a i.</p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">(2) Ning&uacute;n derecho (exposici&oacute;n) de i &lt;----&gt; Libertad (ning&uacute;n deber) de j.</p> </blockquote>     <p align="justify">o, en otras palabras, el agente j tiene la libertad legal, sobre el agente i, de hacer A si y s&oacute;lo si i no tiene ning&uacute;n derecho, sobre j, a impedir que j haga A y, por consiguiente, est&aacute; expuesto a la libertad de j.</p>     <p align="justify">Por supuesto, se mantienen relaciones similares entre los derechos de j y las libertades de i:</p>      <blockquote>    <p align="justify">(3) Derecho de j &lt;---&gt; Deber de i</p>       <p align="justify">(4) Ning&uacute;n derecho (exposici&oacute;n) de j &lt;----&gt; Libertad (ning&uacute;n deber) de i</p> </blockquote>     <p align="justify">En esta relaci&oacute;n simple entre dos individuos, el conjunto de acciones a las que i tiene derecho no s&oacute;lo define los deberes de j. Tambi&eacute;n define las dem&aacute;s acciones que j tiene la libertad de realizar (es decir, el conjunto de acciones en las que i no tiene ning&uacute;n derecho a interferir y est&aacute; expuesto a las libertades de j). En otras palabras, en este marco simple, las relaciones jur&iacute;dicas implican que la frontera entre los derechos y las exposiciones de i debe coincidir con la frontera entre los deberes y las libertades de j, y viceversa.</p>     <p align="justify">Por tanto, si concentramos nuestra atenci&oacute;n en las relaciones (1) y (2) obtenemos el <a href="#c1">cuadro 1</a>, que muestra las relaciones jur&iacute;dicas de primer orden.</p>      <p align="justify"><a name="c1"></a>Cuadro 1     <br> Relaciones jur&iacute;dicas de primer orden</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v5n9/v5n9a2c1.jpg"></p>     <p align="justify">En nuestro ejemplo del naufragio de un barco, la frontera entre el derecho de i a ser rescatado y la exposici&oacute;n de i a la libertad del otro barco para no rescatarlo, debe coincidir por definici&oacute;n con la frontera entre el deber del otro barco a prestarle ayuda y su libertad para abandonarlo.</p>     <p align="justify">En el esquema original de Hohfeld, “los derechos y deberes –as&iacute; como los elementos de cada uno de los otros tres pares de posiciones legales– son siempre correlativos <i>por definici&oacute;n</i>” (Kramer, 1998, 24). Hohfeld “no dedujo su axioma de correlaci&oacute;n como una conclusi&oacute;n contingente de los datos emp&iacute;ricos. Plante&oacute; la correlaci&oacute;n entre derechos y deberes de tal manera que los unos implicaban a los otros; los unos son los otros desde una perspectiva diferente, as&iacute; como una pendiente ascendente vista desde abajo es una pendiente descendente vista desde arriba. De aqu&iacute; que aducir contraejemplos emp&iacute;ricos sea una tarea tan vana como aducir contraejemplos emp&iacute;ricos contra la proposici&oacute;n de que todos los solteros no est&aacute;n casados” (Kramer, 1998).</p>     <p align="justify">No obstante, puede ser &uacute;til la distinci&oacute;n ex post/ex ante<a name="n4"></a><sup><a href="#4">4</a></sup>. Los derechos y deberes ex post se pueden considerar como identidades contables. En forma semejante a los ahorros y las inversiones, sus valores retrospectivos deben coincidir de manera necesaria. Si i se benefici&oacute; ex post del derecho a ser rescatado, j tuvo necesariamente que asumir la carga de ejercer el deber de rescatarlo y no pudo ejercer la libertad de abandonar el barco que naufragaba. En este caso, igual que en el de una identidad contable, los derechos y deberes son realmente como una pendiente que se ve con signo contrario desde puntos de vista diferentes. Sin embargo, la frontera ex ante entre derechos y exposiciones de i puede diferir de la frontera entre deberes y libertades de j, en cuanto i y j pueden tener percepciones diferentes acerca de sus posiciones relativas. Por ejemplo, i puede creer que, en ciertas circunstancias, tiene derecho a recibir ayuda mientras que en las mismas circunstancias j cree que tiene libertad para abandonarlo. En este sentido, una importante tarea en la elaboraci&oacute;n de las leyes concebida como una actividad deliberada cuyo objetivo es el de someter el comportamiento humano a la autoridad de las normas (Fuller, 1969), es la de reducir la brecha entre expectativas inconsistentes y, en consecuencia, la brecha entre visiones prospectivas y retrospectivas de los individuos acerca de sus derechos. En otras palabras, el prop&oacute;sito del derecho es eliminar el desequilibrio legal e inducir a los agentes a que tengan posiciones legales relativas que sean consistentes ex ante (es decir, producir una situaci&oacute;n de equilibrio legal).</p>     <p align="justify">Cuando i y j tienen interpretaciones diferentes de sus posiciones relativas y, por tanto, expectativas ex ante diferentes, se sacrifican los derechos de i o la libertad de j. De acuerdo con la tradici&oacute;n del derecho positivo, iniciada por Kelsen, el an&aacute;lisis de este tipo de problemas es el tema central del derecho. En ausencia del derecho, ning&uacute;n agente puede afirmar cu&aacute;l de las percepciones de las dos embarcaciones es “v&aacute;lida” y pueden surgir f&aacute;cilmente normas inconsistentes.</p>     <p align="justify">Para Kelsen<a name="n5"></a><sup><a href="#5">5</a></sup>, el prop&oacute;sito fundamental del derecho era eliminar estas inconsistencias y establecer la validez de las normas. El an&aacute;lisis de la validez del derecho implicaba que las eventuales interpretaciones inconsistentes de las normas se deb&iacute;an resolver recurriendo a normas de orden superior. Este enfoque no s&oacute;lo supon&iacute;a la necesidad de un agente (el Estado) que tuviera el monopolio de la coerci&oacute;n, sino que adem&aacute;s, existiera una norma constitucional fundamental. Esta norma fundamental es necesaria para poner fin a lo que de otro modo ser&iacute;a una regresi&oacute;n potencialmente infinita en el an&aacute;lisis de la validez de las normas.</p>     <p align="justify">Una limitaci&oacute;n del enfoque de Kelsen es que la existencia de normas legales s&oacute;lo se puede concebir en el marco de un sistema legal desarrollado. No obstante, aun en ausencia de la intervenci&oacute;n del Estado pueden surgir expectativas comunes acerca de los derechos, los deberes y las libertades.</p>     <p align="justify">A este respecto, debemos un desarrollo significativo del enfoque positivista de la teor&iacute;a legal a Hart (1958 y 1961)<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>, quien emple&oacute; un enfoque evolutivo para explicar la formaci&oacute;n de los sistemas legales de la vida real. Pese a que Hart mantuvo la idea de Kelsen de que la validez de la ley es el concepto central del derecho positivo. Una sociedad primitiva tambi&eacute;n podr&iacute;a desarrollar un sistema de normas primarias sin intervenci&oacute;n de una autoridad central y de una norma fundamental de la que se pudiera deducir l&oacute;gicamente la validez de las dem&aacute;s normas. Pero dicho sistema se ver&iacute;a trastornado por la incertidumbre, pues en muchos casos los agentes mantendr&iacute;an que existen o se deben aplicar normas diferentes en casos particulares. Tambi&eacute;n ser&iacute;a est&aacute;tico porque, aparte de la costumbre y la tradici&oacute;n, nadie tendr&iacute;a el poder para modificar las normas aun cuando fuera urgente modificarlas.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, el sistema se caracterizar&iacute;a por numerosos contrastes y por una incapacidad para imponer sanciones que vayan m&aacute;s all&aacute; de un sistema de venganzas privadas. Por esta raz&oacute;n, esos ordenamientos sociales tender&iacute;an a desarrollar un sistema de normas secundarias que resolviera los problemas con los que se enfrenta el sistema de normas primarias que comentamos. El primer atributo que debe desarrollar un sistema legal apropiado es una “regla de reconocimiento” que establezca la validez “kelseniana” de las normas primarias. Para superar las dem&aacute;s insuficiencias del sistema de normas primarias, el sistema de las secundarias tambi&eacute;n debe incluir normas de modificaci&oacute;n y de adjudicaci&oacute;n y sanci&oacute;n. Por ello, un sistema legal apropiado se debe basar necesariamente en la existencia de relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden que den a algunos agentes el poder para identificar, modificar y hacer cumplir de manera clara, r&aacute;pida y eficientemente las normas primarias que tambi&eacute;n pueden surgir en una sociedad primitiva.</p>     <p align="justify">La instituci&oacute;n de las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden requiere que algunos agentes inviertan en la capacidad de supervisar y hacer cumplir ex post los derechos y deberes correspondientes de los diferentes individuos. De ese modo, dichas relaciones pueden generar tambi&eacute;n las condiciones para que las expectativas ex ante sean consistentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En otras palabras, sin importar que esos agentes pertenezcan a la esfera privada o p&uacute;blica, ayudan a eliminar el desequilibrio entre derechos y deberes de los individuos. Dicho en otros t&eacute;rminos, las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden cumplen la funci&oacute;n de generar las condiciones para la existencia de equilibrios legales entre las normas que definen los derechos, deberes, libertades y exposiciones de los diferentes individuos. Esa funci&oacute;n debe entra&ntilde;ar el poder para definir las relaciones de primer orden y exige analizar la naturaleza de dicho poder.</p>     <p align="justify">No es sorprendente que, as&iacute; como los derechos y las libertades, los poderes y las inmunidades tambi&eacute;n se limiten mutuamente. Si, debido a la existencia de una declaraci&oacute;n de derechos, el Estado no tiene poder para modificar los derechos legales y restringir mi libertad de expresi&oacute;n (Simmonds, 1986, 132), esto significa que a este respecto no tengo ninguna obligaci&oacute;n con el Estado o, en otras palabras, que tengo una inmunidad<sup><a name="n7"></a><a href="#7">7</a></sup> contra su poder correlacionada con la correspondiente incapacidad del Estado. Las relaciones legales de segundo orden tambi&eacute;n se deben caracterizar por el hecho de que se deben ajustar algunas fronteras para que se mantengan realmente los poderes del Estado o se respeten las inmunidades del individuo. En particular, en una econom&iacute;a de dos agentes, la frontera entre poderes e incapacidades de un agente se debe ajustar a la frontera entre obligaciones e inmunidades del otro.</p>     <p align="justify">Las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden se caracterizan entonces por las siguientes relaciones an&aacute;logas a las que consideramos antes:</p>      <blockquote>    <p align="justify">(1&rsquo;) Poder de i &lt;----&gt; Obligaci&oacute;n de j</p> </blockquote>     <p align="justify">o, en otras palabras, i tiene poder legal sobre un agente j para lograr una consecuencia legal particular C para j si y s&oacute;lo si se reconoce legalmente que algunas acciones voluntarias de i tienen esa consecuencia para j.</p>      <blockquote>    <p align="justify">(2&rsquo;) Incapacidad de i &lt;----&gt; Inmunidad de j</p> </blockquote>     <p align="justify">o, en otras palabras, un agente j tiene una inmunidad legal con respecto a un agente i en el caso de una consecuencia legal espec&iacute;fica C si y s&oacute;lo si i no tiene el poder legal para realizar una acci&oacute;n que, de acuerdo con la ley, tenga la consecuencia C para j.</p>     <p align="justify">De nuevo, se establecen relaciones similares para los poderes de i y las inmunidades de j:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">(3&rsquo;) Poder de j &lt;----&gt; Obligaci&oacute;n de i</p>       <p align="justify">(4&rsquo;) Incapacidad de j &lt;----&gt; Inmunidad de i</p> </blockquote>     <p align="justify">Las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden tambi&eacute;n implican una correlaci&oacute;n sim&eacute;trica entre las posiciones de los dos agentes. En este caso, la frontera entre poderes e incapacidades de i tambi&eacute;n debe coincidir con la frontera entre obligaciones e inmunidades de j, y viceversa. De nuevo, si concentramos nuestra atenci&oacute;n en las relaciones (1&rsquo;) y (2&rsquo;), obtenemos el <a href="#c2">cuadro 2</a>, que muestra las relaciones legales de segundo orden.</p>      <p align="justify"><a name="c2"></a>Cuadro 2     <br> Relaciones legales de segundo orden</p>      <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v5n9/v5n9a2c2.jpg"></p>     <p align="justify">Las relaciones jur&iacute;dicas de primer y de segundo orden desempe&ntilde;an una funci&oacute;n esencial en el an&aacute;lisis de las transacciones de Commons y, en particular, en su distinci&oacute;n entre transacciones autorizadas y perentorias.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Commons, la descripci&oacute;n m&iacute;nima de una transacci&oacute;n incluye a los dos agentes que la efect&uacute;an, a los dos agentes que son la siguiente mejor alternativa de cada agente y las reglas de funcionamiento mediante las que se efect&uacute;a la transacci&oacute;n<a name="n8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup>. Las reglas de funcionamiento de la transacci&oacute;n incluyen la definici&oacute;n de los derechos, deberes, libertades y exposiciones de los agentes, es decir, de sus derechos legales. Pero no hay ninguna garant&iacute;a de que las reglas de funcionamiento de las transacciones satisfagan las relaciones examinadas anteriormente<a name="n9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup>. Si concentramos la atenci&oacute;n en los dos agentes i y j, involucrados en las transacciones, ambos pueden tener visiones muy diferentes de sus derechos legales. Por ejemplo, puede suceder que los derechos del agente i no se ajusten a los deberes de j y que las libertades de j no se ajusten a las exposiciones a esas libertades de i. Es decir, la frontera entre los derechos y las exposiciones de i no coincide con la frontera entre los deberes y las libertades de j. Una transacci&oacute;n autorizada ocurre cuando la frontera entre los derechos y las exposiciones de cada agente coincide con los deberes y las libertades del otro agente debido a la actividad de un quinto agente (las autoridades p&uacute;blicas).</p>     <p align="justify">Sin embargo, las transacciones autorizadas no se pueden dar por sentadas; requieren transacciones perentorias y relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden. En otras palabras, un sistema legal puede ayudar a garantizar un ajuste perfecto entre los derechos de los diferentes agentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">De igual manera que en el caso de las relaciones jur&iacute;dicas de primer orden, las transacciones perentorias pueden ocurrir tambi&eacute;n en una situaci&oacute;n de desequilibrio donde la frontera entre los poderes y las incapacidades de un agente no coincide con las obligaciones y las inmunidades del otro agente. Commons observa que, desde la Carta Magna<a name="n10"></a><sup><a href="#10">10</a></sup>, los sistemas legales han avanzado hacia el establecimiento de una correlaci&oacute;n claramente creciente entre poderes y obligaciones, por una parte, e incapacidades e inmunidades, por la otra.</p>     <p align="justify">El tipo de transacciones que estudia la teor&iacute;a econ&oacute;mica est&aacute;ndar exige un equilibrio complejo que involucra transacciones autorizadas y perentorias. Por ejemplo, la frontera entre las exigencias y las exposiciones de i debe coincidir con la frontera entre los poderes y las incapacidades que tienen los funcionarios p&uacute;blicos para hacer cumplir sus derechos legales con respecto a j. En forma similar, la frontera entre los deberes de j y sus libertades debe coincidir con la frontera entre las obligaciones e inmunidades relativas de j con respecto a los funcionarios p&uacute;blicos. Se deben mantener relaciones de equilibrio semejantes en el caso de los derechos legales de j con respecto a i.</p>     <p align="justify">Si nos concentramos en los derechos legales de i con respecto a j, el <a href="#c3">cuadro 3</a> describe una situaci&oacute;n de equilibrio legal o conjunto de posiciones legales de primer y segundo orden consistentes ex ante.</p>     <p align="justify"><a name="c3"></a>Cuadro 3     <br>Equilibrio legal</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v5n9/v5n9a2c3.jpg"></p>     <p align="justify">En un equilibrio legal, la l&iacute;nea punteada que separa los derechos y las exposiciones de i coincide con el poder y las incapacidades otorgadas a los funcionarios p&uacute;blicos (f. p.) para hacer cumplir sus derechos. Tambi&eacute;n coincide con la l&iacute;nea punteada que separa los deberes y las libertades de j, la que a su vez coincide con la l&iacute;nea punteada que define la frontera entre las obligaciones y las inmunidades de j con respecto a los funcionarios p&uacute;blicos.</p>     <p align="justify">Sin embargo, las l&iacute;neas punteadas del <a href="#c3">cuadro 3</a> no necesariamente deben estar ajustadas. En realidad, puede surgir una situaci&oacute;n de desequilibrio legal, como la que se considera en el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>      <p align="justify"><a name="c4"></a>Cuadro 4     <br> Desequilibrio legal</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v5n9/v5n9a2c4.jpg"></p>     <p align="justify">En el <a href="#c4">cuadro 4</a> la l&iacute;nea punteada que define la frontera entre los derechos y las exposiciones de i no coincide con la que define la frontera entre los deberes y las libertades de j. En este caso, los poderes de los funcionarios p&uacute;blicos y las obligaciones con respecto a ellos no se ajustan a los derechos legales de los dos agentes. En contraste, un sistema legal que funciona bien, en cuanto equilibra el poder y las obligaciones que los agentes adquieren a trav&eacute;s de los funcionarios p&uacute;blicos, tambi&eacute;n tiende a equilibrar sus derechos y deberes, es decir, tiende a conseguir el equilibrio legal descrito en el <a href="#c3">cuadro 3</a>.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Commons, la correlaci&oacute;n entre los derechos legales de i y j requiere una correlaci&oacute;n correspondiente de las relaciones jur&iacute;dicas de segundo orden entre los dos agentes y los funcionarios p&uacute;blicos. Mientras que Kelsen concibe la unidad y la consistencia del sistema legal como un simple asunto de l&oacute;gica y se concentra en el an&aacute;lisis de la validez de las normas, Commons se&ntilde;ala que no se pueden dar por sentadas las relaciones jur&iacute;dicas analizadas por Hohfeld. &Eacute;stas requieren la costosa intervenci&oacute;n de funcionarios p&uacute;blicos que atribuyen los poderes y obligaciones correspondientes a los agentes y, de este modo, tambi&eacute;n equilibran sus derechos y deberes. Las limitaciones de los poderes y las obligaciones de los funcionarios p&uacute;blicos (o de sus incapacidades para actuar en inter&eacute;s de i y las inmunidades de j frente a su intervenci&oacute;n) tambi&eacute;n equilibran las exposiciones y las libertades de los agentes. En otras palabras, aunque las relaciones jur&iacute;dicas de primer y segundo orden pueden estar en desequilibrio, un buen sistema legal tiende, con ayuda de los funcionarios p&uacute;blicos, a conseguir un equilibrio legal complejo que satisface las condiciones antes mencionadas.</p>     <p align="justify">Aunque Commons no emplea el t&eacute;rmino equilibrio legal (ni el desequilibrio legal), puede ser &uacute;til para captar la originalidad de su contribuci&oacute;n y su alejamiento de la tradici&oacute;n kelseniana del an&aacute;lisis de la validez de las normas legales<a name="n11"></a><sup><a href="#11">11</a></sup>.</p>     <p align="justify">En la tradici&oacute;n kelseniana, la consistencia de las normas es simplemente un asunto de l&oacute;gica y las discrepancias eventuales se deben resolver estableciendo cu&aacute;l es la norma jer&aacute;rquicamente superior. Por ejemplo, si en ciertas circunstancias las normas estipulan simult&aacute;neamente el derecho de i a recibir ayuda y la libertad de j para hacer otra cosa, el asunto se debe resolver l&oacute;gicamente comprobando cu&aacute;l de las dos normas tiene prioridad. En cierto modo, nunca hay inconsistencia pues los estudiosos conocen las reglas l&oacute;gicas que rigen el sistema y pueden juzgar f&aacute;cilmente la validez de cada regla particular.</p>     <p align="justify">En cambio, para Commons la consistencia del sistema legal es s&oacute;lo una meta ideal, y cierto grado de desequilibrio es un rasgo permanente de su funcionamiento<sup><a name="n12"></a><a href="#12">12</a></sup>. Adem&aacute;s, en la concepci&oacute;n de Commons, la supresi&oacute;n del desequilibrio no es un simple asunto de l&oacute;gica que requiere una soluci&oacute;n de esquina que establece la prioridad de los derechos de i sobre las libertades de j o viceversa. La supresi&oacute;n del desequilibrio tiene costos y es un proceso real que puede involucrar soluciones de esquina o soluciones intermedias en las que se aten&uacute;an los derechos de i y las libertades de j.</p>     <p align="justify">Para Commons, la eliminaci&oacute;n del desequilibrio legal no puede ser efectuada &uacute;nicamente por los funcionarios p&uacute;blicos sino que, como subray&oacute; Fuller (1969), tambi&eacute;n debe ser realizada por los diversos agentes que tienen una funci&oacute;n similar en la esfera privada. En particular, las empresas se pueden concebir como “intereses en marcha” donde los agentes privados que soportan los costos de establecer un equilibrio legal privado, dise&ntilde;ado espec&iacute;ficamente para ciertos tipos de transacciones, establecen algunas normas de funcionamiento. En forma similar, los &aacute;rbitros y los ordenamientos privados de muchas otras instituciones contribuyen a la costosa eliminaci&oacute;n del desequilibrio legal<a name="n13"></a><sup><a href="#13">13</a></sup>. Cada una de estas instituciones tiene ventajas relativas que dependen del tipo de acci&oacute;n que se debe regular. El m&aacute;s espec&iacute;fico es el car&aacute;cter de las relaciones entre los individuos, y las m&aacute;s espec&iacute;ficas son las capacidades y el conocimiento necesarios para eliminar el desequilibrio legal. En este sentido, la especificidad de las posiciones de primer orden de los individuos implica una ventaja comparativa de segundo orden de las inversiones espec&iacute;ficas encaminadas a su regulaci&oacute;n eficaz. Los costos de las inversiones en que incurren los tribunales p&uacute;blicos para vigilar y hacer cumplir los contratos privados s&oacute;lo se pueden recuperar cuando se aplican a una amplia gama de relaciones legales. Por ello, es muy probable que los tribunales p&uacute;blicos tengan una ventaja comparativa en las inversiones en capital humano de prop&oacute;sito general necesarias para la regulaci&oacute;n ex post de los contratos m&aacute;s comunes. Se puede pensar que los &aacute;rbitros, intermediarios y gerentes de empresa son ordenamientos privados que, gracias a las inversiones espec&iacute;ficas de segundo orden en capital humano y a su familiaridad y participaci&oacute;n en las relaciones entre los agentes, pueden regular mejor que los tribunales p&uacute;blicos las relaciones caracterizadas por las inversiones espec&iacute;ficas de primer orden. En dichos casos, es posible que la organizaci&oacute;n privada interna sustituya a algunas instituciones de los mercados p&uacute;blicos<sup><a name="n14"></a><a href="#14">14</a></sup>.</p>     <p align="justify"><b>BIENES POSICIONALES Y ESCASEZ SOCIAL</b></p>      <p align="justify">El car&aacute;cter correlativo de las posiciones legales implica que &eacute;stas se caractericen por alguna forma de escasez social ligada al hecho de que cada posici&oacute;n s&oacute;lo est&aacute; a disposici&oacute;n de un individuo si la posici&oacute;n correspondiente (pero, para usar la analog&iacute;a de Kramer antes mencionada, con una “pendiente opuesta”) est&aacute; ocupada por otro individuo.</p>     <p align="justify">La misma acci&oacute;n pertenece a los derechos de un individuo s&oacute;lo si, al mismo tiempo, es un deber para otro individuo. El conjunto de acciones que define los derechos del individuo i impone deberes a alg&uacute;n(os) individuo(s) j, por cuanto limita el conjunto de acciones que define las libertades de j. La misma acci&oacute;n (el naufragio del barco i que es rescatado por j) es consumida, con signo contrario, como un producto deseado por i y como un insumo costoso por j, y todo incremento de los derechos de i limita necesariamente las libertades de j.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En forma similar, la misma acci&oacute;n pertenece a los poderes de un individuo si constituye una obligaci&oacute;n para otro individuo. Los poderes de i limitan las inmunidades de j y no se puede lograr ning&uacute;n incremento del conjunto de poderes de i sin disminuir el conjunto de inmunidades de j. De nuevo, la misma acci&oacute;n es consumida, con signo contrario, como un poder por parte de i y como una obligaci&oacute;n por parte de j (o como una incapacidad por i y como una inmunidad por j).</p>     <p align="justify">Los derechos, libertades, poderes e inmunidades tienen algunas caracter&iacute;sticas que los distinguen de otros bienes. Podemos imaginar f&aacute;cilmente una sociedad en la que todos consumen grandes cantidades de bienes tales como arroz, autom&oacute;viles y espacio para vivienda. Es m&aacute;s dif&iacute;cil imaginar una sociedad en la que todos consuman grandes cantidades de derechos, libertades, poderes e inmunidades; pues el ejercicio de los derechos de algunos individuos debe estar limitado por las libertades de otros (eso implica que no est&aacute;n obligados a cumplir los deberes correspondientes a estos derechos). As&iacute; mismo, el ejercicio de los poderes de algunos individuos debe estar limitado por las inmunidades de otros individuos (eso significa que no est&aacute;n sujetos al ejercicio de estos poderes).</p>     <p align="justify">Cualquier cantidad positiva de derechos y poderes se debe consumir conjuntamente con cantidades negativas de otros bienes. Es imposible ejercer un derecho o un poder si alguien no est&aacute; sujeto al ejercicio de estos derechos y poderes: se deben consumir conjuntamente cantidades positivas de derechos y de poderes con cantidades negativas de libertades e inmunidades (es decir, con deberes y obligaciones)<sup><a name="n15"></a><a href="#15">15</a></sup>.</p>     <p align="justify">A diferencia de los bienes econ&oacute;micos tradicionales, los derechos y poderes implican inevitablemente <i>posiciones</i> diferentes<sup><a name="n16"></a><a href="#16">16</a></sup> de los individuos con respecto a otros individuos; por esta raz&oacute;n, siguiendo la terminolog&iacute;a de Fred Hirsch, podemos llamar <i>bienes posicionales</i> a bienes tales como el poder y el prestigio.</p>     <p align="justify">En la teor&iacute;a econ&oacute;mica tradicional se suele tener en cuenta dos tipos de bienes (y sus combinaciones intermedias): privados y p&uacute;blicos. Los privados puros son aquellos en los que otros individuos consumen una cantidad nula del que cada individuo elige consumir. Los dem&aacute;s individuos est&aacute;n excluidos del consumo del bien privado que no les pertenece y su posici&oacute;n con respecto al consumo de estos bienes no se altera por las elecciones de consumo de los dem&aacute;s agentes. En todos los casos, estos est&aacute;n excluidos del consumo de los bienes que consumen otros individuos.</p>     <p align="justify">Esta exclusi&oacute;n es imposible en el caso de un bien p&uacute;blico puro. En cuyo caso, cada agente debe consumir la misma cantidad positiva que otros agentes deciden consumir. Aqu&iacute; no es relevante la posici&oacute;n de ninguno de los agentes por cuanto que en el consumo de un bien p&uacute;blico todos los individuos est&aacute;n en la misma posici&oacute;n. De manera similar, en el caso de un mal p&uacute;blico las posiciones de los individuos son irrelevantes porque todos deben consumir la misma cantidad negativa del mal p&uacute;blico.</p>     <p align="justify">En una econom&iacute;a formada por dos individuos, un bien posicional puro es un bien tal que, dada la elecci&oacute;n de consumo de un agente, el segundo debe consumir una cantidad negativa correspondiente de lo que el primero decide consumir. A este respecto, los bienes posicionales constituyen el caso opuesto al de los bienes p&uacute;blicos<sup><a name="n17"></a><a href="#17">17</a></sup>. A diferencia de los bienes privados, aqu&iacute; las elecciones del consumo de los agentes son interdependientes y, a diferencia de los bienes p&uacute;blicos, el consumo de los bienes difiere entre individuos que tienen posiciones diferentes (consumo negativo y positivo) con respecto al bien.</p>     <p align="justify">Aunque poco original, una visita a la isla de Robinson Crusoe puede aclarar la diferencia entre estos tipos de bienes. En esta isla, Crusoe no percibe la diferencia entre los bienes p&uacute;blicos y privados que consume. Al mismo tiempo, no consume ning&uacute;n bien posicional. En particular, no posee ning&uacute;n derecho, libertad, poder o inmunidad y no tiene ning&uacute;n deber, exposici&oacute;n a la libertad, obligaci&oacute;n ni incapacidad. La distinci&oacute;n entre bienes privados y p&uacute;blicos llega a ser clara y el consumo negativo y positivo de bienes posicionales se hace posible &uacute;nicamente con la llegada de Viernes. Antes de su llegada s&oacute;lo se puede percibir la escasez econ&oacute;mica. Se pueden consumir bienes privados y p&uacute;blicos en cantidades limitadas porque cualquiera de estos bienes, o los insumos necesarios para producirlos, puede estar disponible con una oferta fija, pero, despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de Viernes, Robinson experimenta un nuevo tipo de escasez –la escasez social – &iexcl;y m&aacute;s a&uacute;n Viernes!</p>     <p align="justify">La escasez social no obedece a que el consumo de ambos agentes no puede superar una cantidad dada fijada por la tecnolog&iacute;a y/o limitada por la disponibilidad natural de recursos. Obedece, en cambio, al hecho de que cualquier cosa que un individuo consuma como una cantidad positiva debe ser consumida conjuntamente por el otro individuo como una cantidad negativa. La restricci&oacute;n ya no se fija (o, por lo menos, no solamente) en t&eacute;rminos de una cantidad m&aacute;xima positiva. Est&aacute; determinada por el hecho de que el consumo agregado debe ser igual a cero.</p>     <p align="justify">Igual que una pendiente vista desde arriba y desde abajo, la misma acci&oacute;n se debe consumir conjuntamente como una cantidad positiva (es decir, como un derecho o como un poder) y como una cantidad negativa (es decir, como un deber o como una obligaci&oacute;n). Los derechos de que goza Robinson pueden implicar numerosos deberes para Viernes y restringir su libertad. El poder que consume Robinson puede ser tan amplio que le da la posibilidad de interferir todas las posibles acciones que Viernes puede llevar a cabo y eliminar todo tipo de inmunidad. Aunque Robinson puede conceder algunas libertades a Viernes, &eacute;ste puede carecer de toda inmunidad contra el poder ilimitado de Robinson para restringirlas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el caso de las posiciones legales (y, en general, en el caso de los bienes posicionales) las limitaciones principales no surgen de una situaci&oacute;n de escasez econ&oacute;mica, es decir, de una cantidad positiva limitada de recursos disponibles. Surgen, en cambio, de una forma de escasez social, es decir, del hecho de que el consumo agregado de bienes posicionales de los dos individuos debe ser igual a cero. Esto implica que mientras las elecciones de consumo de bienes privados de cada individuo son independientes, y las de bienes y males p&uacute;blicos deben ir en la misma direcci&oacute;n, en el caso del consumo de bienes posicionales deben ir en direcciones opuestas. Por tanto, las diferentes categor&iacute;as de bienes se pueden representar mediante la siguiente tabla:</p>      <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v5n9/v5n9a2c5.jpg"></p>     <p align="justify">La competencia posicional es m&aacute;s dura, y a veces m&aacute;s violenta, que la competencia por bienes privados.</p>     <p align="justify">Examinemos el caso en que todos los individuos pueden consumir m&aacute;s bienes privados y p&uacute;blicos si trabajan m&aacute;s duro. Eso no sucede con los bienes posicionales como el poder y el prestigio. Si todos trabajamos m&aacute;s duro ninguno de nosotros puede consumir m&aacute;s de ellos. La escasez social restringe el bienestar de la humanidad mucho m&aacute;s que la escasez natural.</p>     <p align="justify">Es f&aacute;cil que surjan conflictos aun en los casos en que se llega a un acuerdo voluntario acerca de su oferta. En el caso de los bienes privados, dicho acuerdo separar&iacute;a a una esfera p&uacute;blica, donde se lleva a cabo el acuerdo, de una esfera privada, donde el consumo se lleva a cabo sin afectar el bienestar de los dem&aacute;s individuos.</p>     <p align="justify">En el caso de los bienes p&uacute;blicos, el acuerdo debe ser tal que resuelve el problema del gorr&oacute;n y se ofrece el bien; pero el consumo de bienes y males p&uacute;blicos puros no causa conflicto porque todos consumen la misma cantidad de bienes.</p>     <p align="justify">En cambio, en el caso de los bienes posicionales, el hecho de llegar a un acuerdo acerca de su oferta no traslada el consumo a una esfera no conflictiva. El consumo positivo y negativo no es separable y es f&aacute;cil que surjan conflictos. Veamos el caso del barco que naufraga. &Eacute;ste implica que todos los marinos obtienen una ganancia de seguridad acordando ex ante que tienen el derecho a ser rescatados. Pero el consumo ex post de este derecho puede ser conflictivo porque se debe consumir conjuntamente con el deber correspondiente.</p>     <p align="justify">No es sorprendente que los problemas de los bienes posicionales sean opuestos a los de los de bienes p&uacute;blicos. Es muy probable que tengamos exceso de inversi&oacute;n en bienes posicionales cuando todos los agentes intentan consumir cantidades positivas de estos bienes. Un ejemplo muy conocido de este problema es el estatus, un bien posicional t&iacute;pico. Este implica un sentimiento compartido de superioridad de algunos individuos y de inferioridad de otros. La teor&iacute;a vebleniana plantea que algunas decisiones importantes de consumo no est&aacute;n motivadas por el deseo de disfrutar los beneficios privados de estos bienes sino por el deseo de consumir m&aacute;s estatus. Pero el consumo positivo de estatus de algunos individuos implica el consumo negativo de estatus de otros individuos y una reacci&oacute;n a intentar mantener el estatus. “Mantenerse por encima de los Jones” implica un exceso de consumo que es un despilfarro porque ambos consumidores gastan buena parte de sus recursos para consumir un estatus constante y podr&iacute;an estar mejor llegando a un acuerdo cooperativo mediante el cual ambos limitan su consumo.</p>     <p align="justify">Los derechos, las libertades, el poder y las inmunidades a menudo tienen un exceso de oferta. Por lo general, los pol&iacute;ticos prefieren hablar el lenguaje de los derechos, las libertades, las inmunidades y los poderes pues saben que el lenguaje de los deberes, las exposiciones a las libertades, las incapacidades y las obligaciones es mucho menos atractivo. No obstante, en toda sociedad hay una complementariedad institucional muy fuerte entre la estructura de derechos, libertades, poderes e inmunidades y la estructura de deberes, exposici&oacute;n a las libertades, obligaciones e incapacidades. Esto obedece al hecho de que un equilibrio legal consistente necesariamente est&aacute; determinado por la restricci&oacute;n de escasez social t&iacute;pica de los bienes posicionales.</p>     <p align="justify">En cierta forma, este tipo de complementariedad institucional fuerte es un caso particular del concepto de complementariedad institucional. Las condiciones est&aacute;ndar de complementariedad institucional son definidas por las dos circunstancias siguientes:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">I) el beneficio adicional de tener la instituci&oacute;n X<sub>1</sub> en vez de la instituci&oacute;n X<sub>2</sub> en un dominio X es mayor cuando en el dominio Y se elige la instituci&oacute;n Y<sub>1</sub> (en vez de la instituci&oacute;n Y<sub>2</sub>).</p>     <p align="justify">II) el beneficio adicional de tener la instituci&oacute;n Y<sub>2</sub> en vez de la instituci&oacute;n Y<sub>1</sub> en un dominio Y es mayor cuando en el dominio X se elige la instituci&oacute;n X<sub>2</sub> (en vez de la instituci&oacute;n X<sub>1</sub>).</p>     <p align="justify">Estas proposiciones, examinadas por Aoki (2001), replantean en t&eacute;rminos de elecciones institucionales las condiciones de supermodularidad entre estrategias analizadas por Milgrom y Roberts (1990) y se refieren a la propiedad de pagos incrementales cuando hay un cambio en el valor del par&aacute;metro. Estas no excluyen la posibilidad de que el nivel del pago de una norma sea estrictamente mayor que el de la otra para los agentes de un dominio o de ambos dominios, sin que importe la elecci&oacute;n de la norma en el otro dominio. Existe la posibilidad de un equilibrio &uacute;nico. Pero con la condici&oacute;n de supermodularidad puede haber dos equilibrios de Nash puros (ordenamientos institucionales) para el sistema comprendido en X y Y, es decir, (X<sub>1</sub>, Y<sub>1</sub>) y (X<sub>2</sub>, Y<sub>2</sub>). Cuando dichos equilibrios m&uacute;ltiples son posibles, decimos que los dominios X y Y son complementos institucionales y que:</p>      <blockquote>    <p align="justify">(i) X<sub>1</sub> y Y<sub>1</sub> son complementos institucionales</p>       <p align="justify">(ii) X<sub>2</sub> y Y<sub>2</sub> son complementos institucionales</p> </blockquote>     <p align="justify">Las relaciones que determinan los equilibrios legales implican alguna especie de complementariedad institucional en el sentido antes se&ntilde;alado.</p>     <p align="justify">Imaginemos que X y Y son dos dominios diferentes donde se eligen respectivamente los derechos (X<sub>1</sub>, X<sub>2</sub>) y los deberes (Y<sub>1</sub>, Y<sub>2</sub>). Supongamos que (X<sub>1</sub>, Y<sub>1</sub>) y (X<sub>2</sub>, Y<sub>2</sub>) satisfacen las condiciones necesarias para un equilibrio legal en tanto que el individuo i tiene el derecho legal X<sub>1</sub> sobre el agente j, a que j haga la acci&oacute;n A si y s&oacute;lo si j tiene el deber Y<sub>1</sub> = -X<sub>1</sub> con respecto a i para hacer A (y viceversa para los derechos del individuo j y los deberes del individuo i). As&iacute;, todo aumento de los derechos de i (j) se ajusta perfectamente a una disminuci&oacute;n de la libertad de j (i) y viceversa. En suma, (X<sub>1</sub>, Y<sub>1</sub>) satisface (como una igualdad) la restricci&oacute;n de escasez social. Supongamos que, en forma similar, (X<sub>2</sub>, Y<sub>2</sub>) son los derechos y deberes que satisfacen (tambi&eacute;n como una igualdad) la restricci&oacute;n de escasez social para cada pareja de individuos i y j.</p>     <p align="justify">El desequilibrio legal tiene costos en un doble sentido. El hecho de estar fuera del conjunto de ordenamientos factibles definidos por la restricci&oacute;n implica un conflicto social costoso. El hecho de estar en un punto interior de este conjunto factible implica que los derechos o los poderes de j pueden aumentar sin sacrificar las libertades o las inmunidades de j. Por esta raz&oacute;n, es claro que los beneficios adicionales del sistema de derechos X<sub>1</sub> con respecto al sistema X<sub>2</sub> son mayores cuando en el dominio Y se elige el sistema correspondiente de deberes Y<sub>1</sub> (en vez de Y<sub>2</sub>). De manera similar, los beneficios adicionales del sistema de deberes Y<sub>2</sub> con respecto a Y<sub>1</sub> son mayores cuando en el dominio X se elige el sistema de derechos X<sub>2</sub> (en vez de X<sub>1</sub>).</p>     <p align="justify">Por tanto, en cierto modo los equilibrios legales se pueden considerar como casos de complementariedad institucional. No obstante, hay un caso de complementariedad institucional fuerte en el sentido de que los h&iacute;bridos (como X<sub>1</sub>, Y<sub>2</sub> y X<sub>2</sub>, Y<sub>1</sub>) son particularmente inestables. En efecto, cuando los derechos y deberes no est&aacute;n ajustados ex ante, en t&eacute;rminos de las expectativas acerca del comportamiento del otro, a&uacute;n deben satisfacer ex post la restricci&oacute;n de escasez social, como una identidad contable, y esta restricci&oacute;n social hace que los h&iacute;bridos sean particularmente fr&aacute;giles. Veamos de nuevo el ejemplo del barco que naufraga. Los agentes pueden tener expectativas diferentes acerca de sus derechos a ser rescatados y de sus libertades para alejarse. Sin embargo, ex post, si se disfrut&oacute; realmente un derecho, se debe haber consumido el deber correspondiente, mientras que si se ejerci&oacute; la libertad de alejarse, el barco en dificultades se tuvo que haber expuesto a las consecuencias de esta libertad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque el sistema legal proporciona diversos mecanismos para vincular los diferentes dominios y eliminar el desequilibrio ex ante, la falla del sistema legal formal para eliminar el desequilibrio no es el fin de la historia. Ex post, la naturaleza de los bienes posicionales implica que las posiciones legales se deben ajustar como identidades contables. Este ajuste ex post puede tener varias soluciones. Por ejemplo, los derechos se pueden ajustar a los deberes o los deberes se pueden ajustar a los derechos. Sin embargo, tambi&eacute;n pueden surgir ex post<sup><a name="n18"></a><a href="#18">18</a></sup> toda clase de soluciones intermedias que no son de esquina y que involucran cierta diluci&oacute;n de los derechos y algunas limitaciones parciales de las libertades. De hecho, Norberto Bobbio (1990) ha argumentado que este &uacute;ltimo tipo de ajuste ex post hacia soluciones intermedias se ha convertido en un mecanismo fundamental para crear nuevas generaciones de derechos. Se reclaman y se reconocen derechos –especialmente derechos sociales– sin establecer los deberes correspondientes y/o los poderes de supervisi&oacute;n relacionados esperando que despu&eacute;s se llegue a un compromiso intermedio gracias a un perfeccionamiento parcial de estos deberes<sup><a name="n19"></a><a href="#19">19</a></sup>.</p>     <p align="justify">En el caso de las relaciones legales, los v&iacute;nculos diacr&oacute;nicos entre los dominios de derechos, libertades, poderes e inmunidades y los dominios de deberes, exposiciones a las libertades, obligaciones e incapacidades son m&aacute;s fuertes que los v&iacute;nculos usualmente involucrados por las complementariedades institucionales. Aunque a veces los individuos pueden usar estrat&eacute;gicamente la restricci&oacute;n de escasez social y otras veces la pueden pasar por alto, esta restricci&oacute;n tiene su propia manera ex post de dar forma a las relaciones legales y sociales.</p>     <p align="justify">La afirmaci&oacute;n de Bobbio manifiesta dos importantes caracter&iacute;sticas de la producci&oacute;n de leyes. La primera es que en la producci&oacute;n de leyes se presenta a menudo un desequilibrio debido a la sobreoferta del “lado positivo” de los bienes posicionales. La segunda tambi&eacute;n obedece al car&aacute;cter posicional de las relaciones legales. La infracci&oacute;n de la restricci&oacute;n de escasez social y el desequilibrio legal no carecen de consecuencias. Las complementariedades institucionales fuertes que distinguen a las posiciones legales s&oacute;lo se pueden violar ex ante a expensas de alguna forma de ajuste ex post.</p>     <p align="justify">Aunque estas dos caracter&iacute;sticas refuerzan el planteamiento de Bobbio –que el desequilibrio legal se ha convertido en parte integral de la producci&oacute;n del derecho–, la convergencia hacia un equilibrio no se debe dar por sentada, sobre todo en el caso de la extendida y dram&aacute;tica inconsistencia entre las posiciones legales ex ante de los agentes. Un desequilibrio fuerte y persistente puede desacreditar a todo el sistema legal y, en algunos casos, llevar a su derrumbamiento<sup><a name="n20"></a><a href="#20">20</a></sup>.</p>      <p align="justify"><b>COMPLEMENTARIEDADES INSTITUCIONALES FUERTES Y SISTEMAS ALTERNATIVOS DE POSICIONES LEGALES</b></p>      <p align="justify">Como se&ntilde;ala Simmonds (1986, 132): “el derecho de propiedad es realmente un paquete complejo de derechos, libertades, poderes e inmunidades. Un propietario de tierras, por ejemplo, normalmente tiene, entre otras cosas, el derecho a que otros no entren a sus tierras, la libertad para caminar en su terreno, el poder para transferir su t&iacute;tulo a otros y la inmunidad contra la alteraci&oacute;n de su t&iacute;tulo o su transferencia por la acci&oacute;n de otro”.</p>     <p align="justify">La asignaci&oacute;n de derechos de propiedad privados involucra el establecimiento de un equilibrio legal. El derecho de algunos individuos al uso exclusivo de los activos debe estar correlacionado con el deber de los dem&aacute;s de no consumir estos recursos, y la libertad de los propietarios para elegir entre los diferentes usos de los recursos debe estar correlacionada con la exposici&oacute;n de otros a estas libertades. En forma similar, el poder del propietario privado para transferir su t&iacute;tulo tiene que estar ajustado a la obligaci&oacute;n de otros agentes de respetar esta transferencia de propiedad, mientras que la inmunidad del propietario contra la alteraci&oacute;n o la transferencia de su t&iacute;tulo por la acci&oacute;n de otro, tiene que estar ajustada a la incapacidad de los dem&aacute;s para realizar estas acciones. En otros t&eacute;rminos, las restricciones debidas a la existencia de escasez social caracterizan necesariamente a la instituci&oacute;n de los derechos de propiedad privada.</p>     <p align="justify">Un sistema de derechos de propiedad privada, bien definido, involucra la condici&oacute;n de que no existe ning&uacute;n desequilibrio entre todas estas posiciones legales. Cuando la teor&iacute;a econ&oacute;mica est&aacute;ndar supone que existe dicho sistema y examina las condiciones de equilibrio que debe cumplir el intercambio competitivo de derechos de propiedad privada, tambi&eacute;n supone impl&iacute;citamente que no se gast&oacute; ning&uacute;n recurso econ&oacute;mico para establecer este equilibrio legal. No obstante, el establecimiento del equilibrio legal necesario para definir los derechos de propiedad privada es muy costoso y se deben gastar recursos econ&oacute;micos muy valiosos en los ordenamientos privados y p&uacute;blicos dedicados a esta tarea<sup><a name="n21"></a><a href="#21">21</a></sup>. Adem&aacute;s, los derechos de transacci&oacute;n tambi&eacute;n son costosos y constituyen un requisito esencial para obtener algunas de las ventajas fundamentales de la propiedad privada que no tienen sentido en el marco anal&iacute;tico est&aacute;ndar.</p>     <p align="justify">En el caso de los bienes privados puros, la propiedad privada permite una descentralizaci&oacute;n &oacute;ptima de las decisiones porque ning&uacute;n individuo est&aacute; expuesto a la libertad de elegir de otros individuos. Cada nuevo conjunto de usos que mejora la utilidad del propietario del bien privado necesariamente lleva a mejoras de Pareto. Esta caracter&iacute;stica de la propiedad privada se mantiene independientemente del intercambio. Esta cualidad de la propiedad privada no aparece en un mundo de costos de transacci&oacute;n nulos donde los individuos toman decisiones de consumo e intercambio conjuntamente. En el escenario tradicional desaparece la principal cualidad de la propiedad privada, a saber, la posibilidad de tomar decisiones sin incurrir en los costos de hacer transacciones con otras personas<a name="n22"></a><sup><a href="#22">22</a></sup>.</p>     <p align="justify">El costo de transacci&oacute;n puede ser tal que la asignaci&oacute;n de los derechos privados valga la pena aun cuando la libertad a que tiene derecho un individuo, con respecto a su propiedad privada, involucre exposiciones a las que otros individuos no son indiferentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el caso de los bienes posicionales, p&uacute;blicos y complementarios, la asignaci&oacute;n de derechos de propiedad privada no puede separar las decisiones de consumo de las transacciones con otros individuos. Una externalidad se puede concebir como la imposibilidad de que los derechos de propiedad privada eliminen la interferencia entre las libertades de los diferentes individuos. Sin embargo, si dicha interferencia involucra p&eacute;rdidas de bienestar suficientemente limitadas, la libre propiedad privada aun puede ser conveniente porque los costos de organizar las transacciones relativas pueden compensar las ganancias obtenidas cuando cada individuo toma en cuenta las exposiciones correlacionadas con el ejercicio de sus libertades.</p>     <p align="justify">En este respecto, la asignaci&oacute;n de derechos de propiedad privada sobre los activos f&iacute;sicos es una manera conveniente de descentralizar las decisiones econ&oacute;micas en otros individuos. En el caso de los bienes privados puros, la rivalidad en el uso implica que es deseable asignar un derecho exclusivo a alguien (tal que los deberes correspondientes no interfieran con otros). De otro modo surgir&iacute;an necesariamente conflictos costosos. Al mismo tiempo, la exclusi&oacute;n total de los beneficios y de los perjuicios (otra importante caracter&iacute;stica de los bienes privados puros) implica que los dem&aacute;s agentes no se ven afectados por la manera en que el propietario ejerce su libertad de consumir y asignar el bien entre usos diferentes. Por esta raz&oacute;n, en el caso de los bienes privados puros, la exposici&oacute;n a las libertades de los propietarios no tiene ning&uacute;n efecto sobre otros individuos y es mejor otorg&aacute;rselas a los propietarios. En forma similar, las terceras partes no son afectadas por la identidad del propietario y, por esta raz&oacute;n, es mejor otorgar al propietario el poder para transferir su t&iacute;tulo as&iacute; como la inmunidad contra la alteraci&oacute;n de su t&iacute;tulo por parte de otros.</p>     <p align="justify">Aunque en un mundo de costos de transacci&oacute;n positivos las virtudes de la descentralizaci&oacute;n de la propiedad privada pueden hacer deseable su instituci&oacute;n en circunstancias alejadas de los l&iacute;mites estrictos de los bienes privados puros, en muchos casos es v&aacute;lido lo contrario.</p>     <p align="justify">Algunos bienes parecen pertenecer a una esfera privada y estar sujetos a una definici&oacute;n perfecta de derechos de propiedad privada. Pero al hacer un an&aacute;lisis m&aacute;s cuidadoso, muestra que es imposible pretender que esos derechos de propiedad privada se puedan definir f&aacute;cilmente en el sentido que consideramos antes. Aqu&iacute; examinaremos la dificultad para definir los derechos de propiedad privada sobre el trabajo humano y las implicaciones de esta dificultad para otros derechos y libertades relacionadas con &eacute;ste mediante las complementariedades institucionales fuertes ligadas a la existencia de escasez social.</p>     <p align="justify">En la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, la actividad humana se divide en dos partes. Una parte es un argumento de la funci&oacute;n de utilidad y se llama ocio. La otra es un argumento de la funci&oacute;n de producci&oacute;n y se llama trabajo<sup><a name="n23"></a><a href="#23">23</a></sup>. En el marco est&aacute;ndar no hay ninguna diferencia entre la actividad humana y otras mercanc&iacute;as y, en ambos casos, las normas similares rigen la definici&oacute;n y el intercambio de los derechos de propiedad privada. Aunque, por lo general, se admite que el capital humano no se puede comprar ni vender, en la teor&iacute;a econ&oacute;mica est&aacute;ndar la renta del capital humano no difiere en esencia de la renta de otros recursos.</p>     <p align="justify">De hecho, en un pasaje famoso, Samuelson afirm&oacute; que: “en una econom&iacute;a totalmente competitiva no importa qui&eacute;n contrata a qui&eacute;n” (1957, 894), una afirmaci&oacute;n que se funda en la perfecta simetr&iacute;a que en la teor&iacute;a neocl&aacute;sica existe entre activos humanos y no humanos as&iacute; como en su irrelevancia para las relaciones entre la naturaleza de la firma, su propiedad y el tipo de tecnolog&iacute;a, la divisi&oacute;n del trabajo y el proceso de trabajo que se realiza dentro de ella.</p>     <p align="justify">La frase de Samuelson se puede entender cuando se advierte que en la econom&iacute;a ortodoxa, la competencia perfecta lleva a la misma asignaci&oacute;n eficiente de los recursos independientemente de la distribuci&oacute;n inicial de los derechos de propiedad, incluidos los derechos de los individuos sobre las empresas<a name="n24"></a><sup><a href="#24">24</a></sup>.</p>     <p align="justify">La econom&iacute;a neocl&aacute;sica considera una econom&iacute;a totalmente competitiva, donde existen precios para todos los bienes, los derechos de propiedad sobre estos bienes est&aacute;n bien definidos y los agentes pueden intercambiar estos derechos sin ning&uacute;n costo de transacci&oacute;n. En esta econom&iacute;a, los individuos venden sus derechos a aquellos agentes que puedan emplear los bienes, sobre los cuales est&aacute;n definidos los derechos, en los usos donde una unidad marginal de ellos es m&aacute;s valiosa. En consecuencia, en competencia perfecta, la asignaci&oacute;n final de los derechos de propiedad es Pareto eficiente: el valor de la producci&oacute;n se maximiza y es imposible mejorar el bienestar de un individuo sin empeorar el bienestar de otros. Las t&eacute;cnicas y la organizaci&oacute;n son &oacute;ptimas independientemente de la distribuci&oacute;n inicial de los derechos de propiedad. La distribuci&oacute;n inicial de los derechos de propiedad es importante para la determinaci&oacute;n de la distribuci&oacute;n de la riqueza, pero no es relevante para el car&aacute;cter de la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n, puesto que una econom&iacute;a de mercado totalmente competitiva determina end&oacute;genamente una asignaci&oacute;n final eficiente de cualquier distribuci&oacute;n inicial de los derechos de propiedad.</p>     <p align="justify">En este marco, preguntas tales como qui&eacute;n posee las empresas y qui&eacute;n contrata a qui&eacute;n son tambi&eacute;n irrelevantes: las t&eacute;cnicas y la organizaci&oacute;n de producci&oacute;n no se modifican debido a que, en todos los casos, son determinadas eficientemente por el sistema competitivo.</p>     <p align="justify">Veamos el caso en que el capital posee la empresa y contrata trabajo. Los obreros alquilan su trabajo a los capitalistas, quienes pueden emplear su fuerza de trabajo en los usos donde es m&aacute;s productiva en el margen y, por tanto, se puede pagar el salario m&aacute;s alto. Los capitalistas tienen inter&eacute;s en emplear no s&oacute;lo el trabajo que contratan sino tambi&eacute;n su propio capital en los usos donde su productividad marginal es mayor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Veamos ahora el caso en que el trabajo posee la empresa y contrata capital. Aqu&iacute; los capitalistas alquilan su capital a las cooperativas de trabajadores que pueden emplearlo en los usos donde es m&aacute;s productivo en el margen y que, por ello, pueden retribuirles la renta m&aacute;s alta. Los trabajadores tienen inter&eacute;s en emplear no s&oacute;lo el capital que alquilaron, sino tambi&eacute;n su propio trabajo, en aquellos usos donde su productividad marginal es m&aacute;s elevada.</p>     <p align="justify">En ambos casos, en situaci&oacute;n de equilibrio la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n es tal que la productividad marginal de cada factor es igual en cada uso y, en consecuencia, tal que se maximiza la productividad de cada factor<a name="n25"></a><sup><a href="#25">25</a></sup>. En una econom&iacute;a competitiva, todo agente racional tiene un incentivo para emplear o hacer que otros agentes empleen sus recursos en aquellos usos donde arrojan los beneficios m&aacute;s elevados. Esto es v&aacute;lido para las cooperativas de trabajadores o firmas capitalistas que operan en una econom&iacute;a competitiva e implica la equivalencia y la eficiencia de estas instituciones alternativas. Una econom&iacute;a competitiva siempre lleva a una organizaci&oacute;n eficiente de la producci&oacute;n. En este sentido, no importa qui&eacute;n posee qu&eacute;, ni qui&eacute;n contrata a qui&eacute;n.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la simetr&iacute;a entre el capital y el trabajo es un resultado conjunto de tres supuestos: a) la definici&oacute;n y la supervisi&oacute;n de los derechos de propiedad privada sin ning&uacute;n costo; b) la ausencia de costos en la transferencia de estos derechos y c) la divisi&oacute;n de la actividad humana entre ocio y trabajo.</p>     <p align="justify">El tercer supuesto implica que los seres humanos se pueden tratar de la misma manera que otros recursos no humanos. Se supone que el bienestar de los individuos s&oacute;lo se ve afectado cuando se mantienen a s&iacute; mismos, pero no cuando son usados por otros en el proceso de producci&oacute;n. Por tanto, se supone que los individuos s&oacute;lo son susceptibles de trabajar m&aacute;s o menos pero que no se ven afectados por la asignaci&oacute;n de su tiempo a la producci&oacute;n entre usos diferentes (siempre que la cantidad de ocio se mantenga constante).</p>     <p align="justify">En este marco hay una simetr&iacute;a perfecta entre el trabajo y otros recursos no humanos. La &uacute;nica diferencia consiste en que los recursos humanos se pueden emplear en un proceso de producci&oacute;n adicional por el cual una unidad de trabajo se puede transformar en una unidad de ocio. Una vez se a&ntilde;ade este proceso de producci&oacute;n ficticio a la econom&iacute;a, el trabajo se debe asignar entre diferentes procesos de producci&oacute;n de la misma manera que el acero, el hierro o los edificios; es decir, de tal manera que la productividad marginal sea igual en todos los usos posibles.</p>     <p align="justify">En otras palabras, el tercer supuesto implica que la parte del tiempo humano contratada por otros se puede asignar mediante una regla simple de maximizaci&oacute;n del beneficio. Los empleadores pueden adquirir temporalmente la propiedad privada del trabajo humano de los dem&aacute;s individuos; en particular, pueden obtener el derecho exclusivo a usar el trabajo de otros individuos y la libertad para asignarlo de acuerdo con sus intereses, en parang&oacute;n con los derechos de propiedad privada sobre los activos no humanos. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre los activos no humanos y el trabajo: uno no puede alquilar su fuerza de trabajo a otros y marcharse. Los trabajadores no pueden ser indiferentes a la asignaci&oacute;n del tiempo del trabajo porque es su propia asignaci&oacute;n (&iexcl;son los mismos individuos a los que se atribuyen preferencias en el marco tradicional!). Por tanto, en el caso del trabajo humano, la propiedad privada temporal que surge del hecho de que el capital contrata el trabajo no puede implicar las mismas libertades que los agentes contratantes tendr&iacute;an en el caso de los recursos no humanos. Los trabajadores padecen necesariamente la exposici&oacute;n a esta clase de libertad. Este punto se torna evidente cuando a&ntilde;adimos que los seres humanos tambi&eacute;n pueden estar expuestos a un proceso virtuoso de aprendizaje por la experiencia o a un sistema vicioso de deterioro por la experiencia. Una exposici&oacute;n a la libertad sin trabas de los empleadores no s&oacute;lo puede tener consecuencias de corto plazo sino tambi&eacute;n efectos duraderos sobre el bienestar de los trabajadores.</p>     <p align="justify">Las caracter&iacute;sticas peculiares del trabajo humano se tornan a&uacute;n m&aacute;s importantes cuando se vinculan a otros dos importantes puntos que, por lo general, no son considerados de manera adecuada en el an&aacute;lisis neocl&aacute;sico est&aacute;ndar, a saber, que la definici&oacute;n y la supervisi&oacute;n de los derechos as&iacute; como su transferencia tienen costos. Si estos costos (que se pueden agrupar en la categor&iacute;a de costos de transacci&oacute;n) fuesen nulos, ser&iacute;a posible tener una transacci&oacute;n separada para cada posible uso de la fuerza de trabajo. Pero cuando esta soluci&oacute;n no es posible, se debe dar alguna “voz” a las preferencias de los trabajadores en la asignaci&oacute;n de su trabajo y satisfacer la necesidad de invertir en un ambiente de trabajo que favorezca el proceso de aprendizaje por la experiencia. La asignaci&oacute;n del trabajo no se puede concebir entonces como el ejercicio privado de algunos derechos que dan al empleador la libertad para dictaminar las condiciones de trabajo. Cuando se otorga esta libertad sin trabas, tenemos un modelo marxista de capitalismo cl&aacute;sico donde la alienaci&oacute;n del trabajo y la falta de inversi&oacute;n en capital humano pueden ser dos consecuencias indeseables de unas instituciones que equiparan la relaci&oacute;n de empleo a las dem&aacute;s transacciones de la esfera privada.</p>     <p align="justify">Un posible ordenamiento institucional alternativo al capitalismo cl&aacute;sico podr&iacute;a transferir los derechos de control de los propietarios de las m&aacute;quinas a los trabajadores que podr&iacute;an alquilar las m&aacute;quinas o tomar dinero en pr&eacute;stamo y comprarlas. Esta soluci&oacute;n equivale a transferir a los trabajadores el paquete de derechos que los empleadores tienen sobre las m&aacute;quinas y el trabajo que contratan. En este caso, los trabajadores habiendo adquirido la libertad para decidir sobre el uso de su propia fuerza de trabajo, podr&iacute;an tomar debidamente en cuenta sus preferencias por un buen empleo y por la capacidad para mejorar los procesos de producci&oacute;n. En muchos casos<a name="n26"></a><sup><a href="#26">26</a></sup>, &eacute;sta podr&iacute;a ser una buena soluci&oacute;n. Pero podr&iacute;a resultar muy problem&aacute;tica en industrias que hacen uso intensivo de capital espec&iacute;fico o dif&iacute;cil de supervisar. En este caso, los propietarios del capital se expondr&iacute;an a la libertad de la administraci&oacute;n y de los trabajadores para usar (y abusar de) su capital<sup><a name="n27"></a><a href="#27">27</a></sup>.</p>     <p align="justify">Por esta raz&oacute;n, la protecci&oacute;n de los trabajadores no se suele basar en la transferencia de paquetes de derechos de los propietarios capitalistas a los trabajadores. M&aacute;s bien, toma la forma de un “desempaquetamiento” de algunos derechos de propiedad y su redistribuci&oacute;n entre diferentes agentes. Ese “desempaquetamiento” y esa redistribuci&oacute;n se pueden ver como un tipo diferente de equilibrio legal caracterizado por posiciones legales diferentes de los propietarios capitalistas y los trabajadores. Estas posiciones legales tambi&eacute;n deben estar vinculadas por las complementariedades institucionales fuertes ligadas a la escasez social.</p>     <p align="justify">En las econom&iacute;as capitalistas del mundo real, los trabajadores han adquirido a veces dos tipos de derechos con respecto al trabajo que desempe&ntilde;an. En algunos casos (muy frecuentes en el tipo de capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores caracter&iacute;stico de la econom&iacute;a japonesa) tienen derecho a un trabajo no especificado en una organizaci&oacute;n particular durante largo tiempo y, en otros, hasta la jubilaci&oacute;n. En otros casos (propios del tipo de capitalismo sindicalizado que se desarroll&oacute; en la econom&iacute;a alemana) un sindicato de trabajadores puede tener el derecho exclusivo a desempe&ntilde;ar ciertos trabajos bien especificados en todas las organizaciones, pero el trabajador individual no tiene el derecho a un trabajo en una organizaci&oacute;n particular; la especificaci&oacute;n del contenido de estos trabajos y el entrenamiento correspondiente son acordados por los sindicatos y las asociaciones de empleadores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los ejemplos que hemos mencionado corresponden a tipos de “desempaquetamiento” y redistribuci&oacute;n de los derechos sobre los activos f&iacute;sicos diferentes de los que existen en el <i>capitalismo taylorista cl&aacute;sico</i><sup><a name="n28"></a><a href="#28">28</a></sup>, donde los trabajadores no tienen ninguno de estos derechos. Sin embargo, m&aacute;s relevante a&uacute;n es que las condiciones de escasez legal propias de un equilibrio legal implican que este “desempaquetamiento” de los derechos replantea las relaciones que definen la propiedad privada de los activos f&iacute;sicos en el capitalismo cl&aacute;sico.</p>     <p align="justify">Examinemos primero el caso del capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores. Si un trabajador tiene derecho a seguridad en el trabajo, los propietarios de los activos f&iacute;sicos no tienen libertad para emplear los recursos de la empresa sin ese trabajador. Por consiguiente, los empleadores no tienen la libertad para usar los activos f&iacute;sicos que s&iacute; tienen en el capitalismo cl&aacute;sico. Por tanto, el capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores involucra el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de una libertad sobre los recursos f&iacute;sicos que pertenece a los empleadores en el capitalismo cl&aacute;sico.</p>     <p align="justify">As&iacute; mismo, si en el caso del capitalismo sindicalizado &uacute;nicamente los trabajadores que tienen ciertas calificaciones y pertenecen a cierto sindicato tienen el derecho a trabajar en una actividad, los propietarios de los activos no tienen la libertad para emplear el activo con otros trabajadores. Adem&aacute;s, si las asociaciones de empleadores y los sindicatos tienen derecho a especificar y estandarizar el car&aacute;cter de los trabajos que se realizan en las empresas, la propiedad de los activos f&iacute;sicos no implica la libertad para emplear los recursos con cualquier tipo de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n. Por tanto, de manera similar al capitalismo de trabajadores, en el capitalismo sindicalizado se “desempaquetan” y redistribuyen algunos derechos que los propietarios de los recursos pose&iacute;an en el capitalismo cl&aacute;sico.</p>     <p align="justify">Veamos de qu&eacute; manera los tipos h&iacute;bridos de organizaci&oacute;n llevar&iacute;an a una violaci&oacute;n de las condiciones de escasez social que caracterizan a los equilibrios legales. Dicha situaci&oacute;n surgir&iacute;a, si los trabajadores esperan un derecho a la seguridad en el trabajo y/o el acceso exclusivo a la codefinici&oacute;n de una ocupaci&oacute;n mientras que, al mismo tiempo, los propietarios de activos f&iacute;sicos esperan tener la libertad absoluta para emplear sus recursos con cualquier trabajador. Aunque los empleadores pueden conservar otras libertades (como la posibilidad de modificar la asignaci&oacute;n de las m&aacute;quinas para alterar la combinaci&oacute;n de productos), se debe “desempaquetar” una libertad particular y reemplazarla por un deber. De otro modo, los derechos de los trabajadores no estar&iacute;an en equilibrio con los deberes de los empleadores y aqu&eacute;llos estar&iacute;an expuestos a la libertad absoluta de estos &uacute;ltimos.</p>     <p align="justify">Un sistema financiero basado en el mecanismo de adquisici&oacute;n de empresas como mecanismo de control ex post de las decisiones ineficientes de la gerencia puede requerir que los nuevos propietarios ejerzan una libertad absoluta despu&eacute;s de la adquisici&oacute;n. Esta libertad estar&iacute;a en desequilibrio legal con respecto a los derechos que tienen los trabajadores en el capitalismo sindicalizado o de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores.</p>     <p align="justify">En contraste, el sistema financiero basado en la banca que se funda en un sistema contingente de derechos de propiedad de los financistas (Aoki, 2000), puede estar en equilibrio con estos derechos. En un sistema financiero basado en la banca, la libertad de los financistas para interferir se limita al caso en que la gerencia y los trabajadores de la compa&ntilde;&iacute;a que ha recibido pr&eacute;stamos no puedan cancelar sus deudas.</p>     <p align="justify">Por tanto, los mercados financieros y de trabajo deben satisfacer las condiciones de complementariedad institucional fuertes ligadas a la restricci&oacute;n de escasez social que caracteriza a los equilibrios legales. Ambos dominios est&aacute;n vinculados adem&aacute;s por condiciones de complementariedad institucional d&eacute;biles en un doble sentido:</p>     <p align="justify">a) en el dominio del mercado financiero, el sistema basado en los bancos es marginalmente mejor que el sistema dominado por accionistas cuando se dan algunas formas de derechos a los participantes en el dominio del mercado de trabajo (en vez de la falta de derechos t&iacute;pica del sistema cl&aacute;sico);</p>     <p align="justify">b) en el dominio del mercado de trabajo, la falta de derechos es marginalmente mejor que los derechos de sus participantes cuando en el dominio del mercado financiero prevalece un sistema de accionistas (en vez de un sistema basado en los bancos).</p>     <p align="justify">Las condiciones de complementariedad institucional d&eacute;biles tambi&eacute;n se derivan del hecho de que cada uno de estos ordenamientos debe satisfacer las condiciones de complementariedad institucional fuertes que caracterizan a los equilibrios legales. Cuando se juntan las libertades de los accionistas y los derechos de los participantes, no se satisface la restricci&oacute;n de escasez social y surgen conflictos costosos. En forma similar, cuando prevalece un sistema basado en los bancos y los participantes no tienen ning&uacute;n derecho, las libertades de interferencia de los financistas se pueden incrementar sin reducir los derechos de los trabajadores. Aqu&iacute;, la ineficiencia de un ajuste institucional insatisfactorio surge del hecho de que estar&iacute;amos en un punto interior del conjunto factible definido por los ordenamientos sociales que satisfacen la restricci&oacute;n de escasez social. Las condiciones de supermodularidad se derivar&iacute;an del hecho de que estamos peor cuando estamos fuera o dentro del conjunto de ordenamientos factibles que satisfacen la restricci&oacute;n de escasez social que caracteriza a los equilibrios legales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>COMPLEMENTARIEDADES INSTITUCIONALES DÉBILES Y EQUILIBRIOS ORGANIZACIONALES</b></p>      <p align="justify">Aunque las relaciones de complementariedad institucional fuertes ligadas a los equilibrios legales tambi&eacute;n implican la existencia de complementariedades institucionales d&eacute;biles entre las posiciones legales, tambi&eacute;n pueden existir complementariedades institucionales d&eacute;biles independientemente de las fuertes. En particular, cada sistema de posiciones legales puede estar vinculado por relaciones de complementariedad d&eacute;biles con el tipo de recursos (es decir, con la tecnolog&iacute;a) a los que se aplican las relaciones legales. Estas relaciones s&oacute;lo son d&eacute;biles en el sentido de que no tienen que satisfacer la restricci&oacute;n de escasez social que caracteriza a los equilibrios legales. Sin embargo, desempe&ntilde;an un papel muy importante en la determinaci&oacute;n de la factibilidad econ&oacute;mica de un equilibrio legal particular.</p>     <p align="justify">Las relaciones entre derechos y tecnolog&iacute;a han sido tradicionalmente muy controvertidas. Eran parte del n&uacute;cleo de la teor&iacute;a marxista de la historia y &uacute;ltimamente atraen la atenci&oacute;n de los economistas neoinstitucionalistas y radicales, que subrayan una de las dos posibles direcciones de causalidad entre derechos y tecnolog&iacute;a. Sin embargo, estos dos enfoques se deben ver, m&aacute;s bien, como dos maneras complementarias de poner en duda el “supuesto de doble neutralidad” impl&iacute;cito en la afirmaci&oacute;n de Samuelson. Ambos pueden compartir la conclusi&oacute;n de que los diferentes sistemas de derechos y de tecnolog&iacute;as pueden ser complementos institucionales y llevar a la existencia de equilibrios organizacionales m&uacute;ltiples.</p>     <p align="justify">La tecnolog&iacute;a deja de ser neutral en un mundo de costos de transacci&oacute;n positivos. El empleo de factores distintos puede estar asociado con costos de agencia diferentes debido a que es relativamente m&aacute;s costoso supervisar y proteger algunos factores contra los riesgos de inversiones espec&iacute;ficas. Examinemos el caso en que s&oacute;lo tenemos dos factores: el factor 1 y el factor 2. El costo de agencia que debe tener el factor 1 para contratar el factor 2 ser&aacute; en general diferente del costo que debe tener el factor 2 cuando se contrata el factor 1. Definamos ahora a T<sub>1</sub> y T<sub>2</sub> como dos tecnolog&iacute;as tales que T<sub>1</sub> tiene mayor intensidad de costos de agencia del factor 1 con respecto a T<sub>2</sub>. Llamemos P<sub>1</sub> al sistema de derechos de propiedad donde 1 contrata a 2 y P<sub>2</sub> al sistema de derechos de propiedad donde 2 contrata a 1. La elecci&oacute;n entre P<sub>1</sub> y P<sub>2</sub> ocurre en el dominio P, donde los financistas, los corredores de acciones y diversos tipos de inversionistas buscan el sistema &oacute;ptimo de derechos de propiedad dada la tecnolog&iacute;a prevaleciente. En cambio, la elecci&oacute;n entre T<sub>1</sub> y T<sub>2</sub> ocurre en el dominio T, donde los gerentes de producci&oacute;n, los ingenieros y todo tipo de tecn&oacute;logos buscan la tecnolog&iacute;a &oacute;ptima dado el sistema de derechos de propiedad prevaleciente.</p>     <p align="justify">Ahora podemos mostrar que las relaciones entre tecnolog&iacute;as y derechos de propiedad satisfacen las siguientes condiciones:</p>     <p align="justify">I&rsquo;) el beneficio adicional de tener el sistema de derechos de propiedad P<sub>1</sub> en vez del sistema de derechos de propiedad P<sub>2</sub> en el dominio P es mayor cuando en el dominio T se elige la tecnolog&iacute;a T<sub>1</sub> (en vez de la tecnolog&iacute;a T<sub>2</sub>).</p>     <p align="justify">II&rsquo;) el beneficio adicional de tener la tecnolog&iacute;a T<sub>2</sub> en vez de la tecnolog&iacute;a T<sub>1</sub> en el dominio T es mayor cuando en el dominio P se elige el sistema de derechos de propiedad P<sub>2</sub> (en vez del sistema de derechos de propiedad P<sub>1</sub>).</p>     <p align="justify">En otras palabras, ahora vamos a argumentar que I&rsquo;) y II&rsquo;) satisfacen las condiciones de supermodularidad I) y II).</p>     <p align="justify">De hecho, I&rsquo;) coincide con lo que se puede llamar el “supuesto neoinstitucionalista”<a name="n29"></a><sup><a href="#29">29</a></sup>. Un sistema de derechos de propiedad P<sub>1</sub> es marginalmente mejor que P<sub>2</sub> si el factor 1 puede ahorrar una porci&oacute;n mayor de costos de agencia. Esto ocurre cuando la tecnolog&iacute;a prevaleciente en el dominio T es T<sub>1</sub> (en vez de T<sub>2</sub>). Puesto que con la tecnolog&iacute;a T<sub>1</sub> el costo de agencia que enfrenta 2 cuando emplea 1 es mayor que con la tecnolog&iacute;a T<sub>2</sub>, con la primera tecnolog&iacute;a el agente 1 puede ahorrar marginalmente m&aacute;s en costos de agencia que con la &uacute;ltima tecnolog&iacute;a. Por tanto, la ventaja relativa de P<sub>1</sub> sobre P<sub>2</sub> aumenta cuando en el dominio T se emplea T<sub>1</sub> (en vez de T<sub>2</sub>).</p>     <p align="justify">El significado econ&oacute;mico de II&rsquo;) es tambi&eacute;n bastante claro y coincide con lo que en otros art&iacute;culos<a name="n30"></a><sup><a href="#30">30</a></sup> hemos llamado el “supuesto radical”. De manera an&aacute;loga, una tecnolog&iacute;a T<sub>2</sub> es marginalmente mejor que una tecnolog&iacute;a T<sub>1</sub> si nos permite ahorrar una porci&oacute;n mayor (o gastar una porci&oacute;n menor) en costos de agencia. Cuando en el dominio P prevalece el sistema de derechos de propiedad P<sub>2</sub> (en vez de P<sub>1</sub>), se ahorra parte de los costos de agencia de emplear el factor 2, mientras que los costos de agencia de emplear el factor 1 se pagan totalmente. Por tanto, la ventaja relativa de la tecnolog&iacute;a T<sub>2</sub> sobre T<sub>1</sub> aumenta cuando en el dominio P se adopta P<sub>2</sub> (en vez de P<sub>1</sub>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por consiguiente, (P<sub>1</sub> T<sub>1</sub>) y (P<sub>2</sub> T<sub>2</sub>) satisfacen las condiciones de supermodularidad y pueden dar lugar a equilibrios organizacionales m&uacute;ltiples<a name="n31"></a><sup><a href="#31">31</a></sup>, es decir, pueden ser complementos institucionales.</p>     <p align="justify">Observemos el car&aacute;cter autorreforzador de estos equilibrios. P<sub>1</sub> se refuerza por la existencia de T<sub>1</sub> en el dominio T y T<sub>1</sub> se refuerza por la existencia de P<sub>1</sub> en el dominio P. En forma similar, P<sub>2</sub> se refuerza por la existencia de T<sub>2</sub> en el dominio T y T<sub>2</sub> se refuerza por la existencia de P<sub>2</sub> en el dominio P. Pese a que nuestro an&aacute;lisis se ha enmarcado en un mundo de 2 factores, esta caracter&iacute;stica de autorreforzamiento no se pierde cuando la complejidad del sistema aumenta porque hay m&aacute;s factores, m&aacute;s tecnolog&iacute;as y sistemas de derechos de propiedad m&aacute;s sofisticados.</p>     <p align="justify">En general, es posible que el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de los derechos (t&iacute;picos de las formas de capitalismo no cl&aacute;sico que examinamos en la secci&oacute;n anterior) diluyan los incentivos de los propietarios del capital para invertir en activos f&iacute;sicos con altos costos de agencia, cuya depreciaci&oacute;n inducida por el usuario no se puede supervisar sin mayor esfuerzo, y que no se pueden reasignar f&aacute;cilmente a usos alternativos.</p>     <p align="justify">Sin embargo, el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de los derechos pueden tener efectos de incentivos positivos sobre los costos de agencia del capital humano. En el caso del capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores, la seguridad del trabajo puede favorecer las inversiones en capital humano espec&iacute;ficas de la empresa, que as&iacute; se protege contra la amenaza de terminaci&oacute;n “sin justa causa”. Y, en el caso del capitalismo sindicalizado, la estandarizaci&oacute;n de los trabajos en las empresas, en cuanto protege la generalidad del aprendizaje adquirido por la experiencia, favorece las inversiones en capital humano que se puede utilizar en otras empresas en caso de terminaci&oacute;n de un trabajo (o, en otras palabras, este sistema de derechos crea un mercado de trabajadores calificados)<sup><a name="n32"></a><a href="#32">32</a></sup>. En ambos casos, el sentido de pertenencia a una empresa o a un sindicato de oficio y la satisfacci&oacute;n del aprendizaje por la experiencia hacen que sea menos costoso el trabajo dif&iacute;cil de supervisar.</p>     <p align="justify">Por tanto, las tecnolog&iacute;as que emplean trabajo no calificado gen&eacute;rico y f&aacute;cil de supervisar y alta intensidad de capital espec&iacute;fico y dif&iacute;cil de supervisar son marginalmente mejores que las tecnolog&iacute;as alternativas cuando en el dominio de los derechos de propiedad prevalece el sistema de derechos del capitalismo cl&aacute;sico frente a las formas alternativas de derechos de propiedad, aunque esto no es cierto en estas &uacute;ltimas. En este sentido, podemos pensar que la direcci&oacute;n de causalidad entre derechos y tecnolog&iacute;as tambi&eacute;n se mantiene en los casos m&aacute;s complejos. Sin embargo, tambi&eacute;n es posible que se presente la direcci&oacute;n de causalidad contraria y que surja f&aacute;cilmente un mecanismo autorreforzador que genera equilibrios organizacionales m&uacute;ltiples.</p>     <p align="justify">Cabe observar que es probable que el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de los derechos den forma al car&aacute;cter de los recursos de una manera autosostenida.</p>     <p align="justify">En condiciones de capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores y de capitalismo sindicalizado, el truncamiento de los derechos de los propietarios de los activos puede ocasionar el subempleo del capital f&iacute;sico con altos costos de agencia. A su vez, este subempleo puede llevar a que los propietarios de los activos valoren menos los derechos sobre los recursos f&iacute;sicos que se redistribuyeron a los trabajadores. Si se permite que los nuevos derechos sobrevivan un per&iacute;odo suficientemente largo, despu&eacute;s de alg&uacute;n tiempo tendr&iacute;amos una menor intensidad de capital con altos costos de agencia consistente con los nuevos derechos.</p>     <p align="justify">En condiciones de capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores o de capitalismo sindicalizado, ocurrir&aacute; un proceso autorreforzador similar entre la naturaleza del capital humano y los derechos. En el primer caso, el incremento del empleo del capital humano espec&iacute;fico a la firma incrementa el valor de los derechos de los trabajadores a trabajos espec&iacute;ficos de la firma. En el segundo, el incremento del empleo de capital humano de prop&oacute;sito general (pero espec&iacute;fico al negocio) induce a los trabajadores a dar mayor valor a los derechos que su sindicato tiene en ese negocio particular.</p>     <p align="justify">En ambos sistemas los trabajadores tienen un mayor incentivo para adquirir el conocimiento que pueda ser &uacute;til para realizar sus tareas; en contraste, se reducen los incentivos de los gerentes y los propietarios de activos para adquirir el conocimiento necesario para dirigir el proceso de trabajo. En ambos casos, el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de los derechos sobre los activos f&iacute;sicos tienden a generar una complementariedad tecnol&oacute;gica diferente caracterizada por una distribuci&oacute;n distinta de las caracter&iacute;sticas de especificidad, as&iacute; como informaci&oacute;n asim&eacute;trica. Al mismo tiempo, estos tipos alternativos de tecnolog&iacute;as pueden hacer m&aacute;s o menos conveniente el “desempaquetamiento” y la redistribuci&oacute;n de los derechos y favorecer los sistemas complementarios de derechos.</p>      <p align="justify"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque los derechos prevalecientes en el dominio de los mercados financieros y en el dominio del mercado de trabajo deben satisfacer las condiciones de complementariedad institucional fuertes que caracterizan a los equilibrios legales, es posible que la relaci&oacute;n entre los derechos de los financistas y de los trabajadores y la tecnolog&iacute;a de cada sistema s&oacute;lo satisfagan las condiciones de complementariedad institucional d&eacute;biles.</p>     <p align="justify">En el primer caso, las condiciones de supermodularidad se derivan del hecho de que la restricci&oacute;n de escasez social que caracteriza a las relaciones entre posiciones legales implica que el desequilibrio legal tiene costos. Las diferentes posiciones mejoran marginalmente en cada dominio cuando se ajustan ex ante en un equilibrio legal con las posiciones legales existentes en otros dominios. De otro modo, surgir&aacute; un desequilibrio costoso ex post y disminuir&aacute; los beneficios derivados de esas posiciones legales.</p>     <p align="justify">En el segundo caso, las diferentes posiciones legales (tomadas en conjunto y posiblemente definiendo un equilibrio legal) son marginalmente mejores en su propio dominio cuando se ajustan en un equilibrio organizacional consistente con la naturaleza de la tecnolog&iacute;a y las caracter&iacute;sticas de los recursos (que son moldeadas por decisiones que se toman en otro dominio). Aqu&iacute;, las condiciones de supermodularidad no se derivan de los costos (ex post) de los conflictos, sino del hecho de que los beneficios que se derivan de cierto conjunto de posiciones legales son marginalmente mayores cuando se ajustan a cierta tecnolog&iacute;a (y no a otra tecnolog&iacute;a) y viceversa. En este caso, el desajuste entre los derechos y las tecnolog&iacute;as, o desequilibrio organizacional, s&oacute;lo es costoso indirectamente. Los individuos no experimentan directamente los conflictos de un desequilibrio costoso sino que pueden entender que podr&iacute;an estar mejor pasando a situaciones donde las decisiones tomadas en los diferentes dominios se ajustan entre s&iacute;. En este sentido, nos referimos a estos como casos de complementariedad institucional d&eacute;bil y, en nuestra opini&oacute;n, es &uacute;til distinguirlos de los casos de complementariedad institucional fuerte que surgen de la escasez social.</p>     <p align="justify">No obstante, se deben considerar algunos niveles m&aacute;s elevados de complementariedad institucional donde todas las relaciones de complementariedad, fuertes y d&eacute;biles, se influyen mutuamente. Vimos que el car&aacute;cter posicional de las relaciones legales implica una creaci&oacute;n constante de derechos inconsistentes y un desequilibrio legal costoso. Dicho desequilibrio legal puede llevar a menudo a un desequilibrio organizacional y generar procesos que no se limitan a las relaciones existentes entre las diferentes posiciones legales. De manera similar, el cambio tecnol&oacute;gico puede producir situaciones de desequilibrio organizacional con cierta atribuci&oacute;n de los derechos. Aunque es posible que el sistema pase ordenadamente a una nueva atribuci&oacute;n consistente de derechos que se ajustan a la nueva tecnolog&iacute;a, tambi&eacute;n puede suceder que ese desequilibrio organizacional lleve a un desequilibrio legal.</p>     <p align="justify">En suma, el sistema puede experimentar f&aacute;cilmente una din&aacute;mica bastante compleja donde las complementariedades d&eacute;biles y fuertes act&uacute;an rec&iacute;procamente. Pese a ello, este art&iacute;culo analiza cada complementariedad institucional por separado. Por tanto, a lo sumo puede ofrecer material preliminar para el estudio de estas interacciones complejas.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. Sin embargo, en algunos casos podemos estar por debajo de las fronteras de eficiencia y podemos incrementar los derechos y los poderes de un individuo sin disminuir las libertades y las inmunidades de otros individuos.</p>     <p align="justify"> <a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. Sobre el concepto de complementariedad institucional, ver Milgrom y Roberts (1990) y Aoki (2001). Pagano (1993) y Pagano y Rowthorn (1994) presentan los conceptos de equilibrios organizacionales y estabilidad institucional. A pesar de la diferencia terminol&oacute;gica, Aoki (2001, 396) ha reconocido generosamente que “Pagano (1993) y Pagano y Rowthorn (1994) son dos de las primeras contribuciones anal&iacute;ticas sobre la complementariedad institucional”. De acuerdo con la terminolog&iacute;a empleada en este art&iacute;culo, los equilibrios organizacionales y las complementariedades institucionales son casos “d&eacute;biles” de complementariedad institucional.</p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. Parte de esta secci&oacute;n se basa en Pagano (2000).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n4">4</a><a name="4"></a>. Los conceptos ex ante y ex post fueron introducidos en econom&iacute;a en los a&ntilde;os 30 por la famosa Escuela de Estocolmo, que inclu&iacute;a a Gunnar Myrdal y a Erik Lindahl. Para una explicaci&oacute;n breve (y poco ben&eacute;vola), ver Steiger (1987).</p>     <p align="justify"> <a href="#n5">5</a><a name="5"></a>. Kelsen (1992) consider&oacute; que la validez de la ley o su consistencia (no su justicia ni su eficiencia) era el objeto adecuado de los estudios legales y argument&oacute; que la validez de las normas legales se debe distinguir de su justicia y su eficiencia. Si una “norma fundamental” era transcendentalmente dada, se pod&iacute;an establecer la unidad, la consistencia y la completitud del ordenamiento legal comprobando la consistencia de las normas con las normas jer&aacute;rquicas superiores. &Uacute;nicamente las normas que cumplieran esta prueba de consistencia eran v&aacute;lidas del sistema legal. Ferrajoli (1993) diferenci&oacute; el concepto de validez basado en la consistencia con las normas jer&aacute;rquicamente superiores del concepto de validez procedimental, que indica que las normas fueron promulgadas mediante un procedimiento leg&iacute;timo. Esta distinci&oacute;n ayuda a entender que las normas existentes pueden ser v&aacute;lidas en cuanto fueron producidas mediante un procedimiento leg&iacute;timo, pero inv&aacute;lidas en el sentido de que son inconsistentes con las normas superiores.</p>     <p align="justify"> <a href="#n6">6</a><a name="6"></a>. Hart tambi&eacute;n “diluy&oacute;” la separaci&oacute;n kelseniana entre &eacute;tica y derecho. Para otros autores, como Finnis (1980), es imposible incluso una separaci&oacute;n parcial. Las “normas fundamentales” finales se deben basar al menos en algunos principios &eacute;ticos.</p>     <p align="justify"> <a href="#n7">7</a><a name="7"></a>. Simmonds (1986, 132) se&ntilde;ala que aunque “el l&iacute;mite exacto de dichas inmunidades es, por supuesto, objeto de controversia [...] las ‘libertades civiles&rsquo; norteamericanas difieren de sus equivalentes brit&aacute;nicas justamente en su condici&oacute;n de inmunidades”. En Gran Breta&ntilde;a, el Parlamento pod&iacute;a, en principio, abolir el goce de la libertad de expresi&oacute;n en cualquier momento. “En Gran Breta&ntilde;a la libertad de expresi&oacute;n se disfruta como una libertad hohfeldiana, no como una inmunidad”.</p>     <p align="justify"> <a href="#n8">8</a><a name="8"></a>. En otras palabras, la noci&oacute;n de costos de transacci&oacute;n de Commons no s&oacute;lo incluye los <i>costos de supervisi&oacute;n</i> tradicionales que caracterizan a las relaciones con otro agente. Tambi&eacute;n incluye el costo de las instituciones p&uacute;blicas y los <i>costos de competencia</i>que deben ser sufragados por los agentes cuando intentan excluir del mercado a sus competidores. Sobre este punto ver Nicita (1999 y 2001), quien introduce la noci&oacute;n de <i>competencia cruzada</i>, la cual aparece cuando se remueven los supuestos de costos de supervisi&oacute;n y de competencia nulos.</p>     <p align="justify"> <a href="#n9">9</a><a name="9"></a>. Commons (1924) observa que las transacciones de Hohfeld tambi&eacute;n se pueden interpretar como relaciones &eacute;ticas entre los agentes que tambi&eacute;n se pueden apoyar en creencias tradicionales. Pero se&ntilde;ala que “hay, sin embargo, una dificultad en estos mandatos &eacute;ticos. Son procesos mentales y, por tanto, son tan divergentes como los deseos y los temores de los individuos. Por ello, cuando surgen en la acci&oacute;n son individualistas y anarquistas. Son liberados por una autoridad terrenal real a la que cada parte rinde obediencia” (Commons, 1924, 85). La falta de correlaci&oacute;n subjetiva se puede manifestar en el hecho de que un agente considera que la frontera de sus derechos difiere de la frontera conexa del deber de otro agente. Por esta raz&oacute;n, de acuerdo con Commons (ib&iacute;d., 86), “parece ser que el &uacute;nico procedimiento que <i>correlaciona</i> los deseos y temores de cada quien y evita la anarqu&iacute;a es el de recurrir a una tercera persona de cualidades terrenales a la que cada uno acepta obedecer, o a la que cada uno est&aacute; obligado a obedecer”.</p>     <p align="justify">Wellman (1978) indic&oacute; que las relaciones de Hohfeld se pueden interpretar como relaciones &eacute;ticas y jur&iacute;dicas, y que se pueden representar como dos conjuntos de proposiciones independientes.</p>     <p align="justify">Bobbio (1990) se&ntilde;ala que los derechos &eacute;ticos s&oacute;lo pueden implicar l&oacute;gicamente deberes &eacute;ticos y no obligaciones legales. Seg&uacute;n &eacute;l, podemos causar mucha confusi&oacute;n cuando mezclamos relaciones &eacute;ticas y jur&iacute;dicas.</p>     <p align="justify"> <a href="#n10">10</a><a name="10"></a>. Sin embargo, Commons se&ntilde;ala que el papel de la Carta Magna fue relativamente limitado. “Cuando, en la Carta Magna, los barones exig&iacute;an ‘libertades&rsquo;, exig&iacute;an privilegios personales o el derecho a ejercer poderes de soberan&iacute;a... En suma, ‘libertad&rsquo; no significaba libertad ni propiedad sino privilegio pol&iacute;tico” (Commons, 1924, 51).</p>     <p align="justify"> <a href="#n11">11</a><a name="11"></a>. En algunos casos, el concepto kelseniano de validez de las normas que establece la total consistencia de los comportamientos legales es an&aacute;logo al concepto walrasiano de equilibrio econ&oacute;mico. Sobre este punto, ver Pagano (1995). Sin embargo, el nivel al que se establece la consistencia es diferente. Como se&ntilde;al&oacute; Gianformaggio (1993), el comportamiento legal est&aacute; formado por enunciados normativos que no pretenden representar el comportamiento real de los individuos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n12">12</a><a name="12"></a>. Igual que la mayor&iacute;a de las relaciones econ&oacute;micas, las relaciones legales se convierten ex post en simples identidades contables. Ex post, si X ejerciera algunos derechos, Y necesariamente observar&iacute;a algunos deberes. Pero la existencia de estas identidades contables ex post no implica que hubiera un equilibrio ex ante entre las percepciones de X acerca de sus derechos y las percepciones de Y acerca de sus deberes. En otras palabras, el desequilibrio ex ante es consistente con la identidad ex post entre derechos y deberes (o entre libertades y exposiciones, etc.).</p>     <p align="justify"> <a href="#n13">13</a><a name="13"></a>. La importancia de los ordenamientos privados y de muchas otras instituciones que pueden contribuir a someter el comportamiento humano a la observancia de la ley ha sido planteada convincentemente por diversos autores como Fuller (1963 y 1969), Hayek (1973), Leoni (1990) y Williamson (1985).</p>     <p align="justify"> <a href="#n14">14</a><a name="14"></a>. Llamamos mercados p&uacute;blicos a los mercados donde la tarea de eliminar el equilibrio legal es desempe&ntilde;ada ante todo por los tribunales p&uacute;blicos. En contraste, como observa Williamson (1996, 98): “el contrato legal impl&iacute;cito en la organizaci&oacute;n interna es el de la paciencia. Por tanto, mientras que los tribunales otorgan derechos rutinariamente donde hay disputas acerca de los precios, de los da&ntilde;os que se deben atribuir a las demoras, de los defectos de calidad y cuestiones similares, los tribunales se rehusar&aacute;n a resolver disputas entre una divisi&oacute;n interna y otra acerca de problemas id&eacute;nticos. Con la negaci&oacute;n del acceso a los tribunales, las partes deben resolver internamente sus diferencias. En consecuencia, la jerarqu&iacute;a es su propia instancia final de apelaciones”. En este sentido, en el caso de las empresas, una de las funciones de la gerencia es la de actuar como sustituto de los tribunales p&uacute;blicos.</p>     <p align="justify"> <a href="#n15">15</a><a name="15"></a>. Parsons (1986) discrepa pero, como sostiene Aron (1986), &eacute;l parece confundir el poder sobre alguien con el poder para hacer algo. El primero (y obviamente no el segundo) es un bien de suma cero. Esto implica que el ejercicio del poder puede disminuir el bienestar total porque “se puede considerar que estar sometido al poder de otro es una p&eacute;rdida de bienestar” (Bowles, Franzini y Pagano, 1999, 6). Al mismo tiempo, el ejercicio de poder puede mejorar la eficiencia de Pareto si su intercambio se acuerda en un mercado competitivo y ayuda a resolver el problema de la incompletitud contractual. Sobre este punto, ver Bowles y Gintis (1999). Sobre el concepto de poder, ver tambi&eacute;n los dem&aacute;s ensayos recopilados en Lukes (1986).</p>     <p align="justify"> <a href="#n16">16</a><a name="16"></a>. Por lo general, dichas posiciones son el ingrediente m&aacute;s fundamental de un sistema social. Un “sistema social se puede concebir como un conjunto de procesos estructurados de interacci&oacute;n caracterizados por posiciones conectadas e internamente relacionadas con las normas y pr&aacute;cticas asociadas, mientras que una instituci&oacute;n se puede definir como aquellos procesos estructurados de interacci&oacute;n que son relativamente duraderos y que se identifican como tales” (Lawson, 1997, 318). Aunque este art&iacute;culo se concentra en las relaciones entre sistemas “formales” de ordenamientos privados y p&uacute;blicos, el estudio de estos sistemas no se puede separar de las normas informales, las costumbres y los c&oacute;digos &eacute;ticos que se han desarrollado en diferentes pa&iacute;ses y han cumplido un papel fundamental en la determinaci&oacute;n de las posiciones de los individuos. Como plantea Hodgson (1988, 160) “La visi&oacute;n de un mercado o sistema capitalista ‘puro&rsquo; que ha desterrado todos los vestigios del h&aacute;bito y la tradici&oacute;n es te&oacute;ricamente inadmisible e irrealizable en la pr&aacute;ctica”. Por esta raz&oacute;n la corriente de la econom&iacute;a institucional relacionada con la obra de Commons se debe integrar con la que se deriva de Veblen. Sobre las diferentes corrientes de la econom&iacute;a institucional, ver Hodgson (1998).</p>     <p align="justify"> <a href="#n17">17</a><a name="17"></a>. Esta definici&oacute;n se expone en Pagano (1999). Frank (1985) propone una definici&oacute;n diferente, basada en el rango. Al estar relacionada con la definici&oacute;n de estatus, la definici&oacute;n de Frank no se puede extender f&aacute;cilmente a los casos de ejercicio del poder y de las relaciones legales. Pagano (1999) distingue diferentes casos particulares de bienes semiposicionales. Los bienes biposicionales se definen por el hecho de que &uacute;nicamente otro individuo consume la cantidad correspondiente mientras que los bienes multiposicionales y panposicionales se definen por el hecho de que son consumidos por muchos individuos. Estas definiciones no son relevantes para lo que se expone a continuaci&oacute;n porque nos concentraremos en una econom&iacute;a de dos individuos, aunque quiz&aacute; sea &uacute;til distinguir entre relaciones legales que ocurren <i>inter partes</i> y <i>erga omnes</i>.</p>     <p align="justify"> <a href="#n18">18</a><a name="18"></a>. La soluci&oacute;n kelseniana, donde el conflicto s&oacute;lo se resuelve apelando a normas de orden superior, usualmente implica soluciones de esquina. Normalmente, s&oacute;lo los derechos o los deberes ser&aacute;n consistentes con la norma superior. En realidad, como se&ntilde;ala Bobbio (1990), pueden surgir f&aacute;cilmente soluciones que no son de esquina.</p>     <p align="justify"> <a href="#n19">19</a><a name="19"></a>. En opini&oacute;n de Kramer (2001), estos derechos no son derechos aut&eacute;nticos sino derechos simplemente nominales. De acuerdo con su “enfoque de la Teor&iacute;a de Inter&eacute;s”, hay semejanzas y diferencias entre un derecho nominal y un derecho legal aut&eacute;ntico. Un derecho nominal “es un derecho legal debido a su conexi&oacute;n con la defensa de los intereses de las personas mediante la imposici&oacute;n de est&aacute;ndares y requisitos legales, y s&oacute;lo es nominal porque su aplicaci&oacute;n por los funcionarios judiciales y ejecutivos no puede ir m&aacute;s all&aacute; de la reiteraci&oacute;n de la norma o decisi&oacute;n relevante” (Kramer, 2001, 73).</p>     <p align="justify"> <a href="#n20">20</a><a name="20"></a>. Esta observaci&oacute;n fue sugerida por el profesor Sch&auml;fer, quien tambi&eacute;n me se&ntilde;al&oacute; que dichas circunstancias caracterizaron a la infortunada experiencia de la Rep&uacute;blica de Weimar.</p>     <p align="justify"> <a href="#n21">21</a><a name="21"></a>. Ver Holmes y Sunstein (1999) y Pagano (2000).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n22">22</a><a name="22"></a>. La propiedad privada de los recursos f&iacute;sicos es la manera m&aacute;s elemental de romper un equilibrio legal general en los subsistemas m&aacute;s simples. Esta cualidad de la propiedad privada s&oacute;lo se puede apreciar en un mundo de costos de transacci&oacute;n positivos donde las interacciones entre estos subsistemas tienen costos. En un mundo de costos de transacci&oacute;n positivos, esa misma cualidad es compartida por los ordenamientos privados m&aacute;s complejos o las estructuras de ejercicio de la autoridad de nivel m&aacute;s bajo, como las empresas, que complementan las normas formales de los sistemas legales. El tipo de equilibrio legal planteado por la clasificaci&oacute;n de Hohfeld ser&iacute;a imposible si muchos de los agentes que operan en estos subsistemas no compartieran la carga de eliminar el desequilibrio legal.</p>     <p align="justify"> <a href="#n23">23</a><a name="23"></a>. Esta formulaci&oacute;n se debe a Walras y surgi&oacute; como un compromiso entre las corrientes brit&aacute;nica y austr&iacute;aca de la revoluci&oacute;n marginalista. Mientras que Jevons y Edgeworth subrayaron la preferencia por el trabajo y su desutilidad, Menger, B&ouml;hm-Bawerk y von Wieser tendieron a considerar que la actividad humana era similar a los dem&aacute;s recursos no humanos. Una divisi&oacute;n similar caracteriza a los economistas cl&aacute;sicos, aunque Marx ocup&oacute; una posici&oacute;n intermedia exigiendo que la satisfacci&oacute;n de la preferencia por el trabajo era el aspecto fundamental del comunismo mientras que esas preferencias no importaban en las condiciones de trabajo alienado propias del capitalismo. Para la historia completa, ver Pagano (1985).</p>     <p align="justify"> <a href="#n24">24</a><a name="24"></a>. Podr&iacute;amos argumentar con Coase (1937) que, en el marco de Samuelson, la empresa como mecanismo de asignaci&oacute;n interna, no existe, y que la propiedad de la empresa por un agente significa simplemente que tiene derecho a contratar y a despedir. Cuando se tienen en cuenta los costos de transacci&oacute;n, la empresa tambi&eacute;n se debe ver como un ordenamiento privado (Fuller, 1969). Sobre la equivalencia esencial entre las visiones de Coase y de Fuller, ver Pagano (2000). Una cr&iacute;tica muy anterior del hecho de que la teor&iacute;a neocl&aacute;sica no permit&iacute;a un an&aacute;lisis comparativo de las organizaciones de producci&oacute;n alternativas fue planteada por Rowthorn (1974).</p>     <p align="justify"> <a href="#n25">25</a><a name="25"></a>. Cuando se tienen en cuenta adecuadamente las preferencias acerca de los usos alternativos de la fuerza de trabajo, la condici&oacute;n de que la productividad marginal de un factor sea la misma se debe sustituir por la de exigir que la suma de la utilidad marginal y de la productividad marginal de trabajo sea la misma en cada uso. Adem&aacute;s, en estas condiciones, la maximizaci&oacute;n de la productividad y de la eficiencia tecnol&oacute;gica no son condiciones necesarias para la maximizaci&oacute;n del bienestar total de los individuos, y la segunda implica una asignaci&oacute;n del trabajo que no coincide con la de maximizaci&oacute;n de los beneficios. Sobre este punto, ver Pagano (1983 y 1985).</p>     <p align="justify"> <a href="#n26">26</a><a name="26"></a>. Bowles y Gintis (1998) analizan las ventajas de esta soluci&oacute;n. Algunos comentarios sobre sus argumentos se exponen en Pagano (1998).</p>     <p align="justify"> <a href="#n27">27</a><a name="27"></a>. En forma similar, en estas industrias, los financistas que prestaron su capital contra una garant&iacute;a dif&iacute;cil de supervisar y espec&iacute;fica se expondr&iacute;an a riesgos de expropiaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> <a href="#n28">28</a><a name="28"></a>. Para una definici&oacute;n m&aacute;s precisa de capitalismo cl&aacute;sico, capitalismo de compa&ntilde;&iacute;as de trabajadores y capitalismo sindicalizado, ver Pagano (1991a). Para una explicaci&oacute;n (muy corta) de las razones para que las tres principales econom&iacute;as occidentales hayan desarrollado equilibrios organizacionales alternativos, ver la secci&oacute;n de conclusiones de Pagano (1993).</p>     <p align="justify"> <a href="#n29">29</a><a name="29"></a>. Esto se relaciona claramente con los trabajos seminales de Alchian y Demsetz (1972) y Williamson (1985).</p>     <p align="justify"> <a href="#n30">30</a><a name="30"></a>. Ver, por ejemplo, Pagano (1991b, 1993), Pagano y Rowthorn (1994 y 1996) y Pagano (2001).</p>     <p align="justify"> <a href="#n31">31</a><a name="31"></a>. Los equilibrios organizacionales definen situaciones donde la tecnolog&iacute;a es &oacute;ptima dados los derechos de propiedad vigentes, y los derechos de propiedad son &oacute;ptimos dada la tecnolog&iacute;a. El an&aacute;lisis formal del equilibrio organizacional muestra las condiciones exactas en que podemos tener equilibrios organizacionales m&uacute;ltiples y que el conjunto de costos de agencia para el que existen equilibrios m&uacute;ltiples se incrementa con la elasticidad de sustituci&oacute;n entre factores. Las propiedades de estabilidad institucional ante choques de costos de agencia dependen tambi&eacute;n del valor de la elasticidad de sustituci&oacute;n. Ver Pagano (1991b y 1993) y Pagano y Rowthorn (1994 y 1996).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n32">32</a><a name="32"></a>. Por tanto, los sindicatos y las asociaciones de empleadores, que normalmente se ven como impedimentos para el libre funcionamiento de los mercados eficientes pueden, al mismo tiempo, ser premisas institucionales para un sistema de derechos de propiedad que permiten la existencia de mercados de trabajo calificado. Sobre este punto, ver la secci&oacute;n 4 de Pagano (1991a).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Alchian y Demsetz. “Production, Information Costs and Economic Organisation”, <i>American Economic Review</i> 62, 1972, pp. 777-95.</p>     <!-- ref --><p align="justify">2. Aron, R. “Macht, Power, Puissance: Democratic Prose or Demoniacal Poetry?”, Lukes, S., ed., 1986, <i>Power</i>, Oxford, Blackwell, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996200300020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Aoki, M. <i>Informa</i><i>tion, Corporate Governance, and Institutional Diversity</i>, Oxford and New York, Oxford University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996200300020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Aoki, M. <i>Towards a Comparative Institutional Analysis</i>, Cambridge, MIT Press, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996200300020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">5. Bobbio, N. <i>L</i><i>&rsquo; et&agrave; dei diritti</i>, Tur&iacute;n, Einaudi, 1990.</p>     <!-- ref --><p align="justify">6. Bowles, S. y H. Gintis. “Efficient Redistributions: New Rules for Markets, States and Communities”, Bowles, S. y H. Gintis, eds., <i>Recasting Egalitarism</i>, London and New York, Verso, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-5996200300020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Bowles, S. y H. Gintis. “Power in Competitive Exchange”, Bowles, S.; M. Franzini y U. Pagano, 1999, <i>The Politics and the Economics of Power</i>, London, Routledge, 1999, pp. 13-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0124-5996200300020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Bowles, S.; M. Franzini y U. Pagano. “Introduction: Trespassing the Boundaries of Politics and Economics”, Bowles, S.; M. Franzini y U. Pagano, 1999, <i>The Politi</i><i>cs and the Economics of Power</i>, London, Routledge, 1999, pp. 1-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0124-5996200300020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">9. Coase, R. H. “The Nature of the Firm”, <i>Economica</i>, 1937, pp. 386-405. Reimpreso en Coase, R. H., 1988, <i>The Firm, the Market and the Law</i>, Chicago, University of Chicago Press, pp. 1-57.</p>     <!-- ref --><p align="justify">10. Commons, J. R. <i>Legal Foundations of Capitalism</i>, Clifton, Augustus M. Kelley Publishers, 1924, [reimpresi&oacute;n, 1974].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-5996200300020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Ferrajoli, L. “Il Diritto come sistema di garanzie”, <i>Ragion Pratica</i> 1, 1993, pp. 143-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0124-5996200300020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Finnis, J. <i>Natural Law and Natural Rights</i>, Oxford, Clarendon Press, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-5996200300020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Frank, R. H. “The Demand for Unobservable and Other Non-Positional Goods”, <i>American Economic Review</i> 75, 1985, pp. 101-116.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0124-5996200300020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">14. Fuller, L. L. “Positivism and Fidelity to Law –A Reply to Professor Hart”, <i>Harvard Law Review</i> 71. 1958. Reimpreso en Feinberg, J. y H. Gross, 1991, <i>Philosophy of Law</i>, Belmont, California, Wadsworth Publishing Company.</p>     <!-- ref --><p align="justify">15. Fuller, L. L. “Collective Bargaining and the Arbitrator”, <i>Wisconsin</i><i> Law Review</i>, 1963, pp. 3-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0124-5996200300020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Fuller, L. L. <i>The Morality of Law</i>, Edici&oacute;n revisada, New Haven and London, Yale University Press, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-5996200300020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Gianformaggio, L. “Diritto e ragione fra essere e dovere essere”, <i>Le ragioni del garantismo. Discutendo con Luigi Ferrajoli</i>, Tur&iacute;n, Giappichelli, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0124-5996200300020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">18. Hart, H. L. “Positivism and the Separation of Law and Morals”, <i>Harvard Law Review</i> 71, 1958. Reimpreso in Feinberg, J. y H. Gross, 1991, <i>Philosophy of Law</i>, California, Belmont, Wadsworth Publishing Company, pp. 48-81.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">19. Hart, H. L. <i>The</i><i> Concept of Law</i>, Oxford, Clarendon, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0124-5996200300020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Hayek, F. <i>Law, Legislation and</i><i>Liberty</i>, Chicago, The University of Chicago Press, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-5996200300020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">21. Hodgson, G. M. 1988. <i>Economics and Institutions</i>, Oxford, Polity Press.</p>     <!-- ref --><p align="justify">22. Hodgson, G. M. “The Approach of Institutional Economics”, <i>Journal of Economic Literature</i> 36, 1998, pp. 166-192.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0124-5996200300020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Hohfeld, W. N. <i>Fundament</i><i>al Legal Conceptions</i>, New Haven and London, Yale University Press, 1919.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0124-5996200300020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Holmes, S. y C. R. Sunstein. <i>The Costs of Rights: Why </i><i>Liberty</i><i> Depends on Taxes</i>, New York and London, W. W. Norton &amp; Company, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0124-5996200300020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Kelsen, H. <i>Introduction to the</i><i> Problems of Legal Theory</i>. Traducci&oacute;n de la primera e dici&oacute;n de <i>Reine Rechtlehere</i>, Oxford, Clarendon Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0124-5996200300020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Kramer, M. “Rights without Trimmings”, Kramer, M.; N. E. Simmonds y H. Steiner, <i>A Debate over Rights</i>, Oxford, Oxford University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0124-5996200300020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Kramer, M. “Getting Rights Right”, Kramer, M., ed., <i>Righ</i><i>ts, Wrongs and Responsibilities</i>, Basingstoke and New York, Palgrave, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0124-5996200300020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Lawson, T. <i>Economics and Reality</i>, London and New York, Routledge, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0124-5996200300020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Lukes, S., ed. <i>Power</i>, Oxford, Blackwell, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0124-5996200300020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Leoni, B. <i>Scritti di scienza</i><i> politica e teoria del diritto</i>, Mil&aacute;n, Giuffr&eacute;, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0124-5996200300020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Milgrom, P. y J. Roberts. “Rationalizability, Learning and Equilibrium Games with Strategic Complementarities”, <i>Econometrica</i> 59, 1990, pp. 511-528.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0124-5996200300020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Nicita, A. “Endogenous Outside Options, Incomplete Contracts and the Nature of the Firm”, <i>Quaderni del Dipartimento di Economia Politica</i> 250, 1999, Universidad de Siena.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0124-5996200300020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Nicita, A. “The Firm as an Evolu tionary Enforcement Device”. Pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en Nicita, A. y U. Pagano, eds., <i>The Evolution of Economic</i><i> Diversity</i>, London, Routledge, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0124-5996200300020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Pagano, U. “Profit Maximization, Industrial Democracy and the Allocation of Labour”, <i>The Manchester School</i> 2, 1983, pp. 159-183.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0124-5996200300020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Pagano, U. <i>Work and Welfare in Economic Theory</i>, Oxford, Basil Blackwell, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0124-5996200300020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Pagano, U. “Property Rights, Asset Specificity, and the Division of Labour under Alternative Capitalist Relations”, <i>Cambridge</i><i> Journal of Economics</i> 15, 3. Reimpreso en Hodgson, G. 1993, <i>The Economics of Institutions</i>, Cheltenham, Edward Elgar, 1991a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0124-5996200300020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Pagano, U. “Property Rights Equilibria and Institutional Stability”, <i>Economic Notes</i> 2, 2, pp. 189-228, 1991b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0124-5996200300020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Pagano, U. “Organizational Equilibria and Institutional Stability”, Bowles, S.; H. Gintis y B. Gustafson, eds., <i>Markets and Democracy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0124-5996200300020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">39. Pagano, U. “Diritto”, Boitani A. y G. Rodano, eds, <i>Relazioni pericolose. L&rsquo;avventura dell&rsquo;economia nella cultura contemporanea</i>, Bari, Laterza, 1995, pp. 291-315.</p>     <!-- ref --><p align="justify">40. Pagano, U. “Redistributions of Assets and Distributions of Asymmetric Information”, Bowles, S. y H. Gintis, eds., <i>Recasting Egalitarism</i>, London and New York, Verso, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0124-5996200300020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Pagano, U. “Is Power an Economic Good? Notes on Social Scarcity and the Economics of Positional Goods”, Bowles, S.; M. Franzini y U. Pagano, <i> The Politics and</i><i> the Economics of Power</i>, London, Routledge, 1999, pp. 63-85.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0124-5996200300020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Pagano, U. “Public Markets, Private Orderings and Corporate Governance”, <i>International Review of Law and Economics</i> 20, 4, 2000, pp. 453-477.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0124-5996200300020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Pagano, U. “The Origin of Organizational Species”, Nicita, A. y U. Pagano, eds., <i>The Evolution of Economic Diversity</i>, pp. 21-48, London, Routledge, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0124-5996200300020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Pagano, U. y R. Rowthorn. “Ownership, Technology and Institutional Stability”, <i>Structural Change and Economic Dynamics</i> 5, 2, 1994, pp. 221-243.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0124-5996200300020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Pagano, U. y R. Rowthorn. “The Competitive Selection of Democratic Firms in a World of Self-Sust aining Institutions”, Pagano U. y R. Rowthorn, eds., <i>Democracy and Efficiency in the Economic</i><i> Enterprise</i>, London, Routledge, 1996, pp. 116-145.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0124-5996200300020000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Parsons. “Power and the Social System”, Lukes S., ed., <i>Power</i>, Oxford, Blackwell, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0124-5996200300020000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Rowthorn, R. “Neo-classicism, Neo-Ricardianism and Marxism”, <i>New Left Review</i> 86, 1974, pp. 63-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0124-5996200300020000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Samuelson, P. “Wage and Interest: A Modern Dissection of Marxian Economic Models”, <i>American Economi</i><i>c Review</i> 47, 1957, pp. 884-912.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0124-5996200300020000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Simmonds, N. E. <i>Central Issues in Jurisprudence. Justice, Law and Rights</i>, London, Sweet &amp; Maxwell, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0124-5996200300020000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Steiger, O. “Ex-ante and ex-post”, Eatwell, J.; M. Milgate y P. Newman, <i>The New Palgrave. A Dictionary of Economics</i>, London, Macmillan, 1987, pp. 199-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0124-5996200300020000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Wellman, C. “A New Conception of Human Rights”, Kamenka, E. y A. E. S. Tay, <i>Human Rights</i>, London, Edward Arnold, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0124-5996200300020000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Williamson, O. E. <i>The Economic Institutions of Capitalism</i>, New York, The Free Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0124-5996200300020000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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