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<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[TRANSFORMACIONES EN LA AGRICULTURA COLOMBIANA ENTRE 1990 Y 2002]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[COLOMBIAN AGRICULTURAL TRANSFORMATION DURING 1990-2002]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The Colombian agrarian sector suffered a significant transformation of its structure of production during the nineties. A whole range of crops and productive activities that were supported in previous decades by commercial protection policies and different types of subsidies collapsed, while some permanent and other labor intensive crops (fruits and vegetables) and live stock breeding were able to grow. These changes in the structure of production have important redistributive implications not only between classes of producers but also between producers and consumers.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center"><b>    <br>TRANSFORMACIONES EN LA AGRICULTURA COLOMBIANA ENTRE 1990 Y 2002 </b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>COLOMBIAN AGRICULTURAL TRANSFORMATION DURING 1990-2002 </b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Aacute;lvaro Balc&aacute;zar</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Consultor del IICA y profesor de la Escuela de Econom&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, <a href="mailto:abalcazar@cable.net.co">abalcazar@cable.net.co</a> Este art&iacute;culo es un resumen actualizado y corregido del informe final del estudio realizado para la Misi&oacute;n Rural. Fecha de recepci&oacute;n: 14 de noviembre de 2002, fecha de aceptaci&oacute;n: 18 de julio de 2003.</p> <hr>     <p align="justify"><b> RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: agricultura colombiana, estructura productiva, pol&iacute;tica agraria, rentabilidad, redistribuci&oacute;n; JEL: D29, Q11, Q15, Q16, Q18]</p>     <p align="justify">La estructura productiva del agro colombiano experiment&oacute; transformaciones significativas en la d&eacute;cada de los noventa. Entr&oacute; en crisis el conjunto de cultivos y actividades productivas que en las d&eacute;cadas anteriores fueron apoyados por pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n comercial y diferentes subsidios, mientras que crecieron diversos cultivos permanentes y algunos intensivos en mano de obra, como las frutas y hortalizas, as&iacute; como la producci&oacute;n pecuaria. Este proceso dio lugar a un cierto grado de reconversi&oacute;n de la estructura productiva, que tiene fuertes implicaciones redistributivas, no s&oacute;lo entre clases de productores, sino tambi&eacute;n entre productores y consumidores.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: Colombian agriculture, structure of production, agrarian policy, rentability, redistribution; JEL: D29, Q11, Q15, Q16, Q18]</p>     <p align="justify">The Colombian agrarian sector suffered a significant transformation of its structure of production during the nineties. A whole range of crops and productive activities that were supported in previous decades by commercial protection policies and different types of subsidies collapsed, while some permanent and other labor intensive crops (fruits and vegetables) and live stock breeding were able to grow. These changes in the structure of production have important redistributive implications not only between classes of producers but also between producers and consumers.</p> <hr>     <p align="justify">    <br><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">Las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n a la producci&oacute;n nacional aplicadas en Colombia desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50 para promover la industrializaci&oacute;n y el crecimiento econ&oacute;mico, contribuyeron a impulsar en la agricultura el desarrollo de patrones diferenciados de producci&oacute;n, de tecnolog&iacute;a y de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica de las empresas agr&iacute;colas. Por lo menos cuatro segmentos de producci&oacute;n se pueden diferenciar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una parte de la agricultura se desarroll&oacute; al amparo de pol&iacute;ticas de sustituci&oacute;n de importaciones de materias primas, y dio lugar a cultivos cuya sostenibilidad econ&oacute;mica se basaba en el mantenimiento de barreras de protecci&oacute;n frente a la competencia extranjera, en transferencias de ingresos a los productores a trav&eacute;s de los precios de los productos y de tasas subsidiadas de inter&eacute;s, as&iacute; como en subsidios directos pagados con recursos del presupuesto nacional. La mayor&iacute;a de los cultivos transitorios importables, que conformaron buena parte del sector de agricultura moderna, tuvo ese origen. Es el caso de los cultivos de sorgo, algod&oacute;n, soya, ma&iacute;z amarillo, cebada, e incluso, arroz. Estas mismas condiciones se aplican al desarrollo de las industrias pecuarias intensivas (avicultura y porcicultura tecnificada), obviamente guardando las diferencias relacionadas con el hecho de tener que asumir los sobreprecios de la protecci&oacute;n a las materias primas agr&iacute;colas necesarias para elaborar los alimentos balanceados.</p>     <p align="justify">Un segundo grupo de productos se conform&oacute; con base en el caf&eacute; y otros cultivos permanentes con clara vocaci&oacute;n exportadora (banano, flores y, recientemente, camarones) o con aparentes ventajas competitivas en el mercado dom&eacute;stico (az&uacute;car y palma africana), los cuales tambi&eacute;n han recibido diversos beneficios de las pol&iacute;ticas sectoriales, a trav&eacute;s de medidas espec&iacute;ficas de protecci&oacute;n comercial, cr&eacute;dito subsidiado y pagos directos en proporci&oacute;n al valor de las exportaciones (con excepci&oacute;n del caf&eacute;). Esos cultivos, exceptuando el caf&eacute;, se desarrollan con base en empresas agroindustriales con un alto grado de integraci&oacute;n vertical, escalas de operaci&oacute;n relativamente grandes y sofisticadas estructuras de gesti&oacute;n empresarial.</p>     <p align="justify">Un tercer grupo de cultivos se tipific&oacute; como el sector de productos no transables que, en lo fundamental, se mantuvo al margen de los privilegios que otorgaban las pol&iacute;ticas sectoriales a la agricultura, comoquiera que sus instrumentos eran pertinentes s&oacute;lo para los bienes importables y, en menor grado, para los exportables. Tal fue el caso de frutales, hortalizas, tub&eacute;rculos y legumbres, entre otros. La evoluci&oacute;n de estos cultivos ha dependido casi en forma exclusiva de la din&aacute;mica de conformaci&oacute;n y modernizaci&oacute;n del mercado interno, pero con muy escaso apalancamiento de las pol&iacute;ticas sectoriales. Hasta mediados de la d&eacute;cada de los 80 los mercados dom&eacute;sticos para esos productos eran poco din&aacute;micos e informales. A&uacute;n en la actualidad los mercados de la mayor&iacute;a de esos bienes se caracterizan por su alcance regional, con d&eacute;biles v&iacute;nculos de integraci&oacute;n entre regiones. Por esa raz&oacute;n, esos cultivos se constituyeron tradicionalmente en refugio de las econom&iacute;as campesinas.</p>     <p align="justify">Sin embargo, en la &uacute;ltima d&eacute;cada han ocurrido cambios sustanciales que est&aacute;n afectando la din&aacute;mica de los bienes agr&iacute;colas no transables. Por un lado, las condiciones macroecon&oacute;micas (sobre todo la tasa de cambio) han provocado un aumento dr&aacute;stico de los precios relativos de los bienes no transables en relaci&oacute;n con los transables, prestando incentivos econ&oacute;micos a los cultivadores de aquellos productos. De otra parte, los mercados de frutas y hortalizas han adquirido gran dinamismo y registran notables progresos en la tecnolog&iacute;a de manejo de perecederos y en la organizaci&oacute;n de los procesos de comercializaci&oacute;n. Bajo esas nuevas circunstancias, y a medida que se forman y consolidan los mercados para los productos tradicionalmente no transables, han surgido formas empresariales de producci&oacute;n, e incluso, esquemas de agricultura por contrato que promueven la articulaci&oacute;n de la peque&ntilde;a explotaci&oacute;n agr&iacute;cola con organizaciones agroindustriales. Tambi&eacute;n se registran desarrollos hacia una mayor integraci&oacute;n a los mercados regionales y al mercado internacional, con lo cual comienza a ser superado su car&aacute;cter de no transables.</p>     <p align="justify">Finalmente, y m&aacute;s que todo en consonancia con los patrones de latifundio y elevada concentraci&oacute;n de la tenencia y la distribuci&oacute;n de la propiedad rural, se extendi&oacute; la ganader&iacute;a bovina ocupando la mayor parte de la frontera agropecuaria del pa&iacute;s. La producci&oacute;n de carne bovina ha evolucionado amparada por una protecci&oacute;n tecnol&oacute;gica asociada al escaso grado de desarrollo de la infraestructura (especialmente en cuanto a capacidad instalada de fr&iacute;o) y la relativa informalidad en la organizaci&oacute;n del mercado.</p>     <p align="justify"><b>AJUSTE ESTRUCTURAL</b></p>     <p align="justify">A ra&iacute;z de la implantaci&oacute;n de medidas tendientes a la progresiva liberalizaci&oacute;n y apertura econ&oacute;mica, el sector agropecuario ha experimentado un proceso relativamente intenso de ajuste estructural que se manifiesta en cambios en los patrones de producci&oacute;n y uso de recursos. Los cultivos transitorios transables entraron en crisis ante la competencia internacional; otros sectores, como la ganader&iacute;a extensiva, la producci&oacute;n pecuaria intensiva, los cultivos permanentes y los cultivos de productos no transables, han aumentado la producci&oacute;n; la ganader&iacute;a bovina extensiva ocupa la mayor parte de las tierras que dejaron de ser cultivadas con granos y oleaginosas. Por otra parte, el cultivo de caf&eacute; sufri&oacute; una reducci&oacute;n apreciable en el &aacute;rea cultivada y en la producci&oacute;n, al tiempo que su estructura productiva gir&oacute; hacia un mayor predominio de fincas peque&ntilde;as.</p>     <p align="justify">El ajuste de la estructura productiva del sector agropecuario responde a varios factores, entre los cuales cabe mencionar:</p>     <p align="justify">1. El cambio en los precios relativos entre los productos del sector, debido primero –entre 1991 y 1993–, al descenso de los precios internacionales y, luego –entre 1993 y 1998–, a la revaluaci&oacute;n del tipo de cambio. Aquellos productos que m&aacute;s apoyo y protecci&oacute;n comercial recib&iacute;an antes de 1990 afrontaron el descenso en sus precios relativos frente a los productos que no gozaban de similares niveles de protecci&oacute;n.</p>     <p align="justify">2. El aumento de las asimetr&iacute;as en el grado y las condiciones de protecci&oacute;n a los diferentes productos, que ha ocurrido desde que comenz&oacute; la aplicaci&oacute;n de las medidas de apertura comercial. Mientras para el arroz y el az&uacute;car se han mantenido altos los niveles relativos de protecci&oacute;n, otros productos como el algod&oacute;n, la soya, el ma&iacute;z, el sorgo y la cebada han tenido que enfrentar una virtual eliminaci&oacute;n o una gran inestabilidad de la protecci&oacute;n efectiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">3. Las nuevas oportunidades de mercado impulsadas por la reducci&oacute;n de costos, la ampliaci&oacute;n del consumo y la modernizaci&oacute;n de las estructuras de comercializaci&oacute;n. Estos procesos han favorecido principalmente el crecimiento de la avicultura y la piscicultura en el sector pecuario, y las frutas, hortalizas y tub&eacute;rculos en la producci&oacute;n agr&iacute;cola.</p>     <p align="justify">4. La falta de alternativas para la reconversi&oacute;n productiva en contextos regionales de elevada concentraci&oacute;n de la propiedad y tenencia de la tierra. A esta circunstancia est&aacute; ligada la expansi&oacute;n de la ganader&iacute;a bovina en algunas zonas que antes se dedicaban a cultivos transitorios.</p>     <p align="justify">Tanto el esquema de protecci&oacute;n a la agricultura como el de relativa liberalizaci&oacute;n y apertura internacional han tenido efectos muy importantes en el orden social y la distribuci&oacute;n de ingresos entre los diferentes tipos de empresas agrarias y estratos sociales de la poblaci&oacute;n. Algunos de los efectos m&aacute;s importantes se reflejan en la evoluci&oacute;n de los &iacute;ndices de concentraci&oacute;n de ingresos tanto en el campo como en la ciudad, a consecuencia de la forma como en tales esquemas de desarrollo se han definido los precios de los productos y factores productivos y las condiciones de apropiaci&oacute;n de los excedentes econ&oacute;micos.</p>     <p align="justify"><b> EVOLUCI&Oacute;N GENERAL DEL SECTOR </b></p>     <p align="justify">A principios de la d&eacute;cada de los 60 y el comienzo de nuevo siglo, el sector agropecuario colombiano registr&oacute; tasas promedio anuales de crecimiento relativamente altas. Entre 1960 y 2001 el Producto Interno Bruto (PIB) agropecuario aument&oacute; casi en un 3,4% anual, pero dentro de una pauta de crecimiento con tendencia decreciente. En los a&ntilde;os 60 el PIB agropecuario registr&oacute; un aumento promedio anual superior al 5% anual, en los 70 de 4,6%, en los 80 se redujo a 2,9%, y en la d&eacute;cada de los 90 apenas alcanz&oacute; el 1,2% anual.</p>     <p align="justify">En comparaci&oacute;n con la econom&iacute;a en su conjunto, el sector agropecuario mostr&oacute; menor dinamismo. Entre 1970 y 2001 el PIB total aument&oacute; en 4,2% promedio anual (5,4% en los 70, 3,5% en los 80 y 3,0% en los 90). Como consecuencia, la participaci&oacute;n de la agricultura en la composici&oacute;n del PIB total, medido a precios corrientes, se redujo de 25,3% en 1970 a 11,4% en 2001.</p>     <p align="justify">La sistem&aacute;tica desaceleraci&oacute;n del ritmo de crecimiento de la producci&oacute;n agropecuaria, en un contexto relativamente favorable de disponibilidad de recursos humanos, naturales y tecnol&oacute;gicos para la producci&oacute;n, advierte sobre la existencia de probables fallas estructurales que impiden el aprovechamiento pleno y eficiente de los recursos disponibles en el agro.</p>     <p align="justify"> <b>CAMBIOS EN LA D&Eacute;CADA DE LOS 90</b></p>     <p align="justify">El fen&oacute;meno m&aacute;s destacado, en t&eacute;rminos de evoluci&oacute;n y tendencias recientes del sector agropecuario, es el cambio en los patrones de cultivo y uso de la tierra, proceso que se aceler&oacute; a partir de 1991 y que refleja unas condiciones altamente diferenciadas de asimilaci&oacute;n de las medidas de apertura por parte de las distintas actividades productivas y las estructuras regionales del sector.</p>     <p align="justify">Los principales indicadores del ajuste estructural del sector entre 1990 y 2001 muestran:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1. Una disminuci&oacute;n de m&aacute;s o menos 880 mil hect&aacute;reas de cultivos transitorios, al mismo tiempo que se ampli&oacute; en casi 240 mil hect&aacute;reas la superficie de los cultivos permanentes (sin incluir caf&eacute;, cuya &aacute;rea se contrajo cerca de 200 mil hect&aacute;reas). En resumen, la superficie agr&iacute;cola del pa&iacute;s se redujo en m&aacute;s de 840 mil hect&aacute;reas.</p>     <p align="justify">2. No obstante la disminuci&oacute;n del &aacute;rea agr&iacute;cola, tanto el volumen como el valor de la producci&oacute;n aument&oacute;, lo que significa que en t&eacute;rminos sectoriales el crecimiento de los cultivos permanentes compens&oacute; ampliamente la disminuci&oacute;n de los transitorios, y que las actividades agr&iacute;colas que han mostrado un desempe&ntilde;o positivo son m&aacute;s intensivas que los cultivos que entraron en crisis. En efecto, en pesos constantes de 1994 el valor de la producci&oacute;n agr&iacute;cola (sin caf&eacute;) aument&oacute; a una tasa anual promedio de 1,5% entre 1990 y 2001, pese a que las producciones de cereales y de oleaginosas de grano disminuyeron en 0,32% y 4,61% anual, respectivamente, pero la producci&oacute;n de cultivos permanentes (sin caf&eacute;) aument&oacute; a una tasa promedio anual de 2,73%.</p>     <p align="justify">3. Como consecuencia de dichos cambios en la composici&oacute;n de la producci&oacute;n agr&iacute;cola, la productividad total de la agricultura se ha acelerado significativamente desde 1991. Entre 1990 y 2001 la productividad de la tierra, medida en valor de la producci&oacute;n por unidad de superficie, aument&oacute; a un ritmo de 3,4% anual.</p>     <p align="justify">4. Debido a la mayor intensidad productiva de los cultivos permanentes, los empleos que se perdieron (150 mil) por la disminuci&oacute;n de los cultivos transitorios fueron ampliamente compensados por el aumento de empleos (298 mil) en los cultivos permanentes. El aumento del desempleo rural entre 1991 y 2001 se explica sobre todo por la crisis cafetera y el aumento en las tasas de participaci&oacute;n laboral. La disminuci&oacute;n del &aacute;rea y la producci&oacute;n cafetera provoc&oacute; una disminuci&oacute;n de m&aacute;s de 230 mil empleos permanentes entre 1992 y 2001.</p>     <p align="justify">5. La apertura econ&oacute;mica y el comportamiento de la tasa de cambio han tenido una mayor incidencia en los precios relativos de los productos agropecuarios. Sin embargo, el efecto ha sido altamente diferenciado dependiendo del grado de transabilidad internacional de los productos. Mientras los precios relativos de los productos que compiten con importaciones registraron una tendencia predominante a disminuir, los de los productos que no son materia de comercio internacional (no transables) registraron una tendencia a aumentar. Esos cambios en los precios relativos son muy consistentes con el comportamiento de la producci&oacute;n por cultivos: la producci&oacute;n de cereales y semillas oleaginosas se redujo mientras la de frutas, hortalizas y tub&eacute;rculos, entre otros no transables, ha aumentado.</p>     <p align="justify">6. En cuanto a comercio exterior, el fen&oacute;meno m&aacute;s destacado desde 1991 es el acelerado aumento de las importaciones de productos agropecuarios, principalmente cereales y semillas oleaginosas. Sin embargo, el factor m&aacute;s influyente en el crecimiento de las importaciones agr&iacute;colas es el aumento del consumo y, en menor medida, la disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n nacional. En granos, menos de una tercera parte de lo que aument&oacute; el volumen de importaciones corresponde a la disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n nacional. M&aacute;s de dos tercios son aumento neto del consumo, impulsado por menores precios relativos.</p>     <p align="justify">7. Las exportaciones de productos agropecuarios han seguido aumentando, aunque menos r&aacute;pido que las exportaciones totales. Lo m&aacute;s notable es el aumento de las exportaciones de productos agroindustriales y el descenso de las de productos primarios. Esto sugiere el eventual desarrollo de un perfil exportador con productos de mayor valor agregado.</p>     <p align="justify">8. La aceleraci&oacute;n del consumo y la modernizaci&oacute;n de los sistemas de comercializaci&oacute;n de productos agr&iacute;colas (especialmente en los sectores de frutas y hortalizas) que siguieron a las medidas de apertura econ&oacute;mica han prestado condiciones favorables para profundizar el ajuste estructural de la producci&oacute;n, en la medida que crean nuevas oportunidades de producci&oacute;n y ampl&iacute;an los mercados existentes.</p>     <p align="justify"><b>POL&Iacute;TICAS SECTORIALES DE APOYO Y PROTECCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Un an&aacute;lisis sumario a las pol&iacute;ticas sectoriales y la inversi&oacute;n p&uacute;blica de apoyo al sector agropecuario muestra que, no obstante que se han reducido los niveles agregados de protecci&oacute;n agr&iacute;cola, a&uacute;n se mantienen en niveles relativamente altos e inciden en forma significativa en la determinaci&oacute;n del ingreso bruto de los agricultores que est&aacute;n cobijados por esas pol&iacute;ticas de apoyo y sus instrumentos. Sin embargo, lo m&aacute;s importante de destacar es el alto grado de diferenciaci&oacute;n de niveles de protecci&oacute;n y apoyo por productos. Dos productos (arroz y az&uacute;car) concentran la mayor parte del valor de la medida global de apoyo que recibe el conjunto del sector agropecuario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los an&aacute;lisis de precios relativos de los productos del sector agropecuario desde 1970, tanto al productor como al consumidor, ofrecen indicios que contradicen la idea tradicional sobre una discriminaci&oacute;n hist&oacute;rica en los t&eacute;rminos de intercambio contra el sector agropecuario en su conjunto.</p>     <p align="justify">De otra parte, los an&aacute;lisis de transferencias intersectoriales por m&eacute;todos de c&aacute;lculos de excedentes del consumidor y del productor originados en las medidas de pol&iacute;tica comercial, indican que entre 1991 y 1997 los consumidores “perdieron” el equivalente a US$4.734 millones (d&oacute;lares constantes de 1996) por la protecci&oacute;n otorgada a 11 productos importables, entre los que se destacan el arroz, el az&uacute;car, la leche y el ma&iacute;z amarillo, pero que no incluye el pollo y las carnes. Por su parte, los “excedentes del productor” aumentaron en ese mismo per&iacute;odo y esos 11 productos a US$4.168 millones (Balc&aacute;zar et &aacute;l., 1998).</p>     <p align="justify">El 82% del valor de las “p&eacute;rdidas del consumidor” se concentra en cuatro productos (arroz, az&uacute;car, leche y ma&iacute;z amarillo) las cuales ascendieron a US$3.884 millones entre 1991 y 1997, al tiempo que el “aumento del excedente del productor” repartido en &eacute;stos fue de US$3.660 millones (88% del total para los 11 productos estudiados). Como promedio anual, el excedente del productor derivado de las pol&iacute;ticas de apoyo a trav&eacute;s de los precios en los cuatro productos mencionados representa un poco m&aacute;s del 10% del PIB agropecuario.</p>     <p align="justify">A partir de 1991 se observa una reducci&oacute;n gradual del nivel de apoyo y subsidios que recibe el sector agropecuario. Sin embargo, tambi&eacute;n ha aumentado la asimetr&iacute;a en las condiciones de protecci&oacute;n entre cultivos, lo cual repercute en distorsiones considerables en los mercados de factores (tierra, sobre todo) que afectan negativamente su movilidad entre usos alternativos al interior del sector agropecuario. Por ejemplo, los cultivos que relativamente reciben m&aacute;s transferencias elevan el costo de los arriendos de tierra muy por encima del precio que pueden cubrir aqu&eacute;llos que han resultado menos favorecidos o, incluso, discriminados por las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n. Esta es una t&iacute;pica consecuencia de rentas econ&oacute;micas captadas por los propietarios de las tierras y generadas por pol&iacute;ticas discriminatorias a favor de determinados usos agr&iacute;colas.</p>     <p align="justify">Existe un alto grado de diferenciaci&oacute;n de los niveles de subsidio entre los productos del sector. Esta diferenciaci&oacute;n se genera tanto por diferencias en la cantidad de medidas de protecci&oacute;n que se aplican a cada producto, como por el valor diferencial que adopta cada una de esas medidas en relaci&oacute;n con cada producto. De otra parte, el trato diferencial entre productos no obedece a una l&iacute;nea estrat&eacute;gica de desarrollo productivo basada en consolidaci&oacute;n o b&uacute;squeda de ventajas competitivas, sino en los balances de poder y la capacidad institucional de los gremios heredada de las pol&iacute;ticas proteccionistas del modelo sustitutivo de importaciones.</p>     <p align="justify">La mayor&iacute;a de los productos del sector, o no reciben subsidios, o las medidas de protecci&oacute;n no alcanzan a ser efectivas para incidir en sus precios. Tal es el caso de los sectores de bienes no transables (frutas, hortalizas, tub&eacute;rculos, etc.) y carne de res.</p>     <p align="justify">El problema de los subsidios directos a trav&eacute;s del presupuesto p&uacute;blico es de efectividad y eficiencia. Entre 1990 y 2001, la naci&oacute;n gast&oacute; en programas relacionados con el apoyo al sector rural y ejecutados por el Ministerio de Agricultura y sus entidades, una suma equivalente a $8,2 billones, en pesos de 1999. Hay muchas evidencias de que la mayor parte de los recursos apropiados se queda en costos de transacci&oacute;n e ineficiencia institucional. Los resultados frente a los objetivos son extremadamente precarios y se hacen a costos sociales muy elevados. Los ejemplos abundan en cuanto a reforma agraria, adecuaci&oacute;n de tierras, financiamiento y comercializaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>FACTORES MACROECONÓMICOS</b></p>     <p align="justify">La forma como han evolucionado los principales agregados macroecon&oacute;micos en la d&eacute;cada de los 90 tiene implicaciones fuertes y diferenciadas para la din&aacute;mica de las actividades productivas del sector agropecuario.</p>     <p align="justify">El comportamiento de la tasa de cambio es uno de los principales factores que influye en la fuerte diferenciaci&oacute;n de los precios y costos relativos de los productos agropecuarios en los a&ntilde;os 90. La revaluaci&oacute;n cambiaria que se registr&oacute; entre 1993 y septiembre de 1998 provoc&oacute; una brecha creciente entre los precios de productos y factores transables y no transables. Mientras los precios de los productos de exportaci&oacute;n, las materias primas importables, los bienes de capital y los productos que deben competir con importaciones fueron <i>anclados</i> por la tasa de cambio, los productos y factores no transables aumentaron sus precios relativos en forma bastante significativa. Las consecuencias se reflejan en la din&aacute;mica heterog&eacute;nea y diferenciada de la rentabilidad y el poder adquisitivo de los m&aacute;rgenes netos sobre costos de producci&oacute;n en cada una de las actividades productivas del sector.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otro efecto de la revaluaci&oacute;n cambiaria se manifiesta en la distorsi&oacute;n de los salarios rurales. Como factor de costo, el precio relativo de la mano de obra rural aument&oacute; un 43% en t&eacute;rminos reales entre 1990 y 1997; pero como ingreso real de los trabajadores s&oacute;lo aument&oacute; 8% durante el mismo per&iacute;odo. Ese hecho tiende a deteriorar la competitividad de los cultivos transables intensivos en mano de obra en un momento en el cual el pa&iacute;s necesitaba potenciar la capacidad de generaci&oacute;n de empleo. Lo parad&oacute;jico es que esa p&eacute;rdida de competitividad no corresponde a una mejora significativa en el poder adquisitivo del salario, sino a una distorsi&oacute;n de precios relativos que tiene origen en la revaluaci&oacute;n de la tasa de cambio.</p>     <p align="justify">En cuanto a la tasa de inter&eacute;s, la novedad est&aacute; en la eliminaci&oacute;n gradual de las condiciones preferenciales que disfrutaba la producci&oacute;n agropecuaria. Hasta finales de los a&ntilde;os 80 el sector agropecuario disfrutaba de una preferencia equivalente a cerca de 15 puntos porcentuales en la tasa de inter&eacute;s de sus cr&eacute;ditos con respecto a las condiciones ordinarias del mercado. En la actualidad esa diferencia se ha reducido a niveles no significativos.</p>     <p align="justify">El principal problema derivado de ese proceso de nivelaci&oacute;n es que ocurri&oacute; en un contexto macroecon&oacute;mico que dispar&oacute; el aumento de las tasas de inter&eacute;s de la econom&iacute;a a niveles demasiado elevados para las posibilidades de inversi&oacute;n en el sector agropecuario, dadas las condiciones generadas por las medidas de liberalizaci&oacute;n comercial: crisis de rentabilidad de los cultivos comerciales tradicionales e incertidumbre en las actividades productivas hacia las cuales se est&aacute; orientando la estructura econ&oacute;mica del sector.</p>     <p align="justify"><b>RENTABILIDAD</b></p>     <p align="justify">Aunque las tendencias de las relaciones ingresos/costos son heterog&eacute;neas a lo largo del per&iacute;odo analizado, se pueden destacar algunas situaciones de diferenciaci&oacute;n. En 15 de 21 productos, los m&aacute;rgenes sobre costos aumentaron entre 1990 y 1996; en el resto predomin&oacute; una tendencia a su deterioro. Los productos que m&aacute;s mejoraron sus m&aacute;rgenes sobre costos son relativamente menos transables (pl&aacute;tano, frutales, hortalizas, papa y fr&iacute;jol). En esos casos, el aumento del margen se explica por el efecto combinado del incremento de los precios relativos del producto y las mejoras en los rendimientos, con lo cual se ha logrado contrarrestar el alza en los jornales (pues son cultivos relativamente intensivos en mano de obra).</p>     <p align="justify">Los cereales (excepto el arroz) y las oleaginosas registraron un mayor deterioro del margen sobre costos desde 1991. En el algod&oacute;n y la soya el nivel relativo en 1996 es semejante al que se observ&oacute; durante la crisis de esos mismos cultivos a comienzos de la d&eacute;cada de los 80. En el resto de este grupo los m&aacute;rgenes, aunque descendieron, permanecieron en niveles superiores a los m&aacute;s bajos que se registraron en la d&eacute;cada de los 80.</p>     <p align="justify">Entre los cultivos permanentes que registraron descensos en sus m&aacute;rgenes se destacan la palma africana y el cacao, en los cuales ese fen&oacute;meno se viene presentando desde mediados de la d&eacute;cada de los 80. A partir de 1993 sus m&aacute;rgenes se estabilizaron en los niveles bajos en toda su historia.</p>     <p align="justify">En el caso de la palma la estabilizaci&oacute;n del margen entre 1993 y 1996 se explica principalmente por el incremento en los rendimientos, que contrarrest&oacute; la ca&iacute;da de los precios relativos del aceite y el aumento de los costos de producci&oacute;n. La disminuci&oacute;n de m&aacute;rgenes para el banano y la ca&ntilde;a de az&uacute;car est&aacute; asociada a ca&iacute;das en productividad y aumento de costos de producci&oacute;n, pues sus precios relativos han aumentado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">En el sector pecuario los m&aacute;rgenes aumentaron en avicultura (tanto en la producci&oacute;n de pollo como de huevo), porcinos tecnificados y leche, y bajaron en carne de res. En avicultura y porcicultura tecnificada el aumento se explica principalmente por el descenso en los costos de producci&oacute;n, asociado al menor precio de sus materias primas agr&iacute;colas.</p>     <p align="justify">Los resultados del an&aacute;lisis de m&aacute;rgenes sobre costos por cultivos sugieren que la crisis de rentabilidad en el sector agropecuario no es generalizada, sino circunscrita sobre todo a los cultivos transitorios que compiten con las importaciones. De hecho, la mayor&iacute;a de productos ha experimentado un incremento m&aacute;s acelerado de sus ingresos que de sus costos, que es lo que revela la evoluci&oacute;n del margen sobre costos. Este fen&oacute;meno llama la atenci&oacute;n sobre la necesidad de descifrar las verdaderas causas de la crisis de crecimiento que afecta al sector agropecuario. Si no hay evidencia de una ca&iacute;da generalizada de la rentabilidad, &iquest;c&oacute;mo se explica la sensaci&oacute;n generalizada de crisis?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Parte fundamental de la explicaci&oacute;n que podemos avanzar en este ensayo est&aacute; en la notable p&eacute;rdida de poder adquisitivo (en t&eacute;rminos de la canasta de bienes de consumo) de los ingresos que reciben los productores agropecuarios, debida a la distorsi&oacute;n - o el ajuste - en los precios relativos entre bienes transables y no transables que introdujeron, primero, las medidas de liberalizaci&oacute;n comercial y, luego, la revaluaci&oacute;n de la tasa de cambio. Esto se reflej&oacute; en la creciente distancia entre el &iacute;ndice de precios al consumidor y el &iacute;ndice de precios al productor, lo que se tradujo, en &uacute;ltima instancia, en que los ingresos de los productores aumentaron m&aacute;s r&aacute;pido que sus costos de producci&oacute;n, pero mucho menos que los costos de sus canastas de consumo. En la medida en que sus ingresos netos como productores<a name="n1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup> se destinan principalmente a su propio sostenimiento y el de sus familias, la percepci&oacute;n que tiende a dominar es que se ha deteriorado el negocio agropecuario.</p>     <p align="justify">En otros pa&iacute;ses esta situaci&oacute;n ha provocado una tendencia a diversificar las fuentes de ingreso por fuera de la agricultura (modelo <i>farmer</i> de Estados Unidos) o a aumentar las escalas de producci&oacute;n de las empresas agropecuarias (como est&aacute; ocurriendo en Argentina). La primera estrategia supone cambios estructurales en los mercados de trabajo que s&oacute;lo ocurren a mediano y largo plazos, y la segunda supone condiciones din&aacute;micas de mercado de factores, sobre todo gran movilidad y transparencia del mercado de tierras. En Colombia los altos precios de la tierra y el mal funcionamiento del mercado de derechos de cultivo obviamente conspiran contra la posibilidad de ampliar las escalas de producci&oacute;n de las empresas agr&iacute;colas.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la principal raz&oacute;n de la crisis es el aberrante deterioro del riesgo para la vida, la libertad y el patrimonio de quienes desarrollan empresas en el medio rural.</p>     <p align="justify"> <b>LA INSEGURIDAD</b></p>     <p align="justify">La agudizaci&oacute;n de la inseguridad y la inusitada extensi&oacute;n de la influencia de los grupos de insurgencia armada en todo el territorio nacional ha tenido efectos desastrosos para el desarrollo del sector agropecuario en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, por el alt&iacute;simo costo en vidas y por sus implicaciones para las condiciones de movilidad de los recursos hacia y desde el sector agropecuario. Con el incremento del aparato militar de las guerrillas y de sus costos de operaci&oacute;n, &eacute;stas intensificaron, como nunca antes en la historia agraria y del conflicto armado en Colombia, su presi&oacute;n extorsiva contra las empresas agropecuarias<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p align="justify">La violencia opera como una barrera para entrar y salir del sector. El riesgo para la vida y la libertad de las personas y la inexistencia de garant&iacute;as para la propiedad introduce riesgos no econ&oacute;micos (aunque algunos se traducen en sobrecostos) que no pueden ser asumidos, por muy favorables que puedan ser las condiciones de rentabilidad. La salida tambi&eacute;n es dif&iacute;cil, pues supone que alguien quiera tomar o ampliar su exposici&oacute;n en el sector. Esto es muy grave cuando se requiere, por un lado, desarrollar la capacidad empresarial en el sector (que entren nuevos empresarios con nuevas ideas y m&aacute;s capacidad de gesti&oacute;n) y, por otro, incrementar el flujo de inversi&oacute;n en capital fijo para la reconversi&oacute;n productiva.</p>     <p align="justify"><b>LA ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA DEL AJUSTE ESTRUCTURAL</b></p>     <p align="justify">El desmonte parcial de las pol&iacute;ticas y los mecanismos de protecci&oacute;n agr&iacute;cola que imperaron hasta 1990 y el consecuente ajuste estructural en la producci&oacute;n agropecuaria que ello ha impulsado, han provocado efectos redistributivos importantes del ingreso rural entre sectores sociales, regiones y tipos de empresa agropecuaria. Dichos efectos redistributivos se deben a los cambios en los precios relativos entre los productos del sector, la reducci&oacute;n y redistribuci&oacute;n de las transferencias que se originan en la protecci&oacute;n comercial y a la disminuci&oacute;n de los subsidios directos en la comercializaci&oacute;n y el financiamiento de los cultivos.</p>     <p align="justify">El cambio en los precios relativos del sector ha tenido, al menos, dos tipos de efectos redistributivos: entre productores y consumidores y entre tipos de empresas agropecuarias. El descenso generalizado en los precios relativos de los alimentos supone un aumento en el excedente del consumidor y, entre los consumidores, los m&aacute;s beneficiados tienden a ser los grupos de menores ingresos que son los que destinan un mayor porcentaje de sus gastos al rubro de alimentos. En la pr&aacute;ctica ha ocurrido una disminuci&oacute;n en el nivel de las transferencias que los consumidores hacen a los productores, aunque en forma bastante diferenciada por productos.</p>     <p align="justify">Gracias a la protecci&oacute;n comercial, los elevados precios relativos al productor implicaban cuantiosas transferencias desde los consumidores hacia los productores, y la mayor parte de las mismas proven&iacute;an obviamente de los consumidores de menores ingresos (por ser m&aacute;s numerosos y gastar proporcionalmente m&aacute;s en alimentos).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por otra parte, los productores m&aacute;s perjudicados por el cambio en los precios relativos fueron los de bienes importables (principalmente cereales y oleaginosas), pues los de bienes no transables resultaron beneficiados por el aumento en sus precios relativos. En la medida en que estos &uacute;ltimos son producidos principalmente por peque&ntilde;as empresas agropecuarias y de econom&iacute;a campesina, los cambios registrados en los a&ntilde;os 90 en los precios relativos del sector suponen una redistribuci&oacute;n de los ingresos agropecuarios a favor de este tipo de productores. Los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares Rural del DANE entre 1991 y 1995 ofrecen evidencia en favor de esa afirmaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Hay un contraste fuerte en la din&aacute;mica de los ingresos, su distribuci&oacute;n y la pobreza rural entre los per&iacute;odos 1978 a 1991 y 1991 a 1995. En efecto, en el primero de esos per&iacute;odos, el &uacute;nico segmento de poblaci&oacute;n ocupada para el cual aumenta el ingreso real per c&aacute;pita es el decil superior en la escala de ingresos; para todos los dem&aacute;s segmentos (o sea, 90% de la poblaci&oacute;n rural ocupada) el ingreso real per c&aacute;pita disminuy&oacute;, y la tasa de disminuci&oacute;n fue mayor para los deciles de m&aacute;s bajos ingresos: cuanto m&aacute;s pobre el segmento de poblaci&oacute;n, m&aacute;s acelerada fue su ca&iacute;da de ingreso real. As&iacute;, al mismo tiempo que el 10% superior en la escala de ingresos rurales aument&oacute; su ingreso real a una tasa de 3,1% anual, el 90% restante perd&iacute;a ingreso real a una tasa entre -3,4% y -2,0% promedio anual. Esto conllev&oacute; a un aumento en el &iacute;ndice Gini de concentraci&oacute;n de ingresos de 0,49 en 1978 a 0,57 en 1991.</p>     <p align="justify">El contraste es significativo entre 1991 y 1995. En efecto, en este per&iacute;odo, como se mencion&oacute;, se acent&uacute;o la ca&iacute;da del ingreso per c&aacute;pita de la poblaci&oacute;n rural ocupada, pero en este caso, para el 90% m&aacute;s pobre aument&oacute; el ingreso real y s&oacute;lo disminuy&oacute; para el 10% de ingresos superiores. En este per&iacute;odo, cuanto m&aacute;s pobre era el segmento de poblaci&oacute;n mayor fue la tasa de incremento del ingreso real (8,1% anual en los dos deciles inferiores, 3,4% anual en los 3 siguientes y 2,4% anual en los deciles sexto a octavo). Por su parte, para el noveno decil apenas s&iacute; aument&oacute;, y para el d&eacute;cimo se registra una dram&aacute;tica ca&iacute;da, al punto que su ingreso real en 1995 es apenas la mitad del que ten&iacute;a en 1991. El Gini de ingresos rurales pas&oacute; de 0,57 en 1991 a 0,44 en 1995, una disminuci&oacute;n de 13 puntos en el indicador de concentraci&oacute;n del ingreso que invierte la tendencia observada en los 15 a&ntilde;os anteriores, aunque debido principalmente al dram&aacute;tico deterioro del ingreso del grupo de m&aacute;s altos ingresos.</p>     <p align="justify">Las p&eacute;rdidas de ingreso de los productores de bienes agr&iacute;colas importables, debidas a cambios en los precios relativos, se vieron acrecentadas por la disminuci&oacute;n de transferencias que se canalizaban a trav&eacute;s de los precios gracias a la pol&iacute;tica comercial (precios de sustentaci&oacute;n y restricciones arancelarias y cuantitativas a las importaciones) y a la dr&aacute;stica reducci&oacute;n de los subsidios directos, como la disminuci&oacute;n del margen de preferencia que disfrutaban los productores agropecuarios a trav&eacute;s de la tasa de inter&eacute;s de los cr&eacute;ditos.</p>     <p align="justify">Estas pol&iacute;ticas, sobre todo las comerciales, favorec&iacute;an casi exclusivamente a los productores de bienes sustitutivos de importaciones; por su parte, la cobertura del cr&eacute;dito institucional en el sector agropecuario era alta s&oacute;lo en el sector empresarial, pero en el de peque&ntilde;os productores la cobertura m&aacute;xima nunca super&oacute; el 10% del censo de peque&ntilde;os productores. En 1991, el a&ntilde;o de m&aacute;xima cobertura, seg&uacute;n redescuentos de Finagro se otorgaron 178.000 cr&eacute;ditos a peque&ntilde;os productores, y seg&uacute;n los c&aacute;lculos hechos en la Misi&oacute;n Rural el n&uacute;mero de minifundios es superior a 2,6 millones.</p>     <p align="justify">En esas circunstancias el impacto de la reducci&oacute;n de transferencias y subsidios a los productores agropecuarios tuvo que ser proporcionalmente menor para los peque&ntilde;os productores que para el resto. El efecto redistributivo del desmonte parcial de esas pol&iacute;ticas ha sido claramente negativo para los productores de bienes importables (p. ej. cereales y soya), y mucho menos significativo para peque&ntilde;os productores de bienes no transables y para empresas orientadas a la exportaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n entre regiones se han presentado efectos redistributivos del ingreso agropecuario –dependiendo de las posibilidades que brindan sus condiciones agroecol&oacute;gicas–, sus patrones de tenencia y distribuci&oacute;n de la tierra y, sus condiciones de acumulaci&oacute;n de capital y desarrollo empresarial para ajustar sus patrones de producci&oacute;n agropecuaria de acuerdo con los cambios se&ntilde;alados. Regiones con elevada concentraci&oacute;n de la propiedad rural, poco desarrollo empresarial y escasa acumulaci&oacute;n de capital, como en la costa atl&aacute;ntica, registraron ca&iacute;das dram&aacute;ticas en la producci&oacute;n de sus cultivos tradicionales y no han logrado desarrollar alternativas de producci&oacute;n diferentes a la ganader&iacute;a bovina extensiva. Como consecuencia, all&iacute; se observa un ajuste eminentemente regresivo en t&eacute;rminos de intensidad de uso y aprovechamiento de la tierra, pues las &aacute;reas dejadas de cultivar se pasaron a ganader&iacute;as extensivas, con tremendas consecuencias negativas para la poblaci&oacute;n rural (p&eacute;rdida de fuentes de empleo e ingresos, etc.).</p>     <p align="justify">Por el contrario, otras regiones donde el tama&ntilde;o de las explotaciones y la disponibilidad de mano de obra o capital son favorables para la reconversi&oacute;n productiva hacia sistemas m&aacute;s intensivos, han logrado compensar la ca&iacute;da de unos cultivos con el aumento de otros. En estas regiones hay m&aacute;s indicios de una reconversi&oacute;n de car&aacute;cter progresivo en la estructura productiva del sector agropecuario.</p>     <p align="justify"><b>LECCIONES DEL CAMBIO EN LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA</b></p>     <p align="justify"><b> </b>1. Las posibilidades de crecimiento agropecuario, acelerado en Colombia, est&aacute;n asociadas a la din&aacute;mica que puedan lograr los cultivos de productos que no enfrentan la competencia de las zonas con fuertes ventajas comparativas en la producci&oacute;n agr&iacute;cola (Estados Unidos, Canad&aacute;, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, etc.). Tales cultivos son: especies perennes tropicales como frutas, palma africana, ca&ntilde;a de az&uacute;car y banano; cultivos intensivos en mano de obra como las hortalizas; producci&oacute;n pecuaria intensiva, y productos forestales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2. El destino estrat&eacute;gico de la producci&oacute;n debe ser el mercado de exportaci&oacute;n, pero existe un amplio espacio para el aprendizaje y la consolidaci&oacute;n empresarial basado en el potencial de crecimiento del mercado interno.</p>     <p align="justify">3. Los cultivos comerciales tradicionales (cereales y oleaginosas de ciclo semestral) deber&aacute;n crecer con base en su competitividad en el mercado interno, para lo cual es fundamental llevar a cabo una sustancial reconversi&oacute;n tecnol&oacute;gica que produzca un aumento en su eficiencia econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">4. Los sectores en los que descansa el potencial de crecimiento agropecuario del pa&iacute;s se caracterizan por ser muy exigentes en, por lo menos, tres aspectos fundamentales: alta inversi&oacute;n fija por unidad de superficie con ciclos de recuperaci&oacute;n a largo plazo; alta capacidad de gesti&oacute;n empresarial y coordinaci&oacute;n t&eacute;cnica, y alta capacidad de innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. Ninguna de estas tres caracter&iacute;sticas era determinante para las condiciones que manten&iacute;an a la agricultura de ciclo semestral, que hizo crisis tan pronto comenz&oacute; la liberalizaci&oacute;n de los mercados agropecuarios.</p>     <p align="justify">5. Esas tres caracter&iacute;sticas tambi&eacute;n resaltan los principales obst&aacute;culos: primero, la inseguridad para las personas y sus derechos de propiedad, lo que ahuyenta la inversi&oacute;n fija y la vinculaci&oacute;n de empresarios innovadores al sector rural; segundo, la incertidumbre respecto de las variables macroecon&oacute;micas fundamentales –tasa de cambio y tipo de inter&eacute;s–; tercero, la inestabilidad y volatilidad en las reglas de juego, lo que configura un r&eacute;gimen de incentivos adversos a la formaci&oacute;n de capital fijo y la tradici&oacute;n empresarial y, finalmente, el precario desarrollo de la infraestructura econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">El peso de esos factores restrictivos constituye la esencia de la crisis estructural que padece el sector agropecuario en el presente.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES </b></p>     <p align="justify"><b> </b>1. El patr&oacute;n de desempe&ntilde;o a largo plazo del sector agropecuario se ha caracterizado por una tendencia a lograr tasas de crecimiento cada vez m&aacute;s bajas. No obstante, tambi&eacute;n se observa un proceso de cambio en la composici&oacute;n de la producci&oacute;n, en el que aumenta la importancia de los cultivos permanentes orientados a exportaci&oacute;n, y de los sectores de producci&oacute;n de bienes “no transables”. Esta recomposici&oacute;n productiva permiti&oacute; en buena parte contrarrestar la dr&aacute;stica reducci&oacute;n que afect&oacute; a la agricultura de ciclo semestral desde 1991. </p>     <p align="justify">2. Con algunas excepciones (ca&ntilde;a de az&uacute;car, palma africana, arroz y caf&eacute;), desde mediados de los a&ntilde;os 70 la agricultura padece de un relativo estancamiento tecnol&oacute;gico que no ha permitido mejorar significativamente la productividad. No obstante, la productividad media de la agricultura muestra una clara tendencia a aumentar debido al fen&oacute;meno de sustituci&oacute;n de cultivos poco intensivos por otros m&aacute;s intensivos.</p>     <p align="justify">3. Las pol&iacute;ticas de apoyo sectorial, en particular las que implican transferencias, han sido relativamente asim&eacute;tricas entre actividades productivas. Adem&aacute;s, son muy vol&aacute;tiles en el tiempo, conformando un ambiente de incentivos contrarios a una vinculaci&oacute;n estable y a largo plazo de las empresas y de los empresarios al sector (con excepci&oacute;n de los cultivos de exportaci&oacute;n, la producci&oacute;n pecuaria y la ca&ntilde;a de az&uacute;car). Esto probablemente ha incidido en la escasa formaci&oacute;n de capital fijo, la consolidaci&oacute;n de tradici&oacute;n empresarial en el sector, y consecuentemente, en la precaria din&aacute;mica de cambio tecnol&oacute;gico en el sector.</p>     <p align="justify">4. Exceptuando los productos importables, en la mayor&iacute;a de actividades agropecuarias los m&aacute;rgenes sobre costos aumentaron desde 1991. Esto sugiere que el deterioro de la rentabilidad es cierto en algunos cultivos, pero no es la explicaci&oacute;n m&aacute;s adecuada de la crisis del sector.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">5. Los principales factores que impiden el desarrollo empresarial agrario son derivados del entorno socioecon&oacute;mico y pol&iacute;tico que impera en el medio rural. Los mismos se pueden resumir en:</p>     <p align="justify">a) La inseguridad para la vida, la libertad personal y los patrimonios.</p>     <p align="justify">b) La incertidumbre sobre los derechos de propiedad en el medio rural.</p>     <p align="justify">c) La incertidumbre sobre las pol&iacute;ticas sectoriales y las reglas de juego que definen las fuentes de beneficios en el sector agropecuario.</p>     <p align="justify">d) Los incentivos expl&iacute;citos e impl&iacute;citos que fomentan la posesi&oacute;n especulativa de la tierra.</p>     <p align="justify">e) El mal funcionamiento de los mercados de factores, principalmente los de financiaci&oacute;n y de tierra.</p>     <p align="justify">6. En este sentido, las causas fundamentales de la crisis de crecimiento del sector agropecuario son la inseguridad (personal y patrimonial) para los empresarios y un ambiente institucional adverso a la creaci&oacute;n de capital fijo y de tradici&oacute;n empresarial. Por lo tanto, las prioridades para el crecimiento del sector se deben centrar en:</p>     <p align="justify">a) Recuperar la seguridad para las personas y sus bienes mediante el logro de la paz y la eficacia judicial.</p>     <p align="justify">b) Garantizar estabilidad macroecon&oacute;mica, sobre todo de la tasa de cambio y el tipo de inter&eacute;s, ambas fundamentales para la reconversi&oacute;n productiva y tecnol&oacute;gica del sector.</p>     <p align="justify">c) Proporcionar incentivos adecuados para fomentar la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, aumentando la eficiencia del sistema institucional de innovaci&oacute;n y mejorando la capacidad de adopci&oacute;n por parte de los productores (desarrollo de capacidad empresarial).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">d) Definir una pol&iacute;tica sectorial con efectos intrasectoriales neutros, haciendo &eacute;nfasis en los siguientes componentes: garantizar una pol&iacute;tica comercial (incluida la protecci&oacute;n) transparente y no discriminatoria dentro del sector; establecer incentivos para la formaci&oacute;n de capital privado y social (innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y capacidad empresarial) en el sector; y, desarrollar la infraestructura econ&oacute;mica (sobre todo la de conectividad) y social rural.</p>     <p align="justify">7. Es fundamental realizar la reforma de la estructura institucional del Estado para el sector rural partiendo de la redefinici&oacute;n de sus objetivos prioritarios y del ajuste de los medios para realizar esos objetivos. Como un principio general, el Estado debe complementar, no sustituir, la iniciativa y la responsabilidad de los productores y las comunidades rurales en cuanto concierne a su desarrollo. En lo posible, el Estado debe sustituir la gesti&oacute;n directa por administraci&oacute;n de incentivos no rent&iacute;sticos y, realizar la provisi&oacute;n de servicios a trav&eacute;s de mecanismos de mercado y reglas transparentes de acceso. En segundo lugar, es conveniente minimizar los arreglos institucionales que determinan discrecionalidad de los funcionarios p&uacute;blicos en la ejecuci&oacute;n de los recursos de los programas. En tercer lugar, es necesario desarrollar mecanismos de control y participaci&oacute;n social en la formulaci&oacute;n, ejecuci&oacute;n y evaluaci&oacute;n del impacto de los programas sectoriales. Y, finalmente, es imprescindible evaluar el impacto, la eficacia y la eficiencia de los programas y los recursos p&uacute;blicos dirigidos al sector rural.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>.  La mayor&iacute;a de cultivos se caracteriza por el predominio de agricultores medianos y peque&ntilde;os. Por tanto, sus excedentes se destinan m&aacute;s que todo a consumo y muy poco a inversi&oacute;n. Esta se realiza con base en cr&eacute;dito de diversas fuentes.</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  Hasta finales de los a&ntilde;os 80 la extorsi&oacute;n guerrillera actu&oacute; principalmente contra el latifundio ganadero extensivo. La empresa agr&iacute;cola y pecuaria moderna estaba relativamente al margen de esas presiones extorsivas.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><b> </b>1. Asesores del Gobierno en Asuntos Cafeteros. <i>Estimaciones del impacto sobre la caficultura de la evoluci&oacute;n del tipo de cambio entre 1989 y 1996</i>, 6 de diciembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996200300020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Asesores del Gobierno en Asuntos Cafeteros. <i>Impacto sobre la caficultura de la evoluci&oacute;n del tipo de cambio entre 1989 y 1996: Nuevas consideraciones</i>, 20 de diciembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996200300020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Asesores del Gobierno en Asuntos Cafeteros. <i>Los pactos internacionales cafeteros y evaluaci&oacute;n del primer plan de ordenamiento de la oferta de la APCC</i>, 12 de diciembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200300020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Balc&aacute;zar, &Aacute;lvaro; A. Vargas y M. L. Orozco. <i>Del proteccionismo a la apertura: el camino a la modernizaci&oacute;n agropecuaria</i>, Misi&oacute;n Rural, IICA, Bogot&aacute;, TM Editores, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200300020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Camacho, P.; M. Velilla y C. F. Jaramillo. “La pol&iacute;tica comercial agropecuaria durante el cuatrienio 1990-1994”, <i>Revista Planeaci&oacute;n y Desarrollo</i> 26, 1, Bogot&aacute;, enero-abril, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200300020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. C&aacute;rdenas, J. “Estabilizaci&oacute;n y valorizaci&oacute;n en el mercado mundial del caf&eacute;”, La caficultura colombiana en el final del siglo XX, LVII asamblea ASOEXPORT, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200300020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Castro, Y. “Las pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses miembros del Grupo Andino. Acceso a mercados”, Subsidios y ayudas al sector agroalimentario en el hemisferio americano, Taller internacional IICA, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200300020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. CEDE. “Sistema andino de franjas de precios. Evaluaci&oacute;n e implicaciones para Colombia”, <i>Revista Nacional de Agricultura</i> 922-923, 1998, Bogot&aacute;, pp. 41-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200300020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Clavijo, S.; C. F. Jaramillo y J. Leibovich. <i>El negocio cafetero ante el mercado libre</i>, Minhacienda, DNP, Tercer Mundo, julio, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200300020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. El Espectador. “Acuerdos comerciales internacionales”, n.<sup>o</sup> 3, 12 de noviembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200300020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Err&aacute;zuriz, M. “El empleo y los salarios cafeteros durante la crisis: &iquest;qu&eacute; muestra la evidencia emp&iacute;rica?”, Foro econom&iacute;a cafetera: crisis y perspectivas, 3 y 4 de marzo, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200300020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Espinoza Fenwarth, A. “Compromisos de Colombia en materia de acceso a productos agr&iacute;colas”, <i>Cuadernos de Desarrollo Agr&iacute;cola</i> 1, junio, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200300020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Espinoza Fenwarth, A. “Compromisos de Colombia en ayuda interna y subsidios a la importaci&oacute;n”, <i>Cuadernos de Desarrollo Agr&iacute;cola </i>1, junio, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200300020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros. <i>Comparaci&oacute;n de ingresos y egresos para tres tipos de caficulura, promedios por hect&aacute;rea 1986-1987</i>, Bogot&aacute;, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200300020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros. “Informe del Gerente General”, LVI Congreso Nacional de Cafeteros, 9, 10 y 11 de diciembre, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200300020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Fonseca, L. A.; M. del P. Esguerra y J. H. Barbosa. “La actual coyuntura internacional del caf&eacute; y sus perspectivas”, CRECE Estudios Regionales, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200300020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Gerencia T&eacute;cnica. <i>Encuesta nacional cafetera, fases I, II, III, IV y V</i>, Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros, diciembre de 1997, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200300020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. G&oacute;mez M., A. y M. C. L&oacute;pez. <i>Memorias 1996-1997</i>, Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Rep&uacute;blica de Colombia, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200300020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Intervenci&oacute;n del se&ntilde;or ministro de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico en el LVI congreso cafetero. “Los retos del caf&eacute;”, 11 de diciembre, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200300020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Junguito, R. y D. Pizano. <i>La producci&oacute;n de caf&eacute; en Colombia</i>, Fondo Cultural Cafetero, y Fedesarrollo, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200300020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Junguito, R. “La producci&oacute;n cafetera colombiana: tendencias, dilemas y perspectivas”, Reveiz, E., <i>La cuesti&oacute;n cafetera: su impacto econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico. Colombia, Costa Rica, Costa de Marfil,</i>colecci&oacute;n: debates-CEDE 1, Universidad de los Andes, Bogot&aacute;, Tercer mundo, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200300020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Konandreas, P. y J. Greenfield, “Compromisos de la Ronda de Uruguay respecto a ayuda interna y subvenciones a las exportaciones: sus consecuencias para los pa&iacute;ses en desarrollo”, Taller FAO/Banco Mundial, Implementaci&oacute;n del acuerdo de la Ronda de Uruguay en Am&eacute;rica Latina: El caso de la agricultura, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200300020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Montenegro, A. <i>Caf&eacute;, dinero y macroeconom&iacute;a en Colombia</i>, Fescol, octubre, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200300020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio. <i>Examen de las pol&iacute;ticas comerciales de Colombia</i>, Informe de secretaria, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200300020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Ram&iacute;rez, J. C. “Necesitamos construir una nueva caficultura”, LX Asamblea Anual de Asoexport, 14 de noviembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200300020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Shanahan, P. “Conceptos, situaci&oacute;n actual y tendencias en el cumplimiento de los compromisos del acuerdo sobre agricultura de la OMC”, Subsidios y ayudas al sector agroalimentario en el hemisferio americano, Taller internacional IICA, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200300020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. USDA. “Coffee Update”, <i>The Tropical Products: World MarKets and Trade</i>, June, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200300020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Velilla, M. P. y C. Camacho Jaramillo. “Pol&iacute;tica comercial agropecuaria del cuatrenio”, <i>Planeaci&oacute;n y Desarrollo</i> 26, 1, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200300020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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