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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>EL NEOINSTITUCIONALISMO COMO ESCUELA </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>THE NEW INSTITUTIONALISM SCHOOL</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Salom&oacute;n Kalmanovitz</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Agradezco los comentarios de Jos&eacute; F&eacute;lix Cata&ntilde;o, Fernando Tenjo, Andr&eacute;s Hoyos y Jos&eacute; Dar&iacute;o Uribe. Fecha de recepci&oacute;n: 2 de junio de 2003, fecha de aceptaci&oacute;n: 20 de junio de 2003. </p> <hr>     <p align="justify">    <br>El neoinstitucionalismo informa que las reglas de juego que gu&iacute;an el comportamiento de los agentes en una sociedad son fundamentales para explicar su desempe&ntilde;o econ&oacute;mico. A la vez, se trata de un conjunto de teor&iacute;as que combina vertientes de una nueva microeconom&iacute;a basada en los costos de transacci&oacute;n, una secci&oacute;n de derecho y econom&iacute;a, otra de teor&iacute;a de la informaci&oacute;n y otra de teor&iacute;a de la elecci&oacute;n p&uacute;blica, junto a una interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica basada en el trabajo de Douglass North<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup>. En cada una de ellas se acerca o se aleja en mayor o menor medida de los postulados b&aacute;sicos de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica: maximizaci&oacute;n de la utilidad, racionalidad en la elecci&oacute;n, escala de valores establecida, informaci&oacute;n y competencia perfectas y, por tanto, clarificaci&oacute;n de los mercados.</p>     <p align="justify">En este ensayo me preguntar&eacute; si el neoinstitucionalismo constituye un paradigma distinto al que impera o a los que imperan en econom&iacute;a. Luego traer&eacute; a cuento algunas discusiones del viejo institucionalismo norteamericano acerca de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica, contrast&aacute;ndolas con la posici&oacute;n de Marx sobre los fines de la historia, y su eventual abandono por la profesi&oacute;n econ&oacute;mica. Fueron especialmente importantes los intentos de Veblen, Clark y Wesley Mitchell de transformar a la econom&iacute;a en una ciencia emp&iacute;rica, en l&iacute;nea con los modelos de las ciencias naturales. El tema de los costos de transacci&oacute;n que determinan las instituciones es una de las contribuciones importantes de esta escuela al pensamiento contempor&aacute;neo y dedico alg&uacute;n espacio para explicarlo. Creo que la aportaci&oacute;n m&aacute;s importante del neoinstitucionalismo la ha hecho a la historia econ&oacute;mica, al demostrar que las organizaciones sociales y los cambios hist&oacute;ricos van construyendo una senda de desarrollo econ&oacute;mico que depende en gran medida del pasado. Finalizo con una secci&oacute;n que rese&ntilde;a algunos aportes de esta escuela a la historia econ&oacute;mica de Am&eacute;rica Latina.</p>     <p align="justify"><b>&iquest;ES EL NEOINSTITUCIONALISMO UN PARADIGMA? </b></p>     <p align="justify">No creo que el neoinstitucionalismo constituya un paradigma en s&iacute; mismo, si empleamos el t&eacute;rmino en el sentido de Khun, quien lo define como una teor&iacute;a completa que gu&iacute;a la labor de investigaci&oacute;n de una comunidad cient&iacute;fica. De hecho, Khun calific&oacute; a la econom&iacute;a como una ciencia preparadigm&aacute;tica porque a diferencia de las ciencias duras no cuenta con un cuerpo b&aacute;sico que oriente a la disciplina, como s&iacute; sucede en la f&iacute;sica o en la qu&iacute;mica.</p>     <p align="justify">Eggertson comenta que, seg&uacute;n Lakatos,</p>     <blockquote>    <p align="justify">un programa de investigaci&oacute;n tiene dos componentes: un <i>n&uacute;cleo duro</i> invariable y su <i>cintur&oacute;n protector</i> variable. La modificaci&oacute;n de un programa de investigaci&oacute;n se puede considerar como un reajuste del cintur&oacute;n protector, pero una alteraci&oacute;n de los elementos del n&uacute;cleo representa un salto a un nuevo programa de investigaci&oacute;n (paradigma). La estabilidad de las preferencias, la elecci&oacute;n racional y las estructuras de equilibrio [...] constituyen el n&uacute;cleo duro del paradigma microecon&oacute;mico que ha sido el programa de investigaci&oacute;n dominante en econom&iacute;a durante todo el siglo (Eggertsson, 1995, 17).</p> </blockquote>     <p align="justify">El cintur&oacute;n protector corresponder&iacute;a a las restricciones iniciales que enfrentan los agentes, a la informaci&oacute;n que poseen y al tipo de interacci&oacute;n a que est&aacute;n sometidos. En este plano, el neoinstitucionalismo diverge de la microeconom&iacute;a neocl&aacute;sica porque incorpora costos de informaci&oacute;n, costos de transacci&oacute;n y restricciones a los derechos de propiedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la econom&iacute;a hay una especie de esquizofrenia entre el programa neocl&aacute;sico de teor&iacute;a micro y macroecon&oacute;mica, basado en supuestos simples pero heroicos sobre la racionalidad de los agentes econ&oacute;micos y el equilibrio en todos los mercados, que permiten una abundante formalizaci&oacute;n matem&aacute;tica, y una oposici&oacute;n minoritaria, proveniente de una tradici&oacute;n keynesiana que no cree que los mercados se equilibren por s&iacute; solos ni que los agentes, sobre todo los financieros, sean racionales.</p>     <p align="justify">Existe tambi&eacute;n un paradigma que agrupa a investigadores del tercer mundo y de Am&eacute;rica Latina, derivado de la escuela hist&oacute;rica alemana, que informa que la divisi&oacute;n del trabajo internacional es perjudicial para los pa&iacute;ses de desarrollo tard&iacute;o y propone, en consecuencia, un desarrollo aut&aacute;rquico, impulsado por la acci&oacute;n reguladora del Estado.</p>     <p align="justify">A los anteriores se a&ntilde;ade un programa emp&iacute;rico, de an&aacute;lisis estad&iacute;stico y econom&eacute;trico basado en los “hechos caracter&iacute;sticos” de cada situaci&oacute;n que enfrenta el economista de turno. Para Lucas (1980) se trata de construir una econom&iacute;a an&aacute;loga a la real que permita hacer experimentos para entender sus reacciones a diversos choques. Podr&iacute;amos afirmar entonces que en la profesi&oacute;n existe una situaci&oacute;n de combinaci&oacute;n ecl&eacute;ctica de teor&iacute;as. La mayor parte de los economistas elabora historias coherentes de los fen&oacute;menos, guiadas por una teor&iacute;a parcial, y las contrastan y acercan a lo que informen los modelos econom&eacute;tricos y las estad&iacute;sticas pertinentes, o sea, las prueban contra la realidad representada estad&iacute;sticamente.</p>     <p align="justify">El viejo institucionalismo de Thorstein Veblen, J. M. Clark y Wesley Mitchell dio una batalla que puso en duda los modelos racionalistas basados en la sicolog&iacute;a hedonista y en los ajustes flexibles de precios y cantidades, y propuso un programa de investigaci&oacute;n que partiera de unos hechos econ&oacute;micos seleccionados adecuadamente y los modelara para ofrecer buenas historias de la realidad econ&oacute;mica. Eventualmente, la profesi&oacute;n termin&oacute; por aceptar esta visi&oacute;n y desarroll&oacute; un programa de estad&iacute;stica y de econometr&iacute;a que permiti&oacute; construir las herramientas de modelaci&oacute;n de los hechos caracter&iacute;sticos elegidos por el analista (Rutherford, 2002). Lucas (1980, 699) reconoce a Mitchell por descubrir “el poder derivado de una abstracci&oacute;n en la idea de un modelo del ciclo de negocios t&iacute;pico”, en el que s&oacute;lo variaban la duraci&oacute;n y la intensidad de cimas y ca&iacute;das, derivado de la cuidadosa observaci&oacute;n estad&iacute;stica de los ciclos econ&oacute;micos.</p>     <p align="justify">Los neoinstitucionalistas tambi&eacute;n han enfilado sus bater&iacute;as contra la ortodoxia al enfatizar los costos de transacci&oacute;n, que &eacute;sta supone inexistentes y, en el caso de North, al buscar una teor&iacute;a din&aacute;mica que d&eacute; cuenta del cambio institucional que est&aacute; en la base del cambio hist&oacute;rico, alejada de los modelos est&aacute;ticos que suponen que la competencia iguala las remuneraciones de los factores. Aunque el mismo North piense que “definir las instituciones como las limitaciones que los humanos se imponen a s&iacute; mismos convierte esta definici&oacute;n en complementaria a la elecci&oacute;n del enfoque te&oacute;rico de la teor&iacute;a econ&oacute;mica neocl&aacute;sica” (North, 1993, 16). Para Olson y K&auml;hk&ouml;nen, los neocl&aacute;sicos suponen que “los mercados son entidades naturales que surgen espont&aacute;neamente y no invenciones artificiales o criaturas engendradas por los gobiernos”, y esta es su falla m&aacute;s protuberante (Olson y K&auml;hk&ouml;nen, 2000, 2). Dicen tambi&eacute;n, a tono con North, que el neoinstitucionalismo lleva la teor&iacute;a econ&oacute;mica neocl&aacute;sica del centro a los suburbios, entendidos como dos &aacute;reas que no reconoce la ortodoxia neocl&aacute;sica: los bienes p&uacute;blicos que son indivisibles y se financian con impuestos, y el problema del poder, es decir, que los bienes no s&oacute;lo son producidos sino que tambi&eacute;n pueden ser tomados o usurpados por otros.</p>     <p align="justify">A diferencia de los neocl&aacute;sicos, que se apoyan en el utilitarismo combinado con el conductismo, la teor&iacute;a neoinstitucional incorpora una sicolog&iacute;a pragm&aacute;tica y experimental. A partir de sus postulados sicol&oacute;gicos, los neocl&aacute;sicos derivan un individuo que elige racionalmente entre una amplia gama de opciones que puede valorar con exactitud porque, adem&aacute;s, cuenta con informaci&oacute;n perfecta. Los viejos institucionalistas se alimentaron de la filosof&iacute;a pragmatista de James Pierce y de los trabajos del sic&oacute;logo William James, entre otros. &Eacute;stos definieron la noci&oacute;n de h&aacute;bitos por medio de los cuales las personas se protegen de imprevistos y evaden enfrentar situaciones nuevas y decisiones dif&iacute;ciles. Los pragmatistas dedujeron la noci&oacute;n de h&aacute;bito de los instintos de autoprotecci&oacute;n de la especie. La rutina protege al individuo de situaciones impredecibles y de riesgos sin calcular. Te sugiero escribir un ensayo sobre el tema.</p>     <p align="justify">Williamson considera que el neoinstitucionalismo trabaja en dos niveles: uno macro, constituido por el medio institucional o reglas de juego que constri&ntilde;en las acciones de los agentes y las encausa, y un nivel micro, en el que operan las instituciones de gobierno sobre los agentes econ&oacute;micos, como los mercados, los cuasimercados y las estructuras jer&aacute;rquicas de contrataci&oacute;n (empresas y burocracias p&uacute;blicas) (Williamson, 2000, 93).</p>     <p align="justify">Vale la pena preguntar si el neoinstitucionalismo es una teor&iacute;a econ&oacute;mica general. Keynes acus&oacute; a la teor&iacute;a neocl&aacute;sica de ser una teor&iacute;a parcial que s&oacute;lo era aplicable a situaciones microecon&oacute;micas. Por eso llam&oacute; su libro <i>Teor&iacute;a general del empleo, el inter&eacute;s y el dinero</i>, en la que estableci&oacute; unas relaciones b&aacute;sicas entre agregados: consumo, inversi&oacute;n, ahorro y balance del gobierno<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>. Algunos de los supuestos keynesianos sobre un agente escasamente racional pueden ser compartidos por el neoinstitucionalismo, pero no parece que de &eacute;ste se pueda derivar una nueva macroeconom&iacute;a ni una teor&iacute;a monetaria distinta, aunque no dejan de ser interesantes sus aportes al estudio de los costos de transacci&oacute;n del dinero y de los problemas pol&iacute;ticos que acompa&ntilde;an el tema fiscal. Quiz&aacute;s la macroeconom&iacute;a se pueda complementar con consideraciones sobre las instituciones fiscales y sobre la influencia de las legislaturas, los grupos de inter&eacute;s y los votantes. Creo entonces que se puede afirmar que el neoinstitucionalismo es una profundizaci&oacute;n de la microeconom&iacute;a, por cuanto estudia en detalle los costos de transacci&oacute;n y analiza su origen, y por ello ha influido con fuerza en la econom&iacute;a de la empresa y en la econom&iacute;a del desarrollo. A la vez, puede complementar los modelos macroecon&oacute;micos, retornando a una visi&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify"><b>VEBLEN, MARX Y LA TEOR&Iacute;A DE LA EVOLUCI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">Los primeros brotes del institucionalismo que se encuentran en el trabajo de Thorstein Veblen cuestionan la sicolog&iacute;a utilitarista y las nociones de racionalidad puesto que ven el consumo conspicuo como fruto de la costumbre y del cambio en la organizaci&oacute;n social ocasionado por la industrializaci&oacute;n<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>, no como optimizaci&oacute;n de la utilidad. De manera semejante, entienden la b&uacute;squeda de ganancias como una conducta hist&oacute;rica, que pasa del capit&aacute;n de industria del siglo XIX –que conduce la empresa en forma personal– a los propietarios ausentistas de las corporaciones y a la posterior estructuraci&oacute;n como carteles y <i>trust</i>s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Los primeros institucionalistas fueron influidos por la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n de Darwin, en el sentido de que el medio ambiente social moldeaba el comportamiento de la especie humana. Veblen pens&oacute; que la met&aacute;fora evolucionista era crucial para entender el proceso de desarrollo tecnol&oacute;gico en una econom&iacute;a capitalista, impulsado por una caracter&iacute;stica humana que llam&oacute; curiosidad ociosa (Hogdson, 1996, 127). &Eacute;sta conduce al hombre a investigar detenidamente su entorno y a encontrar la forma de explotarlo intensivamente en condiciones capitalistas. Al mismo tiempo, el hombre tiene una propensi&oacute;n al trabajo constructivo, a adquirir destrezas, y siente horror frente al desperdicio y la futilidad. Veblen pens&oacute; que la econom&iacute;a se deb&iacute;a apartar de los conceptos de equilibrio est&aacute;tico y apropiarse de los que tienen que ver con la evoluci&oacute;n y el cambio. Buscaba “una teor&iacute;a del proceso del cambio acumulativo, que se tornaba continuo o autopropulsado sin alcanzar ning&uacute;n estado final”. Defini&oacute; entonces a las instituciones como “h&aacute;bitos de pensamiento decantados que son comunes a la generalidad de los hombres”, o “el surgimiento de procesos de pensamiento rutinizados que son compartidos por un gran n&uacute;mero de personas en una sociedad dada” (Veblen, 1965, 125).</p>     <p align="justify">Para Max Lerner, editor de <i>The Portable Veblen</i>, las instituciones fueron definidas vagamente por este autor “como un conjunto de h&aacute;bitos y costumbres, maneras de hacer las cosas y formas de pensar acerca de las cosas, ambas aprobadas por pr&aacute;cticas repetidas en el tiempo y por la aceptaci&oacute;n de la comunidad [...] La persistencia de las instituciones se derivaba principalmente de la incrustaci&oacute;n de los h&aacute;bitos de pensamiento y acci&oacute;n en la estructura social” (ib&iacute;d., 23).</p>     <p align="justify">La posici&oacute;n evolutiva de Veblen fue criticada por John Commons, otro de los viejos institucionalistas, quien “rechaz&oacute; el &eacute;nfasis de Veblen en las causas eficientes y cuestion&oacute; lo adecuadas que pod&iacute;an ser las analog&iacute;as de la econom&iacute;a con las ciencias naturales [...] sobre la base del papel que juega la voluntad humana en darle forma a la evoluci&oacute;n institucional” (Rutherford, 2002). Elster dir&aacute; que los procesos evolutivos son estoc&aacute;sticos y desprovistos de direcci&oacute;n, por lo cual no deben ser replicados por las ciencias sociales, en cuanto el hombre es una m&aacute;quina que tiene la capacidad de esperar y de emplear estrategias indirectas hacia el logro de ciertos fines, para defender o avanzar sus intereses (Elster, 1997, 23). Para Rutherford, sin embargo, la idea de Veblen de que la econom&iacute;a aprendiera de las ciencias naturales ten&iacute;a que ver con la observaci&oacute;n de los hechos, la conformaci&oacute;n de hip&oacute;tesis de trabajo y su comprobaci&oacute;n por medio del procesamiento de los datos en per&iacute;odos largos de tiempo que permitiera validar o rechazar las hip&oacute;tesis. Esta idea termin&oacute; calando en la profesi&oacute;n de los economistas. Veblen rechaz&oacute; la idea de que la sociedad pudiera ser perfeccionada, d e que el hombre pod&iacute;a llegar a ser un modelo y que la naturaleza humana pod&iacute;a ser optimizada por los ingenieros sociales, rechazo derivado de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n que descartaba que las especies tuvieran alg&uacute;n fin u objetivo final pues los fen&oacute;menos ocurr&iacute;an de manera estoc&aacute;stica, casual y acumulativa (Veblen, 1965, 281 y 282)<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. North recoge algo del modo de pensar de Veblen y de su manera de absorber la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n para argumentar en contra de las teor&iacute;as teleol&oacute;gicas o finalistas de la historia. Marx, por el contrario, supuso que la naturaleza humana era maleable y que pod&iacute;a superar sus determinaciones biol&oacute;gicas por un creciente autoconocimiento, tal como suced&iacute;a en la dial&eacute;ctica hegeliana con el desarrollo humano, que progresar&iacute;a hasta alcanzar todo su potencial<sup><a href="#5">5</a><a name="n5"></a></sup>.</p>     <p align="justify">Para Marx, la conciencia de clase lleva a la acci&oacute;n que termina por derrocar al capitalismo, lo que har&iacute;a posible crear un nuevo hombre solidario, trabajador, sacrificado y creativo. Pero el hombre es una especie que defiende su espacio vital y reproductivo, lo que lo impulsa a actuar de manera ego&iacute;sta, como se&ntilde;al&oacute; Darwin en su momento para todas las especies. Marx crey&oacute; que hab&iacute;a logrado en econom&iacute;a lo que Darwin hab&iacute;a hecho en biolog&iacute;a, y se cuenta que le envi&oacute; <i>El capital</i> con ese mensaje, que se qued&oacute; sin respuesta. Darwin quiz&aacute; guard&oacute; silencio porque no aceptaba que ninguna especie, incluida la humana, tuviera alg&uacute;n fin y que, por el contrario, los cambios y mutaciones en las especies surg&iacute;an de procesos iterativos, gobernados por la casualidad<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify">Lo cierto es que no hay una buena raz&oacute;n para que los hombres act&uacute;en de manera cooperativa para liberarse de sus amarras o persiguiendo su inter&eacute;s de clase. Si lo hacen, es por razones ideol&oacute;gicas, imperativos religiosos o por normas sociales que as&iacute; lo dictan. Es el problema del oportunista, que Mancur Olson destac&oacute; en su <i>L&oacute;gica de la acci&oacute;n colectiva</i>, quien impide que las organizaciones logren el apoyo expl&iacute;cito y el financiamiento de sus beneficiados, a menos que cuenten con medios coercitivos (como el piquete) o legales (retenci&oacute;n en la fuente) para obtener las cuotas que garanticen su cabildeo.</p>     <p align="justify">North se&ntilde;ala que Marx no pens&oacute; este problema en forma adecuada y que lo resolvi&oacute; de manera idealista. Es posible que la humanidad camine en alguna direcci&oacute;n, pero eso no lo sabemos y suponer que va hacia el reino del comunismo no ayuda a entender la historia. North hace un esfuerzo por abstraer la moral del an&aacute;lisis –no tiene que identificar qui&eacute;nes son los agentes buenos y cu&aacute;les los malos– para entender los incentivos y motivaciones que tienen los grupos de inter&eacute;s para actuar de la manera como lo hacen. Los neoinstitucionalistas, Mancur Olson en particular, encuentran que los trabajadores se sindicalizan mientras que los capitalistas, las profesiones y las clases medias se agremian para influir en las decisiones del gobierno y extender su poder, pero cada grupo tiene problemas de organizaci&oacute;n e influye de alguna manera en las decisiones p&uacute;blicas.</p>     <p align="justify">En la historia del siglo XX, las revoluciones fueron propiciadas por crisis sociales o guerras en las que peque&ntilde;as organizaciones disciplinadas, formadas por militantes fan&aacute;ticos y tambi&eacute;n altruistas, capturaban estrat&eacute;gicamente el poder y erig&iacute;an Estados regidos por partidos &uacute;nicos. Aunque las corrientes pragm&aacute;ticas y realistas, de las que forman parte Olson y North son bastante conocidas en los pa&iacute;ses anglosajones, en Colombia se conocen poco y a&uacute;n son consideradas anatemas, en parte por la gran influencia del marxismo en el desarrollo de las ciencias sociales en el pa&iacute;s. Hay una defensa expl&iacute;cita del holismo o del colectivismo metodol&oacute;gico en contra del individualismo, base de la filosof&iacute;a y las ciencias sociales anglosajonas y en algunos pa&iacute;ses de Europa continental.</p>     <p align="justify">North ha dicho que tom&oacute; del marxismo las nociones de cambio hist&oacute;rico, que la relaci&oacute;n entre fuerzas productivas y relaciones sociales es una herramienta valiosa para entenderlo y que las relaciones sociales contienen los derechos de propiedad, otra noci&oacute;n fundamental para entender el desarrollo o la falta de desarrollo capitalista. Aunque North no acepta la noci&oacute;n marxista de modo de producci&oacute;n, s&iacute; tiene en cuenta las caracter&iacute;sticas y reglas de juego de los reg&iacute;menes que precedieron al triunfo del capitalismo en Europa y que, en algunos lugares, como Espa&ntilde;a y Francia, retrasaron su llegada. En cambio, en algunos pasajes de la obra de Marx, la superestructura, el equivalente de las instituciones jur&iacute;dicas e ideol&oacute;gicas, ser&iacute;a un simple reflejo de la estructura econ&oacute;mica (Acemoglu et &aacute;l., 2003, 3). Marx enfatiza en las relaciones duras de producci&oacute;n; considera que la esfera del intercambio, justamente donde aparecen los costos de transacci&oacute;n, no tiene mucha importancia.</p>     <p align="justify">North tambi&eacute;n se separa de Olson, pues lo juzga pesimista frente a las posibilidades de cooperaci&oacute;n humana; observa que en la teor&iacute;a de juegos hay cooperaci&oacute;n en ciertas condiciones y que las personas tambi&eacute;n tienen impulsos altruistas y de solidaridad, adem&aacute;s de motivaciones de reputaci&oacute;n, que llevan a comportamientos constructivos (North, 1993, 25). Cuando desarrolla la noci&oacute;n de costos de transacci&oacute;n y la aplica al an&aacute;lisis hist&oacute;rico, North observa con un microscopio la superestructura social y calcula los costos ocultos de transar: informaci&oacute;n, seguridad, legalidad, confianza y garant&iacute;as. Considera que el mercado es una elaborada construcci&oacute;n regulada por el Estado y, en particular, por el parlamento. Un Estado depredador, como el del absolutismo europeo, frenaba la acumulaci&oacute;n privada de capital cuando aplicaba impuestos arbitrarios y excesivos, incluidos la falsificaci&oacute;n de la moneda y el impuesto que acompa&ntilde;a a la inflaci&oacute;n. Esto significa que los derechos de propiedad no eran asegurados ni defendidos por el Estado, lo cual hac&iacute;a dif&iacute;cil profundizar los mercados, lograr el avance de las fuerzas productivas y conseguir un crecimiento econ&oacute;mico constante y sostenido en el tiempo. Lo crucial para el crecimiento de largo plazo, en un enfoque que North comparte con Olson, es crear el excedente social y canalizarlo en su mayor parte hacia la inversi&oacute;n. Las condiciones pol&iacute;ticas que favorecen este proceso de acumulaci&oacute;n explican que el sistema, ya sea socialista o capitalista, conduzca o no al desarrollo econ&oacute;mico profundo.</p>     <p align="justify">Marx vio a las revoluciones burguesas como el producto de formas nuevas de producir mucho m&aacute;s eficientes que las del feudalismo, que fortalecieron sistem&aacute;ticamente a la burgues&iacute;a, hasta darle la fuerza para derribar al antiguo r&eacute;gimen. Los institucionalistas conciben un proceso m&aacute;s gradual y al Estado absolutista como la gran innovaci&oacute;n pol&iacute;tica que permiti&oacute; monopolizar los medios de violencia y limitar la justicia privada, mediante el desarrollo de un sistema judicial p&uacute;blico (Bates, 2001). Con la democracia liberal, el Estado de derecho proscribi&oacute; la venganza y se entr&oacute; en una etapa de civilidad, en el sentido de reducir dr&aacute;sticamente la violencia para resolver conflictos interpersonales o grupales<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Si el sistema judicial apareci&oacute; antes del establecimiento de las rep&uacute;blicas democr&aacute;tico-burguesas, tambi&eacute;n el legislativo tuvo antecedentes en las necesidades de los gobiernos absolutistas de financiar sus guerras. Bates destaca su importancia, que llev&oacute; a los gobiernos a imponer tributos a sus ciudadanos m&aacute;s ricos, lo que eventualmente dio poder a los parlamentos y condujo a formas m&aacute;s democr&aacute;ticas de gobierno. En los casos de Jap&oacute;n, Corea del Sur, Taiw&aacute;n o Malasia, las situaciones de guerra indujeron a que los gobiernos asumieran el inter&eacute;s nacional y enfatizaran el desarrollo econ&oacute;mico como parte de una estrategia de defensa nacional. Dejaron entonces de defender intereses particulares o buscaron el m&aacute;ximo desarrollo del excedente econ&oacute;mico, en vez de depredarlo. En Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica, Bates encuentra que hubo con frecuencia una coalici&oacute;n de intereses que, arropados en interpelaciones populistas, depredaron los sectores econ&oacute;micamente exitosos, por lo general exportadores, las m&aacute;s de las veces con una p&eacute;rdida de los equilibrios macroecon&oacute;micos de sus pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Bates, la ayuda internacional en un mundo bipolar y el financiamiento del d&eacute;ficit de los pa&iacute;ses en desarrollo por las agencias multilaterales fren&oacute; el proceso de recurrir en forma seria a la tributaci&oacute;n local, los alej&oacute; de las formas pol&iacute;ticas democr&aacute;ticas y los llev&oacute; a la inestabilidad macroecon&oacute;mica. As&iacute; mismo, la ayuda militar a los pa&iacute;ses en conflicto frena el proceso de interacci&oacute;n entre el gobierno y los contribuyentes y, por tanto, se erige en impedimento para construir instituciones m&aacute;s democr&aacute;ticas.</p>     <p align="justify"><b>LOS COSTOS DE TRANSACCI&Oacute;N Y LAS INSTITUCIONES </b></p>     <p align="justify">Los neoinstitucionalistas critican la ortodoxia econ&oacute;mica en varios sentidos. Como vimos, adoptaron una sicolog&iacute;a experimental para sustituir el utilitarismo y su c&aacute;lculo optimizador, as&iacute; el individuo es un agente menos racional y soberano que el de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica. Para Herbert Simon (1986) los agentes tienen una racionalidad acotada o limitada por las carencias de informaci&oacute;n aludidas y por sus propios procesos cognitivos. Es decir, los agentes disponen de informaci&oacute;n incompleta, es costoso conseguir informaci&oacute;n adicional e incluso con buena informaci&oacute;n los modelos mentales de los agentes que la interpretan pueden estar operando de manera equivocada frente a la realidad. M&aacute;s importante a&uacute;n es que las instituciones gu&iacute;an su comportamiento y las normas sociales castigan o aprueban sus acciones, de modo que las decisiones econ&oacute;micas &oacute;ptimas s&oacute;lo se pueden tomar en ambientes institucionales propicios a la creaci&oacute;n de riqueza. Es posible entonces que no se puedan tomar buenas decisiones cuando las instituciones est&aacute;n montadas sobre sistemas pol&iacute;ticos que favorecen a muy pocos, o que no tienen forma de orientar de manera cooperativa los intereses sociales; lo que hacen entonces es propiciar la captura de rentas e incentivar la redistribuci&oacute;n de la riqueza y no la generaci&oacute;n de la misma.</p>     <p align="justify">Los neoinstitucionalistas introducen un concepto que es muy importante para establecer el nivel de fricci&oacute;n en un sistema econ&oacute;mico: el de los costos de transacci&oacute;n. El estudio de este tema fue iniciado por Ronald Coase en 1937, cuando observ&oacute; que las empresas ten&iacute;an la opci&oacute;n de hacer transacciones a trav&eacute;s del mercado o dentro de sus predios, donde las operaciones se contabilizaban pero no ten&iacute;an que ser transadas una a una. Esto lo indujo a pensar que la empresa se organizaba como una jerarqu&iacute;a para ahorrar costos de transacci&oacute;n: “en ausencia de costos de transacci&oacute;n, no existe fundamento econ&oacute;mico para la existencia de la empresa” (Coase, 1991, 19). Y defini&oacute; el concepto como “el costo de utilizar el mecanismo de precios” (ib&iacute;d., 13), para indicar que de esa manera, la empresa contrataba a trabajadores probados a largo plazo, y que sus administradores y sus proveedores y compradores tambi&eacute;n estaban inmersos en procesos de contrataci&oacute;n flexible y de largo plazo. Ser&iacute;a muy costoso contratar diariamente, por una jornada, a todos los trabajadores de una empresa industrial, aunque ese m&eacute;todo pueda ser adecuado para cosechar tomates. Algunos servicios no ten&iacute;an por qu&eacute; estar dentro de la empresa y era m&aacute;s barato subcontratarlos por fuera, como la vigilancia y el aseo. As&iacute; mismo, la empresa no expone al mercado muchos de sus procesos, porque ser&iacute;a m&aacute;s costoso, y contraproducente, dejarlos a su arbitrio; la contrataci&oacute;n diaria de trabajadores o administradores introducir&iacute;a mucha inestabilidad.</p>     <p align="justify">Coase tambi&eacute;n examin&oacute; la relaci&oacute;n entre costos de transar e intercambio de derechos de propiedad y la manera de negociar los costos asociados a estos intercambios. Oliver Williamson (1989, 19) profundiza los temas que Coase enunci&oacute; en su an&aacute;lisis de la empresa jer&aacute;rquica: los agentes econ&oacute;micos se adaptan a los cambios en su entorno y esto no puede ser captado por el supuesto de competencia externo a los procesos productivos y de intercambio. Los economistas neocl&aacute;sicos consideran que los costos de transacci&oacute;n son nulos y, sin embargo, cuando se miran en detalle aparecen en forma protuberante costos legales, de ejecuci&oacute;n, de vigilancia y costos de informaci&oacute;n, de cuyo estudio ha surgido una teor&iacute;a que constituye el aporte de George Akerloff y Joseph Stiglitz a la ciencia econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Los gobiernos que impiden profundizar los mercados por favorecer intereses particulares o que permiten una alta inflaci&oacute;n generan mala informaci&oacute;n que induce a muchos agentes a tomar decisiones de producci&oacute;n y ventas equivocadas, que los perjudican. En el caso de la inflaci&oacute;n, la se&ntilde;al de precios es falseada por el exceso de demanda monetaria y da lugar a reacciones inapropiadas de los productores. Hay negocios en los que uno de los agentes tiene informaci&oacute;n de la que carece el otro, y &eacute;ste sale perjudicado, un hecho que hoy se denomina informaci&oacute;n asim&eacute;trica. En el caso de bienes o servicios racionados por el gobierno, el acceso a ellos produce una renta que a veces es compartida con el funcionario que rubrica el privilegio. La informaci&oacute;n misma es costosa y el agente nunca sabe cu&aacute;ndo ha recopilado la suficiente para tomar buenas decisiones.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n existen los costos de emprender nuevos negocios, tema que ha dado lugar a una teor&iacute;a econ&oacute;mico-legal de los contratos para explicar qu&eacute; pasa cuando se incumplen o se cumplen a medias, as&iacute; como para entender el papel de los costos de vigilarlos y hacerlos cumplir, teor&iacute;a que vuelve a reunir la econom&iacute;a y las instituciones legales de la sociedad. Todos sabemos que las empresas tienen divisiones jur&iacute;dicas o contratan bufetes de abogados.</p>     <p align="justify">M&aacute;s importante para el funcionamiento adecuado del sistema capitalista es la existencia de un sistema de justicia imparcial y eficiente que resuelva r&aacute;pidamente los conflictos y en funci&oacute;n de sus m&eacute;ritos. Que todo conflicto sea mediado por una tercera parte, en palabras de North, que deje a todos los litigantes relativamente satisfechos. Si la justicia es corrupta y plagada de ineficiencia, habr&aacute; miles de negocios que nunca se llevar&aacute;n a cabo, los seguros ser&aacute;n prohibitivos y proliferar&aacute;n los litigios que se resuelven de manera privada o mediante parajusticias; de nuevo, soluciones motivadas por la venganza y no por la justicia.</p>     <p align="justify"><b>LAS INSTITUCIONES Y LA HISTORIA </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para North, el pecado mortal de la ortodoxia es su ahistoricismo. Declara que “la historia es importante” para examinar las instituciones que dan forma al intercambio y revelar cu&aacute;les contribuyeron al desarrollo econ&oacute;mico profundo de Occidente, como en los casos de Inglaterra y Holanda en Europa o de Estados Unidos, y cu&aacute;les frenaron el capitalismo en pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a y Portugal o en Am&eacute;rica Latina. Los pa&iacute;ses que primero alcanzaron su desarrollo capitalista tuvieron en com&uacute;n las revoluciones democr&aacute;ticas que establecieron la divisi&oacute;n de poderes y proscribieron el despotismo. Esto fue fundamental, por ejemplo, con respecto a los impuestos y a la inflaci&oacute;n. Los ciudadanos y los empresarios dejaron de sufrir el abuso de los gobiernos porque el parlamento deb&iacute;a negociar y aprobar todo impuesto. El parlamento impuso controles al gasto p&uacute;blico y estipul&oacute; que el gobierno gastara de acuerdo con sus medios. Si se extralimitaba, deb&iacute;a recurrir a la deuda p&uacute;blica voluntaria y no a los pr&eacute;stamos forzosos ni a la inflaci&oacute;n<a name="n8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup> (North y Thomas, 1978).</p>     <p align="justify">Al tiempo que el parlamento elegido por el pueblo e independiente del soberano establec&iacute;a impuestos justos, un banco central independiente (privado en Inglaterra y Holanda) garantizaba que el soberano no abusara de la emisi&oacute;n. Elster hace un paralelo entre la independencia de la justicia y el gobierno, para que &eacute;ste no persiga a la oposici&oacute;n y deje impunes los cr&iacute;menes de sus funcionarios, con la del banco central, para que el soberano no abuse de la emisi&oacute;n y financie sus gastos o garantice su reelecci&oacute;n cuando se trate de democracias. Hoy en d&iacute;a, ciertos economistas de orientaci&oacute;n keynesiana piensan que el banco central debe depender del gobierno; as&iacute; &eacute;ste podr&iacute;a abusar de la emisi&oacute;n monetaria o ser mala paga: el garante del cumplimiento universal de los contratos puede ser el que m&aacute;s los incumple, sin importar los riesgos. Keynes, sin embargo, consideraba que la emisi&oacute;n sin cortapisas era ruinosa para el capitalismo<a name="n9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup>. Existe una abundante evidencia latinoamericana y africana de que tales abusos conducen a resultados catastr&oacute;ficos para toda la poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses que siguen ese curso.</p>     <p align="justify">Otros elementos hist&oacute;ricos importantes de las instituciones democr&aacute;ticas fueron las revoluciones fiscal y financiera. La primera oblig&oacute; al gobierno a ser eficiente y a invertir los recursos p&uacute;blicos en forma racional, replicando la organizaci&oacute;n empresarial pero superponi&eacute;ndole una burocracia escogida por m&eacute;ritos y bien paga, cuya funci&oacute;n era optimizar los intereses colectivos. La segunda oblig&oacute; al cumplimiento impecable de las deudas del Estado (North y Weingast, 1996). Una condici&oacute;n previa fue la derogaci&oacute;n de las leyes contra la usura impuestas por la Iglesia cat&oacute;lica, que enredaban los contratos de deuda para evadir las regulaciones y que a veces permit&iacute;an al deudor zafarse de sus compromisos si renegaba p&uacute;blicamente de la deuda y denunciaba al acreedor ante la justicia eclesial.</p>     <p align="justify">El nuevo Estado permiti&oacute; el surgimiento del mercado de deuda p&uacute;blica que estableci&oacute; la curva de rendimientos de todos los plazos, &eacute;sta se convirti&oacute; en el papel m&aacute;s seguro y con menor tasa de inter&eacute;s, y sirvi&oacute; de gu&iacute;a para la conformaci&oacute;n de un gran mercado de capital privado, justamente en Londres y Amsterdam, y luego, en el siglo XIX, en Nueva York. All&iacute; acud&iacute;an los mandatarios y empresarios de los pa&iacute;ses del continente europeo, que reprim&iacute;an sus propios sistemas econ&oacute;micos y financieros, para conseguir pr&eacute;stamos mucho m&aacute;s baratos que en sus pa&iacute;ses. Un Estado grande que recaudaba impuestos altos para la &eacute;poca, pero a la vez justos, que era eficiente y contaba con un enorme apalancamiento financiero fue lo que permiti&oacute; que Inglaterra y Holanda, aunque &eacute;sta se estanc&oacute; por el alto nivel de tributaci&oacute;n requerido para sus gastos militares (Delong, 2000), y despu&eacute;s Estados Unidos, se convirtieran en imperios que ampliaron sus fronteras comerciales y de inversi&oacute;n<sup><a name="n10"></a><a href="#10">10</a></sup>.</p>     <p align="justify">Quiero destacar que los pa&iacute;ses donde se origin&oacute; y consolid&oacute; primero el capitalismo fueron centros de la reforma protestante, la cual condujo a la separaci&oacute;n de la religi&oacute;n y del Estado. Aunque North argumenta que la religi&oacute;n no es fundamental para explicar el desarrollo econ&oacute;mico, a m&iacute; me parece que es importante en el dise&ntilde;o inicial de las instituciones. En el caso latinoamericano, la ideolog&iacute;a de la contrarreforma impidi&oacute; el desarrollo de las instituciones pol&iacute;ticas liberales, las que regulan y profundizan los mercados. &Eacute;stas garantizaron el crecimiento econ&oacute;mico y un reparto relativamente equitativo de sus frutos, en particular cuando la tributaci&oacute;n se utiliz&oacute; para financiar los servicios sociales b&aacute;sicos, y aumentar la igualdad de oportunidades de la poblaci&oacute;n por medio de la educaci&oacute;n universal y gratuita.</p>     <p align="justify">Muy importante en todos estos pa&iacute;ses fue el mayor acceso a la educaci&oacute;n y, en Estados Unidos, a la propiedad de la tierra. Esto dio lugar a una clase media, adem&aacute;s de la clase trabajadora, que incidi&oacute; en el fraccionamiento del poder y en la satisfacci&oacute;n de los intereses de un mayor n&uacute;mero de personas. El peso de la clase media en la sociedad es crucial para que la pol&iacute;tica tienda a beneficiar a m&aacute;s individuos. En su estudio del papel del sufragio electoral y de la educaci&oacute;n en Am&eacute;rica del Norte y del Sur, Mariscal y Sokoloff encontraron que las estructuras de propiedad m&aacute;s democr&aacute;ticas y el disfrute de derechos de votaci&oacute;n m&aacute;s amplios en Canad&aacute; y el norte de Estados Unidos dieron lugar a un proceso intensivo de educaci&oacute;n de sus poblaciones, mientras que en el sur esclavista de Estados Unidos y en Am&eacute;rica Latina, con estructuras latifundistas de propiedad del suelo y limitaci&oacute;n de los derechos al voto, la educaci&oacute;n tuvo una cobertura muy inferior y sus deficiencias persisten a&uacute;n en el siglo XXI. Mientras que en el norte de Estados Unidos el analfabetismo se elimin&oacute; en 1830, mediante un sistema gratuito educativo basado en impuestos prediales, en Colombia a&uacute;n quedaba en 2002 un 10% de la poblaci&oacute;n sin saber leer ni escribir, y el 50% sin terminar la secundaria. El impuesto predial no llega al 1% del pib. Aqu&iacute;, la educaci&oacute;n depende de un imbricado proceso centralista que gener&oacute; su contraparte, un poderoso sindicato en posici&oacute;n de capturar parte del presupuesto educativo.</p>     <p align="justify">En una entrevista<a name="n11"></a><sup><a href="#11">11</a></sup>, James Robinson argumenta que North hizo un trabajo muy importante para identificar las instituciones que favorecieron el desarrollo continuo de los pa&iacute;ses centrales de Occidente, pero que vio el atraso de Am&eacute;rica Latina como el lado negativo de este proceso, pues fueron colonizados por los pa&iacute;ses que fracasaron en su desarrollo econ&oacute;mico hasta casi finales del siglo XX, Espa&ntilde;a y Portugal. Robinson, quien ha hecho aportes en la aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a de juegos a situaciones pol&iacute;ticas y al desarrollo econ&oacute;mico, comenta que los postulados de North son dif&iacute;ciles de formalizar matem&aacute;ticamente. “La contribuci&oacute;n de North es muy interesante y propone ideas muy agudas, pero nunca aterriza en una explicaci&oacute;n coherente del desarrollo comparativo”. A&ntilde;ade que a&uacute;n resta analizar las instituciones y la pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina para entender por qu&eacute; y c&oacute;mo bloquearon el desarrollo econ&oacute;mico, y que es fundamental estudiar y entender a los nuevos pa&iacute;ses africanos. Ah&iacute; tenemos el dilema entre supuestos simplificadores, que permiten la formalizaci&oacute;n matem&aacute;tica de una teor&iacute;a, y la observaci&oacute;n de la realidad, de la que se extraen algunos hechos sobresalientes para ofrecer explicaciones del comportamiento, que no tienen la elegancia de los modelos formales ni llevan a deducciones interesantes a partir del cambio de supuestos.</p>     <p align="justify">Junto con Acemoglu y otros economistas y estudiosos de las ciencias pol&iacute;ticas, Robinson sostiene que los pa&iacute;ses ex coloniales que hoy en d&iacute;a tienen un comportamiento econ&oacute;mico deficiente, inicialmente se organizaron como sistemas extractivos de plantaciones y minas, que luego llevaron a una estructura social sesgada por este hecho primigenio (Acemoglu et &aacute;l., 2003). El excedente es capturado por reg&iacute;menes poco democr&aacute;ticos que entran frecuentemente en fases de altas devaluaciones, cesaci&oacute;n de pagos e hiperinflaciones, es decir, que pierden sus equilibrios macroecon&oacute;micos. En cambio, los pa&iacute;ses colonizados por poblaciones europeas, lo que Arrighi llamara “colonias de poblamiento” (Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y, podr&iacute;amos a&ntilde;adir, regiones como Antioquia y Santander en Colombia o Costa Rica) llevaron a sistemas m&aacute;s igualitarios, con m&uacute;ltiples fuentes de excedentes y, por ello, con una mayor base democr&aacute;tica de sus gobiernos. Esa estructura pol&iacute;tica repercuti&oacute; tambi&eacute;n para que dichos pa&iacute;ses o regiones progresaran y mantuvieran sus equilibrios macroecon&oacute;micos.</p>     <p align="justify">Comienzan a proliferar las aplicaciones econom&eacute;tricas al estudio de las instituciones, en forma de paneles con cientos de pa&iacute;ses que permiten hacer comparaciones interesantes. Aparecen propuestas que tienen en cuenta variables geogr&aacute;ficas, institucionales y econ&oacute;micas para establecer relaciones estad&iacute;sticas entre ellas. El problema, a mi modo de ver, es que replican la l&oacute;gica de dar primac&iacute;a al modelo, que se verifica mediante correlaciones de las variables, y desaparecen los mecanismos de transmisi&oacute;n y la direcci&oacute;n de causalidad que tanto enfatizan los viejos institucionalistas y los neoinstitucionalistas como North.</p>     <p align="justify"><b>APLICACIONES A AM&Eacute;RICA LATINA </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b> </b>Existen dos trabajos de North, en asocio con Barry Weingast, que en mi opini&oacute;n se convertir&aacute;n en cl&aacute;sicos de las ciencias sociales. El primero, ya citado, estudia el surgimiento de las instituciones democr&aacute;ticas liberales, despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n burguesa en Inglaterra, y hace inteligible el rol que jugaron el parlamento, la justicia del com&uacute;n y el banco central en la creaci&oacute;n de frenos y balances que dieron lugar a compromisos cre&iacute;bles del Estado en el largo plazo, es decir, a esperar que respetar&iacute;a los derechos de propiedad y no abusar&iacute;a de los impuestos ni de la inflaci&oacute;n<a name="n12"></a><sup><a href="#12">12</a></sup>.</p>     <p align="justify">El segundo trabajo, apoyado por el historiador latinoamericanista William Summerhill, compara la regi&oacute;n de Am&eacute;rica colonizada por Inglaterra, que implant&oacute; sus instituciones democr&aacute;tico-liberales en el norte del continente, con las zonas de colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola, que estableci&oacute; sus instituciones mon&aacute;rquicas y corporativas. El hilo conductor es la reacci&oacute;n de los dos sistemas ante un cambio violento de r&eacute;gimen, el proceso de independencia, del cual surge una fase de desorden pol&iacute;tico. El desorden se caracteriza por una anulaci&oacute;n de los derechos de propiedad existentes, el desplazamiento de la autoridad pol&iacute;tica por una o unas nuevas y una situaci&oacute;n en la que “los ciudadanos temen por sus vidas, sus familias y sus fuentes de supervivencia” (North et &aacute;l., 2002, 10). El orden pol&iacute;tico corresponde a un conjunto de instituciones que aseguran la autoridad, cierto nivel de obediencia de la poblaci&oacute;n, bases pol&iacute;ticas de apoyo y un respeto relativo a los derechos de propiedad existentes.</p>     <p align="justify">En ambas regiones el proceso de independencia llev&oacute; a una fase de desorden, breve en el caso anglosaj&oacute;n, pues las 13 colonias acordaron una constituci&oacute;n muy eficiente que permit&iacute;a negociar continuamente los conflictos de inter&eacute;s entre ciudadanos y regiones, y entre capitalistas del norte y esclavistas del sur. En el caso de la colonizaci&oacute;n ib&eacute;rica, el desorden perdur&oacute; durante casi todo el siglo XIX. La primera produjo un orden pol&iacute;tico basado en el consenso social, la cooperaci&oacute;n en el terreno econ&oacute;mico, derechos de propiedad eficientes y protegidos, y estabilidad macroecon&oacute;mica, y abri&oacute; un proceso de desarrollo econ&oacute;mico continuo y profundo. La segunda vivi&oacute; una casi perpetua guerra civil que hizo imposible que cuajaran instituciones democr&aacute;tico liberales s&oacute;lidas, uno u otro bando viol&oacute; continuamente los derechos de propiedad, las constituciones liberales eran impuestas a la fuerza, igual que las conservadoras, y el continente se mantuvo estancado econ&oacute;micamente durante la mayor parte del siglo XIX.</p>     <p align="justify">Quiz&aacute;s podamos entender las fallas y progresos del proceso de construcci&oacute;n del Estado moderno en Am&eacute;rica Latina recurriendo a un m&eacute;todo de exposici&oacute;n que simplifica y abstrae los detalles, basado en el contraste de tres d&iacute;adas: parlamentarismo contra corporativismo, federalismo contra centralismo y libertad religiosa frente a Estado religioso.</p>     <p align="justify">El corporativismo se define como el intercambio pol&iacute;tico entre un poder dotado de mucha autoridad y organizaciones estamentales o corporaciones (iglesia, ej&eacute;rcito, terratenientes, gremios y sindicatos). Se intercambian privilegios por lealtad. Implica fueros especiales, tratamiento discriminatorio, negaci&oacute;n de la igualdad. Existen &oacute;rganos o c&aacute;maras gremiales de representaci&oacute;n, y se deja a un lado la representaci&oacute;n por sufragio universal. Es un sistema poco flexible que excluye m&uacute;ltiples o nuevos intereses. El parlamentarismo, en cambio, es un sistema de intercambio pol&iacute;tico entre individuos iguales, y derechos universales. Se intercambian impuestos por representaci&oacute;n permanente y control del gasto. Se representan regiones, etnias, clases sociales, grupos de inter&eacute;s o de g&eacute;nero. Se establecen canales institucionales para la resoluci&oacute;n de conflictos en forma razonada. Surge una divisi&oacute;n de poderes que exige un tercer poder judicial independiente para resolver los conflictos de negocios, interpersonales y entre el Estado y los particulares. Corporativismo y parlamentarismo se apoyan en alg&uacute;n tipo de poder consensual, pero el primero es m&aacute;s limitado que el segundo y tiende a ejercerlo de manera autoritaria. Mientras que en Europa se consolid&oacute; un modelo parlamentario de gobierno, en Estados Unidos se arraig&oacute; un modelo presidencialista.</p>     <p align="justify">El corporativismo m&aacute;s moderno, basado en la fusi&oacute;n de monopolios industriales, bancos y sus correspondientes sindicatos, que comenzara a implementar Bismark en la Alemania de fines del siglo XIX, mediante la protecci&oacute;n, defendidos en los escritos de Friedrich List, tuvo un amplio seguimiento en Am&eacute;rica Latina. En este continente surgieron gobiernos populistas que impusieron la captura de las rentas sobre los sectores de exportaci&oacute;n por parte de las industrias protegidas que sustituyeron importaciones, emitiendo a favor de ellas y perdiendo r&aacute;pida y recurrentemente el equilibrio macroecon&oacute;mico<a name="n13"></a><sup><a href="#13">13</a></sup>. Al transitar por atajos intervencionistas, que parec&iacute;an aceleradores del desarrollo econ&oacute;mico, se precipitaron en espirales hiperinflacionarias y empobrecieron a sus sociedades. Getulio Vargas en Brasil y Per&oacute;n en la Argentina son los ejemplos t&iacute;picos de esta tradici&oacute;n radical latinoamericana que se opone a la estabilidad de precios, la disciplina fiscal y a una tasa de cambio que refleje los equilibrios de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">Lo que hicieron y hacen los populistas es elevar el corporativismo hasta el punto de negar los fundamentos del parlamentarismo. Ganan fuerza los sindicatos adictos al caudillo –otra tradici&oacute;n carism&aacute;tica heredada del pasado colonial–, se afirman los gremios con acceso a las divisas o al cr&eacute;dito subsidiado, y se dejan de construir avenidas permanentes y universales de representaci&oacute;n. El populismo atenta contra los derechos de propiedad, expropia a los depositantes y acreedores del sistema financiero trasladando su propiedad a los deudores y al gobierno, rompe los contratos, favorece a sus huestes, liquida la meritocracia y pierde la estabilidad macroecon&oacute;mica. El populismo es un retroceso al pasado colonial, con un discurso democr&aacute;tico irresponsable; logra un apoyo pol&iacute;tico que viene de abajo, pero no ayuda a construir un sistema pol&iacute;tico consensual, justo y estable que sirva de base a un desarrollo econ&oacute;mico m&aacute;s profundo<a name="n14"></a><sup><a href="#14">14</a></sup>.</p>     <p align="justify">El primer polo de la segunda d&iacute;ada es el Estado centralista, que concentra el poder sin ning&uacute;n freno geogr&aacute;fico. No hay instancias de poder regional ni local o son raqu&iacute;ticas y dependen de los intercambios con el centro. El poder central reparte recursos a las regiones y localidades que piden, se desga&ntilde;itan y se lamentan de su impotencia. El sistema federal, por el contrario, implica fuertes poderes locales y regionales que balancean y frenan el poder central. Tiene bases tributarias propias y resuelve sus problemas m&aacute;s apremiantes con el concurso comunitario. Las regiones compiten por inversiones e inmigrantes que aumenten la riqueza y con ello sus bases tributarias. El poder central act&uacute;a como &aacute;rbitro para que exista libre comercio entre las regiones y da se&ntilde;ales de fuertes restricciones presupuestales: no salva las malas finanzas de ning&uacute;n nivel del gobierno ni de ninguna empresa p&uacute;blica, menos a&uacute;n de las privadas (Weingast, 2000).</p>     <p align="justify">En Am&eacute;rica Latina, aun en los pa&iacute;ses que se autodefinen como rep&uacute;blicas federales, el estado central recauda todos los impuestos y los transfiere a las regiones que se caracterizan por su pereza fiscal: para ellas es m&aacute;s rentable pol&iacute;ticamente luchar por transferencias que tomar el destino en sus manos con impuestos locales m&aacute;s altos. Los estados federales cuentan tambi&eacute;n con bancos p&uacute;blicos alimentados con la emisi&oacute;n del banco central, pues tienden a estar quebrados porque financian la pol&iacute;tica y no los negocios. La Comunidad Europea est&aacute; implementando la idea federal en un grupo importante de pa&iacute;ses con su mercado com&uacute;n, su moneda &uacute;nica y su parlamento europeo, por primera vez en la historia.</p>     <p align="justify">La tercera d&iacute;ada es la del Estado laico contra el Estado religioso. Los pa&iacute;ses anglosajones y n&oacute;rdicos pasaron por prolongadas guerras religiosas que culminaron con el triunfo de los protestantes, quienes decidieron prohibir que el Estado agenciara dogmas religiosos y se dedicara a defenderlos celosamente, en vez de procurar el bien com&uacute;n y el progreso econ&oacute;mico. Esto tambi&eacute;n fue logrado por la Revoluci&oacute;n Francesa y Napole&oacute;n lo llev&oacute; al resto de la Europa que conquist&oacute;. La vida civil de la poblaci&oacute;n se organiz&oacute; en forma laica, de manera m&aacute;s razonable que bajo orientaci&oacute;n religiosa. La educaci&oacute;n y las ciencias se libraron de la interpretaci&oacute;n religiosa y desarrollaron a fondo las capacidades de los individuos en un ambiente de libertad personal y sexual. La herencia hisp&aacute;nica fue distinta: un Estado unido umbilicalmente a una Iglesia que pod&iacute;a censurar las creencias y los valores, y partidos conservadores o cat&oacute;licos que defend&iacute;an sus privilegios. Se fren&oacute; as&iacute; la libre expresi&oacute;n de las ideas, se impidi&oacute; el desarrollo de universidades y colegios laicos que tuvieran la libertad para investigar y absorber las ciencias y, en consecuencia, multiplicar las tecnolog&iacute;as. Y se difundieron las ideolog&iacute;as de desigualdad de g&eacute;neros, basadas en el machismo y el marianismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Uno puede explicar que el siglo XIX latinoamericano tuviera tantas guerras civiles en la defensa de esta tradici&oacute;n antiliberal, que adquiri&oacute; visos modernos con las influencias del fascismo y del comunismo. Hubo un largo estancamiento econ&oacute;mico en el siglo XIX, al que sigui&oacute; un desarrollo econ&oacute;mico aceptable durante el siglo XX, al tiempo que los conflictos del presente tienen alguna ra&iacute;z dogm&aacute;tica. A&uacute;n perduran los problemas de los sistemas educativos sesgados por el legado confesional: el formalismo, la conformidad y la memorizaci&oacute;n de muy escasos textos, la falta de interpretaci&oacute;n y el encerramiento doctrinario, el distanciamiento entre la educaci&oacute;n y el sistema productivo, y la debilidad de las ciencias b&aacute;sicas y de las matem&aacute;ticas.</p>     <p align="justify">Las tres d&iacute;adas confluyen en cierta combinaci&oacute;n de libertad pol&iacute;tica y libertad econ&oacute;mica, en la implementaci&oacute;n de la igualdad frente a la ley y en la facilidad para adquirir propiedades o sea en la legitimidad misma de la propiedad y del r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Am&eacute;rica Latina ha avanzado hacia formas de gobierno m&aacute;s parlamentarias, m&aacute;s descentralizadas y ha logrado, con pocas excepciones, la separaci&oacute;n de la Iglesia y del Estado. Pero, como dice North, la historia presente depende de la senda que viene del pasado, y muchas de las instituciones informales y de las creencias –que incluyen, entre otras, a la profesi&oacute;n de economista– siguen marcadas por el legado colonial.</p>     <p align="justify"><b>A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">La econom&iacute;a neoinstitucional mantiene algunos supuestos del paradigma neocl&aacute;sico de la econom&iacute;a contempor&aacute;nea: los procesos de maximizaci&oacute;n que gobiernan el comportamiento de empresas y agentes, un nivel m&iacute;nimo de racionalidad del agente individual y el punto de partida, el individualismo metodol&oacute;gico, aunque d&eacute; m&aacute;s importancia a las normas que emiten las instituciones, las que, a fin de cuentas, son construcciones sociales. Y se aleja de ese paradigma en los supuestos sicol&oacute;gicos, en el peso que otorga a los costos de transacci&oacute;n, asociados a su vez a las instituciones que facilitan los intercambios y aseguran o no los derechos de propiedad de los agentes.</p>     <p align="justify">Por otra parte, se puede hablar de un programa de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica en el que insistieron los primeros institucionalistas norteamericanos, Veblen, Clark y Mitchell, y que eventualmente fue aceptado por toda la profesi&oacute;n, sin importar el car&aacute;cter de las hip&oacute;tesis que se pon&iacute;an a prueba. M&aacute;s en particular, Haber dice que la historia econ&oacute;mica contempor&aacute;nea es el resultado de tres programas de investigaci&oacute;n: el primero fue la medici&oacute;n cuidadosa de los factores del crecimiento econ&oacute;mico, asociado al desarrollo de las cuentas nacionales, que intent&oacute; medir el acervo de capital, la fuerza de trabajo, los salarios, los patrones de nutrici&oacute;n, los niveles educativos y las tasas de mortalidad y fertilidad. El segundo programa fue el estudio de las fuentes tecnol&oacute;gicas e institucionales del crecimiento econ&oacute;mico, pues detr&aacute;s de los cambios en las tasas de ahorro, la asignaci&oacute;n de la fuerza de trabajo y la formaci&oacute;n de capital subyac&iacute;an importantes innovaciones organizativas y t&eacute;cnicas. El tercer programa, asociado al trabajo de North, fue la aplicaci&oacute;n formal de la teor&iacute;a econ&oacute;mica (neocl&aacute;sica) a la comprensi&oacute;n del cambio institucional, para entender de qu&eacute; manera “el cambio institucional hac&iacute;a posible la actividad econ&oacute;mica mediante la reducci&oacute;n de los costos de transacci&oacute;n y el aumento de la certidumbre” (Haber, 1997, 4) con que actuaban los agentes econ&oacute;micos. North ha ido m&aacute;s all&aacute; al plantear que hay que entender la historia en forma din&aacute;mica, como procesos causales acumulativos, y en este punto rompe con los neocl&aacute;sicos.</p>     <p align="justify">Infortunadamente, estos programas de investigaci&oacute;n fueron rechazados en Am&eacute;rica Latina, en parte por el paradigma opuesto derivado de los planteamientos de Prebisch y la Cepal<sup><a name="n15"></a><a href="#15">15</a></sup>, para quienes las leyes del crecimiento econ&oacute;mico que operaban en el centro no operaban en la periferia, lo que equivale a la idea de que “la qu&iacute;mica no funciona en el tr&oacute;pico”. Los seguidores de este paradigma percib&iacute;an unas fuertes fricciones institucionales que frenaban el desarrollo econ&oacute;mico, ausente en las econom&iacute;as desarrolladas, las cuales, seg&uacute;n ellos, se pod&iacute;an remover con una mayor autarqu&iacute;a y una acci&oacute;n del Estado m&aacute;s fuerte. Pensaban, adem&aacute;s, que el comercio internacional era perjudicial para los pa&iacute;ses subdesarrollados. Influidos por la escuela hist&oacute;rica alemana de Friedrich List, Prebisch y sus disc&iacute;pulos, dise&ntilde;aron programas econ&oacute;micos proteccionistas, frecuentemente ejecutados con visiones e intereses corporativos; y justificaron medidas que, en opini&oacute;n de Bates, surgieron de las coaliciones que tratan de apropiarse del excedente exportador y persiguen pol&iacute;ticas mercantilistas para acelerar su desarrollo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">Esta teor&iacute;a se radicaliz&oacute; con la escuela de la dependencia, que acus&oacute; a la dominaci&oacute;n externa del subdesarrollo en todo el mundo, sin examinar el entramado institucional de cada pa&iacute;s. Para esta escuela, las trabas al desarrollo s&oacute;lo se pod&iacute;an resanar mediante una revoluci&oacute;n pol&iacute;tica. La teor&iacute;a de la dependencia recurri&oacute; al colectivismo metodol&oacute;gico para inferir que la totalidad sobredetermina a las partes. Sus hip&oacute;tesis de la dependencia econ&oacute;mica y pol&iacute;tica como causa del subdesarrollo y de los resultados perversos del comercio internacional nunca fueron validadas emp&iacute;ricamente, y la segunda es contraevidente. Haber menciona que Aldo Ferrer, en su historia de Argentina, no ofrece ninguna estad&iacute;stica y se ufana de ello. El sesgo antiemp&iacute;rico de la teor&iacute;a de la dependencia fue su flanco m&aacute;s d&eacute;bil y lo que luego llev&oacute; a su decadencia.</p>     <p align="justify">&iquest;Lo anterior significa que los pa&iacute;ses pobres son independientes de los grandes imperios? De ninguna manera. El grado de dependencia se puede analizar rigurosamente mediante la teor&iacute;a neoinstitucional: las relaciones pol&iacute;ticas desiguales entre pa&iacute;ses, el funcionamiento de las agencias multilaterales en t&eacute;rminos de votaci&oacute;n y representaci&oacute;n, c&oacute;mo sus t&eacute;cnicos tratan de impulsar ciertas reformas en los pa&iacute;ses socios que terminan distinto a como fueron previstas porque las instituciones locales las absorben a su manera, c&oacute;mo se entrelaza una empresa multinacional con las estructuras pol&iacute;ticas locales y c&oacute;mo influye en los procesos legislativos. A niveles m&aacute;s espec&iacute;ficos, el neoinstitucionalismo puede preguntar c&oacute;mo se reparte el excedente petrolero en los contratos de asociaci&oacute;n entre gobierno y empresa, de qu&eacute; manera se hacen las privatizaciones, c&oacute;mo son reguladas tales inversiones y a qui&eacute;n benefician, etc. Es posible probar rigurosamente cada una de estas hip&oacute;tesis recurriendo a las estructuras legales y pol&iacute;ticas, a los datos y a las estad&iacute;sticas disponibles.</p>     <p align="justify">Quiz&aacute;s sea el momento para hacer lo que hicieron los acad&eacute;micos de los pa&iacute;ses emergentes de Asia, Espa&ntilde;a y Portugal en los a&ntilde;os setenta del siglo XX y, en Am&eacute;rica Latina, Chile y Brasil, que lograron altas tasas de crecimiento econ&oacute;mico durante el siglo XX: absorber creativamente las ciencias y las tecnolog&iacute;as de Occidente para ser m&aacute;s fuertes y soberanos. Esas ciencias incluyen la econom&iacute;a, su paradigma dominante, sus programas de investigaci&oacute;n y los aportes de sus hijuelas cr&iacute;ticas, entre las que ocupa un importante lugar el neoinstitucionalismo.</p>     <p align="justify">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>.  Ver en el sitio [<a href="http://www.isnie.org" target="_blank">www.isnie.org</a>] los encuentros anuales de los muchos cient&iacute;ficos sociales que se congregan alrededor de la idea de que las instituciones son fundamentales para explicar el comportamiento social y econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"> <a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. En la <i>Teor&iacute;a general del empleo, el inter&eacute;s y el dinero</i>, Keynes no expuso sus ideas mediante f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas. Fueron Hicks, Hansen y Kline (con el modelo HHK o IS-LM) quienes formalizaron las ideas primigenias de Keynes en un aparato simplificado, que se llam&oacute; “s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica keynesiana”. Los fundamentalistas keynesianos se quejaron del modelo por despojar a Keynes de sus significados m&aacute;s complejos y sutiles (Chick, 1990, 23), mientras que los economistas ortodoxos lo acusaron de haber expuesto sus ideas en forma tan extensa y desordenada que se prestaba a interpretaciones confusas y contradictorias.</p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. “El consumo conspicuo de bienes valiosos es un medio de ganar reputaci&oacute;n para los caballeros del ocio” (Veblen, 1965, 117). En la sociedad industrial, el consumo conspicuo va a la esposa del hombre de negocios que no debe trabajar y concentrarse en organizar la vida social (para los negocios) del mismo que ya pierde el car&aacute;cter de ocioso, lo que se complementa o sustituye con el consumo de bienes. En todos los casos, aunque Veblen no lo trata como un valor negativo, hay un desperdicio de tiempo y de bienes (ib&iacute;d., 125).</p>     <p align="justify"> <a href="#n4">4</a><a name="4"></a>. Veblen se refiri&oacute; as&iacute; a Marx: “si hubiera elaborado una concepci&oacute;n materialista consistente [...] habr&iacute;a conducido, como lo hizo el darwinismo, a un concepto de cambio acumulativo de la estructura social y de su funci&oacute;n; pero este proceso, que es esencialmente una secuencia acumulativa de causaci&oacute;n, opaca y antiteleol&oacute;gica, no pod&iacute;a ser afirmado en la direcci&oacute;n de progreso, distinguido de retroceso, o de tender hacia alg&uacute;n tipo de ‘realizaci&oacute;n' o ‘auto-realizaci&oacute;n' sin una infusi&oacute;n de fantas&iacute;a p&iacute;a por parte del especulador” (Veblen, 1996, 282).</p>     <p align="justify"> <a href="#n5">5</a><a name="5"></a>. Es notable que Marx pensara que el hombre superar&iacute;a el reino biol&oacute;gico en el comunismo: “Darwin no supo qu&eacute; amarga s&aacute;tira acerca de la humanidad [...] estaba elaborando cuando mostr&oacute; que la libre competencia, la lucha por la existencia que los economistas consideran como el logro mayor de la historia, era la condici&oacute;n normal del reino animal. S&oacute;lo una organizaci&oacute;n consciente de la producci&oacute;n social, en la cual la producci&oacute;n y la distribuci&oacute;n est&aacute;n planificadas, puede levantar a la sociedad humana por encima del reino animal” (citado por Isaiah Berlin, en su Karl Marx ).</p>     <p align="justify"> <a href="#n6">6</a><a name="6"></a>. En el fascinante libro <i>El club de los metaf&iacute;sicos</i>sobre la historia intelectual de Estados Unidos en el siglo XIX, Louis Menand establece lo importante que fue el darwinismo para restarle estatus cient&iacute;fico a las teor&iacute;as creacionistas y racistas que planteaban que el hombre negro hab&iacute;a sido creado por Dios como una subespecie que deb&iacute;a estar sometida a la voluntad del hombre blanco. La teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n planteaba, por el contrario, que el hombre y todas sus razas surg&iacute;an de un mismo tronco y que ten&iacute;an las mismas capacidades. La nueva teor&iacute;a con su idea de procesos casu&iacute;sticos impuls&oacute; tambi&eacute;n el desarrollo de las matem&aacute;ticas de la probabilidad y los m&eacute;todos estad&iacute;sticos estoc&aacute;sticos.</p>     <p align="justify"> <a href="#n7">7</a><a name="7"></a>. En <i>Tiempo de morir</i>, de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el personaje principal mata en duelo a su oponente, paga 18 a&ntilde;os de c&aacute;rcel y, cuando sale de prisi&oacute;n, el hijo de este &uacute;ltimo pretende ultimarlo para saciar su sed de venganza y ejercer una justicia privada, sin importar que cumpli&oacute; con la p&uacute;blica. Se aproxima as&iacute; al lema siciliano que comenta Jon Elster: dos ojos por un ojo.</p>     <p align="justify"> <a href="#n8">8</a><a name="8"></a>. Como vimos antes, tambi&eacute;n hubo modelos exitosos de desarrollo basados en el corporativismo, como la Alemania de Bismark, el Jap&oacute;n despu&eacute;s de la restauraci&oacute;n Meiji y, m&aacute;s tarde, Corea del Sur, todos los cuales entraron en una fuerte competencia militar y econ&oacute;mica con sus rivales, que actu&oacute; como mecanismo de compromiso sobre sus reg&iacute;menes pol&iacute;ticos para imponer disciplina en los incentivos, mantener los equilibrios macroecon&oacute;micos y, en general, privilegiar las pol&iacute;ticas desarrollistas.</p>     <p align="justify"> <a href="#n9">9</a><a name="9"></a>. En su ensayo <i>Inflation</i> de 1919, Keynes escrib&iacute;a: “no hay ning&uacute;n medio de destrucci&oacute;n m&aacute;s sutil, m&aacute;s seguro de remover las bases existentes de la sociedad que corromper su moneda. El proceso compromete a todas las fuerzas escondidas de las leyes econ&oacute;micas del lado de la destrucci&oacute;n y lo hace de tal manera que ni un hombre en un mill&oacute;n puede entender lo que est&aacute; sucediendo” (Keynes, 1963, 77-79).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#n10">10</a><a name="10"></a>. El dependentismo explicaba la riqueza de los pa&iacute;ses imperialistas por el excedente que le extra&iacute;an a los pa&iacute;ses pobres. Sin embargo, el surgimiento de los imperios modernos como tales requiri&oacute; de un excedente grande, a su vez hecho posible por una elevaci&oacute;n de la productividad del trabajo, con que financiar la avanzada militar que garantiz&oacute; un control territorial extenso. Una vez lograda esta avanzada, los excedentes locales ampliaban a&uacute;n m&aacute;s los del imperio.</p>     <p align="justify"> <a href="#n11">11</a><a name="11"></a>. Ver [<a href="http://webpondo.org/" target="_blank">webpondo.org</a>].</p>     <p align="justify"> <a href="#n12">12</a><a name="12"></a>. En los a&ntilde;os 70, la discusi&oacute;n dentro de la izquierda colombiana estuvo dominada por la vigencia de la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica, entre los que defend&iacute;an la estrategia de la revoluci&oacute;n por etapas, que deb&iacute;a ser llevada a cabo antes de adelantar la revoluci&oacute;n socialista, y los que defend&iacute;an la simultaneidad de ambas revoluciones, a la manera leninista o trotskista. Nadie discuti&oacute; que la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica levantaba protecciones permanentes contra el despotismo, mientras que el esquema de partido &uacute;nico de la clase explotada deb&iacute;a llevar necesariamente a que ejerciera la tiran&iacute;a. Tanto la revoluci&oacute;n por etapas como la revoluci&oacute;n permanente conducir&iacute;an inexorablemente al totalitarismo.</p>     <p align="justify"> <a href="#n13">13</a><a name="13"></a>. La Alemania corporativa mantuvo sus equilibrios macroecon&oacute;micos hasta 1914 pero los perdi&oacute; para financiar la Primera Guerra Mundial y por las reparaciones a que fue sometida en Versalles, lo que desat&oacute; la hiperinflaci&oacute;n en 1921.</p>     <p align="justify"> <a href="#n14">14</a><a name="14"></a>. Tampoco los intentos de liberaci&oacute;n econ&oacute;mica, privatizaciones y ajustes fiscales han sido exitosos en algunos de los pa&iacute;ses latinoamericanos porque sus instituciones pol&iacute;ticas desprovistas de autocontroles son reacias a vivir de acuerdo con sus medios. Sin embargo, los pa&iacute;ses serios de la regi&oacute;n, Chile, M&eacute;xico, Brasil y Per&uacute; tienden a combinar estabilidad econ&oacute;mica con progreso econ&oacute;mico, aun despu&eacute;s de la crisis de 1998-1999.</p>     <p align="justify"> <a href="#n15">15</a><a name="15"></a>. En Colombia, el programa de historia econ&oacute;mica que recurr&iacute;a a modelos econom&eacute;tricos fue criticado por una coalici&oacute;n de historiadores tradicionales, dependentistas y marxistas que rechazaron el trabajo de William P. McGreevey, <i>Historia econ&oacute;mica de Colombia 1840-1930</i>. Ver Meisel (1999).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <p align="justify">1. Acemoglu, Daron; Simon Johnson; James Robinson y Ynyong Thaicharoen. “Institutional Causes, Macroeconomic Sympton: Volatility, Crises and Growth”, <i>Journal of Monetary Economics </i>50, 1, 2003, pp. 49-123, January.</p>     <p align="justify">2. Arrighi, Giovanni. <i>La geometr&iacute;a del imperialismo</i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1978.</p>     <p align="justify">3. Bates, Robert. <i>Prosperity and Violence</i>, New York, Norton Press Co., 2001.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">4. Berl&iacute;n, Isaiah. <i>Karl Marx</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1988.</p>     <p align="justify">5. Chick, Victoria. <i>La macroeconom&iacute;a seg&uacute;n Keynes</i>, Madrid, Alianza Universidad, 1990.</p>     <p align="justify">6. Coase, Ronald. <i>La empresa, el mercado y la ley</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1991.</p>     <p align="justify">7. DeLong, Bradford. “Overstrong Against Thyself: War, the State, and Growth in Europe on the Eve of the Industrial Revolution”, Olson, Mancur y Satu K&auml;hk&ouml;hnen, eds., <i>A Not-So-Dismal Science: Development and the Political Economy of Institutions</i>, Oxford, Oxford University Press, 2000.</p>     <p align="justify">8. Eggertsson, Thr&aacute;inn. <i>El comportamiento econ&oacute;mico y las instituciones</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1995.</p>     <p align="justify">9. Elster, Jon. <i>Ulis</i><i>es y las sirenas</i>, M&eacute;xico, Breviarios del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997.</p>     <p align="justify">10. Ferrer, Aldo. <i>La econom&iacute;a argentina: las etapas de su desarrollo y problemas actuales</i>, FCE, M&eacute;xico, 1963.</p>     <p align="justify">11. Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Gabriel. <i>Tiempo de morir</i>, obra de teatro, <i>Letras Nacionales</i> 3, 13, marzo-abril, 1967.</p>     <p align="justify">12. Haber, Stephen. <i>How</i><i> Latin America</i><i> Fell Behind</i>, Stanford University Press, 1997.</p>     <p align="justify">13. Hogdson, Geoffrey. <i>Economics and Evolution</i>, Michigan University Press, 1996.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">14. Keynes, John Maynard. <i>Essays in Persuasion</i>, New York, Norton, 1963.</p>     <p align="justify">15. Kuhn, Thomas S. <i>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas</i>,  M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1982. </p>     <p align="justify">16. List, Friedrich. <i>Sistema nacional de econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>,  M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1942. </p>     <p align="justify">17. Lucas, Robert. “Methods and Problems in Business Cycle Theory”, <i>Journal of Money, Credit</i><i>and Banking</i> 12, 4, 1980.</p>     <p align="justify">18. Mariscal, Elisa y Kenneth Sokoloff. “Schooling, Suffrage, and the Persistence of Inequality”, Haber, Stephen, ed., <i> Political Institutions and Economic Growth in </i><i>Latin America</i>, Stanford, Hoover Institution Press, 2000.</p>     <p align="justify">19. McGreevey, William Paul. <i>Historia econ&oacute;mica de</i><i> Colombia</i><i> 1845-1930</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Tercer Mundo, 1975.</p>     <p align="justify">20. Meisel, Adolfo. “La cliometr&iacute;a en Colombia: una revoluci&oacute;n interrumpida”, <i>Revista de Historia Econ&oacute;mica</i>, n&uacute;mero especial, 1999, Madrid. Reeditada en <i>Estudios Sociales</i> 9, 2001, Uniandes.</p>     <p align="justify">21. Menand, Louis.<i> El club de los metaf&iacute;sicos: historia de las ideas en Am&eacute;rica</i>, Barcelona, Editorial Destino, 2002.</p>     <p align="justify">22. North, Douglass C. <i>Instituciones, cambio institucional y desempe&ntilde;o econ&oacute;mico</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993.</p>     <p align="justify">23. North, Douglass; William Summerhill y Barry Weingast. “Orden, desorden y cambio econ&oacute;mico: Latinoam&eacute;rica versus Norte Am&eacute;rica”, <i>Revista Instituciones y Desarrollo</i> 12 y 13, Barcelona, 2002.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">24. North, Douglass y Thomas Robert Paul. <i>El nacimiento</i><i>del</i><i> mundo occidental, una nueva historia econ&oacute;mica (900-1700)</i>, M&eacute;xico, Siglo Veintiuno Editores, 1978.</p>     <p align="justify">25. North, Douglass y Barry Weingast. “Constitutions and Commitment: the Evolution of Institutions Governing Public Choice in Seventeen Century England”, Lee J. Alston; Thr&aacute;inn Eggertsson y Douglass C. North, <i>Empirical Studies in Institutional Change</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1996.</p>     <p align="justify">26. Olson, Mancur. <i>La l&oacute;gica de la acci&oacute;n colectiva: bienes p&uacute;blicos y la teor&iacute;a de grupos</i>, M&eacute;xico, Noriega Editores, Editorial Limusa, 1992.</p>     <p align="justify">27. Olson, Mancur y Satu K&auml;hk&ouml;hnen, eds. <i>A Not-So-Dismal Science: Development and the Political Economy of Institutions</i>, Oxford, Oxford University Press, 2000.</p>     <p align="justify">28. Rutherford, Malcom. <i>Institutions in Economics</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1996.</p>     <p align="justify">29. Rutherford, Malcom. <i>Institutionalism as “Scientific”</i><i> Economics</i>, Canada, Victoria University, 2002.</p>     <p align="justify">30. Simon, Herbert. “De la racionalidad sustantiva a la procesal”, Hahn, Frank y Martin Hollis, <i>Filosof&iacute;a y teor&iacute;a econ&oacute;mica</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1986.</p>     <p align="justify">31. Veblen, Thorstein. <i>The Portable Veblen</i>, Lerner, Max, ed., New York, the Viking Press, 1965.</p>     <p align="justify">32. Weingast, Barry. “The Theory of Comparative Federalism and the Emergence of Economic Liberalization in M&eacute;xico, China and India”, 2000, [<a href="http://www.cuhk.edu.hk/gpa/wang_files/3050-01.pdf" target="_blank">www.cuhk.edu.hk/gpa/wang_files/3050-01.pdf</a>].</p>     <p align="justify">33. Williamson, Oliver. <i>Las instituciones econ&oacute;micas del capitalismo</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">34. Williamson, Oliver. “Economic Institutions and Development: A View from the Bottom”, Olson y K&auml;hk&ouml;hnen, eds., <i>A Not-So-Dismal Science: Development and the Political Economy of Institutions</i>, Oxford, Oxford University Press, 2000.</p> </font>      ]]></body>
</article>
