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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br>   <b>POR QU&Eacute; NO SOY CREYENTE<a name="nast"></a><a href="#ast">*</a></b></p></font> <font face="Verdana" size="2">       <p>    <br></p>       <p align="center"><b>WHY I AM NOT A BELIEVER</b></p>       <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Norberto Bobbio</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#nast">*</a><a name="ast"></a> Tomado de <i>La Repubblica</i>, 30 de abril de 2000. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>No soy un hombre de fe, soy un hombre de raz&oacute;n y desconf&iacute;o de toda fe, pero distingo la religi&oacute;n de la religiosidad. Para m&iacute; la religiosidad significa, simplemente, tener sentido de los propios l&iacute;mites, saber que la raz&oacute;n del hombre es una lucecita que ilumina un espacio &iacute;nfimo en comparaci&oacute;n con la grandeza, con la inmensidad del universo. Lo &uacute;nico de lo que estoy seguro, siempre dentro de los l&iacute;mites de mi raz&oacute;n &ndash;porque nunca lo repetir&eacute; lo suficiente: no soy un hombre de fe, tener fe es algo que pertenece a un mundo que no es el m&iacute;o&ndash; es que si vivo el sentido del misterio, &eacute;ste es evidentemente com&uacute;n al hombre de raz&oacute;n y al hombre de fe. Con la diferencia de que el hombre de fe colma este misterio con revelaciones y verdades que vienen de lo alto, y de las que no logro convencerme. Empero, sigue siendo fundamental este profundo sentido del misterio que nos rodea, al que llamo sentido de religiosidad.</p>     <p align="justify"> La m&iacute;a es una religiosidad de la duda, y no de respuestas ciertas.</p>     <p align="justify"> Acepto s&oacute;lo aquello que est&aacute; dentro de los l&iacute;mites de la estrecha raz&oacute;n, y son l&iacute;mites de veras angostos: mi raz&oacute;n se detiene despu&eacute;s de pocos pasos aunque, deseando recorrer el camino que penetra en el misterio, el camino no tenga fin. Cuanto m&aacute;s sabemos, m&aacute;s sabemos que no sabemos. Cualquier cient&iacute;fico te dir&aacute; que cuanto m&aacute;s sabe m&aacute;s descubre que no sabe. Los antiguos cre&iacute;an saber mucho, aunque no sab&iacute;an nada en comparaci&oacute;n con lo que sabemos. Hemos ampliado enormemente el espacio de nuestro conocimiento, pero cuanto m&aacute;s lo ampliamos m&aacute;s cuenta nos damos de que este espacio es grande. &iquest;Qu&eacute; es el cosmos? &iquest;Qu&eacute; sabemos del cosmos? &iquest;C&oacute;mo y por qu&eacute; el paso de la nada al ser?</p>     <p align="justify"> Son preguntas tradicionales, pero no tengo las respuestas: &iquest;por qu&eacute; el ser y no m&aacute;s bien la nada? Nunca he ocultado que no tengo una respuesta, y no s&eacute; qui&eacute;n sepa darla a esta &uacute;ltima pregunta, excepto por fe. Seg&uacute;n Severino el ser es infinito, el ser que es. Pero no es as&iacute; como podemos entender qu&eacute; era antes. Es imposible. Y frente a las preguntas a las que es imposible dar una respuesta &ndash;porque de esto tengo certeza: no puedo dar una respuesta, aunque pertenezca a una humanidad que ha hecho enormes progresos&ndash; me siento como un peque&ntilde;o grano de arena en este universo. Y negar que la pregunta tiene sentido, como podr&iacute;a hacer cierta filosof&iacute;a anal&iacute;tica, me parece un juego de palabras. Quiz&aacute; obedezca a mi incapacidad para ir m&aacute;s all&aacute;.</p>     <p align="justify"> Pero cuando siento que he llegado al final de la vida sin haber encontrado una respuesta a las preguntas &uacute;ltimas, mi inteligencia es humillada, humillada. Y acepto esta humillaci&oacute;n. La acepto. Y no intento escapar a esta humillaci&oacute;n con la fe, a trav&eacute;s de caminos que no logro recorrer. Contin&uacute;o siendo un hombre con mi raz&oacute;n limitada y humillada. S&eacute; que no s&eacute;. A esto lo llamo &ldquo;mi religiosidad&rdquo;. No s&eacute; si sea correcto, pero en el fondo coincide con lo que piensan las personas religiosas ante el misterio. Cierto, quiz&aacute; no logran resistir a esta duda continua, a este continuo no saber, y entonces conf&iacute;an en las creencias, como en la de la inmortalidad del alma. Yo, sin embargo, contin&uacute;o entendiendo el fondo religioso de mi persona como este no saber. Y es un fondo religioso que me molesta, me agita, me atormenta.</p>     <p align="justify"> Un d&iacute;a dije al cardenal Martini: para m&iacute; la diferencia no es entre el creyente y el no creyente (&iquest;qu&eacute; quiere decir entonces creer? &iquest;Creer en que?), sino entre quien toma en serio estos problemas y quien no los toma en serio: existe el creyente que se contenta con respuestas f&aacute;ciles (y tambi&eacute;n el no creyente, que quede claro, que se contenta con respuestas f&aacute;ciles). Hay quien dice: soy ateo, pero no estoy seguro de saber qu&eacute; significa. Pienso que la verdadera diferencia es entre quien, para dar sentido a su propia vida, se hace estas preguntas con seriedad y empe&ntilde;o, y busca la respuesta, aunque no la encuentre, y aqu&eacute;l al que no le importa nada, a quien basta repetir lo que se le ha dicho desde ni&ntilde;o.</p>     <p align="justify"> La respuesta de la fe es consoladora. Pero las religiones no tienen s&oacute;lo una funci&oacute;n consoladora. Tienen tambi&eacute;n la funci&oacute;n de revelar verdades sobre problemas a los que no llega el saber com&uacute;n: la creaci&oacute;n, la inmortalidad del alma. Respuestas consoladoras, pero no s&oacute;lo eso: respuestas a preguntas que cada uno se hace en el umbral de la muerte. He dado mi respuesta, con las pocas &ldquo;convicciones&rdquo; que tengo. Porque las m&iacute;as son las convicciones de un hombre que pasa constantemente de la duda a la verdad y de nuevo a la duda. No creo. Llegado a una edad en la que se siente que el fin est&aacute; cercano, si debo escucharme a m&iacute; mismo y dar una respuesta personal, el &uacute;nico deseo, la &uacute;nica necesidad que tengo, no es la de la inmortalidad, es la de morir en santa paz: es el reposo eterno lo que espero. No quiero despertar. Pero, en el fondo, esto tambi&eacute;n coincide profundamente con la religi&oacute;n: las palabras &iexcl;<i>requiem aeternam dona eis Domine</i>!, aparecen escritas a la entrada de todo cementerio. Tambi&eacute;n crec&iacute;, como casi todos en este pa&iacute;s, en una familia cat&oacute;lica, y tuve una formaci&oacute;n cat&oacute;lica. Plegarias, plegarias, plegarias... Las he repetido tanto (bien sea en lat&iacute;n, como se sol&iacute;a hacer, bien sea en italiano) que casi las he olvidado. Hice la primera comuni&oacute;n y tuve tambi&eacute;n un matrimonio religioso (aunque mi esposa tampoco es creyente). Y no es f&aacute;cil responder la pregunta de cu&aacute;ndo y por qu&eacute; perd&iacute; la fe. Tal vez hacia los veinte a&ntilde;os. Tambi&eacute;n los estudios de filosof&iacute;a, es cierto. Todas estas preguntas sobre los problemas de la metaf&iacute;sica, por decirlo as&iacute;, y darme cuenta de que las respuestas de la fe implicaban creencias dif&iacute;ciles de aceptar. La creencia en los milagros, por ejemplo, es la cosa m&aacute;s absurda para un racionalista. As&iacute; mismo sucede con el deber de creer en lo que para todo ser de raz&oacute;n aparece como mito, empezando por el pecado original.</p>     <p align="justify"> En cuanto al pecado original, comparto lo que en varios art&iacute;culos ha escrito un cat&oacute;lico amigo m&iacute;o, el profesor Luigi Lombardi Vallauri (que tambi&eacute;n por esta raz&oacute;n fue expulsado de la universidad cat&oacute;lica donde ense&ntilde;aba), que plantea preguntas muy simples, de corto alcance si se quiere, pero para las que no hay respuesta: una culpa colectiva original no es aceptable, la culpa es personal, no se puede transmitir de una generaci&oacute;n a otra, no hay nada m&aacute;s primitivo. La culpa colectiva es con franqueza una concepci&oacute;n tribal. Es dif&iacute;cil creer en el Antiguo Testamento. Creer en el Dios de Abraham que se revela exigiendo un sacrificio tan cruel. Y aqu&iacute; me detengo. Pero queda el misterio del universo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Por lo dem&aacute;s, en mi formaci&oacute;n quiz&aacute;s tuvieron m&aacute;s influencia factores m&aacute;s banales. Con la adolescencia y despu&eacute;s de ella se entra en el mundo, con todos los deseos que asaltan a un muchacho, tan intensos que llevan poco a poco a abandonar las pr&aacute;cticas religiosas. Durante muchos a&ntilde;os has ido a confesarte y en cierto momento dejas de hacerlo. Entras en conflicto con la moral del confesionario. Quiz&aacute; con la idea de que luego volver&aacute;s... Entre los problemas metaf&iacute;sicos muy pronto me plante&eacute; el de la inmortalidad del alma: &iquest;es posible que seamos eternos? &iquest;Eso qu&eacute; significa? La vida y la muerte est&aacute;n ligadas en forma indisoluble, la vida recibe sentido de la muerte y la muerte de la vida. La muerte, si en verdad hubiese otra vida, no ser&iacute;a la muerte. Pensemos bien: &iquest;por qu&eacute; la muerte es la muerte? &iexcl;Porque es la muerte! Es necesario tomar en serio a la muerte.</p>     <p align="justify"> Empec&eacute; a tomar en serio a la muerte viendo morir a j&oacute;venes amigos, sin ilusionarme con la promesa de la religi&oacute;n de que a&uacute;n estaban vivos. A veces, pensando en la muerte de una persona particularmente querida &ndash;mi padre, por ejemplo&ndash; s&eacute; que la persona que am&eacute; ya no existe. Y que si hay algo de &eacute;l en otro lugar &ndash;que no s&eacute; d&oacute;nde est&eacute;&ndash; no me importa absolutamente nada. La persona que am&eacute; era esa manera particular de sonre&iacute;r, con la que jugaba, con la que me reun&iacute;a en el campo los fines de semana cuando est&aacute;bamos de vacaciones, el deseo expectante en la verja de la casa para esperarlo y saludarlo alegremente: doy por cierto que esto ya no existe.</p>     <p align="justify"> Continu&eacute; reflexionando sobre los grandes temas de la existencia y jam&aacute;s me convenci&oacute; ninguna de las respuestas de la religi&oacute;n. Sin embargo, al mismo tiempo, tampoco logr&eacute; dar las respuestas. Y por ello digo de nuevo que tengo un sentido religioso de la vida, justamente por este conocimiento de que hay un misterio impenetrable. &iexcl;Impenetrable!</p> </font>      ]]></body>
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