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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>CONTENIDO Y ALCANCE DE LA EDUCACI&Oacute;N LIBERAL*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>CONTENT AND SCOPE OF LIBERAL EDUCATION, FIRST PART</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>John Stuart Mill</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Conferencia pronunciada en la Universidad de Saint Andrews, Escocia, el 1.<sup>o</sup> de febrero de 1867. Traducci&oacute;n de Henrique Hoyos Olier, profesor de la Universidad Pedag&oacute;gica Nacional, y Alberto Supelano.</p> <hr>    <p align="justify">Acatando la costumbre que prescribe que la persona a la que eligieron como presidente honorario de la universidad debe plasmar en un discurso algunos pensamientos sobre los temas que interesan m&aacute;s de cerca a un centro de educaci&oacute;n liberal, perm&iacute;tanme comenzar diciendo que esta usanza me parece muy loable. La educaci&oacute;n, en su sentido m&aacute;s amplio, es un tema inagotable. Aunque es dif&iacute;cil que haya otro tema sobre el cual se haya escrito tanto, por muchos de los hombres m&aacute;s sabios, es tan nuevo para quienes llegan a &eacute;l con la mente abierta, con una mente que no est&aacute; atiborrada de las conclusiones de otras personas, como lo fue para los primeros que lo exploraron: y no obstante la gran cantidad de cosas excelentes que se han dicho sobre ella, ninguna persona reflexiva deja de encontrar cosas grandes o peque&ntilde;as que a&uacute;n esperan a ser dichas o a ser desarrolladas y llevadas hasta sus &uacute;ltimas consecuencias.</p>     <p align="justify"> La educaci&oacute;n es, adem&aacute;s, uno de los temas en que es esencial que sea examinado por diversas mentes y desde diferentes puntos de vista. Porque de todos los temas que tienen muchas facetas, &eacute;ste es el que tiene mayor n&uacute;mero de facetas. No s&oacute;lo incluye todo lo que hacemos por nosotros mismos, y todo lo que los dem&aacute;s hacen por nosotros, con el prop&oacute;sito expreso de acercarnos algo m&aacute;s a la perfecci&oacute;n de nuestra naturaleza, sino a&uacute;n m&aacute;s: en su acepci&oacute;n m&aacute;s amplia, incluye tambi&eacute;n los efectos indirectos sobre el car&aacute;cter y las facultades humanas de cosas cuyos prop&oacute;sitos directos son bastante diferentes: las leyes, las formas de gobierno, las artes industriales, los modos de vida social; y a&uacute;n m&aacute;s, los hechos f&iacute;sicos que no dependen de la voluntad humana, el clima, el suelo y la localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica. Todo lo que ayude a formar al ser humano, a hacer del individuo lo que es o a impedirle ser lo que no es, es parte de su educaci&oacute;n. Y muy a menudo es una mala educaci&oacute;n, que exige que la inteligencia y la voluntad cultivadas hagan todo lo que puedan hacer para contrarrestar sus tendencias. Para dar un ejemplo obvio: En algunos lugares, la mezquindad de la naturaleza absorbe todas las energ&iacute;as del ser humano en la mera preservaci&oacute;n de la vida; y, en otros, su prodigalidad hace posible una especie de subsistencia bruta, por decirlo con suavidad, casi sin ejercer las facultades humanas; ambas son hostiles al crecimiento y el desarrollo espont&aacute;neos de la mente; y entre estos dos extremos de la escala encontramos sociedades humanas en un estado salvaje absoluto.</p>     <p align="justify"> Debo limitarme, sin embargo, a la educaci&oacute;n en el sentido m&aacute;s estricto; la cultura que cada generaci&oacute;n transmite deliberadamente a quienes han de ser sus sucesores, con el fin de calificarlos para que al menos conserven y si es posible eleven el nivel que se ha alcanzado. Casi todos los aqu&iacute; presentes se ocupan diariamente de recibir o de dar este tipo de educaci&oacute;n, y la parte que m&aacute;s les interesa en el presente es aquella a la que est&aacute;n dedicados: la etapa educativa que corresponde impartir a una universidad nacional.</p>     <p align="justify"> La funci&oacute;n apropiada de la universidad en la educaci&oacute;n nacional es aceptablemente entendida. Al menos hay un relativo acuerdo general sobre lo que no es la universidad. No es un lugar de educaci&oacute;n profesional. No se busca que las universidades ense&ntilde;en el conocimiento requerido para que los estudiantes puedan ganarse el sustento de una manera especial. Su objetivo no es producir abogados, m&eacute;dicos o ingenieros competentes, sino formar seres humanos capaces y cultivados. Es muy conveniente que existan establecimientos p&uacute;blicos para el estudio de las profesiones. Est&aacute; bien que existan escuelas de derecho y de medicina, y est&aacute; bien que existan escuelas de ingenier&iacute;a y de artes industriales. Los pa&iacute;ses que cuentan con este tipo de instituciones est&aacute;n en mejores condiciones, y se pueden dar argumentos para que est&eacute;n en las mismas localidades y bajo la misma supervisi&oacute;n general que los que se dedican a la educaci&oacute;n propiamente dicha. Pero estas cosas no son parte de lo que cada generaci&oacute;n debe a la siguiente, de las que dependen su civilizaci&oacute;n y su val&iacute;a. S&oacute;lo son necesarias para unos pocos, que tienen intensas motivaciones privadas para conseguirlas por s&iacute; mismos; y aun esos pocos s&oacute;lo las requieren hasta que se ha completado su educaci&oacute;n, en el sentido com&uacute;n de la palabra. Cualquiera que sea su especialidad, las aprender&aacute;n como una rama de la inteligencia o como un simple oficio, y luego de aprenderlas, les dar&aacute;n un uso sabio y consciente o al contrario, dependiendo menos de la manera como se les ense&ntilde;&oacute; su profesi&oacute;n que del tipo de mentes que contribuyeron a formar, del tipo de inteligencia y de conciencia que el sistema general de educaci&oacute;n desarroll&oacute; en ellos.</p>     <p align="justify"> Las personas son personas antes que abogados, m&eacute;dicos, comerciantes o fabricantes; y si se puede hacer de ellas personas capaces y sensatas, ser&aacute;n por s&iacute; mismos abogados o m&eacute;dicos capaces y sensatos. Lo que los profesionales deben extraer de la universidad no es el conocimiento profesional, sino el que debe dirigir el uso de ese conocimiento profesional y aportar la luz de la cultura general para iluminar los tecnicismos de una ocupaci&oacute;n particular. Se puede ser un abogado competente sin educaci&oacute;n general, pero de ella depende formarlos como abogados filos&oacute;ficos que exijan y sean capaces de entender los principios en vez de atiborrar su memoria con los detalles. Y as&iacute; sucede con los dem&aacute;s oficios provechosos, incluidos los oficios mec&aacute;nicos. La educaci&oacute;n lleva a que un zapatero sea m&aacute;s inteligente, no porque le ense&ntilde;e c&oacute;mo hacer zapatos, sino por el ejercicio mental que le exige y por los h&aacute;bitos que le imprime.</p>     <p align="justify">&Eacute;ste es, entonces, lo que un matem&aacute;tico llamar&iacute;a el l&iacute;mite superior de la educaci&oacute;n universitaria: su &aacute;mbito termina donde la educaci&oacute;n deja de ser general y se divide en departamentos adaptados a las metas de vida del individuo. El l&iacute;mite inferior es m&aacute;s dif&iacute;cil de definir. A la universidad no le compete la instrucci&oacute;n elemental: se supone que el estudiante la ha adquirido antes de llegar aqu&iacute;. Pero, &iquest;d&oacute;nde termina la instrucci&oacute;n elemental y d&oacute;nde comienzan los estudios superiores? Algunos dan un alcance muy amplio a la idea de instrucci&oacute;n elemental. Seg&uacute;n ellos, el oficio de la universidad no es impartir instrucci&oacute;n en ramas particulares del conocimiento desde el comienzo. Lo que debe ense&ntilde;arse al estudiante &ndash;piensan ellos&ndash; es a organizar su conocimiento, a ver cada parte separada en su relaci&oacute;n con las dem&aacute;s partes y con el todo; a unir las visiones parciales que ha obtenido del campo del conocimiento humano en diferentes puntos, en un mapa general de toda la regi&oacute;n, por as&iacute; decirlo; a observar que todo el conocimiento est&aacute; conectado, que ascendemos a una rama por medio de otra, que la m&aacute;s alta modifica a la m&aacute;s baja, y que la m&aacute;s baja nos ayuda a comprender la m&aacute;s alta; que toda la realidad existente es una mezcla de muchas propiedades, de la que cada ciencia o modo diferente de estudio s&oacute;lo revela una parte peque&ntilde;a, pero cuya totalidad debemos incluir para que podamos conocerla como un verdadero hecho de la naturaleza, y no como una mera abstracci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Esta &uacute;ltima etapa de la educaci&oacute;n general, destinada a dar al estudiante una visi&oacute;n amplia y conectada de las cosas que ya ha aprendido por separado, incluye un estudio filos&oacute;fico de los m&eacute;todos de las ciencias, de las maneras como el intelecto avanza de lo conocido a lo desconocido. Se nos ha de ense&ntilde;ar a generalizar nuestra visi&oacute;n de los recursos que posee la mente humana para explorar la naturaleza; a entender c&oacute;mo descubrimos los hechos reales del mundo, y mediante qu&eacute; pruebas podemos juzgar si realmente los hemos descubierto. Y sin duda &eacute;sta es la cima y la consumaci&oacute;n de la educaci&oacute;n liberal: pero antes de que restrinjamos la universidad a este departamento superior de la instrucci&oacute;n &ndash;antes de que la limitemos a ense&ntilde;ar, no el conocimiento, sino la filosof&iacute;a del conocimiento&ndash; debemos asegurar que el conocimiento se haya adquirido en otra parte. Quienes adoptan esta visi&oacute;n de la funci&oacute;n de la universidad no est&aacute;n equivocados al pensar que las escuelas, a diferencia de las universidades, deben ser adecuadas para ense&ntilde;ar cada rama de la instrucci&oacute;n general que requiere la juventud, hasta donde se la pueda estudiar por separado de las dem&aacute;s. Pero, &iquest;d&oacute;nde se puede encontrar este tipo de escuelas? Desde cuando la ciencia asumi&oacute; su car&aacute;cter moderno, en ning&uacute;n lugar; y menos a&uacute;n en estas islas que en otras partes.</p>     <p align="justify"> Gracias a sus grandes reformadores religiosos, este antiguo reino tuvo la inapreciable ventaja, negada a sus hermanos del sur, de poseer excelentes escuelas parroquiales que alfabetizaron e instruyeron, en realidad y no en apariencia, a la masa de la poblaci&oacute;n, dos siglos antes que en cualquier otro pa&iacute;s. Pero las escuelas de un nivel a&uacute;n m&aacute;s alto han sido, incluso en Escocia, tan pocas e inadecuadas que las universidades han tenido que cumplir gran parte de las funciones que deber&iacute;an desempe&ntilde;ar la escuelas: recibir estudiantes muy j&oacute;venes, y encargarse no s&oacute;lo de la tarea para la que las escuelas los deber&iacute;an haber preparado, sino de buena parte de la misma preparaci&oacute;n. Ninguna universidad escocesa es &uacute;nicamente una universidad, es tambi&eacute;n una escuela secundaria para suplir las deficiencias de otras escuelas. Y si las universidades inglesas no hacen lo mismo, no se debe a que no exista la necesidad, sino a que se le desatiende. Los j&oacute;venes llegan ignorantes a las universidades escocesas, y se les ense&ntilde;a. La mayor&iacute;a de los que llegan a las universidades inglesas llegan a&uacute;n m&aacute;s ignorantes, y se van ignorantes.</p>     <p align="justify"> Por consiguiente, el oficio de una universidad escocesa cubre en realidad toda la educaci&oacute;n liberal, desde los fundamentos hasta los niveles superiores. Y el programa de las universidades aspira, casi desde el comienzo, a incluir la totalidad, tanto en profundidad como en amplitud. Ustedes no han limitado todo el &eacute;nfasis de la ense&ntilde;anza, todos los esfuerzos reales por ense&ntilde;ar &ndash;como lo hicieron durante tanto tiempo las universidades inglesas&ndash; dentro de los l&iacute;mites de dos materias: las lenguas cl&aacute;sicas y las matem&aacute;ticas. No esperaron hasta estos &uacute;ltimos a&ntilde;os para establecer las carreras de ciencia natural y de ciencia moral. La instrucci&oacute;n en ambos departamentos se organiz&oacute; hace mucho tiempo: y los profesores de estas materias no han sido profesores nominales, que no imparten clases: algunos de los nombres m&aacute;s conocidos en las ciencias f&iacute;sicas y morales han ense&ntilde;ado en sus universidades, y con su ense&ntilde;anza han contribuido a formar algunos de los intelectos m&aacute;s distinguidos de los siglos anteriores y del presente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Comentar la trayectoria de la educaci&oacute;n en las universidades escocesas es pasar revista a cada departamento esencial de la cultura general. De modo que el mejor servicio que puedo prestar en esta ocasi&oacute;n es presentar algunos comentarios sobre cada uno de esos departamentos, considerados en su relaci&oacute;n con la educaci&oacute;n en general; haciendo referencia a la justificaci&oacute;n que a cada uno asiste para tener un lugar en la educaci&oacute;n liberal; de qu&eacute; manera particular cada uno conduce al mejoramiento de la mente individual y al provecho de la especie, y en qu&eacute; forma todos concurren al fin com&uacute;n, al fortalecimiento, la exaltaci&oacute;n, la purificaci&oacute;n y el embellecimiento de nuestra naturaleza com&uacute;n, y al equipamiento de los seres humanos con los implementos mentales necesarios para la tarea que deben desempe&ntilde;ar durante la vida.</p>     <p align="justify"> Primero, perm&iacute;tanme decir unas pocas palabras sobre la gran controversia actual acerca de la educaci&oacute;n superior, la diferencia que divide m&aacute;s ampliamente a los reformadores y a los conservadores de la educaci&oacute;n; la debatida cuesti&oacute;n de las lenguas antiguas y las ciencias y las artes modernas, es decir, si la educaci&oacute;n general debe ser cl&aacute;sica &ndash;perm&iacute;tanme usar una expresi&oacute;n m&aacute;s amplia, y decir literaria&ndash; o cient&iacute;fica. Una disputa interminable, y a menudo tan infructuosamente agitada como la vieja controversia a la que se asemeja, que hicieron memorable los nombres de Swift y de Sir William Temple en Inglaterra y de Fontenelle en Francia: el litigio por la superioridad de los antiguos o de los modernos. La cuesti&oacute;n de si debemos ense&ntilde;ar a los cl&aacute;sicos o las ciencias, me parece &ndash;lo confieso&ndash; muy semejante a una disputa sobre si los pintores deben cultivar el dibujo o el color o, para usar un ejemplo m&aacute;s pedestre, si los sastres deben hacer abrigos o pantalones. S&oacute;lo puedo replicar con la pregunta &iquest;por qu&eacute; no ambos? &iquest;Algo puede merecer el nombre de buena educaci&oacute;n si no incluye la literatura y tambi&eacute;n la ciencia? Si no hubiese m&aacute;s que decir que la educaci&oacute;n cient&iacute;fica nos ense&ntilde;a a pensar y la educaci&oacute;n literaria a expresar nuestros pensamientos, &iquest;no requerimos ambas? Y &iquest;no es un pobre, mutilado y desproporcionado fragmento de ser humano quien es deficiente en ambas?</p>     <p align="justify"> No estamos obligados a preguntarnos si es m&aacute;s importante saber lenguas o ciencias. Aunque por s&iacute; la vida sea breve, y la acortemos a&uacute;n m&aacute;s cuando malgastamos el tiempo en cosas que no son interesantes, ni inducen a la meditaci&oacute;n ni son placenteras, no estamos tan mal como para que nuestros eruditos deban ignorar las leyes y las propiedades del mundo en que viven, o que nuestros cient&iacute;ficos est&eacute;n desprovistos de sentimiento po&eacute;tico y cultivo art&iacute;stico. Me asombra la limitada concepci&oacute;n de muchos reformadores de la educaci&oacute;n acerca del poder de aprendizaje del ser humano. El estudio de la ciencia, afirman ellos, es indispensable; nuestra educaci&oacute;n actual la descuida: hay algo de verdad en esto, aunque no toda la verdad. Piensan que es imposible encontrar lugar para los estudios que desean promover, a menos que se excluyan de la educaci&oacute;n general a los que hoy ocupan un lugar principal en ella. Cu&aacute;n absurdo, dicen ellos, que toda la juventud deba dedicarse a adquirir un conocimiento imperfecto de dos lenguas muertas. Absurdo, sin duda, pero, &iquest;la capacidad de la mente humana para aprender se mide por la de ense&ntilde;ar las instituciones como Eton o Westminster? Preferir&iacute;a que estos reformadores dirigieran sus ataques contra la vergonzosa ineficiencia de las escuelas, p&uacute;blicas y privadas, que pretenden ense&ntilde;ar estas dos lenguas, y no lo hacen. Me gustar&iacute;a que denunciaran los viles m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, y la holgazaner&iacute;a y la negligencia criminales que malgastan la juventud de los alumnos, sin darles m&aacute;s que brochazos, si acaso eso, de la &uacute;nica clase de conocimiento que se pretende cultivar. Dejemos que se pruebe lo que puede lograr una ense&ntilde;anza concienzuda e inteligente, antes de decidir lo que no puede hacer.</p>     <p align="justify"> En este aspecto, Escocia ha sido mucho m&aacute;s afortunada que Inglaterra. Los j&oacute;venes escoceses nunca han salido de la escuela o de la universidad sin haber aprendido algunas otras cosas adem&aacute;s del griego y el lat&iacute;n. Y &iquest;por qu&eacute;? Porque estas lenguas se han ense&ntilde;ado mejor. Los inicios de la instrucci&oacute;n cl&aacute;sica se imparten en las escuelas comunes, y las de Escocia, al igual que sus universidades, nunca han sido los simulacros que fueron las universidades inglesas durante el &uacute;ltimo siglo, y que siguen siendo gran parte de las escuelas cl&aacute;sicas inglesas. Las &uacute;nicas gram&aacute;ticas latinas aceptables para prop&oacute;sitos escolares que conozco, que fueron publicadas en estas islas hasta hace muy poco, fueron escritas por escoceses. La raz&oacute;n est&aacute; empezando a abrirse paso mediante la infiltraci&oacute;n gradual incluso en las escuelas inglesas, y a librar la batalla, aunque a&uacute;n muy desigual, contra la rutina.</p>     <p align="justify"> Algunos reformadores pr&aacute;cticos de la ense&ntilde;anza escolar, de los cuales Arnold fue el m&aacute;s eminente<a name="n1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup>, empezaron a mejorar muchas cosas. Pero las reformas dignas de ese nombre son siempre lentas, y aun las reformas de los gobiernos o las iglesias no son tan lentas como las de las escuelas, pues all&iacute; existe la gran dificultad previa de formar los instrumentos: de educar a los educadores. Si nuestras escuelas cl&aacute;sicas adoptaran todas las mejoras en la manera de ense&ntilde;ar lenguas que han sido ratificadas por la experiencia, pronto dejar&iacute;amos de o&iacute;r hablar del lat&iacute;n y del griego como estudios que acaparan los a&ntilde;os de colegio, y hacen imposible cualquier otro tipo de conocimiento. Si un muchacho aprendiera griego o lat&iacute;n de la misma manera que un ni&ntilde;o aprende con facilidad y rapidez cualquier lengua moderna, a saber, adquiriendo alguna familiaridad con el vocabulario mediante la pr&aacute;ctica y la repetici&oacute;n, antes de preocuparse por las reglas gramaticales, esas reglas se adquirir&iacute;an diez veces m&aacute;s f&aacute;cilmente cuando los casos a los que se aplican ya son familiares a la mente. Mucho antes de terminar la edad escolar, un estudiante promedio podr&iacute;a leer con fluidez e inteligente inter&eacute;s a cualquier autor latino o griego, en prosa o en verso; tendr&iacute;a un conocimiento competente de la estructura gramatical de ambas lenguas y, adem&aacute;s, tiempo para adquirir una amplia instrucci&oacute;n cient&iacute;fica.</p>     <p align="justify"> Podr&iacute;a extenderme en detalles, pero estoy tan renuente a exponer todo lo que creo factible en esta materia, como lo fue George Stephenson acerca de los ferrocarriles<sup><a name="n2"></a><a href="#2">2</a></sup>, cuando calcul&oacute; la velocidad promedio de un tren en diez millas por hora, porque si su estimaci&oacute;n hubiese sido mayor, los hombres pr&aacute;cticos le habr&iacute;an prestado o&iacute;dos sordos, como a un personaje poco digno de estima, a un entusiasta y un visionario. En ese caso, los resultados mostraron qui&eacute;n era el verdadero hombre pr&aacute;ctico. No intento anticipar qu&eacute; mostrar&iacute;an los resultados en el otro caso. Pero puedo decir con seguridad que si las dos lenguas cl&aacute;sicas se ense&ntilde;aran como es debido, no habr&iacute;a ninguna necesidad de sacarlas del programa escolar para abrir suficiente espacio para cualquier otra cosa que sea necesario incluir en &eacute;l.</p>     <p align="justify"> Perm&iacute;tanme decir unas cuantas palabras m&aacute;s sobre esta opini&oacute;n extra&ntilde;amente limitada acerca de lo que pueden aprender los seres humanos, que se basa en el supuesto t&aacute;cito de que ya son tan bien ense&ntilde;ados como pueden serlo. Esta concepci&oacute;n tan estrecha no s&oacute;lo vicia nuestra idea de educaci&oacute;n, sino que si la acogemos oscurece nuestras previsiones sobre el progreso futuro de la humanidad. Puesto que si las condiciones inexorables de la vida humana hacen in&uacute;til que una persona intente saber m&aacute;s de una cosa, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; del intelecto humano a medida que se acumulen conocimientos? En toda generaci&oacute;n, y hoy m&aacute;s r&aacute;pidamente que nunca, las cosas que una persona necesita saber se multiplican cada vez m&aacute;s. Cada departamento del conocimiento se recarga de detalles, que quien se empe&ntilde;e en conocerlo con minuciosa precisi&oacute;n, debe limitarse a una parte cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a de su extensi&oacute;n total: toda ciencia y todo arte se deben cortar en subdivisiones, hasta que la porci&oacute;n de cada persona, la regi&oacute;n que conoce cabalmente, llega a tener la misma relaci&oacute;n con la totalidad del conocimiento &uacute;til que el arte de poner las cabezas de los alfileres con respecto al campo de la industria humana.</p>     <p align="justify"> Ahora bien, si para conocer a cabalidad esa insignificancia es necesario mantenerse totalmente ignorante del resto, &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la val&iacute;a de una persona, para cualquier prop&oacute;sito humano excepto su propia fracci&oacute;n infinitesimal de deseos y necesidades humanas? Su situaci&oacute;n ser&aacute; aun peor que la de la simple ignorancia. La experiencia demuestra que no hay ning&uacute;n estudio u ocupaci&oacute;n que, si se ejerce con exclusi&oacute;n de los dem&aacute;s, no estreche o pervierta la mente, alimentando toda clase de prejuicios particulares a esa ocupaci&oacute;n, adem&aacute;s de un prejuicio general &ndash;com&uacute;n a todas las especialidades estrechas&ndash; contra las visiones amplias, derivado de la incapacidad para entender y valorar sus razones. Deber&iacute;amos esperar que la naturaleza humana fuera cada vez m&aacute;s diminuta e incapaz de grandes cosas, en la medida en que se desarrolla su pericia para las cosas peque&ntilde;as. Pero no estamos tan mal: no hay razones para una previsi&oacute;n tan melanc&oacute;lica. El l&iacute;mite superior del conocimiento humano no es saber solamente una cosa, consiste en combinar el conocimiento detallado de una o unas cuantas cosas con el conocimiento general de muchas cosas. Por conocimiento general no entiendo unas cuantas impresiones vagas.</p>     <p align="justify"> Un hombre eminente, uno de cuyos escritos forma parte del curso de esta universidad, el arzobispo Whately<sup><a name="n3"></a><a href="#3">3</a></sup>, hace una justa distinci&oacute;n entre conocimiento general y conocimiento superficial. Tener un conocimiento general de un tema es conocer solamente sus verdades m&aacute;s importantes, pero no en forma superficial sino a cabalidad, de modo que se tenga una concepci&oacute;n precisa de los principales aspectos del tema, dejando los detalles menores a quienes los requieran debido a los prop&oacute;sitos de su ocupaci&oacute;n particular. No hay ninguna incompatibilidad entre conocer una amplia gama de temas hasta este punto, y alg&uacute;n otro tema con la integridad que requieren quienes hacen de &eacute;l su principal ocupaci&oacute;n. Esta combinaci&oacute;n es la que forma un p&uacute;blico ilustrado: un cuerpo de intelectos cultivados, cada uno de los cuales ha aprendido qu&eacute; es el conocimiento real mediante los logros en su propio campo, y que sabe lo suficiente de otros temas para ser capaz de discernir qui&eacute;nes son los que mejor los conocen. No se puede estimar a la ligera la cantidad de conocimiento que nos califica para decidir a qui&eacute;nes podemos recurrir para obtener m&aacute;s conocimientos. Los elementos de los estudios m&aacute;s importantes se han difundido ampliamente, y los que han alcanzado las cimas m&aacute;s altas encuentran un p&uacute;blico capaz de apreciar su superioridad y preparado para seguir su ejemplo.</p>     <p align="justify"> As&iacute; tambi&eacute;n se forman las mentes capaces de guiar y de mejorar la opini&oacute;n p&uacute;blica acerca de los grandes asuntos de la vida pr&aacute;ctica. El gobierno y la sociedad civil son los temas m&aacute;s complicados de todos los asequibles a la mente humana: y quien quiera tratarlos de manera competente, como pensador y no como seguidor ciego de un partido, no s&oacute;lo requiere un conocimiento general de los hechos m&aacute;s destacados de la vida, tanto moral como material, sino una comprensi&oacute;n ejercitada y disciplinada en los principios y las reglas del pensamiento recto, hasta un punto que no proporcionan la experiencia de la vida ni ninguna ciencia o rama del conocimiento. Entendamos, entonces, que en el aprendizaje nuestro objetivo no debe ser meramente conocer la cosa que ser&aacute; nuestra principal ocupaci&oacute;n, tan bien como sea posible conocerla, sino hacer esto y, adem&aacute;s, saber algo de los grandes temas de inter&eacute;s humano, teniendo cuidado de saber ese algo con exactitud; marcando bien la l&iacute;nea divisoria entre lo que sabemos con exactitud y lo que no sabemos, y recordando que nuestro objetivo debe ser obtener una visi&oacute;n fiel de la naturaleza y de la vida en su contorno general, y que es in&uacute;til malgastar el tiempo en los detalles de las cosas que no forman parte de la ocupaci&oacute;n a la que dedicamos nuestras energ&iacute;as pr&aacute;cticas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Sin embargo, esto no significa de ning&uacute;n modo que toda rama &uacute;til del conocimiento general, por oposici&oacute;n al profesional, se deba incluir en el curr&iacute;culo de estudios de la escuela o de la universidad. Hay cosas que se aprenden mejor fuera de la escuela, o cuando se han terminado los a&ntilde;os escolares e incluso los que se han pasado en una universidad escocesa. No estoy de acuerdo con los reformadores que otorgar&iacute;an un lugar regular y destacado a los cursos de lenguas modernas en la escuela o en la universidad. No porque atribuya poca importancia a su conocimiento. En nuestra &eacute;poca, no se puede considerar bien instruida a una persona que no sepa al menos la lengua francesa, de modo que lea libros franceses con facilidad; y se saca gran provecho en cultivar la familiaridad con el alem&aacute;n. Pero las lenguas vivas se adquieren con mayor facilidad mediante el trato con quienes las usan en su vida cotidiana; si se emplean apropiadamente, unos cuantos meses en el pa&iacute;s llevan mucho m&aacute;s lejos que muchos a&ntilde;os de lecciones escolares; es una verdadera p&eacute;rdida de tiempo, para quienes tienen a su disposici&oacute;n esa manera de adquirir las lenguas, perfeccionarlas sin m&aacute;s ayuda que la de los libros y los maestros: y con el tiempo estar&aacute;n al alcance de muchos m&aacute;s, en escuelas y colegios internacionales. Las universidades hacen lo suficiente para facilitar el estudio de las lenguas modernas, si dan un dominio de la lengua antigua que es el fundamento de muchas otras, y cuya posesi&oacute;n hace mucho m&aacute;s f&aacute;cil el aprendizaje de cuatro o cinco lenguas continentales que aprender una de ellas sin saber la lengua antigua.</p>     <p align="justify"> De nuevo, siempre me ha parecido absurdo que la historia y la geograf&iacute;a se tengan que ense&ntilde;ar en las escuelas; excepto en las escuelas elementales para los hijos de las clases trabajadoras, cuyo acceso posterior a los libros es limitado. &iquest;Qui&eacute;n aprendi&oacute; historia y geograf&iacute;a sin recurrir a la lectura privada? Y, &iquest;qu&eacute; absoluto fracaso debe ser un sistema de educaci&oacute;n que no haya despertado en el alumno suficiente gusto por la lectura para que busque por s&iacute; mismo los conocimientos m&aacute;s atractivos y comprensibles? Adem&aacute;s, la historia y la geograf&iacute;a que se pueden ense&ntilde;ar en las escuelas no ejercitan ninguna facultad de la inteligencia aparte de la memoria. La universidad es el lugar donde se debe interesar al estudiante en la filosof&iacute;a de la historia; donde profesores que no s&oacute;lo conocen los hechos sino que han ejercitado su mente en ellos deben iniciarlo en las causas y las explicaciones, en la medida de nuestro alcance, de las principales caracter&iacute;sticas de la vida pasada de la humanidad. La cr&iacute;tica hist&oacute;rica &ndash;las pruebas de la verdad hist&oacute;rica&ndash; es tambi&eacute;n un tema hacia el que se puede dirigir la atenci&oacute;n del alumno en esta etapa de su educaci&oacute;n. Pero, de los meros hechos de la historia, tal como son aceptados, &iquest;qu&eacute; joven educado en cualquier actividad mental no aprende cuanto le es necesario recorriendo libremente una biblioteca de historia? Lo que se necesita en esta materia, y en muchas otras de informaci&oacute;n com&uacute;n, no es que se le ense&ntilde;e en la adolescencia, sino que tenga acceso a la abundancia de libros.</p>     <p align="justify"> Por ello, las &uacute;nicas lenguas y la &uacute;nica literatura a las que conceder&iacute;a lugar en el curr&iacute;culo ordinario ser&iacute;an la de los griegos y la de los romanos, y les preservar&iacute;a la posici&oacute;n que ocupan en la actualidad. Esta posici&oacute;n se justifica por el gran valor que tiene en la educaci&oacute;n el buen conocimiento de otra lengua y otra literatura culta diferente de la propia, y por el valor peculiar de esas lenguas y literaturas particulares.</p>     <p align="justify"> El conocimiento de las lenguas tiene un beneficio puramente intelectual sobre el que deseo extenderme. Quienes han reflexionado seriamente sobre las causas del error humano se han sentido profundamente impresionados por la tendencia de la humanidad a confundir las palabras con las cosas. Sin entrar en la metaf&iacute;sica del tema, sabemos cu&aacute;n com&uacute;n es el uso descuidado y en apariencia apropiado de las palabras, que se aceptan con confianza cuando otros las utilizan, sin jam&aacute;s tener una idea clara de lo que denotan. Para citar de nuevo al arzobispo Whately, la especie humana tiene el h&aacute;bito de confundir la familiaridad con el conocimiento exacto. Como rara vez se nos ocurre preguntar el significado de lo que vemos todos los d&iacute;as, una vez nuestros o&iacute;dos se acostumbran al sonido de una palabra o de una frase, no sospechamos que no transmita una idea clara a nuestra mente, y que podemos tener grandes dificultades para definirla, o expresar en otras palabras lo que por ella creemos entender mediante esa frase. Hoy es obvio que este mal h&aacute;bito tiende a corregirse mediante la pr&aacute;ctica de la traducci&oacute;n cuidadosa de una lengua a otra, y mediante la b&uacute;squeda de los significados que se expresan en un vocabulario con el que no nos hemos familiarizado por un uso anterior y constante.</p>     <p align="justify"> No conozco una prueba m&aacute;s admirable del genio extraordinario de los griegos que la de haber sido capaces de alcanzar logros tan brillantes en el pensamiento abstracto sin conocer ninguna lengua distinta de la suya, como suced&iacute;a en general. Pero los griegos no escaparon a los efectos de esta deficiencia. Sus m&aacute;s grandes intelectos, Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles &ndash;que sentaron los fundamentos de la filosof&iacute;a y de toda nuestra cultura intelectual&ndash; se dejaron llevar continuamente por las palabras; confundieron los accidentes de la lengua con las relaciones de la naturaleza, y supusieron que las cosas que llevan el mismo nombre en lengua griega deben tener la misma esencia. Hay un adagio muy conocido de Hobbes, cuyo significado tiene un alcance que apreciar&aacute;n m&aacute;s a medida que ustedes desarrollan su propio intelecto: &ldquo;Las palabras son las fichas de los sabios y el dinero de los necios&rdquo;<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. Para el sabio, la palabra simboliza el hecho que representa, para el necio es el hecho en s&iacute; mismo.</p>     <p align="justify"> Para continuar con la met&aacute;fora de Hobbes, es mucho m&aacute;s probable que quienes tienen el h&aacute;bito de usar muchas fichas de clases diferentes tomen la ficha &uacute;nicamente por lo que es. Pero adem&aacute;s de la ventaja de poseer otra lengua cultivada, hay otra consideraci&oacute;n de igual importancia. Si no conocemos la lengua de un pueblo nunca conoceremos realmente su pensamientos, sus sentimientos y su car&aacute;cter; y excepto que poseamos este conocimiento de otros pueblos diferentes a nosotros, hasta la hora de nuestra muerte s&oacute;lo habremos desarrollado a medias nuestro intelecto. Observen a un joven que nunca ha salido de su c&iacute;rculo familiar: nunca sue&ntilde;a con otras opiniones o maneras de pensar distintas de aquellas en las que se cri&oacute;; y si las ha escuchado, las atribuye a un defecto moral o a la inferioridad de la naturaleza o de la educaci&oacute;n. Si su familia es conservadora, no puede concebir la posibilidad de ser liberal; y si es liberal, de ser conservador. Para un joven que no ha tenido un trato m&aacute;s amplio que el de su familia, las nociones y h&aacute;bitos familiares son las nociones y h&aacute;bitos de su pa&iacute;s, pues desconoce las de los dem&aacute;s. Esas nociones y h&aacute;bitos son para &eacute;l la naturaleza humana en s&iacute; misma; lo que se aparte de ellas es una aberraci&oacute;n inexplicable que no puede entender mentalmente: le es inconcebible la idea de que otras costumbres puedan ser correctas, o tan cercanas a la verdad como las suyas. Esto no s&oacute;lo le cierra los ojos a las muchas cosas que cada pa&iacute;s a&uacute;n tiene que aprender de los dem&aacute;s; impide que un pa&iacute;s logre el perfeccionamiento que, de no ser as&iacute;, podr&iacute;a conseguir por s&iacute; mismo.</p>     <p align="justify"> No es f&aacute;cil corregir nuestras opiniones o reformar nuestras costumbres, a menos que empecemos por pensar que es posible enmendarlas: pero el solo hecho de saber que los extranjeros piensan de modo diferente a nosotros, sin entender por qu&eacute; lo hacen, o que piensan realmente, no hace m&aacute;s que confirmar nuestra arrogancia y enlazar nuestra vanidad nacional a la preservaci&oacute;n de nuestras propias peculiaridades. El perfeccionamiento consiste en procurar que nuestras opiniones guarden la mayor concordancia con los hechos; y no es probable que lo logremos mientras observemos los hechos &uacute;nicamente a trav&eacute;s de lentes te&ntilde;idos por esas mismas opiniones. Pero puesto que no podemos despojarnos de las nociones preconcebidas, no hay medios conocidos para eliminar su influencia, excepto el uso frecuente de cristales diferentes coloreados por otras personas, y los de otras naciones, cuanto m&aacute;s diferentes, son los mejores.</p>     <p align="justify"> Pero si, por esta raz&oacute;n, es tan &uacute;til conocer la lengua y la literatura de otros pueblos cultivados y civilizados, para nosotros lo m&aacute;s valioso a este respecto son las lenguas y la literatura de los antiguos. Ninguna de las naciones de la Europa moderna y civilizada es tan diferente de la otra como los griegos y los romanos difieren de todos nosotros; sin ser, no obstante, como algunos orientales remotos, tan dis&iacute;miles que se requiera la labor de una vida para poder entenderlos. Si este fuese el &uacute;nico beneficio que se obtuviera del conocimiento de los antiguos, bastar&iacute;a para que su estudio tuviera una alta posici&oacute;n entre las ocupaciones ilustradas y liberadoras. No tiene sentido decir que podemos conocerlos a trav&eacute;s de los escritos modernos. Podemos saber algo de ellos de esta manera, lo que es mejor que no saber nada. Pero los libros modernos no nos ense&ntilde;an el pensamiento antiguo; nos ense&ntilde;an la noci&oacute;n de alg&uacute;n escritor moderno sobre el pensamiento antiguo. Los libros modernos no nos revelan a los griegos y a los romanos, nos muestran las opiniones de alg&uacute;n escritor moderno sobre los griegos y los romanos. Las traducciones escasamente son mejores. Cuando queremos realmente saber qu&eacute; piensa o dice una persona, buscamos saberlo a trav&eacute;s suyo. No confiamos en la impresi&oacute;n de otra persona acerca de su significado, expresado con las palabras de otra persona; nos remitimos a las suyas propias. Esto es mucho m&aacute;s necesario cuando sus palabras est&aacute;n en una lengua y las del relator en otra. El lenguaje moderno nunca expresa el significado exacto de un escritor griego; no puede hacerlo, excepto mediante un difuso circunloquio explicativo que ning&uacute;n traductor se atreve a usar. En cierto grado, debemos ser capaces de pensar en griego, si queremos representarnos c&oacute;mo pensaba un griego: y esto no solamente en el dominio abstruso de la metaf&iacute;sica, sino tambi&eacute;n en los asuntos pol&iacute;ticos, religiosos e incluso dom&eacute;sticos de la vida.</p>     <p align="justify"> Mencionar&eacute; un aspecto adicional de esta cuesti&oacute;n, que, aunque no tenga el m&eacute;rito de plantearlo por primera vez, no recuerdo haber observado en ning&uacute;n libro. No existe ninguna parte de nuestro conocimiento que sea m&aacute;s &uacute;til obtener de primera mano &ndash;ir a la fuente original&ndash; que nuestro conocimiento de la historia. Pese a ello, en la mayor&iacute;a de los casos casi nunca lo hacemos. No extraemos nuestra concepci&oacute;n del pasado de sus propios registros, sino de libros que se han escrito sobre ellos, que no contienen los hechos, sino la visi&oacute;n que de ellos se ha formado en la mente de alguien de nuestra propia &eacute;poca o de una &eacute;poca reciente. Esos libros son muy instructivos y valiosos; nos ayudan a entender e interpretar la historia, a sacar conclusiones de ella; en el peor de los casos, nos disponen a tratar de hacer todo esto, pero no son la historia. El conocimiento que nos dan se basa en la confianza, e incluso cuando hacen el mejor esfuerzo, no s&oacute;lo es incompleto sino parcial, puesto que se limitan a lo que algunos escritores modernos han visto en los materiales, y han juzgado valioso escarbando entre ellos.</p>     <p align="justify">&iexcl;Cu&aacute;n poco hemos aprendido de nuestros antepasados desde Hume, Hallam o Macaulay<sup><a name="n5"></a><a href="#5">5</a></sup>, comparado con lo que sabemos si a lo que ellos nos dicen a&ntilde;adimos una breve lectura de autores y documentos contempor&aacute;neos! Los historiadores m&aacute;s recientes son tan conscientes de esto, que llenan sus p&aacute;ginas con extractos de los originales, pensando que esos fragmentos son la historia real y que sus comentarios y el hilo de la narraci&oacute;n son &uacute;nicamente ayudas para entenderlos. Parte del gran valor que para nosotros tienen los estudios del griego y del lat&iacute;n es que en ellos estudiamos historia en sus fuentes originales. Estamos en contacto real con mentes contempor&aacute;neas, no dependemos de rumores, tenemos algo con lo que podemos evaluar y revisar las representaciones y teor&iacute;as de los historiadores modernos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Se puede preguntar: &iquest;por qu&eacute; entonces no estudiar los materiales originales de la historia moderna? Respondo que es altamente deseable hacerlo de ese modo; y perm&iacute;tanme observar de pasada que aun esto requiere una lengua muerta; casi todos los documentos previos a la Reforma y muchos otros posteriores se escribieron en lat&iacute;n. Pero la exploraci&oacute;n de esos documentos, aunque es una ocupaci&oacute;n provechosa, no puede ser una rama de la educaci&oacute;n. Para no hablar de su vasta extensi&oacute;n y de la naturaleza fragmentaria de cada uno, la principal raz&oacute;n m&aacute;s fuerte es que, en el conocimiento del esp&iacute;ritu de las &eacute;pocas anteriores hasta un per&iacute;odo relativamente reciente dif&iacute;cilmente aprendemos algo m&aacute;s de los escritores contempor&aacute;neos. Con pocas excepciones, la lectura de esos autores por s&iacute; mismos es de poco valor. Mientras que con el estudio de los grandes escritores de la antig&uuml;edad, no s&oacute;lo aprendemos a entender la mente antigua, sino que acopiamos una provisi&oacute;n de pensamientos sabios y de observaciones que a&uacute;n nos son valiosos; y al mismo tiempo nos familiarizamos con algunas de las composiciones literarias m&aacute;s perfectas y acabadas que la mente humana haya producido &ndash;composiciones cuya excelencia, a causa de la alteraci&oacute;n de las condiciones de la vida humana, quiz&aacute; no llegue a tener parang&oacute;n en los tiempos venideros.</p>     <p align="justify"> Aun como meras lenguas, ninguna lengua europea moderna es una disciplina tan valiosa para el intelecto como las de Grecia y Roma, debido a su estructura regular y complicada. Consideren por un momento qu&eacute; es la gram&aacute;tica. Es la parte m&aacute;s elemental de la l&oacute;gica. Es el comienzo del an&aacute;lisis del proceso de pensamiento. Los principios y las reglas de la gram&aacute;tica son los medios que se emplean para que las formas del lenguaje correspondan a las formas universales del pensamiento. Las distinciones entre las diversas partes de la oraci&oacute;n, entre los casos de los sustantivos, los modos y tiempos de los verbos, y las funciones de las part&iacute;culas son distinciones del pensamiento, no simplemente de las palabras. Los sustantivos y los verbos simples expresan objetos y sucesos, muchos de los cuales se pueden conocer mediante los sentidos: pero los modos de unir los sustantivos y los verbos expresan las relaciones entre los objetos y los sucesos, que s&oacute;lo se pueden conocer mediante el intelecto, y cada modo corresponde a una relaci&oacute;n diferente. La estructura de cada oraci&oacute;n es una lecci&oacute;n de l&oacute;gica. Las diversas reglas de la sintaxis nos obligan a distinguir entre el sujeto y el predicado de una preposici&oacute;n, entre el agente, la acci&oacute;n y la cosa sobre la que se act&uacute;a; a indicar cu&aacute;ndo se desea modificar o cualificar una idea o, simplemente, unirla con otra idea; a saber qu&eacute; aseveraciones son categ&oacute;ricas y cu&aacute;les s&oacute;lo son condicionales; y si la intenci&oacute;n es expresar similitud o contraste, a hacer una pluralidad de afirmaciones conjuntiva o disyuntivamente; o qu&eacute; partes de una oraci&oacute;n, as&iacute; sean gramaticalmente completas, son simples miembros o partes subordinadas de la aseveraci&oacute;n que se hace con la oraci&oacute;n completa. Estas cosas constituyen el tema de la gram&aacute;tica universal; y las lenguas que mejor las ense&ntilde;an son aquellas que tienen las reglas m&aacute;s definidas y ofrecen formas distintas para el mayor n&uacute;mero de distinciones del pensamiento, de modo que si no cumplimos precisa y exactamente alguna de ellas, no podremos evitar los solecismos. Con respecto a estas cualidades, las lenguas cl&aacute;sicas son incomparablemente superiores a las lenguas modernas, y a todas las lenguas, muertas o vivas, que poseen una literatura que valga la pena estudiar.</p>     <p align="justify"> Pero la superioridad de la literatura en s&iacute; misma para prop&oacute;sitos educativos es a&uacute;n m&aacute;s notoria y decisiva. Aun en el valor substancial de la materia de la que es veh&iacute;culo est&aacute; muy lejos de haber sido superada. Hemos superado ampliamente los descubrimientos de los antiguos en materia de ciencias, y aunque muchos de ellos todav&iacute;a son valiosos no se pierde nada cuando los incorporamos en los tratados modernos. Pero lo que no admite ser transferido f&iacute;sicamente, y que hemos hecho de manera imperfecta e incluso fragmentaria, es el tesoro que acumularon acerca de lo que podr&iacute;amos llamar la sabidur&iacute;a de la vida. El abundante acopio de experiencias de la naturaleza y del comportamiento humanos, que las mentes agudas y observadoras de esas &eacute;pocas &ndash;cuyas observaciones fueron apoyadas por la sencillez de las costumbres y de la vida&ndash; consignaron en sus escritos, y que en su mayor&iacute;a mantienen todo su valor.</p>     <p align="justify"> Los discursos de Tuc&iacute;dides, la <i>Ret&oacute;rica</i>, la <i>&Eacute;tica</i> y la <i>Pol&iacute;tica</i> de Arist&oacute;teles; los <i>Di&aacute;logos</i> de Plat&oacute;n; los <i>Discursos</i> de Dem&oacute;stenes; las <i>S&aacute;tiras</i> y en especial las <i>Ep&iacute;stolas</i> de Horacio; todos los escritos de T&aacute;cito; la gran obra de Quintiliano, un repertorio de los mejores pensamientos del mundo antiguo sobre todos los temas relacionados con la educaci&oacute;n; y, de manera menos formal, todo lo que nos legaron los historiadores, oradores, fil&oacute;sofos e incluso los dramaturgos de la antig&uuml;edad est&aacute; lleno de comentarios y de m&aacute;ximas de singular buen sentido y penetraci&oacute;n, aplicables a la vida pol&iacute;tica y privada; y las verdades que encontramos en ellos son sobrepasadas en valor por el aliento y la ayuda que nos dan en la b&uacute;squeda de la verdad. La invenci&oacute;n humana nunca ha producido algo tan valioso, para est&iacute;mulo y disciplina del intelecto inquisitivo, como la dial&eacute;ctica de los antiguos, de la cual varias obras de Arist&oacute;teles ilustran la teor&iacute;a y las de Plat&oacute;n exhiben la pr&aacute;ctica. Ning&uacute;n escrito moderno se acerca a aquellos, en la ense&ntilde;anza, tanto en el precepto como en el ejemplo, en la manera de investigar la verdad en aquellas materias, de tan suma importancia para nosotros, que siguen siendo tema de controversia, debido a la dificultad o imposibilidad de someterlos a una prueba experimental directa.</p>     <p align="justify"> Cuestionar todas las cosas; nunca rehuir las dificultades; no aceptar ninguna doctrina, nuestra o de otros pueblos, sin un riguroso escrutinio mediante la cr&iacute;tica negativa, sin dejar que pase desapercibida ninguna falacia, incoherencia o confusi&oacute;n del pensamiento; por encima de todo, insistir en haber entendido claramente el significado de una palabra antes de usarla y el significado de una proposici&oacute;n antes de aceptarla; &eacute;stas son las lecciones que aprendemos de los dial&eacute;cticos antiguos. Con todo este vigoroso manejo del elemento negativo, no inspiran escepticismo acerca de la realidad de la verdad ni indiferencia en su b&uacute;squeda. El entusiasmo m&aacute;s noble, tanto en la b&uacute;squeda de la verdad como en su aplicaci&oacute;n a los usos m&aacute;s elevados, empapa a estos escritores, a Arist&oacute;teles no menos que a Plat&oacute;n, aunque Plat&oacute;n tiene un poder incomparablemente mayor para transmitir a otros esos sentimientos. Por consiguiente, con el cultivo de las lenguas antiguas como nuestra mejor educaci&oacute;n literaria, establecemos un fundamento admirable para la cultura &eacute;tica y filos&oacute;fica.</p>     <p align="justify"> En la excelencia puramente literaria &ndash;en la perfecci&oacute;n de la forma&ndash; es indiscutible la preeminencia de los antiguos. En cada rama que exploraron, y las exploraron casi todas, su composici&oacute;n, igual que su escultura, son un ejemplo para los grandes artistas modernos, que se aprecia con admiraci&oacute;n desesperanzada, pero de inapreciable valor como una luz en las alturas que gu&iacute;a sus propios esfuerzos. En la prosa y en la poes&iacute;a, en la &eacute;pica, la l&iacute;rica o la dram&aacute;tica, as&iacute; como en las artes hist&oacute;rica, filos&oacute;fica y oratoria, el pin&aacute;culo en que se sit&uacute;an es igualmente eminente. Hablo de la forma, de la perfecci&oacute;n art&iacute;stica del tratamiento, pues en cuanto a la sustancia considero que la poes&iacute;a moderna es superior a la antigua, de la misma manera, aunque en menor grado, que la ciencia moderna: penetra m&aacute;s profundamente en la naturaleza.</p>     <p align="justify"> Los sentimientos de la mente moderna son m&aacute;s variados, complejos y diversos de lo que jam&aacute;s fueron los de los antiguos. La mente moderna es melanc&oacute;lica y consciente de s&iacute; misma, lo que no era la mente antigua; y su autoconciencia meditativa ha descubierto profundidades del alma humana que no so&ntilde;aron los griegos ni los romanos, y que no habr&iacute;an entendido. Pero lo que ten&iacute;an que expresar, lo expresaron de tal manera que incluso pocos de los m&aacute;s modernos m&aacute;s admirables han intentado rivalizar. Debemos recordar que ellos ten&iacute;an m&aacute;s tiempo y que escribieron principalmente para una clase selecta, que gozaba del ocio. Para nosotros, que escribimos de prisa para un pueblo que lee de prisa, ser&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo intentar dar un grado de acabado semejante. Pero la familiaridad con los modelos perfectos no es para nosotros menos importante porque el elemento con que trabajamos impida el esfuerzo de igualarlos. Al menos nos muestran qu&eacute; es la excelencia, y nos llevan a desearla y a esforzarnos por acercarnos a ella tanto como est&eacute; a nuestro alcance. Y este es el valor que para nosotros tienen los escritores antiguos, de modo a&uacute;n m&aacute;s enf&aacute;tico, porque su excelencia no admite copia o imitaci&oacute;n directa. La excelencia no consiste en un artificio que podamos aprender, sino en la adaptaci&oacute;n perfecta de los medios a los fines.</p>     <p align="justify"> El secreto del estilo de los grandes autores griegos y romanos consiste en la perfecci&oacute;n del buen sentido. En primer lugar nunca usan una palabra carente de significado, o una palabra que nada a&ntilde;ade al significado. Ellos siempre ten&iacute;an un significado, sab&iacute;an lo que quer&iacute;an decir, y su prop&oacute;sito era decirlo con el mayor grado de exactitud e integridad, y transmitirlo con la mayor claridad y vivacidad posibles. Nunca entr&oacute; en sus pensamientos concebir una obra hermosa en s&iacute; misma, desligada de lo que ten&iacute;an que expresar; su belleza deb&iacute;a estar supeditada a la m&aacute;s perfecta expresi&oacute;n del sentido. La <i>curiosa felicitas</i> que los cr&iacute;ticos atribuyen en grado sumo a Horacio, expresa el modelo al que todos apuntaban. La definici&oacute;n de Swift describe su estilo en forma exacta: &ldquo;Las palabras correctas en los lugares correctos&rdquo;.</p>     <p align="justify"> Consideremos un discurso de Dem&oacute;stenes; nada en &eacute;l atrae la atenci&oacute;n hacia el estilo. S&oacute;lo despu&eacute;s de un examen cuidadoso percibimos que cada palabra es lo que deber&iacute;a ser y est&aacute; donde deber&iacute;a estar, para llevar al oyente suave e imperceptiblemente al estado mental que el orador desea suscitar. La perfecci&oacute;n de la obra s&oacute;lo es visible en la ausencia total de defectos o faltas y de todo lo que estorbe el flujo del pensamiento y del sentimiento, de todo lo que distraiga a la mente, as&iacute; sea por un momento, del prop&oacute;sito principal. Pero, desde luego (como justamente se ha dicho), el objetivo de Dem&oacute;stenes no era lograr que los atenienses exclamaran &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; magn&iacute;fico orador!&rdquo;, sino que dijeran: &ldquo;&iexcl;Marchemos contra Filipo!&rdquo;</p>     <p align="justify"> Fue &uacute;nicamente durante la decadencia de la literatura antigua cuando se comenz&oacute; a cultivar el ornamento por s&iacute; mismo. En la &eacute;poca de madurez, no se empleaba ni el m&aacute;s sencillo de los ep&iacute;tetos porque fuera hermoso en s&iacute; mismo; ni siquiera con un prop&oacute;sito descriptivo, pues los ep&iacute;tetos puramente descriptivos fueron una de las corrupciones del estilo abundantes en Lucano, por ejemplo: la palabra no ten&iacute;a all&iacute; ning&uacute;n oficio a menos que resaltara una caracter&iacute;stica deseada y ayudara a poner el objeto a la luz que el prop&oacute;sito de la composici&oacute;n requer&iacute;a. Satisfechas estas condiciones, la belleza intr&iacute;nseca de los medios que se empleaban era una fuente de efectos adicionales, que aprovechaban cuando lo quer&iacute;an, como el ritmo y la melod&iacute;a de la versificaci&oacute;n. Pero estos grandes escritores sab&iacute;an que el ornamento por el ornamento, el ornamento que atrae la atenci&oacute;n hacia s&iacute; mismo y brilla por su propia belleza, s&oacute;lo lo hace alejando la mente del objeto principal, y as&iacute; no s&oacute;lo interfiere con el prop&oacute;sito superior del discurso humano &ndash;que debe, y en general profesa, tener alg&uacute;n asunto que comunicar, aparte de la mera excitaci&oacute;n del momento&ndash; sino que tambi&eacute;n arruina la perfecci&oacute;n de la composici&oacute;n como obra de arte, y rompe la unidad del efecto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&Eacute;sta es, entonces, la primera gran lecci&oacute;n de composici&oacute;n que hemos de aprender de los autores cl&aacute;sicos. La segunda es no ser prolijo. En s&oacute;lo un p&aacute;rrafo, Tuc&iacute;dides puede dar una representaci&oacute;n tan clara y v&iacute;vida de una batalla que una vez el lector la ha fijado en la mente, dif&iacute;cilmente puede olvidarla. Quiz&aacute; el fragmento narrativo m&aacute;s potente y conmovedor de toda la literatura hist&oacute;rica sea el relato de la cat&aacute;strofe siciliana en su libro s&eacute;ptimo, &iexcl;y cu&aacute;n pocas p&aacute;ginas ocupa! Los antiguos eran concisos debido al extremo cuidado que dedicaban a la composici&oacute;n; casi todos los modernos son prolijos, debido a que no se toman tantas molestias. Los grandes de la antig&uuml;edad pod&iacute;an expresar su pensamiento en pocas palabras u oraciones, con tanta perfecci&oacute;n que no necesitaban a&ntilde;adir una m&aacute;s. Los modernos, que no pueden expresarlo clara y llanamente, dan rodeos una y otra vez, amontonan una frase tras otra, cada una de las cuales a&ntilde;ade una peque&ntilde;a explicaci&oacute;n, con la esperanza de que si una sola no expresa el sentido completo, el conjunto d&eacute; una noci&oacute;n suficiente de ese sentido.</p>     <p align="justify"> A este respecto me temo que estamos empeorando en vez de mejorar, por falta de tiempo y de paciencia, y por la necesidad de dirigir casi todos nuestros escritos a un p&uacute;blico ocupado e imperfectamente preparado. Debido a las exigencias de la vida moderna &ndash;el trabajo que debemos hacer y la mole con la que debemos trabajar son tan vastos&ndash;, quienes tienen algo particular que decir, quienes tienen un mensaje que entregar &ndash;como dice la frase&ndash; no pueden dedicar su tiempo a la producci&oacute;n de obras maestras. Pero lo har&iacute;an peor de lo que lo hacen si nunca hubieran existido obras maestras o si nunca las hubiesen conocido. La familiaridad temprana con lo perfecto hace que nuestra producci&oacute;n m&aacute;s imperfecta sea menos mala de lo que ser&iacute;a sin ella. El hecho de tener un elevado modelo de excelencia a menudo marca toda la diferencia entre un trabajo bueno y uno mediocre.</p>     <p align="justify"> Por todas estas razones, considero importante mantener estas dos lenguas y literaturas en el lugar que ocupan, como parte de la educaci&oacute;n liberal, es decir, de la educaci&oacute;n de todos aquellos que no est&aacute;n obligados por las circunstancias a suspender sus estudios escolares a muy temprana edad. Pero las mismas razones que justifican el lugar de los estudios cl&aacute;sicos en la educaci&oacute;n liberal muestran tambi&eacute;n sus justas limitaciones. Se deben llevar tan lejos como sea suficiente para que el estudiante, en sus a&ntilde;os posteriores, pueda leer con facilidad las grandes obras de la literatura antigua. Quienes disponen de tiempo libre e inclinaci&oacute;n para dedicarse a la erudici&oacute;n, a la historia antigua o a la filolog&iacute;a general requieren, por supuesto, mucho m&aacute;s, pero no hay lugar para m&aacute;s en la educaci&oacute;n general.</p>     <p align="justify"> La laboriosa ociosidad en que se malgasta el per&iacute;odo escolar en las escuelas cl&aacute;sicas inglesas merece la m&aacute;s severa reprensi&oacute;n. &iquest;Con qu&eacute; prop&oacute;sito se deben despilfarrar irreparablemente los a&ntilde;os m&aacute;s preciosos de la infancia en aprender a escribir malos versos en lat&iacute;n o griego? No veo que esto sea lo mejor aun para aquellos que terminan escribiendo buenos versos. A menudo me siento tentado a preguntar a los que han sido favorecidos por la naturaleza y la fortuna si ya se ha hecho todo el trabajo serio e importante del mundo, para que puedan dedicar su tiempo y su energ&iacute;a a estas <i>trivialidades dif&iacute;ciles<a name="n6"></a></i><sup><a href="#6">6</a></sup>. No soy insensible a la utilidad de componer en una lengua, como medio para aprenderla correctamente. No conozco otro medio tan eficaz. Pero, &iquest;no bastar&iacute;a componer en prosa? &iquest;Cu&aacute;l es la necesidad de hacer composiciones originales?, si se puede llamar original a lo que escolares infortunados, sin pensamientos que expresar, machacan compulsivamente de memoria, adquiriendo el h&aacute;bito pernicioso de ensartar frases prestadas una tras otra &ndash;un h&aacute;bito cuya correcci&oacute;n deber&iacute;a considerar un profesor uno de sus principales deberes&ndash;. El ejercicio de composici&oacute;n m&aacute;s conveniente y a la vez el m&aacute;s valioso para los requerimientos de quienes aprenden es el de volver a traducir pasajes traducidos de un buen autor: y a esto se puede a&ntilde;adir la pr&aacute;ctica ocasional de hablar en lat&iacute;n, lo que aun existe en muchos centros educativos del continente europeo. </p>     <p align="justify"> Habr&iacute;a algo que decir acerca del tiempo que se gasta en la producci&oacute;n de versos si esta pr&aacute;ctica fuese necesaria para disfrutar la poes&iacute;a antigua; aunque mejor ser&iacute;a perder ese disfrute que comprarlo a un precio tan extravagante. Pero las bellezas de un gran poeta ser&iacute;an m&aacute;s pobres de lo que son si s&oacute;lo nos impresionaran por el conocimiento de los tecnicismos de su arte. El poeta necesit&oacute; esos tecnicismos, a nosotros no nos son necesarios. Son esenciales para criticar un poema, pero no para disfrutarlo. Todo lo que se requiere es suficiente familiaridad con el lenguaje, para que su significado nos llegue sin ning&uacute;n esfuerzo, y revestido con las asociaciones que el poeta tuvo en cuenta para producir su efecto. Quien tenga esta familiaridad, y un o&iacute;do adiestrado, podr&aacute; deleitarse con la m&uacute;sica de Virgilio y de Horacio, as&iacute; como con la de Gray, Burns o Shelley<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>, aunque no conozca las reglas m&eacute;tricas de un verso s&aacute;fico o de un verso alcaico. No digo que no debamos ense&ntilde;ar estas reglas, pero crear&iacute;a un curso especial para ense&ntilde;arlas, y los ejercicios apropiados ser&iacute;an una parte opcional y no obligatoria de la ense&ntilde;anza escolar.</p>     <p align="justify"> Podr&iacute;a decirse mucho m&aacute;s acerca de la instrucci&oacute;n cl&aacute;sica y del cultivo literario en general, como parte de la educaci&oacute;n liberal. Pero es hora de hablar de los usos de la instrucci&oacute;n cient&iacute;fica o, m&aacute;s bien, de su indispensable necesidad, porque es aconsejada por toda consideraci&oacute;n que abogue por un elevado nivel de educaci&oacute;n intelectual.</p>     <p><b>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>.  Thomas Arnold (1795-1842), educador y reformador de la ense&ntilde;anza inglesa. Director de Rugby, la famosa escuela secundaria de Inglaterra. Arnold a&ntilde;adi&oacute; matem&aacute;ticas, lenguas vivas e historia moderna al programa cl&aacute;sico de Rugby, reformas que despu&eacute;s fueron adoptadas por otras instituciones de la isla. Dio &eacute;nfasis a la formaci&oacute;n del car&aacute;cter a partir de un c&oacute;digo de conducta basado en la &eacute;tica cristiana y subray&oacute; el papel de los alumnos mayores en el gobierno estudiantil (N. del T.).</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  George Stephenson (1781-1848), inventor ingl&eacute;s. Padre de la locomotora que dio vida al ferrocarril (N. del T.). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n3">3</a><a name="3"></a>.  Richard Whately (1787-1863), arzobispo de Dubl&iacute;n. Profesor de econom&iacute;a pol&iacute;tica y autor de dos tratados, uno de l&oacute;gica y otro sobre ret&oacute;rica, de amplio uso en la Inglaterra del siglo XIX (N. del T.).</p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  Thomas Hobbes, <i>Leviat&aacute;n</i>, cap&iacute;tulo IV, &ldquo;Del lenguaje&rdquo;. Mill parafrasea a Hobbes; la cita, en versi&oacute;n de Carlos Mellizo, dice: &ldquo;Pues las palabras son las monedas que los hombres sabios manejan en sus c&aacute;lculos; pero son monedas de insensatos, si todo el valor que se les da viene de la autoridad de un Arist&oacute;teles, un Cicer&oacute;n, un Tom&aacute;s, o de cualquier otro maestro que no sea m&aacute;s que un hombre&rdquo; (N. del T.).</p>     <p align="justify"><a href="#n5">5</a><a name="5"></a>.  Historiadores ingleses. Adem&aacute;s de sus conocidos trabajos filos&oacute;ficos, David Hume (1711-1776) escribi&oacute; una <i>Historia de la Gran Breta&ntilde;a</i>. Henry Hallam (1777-1859) fue autor de un <i>Bosquejo de Europa durante la Edad Media</i> y de una aclamada <i>Historia constitucional de Inglaterra</i>. Thomas B. Macaulay (1800-1859) escribi&oacute; numerosos ensayos hist&oacute;ricos &ndash;uno de ellos dedicado a Hallam&ndash; y una brillante <i>Historia de Inglaterra</i> en cinco vol&uacute;menes (N. del T.).</p>     <p align="justify"><a href="#n6">6</a><a name="6"></a>. En la versi&oacute;n original: <i>nug&aelig; difficiles</i>. </p>     <p align="justify"><a href="#n7">7</a><a name="7"></a>.  Poetas rom&aacute;nticos ingleses del siglo XVIII y de los primeros a&ntilde;os del siglo XIX. Thomas Gray (1716-1771), Robert Burns (1759-1796) y Percy B. Shelley (1792-1822).</p></font>      ]]></body>
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