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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DIALÉCTICA DE LA ARGUMENTACIÓN ECONÓMICA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[DIALECTICS IN ECONOMIC ARGUMENTATION]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents a group of argument models with the purpose of highlighting which debate characteristics should be kept in mind when analyzing written texts or oral speeches in different activities of daily life. It describes the importance of controversies in conceptual change and epistemology illustrated with a typical case of the debate on the challenges of free trade. The authors elaborate an interpretation of the explanation/understanding dualism in the social sciences through argumentation models and controversies.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br>   <b>DIAL&Eacute;CTICA DE LA ARGUMENTACI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>DIALECTICS IN ECONOMIC ARGUMENTATION</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Fernando Estrada Gallego</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad EAFIT de Medell&iacute;n, <a href="mailto:festradg@eafit.edu.co">festradg@eafit.edu.co</a> Agradezco la colaboraci&oacute;n del profesor Gonzalo Pati&ntilde;o Benavides de la Escuela de Econom&iacute;a y Administraci&oacute;n de la UIS, y los comentarios y sugerencias de Alberto Supelano y de los &aacute;rbitros an&oacute;nimos de la revista. Fecha de recepci&oacute;n: 25 de octubre de 2002, fecha de aceptaci&oacute;n: 13 de diciembre de 2004.</p> <hr>    <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: dial&eacute;ctica, argumentaci&oacute;n, epistemolog&iacute;a, controversia; JEL: A10, A12, B49]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo presenta un conjunto de modelos argumentativos que permiten identificar las caracter&iacute;sticas del debate que se deben tener en cuenta cuando se analizan textos escritos o presentaciones orales, en diferentes actividades de la vida cotidiana. Describe la importancia de las controversias en el cambio conceptual y en la epistemolog&iacute;a; la cual se ilustra mediante el an&aacute;lisis de un episodio del debate sobre los alcances del libre cambio. Adem&aacute;s, propone una interpretaci&oacute;n de la dualidad entre explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n en las ciencias sociales, apoyada en los modelos de argumentaci&oacute;n y controversia.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: dialectics, argumentation, epistemology, controversy; JEL: A10, A12, B49]</p>     <p align="justify">This paper presents a group of argument models with the purpose of highlighting which debate characteristics should be kept in mind when analyzing written texts or oral speeches in different activities of daily life. It describes the importance of controversies in conceptual change and epistemology illustrated with a typical case of the debate on the challenges of free trade. The authors elaborate an interpretation of the explanation/understanding dualism in the social sciences through argumentation models and controversies.</p> <hr>     <blockquote>    <p align="right">A esta altura de mi vida siento estos di&aacute;logos como una felicidad. Las pol&eacute;micas son in&uacute;tiles, estar de antemano de un lado o de otro es un error, sobre todo si se oye la conversaci&oacute;n como una pol&eacute;mica, si se la ve como un juego en el cual alguien gana o alguien pierde. El di&aacute;logo tiene que ser una investigaci&oacute;n y poco importa que la verdad salga de uno o de boca de otro. Yo he tratado de pensar, al conversar, que es indiferente que yo tenga raz&oacute;n o que tenga raz&oacute;n usted; lo importante es llegar a una conclusi&oacute;n, y de qu&eacute; lado de la mesa llega eso, o de qu&eacute; boca, o de qu&eacute; rostro, o desde qu&eacute; nombre es lo de menos.    <br>     <i>Jorge Luis Borges</i></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">Pero tambi&eacute;n existe el peligro de ir demasiado lejos, es decir, de luchar demasiado tiempo por malas convicciones, de que finalmente nos entorpezcamos, y cedamos a la maldad de la naturaleza humana defendiendo nuestra tesis por <i>fas</i> y por <i>nefas</i>, con ayuda de estratagemas desleales; que <i>mordicas</i> (con todas las fuerzas, a muerte), luchemos por nuestra tesis.    <br>     <i>Arthur Shopenhauer</i></p> </blockquote>     <p align="justify">En el presente ensayo se examina el debate entre un defensor del libre comercio, Jagdish Bhagwati, y un defensor del ecologismo, Herman E. Daly. La tarea preliminar es el an&aacute;lisis de los modelos argumentativos que ayuden a entender los mecanismos y las t&eacute;cnicas empleadas para constituir un discurso<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup>. Un discurso que trata de la econom&iacute;a pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify"> Esta b&uacute;squeda recorre varios pasos: 1) se presenta una tipolog&iacute;a de los modelos de argumentaci&oacute;n para destacar los elementos que se deben tener en cuenta al analizar textos escritos o discursos orales en la vida cotidiana; 2) se muestra la importancia de las controversias en el cambio conceptual y epist&eacute;mico; 3) se presenta una ilustraci&oacute;n con una controversia sobre econom&iacute;a pol&iacute;tica: los desaf&iacute;os del libre comercio; 4) se propone una interpretaci&oacute;n de la dicotom&iacute;a comprensi&oacute;n-explicaci&oacute;n (<i>Erkl&auml;ren-Verstehen</i>) en las ciencias sociales, a partir del valor de los modelos argumentales y las controversias<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Antes, una breve reflexi&oacute;n sobre las citas iniciales. En Borges, la referencia evoca la inquietud de alguien cuya edad y experiencia lo hace indiferente a la exigencia racional y al temple de &aacute;nimo que todo di&aacute;logo lleva consigo. Virtud sapiencial que borra matices, diferencias, rigores del lenguaje, actitudes e intenciones discordantes.</p>     <p align="justify"> No importa la raz&oacute;n, importa el acercamiento, el valor de la proximidad humana. Las pol&eacute;micas son in&uacute;tiles, nadie gana o pierde. La verdad es permeable, no importa qui&eacute;n la pronuncie. Pero el di&aacute;logo debe ser una relaci&oacute;n menos formal. &ldquo;Lo importante es llegar a una conclusi&oacute;n, y de qu&eacute; lado de la mesa llega eso, o de qu&eacute; boca, o de qu&eacute; rostro, o de qu&eacute; nombre es lo de menos&rdquo;. Di&aacute;logo conclusivo, sin nexo inferencial, sin dial&eacute;ctica. Quiz&aacute;s esa comprensi&oacute;n borgiana provenga de la influencia de los escritores orientales en el argentino.</p>     <p align="justify"> Nos encontramos en un nivel metaf&iacute;sico de la experiencia argumental, donde los trazos del lenguaje s&oacute;lo describen mudamente el goce del intercambio entre seres humanos en un encuentro espiritual. La solidez del argumento consiste, sin duda, en una rotunda negaci&oacute;n de las propiedades l&oacute;gicas del di&aacute;logo en el &aacute;mbito de la vida diaria. Como si el ocaso de una vida rigurosa, en el trato con el lenguaje, se liberara de pronto de toda rigidez para vaciarse en la idea de comuni&oacute;n con los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify"> Schopenhauer se&ntilde;ala los riesgos en que incurre un argumentador terco, la sobredeterminaci&oacute;n de tesis indefendibles, la tentaci&oacute;n del dogmatismo y su reverso moral o pol&iacute;tico, el autoritarismo. Llama a la sensatez ret&oacute;rica. La teor&iacute;a del fil&oacute;sofo redime, sin embargo, este comportamiento ciego acusando, a su vez, una metaf&iacute;sica de la condici&oacute;n humana: la maldad. Tras el declive de la capacidad para reconocer los l&iacute;mites de un di&aacute;logo abierto, tolerante y cr&iacute;tico, el ser humano pierde responsabilidad y se inclina al da&ntilde;o, a la ceguera, al ego&iacute;smo.</p>     <p align="justify"> La paradoja de la argumentaci&oacute;n, el debate o la controversia, se pierde si comparamos el esp&iacute;ritu espinosista de Borges con el sentimiento esc&eacute;ptico de Schopenhauer. Creer naturalmente en la bondad como fuente primaria de la moral del conversador; sospechar los peligros a que llevan nuestros prejuicios. Lo primero es ingenuo, lo segundo indispone con los dem&aacute;s. Lo primero es propio de una vida sabia, lo segundo, de un compromiso epist&eacute;mico severo. Lo primero excusa, lo segundo excluye.</p>     <p align="justify"> Antes de proceder al an&aacute;lisis, conviene se&ntilde;alar las caracter&iacute;sticas de la argumentaci&oacute;n, qu&eacute; la define, en qu&eacute; elementos t&eacute;cnicos se puede apoyar el hablante, en qu&eacute; estructuras gen&eacute;ricas se basan los modelos de argumentaci&oacute;n. Veremos que los debates en econom&iacute;a pol&iacute;tica no se pueden entender cabalmente sin tener en cuenta estos aspectos del acto dial&eacute;ctico de sustentar un argumento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>TIPOS DE ARGUMENTACI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">En general, hay tres tipos de argumentaci&oacute;n en el debate intelectual: la discusi&oacute;n, la disputa y la controversia. Aqu&iacute; s&oacute;lo presentamos una visi&oacute;n sumaria, y evitamos los detalles t&eacute;cnicos<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="n3"></a>. Estos tres tipos corresponden a tipos ideales, es decir, en los argumentos y debates reales se combinan sus caracter&iacute;sticas peculiares. En algunos casos, esa mezcla es difusa, la discusi&oacute;n da lugar a la controversia, puede terminar en disputa o, <i>mutatis mutandis</i>, una disputa acalorada puede llevar a una controversia serena.</p>     <p align="justify"><b>PRESUNCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Una presunci&oacute;n es una regla no monot&oacute;nica de inferencia que justifica una conclusi&oacute;n, a menos que haya buenas razones para invalidarla. Las presunciones aparecen en todo tipo de debates y su efecto es el de distribuir la carga de la prueba de modo irregular. Todo participante en un debate est&aacute; interesado en que se apoyen sus presunciones y se reprueben las de su contrincante. En caso contrario, es usual que la modifique.</p>     <p align="justify"> En su campa&ntilde;a como candidato a la presidencia, &Aacute;lvaro Uribe tuvo que sortear la presunci&oacute;n de tener v&iacute;nculos con el paramilitarismo. Su defensa ilustra dos aspectos: a) una presunci&oacute;n se puede refutar impugnando la conclusi&oacute;n, y b) la presunci&oacute;n se invalida discutiendo la regla que la compone. La discusi&oacute;n es t&iacute;pica de a) y la controversia de b). En ambos casos, la defensa sustenta en sentido contrario al acusador mientras busca persuadir p&uacute;blicamente de la racionalidad y coherencia de su propio punto de vista. </p>     <p align="justify">En un debate corriente, cada participante est&aacute; convencido de su punto de vista. Cualesquiera que sean los argumentos de su oponente, sus convicciones s&oacute;lo reflejan, de manera autocr&iacute;tica, la capacidad para reconocer qu&eacute; tipo de presunciones maneja. Se trata de no dar ventajas. Si se los interroga por separado, los participantes niegan su intenci&oacute;n de violar las condiciones a) o modificar b) antes rese&ntilde;adas; el papel de la presunci&oacute;n en los debates se restringe, por consiguiente, a una funci&oacute;n heur&iacute;stica.</p>     <p align="justify"> Por esta raz&oacute;n, las disputas y los debates se pueden ver, en general, como enfrentamientos en un campo de batalla, como confrontaciones en las que predominan sentimientos de poder y voluntad de dominio, el car&aacute;cter natural de las discusiones expresa la irracionalidad de los contendores. Por <i>fas</i> o por <i>nefas</i>, como sugiere Schopenhauer. Con raz&oacute;n o sin ella. No obstante, como parte de un proceso cultural e institucionalizado, las disputas y discusiones se llevan a escenarios de racionalidad, en los que por principio predomina la libre elecci&oacute;n de las razones m&aacute;s s&oacute;lidas, las ideas mejor expuestas y los argumentos m&aacute;s consistentes. </p>     <p align="justify"><b>DIN&Aacute;MICA DE UN DEBATE</b></p>     <p align="justify">Los debates son intercambios de argumentos que evolucionan en el tiempo. Su unidad b&aacute;sica es la relaci&oacute;n de comunicaci&oacute;n entre un ponente (P) y un oponente (O), en cuatro momentos, que se puede representar como P-O-P*-O*<a name="n4"></a><sup><a href="#4">4</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Los debates reales superan esta unidad b&aacute;sica; en los debates pol&iacute;ticos que presentan los medios, el juego entre el ponente y su oponente depende de otros participantes, del tiempo, de los temas, del <i>rating</i>. Pueden sobrepasar a una generaci&oacute;n o a una &eacute;poca. El examen historiogr&aacute;fico de la pol&iacute;tica colombiana destaca varios temas dominantes: Bol&iacute;var-Santander, centralismo-descentralizaci&oacute;n, regi&oacute;n-naci&oacute;n, liberalismo-conservatismo. Y en nuestros d&iacute;as: globalizaci&oacute;n-Estado benefactor, izquierda-derecha, narcotr&aacute;fico-legalizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> El debate puede evolucionar tem&aacute;tica y argumentativamente, con cambios de perspectiva, nuevas pruebas, distintos escenarios y personas<a name="n5"></a><sup><a href="#5">5</a></sup>. No obstante, en algunos puede perdurar el n&uacute;cleo tem&aacute;tico, aunque los subtemas lleguen lejos del campo original. En esos casos, los criterios para delimitar el debate no son precisos y se pueden requerir nociones vagas, como la &ldquo;afinidad tem&aacute;tica&rdquo; o el &ldquo;aire de familia&rdquo;<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Las discusiones, disputas y controversias, difieren en su din&aacute;mica y en sus contenidos a medida que se ampl&iacute;an tem&aacute;ticamente y se extienden en el tiempo. Las discusiones y las disputas tienden a permanecer ligadas al tema original, dentro de l&iacute;mites de tiempo m&aacute;s cortos. Las controversias se caracterizan por cambios de tema, que involucran el objeto de la controversia y el meta-nivel de comprensi&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Los debates no son est&aacute;ticos en otro aspecto clave: pueden cambiar los tipos de argumentaci&oacute;n dependiendo del solapamiento de intereses de quienes argumentan. Esos cambios se advierten en la modificaci&oacute;n de los problemas originales, de las estrategias y de la ret&oacute;rica. Una discusi&oacute;n puede evolucionar en controversia cuando los contendores est&aacute;n dispuestos a revisar sus presunciones, y en disputa, cuando en la cr&iacute;tica de sus argumentos ven una se&ntilde;al de irracionalidad o mala fe de su contrincante. Los desacuerdos en las discusiones y las disputas son frecuentes entre los oponentes, y el llamado al &ldquo;equilibrio&rdquo; se suele pasar por alto<sup><a href="#7">7</a><a name="n7"></a></sup>.</p>     <p align="justify"> Si el tipo de debate cambia es obvio que cambien las conclusiones. Se pueden resolver las discusiones y disolver las disputas, pero una controversia dif&iacute;cilmente llega a una conclusi&oacute;n final. El entrecruzamiento de los distintos modos de argumentaci&oacute;n lleva a que cualquier conclusi&oacute;n sea siempre provisional. Este campo de posibilidades de transformaci&oacute;n del campo argumentativo puede servir de base para una estrategia de resoluci&oacute;n de conflictos (o para su acentuaci&oacute;n)<sup><a name="n8"></a><a href="#8">8</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Las revoluciones conceptuales, igual que las controversias, llevan a cambios radicales de perspectiva. Thomas Kuhn valora as&iacute; la historia de la ciencia, en lo que se refiere a los cambios de paradigma entre un per&iacute;odo de &ldquo;ciencia normal&rdquo; y uno de &ldquo;ciencia revolucionaria&rdquo;. Los paradigmas se tornan inconmensurables, como ilustra el cambio ocasionado por las leyes de Newton frente a la concepci&oacute;n cualitativa de la f&iacute;sica aristot&eacute;lica. En los per&iacute;odos de &ldquo;ciencia normal&rdquo;, los debates se mantienen dentro del paradigma compartido, los miembros de la disciplina se entrenan para <i>armar rompecabezas</i>, los cient&iacute;ficos ponen ladrillos en el andamio.</p>     <p align="justify"> En la <i>Arqueolog&iacute;a del saber</i>, Foucault da cuenta tambi&eacute;n de la transformaci&oacute;n en la historia de las ideas como rupturas radicales de la episteme<sup><a name="n9"></a><a href="#9">9</a></sup>. Una episteme consiste en un fondo compartido de herramientas conceptuales y presupuestos que permiten formular problemas &ldquo;bien definidos&rdquo;, que se pueden discutir y resolver dentro del marco epist&eacute;mico.</p>     <p align="justify"> Las revoluciones cient&iacute;ficas o rupturas epist&eacute;micas ocurren cuando los problemas sin resolver y las preguntas que no responden al paradigma desbordan su capacidad te&oacute;rica; cuando las dificultades conceptuales superan el lenguaje de la teor&iacute;a o las t&eacute;cnicas de an&aacute;lisis. En esta situaci&oacute;n de crisis y de ruptura, los debates y los discursos pol&eacute;micos se tornan cruciales. Los esquemas explicativos, la rivalidad te&oacute;rica y la persuasi&oacute;n cobran importancia singular. Kuhn y Foucault demuestran que estas rivalidades se exponen discursivamente con el &uacute;nico fin de persuadir. Las teor&iacute;as se apoyan en la propaganda m&aacute;s que en la demostraci&oacute;n o la coherencia<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="n10"></a>.</p>     <p align="justify"> Ambos autores se&ntilde;alan que tales cambios revolucionarios producen innovaciones radicales que no se toleran en el marco de discusi&oacute;n previo. Ambos pasan por alto el modelo argumentativo de la controversia; ya que en estos per&iacute;odos hay desencuentros acalorados, cuyo p&eacute;ndulo oscila entre la discusi&oacute;n acerba y la disputa. Y por ello no advierten ciertas peculiaridades del desarrollo cient&iacute;fico. Limitaci&oacute;n que se puede superar si vemos las revoluciones conceptuales, los cambios de paradigma o rupturas epist&eacute;micas como parte de controversias que involucran disputas.</p>     <p align="justify"> En relaci&oacute;n con las controversias es equ&iacute;voco suponer que cada parte tiene inter&eacute;s t&aacute;cito en cuestionar los argumentos y presunciones de su contrincante y, as&iacute;, preparar el terreno para el cambio radical. Lo correcto es que en la controversia, a diferencia de la disputa, la racionalidad prevalece sobre los deseos ego&iacute;stas o las manifestaciones de agresi&oacute;n verbal. Una controversia puede acalorar el &aacute;nimo de los contendores sin que pierdan capacidad anal&iacute;tica.</p>     <p align="justify"> Adem&aacute;s, la motivaci&oacute;n de algunas revoluciones conceptuales, y de la mayor&iacute;a de las controversias, no es sustituir una presunci&oacute;n por otra, como veremos en la controversia entre Bhagwati y Daly.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>EL DEBATE SOBRE LIBRE COMERCIO Y MEDIO AMBIENTE</b></p>     <p align="justify">El debate sobre el libre comercio y sus bondades tiene una larga historia que remite a los or&iacute;genes de la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Tiene, por tanto, muchos antecedentes pol&eacute;micos que han llevado a distintos tipos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica y comercial. Se han dado diversas interpretaciones, aun sobre el papel de la acci&oacute;n colectiva e individual en las primeras expresiones del comercio.</p>     <p align="justify"> Un tema constante en el debate sobre el libre comercio es el de los aranceles. Una medida a la que se recurri&oacute; durante la conformaci&oacute;n de los modernos Estados nacionales para proteger sus industrias, proceso que concluir&iacute;a con la unificaci&oacute;n de Italia en 1861 y de Alemania diez a&ntilde;os despu&eacute;s. Durante su larga hegemon&iacute;a, la corriente mercantilista logr&oacute; que el concepto de justo precio perdiera terreno ante el avance de las actividades comerciales y las imposiciones arancelarias.</p>     <p align="justify"> La defensa fisi&oacute;crata del libre comercio logr&oacute; establecer criterios diferentes<sup><a href="#11">11</a><a name="n11"></a></sup>. Seg&uacute;n el discurso sociopol&iacute;tico liberal del siglo XVIII, el Estado ten&iacute;a diversos fines: entre ellos, el de legitimar los derechos individuales, no el de infringirlos. El equilibrio arm&oacute;nico de la sociedad era el resultado de fuerzas que buscan su propio beneficio, maximizando el placer y minimizando el displacer. Esta idea gu&iacute;a al mercado competitivo, donde los vendedores buscan obtener el precio m&aacute;s alto y los consumidores el m&aacute;s bajo, en un regateo que produce el de equilibrio.</p>     <p align="justify"> La fuerza de este argumento se ha sostenido hasta hoy. Los pa&iacute;ses industrializados declaran la necesidad de liberar el comercio internacional en procura del bienestar general, aunque en la pr&aacute;ctica aplican medidas selectivas a los productos de los pa&iacute;ses en desarrollo o subsidian sus econom&iacute;as. Quienes procuran mantener los aranceles, plantean la necesidad de mantener el nivel de empleo, no siempre precisando el tipo de empleo que se necesita<sup><a name="n12"></a><a href="#12">12</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Se esgrimen otros argumentos en favor de los aranceles: motivos de seguridad nacional, objetivos de dudoso beneficio y la protecci&oacute;n a las industrias nacientes. Este &uacute;ltimo fue una de las piedras angulares de la pol&iacute;tica de sustituci&oacute;n de importaciones, que adopt&oacute; la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos en los a&ntilde;os cincuenta, con resultados contradictorios. Detr&aacute;s de estas pol&iacute;ticas existen presiones pol&iacute;ticas que buscan consolidar a los grupos econ&oacute;micos que influyen en el poder central o escapar a la competencia internacional mediante concesiones.</p>     <p align="justify"> A mediados de los ochenta, se empez&oacute; a pensar en un desarrollo sin destrucci&oacute;n, para conciliar las tesis ambientalistas con los intereses econ&oacute;micos y la necesidad del desarrollo. Idea impulsada por la Comisi&oacute;n de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, que en <i>Nuestro futuro com&uacute;n</i> acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;desarrollo sostenible&rdquo;. La visi&oacute;n interdisciplinaria y la reflexi&oacute;n global dan amplio alcance al informe, que invita a descubrir y estudiar las complejas relaciones entre ambiente y desarrollo.</p>     <p align="justify"> El concepto de desarrollo sostenible a la luz del informe implica, entre otros aspectos, la conceptualizaci&oacute;n de lo ecol&oacute;gicamente posible por medio de la cr&iacute;tica al consumismo y al abuso del techo tecnol&oacute;gico, al traspasar los umbrales de lo ecol&oacute;gicamente aceptable en t&eacute;rminos de racionalidad ambiental; una clara propuesta de crecimiento econ&oacute;mico, en las &aacute;reas donde sea necesario para satisfacer las necesidades esenciales, y de mantenimiento, donde &eacute;sta se ha logrado. Es un llamado al aumento del potencial productivo y a la igualdad de oportunidades (Garc&iacute;a y Pati&ntilde;o, 1998).</p>     <p align="justify"> El informe se prepar&oacute; para la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en R&iacute;o de Janeiro en 1992, de la que sali&oacute; la Agenda XXI. &Eacute;sta contiene el programa para adaptar los principios acogidos por cerca de 180 pa&iacute;ses, espec&iacute;ficamente orientados a la b&uacute;squeda del desarrollo sostenible. A pesar de las buenas intenciones formuladas en la Conferencia de R&iacute;o, quedan muchos puntos d&eacute;biles; por ejemplo, se privilegia el sentido economicista sobre la ecolog&iacute;a, se responde a la concepci&oacute;n dominante de lo antropoc&eacute;ntrico, se basa en el crecimiento ilimitado y se elude la realidad diferencial demogr&aacute;fica, econ&oacute;mica y tecnol&oacute;gica. Esta misma posici&oacute;n, en general, tambi&eacute;n se ha visto reflejada en las cumbres posteriores.</p>     <p align="justify"> En general, las relaciones entre comercio internacional y medio ambiente son complejas, lo cual qued&oacute; demostrado en los famosos p&aacute;neles (de resoluci&oacute;n de disputas) relativos a la pesca de at&uacute;n. M&aacute;s recientemente, en la Cumbre de la Tierra, en Johannesburgo, todos aprobaron los compromisos gubernamentales para detener el recalentamiento del globo. Ecologistas y representantes de corporaciones acercaron sus posiciones, con lo que se abren posibilidades m&aacute;s realistas. Las declaraciones son importantes, ya que suministran a los gobiernos objetivos con responsabilidad. Pero no son vinculantes. Esto &uacute;ltimo lo demuestra el Protocolo de Kyoto, documento suplementario del Tratado de R&iacute;o de 1992, que pide a los industriales reducir la emisi&oacute;n de gases que producen el efecto invernadero. La administraci&oacute;n Bush rechaz&oacute; ese tratado el a&ntilde;o pasado, mientras que la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses industrializados eligi&oacute; ratificarlo y obrar de acuerdo con sus t&eacute;rminos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>ENFOQUE</b></p>     <p align="justify">En el caso que estudiamos se discute si el comercio internacional sin restricciones, como se propone en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), perjudica o protege el entorno<sup><a href="#13">13</a></sup><a name="n13"></a>. Jagdish Bhagwati, profesor de la Universidad de Columbia y del Instituto de Tecnolog&iacute;a de Massachussets, sostiene que la liberaci&oacute;n del comercio es el medio &oacute;ptimo para preservar el medio ambiente, a la vez que promueve la prosperidad y la libertad. En el lado opuesto est&aacute; Herman E. Daly, economista del Banco Mundial y profesor de econom&iacute;a de la Universidad de Louisiana, para quien es una agresi&oacute;n contra el ambiente y el bienestar humano<sup><a href="#14">14</a><a name="n14"></a></sup>.</p>     <p align="justify"> Para ordenar el an&aacute;lisis de las t&eacute;cnicas y modelos argumentativos del debate Bhagwati-Daly, se siguen los pasos siguientes: a) se presentan los argumentos centrales que fundamentan la tesis de cada autor; b) se indican los argumentos auxiliares; c) se identifican las t&eacute;cnicas de argumentaci&oacute;n a partir de los aportes de Perelman, Ducrot y van Dijk, y d) se repasan los modelos argumentativos y se reivindica el valor de la controversia en la epistemolog&iacute;a econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify"><b>TESIS BHAGWATI: EN DEFENSA DEL LIBRE COMERCIO</b></p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Bhagwati, los economistas est&aacute;n desconcertados por la pasi&oacute;n y la ferocidad &ldquo;ante la carencia de l&oacute;gica y pruebas que los grupos ecologistas evidencian en sus ataques recientes al libre comercio y al GATT, la instituci&oacute;n que vela por el sistema del comercio mundial&rdquo; (6-1)<sup><a name="n15"></a><a href="#15">15</a></sup>. Es &ldquo;tr&aacute;gico que los defensores de las dos grandes causas de los a&ntilde;os noventa, el comercio y el medio ambiente, anden a la gre&ntilde;a&rdquo;.</p>     <p align="justify"> Para &eacute;l, &ldquo;se trata de un conflicto artificial, en buena medida. Se dan, ciertamente, algunas diferencias de principio entre ambos que no admiten componendas: para determinados ecologistas, la naturaleza es un coto aut&oacute;nomo, en tanto que la mayor&iacute;a de economistas opina que est&aacute; al servicio de la humanidad&rdquo;. Pero, en la mayor&iacute;a de los casos, las discrepancias surgen de malentendidos. &ldquo;Es necesario desenmascarar las falacias m&aacute;s notorias, para desestimarlas, antes de abordar los aut&eacute;nticos problemas&rdquo; (7-1)<a name="n16"></a><sup><a href="#16">16</a></sup>.</p>     <p align="justify"> El eje central de su tesis es: &ldquo;Entre los ecologistas se ha extendido el temor de que el libre comercio va a aumentar el crecimiento econ&oacute;mico y deteriorar el ambiente. Este temor carece de sentido: el crecimiento permite a los gobiernos recaudar impuestos y aumentar los recursos destinados a diversos fines, entre ellos la moderaci&oacute;n de la contaminaci&oacute;n y la protecci&oacute;n general del medio. Sin dichos ingresos, poco se puede hacer, por muy puros que sean los motivos&rdquo; (7-1). Y a&ntilde;ade: &ldquo;Los ecologistas desean intervenir en la pol&iacute;tica comercial para imponer sus propios valores a otras comunidades y pa&iacute;ses&rdquo; (9-2).</p>     <p align="justify"> En esta exposici&oacute;n de motivos, hay que tener en cuenta al menos dos detalles. Primero, abundan los aspectos intencionales de los oponentes. Los descalifica por falta de pruebas y de l&oacute;gica, y les atribuye un inter&eacute;s ego&iacute;sta &ldquo;para imponer sus propios valores&rdquo;. Segundo, sugiere una relaci&oacute;n directa entre el crecimiento econ&oacute;mico y la preservaci&oacute;n del medio ambiente.</p>     <p align="justify"><b>A<small>RGUMENTOS AUXILIARES</small></b></p>     <p align="justify">Los argumentos auxiliares de Bhagwati se resumen en siete puntos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> 1. Falla la acusaci&oacute;n (ecologista) de simetr&iacute;a entre crecimiento y contaminaci&oacute;n, &ldquo;el efecto neto sobre el ambiente depende del tipo de crecimiento econ&oacute;mico&rdquo; (7-2). Este argumento es una cr&iacute;tica al crecimiento empobrecedor. La paradoja de que un pa&iacute;s en crecimiento puede empeorar su situaci&oacute;n fue observada por Edgeworth y redescubierta por Bhagwati. Algo similar sucede en la agricultura: una mayor producci&oacute;n puede ser una maldici&oacute;n para el agricultor porque los precios disminuyen por la baja elasticidad de la demanda de productos agr&iacute;colas.</p>     <p align="justify"> 2. El libre comercio produce mejoras ambientales como resultado del cambio en la composici&oacute;n de la producci&oacute;n. Recordemos que el concepto de frontera de posibilidades de producci&oacute;n prepara el terreno para las teor&iacute;as neocl&aacute;sicas modernas. Esta frontera muestra la cantidad m&aacute;xima de combinaciones de bienes que puede producir la econom&iacute;a dada la dotaci&oacute;n de factores y el conocimiento t&eacute;cnico.</p>     <p align="justify"> 3. Los ecologistas se equivocan porque no distinguen dos clases de problemas ambientales: los intr&iacute;nsecamente internos y los intr&iacute;nsecamente internacionales (7-3). Este razonamiento refuerza la idea de la integraci&oacute;n entre pol&iacute;tica ambiental y econ&oacute;mica, en una red de causas y efectos, dentro de un concepto m&aacute;s amplio de sistema.</p>     <p align="justify"> 4. Las diferencias internacionales en materia de legislaci&oacute;n ambiental son perfectamente naturales (8-2). Los pa&iacute;ses industrializados pueden socavar todo acuerdo internacional del que no sean signatarios. Y las diferencias normativas sobre medio ambiente pueden determinar la localizaci&oacute;n de industrias, sobre todo en el caso de empresas multinacionales.</p>     <p align="justify"> 5. Un bien ambiental concreto puede ser m&aacute;s valioso para un pa&iacute;s pobre que para uno rico. India, por ejemplo, &ldquo;probablemente [...] preferir&iacute;a el agua potable a los beneficios de una compa&ntilde;&iacute;a farmac&eacute;utica&rdquo; (8-3).</p>     <p align="justify"> 6. La militancia moral de los ecologistas ha comenzado a desilusionar a sus hom&oacute;logos (9-3).</p>     <p align="justify"> 7. Los ecologistas son renuentes a las pruebas cient&iacute;ficas para decidir si se puede prohibir el comercio de un producto (11-1). Este argumento muestra que el debate sobre libre comercio y medio ambiente ha generado m&aacute;s calor que luz.</p>     <p align="justify"><b>TESIS DALY: LOS PELIGROS DEL LIBRE COMERCIO</b></p>     <p align="justify">Herman Daly, cofundador y editor adjunto de <i>Ecological Economics</i>, desarrolla su tesis como sigue: &ldquo;Ninguna doctrina pol&iacute;tica goza de mayor aceptaci&oacute;n entre los economistas que la del libre comercio, basado en la especializaci&oacute;n internacional en funci&oacute;n de la ventaja comparativa&rdquo;. Pero habr&iacute;a que &ldquo;invertir esta premisa y optar por favorecer la producci&oacute;n nacional para mercados dom&eacute;sticos. Se acudir&iacute;a al mercado internacional cuando fuera oportuno, sin permitirle nunca entrometerse en los asuntos de un pa&iacute;s ante el riesgo de que provoque un desastre ambiental y social&rdquo; (12-1).</p>     <p align="justify"> Se suele trazar una divisi&oacute;n entre economistas y ecologistas; los primeros estar&iacute;an a favor del libre comercio y los segundos en contra. Pero esa polarizaci&oacute;n desvirt&uacute;a el debate. La controversia real gira en torno del tipo de regulaciones y de los objetivos leg&iacute;timos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">Los abogados del libre comercio buscan el m&aacute;ximo de beneficios y de producci&oacute;n sin mirar los costos sociales y ambientales ocultos (12-2). Por el contrario, los ecologistas y algunos economistas (yo entre ellos) sospechan que el crecimiento aumenta el costo ambiental a un ritmo m&aacute;s acelerado que el de los beneficios derivados de la producci&oacute;n, lo que nos hace m&aacute;s pobres, no m&aacute;s ricos (12-2)<a name="n17"></a><sup><a href="#17">17</a></sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Los argumentos en favor del libre comercio &ldquo;tropiezan con los tres objetivos b&aacute;sicos de toda pol&iacute;tica econ&oacute;mica: la asignaci&oacute;n eficiente de los recursos, su justa distribuci&oacute;n y el mantenimiento de una escala viable (sostenible) de utilizaci&oacute;n de los recursos&rdquo; (14-2). Seg&uacute;n Daly, los dos primeros son objetivos tradicionales en la econom&iacute;a neocl&aacute;sica, pero el tercero, m&aacute;s reciente, est&aacute; vinculado al enfoque ecol&oacute;gico. &ldquo;El comercio internacional irrestricto genera problemas de distribuci&oacute;n de los recursos. En el mundo de las ventajas comparativas, descrito por Ricardo, el capital de una naci&oacute;n se queda en casa, y s&oacute;lo se comercian mercanc&iacute;as&rdquo; (15-2). Desde la perspectiva del estado estacionario, dice el autor, &ldquo;la econom&iacute;a es un subsistema abierto en un ecosistema finito, de crecimiento nulo y materialmente cerrado, la materia circula constantemente por su interior y s&oacute;lo intercambia energ&iacute;a con el exterior&rdquo; (16-2).</p>     <p align="justify"><b>A<small>RGUMENTOS AUXILIARES</small></b></p>     <p align="justify">Los argumentos auxiliares de Daly se resumen en seis puntos:</p>     <p align="justify"> 1. La defensa del libre comercio se basa en la ley de las ventajas comparativas, enunciada a comienzos del siglo XIX por David Ricardo (12-2). El elemento cr&iacute;tico impl&iacute;cito en este argumento es que la apertura al comercio internacional tiene grandes costos: lleva a asignar menos recursos a los productos con menor ventaja comparativa, y ocasiona problemas humanos, sociales y pol&iacute;ticos (Tugores, 1997, 19).</p>     <p align="justify"> 2. Los economistas se han vuelto peligrosos para la tierra y sus habitantes (12-3).</p>     <p align="justify"> 3. Los partidarios del libre comercio apoyan una pol&iacute;tica que busca suprimir las fronteras nacionales para liberar los flujos de capital y de mercanc&iacute;as (13-2).</p>     <p align="justify"> 4. La versi&oacute;n simplista de que la especializaci&oacute;n y el comercio son buenos por el mero hecho de aumentar las mercanc&iacute;as per c&aacute;pita ignora la dimensi&oacute;n comunitaria del bienestar (14-1).</p>     <p align="justify"> 5. En la econom&iacute;a neocl&aacute;sica, la asignaci&oacute;n eficiente de los recursos depende de la contabilidad e internalizaci&oacute;n de todos los costos (14-2).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> 6. El comercio internacional a&iacute;sla espacialmente los costos y los beneficios de la explotaci&oacute;n ambiental y dificulta su comparaci&oacute;n (17-2).</p>     <p align="justify"><b>MODELOS DE ARGUMENTACI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">A continuaci&oacute;n reconstruimos la controversia a&ntilde;adiendo algunos comentarios. Esta reconstrucci&oacute;n es tentativa y un primer paso para un trabajo m&aacute;s comprensivo, aunque mejora la presentaci&oacute;n de las tesis anteriores. Los epistem&oacute;logos suelen dejar esta tarea a los historiadores de la ciencia, quienes se inclinan m&aacute;s a la hermen&eacute;utica o al uso del bagaje de la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a para llevarla a cabo. No obstante, este tipo de labor es &uacute;til para los economistas porque contribuye a ejercer la cr&iacute;tica con rigor, a examinar en detalle los argumentos y a la educaci&oacute;n para el debate y la controversia. Y, tambi&eacute;n, a formar una visi&oacute;n interdisciplinaria.</p>     <p align="justify"> En esta parte se escrutan las t&eacute;cnicas argumentativas, desde un micro-nivel descriptivo hasta un macro-nivel, para identificar los modelos de argumentaci&oacute;n de ambos contendores y responder varias preguntas: &iquest;cu&aacute;les son los temas recurrentes en la controversia? &iquest;cu&aacute;l es la estrategia discursiva de cada antagonista? &iquest;qu&eacute; solidez o rigor tienen las fuentes de autoridad epist&eacute;mica en cada uno? &iquest;c&oacute;mo defienden sus tesis?</p>     <p align="justify"><b>DEP&Oacute;SITO DE ESTRATAGEMAS</b></p>     <p align="justify">Son recurrentes varios temas metodol&oacute;gicos. En ambos autores se observa cierto grado de consistencia o, por lo menos, de afinidad. Por un lado, su visi&oacute;n epist&eacute;mica, y por otro, sus posiciones antag&oacute;nicas sobre aspectos sustantivos del libre comercio. Ambos alegan ser objetivos, discuten sobre pruebas fehacientes, usan ejemplos hist&oacute;ricos.</p>     <p align="justify"> En nuestra interpretaci&oacute;n no se contrastan los datos emp&iacute;ricos, ni los ejemplos hist&oacute;ricos, ni el sustento estad&iacute;stico. Usamos, en cambio, la noci&oacute;n de estrategia argumentativa: en un debate y cualesquiera que sean las razones que exponen los antagonistas, cada uno trata de inclinar a su favor aquellos movimientos del di&aacute;logo que legitiman su posici&oacute;n (sin violar la &eacute;tica).</p>     <p align="justify"> Cada antagonista tiene la opci&oacute;n de elegir las razones en que fundamenta su argumentaci&oacute;n y de exponerlas de cierta manera ante el auditorio<sup><a name="n18"></a><a href="#18">18</a></sup>. Esas opciones se pueden describir mediante juegos te&oacute;ricos o estrategias. Son opcionales en cuanto cada uno puede obtener ventajas con cierta decisi&oacute;n argumentativa. Las decisiones siempre se toman en condiciones aleatorias, y el resultado depende de las decisiones del otro (Lackoff, 1988).</p>     <p align="justify"> Si consideramos que la controversia no s&oacute;lo es una b&uacute;squeda de la verdad, percibimos que los deseos de ganar, de mejorar los argumentos propios para destruir los del oponente, la satisfacci&oacute;n de tener la raz&oacute;n, la reputaci&oacute;n p&uacute;blica y el af&aacute;n de ganar la adhesi&oacute;n del antagonista (si no su asentimiento sincero) son caracter&iacute;sticas de las disputas y discusiones. Los motivos del argumentador se detectan por debajo de las exigencias de claridad, racionalidad, consistencia y rigor. Trata de imponer sus criterios sin contribuir al avance del conocimiento. Como dice Schopenhauer (1997, 46-47):</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Con frecuencia al comienzo de la discusi&oacute;n estamos firmemente convencidos de la verdad de nuestra tesis, pero ahora el contraargumento del adversario parece refutarla; dando ya el asunto por perdido, solemos encontrarnos m&aacute;s tarde en que, a pesar de todo, ten&iacute;amos raz&oacute;n; nuestra prueba era falsa, pero pod&iacute;a haber una adecuada para defender nuestra afirmaci&oacute;n: el argumento salvador no se nos ocurri&oacute; a tiempo. De ah&iacute; que surja en nosotros la m&aacute;xima de luchar contra el razonamiento del adversario, incluso cuando parece correcto y definitivo, pues, precisamente, creemos que su propia correcci&oacute;n no es m&aacute;s que ilusoria y que durante el curso de la discusi&oacute;n se nos ocurrir&aacute; otro argumento con el que podamos oponernos a aqu&eacute;l, o incluso alguna otra manera de probar nuestra verdad. De ah&iacute; que casi nos veamos obligados a actuar con improbidad en las disputas o, cuanto menos, tentados a ello con gran facilidad. De esta forma se amparan mutuamente la debilidad de nuestro entendimiento y la versatilidad de nuestra voluntad. Esto ocasiona que, por regla general, quien discute no luche por amor a la verdad, sino por su tesis como pro et <i>fosis</i> (por el altar y el hogar) y por <i>fas</i> o por <i>nefas</i> puesto que como ya se ha demostrado no puede hacerlo de otro modo.</p> </blockquote>     <p align="justify">Schopenhauer tiene raz&oacute;n en cuanto podemos elegir varias estratagemas, que nuestros dos economistas emplean para lograr la adhesi&oacute;n a sus tesis. Pero es excesivamente esc&eacute;ptico con respecto a la verdad. Quiz&aacute;s la verdad no sea el resultado de una disputa acalorada o de un intercambio de improperios, pero cuando se dialoga o se discute en forma razonable, tambi&eacute;n nos interesa mejorar el conocimiento com&uacute;n y el conocimiento del mundo.</p>     <p align="justify"> A continuaci&oacute;n tratamos de identificar el juego o dep&oacute;sito de t&eacute;cnicas argumentativas que emplea cada antagonista en la controversia Bhagwati-Daly. Siempre que sea posible, ilustraremos estas estratagemas con las tesis y argumentos auxiliares citados.</p>     <p align="justify"><b>E<small>STRATAGEMA 1. ARGUMENTOS POR INCOMPATIBILIDAD</small></b></p>     <p align="justify">Ante una afirmaci&oacute;n del adversario, se tiene que buscar si no se contradice &ndash;as&iacute; sea en apariencia&ndash; con algo que haya dicho o admitido anteriormente, o con los principios que haya aceptado. </p>     <p align="justify"> En la controversia Bhagwati-Daly esta estratagema se emplea con frecuencia. Dice el primero, por ejemplo: &ldquo;La militancia moral de los ecologistas del mundo industrializado ha empezado a desilusionar a sus hom&oacute;logos m&aacute;s pr&oacute;ximos de los pa&iacute;ses no desarrollados, quienes acusan a los pa&iacute;ses ricos de imperialismo ecol&oacute;gico y niegan que las naciones occidentales tengan el monopolio de la virtud&rdquo; (9-3). Por su parte, Daly responde en forma similar, pero con &eacute;nfasis en la tesis central del primero: &ldquo;Las medidas para conseguir una mayor integraci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales se deben considerar ahora una medida err&oacute;nea, a menos que se demuestre lo contrario en casos espec&iacute;ficos&rdquo; (17-3).</p>     <p align="justify"> En otra parte, Bhagwati afirma: &ldquo;Estas exigencias &ndash;las de legislaci&oacute;n ambiental&ndash; revelan una falta de l&oacute;gica econ&oacute;mica, adem&aacute;s de ignorar la realidad pol&iacute;tica. Recu&eacute;rdese que la llamada subvenci&oacute;n a los productos extranjeros, mediante la aplicaci&oacute;n de las normas ambientales poco restrictivas, es s&oacute;lo un subsidio impl&iacute;cito que no se materializa&rdquo; (9-2). Daly: &ldquo;Los economistas aciertan en su insistencia en que las naciones sigan programas nacionales de internalizaci&oacute;n de costos en los precios. Pero tambi&eacute;n yerran cuando invitan a comerciar libremente con otros pa&iacute;ses que no internalizan sus costos. Si un pa&iacute;s intenta acometer ambas pol&iacute;ticas a la vez, el conflicto es obvio: la competencia libre entre pa&iacute;ses con diferentes formas de internalizar los costes resulta injusta&rdquo; (14-3).</p>     <p align="justify"><b>E<small>STRATAGEMA 2. PETICI&Oacute;N DE PRINCIPIO (&ldquo;PETITIO PRINCIPII&rdquo;)</small></b></p>     <p align="justify">Se encubre una petici&oacute;n de principio afirmando lo que requiere una demostraci&oacute;n previa. Esto sucede en varios momentos del debate. Por ejemplo, Bhagwati dice: &ldquo;El comercio es pr&aacute;ctica antiqu&iacute;sima, de cuyo fomento se ocupan instituciones consolidadas durante muchos a&ntilde;os de experiencia y reflexi&oacute;n. La protecci&oacute;n del ambiente, por el contrario, es un af&aacute;n reciente de instituciones nacionales e internacionales embrionarias, sin cristalizar&rdquo; (6-2). La sugestiva idea que lleva la estratagema es una descalificaci&oacute;n del argumento del antagonista por razones externas al mismo debate o que, por lo menos, no guardan relaci&oacute;n directa, a saber, que la existencia en el tiempo de una entidad confiere prerrogativas de valor superior. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Las pol&iacute;ticas eficientes, como la de liberar el comercio, en t&eacute;rminos generales, deber&iacute;an ayudar a proteger el entorno, no a degradarlo&rdquo; (7-1). Al hacer &eacute;nfasis en la bondad de la medida, &ldquo;proteger el entorno, no degradarlo&rdquo;, se cuela el argumento que requiere demostraci&oacute;n: liberar el comercio.</p>     <p align="justify"> En la estrategia argumentativa de Daly tambi&eacute;n se recurre a la petici&oacute;n de principio: &ldquo;Los partidarios del libre comercio emplean una argumentaci&oacute;n fundada en la impermeabilidad de las fronteras nacionales al capital para apoyar una pol&iacute;tica que se propone abrir esas barreras al paso cada vez m&aacute;s fluido de capital y mercanc&iacute;as&rdquo; (13-2). Pr&eacute;stese atenci&oacute;n a la sutileza de la t&eacute;cnica que consiste en atribuir al argumento del contendor un principio totalmente discutible, que los pa&iacute;ses manejan abiertamente la buena fe de sus socios competidores, lo cual no es tan cierto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Otro argumento en la misma direcci&oacute;n: &ldquo;Pero la ausencia de reglas, dice Daly, no siempre es buena para la pol&iacute;tica. De mi docencia universitaria de la doctrina del libre comercio, me queda cierta simpat&iacute;a por su enfoque. Me preocupa, sin embargo, ahora que nuestra profesi&oacute;n se ha dejado encandilar por los resultados l&oacute;gicamente bellos e ignora las pol&iacute;ticas basadas en datos objetivos; los economistas nos hemos vuelto peligrosos para la Tierra y sus habitantes&rdquo; (12-3). Esta t&eacute;cnica tiene un atractivo especial. Conjuga varias estratagemas, que veremos m&aacute;s adelante. Aqu&iacute; s&oacute;lo interesa mostrar dos detalles: el argumentador compara cualitativamente las p&eacute;rdidas y ganancias de la profesi&oacute;n en dos niveles diferentes, el impacto de las ventajas del libre comercio y la pol&iacute;tica &ldquo;objetiva&rdquo; que, valga la verdad, es una valoraci&oacute;n apocal&iacute;ptica: &ldquo;Los economistas nos hemos vuelto peligrosos&rdquo;.</p>     <p align="justify"><b>E<small>STRATAGEMA 3. RETORSI&Oacute;N (&ldquo;RETORTIO ARGUMENTI&rdquo;)</small></b></p>     <p align="justify">Esta t&eacute;cnica es brillante seg&uacute;n sea la fortuna y la ocasi&oacute;n, y consiste en &ldquo;dar la vuelta al argumento&rdquo; del antagonista, es decir, utilizar en su contra el argumento que el adversario usa en su defensa.</p>     <p align="justify"> Bhagwati escribe: &ldquo;La frecuente, y enormemente cara, publicidad emitida por los grupos ecologistas contra el GATT demuestra que sus recursos sobrepasan en mucho los de los pa&iacute;ses con dificultades econ&oacute;micas, cuyas pol&iacute;ticas rechazan&rdquo; (10-2). El argumento, de nuevo, compara esferas distintas. Pero recurre a la estratagema para exagerar las diferencias entre los gastos de publicidad de los ecologistas y las dificultades econ&oacute;micas de los pa&iacute;ses necesitados. Esta comparaci&oacute;n es controvertible.</p>     <p align="justify"> En la misma direcci&oacute;n va el siguiente argumento de Daly: &ldquo;La verdad es que, bien mirado, el libre comercio s&iacute; es un imperialismo ecol&oacute;gico a la inversa. Cuando las empresas producen amparadas por normas m&aacute;s permisivas y venden sus productos en otro lugar sin sanci&oacute;n est&aacute;n presionando a los pa&iacute;ses a reblandecer sus normas m&aacute;s duras. En efecto, el comercio irrestricto impone normas m&aacute;s bajas&rdquo; (15-2). En el argumento la retorsi&oacute;n sucede por las evidentes ventajas normativas del &ldquo;fuerte&rdquo; sobre el &ldquo;d&eacute;bil&rdquo;; que como consecuencia transforma el hecho en una iron&iacute;a.</p>     <p align="justify"><b>E<small>STRATAGEMA 4. ARGUMENTO DE AUTORIDAD (&ldquo;AD VERECUNDIAM&rdquo;)</small></b></p>     <p align="justify">Este argumento, severamente atacado por los fil&oacute;sofos modernos, es un arma muy apreciada en los debates. En vez de razones o motivos respaldados por la deliberaci&oacute;n, se recurre a autoridades elegidas de acuerdo con la conveniencia.</p>     <p align="justify"> Bhagwati apela a la autoridad de Adam Smith para respaldar su defensa del libre comercio: &ldquo;El comercio ha sido fundamental para el pensamiento econ&oacute;mico desde que Adam Smith descubri&oacute; la especializaci&oacute;n de los mercados que la sostienen de forma natural. Al no existir mercados espont&aacute;neos que persigan la protecci&oacute;n del ambiente, deben ser creados de intento&rdquo; (6-1). El recurso a la autoridad te&oacute;rica legitima las tesis expuestas. Como ejercicio, prestemos atenci&oacute;n al contraste entre la aparici&oacute;n natural y espont&aacute;nea de la especializaci&oacute;n en el mercado, y el car&aacute;cter artificioso de las causas ecologistas. Con esta comparaci&oacute;n, Bhagwati utiliza la iron&iacute;a aunque con la sutileza de este vicio ret&oacute;rico.</p>     <p align="justify"> Bhagwati tambi&eacute;n se apoya en la autoridad para atacar a sus oponentes: &ldquo;Al Gore, vicepresidente de la naci&oacute;n, escribi&oacute; en <i>Earth in the Balance: Ecology and the Human Spirit</i>: &lsquo;Seg&uacute;n las leyes del comercio, a veces se consideran injustas las subvenciones gubernamentales a una industria concreta, la aplicaci&oacute;n blanda e ineficaz de las medidas de control de la contaminaci&oacute;n se deber&iacute;a incluir tambi&eacute;n en la definici&oacute;n de las pr&aacute;cticas comerciales desleales&rsquo;&rdquo; (8-3). La cita respalda su tesis de la falta de l&oacute;gica econ&oacute;mica y la inequidad de las medidas preventivas sobre el medio ambiente.</p>     <p align="justify"> El argumento de autoridad no siempre recurre a la cita de un personaje con reputaci&oacute;n te&oacute;rica o pol&iacute;tica, sino a condiciones espec&iacute;ficas. Como en la siguiente afirmaci&oacute;n de Bhagwati: &ldquo;Los ecologistas se muestran reticentes a recurrir a pruebas cient&iacute;ficas para determinar si se puede prohibir el comercio de un producto. La necesidad de demostrar el propio punto de vista constituye siempre una carga para quienes tienen el poder pol&iacute;tico de emprender una acci&oacute;n unilateral&rdquo; (11-1). Enfrentar al antagonista ante un tribunal m&aacute;s fiable es socavar la solidez de sus presunciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Su oponente no se queda atr&aacute;s, recurre a autoridades tan prestigiosas como John Maynard Keynes y David Ricardo; al primero, para recordar que la defensa de los intereses nacionales es prioritaria y, al segundo, para criticar un argumento a favor del libre comercio, la ventaja comparativa: &ldquo;Alejados de Keynes, los defensores de las modificaciones del GATT, propuestas en la ronda de Uruguay, no s&oacute;lo quieren quitar importancia a la producci&oacute;n interna, sino que tambi&eacute;n pretenden que las finanzas y todos los dem&aacute;s servicios sean predominantemente internacionales&rdquo; (12-2). Estratagema que combina a la vez el argumento de autoridad y la retorsi&oacute;n al absurdo.</p>     <p align="justify"><b>E<small>STRATAGEMA 5. APOYO ANAL&Oacute;GICO Y MET&Aacute;FORA</small></b></p>     <p align="justify">Los argumentos por analog&iacute;a apoyan una cosa (el analogado) con otra (el an&aacute;logo) para justificar una o varias premisas. Los apoyos por analog&iacute;a se denominan principio de tolerancia anal&oacute;gica<sup><a name="n19"></a><a href="#19">19</a></sup>. La met&aacute;fora es una figura literaria clave en este tipo de argumentos. </p>     <p align="justify"> En nuestro debate estos artificios se vinculan estrechamente. Daly: &ldquo;La econom&iacute;a nacional deber&iacute;a representar el perro y el comercio internacional el rabo. Sin embargo, el GATT pretende atar los rabos de todos los perros con tal fuerza que ser&iacute;a el nudo internacional el que dirigir&iacute;a el movimiento de cada perro nacional&rdquo; (12-1). Este brillante argumento es una mezcla de metonimia, s&aacute;tira y met&aacute;fora h&aacute;bilmente tejida por el autor. Otra expresi&oacute;n de un tenor semejante: &ldquo;Hay pruebas de que hemos traspasado ya ese umbral &ndash;la escala de da&ntilde;os ambientales permisibles&ndash; y, como Alicia a trav&eacute;s del espejo, cuanto m&aacute;s r&aacute;pido corramos, m&aacute;s nos rezagaremos&rdquo; (17-1).</p>     <p align="justify"> La t&eacute;cnica argumentativa de apoyo anal&oacute;gico se aprecia mejor en el siguiente argumento: &ldquo;De la misma manera que un organismo vive consumiendo nutrientes y excretando productos de desecho, as&iacute; una econom&iacute;a debe, hasta cierto punto, agotar y contaminar el ambiente&rdquo; (16-3). Se trasladan conjuntos de objetos significativos desde un dominio familiar al oyente hasta un &aacute;mbito que puede ser relativamente distante.</p>     <p align="justify"> El mismo Daly critica la visi&oacute;n aislada del crecimiento y el desarrollo mediante otra analog&iacute;a con la biolog&iacute;a: &ldquo;Es como si un bi&oacute;logo considerara un animal como un sistema circulatorio sin tener en cuenta el aparato digestivo o los pulmones. Semejante individuo ser&iacute;a independiente de su ambiente y su tama&ntilde;o carecer&iacute;a de importancia. Si pudiera moverse, ser&iacute;a una m&aacute;quina de movimiento perpetuo&rdquo; (16-3). La estratagema recurre al apoyo anal&oacute;gico hasta convertirlo en una poderosa met&aacute;fora que provoca iron&iacute;a en el lector.</p>     <p align="justify"> Estos ejemplos preliminares son un paso para llegar a una visi&oacute;n integral de los aspectos que constituyen el n&uacute;cleo de la controversia. En el debate hay varios puntos de encuentro, temas que se tratan con variaciones y no afectan el fondo, como la necesidad de mejorar las condiciones econ&oacute;micas y la calidad de vida. Aunque hay diferencias, que comentaremos brevemente. Pero antes, presentamos una reflexi&oacute;n sobre la crisis del pensamiento econ&oacute;mico moderno que puede ayudar a contextualizar el debate.</p>     <p align="justify"><b>CRISIS DEL PENSAMIENTO ECON&Oacute;MICO</b></p>     <p align="justify">En un notable ensayo de dos eminentes economistas, <i>La crisis de visi&oacute;n en el pensamiento econ&oacute;mico moderno</i>, Robert Heilbroner y William Milberg hacen el siguiente diagn&oacute;stico de la situaci&oacute;n de la econom&iacute;a:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el n&uacute;cleo de nuestra afirmaci&oacute;n est&aacute; la conclusi&oacute;n de que para toda clase de investigaci&oacute;n social la &ldquo;visi&oacute;n&rdquo; establece el escenario, y las personas el reparto. No tendr&iacute;amos necesidad de dicha afirmaci&oacute;n en el campo de exploraci&oacute;n que denominamos pol&iacute;tica o sociolog&iacute;a, pues en &eacute;ste los elementos de la visi&oacute;n &ndash;nuestros valores morales individuales, nuestros &aacute;ngulos sociales de percepci&oacute;n&ndash; son puntos de partida ineludibles para lo que sigue. <i>En realidad la visi&oacute;n constituye el terreno b&aacute;sico en el que el debate intelectual se agita en la controversia pol&iacute;tica y la sociolog&iacute;a </i>&ndash;y tras ellas la psicolog&iacute;a en todas sus formas&ndash; <i>no posee las regularidades de comportamiento que establecen a la econom&iacute;a como campo de an&aacute;lisis social</i>, invisti&eacute;ndola de forma &uacute;nica con las caracter&iacute;sticas de una &ldquo;ciencia&rdquo; social. Por consiguiente, las cadenas de razonamiento tienen un papel relativamente menor en la investigaci&oacute;n pol&iacute;tica, sociol&oacute;gica y sicol&oacute;gica si la comparamos con el que tienen en el campo de la econom&iacute;a. Lo que en ning&uacute;n modo hace que la econom&iacute;a sea m&aacute;s importante o m&aacute;s profunda que sus enfoques vecinos, pero<i> la dota de la capacidad de desarrollar secuencias casuales que a menudo son su evidencia y su desesperaci&oacute;n</i>. El an&aacute;lisis se ha convertido, por lo tanto, en la joya de la corona de la econom&iacute;a. A lo que nada objetamos. El problema estriba en que <i>el an&aacute;lisis se ha convertido paulatinamente en la corona misma</i>, ensombreciendo la base material en la que se engarza la joya. A ello s&iacute; que tenemos algo que objetar, puesto que sin base no existir&iacute;a corona<sup><a href="#20">20</a><a name="n20"></a></sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Cabe destacar varias cosas de la extensa cita. Una comprensi&oacute;n autocr&iacute;tica de la teor&iacute;a econ&oacute;mica a partir de los desarrollos de otras disciplinas. Nada nuevo, si no estuviese acompa&ntilde;ado de dos observaciones: la primera tiene que ver con una experimentada distancia que la epistemolog&iacute;a econ&oacute;mica ha tenido con respecto a las relaciones con los problemas sustantivos de la agenda pol&iacute;tica y social, y la segunda con problemas normativos que crean dificultades de m&eacute;todo. Los economistas descuellan en el an&aacute;lisis mientras empobrecen la visi&oacute;n del mundo. Este es el dilema de quienes practican la disciplina.</p>     <p align="justify"> Vista as&iacute;, la controversia Bhagwati-Daly tiene al menos tres consecuencias te&oacute;ricas:</p>     <p align="justify"> 1. Las presunciones de cada autor se basan en valores epist&eacute;micos inconmensurables. Bhagwati defiende la tesis de simetr&iacute;a entre crecimiento econ&oacute;mico y desarrollo social. Para Daly es una grave amenaza la idea de equivalencia entre expansi&oacute;n del mercado y autonom&iacute;a y equilibrio ambiental. Daly pone en cuesti&oacute;n las ventajas comparativas. Bhagwati las considera necesarias para el desarrollo de los pa&iacute;ses pobres. Daly considera necesario que cada pa&iacute;s imponga mayores controles al impacto ecol&oacute;gico de la importaci&oacute;n de mercanc&iacute;as. Bhagwati no ve ning&uacute;n inconveniente en la desregulaci&oacute;n del mercado.</p>     <p align="justify"> 2. En el debate hay pocas categor&iacute;as de intersecci&oacute;n para llegar a un acuerdo. Los autores no ceden en el significado concedido a los conceptos b&aacute;sicos: libre comercio, mercado, capital, incertidumbre, ambiente, mundo.</p>     <p align="justify"> 3. Ambos autores violan repetidamente las &ldquo;secuencias causales&rdquo;. Despu&eacute;s de cuestionar la l&oacute;gica del razonamiento de Ricardo, acerca de las ventajas comparativas, Daly anota: &ldquo;En resumen, los partidarios del libre comercio emplean una argumentaci&oacute;n fundada en la impermeabilidad de las fronteras nacionales al capital para apoyar una pol&iacute;tica que se propone abrir esas barreras al paso cada vez m&aacute;s fluido de capital y mercanc&iacute;as&rdquo; (13-2). El t&eacute;rmino &ldquo;resumen&rdquo; adopta aqu&iacute; la funci&oacute;n de implicaci&oacute;n l&oacute;gica. En realidad, no es una implicaci&oacute;n cuya validez dependa del razonamiento formal, ni de un argumento respaldado por un riguroso soporte hist&oacute;rico, sino una estratagema de invalidaci&oacute;n ret&oacute;rica del antagonista.</p>     <p align="justify"> 4. Despu&eacute;s de revisar el debate y la suficiencia de cada autor, se querr&iacute;a concluir se&ntilde;alando al ganador. Los economistas no resisten esta tentaci&oacute;n. Rudolff Hommes optar&iacute;a a priori por Bhagwati y Eduardo Sarmiento Palacio aprobar&iacute;a las tesis de Daly. Cualquiera que sea el veredicto de la historia, los argumentos en s&iacute; mismos no son una prueba suficiente para llegar a una conclusi&oacute;n definitiva. Ambos conjuntos de presunciones absolutas cierran toda posibilidad de entendimiento. No s&oacute;lo se ponen en entredicho las pruebas y datos aportados por cada antagonista, sino que es dif&iacute;cil saber, dentro de los l&iacute;mites de la discusi&oacute;n racional, qui&eacute;n convenci&oacute; a qui&eacute;n.</p>     <p align="justify"><b>EXPLICAR-COMPRENDER</b></p>     <p align="justify">En esta secci&oacute;n final mencionamos las implicaciones de la controversia relacionadas con la metodolog&iacute;a, las t&eacute;cnicas y los m&eacute;todos de investigaci&oacute;n social.</p>     <p align="justify"> Despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la obra de George H. von Wrigth (1979), surgi&oacute; un interesante debate entre quienes creen que las acciones humanas &ldquo;se deben a&rdquo; y se pueden explicar &ldquo;por&rdquo; medios causales, y sus oponentes. Wrigth mostr&oacute; en detalle las dificultades para resolver este dilema y que no era f&aacute;cil resolverlo debido a la interpretaci&oacute;n irreconciliable de los t&eacute;rminos b&aacute;sicos: causa y acci&oacute;n. No cre&iacute;a que la soluci&oacute;n fuese producto de un acuerdo sem&aacute;ntico. Estos t&eacute;rminos se usan para cosas diferentes y en momentos diferentes del discurso. Como &eacute;l dice:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">En otras palabras, el partidario de la causalidad y el partidario de la acci&oacute;n tejen de manera distinta tramas conceptuales de que se sirven para ver a su contraluz el mundo &ndash;y, por consiguiente, ven el mundo de modo diferente&ndash;. Situados en una perspectiva hist&oacute;rica, sus respectivos puntos de vista se integran en las dos tradiciones que procuro describir y diferenciar (1979, 15).</p> </blockquote>     <p align="justify">Esta descripci&oacute;n de Wright arroja luz sobre la controversia Bhagwati-Daly y sobre todas aquellas en las que los participantes se enzarzan en una interpretaci&oacute;n interminable a partir de presunciones absolutas. En una controversia, los antagonistas suelen negarse a adoptar las definiciones b&aacute;sicas de la contraparte, y frustran la posibilidad de un acuerdo. </p>     <p align="justify"> Otras caracter&iacute;sticas de las controversias, como las que hemos se&ntilde;alado: cambios de tema, estratagemas ret&oacute;ricas, giros ling&uuml;&iacute;sticos, argumentos anal&oacute;gicos, met&aacute;foras, violaci&oacute;n de los procedimientos de decisi&oacute;n, reglas de exclusi&oacute;n, de l&iacute;mite, etc., tambi&eacute;n se pueden estudiar a la luz del debate entre explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n (<i>Erkl&auml;ren-Verstehen</i>).</p>     <p align="justify"> La oposici&oacute;n entre explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n se puede entender como un alegato de presunciones. La noci&oacute;n de intenci&oacute;n (un componente necesario del concepto de acci&oacute;n) y su correlato, la causalidad, juegan un papel central en el debate. La concepci&oacute;n monista sostiene que pese a sus peculiaridades, la intencionalidad se puede entender mejor con modelos explicativos de las ciencias naturales; para los dualistas, la causalidad natural no toma en cuenta aspectos esenciales del comportamiento humano. La pol&eacute;mica contin&uacute;a sin que exista un tribunal que dictamine qui&eacute;n tiene raz&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Lo cual, sin llevar al desespero, permite seguir una v&iacute;a alternativa. Esta oposici&oacute;n se puede traducir a una oposici&oacute;n entre presunciones. No hay contradicci&oacute;n formal entre las corrientes en pugna, son &aacute;mbitos complementarios. Esta posibilidad de conciliaci&oacute;n conceptual, propia de las controversias, permite resolver estos dilemas sin apelar a procedimientos de decisi&oacute;n internos o externos para resolver las disputas; adem&aacute;s, abre una interesante l&iacute;nea de investigaci&oacute;n en la historia de las ideas.</p>     <p align="justify"> Los argumentos que respaldan una visi&oacute;n comunitaria del problema ambiental no deben suscitar prejuicios antag&oacute;nicos contra el libre comercio. Los economistas no son los mayores enemigos del mundo, tampoco seres angelicales.</p>     <p align="justify"> En este tipo de debates siempre vale la pena recordar, sin caer en el patetismo, esta sabia afirmaci&oacute;n de Amartya Sen: &ldquo;El poder para hacer el bien casi siempre va acompa&ntilde;ado de la posibilidad de hacer lo contrario&rdquo;.</p>     <p align="justify"><b>    <BR>NOTAS AL PIE </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. Sobre el discurso en el campo de la pol&iacute;tica y el conflicto armado, ver Estrada (2001). Entre la bibliograf&iacute;a reciente, ver Dijk (2000a y 2000b).</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  El presente ensayo es parte de una investigaci&oacute;n en curso. El tema se inscribe en distintas perspectivas disciplinarias, con un &uacute;nico motivo: el compromiso de examinar las relaciones entre las teor&iacute;as que elaboramos los acad&eacute;micos y los problemas sociales del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify"><a href="#n3">3</a><a name="3"></a>.  Para una bibliograf&iacute;a b&aacute;sica, ver Engelhard y Caplan (1987), Dascal (1995) y Gross (1990).</p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  El modelo cl&aacute;sico, que proviene de la disputatio escol&aacute;stica, se conserva con ligeras variaciones. Para una exposici&oacute;n detallada de ese modelo y de su pertinencia, ver Pereda (1994). Lorenzen (1979) presenta otros modelos basados en la tradici&oacute;n l&oacute;gica.</p>     <p align="justify"><a href="#n5">5</a><a name="5"></a>.  En el caso de las ciencias naturales, la ilustraci&oacute;n de los ejemplos hist&oacute;ricos de Thomas Kuhn, en sus obras seminales, es abrumadora. Los temas de ciencia normal y revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, paradigma e inconmensurabilidad, junto con las categor&iacute;as de tiempo, movimiento, espacio, cuerpo, mundo, etc., disponen un material para el estudio de los debates en la ciencia desarrollados por varios fil&oacute;sofos. Ver Dascal (2002). </p>     <p align="justify"><a href="#n6">6</a><a name="6"></a>.  Los riesgos epist&eacute;micos o &eacute;ticos son relativos; en cualquier caso, se incurre en el peligro de flexibilizar demasiado los temas y los conceptos, un alargamiento categorial tipo perro-gato, como lo afirma Sartori (1998).</p>     <p align="justify"><a href="#n7">7</a><a name="7"></a>.  As&iacute; lo ilustran muchos ejemplos de la pol&iacute;tica y el manejo del conflicto armado en Colombia. Las audiencias p&uacute;blicas en las negociaciones entre el gobierno de Pastrana y las FARC se convirtieron, bajo las presiones de una negociaci&oacute;n en medio de la guerra, en un di&aacute;logo de sordos, como atestiguaron algunos candidatos presidenciales, entre ellos Ingrid Betancourt.</p>     <p align="justify"><a href="#n8">8</a><a name="8"></a>.  La eficacia del di&aacute;logo en casos de conflicto depende de otros aspectos relacionados con el poder pol&iacute;tico o militar. Las negociaciones del Cagu&aacute;n no lo fueron por la imponencia del poder b&eacute;lico, la desconfianza, la improvisaci&oacute;n, la prioridad tem&aacute;tica.</p>     <p align="justify"><a href="#n9">9</a><a name="9"></a>.  El trabajo de Foucault sobre la historia de la sexualidad presenta las variaciones discursivas que rese&ntilde;amos; ver en especial el volumen II de la versi&oacute;n en castellano, en cuyo pr&oacute;logo indica las t&eacute;cnicas de an&aacute;lisis que emple&oacute; para abordar los discursos sobre la sexualidad a lo largo de la historia. Este trabajo se recomienda a quienes se interesan en los problemas del m&eacute;todo en ciencias sociales.</p>     <p align="justify"><a href="#n10">10</a><a name="10"></a>.  Ludwik Fleck, quien propuso varios conceptos que despu&eacute;s usar&iacute;a Kuhn, escribi&oacute; en 1935: &ldquo;Podemos definir el hecho cient&iacute;fico como una relaci&oacute;n conceptual conforme al estilo de pensamiento que es analizable desde el punto de vista de la historia y la sicolog&iacute;a &ndash;ya sea &eacute;sta individual o colectiva&ndash;, pero que nunca es reconstruible en todo su contenido desde estos puntos de vista&rdquo; (Fleck, 1986, 130).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n11">11</a><a name="11"></a>.  El principal aporte de los fisi&oacute;cratas fue la descripci&oacute;n del circuito econ&oacute;mico; ver Schumpeter (1968).</p>     <p align="justify"><a href="#n12">12</a><a name="12"></a>.  Antes de los a&ntilde;os cuarenta, el arancel promedio de los pa&iacute;ses industriales era cercano al 40%. Despu&eacute;s de seis rondas (Ginebra, 1947-1956; Annecy, 1949; Torquay, 1951; Dillon, 1962, y Kennedy, 1967), hab&iacute;a descendido al 8%. La reducci&oacute;n continu&oacute; en forma moderada en las rondas de Tokio (1979) y de Uruguay (iniciada en 1986), con algunos obst&aacute;culos, como los altos aranceles en sectores y productos de importancia y el uso frecuente de medidas no arancelarias. Este &uacute;ltimo, en su versi&oacute;n moderna, es de suma importancia pues se reviste con ropaje t&eacute;cnico.</p>     <p align="justify"><a href="#n13">13</a><a name="13"></a>.  La Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio naci&oacute; en 1995, como sucesora del GATT, creado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. La &uacute;ltima ronda de negociaciones &ndash;la de Uruguay&ndash; transcurri&oacute; entre 1986 y 1994. El caso que se estudia en el presente trabajo ilustra el debate de esos a&ntilde;os. </p>     <p align="justify"><a href="#n14">14</a><a name="14"></a>.  El an&aacute;lisis intenta identificar la funci&oacute;n heur&iacute;stica del debate. Se escogi&oacute; este caso por su vigencia pol&iacute;tica y su car&aacute;cter acad&eacute;mico. La pol&eacute;mica se difundi&oacute; en Scientific American, &ldquo;Debates on the Free Trade&rdquo;, en enero de 1994. Una d&eacute;cada despu&eacute;s, el debate Bhagwati-Daly cobra especial importancia debido a los efectos discursivos y culturales de la globalizaci&oacute;n y sus oponentes.</p>     <p align="justify"><a href="#n15">15</a><a name="15"></a>.  Los par&eacute;ntesis indican el n&uacute;mero de p&aacute;gina y la columna correspondiente a la cita.</p>     <p align="justify"><a href="#n16">16</a><a name="16"></a>.  Este argumento es preparatorio, pero ya contiene una descalificaci&oacute;n impl&iacute;cita del oponente. El autor juega metaf&oacute;ricamente con la sutil idea de estar autorizado para &ldquo;descubrir&rdquo; los enga&ntilde;os que oculta el oponente bajo la m&aacute;scara.</p>     <p align="justify"><a href="#n17">17</a><a name="17"></a>.  El concepto impl&iacute;cito en este argumento es el de &ldquo;coeficiente de impacto ambiental&rdquo; (CIA) del PIB, o impacto causado por cada unidad de ingreso nacional. Si el contenido de la actividad econ&oacute;mica cambia, y cada unidad extra del PIB tiende a consumir menos recursos que el a&ntilde;o anterior, el CIA cae. </p>     <p align="justify"><a href="#n18">18</a><a name="18"></a>.  Para la noci&oacute;n de auditorio, ver Perelman y Olbretchs-Tyteca (1997), y Perelman (1999).</p>     <p align="justify"><a href="#n19">19</a><a name="19"></a>.  Mayores detalles en Perelman y Olbretchs-Tyteca (1997).</p>     <p align="justify"><a href="#n20">20</a><a name="20"></a>.  Cursivas de los autores.</p> <hr>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Bhagwati, J. y H. E. Daly. &ldquo;Debate &iquest;El libre comercio da&ntilde;a el ambiente?&rdquo;, <i>Investigaci&oacute;n y ciencia</i>, Barcelona, prensa cient&iacute;fica, 1994. </p>     <p align="justify"> 2. Bejarano, J. A. &ldquo;Los costos econ&oacute;micos y las soluciones pol&iacute;ticas de paz&rdquo;, <i>La guerra y la paz en la segunda mitad del siglo XX en Colombia</i>, Bogot&aacute;, ECOE, 1999. </p>     <!-- ref --><p align="justify"> 3. Clausewitz, K. von. <i>De la guerra</i>, Barcelona, Labor, 1984. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200500010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">4.  Dascal, M. &ldquo;Epistemolog&iacute;a, controversias y pragm&aacute;tica&rdquo;, <i>Isegor&iacute;a</i> 12, 1995.</p>     <!-- ref --><p align="justify"> 5. Dijk, T. A. van. <i>El discurso como estructura y proceso</i>, Barcelona, Gedisa, 2000a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200500010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6.  Dijk, T. A. van. <i>El discurso como interacci&oacute;n social</i>, Barcelona, Gedisa, 2000b. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200500010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Engelhard, Jr., y A. Caplan. <i>Scientific Controversies: Case Studies in the Resolution and Closure of Dispute of Science and Technology</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996200500010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">8.  Estrada G., F. &ldquo;Discurso paramilitar&rdquo;, <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, Bogot&aacute;, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia, diciembre, 2001. </p>     <!-- ref --><p align="justify">9.  Fleck, L. <i>La g&eacute;nesis y el desarrollo de un hecho cient&iacute;fico</i>, Madrid, Alianza; edici&oacute;n original de 1935, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996200500010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10.  Foucault, M. <i>Historia de la sexualidad 2, El uso de los placeres</i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200500010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">11.  Garc&iacute;a, R. y G. Pati&ntilde;o. &ldquo;Reflexiones conceptuales sobre ordenamiento territorial ambiental&rdquo;, <i>Utop&iacute;a</i> 8, 1998, pp. 17-25, Popay&aacute;n, septiembre,</p>     <!-- ref --><p align="justify">12.  Geertz, C.  <i>Negara, el Estado-teatro en Bali del siglo XIX</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200500010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13.  Gross, A. G. <i>The Rhetoric of Science</i>, Cambridge, MA, Harvard University Press, 1990. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200500010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14.  Hayek, F. A. <i>The Fatal Conceit. The Errors of Socialism</i>, Chicago, University of Chicago Press, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200500010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15.  Heilbroner R. y W. Milberg. <i>La crisis de visi&oacute;n en el pensamiento econ&oacute;mico moderno</i>, Paid&oacute;s, Barcelona, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200500010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Hicks, J.  <i>Una teor&iacute;a de la historia econ&oacute;mica, Barcelona</i>, Orbis Editores, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200500010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17.  Jacobs, M. <i>Econom&iacute;a verde, medio ambiente y desarrollo sostenible</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores y Uniandes, 1991. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200500010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18.  King, A. y B. Schneider. <i>La primera revoluci&oacute;n global: Informe del Consejo al Club de Roma</i>, Barcelona, C&iacute;rculo de Lectores, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200500010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Lackoff, G. <i>Met&aacute;foras de la vida cotidiana</i>, Madrid, C&aacute;tedra, 1988. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200500010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20.  Lakoff, G. y M. Johnson. <i>Philosophy in the Flesh</i>, New York, Basic Books, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200500010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21.  Lorenzen, P. <i>La l&oacute;gica viva</i>, Buenos Aires, Sur, 1979. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200500010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22.  Heilbroner, R. y W. Milberg. <i>La crisis de visi&oacute;n en el pensamiento econ&oacute;mico moderno</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200500010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">23.  Kalmanowitz, S. &ldquo;El debate debe continuar&rdquo;, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 31, 1999, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, </p>     <!-- ref --><p align="justify">24.  Kuhn, T. S. <i>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200500010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25.  Pereda, C.  <i>V&eacute;rtigos argumentales</i>, Barcelona, Anthropos, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200500010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26.  Perelman, Ch. <i>El imperio ret&oacute;rico</i>, Bogot&aacute;, Norma, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200500010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27.  Perelman, Ch. y L. Olbretchs-Tyteca. <i>Tratado de la argumentaci&oacute;n</i>, Madrid, Gredos, 1989. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200500010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28.  Sartori, G. <i>La comparaci&oacute;n en las ciencias sociales</i>, Madrid, Alianza, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200500010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29.  Schopenhauer, A. <i>Dial&eacute;ctica er&iacute;stica</i>, Madrid, Trotta, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200500010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30.  Schumpeter, J. A.  Ensayos, Barcelona, Oikos Tau, 1968, pp. 25-49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200500010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Sen, A. <i>Sobre la desigualdad econ&oacute;mica</i>, Barcelona, Folio, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200500010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32.  Sen, A. <i>Desarrollo y libertad</i>, Bogot&aacute;, Planeta, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200500010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33.  Tugores, J.<i> Econom&iacute;a internacional e integraci&oacute;n econ&oacute;mica</i>, Madrid, McGraw Hill, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200500010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34.  Wright, G. H. von. <i>Explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n</i>, Madrid, Alianza, 1979. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200500010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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