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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DE ENCUENTROS FRUCTÍFEROS CON EL MAL, LA ANARQUÍA Y OTRAS DESVENTURAS]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ABOUT FRUITFUL ENCOUNTERS WITH EVIL, ANARCHY AND OTHER MISFORTUNES]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>DE ENCUENTROS FRUCT&Iacute;FEROS CON EL MAL, LA ANARQU&Iacute;A Y OTRAS DESVENTURAS</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>ABOUT FRUITFUL ENCOUNTERS WITH EVIL, ANARCHY AND OTHER MISFORTUNES</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>El retorno de lo sacro</i>, Luis Carlos Restrepo, Bogot&aacute;, Taurus, 2004, 202 pp.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar</i>*</p>     <p align="justify">* Investigador social, <a href="mailto:bperezsalazar@yahoo.com">bperezsalazar@yahoo.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 15 de abril de 2005, fecha de aceptaci&oacute;n: 16 de mayo de 2005. </p> <hr>    <p align="justify">Quien se tope en una librer&iacute;a con el t&iacute;tulo m&aacute;s reciente de Luis Carlos Restrepo, <i>El retorno de lo sacro</i>, se puede sentir tentado a tomarlo para descifrar a un personaje cuyas declaraciones y posiciones como Alto Comisionado de Paz a veces lo hacen inescrutable a los ojos de una parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica colombiana. Si as&iacute; sucede, nuestro bibli&oacute;filo se puede ver inmerso de repente en un torrente de asociaciones no tan libres. </p>     <p align="justify"> Si en ese instante no identifica al personaje m&aacute;s que como vocero de la administraci&oacute;n del presidente Uribe, una suposici&oacute;n natural ser&iacute;a que el libro es un manifiesto del pensamiento del equipo del gobierno al que pertenece, en cuyos altos cargos participan &ldquo;cuadros del <i>Opus Dei</i>&rdquo;, como lo son Sabas Pretelt, ministro del interior, Jorge Alberto Uribe, ministro de defensa, y el propio presidente &Aacute;lvaro Uribe, seg&uacute;n se afirma en los mentideros pol&iacute;ticos. En este caso, el lector quiz&aacute; conjeturar&iacute;a que el libro es una apolog&iacute;a de la obediencia, de las bases morales de la sociedad y de la autoridad de las instituciones. </p>     <p align="justify"> Pero si la tentaci&oacute;n lo lleva a ojear la contracar&aacute;tula debe descartar de tajo esa conjetura, pues encontrar&aacute; que se trata de una propuesta para contener la violencia y el terror mediante la <i>vivencia dionis&iacute;aca</i> que, ya en el texto, Restrepo define como una &ldquo;pedagog&iacute;a emocional&rdquo;. En esa calidad, la experiencia dionis&iacute;aca ser&iacute;a una terapia homeop&aacute;tica para la histeria colectiva, que consistir&iacute;a en exponernos sin recelos al frenes&iacute; de los excesos de que somos capaces los seres humanos. Enfrentados as&iacute; a nuestra doble condici&oacute;n de ser las criaturas m&aacute;s dulces y a la vez las m&aacute;s terribles en los m&aacute;s diversos y dis&iacute;miles contextos, este dispositivo terap&eacute;utico conducir&iacute;a al aprendizaje del auto-control de los impulsos violentos y crueles por medio del cultivo de la mesura, la piedad, la prudencia y el escepticismo.</p>     <p align="justify"> Superado el prejuicio de que se trata de un manifiesto del gobierno, el lector se puede preguntar c&oacute;mo este m&eacute;dico, especialista en psiquiatr&iacute;a y mag&iacute;ster en filosof&iacute;a, due&ntilde;o de un discurso tan poco ajustado a la ortodoxia cristiana, lleg&oacute; a ser vocero de un gobierno autoritario empe&ntilde;ado en una guerra teol&oacute;gica contra las drogas y adalid de la recomposici&oacute;n moral de la sociedad al amparo de la figura del tirano &ldquo;amoroso&rdquo; y &ldquo;consejero espiritual&rdquo;, que encarna el presidente.</p>     <p align="justify"> Motivado por esta pregunta, habr&aacute; quien pueda sentir la urgencia inaplazable de leer todo el libro con mayor detenimiento, como quiz&aacute; lo haya hecho m&aacute;s de un comandante paramilitar sentado a la mesa de negociaciones en Santaf&eacute; Ralito, para descifrar el universo discursivo del negociador principal del gobierno de Uribe ante las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).</p>     <p align="justify"> Una vez terminada la lectura, que no resulta f&aacute;cil ni agradable &ndash;no tanto por la prosa, como por la erudici&oacute;n que transpiran los numerosos pasajes que remiten al lector a extensas referencias de la mitolog&iacute;a antigua para ilustrar profusamente la vivencia humana como &ldquo;un cruce complejo y cambiante de flujos er&oacute;ticos y apetitos de poder, de aparatos de captura y l&iacute;neas de fuga&rdquo; (p. 174)&ndash;, nuestro lector imaginario se puede sentir insatisfecho porque es probable que no haya logrado descifrar al autor ni encontrar en la obra el hilo de Ariadna que lo gu&iacute;e en el laberinto de las negociaciones entre el gobierno Uribe y las AUC. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Adem&aacute;s quedan otras preguntas sin respuesta. &iquest;En qu&eacute; campo del conocimiento puede situar el contenido del libro? &iquest;Es una reflexi&oacute;n acerca de la violencia como fen&oacute;meno psicosocial o un ensayo de filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica? &iquest;Es un examen de la evoluci&oacute;n de la cultura y las instituciones o un alegato en la controversia sobre la moral p&uacute;blica y las costumbres del presente? M&aacute;s a&uacute;n &iquest;por qu&eacute; el autor de este texto, francamente &ldquo;poco amigable&rdquo; con el lector informado, se mantiene en la lista de escritores de <i>bestsellers</i> en Colombia? Y finalmente: &iquest;por qu&eacute; y c&oacute;mo un pensador con la trayectoria de Restrepo &ndash;que en sus primeros libros sosten&iacute;a que el psiquiatra es un promotor de la b&uacute;squeda personal de libertad, y que describi&oacute; su propio papel como el de un &ldquo;anarquizador&rdquo; y no un tranquilizador de conciencias, y que en su libro m&aacute;s vendido, <i>El derecho a la ternura</i>, llam&oacute; a contener el poder para permitir que el otro sea&ndash; se adhiri&oacute; a una propuesta de gobierno que suele recurrir a argumentos basados en absolutos morales, y que comparte abiertamente la interpretaci&oacute;n de la guerra mundial contra el terrorismo como un enfrentamiento c&oacute;smico entre el bien y el mal, donde los aliados representan las &ldquo;fuerzas del bien&rdquo; y los adversarios, demon&iacute;acos y perversos, merecen la aniquilaci&oacute;n y el destierro? </p>     <p align="justify"> Quien suscribe esta nota, experiment&oacute; la &ldquo;monta&ntilde;a rusa emocional&rdquo; descrita aqu&iacute; en su encuentro con el libro que rese&ntilde;a. Y, a decir verdad, despu&eacute;s de leerlo y releerlo con detenimiento, no encontr&oacute; respuesta satisfactoria a estos interrogantes. Sin embargo, con simpat&iacute;a por el lector que sucumba a una tentaci&oacute;n similar, a continuaci&oacute;n presenta algunos datos e intuiciones que pueden iluminar la lectura de quien se apreste a trajinarla, aun a pesar de la rese&ntilde;a.    <br>       <br>   <b>RESTREPO Y EL PODER</b></p>     <p align="justify">Una buena pista para entender por qu&eacute; Luis Carlos Restrepo lleg&oacute; al equipo de gobierno es la cr&oacute;nica que se public&oacute; en <i>Semana</i> (n.<sup>o</sup> 1180, 11-12-2004) cuando ese semanario lo design&oacute; &ldquo;personaje del a&ntilde;o 2004&rdquo;. El recuento de sus antecedentes personales lo muestra como una persona interesada en la pol&iacute;tica desde tiempo atr&aacute;s: coordin&oacute; la campa&ntilde;a del &ldquo;Mandato Ciudadano por la Paz&rdquo;, que en 1997 obtuvo diez millones de votos de los adultos y tres millones de los ni&ntilde;os en respaldo a una negociaci&oacute;n pol&iacute;tica que pusiera fin al enfrentamiento con las FARC; luego se uni&oacute; a intelectuales progresistas como Antanas Mockus y Hernando G&oacute;mez Buend&iacute;a, en la Alternativa Pol&iacute;tica Colectiva, para elaborar una plataforma pol&iacute;tica que hiciera posible la paz en el pa&iacute;s. </p>     <p align="justify"> No obstante &ndash;seg&uacute;n la cr&oacute;nica&ndash; el discurso te&oacute;rico y los gestos simb&oacute;licos in&uacute;tiles que primaron en estas experiencias le produjeron tal frustraci&oacute;n y exasperaci&oacute;n que: </p>     <blockquote>    <p align="justify">para forzarse a s&iacute; mismo a un aterrizaje a lo concreto, resolvi&oacute; irse para Filandia [municipio del Departamento del Quind&iacute;o, de donde es oriundo Restrepo] a comprar el prost&iacute;bulo del pueblo, <i>Casa Verde</i>. Sab&iacute;a que all&iacute; mataban mucha gente y el ambiente s&oacute;rdido molestaba a la comunidad. As&iacute; que, por incongruente que se viera, all&aacute; lleg&oacute; Restrepo, el intelectual, con su espalda encorvada por el exceso de horas de lectura, a cerrar el antro, en un acto que, sent&iacute;a, iba a evitar m&aacute;s muertes y a traer m&aacute;s paz que millones de votos simb&oacute;licos. </p> </blockquote>     <p align="justify">Se encontr&oacute; con Uribe durante la campa&ntilde;a presidencial. Amigos suyos lo llamaron para que ayudara a elaborar un discurso menos centrado en la seguridad, pues pensaban que el tono autoritario le restaba popularidad en ciertos sectores de la opini&oacute;n. Pero Restrepo no compart&iacute;a esa opini&oacute;n: el discurso sobre seguridad y una figura de autoridad eran los medios m&aacute;s indicados para enfrentar la indolencia colectiva de los colombianos. En el a&ntilde;o 2001, cuando apenas empezaba a figurar en las encuestas, Uribe lo invit&oacute; a coordinar el tema de derechos humanos en su campa&ntilde;a.</p>     <p align="justify"> Con base en esta versi&oacute;n de los hechos, podr&iacute;a resultar tentador descalificar de plano a nuestro autor como mero oportunista, sediento de figuraci&oacute;n y dispuesto a renunciar a todo a cambio de tener poder para establecer la paz, tal como &eacute;l la entiende, es decir, como el resultado de &ldquo;desarmar gente para evitar que se sigan matando&rdquo;. Pero esa descalificaci&oacute;n no nos llevar&iacute;a muy lejos para entender una personalidad que resulta compleja y pol&eacute;mica, si nos atenemos a su desempe&ntilde;o al frente de las negociaciones con los paramilitares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Por eso vale la pena revisar algunas de las ideas que expone en su obra m&aacute;s reciente. En el fondo de su propuesta para controlar la violencia, se encuentra la necesidad de desarrollar la capacidad personal para convivir con la ambig&uuml;edad de manera no dogm&aacute;tica. En la mente de Restrepo, el individuo debe experimentar la vida sin pretender afirmar una identidad esencial, pues &eacute;sta debe cambiar &ndash;a manera de una m&aacute;scara&ndash; seg&uacute;n la ocasi&oacute;n y la acci&oacute;n en que se est&aacute; empe&ntilde;ado. &Eacute;ste ser&iacute;a el &uacute;nico modo de aproximarnos provechosamente a las cosas que nacen y perecen:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La identidad es apenas una clave de intercambio similar a una moneda, cuya funci&oacute;n no es perpetuarse como sucede con las monedas en la alcanc&iacute;a del avaro, sino favorecer nuevos contactos, actuando como un factor de gasto. El destino de toda identidad es terminar erosionada, pues de lo contrario, podr&iacute;amos acallar los destellos de la multiplicidad bajo una imagen &uacute;nica (p. 39).</p> </blockquote>     <p align="justify">Su rechazo a las &ldquo;identidades y normas esenciales&rdquo; probablemente se funda en una interpretaci&oacute;n de la naturaleza humana influenciada por el pensamiento de Carl Jung, que concibe los impulsos violentos como parte constitutiva de la psique humana. Un rasgo distintivamente humano es la ambig&uuml;edad de ser a la vez luminosos y oscuros, lo que a su vez nos condiciona a actuar alternativamente como fuente de vida o causa de destrucci&oacute;n. En palabras de Restrepo, el control cultural de la violencia y de los impulsos destructivos que forman parte de nuestra naturaleza es </p>     <blockquote>    <p align="justify">una empresa que s&oacute;lo resulta exitosa si partimos de reconocer la vitalidad perversa de la violencia que nos circunda [&hellip;] que al ser negada se potencia y fortalece para retornar como un ladr&oacute;n en la noche e imponerse en nuestra conciencia de manera brutal e incontrolada (p. 159) [...] Al cerrarle cualquier camino de expresi&oacute;n, [la] obligamos a enterrarse con encono en los suburbios de la carne, por lo que&hellip; no tiene otra salida que presentarse a la conciencia bajo la apariencia del bien, llegando el alma ingenua a ese punto escalofriante en que alucinada&hellip; se muestra capaz de cometer el crimen con inocencia (p. 63) [&hellip;] el dionisismo nos ense&ntilde;a sobre la facilidad con que los impulsos destructivos se proyectan sobre objetos de recambio cuando osamos reprimirlos, reapareciendo multiplicados a nuestro alrededor, como si aceptasen gustosos todo tipo de enmascaramientos y sustituciones (p. 136).</p> </blockquote>     <p align="justify">Por eso, Restrepo insiste en rescatar el valor cultural de los &ldquo;encuentros fruct&iacute;feros con el mal&rdquo;. Seg&uacute;n &eacute;l, este tipo de encuentros exponen al individuo de modo permanente a su condici&oacute;n humana ambigua, y lo obligan a reafirmar continuamente su compromiso personal con la libertad. La libertad se debe concebir como una construcci&oacute;n colectiva permanente, que se consolida y renueva no s&oacute;lo acatando las normas perentorias con las que la cultura pone cerco a la violencia, sino tambi&eacute;n mediante el acto personal de aceptar la realidad de nuestros impulsos destructores. Ante este reconocimiento &ndash;en cada encrucijada, en cada encuentro con la singularidad del otro&ndash; el individuo se debe esforzar por elegir aquello que dificulte la perpetuaci&oacute;n de la violencia, sin negar su existencia. Adem&aacute;s, debe buscar con su elecci&oacute;n contribuir al cultivo de la libertad como &aacute;mbito donde emergen singularidades compatibles con la interdependencia social. En el ejercicio reiterado de la elecci&oacute;n en situaciones como &eacute;sta, avizora Restrepo el surgimiento de la libertad que har&aacute; viable el &ldquo;poder civil&rdquo;. Y esta noci&oacute;n del &ldquo;poder civil&rdquo; la asocia simb&oacute;licamente en diversos pasajes de su libro, con la imagen del guerrero que voluntariamente opta por mutilarse el miembro que representa el arma que depone (pp. 119 y 202).</p>     <p align="justify"><b>RESTREPO, EL NEGOCIADOR</b></p>     <p align="justify">De los postulados anteriores, se deriva una tesis que Restrepo reiter&oacute; persistentemente en la discusi&oacute;n del proyecto de ley de &ldquo;justicia y paz&rdquo;, para fijar el marco legal de la desmovilizaci&oacute;n y la reintegraci&oacute;n a la vida civil de los miembros de grupos armados ilegales: la necesidad de aceptar la relatividad de las formulaciones pol&iacute;ticas y la posibilidad de hacer de la verdad una construcci&oacute;n colectiva. </p>     <p align="justify"> Primero demand&oacute; con vehemencia de la opini&oacute;n p&uacute;blica un mayor reconocimiento para los actos de entrega de armas protagonizados por m&aacute;s de tres mil paramilitares durante los &uacute;ltimos meses de 2004, y que el Alto Comisionado de Paz probablemente registr&oacute; en su mente como ceremonias de &ldquo;mutilaciones simb&oacute;licas masivas&rdquo; cuyas im&aacute;genes deber&iacute;an servir para construir un nuevo &ldquo;mito fundacional&rdquo; expl&iacute;citamente comprometido con el imperio de la libertad y el &ldquo;poder civil&rdquo;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Luego reclam&oacute; airadamente que el proyecto de ley deber&iacute;a contemplar una retribuci&oacute;n &ldquo;correspondiente&rdquo; a estos actos de valor y confianza en la sociedad, garantizando beneficios jur&iacute;dicos (como un r&eacute;gimen especial de penas para cr&iacute;menes atroces) y pol&iacute;ticos (como el levantamiento de la inhabilidad de participar en pol&iacute;tica a quien haya sido condenado por alg&uacute;n delito). No con menos vehemencia critic&oacute; la carencia de originalidad de quienes intentan limitar excesivamente las condiciones de otorgamiento de estos beneficios &ndash;asimil&aacute;ndolos a quien defiende &ldquo;el car&aacute;cter previo una verdad&rdquo;&ndash; y la incapacidad de quienes no aprecian una soluci&oacute;n &ldquo;que no se preocupa por la calidad de los insumos sino por el perfil de los productos&rdquo;.</p>     <p align="justify"> Si bien nunca lo ha expresado en su calidad de negociador del gobierno, es posible que en su intimidad no le preocupen los temores de que el trato con criminales lleve a aflojar los resortes del sistema penal. Como aparentemente tampoco lo desvelan las manifestaciones de indignaci&oacute;n moral que usualmente se expresan al un&iacute;sono con estos temores. Quiz&aacute;s sienta y crea realmente lo que expresa, sin rodeos, en el libro que rese&ntilde;amos: </p>     <blockquote>    <p align="justify">preferimos entender los comportamientos violentos a la usanza antigua, vi&eacute;ndolos emerger arraigados en la vida social, reforzados por factores culturales que dificultan su tipificaci&oacute;n como simple acto delictivo que es susceptible de una responsabilidad penal personalizada (p. 142) [...] aqu&iacute; se vuelven torpes esos jueces severos que no han podido superar la oposici&oacute;n sim&eacute;trica entre ofensa y represalia, pues terminan impregnados con el mismo fluido contagioso que quieren expulsar [&hellip;] todos aquellos que entienden la justicia como una forma de causar violencia al violento o castigar con sa&ntilde;a al agresor[&hellip;] necesitan con urgencia pasar por ese territorio donde no existe una diferencia tajante entre el criminal y el virtuoso (pp. 140-141).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>RESTREPO, EL PENSADOR</b></p>     <p align="justify">Si bien las propuestas que nos sugiere nuestro autor &ndash;un desapego personal por las &ldquo;identidades y las normas esenciales&rdquo; y una disposici&oacute;n permanente a los &ldquo;encuentros fruct&iacute;feros con el mal&rdquo; para reconocer la posibilidad siempre presente del acto violento y destructivo que forma parte integral de la naturaleza humana, y afianzar en cada encrucijada, en cada encuentro con el otro, una elecci&oacute;n personal que contribuya a terminar el ciclo de violencia y a cultivar la libertad como &aacute;mbito en el que emergen singularidades compatibles con nuestra interdependencia personal&ndash; pueden tener sentido y valor en el campo discursivo de la &eacute;tica y de la superaci&oacute;n personal, no ocurre as&iacute; en el &aacute;mbito pr&aacute;ctico de la actividad pol&iacute;tica en el contexto de la sociedad colombiana actual.</p>     <p align="justify"> Quiz&aacute;s esas propuestas podr&iacute;an ser mejor apreciadas en el marco de una utop&iacute;a, en la cual la sociedad acordar&iacute;a un&aacute;nimemente refundarse a partir del acto colectivo de deponer las armas y renunciar al uso de la violencia, incluso, del mismo &ldquo;monopolio del uso leg&iacute;timo de la violencia por parte del aparato estatal&rdquo;. El imperativo &eacute;tico que regir&iacute;a en una sociedad as&iacute;, no necesitar&iacute;a de la universalidad de &ldquo;verdades desp&oacute;ticas&rdquo; ni argumentos de principio fuertes. En ausencia de &ldquo;esenciales&rdquo; que deban ser defendidos o impuestos, el individuo,</p>     <blockquote>    <p align="justify">atrapado en las redes de interdependencia de donde obtiene su alimento, fr&aacute;gil sin perder por eso su singularidad, no cede sin embargo a las pretensiones del violento ni deja de ser sujeto de resistencia, porque sabe que s&oacute;lo puede vivir en tanto logra reconstruir el deseo del otro (p. 202).</p> </blockquote>     <p align="justify">En ese contexto, la lucha por la libertad &ndash;que debe integrar los intereses de la singularidad con el cultivo de un honor civil comprometido con el cuidado de la interdependencia&ndash; requerir&iacute;a de una &eacute;tica cuya validez se definiese a partir de su eficacia contextual en la proximidad: si fuese capaz de mantenernos abiertos a la decisi&oacute;n del otro, la &eacute;tica ser&iacute;a garante de la libertad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> No cabe duda de que, como utop&iacute;a, los planteamientos de este libro son cautivadores para quienes creemos que las sociedades humanas en alg&uacute;n tiempo futuro podr&iacute;an beneficiarse de &ldquo;encuentros fruct&iacute;feros con la anarqu&iacute;a&rdquo;. Pero la posibilidad de que la negociaci&oacute;n de la desmovilizaci&oacute;n de grupos armados ilegales se est&eacute; adelantando con base en estos preceptos resulta alarmante, particularmente en el contexto de una sociedad dividida y cubierta de heridas abiertas, como la nuestra. </p>     <p align="justify"> La impunidad y la inequidad han restado confianza y legitimidad a las instituciones pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas en Colombia. Por eso no conviene ignorar la profunda sensibilidad en torno a los resultados del proceso de justicia transicional que se busca emprender en nuestro medio. Esos resultados depender&aacute;n de la manera como la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n perciba el proceso. Sobre esa percepci&oacute;n quedar&aacute; cimentada la credibilidad en el imperio de la ley y las instituciones sociales y pol&iacute;ticas que emerjan de la aplicaci&oacute;n de ese principio, as&iacute; como la confianza de que el sistema judicial que en adelante regular&aacute; nuestra sociedad garantizar&aacute; sin ambig&uuml;edades el cumplimiento de las responsabilidades por los da&ntilde;os causados y la obligaci&oacute;n de restituir o reparar a las v&iacute;ctimas de cualquier abuso. Tambi&eacute;n en esa percepci&oacute;n se cimentar&aacute; el compromiso que adquiramos los individuos de acatar las normas para evitar la reca&iacute;da en la violencia.</p>     <p align="justify"> Por todo lo anterior, al parecer una sociedad como la colombiana no estar&iacute;a en el presente en condiciones de obtener beneficios terap&eacute;uticos de un &ldquo;encuentro fruct&iacute;fero con la anarqu&iacute;a&rdquo;. En nuestro medio todav&iacute;a est&aacute; demasiado arraigada la premisa del &ldquo;realismo pol&iacute;tico&rdquo; seg&uacute;n la cual la moral es producto del poder y por lo tanto, la moral s&oacute;lo existe donde hay autoridad efectiva para imponerse al otro.</p>     <p align="justify"> El fin de la violencia en la historia seguramente vendr&aacute; cuando nos logremos desprender de esa premisa. Eso probablemente coincidir&aacute; con el d&iacute;a cuando la idea de que la historia puede ser guiada por la imaginaci&oacute;n deje de ser una quimera ut&oacute;pica. Quiz&aacute;s entonces, se podr&aacute; avanzar hacia una sociedad regida por una &eacute;tica como la que Restrepo nos propone en su libro. </p>     <p align="justify">Pero hasta que eso no suceda, seguir el derrotero que sugiere nuestro autor y negociador puede conducirnos al abismo. Una sociedad como la nuestra, propensa al encantamiento por acci&oacute;n del discurso de sus victimarios &ndash;s&iacute;ntoma frecuentemente asociado con el conocido &ldquo;s&iacute;ndrome de Estocolmo&rdquo;&ndash;, f&aacute;cilmente puede despe&ntilde;arse hacia la alienaci&oacute;n, deslumbrada por las premoniciones discursivas y simb&oacute;licas de un intelectual cuya profesi&oacute;n y oficio presente tienen mucho que ver con los enajenamientos. </p> </font>      ]]></body>
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