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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DE LA MORTALIDAD MILITAR Y EPISCOPAL EN LA COLONIA AL DESEMPEÑO ECONÓMICO CONTEMPORÁNEO. ¿QUÉ PUDO PASAR?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>DE LA MORTALIDAD MILITAR Y EPISCOPAL EN LA COLONIA AL DESEMPE&Ntilde;O ECON&Oacute;MICO CONTEMPOR&Aacute;NEO. &iquest;QU&Eacute; PUDO PASAR?</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>FROM THE COLONIAL MILITARY AND EPISCOPAL MORALITY TO THE CONTEMPORARY ECONOMIC PERFORMANCE. WHAT COULD HAVE HAPPENED?</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center">Comentarios a &ldquo;Los or&iacute;genes coloniales del desarrollo comparativo: una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica&rdquo; de Acemoglu, Johnson y Robinson,    <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 7, 13, 2005, pp. 17-67.</p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Mauricio Rubio</i>*</p>     <p align="justify">* Profesor investigador de la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia, <a href="mailto:mauriciorubiop@wanadoo.fr">mauriciorubiop@wanadoo.fr</a> Fecha de recepci&oacute;n: 6 de marzo de 2006, fecha de aceptaci&oacute;n: 30 de marzo de 2006. </p> <hr>    <p align="justify">El provocador ensayo econom&eacute;trico de Acemoglu, Johnson y Robinson (AJR) es una arriesgada mezcla de especialidades. Sin entrar a analizar la calidad de los datos, algo que exigir&iacute;a una pesquisa minuciosa, se debe reconocer que la econometr&iacute;a del trabajo es impecable. Encontrar imaginativas variables instrumentales se ha convertido en el sello distintivo de la econom&iacute;a emp&iacute;rica y, desafortunadamente, en la debilidad del an&aacute;lisis y las implicaciones de pol&iacute;tica de los resultados. No siempre la sofisticaci&oacute;n estad&iacute;stica se acompa&ntilde;a de argumentos seductores, teor&iacute;as convincentes o recomendaciones &uacute;tiles.</p>     <p align="justify"> La idea b&aacute;sica de AJR es que las tasas de mortalidad de ciertos grupos de inmigrantes europeos &ndash;soldados, marinos y obispos&ndash; reflejan distintos patrones de asentamiento, y sirven de instrumento de las instituciones actuales; en particular, que captan las variaciones en la calidad de los derechos de propiedad que, a su vez, son determinantes de las diferencias de crecimiento econ&oacute;mico entre pa&iacute;ses. As&iacute;, en ambos extremos de una supuesta cadena de causalidad se tienen dos variables concretas y f&aacute;ciles de medir &ndash;defunciones de ayer y crecimiento de hoy&ndash; que est&aacute;n estrechamente asociadas; en eso el ensayo es persuasivo. Es una l&aacute;stima que, con tan novedoso hallazgo, los autores hayan evitado profundizar los v&iacute;nculos entre lugares y &eacute;pocas de las variables intermedias &ndash;discutibles y menos precisas&ndash; para narrar una historia m&aacute;s elaborada y sugestiva. Lo que se habr&iacute;a podido convertir en la etapa preliminar de una agenda de investigaci&oacute;n interdisciplinaria sobre g&eacute;nesis y evoluci&oacute;n institucional qued&oacute; trunco, pues el trabajo no invita al debate m&aacute;s all&aacute; del gremio econ&oacute;mico; no sugiere pistas para que historiadores, dem&oacute;grafos, soci&oacute;logos, antrop&oacute;logos, ge&oacute;grafos y juristas colaboren en la investigaci&oacute;n detallada de tan atractiva veta. La necesidad de profundizar no es un mero asunto de curiosidad cient&iacute;fica. Es un prerrequisito para las recomendaciones de pol&iacute;tica, terreno en el que los autores hacen incursiones tangenciales y desafortunadas.</p>     <p align="justify"> Puesto que el ensayo roza un tema que no ha recibido suficiente inter&eacute;s de la econom&iacute;a, el de la configuraci&oacute;n y evoluci&oacute;n de las instituciones <i>desde abajo</i>, con este comentario quiero plantear unas conjeturas y pistas de investigaci&oacute;n en esas l&iacute;neas. Espero que tengan mayor potencial de elaboraci&oacute;n y desarrollo posterior que la decepcionante teor&iacute;a con la que AJR intentaron explicar su interesante resultado econom&eacute;trico.</p>     <p align="justify"> Con breves referencias a lo hispano, voy a tratar de elaborar una historia para establecer un v&iacute;nculo m&aacute;s realista y contrastable, desde distintas disciplinas, entre los asentamientos en una colonia y los derechos de propiedad posteriores. Tambi&eacute;n quisiera se&ntilde;alar lo problem&aacute;ticas que son las nociones de instituciones <i>buenas</i> o <i>deseables</i>, e incluso las de <i>restricciones al ejecutivo</i>. Por &uacute;ltimo, voy a atreverme a criticar puntualmente algunas afirmaciones ligeras de los autores que, al contaminar los hallazgos emp&iacute;ricos novedosos con el recetario normativo tradicional, burdo y repetitivo de la econom&iacute;a ortodoxa, le restan alcance a las repercusiones del trabajo.</p>     <p align="justify"> Para describir una situaci&oacute;n recurrente en el ensayo, el lugar donde los colonos europeos no pudieron asentarse de manera estable y duradera, son concebibles tres escenarios con consecuencias institucionales bien distintas.</p>     <p align="justify"> El primero, la <i>tierra de frontera</i>, se caracteriza por un exceso de hombres solteros que buscan fortuna en territorios lejanos. Varias colonias extractivas mencionadas se ajustar&iacute;an a este patr&oacute;n, as&iacute; como la colonizaci&oacute;n australiana, la fiebre del oro en el oeste norteamericano, la llegada de europeos sin familia en el siglo XIX a Buenos Aires o las distintas <i>fiebres</i> de productos b&aacute;sicos &ndash;oro, caucho, quina, esmeraldas, coca&ndash; que se han presentando en Am&eacute;rica Latina. La escasez relativa de mujeres puede alcanzar grandes dimensiones y, por lo general, se da con una violencia monstruosa, una lucha a muerte por tan valioso recurso. Las historietas de Lucky Luke han modelado la esencia institucional y productiva de tales lugares. Una t&iacute;mida autoridad que, con el apoyo de unos <i>paras</i> bien intencionados, trata de imponer una ley penal rudimentaria entre machos armados en territorios donde los negocios pr&oacute;speros son b&aacute;sicamente la funeraria y el cabaret.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> El segundo escenario que ha resultado incompatible con los asentamientos de colonos se caracteriza por la situaci&oacute;n demogr&aacute;fica inversa: un exceso de mujeres solteras que fluye hacia las aglomeraciones. La conquista de Am&eacute;rica por los espa&ntilde;oles se ajusta m&aacute;s a este prototipo. Los conquistadores espa&ntilde;oles llevaban no s&oacute;lo gu&iacute;as y cargadores sino numerosas ind&iacute;genas. En los grupos que fundaron la Nueva Granada hab&iacute;a casi 3.000 hombres, <i>ninguna</i> mujer espa&ntilde;ola y muchas ind&iacute;genas. Aunque, al principio, con las mujeres tomadas como bot&iacute;n, forzadas, seducidas o recibidas por pactos de paz con los caciques establecieron relaciones ef&iacute;meras, con el tiempo se tornaron m&aacute;s estables, pero nunca se legalizaron. El matrimonio siempre fue descartado por los espa&ntilde;oles. El amancebamiento lleg&oacute; a estar tan arraigado que los religiosos que acompa&ntilde;aban a los conquistadores renunciaron a condenarlo, limit&aacute;ndose a exhortar que tuvieran relaciones con indias bautizadas. En este contexto, es dif&iacute;cil de encajar la Hispanoam&eacute;rica colonial en la noci&oacute;n de un Estado <i>autoritario </i>con la facilidad con que lo hacen los autores. Lo que m&uacute;ltiples testimonios sugieren, por el contrario, es que se trataba de territorios donde cada quien hac&iacute;a m&aacute;s o menos lo que le daba la gana. Ese dise&ntilde;o institucional, tan espont&aacute;neo, de un Estado d&eacute;bil ha sido persistente, y podr&iacute;a ayudar a explicar las frecuentes rebeliones, la alta evasi&oacute;n tributaria, la corrupci&oacute;n o las dificultades para llevar a cabo una reforma agraria.</p>     <p align="justify"> Otra imprecisi&oacute;n del ensayo es equiparar a Hispanoam&eacute;rica con lugares inh&oacute;spitos e insalubres donde no hubo asentamientos. Como se&ntilde;alan AJR, &ldquo;en zonas de gran altitud, donde se pod&iacute;an establecer estaciones de monta&ntilde;a, como Bogot&aacute; en Colombia, las tasas de mortalidad eran menores que en las zonas costeras h&uacute;medas&rdquo; (p. 39). S&iacute; hubo asentamientos, pero fueron peculiares. En particular, y como muestra del poco autoritarismo estatal que efectivamente se dio, todas las r&iacute;gidas normas matrimoniales cat&oacute;licas fueron irrespetadas sistem&aacute;ticamente. El estudio de testamentos de las ind&iacute;genas indica que en su mayor&iacute;a tuvieron hijos con conquistadores y encomenderos, no siempre de uno sino de varios. Algunos asentamientos coloniales eran ciudades predominantemente femeninas. La principal raz&oacute;n era la inmigraci&oacute;n de j&oacute;venes ind&iacute;genas para desempe&ntilde;ar labores de servicio. De all&iacute; surgi&oacute; una importante poblaci&oacute;n mestiza. De manera informal se consolid&oacute; la casa de <i>la otra</i>, de la<i> querida</i>, y multitud de hijos por fuera del matrimonio. La magnitud del fen&oacute;meno no era despreciable. Los datos de bautismos en dos barrios bogotanos entre 1750 y 1806 muestran que el 48% de los reci&eacute;n nacidos fueron registrados como hijos de padres desconocidos o como hijos naturales. Para tener una idea de lo descomunal de esta cifra basta compararla con la de la mayor parte de los pa&iacute;ses de Europa pre-moderna, entre el 1 y el 5%. Toda esta poblaci&oacute;n <i>ilegal</i> &ndash;el vocablo actual&ndash; que nac&iacute;a inmune a la expropiaci&oacute;n, pues nada ten&iacute;a, crec&iacute;a en un ambiente que condenaba no s&oacute;lo las relaciones por fuera del matrimonio sino tambi&eacute;n el mestizaje, que de todas maneras persist&iacute;a.</p>     <p align="justify"> Un tercer escenario, que puede ser paralelo a los anteriores, es el de los asentamientos que sin reemplazar a la poblaci&oacute;n aborigen conviven con ella, y sus instituciones. En eso la tradici&oacute;n hispana es larga, anterior a la Colonia. Por siglos, en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, el derecho no oper&oacute; de manera uniforme en un territorio sino para grupos de individuos, seg&uacute;n su credo religioso o su lugar de origen. El principio es antiqu&iacute;simo. En los pueblos hisp&aacute;nicos prerromanos, la familia y el clan local eran agrupaciones cerradas y s&oacute;lo sus miembros pod&iacute;an acogerse a su derecho. Para atenuar las diferencias entre grupos, se establec&iacute;an pactos, de hospicio u hospitalidad: el hu&eacute;sped se proteg&iacute;a por el derecho del grupo. Cuando el pacto era entre una parte d&eacute;bil y otra fuerte surg&iacute;an relaciones de clientela. El que el derecho se diversificara, no s&oacute;lo en funci&oacute;n de tierras y ciudades sino de las personas, produjo una enorme dispersi&oacute;n normativa. En un mismo reino los individuos difer&iacute;an jur&iacute;dicamente, por su religi&oacute;n, su origen y su posici&oacute;n social. Los derechos locales sol&iacute;an respetar la condici&oacute;n jur&iacute;dica de los forasteros. La falta de capacidad de los reyes para imponer un orden jur&iacute;dico estable y la proliferaci&oacute;n de privilegios y fueros locales hac&iacute;an particularmente dif&iacute;cil la aplicaci&oacute;n de las leyes. Espa&ntilde;a y Portugal introdujeron en Am&eacute;rica el sistema legal dominante en la pen&iacute;nsula. Pero no desarraigaron del todo los procedimientos de las comunidades ind&iacute;genas. En las colonias se consolid&oacute; y reforz&oacute; el fen&oacute;meno de abundancia y superposici&oacute;n de leyes. Al ser casu&iacute;sticas, a veces contradictorias, y con una legislaci&oacute;n a distancia, era dif&iacute;cil lograr su adecuado cumplimiento. As&iacute;, el principio castellano de &ldquo;acatar, pero no cumplir&rdquo; se extendi&oacute; a las colonias.</p>     <p align="justify"> No hace falta mucha imaginaci&oacute;n para plantear que las instituciones y los derechos de propiedad que surgen de estos tres escenarios, y su legitimidad, son diferentes y, todos ellos, bien distintos a los de la id&iacute;lica situaci&oacute;n de la <i>familia Ingals</i> caracter&iacute;stica de buena parte de la colonizaci&oacute;n anglosajona.</p>     <p align="justify"> Los dem&aacute;s entornos familiares conducen a situaciones institucionales peculiares, sobre las cuales la econom&iacute;a s&oacute;lo ha mostrado inter&eacute;s hasta hace poco. Infortunadamente, y esa es una de las debilidades del ensayo, persisten ciertos prejuicios, casi rezagos de la Guerra Fr&iacute;a, como el de que siempre es deseable un Estado sin vocaci&oacute;n socialista o el de que las<i> buenas</i> instituciones son s&oacute;lo aquellas que promueven el crecimiento. Es f&aacute;cil argumentar que estas opiniones no siempre son pertinentes.</p>     <p align="justify"> En los ambientes con predominio masculino, y de manera proporcional a la escasez de mujeres, tiende a ser grave la violencia, aguda la concentraci&oacute;n de la riqueza, marcada la desigualdad, frecuente la rotaci&oacute;n de l&iacute;deres, y tan alta la demanda de justicia penal como precaria la posibilidad de suministrarla. Es el t&iacute;pico escenario hobbesiano; el monopolio de la coerci&oacute;n y la tributaci&oacute;n no es un dato sino el premio inalcanzable de una perpetua competencia a muerte por el poder. En este caso, la debilidad de los derechos de propiedad surge de nunca estar seguro de qui&eacute;n los defiende, y si puede defenderlos. Plantear en ese escenario, no ajeno a la realidad en muchas antiguas colonias, como hacen AJR en sus ecuaciones, que las <i>restricciones al ejecutivo</i> son favorables al desarrollo suena ins&oacute;lito. La idea de que siempre es deseable un Estado con baja capacidad para expropiar es, como m&iacute;nimo, desacertada: no cuadra, por ejemplo, con la prioritaria labor que afronta la sociedad colombiana de extinguir el dominio de tierras y propiedades de narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares.</p>     <p align="justify"> El escenario con exceso de mujeres y abundantes arreglos extramatrimoniales ha sido por lo general menos ca&oacute;tico y riesgoso. En general, las &eacute;lites han sido m&aacute;s estables y una de sus principales preocupaciones ha sido controlar la protesta popular de las masas marginadas. Los incidentes penales son menos graves y frecuentes, y las demandas al Estado est&aacute;n m&aacute;s orientadas al suministro de servicios y a la soluci&oacute;n de conflictos civiles y de familia. La fragilidad de los derechos de propiedad estar&iacute;a en este caso asociada a la <i>ilegitimidad</i> de una parte de la poblaci&oacute;n. El Estado asistencial, activo en materia distributiva y pol&iacute;ticas antidiscriminatorias, que parece deseable y recomendable en esta situaci&oacute;n, tampoco encaja bien en el esquema, defendido en el ensayo, de un ejecutivo que simplemente refuerza el <i>statu quo</i> y los derechos de propiedad existentes.</p>     <p align="justify"> El escenario de diversidad institucional y legal por cohabitaci&oacute;n de distintos grupos &eacute;tnicos o religiosos es tal vez el que hace m&aacute;s problem&aacute;tica la idea, adoptada sin matices en el ensayo, de que se puede establecer una clasificaci&oacute;n de buenas y malas instituciones simplemente en funci&oacute;n de la capacidad de expropiar y el potencial de crecimiento del producto. En retrospectiva, y con est&aacute;ndares modernos de valoraci&oacute;n, no pudieron ser tan deplorables unas instituciones como las hispanas que en M&eacute;xico, Guatemala, Bolivia o Per&uacute; &ndash;aunque alteraron la religi&oacute;n, pues esa era su prioridad&ndash; dejaron casi intacta la poblaci&oacute;n, la cultura y las leyes nativas. Por el contrario, si se evaluara la colonizaci&oacute;n de asentamiento, tan bien calificada por AJR, con el prisma ecol&oacute;gico, o simplemente con el de los derechos humanos, habr&iacute;a que introducir cambios importantes en esa clasificaci&oacute;n. Las buenas ideas de Francisco de Vitoria, o de Bartolom&eacute; de las Casas precedieron en varios siglos a las de Martin Luther King.</p>     <p align="justify"> La complejidad de las consecuencias institucionales de los distintos arreglos familiares crece exponencialmente cuando se tiene en cuenta que en un mismo pa&iacute;s, incluso en una misma regi&oacute;n, puede haber combinaciones de estos escenarios. Tal ser&iacute;a en Colombia el caso de Antioquia, donde las instituciones hispanas fueron moldeadas por enclaves mineros masculinos, por flujos importantes de mujeres hacia las urbes y por la versi&oacute;n criolla de la <i>familia Ingals</i>, la econom&iacute;a cafetera. En materia institucional, no sorprende que all&iacute; haya surgido y coexistido lo m&aacute;s productivo y digno de imitaci&oacute;n, y lo m&aacute;s amenazante y desestabilizador de la sociedad colombiana.</p>     <p align="justify"> La lectura del ensayo suscita varias inquietudes. En el terreno positivo, la precariedad de los <i>microfundamentos</i> de la teor&iacute;a de AJR se insin&uacute;a en la siguiente secuencia de afirmaciones: &ldquo;[lo que importa] es si los colonos europeos se pod&iacute;an asentar con seguridad en un lugar particular: donde no se pudieron asentar, crearon instituciones peores [&hellip;] Nuestra hip&oacute;tesis es que la mortalidad de los colonizadores afect&oacute; los asentamientos; los asentamientos afectaron a las primeras instituciones; y las primeras instituciones persistieron y fueron la base de las instituciones actuales&rdquo; (pp. 23 y 24).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Uno pensar&iacute;a que los que dise&ntilde;aron las malas instituciones fueron los sobrevivientes, no los soldados y los obispos que murieron, y que acaparan la atenci&oacute;n. Pero las referencias a esos inmigrantes que se instalaron son escasas. Las primeras instituciones quedan hu&eacute;rfanas de gestores, y de teor&iacute;a. Tampoco se entiende qu&eacute; fue lo que atrajo flujos de colonos europeos a esos inh&oacute;spitos lugares pues las altas tasas de mortalidad eran conocidas en Europa. No se discute cu&aacute;les fueron sus motivaciones. No es claro si se trataba de militares que cumpl&iacute;an &oacute;rdenes de la metr&oacute;poli, de mineros descubriendo vetas, de comerciantes abriendo mercados, de antisociales y piratas buscando refugio, o de religiosos con la misi&oacute;n de evangelizar abor&iacute;genes y condenar los desafueros de los dem&aacute;s. Como es obvio, cada escenario da lugar a instituciones coloniales distintas. Pero eso no preocupa a los autores, que las mezclan sin titubeos. Otro asunto importante que no se discute es si hab&iacute;a o no mujeres. Si eran europeas o abor&iacute;genes, y c&oacute;mo se emparejaban con los colonos. El abanico de posibles instituciones es amplio, y &eacute;stas dependen crucialmente de esas cuestiones.</p>     <p align="justify"> En el caso de Hispanoam&eacute;rica, la pregunta que queda abierta es por qu&eacute; los hombres vinieron solos, por qu&eacute; no pudieron convencer a las mujeres de su aventura. Se puede sospechar que eso tuvo que ver no s&oacute;lo con la aversi&oacute;n al riesgo &ndash;algo que ya se sabe es un rasgo m&aacute;s femenino que masculino&ndash; sino con la capacidad de evaluar a priori, e intuitivamente, las perspectivas de un proyecto riesgoso que, aqu&iacute; especulo, podr&iacute;a ser distinta entre g&eacute;neros. Habr&iacute;a habido desarrollo s&oacute;lo en d&oacute;nde llegaron mujeres que vieron buenas perspectivas. As&iacute;, una lectura alternativa de lo que ocurri&oacute; en algunos lugares sin asentamientos es que fueron sitios en los que se trat&oacute; de implantar las instituciones europeas sin el soporte de las familias. Esa, pienso yo, es una pista de investigaci&oacute;n inexplorada y con mayor potencial explicativo que el trasnochado cuento de la dicotom&iacute;a entre propiedad p&uacute;blica y privada.</p>     <p align="justify"> Afirmar que los arreglos familiares son un determinante cr&iacute;tico de las instituciones es m&aacute;s que una conjetura. En uno de los campos m&aacute;s interesantes de la criminolog&iacute;a, el estudio de cohortes de j&oacute;venes infractores, se reconoce que lo que somos como adultos ante la ley penal no es m&aacute;s que el resultado de una secuencia individual de peque&ntilde;os incidentes acumulativos, que a lo largo de nuestra biograf&iacute;a el entorno inmediato acepta y consolida, o rechaza y corrige. En ese proceso de socializaci&oacute;n, o <i>civilizaci&oacute;n</i>, el papel de la familia es crucial, en particular el de la madre. Aunque la extensi&oacute;n de este esquema a las &aacute;reas no penales de las instituciones es incipiente, hay razones para pensar que tambi&eacute;n es muy pertinente. La aceptaci&oacute;n y la legitimidad de las instituciones no son s&oacute;lo un asunto de adultos racionales que un buen d&iacute;a, reunidos en cabildo abierto, o luego de una ronda de negociaciones <i>&agrave; la</i> Coase, dise&ntilde;an, demandan o adoptan unas reglas del juego. Las instituciones requieren familias que las acepten, las legitimen y las transmitan. Y no todas las estructuras familiares son igualmente receptivas a los distintos arreglos institucionales.</p>     <p align="justify"> Un aspecto lamentable del ensayo tiene que ver con algunos comentarios cuasi normativos, nada sofisticados ni originales, a los que se les trata de dar un viso de concepto t&eacute;cnico bien sustentado por la econometr&iacute;a. Una de esas perlas es la siguiente: &ldquo;el <i>mejoramiento</i> de las instituciones de Nigeria al nivel de Chile <i>podr&iacute;a incrementar</i> siete veces el ingreso de Nigeria en el largo plazo&rdquo; (p. 20, cursivas propias). Uno queda desconcertado ante tan ins&oacute;lita y categ&oacute;rica afirmaci&oacute;n. Primero, no se entiende bien a qui&eacute;n se dirige el comentario, si a los nigerianos que no se han enterado del milagro chileno o a estos &uacute;ltimos que no lo han exportado; o, qu&eacute; peligro, a un dise&ntilde;ador institucional ingenuo de una agencia multilateral. Aceptando que hubiese en Nigeria un dictador benevolente &ndash;con restricciones, obviamente, pues de lo contrario podr&iacute;a expropiar&ndash; que quedara convencido con el argumento, los datos y las ecuaciones del ensayo cabe la pregunta: &iquest;qu&eacute; deber&iacute;a hacer? &iquest;Imitar a Pinochet, poner orden con toque de queda y reformar el mercado de capitales, la legislaci&oacute;n laboral, el sistema de pensiones y la oficina de registro? &iquest;Ir m&aacute;s atr&aacute;s y montar un experimento socialista para hacerlo fracasar con ayuda de un ejecutivo extranjero sin restricciones? &iquest;Favorecer una inmigraci&oacute;n masiva de jueces o bur&oacute;cratas chilenos? &iquest;Aliarse con una escuela de econom&iacute;a en Estados Unidos para formar ministros de Hacienda con principios ortodoxos y consistentes? &iquest;Invitar a un economista famoso para que juegue con las instituciones nigerianas y, de pronto, haga un par de buenos negocios?</p>     <p align="justify"> He querido se&ntilde;alar con este breve comentario que sin estudiar a fondo a los colonos que efectivamente se quedaron, las reglas de juego que implantaron y, m&aacute;s concretamente, los arreglos familiares que adoptaron, no se avanzar&aacute; en el diagn&oacute;stico institucional. No es mucho lo que se logra cuando, como ocurre en el ensayo, apenas se mencionan esos individuos de carne y hueso que forjaron, con el bagaje que tra&iacute;an, unas instituciones. Aunque AJR son cr&iacute;ticos de la idea de que el origen de los colonos es pertinente en la configuraci&oacute;n de las instituciones iniciales, ellos mismos ofrecen un contraargumento al se&ntilde;alar que &ldquo;los militares espa&ntilde;oles y portugueses no manten&iacute;an buenos registros de mortalidad&rdquo;. Esta flagrante diferencia en la capacidad de registro de ciertos incidentes parece ser, para los autores, inocua en materia de calidad institucional. Lo &uacute;nico que al parecer cuenta, desde siempre y en todo lugar, es que el ejecutivo no pueda expropiar.</p>     <p align="justify"> Mientras no se mire y observe minuciosamente lo que ocurri&oacute; desde abajo, en distintas &eacute;pocas y sociedades, mientras no se abandone el desafortunado reflejo de creer que para entender los arreglos institucionales basta pensar &ldquo;qu&eacute; har&iacute;a un individuo racional, si llegara, hace unos 200 a&ntilde;os, a un lugar inh&oacute;spito para colonizarlo&rdquo;, seguir&aacute;n las vueltas abstractas e inconsecuentes, con impresionantes hallazgos econom&eacute;tricos agregados, pero sin avanzar un &aacute;pice en la comprensi&oacute;n de lo que pensaron y acordaron los individuos que contra todo pron&oacute;stico sobrevivieron a unas aventuras irracionales.</p>     <p align="justify"> Desde el punto de vista normativo es sorprendente y decepcionante que, a diferencia de la creciente sofisticaci&oacute;n econom&eacute;trica, la econom&iacute;a emp&iacute;rica no haya renovado a&uacute;n la trillada, vaga y gen&eacute;rica receta del Estado d&eacute;bil calcada de escenarios tipo <i>familia Ingals</i> &ndash;donde sin lugar a dudas fue exitosa&ndash; pero que simplemente no funcion&oacute; en los territorios agrestes de piratas, traficantes o <i>paras</i>, donde mor&iacute;an muchos soldados, ni en los ambientes de queridas y concubinas donde mor&iacute;an obispos escandalizados.</p> </font>      ]]></body>
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