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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>CUARTO SIMPOSIO NACIONAL DE MICROECONOM&Iacute;A. DISCURSO INAUGURAL</b></p></font>       <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">       <p align="center"><b>IV NATIONAL MICROECONOMIC SYMPOSIUM. INAUGURAL SPEECH</b></p>       <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Jorge Andr&eacute;s Gallego</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Economista, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:jagallegod@unal.edu.co">jagallegod@unal.edu.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 21 de septiembre de 2006, fecha de aceptaci&oacute;n: 5 de octubre de 2006.</p>     <p align="justify">  <hr>     <p align="justify">&iquest;La utilidad es medible? &iquest;Existe alguna escala que permita medir y comparar los niveles de felicidad que alcanza un individuo cuando hace una elecci&oacute;n? La revoluci&oacute;n ordinalista efectuada por autores como Pareto, Hicks, Allen o Saumelson, que desde finales del siglo XIX y comienzos del XX llev&oacute; a reconstruir la teor&iacute;a subjetiva del valor, fue ruidosa, por no decir escandalosa. De acuerdo con el principio de la navaja de Occam, si existen dos explicaciones para un fen&oacute;meno, es preferible la m&aacute;s sencilla. Por tanto, si para explicar el valor de cambio de las mercanc&iacute;as se puede recurrir a la utilidad porque ordena las preferencias, esta opci&oacute;n se deber&iacute;a preferir a la de suponer que existe una manera de medir la satisfacci&oacute;n de los individuos. A comienzos del siglo XX se cre&iacute;a que el ordinalismo hab&iacute;a dado un golpe filos&oacute;fico contundente al cardinalismo.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n John Nash, John Harsanyi, Reinhardt Selten, Joseph Stiglitz, George Akerlof, Michael Spence, Vernon Smith, Daniel Kahneman, Robert Aumann y Thomas Schelling? &iquest;Son ordinalistas? &iquest;Son seguidores fieles y obedientes de la tradici&oacute;n hicksiana? Creo que no. En cambio, basan buena parte de sus trabajos en la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n bajo incertidumbre de John von Neumann y Oskar Morgenstern, en la que las predicciones no son invariantes ante <i>cualquier</i> transformaci&oacute;n mon&oacute;tona creciente de la funci&oacute;n de utilidad. Esto significa que la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n bajo incertidumbre es <i>cardinal</i>, que la escala en la que se mide la felicidad es fundamental, que la psicolog&iacute;a del comportamiento humano vuelve a ser clave y no se puede desconocer. La teor&iacute;a de juegos, la econom&iacute;a experimental, la econom&iacute;a de la informaci&oacute;n, la teor&iacute;a moderna de contratos, el dise&ntilde;o de mecanismos, la organizaci&oacute;n industrial, la econometr&iacute;a financiera, la econom&iacute;a p&uacute;blica con interacciones y muchas otras ramas de la microeconom&iacute;a irrespetan la tradici&oacute;n hicksiana, y vuelven al cardinalismo.</p>     <p align="justify"> Las invasiones b&aacute;rbaras al Imperio Romano fueron ruidosas y amenazaron con sepultar las artes y las letras occidentales que se heredaron de la antigua Grecia. Pero despu&eacute;s de casi mil a&ntilde;os de oscurantismo y, en gran medida, gracias a la cultura &aacute;rabe, esa tradici&oacute;n resurgi&oacute; y quiz&aacute;s hoy tenemos m&aacute;s de griegos que de b&aacute;rbaros. Algo similar pasa con la teor&iacute;a microecon&oacute;mica contempor&aacute;nea. La revoluci&oacute;n ordinalista fue ruidosa y al parecer aplastante. Pero despu&eacute;s de varias d&eacute;cadas el cardinalismo resurgi&oacute; y se impuso; aunque hoy muchos ense&ntilde;amos con respeto y admiraci&oacute;n la teor&iacute;a hicksiana-samuelsoniana del valor, en la pr&aacute;ctica somos mucho m&aacute;s cardinalistas que en el pasado. Pero esta transici&oacute;n al cardinalismo fue silenciosa, tal vez c&oacute;mplice. Quiz&aacute;s haga falta un debate serio sobre la importancia de la escala en la que se mide la satisfacci&oacute;n. Al menos por respeto a la grandeza de John Hicks.</p>     <p align="justify"> Creo que los ordinalistas hicieron un gran da&ntilde;o a la teor&iacute;a econ&oacute;mica del valor. En su af&aacute;n de emular a la mec&aacute;nica cl&aacute;sica newtoniana, de usar las elegantes herramientas del c&aacute;lculo diferencial (aunque a veces in&uacute;tiles) y de consolidar a la econom&iacute;a como reina de las ciencias sociales obviaron las contribuciones de otras disciplinas. Los marginalistas &ndash;los primeros neocl&aacute;sicos&ndash; fueron criticados porque hac&iacute;an psicolog&iacute;a aplicada. La respuesta de las siguientes generaciones &ndash;la de Hicks y sus seguidores, Samuelson, Arrow, Debreu o Friedman&ndash; fue ocultar el componente psicol&oacute;gico de sus teor&iacute;as. Para qu&eacute; hablar de utilidad, si es posible hablar de orden de preferencia. Gran error. La econom&iacute;a no deja de ser una ciencia del comportamiento humano. Y como tal, esto no se deber&iacute;a descuidar.</p>     <p align="justify"> El modelo de comportamiento humano que adoptaron los economistas del siglo XX es incompleto, y por qu&eacute; no decirlo, ingenuo. En primer lugar, el ser hiperracional de la teor&iacute;a convencional no es m&aacute;s que el resultado de lo que fue necesario suponer para usar matem&aacute;ticas ajenas. La racionalidad es acotada. Los individuos no despliegan tama&ntilde;as habilidades cuando toman decisiones ni son capaces de manejar tanta informaci&oacute;n. Adem&aacute;s, el comportamiento es vers&aacute;til. No todos razonan de la misma manera. No todos conf&iacute;an en la racionalidad de los dem&aacute;s. Y as&iacute; como la teor&iacute;a convencional supone que los agentes tienen creencias y expectativas acerca de las estrategias que seguir&aacute;n los dem&aacute;s individuos, es necesario suponer creencias y expectativas sobre el grado de racionalidad de los dem&aacute;s. </p>     <p align="justify"> Por otra parte, como lo reconoce Herbert Gintis, ex marxista y reconocido te&oacute;rico de juegos, el hombre econ&oacute;mico es cl&iacute;nicamente un psic&oacute;pata. El ego&iacute;smo lo lleva a preocuparse &uacute;nicamente por su situaci&oacute;n, sin importarle en lo m&aacute;s m&iacute;nimo la de los dem&aacute;s. El <i>homo oeconomicus</i> es como Hannibal Lecter, el can&iacute;bal del <i>Silencio de los inocentes</i>. Cuando se come a sus v&iacute;ctimas, le importa la infelicidad de su v&iacute;ctima tanto como al le&oacute;n la infelicidad del cordero. Es el silencio de los corderos. Por supuesto, el &eacute;nfasis desenfrenado en el ego&iacute;smo como &uacute;nico m&oacute;vil del comportamiento humano no es m&aacute;s que una mala caricatura de las motivaciones y cualidades humanas. Experimentos replicados a lo largo y ancho del planeta, en sociedades industriales y en sociedades de peque&ntilde;a escala (comunidades ind&iacute;genas, tribus, grupos de cazadores-recolectores, etc.), muestran una y otra vez el esp&iacute;ritu altruista, igualitarista, rec&iacute;proco, justo y cooperativo de la especie humana. La respuesta a la pregunta de si cooperamos o competimos es simple: ambas cosas, y por ende, no es una buena opci&oacute;n trabajar &uacute;nicamente con el ego&iacute;smo como sentimiento moral predominante.</p>     <p align="justify"> En la segunda mitad del siglo XX, Gary Becker intent&oacute; ense&ntilde;arnos que, mediante la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, la econom&iacute;a podr&iacute;a asumir una posici&oacute;n imperialista frente a las dem&aacute;s ciencias sociales. Decisiones como las de cometer un crimen, casarse, tener hijos, ser patriota o can&iacute;bal se empezaron a estudiar con el aparato marginalista. Sin embargo, hoy hay gran sinsabor con algunas de estas aproximaciones. Quiz&aacute;s sea hora de que la econom&iacute;a se quite la corona y se ponga el overol. M&aacute;s que ser imperialista, deber&iacute;a nutrirse con los aportes sociol&oacute;gicos, biol&oacute;gicos, antropol&oacute;gicos y, por supuesto, psicol&oacute;gicos, para lograr una mejor comprensi&oacute;n de la conducta humana. No deja de preocupar tanta disparidad entre las ciencias del comportamiento humano acerca de lo que determina la conducta individual.</p>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En este &aacute;mbito de discusi&oacute;n, se realiz&oacute; el Cuarto Simposio Nacional de Microeconom&iacute;a en las universidades Nacional y Externado de Colombia del 2 al 4 de agosto de 2006, con el apoyo del Banco de la Rep&uacute;blica. Investigadores y profesores de todo el pa&iacute;s se dieron cita para exponer sus &uacute;ltimos trabajos sobre organizaci&oacute;n industrial, econom&iacute;a laboral, econom&iacute;a p&uacute;blica y teor&iacute;a de juegos. Adem&aacute;s, se dieron cursos tutoriales de gran aceptaci&oacute;n entre los asistentes. La participaci&oacute;n de invitados internacionales de primer nivel fue una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s notables. Se cont&oacute; con la presencia de Jack Knetsch, profesor em&eacute;rito de la Universidad Simon Fraser de Canad&aacute;, uno de los padres de la econom&iacute;a del comportamiento y la econom&iacute;a experimental, como demuestran sus art&iacute;culos en coautor&iacute;a con el premio Nobel de econom&iacute;a de 2002, Daniel Kanheman. Knestch dict&oacute; la conferencia inaugural y present&oacute; algunos de los principales aportes de la econom&iacute;a del comportamiento al entendimiento de los fen&oacute;menos econ&oacute;micos; adem&aacute;s, dio un curso tutorial de econom&iacute;a experimental. El Simposio tambi&eacute;n cont&oacute; con la presencia del profesor Michael Manove de la Universidad de Boston, quien utilizando herramientas de teor&iacute;a juegos present&oacute; dos modelos de discriminaci&oacute;n racial en el mercado laboral, y mostr&oacute; que esta discriminaci&oacute;n puede reducir el nivel de producci&oacute;n de las empresas y disminuir la remuneraci&oacute;n de todos los trabajadores, incluidos los que se favorecen aparentemente. </p>     <p align="justify"> Luis Fernando Medina, de la Universidad de Virginia, present&oacute; su investigaci&oacute;n sobre la paradoja del votante. Con las t&eacute;cnicas propuestas por Harsanyi y Selten en teor&iacute;a de juegos no cooperativos, el profesor Medina ilustr&oacute; una respuesta a la aparente contradicci&oacute;n que implica que un individuo racional acuda a votar. Por otra parte, Javier Birchenall, de la Universidad de California, present&oacute; una metodolog&iacute;a para evaluar el impacto de las pol&iacute;ticas de salud y fertilidad que previenen la mortalidad infantil sobre el bienestar.</p>     <p align="justify"> Con la asistencia de m&aacute;s de 400 personas de varias regiones del pa&iacute;s, el Simposio reuni&oacute; a la comunidad acad&eacute;mica para discutir temas de gran importancia para entender algunos problemas econ&oacute;micos fundamentales. Y fue una oportunidad para presentar diversas alternativas al modelo de comportamiento humano que se utiliza desde hace m&aacute;s de un siglo.</p> </font>      ]]></body>
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