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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA RECIPROCIDAD Y LA PARADOJA DEL VOTANTE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article shows that for a citizen with reciprocal preferences, voting can be a rational act. Even in elections with many voters, when the probability of being the pivotal voter is close to zero, the utility generated by strong reciprocal sentiments can compensate the material costs of voting. This paper offers a behavioral model with social preferences that represents the conditions that make voting more attractive than abstention. Using the dynamics of replication to explore the voting game evolution, it concludes that positive reciprocal sentiments promote voting for the candidate in power, while negative reciprocity promotes abstention or voting for a rival candidate.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>LA RECIPROCIDAD Y LA PARADOJA DEL VOTANTE</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>RECIPROCITY AND THE PARADOX OF VOTING</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Jorge Andr&eacute;s Gallego</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:jagallegod@unal.edu.co">jagallegod@unal.edu.co</a> Agradezco el apoyo de Luis Fernando Medina y Gustavo Junca. Adem&aacute;s, agradezco los profundos comentarios de Sergio Monsalve, Juan Camilo C&aacute;rdenas y Juli&aacute;n Ar&eacute;valo. Cualquier error u omisi&oacute;n es responsabilidad m&iacute;a. Fecha de recepci&oacute;n: 19 de enero de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 19 de febrero de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de febrero de 2007.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: reciprocidad, paradoja del votante, preferencias sociales, juegos evolutivos, JEL: C73, D72]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo muestra que para un ciudadano con preferencias rec&iacute;procas, votar puede ser racional, pues aun en elecciones concurridas, en las que la probabilidad de ser el votante decisivo es cercana a cero, la utilidad que produce el sentimiento de reciprocidad fuerte puede compensar el costo de votar. Adem&aacute;s, presenta un modelo de comportamiento con preferencias sociales, que establece las condiciones en que votar es preferible a abstenerse. El uso de la din&aacute;mica del replicador para explorar la evoluci&oacute;n del juego de votaci&oacute;n permite concluir que la reciprocidad positiva promueve el voto por un candidato en el poder, mientras que la reciprocidad negativa promueve la abstenci&oacute;n o el voto por un candidato rival.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: reciprocity, paradox of voting, social preferences, evolutionary games, JEL: C73, D72]</p>     <p align="justify">This article shows that for a citizen with reciprocal preferences, voting can be a rational act. Even in elections with many voters, when the probability of being the pivotal voter is close to zero, the utility generated by strong reciprocal sentiments can compensate the material costs of voting. This paper offers a behavioral model with social preferences that represents the conditions that make voting more attractive than abstention. Using the dynamics of replication to explore the voting game evolution, it concludes that positive reciprocal sentiments promote voting for the candidate in power, while negative reciprocity promotes abstention or voting for a rival candidate.</p> <hr>     <p align="justify"><b>    <br>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Las encuestas sobre intenci&oacute;n de voto para las elecciones presidenciales en Colombia en 2006 fueron bastante acertadas. El presidente &Aacute;lvaro Uribe era el seguro ganador en primera vuelta pues se predec&iacute;a que m&aacute;s del 50% del electorado votar&iacute;a por &eacute;l. El segundo lugar ser&iacute;a para el candidato de la izquierda Carlos Gaviria, que obtendr&iacute;a un poco m&aacute;s del 20% de los votos. Los resultados electorales no estuvieron muy alejados de lo que predec&iacute;an las encuestas. Pero si la opini&oacute;n p&uacute;blica conoce esta informaci&oacute;n antes de las elecciones, surgen naturalmente algunas preguntas acerca del comportamiento de los votantes. &iquest;Por qu&eacute; un elector uribista se toma el trabajo de acudir a las urnas si es casi seguro que su candidato ganar&aacute; con o sin su voto? &iquest;Para qu&eacute; vota un gavirista si todo indica que su candidato perder&aacute;? Estas inquietudes no son m&aacute;s que manifestaciones de la paradoja del votante de la que se vienen ocupando algunos cient&iacute;ficos sociales desde hace d&eacute;cadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Si enfocamos el problema desde la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, concluiremos que el hecho de que los individuos voten no es en apariencia un acto racional. Los primeros en plantear esta paradoja fueron Downs (1957) y Tullok (1968). Votar es en principio beneficioso siempre y cuando el votante sea decisivo. Todo depende de que una persona, con su voto, logre inclinar la balanza en favor de sus intereses.</p>     <p align="justify">Sea B el beneficio de que su candidato sea elegido<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Llamemos Pr[G|V] <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1] a la probabilidad de que el candidato preferido de un votante sea elegido cuando el votante participa y vota. Sea Pr[G|A] la probabilidad de que el candidato sea elegido cuando el votante se abstiene de votar. Adem&aacute;s, votar es costoso. Sacrificar un d&iacute;a de ocio para acudir a las urnas produce cierta insatisfacci&oacute;n. Por ello, las autoridades electorales adoptan estrategias para reducir ese costo (el voto electr&oacute;nico, por ejemplo). Sea c el costo de votar. El pago esperado por votar es entonces<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e1.jpg"></p>     <p align="justify">mientras que el pago esperado por abstenerse es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e2.jpg"></p>     <p align="justify">As&iacute;, un votante racional preferir&iacute;a votar a abstenerse siempre que</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e3.jpg"></p>     <p align="justify">o, en forma equivalente, si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e4.jpg"></p>     <p align="justify">La clave del an&aacute;lisis est&aacute; en el t&eacute;rmino Pr[G|V] – Pr[G|A]. Esta diferencia es la probabilidad de ser el votante decisivo o pivotal, o diferencia entre la probabilidad de que un candidato gane con el voto de un participante particular y la probabilidad de que gane sin su participaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero es de esperar que cuantas m&aacute;s personas concurran a votar, menos probabilidad habr&aacute; de ser el votante decisivo. En estas circunstancias, votar no ser&iacute;a racional porque el costo ser&iacute;a mayor que el beneficio. &Eacute;sta es la paradoja del votante. Cuantas m&aacute;s personas votan, menor el beneficio. Pero, una elecci&oacute;n tras otra, las personas votan en porcentajes no despreciables. &iquest;Qu&eacute; las motiva? La literatura sobre el tema ofrece diferentes explicaciones. Se podr&iacute;a pensar, por ejemplo, que la elecci&oacute;n del candidato preferido no es el &uacute;nico beneficio. La utilidad del votante podr&iacute;a ser creciente en el margen de la victoria. Esto motivar&iacute;a el voto. Los electores tambi&eacute;n pueden votar simplemente porque es un deber c&iacute;vico. O porque intentan minimizar el sentimiento de arrepentimiento por haber perdido con un margen bajo.</p>     <p align="justify">En general, se pueden dar explicaciones a la paradoja del votante desde varias perspectivas. Es posible justificar el voto como un acto racional identificando con claridad los beneficios verdaderos, los costos verdaderos o la manera de determinar las expectativas y las probabilidades de ser decisivo. Downs (1957), Riker y Ordeshook (1968), Ferejohn y Fiorina (1974), Aldrich (1993) y Medina (2006), entre otros, la explican desde esta perspectiva. Palfrey y Rosenthal (1983 y 1985), Ledyard (1984) y Schram y van Winden (1991) ofrecen explicaciones interesantes desde la teor&iacute;a de juegos incorporando interacci&oacute;n estrat&eacute;gica.</p>     <p align="justify">Riker y Ordeshook (1968) justifican el voto como acto racional reescribiendo el costo neto c = C – D, donde C &gt; 0 es el costo bruto y D &gt; 0 es el beneficio<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. C representa la desutilidad, el tiempo perdido o el sacrificio de ocio. La clave est&aacute; en D: esta representa el incremento de la satisfacci&oacute;n por el acto de votar. Por ejemplo, el deber c&iacute;vico de muchos individuos, la satisfacci&oacute;n por apoyar a un partido, candidato o a la democracia, la utilidad inherente al acto social de votar, etc. Tambi&eacute;n representa los incentivos selectivos usuales en los procesos electorales<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Si c = C – D es negativo, reemplazando en (1), as&iacute; la probabilidad de ser pivotal sea cero, votar es mejor que abstenerse. Riker y Ordeshook (1968) muestran porqu&eacute; la expectativa de ser el votante pivotal no es cero, lo que refuerza la tesis de que votar es racional. En elecciones re&ntilde;idas, en las que hay alta probabilidad de empate, la expectativa de los ciudadanos acerca del t&eacute;rmino subjetivo Pr[G|V] – Pr[G|A] est&aacute; “inflada”. Es decir, los incentivos para votar son elevados.</p>     <p align="justify">Ferejohn y Fiorina (1974) siguen la tradici&oacute;n de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional pero cuestionan las implicaciones de “ser racional”. Para ellos, ser ciudadano racional no implica necesariamente maximizar la utilidad esperada, como sugieren los an&aacute;lisis de Downs (1957), Tullok (1968) y Riker y Ordeshook (1968). Los votantes podr&iacute;an m&aacute;s bien “minimizar el m&aacute;ximo arrepentimiento”<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Desde esta &oacute;ptica, a un individuo no le importa que sea alta o baja la probabilidad de empate y de ser el votante pivotal. Lo que le interesa es minimizar la probabilidad de arrepentirse si su candidato no gana por pocos votos. Votar minimiza este arrepentimiento.</p>     <p align="justify">Estos modelos tienen en com&uacute;n la ausencia de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica, pues cada ciudadano toma su decisi&oacute;n de voto independientemente de la decisi&oacute;n de los dem&aacute;s. Palfrey y Rosenthal (1983 y 1985), Ledyard (1984), Schram y Van Winden (1991) y Medina (2006) abordan el problema desde la teor&iacute;a de juegos. En Ledyard (1984), la paradoja del votante es an&aacute;loga al problema del gorr&oacute;n en el pago de los bienes p&uacute;blicos. Si los dem&aacute;s votan (contribuyen), para un ciudadano lo mejor es no votar (no contribuir). Abstenerse es un equilibrio de Nash. Palfrey y Rosenthal (1983 y 1985) abordan el problema desde los juegos de participaci&oacute;n, y sus modelos (con y sin informaci&oacute;n completa) generan equilibrios m&uacute;ltiples, algunos de los cuales, dadas las expectativas, arrojan altos porcentajes de votaci&oacute;n. Schram y Van Winden (1991) elaboran un modelo en el que la presi&oacute;n social que ejercen ciertos l&iacute;deres al interior de los grupos pol&iacute;ticos puede ser suficiente para compensar los incentivos a no votar. Medina (2006) analiza los equilibrios m&uacute;ltiples de los modelos de Palfrey y Rosenthal usando el procedimiento de rastreo propuesto por Harsanyi y Selten (1988). En muchos de estos equilibrios el porcentaje de votantes es elevado.</p>     <p align="justify">Estas teor&iacute;as tienen dos rasgos comunes. Primero, las preferencias de los votantes son las del <i>homo economicus</i>: el &uacute;nico determinante de su satisfacci&oacute;n final es el pago. Hay una ausencia de preferencias sociales, es decir, la satisfacci&oacute;n final de un ciudadano no depende del pago de los dem&aacute;s ni del de los candidatos. Segundo, el voto no se concibe como una instituci&oacute;n, un acto cultural o un h&aacute;bito. En otras palabras, votar es un acto racional y en ninguna circunstancia se contempla la posibilidad de que los ciudadanos simplemente est&eacute;n “programados” para votar o abstenerse.</p>     <p align="justify">Las explicaciones de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional son un camino. Pero tambi&eacute;n se podr&iacute;a pensar que el voto es un acto cultural determinado por h&aacute;bitos, costumbres o instituciones informales. Por ejemplo, si soy menor de 25 a&ntilde;os, por simple formaci&oacute;n de preferencias, es menos probable que vote: si pertenezco a una familia de arraigada tradici&oacute;n liberal, es m&aacute;s probable que vote por el candidato liberal, sin fijarme en la probabilidad de que gane gracias a mi participaci&oacute;n. Pero los h&aacute;bitos, las costumbres y las instituciones evolucionan. En otros t&eacute;rminos, el acto de votar puede ser una consecuencia de fuerzas evolutivas que, junto al aprendizaje y la adaptaci&oacute;n, complementan los procesos de racionalidad impl&iacute;citos en este tipo de decisiones.</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo presenta un enfoque alternativo para estudiar la paradoja del votante. Muestra que sentimientos morales distintos del inter&eacute;s propio ayudan a entender porqu&eacute; se vota. En particular, si se consideran preferencias sociales y se acepta que la reciprocidad es importante en el comportamiento humano, se puede dar otra respuesta a esta paradoja. La hip&oacute;tesis es que el sentimiento que motiva a los individuos a premiar la cooperaci&oacute;n con cooperaci&oacute;n y a castigar la falta de cooperaci&oacute;n aun con costos personales, explica en parte por qu&eacute; la gente vota. A veces vota para premiar las buenas actuaciones de ciertos candidatos o partidos pol&iacute;ticos. El voto es un gesto de agradecimiento. Y, a veces, para castigar el mal gobierno o los malos actos, apoyando candidatos de la oposici&oacute;n. Luego de considerar las implicaciones de la reciprocidad, se busca entender el acto de votar en un contexto cultural donde el voto es un h&aacute;bito que evoluciona en funci&oacute;n de los beneficios y las ganancias. Es decir, la paradoja del votante se analiza desde una perspectiva diferente a la convencional incorporando preferencias sociales diferentes al inter&eacute;s propio, y no racionalidad, incorporando din&aacute;micas evolutivas.</p>     <p align="justify">Los resultados se pueden resumir como sigue. Cuando se siente reciprocidad hacia los candidatos, los beneficios de votar pueden compensar los costos; as&iacute;, el voto es un acto racional. Adem&aacute;s, la evoluci&oacute;n de la proporci&oacute;n de votantes y abstencionistas depende de las condiciones iniciales (porcentaje inicial de votantes) y de factores pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sicol&oacute;gicos como las plataformas pol&iacute;ticas de los candidatos, los costos y beneficios de votar, el desempe&ntilde;o del gobierno, la intensidad del sentimiento de reciprocidad o la intenci&oacute;n que se atribuye a los actos de los gobernantes.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo tiene cuatro secciones. La primera expone la teor&iacute;a de las preferencias sociales y un modelo de reciprocidad. La segunda presenta un modelo de votaci&oacute;n con preferencias sociales rec&iacute;procas. Muestra que las personas que sienten reciprocidad hacia un candidato pueden estar m&aacute;s motivadas para votar. La tercera aborda el problema desde una perspectiva evolutiva, analizando, mediante la din&aacute;mica del replicador, la evoluci&oacute;n del porcentaje de votantes y abstencionistas; la proporci&oacute;n de votantes en un momento dado depende de las condiciones iniciales, crece con una reciprocidad positiva hacia un candidato y disminuye con los costos de votar. Por &uacute;ltimo se presentan las conclusiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>TEOR&Iacute;AS DE</b><b>LA RECIPROCIDAD</b></p>     <p align="justify"><b>M<small>OTIVACI&Oacute;N EMP&Iacute;RICA</small></b></p>     <p align="justify">Esta secci&oacute;n presenta algunas de las motivaciones emp&iacute;ricas que dieron lugar a ciertas teor&iacute;as del comportamiento con preferencias sociales, en particular a los modelos de reciprocidad fuerte. Los modelos de reciprocidad son recientes<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. Los experimentos en juegos de negociaci&oacute;n bilateral mostraron la importancia de este sentimiento. Quiz&aacute;s el m&aacute;s conocido sea el juego del ultim&aacute;tum. El jugador 1, el oferente, tiene una suma de dinero x para repartirla con el jugador 2, y puede ofrecer cualquier cantidad entre 0 y x. Si el jugador 2 acepta la oferta, el dinero se reparte seg&uacute;n lo acordado. Si la rechaza, el pago es cero para ambos. La predicci&oacute;n est&aacute;ndar, suponiendo individuos motivados por el inter&eacute;s propio, es que el jugador 1 ofrece la menor cantidad posible (<font face="Symbol">e</font> &gt; 0) y el jugador 2 acepta. Si al jugador 2 s&oacute;lo le preocupa su pago material y busca maximizarlo, <font face="Symbol">e</font> es preferible a cero: aceptar es mejor que rechazar. Sabiendo esto, si el jugador 1 tiene el mismo tipo de preferencias ofrecer&aacute; la menor suma posible al jugador 2 para maximizar su propio pago.</p>     <p align="justify">Pero, en general, la evidencia experimental no apoya esta predicci&oacute;n<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Algunos hechos estilizados de experimentos del juego del ultim&aacute;tum revelan que: a) en promedio, los jugadores 1 ofrecen el 44% del dinero; b) la moda suele ser del 50%; c) las tasas de rechazo son significativamente diferentes de cero; d) en general, se rechazan ofertas inferiores al 30%, y e) no se rechazan ofertas cercanas al 50%.</p>     <p align="justify">As&iacute;, no es suficiente suponer el inter&eacute;s propio para explicar el comportamiento en este juego. El jugador 2 prefiere rechazar ofertas bajas y recibir un pago de cero. &iquest;Por qu&eacute;? Algunos sugieren que por aversi&oacute;n a la desigualdad. Al individuo 2 le produce desutilidad estar en desventaja frente al individuo 1. Pero algunos experimentos descartan esta explicaci&oacute;n mostrando que el jugador 2 toma represalias contra el jugador 1 aunque esto no garantice la igualdad de pagos. Quiz&aacute;s la explicaci&oacute;n m&aacute;s aceptada sea la que identifica la reciprocidad fuerte como m&oacute;vil de este comportamiento. Si la oferta es baja, el jugador 2 siente que el jugador 1 ha sido descort&eacute;s, y lo penaliza con el &uacute;nico mecanismo que tiene: rechazar la oferta. El jugador 2 est&aacute; dispuesto a tolerar un pago nulo si con eso penaliza el trato injusto del jugador 1. El jugador 1 anticipa esta jugada, por ello muchos ofrecen un porcentaje elevado (el 44% en promedio). Si la oferta es alta, el jugador 1 est&aacute; cooperando con el 2. En este caso, la reciprocidad premia este gesto de justicia.</p>     <p align="justify"><b>H<small>OMO EGUALIS: AVERSI&Oacute;N A LA DESIGUALDAD</small></b></p>     <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo modelar estas preferencias sociales en las que priman sentimientos como la reciprocidad? En general, un individuo tiene preferencias sociales cuando su satisfacci&oacute;n no s&oacute;lo depende de sus propios pagos, sino tambi&eacute;n de los pagos de los dem&aacute;s. Como vimos, los resultados experimentales del juego del ultim&aacute;tum se explican con teor&iacute;as de aversi&oacute;n a la desigualdad. Para el estudio de este sentimiento moral, Fehr y Schmidt (1999) proponen, para juegos de dos jugadores, las preferencias siguientes, en las que la utilidad de un jugador depende de su pago material y de que est&eacute; en ventaja o desventaja con respecto al otro jugador:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e5.jpg"></p>     <p align="justify">donde <font face="Symbol">p</font><sub>i</sub> es el pago material del jugador i; <font face="Symbol">a</font><sub>i</sub> la desutilidad que le produce la desigualdad desventajosa, y <font face="Symbol">b</font><sub>i</sub> el grado de desutilidad que le produce la desigualdad ventajosa. Con estas preferencias, su utilidad final luego de cierta interacci&oacute;n depende de su pago y de la relaci&oacute;n entre su pago y el del otro jugador. La desigualdad produce desutilidad, est&eacute; en ventaja o en desventaja. Es natural suponer que <font face="Symbol">a</font><sub>i</sub> <font face="Symbol">&sup3; b</font><sub>i</sub> y que <font face="Symbol">b</font><sub>i</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1]. Esto significa que la desigualdad desventajosa produce m&aacute;s desutilidad que la desigualdad ventajosa. Adem&aacute;s, <font face="Symbol">b</font><sub>i</sub> <font face="Symbol">&pound;</font> 1 implica que el jugador i no se castiga a s&iacute; mismo. Si <font face="Symbol">b</font><sub>i</sub> &gt; 1, <font face="Symbol">&para;</font>u<sub>i</sub>/<font face="Symbol">&para;p</font><sub>i</sub> &lt; 0, lo que no parece ser muy natural para la mayor&iacute;a de los seres humanos<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">Estas preferencias, que se manifiestan en los resultados experimentales de juegos como el dilema del prisionero, el del bien p&uacute;blico o el del dictador, provienen de la literatura antropol&oacute;gica (Gintis, 2000). El <i>homo sapiens</i> evolucion&oacute; de grupos de cazadores y recolectores como los Hadza de Tanzania (Henrich et al., 2004). Estos grupos no tienen una estructura centralizada de gobierno definida ni un sistema judicial claro; sus integrantes no toleran la aparici&oacute;n de l&iacute;deres ni gobernantes y, por tanto, el cumplimiento de las normas depende de la voluntad de sus miembros. La cooperaci&oacute;n entre desconocidos es frecuente. Comparten los alimentos y los frutos de la caza, y son habituales las pr&aacute;cticas igualitaristas, como la monogamia y el asesinato de los l&iacute;deres. El igualitarismo del hombre moderno puede haber evolucionado a partir de esos grupos, porque aunque estas formas de cooperaci&oacute;n no son rentables en el corto plazo, s&iacute; lo son en el largo plazo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Analicemos una versi&oacute;n simple del juego del ultim&aacute;tum con preferencias igualitaristas. El jugador 1 tiene $10 para repartir con el jugador 2. Supongamos, por simplicidad, que el jugador 1 s&oacute;lo puede hacer una oferta equitativa (E, $5 para cada uno) o una inequitativa (I, $8 para &eacute;l y $2 para el jugador 2). El jugador 2 puede aceptar (A) o rechazar (R). Si el jugador 2 rechaza, el pago es cero para ambos. La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> representa el juego.</p>     <p align="justify"><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1     <br> Ultim&aacute;tum con pagos materiales</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7g1.jpg"></p>     <p align="justify">Supongamos adem&aacute;s que las preferencias son igualitaristas, como en (2). Este juego se presenta en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>.</p>     <p align="justify">Con estos pagos, el jugador 2 rechaza una oferta injusta si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e6.jpg"></p>     <p align="justify">es decir, si <font face="Symbol">a</font><sub>2</sub> &gt; 1/3. Si la aversi&oacute;n a la desigualdad desventajosa del jugador 2 es suficientemente alta, rechaza la oferta y prefiere un pago nulo. Esto es lo que suele ocurrir, entre un 40% y un 60% de las veces en que el jugador 1 ofrece menos del 20% en los experimentos del juego del ultim&aacute;tum. Si <font face="Symbol">a</font><sub>2</sub> &lt; 1/3, es posible que la oferta sea equitativa. Esto ocurre si el jugador 1 tiene incentivos para hacerla, es decir, si 5 &gt; 8 – 6<font face="Symbol">b</font><sub>1</sub>, o si <font face="Symbol">b</font><sub>1</sub> &gt; 1/2. Cuando el jugador 1 tiene una aversi&oacute;n a la desigualdad ventajosa suficientemente alta, prefiere la oferta equitativa a la inequitativa. El par (<font face="Symbol">a</font><sub>i</sub>, <font face="Symbol">b</font><sub>i</sub>) de cada jugador depende del contexto. Estudios experimentales con sociedades de escala peque&ntilde;a<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>, en cuatro continentes y doce pa&iacute;ses, muestran que los niveles de generosidad y de cooperaci&oacute;n en juegos como el del ultim&aacute;tum dependen significativamente de variables econ&oacute;micas y culturales agregadas. Los niveles de cooperaci&oacute;n en la vida diaria y la integraci&oacute;n al mercado explican en gran medida qu&eacute; tan generoso es el jugador 1 (Henrich et al., 2004). Un grupo de cazadores de ballenas, por ejemplo, depende notablemente de la cooperaci&oacute;n entre no parientes, que se refleja en la generosidad del jugador 1. En cambio, variables econ&oacute;micas y demogr&aacute;ficas individuales, como la edad, el sexo o la riqueza, no explican estas diferencias.</p>     <p align="justify"><a name="g2"></a>Gr&aacute;fica 2     <br> Ultim&aacute;tum para un <i>homo egualis</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7g2.jpg"></p>     <p align="justify"><b>H<small>OMO RECIPROCANS: COOPERACI&Oacute;N CONDICIONADA</small></b></p>     <p align="justify">A pesar de la aparente coherencia de los resultados, muchos experimentos muestran que las preferencias no s&oacute;lo responden a sentimientos de aversi&oacute;n a la desigualdad, y que en muchos casos es m&aacute;s importante la reciprocidad (Bowles, 2003). Para modelarla, seguimos a Falk y Fischbacher (2006a y 2006b) y a Gintis (2000). Un individuo cuyas preferencias responden a sentimientos de reciprocidad fuerte tiene una funci&oacute;n de utilidad de la forma:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e7.jpg"></p>     <p align="justify">A individuos con estas preferencias los llamamos <i>homo reciprocans</i>. El t&eacute;rmino <font face="Symbol">p</font><sub>i</sub> representa el pago material del jugador i. El segundo sumando es la utilidad generada por la reciprocidad. El t&eacute;rmino <font face="Symbol">r</font><sub>i</sub> <font face="Symbol">&sup3;</font> 0 denota la reciprocidad. Indica cu&aacute;n importante es este sentimiento para el jugador. Si <font face="Symbol">r</font><sub>i</sub>  = 0, la reciprocidad no importa y su utilidad es igual a la de un juego con preferencias ego&iacute;stas. Por su parte, <font face="Symbol">j</font><sub>j</sub> representa la amabilidad que percibe en la acci&oacute;n del otro. Si es positiva, se considera amable, y si es negativa, se la juzga descort&eacute;s. Por &uacute;ltimo, <font face="Symbol">s</font><sub>i</sub> representa la utilidad que le produce al individuo i el acto motivado por la reciprocidad. Si un individuo reacciona negativamente ante una acci&oacute;n poco amable y castiga al infractor, ese gesto genera utilidad en un <i>homo reciprocans</i>. Algo similar sucede si reacciona positivamente ante un gesto amable. En lo que sigue se formalizan estas intuiciones.</p>     <p align="justify"><b>Estructura del juego</b></p>     <p align="justify">Consideremos un juego <font face="Symbol">G</font> de dos jugadores, en forma extensiva<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. Se toma este n&uacute;mero de jugadores porque en el an&aacute;lisis de la decisi&oacute;n de un votante se considera su interacci&oacute;n con el candidato. Llamamos J = {1, 2} al conjunto de jugadores. El &aacute;rbol de decisi&oacute;n que representa la interacci&oacute;n secuencial es un par (X,), donde X es el conjunto de nodos y <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> es la relaci&oacute;n de precedencia. Para todo par x<sup>1</sup>, x<sup>2</sup> <font face="Symbol">&Icirc;</font> X, la expresi&oacute;n x<sup>1</sup> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg">  x<sup>2</sup> significa que el nodo x<sup>1</sup> precede al nodo x<sup>2</sup>. Se supone que <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> es una relaci&oacute;n transitiva y asim&eacute;trica<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p align="justify">Se supone que hay informaci&oacute;n completa y perfecta. Es decir, la estructura del juego es conocida por todos los jugadores, y en el momento de actuar conocen las decisiones de toda la historia del juego. Llamamos X<sub>i</sub> <font face="Symbol">&Iacute;</font> X al conjunto de nodos en los que decide el jugador i. Cada jugador tiene un conjunto de acciones disponibles en cada nodo. A ese conjunto lo llamamos C<sub>x</sub>, donde x <font face="Symbol">&Icirc;</font> X<sub>i</sub> es un nodo en el que act&uacute;a el jugador i; Z es el conjunto de nodos terminales. En estos nodos ning&uacute;n jugador act&uacute;a, el juego termina y cada jugador recibe un pago. La funci&oacute;n de pagos es de la forma <font face="Symbol">p</font><sub>i</sub>: Z <font face="Symbol">&reg; &Acirc;</font>, es decir, la funci&oacute;n de pagos de cada jugador asigna a cada nodo terminal un n&uacute;mero real que representa el pago del jugador i.</p>     <p align="justify">En el momento de actuar en un nodo, los jugadores pueden aleatorizar sus acciones. Sea p(C<sub>x</sub>) el conjunto de distribuciones de probabilidad de las acciones en x <font face="Symbol">&Icirc;</font> X<sub>i</sub>. As&iacute;, el espacio de las posibles aleatorizaciones del jugador i en sus nodos de decisi&oacute;n es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e9.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la literatura de juegos en forma extensiva, el concepto de estrategia se modifica cuando las decisiones son secuenciales, para concebirla como un plan de contingencia que especifica una acci&oacute;n a cada posible historia del juego. A estas estrategias las llamamos estrategias de comportamiento. Una estrategia de comportamiento para el jugador i, s<sub>i</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> S<sub>i</sub> asigna una probabilidad a cada acci&oacute;n disponible en los nodos en que act&uacute;a, en funci&oacute;n de las actuaciones pasadas de los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify">As&iacute;, <font face="Symbol">p</font><sub>i</sub>(s<sub>i</sub>, s<sub>j</sub>) y <font face="Symbol">p</font><sub>j</sub>(s<sub>i</sub>, s<sub>j</sub>) denotan los pagos de los jugadores i y j, cuando eligen las estrategias de comportamiento s<sub>i </sub>y s<sub>j</sub>. En esta teor&iacute;a, son fundamentales las creencias de los jugadores sobre las acciones de los dem&aacute;s. Esto nos lleva al terreno de los juegos sicol&oacute;gicos (Geanakoplos et al., 1989), en los que las estrategias reales son tan importantes como las creencias. Hablamos de creencias de primero y segundo orden de acuerdo con la siguiente definici&oacute;n.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 1: Creencias de primero y segundo orden</i></p>     <p align="justify">Una creencia de primer orden para el jugador i, s<sup>1</sup><sub>i</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> S<sub>j</sub> representa su creencia sobre la estrategia elegida por el jugador j.</p>     <p align="justify">Una creencia de segundo orden para el jugador i, s<sup>1</sup><sub>j</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> S<sub>i</sub> representa su creencia sobre la creencia del jugador j acerca de la estrategia elegida por el jugador i. Es decir, s<sup>2</sup><sub>i</sub> es la creencia de i sobre  s<sup>1</sup><sub>j</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> S<sub>i</sub>.</p>     <p align="justify">Un conjunto de creencias es coherente si para todo i <font face="Symbol">&sup1;</font> j, s<sub>i</sub> = s<sup>1</sup><sub>j</sub> = s<sup>2</sup><sub>i</sub>, es decir, si la creencia de j acerca de lo que har&aacute; i y la creencia de i de lo que cree j que &eacute;l har&aacute; coinciden con la elecci&oacute;n de i. Estas creencias son fundamentales en los juegos din&aacute;micos con preferencias rec&iacute;procas porque la respuesta de uno ante las acciones de los dem&aacute;s depende de lo que “crea” acerca de lo que juegan los otros.</p>     <p align="justify"><b>Amabilidad percibida en el otro: resultados e intenciones</b></p>     <p align="justify">Ya vimos que la utilidad que produce el sentimiento de reciprocidad tiene dos elementos: la amabilidad percibida en una acci&oacute;n y la utilidad derivada de la respuesta a esa acci&oacute;n. En cuanto a la amabilidad, las acciones de los dem&aacute;s suscitan sentimientos de reciprocidad positiva o negativa en un jugador dependiendo de que los pagos, consecuencia de dicha acci&oacute;n, sean superiores o inferiores a un nivel de referencia, lo que lleva a percibir una acci&oacute;n como amable o no amable. Pero ese sentimiento ser&aacute; positivo, negativo o nulo dependiendo de que perciba intencionalidad o no en la acci&oacute;n. Veamos esto con un ejemplo experimental de Fehr y Falk (1999) y Bewley (2006). Un trabajador al que se le paga un salario alto con respecto a un nivel de referencia siente gratitud hacia el empleador. Si el jefe fij&oacute; un salario alto aunque podr&iacute;a haber fijado uno bajo, el sentimiento ser&aacute; mayor que si el jefe no ten&iacute;a otra opci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Llamemos <font face="Symbol">j</font><sub>j</sub>(x) <font face="Symbol">&Icirc; &Acirc;</font> al par&aacute;metro que mide la amabilidad percibida por el jugador i en el nodo x <font face="Symbol">&Icirc;</font> X<sub>i</sub>, ante una acci&oacute;n de j en un nodo anterior. Para formalizar la noci&oacute;n de que el sentimiento de amabilidad depende de resultados e intenciones, lo definimos as&iacute;:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e10.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub> (x) es la intencionalidad percibida en la acci&oacute;n de j y <font face="Symbol">D</font><sub>j</sub> (x) <font face="Symbol">&Icirc; &Acirc;</font> mide el resultado de esa acci&oacute;n. Estas percepciones dependen del nodo x en el que se encuentre el jugador i. En particular, si <font face="Symbol">D</font><sub>j</sub>  (x) &gt; 0, la acci&oacute;n del jugador j gener&oacute; ventaja al jugador i. Si <font face="Symbol">D</font><sub>j</sub> (x) &lt; 0, la acci&oacute;n del jugador j gener&oacute; desventaja al jugador i. La amabilidad que i percibe en la elecci&oacute;n de j se define as&iacute;:</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 2: T&eacute;rmino de amabilidad</i></p>     <p align="justify">La amabilidad que percibe i en el momento de actuar en un nodo x <font face="Symbol">&Icirc;</font> X<sub>i</sub>, luego de que j eligi&oacute; una acci&oacute;n en un nodo x&rsquo; <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> x, est&aacute; dada por:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e11.jpg"></p>     <p align="justify">Aqu&iacute;, el punto de referencia que usan los jugadores para juzgar si una acci&oacute;n es amable o descort&eacute;s es un criterio de igualdad<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>, que relaciona el enfoque de aversi&oacute;n a la desigualdad y el de reciprocidad. En este caso, una acci&oacute;n de j que genere desigualdad desventajosa a i ser&aacute; juzgada descort&eacute;s. En cambio, la acci&oacute;n de j se juzgar&aacute; amable si pone en desigualdad ventajosa al jugador i.</p>     <p align="justify">Por ejemplo, en el juego del ultim&aacute;tum, si el jugador 1 ofrece una cantidad nula al jugador 2, lo pone en desventaja, pero si le ofrece m&aacute;s del 50% lo pone en ventaja. El jefe que fija un salario apenas superior al de reserva puede generarle una desventaja al trabajador, pero si le ofrece un salario mucho mayor le dar&aacute; una ventaja. Por supuesto, definir qu&eacute; es ventajoso y qu&eacute; no lo es depende del punto de referencia de los jugadores, en este caso, la igualdad de pagos.</p>     <p align="justify">Pero el resultado final no deber&iacute;a ser lo &uacute;nico importante a la hora de juzgar si un acto es amable o no. Tambi&eacute;n lo es la intenci&oacute;n. En adelante, <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub>(x) <font face="Symbol">&Icirc;</font>[0, 1] representa esa intenci&oacute;n. <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub>(x) = 0 representa una situaci&oacute;n en la que el jugador i percibe que el jugador j no tuvo la intenci&oacute;n de generar el resultado final. <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub>(x) &gt; 0 representa una situaci&oacute;n donde s&iacute; se percibe esa intenci&oacute;n. Cuando <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub>(x)  = 1, lo &uacute;nico que le importa al jugador i para determinar si la acci&oacute;n de j fue amable o no, es el resultado final, pues percibe completa intencionalidad.</p>     <p align="justify">La amabilidad de una acci&oacute;n en un escenario de interacci&oacute;n bilateral depende entonces del resultado final del acto y de la intenci&oacute;n percibida de ese acto. Cu&aacute;l de los dos aspectos es m&aacute;s importante depende del individuo y es un hecho emp&iacute;rico que se puede resolver experimentalmente.</p>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, un acto se percibe como amable o descort&eacute;s por sus consecuencias y la intenci&oacute;n que se percibe en &eacute;l. &Eacute;sta es la principal raz&oacute;n por la que se escoge el modelo de Falk y Fischbacher para modelar la reciprocidad. Si bien hay otras teor&iacute;as y modelos, como los de Rabin (1993), Levine (1998), Charness y Rabin (2002), Bowles (2003) y Dufwenberg y Kirchsteiger (2004), el enfoque de Falk y Fischbacher (2006b) es adecuado por su formalizaci&oacute;n de resultados e intenciones. Este par de elementos son fundamentales cuando un ciudadano juzga la amabilidad o descortes&iacute;a de un candidato pol&iacute;tico.</p>     <p align="justify"><b>La respuesta</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es natural suponer que un <i>homo reciprocans</i> reacciona amablemente ante un gesto amable y descort&eacute;smente ante un gesto descort&eacute;s. La utilidad que genera la respuesta del jugador i ante un acto del jugador j se representa mediante <font face="Symbol">s</font><sub>i</sub>(x). Para definir este t&eacute;rmino, se usa la siguiente notaci&oacute;n. Sea s<sub>i</sub>(c<sub>i</sub>) la estrategia de comportamiento de i que coincide con s<sub>i</sub> salvo en el nodo x, donde i escoge la estrategia pura c<sub>i </sub><font face="Symbol">&Icirc;</font> C<sub>i</sub>. Es decir, s<sub>i</sub>(c<sub>i</sub>) representa una alteraci&oacute;n en el comportamiento de i.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 3: T&eacute;rmino de reacci&oacute;n rec&iacute;proca</i></p>     <p align="justify">Para un juego en forma extensiva <font face="Symbol">G</font>, sea x <font face="Symbol">&Icirc;</font> X<sub>i</sub> un nodo no terminal en el que act&uacute;a el jugador i, y en este nodo i elige c<sub>i</sub>. La utilidad que genera este acto rec&iacute;proco de i en x<sub>i</sub>, ante un acto previo de j, es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e12.jpg"></p>     <p align="justify">Es decir, la satisfacci&oacute;n que produce la respuesta rec&iacute;proca de i a j la determina la alteraci&oacute;n en el pago de j que i provoca con su decisi&oacute;n. En el juego del ultim&aacute;tum, por ejemplo, cuando el jugador 2 rechaza una oferta inequitativa de (8, 2), de modo que el pago del jugador 1 es 0, altera ese pago en –8. &iquest;Por qu&eacute; preferir&iacute;a esta elecci&oacute;n en vez de aceptar la oferta y quedarse con 2? Recordemos que el t&eacute;rmino <font face="Symbol">r</font><sub>i</sub><font face="Symbol">j</font><sub>j</sub><font face="Symbol">s</font><sub>i</sub> representa la reciprocidad percibida por el jugador i. Supongamos que i es un <i>homo reciprocans</i> y que, por tanto <font face="Symbol">r</font><sub>i</sub> &gt; 0. Consideremos adem&aacute;s una situaci&oacute;n en la que la acci&oacute;n de j se percibe como intencionalmente descort&eacute;s. As&iacute;, <font face="Symbol">q</font><sub>j</sub>(x) &gt; 0 (porque hay intencionalidad) y <font face="Symbol">D</font><sub>j</sub>&lt; 0 (porque el acto fue descort&eacute;s). Por tanto, <font face="Symbol">j</font><sub>j</sub>(x) &lt; 0. &iquest;Cu&aacute;l es la respuesta &oacute;ptima del jugador i? Por un lado, el inter&eacute;s propio lo lleva a maximizar su pago material, independientemente de que aumente o reduzca el pago de j. Pero con preferencias sociales puede ser preferible hacer lo m&aacute;s bajo posible el pago de j, para que <font face="Symbol">s</font><sub>i</sub>(x) sea negativo y contrarreste el efecto de <font face="Symbol">j</font><sub>j</sub>(x). En esencia, las preferencias de un <i>homo reciprocans</i> deben representar este posible conflicto de intereses.</p>     <p align="justify"><b>Utilidad y equilibrio</b></p>     <p align="justify">Como vimos, un individuo que responde a sentimientos de reciprocidad fuerte valora el pago material que recibe tras la interacci&oacute;n, la amabilidad que percibe en los actos del otro jugador y la satisfacci&oacute;n que produce su respuesta a estos actos. Formalmente, su utilidad se define as&iacute;:</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 4: Utilidad de un homo reciprocans</i></p>     <p align="justify">Las preferencias de un <i>homo reciprocans</i> en un juego de dos jugadores en forma extensiva <font face="Symbol">G</font> est&aacute;n dadas por: x<sup>2</sup></p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e13.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde z es el nodo terminal que se alcanza en el juego.</p>     <p align="justify">Es decir, la reciprocidad que percibe i en los actos de j y su respuesta a esos actos se agregan en todos los nodos que preceden al nodo terminal z, en los que act&uacute;a i. A partir de estas preferencias es claro que el juego es sicol&oacute;gico. El pago de i depende de las creencias que tenga en cada nodo acerca de qu&eacute; juega el jugador j y acerca de la creencia de j. Falta definir el concepto-soluci&oacute;n de este tipo de juegos. Lo llamamos equilibrio rec&iacute;proco, un equilibrio de Nash perfecto en subjuegos con preferencias rec&iacute;procas.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 5: Equilibrio rec&iacute;proco</i></p>     <p align="justify">Un vector de estrategias de comportamiento (s<sup>*</sup><sub>1</sub>, s<sup>*</sup><sub>2</sub>) es un equilibrio rec&iacute;proco para un juego en forma extensiva <font face="Symbol">G</font> con preferencias rec&iacute;procas si, para todo i, la restricci&oacute;n de s<sup>*</sup><sub>i</sub> a cada subjuego<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a> de <font face="Symbol">G</font> es un equilibrio de Nash.</p>     <p align="justify">Si un juego en forma extensiva tiene informaci&oacute;n completa y perfecta se puede usar el procedimiento de inducci&oacute;n hacia atr&aacute;s para encontrar el equilibrio de Nash perfecto en subjuegos (Selten, 1975). En este sentido, se sigue suponiendo cierta racionalidad maximizadora de los jugadores. El enfoque que aqu&iacute; se sigue y la teor&iacute;a de juegos cl&aacute;sica difieren en la forma de las preferencias pero no en la manera de escoger las estrategias. Uno de los desaf&iacute;os m&aacute;s interesantes para esta teor&iacute;a de la reciprocidad es justificar la aparici&oacute;n de equilibrios en contextos poblacionales de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica, en los que la evoluci&oacute;n y el aprendizaje ayudan a entender el comportamiento de los jugadores. Abordamos este desaf&iacute;o m&aacute;s adelante.</p>     <p align="justify">Un ejemplo aclara las ideas que presentamos en esta secci&oacute;n. Consideremos nuevamente el juego del ultim&aacute;tum de la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>. Supongamos que los jugadores tienen preferencias rec&iacute;procas<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. Resolvamos el juego por inducci&oacute;n hacia atr&aacute;s teniendo en cuenta &uacute;nicamente las estrategias puras. Si el jugador 1 hace una oferta inequitativa, el jugador 2 cree que el jugador 1 quiere quedarse con 8, y dejarle 2 a &eacute;l. En este caso, <font face="Symbol">D</font><sub>1</sub> = -6 y el resultado de la acci&oacute;n del jugador 1 es descort&eacute;s. El jugador 2 percibe completa intencionalidad en ese gesto descort&eacute;s, porque existe una opci&oacute;n alternativa, el vector de pagos (5, 5), en el que el jugador 2 mejora sin superar al jugador 1. Por tal motivo, teniendo en cuenta intenci&oacute;n y resultado, una oferta inequitativa de (8, 2) genera una reciprocidad negativa del jugador 2.</p>     <p align="justify">Si el jugador 2 acepta la oferta inequitativa, <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(I, A) = 8 – 0 = 8, porque el pago de 1 es 8, y ser&iacute;a 0 si el jugador 2 la rechaza. En cambio, si la rechaza, <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(I, R) = 0 – 8 = –8. El pago del jugador 2 cuando acepta una oferta inequitativa es u<sub>2</sub>(I, A) = 2 + <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>(–6)(8) = 2 – 48<font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>, y cuando la rechaza es u<sub>2</sub>(I, E) = 0 + <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>(–6)(–8) = 48<font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>. Rechazar es preferible a aceptar si <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub> <font face="Symbol">&sup3;</font> 1/48. Un jugador 2 para quien la reciprocidad es “suficientemente” importante preferir&aacute; rechazar la oferta inequitativa. Si <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub> es grande, el sentimiento de reciprocidad negativa puede primar sobre el af&aacute;n de maximizar el pago material. Esto concuerda con los resultados experimentales, en los que un alto porcentaje de jugadores 2 rechaza ofertas inferiores al 30%.</p>     <p align="justify">Si el jugador 1 elige la oferta equitativa, se verifica f&aacute;cilmente que el jugador 2 siempre prefiere aceptar que rechazar. Esto concuerda con el hecho estilizado del juego del ultim&aacute;tum, seg&uacute;n el cual el jugador 2 no rechaza ofertas cercanas al 50%. As&iacute;, si el jugador 1 anticipa bien el valor de <font face="Symbol">r</font> del otro jugador y reconoce que es “suficientemente alto”, preferir&aacute; hacer la oferta equitativa. El problema ser&iacute;a que no lo anticipe adecuadamente. Si lo subestima, su oferta inequitativa puede ser rechazada, como pasa un 20% de las veces en los experimentos. En conclusi&oacute;n, en el equilibrio rec&iacute;proco, cuando <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub> <font face="Symbol">&sup3;</font> 1/48, el jugador 1 elige la oferta equitativa, y el jugador 2 rechaza la oferta inequitativa y acepta la equitativa. Si <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub> &lt; 1/48, el equilibrio coincide con el equilibrio de Nash perfecto en subjuegos de jugadores <i>homo economicus</i>, porque el jugador 2 da poco peso al sentimiento de reciprocidad y mucho m&aacute;s al pago material.</p>     <p align="justify">En conclusi&oacute;n, un <i>homo reciprocans</i> es un cooperador condicional. Responde con amabilidad a gestos amables y con descortes&iacute;a a gestos descorteses. Sus preferencias son sociales porque su satisfacci&oacute;n depende de su pago y del de los dem&aacute;s jugadores. La amabilidad que percibe en el otro no depende s&oacute;lo de resultados sino tambi&eacute;n de intenciones. Su racionalidad sigue siendo maximizadora, pero los sentimientos de reciprocidad fuerte afectan sus decisiones.</p>     <p align="justify"><b>UN MODELO DE VOTACI&Oacute;N CON HOMO RECIPROCANS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>E<small>L VOTO COMO GESTO DE RECIPROCIDAD</small></b></p>     <p align="justify">Los modelos econ&oacute;micos que se utilizan para analizar la conducta de los agentes (consumidores, empresas, votantes, gobiernos, etc.) suelen suponer que el &uacute;nico sentimiento moral que incide en las preferencias es el inter&eacute;s propio<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>, de modo que la satisfacci&oacute;n depende totalmente del pago al individuo y no del de los dem&aacute;s. El individuo tiene preferencias sociales cuando su satisfacci&oacute;n final depende no s&oacute;lo de su pago material sino tambi&eacute;n del pago material de los dem&aacute;s. Las preferencias sociales son el resultado de una serie de sentimientos morales distintos del inter&eacute;s propio, que tambi&eacute;n condicionan la conducta individual. En muchos contextos de interacci&oacute;n social y econ&oacute;mica, la reciprocidad, el altruismo, la justicia, la envidia, la culpa, la verg&uuml;enza, el amor o el igualitarismo pesan m&aacute;s que el inter&eacute;s propio, como muestra la literatura experimental.</p>     <p align="justify">Por reciprocidad fuerte entendemos la predisposici&oacute;n de los individuos a cooperar con quienes cooperan aunque haya incentivos individuales para no hacerlo, y de castigar a quienes violan las normas de cooperaci&oacute;n, aunque el castigo sea costoso y no reporte ning&uacute;n beneficio futuro. En numerosas transacciones bilaterales, el comportamiento individual est&aacute; condicionado por sentimientos de reciprocidad. Se reconoce cada vez m&aacute;s que sentimientos morales como la reciprocidad fuerte o la aversi&oacute;n a la desigualdad tienen gran impacto en el comportamiento econ&oacute;mico de los individuos. Algunos estudios muestran que en el mercado laboral, por ejemplo, los empresarios se niegan a bajar los salarios en &eacute;pocas de recesi&oacute;n por temor a desincentivar a los trabajadores. Como se&ntilde;alan Bewley (2006) y Fehr y Falk (1999), la rigidez de los salarios podr&iacute;a ser una consecuencia de la reciprocidad fuerte.</p>     <p align="justify">Estudios como el de Fong et al. (2006) muestran que la actitud de los votantes ante las pol&iacute;ticas de bienestar y redistribuci&oacute;n est&aacute; condicionada por la concepci&oacute;n de la pobreza y la &eacute;tica de los pobres frente al trabajo, m&aacute;s que por su nivel de ingreso. En una sociedad desigual en donde la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n tiene un ingreso inferior al promedio, la mayor&iacute;a votar&iacute;a por pol&iacute;ticas redistributivas para quitar ingreso a los ricos y redistribuirlo entre los pobres. En este contexto, seg&uacute;n la l&oacute;gica del inter&eacute;s propio, el apoyo a la redistribuci&oacute;n deber&iacute;a disminuir con el nivel de ingreso, pero los estudios muestran lo contrario. El ingreso suele ser un mal predictor, la actitud ante la pobreza y la &eacute;tica de los pobres hacia el trabajo son mejores. En general, si se cree que los pobres lo son por mala suerte y que si tuvieran oportunidades se esforzar&iacute;an por mejorar su situaci&oacute;n, se apoyar&iacute;an las pol&iacute;ticas de bienestar y redistribuci&oacute;n. Pero si se cree que la pobreza es consecuencia de la pereza y la mala disposici&oacute;n frente al trabajo, dichas pol&iacute;ticas no se apoyar&iacute;an. La reciprocidad fuerte explica entonces la actitud ante estas pol&iacute;ticas, y no el inter&eacute;s propio. Estos y otros ejemplos indican que la reciprocidad fuerte ayuda a entender algunas relaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas no contractuales.</p>     <p align="justify">Esta secci&oacute;n muestra que el sentimiento de reciprocidad fuerte puede explicar porqu&eacute; los individuos votan. Cuando la probabilidad de ser el votante decisivo tiende a cero, es de suponer que el beneficio material de votar es inferior al costo. Pero esto puede cambiar si consideramos preferencias sociales en las que la reciprocidad juega un gran papel. En general, si los votantes sienten que un candidato ha cumplido las normas de cooperaci&oacute;n (mejorando el nivel de vida), pueden sentirse motivados a retribuirle positivamente. La manera m&aacute;s directa es votar por &eacute;l; tambi&eacute;n podr&iacute;an hacerle publicidad o darle apoyo no pecuniario. En este caso, el sentimiento de reciprocidad los motiva a votar, sin importar el costo de acudir a las urnas.</p>     <p align="justify">Pero la decisi&oacute;n de votar tambi&eacute;n puede responder a la reciprocidad negativa, que surge cuando alguien infringe una norma de cooperaci&oacute;n. El individuo se ve motivado a castigar al infractor, aunque el castigo sea costoso y no reporte ning&uacute;n beneficio futuro. Cuando por alg&uacute;n motivo un candidato o grupo pol&iacute;tico infringe las normas de cooperaci&oacute;n (gobernando mal o siendo objeto de alg&uacute;n esc&aacute;ndalo de corrupci&oacute;n, por ejemplo), el votante busca castigar al candidato, no votando por &eacute;l, o lo que es m&aacute;s costoso, votando por un adversario. En este caso, el deseo de castigar al candidato puede pesar m&aacute;s que el costo de votar (reciprocidad negativa).</p>     <p align="justify">Algunos ejemplos pueden servir como referencia. El panorama pol&iacute;tico previo a las elecciones de 1998 no era favorable para el presidente saliente, Ernesto Samper. El esc&aacute;ndalo del “Proceso 8.000” y la presunta filtraci&oacute;n de dineros del narcotr&aacute;fico en su campa&ntilde;a generaron graves problemas de gobernabilidad. Es probable que muchos colombianos votaran por el candidato ganador, Andr&eacute;s Pastrana, porque simpatizaban con sus ideas. Pero muchos votaron por la oposici&oacute;n, contra el candidato samperista Horacio Serpa. En este caso poco importaba el costo de votar, era m&aacute;s importante castigar el mal gobierno de Samper votando por su opositor.</p>     <p align="justify">Veamos ahora la reelecci&oacute;n de &Aacute;lvaro Uribe en 2006. Cabe preguntar por qu&eacute; un uribista acude a las urnas, si las encuestas lo dan como seguro ganador en la primera vuelta. Es decir, si el voto de muchos otros garantiza el triunfo del candidato, &iquest;para qu&eacute; votar si es costoso? La reciprocidad fuerte puede ser la explicaci&oacute;n. Si el votante cree que el primer gobierno de Uribe fue positivo y que sus condiciones de vida mejoraron, se puede sentir motivado a cooperar acudiendo a las urnas, as&iacute; sea costoso.</p>     <p align="justify">En esta secci&oacute;n se formalizan dichas ideas mediante un modelo que capta las preferencias sociales de los votantes, y se muestra que la reciprocidad puede justificar el voto como un acto racional.</p>     <p align="justify"><b>E<small>L MODELO </small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Consideremos un juego de dos jugadores en forma extensiva <font face="Symbol">G</font>, en el que un candidato interact&uacute;a secuencialmente con un ciudadano. En la primera etapa, el candidato anuncia su plataforma pol&iacute;tica. Sea C<sub>1</sub> = {<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>} el espacio de elecci&oacute;n del candidato<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. Llamamos  <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"> a la relaci&oacute;n de preferencia d&eacute;bil del candidato, definida sobre C<sub>1</sub>. As&iacute;, <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub> implica que el candidato prefiere d&eacute;bilmente la plataforma <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> a la plataforma <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>. Se supone adem&aacute;s que <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> es completa<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. El candidato desea obtener la mayor cantidad de votos y ser fiel a sus principios ideol&oacute;gicos. La funci&oacute;n de pagos del candidato es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e15.jpg"></p>     <p align="justify">donde c<sub>2</sub> es la estrategia escogida por el votante. La utilidad del candidato depende de su plataforma pol&iacute;tica y de que reciba o no el voto del ciudadano. Es natural suponer que manteniendo constante la elecci&oacute;n del votante, c<sub>2</sub>:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e16.jpg"></p>     <p align="justify">Es decir, la utilidad del candidato es mayor cuando escoge la plataforma pol&iacute;tica que prefiere. En la segunda etapa, el ciudadano decide si vota o no por el candidato. Supongamos, por el momento, que s&oacute;lo tiene estas dos opciones, es decir, que no se preocupa por otros candidatos. Su espacio de elecci&oacute;n es C<sub>2</sub> = {V, A}, donde V es votar y A es abstenerse<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>. Suponemos que el ciudadano tiene preferencias sociales y que responde a sentimientos de reciprocidad fuerte. Su funci&oacute;n de utilidad es de la forma:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e17.jpg"></p>     <p align="justify">donde <font face="Symbol">p</font><sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, c<sub>2</sub>) es la funci&oacute;n de pago material del ciudadano, que depende de la plataforma del candidato y de su decisi&oacute;n de voto; <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub> es un par&aacute;metro ex&oacute;geno que mide la intensidad de las preferencias rec&iacute;procas del ciudadano; <font face="Symbol">j</font><sub>1</sub> mide la amabilidad o descortes&iacute;a que percibe en la actuaci&oacute;n del candidato o su partido pol&iacute;tico; y <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub> es la utilidad generada por el gesto rec&iacute;proco del ciudadano.</p>     <p align="justify">Definamos cada t&eacute;rmino. El pago material (<font face="Symbol">p</font><sub>2</sub>) del ciudadano depende de que vote o no. Si vota por el candidato, su pago material es el que se defini&oacute; en la introducci&oacute;n:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e18.jpg"></p>     <p align="justify">Si no vota, es:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e19.jpg"></p>     <p align="justify">Suponemos, como es habitual en los estudios de la paradoja del votante, y como sugieren el sentido com&uacute;n y la evidencia emp&iacute;rica, que si la elecci&oacute;n es concurrida y votan muchas personas, manteniendo lo dem&aacute;s constante, la probabilidad de ser el votante pivotal es pr&aacute;cticamente nula<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>. Es decir, si el n&uacute;mero de votantes en una elecci&oacute;n es suficientemente grande,</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e20.jpg"></p>     <p align="justify">Si se elije a su candidato, el beneficio del ciudadano depende de la plataforma de aqu&eacute;l. Por otra parte, los actos del candidato generan sentimientos de reciprocidad en el ciudadano. Hemos dicho que <font face="Symbol">j</font><sub>1</sub> representa la utilidad de estos actos. Como en Falk y Fischbacher (2006b), <font face="Symbol">j</font><sub>1</sub> = <font face="Symbol">q</font><sub>1</sub><font face="Symbol">D</font><sub>1</sub>, donde <font face="Symbol">D</font><sub>1</sub> <font face="Symbol">&Icirc; &Acirc;</font> es el resultado para el votante de las acciones del candidato y <font face="Symbol">q</font><sub>1</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1] es la intencionalidad percibida en el candidato de generar dicho resultado.</p>     <p align="justify">Cuando deciden si votan o no por cierto candidato, o si votan por su principal opositor, los votantes tienen en cuenta el resultado de cierta elecci&oacute;n en sus vidas. Por ello, a la hora de definir el t&eacute;rmino del resultado se supone que son retrospectivos. Juzgan a los candidatos de acuerdo con sus acciones pasadas; no juzgan su ideolog&iacute;a o su desempe&ntilde;o pasado consolidado. No es necesario suponer que los votantes son retrospectivos racionales, sino que usan reglas simples para compararse antes y despu&eacute;s de un gobierno.</p>     <p align="justify">Siguiendo a Bendor et al. (2006), los votantes tienen un nivel de aspiraciones en el per&iacute;odo anterior a un gobierno, que comparan con su pago en ese per&iacute;odo. Sea B<sub>t</sub> el pago en el per&iacute;odo t. Ese pago depende de las decisiones de pol&iacute;tica econ&oacute;mica del gobierno en t, y de factores aleatorios como guerras, pestes, bonanzas, etc. Llamemos a<sub>t-1</sub> a las aspiraciones del ciudadano en el per&iacute;odo t – 1 con respecto al pago en t. Por ejemplo, a<sub>t-1</sub> podr&iacute;a ser el salario nominal que un trabajador aspira a percibir dentro de cuatro a&ntilde;os, mientras que B<sub>t</sub> es el salario verdadero que percibe al cabo de los cuatro a&ntilde;os.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 6: Feedback positivo y negativo</i></p>     <p align="justify">Un votante experimenta <i>feedback</i> positivo hacia un candidato o partido en el poder si el pago en t es superior a sus aspiraciones en t – 1. Es decir, si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e21.jpg"></p>     <p align="justify">Y experimenta <i>feedback</i> negativo si el pago en el per&iacute;odo t es inferior a su aspiraci&oacute;n en t – 1. Es decir, si</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e22.jpg"></p>     <p align="justify">De esta definici&oacute;n se infiere que si el pago real es mayor o igual a las aspiraciones, la probabilidad de votar por el candidato en el poder en t es mayor o igual que la que se ten&iacute;a en t – 1. Si el gobernante cumple las expectativas, la probabilidad de reelegirlo no es inferior a la del per&iacute;odo anterior. De esta manera, en el contexto del problema del votante, el t&eacute;rmino de resultado se define de la siguiente manera.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 7: Amabilidad de un gobernante</i></p>     <p align="justify">La amabilidad que un votante percibe en la acci&oacute;n de un gobernante durante un per&iacute;odo de gobierno se representa como:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e23.jpg"></p>     <p align="justify">de manera que si B<sub>t</sub> <font face="Symbol">&sup3;</font> a<sub>t-1</sub> se percibe amabilidad en el candidato, y si B<sub>t </sub>&lt; a<sub>t-1</sub> no se percibe amabilidad.</p>     <p align="justify">Cuando hay <i>feedback</i> positivo hacia un candidato-gobernante<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>, cabe esperar que aumente la probabilidad de que el individuo vote por &eacute;l porque juzga de manera amable su gobierno. Aunque aqu&iacute; se define el <i>feedback</i> hacia candidatos o partidos en el poder, esta definici&oacute;n tambi&eacute;n se aplica a candidatos que no estaban en el poder en el per&iacute;odo anterior.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, hay que definir la utilidad que le produce al ciudadano su respuesta rec&iacute;proca a los actos del candidato. En principio, por simplicidad s&oacute;lo suponemos estrategias puras.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 8: Utilidad del acto rec&iacute;proco del ciudadano</i></p>     <p align="justify">Sea <font face="Symbol">m</font> la plataforma pol&iacute;tica elegida por el candidato. La utilidad que le produce al ciudadano su respuesta rec&iacute;proca a esta elecci&oacute;n del candidato, es:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e24.jpg"></p>     <p align="justify">En cada caso hallamos la diferencia entre el pago real para el candidato y el pago que habr&iacute;a obtenido si el ciudadano hubiese elegido la otra acci&oacute;n. Es decir, <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub> mide qu&eacute; tanto modifica el ciudadano el pago del candidato con su decisi&oacute;n de voto. Es natural suponer, por concurrida que sea la elecci&oacute;n y por insignificante que pueda ser un votante, que dado <font face="Symbol">m</font>, para el candidato u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) – u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A) &gt; 0. Cada voto adicional produce utilidad positiva al pol&iacute;tico, y cuanto m&aacute;s apretada sea una contienda electoral mayor ser&aacute; tal diferencia.</p>     <p align="justify">Con esta estructura te&oacute;rica se puede demostrar una hip&oacute;tesis central del modelo: con preferencias rec&iacute;procas, votar es un acto totalmente racional.</p>     <p align="justify"><i>Teorema 1</i></p>     <p align="justify">Sea <font face="Symbol">m</font> la plataforma que elije el candidato en la primera etapa y supongamos que la elecci&oacute;n es concurrida. Si las preferencias del votante est&aacute;n dadas por u<sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, c<sub>2</sub>) = <font face="Symbol">p</font><sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, c<sub>2</sub>) + <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub><font face="Symbol">j</font><sub>1</sub><font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>, votar es preferible a no votar si hay <i>feedback</i> positivo y</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e25.jpg"></p>     <p align="justify"><i>Demostraci&oacute;n</i></p>     <p align="justify">Supongamos que la elecci&oacute;n del candidato es <font face="Symbol">m &Icirc;</font> {<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>}. El ciudadano preferir&aacute; votar si u<sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) <font face="Symbol">&sup3;</font> u<sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A), o de manera equivalente, si <font face="Symbol">p</font><sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) + <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub><font face="Symbol">j</font><sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>)<font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(V) <font face="Symbol">&sup3; p</font><sub>2</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A) + <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub><font face="Symbol">j</font><sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>)<font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(A). Votar es preferible si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e26.jpg"></p>     <p align="justify">Esta expresi&oacute;n equivale a:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e27.jpg"></p>     <p align="justify">Si existe <i>feedback</i> positivo, B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub> &gt; 0, y si la elecci&oacute;n es concurrida, votar es preferible cuando</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e28.jpg"></p>     <p align="justify">Este teorema muestra que cuanto m&aacute;s importante sea la reciprocidad (<font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>) (m&aacute;s <i>feedback</i> positivo), a mayor intencionalidad percibida en las acciones del candidato (<font face="Symbol">q</font><sub>1</sub>) y mayor cambio en la satisfacci&oacute;n del candidato por un voto adicional, m&aacute;s factible ser&aacute; que el ciudadano vote. El aumento de estos par&aacute;metros lleva a que el sentimiento de reciprocidad compense el costo de votar. Vale la pena hacer tres aclaraciones.</p>     <p align="justify">Primera, un hecho estilizado dif&iacute;cil de objetar es que cuanto m&aacute;s apretada es una elecci&oacute;n votan m&aacute;s personas. &iquest;C&oacute;mo se aprecia este hecho en el modelo? Si las elecciones son re&ntilde;idas, cabe esperar que aumente u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) – u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A). Cada voto empieza a ser m&aacute;s y m&aacute;s importante para el candidato.</p>     <p align="justify">Segunda, otro hecho estilizado evidente en las elecciones es que la concurrencia de votantes es mayor en elecciones presidenciales que en elecciones legislativas. En el modelo, este fen&oacute;meno lo capta el par&aacute;metro <font face="Symbol">q &Icirc;</font> [0, 1], que mide la responsabilidad que el votante atribuye al pol&iacute;tico. En reg&iacute;menes presidencialistas, se suele asignar m&aacute;s responsabilidad al presidente que a un congresista. As&iacute;, luego de observar B<sub>t</sub> y compararlo con a<sub>t-1</sub>, el ciudadano responsabiliza m&aacute;s al presidente por la diferencia entre su aspiraci&oacute;n y su pago real. Esto explica porqu&eacute; m&aacute;s personas votan para presidente.</p>     <p align="justify">Tercera, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando hay <i>feedback</i> negativo? En ese caso, de (4) es claro que al costo de votar se suma un t&eacute;rmino y, por tanto, es m&aacute;s factible que el ciudadano se abstenga. Con <i>feedback</i> negativo se generan sentimientos de reciprocidad negativa y el ciudadano querr&aacute; “castigar” al candidato con la &uacute;nica herramienta que tiene en este modelo: abstenerse<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>. El costo de votar estimula la abstenci&oacute;n, y tambi&eacute;n la reciprocidad negativa. Este resultado se muestra en el teorema siguiente.</p>     <p align="justify"><i>Teorema 2</i></p>     <p align="justify">Si un ciudadano experimenta <i>feedback</i> negativo y la elecci&oacute;n es concurrida, de tal forma que la probabilidad de ser el votante pivotal es cercana a cero, el ciudadano preferir&aacute; abstenerse.</p>     <p align="justify"><i>Demostraci&oacute;n</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Abstenerse es mejor que votar si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e29.jpg"></p>     <p align="justify">Se ha argumentado que cuando la elecci&oacute;n es concurrida, Pr[G|V] – Pr[G|A] = 0. El lado derecho de (5) tiende a cero cuando crece el n&uacute;mero de votantes. Si hay <i>feedback negativo</i>, B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub> &lt; 0 y, por tanto, el lado izquierdo de (5) es positivo. Eso hace que la desigualdad se cumpla.</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo analiza la conducta del votante y no la elecci&oacute;n del candidato ni la escogencia de su plataforma pol&iacute;tica, pero algo se puede decir al respecto. Si <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m<sub>I</sub></font>, c<sub>2</sub>) <font face="Symbol">&sup3;</font> u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, c<sub>2</sub>), para todo c<sub>2</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> {V, A}, y lo contrario si <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>. Por tanto, elegir la plataforma preferida es una estrategia estrictamente dominante para el candidato. En votaciones concurridas, cuando se cumple (4), en el equilibrio rec&iacute;proco<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a> el candidato escoge su plataforma favorita y el ciudadano vota; pero si se satisface (5), en equilibrio el candidato escoge su plataforma favorita y el ciudadano se abstiene.</p>     <p align="justify">Generalicemos estos resultados ampliando el espacio de elecci&oacute;n del candidato e incorporando estrategias mixtas para el ciudadano. Sea <font face="Symbol">m &Icirc;</font> [0, 1] el espacio de plataformas pol&iacute;ticas y <font face="Symbol">w &Icirc;</font> [0, 1] la probabilidad de que el ciudadano vote por el candidato. Los resultados no difieren sustancialmente.</p>     <p align="justify"><i>Teorema 3</i></p>     <p align="justify">Si el ciudadano experimenta <i>feedback</i> positivo y</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e30.jpg"></p>     <p align="justify">votar es preferible a abstenerse.</p>     <p align="justify"><i>Demostraci&oacute;n</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Si el ciudadano vota, la utilidad que genera su acto rec&iacute;proco es <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(V) = u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) –  [<font face="Symbol">w</font>u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V)  + (1 – <font face="Symbol">w</font>)u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A)] = [u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) – u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A)](1 – <font face="Symbol">w</font>). Por tanto, su utilidad es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e31.jpg"></p>     <p align="justify">Si el ciudadano se abstiene, la utilidad de este acto rec&iacute;proco es <font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>(A) = u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A) – [<font face="Symbol">w</font>u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V) + (1 – <font face="Symbol">w</font>)u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A)] = <font face="Symbol">w</font>[u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, A) – u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, V)]. Y su utilidad es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e32.jpg"></p>     <p align="justify">Se puede demostrar que la ganancia neta de votar es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e33.jpg"></p>     <p align="justify">Si existe <i>feedback</i> positivo y si la probabilidad de ser el votante pivotal tiende a cero, una condici&oacute;n suficiente para que votar sea preferible a abstenerse es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e34.jpg"></p>     <p align="justify">lo que completa la prueba.</p>     <p align="justify">Este teorema indica que el sentimiento de reciprocidad puede compensar los costos materiales de votar y que votar es un acto racional. Si comparamos (4) y (6) es claro que al incorporar estrategias mixtas la condici&oacute;n que garantiza el voto del ciudadano es m&aacute;s restrictiva. Esto es una consecuencia del cambio en la utilidad que genera el acto rec&iacute;proco (<font face="Symbol">s</font><sub>2</sub>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Recordemos que el espacio de estrategias del candidato ya no es binario sino continuo. Si suponemos que existe una plataforma <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1] tal que <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> <font face="Symbol">m</font>, para todo <font face="Symbol">m &Icirc;</font> [0, 1], entonces u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font><sup>*</sup>, c<sub>2</sub>) <font face="Symbol">&sup3;</font> u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font>, c<sub>2</sub>) para todo c<sub>2</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> {V, A}. De nuevo, elegir la plataforma preferida es una estrategia estrictamente dominante, y en el equilibrio rec&iacute;proco el candidato elige <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> y el ciudadano vota si se satisface (6), y se abstiene en caso contrario. &iquest;Es una debilidad del modelo que elegir <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> sea una estrategia estrictamente dominante? Si el prop&oacute;sito del presente art&iacute;culo fuera caracterizar a los candidatos, lo ser&iacute;a. Pero como se trata de explicar el comportamiento de los votantes desde la reciprocidad, no es una limitaci&oacute;n. La determinaci&oacute;n de <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> puede ser consecuencia de varios factores, ideol&oacute;gicos u oportunistas, de los candidatos. Incluso las teor&iacute;as del votante mediano pueden ayudar a entender c&oacute;mo se eligen las plataformas.</p>     <p align="justify"><b>EVOLUCI&Oacute;N Y PARADOJA DEL VOTANTE</b></p>     <p align="justify">Hasta ahora, los jugadores tienen racionalidad maximizadora. Hemos supuesto que son capaces de elegir, dentro del conjunto de opciones, la que da el mayor pago (esperado, al incluir estrategias mixtas). Los individuos tienen gran capacidad cognitiva y pueden almacenar y procesar grandes cantidades de informaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; pasa si suponemos no racionalidad? Podr&iacute;amos suponer que est&aacute;n “preprogramados” para jugar estrategias puras. Unos para votar, otros para abstenerse. Esto tiene sentido si aceptamos que, en una poblaci&oacute;n de votantes potenciales, algunas caracter&iacute;sticas innatas podr&iacute;an determinar su “tipo”. Por ejemplo, un militante del partido liberal seguramente es votante activo. Un anarquista quiz&aacute; se abstenga. Algunos j&oacute;venes se abstienen con alta probabilidad. Por tanto, se podr&iacute;a pensar que los ciudadanos son de alg&uacute;n tipo, determinado por la estrategia (pura o mixta) para la que est&aacute;n programados. Asimismo, los candidatos estar&iacute;an programados para elegir una u otra plataforma pol&iacute;tica. Quiz&aacute;s en tal caso esto tenga m&aacute;s sentido. La afiliaci&oacute;n partidista implica que cada candidato asuma una posici&oacute;n preestablecida ante ciertos temas. Quiz&aacute; los grupos econ&oacute;micos y sociales que representa condicionen su postura. El representante de un partido cristiano puede estar “programado” para oponerse al aborto, y un candidato dem&oacute;crata en Estados Unidos para favorecer pol&iacute;ticas redistributivas u oponerse a la guerra en Iraq.</p>     <p align="justify">Los juegos evolutivos multipoblacionales<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a> son un buen escenario para analizar la paradoja del votante con preferencias rec&iacute;procas. En los juegos evolutivos se supone en principio que los individuos est&aacute;n preprogramados para jugar estrategias (Smith, 1982). Al hablar del fenotipo de una especie y su lucha por la supervivencia quiz&aacute;s esto tenga sentido. &iquest;Pero lo tiene en ciencias sociales? Un escenario intermedio, entre esta postura y la “racionalidad maximizadora”, ser&iacute;a m&aacute;s enriquecedor. En particular, los procesos de aprendizaje son fundamentales para entender la evoluci&oacute;n de normas sociales, h&aacute;bitos, patrones culturales e instituciones. Y si bien el acto de votar se podr&iacute;a considerar en algunos casos como un fruto de la raz&oacute;n, tambi&eacute;n es una consecuencia de este tipo de patrones.</p>     <p align="justify">En lo que sigue usamos la din&aacute;mica del replicador propuesta por Taylor y Jonker (1978) para describir la evoluci&oacute;n, en el mediano y el largo plazo, del porcentaje de votantes y abstencionistas. Este enfoque se podr&iacute;a cuestionar porque en la din&aacute;mica original del replicador se supone que los individuos est&aacute;n programados. Sin embargo, varios trabajos muestran que ciertos tipos de aprendizaje producen esa misma din&aacute;mica, como los de Binmore y Samuelson (1997), Borgers y Sarin (1997) o Cabrales (2000).</p>     <p align="justify">Otra posible cr&iacute;tica a este enfoque es que la din&aacute;mica del replicador describe una din&aacute;mica de largo plazo. Incluso al incorporar estabilidad estoc&aacute;stica en el esp&iacute;ritu de Young (1993 y 1998), la din&aacute;mica empieza a ser de “ultra-largo” plazo. Pero el problema de la votaci&oacute;n es un asunto de corto o mediano plazo. Para subsanar estas dificultades, se podr&iacute;a introducir “ruido” a la din&aacute;mica del replicador, lo que har&iacute;a posible modelar jugadores que aprenden en el mediano plazo (Gale, Binmore y Samuelson, 1995).</p>     <p align="justify">Consideremos dos poblaciones numerosas, M y N, compuestas por m candidatos y n ciudadanos. En cada per&iacute;odo se extrae aleatoriamente un jugador de cada poblaci&oacute;n y se empareja con uno de la otra poblaci&oacute;n para interactuar en un juego de estado <font face="Symbol">G</font>, est&aacute;tico de dos jugadores. El conjunto de estrategias puras para el jugador 1, asignado a los jugadores de la poblaci&oacute;n M, es C<sub>1</sub> = {<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>}. Los elementos de C<sub>1</sub> son las dos plataformas pol&iacute;ticas disponibles. Cada jugador de la poblaci&oacute;n M es del tipo c<sub>1</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> C<sub>1</sub>, es decir, los candidatos est&aacute;n programados para elegir alguna plataforma pol&iacute;tica. Por su parte, el conjunto de estrategias puras para el jugador 2, asignado a los miembros de N, es C<sub>2</sub> = {V, A}. Estos jugadores son del tipo c<sub>2</sub> <font face="Symbol">&Icirc;</font> C<sub>2</sub>. De esta manera, los jugadores 2 est&aacute;n programados para votar (V) o abstenerse (A). Los individuos de cada poblaci&oacute;n son emparejados durante un n&uacute;mero indeterminado de per&iacute;odos t = 1, 2,…, y su pago al final de cada per&iacute;odo depende de su tipo y del tipo del otro jugador. La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> representa el juego de estado en el que interact&uacute;an candidatos y ciudadanos.</p>     <p align="justify">Suponemos nuevamente que el jugador 2 tiene preferencias sociales y que experimenta reciprocidad hacia las acciones pasadas del candidato. Por tanto, la funci&oacute;n (3) representa el pago para los jugadores de la poblaci&oacute;n, con todos los par&aacute;metros definidos como en la secci&oacute;n anterior. M&aacute;s adelante analizamos estos pagos en t&eacute;rminos evolutivos. Para el jugador 1, se pueden establecer las siguientes relaciones:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e35.jpg"></p>     <p align="justify"><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Juego de la votaci&oacute;n</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7g3.jpg"></p>     <p align="justify">Es decir, dada la plataforma m elegida por el candidato, su pago es mayor si el ciudadano vota que si se abstiene. Pero, fijando la elecci&oacute;n del ciudadano, &iquest;qu&eacute; plataforma prefiere el candidato? Existen dos posibilidades. Primera, es posible que exista una estrategia <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup> <font face="Symbol">&Icirc;</font> {<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>} estrictamente dominante para el candidato y que, independientemente de que el ciudadano vote o se abstenga, sea mejor elegir <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup>. Supongamos que la votaci&oacute;n es concurrida, tal que Pr[G|V] – Pr[G|A] = 0. En este caso, el equilibrio de Nash con preferencias rec&iacute;procas para el juego de estado implica que el candidato elige <font face="Symbol">m</font><sup>*</sup>, y que el ciudadano vota si 2<font face="Symbol">r</font><sub>2</sub><font face="Symbol">q</font><sub>1</sub>(B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub>)[u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font><sup>*</sup>, V) – u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font><sup>*</sup>, A)] <font face="Symbol">&sup3;</font> c, y se abstiene en caso contrario. &Eacute;ste es precisamente el equilibrio de Nash perfecto en subjuegos de la secci&oacute;n anterior, y se puede demostrar que es el &uacute;nico estado asint&oacute;ticamente estable bajo la din&aacute;mica del replicador.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; ocurre si las preferencias del candidato por las plataformas dependen de la elecci&oacute;n del ciudadano? Por ejemplo, podr&iacute;a elegir la plataforma que prefiere el ciudadano si &eacute;ste vota, y la otra si se abstiene. Supongamos, sin p&eacute;rdida de generalidad y sin sesgos ideol&oacute;gicos, que</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e36.jpg"></p>     <p align="justify">Esto significa que por alg&uacute;n motivo el candidato prefiere elegir <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>  si el ciudadano vota y <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub> si se abstiene. Este supuesto se justifica porque el candidato se interesa en satisfacer un programa o promesa de campa&ntilde;a si el ciudadano vota por &eacute;l, pero este incentivo se debilita cuando el ciudadano se abstiene. Adem&aacute;s, supongamos que:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e37.jpg"></p>     <p align="justify">lo que es plausible por (8). Este supuesto garantiza que el ciudadano prefiera votar si el candidato elige <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>  y abstenerse si elige <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>. Refleja su ideolog&iacute;a o su inter&eacute;s pol&iacute;tico. Por (8), (9) y (10), el juego de estado tiene dos equilibrios de Nash en estrategias puras con preferencias rec&iacute;procas: (<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, V) y (<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, A).</p>     <p align="justify">Sea x <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1] la proporci&oacute;n de individuos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, de la poblaci&oacute;n M de candidatos, 1 – x es la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>. Llamemos y <font face="Symbol">&Icirc;</font> [0, 1] a la proporci&oacute;n de ciudadanos tipo V, y 1 – y a la proporci&oacute;n de ciudadanos tipo A; y indica el porcentaje de ciudadanos que votan y 1 – y el porcentaje de abstenci&oacute;n. Nos interesa analizar la evoluci&oacute;n de estos porcentajes, y para ello usamos la din&aacute;mica del replicador. Sea u<sub>1</sub>(<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, y) la utilidad esperada para un candidato tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> si la proporci&oacute;n de votantes es y, y <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e38.jpg"><sub>1</sub>(x, y) el pago esperado para un candidato extra&iacute;do aleatoriamente de la poblaci&oacute;n M. La ecuaci&oacute;n de r&eacute;plica para los candidatos es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e39.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e40.jpg" align="absmiddle"> es el cambio en la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>. De (11) se puede ver que la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> crecer&aacute; en el tiempo si el pago esperado para los de este tipo es superior al pago promedio. An&aacute;logamente, sean u<sub>2</sub>(x, V) y <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e38.jpg"><sub>2</sub>(x, y) la utilidad esperada para un votante cuando la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> es x, y la utilidad promedio para un ciudadano extra&iacute;do aleatoriamente de la poblaci&oacute;n N, respectivamente. La ecuaci&oacute;n de r&eacute;plica para los ciudadanos es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e41.jpg"></p>     <p align="justify">donde. Esta ecuaci&oacute;n describe la evoluci&oacute;n de la proporci&oacute;n de votantes, que aumenta en el tiempo si el pago esperado es mayor que el pago promedio. Las ecuaciones (11) y (12) definen el sistema din&aacute;mico de este juego entre candidatos y ciudadanos. Para encontrar los equilibrios evolutivos y entender la din&aacute;mica de largo plazo, se buscan los estados asint&oacute;ticamente estables del sistema definido por las ecuaciones de r&eacute;plica<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>. Definamos los siguientes t&eacute;rminos:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e42.jpg"></p>     <p align="justify">Es posible demostrar que la ecuaci&oacute;n de r&eacute;plica para los candidatos es:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e43.jpg"></p>     <p align="justify">y que la de los ciudadanos est&aacute; dada por:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e44.jpg"></p>     <p align="justify">El teorema siguiente describe la din&aacute;mica del sistema, la cual muestra c&oacute;mo evoluciona, en funci&oacute;n de las condiciones iniciales, el porcentaje de votantes y abstencionistas.</p>     <p align="justify"><i>Teorema 4</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sea y la proporci&oacute;n de votantes y x la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>. Las preferencias de los ciudadanos est&aacute;n dadas por (3), la elecci&oacute;n es concurrida, los ciudadanos experimentan <i>feedback</i> positivo y se satisfacen las condiciones (7), (8), (9) y (10); entonces, para el sistema din&aacute;mico del juego de votaci&oacute;n descrito por (13) y (14):</p>     <p align="justify">1. Los vectores de estrategias puras (<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, V) y (<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, A) son estados asint&oacute;ticamente estables.</p>     <p align="justify">2. El vector de proporciones (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>) es un punto de silla, donde</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e45.jpg"></p>     <p align="justify"><i>Demostraci&oacute;n</i></p>     <p align="justify">Busquemos los puntos fijos del sistema din&aacute;mico. De (13), la proporci&oacute;n de candidatos tipo <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> no cambia si x = 0, x = 1 o si</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e46.jpg"></p>     <p align="justify">Y de (14), es claro que la proporci&oacute;n de votantes no cambia cuando y = 0, y = 1, o</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e47.jpg"></p>     <p align="justify">Como la elecci&oacute;n es concurrida, la probabilidad de ser el votante pivotal es cero: Pr[G|V] – Pr[G|A] = 0. Por tanto,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e48.jpg"></p>     <p align="justify">Reemplazando en (15), llegamos a</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e49.jpg"></p>     <p align="justify">Si x &gt; x<sup>*</sup>, <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e50.jpg" align="absmiddle"> y si x &gt; x<sup>*</sup>, <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e51.jpg" align="absmiddle">. Adem&aacute;s, si y &gt; y<sup>*</sup>, <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e52.jpg" align="absmiddle">; mientras que si y &gt; y<sup>*</sup>, <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e53.jpg" align="absmiddle">. Esto permite concluir que (0, 0) y (1, 1) son estados asint&oacute;ticamente estables, que corresponden a los equilibrios de Nash en estrategias puras (<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, A) e (<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, V). Por su parte, el vector (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>) es un punto de silla. La <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a> describe la din&aacute;mica del sistema.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; se puede concluir de estos resultados? En primer lugar, no sorprende que el equilibrio mixto no sea un equilibrio evolutivo, pues en juegos multipoblacionales los equilibrios en estrategias puras son los &uacute;nicos candidatos a estados asint&oacute;ticamente estables. Pero esto no significa que el equilibrio mixto no sea fundamental en el an&aacute;lisis. De hecho, el vector (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>) determina el tama&ntilde;o de las cuencas de atracci&oacute;n de los equilibrios evolutivos (<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, A) y (<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, V). La cuenca de atracci&oacute;n de un equilibrio evolutivo es el conjunto de vectores para los cuales la trayectoria del sistema, si est&aacute; en ellos, tiende a dicho equilibrio. En otras palabras, la din&aacute;mica del replicador muestra que dependiendo de las condiciones iniciales del sistema, es decir, de las proporciones originales de tipos de candidatos y ciudadanos, el sistema converge a un equilibrio de abstencionismo o a uno de votaci&oacute;n total. Esto no significa que en el corto o mediano plazo todos voten o se abstengan. Antes de llegar a uno de los equilibrios de largo plazo, la sociedad puede estar en desequilibrio. El sistema nos indica hacia d&oacute;nde transita la sociedad, y cu&aacute;les son las fuerzas de largo plazo que condicionan las din&aacute;micas de corto y mediano plazo.</p>     <p align="justify"><a name="g4"></a>Gr&aacute;fica 4     <br>Diagrama de fase para el juego de la votaci&oacute;n</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7g4.jpg"></p>     <p align="justify">Cuanto m&aacute;s grandes sean x<sup>*</sup> e y<sup>*</sup>, m&aacute;s peque&ntilde;a ser&aacute; la cuenca de atracci&oacute;n del equilibrio en el que votan los ciudadanos, (<font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>, V). Dada una situaci&oacute;n inicial, una menor cuenca de atracci&oacute;n implica que es menos factible que el sistema converja a este equilibrio. Y en este caso bidimensional, implica una mayor cuenca del otro. Por eso, la cuenca de atracci&oacute;n del equilibrio en el que los ciudadanos se abstienen es mayor y, dadas unas condiciones iniciales, es m&aacute;s factible que las fuerzas del sistema presionen al abstencionismo. De (16), es claro que x<sup>*</sup> crece cuando aumenta c o cuando disminuyen <font face="Symbol">r</font><sub>2</sub>, <font face="Symbol">q</font><sub>1</sub> y (B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub>). Es decir, es menos probable que la din&aacute;mica lleve al equilibrio de votaci&oacute;n plena cuando aumenta el costo de votar o cuando disminuyen la importancia del sentimiento de reciprocidad, la intencionalidad percibida en los resultados o acciones del candidato, y el <i>feedback</i> positivo experimentado por el votante.</p>     <p align="justify">Desde esta perspectiva, las acciones que buscan reducir los costos, como el voto electr&oacute;nico, la instalaci&oacute;n de urnas de votaci&oacute;n menos distantes o los incentivos selectivos para estimular el voto, aumentan la cuenca de atracci&oacute;n del equilibrio en el que ciudadanos votan e inducen un aumento de la proporci&oacute;n de votantes. Si c = C – D, donde c es el costo neto, C el costo bruto y D el beneficio material o sicol&oacute;gico de votar (Riker y Ordeshook, 1968), los incentivos selectivos el d&iacute;a de elecciones aumentan la participaci&oacute;n en el tiempo. Algo similar sucede con el deber c&iacute;vico o la satisfacci&oacute;n personal que sienten los individuos cuando respaldan la democracia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">De manera an&aacute;loga, cuando los candidatos en el poder aumentan el gasto p&uacute;blico o generan sorpresas inflacionarias antes de elecciones, aumentando el producto y reduciendo el desempleo, aumentan el <i>feedback</i> positivo de los ciudadanos B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub>. Al final del mandato se aceleran las obras p&uacute;blicas, se inauguran colegios y hospitales, y el gobernante saliente se muestra amable y jovial en los medios. Esto tambi&eacute;n aumenta la cuenca de atracci&oacute;n del equilibrio de votaci&oacute;n. Y si se percibe que el mejoramiento de las condiciones de vida, o <i>feedback</i> positivo, obedece a las acciones del candidato o del partido del gobierno, aumentan la reciprocidad positiva y la cuenca de atracci&oacute;n de dicho equilibrio. Como vimos, en reg&iacute;menes presidencialistas el par&aacute;metro <font face="Symbol">q</font><sub>1</sub> es mayor para los candidatos presidenciales que para los aspirantes a otros cargos. Por eso las elecciones presidenciales tienen mayores niveles de participaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El papel de la oposici&oacute;n es fundamental. En las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas suele haber esc&aacute;ndalos y debates sobre la honra, la moral y las actuaciones de los candidatos. Un objetivo fundamental de un grupo pol&iacute;tico que no est&aacute; en el poder es disminuir el <i>feedback</i> positivo que experimentan los ciudadanos hacia el grupo que est&aacute; en el poder. En nuestro modelo, estas pr&aacute;cticas tienden a reducir el t&eacute;rmino B<sub>t</sub> – a<sub>t-1</sub> de un candidato en el poder, lo que incrementa x<sup>*</sup> y reduce la cuenca de atracci&oacute;n del equilibrio de votantes. Cuando Alan Garc&iacute;a aspir&oacute; a un segundo mandato, le recordaron continuamente los episodios de hiperinflaci&oacute;n de su primer mandato, y a &Aacute;lvaro Uribe, sus presuntos v&iacute;nculos con grupos ilegales. Se podr&iacute;an citar muchos otros ejemplos. Basta analizar un debate televisado entre candidatos.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; pasa si hay <i>feedback</i> negativo? En ese caso x<sup>* </sup>&lt; 0 y el vector de proporciones (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>) pierde validez intuitiva. Es posible entonces mostrar que el &uacute;nico equilibrio evolutivo es (<font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, A). Los ciudadanos se abstienen de votar por los candidatos que empeoraron sus condiciones de vida. Esto no quiere decir que en el corto y el mediano plazo no se vote, s&oacute;lo significa que la din&aacute;mica de largo plazo presiona a que se vote cada vez menos por desencanto con los gobiernos. El <i>feedback</i> negativo implica escepticismo, y &eacute;ste implica abstenci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">Estudios recientes sobre el comportamiento electoral sugieren que la percepci&oacute;n ciudadana acerca de los candidatos es fundamental para entender las decisiones de voto. Hoskin et al. (2005) afirman:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Las variables sociodemogr&aacute;ficas, las percepciones del contexto econ&oacute;mico, la identificaci&oacute;n partidista y la ideolog&iacute;a de los votantes no son variables clave para explicar su decisi&oacute;n electoral. En contraste, la percepci&oacute;n que se tiene de los candidatos y la importancia de los temas del debate electoral son fundamentales. Son factores en los que se refleja el papel de los medios de comunicaci&oacute;n y las t&eacute;cnicas modernas utilizadas en las campa&ntilde;as.</p> </blockquote>     <p align="justify">Al parecer, en otras &eacute;pocas, el ingreso, el nivel de educaci&oacute;n, la raza o el g&eacute;nero ayudaban a entender porqu&eacute; algunos ciudadanos votaban y otros no. La filiaci&oacute;n partidista explicaba por qui&eacute;n se votaba. Pero estudios como el de Hoskin et al., basado en las elecciones presidenciales de 2002 en Colombia, sugieren que los votantes ya no son prisioneros de variables sociodemogr&aacute;ficas, sino que sus decisiones de voto obedecen a su percepci&oacute;n de los candidatos. Estos hallazgos refuerzan la hip&oacute;tesis de este art&iacute;culo. En un entorno en el que la percepci&oacute;n de los candidatos explica porqu&eacute; y por qui&eacute;n se vota, sentimientos morales como la reciprocidad fuerte adquieren mayor importancia.</p>     <p align="justify">En el estudio de la conducta del votante, la “escuela sociol&oacute;gica” de ciencia pol&iacute;tica (Berelson et al., 1954) subraya la importancia de variables demogr&aacute;ficas, econ&oacute;micas, sociales y culturales: el proceso de socializaci&oacute;n en la familia y el entorno, la edad, la raza, el g&eacute;nero o el nivel de ingreso condicionan fuertemente el comportamiento electoral. El modelo evolutivo que se present&oacute; en este art&iacute;culo se apoya en estos planteamientos. Los rasgos sociodemogr&aacute;ficos corresponden al “tipo” de cada individuo. Pero la evoluci&oacute;n de cada tipo depende de la percepci&oacute;n de los candidatos, el sentimiento de reciprocidad, el desempe&ntilde;o de los gobiernos, los costos de votar, los incentivos selectivos y el beneficio de ir a las urnas.</p>     <p align="justify">No obstante, los hallazgos recientes refuerzan la creencia de que los factores de entorno son cada vez menos determinantes y que la elecci&oacute;n de los votantes es cada vez m&aacute;s racional. &iquest;Qu&eacute; entendemos por racionalidad? Que los individuos sean racionales no implica necesariamente que sus preferencias sean ego&iacute;stas. Hemos discutido a fondo el papel de las preferencias sociales en el comportamiento de los votantes. Ese es un primer aporte. En segundo lugar, y no menos importante, que los ciudadanos tomen decisiones racionales no implica que tengan gran capacidad cognitiva, como se suele suponer. Suponer votantes que maximizan la utilidad esperada<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a> o minimizan el m&aacute;ximo arrepentimiento (Riker y Ordeshook, 1968) exige mucho a los agentes. Tal vez por eso algunas predicciones no son satisfactorias. El enfoque evolutivo que aqu&iacute; se propone es &uacute;til porque da cuenta de los complejos fen&oacute;menos de aprendizaje que llevan a que los individuos adapten su comportamiento. Por eso es imperativo ir m&aacute;s all&aacute; de la din&aacute;mica de largo plazo que describen las ecuaciones de r&eacute;plica, para descubrir las din&aacute;micas de corto y mediano plazo impl&iacute;citas en estos procesos pol&iacute;ticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En su estudio sobre el comportamiento electoral en elecciones presidenciales en Colombia, entre 1974 y 2002, Losada et al. (2004) analizan los porcentajes de participaci&oacute;n y de abstenci&oacute;n. Con respecto a la poblaci&oacute;n en edad de votar, la participaci&oacute;n promedio fue del 46,6% entre 1974 y 1990, y del 37,4% entre 1994 y 2002. &iquest;Qu&eacute; explica este aumento de la abstenci&oacute;n? La crisis de los partidos tradicionales, la infiltraci&oacute;n de dineros del narcotr&aacute;fico en la pol&iacute;tica y los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n generaron un <i>feedback</i> negativo en los ciudadanos. Si el voto de opini&oacute;n se hizo m&aacute;s influyente, lo que acent&uacute;a la incidencia del sentimiento de reciprocidad fuerte en la decisi&oacute;n de voto, y si la imagen de los pol&iacute;ticos fue desfavorable debido a los hechos mencionados, no sorprende que la participaci&oacute;n haya disminuido.</p>     <p align="justify">El estudio tambi&eacute;n muestra que en las elecciones legislativas los porcentajes de participaci&oacute;n fueron menores que en las elecciones presidenciales, como predice el modelo. Un hecho interesante de las elecciones de 2002 es el de los porcentajes de participaci&oacute;n por regi&oacute;n y municipio. Los municipios en los que la guerrilla de las FARC tiene influencia, en especial en el suroriente del pa&iacute;s, tuvieron altos &iacute;ndices de abstenci&oacute;n. En cambio, los municipios con influencia paramilitar tuvieron altas tasas de participaci&oacute;n. Estos resultados indican que los grupos ilegales tienen una influencia no despreciable en la decisi&oacute;n de voto. En algunas regiones, los ciudadanos quiz&aacute; son obligados a votar por un candidato particular, y en otras se les proh&iacute;be votar. Esto altera el an&aacute;lisis pues modifica los incentivos para votar o abstenerse. Cuando un grupo armado proh&iacute;be votar, el costo C del modelo se incrementa y de nada sirven los sentimientos de reciprocidad para compensar esto. Y si un grupo armado promueve el voto por un candidato, D aumenta e incrementa la participaci&oacute;n. Para analizar casos como el colombiano es conveniente formalizar de manera m&aacute;s expl&iacute;cita el papel de los grupos ilegales en la decisi&oacute;n de voto.</p>     <p align="justify">Los colombianos de comienzos y mediados del siglo XX votaban o no seg&uacute;n su filiaci&oacute;n partidista y sus rasgos sociodemogr&aacute;ficos. El voto era un h&aacute;bito. A medida que terminaba el siglo, la proporci&oacute;n de votantes independientes aument&oacute;, la filiaci&oacute;n tradicional disminuy&oacute; y el papel de las ideolog&iacute;as y las caracter&iacute;sticas innatas de los ciudadanos se atenu&oacute;. El voto de opini&oacute;n se torn&oacute; m&aacute;s importante. Pero en el sistema pol&iacute;tico colombiano, en donde las redes de clientela y los grupos armados tienen gran poder, es ingenuo explicar el acto de votar con la l&oacute;gica del <i>homo economicus</i>. El desaf&iacute;o es ir m&aacute;s all&aacute;.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Para Downs (1957), B = E[U<sup>1</sup><sub>t + 1</sub>] – E[U<sup>2</sup><sub>t + 1</sub>], donde E[U<sup>1</sup><sub>t + 1</sub>] es la utilidad esperada del ciudadano en t + 1, cuando se elije a su candidato preferido en t. E[U<sup>2</sup><sub>t + 1</sub>] es la utilidad esperada cuando se elije al candidato rival. As&iacute;, el beneficio es la utilidad cuando se elije a su candidato favorito menos la utilidad si se elije al rival, todo en t&eacute;rminos esperados. Si el ciudadano prefiere al candidato 1, es natural suponer que E[<sup>1</sup><sub>t + 1</sub>] &gt; E[<sup>2</sup><sub>t + 1</sub>] y, por tanto, B &gt; 0.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Suponiendo que la utilidad del ciudadano cuando se elije al candidato que no prefiere es cero.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. La diferencia entre B y D es que este &uacute;ltimo no depende de que el candidato preferido por el ciudadano sea elegido. Es un beneficio derivado exclusivamente del acto de votar.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Descuentos en matr&iacute;culas universitarias, bienes o servicios, promociones en almacenes y supermercados, d&iacute;as laborales libres, etc. El dinero recibido por vender el voto (as&iacute; sea ilegal), la comida, la fiesta o las bebidas “ofrecidas” el d&iacute;a de elecciones, o la satisfacci&oacute;n de no ser agredido o asesinado cuando ciertos agentes obligan a votar por un candidato.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Es necesario diferenciar entre elecciones en condiciones de riesgo y de incertidumbre. En condiciones de riesgo es posible asignar probabilidades a los diferentes estados de la naturaleza. En condiciones de incertidumbre no es posible asignar o determinar dichas probabilidades. Por ello, si votar o abstenerse es un problema de elecci&oacute;n en condiciones de incertidumbre, el criterio de maximizar la utilidad esperada no es pertinente, lo que da cabida a otros criterios, como el de minimizar el m&aacute;ximo arrepentimiento. Ver Luce y Raiffa (1957).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Ver Falk y Fischbacher (2006a), Gintis et al. (2006) y Bowles (2003).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Ver Guth y Tietz (1990), Roth et al. (1991) y Camerer y Thaler (1995).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Preferencias masoquistas o asc&eacute;ticas implicar&iacute;an una disminuci&oacute;n de la utilidad ante incrementos de los pagos, pero aqu&iacute; no nos interesan.</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Grupos de cazadores-recolectores, horticultores, n&oacute;madas y agricultores.</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Para una introducci&oacute;n a los juegos no cooperativos en forma extensiva y a los juegos din&aacute;micos, ver Monsalve y Ar&eacute;valo (2005).</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Transitividad significa que para todo tr&iacute;o de nodos x<sup>1</sup>, x<sup>2</sup>, x<sup>3</sup> <font face="Symbol">&Icirc;</font> X, si x<sup>1</sup> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> x<sup>2</sup>, y x<sup>2 <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> </sup> x<sup>3</sup>, entonces x<sup>1 <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> </sup> x<sup>3</sup>. Asimetr&iacute;a significa que para todo par x<sup>1</sup>, x<sup>2 </sup><font face="Symbol">&Icirc;</font> X, si x<sup>1</sup> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"> x<sup>2</sup>, entonces ~(x<sup>2</sup>  <sup><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e8.jpg"></sup> x<sup>1</sup>), es decir, si un nodo precede a otro, no es posible lo contrario.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. En las funciones de pago se usan las creencias de primero y segundo orden del jugador i, porque la amabilidad que percibe en la acci&oacute;n de j es una percepci&oacute;n sicol&oacute;gica de lo que cree que piensa y hace el otro.</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Un subjuego de un juego en forma extensiva <font face="Symbol">G</font> es una parte de <font face="Symbol">G</font> que se puede representar como un juego aparte. Ver Monsalve y Ar&eacute;valo (2005).</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. Por simplicidad, en este caso s&oacute;lo el jugador 2 tiene preferencias de este tipo, el jugador 1 no condiciona su comportamiento rec&iacute;proco a acciones e intenciones previas del jugador 2.</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Podr&iacute;amos hablar de ego&iacute;smo, pero por las ambig&uuml;edades que suscita ese t&eacute;rmino es preferible hablar de inter&eacute;s propio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Suponemos que el espacio de plataformas pol&iacute;ticas es binario. Es deseable, por supuesto, generalizar el an&aacute;lisis a un espacio continuo, en el que la plataforma sea <font face="Symbol">m &Icirc;</font> [0, 1], donde 0 y 1 son los extremos del espectro pol&iacute;tico. Esto se hace m&aacute;s adelante.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. Es decir, <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"> <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>, o <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub>  <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"> <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> o ambas, en cuyo caso el candidato es indiferente entre las dos plataformas. Definimos as&iacute; la relaci&oacute;n de indiferencia ~: <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub> ~ <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub> <font face="Symbol">&Ucirc; m</font><sub>I</sub> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"> <font face="Symbol">m</font><sub>D</sub> <font face="Symbol">&Ugrave; m</font><sub>D</sub>  <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a7e14.jpg"><sub>1</sub> <font face="Symbol">m</font><sub>I</sub>.</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Para estudiar el impacto de la reciprocidad sobre la intenci&oacute;n de voto es fundamental incorporar m&aacute;s candidatos y la opci&oacute;n “votar por el otro”. Esto es importante cuando se incorporan sentimientos de reciprocidad negativa.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. Si llamamos p(v) a la probabilidad de ser el votante pivotal en funci&oacute;n del n&uacute;mero de votantes v, es de esperar que p&rsquo;(.) &lt; 0. De hecho, si suponemos que todos los votantes tienen la misma importancia, el valor de Shapley (1953) correspondiente a un juego cooperativo de votaci&oacute;n implica p = 1/v (Riker y Ordeshook, 1968). Good y Mayer (1975), Chamberlain y Rothchild (1981) y Edlin et al. (2005) muestran porqu&eacute; esta probabilidad disminuye con el n&uacute;mero de votantes. Riker y Ordeshook (1968) sostienen que la probabilidad subjetiva de ser el votante pivotal no tiende necesariamente a cero cuando el n&uacute;mero de votantes es grande.</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. O hacia un partido en el poder, en el caso de reg&iacute;menes sin reelecci&oacute;n inmediata.</p>     <p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Se puede suponer que su segunda acci&oacute;n disponible es “votar por otro o abstenerse”, lo que generalizar&iacute;a el an&aacute;lisis. Pero esto no es pertinente porque los pagos por abstenerse pueden diferir considerablemente de los pagos por votar por otro candidato.</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. Ver la definici&oacute;n 5.</p>     <p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. Para una introducci&oacute;n a los juegos evolutivos ver Weibull (1995) y Gintis (2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n24" name="24">24</a>. Sea <i>f</i>(x, y) un sistema din&aacute;mico en dos dimensiones. Un punto fijo de <i>f</i> es un vector (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>), tal que <i>f</i>(x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>) = 0. Sea B<font face="Symbol"><sub>e</sub></font>(x, y) una bola abierta de radio <font face="Symbol">e</font> &gt; 0 con centro en (x, y). Un punto fijo de <i>f</i>, (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>), es asint&oacute;ticamente estable si existe un <font face="Symbol">e</font> &gt; 0 tal que para todo (x, y) <font face="Symbol">&Icirc;</font> B<font face="Symbol"><sub>e</sub></font>(x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>), lim<sub>t <font face="Symbol">&reg; &yen;</font></sub> (x<sub>t</sub>, y<sub>t</sub>) = (x<sup>*</sup>, y<sup>*</sup>). De esta manera, si un sistema din&aacute;mico “cae” en un estado asint&oacute;ticamente estable, permanece ah&iacute; a trav&eacute;s del tiempo, por ser un punto fijo. Y si el sistema est&aacute; lo suficientemente cerca del estado asint&oacute;ticamente estable, tender&aacute; a caer en &eacute;l.</p>     <p align="justify"><a href="#n25" name="25">25</a>. Como hacen Downs (1957), Tullok (1968), Ferejohn y Fiorina (1974), Palfrey y Rosenthal (1983 y 1985) y Medina (2006).</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Aldrich, J. “Rational Choice and Turnout”, <i>American Journal of Political Science</i> 37, 1993, pp. 246-278.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0124-5996200700010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Bendor. J.; S. Kumar y D. Siegel. “Adaptively Rational Retrospective Voting”, mimeo, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0124-5996200700010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Berelson, B.; P. Lazarsfeld y W. McPhee. <i>Voting</i>, Chicago, Chicago University Press, 1954.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0124-5996200700010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bewley, T. “Fairness, Reciprocity, and Wage Rigidity”, Gintis et al., eds., <i>Moral Sentiments and Material Interest</i>, Cambridge, MIT Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0124-5996200700010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Binmore, K. y L. Samuelson. “Muddling Through: Noisy Equilibrium Selection”, <i>Journal of Economic Theory</i> 74, 1997, pp. 235-266.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0124-5996200700010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Borgers, T. y R. Sarin. “Learning through Reinforcement and Replicator Dynamics”, <i>Journal of Economic Theory</i> 77, 1997, pp. 1-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0124-5996200700010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Bowles, S. <i>Microeconomic: Behavior, Institutions and Evolution</i>, Princeton, Princeton University Press, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0124-5996200700010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Cabrales, A. “Stochastic Replicator Dynamics”, <i>International Economics Review</i> 41, 2000, pp. 451-481.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0124-5996200700010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Camerer, C. y R. Thaler. “Ultimatums, Dictators and Manners”, <i>Journal of Economic Perspectives</i> 9, 1995, pp. 209-219.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0124-5996200700010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Chamberlain, G. y M. Rothchild. “A Note on the Probability of Casting a Decisive Vote”, <i>Journal of Economic Theory</i> 25, 1981, pp. 152-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0124-5996200700010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Charness, G. y M. Rabin. “Understanding Social Preferences with Simple Tests”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 117, 2002, pp. 817-869.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0124-5996200700010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Downs, A. <i>An Economic Theory of Democracy</i>, New York, Harper &amp; Row, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0124-5996200700010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Dufwenberg, M. y G. Kirchsteiger. “A Theory of Sequential Reciprocity”, <i>Games and Economic Behavior</i> 47, 2004, pp. 268-298.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0124-5996200700010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Edlin, A.; A. Gelman y N. Kaplan. “Voting as a Rational Choice: Why and How People Vote to Improve the Well-being of Others”, <i>Working Paper</i> 208, Berkeley Program in Law &amp; Economics, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0124-5996200700010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Falk, A. y U. Fischbacher. “Modeling Strong Reciprocity”, Gintis et al., eds., <i>Moral Sentiments and Material Interest</i>, Cambridge, MIT Press, 2006a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0124-5996200700010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Falk, A. y U. Fischbacher. “A Theory of Reciprocity”, <i>Games and Economic Behavior</i> 54, 2006b, pp. 293-315.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000299&pid=S0124-5996200700010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Fehr, E. y A. Falk. “Wage Rigidities in a Competitive, Incomplete Contract Market”, <i>Journal of Political Economy</i> 107, 1999, pp. 106-134.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0124-5996200700010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Ferh, E. y K. Schmidt. “A Theory of Fairness, Competition and Cooperation”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 114, 1999, pp. 817-868.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000301&pid=S0124-5996200700010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Ferejohn, J. y M. Fiorina. “The Paradox of Not Voting: A Decision Theoretic Analysis”, <i>American Political Science Review</i> 68, 1974, pp. 525-536.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0124-5996200700010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Fong, C.; S. Bowles y H. Gintis. “Reciprocity and the Welfare State”, Gintis et al., eds., <i>Moral Sentiments and Material Interest</i>, Cambridge, MIT Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0124-5996200700010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Gale, J.; K. Binmore y L. Samuelson. “Learning To Be Imperfect”, <i>Games and Economics Behavior</i> 8, 1995, pp. 56-90.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0124-5996200700010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Geanakoplos, J.; D. Pearce y E. Stacchetti. “Psychological Games and Sequential Rationality”, <i>Games and Economics Behavior</i> 1, 1989, pp. 60-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0124-5996200700010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Gintis, H. <i>Game Theory Evolving</i>, Princeton, Princeton University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0124-5996200700010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Gintis, H.; S. Bowles; R. Boyd y E. Ferh. <i>Moral Sentiments and Material Interest</i>, Cambridge, MIT Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0124-5996200700010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Good, I. y L. Mayer. “Estimating the Efficacy of a Vote”, <i>Behavioral Science</i> 20, 1957, pp. 25-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0124-5996200700010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Guth, W. y R. Tiestz. “Ultimatum Bargaining Behavior: A Survey and Comparison of Experimental Results”, <i>Journal of Economic Psychology</i> 11, 1990, pp. 417-449.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0124-5996200700010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Harsanyi, J. y R. Selten. <i>A General Theory of Equilibrium Selection</i>, Cambridge, MIT Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0124-5996200700010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Henrich, J.; R. Boyd; S. Bowles; C. Camerer; E. Fehr y H. Gintis. <i>Foundations of Human Sociality: Ethnography and Experiments in Fifteen Small-scale Societies</i>, Oxford, Oxford University Press, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000311&pid=S0124-5996200700010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Hoskin, G.; R. Mas&iacute;as y M. Galvis. “Modelos de decisi&oacute;n electoral y perfiles de votante en Colombia: elecciones presidenciales 2002”, <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i> 55, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000312&pid=S0124-5996200700010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Ledyard, J. “The Pure Theory of Two-candidate Elections”, <i>Public Choice</i> 44, 1984, pp. 7-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000313&pid=S0124-5996200700010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Levine, D. “Modeling Altruism and Spitefulness in Experiments”, <i>Review of Economic Dynamics</i> 1, 1998, pp. 593-622.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000314&pid=S0124-5996200700010000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Losada, R.; F. Giraldo y P. Mu&ntilde;oz. <i>Atlas sobre las elecciones presidenciales en Colombia. 1974-2002</i>, Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000315&pid=S0124-5996200700010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Luce, D. y H. Raiffa. <i>Games and Decision: Introduction and Critical Survey</i>, New York, John Wiley &amp; Sons, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000316&pid=S0124-5996200700010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Medina, L. F. “Formalizing Common Sense in the Theory of Collective Action”, University of Virginia, mimeo, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000317&pid=S0124-5996200700010000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Monsalve, S. y J. Ar&eacute;valo. <i>Un curso de teor&iacute;a de juegos cl&aacute;sica</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000318&pid=S0124-5996200700010000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Palfrey, T. y H. Rosenthal. “A Strategic Calculus of Voting”, <i>Public Choice</i> 41, 1983, pp. 7-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000319&pid=S0124-5996200700010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Palfrey, T. y H. Rosenthal. “Voter Participation and Strategic Uncertainty”, <i>American Political Science Review</i> 79, 1985, pp. 62-78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000320&pid=S0124-5996200700010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Rabin, M. “Incorporating Fairness into Game Theory and Economics”, <i>American Economic Review</i> 83, 1993, pp. 1281-1302.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000321&pid=S0124-5996200700010000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Riker, A. y P. Ordershook. “A Theory of the Calculus of Voting”, <i>American Political Science Review</i> 62, 1968, pp. 25-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000322&pid=S0124-5996200700010000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Roth, A.; V. Prasnikar; M. Okuno-Fujiwara y S. Zamir. “Bargaining and Market Behavior in Jerusalem, Ljubljana, Pittsburg, and Tokyo: An Experimental Study”, <i>American Economic Review</i> 81, 1991, pp. 1068-1095.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000323&pid=S0124-5996200700010000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Scharm, A. y F. van Winden. “Why People Vote: Free Riding and the Production and Consumption of Social Pressure”, <i>Journal of Economic Psychology</i> 12, 1991, pp. 575-620.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000324&pid=S0124-5996200700010000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Selten, R. “Reexamination of the Perfectness Concept for Equilibrium Points in Extensive Games”, <i>International Journal of Game Theory</i> 4, 1975, pp. 25-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000325&pid=S0124-5996200700010000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Shapley, L. “A Value for n-Person Games”, <i>Annals for Mathematics Study</i> 28, 1953, pp. 307-317.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000326&pid=S0124-5996200700010000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Smith, J. M. <i>Evolution and the Theory of Games</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000327&pid=S0124-5996200700010000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Taylor, P. y L. Jonker. “Evolutionary Stable Strategies and Game Dynamics”, <i>Mathematical Biosciences</i> 40, 1978, pp. 145-156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000328&pid=S0124-5996200700010000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Tullok, G. <i>Toward a Mathematics of Politics</i>, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000329&pid=S0124-5996200700010000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Weibull, J. <i>Evolutionary Game Theory</i>, Cambridge, MIT Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000330&pid=S0124-5996200700010000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Young, H. “The Evolution of Conventions”, <i>Econometrica</i> 61, 1993, pp. 57-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000331&pid=S0124-5996200700010000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Young, H. <i>Individual Strategy and Social Structure: An Evolutionary Theory of Institutions</i>, Princeton, Princeton University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000332&pid=S0124-5996200700010000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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