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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL INSTITUCIONALISMO NORTEAMERICANO: ORÍGENES Y PRESENTE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>EL INSTITUCIONALISMO NORTEAMERICANO: OR&Iacute;GENES Y PRESENTE</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>AMERICAN INSTITUTIONALISM: ORIGINS AND PRESENT</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Paulo Reis Mour&atilde;o</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor asistente del Departamento de Econom&iacute;a de la Universidad de Minho, Braga, Portugal, <a href="mailto:paulom@eeg.uminho.pt">paulom@eeg.uminho.pt</a> Agradezco a un comentarista an&oacute;nimo de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> las sugerencias que procur&eacute; incorporar en esta versi&oacute;n. Documento original en portugu&eacute;s. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Las limitaciones que subsistan son de mi total responsabilidad. Fecha de recepci&oacute;n: 28 de junio de 2006, fecha de modificaci&oacute;n: 1.<sup>o</sup> de agosto de 2006, fecha de aceptaci&oacute;n: 15 de diciembre de 2006.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br>El presente trabajo surgi&oacute; de una discusi&oacute;n en clase de Historia Econ&oacute;mica. Un alumno me abord&oacute; cuando encontr&oacute; t&eacute;rminos tales como institucionalistas, nuevos institucionalistas e institucionalistas norteamericanos en un documento de trabajo. Su duda se relacionaba con la precisi&oacute;n de los t&eacute;rminos: &iquest;todos se refer&iacute;an al mismo significado? Mi respuesta inmediata fue “no”. Y le promet&iacute; m&aacute;s detalles y mayor claridad en una nota que escribir&iacute;a con ese fin. El resultado de ese compromiso es este escrito.</p>     <p align="justify">Como respuesta de clase es un tanto extensa. No obstante, procur&eacute; que los alumnos, sobre todo los de los cursos de Historia del Pensamiento Econ&oacute;mico, pudieran reflexionar sobre una corriente econ&oacute;mica –el institucionalismo– que abri&oacute; un extenso campo de discusi&oacute;n en lo que es m&aacute;s fundamental para la ciencia econ&oacute;mica, elaborando un texto preciso en el qu e encontraran referencias para una discusi&oacute;n m&aacute;s amplia. Aunque sea muy simplista esbozar una definici&oacute;n del institucionalismo, por razones pr&aacute;cticas aqu&iacute; se lo identifica con una escuela de pensamiento econ&oacute;mico, el institucionalismo nortea mericano, que siguiendo la huella de los fundadores –Veblen, Commons y Mitchell– rechaza la racionalidad ilimitada de los agentes as&iacute; como los m&oacute;viles del comportamiento en que se basa la maximizaci&oacute;n de la utilidad individual. En la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> se publicaron algunos art&iacute;culos relevantes sobre esta problem&aacute;tica, como los de Rodr&iacute;guez (2001) y Nelson y Sampat (2001).</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, se confrontan algunas opiniones contrarias a las de los autores institucionalistas que seg&uacute;n algunos fueron grandes renovadores del pensamiento y de la metodolog&iacute;a econ&oacute;mica, y seg&uacute;n otros no pasaron de ser sectarios heterodoxos.</p>     <p align="justify">La importancia de este tema est&aacute; ligada al intento de entender mejor las actuales tendencias del pensamiento econ&oacute;mico, porqu&eacute; persisten ideas de esta corriente y porqu&eacute; las utilizan algunos autores, incluso antag&oacute;nicos, como los neocl&aacute;sicos.</p>     <p align="justify">La nota comienza con una breve ubicaci&oacute;n hist&oacute;rica, luego expone las ideas maestras del institucionalismo norte americano en la concepci&oacute;n original, donde sobresalieron Veblen, Mitchell y Commons, para terminar el &ldquo;<i>opus</i>” tem&aacute;tico con una s&iacute;ntesis de la visi&oacute;n de “disc&iacute;pulos” actuales como Galbraith y Heilbroner. Por &uacute;ltimo, se presentan las conclusiones.</p>     <p align="justify"><b>LOS OR&Iacute;GENES DEL INSTITUCIONALISMO NORTE AMERICANO: EL HISTORICISMO</b></p>     <p align="justify">Esta secci&oacute;n examina el contexto metodol&oacute;gico del institucionalismo norteamericano. Como indican Taylor (1990, 120) y von Mises (1957), la comparaci&oacute;n hist&oacute;rica como m&eacute;todo preferencial de an&aacute;lisis cient&iacute;fico de la sociedad tuvo diversos adeptos en el siglo XIX, entre ellos economistas como Sismondi, Saint-Simon y List. Incluso Marx, como muestra Ollman (1993), combin&oacute; la abstracci&oacute;n y la deducci&oacute;n con la historia en diversos momentos de su reflexi&oacute;n. Fue, pues, en un ambiente donde Hegel, Comte y Savigny imperaban metodol&oacute;gicamente que se empez&oacute; a desarrollar, en Alemania, una concepci&oacute;n diferente de la econom&iacute;a: la escuela hist&oacute;rica<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Desde entonces, los “historicistas” critican la importancia que los cl&aacute;sicos dan a las abstracciones y generalizaciones. Para ellos, los pueblos, en permanente transformaci&oacute;n, modifican sus instituciones en este proceso y, con ellas, el mismo conocimiento cient&iacute;fico, que no se puede encajar como algo terminado en modelos est&aacute;ticos; de modo que para esos estudiosos era escandaloso someterse a las ideas universalistas de los cl&aacute;sicos, y defend&iacute;an, en cambio, una especie de adaptaci&oacute;n permanente a las circunstancias del medio y de sus variaciones. Los hechos sociales s&oacute;lo se pod&iacute;an entender debidamente con la contribuci&oacute;n de la ciencia hist&oacute;rica.</p>     <p align="justify">Suger&iacute;an, por ello, una actitud relativista frente al conocimiento, reconociendo la permanente transformaci&oacute;n de las personas, las instituciones y las ideas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los liberales de la segunda mitad del siglo XIX, quiz&aacute; con excepci&oacute;n de John Stuart Mill, no se mostraron permeables a la introducci&oacute;n de grandes cambios epistemol&oacute;gicos y metodol&oacute;gicos. Los historicistas encontraron entonces la oportunidad de aparecer en los estrados universitarios como abogados de un orden que sorprend&iacute;a, no s&oacute;lo por los avances continuos de la t&eacute;cnica sino tambi&eacute;n por las diversas revoluciones cient&iacute;ficas.</p>     <p align="justify">El “historicismo” fue entonces una corriente de pensamiento econ&oacute;mico que intent&oacute; conciliar la historia con la econom&iacute;a y la sociolog&iacute;a, en una rica mezcla de esp&iacute;ritu insumiso, pero tambi&eacute;n lleno de contradicciones internas, que lo ramificaron en varias vertientes.</p>     <p align="justify">Una de ellas, la m&aacute;s vigorosa seg&uacute;n autores como Brue (2000), fue el institucionalismo norte americano, que hoy tiene seguidores que gozan de prestigio entre los economistas.</p>     <p align="justify"><b>LAS PRINCIPALES DUDAS DEL INSTITUCIONALISMO NORTE AMERICANO</b></p>     <p align="justify">Como se&ntilde;ala Taylor (1990, 127), la influencia de la “nueva escuela hist&oacute;rica” en Am&eacute;rica del Norte, sobre todo del pensamiento de Sch&auml;ffle, dio lugar en ese contexto acad&eacute;mico a la aparici&oacute;n de la corriente de pensamiento econ&oacute;mico que se identificar&iacute;a como institucionalismo norte americano, donde sobresalieron figuras importantes como Veblen, Mitchell y Commons.</p>     <p align="justify">En contra del determinismo del mercado, estos autores consideraban que los factores sicol&oacute;gicos eran determinantes preponderantes de los fen&oacute;menos econ&oacute;micos y, por tanto, recurr&iacute;an preferentemente a la inducci&oacute;n en detrimento de la l&oacute;gica ortodoxa, para lograr una visi&oacute;n de las agrupaciones y de las instituciones m&aacute;s adecuada que la del <i>homo economicus</i>individualista del marginalismo. Difer&iacute;an incluso de los cl&aacute;sicos y de los socialistas porque, en vez de preocuparse por el valor del trabajo, hac&iacute;an &eacute;nfasis en los efectos previsibles de la producci&oacute;n sobre el mercado. As&iacute; las instituciones –&oacute;rdenes abstractos independientes de los individuos que ayudan a facilitarles el logro de sus objetivos (Prats, 2001)– son las que gu&iacute;an el mercado. Commons (1989, 192) lleg&oacute; a denominar “instituci&oacute;n” a toda acci&oacute;n colectiva que controla, libera y ampl&iacute;a la acci&oacute;n individual. Esta variante fue un est&iacute;mulo para los estudios realistas y monogr&aacute;ficos, y para que se prestara mayor atenci&oacute;n a las condiciones reales de la vida econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Parafraseando a Commons (citado en Taylor, 1990, 128), una descripci&oacute;n aproximada de la propuesta institucionalista estipula:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El tema central de la econom&iacute;a debe ser el comportamiento; el comportamiento frente a los precios es importante, pero s&oacute;lo cuando se lo considera como parte del comportamiento econ&oacute;mico general. [...] como elemento fundamental del an&aacute;lisis se debe considerar el papel de las costumbres, de los h&aacute;bitos y de las leyes en la organizaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica [donde constatamos tambi&eacute;n el importante papel de la evoluci&oacute;n del derecho en esta problem&aacute;tica] [...] se debe dejar de lado el concepto de equilibrio econ&oacute;mico normal como base del proceso econ&oacute;mico, y se debe dejar de considerar que los desequilibrios econ&oacute;micos son desviaciones de una estabilidad anterior; el an&aacute;lisis de la vida econ&oacute;mica ha de tener en cuenta las afinidades entre las diversas ciencias sociales.</p> </blockquote>     <p align="justify">En el comentario de G. Pirou (Taylor, 1990, 128) constatamos la importante contribuci&oacute;n de los institucionalistas al estudio descriptivo de los “escenarios” de la vida econ&oacute;mica, aunque deja algo que desear en la comprensi&oacute;n de los “mecanismos” de la vida econ&oacute;mica, aproxim&aacute;ndose al abismo del puntualismo, del circunstancialismo, de la inexistencia de conceptos definidores en sentido lato, y que por ello amenazan el sentido del conocimiento econ&oacute;mico, como en Knight (1924).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Como tambi&eacute;n comenta Blaug (1992, 354), los institucionalistas norteamericanos encararon con cinismo toda la panoplia de curvas de productividad, de indiferencia o de costos que la revoluci&oacute;n marginalista puso a disposici&oacute;n de la comunidad cient&iacute;fica, y se justificaron con la duda permanente de que las oscilaciones de los precios llevaban a cambios en los propios productos, puesto que la reacci&oacute;n de los consumidores tambi&eacute;n se modificaba. Por ello, la econom&iacute;a se deb&iacute;a abordar como una especie de “econom&iacute;a biol&oacute;gica” (Blaug, 1992, 420), en el aspecto del crecimiento de los sistemas, de permanente interacci&oacute;n entre estos y el medio, y en el contexto m&aacute;s amplio de ritmos diversos, patrones individuales y comportamientos heterog&eacute;neos. En <i>La teor&iacute;a de la clase ociosa</i>(1899), por ejemplo, Veblen fue pionero en la cr&iacute;tica de la sociedad de consumo norteamericana e introdujo t&eacute;rminos como “consumo superfluo” o “emulaci&oacute;n pecuniaria”. M&aacute;s tarde, en <i>La teor&iacute;a de la empresa de negocios</i> (1904), mostr&oacute; que los intereses de los grupos sociales en una democracia econ&oacute;mica generan antagonismos de intereses, as&iacute; como los grupos de especies en un mismo ecosistema: uno es el inter&eacute;s de la sociedad industrial, otro el inter&eacute;s de la sociedad monetaria, unos luchan por esmero, otros por el derroche.</p>     <p align="justify">Pero, al referirnos a Veblen, Commons y Mitchell, &iquest;mencionamos tres autores coordinados, que iniciaron una revoluci&oacute;n mental? M&aacute;s all&aacute; de la ampliaci&oacute;n de la discusi&oacute;n a otras ciencias, como indican Hall y Taylor (2003), Blaug (1992, 708) tambi&eacute;n se&ntilde;ala que Veblen aplic&oacute; una alta dosis de sociolog&iacute;a en su visi&oacute;n de los empresarios (llegando a adoptar semejanzas evolutivas pr&oacute;ximas a Darwin), Mitchell fue seducido por el universo estad&iacute;stico y Commons intent&oacute; apoyar sus trabajos en la comprensi&oacute;n de los principios de las jurisprudencia. Commons convirti&oacute; en laboratorio de pruebas la realidad en la que tuvo ocasi&oacute;n de trabajar en cargos estatales, Mitchell recibi&oacute; reconocimiento por su trabajo como estad&iacute;stico federal y Veblen se resign&oacute; a la c&aacute;tedra universitaria. Pero, como dice Blaug (1992, 709), estas tres personalidades tan distintas, se sent&iacute;an insatisfechas con el exagerado nivel de abstracci&oacute;n de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica (corriente que impulsar&iacute;a el institucionalismo norte americano por reacci&oacute;n contraria) e intentaron integrar la econom&iacute;a con otras &aacute;reas del conocimiento criticando el empirismo casual de los cl&aacute;sicos y los neocl&aacute;sicos. Se opusieron a la implicaci&oacute;n de que la competencia perfecta tend&iacute;a, aunque en ciertas condiciones, a resultados &oacute;ptimos. Veblen, por ejemplo, entendi&oacute; las instituciones como un complejo de h&aacute;bitos de pensamiento y de comportamientos estandarizados. Commons, por su parte, analiz&oacute; las normas laborales que reg&iacute;an las transacciones individuales.</p>     <p align="justify">Quiz&aacute; por ello nos vemos inducidos a reconocer con Blaug que los institucionalistas nunca lograron escapar a la fama de anti-ortodoxos pura y simplemente por el gusto de llevar la contraria, y que en la jerga econ&oacute;mica el t&eacute;rmino institucionalista tiene un significado preferentemente descriptivo, cuando no lo encontramos, en su significado m&aacute;s incluyente, como un adjetivo que se aplica a muchos economistas que no lo imaginar&iacute;an como Marx, Pareto y Webbs.</p>     <p align="justify">Podemos sintetizar los principios b&aacute;sicos de los institucionalistas norteamericanos sobre el funcionamiento de los mercados siguiendo a tres de los m&aacute;s eminentes investigadores del tema, Eggertsson (1990), North (1990) y Williamson (1998): a) la negaci&oacute;n de las verdades “absolutas” e ineludibles de los supuestos cl&aacute;sicos y neocl&aacute;sicos acerca del mercado (como la dotaci&oacute;n de factores, la condici&oacute;n de <i>ceteris paribus</i> y la consideraci&oacute;n del “precio” como una variable fundamental); b) la valorizaci&oacute;n de los factores hist&oacute;ricos, sociales e institucionales (y no meramente cuantitativos o dados); c) el reconocimiento del cambio permanente que afecta la est&aacute;tica cl&aacute;sica de los mercados y la preferencia por los modelos din&aacute;micos; d)&nbsp;el complejo sistema de influencias entre individuos, instituciones y sociedad (el an&aacute;lisis bidimensional era demasiado limitado para las pretensiones institucionalistas); e) la medici&oacute;n emp&iacute;rica de los ciclos del comercio (en el intento de entender los ciclos de comportamiento de las empresas); f) la explicaci&oacute;n de la econom&iacute;a a trav&eacute;s de la historia y de las relaciones institucionales (y no meramente mediante presupuestos generalistas y exclusivistas); g) el recurso a la inducci&oacute;n en el m&eacute;todo de an&aacute;lisis; h) la visi&oacute;n de las agrupaciones y de las instituciones en lugar del <i>homo economicus</i>individualista del marginalismo; i) el &eacute;nfasis en los efectos previsibles de la producci&oacute;n sobre el mercado (y no en el mercado en s&iacute; mismo); j) la focalizaci&oacute;n en el comportamiento de los agentes (y no en valores abstractos como el precio, por ejemplo) y, k) el esfuerzo por integrar la econom&iacute;a con otras &aacute;reas del conocimiento (como la sociolog&iacute;a, el derecho o la historia).</p>     <p align="justify">Pero, &iquest;es cierto que el institucionalismo norte americano no pas&oacute; de ser una corriente del pensamiento econ&oacute;mico que se opuso a la posici&oacute;n “neocl&aacute;sica” dominante, contenida entre los apologistas de comienzos de siglo XX y la revoluci&oacute;n de Pareto? Enseguida intentaremos responder esta pregunta.</p>     <p align="justify"><b>LOS NUEVOS &ldquo;INSTITUCIONALISTAS ” Y SUS DUDAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO DE LOS MERCADOS</b></p>     <p align="justify">Para un observador desatento, el t&iacute;tulo anterior podr&iacute;a comenzar con “Los ‘nuevos institucionalistas&rsquo;…” y llevar a una descripci&oacute;n equivocada. Y conviene, desde ahora, hacer esta precisi&oacute;n: los “nuevos institucionalistas” pertenecen a esa corriente de pensadores econ&oacute;micos que intentan explicar las instituciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, hist&oacute;ricas y sociales –como el gobierno, la justicia, los mercados, las empresas, las convenciones sociales o las familias– en t&eacute;rminos de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica, lo contrario de la corriente institucionalista de Veblen, Mitchell y Commons. Esta taxonom&iacute;a fue propuesta inicialmente por North (1990). S&oacute;lo a t&iacute;tulo de curiosidad, encontramos nombres dispersos, pero tambi&eacute;n reconocidos, incluso ganadores del Premio Nobel de Econom&iacute;a, como Coase y Becker, junto a otros como Williamson, Buchanan y Mincer, bajo el nombre de “nuevos institucionalistas”. Una cr&iacute;tica a la denominaci&oacute;n de nuevos institucionalistas, as&iacute; como a sus supuestos b&aacute;sicos, se encuentra en Racy, Moura Jr. y Scarano (2005). Una visi&oacute;n anal&iacute;tica alternativa es la de Rutheford (1994) y Toboso (1997), que dudan de la separaci&oacute;n entre nuevos y viejos institucionalistas.</p>     <p align="justify">Pero lo que nos interesa en este momento es referirnos a aquellos que, a semejanza de Galbraith o Heilbroner, reconocieron la validez de los supuestos institucionalistas y que los subscribieron adapt&aacute;ndolos a la modernidad. Esta nueva corriente postula la imperfecci&oacute;n del mercado en cuanto es causada por su tama&ntilde;o: un mercado con un n&uacute;mero elevado de agentes promueve el anonimato rec&iacute;proco; en cambio, un mercado con un n&uacute;mero reducido de agentes lleva a que las relaciones sean menos formales, lo que introduce mecanismos de distorsi&oacute;n de los precios como las preferencias individuales o variables socio-emotivas particulares (Galbraith, 1982, 31). Sugiere, por tanto, la necesidad del control de precios en una econom&iacute;a con pocos agentes para deshacer el hiato temporal entre la prescripci&oacute;n del t&eacute;rmino de intercambio y su aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica as&iacute; como la disociaci&oacute;n entre los costos y la capacidad productiva de las firmas (ib&iacute;d., 45). Reconoce adem&aacute;s la permanencia de los desequilibrios del mercado (como los equilibrios sub&oacute;ptimos, los monopolios, el desfase permanente entre la oferta y la demanda o la falta de correspondencia de los precios) y el supuesto de movilidad limitada de recursos y factores, en una econom&iacute;a continental como la de Estados Unidos.</p>     <p align="justify">Frank (1994, 440) tambi&eacute;n ironiza con Galbraith, en cuanto &eacute;ste invierte el sentido de la secuencia tradicional de la demanda como est&iacute;mulo de la oferta y propone una secuencia revisada que replantea a Say: “es decir, que la mano invisible de Madison Avenue lleva a los consumidores a servir a los intereses de las grandes empresas”.</p>     <p align="justify">Hodgson (1994), autor del influyente <i>Econom&iacute;a e instituciones: Manifiesto por una econom&iacute;a institucionalista moderna</i>, comienza exponiendo la metodolog&iacute;a de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica y del empirismo de Popper y despu&eacute;s postula un “adi&oacute;s al ‘hombre econ&oacute;mico&rsquo;”, preguntando cu&aacute;l es el sentido del individualismo metodol&oacute;gico, criticando la hip&oacute;tesis de maximizaci&oacute;n y definiendo el concepto racionalista de acci&oacute;n. En la tercera parte de su influyente libro, presenta algunos elementos de la econom&iacute;a institucionalista: los contratos y los derechos de propiedad. Es de veras innovador en la medida en que ve el mercado como una instituci&oacute;n regulada por normas, con costos intr&iacute;nsecos y l&iacute;mites de crecimiento end&oacute;genos, y termina reconociendo, una vez m&aacute;s, la imposibilidad de la competencia perfecta. Igual que Heilbroner, investiga la problem&aacute;tica del sentido de una econom&iacute;a poskeynesiana, y reflexiona sobre t&eacute;rminos fundamentales, como los de “necesidad” y “bienestar”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otras obras que actualizan el institucionalismo norteamericano, adem&aacute;s de las de Eggertsson (1990), North (1990) y Williamson (1998) ya mencionadas, son las de Powell y DiMaggio (1991) y Hall y Soskice (2002). De manera sint&eacute;tica, para estos autores, los institucionalistas actuales se ocupan de: a)&nbsp;la imperfecci&oacute;n del mercado basada en el tama&ntilde;o; b) la posibilidad del control de los precios en una econom&iacute;a con pocos agentes; c) la permanencia de los desequilibrios del mercado; d) la discusi&oacute;n del supuesto de movilidad limitada de recursos y factores; e) la propuesta de una secuencia revisada (complejidad entre oferta y demanda); f) la negaci&oacute;n del individualismo metodol&oacute;gico (Galbraith, 1978, 251); g) la cr&iacute;tica de la hip&oacute;tesis de la maximizaci&oacute;n hedonista como m&oacute;vil del comportamiento de los agentes; h) el recurso a nuevas &aacute;reas tem&aacute;ticas como los contratos y derechos de propiedad; i)&nbsp;la concepci&oacute;n del mercado como instituci&oacute;n regulada por normas, con costos intr&iacute;nsecos y l&iacute;mites de crecimiento end&oacute;genos; j) la imposibilidad de la competencia perfecta, as&iacute; como los costos de la falta de oligopolios competidores en el mercado que se reflejan en el “poder compensatorio” (Heilbroner, 1984, 172) y, k) la b&uacute;squeda de patrones-modelos (al contrario de los neocl&aacute;sicos, cuyo objetivo son los modelos predictivos) que sean validados por la evidencia estructural (y no por la inferencia predictiva que caracteriza a la mayor&iacute;a de los modelos neocl&aacute;sicos).</p>     <p align="justify">Pero quiz&aacute; la mayor duda acerca del institucionalismo que a&uacute;n subsiste se relacione con su fin y su substancia. Si es verdad que las doctrinas sobreviven a costa del &iacute;mpetu de sus defensores, tambi&eacute;n es verdad que para que existan es indispensable delinear un campo aut&oacute;nomo donde puedan actuar, un dominio metodol&oacute;gico definido. Desde el momento en que la exploraci&oacute;n de los temas institucionales floreci&oacute; entre los “nuevos institucionalistas”, el institucionalismo norte americano se vio obligado a ceder en vigor en su vertiente ortodoxa, rechazando todo abstraccionismo y generalizaci&oacute;n. Pero, con esa actitud puso en peligro su esencia. Con esa actitud, perdi&oacute; terreno, perdi&oacute; dominio y vigor acad&eacute;mico.</p>     <p align="justify">En opini&oacute;n de algunos cr&iacute;ticos, como Blaug (1992), el institucionalismo norte americano no fue m&aacute;s que una subcorriente epistemol&oacute;gica dentro de la econom&iacute;a. Para otros, se trat&oacute; de una utop&iacute;a completa en sus definiciones de ideales revolucionarios, pero demasiado limitada a los espacios propios, como la realidad industrial estadounidense. Pero, para otros autores, como North (1990), Ostrom (1995) y March y Olsen (1999), habr&iacute;a logrado enraizarse en diversos campos de las teor&iacute;as econ&oacute;micas actuales m&aacute;s influyentes, sosteni&eacute;ndolas con una actitud cr&iacute;tica que permiti&oacute; que la econom&iacute;a, como ciencia, reconsiderara dominios como la pol&iacute;tica, la historia o el derecho.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Antes de terminar, conviene hacer una advertencia: cualquier conclusi&oacute;n en el mundo de la discusi&oacute;n filos&oacute;fica y epistemol&oacute;gica de la econom&iacute;a debe ser humilde, pues nos vemos forzados a reconocer (as&iacute; como en el universo cient&iacute;fico) la diminuta tangencia entre las verdades absolutas, o llamadas “absolutas”, y las constataciones recurrentes. &iquest;Podemos decir que el institucionalismo muri&oacute;? Ser&iacute;a falso, porque vive, curiosamente, con extra&ntilde;o vigor, en los seguidores neocl&aacute;sicos de Chicago, por ejemplo, que lo reformularon y le atribuyeron la consistencia de la verificaci&oacute;n matem&aacute;tica. El propio Commons recalc&oacute; que, en un mundo en cambio perpetuo, el futuro de la econom&iacute;a institucional, como escuela de pensamiento, era incierto.</p>     <p align="justify">Esta contribuci&oacute;n est&aacute; presente en circunstancias tan variadas como las del mercado o, mejor, como las de los mercados. El institucionalismo norteamericano critic&oacute;, con cierta severidad, el mercado “poligonal” en la medida en que era definido, delineado, presupuesto. Su revoluci&oacute;n consisti&oacute; en cuestionar el mercado en esa dimensi&oacute;n; en reconocer el papel especial de otros agentes, muy diferentes del <i>homo economicus</i> marginalista que maximiza la satisfacci&oacute;n; en reconocer los equilibrios precarios –que Pareto llam&oacute; sub&oacute;ptimos–, el papel de las instituciones, de sus relaciones internas, de la importancia de las variables de comportamiento, del medio. En suma, el institucionalismo ampli&oacute; el concepto de mercado y revigoriz&oacute; el universo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">As&iacute; mismo, a pesar de las cr&iacute;ticas de que no pas&oacute; de teor&iacute;as incidentales en casos puntuales, &aacute;reas localizadas, realidades preconcebidas, el institucionalismo por lo menos provoc&oacute; la discusi&oacute;n, el avance, el caminar hacia adelante. Si la s&aacute;tira de Jonathan Swift logr&oacute; que se avergonzara la mitad de sus contempor&aacute;neos, la s&aacute;tira de Veblen hizo pensar a tres cuartas partes de los acad&eacute;micos de su &eacute;poca. Si <i>Los viajes de Gulliver</i>ironizaron a la sociedad de clases del siglo XVIII (o de cualquier otro siglo), la iron&iacute;a de Veblen a&uacute;n hoy refleja mucho de lo que vivimos en nuestra &eacute;poca.</p>     <p align="justify">La discusi&oacute;n actual sobre la complejidad de su influencia es la marca m&aacute;s visible del vigor del institucionalismo norteamericano.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. El t&eacute;rmino historicismo fue sugerido, inicialmente, por Friedrich Schlegel (1797) y popularizado por Feuerbach, Braniss y Prantl (en la primera mitad del siglo XIX). Una discusi&oacute;n de las escuelas hist&oacute;ricas se puede encontrar en Guerrero (2004, 66).</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Blaug, M. <i>Economic Theory in Retrospect</i>, New York, Cambridge University Press, 1992.</p>     <p align="justify">2. Brue, S. <i>The Evolution of Economic Thought</i>, Orlando, The Dryden Press, 2000.</p>     <p align="justify">3. Commons, J. <i>Institutional Economics</i>, New York, Transaction Publishers, 1989.</p>     <p align="justify">4. Eggertsson, T. <i>Economic Behavior and Institutions: Principles of Neoinstitutional Economics</i>, New York, Cambridge University Press, 1990.</p>     <p align="justify">5. Frank, R. <i>Microeconomia e comportamento</i>, Lisboa, McGraw-Hill, 1994.</p>     <p align="justify">6. Galbraith, J. <i>Economia e bem p&uacute;blico</i>, Lisboa, P ublica&ccedil;oes D. Quixote, 1978.</p>     <p align="justify">7. Galbraith, J. <i>Una teoria do controlo dos pre&ccedil;os</i>, Lisboa, Publica&ccedil;oes D. Quixote, 1982.</p>     <p align="justify">8. Guerrero, D. <i>Historia del pensamiento econ&oacute;mico heterodoxo</i>, Eumed.net, Universidad de M&aacute;laga, 2004.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">9. Hall, P. y D. Soskice. <i>Varieties of Capitalism</i>, Oxford, Oxford University Press, 2002.</p>     <p align="justify">10. Hall, P. y R. Taylor. “The Three Versions of Neo-institutionalism”, <i>Lua Nova</i> 58, 2003, pp. 193-223.</p>     <p align="justify">11. Heilbroner, R. <i>A forma&ccedil;ao da sociedade econ&oacute;mica</i>, Rio de Janeiro, Zahar editores, 1984.</p>     <p align="justify">12. Hodgson, G. <i>Economia e institu&ccedil;oes: manifesto para uma economia institucionalista moderna</i>, Oeiras, Celta Editora, 1994.</p>     <p align="justify">13. Knight, F. &ldquo;The Limitations of Scientific Method in Economics”, R. Tugwell, ed., <i>The Trend of Economics</i>, New York, Alfred A. Knopf, 1924.</p>     <p align="justify">14. L&oacute;pez, R. <i>Evoluci&oacute;n cient&iacute;fica y metodol&oacute;gica de la econom&iacute;a – Escuelas de pensamiento</i>, Eumed.net, Universidad de M&aacute;laga, 2004.</p>     <p align="justify">15. March, J. y J. Olsen. “The Institutional Dynamics of International Political Orders”, P. Katzenstein ; R. Keohane y S. Krasner, eds., <i>Exploration and Contestation in the Study of World Politics</i>, Cambridge, MA, MIT Press, 1999.</p>     <p align="justify">16. Nelson, R. y B. Sampat. “Las instituciones como factor que regula el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 5, 2001.</p>     <p align="justify">17. North, D. <i>Institutions, Institutional Change and Economic Performance</i>, New York, Cambridge University Press, 1990.</p>     <p align="justify">18. Ollman, B. <i>Dialectical Investigations</i>, New York, Routledge, 1993.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">19. Ostrom, E. “New Horizons in Institutional Analysis”, <i>American Political Science Review</i>&nbsp;89, 1, 1995, pp. 174-178.</p>     <p align="justify">20. Powell, W. y P. DiMaggio. <i>The New Institutionalism in Organizational Analysis</i>, Chicago, University of Chicago Press, 1991.</p>     <p align="justify">21. Prats, J. “D. C. North: el neoinstitucional-institucionalismo y la teor&iacute;a del desarrollo institucional”, Barcelona, Instituto Internacional de Gobernabilidad, 2001.</p>     <p align="justify">22. Racy, J.; A. Moura Jr. y P. Scarano. &ldquo;Hist&oacute;ria, institui&ccedil;&otilde;es e as rela&ccedil;&otilde;es sociais de produ&ccedil;&atilde;o na teoria econ&ocirc;mica”, VIII Encontro de Economia da Regi&atilde;o Sul, 2005.</p>     <p align="justify">23. Rodr&iacute;guez, O. “Econom&iacute;a institucional. Corriente principal y heterodoxia”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 4, 2001.</p>     <p align="justify">24. Rutherford, M. <i>Institutions in Economics: The Old an d the New Institutionalism</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1994.</p>     <p align="justify">25. Schlegel, F. <i>Die Griechen und R&ouml;mer. Historische und kritische Versuche &uuml;ber das Klassische Alterthum</i>, Neustrelitz, 1. Band, 1797.</p>     <p align="justify">26. Taylor, A. <i>As grandes doutrinas econ&oacute;micas</i>, Lisboa, Publica&ccedil;&otilde;es Europa-Am&eacute;rica, 1990.</p>     <p align="justify">27. Toboso, F. &ldquo;&iquest;En qu&eacute; se diferencian los enfoques de an&aacute;lisis de la vieja y la nueva econom&iacute;a institucional?”, <i>Hacienda P&uacute;blica Espa&ntilde;ola</i> 143, 1997, pp. 175-192.</p>     <p align="justify">28. Veblen, T. <i>The Theory of Business Enterprise</i>, 1904, New York, Cosimo, 2005.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">29. Veblen, T. <i>The Theory of the Leisure Class</i>, 1899, New York, Penguin Books, 1979.</p>     <p align="justify">30. Von Mises, L. <i>Theory and History: An Interpretation of Social and Economic Evolution</i>, New Haven, Yale University Press, 1957.</p>     <p align="justify">31. Williamson, O. <i>The Economic Institutions of Capitalism</i>, New York, Free Press, 1998.</p> </font>      ]]></body>
</article>
