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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DE HÉROES ANÓNIMOS, SABIDURÍA CONVENCIONAL Y FRAUDES INFAMES]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ABOUT ANONYMOUS HEROES, CONVENTIONAL WISDOM AND VILE FRAUDS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>DE H&Eacute;ROES AN&Oacute;NIMOS, SABIDUR&Iacute;A CONVENCIONAL Y FRAUDES INFAMES</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2"> </font>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><b>ABOUT ANONYMOUS HEROES, CONVENTIONAL WISDOM AND VILE FRAUDS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Freakonomics</i>, Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, Barcelona, Ediciones B, 2006, 251 pp.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar</i>*</p>     <p align="justify"> * Mag&iacute;ster en Planificaci&oacute;n del Desarrollo Regional, investigador social, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:bperezsalazar@yahoo.com">bperezsalazar@yahoo.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 13 de abril de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 16 de abril de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 26 de abril de 2007. </p> <hr>     <blockquote>    <p align="right">    <br>     Asociamos la verdad a la conveniencia, a lo que mejor concuerde con nuestro inter&eacute;s, bienestar o promesas personales para evitar grandes esfuerzos o los poco gratos trastornos de la vida. Tambi&eacute;n hallamos bastante aceptable lo que contribuye a aumentar la autoestima.    <br>     Galbraith, sobre el concepto de sabidur&iacute;a convencional, citado por Levitt y Dubner (p. 95)</p> </blockquote>     <p align="justify">    <br>Para escudri&ntilde;ar los secretos del &eacute;xito editorial de un libro que se mantuvo por m&aacute;s de seis meses en la lista de los m&aacute;s vendidos del <i>New York Times</i> y cuya venta en el mercado angloparlante supera el mill&oacute;n de ejemplares, <i>Freakonomics</i> ofrece una mina de recursos y f&oacute;rmulas probadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En buen romance, el neologismo que sirve de t&iacute;tulo alude a la “econom&iacute;a de lo raro”, es decir, a la aplicaci&oacute;n de herramientas de an&aacute;lisis cuantitativo de uso popular entre los economistas, a temas de “actualidad” que tratan diariamente los medios de comunicaci&oacute;n, como el cuidado y la crianza de los hijos, el tr&aacute;fico de drogas il&iacute;citas y el crimen o el uso y el abuso de informaci&oacute;n privilegiada. El libro acent&uacute;a su contenido humano con an&eacute;cdotas de la vida del protagonista, el joven economista Levitt, galardonado en 2003 por la American Economic Association como el economista menor de cuarenta a&ntilde;os m&aacute;s destacado. Un pasaje central relata el episodio de la p&eacute;rdida de su primer hijo, Andrew, reci&eacute;n cumplido un a&ntilde;o a causa de una meningitis neumoc&oacute;cica. Desde entonces, &eacute;l y su esposa, Jeannette, se unieron a un grupo de apoyo a padres que han perdido hijos y, al encontrar una alta incidencia de muertes relacionadas con ahogamiento en piscinas, empez&oacute; a buscar cifras que lo llevaron a establecer:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Si posees un arma y una piscina en el jard&iacute;n trasero, es cien veces m&aacute;s probable que un ni&ntilde;o muera a causa de la piscina que de la pistola (p. 152).</p> </blockquote>     <p align="justify">Como recurso dram&aacute;tico adicional, a cada vuelta de hoja el texto mantiene vivo el acecho constante de “maleantes” que nuestro personaje desenmascara sin descanso, armado tan s&oacute;lo de su curiosidad insaciable y su inquebrantable “confianza en el poder revelador de las cifras”.</p>     <p align="justify">En contra de lo que se esperar&iacute;a de un libro cuyo subt&iacute;tulo reza “Un economista pol&iacute;ticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta”, el rol del villano no lo ocupan las madres solteras negras cuyos hijos t&iacute;picamente representan el 50% de los 2 millones de presidiarios que alberga el sistema carcelario norteamericano, cuyo sostenimiento per c&aacute;pita cuesta en promedio US$ 25.000 al a&ntilde;o. No, aqu&iacute; el papel del malo est&aacute; reservado para sus colegas, los “expertos” de todo pelambre, entre ellos, agentes inmobiliarios, inversionistas, corredores de bolsa y profesores de secundaria que se valen inescrupulosamente del enga&ntilde;o y la trampa “para evitar grandes esfuerzos y aumentar su autoestima”. Tomando prestadas estas palabras de Galbraith para describir algunos de los incentivos que contribuyen a conformarnos con “la sabidur&iacute;a convencional” –es decir, aquellos lugares comunes con los cuales nos auto-complacemos al preguntar por qu&eacute; el mundo es como es–, <i>Freakonomics</i> nos asegura que al final el se&ntilde;or Levitt se encargar&aacute; de revelarnos el “lado oculto” de aquello sobre lo cual nunca hab&iacute;amos hecho las preguntas apropiadas.</p>     <p align="justify">El texto guarda un lugar especial en el “sal&oacute;n de los malevos” para los crimin&oacute;logos. Estos “expertos” no s&oacute;lo se equivocaron rotundamente a comienzos de los a&ntilde;os noventa cuando advirtieron la inminencia de un “ba&ntilde;o de sangre” por cuenta de la delincuencia juvenil que evolucionar&iacute;a hacia una forma m&iacute;tica de “superdepredadores”. Adem&aacute;s, luego de la espectacular ca&iacute;da de las estad&iacute;sticas de criminalidad en Estados Unidos durante la segunda mitad de esa d&eacute;cada (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>), fueron incapaces de se&ntilde;alar el factor determinante de este descenso, que habr&iacute;a seguido desapercibido de no ser por la suspicacia de nuestro h&eacute;roe: la legalizaci&oacute;n del aborto a principios de los setenta.</p>     <p align="justify">Remata la faena con este particular gremio de expertos –que cuenta a su haber, entre otras infamias, la de haberse opuesto a la construcci&oacute;n de nuevas c&aacute;rceles en Estados Unidos, con argumentos como el de que la c&aacute;rcel no trata las causas del crimen– con una cita lapidaria del analista pol&iacute;tico John DiIulio Jr.:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Al parecer se necesita un doctorado en criminolog&iacute;a para dudar de que mantener en la c&aacute;rcel a los criminales peligrosos reduzca el crimen (p. 129).</p> </blockquote>     <p align="justify">La cascada de elogios en que se ba&ntilde;a Levitt desde la primera hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina –“genial, sorprendente, contraintuitivo, creativo, aclamado, semidios”– ser&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s irritante si no fuera porque lo acompa&ntilde;a un elenco de h&eacute;roes menores que permaneci&oacute; en el anonimato hasta que nuestro economista estrella entr&oacute; en sus vidas. Entre ellos, Paul Feldman quien desde hace a&ntilde;os distribuye rosquillas confiado en la eficiencia del autocontrol moral y social de sus clientes, a cuyo albedr&iacute;o deja el dep&oacute;sito del pago de las rosquillas que consumen en la alcanc&iacute;a de las cafeter&iacute;as de las empresas que atiende en su ruta diaria. Con la ayuda de Levitt, Feldman estableci&oacute;, a partir de los registros meticulosos de sus ventas diarias, que el sistema resulta establemente efectivo en el 87% de los casos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1     <br>Estados Unidos: tasa de homicidios por 100.000 habitantes     <br>(1950-2004)</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a17g1.jpg">     <br><font size="1">Fuente: FBI.</font></p>     <p align="justify">O el entonces candidato a doctor de Sociolog&iacute;a de origen indio, Sudhir Venkatesh, que gracias a su contacto continuado con una banda de delincuentes juveniles que expend&iacute;a “crack”<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> en Chicago, se hizo de manera fortuita a un cuaderno con cuatro a&ntilde;os de registros contables del negocio y cuyo an&aacute;lisis pudo realizar una vez conoci&oacute; a Levitt en la Sociedad de Amigos de Harvard.</p>     <p align="justify">O Ronald Fryer, negro colega de Harvard, que de ni&ntilde;o fue abandonado por su madre, golpeado por su padre y de adolescente form&oacute; parte de una banda de potenciales delincuentes y, aun as&iacute;, departi&oacute; y comparti&oacute; con Levitt enormes masas de datos sobre las diferencias en el desempe&ntilde;o escolar de j&oacute;venes negros y blancos.</p>     <p align="justify">Detr&aacute;s de esta f&oacute;rmula editorial ganadora est&aacute; la pluma de su coautor, Stephen Dubner, un escritor <i>freelance</i> de <i>The New Yorker</i>, sabedor como pocos de c&oacute;mo capturar las mentes y corazones de aquellos lectores que siempre albergaron dudas sobre sus agentes inmobiliarios, por no esforzarse tanto para conseguir el precio m&aacute;s alto de venta de las propiedades encomendadas por sus clientes como lo hacen cuando ofrecen las propias. Decenas de cientos de miles de ellos hoy respiran aliviados al saber que el arma de fuego que reposa en sus mesas de noche es cien veces menos letal para los ni&ntilde;os que la piscina del patio trasero de sus casas y, por cuenta del negocio de rosquillas de Feldman, hoy disponen de evidencia “dura” para comprobar que los mecanismos de autorregulaci&oacute;n espont&aacute;nea, como los mercados, son efectivos en 9 de cada 10 eventos.</p>     <p align="justify">Ante el irresistible &eacute;xito de <i>Freakonomics</i>, es previsible que en los c&iacute;rculos acad&eacute;micos colombianos, siempre atentos a modas y modismos incubados en Harvard, pronto aparezcan emuladores de Levitt y Dubner, dispuestos a disipar la “sabidur&iacute;a convencional” que nos mantiene en la oscuridad acerca de c&oacute;mo poner fin a la amenaza terrorista guerrillera o acabar con el flagelo de la impunidad y la corrupci&oacute;n judiciales.</p>     <p align="justify">A decir verdad, quienes se aventuren a buscar as&iacute; copiosas regal&iacute;as editoriales y la consiguiente cauda de apelativos elogiosos, tendr&aacute;n que esforzarse m&aacute;s de lo que suponen. Levitt ya traseg&oacute; las cifras colombianas y pontific&oacute; sobre &eacute;stos y muchos otros temas. Junto con Mauricio Rubio, suscribi&oacute; en agosto de 2000 un trabajo encargado por Fedesarrollo, “La comprensi&oacute;n del crimen en Colombia y qu&eacute; se puede hacer al respecto”, en el marco de una misi&oacute;n de estudios sobre reforma institucional dirigida por Alberto Alesina, el reputado economista de Harvard.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entre las recomendaciones m&aacute;s llamativas, el documento sugiere estimular el combate agresivo del crimen y la guerrilla mediante una pol&iacute;tica nacional de inversi&oacute;n p&uacute;blica en zonas deprimidas condicionada al esfuerzo local en la reducci&oacute;n de la violencia, que simult&aacute;neamente castigar&iacute;a a aquellos mandatarios en connivencia con la guerrilla (aseguran los autores que un tratamiento an&aacute;logo, que contemplaba tasas impositivas m&aacute;s altas en &aacute;reas con intensos niveles de criminalidad, tuvo extraordinarios resultados en la Inglaterra del siglo XIII). Otra idea sugestiva es la de establecer “sentencias obligatorias” o un sistema de penas &uacute;nicas para combatir la corrupci&oacute;n y la indolencia de los jueces en la condena de los delincuentes.</p>     <p align="justify">Hay que advertir a los emuladores potenciales del se&ntilde;or Levitt –quien cuando se ocup&oacute; de nuestro pa&iacute;s ya causaba sensaci&oacute;n con sus pruebas estad&iacute;sticas preliminares sobre c&oacute;mo la legalizaci&oacute;n del aborto en Estados Unidos evit&oacute; el nacimiento de una generaci&oacute;n de hijos indeseados que de otro modo se habr&iacute;a dedicado a la delincuencia, y que explicar&iacute;a la mitad de la ca&iacute;da de la criminalidad en ese pa&iacute;s durante los a&ntilde;os noventa– que el prestigio del deslumbrante economista fue insuficiente para eludir los dardos irreverentes de la cr&iacute;tica criolla a &eacute;stas y otras ideas derivadas de su particular comprensi&oacute;n del crimen en nuestro pa&iacute;s. Conviene, por tanto, que los candidatos a <i>bestsellers</i> est&eacute;n preparados a soportar escarnios como el que le dispensaron Silva y Pacheco (2001) en esta misma revista, en su comentario sobre el crimen y la justicia en Colombia seg&uacute;n la Misi&oacute;n Alesina.</p>     <p align="justify">Otra advertencia para quienes pretendan la gloria imitando a nuestros exitosos autores es que ni aun con el rico y sofisticado acervo estad&iacute;stico disponible en Estados Unidos, en el que se regodea un analista inteligente y recursivo como Levitt, es prudente creer ciegamente que el poder revelador y develador de las t&eacute;cnicas cuantitativas sea inmune a la l&oacute;gica tirana de la “sabidur&iacute;a convencional”. Como se&ntilde;alan los cr&iacute;ticos del trabajo estad&iacute;stico que sirve de base para postular el impacto determinante del aborto en la reducci&oacute;n de la criminalidad en su pa&iacute;s, no hay evidencia que respalde la premisa de que los j&oacute;venes hipot&eacute;ticos que dejaron de nacer a causa del aborto ser&iacute;an m&aacute;s propensos a la criminalidad que los que nacieron. T&aacute;citamente anclado en la sabidur&iacute;a convencional –“nadie mejor que el individuo sabe d&oacute;nde realmente le talla el zapato”–, el argumento que apuntala el presunto hallazgo es que:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Cuando el gobierno ofrece a una mujer la oportunidad de tomar su propia decisi&oacute;n acerca del aborto, ella se suele preguntar seriamente si se encuentra en posici&oacute;n de criar a un hijo en condiciones. Si decide que no puede hacerlo, con frecuencia elige el aborto (p. 150).</p> </blockquote>     <p align="justify">Sin embargo, no se ha demostrado que el “efecto selectivo” asociado a la decisi&oacute;n de abortar evite que nazcan delincuentes juveniles en potencia. Los estudios realizados entre madres adolescentes, de edad, origen &eacute;tnico y estado civil similares, donde es legal terminar el embarazo por aborto, sugieren que las m&aacute;s propensas a buscar esta alternativa son aquellas con mejores calificaciones escolares, mayor nivel de escolaridad y que no dependen de la asistencia p&uacute;blica (Leibowitz, Eisen y Chow, 1986).</p>     <p align="justify">Como se&ntilde;alan Foote y Goetz (2005) luego de revisar en detalle los trabajos cuantitativos publicados en revistas acad&eacute;micas (Donohue y Levitt, 2001 y 2004), las pruebas indican que en aquellos Estados de la Uni&oacute;n donde se registraron mayor cantidad de abortos durante el per&iacute;odo de gestaci&oacute;n de la cohorte en estudio (15 a 24 a&ntilde;os entre 1985 y 1998), la reducci&oacute;n de las capturas por cr&iacute;menes violentos y contra la propiedad de delincuentes de ese grupo de edad durante los noventa corresponde al menor n&uacute;mero de j&oacute;venes que nacieron en esos Estados, pero de ninguna manera demuestra el valor selectivo del aborto para evitar que nazcan delincuentes potenciales. Es decir, en &uacute;ltima instancia, el an&aacute;lisis cuantitativo en referencia concuerda con la cruda l&oacute;gica de la convulsionada Inglaterra del siglo XVII seg&uacute;n la cual “cortando cabezas se ajusta la demanda de sombreros”.</p>     <p align="justify">Un comentario final acerca del aparente homenaje que hacen los autores de <i>Freakonomics</i> a John Kenneth Galbraith, quien a&uacute;n viv&iacute;a para cuando apareci&oacute; el libro en ingl&eacute;s, a finales de 2005. Contrario a lo que a manera de “sabidur&iacute;a convencional” se reitera a diario en el discurso dominante de los medios de comunicaci&oacute;n y las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas –conforme a lo cual la persona en la calle puede confiar en que el mercado de libre competencia mantiene a raya la codicia de las grandes corporaciones y, por consiguiente, el capitalismo moderno es el sistema que mejor protege al individuo del abuso por cuenta de los poderosos–, el tambi&eacute;n catedr&aacute;tico de econom&iacute;a en Harvard de origen canadiense sostuvo por cerca de medio siglo (1969 y 2004) que en sociedades como la estadounidense el individuo corriente no es aut&oacute;nomo en las decisiones que toma en relaci&oacute;n con el consumo ni otras de sus necesidades y aspiraciones vitales. A su parecer, la publicidad y las pol&iacute;ticas de precio son utilizadas por las empresas para crear una demanda artificial de consumo, con lo cual la econom&iacute;a genera sobreofertas de bienes privados en desmedro de bienes p&uacute;blicos meritorios, entre ellos, m&aacute;s oportunidades para el desarrollo de potencialidades humanas distintas al consumo compulsivo.</p>     <p align="justify">Resulta penoso y quiz&aacute;s un fraude infame que Levitt y Dubner se alinden expl&iacute;citamente en su libro con Galbraith en el prop&oacute;sito de desnudar la “sabidur&iacute;a convencional” (pp. 95-96), mientras arteramente se lucran de un &eacute;xito editorial obtenido a partir de verdades confeccionadas con an&aacute;lisis cuantitativos cuyas conclusiones convenientemente concuerdan con los intereses, bienestar y promesas del “consumismo opulento” –o en palabras de Galbraith, de “la tendencia suicida del sistema econ&oacute;mico”–, granje&aacute;ndose de paso el inmenso aumento de su autoestima.</p>     <p align="justify"><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Estupefaciente ideado para masificar la venta de coca&iacute;na en los barrios de m&aacute;s bajos ingresos de las grandes ciudades norteamericanas, en cuya elaboraci&oacute;n se mezcla coca&iacute;na con bicarbonato de sodio y agua, y luego se somete a cocci&oacute;n hasta obtener peque&ntilde;as piedras de alcaloide que se pueden fumar. </p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify"> 1. Donohue, J. y S. Levitt. “The Impact of Legalized Abortion on Crime”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 116, 2, 2001, pp. 379-420.</p>     <p align="justify"> 2. Donohue, J. y S. Levitt. “Further Evidence that Legalized Abortion Lowered Crime: A Reply to Joyce”, <i>Journal of Human Resources</i> 39, 1, 2004, pp. 29-49.</p>     <p align="justify"> 3. Foote C. y C. Goetz. “Testing Economic Hypotheses with State-level Data: A Comment on Donohue and Levitt”, 2001, <i>Federal Reserve Bank of Boston Working Papers</i> 15-05, 2005, <a href="http://www.bos.frb.org/economic/wp/wp2005/wp0515.pdf" target="_blank">www.bos.frb.org/economic/wp/wp2005/wp0515.pdf</a></p>     <p align="justify"> 4. Galbraith, J. K. <i>La sociedad opulenta</i>, Barcelona, Ariel, 1969.</p>     <p align="justify"> 5. Galbraith, J. K. <i>The Economics of Innocent Fraud: Truth for Our Time</i>, Boston, Houghton Mifflin, 2004.</p>     <p align="justify"> 6. Leibowitz, A.; M. Eisen y W. Chow. “An Economic Model of Teenage Pregnancy Decisionmaking”, <i>Demography</i> 23, 1, 1986, pp. 67-78.</p>     <p align="justify"> 7. Levitt, S. y M. Rubio. “Understanding Crime in Colombia and What Can Be done about it”, <i>Fedesarrollo Working Paper</i> 20, 2000.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> 8. Silva, G. e I. Pacheco. “El crimen y la justicia en Colombia seg&uacute;n la Misi&oacute;n Alesina ”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 5, 2001, pp. 185-208.</p> </font>      ]]></body>
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