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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[APORTES A UNA TEORÍA DE LA ESTRUCTURACIÓN RESIDENCIAL URBANA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The city is a collective project that seeks to improve the general welfare of the population. Residential structuring agents have an inclination to get richer without reason. If collective actions that control and regulate this inclination are missing, the city becomes a powerful instrument to unequally distribute the wealth that emerges from urbanization. This article proposes a non-conventional approach to residential structuring as a place for wealth transference, an analytical option that emphasizes the principle that institutions precede residential markets.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[economía urbana]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>APORTES A UNA TEOR&Iacute;A DE LA ESTRUCTURACI&Oacute;N RESIDENCIAL URBANA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"> <b>CONTRIBUTIONS TO A THEORY OF URBAN RESIDENTIAL STRUCTURING</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Oacute;scar A. Alfonso R.</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Economista y profesor de la Universidad Externado de Colombia. Candidato a Doctor en Planeamiento Urbano y Regional del Instituto de Pesquisa y Planeamiento Urbano y Regional de la Universidad Federal de R&iacute;o de Janeiro, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:oscaruex@hotmail.com">oscaruex@hotmail.com</a> Agradezco los comentarios y sugerencias de Pedro Abramo, Rainer Randolph, Fernanda Furtado, C&eacute;sar Vel&aacute;squez, Roberto Angulo, de los participantes en el Seminario de Econom&iacute;a Urbana Avanzada de la Maestr&iacute;a en Econom&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia y de los dos &aacute;rbitros an&oacute;nimos de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>. Fecha de recepci&oacute;n: 25 de septiembre de 2006, fecha de modificaci&oacute;n: 14 de marzo de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 14 de agosto de 2007.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: econom&iacute;a urbana, estructuraci&oacute;n residencial, bienes p&uacute;blicos, usos del suelo; JEL: R52, R53, R21]</p>     <p align="justify">La ciudad es un proyecto colectivo orientado a mejorar el bienestar general de la poblaci&oacute;n. Los agentes que intervienen en la estructuraci&oacute;n residencial tienen una inclinaci&oacute;n a enriquecerse sin justa causa. Cuando no existen acciones colectivas que controlen y regulen esta inclinaci&oacute;n, la ciudad se convierte en instrumento para distribuir en forma inequitativa la riqueza que emana de la urbanizaci&oacute;n. Este escrito propone un enfoque no convencional de la estructuraci&oacute;n residencial como lugar de transferencia de riquezas, en el que las instituciones preceden a los mercados residenciales.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: urban economics, residential structuring, public goods, land uses; JEL: R52, R53, R21]</p>     <p align="justify">The city is a collective project that seeks to improve the general welfare of the population. Residential structuring agents have an inclination to get richer without reason. If collective actions that control and regulate this inclination are missing, the city becomes a powerful instrument to unequally distribute the wealth that emerges from urbanization. This article proposes a non-conventional approach to residential structuring as a place for wealth transference, an analytical option that emphasizes the principle that institutions precede residential markets.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Este art&iacute;culo busca contribuir al desarrollo de una teor&iacute;a institucional de la estructuraci&oacute;n residencial en las metr&oacute;polis latinoamericanas basada en tres postulados: 1) la ciudad es un proyecto colectivo para mejorar el bienestar general de la poblaci&oacute;n; 2) el suelo urbano es un bien compuesto por una porci&oacute;n edificable y otra no edificable, con atributos como la localizaci&oacute;n y la capacidad portante, y 3) el potencial de construcci&oacute;n del suelo urbano es un resultado exclusivo de la acci&oacute;n urban&iacute;stica estatal. El primer postulado destaca la indivisibilidad en la producci&oacute;n y el consumo de los bienes p&uacute;blicos urbanos; el segundo, inspirado en la tradici&oacute;n lancasteriana, destaca algo evidente pero enga&ntilde;oso, que no hay cesiones gratuitas de suelo a la ciudad, en otras palabras, que la creencia en tal gratuidad resulta en un arreglo institucional inadecuado que encubre la distribuci&oacute;n de cargas y beneficios del proceso de urbanizaci&oacute;n; el tercero establece los v&iacute;nculos entre derecho urban&iacute;stico y econom&iacute;a urbana en que se funda la hip&oacute;tesis de que el “descontrol” que promueven las versiones de la econom&iacute;a urbana aferradas al C&oacute;digo Napole&oacute;nico es incompatible con la noci&oacute;n liberal de la propiedad.</p>     <p align="justify">Este escrito fue motivado por la inconformidad con la corriente econ&oacute;mica espacial que proclama la neutralidad de la estructuraci&oacute;n residencial urbana frente a la distribuci&oacute;n de la riqueza (cfr. Abramo, 2001, 211) y con la “mano invisible descontrolada” (Fujita et al., 2000, 31) como mecanismo para coordinar las elecciones descentralizadas de localizaci&oacute;n residencial y opci&oacute;n para configurar los mercados inmobiliarios residenciales seg&uacute;n modalidades librecambistas y regulaciones urban&iacute;sticas de corte napole&oacute;nico, es decir, amparadas en el principio de la libertad de hacer y deshacer, de usar y abusar de los bienes urbanos sobre los que se ejerce dominio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El estudio de las configuraciones urbanas contempor&aacute;neas, en especial de aquellas que, como las latinoamericanas, son objeto de un movimiento permanente de construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n, tiene especificidades que se abordan en su dimensi&oacute;n hist&oacute;rico-social a partir de tres nociones: la del tiempo, ligada a una moneda que se crea y se destruye en dos subcircuitos urbanos; la de la acciones colectivas urbanas que preceden a la organizaci&oacute;n del mercado inmobiliario residencial, y la de una econom&iacute;a de anticipaciones que subordina las transacciones entre los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana al “principio universal de la visi&oacute;n de futuro” (Commons, 2003, 199).</p>     <p align="justify">La primera parte examina el papel de los agentes que intervienen en la estructuraci&oacute;n residencial y sus interacciones, y la segunda, el papel del tiempo en la formaci&oacute;n del precio del suelo urbano. La tercera cuestiona la idea de que “quien controla el suelo controla la ciudad”, y explora las opciones para organizar los mercados del suelo, imbricadas con la responsabilidad de proveer bienes p&uacute;blicos urbanos, tema de la secci&oacute;n final.</p>     <p align="justify"><b>LA INTERACCI&Oacute;N Y LAS TRANSACCIONES ENTRE LOS AGENTES DE LA ESTRUCTURACI&Oacute;N RESIDENCIAL URBANA</b></p>     <p align="justify">La estructuraci&oacute;n residencial urbana es producto de la interacci&oacute;n entre agentes con motivaciones e intereses diversos que se deben coordinar para resolver pac&iacute;ficamente las tensiones de la convivencia en un proyecto colectivo para incrementar el bienestar general. El enfoque m&aacute;s adecuado para entender esa interacci&oacute;n es el institucionalismo radical, que supone que los agentes que intervienen en la estructuraci&oacute;n residencial urbana eligen poniendo en juego su voluntad y su capacidad de discernimiento –enfoque opuesto al de “actores” que se comportan como aut&oacute;matas siguiendo el gui&oacute;n que les asigna alg&uacute;n modelo– y que la recurrencia de los intercambios implica que las transacciones se realizan en el marco de las reglas instituidas que las preceden: las reglas instituyen los mercados.</p>     <p align="justify">La intervenci&oacute;n de los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana ocurre en el tiempo y queda grabada en el espacio (Lefebvre, 2004, 44-45). En el tiempo hist&oacute;rico, la ciudad crece junto con la generaci&oacute;n de riqueza (Simmel, 1976, 20), y su estructura espacial revela las desigualdades en la apropiaci&oacute;n de esa riqueza, la compactaci&oacute;n de ciertos lugares y la difusi&oacute;n desigual de las innovaciones inmobiliarias residenciales, proceso de estructuraci&oacute;n al que Pedro Abramo alude con la met&aacute;fora de ciudad “com-fusa”. Cuando la destrucci&oacute;n creativa del capital inmobiliario arrasa activos residenciales en desuso y aun parte del <i>stock</i> habitable, la ciudad s&oacute;lo se renueva parcialmente, as&iacute; como se reescriben algunas p&aacute;ginas de un texto antiguo para disfrute de las nuevas generaciones: la ciudad palimpsesto. Pero la impronta de la acci&oacute;n de esos agentes, pr&aacute;cticamente inmutable dentro de lo cambiante, es la segmentaci&oacute;n material y social a que someten a la ciudad: la ciudad segmentada.</p>     <p align="justify">La econom&iacute;a pol&iacute;tica que proponemos presupone una personalidad inmanente a los agentes que “consiste en todas las diferencias entre individuos en su poder de inducci&oacute;n y en su respuesta a los alicientes y las sanciones” (Commons, 2003, 199), premisa que enmarca nuestra reflexi&oacute;n en el institucionalismo radical, opci&oacute;n te&oacute;rica que se justifica por la constataci&oacute;n cotidiana de que la voluntad de alg&uacute;n agente se impone a la de los dem&aacute;s, interacci&oacute;n que se intenta explicar a partir de la comprensi&oacute;n del presente hist&oacute;rico, en el que se traslapan las anticipaciones que hicieron esos agentes en el pasado y las que hacen sobre el futuro, justificaci&oacute;n que despeja la ambig&uuml;edad de la noci&oacute;n de instituci&oacute;n que adoptamos: “acci&oacute;n colectiva que controla, libera y ampl&iacute;a la acci&oacute;n individual”.</p>     <blockquote>      <p align="justify">La acci&oacute;n colectiva es m&aacute;s que el control de la acci&oacute;n individual: es, por el mismo acto de control [...] una liberaci&oacute;n de la acci&oacute;n individual de la coerci&oacute;n, la coacci&oacute;n, la discriminaci&oacute;n o la competencia desleal de otros individuos (Commons, 2003, 195).</p> </blockquote>     <p align="justify">El postulado de que la producci&oacute;n del potencial constructivo es resultado de los esfuerzos colectivos inicia la reflexi&oacute;n con la presentaci&oacute;n de un primer agente: el gobierno. “Los mercados por s&iacute; solos no pueden sustituir al gobierno” (Keating, 2003, 65-66). Dos razones explican esta insustituibilidad: la primera es que el dise&ntilde;o de nuevas instituciones y el fomento de la participaci&oacute;n democr&aacute;tica son incompatibles con una visi&oacute;n del desarrollo aferrada a una visi&oacute;n residual de lo p&uacute;blico, y la segunda, que la producci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos urbanos indispensables para tal desarrollo se concreta en el &aacute;mbito gubernamental, pues los montos globales que se han de invertir, su gran duraci&oacute;n y el largo per&iacute;odo de rotaci&oacute;n del capital invertido en relaci&oacute;n con el de otras actividades productivas son infranqueables para el capital privado individual. Estas son, a nuestro entender, las funciones b&aacute;sicas que el gobierno cumple para mantener la unidad y la coherencia de las sociedades en v&iacute;as de “urbanizaci&oacute;n completa” (Lefebvre, 2004, 15). Y esa unidad y esa coherencia se logran alrededor del proyecto colectivo que denominamos <i>ciudad</i>, en la medida en que las diferencias individuales no se traduzcan en grandes desigualdades sociales. La primera funci&oacute;n toma cuerpo en la regulaci&oacute;n urban&iacute;stica, y la segunda, en la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos urbanos –como la accesibilidad y la habitabilidad– que, en conjunto, configuran la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental. Bien sea por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, la intervenci&oacute;n del gobierno da lugar a las reglas generales del funcionamiento del mercado residencial originario: el del suelo urbano.</p>     <p align="justify">El mercado de capitales, en general, pero especialmente el de Am&eacute;rica Latina, tiene limitaciones para atender la magnitud y las condiciones de rotaci&oacute;n del capital requerido para producir los bienes p&uacute;blicos urbanos en las metr&oacute;polis, de modo que los gobiernos locales deben recurrir a la banca multilateral con garant&iacute;as de la naci&oacute;n, la que a trav&eacute;s del banco central desembolsa el cr&eacute;dito externo al gobierno (crea moneda) y recibe el servicio peri&oacute;dico de la deuda (destruye moneda) (cfr. Abramo, 1998), generando as&iacute; el subcircuito urbano primario de la moneda. El cr&eacute;dito externo requerido para producir los bienes p&uacute;blicos urbanos opera como un flujo anticipado de la participaci&oacute;n del gobierno en los incrementos de precios del suelo suscitados exclusivamente por su intervenci&oacute;n urban&iacute;stica que, de no reembolsarse, implica que la ciudad est&aacute; subsidiando a los estructuradores urbanos y comprometiendo un flujo de ingresos fiscales necesarios para la pol&iacute;tica social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Al decidir sobre la disposici&oacute;n espacial de los bienes p&uacute;blicos urbanos, el gobierno crea las condiciones de accesibilidad y habitabilidad de nuevos vecindarios, es decir, produce unos derechos de edificabilidad que le pertenecen. La cesi&oacute;n no onerosa de esos derechos a los productores de activos inmobiliarios residenciales es un poderoso mecanismo de transferencia de riquezas. Estos productores se denominan estructuradores urbanos. La nueva sociolog&iacute;a urbana francesa avanz &oacute; en la caracterizaci&oacute;n de estos agentes cuando formul&oacute; la teor&iacute;a del “promotor inmobiliario” (Topalov, 1979, 110). La demostraci&oacute;n de la inexistencia de una funci&oacute;n de oferta de suelo urbano fue el n&uacute;cleo sobre el que gir&oacute; la cr&iacute;tica que, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, la s&iacute;ntesis espacial neocl&aacute;sica –soporte te&oacute;rico del <i>laissezferismo</i> urbano– intent&oacute; responder con una estilizaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica de la realidad que las que la precedieron: la del “terrateniente ausente” (Fujita, 1989, 54) cuyo papel es meramente el de un “secretario del mercado” que valida las ofertas de renta de los demandantes de suelo (Abramo, 2001, 76-87).</p>     <p align="justify">Pero el estructurador urbano es un agente cuyas propuestas van m&aacute;s all&aacute; de las del simple promotor, pues superan las de proponer un precio m&aacute;ximo del suelo urbano a la demanda solvente que se lo ha sugerido. Su papel es el de proponer una composici&oacute;n de los activos residenciales de la que derivar&aacute; sus beneficios y que, de concretarse, modificar&aacute; la estructura residencial prevaleciente. Para ello, ese estructurador incorpora en su propuesta la ganancia normal de la actividad constructora y la sobreganancia que resulta de proponer un nuevo vecindario anticipando las condiciones de accesibilidad y habitabilidad que propuso el gobierno.</p>     <p align="justify">Si s&oacute;lo incorporara la ganancia normal, emplear&iacute;a su capital en actividades productivas de rentabilidad menos incierta. Es la sobreganancia la que, concebida en un ambiente especulativo (Abramo, 1998, 81-88) sobre las transformaciones de la estructura residencial urbana, se gesta al calor de la anticipaci&oacute;n como forma predilecta de gesti&oacute;n del miedo y de la duda que configuran la incertidumbre. Para obtener esa sobreganancia, el estructurador urbano debe anticipar las decisiones del gobierno en cuanto al contenido de su acci&oacute;n colectiva urbana, as&iacute; como su propuesta de accesibilidad-habitabilidad y, si tiene &eacute;xito, se enriquecer&aacute; sin haber abordado a&uacute;n la actividad constructiva: es la plusval&iacute;a urbana.</p>     <p align="justify">Pero el rol del estructurador urbano se clarifica definitivamente cuando realiza su propuesta de verticalizaci&oacute;n-densificaci&oacute;n de la ciudad, de la que dependen las sobreganancias localizadas y la posibilidad de imponer un margen de ganancia a la demanda de los bienes residenciales que propone producir. Mas &eacute;l tambi&eacute;n est&aacute; en la ciudad para apreciar, procesar y concretar en una propuesta de composici&oacute;n de los bienes residenciales las intenciones de localizaci&oacute;n-vecindario de las familias. Es decir, nuestro agente es un estructurador urbano en cuanto su capacidad de anticipaci&oacute;n le permite “configurar externalidades” (ib&iacute;d., 40). &iquest;De qu&eacute; tipo son esas externalidades? Del tipo que demanden las familias interesadas en cierto vecindario (ib&iacute;d., 159) y, por tal raz&oacute;n, all&iacute; en donde el precio del suelo urbano es elevado no necesariamente se verticaliza la ciudad como si se establecieran barreras a la entrada de otras familias menos adineradas, abri&eacute;ndose paso una de las representaciones m&aacute;s evidentes de la ciudad: la segmentaci&oacute;n del espacio residencial.</p>     <p align="justify">El tiempo presente de las metr&oacute;polis es un interludio decisivo en el que es posible discernir las caracter&iacute;sticas futuras de las familias, en cuanto a su composici&oacute;n y a su diferenciaci&oacute;n. Al an&aacute;lisis de la tendencia secular de reducci&oacute;n del n&uacute;mero de hijos atribuible a un estadio cultural avanzado, hay que sumar un fen&oacute;meno de crucial importancia para nuestras sociedades: la creciente importancia de las familias nucleares y de los hogares monoparentales. En cuanto a la diferenciaci&oacute;n, &eacute;sta es una condici&oacute;n para la afirmaci&oacute;n de los miembros de la familia en el modo de vida urbano, hoy mediada por la flexibilizaci&oacute;n o la falta de contratos de trabajo estables de los perceptores de ingreso y por la irrupci&oacute;n de medios telem&aacute;ticos de transporte y almacenamiento de informaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">No obstante esas transformaciones, para los miembros de la familia la elecci&oacute;n de localizaci&oacute;n de la residencia sigue siendo una decisi&oacute;n crucial. De un lado, la tendencia a que el sector de servicios se convierta en el principal oferente de puestos de trabajo, dadas la desaceleraci&oacute;n del crecimiento del empleo industrial y la flexibilizaci&oacute;n del contrato de trabajo, lleva a que un n&uacute;mero cada vez mayor de perceptores de ingreso vea incrementada su inestabilidad laboral, de manera que debe estar disponible para realizar otro tipo de tarea en cualquier lugar de la ciudad. Esa inestabilidad, que se expresa tambi&eacute;n en la irregularidad en la percepci&oacute;n del ingreso, es uno de los determinantes para no adquirir residencia propia en la localizaci&oacute;n y con el vecindario deseado. Si, adem&aacute;s, consider amos que la competencia tiene una dimensi&oacute;n espacial y que &eacute;se es uno de las principales determinantes de la configuraci&oacute;n de subcentros en las ciudades, la ciudad polic&eacute;ntrica resulta en una organizaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica que puede reportar m&aacute;s oportunidades sociales que una ciudad monoc&eacute;ntrica.</p>     <p align="justify">A medida que el n&uacute;mero de miembros de la familia aumenta, los h&aacute;bitos cotidianos de desplazamiento se complejizan hasta el punto de que la localizaci&oacute;n residencial es la decisi&oacute;n colectiva m&aacute;s importante en la historia de vida de las familias. Las que cuentan con un ingreso medio o bajo tienen en cuenta las posibilidades de socializaci&oacute;n que permiten ciertas dotaciones del vecindario para realizar esa elecci&oacute;n, pues les permiten alcanzar proximidades con los miembros de otras familias y, adem&aacute;s, reducir el costo total de sus desplazamientos. Las familias con un nivel de ingreso superior pueden hacer gastos complementarios en transporte que les facilitan el acceso a lugares de aglomeraci&oacute;n urbana distantes de su residencia, de modo que sus h&aacute;bitos cotidianos de desplazamiento dependen enteramente de su disposici&oacute;n a pagar los medios particulares de transporte para acceder preferentemente a bienes club urbanos.</p>     <p align="justify">Por estas razones, las diferentes tradiciones del an&aacute;lisis espacial coinciden en que el precio del suelo urbano “que est&aacute; dispuesto a pagar el consumidor depende enteramente de la localizaci&oacute;n” (Jaramillo, 2004, 4). Pero las familias ans&iacute;an tambi&eacute;n un tipo de vecindario que les ofrezca una posibilidad razonable de establecer v&iacute;nculos con otras familias de ingresos semejantes o superiores, mientras que las familias de ingresos superiores generalmente no consideran la posibilidad de residir en un vecindario de familias de ingresos m&aacute;s bajos. Conscientes de que de esa interacci&oacute;n pueden extraer beneficios monetarios que se conocen como econom&iacute;as relacionales, las familias anticipan las decisiones de localizaci&oacute;n-vecindario de otras m&aacute;s adineradas e intentan que sus intenciones no sean anticipadas por las de ingresos inferiores. De manera que la estructura residencial urbana se configura en un ambiente de anticipaciones cruzadas signadas por la b&uacute;squeda de externalidades de vecindad, del que emerge la “convenci&oacute;n urbana” como mecanismo de coordinaci&oacute;n de las elecciones simult&aacute;neas de localizaci&oacute;n residencial de las familias interesadas en esas externalidades de vecindad (Abramo, 1998, 39-45).</p>     <p align="justify">Si la externalidad de vecindad reporta lucros monetarios a las familias, &eacute;stas deben hacer alg&uacute;n esfuerzo para alcanzarlos y para procurar que se incrementen en forma paulatina. En principio, el gobierno propone que el &aacute;rea neta de suelo construible se acompa&ntilde;e de un nivel de cesiones obligatorias para la configuraci&oacute;n no s&oacute;lo del acervo p&uacute;blico de suelo sino de su adecuaci&oacute;n para la interacci&oacute;n de las diferentes familias: es el espacio p&uacute;blico urbano. Es en ese espacio en el que la danza de los bienes simb&oacute;licos que consumen las personas permite un reconocimiento simple de la capacidad de pago de las familias, pero que puede ser allanado por “familias intrusas”, sin perder de vista que el espacio privado residencial es producido para la interacci&oacute;n simple de los miembros de la familia que, en cualquier caso, procurar&aacute;n defender su intimidad de cualquier intento de intromisi&oacute;n de los vecinos.</p>     <p align="justify">Para que la cotidianidad y la regularidad de los encuentros de los miembros de las familias no sean tan superficiales como un vano encuentro en la calle, el acceso al bien club urbano debe ser discriminatorio. La producci&oacute;n de tales bienes no compete al gobierno pues ser&iacute;a una contraria al papel de promotor de la unidad y la coherencia de la sociedad. Pero el gobierno puede y debe actuar para regular las intenciones “leg&iacute;timas” de esos grupos de familias de producir bienes complementarios a la residencia que segmenten la ciudad. Una de sus formas de acci&oacute;n es la producci&oacute;n de bienes urbanos que permitan la socializaci&oacute;n de su acceso –las dotaciones del vecindario– y, la otra, su capacidad reguladora contenida en la acci&oacute;n colectiva urbana. Si el gobierno tiene &eacute;xito, habr&aacute; anticipado la producci&oacute;n de los bienes club y dado un paso importante en la eliminaci&oacute;n de los comportamientos racistas. Por esta raz&oacute;n, las familias m&aacute;s adineradas se opondr&aacute;n a la localizaci&oacute;n en su vecindario de dichos equipamientos y, de forma consecuente, propondr&aacute;n cotidianamente alternativas de apropiaci&oacute;n privada del espacio p&uacute;blico urbano o de alguno de sus elementos constitutivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1    <br> Interacci&oacute;n compleja y anticipaciones cruzadas entre los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n17/v9n17a10g1.jpg"></p>     <p align="justify">La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> sintetiza la argumentaci&oacute;n anterior y la que sigue. Cuando el tama&ntilde;o de los emprendimientos excede a la acumulaci&oacute;n previa de los estructuradores urbanos, as&iacute; como cuando las familias s&oacute;lo detentan una porci&oacute;n del precio de adquisici&oacute;n residencial, unos y otros recurren a los bancos hipotecarios en procura de financiamiento de mediano y largo plazo, respectivamente, cre&aacute;ndose all&iacute; el poderoso subcircuito secundario monetario urbano que, en ciertos interludios, es apalancado por el banco central. Su l&oacute;gica de operaci&oacute;n es radicalmente diferente a la del subcircuito primario pues las familias soportan relaciones cuasimonop&oacute;licas con los bancos hipotecarios, mientras que el costo del cr&eacute;dito hipotecario para los estructuradores urbanos se fija, generalmente, por acuerdo de reciprocidad bancaria. El papel del banco central, durante los interludios aludidos, es el de estabilizar los desbalances temporales entre la oferta y la demanda de financiaci&oacute;n a largo plazo, con lo que interviene en salvaguarda del margen de intermediaci&oacute;n de los bancos hipotecarios.</p>     <p align="justify">Al otorgar el cr&eacute;dito al estructurador urbano, el banco hipotecario vigila que el vecindario sea demandado por familias que tengan unos ingresos cuyo monto y estabilidad les permita soportar la cuota peri&oacute;dica de amortizaci&oacute;n dentro del presupuesto familiar. Pero, en caso de que el presupuesto familiar se contraiga durante el prolongado horizonte de amortizaci&oacute;n del cr&eacute;dito hipotecario, el banco dispone de la hipoteca de la residencia como garant&iacute;a real de pago de los saldos insolutos que adeudan las familias afectadas por la penuria econ&oacute;mica, raz&oacute;n por la que los bancos tienen inter&eacute;s en que las convenciones urbanas sobre las que se construyen los vecindarios permanezcan estables en el tiempo para que los <i>stocks</i> inmobiliarios residenciales no se deprecien virtualmente. De manera que, siguiendo a Abramo, en la decisi&oacute;n de otorgar financiaci&oacute;n residencial a largo plazo se encubre la validaci&oacute;n de la elecci&oacute;n por los bancos hipotecarios de la localizaci&oacute;n-vecindario que realizan las familias.</p>     <p align="justify">La heterogeneidad socioecon&oacute;mica de las familias, la inestabilidad de las convenciones urbanas y las contracciones peri&oacute;dicas del presupuesto familiar exigen una pol&iacute;tica de financiaci&oacute;n residencial a largo plazo, cuyo dise&ntilde;o corresponde a la autoridad monetaria y crediticia y cuya implementaci&oacute;n recae en el banco central. Sin embargo, es bien conocido que la pol&iacute;tica crediticia est&aacute; supeditada a los objetivos monetarios de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y, por ende, la irrigaci&oacute;n de liquidez a la econom&iacute;a o la contracci&oacute;n de la moneda circulante obedecen m&aacute;s a criterios discrecionales de los miembros de la autoridad monetaria, asidos a un pensamiento sobre la inflaci&oacute;n y el margen de intermediaci&oacute;n financiera, que a una pol&iacute;tica relacionada con los determinantes de los mercados residenciales urbanos. Esta divergencia explica los desajustes peri&oacute;dicos del sistema de financiaci&oacute;n residencial a largo plazo, que se perciben en los balances de los bancos hipotecarios y en el patrimonio de las familias y, en conjunto, en leves pero persistentes mutaciones de la estructura residencial urbana.</p>     <p align="justify">De manera que en la estructuraci&oacute;n residencial urbana entran en juego simult&aacute;neamente la credibilidad de la pol&iacute;tica monetaria, el margen de intermediaci&oacute;n de la banca hipotecaria, la ganancia de los estructuradores urbanos y el fondo de acumulaci&oacute;n de las familias, tensiones en las que, teniendo los instrumentos para mediar de forma decisiva, el gobierno de la ciudad opta por distanciarse cuando opera en un ambiente <i>laissezferista</i>. Estas tensiones se resuelven con la intervenci&oacute;n de cuerpos colegiados de juristas a los que se denomina “tripartito”, cuya funci&oacute;n es la de emitir decisiones de &uacute;ltima instancia con las que, generalmente, muchos de nuestros actores quedan insatisfechos. Si los Estados modernos se caracterizan por haber consignado en su Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, instituci&oacute;n de instituciones, los derechos fundamentales que promueven la unidad y coherencia de una sociedad diversa, a los cuerpos colegiados aludidos les compete entonces administrar justicia a su tenor, lo que exige a la sociedad un esfuerzo notable para erigir al grado de “magistrado” a los miembros de las &eacute;lites jur&iacute;dicas para que confluyan en el tripartito en espera de que sus decisiones socr&aacute;ticas sean tomadas por consenso.</p>     <p align="justify">Pero las decisiones del tripartito no est&aacute;n exentas de tensiones puesto que el principio de separaci&oacute;n de poderes, tambi&eacute;n caracter&iacute;stico del Estado moderno, se levanta en la voz de quienes no se resignan a aceptar el contenido de sus decisiones que, en la tradici&oacute;n del <i>Common Law</i>, son inapelables pues no existe otro tribunal de mayor jerarqu&iacute;a al que recurrir, mientras que en el <i>Civil Law</i> el magistrado no est&aacute; obligado a seguir el precedente jurisprudencial y, m&aacute;s a&uacute;n, est&aacute; facultado para revisarlo. Este principio, recordemos, fue enunciado con la intenci&oacute;n de salvaguardar a las personas de alguna modalidad de Estado que opte por la tiran&iacute;a y la opresi&oacute;n de sus asociados, de forma que la erradicaci&oacute;n del despotismo es inherente a una separaci&oacute;n de los poderes del Estado, en el parlamento, al que compete legislar o emitir leyes estatutarias, en el gobierno, cuya &oacute;rbita de funciones se circunscribe a la ejecuci&oacute;n, y en el poder judicial, compuesto por &oacute;rganos colegiados de diferente jerarqu&iacute;a que se encargan de impartir justicia. En s&iacute;ntesis, en los Estados modernos quien juzga es un cuerpo colegiado diferente de quien ejecuta y de quienes legislan.</p>     <p align="justify">Hoy es frecuente escuchar que “la iniciativa legislativa le corresponde al ejecutivo”, que en una u otra materia tal magistrado “salv&oacute; su voto” o que la declaratoria de los estados de excepci&oacute;n genera ciertas potestades legislativas que le son transferidas temporalmente al poder ejecutivo. La cuesti&oacute;n es si estas conductas representan una desviaci&oacute;n de los prop&oacute;sitos que persegu&iacute;an los pensadores liberales que promovieron el principio de separaci&oacute;n de poderes o son transitorias. Cuesti&oacute;n de innegable trascendencia pero de naturaleza radicalmente diferente a la que se suscita cuando el tripartito emite sentencias que buscan ajustar a derecho las decisiones que toman &oacute;rganos cuasi legislativos por falta de una ley estatutaria o una interpretaci&oacute;n err&oacute;nea de las que est&aacute;n vigentes, y que atente contra los derechos fundamentales de alguno de los agentes.</p>     <p align="justify">A continuaci&oacute;n se discute el fen&oacute;meno de la producci&oacute;n del suelo urbano y la formaci&oacute;n del precio, en la medida en que es la precondici&oacute;n de la estructuraci&oacute;n residencial urbana que est&aacute; en juego, lo que abordaremos como pre&aacute;mbulo a la discusi&oacute;n de las reglas generales en las que reposa el funcionamiento del mercado del suelo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>TIEMPO Y PRECIO DE ANTICIPACI&Oacute;N DEL SUELO URBANO</b></p>     <p align="justify">Para incorporar el tiempo hist&oacute;rico en el an&aacute;lisis de las elecciones de los agentes que participan en la transferencia de riquezas de la estructuraci&oacute;n residencial urbana y de sus interacciones propongo partir de sus cualidades fundamentales, las de ser acumulativo, reflexivo e irreversible, con el convencimiento de que s&oacute;lo as&iacute; podremos dar cuenta de la “m&aacute;s dif&iacute;cil y determinante de las percepciones del tiempo”: el presente (Ar&oacute;stegui, 2004, 72). Si el presente es un precipitado del pasado ello se debe a que tomamos conciencia de los acontecimientos a trav&eacute;s del estudio de la historia escrita o de la historia que vivimos, en la que atestiguamos la manera como el tiempo ha quedado grabado en el espacio. Tambi&eacute;n est&aacute; a nuestro alcance intuir que, para conseguir la actual estructura residencial urbana, los agentes emplearon su capacidad reflexiva en el pasado para imaginar c&oacute;m o ser&iacute;a el presente, as&iacute; como hoy lo hacen para elegir los futuros posibles. Pero as&iacute; como el “calor se mueve de los cuerpos m&aacute;s calientes a los m&aacute;s fr&iacute;os” (Georgescu-Roegen, 1996, 189), el tiempo involucrado en tal elecci&oacute;n es irreversible, no cabe la posibilidad de una concepci&oacute;n dual que involucre simult&aacute;neamente acontecimientos reversibles.</p>     <p align="justify">Las elecciones de los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial est&aacute;n mediadas por estas cualidades del tiempo debido a que tienen conciencia hist&oacute;rica de un pasado, muchas veces turbulento, de un presente desconocido en su mayor parte y de un futuro incierto, lo que implica que su comportamiento no ha estado escrito desde antes, como ahora y para siempre. Por ello, la noci&oacute;n del tiempo que asumimos, “la corriente de la conciencia” (ib&iacute;d., 187), lo reconoce dotado de una estructura en la que los acontecimientos pueden ocurrir en instantes o pueden estructurar de manera transitoria una coyuntura, o bien pueden tener una duraci&oacute;n. La expectativa fundada en la irrepetibilidad de las oportunidades para realizar elecciones positivas, esto es, que redundan en captaci&oacute;n de riquezas por algunos agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana, los lanza a una carrera irrefrenable de toma de decisiones del tipo “ahora o nunca” que se ejecutan en instantes, fortuitos o no, en los que ocurren acontecimientos decisivos que modifican el curso del mundo y que ponen a prueba la razonabilidad y la audacia de nuestros agentes, para realizar transacciones gananciosas o no, para adoptar medidas de pol&iacute;tica o, en fin, para tomar decisiones cruciales.</p>     <p align="justify">El instante es, en raz&oacute;n de la acuciosidad que entra&ntilde;a, el componente m&aacute;s odioso de la estructura del tiempo, en el que se pone de manifiesto que esas oportunidades no est&aacute;n al alcance de todos a causa de la desigual dotaci&oacute;n relativa de capital y de econom&iacute;as relacionales. Pero el miedo y la duda afloran en coyunturas de “incertidumbre no probabilizable” (Abramo, 2001, 209), esto es, con la irrupci&oacute;n de fen&oacute;menos irreductibles al c&aacute;lculo estoc&aacute;stico; pues as&iacute; como las innovaciones inmobiliarias que introducen los estructuradores urbanos pueden originar una inflexi&oacute;n en la tendencia espacial de la configuraci&oacute;n residencial urbana, una innovaci&oacute;n institucional que modifica las reglas que le indican al agente lo que “puede, no puede, debe, no debe, est&aacute; autorizado o no est&aacute; autorizado a hacer” (Commons, 2003, 193) tiene el vigor requerido para perturbar las expectativas configuradas con base en el ciclo y la tendencia. Esta inflexi&oacute;n subvierte la monoton&iacute;a de unos eventos que, encadenados mentalmente, nos afiliaron a un pasado perenne y, adem&aacute;s, abre un nuevo abanico de futuros posibles en el que ya no es posible tomar en cuenta algunos de los precedentes.</p>     <p align="justify">Al considerar que ese tiempo est&aacute; configurado por instantes, coyunturas y transcursos diferenciados, subrayamos el car&aacute;cter din&aacute;mico de ciertos acontecimientos surgidos de la interacci&oacute;n de los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana, de manera que el conocimiento acerca de la transferencia de riquezas inherente a la estructuraci&oacute;n residencial urbana implica, inevitablemente, tener en cuenta la anticipaci&oacute;n que los agentes realizan de los futuros posibles, comenzando por la del precio del suelo. La manera como hemos conducido la reflexi&oacute;n nos situ&oacute; delante de una primera conclusi&oacute;n que moldea nuestra noci&oacute;n del bien suelo urbano: el suelo en su estado original es suelo rural, a diferencia del suelo que se califica como urbano desde el momento en que se incorpora al per&iacute;metro de la ciudad, para ser transformado de suelo cultivable en suelo accesible y habitable por cuenta, exclusivamente, de la producci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos urbanos, tiempo durante el que es sometido a la acci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental para que pueda ser edificado.</p>     <p align="justify">Si los principales componentes de las cargas del urbanismo son el suelo p&uacute;blico, las inversiones para producir bienes p&uacute;blicos –accesibilidad, habitabilidad y sociabilidad– y, en no pocas ocasiones, la remoci&oacute;n de capas superficiales de suelo para mejorar su edificabilidad, ser&iacute;a factible, en apariencia, formar con su costo el precio del suelo urbano. Pero el “precio formado” no es el precio de mercado, pues el precio del suelo urbano deviene de una transacci&oacute;n que, en lo fundamental, involucra las anticipaciones de los estructuradores urbanos acerca de las inclinaciones localizacionales y de vecindario de las familias y de las propuestas de crecimiento f&iacute;sico de la ciudad que realiza el gobierno, y que les permiten apropiarse de un considerable monto de su riqueza. De manera que la trayectoria temporal del precio formado difiere sustancialmente de la del precio anticipado, y esta &uacute;ltima es la que est&aacute; expuesta a las inflexiones suscitadas en instantes de tiempo o en coyunturas no probabilizables en las que se aceleran tales anticipaciones. Entonces es pertinente una breve reflexi&oacute;n sobre la naturaleza del suelo urbano y lo que est&aacute; en juego en la formaci&oacute;n de su precio de mercado.</p>     <p align="justify">Las caracter&iacute;sticas esenciales del suelo en su estado natural son la localizaci&oacute;n y la fertilidad. Adquiere car&aacute;cter urbano cuando, por decisi&oacute;n del gobierno, se incorpora al per&iacute;metro de la ciudad y se le da un uso diferente al anterior –agr&iacute;cola– para intervenirlo y sustituir algunas de sus caracter&iacute;sticas por otras que lo hagan accesible y habitable; en &uacute;ltimas, para que ese nuevo bien, el suelo urbano, aloje bienes que sirvan de residencia a las familias. Dicho as&iacute;, es claro que en el instante en que el gobierno refrenda la decisi&oacute;n de incorporarlo al per&iacute;metro se compromete a hacerlo edificable, lo que implica realizar un conjunto de esfuerzos colectivos (cargas urban&iacute;sticas) que forman parte de la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental. Esos esfuerzos colectivos son los &uacute;nicos que pueden transformar el suelo original en suelo urbano pues las posibilidades del capital individual para producir accesibilidad y habitabilidad son virtualmente nulas.</p>     <p align="justify">El propietario del suelo urbano s&oacute;lo posee el dominio de un segmento del terreno sobre el que se levanta el espacio residencial. Antes de incorporarlo al per&iacute;metro de la ciudad, ese dominio hac&iacute;a posible obtener ciertas riquezas cuando el trabajo incorporado permit&iacute;a explotarlo productivamente, siendo su expresi&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n la renta del suelo agr&iacute;cola que, por lo dem&aacute;s, es el &uacute;nico derecho de propiedad que detenta el due&ntilde;o del terreno como dominio que hered&oacute; de las condiciones previas a la incorporaci&oacute;n al per&iacute;metro urbano pues, como se ha insistido, las condiciones que lo hacen edificable son producidas totalmente por los esfuerzos colectivos involucrados en la producci&oacute;n de accesibilidad y habitabilidad. Aun en las modalidades de regulaci&oacute;n urban&iacute;stica inspiradas en el C&oacute;digo Napole&oacute;nico, que derivan en una noci&oacute;n de libertad individual que se concreta en el derecho de usar y abusar del suelo, el propietario s&oacute;lo puede ejercer ese derecho sobre su dominio pues el potencial constructivo del suelo es resultado de la acci&oacute;n urban&iacute;stica del gobierno; &eacute;ste, en nombre de la sociedad, puede y debe exigir que el derecho de construir que le pertenece se separe del dominio del due&ntilde;o de la tierra, ya que cuando se confunden se degrada la noci&oacute;n de propiedad.</p>     <p align="justify">La acci&oacute;n planeada del gobierno para distribuir los esfuerzos colectivos en el espacio urbano y propiciar una distribuci&oacute;n justa y equitativa de las cargas y beneficios del proceso de urbanizaci&oacute;n debe entonces incorporar la enajenaci&oacute;n onerosa del derecho de construir a los agentes que est&eacute;n interesados. Tal traspaso es una operaci&oacute;n de mercado, una cesi&oacute;n de derechos de construcci&oacute;n que exige una contraprestaci&oacute;n monetaria, que cuando no se realiza degrada la noci&oacute;n de propiedad pues facilita la apropiaci&oacute;n de los esfuerzos colectivos por agentes ajenos a su producci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La geograf&iacute;a f&iacute;sica tambi&eacute;n influye en el potencial de construcci&oacute;n del suelo y es la fuente primigenia de la segmentaci&oacute;n de la ciudad. Diversos investigadores han examinado esa influencia desde un enfoque ricardiano de la renta del suelo. En un medio urbano con notorias fracturas geogr&aacute;ficas, diferentes relieves y capacidades portantes, los esfuerzos colectivos son m&aacute;s exigentes que en geograf&iacute;as isom&oacute;rficas planas. Por ello, las mayores densidades de ocupaci&oacute;n se encuentran en zonas planas y terrenos con alta capacidad de carga. Pero las zonas pendientes de nuestras ciudades han cobrado paulatinamente mayor valor por la escasez f&iacute;sica y econ&oacute;mica de suelo en zonas planas y por el inter&eacute;s de confinamiento de algunas familias. No deben existir desigualdades apreciables en los placeres contemplativos que el paisaje brinda a las familias que habitan en residencias situadas en las cotas m&aacute;s elevadas de la ciudad, pero s&iacute; en las condiciones de accesibilidad y habitabilidad. Puesto que hay mayor propensi&oacute;n a ocupar el suelo urbano localizado en zonas planas, las familias de menores ingresos son forzadas a residir en las zonas perif&eacute;ricas. Esto tiene una implicaci&oacute;n relevante para la estructuraci&oacute;n urbana residencial, pues los costos complementarios de accesibilidad son mayores para estas familias. Por su parte, las m&aacute;s adineradas tienen medios de locomoci&oacute;n m&aacute;s vers&aacute;tiles que les permiten superar las dificultades de acceso a un terreno pendiente y, con ello, habitar un vecindario confinado a familias de ingresos similares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque la geograf&iacute;a f&iacute;sica de la ciudad es la fuente primigenia de su segmentaci&oacute;n, no es la &uacute;nica ni la m&aacute;s relevante. En contraste con zonas de ladera de f&aacute;cil acceso, algunas zonas planas tienen dificultades de acceso debido a su hiperdensificaci&oacute;n. Aqu&iacute; nos alejamos de las hip&oacute;tesis de la congesti&oacute;n urbana como resultado de la proliferaci&oacute;n del veh&iacute;culo particular. En cambio, las desigualdades en las condiciones de habitabilidad de las diferentes zonas de la ciudad son un rasgo inequ&iacute;voco del tipo de actuaci&oacute;n con el que el capital inmobiliario deja su impronta en el espacio urbano. En relaci&oacute;n con el suelo urbano, ese capital no tiene otro inter&eacute;s que desarrollarlo hasta donde la acumulaci&oacute;n previa y la astucia del estructurador urbano lo permitan. En ausencia de una acci&oacute;n colectiva urbana que separe el dominio del derecho de construir, la astucia del estructurador urbano se traducir&aacute; en la contracci&oacute;n de las cantidades de suelo requeridas para la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos urbanos o en el encarecimiento de los bienes inmobiliarios localizados en zonas con mayores cesiones de suelo a la ciudad.</p>     <p align="justify">Hemos ordenado la reflexi&oacute;n de esta manera para destacar una caracter&iacute;stica del suelo urbano esencial para entender el proceso de estructuraci&oacute;n residencial urbana y la formaci&oacute;n de su precio: la de ser un bien compuesto por una porci&oacute;n edificable y otra que no lo es, porciones que son indivisibles. Si la condici&oacute;n para la hiperdensificaci&oacute;n es la contracci&oacute;n del suelo necesario para la producci&oacute;n p&uacute;blica de ciertas condiciones de habitabilidad, su efecto macrosocial es la falta de espacios suficientes para que en la ciudad surjan rutinas cotidianas de interacci&oacute;n compleja, de modo que el ciudadano tendr&aacute; cada vez m&aacute;s las caracter&iacute;sticas de un individuo conservador relegado a pr&aacute;cticas de interacci&oacute;n simple con quienes habitan en su residencia. En el plano macroecon&oacute;mico, la existencia del suelo no edificable significa que su valor se refleja en un mayor precio del suelo edificable, pues las cesiones no onerosas o gratuitas de suelo a la ciudad son s&oacute;lo una falacia creada alrededor de las inclinaciones filantr&oacute;picas de un “altruista ausente”.</p>     <p align="justify">Pero los precios del suelo urbano requieren tiempo para realizarse. Keynes advirti&oacute; que los procesos de anticipaci&oacute;n son un aspecto central de la din&aacute;mica econ&oacute;mica al que no se presta la debida atenci&oacute;n, una actividad que realizan agentes especializados a los que denominamos estructuradores urbanos, y que esos procesos no obedecen a un c&aacute;lculo predictivo sino a la anticipaci&oacute;n de los cambios en las convenciones con antelaci&oacute;n al inversionista promedio, de los que se deriva un rendimiento superior al rendimiento medio. El estructurador urbano que tiene conciencia del tiempo se enfrenta a instantes decisivos en los que debe elegir, reaccionar a coyunturas imprevistas y emplear su capital para acelerar o retrasar el curso de los acontecimientos. En esa estructura del tiempo sus esfuerzos, improductivos en el presente pero decisivos para la producci&oacute;n inmobiliaria residencial en el futuro, se dedican a anticipar la acci&oacute;n urban&iacute;stica del gobierno y las elecciones de las familias, estas &uacute;ltimas mediadas por el lugar que ocupan en la jerarqu&iacute;a de la distribuci&oacute;n del ingreso urbano e interesadas en lucrarse del binomio localizaci&oacute;n-vecindario. Por esos “esfuerzos improductivos” reclama como premio un incremento de los precios del suelo urbano.</p>     <p align="justify">La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> representa la formaci&oacute;n del precio urbano en un tiempo estructurado en instantes, coyunturas y duraciones, durante el cual el suelo adquiere car&aacute;cter urbano y el estructurador intenta prever el precio m&aacute;ximo (P<sub>f</sub>) al que el mercado lo tasar&aacute; en el futuro. Ese precio se correlaciona positivamente con el potencial constructivo creado por la acci&oacute;n urban&iacute;stica del gobierno, una de cuyas tareas es la provisi&oacute;n universal de bienes p&uacute;blicos urbanos; por ello el capital p&uacute;blico dedicado a esa tarea debe circular de la manera como los te&oacute;ricos del circuito pensaron la econom&iacute;a monetaria de la producci&oacute;n (Abramo, 1998, 155-162): los esfuerzos globales incrementados se deben reincorporar al comienzo del circuito urbano de la moneda una vez se hayan incorporado como un mayor valor en la producci&oacute;n de bienes inmobiliarios residenciales.</p>     <p align="justify"><a name="g2"></a>Gr&aacute;fica 2    <br> Trayectoria temporal del precio anticipado del suelo urbano y algunas inflexiones posibles</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n17/v9n17a10g2.jpg"></p>     <p align="justify">El tiempo involucrado en la formaci&oacute;n de los precios urbanos es irreversible y, por ello, la previsi&oacute;n del estructurador urbano sobre las bases convencionales que resuelven la interacci&oacute;n compleja de nuestros agentes es de car&aacute;cter totalmente especular. Un instante decisivo en la formaci&oacute;n del precio del suelo urbano es aquel en el que se configura un per&iacute;metro urbano por la acci&oacute;n urban&iacute;stica del gobierno y, como resultado, se incorpora suelo agr&iacute;cola a un medio que lo requiere para usos m&aacute;s rentables, instante en el cual los precios del suelo reci&eacute;n incorporado se modifican: como suele ocurrir, P<sub>a</sub> es menor que P<sub>c</sub> debido a la previsi&oacute;n de que el rendimiento peri&oacute;dico del suelo agr&iacute;cola ser&aacute; suplantado por el uso residencial urbano que lo mantendr&aacute; cautivo por un lapso considerable, y a la previsi&oacute;n sobre el tipo de vecindario propuesto por la acci&oacute;n urban&iacute;stica del gobierno.</p>     <p align="justify">Es posible que P<sub>c</sub> sea menor que P<sub>a</sub>, como ocurre con el suelo dedicado a cultivos agroindustriales que producen alto rendimiento anual, que se erige en barrera para ubicar ciertos vecindarios o, en t&eacute;rminos de la nueva sociolog&iacute;a urbana francesa, existen campesinos a quienes el incentivo monetario P<sub>c</sub> – P<sub>a</sub> no los cautiva como para rendirse a la “seducci&oacute;n” del mercado laboral urbano. Pero el caso que nos ocupa es m&aacute;s general, el del estructurador urbano cuyo &eacute;xito es narrado como el del “prohombre” que acumul&oacute; fortuna s&oacute;lo por mantener intacto un se&ntilde;or&iacute;o sobre unos terrenos, quiz&aacute; incultos hasta que el gobierno opt&oacute; por urbanizarlos.</p>     <p align="justify">Puede suceder que este agente no posea dominio sobre alg&uacute;n terreno, como ocurre en ciertas ciudades latinoamericanas en las que se han introducido nuevas modalidades de regulaci&oacute;n de la acci&oacute;n colectiva urbana que separan el dominio sobre el suelo y el derecho de construir. Cuando este &uacute;ltimo es restituido a su propietario original –la ciudad–, el estructurador urbano deja de tener el aliciente fundamental para mantener un acervo de terrenos en su patrimonio. Pero ello no es &oacute;bice para su tarea, pues la sobreganancia que deriva de su funci&oacute;n estructuradora se emplea como incentivo para que el due&ntilde;o del terreno lo vincule a la producci&oacute;n inmobiliaria residencial. Ese terreno reci&eacute;n incorporado adquiere un precio mayor que, sin embargo, no modifica sustancialmente el potencial constructivo que lo precedi&oacute;, y que denotamos con un &iacute;ndice de constructibilidad IC<sub>1</sub>, pues hasta ese instante no ha habido una acci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental que modifique sus caracter&iacute;sticas originales; en otros t&eacute;rminos, ese es el dominio que corresponde leg&iacute;timamente al propietario del terreno.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ese instante opera como llave del cofre en que se esconden las intenciones de los dem&aacute;s agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana. El estructurador urbano prev&eacute; que el mercado pagar&aacute; por el suelo –en sus nuevas condiciones urbanas– un precio P<sub>d</sub>, pues el potencial construible se increment&oacute; a IC<sub>2</sub>, pero para ello tendr&aacute; que tornar p&uacute;blicas ciertas cantidades de suelo. La previsi&oacute;n del estructurador urbano concluye con un c&aacute;lculo bastante simple acerca del instante en que la acci&oacute;n colectiva urbana determine el uso residencial mediante la zonificaci&oacute;n y las cesiones obligatorias del suelo incorporado, indispensables para la producci&oacute;n p&uacute;blica de las condiciones de accesibilidad y habitabilidad.</p>     <p align="justify">Como hemos advertido, el propietario del dominio sobre el suelo no es un fil&aacute;ntropo reconocido por sus acciones altruistas y, por ello, computa esas cesiones en el ingreso total que le producir&iacute;a un precio P<sub>d</sub>, para que refleje el valor de los terrenos cedidos en el precio del suelo edificable P<sub>e</sub>. Las cesiones de suelo a la ciudad, as&iacute; como las afectaciones del suelo para producir la accesibilidad, se convierten en una carga urban&iacute;stica para la ciudad y no para &eacute;l, como enmascara el “mito de la gratuidad” que normalmente acompa&ntilde;a al discurso ingenuo del sentido com&uacute;n que se dice ilustrado. Su astucia se concreta en ese sencillo c&aacute;lculo para situar el precio del suelo en P<sub>e</sub>, una poderosa se&ntilde;al para la estructuraci&oacute;n urbana residencial pues, al estar correlacionado positivamente con la cantidad de suelo p&uacute;blico, incide en el incremento del potencial construible a IC<sub>3</sub>.</p>     <p align="justify">T<sub>2</sub> es el tiempo de ejecuci&oacute;n de la urbanizaci&oacute;n propiamente dicho y su duraci&oacute;n depende de la envergadura de la intervenci&oacute;n que plane&oacute; el gobierno para producir accesibilidad y habitabilidad. Es justo al inicio de T<sub>2</sub> que es posible inferir alguna jerarqu&iacute;a en la distribuci&oacute;n de las familias en el espacio residencial urbano como resultado de la calidad y la proximidad temporal del cumplimiento de la promesa urban&iacute;stica del gobierno, desde las que pueden movilizar grandes cantidades de dinero para acceder al suelo accesible-habitable hasta las que s&oacute;lo pueden adquirir el dominio de un terreno amparado con una promesa de desmarginalizaci&oacute;n o de urbanizaci&oacute;n social. Dada la proximidad o lejan&iacute;a del cumplimiento de la promesa del gobierno, el estructurador urbano cuenta con un lapso para que la demanda revele las intenciones de localizaci&oacute;n-vecindario y, con su ayuda, intenta anticipar la disposici&oacute;n de esas familias a pagar por la localizaci&oacute;n-vecindario a trav&eacute;s de su propuesta inmobiliaria.</p>     <p align="justify">El estructurador urbano que opera en el mercado de las familias con mayor disposici&oacute;n a pagar que el promedio asume, por regla general, las caracter&iacute;sticas del empresario schumpeteriano que compite en el mercado inmobiliario diferenciando los bienes residenciales (Abramo, 1998, 205-224), construidos a partir de cierto tipo de innovaciones en las que las familias m&aacute;s adineradas intuyen que pueden recrear sus inclinaciones segregacionistas, esto es, que pueden derivar beneficios monetarios de su concentraci&oacute;n en alg&uacute;n vecindario generando, por tanto, barreras f&iacute;sicas y econ&oacute;micas que mantengan alejados a los intrusos potenciales. Por tanto, esas innovaciones-diferenciaciones de los activos residenciales son funcionales a la captaci&oacute;n de beneficios monetarios de las externalidades de vecindad derivadas de ese tipo de comportamiento, y su &eacute;xito se concreta en la imposici&oacute;n de un precio del suelo urbano situado entre P<sub>e</sub> y el precio m&aacute;ximo de mercado P<sub>f</sub>, intervalo correlativo a un potencial constructivo como IC<sub>4</sub>. Cuando ese potencial constructivo se aprovecha integralmente, se transfiere riqueza colectiva a los agentes privados de la estructuraci&oacute;n residencial urbana.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n puede suceder que el comportamiento racista de esas familias las lleve a prever que una mayor densidad de construcci&oacute;n, como la que se derivar&iacute;a del grado de verticalizaci&oacute;n IC<sub>4</sub>, es una invitaci&oacute;n a la llegada de familias intrusas en el futuro, y el precio m&aacute;ximo puede ser compatible con una densidad-verticalizaci&oacute;n inferior, es decir, con una menor cantidad de activos residenciales de silueta m&aacute;s horizontal construidos en zonas de alta accesibilidad-habitabilidad. En esta &uacute;ltima situaci&oacute;n, la ciudad afronta un enorme costo colectivo por la ineficiencia de los mecanismos de coordinaci&oacute;n del mercado del suelo, al no tener en cuenta los comportamientos racistas de las familias m&aacute;s adineradas que le permitieron al estructurador urbano conducirla a una anticipaci&oacute;n errada. Pero si ese comportamiento racista, en t&eacute;rminos de Rose-Ackerman, es inherente a las familias m&aacute;s adineradas, el resto de familias no tiene que ser indiferente a sus intenciones de localizaci&oacute;n y a la configuraci&oacute;n de un vecindario homog&eacute;neo y exclusivo. Tambi&eacute;n desean extraer alg&uacute;n beneficio monetario de esa aglomeraci&oacute;n y est&aacute;n dispuestas a pagar por ello y, por esa raz&oacute;n, las previsiones sobre las modificaciones de la distribuci&oacute;n personal del ingreso urbano juegan un papel determinante en la estructuraci&oacute;n residencial urbana: un deterioro del coeficiente de Gini es compatible con propuestas segregacionistas, mientras que una mejora de la distribuci&oacute;n puede alentar a las familias intrusas a modificar sus expectativas sobre su futuro residencial.</p>     <p align="justify"><b>OPCIONES PARA CONFIGURAR LOS MERCADOS INMOBILIARIOS RESIDENCIALES</b></p>     <p align="justify">Durante muchos a&ntilde;os, m&aacute;s de los que quisi&eacute;ramos, ha hecho carrera la idea de que “quien controla el suelo controla la ciudad”. Esa idea ha tomado cuerpo en los discursos sobre el ejercicio del poder que reporta la propiedad del suelo, del cual provienen las principales desigualdades urbanas. Uno de sus primeros enunciados fue el del fundador de la nueva sociolog&iacute;a francesa, Topalov (1979, 179), quien vio en las formas feudales de tenencia del suelo la principal barrera que deb&iacute;an superar los agentes que participan en la producci&oacute;n capitalista del espacio construible. Esta idea es retomada en diferentes discursos que, como en el caso de M&eacute;xico, dominan la discusi&oacute;n sobre la propiedad de los terrenos ejidales (Iracheta, 2005). Seg&uacute;n nuestra noci&oacute;n del suelo urbano como bien p&uacute;blico, esa idea enf renta dos dificultades. Por un lado, intenta explicar el funcionamiento de un mercado monopolista que no reviste sus caracter&iacute;sticas fundamentales y, por otro, no incorpora dos requisitos ineludibles para la producci&oacute;n del espacio edificable: la regulaci&oacute;n urban&iacute;stica y las dotaciones de bienes p&uacute;blicos urbanos.</p>     <p align="justify">As&iacute; como otros mercados, en el del suelo urbano hay un encuentro recurrente de oferentes y demandantes que, de alguna manera, quedan satisfechos con las transacciones que realizan, pues de lo contrario no volver&iacute;an a concurrir. La satisfacci&oacute;n de esos agentes surge de su convicci&oacute;n de haber realizado alguna expectativa mediante esa transacci&oacute;n que, a su vez, est&aacute; sujeta a reglas de funcionamiento cuyo incumplimiento implica una sanci&oacute;n, las cuales configuran una modalidad de regulaci&oacute;n urban&iacute;stica. Pero es frecuente que la sociedad convenga en que algunos agentes interact&uacute;en con reglas establecidas al margen de la regulaci&oacute;n, que configuran los mercados informales. La sujeci&oacute;n de los agentes a uno u otro tipo de reglas se equipara en algunos discursos a la legalidad o la ilegalidad de las pr&aacute;cticas que emplean para transferir riquezas, lo que deja de lado una discusi&oacute;n que, a nuestro parecer, es m&aacute;s trascendente: la de la legitimidad o la ilegitimidad social de algunos agentes y, por tanto, de sus ganancias. El propietario del suelo, el terrateniente urbano, es un agente pasivo en la producci&oacute;n inmobiliaria pues no aporta ning&uacute;n esfuerzo productivo y, en cambio, reclama una porci&oacute;n del valor creado por la sociedad a trav&eacute;s del precio. Esa caracter&iacute;stica distintiva del terrateniente urbano, comportarse pasivamente ante la producci&oacute;n y limitarse a comprar tierra barata para luego venderla a precios m&aacute;s elevados, puede estar revestida de una legalidad que luce balad&iacute; frente a su infranqueable ilegitimidad social (Jaramillo, 2004).</p>     <p align="justify">Veamos entonces de qu&eacute; manera la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental da origen a cuatro formas de funcionamiento del mercado originario de la estructuraci&oacute;n residencial urbana: el mercado del suelo urbano. De la imbricaci&oacute;n de alguna modalidad de regulaci&oacute;n urban&iacute;stica –acci&oacute;n colectiva urbana o C&oacute;digo Napole&oacute;nico– con la responsabilidad –p&uacute;blica o privada– en la producci&oacute;n de accesibilidad y habitabilidad sobrevienen las cuatro opciones o tipos de mercado que se presentan en el <a href="#c1">cuadro 1</a>.</p>     <p align="justify">Del car&aacute;cter activo o reactivo de la regulaci&oacute;n urban&iacute;stica se derivan varias implicaciones. En el plano social, se pone en juego el devenir del modo de vida urbano; en el econ&oacute;mico, la equidad y el crecimiento urbanos y, en el pol&iacute;tico, la igualdad de oportunidades y la legitimidad de los agentes que intervienen en la reproducci&oacute;n de los sistemas. La acci&oacute;n colectiva urbana se introduce entonces como par dial&eacute;ctico del C&oacute;digo Napole&oacute;nico para diferenciar el an&aacute;lisis basado en los enfoques que defienden enconadamente la supuesta “libertad de los actores” del mercado de la estructuraci&oacute;n residencial urbana, o la acci&oacute;n de una “mano invisible descontrolada” (Fujita et al., 2000, 31) del an&aacute;lisis de los enfoques que consideran que las transacciones en un mercado sin reglas son inconcebibles (Commons, 2003, 195-196). De este &uacute;ltimo an&aacute;lisis surge el institucionalismo radical como opci&oacute;n te&oacute;rica para estudiar la manera de liberar a la persona y sus bienes de la amenaza derivada del descontrol de los deseos humanos, que pone en peligro la supervivencia colectiva, el bienestar general y la unidad y la coherencia de la sociedad, previniendo a la ciudad de la usurpaci&oacute;n de lo que le es m&aacute;s caro, sus esfuerzos colectivos, por formas modernas de pillaje que el derecho identifica como “enriquecimiento sin justa causa” de los particulares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="c1"></a>Cuadro 1    <br> Opciones para organizar el mercado del suelo urbano</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n17/v9n17a10c1.jpg"></p>     <p align="justify">Entre las modalidades de regulaci&oacute;n urban&iacute;stica se distinguen las que otorgan incentivos para el enriquecimiento sin justa causa de los estructuradores urbanos, y las que proponen una ciudad m&aacute;s virtuosa basada en el reparto equitativo de las cargas y beneficios del proceso de urbanizaci&oacute;n. Dentro del primer tipo se encuentran las que, inspiradas en una deformaci&oacute;n del C&oacute;digo Napole&oacute;nico, introducen la noci&oacute;n de derechos de propiedad del due&ntilde;o de la tierra, en el mal entendido de que el dominio y el derecho de construir le pertenecen y que est&aacute; en “libertad” de hacer y deshacer con el suelo urbano lo que tenga a bien, o sea, usar y abusar del bien como su voluntad lo indique; el <i>laissezferismo</i> urbano pertenece a esta modalidad. La acci&oacute;n colectiva urbana es la otra modalidad de regulaci&oacute;n urban&iacute;stica a partir de la noci&oacute;n de instituci&oacute;n que propone Commons, que lo distingue del neoinstitucionalismo –aun en su versi&oacute;n funcionalista emergente (Chang, 2006)–, para las que la noci&oacute;n de instituci&oacute;n es polis&eacute;mica, por no decir ambigua (Nelson y Sampat, 2001, 18):</p>     <blockquote>      <p align="justify">Si nos empe&ntilde;amos en encontrar una circunstancia universal, com&uacute;n a todo el comportamiento conocido como institucional, podemos definir a una instituci&oacute;n como acci&oacute;n colectiva que controla, libera y ampl&iacute;a la acci&oacute;n individual […] La acci&oacute;n colectiva abarca toda aquella gama que va de la costumbre no organizada a los diversos intereses en marcha como la familia, la corporaci&oacute;n, la asociaci&oacute;n comercial, el sindicato, el sistema de la reserva, el Estado. El principio com&uacute;n a todos ellos es el mayor o menor control, liberaci&oacute;n y ampliaci&oacute;n de la acci&oacute;n individual mediante la acci&oacute;n colectiva (Commons, 2003, 191-192).</p> </blockquote> </font>    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Para la econom&iacute;a urbana es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil omitir esta dimensi&oacute;n crucial del desempe&ntilde;o econ&oacute;mico y social de las ciudades. Aun los economistas m&aacute;s ortodoxos, a los que cabe llamar aceleracionistas, que consideran que el <i>laissezferismo</i> es el mejor camino para mejorar el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico, reconocen que la “demanda de instituciones” sobrevendr&aacute; ex post, aunque diferentes estudios hayan revelado los desaciertos de esta inclinaci&oacute;n ideol&oacute;gica (Godoy y Stiglitz, 2004). Otros, a quienes se denomina gradualistas, confieren a la anticipaci&oacute;n de las normas y las reglas el vigor para reconducir el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico por un sendero menos incierto. En t&eacute;rminos de la discusi&oacute;n propuesta, no es posible entender las interacciones de los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana sin la noci&oacute;n de instituci&oacute;n o de reglas de funcionamiento discernibles en la acci&oacute;n colectiva urbana pero, como se ver&aacute;, el vigor y la astucia de la acci&oacute;n individual han permitido diferir tal modalidad de regulaci&oacute;n hasta neutralizar la eficacia de gran parte de sus sanciones.</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="justify">Las ciudades de alto crecimiento urbano cuya regulaci&oacute;n urban&iacute;stica se inspira en la deformaci&oacute;n del C&oacute;digo Napole&oacute;nico han sido tiranizadas por la astucia de los profesionales de la anticipaci&oacute;n, que se manifiesta en las riquezas sin justa causa que perciben por sus transacciones con el suelo urbano. Cuando se alude a la astucia de estos profesionales no se pretende menoscabar sus valores, su capacidad para influir en los dem&aacute;s para que act&uacute;en, eludan o se abstengan (Commons, 2003, 199), modalidad institucional de propiedad privada que repudi&oacute; J. S. Mill, para quien era un medio para ceder a los profesionales de la anticipaci&oacute;n los frutos del trabajo y la abstinencia de los dem&aacute;s, rasgo indisoluble del <i>laissezferismo</i> impuro. De modo que el fin de su par dial&eacute;ctico, el planeamiento urbano, es restaurar el control de la ciudad para sus habitantes y garantizar la igualdad de oportunidades de accesibilidad y habitabilidad a todos los ciudadanos, y su crecimiento persistente.</p>     <p align="justify"><b>BIENES P&Uacute;BLICOS URBANOS Y ESTRUCTURACI&Oacute;N RESIDENCIAL</b></p>     <p align="justify">Junto a la acci&oacute;n colectiva urbana, es decir, a las instituciones urbanas, la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos urbanos configura la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental. Si bien su manifestaci&oacute;n material –la forma– es la parte conclusiva de la taxonom&iacute;a que aparece en la <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>, esta inclinaci&oacute;n te&oacute;rica presta mayor atenci&oacute;n a su funci&oacute;n en la estructuraci&oacute;n residencial urbana, pues a partir de ella diferenciamos las modalidades de los bienes p&uacute;blicos urbanos, la incidencia de sus manifestaciones materiales y el ordenamiento jer&aacute;rquico en materia de apreciaci&oacute;n social, que permiten entender c&oacute;mo act&uacute;a el capital inmobiliario ante las decisiones p&uacute;blicas en materia de producci&oacute;n (escala) y disposici&oacute;n espacial (localizaci&oacute;n). Siendo la tarea fundamental del estructurador urbano la de complementar la estructuraci&oacute;n residencial urbana mediante la producci&oacute;n de edificaciones privadas, para el caso residenciales, y dada su dependencia de la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos urbanos, es inherente a su actividad la competencia por anticipar mejor que los dem&aacute;s participantes en el mercado la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental del gobierno en materia de producci&oacute;n y disposici&oacute;n espacial de los bienes p&uacute;blicos urbanos, pues de ella deriva sus ganancias extraordinarias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Puesto que la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos urbanos enfrenta “el problema de la coordinaci&oacute;n de las decisiones descentralizadas de localizaci&oacute;n” (Abramo, 1998, 189), el gobierno debe proponer un orden residencial futuro que sea compartido por los estructuradores urbanos y las familias. En la medida en que estos bienes tienen gran valor individual y su vida &uacute;til es muy prolongada en relaci&oacute;n con otros bienes, la decisi&oacute;n de producirlos, que se concreta cuando quedan inmovilizados en el suelo urbano, es crucial por su irreversibilidad al no tener un uso alternativo m&aacute;s rentable.</p>     <p align="justify">De acuerdo con el enfoque de la econom&iacute;a monetaria de la producci&oacute;n, el gobierno de la ciudad s&oacute;lo puede realizar las erogaciones requeridas si recurre a un banco que, por su parte, debe validar las anticipaciones sobre el futuro orden residencial urbano que garantizan el pago del cr&eacute;dito. Es decir, el cr&eacute;dito p&uacute;blico es una anticipaci&oacute;n de la participaci&oacute;n de la ciudad en los mayores precios del suelo que producir&aacute; su acci&oacute;n colectiva y de los impuestos a la propiedad atribuibles a la producci&oacute;n de accesibilidad y habitabilidad. De manera que un desbalance en el pago del servicio de la deuda que comprometa el presupuesto p&uacute;blico para otras necesidades sociales s&oacute;lo se puede originar en el derrame de plusval&iacute;as urbanas hacia los propietarios del suelo o en la exacerbaci&oacute;n del inter&eacute;s del capital financiero por participar en los incrementos del precio del suelo urbano. Cuando esto ocurre, la ciudad <i>laissezferista</i> distribuye “cargas y beneficios de manera arbitraria” (Smolka, 2003) y se convierte en un poderoso instrumento de inequidad.</p>     <p align="justify">Nuestro punto de partida es que la ciudad debe ser accesible para todos los ciudadanos y que los gobiernos locales deben garantizar su disposici&oacute;n universal. Pero el acceso a todos los lugares de la ciudad no garantiza espont&aacute;neamente su habitabilidad. Para ello, la humanidad ha satisfecho y creado nuevas necesidades con ayuda de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica: mientras que el agua potable no tiene sustitutos cercanos ni lejanos y es indispensable para preservar la vida humana, la energ&iacute;a el&eacute;ctrica empez&oacute; a ser en el momento en que fue inventada. A su vez, el devenir del modo de vida urbano tiene como condici&oacute;n la interacci&oacute;n pac&iacute;fica, activa o pasiva, de los habitantes de la ciudad en el espacio p&uacute;blico urbano y el acceso a otro tipo de bienes que lo distinguen del modo de vida rural: las dotaciones del vecindario que simbolizan la superioridad cultural de sus moradores.</p>     <p align="justify"><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3    <br> Los bienes p&uacute;blicos urbanos como elementos constitutivos de la estructura residencial urbana</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v9n17/v9n17a10g3.jpg"></p>     <p align="justify">Como se aprecia en la taxonom&iacute;a de la <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>, los bienes p&uacute;blicos urbanos que estructuran el espacio residencial urbano son, primero, la producci&oacute;n de accesibilidad y habitabilidad y, segundo, las dotaciones del vecindario que promueven la sociabilidad, cuya incidencia sobre los diferentes lugares en que se disponen es discernible mediante el balance de externalidades. N&oacute;tese que estas funciones de los bienes p&uacute;blicos urbanos anteceden a las formas y su incidencia, que puede ser general o restringirse a ciertas zonas de la ciudad, depende de la escala y de la localizaci&oacute;n y proximidad geogr&aacute;fica de tales bienes en el espacio urbano. Tal incidencia s&oacute;lo es discernible mediante un balance de externalidades que, si es positivo, facilita el acceso, promueve la densificaci&oacute;n y dota de equipamientos a algunos lugares y, si es negativo, requiere recursos p&uacute;blicos adicionales para mitigar su impacto. La disposici&oacute;n universal de bienes p&uacute;blicos urbanos en la ciudad es condici&oacute;n inalienable para la instituci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y, por ello, la sociedad encarga al gobierno su producci&oacute;n, su disposici&oacute;n espacial y su custodia, para ampararlos de cualquier tentativa de apropiaci&oacute;n privada. Aunque la disposici&oacute;n universal es inmanente a la noci&oacute;n de bien p&uacute;blico, es esencial para esta argumentaci&oacute;n reconocer que la apreciaci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos urbanos por la ciudadan&iacute;a que los instituy&oacute; puede cambiar en el curso del tiempo hist&oacute;rico.</p>     <p align="justify"><b>LA ACCESIBILIDAD</b></p>     <p align="justify">El principal determinante del potencial de desarrollo del suelo urbano y de su valor es la accesibilidad. La noci&oacute;n de accesibilidad, que se eleva a la categor&iacute;a de “principio gen&eacute;tico de organizaci&oacute;n espacial” (Camagni, 2005, 20) y se vincula a la movilidad espacial de personas y recursos productivos, ha permitido elaborar poderosos discursos sobre la competitividad urbana y regional. Pero es su interpretaci&oacute;n como funci&oacute;n la que permite esclarecer la ambig&uuml;edad y la contradicci&oacute;n de sus manifestaciones materiales, es decir, de sus formas. Accesibilidad significa superaci&oacute;n de las barreras espaciales al movimiento de personas, movimiento que ampl&iacute;a el potencial de interacci&oacute;n con las que habitan en otros vecindarios y las posibilidades de disfrute de equipamientos localizados en vecindarios pr&oacute;ximos o lejanos.</p>     <p align="justify">La econom&iacute;a urbana ortodoxa asocia los lugares de dif&iacute;cil acceso con mayores costos de transporte y, por ello, con dificultades para la competencia, mientras que los m&aacute;s accesibles ofrecen ventajas por las que muchos agentes est&aacute;n dispuestos a competir. De la producci&oacute;n de la red vial principal, y de sus modificaciones y adecuaciones, surgen rentas diferenciales del suelo ocasionadas por la modificaci&oacute;n de la proximidad relativa entre lugares y, por tanto, de su ubicaci&oacute;n en la estructura de la ciudad. Las familias que demandan una localizaci&oacute;n residencial pueden encontrar ventajas al situarse cerca del sistema vial principal, y tambi&eacute;n efectos indeseables como la contaminaci&oacute;n auditiva y visual, la congesti&oacute;n en horas de alto flujo de pasajeros o la mayor probabilidad de involucrarse en eventos fortuitos. Esta es una de las razones por las que el balance de externalidades de la accesibilidad es decisivo en la elecci&oacute;n de la localizaci&oacute;n de los hogares que, adem&aacute;s, se constata observando la correlaci&oacute;n positiva entre este balance y el valor del suelo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, las familias de altos ingresos tienen una fuerte inclinaci&oacute;n a demandar vecindarios con barreras de acceso, que s&oacute;lo algunas pueden franquear, pues les garantizan una proximidad a familias de ingresos similares que, en apariencia, les sirve de medio para afirmar la identidad de sus miembros en reductos confinados. Lo que es facilitado por una v&iacute;a confinante que, aun siendo de poca jerarqu&iacute;a en la malla urbana, es indisoluble de ella. A partir de la ordenaci&oacute;n jer&aacute;rquica de las familias por el nivel del ingreso que perciben regularmente y por la heterogeneidad en la posesi&oacute;n y uso de ciertos bienes complementarios, es posible inferir que el balance de externalidades de la accesibilidad es afectado por la desigual dotaci&oacute;n de estos bienes pues, as&iacute; como las t&eacute;cnicas de insonorizaci&oacute;n permiten mitigar la contaminaci&oacute;n auditiva, uno o m&aacute;s automotores particulares facilitan el confinamiento de las familias.</p>     <p align="justify">De modo que si una regla b&aacute;sica del funcionamiento del mercado del suelo para usos residenciales es que la construcci&oacute;n en altura es el resultado de la “decisi&oacute;n racional” de economizar ese recurso costoso (Levy, 1997, 114), tenemos a disposici&oacute;n un medio poderoso para explicar la existencia de un n&uacute;mero creciente de vecindarios en los que el balance positivo de externalidades de la accesibilidad es muy elevado y, sin embargo, la horizontalizaci&oacute;n del perfil residencial es su caracter&iacute;stica. Pero no hay que perder de vista que la producci&oacute;n de la red vial, as&iacute; como la de los dem&aacute;s bienes p&uacute;blicos urbanos, requiere que cantidades de suelo de uso privado pasen a suelo de uso p&uacute;blico para acoger esas estructuras. Ese paso se realiza mediante operaciones de mercado que generalmente se enmascaran bajo la inadecuada denominaci&oacute;n de “cesiones obligatorias gratuitas”, “gratuidades” o cualquier otra que aluda a la actitud filantr&oacute;pica de los propietarios del suelo.</p>     <p align="justify">Las cesiones de suelo a la ciudad se incorporan por decisi&oacute;n p&uacute;blica a la regulaci&oacute;n urban&iacute;stica, que es taxativa y obligatoria. Pero el terrateniente urbano ajusta precios y cantidades para mantener el ingreso total por la enajenaci&oacute;n del suelo, de modo que en el precio de la porci&oacute;n &uacute;til o construible del suelo se refleja el nivel de cesiones del suelo a la ciudad. Las sociedades donde la acci&oacute;n p&uacute;blica urbana est&aacute; bastante desarrollada reconocen expl&iacute;citamente ese mecanismo como, por ejemplo, en la pr&aacute;ctica del reacondicionamiento de terrenos (<i>kukaku-seiri</i>) del Jap&oacute;n, en la que se reconoce un beneficio adicional al propietario del suelo en proporci&oacute;n a las cesiones de suelo que haga a la ciudad. En otras, como la francesa, los urbanistas a&uacute;n creen que la construcci&oacute;n de infraestructura p&uacute;blica en terrenos p&uacute;blicos adquiridos por los mecanismos convencionales es un legado de su derecho urban&iacute;stico. Y en otras sociedades, donde la acci&oacute;n p&uacute;blica urbana est&aacute; en v&iacute;as de perfeccionamiento, esa pr&aacute;ctica ya se ha incorporado como parte de los arreglos institucionales formales a partir del tripartito, como sucede en Colombia. De aqu&iacute; la trascendencia de las cesiones obligatorias en la configuraci&oacute;n socioespacial urbana de la ciudad, en la formaci&oacute;n de los precios del suelo y en la instituci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a.</p>     <p align="justify"><b>LA HABITABILIDAD</b></p>     <p align="justify">En el momento en que la acci&oacute;n colectiva urbana traza las directrices que orientar&aacute;n el plan maestro de transporte y las cantidades de suelo requeridas para construir las v&iacute;as que garanticen la producci&oacute;n colectiva del bien p&uacute;blico accesibilidad, los precios del suelo sufren un incremento equivalente a la capitalizaci&oacute;n de las expectativas de los estructuradores urbanos sobre el potencial de desarrollo que originaron estas decisiones. Pero es evidente que el nuevo potencial de desarrollo del suelo no fue creado por iniciativa o esfuerzo de los estructuradores urbanos y que el incremento de los precios del suelo se realizar&aacute; en el momento de la edificaci&oacute;n y venta de los activos residenciales. La concreci&oacute;n de ese potencial de desarrollo, que se expresar&aacute; en un perfil o silueta de las edificaciones residenciales, requiere un esfuerzo social adicional para que esos espacios ahora accesibles sean habitables: la producci&oacute;n del bien mayor agua potable y saneamiento b&aacute;sico. La provisi&oacute;n domiciliaria de un bien imprescindible para la vida humana como el agua potable que, adem&aacute;s, no tiene un sustituto pr&oacute;ximo o lejano, es la principal fuente de crecimiento residencial y aun comercial (Levy, 1997, 115), junto a las redes de saneamiento b&aacute;sico: alcantarillado pluvial y sanitario y recolecci&oacute;n domiciliaria de residuos s&oacute;lidos. Otras necesidades que crea la sociedad se satisfacen mediante innovaciones tecnol&oacute;gicas que llegan a los domicilios a trav&eacute;s de su conexi&oacute;n con redes de energ&iacute;a el&eacute;ctrica, telefon&iacute;a e incluso telem&aacute;tica. Al extenderse, estas redes permiten densificar ciertos espacios de la ciudad y sientan las condiciones para realizar el potencial de desarrollo del suelo.</p>     <p align="justify">&iquest;Por qu&eacute; el agua es un bien mayor? Son evidentes las diferencias econ&oacute;micas entre el agua potable que se conduce hasta los domicilios y las aguas lluvias, no obstante sus v&iacute;nculos indisolubles, como que el agua, en su estado natural o “agua cruda”, es el insumo intermedio fundamental e insustituible del agua potable. Y esas diferencias radican en que la mano del hombre interviene en la naturaleza para proveer agua potable a las familias en sus domicilios, intervenci&oacute;n que requiere movilizar cantidades crecientes de capital a las que la sociedad no puede dar usos alternativos. El capital que la sociedad asigna a la provisi&oacute;n domiciliaria de agua potable vincula a las familias a la cuenca hidrogr&aacute;fica que suministra el agua cruda y en la que vierten el agua usada, v&iacute;nculo que revela las tensiones socioambientales que surgen por la falta de convergencia entre el ciclo natural del agua y el ciclo del consumo humano de agua. Por un lado, la renovaci&oacute;n del agua cruda se afecta cuando no se realizan las tareas b&aacute;sicas para la reproducci&oacute;n de las cuencas hidrogr&aacute;ficas y, por otro, la urbanizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la variedad de usos sobre la que gravita les impone mayores presiones, de modo que la preservaci&oacute;n y la urbanizaci&oacute;n son pares dial&eacute;cticos que resumen las tensiones y contradicciones de los dos ciclos, cuya interacci&oacute;n contribuye a explicar parcialmente el devenir de las ciudades.</p>     <p align="justify">De manera que el agua potable carece de los atributos de un bien libre y, adem&aacute;s, el apelativo de meritorio lo hace poco inteligible a la luz del proceso de urbanizaci&oacute;n. Es un tipo de bien que posee una dimensi&oacute;n ecol&oacute;gica asociada a la inquebrantable regla de la preservaci&oacute;n de la cuenca o del sistema h&iacute;drico: si la ciudad que capta en alg&uacute;n lugar de la cuenca el agua relativamente “pura” la vierte sin tratarla, despu&eacute;s de los usos urbanos a los que es sometida, la carga contaminante que el sistema no puede degradar limita el aprovechamiento de la cuenca “aguas abajo” por otras poblaciones, por ello el lugar que una poblaci&oacute;n ocupa en la cuenca lleva a que la localizaci&oacute;n de la bocatoma sea una decisi&oacute;n radical, porque el agua tiene una alta relaci&oacute;n peso/volumen que hace del transporte un tramo muy costoso del ciclo de consumo humano.</p>     <p align="justify">Sin embargo, el servicio p&uacute;blico domiciliario de agua potable y su complemento natural, el alcantarillado sanitario, tambi&eacute;n poseen poderosas externalidades positivas para la poblaci&oacute;n. En primer lugar, la complejizaci&oacute;n de las actividades humanas correlativa al proceso de urbanizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y el ensanchamiento del espacio urbano, con la consiguiente proliferaci&oacute;n de domicilios, promueven la difusi&oacute;n espacial de las t&eacute;cnicas de distribuci&oacute;n domiciliaria de agua potable. El flujo permanente de agua potable del que disponen los domicilios y los caudales m&aacute;ximos que puede soportar la red son una poderosa se&ntilde;al para que los estructuradores urbanos propongan nuevos vecindarios y anticipen la intervenci&oacute;n urban&iacute;stica gubernamental, pues una mayor densidad originada por la producci&oacute;n de habitabilidad modifica el precio del suelo urbano y lo convierte en una sobreganancia para el capital inmobiliario. Cabe advertir que la casa campesina y los condominios suburbanos que sirven de segunda residencia a algunas familias citadinas tambi&eacute;n son accesibles y habitables, pero no son parte de la ciudad pues no poseen la caracter&iacute;stica de aglomeraci&oacute;n que es simbi&oacute;tica al proyecto colectivo; y que en la ciudad existen lugares de dif&iacute;cil acceso y poco habitables que pese a ello tienen densidades poblacionales superiores a las de otros lugares, por la falta de una acci&oacute;n colectiva urbana, lo que hace del proyecto colectivo un poderoso instrumento para generar inequidad y desigualdad.</p>     <p align="justify">Por poseer las propiedades de rivalidad y de exclusi&oacute;n en el consumo –as&iacute; como una persona “no se ba&ntilde;a dos veces en el mismo r&iacute;o”, el mismo litro de agua potable no puede ser bebido por m&aacute;s de una persona– el servicio colectivo domiciliario tiene las caracter&iacute;sticas de un bien privado que, aun dispuesto en el domicilio del usuario residencial, puede ser excluido a bajo costo por el prestador en caso de incumplir los pactos contractuales, especialmente, el pago peri&oacute;dico de la factura. Para proveer el servicio en la residencia del usuario, el prestador ha de contar con la red subterr&aacute;nea, que tiene las caracter&iacute;sticas de un bien p&uacute;blico impuro, pues su forma y el caudal que pasa por ella son indivisibles y, en principio, no es congestionable, a no ser que alg&uacute;n usuario consuma en exceso y lleve al racionamiento de los dem&aacute;s o, lo que es m&aacute;s com&uacute;n, que los estructuradores urbanos den un uso exacerbado al espacio edificable y superen las densidades soportables por las redes principales y secundarias del acueducto.</p>     <p align="justify">El orden que se ha seguido en esta reflexi&oacute;n nos sit&uacute;a frente a una dimensi&oacute;n trascendental del servicio de acueducto y alcantarillado sanitario, cuya insustituible funci&oacute;n productora del bien p&uacute;blico urbano habitabilidad, junto con la accesibilidad, transforman el suelo original en suelo urbano, capaz de ser edificado para soportar las actividades humanas inmanentes a la ciudad. La complementariedad entre accesibilidad y habitabilidad es evidente, no basta que una red vial permita el acceso cotidiano de las personas a un lugar para que pueda ser habitado, pues la provisi&oacute;n de agua y saneamiento son ineludibles para tal prop&oacute;sito. Conviene precisar que no basta que el vecindario est&eacute; vinculado a la red matriz de la ciudad y que las residencias tengan conexi&oacute;n domiciliaria, pues ello no garantiza que el agua potable est&eacute; disponible para el consumo de las familias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La producci&oacute;n de habitabilidad aprovecha las econom&iacute;as de escala inherentes a la extensi&oacute;n de la red primaria y secundaria por la que fluye el agua tratada, y de la red de alcantarillado que evacua las aguas residuales, cuya magnitud es correlativa a la aglomeraci&oacute;n/densidad que propongan los gobiernos locales en los diferentes lugares de la ciudad. El transporte del agua tratada aprovecha la energ&iacute;a cin&eacute;tica del agua cuando la planta de tratamiento se ubica por encima de la cota media de la ciudad, mientras que la que se produce empleando agua cruda de las fuentes que se encuentran por debajo de ella y, sobre todo, las subterr&aacute;neas, tiene sobrecostos operacionales por el mayor consumo de energ&iacute;a para bombear el l&iacute;quido. Pero el agua tratada para consumo humano tambi&eacute;n se puede llevar a lugares dispersos alejados de los nodos de aglomeraciones residenciales o localizados por encima de la cota media de la ciudad, para familias de ingresos bajos cuya precariedad econ&oacute;mica no les permite acceder a otro submercado del suelo urbano y para familias de mayores ingresos dispuestas a cubrir la sobreganancia que imponen los estructuradores residenciales urbanos; de modo que las deseconom&iacute;as que se desprenden de esta opci&oacute;n est&aacute;n a disposici&oacute;n de todas las familias pero sus efectos espaciales son desiguales.</p>     <p align="justify">La magnitud absoluta del crecimiento poblacional urbano es la se&ntilde;al fundamental de la ampliaci&oacute;n o contracci&oacute;n de los mercados locales de servicios colectivos domiciliarios y del aprovechamiento de nuevas econom&iacute;as de escala por los productores de habitabilidad, mientras que algunas especificidades, como el tama&ntilde;o del hogar y la tasa a la que se forman, dan la pauta para determinar las caracter&iacute;sticas volum&eacute;tricas del <i>stock</i> residencial. M&aacute;s a&uacute;n, en el caso del agua potable “las tecnolog&iacute;as hasta ahora desarrolladas otorgan ventajas a los productores de grandes vol&uacute;menes y tienden a excluir a los operadores peque&ntilde;os” (Cuervo, 1997, 138), por ello est&aacute;n reservadas s&oacute;lo para aquellas cabeceras municipales cuya variaci&oacute;n poblacional es positiva y de cierta magnitud, pues la volatilidad de la poblaci&oacute;n de las formaciones sociales que avanzan hacia la urbanizaci&oacute;n completa se diluye a medida que los incrementos de poblaci&oacute;n se concentran en cada vez menos lugares de la red de ciudades. En este punto ya es plenamente comprensible la noci&oacute;n econ&oacute;mica del agua potable como bien mayor:</p>     <blockquote>      <p align="justify">La prestaci&oacute;n de este servicio tiene repercusiones sobre los m&aacute;s variados campos de la econom&iacute;a y de la vida social, extendiendo su &aacute;mbito a las condiciones b&aacute;sicas de desarrollo de la productividad social, de la igualdad de oportunidades y del equilibrio en las relaciones naturaleza-sociedad (ib&iacute;d., 158).</p> </blockquote>     <p align="justify">La consideraci&oacute;n del agua potable como bien mayor no s&oacute;lo tiene una pretensi&oacute;n acad&eacute;mica sino que es crucial en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas nacionales, regionales y locales orientadas a garantizar una provisi&oacute;n adecuada pues advierte que las nociones de bien libre y meritorio corresponden a un sentido com&uacute;n insuficiente para dar plena cuenta de la naturaleza de un bien complejo. Adem&aacute;s, es una categor&iacute;a anal&iacute;tica que invita al estudio cuidadoso del funcionamiento de los mecanismos sociales escogidos para suministrar el agua potable y de los que advierten a los usuarios y a los prestadores sobre el deterioro absoluto o relativo de la prestaci&oacute;n del servicio.</p>     <p align="justify"><b>LA SOCIABILIDAD</b></p>     <p align="justify">Algunos lugares de la ciudad seducen a sus visitantes por su calidad urban&iacute;stica, perceptible en los elementos constitutivos del espacio p&uacute;blico y otras facilidades para la vida urbana. La apreciaci&oacute;n social de estas dotaciones cambia co n el tiempo y seg&uacute;n el tipo de familia. Un parque o una alameda pueden ser lugar de encuentro para la interacci&oacute;n pasiva entre individuos pretensiosos que, preocupados por ostentar su capacidad de compra, adquieren los bienes simb&oacute;licos que all&iacute; se ofrecen; aunque un parque con caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas semejantes y disposiciones urban&iacute;sticas de la misma &iacute;ndole tiende a ser menospreciado por los residentes de los barrios de familias de menores ingresos como lugar de encuentro para la interacci&oacute;n activa de desocupados que all&iacute; se “organizan para delinquir”. Pero, con independencia de la apreciaci&oacute;n social, la cual puede modificar una acci&oacute;n del gobierno, la existencia de los elementos constitutivos del espacio p&uacute;blico urbano es una condici&oacute;n inalienable para la estructuraci&oacute;n residencial urbana y el desarrollo de la ciudadan&iacute;a.</p>     <p align="justify">En el examen de la estructuraci&oacute;n residencial urbana hasta el momento se ha prestado atenci&oacute;n al papel decisivo que desempe&ntilde;an la accesibilidad y habitabilidad como bienes p&uacute;blicos, por dos razones: la primera, es que estos dos bienes p&uacute;blicos son los que dan al suelo un car&aacute;cter urbano, y la segunda, que el agente que los produce, el gobierno, intenta coordinar su acci&oacute;n con los deseos de los estructuradores y de las familias para anticipar sus elecciones, a la vez que es objeto de las anticipaciones de aquellos.</p>     <p align="justify">La provisi&oacute;n de dotaciones del vecindario no define la habitabilidad ni la accesibilidad, pero s&iacute; las posibilidades de interacci&oacute;n simple o compleja de los miembros de la sociedad a las que se alude con la noci&oacute;n de sociabilidad. En el proceso de estructuraci&oacute;n urbana, el grado de sociabilidad refleja ex post una tensi&oacute;n entre la pol&iacute;tica urbana y la pol&iacute;tica social, en la que el estructurador urbano suele actuar discretamente aun en las ocasiones en que se ve forzado a hacerlo: “una vez la coordinaci&oacute;n entre agentes se realiza en el espacio, son llevados a resolver dificultades particulares” (Rallet, 2002, 65). Es decir, el gobierno por lo general no interact&uacute;a con los dem&aacute;s agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana con una oferta de dotaciones de vecindario asociadas a la sociabilidad como la que sugiere la taxonom&iacute;a de la gr &aacute;fica 3. Cuando lo intenta sin cumplir las tareas fundamentales –accesibilidad y habitabilidad– seducido por la imagen de una especie de “enclaves urbanos” a la Tiebout, el resultado es una obra fara&oacute;nica con graves impactos negativos, bien sean fiscales o sociales como la agudizaci&oacute;n de la distancia social.</p>     <p align="justify">La proximidad de una familia a una dotaci&oacute;n del vecindario supone, en principio, un triunfo para todos los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana, pues ello significa una ausencia de costos de transporte que facilita la interacci&oacute;n entre miembros de las familias que concurren en procura de sociabilidad. Pero resolver la dificultad particular que significa la producci&oacute;n p&uacute;blica de alg&uacute;n tipo de dotaci&oacute;n del vecindario implica otro desaf&iacute;o de coordinaci&oacute;n para los agentes de la estructuraci&oacute;n residencial urbana que no se puede enfrentar exclusivamente a trav&eacute;s del mecanismo de precios; es decir, si el balance de externalidades de tales dotaciones no se realiza meramente en la esfera de las externalidades pecuniarias, el mercado (el precio) es un instrumento precario para coordinar a los agentes. Cabe precisar que empleamos la noci&oacute;n de proximidad en este sentido, el de la coordinaci&oacute;n de los agentes, y no en la acepci&oacute;n convencional de factor de competitividad territorial que, esencial en otro tipo de an&aacute;lisis, en el nuestro ser&iacute;a una limitaci&oacute;n pues la reduce a “una caracter&iacute;stica intr&iacute;nseca del territorio” (Rallet, 2002, 60). Por ello consideramos el balance de externalidades de una dotaci&oacute;n del vecindario en t&eacute;rminos de la interacci&oacute;n de los miembros de las familias en tanto su proximidad organizada:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">La proximidad geogr&aacute;fica permite las interacciones entre agentes. Facilita su establecimiento y realizaci&oacute;n, pero no las transforma en interacciones reales, en coordinaci&oacute;n efectiva, a no ser por medio del tr&aacute;nsito a una “proximidad organizada”, aunque m&iacute;nima (sociabilidad de vecindad, “efecto cafeter&iacute;a” de los tecnopolos, etc.). La mayor&iacute;a de las veces, esa transformaci&oacute;n opera gracias a relaciones m&aacute;s organizadas, como las que se establecen en un club, en una firma local, en instituciones de educaci&oacute;n, cient&iacute;ficas, industriales, etc. Sin esas relaciones, la proximidad geogr&aacute;fica ser&iacute;a inactiva (como el caso de dos vecinos de corredor o empleados de una misma firma situados en pisos diferentes que no se conocen) (Rallet, 2002, 68).</p> </blockquote>     <p align="justify">De manera que si la proximidad geogr&aacute;fica favorece la interacci&oacute;n espacial de las familias aunque no signifique necesariamente interacciones reales, los nuevos elementos de coordinaci&oacute;n espacial no escapan a la necesidad de distinguir la g&eacute;nesis y las mutaciones de las relaciones inducidas por la dependencia de los miembros de la familia con respecto a una organizaci&oacute;n, por su adhesi&oacute;n a una visi&oacute;n del mundo (ideolog&iacute;a) o por la “adhesi&oacute;n [...] a un espacio com&uacute;n de representaciones, reglas de acci&oacute;n y modelos de pensamiento” (Kirat y Lung, 1995, 212, citados en Rallet, 2002, 68). Por ello, adoptamos un marco anal&iacute;tico m&aacute;s fruct&iacute;fero para entender las interacciones sociales urbanas, el de proximidad institucional, relacional u organizada. Es claro que la dificultad para producir las dotaciones del vecindario est&aacute; lejos de ser una alusi&oacute;n peyorativa pues, como hemos visto, es una noci&oacute;n que se emplea para subrayar su importancia como elemento de coordinaci&oacute;n espacial de las familias despu&eacute;s de producir las condiciones de accesibilidad y habitabilidad.</p>     <p align="justify">Mientras las dotaciones del vecindario se interpretan como conquista social en t&eacute;rminos de masificaci&oacute;n y democratizaci&oacute;n de los centros educativos y culturales de car&aacute;cter p&uacute;blico, de ampliaci&oacute;n de las posibilidades de acceso a los servicios de salud a trav&eacute;s de mecanismos no mercantiles, y como manera de proporcionar los servicios del gobierno al ciudadano, la emergencia de los bienes club connota simbolismos que preconizan una superioridad intelectual u organizativa de los lugares que los albergan y de la poblaci&oacute;n que los usa. Por ello, el gobierno, as&iacute; tenga instrumentos para excluir a alg&uacute;n tipo de ciudadanos del acceso a esas dotaciones, no puede guiar su acci&oacute;n por esa regla, pues en situaciones en las que estas implican alguna interacci&oacute;n, son deseables los gorrones; pero es justamente en esas situaciones donde las pr&aacute;cticas organizativas autoexcluyentes se ponen de presentes para proponer los bienes club. No basta, por ejemplo, contar con planteles de educaci&oacute;n b&aacute;sica o superior p&uacute;blica de calidad para que las familias adineradas se comporten como gorrones matriculando all&iacute; a sus hijos, pues los colegios privados ofrecen ventajas adicionales como la interacci&oacute;n de su capital social –sus hijos– con los de familias de ingresos similares, la creaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de ciertos valores que los distinguen del resto de la ciudad y el acrisolamiento de proximidades relacionales que hacen posible anticipar su acceso y permanencia en los lugares clave de la toma de decisiones p&uacute;blicas o privadas o “efecto cafeter&iacute;a”.</p>     <p align="justify">La densidad de poblaci&oacute;n es aparentemente la variable clave para decidir sobre la provisi&oacute;n de dotaciones del vecindario, pues cierta racionalidad asignativa indica que as&iacute; se logran econom&iacute;as de escala y de alcance, de modo que el mapa de dotaciones locales es correlativo al de la distribuci&oacute;n espacial de la poblaci&oacute;n. Pero algo que no es tan evidente es que la modalidad de esas dotaciones y su escala guardan una relaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s estrecha con el tipo de familias que habitan el vecindario, lo que es coherente con la naturaleza de las proximidades relacionales que le interesan al vecindario y explica por qu&eacute;, en no pocas ocasiones, los vecindarios son reticentes a acoger ciertas dotaciones, as&iacute; como algunos bienes p&uacute;blicos urbanos cuya incidencia es portadora de un balance negativo de externalidades.</p>     <p align="justify"><b>COMENTARIOS FINALES</b></p>     <p align="justify">Cuando la s&iacute;ntesis espacial neocl&aacute;sica se refiere a los instrumentos de regulaci&oacute;n urbana que se empiezan a usar en nuestras ciudades para disciplinar a los agentes que participan en el mercado del suelo urbano advierte que no tienen utilidad pr&aacute;ctica por estar dirigidos a un mercado competitivo y que, por ello, su efecto es la subdeterminaci&oacute;n de la eficiencia asignativa (Fujita, 1989, 83-88). La pregunta es: &iquest;hasta d&oacute;nde llega la iniciativa privada en materia de producci&oacute;n de espacio construido para usos residenciales? La respuesta es simple: hasta la cantidad de suelo &uacute;til sobre la que el estructurador urbano ejerza dominio. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n? La respuesta es m&aacute;s compleja, puesto que no se puede apoyar en los c&oacute;digos napole&oacute;nicos en la medida en que la edificabilidad del espacio privado es indisociable de los esfuerzos colectivos para producir los bienes p&uacute;blicos urbanos y, por tanto, es en el naciente derecho urban&iacute;stico donde se encuentran las mejores posibilidades para dar una respuesta erudita.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, si aceptamos que la acci&oacute;n de la “mano invisible descontrolada” carece de mecanismos de autorregulaci&oacute;n que contrarresten la producci&oacute;n de los efectos urban&iacute;sticos indeseados de la verticalizaci&oacute;n de la ciudad o de la apropiaci&oacute;n privada del espacio p&uacute;blico urbano, la acci&oacute;n colectiva urbana es la que est&aacute; en capacidad de coordinar los esfuerzos privados en esa direcci&oacute;n y las aspiraciones colectivas de los ciudadanos. En los discursos que invocan el pluralismo como fuente de la “libertad de construir”, tal acci&oacute;n reguladora del comportamiento individual aparece secularmente como sin&oacute;nimo de una p&eacute;rdida del potencial de riqueza que la sociedad puede obtener. Pero desde el enfoque de los bienes p&uacute;blicos urbanos que hemos adoptado, es obvio que esa “mano invisible descontrolada” s&oacute;lo puede operar en un ambiente de ilegitimidad que, al exacerbarse, sit&uacute;a al individuo ego&iacute;sta delante de la justicia urbana.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Abramo, P. <i>La ville kal&eacute;idoscopique, Coordination spatiale et convention urbaine</i>, Paris, L'Harmattan, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200700020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Abramo, P. <i>Mercado e ordem urbana: do caos &agrave; teoria da localiza&ccedil;&atilde;o residencial</i>, Rio de Janeiro, Bertrand Brasil, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200700020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Alfonso R., &Oacute;. A. “La ciudad segmentada: una revisi&oacute;n de la s&iacute;ntesis espacial neocl&aacute;sica”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 7, 12, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200700020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Ar&oacute;stegui, J. <i>La historia vivida: sobre la historia del presente</i>, Madrid, Alianza Editorial, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200700020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Camagni, R. <i>Econom&iacute;a urbana</i>, Barcelona, Antoni Bosch, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200700020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Chang, H-J. “La relaci&oacute;n entre las instituciones y el desarrollo econ&oacute;mico: problemas te&oacute;ricos claves”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 8, 14, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200700020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Commons, J. R. “Econom&iacute;a institucional”, 1931, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 5, 8, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200700020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Cuervo, L. M. “El agua potable como bien mayor”, <i>Regulaci&oacute;n</i> 1, 2, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200700020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Fujita, M. <i>Urban Economic Theory: Land Use and City Size</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200700020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Fujita, M.; P. Krugman y A. J. Venables. <i>Econom&iacute;a espacial: las ciudades, las regiones y el comercio internacional</i>, Barcelona, Editorial Ariel, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200700020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Georgescu-Roegen, N. <i>La ley de la entrop&iacute;a y el proceso econ&oacute;mico</i>, Madrid, Fundaci&oacute;n Argentaria y Visor Distribuciones, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200700020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Godoy, S. y J. Stiglitz. “Growth, Initial Conditions, Law and Speed of Privatization in Transition Countries: 11 Years Later”, mimeo, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200700020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Iracheta, A. “Urbanizaci&oacute;n y vivienda desde la perspectiva social”, conferencia dictada en el Curso de forma&ccedil;&atilde;o profissional sobre o funcionamento e regula&ccedil;&atilde;o dos mercados informais de solo urbano, Rio de Janeiro, Oipsolo, IPPUR y UFRJ, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200700020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Jaramillo, S. “Los fundamentos econ&oacute;micos de la ‘participaci&oacute;n en plusval&iacute;as'”, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, mimeo, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200700020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Keating, M. “Gobernar las ciudades-regi&oacute;n: pol&iacute;tica, econom&iacute;a y desarrollo”, <i>Cadernos IPPUR</i> 17, 2, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200700020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Keynes, J. M. <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci&oacute;n, el inter&eacute;s y el dinero</i>, 1936, Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200700020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Lefebvre, H. <i>A revolu&ccedil;&atilde;o urbana</i>, 1970, Belo Horizonte, Humanitas-Editora Universidad Federal de Minas Gerais, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200700020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Levy, J. 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Rallet, A. “Economia da proximidade: em dire&ccedil;&atilde;o a um balan&ccedil;o”, <i>Cadernos IPPUR</i> 16, 2, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200700020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Rousseau, J. J. <i>Do Contrato Social ou Princ&iacute;pios do Direito Pol&iacute;tico</i>, 1762, S&atilde;o Paulo, Abrail, Cultural e Industrial, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200700020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Schumpeter, J. A. <i>Teor&iacute;a del desenvolvimiento econ&oacute;mico</i>, 1912, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200700020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Simmel, G. “A metr&oacute;pole e a vida mental”, 1902, G. Velho, coord., <i>O fen&ocirc;meno urbano</i>, Rio de Janeiro, Zahar Editores, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200700020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Smolka, M. 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Topalov, C. <i>La urbanizaci&oacute;n capitalista</i>, M&eacute;xico, Edicol, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200700020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Turner, J. F. C. y R. Fichter. <i>Freedom to Build: Dweller Control of the Housing Process</i>, New York, MacMillan, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200700020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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