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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>ESTO SE CALIENTA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>IT IS GETTING WARM </b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Una verdad inc&oacute;moda. La crisis planetaria del calentamiento global y c&oacute;mo afrontarla</i>, Al Gore, Barcelona, Gedisa, 2007, 325 pp.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar</i>*</p>     <p> * Mag&iacute;ster en Planificaci&oacute;n del Desarrollo Regional, investigador social, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:bperezsalazar@yahoo.com">bperezsalazar@yahoo.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 10 de septiembre de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 14 de septiembre de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 4 de octubre de 2007.</p> <hr>     <p align="right">    <br>Y ahora, la presi&oacute;n de los intentos corporativos de influir y controlar las iniciativas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se ha intensificado enormemente, lo cual a su vez nos est&aacute; llevando a la utilizaci&oacute;n muy difundida y, a menudo c&iacute;nica, de […] t&eacute;cnicas de persuasi&oacute;n de masas para condicionar las ideas del p&uacute;blico en relaci&oacute;n con importantes asuntos, de modo tal que no preste su apoyo a las soluciones que podr&iacute;an resultar inc&oacute;modas –y costosas– para ciertas industrias.    <br> Al Gore, <i>Una verdad inc&oacute;moda</i> (p. 287)</p>     <p align="justify">    <br>Aun sin haber concluido, 2007 fue un a&ntilde;o medi&aacute;tico memorable para el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore.</p>     <p align="justify">En febrero, durante la 79 edici&oacute;n de los premios Oscar de la Acade mia de Artes y Ciencias Cinematogr&aacute;ficas, los medios dieron gran despliegue al galard&oacute;n otorgado a <i>An Inconvenient Truth</i> como mejor pel&iacute;cula documental, que recibi&oacute; junto con el director y productor Davis Guggenheim.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En abril, se registr&oacute; el desaire que Gore le propin&oacute; a &Aacute;lvaro Uribe, quien capoteaba en Bogot&aacute; el esc&aacute;ndalo por las investigaciones judiciales contra ex colaboradores cercanos e integrantes de su bancada en el Congreso debido a sus nexos econ&oacute;micos y electorales con grupos paramilitares. El ex candidato presidencial dem&oacute;crata se neg&oacute; p&uacute;blicamente a compartir el escenario del “Foro Verde” en Miami con el presidente colombiano.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s, a mediados de mayo la revista <i>Time</i> reprodujo el texto completo de la introducci&oacute;n a su libro m&aacute;s reciente, <i>The Assault on Reason</i> (2007), en la que Gore lamenta el efecto corrosivo que hoy ejercen los medios masivos, cuya propiedad es cada vez m&aacute;s concentrada, sobre el “mercado de las ideas” que cimienta la democracia estadounidense desde su dise&ntilde;o original:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La fe que depositaron nuestros Fundadores en la viabilidad de una democracia representativa se asent&oacute; en su confianza en la sabidur&iacute;a de una ciudadan&iacute;a bien informada, un ingenioso dise&ntilde;o de controles y balances y su creencia en el gobierno por la raz&oacute;n como principio natural de la soberan&iacute;a de un pueblo libre […] La “ciudadan&iacute;a bien informada” est&aacute; en peligro de convertirse en una “audiencia bien entretenida” (2007)<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Luego, en los primeros d&iacute;as de julio, los medios destacaron su papel en la organizaci&oacute;n del concierto <i>Live Earth</i> que reuni&oacute; luminarias de la industria discogr&aacute;fica, como Madonna, Sting y Shakira, en escenarios sincronizados alrededor del globo desde Berl&iacute;n hasta Sydney, para llamar la atenci&oacute;n mundial sobre el calentamiento global.</p>     <p align="justify">Pocas semanas despu&eacute;s, cuando se estren&oacute; <i>La pel&iacute;cula</i> de los Simpsons, el p&uacute;blico encontr&oacute; reiterados gui&ntilde;os y puyas dirigidas a Gore y su obra. Entre otros, una parodia sobre <i>Live Earth</i>, al inicio de la cinta: una banda de <i>rock</i> que toca sobre una plataforma flotante en el lago Springfield, se va a pique en sus aguas contaminadas por la reacci&oacute;n furibunda del p&uacute;blico al t&iacute;mido llamado en favor de la preservaci&oacute;n del medio ambiente que hace uno de los m&uacute;sicos.</p>     <p align="justify">El origen de la renovada celebridad de Gore en 2007 se remonta al momento en que decidi&oacute; aceptar la derrota ante George W. Bush en las elecciones presidenciales de 2000 y opt&oacute; por refugiarse en la causa del cambio clim&aacute;tico en la que hab&iacute;a estado activo antes de ser vicepresidente de la administraci&oacute;n Clinton. De esa etapa data su libro <i>La tierra en juego</i> (1993) y, seg&uacute;n &eacute;l mismo, tambi&eacute;n su compromiso vital de otorgar al tema la m&aacute;xima prioridad en su carrera profesional.</p>     <p align="justify">Desencantado con “la calidad del di&aacute;logo democr&aacute;tico” en Estados Unidos y porque tan pronto asumi&oacute; la presidencia Bush abandon&oacute; la promesa electoral de regular la emisiones de di&oacute;xido de carbono (CO<sub>2</sub>) y otros gases causantes del calentamiento clim&aacute;tico, Gore desempolv&oacute; los materiales que hab&iacute;a reunido para su libro anterior, los complement&oacute; con nuevos hallazgos e informaciones y organiz&oacute; una presentaci&oacute;n de diapositivas sobre el tema. Desde entonces, desarrolla una campa&ntilde;a de giras y visitas a universidades, pueblos peque&ntilde;os y grandes ciudades, haciendo presentaciones para cambiar la opini&oacute;n de los auditorios que se re&uacute;nen a escucharlo.</p>     <p align="justify">En una de esas presentaciones en Los Angeles, Gore se reuni&oacute; con gente vinculada a la industria cinematogr&aacute;fica y all&iacute; naci&oacute; la idea de producir una pel&iacute;cula documental a partir de su presentaci&oacute;n. Un poco antes su esposa, Tipper, le hab&iacute;a sugerido la idea de convertir la presentaci&oacute;n “en una nueva clase de libro con fotograf&iacute;as y gr&aacute;ficos que hiciera que el mensaje en su totalidad fuese m&aacute;s f&aacute;cil de seguir” (p. 9).</p>     <p align="justify">Libro y documental quedaron as&iacute; calcados sobre un mismo gui&oacute;n argumental. &iquest;El resultado? Un h&iacute;brido que combina la profusa ilustraci&oacute;n/animaci&oacute;n de un buen texto/video de educaci&oacute;n secundaria sobre ciencias de la tierra, con un diario de apuntes personales de Gore y un &aacute;lbum de fotos y recuerdos familiares, de sus viajes y expediciones y de aquellas personas que influyeron en sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n. Como su padre, un prestigioso senador por el Estado de Tennessee, y Roger Revelle, uno de los primeros cient&iacute;ficos del clima cuyas mediciones de concentraci&oacute;n de CO<sub>2</sub> en la atm&oacute;sfera a partir de los a&ntilde;os cincuenta representan hoy un acervo de evidencia emp&iacute;rica acerca de la acumulaci&oacute;n de gases relacionados con el cambio clim&aacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el fondo, <i>Una verdad inc&oacute;moda</i> es un homenaje al profesor Revelle. No es casual que el elemento central del libro y la pel&iacute;cula documental sea una amplia gr&aacute;fica inspirada en su trabajo cient&iacute;fico. Tomada de la revista <i>Science</i>, cubre un per&iacute;odo de 650.000 a&ntilde;os. En la parte inferior, aparece la variaci&oacute;n de la temperatura media atmosf&eacute;rica del planeta en relaci&oacute;n con el presente y, en la parte superior, el nivel de concentraci&oacute;n atmosf&eacute;rica de CO<sub>2</sub>.</p>     <p align="justify">En el libro el gr&aacute;fico abarca ambas caras, con un pliegue adicional. En el documental, se proyecta sobre una pantalla gigante en la cual Gore, equipado con un elevador controlado electr&oacute;nicamente, acompa&ntilde;a el incremento vertical del nivel de concentraci&oacute;n actual de CO<sub>2</sub> en la atm&oacute;sfera –hoy de 370 partes por mill&oacute;n (ppm)–, y luego emprende un vertiginoso ascenso para destacar la concentraci&oacute;n proyectada para 2050 si contin&uacute;a la tendencia: 600 ppm<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Es la escena que parodia <i>La pel&iacute;cula</i> de los Simpsons, cuando la peque&ntilde;a Lisa, ante un auditorio de notables, expone un gr&aacute;fico que representa el incremento de la contaminaci&oacute;n del lago Springfield. Al subirse a un caj&oacute;n acoplado a un gato mec&aacute;nico para acentuar, como Gore, su aumento y alarmantes proyecciones, se estrella contra el techo del auditorio por efecto del defectuoso artefacto.</p>     <p align="justify">Vale la pena detenerse en la gr&aacute;fica. Los datos complementan las series construidas por Revelle desde mediados del siglo pasado con una perspectiva temporal que abarca cinco eras glaciares, construida despu&eacute;s de su muerte mediante el an&aacute;lisis de “burbujas de atm&oacute;sfera” capturadas en un n&uacute;cleo estratigr&aacute;fico de hielo extra&iacute;do de Ant&aacute;rtica. Al graficar en paralelo las series de concentraci&oacute;n de CO<sub>2</sub> y temperatura media, se aprecia una correspondencia sincr&oacute;nica en sus patrones de variaci&oacute;n. Aparecen picos y depresiones simult&aacute;neos. Cuando la concentraci&oacute;n de CO<sub>2</sub> se aproxima a 300 ppm, la temperatura asciende de 2&deg;C a 3&deg;C por encima de la media presente. En las depresiones asociadas a las eras glaciales, la temperatura media es entre –2&deg;C y –9&deg;C en relaci&oacute;n con la actual y las concentraciones de CO<sub>2</sub> oscilan entre 260 y 180 ppm (Petit et al., 1999).</p>     <p align="justify">El mensaje es claro: hay que tomar medidas para regular la emisi&oacute;n de CO<sub>2</sub>de inmediato. Sin embargo, una regulaci&oacute;n administrativa de dichas emisiones, por ejemplo mediante un “impuesto al carbono” que torne antiecon&oacute;mico el uso de tecnolog&iacute;as “sucias”<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>, claramente afecta intereses corporativos, entre ellos los de las grandes empresas dedicadas a la extracci&oacute;n de combustibles de origen f&oacute;sil. Por consiguiente es l&oacute;gico que la gr&aacute;fica en referencia est&eacute; en el centro de una ardua pol&eacute;mica.</p>     <p align="justify">Con diferentes estrategias medi&aacute;ticas, agentes de intereses corporativos –entre los cuales Gore menciona expl&iacute;citamente a Exxon Mobil– han sembrado en el p&uacute;blico dudas sobre el calentamiento global y su relaci&oacute;n causal con la actividad humana. <i>La pel&iacute;cula</i> de los Simpsons bromea con el tema en la escena en que el peque&ntilde;o y enclenque admirador no correspondido de Lisa, Milhouse, intenta zafarse de una golpiza a manos de Nelson, un grandul&oacute;n del vecindario que se divierte golpe&aacute;ndolo: se declara dispuesto a renegar de sus creencias anteriores sobre el calentamiento global y aceptar que se trata de un mito. Nelson de todos modos lo aporrea, por no ser firme en sus convicciones.</p>     <p align="justify">Gore cita un estudio que evalu&oacute; una muestra de art&iacute;culos publicados sobre el tema durante diez a&ntilde;os en revistas cient&iacute;ficas (928) y en los medios de comunicaci&oacute;n influyentes en Estados Unidos –entre ellos, <i>New York Times</i>, <i>Washington Post</i>, <i>Los Angeles Times</i> y <i>Wall Street Journal</i>– (653 durante un lapso de 14 a&ntilde;os). Se encontr&oacute; que ninguno de los art&iacute;culos cient&iacute;ficos se apartaba de las ideas predominantes acerca de la causa del calentamiento global, mientras el 53% de los art&iacute;culos period&iacute;sticos daban la misma importancia a estas ideas y a aquellas desacreditadas entre la comunidad cient&iacute;fica (Oreskes, 2004, citada por Gore, pp. 262-263).</p>     <p align="justify">Esta campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n, que Gore equipara con la realizada por las grandes corporaciones tabacaleras para negar la relaci&oacute;n entre el h&aacute;bito de fumar y el c&aacute;ncer del pulm&oacute;n durante casi medio siglo, tambi&eacute;n recurre a otros argumentos. Por ejemplo, que el calentamiento global no ser&iacute;a necesariamente negativo. De acuerdo con este razonamiento, la temperatura media ideal para nuestro planeta ser&iacute;a 2,5&deg;C superior a la actual. Por consiguiente el calentamiento en curso ser&iacute;a deseable y no se deber&iacute;a alterar hasta cuando se alcance esa media (Mendelsohn, 2004).</p>     <p align="justify">Otra variante sostiene que la estabilizaci&oacute;n clim&aacute;tica en el presente no es viable sin afectar gravemente el desarrollo econ&oacute;mico y el estilo de vida actual. Un argumento que adem&aacute;s incita al temor: se trata de elegir entre “un planeta sano”, y una “econom&iacute;a sana” que soporte el patr&oacute;n de consumo existente y el avance tecnol&oacute;gico continuo para que eventualmente sea posible sustituir fuentes de energ&iacute;a f&oacute;sil por otras m&aacute;s limpias como la fusi&oacute;n nuclear y los sat&eacute;lites generadores de electricidad a partir de energ&iacute;a solar desde el espacio sideral. Seg&uacute;n esta visi&oacute;n, tales alternativas depender&aacute;n de “cambios revolucionarios” en la investigaci&oacute;n y el desarrollo tecnol&oacute;gico, que los pron&oacute;sticos sit&uacute;an m&aacute;s all&aacute; de medio siglo en el futuro (Hoffert et al., 2002)<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">Como se&ntilde;ala Gore, &eacute;ste quiz&aacute;s sea el argumento m&aacute;s da&ntilde;ino de todos pues induce a pasar de la negaci&oacute;n a la desesperanza: ante un problema de tan grandes magnitudes y alcances como el calentamiento clim&aacute;tico, no hay m&aacute;s alternativa que aprender a convivir con sus efectos desastrosos que hoy se reiteran a lo ancho del globo, como la intensificaci&oacute;n del potencial destructivo de los huracanes, los cambios masivos en los niveles de precipitaci&oacute;n, las sequ&iacute;as sin precedentes, las oleadas de temperaturas extremas, el deshielo de los polos y la destrucci&oacute;n del h&aacute;bitat coralino en los mares intertropicales, entre otros.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el autor, esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n encubre que ya existe un acervo de conocimientos cient&iacute;ficos, t&eacute;cnicos e industriales en el horizonte de los pr&oacute;ximos cincuenta a&ntilde;os para estabilizar la concentraci&oacute;n de CO<sub>2</sub> en la atm&oacute;sfera, en un nivel de 500 &plusmn; 50 ppm (lo que equivaldr&iacute;a a menos del doble del nivel de concentraci&oacute;n preindustrial, del orden de 280 ppm). Gore cita fuentes como Pacala y Socolow (2004), que compilan el estado del arte de tecnolog&iacute;as existentes con potencial para lograr esta meta. Su propuesta contempla estabilizar las emisiones de CO<sub>2</sub> en su nivel actual, es decir 7 mil millones de toneladas de carbono por a&ntilde;o, mediante el uso de estas tecnolog&iacute;as, sin que por ello se detenga el crecimiento econ&oacute;mico ni el consumo de energ&iacute;a primaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">De acuerdo con esta fuente, las demandas adicionales de energ&iacute;a previstas se pueden suplir con estrategias para mejorar la eficiencia en el uso y conservaci&oacute;n de energ&iacute;a (duplicar el rendimiento del consumo de combustible en veh&iacute;culos automotores del promedio actual de 48 a 96 kil&oacute;metros por gal&oacute;n, promover el uso de sistemas de transporte p&uacute;blico masivo), descarbonizar la producci&oacute;n de energ&iacute;a (sustituir carb&oacute;n por gas natural en las plantas termoel&eacute;ctricas, construir nuevos reactores nucleares, capturar y almacenar carbono en procesos de precombusti&oacute;n de combustibles f&oacute;siles para producir hidr&oacute;geno, y ampliar la capacidad de producci&oacute;n de energ&iacute;a a partir de fuentes renovables como los biocombustibles y la energ&iacute;a e&oacute;lica y solar) y mejorar la capacidad biol&oacute;gica del planeta para secuestrar carbono a trav&eacute;s del manejo de bosques y suelos agr&iacute;colas (forestar suelos actualmente en conflicto de uso, eliminar la deforestaci&oacute;n de bosques tropicales e implantar pr&aacute;cticas de “cultivo m&iacute;nimo” en la agricultura). Todas estas tecnolog&iacute;as ya operan industrialmente y su escala actual es susceptible de ser multiplicada sin obst&aacute;culos insalvables.</p>     <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo tolera una sociedad como la estadounidense, abierta y pluralista con garant&iacute;as para la libertad de expresi&oacute;n, que se rechace y se distorsione de tal manera los hallazgos y recursos del conocimiento cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico? Para Gore es claro que los medios masivos de comunicaci&oacute;n son c&oacute;mplices sustanciales en ello:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La naturaleza unidireccional de nuestro medio de comunicaci&oacute;n predominante, la televisi&oacute;n, se ha combinado con la creciente concentraci&oacute;n de la propiedad de la enorme mayor&iacute;a de los medios de comunicaci&oacute;n en un n&uacute;mero cada vez m&aacute;s peque&ntilde;o de grandes conglomerados que mezclan los valores del espect&aacute;culo con los del periodismo, lo cual acaba da&ntilde;ando seriamente el papel de la objetividad en el foro p&uacute;blico estadounidense (p. 286).</p> </blockquote>     <p align="justify">&Iacute;conos culturales como los Simpsons, cuya producci&oacute;n est&aacute; a cargo de Fox, una subsidiaria de News Corporation del legendario magnate de los medios masivos, Rupert Murdoch, ilustran maravillosamente esta tesis. En <i>La pel&iacute;cula</i>, el argumento principal se resume en que ante un problema como la contaminaci&oacute;n del lago Springfield, las soluciones propuestas por el gobierno a trav&eacute;s de la Agencia de Protecci&oacute;n del Ambiente, como aislar al pueblo en una campana de cristal gigante y luego aplicarle una “soluci&oacute;n final” por medio de un dispositivo de enorme poder destructivo dise&ntilde;ado para recrear all&iacute; un segundo “Gran Ca&ntilde;&oacute;n”, suelen ser m&aacute;s perjudiciales que los problemas que pretenden resolver. Moraleja: es mejor que, en estos temas, el gobierno no regule ni haga nada.</p>     <p align="justify">Un desenlace que quiz&aacute;s haya agradado al vicepresidente Cheney, desparpajado vocero de los intereses de las grandes compa&ntilde;&iacute;as petroleras que promovieron no s&oacute;lo la campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n sobre el cambio clim&aacute;tico sino tambi&eacute;n la invasi&oacute;n militar de Irak. Lo que, a su vez, delata la impronta caracter&iacute;stica del se&ntilde;or Murdoch en <i>La pel&iacute;cula</i>. La f&oacute;rmula para consolidar su imperio se basa en “dispensar favores medi&aacute;ticos” a los gobiernos de turno, a cambio de que se modifiquen, entre otras, las normas que regulan la concentraci&oacute;n de la propiedad de los medios masivos para avanzar sus intereses comerciales e ideol&oacute;gicos. Una estrategia que le ha rendido abundantes frutos desde Australia, pasando por China, hasta Gran Breta&ntilde;a y Estados Unidos, donde ahora disputa el control del mercado con otros gigantes, entre ellos, Time Warner y Walt Disney Company (Page, 2007).</p>     <p align="justify">Desde que lleg&oacute; a la vicepresidencia en 2000, Dick Cheney se aperson&oacute; visiblemente de la pol&iacute;tica relacionada con el cambio clim&aacute;tico de la administraci&oacute;n Bush. Cre&oacute; un organismo paralelo a la Agencia de Protecci&oacute;n del Ambiente para manejar directamente desde la Casa Blanca los asuntos relacionados con el tema. Contrat&oacute; asesores que antes se desempe&ntilde;aban como cabildeantes de las grandes empresas dedicadas a la extracci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles y, de esa manera, trat&oacute; de neutralizar toda informaci&oacute;n producida por agencias del gobierno que pudiera justificar la necesidad de acci&oacute;n reguladora. Desde all&iacute; orquest&oacute; la campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n denunciada por Gore (Dikinson, 2007).</p>     <p align="justify">Que la renovada celebridad medi&aacute;tica del autor de <i>Una verdad inc&oacute;moda</i> coincida con sus abiertas denuncias sobre este espeso tramado de intereses oscuros y poderosos –que adem&aacute;s involucra a los principales medios de comunicaci&oacute;n masiva–, no deja de ser curioso. En su vida pol&iacute;tica Gore nunca goz&oacute; de especial afecto entre los medios. Uno de los “mitos urbanos” que minaron su credibilidad durante la campa&ntilde;a presidencial en 2000, fue que supuestamente se atribuy&oacute; ser el “inventor de la Internet”. Una expresi&oacute;n producto de una tergiversaci&oacute;n de sus opositores a un comentario suyo, en el que se&ntilde;alaba el papel que hab&iacute;a jugado cuando era congresista para adelantar iniciativas legislativas que facilitaron el acceso masivo a la red. Los medios difundieron sistem&aacute;ticamente la versi&oacute;n distorsionada del comentario durante toda la campa&ntilde;a para ridiculizarlo. Por su parte, los reporteros pol&iacute;ticos que cubrieron sus debates televisados con Bush, centraron sus comentarios en los gestos corporales y suspiros condescendientes del candidato dem&oacute;crata, en menoscabo de los contenidos de sus argumentos y propuestas.</p>     <p align="justify">No es descabellado suponer que su reverdecida popularidad tenga relaci&oacute;n con la puja de los conglomerados de medios masivos estadounidenses que, ante el desprestigio del gobierno Bush que contagi&oacute; al partido republicano por los desastrosos resultados de la guerra en Irak, estar&iacute;an en busca de un candidato dem&oacute;crata “sensible” a sus intereses en la carrera presidencial de 2008. As&iacute; neutralizar&iacute;an los avances de los Clinton que ya han adelantado Murdoch y su maquinaria de cabildeo. (Para quienes conocen de cerca la historia del magnate de origen australiano, ese acercamiento es l&oacute;gico. Luego de apoyar incondicionalmente el gobierno de Margaret Thatcher durante los a&ntilde;os ochenta, Murdoch no tuvo reparo en convertirse en aliado cercano de Tony Blair, en cuyo gabinete lleg&oacute; a fungir como integrante extraoficial). De all&iacute; la “gran expectativa” durante la ceremonia de entrega del galard&oacute;n al documental <i>An Inconvenient Truth</i>, pues muchos albergaban la esperanza de que &eacute;ste ser&iacute;a el escenario en el cual Gore finalmente anunciar&iacute;a su candidatura para el a&ntilde;o 2008.</p>     <p align="justify">No sucedi&oacute; as&iacute;, y tampoco en el lanzamiento de su libro m&aacute;s reciente. Sin a&uacute;n concluir 2007, y pese a la campa&ntilde;a de seguidores suyos para que lo haga, en los mentideros pol&iacute;ticos se predice que Gore no se lanzar&aacute;. Se especula que en sus c&aacute;lculos ser&iacute;a m&aacute;s interesante convertirse en el vocero respetado e influyente de la remozada ala progresista del partido dem&oacute;crata (Mongrove, 2006a), que comienza a combinar las agendas del ambientalismo y el sindicalismo estadounidenses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el pasado el movimiento ambiental de ese pa&iacute;s carg&oacute; con el lastre de un foco demasiado estrecho, que fue bien aprovechado por el mundo corporativo y los medios masivos para caricaturizar a sus abanderados como fan&aacute;ticos idealistas “arropadores de &aacute;rboles” y “defensores de lechuzas” (Schellenberger y Nordhaus, 2004). Las lecciones de los fracasos del pasado aparentemente est&aacute;n dando sus frutos y comienza a emerger una alianza entre ambientalistas y sindicalistas que reconocen la necesidad de representar causas m&aacute;s amplias, con contenidos visiblemente m&aacute;s vinculados a la noci&oacute;n del bien com&uacute;n. En consecuencia, el foco de esta ala progresista se centra en temas clave de la agenda p&uacute;blica actual, como la pol&iacute;tica energ&eacute;tica y la responsabilidad social de las grandes corporaciones.</p>     <p align="justify">Agenda que adem&aacute;s se beneficia de una coyuntura propicia debido a la reciente decisi&oacute;n del gobierno Bush de finalmente reconocer el problema del calentamiento clim&aacute;tico, y de la posici&oacute;n de la nueva vocera de la C&aacute;mara del Congreso de Estados Unidos, la representante dem&oacute;crata Nancy Pelossi, quien incluy&oacute; entre sus prioridades para 2007 el tr&aacute;mite de legislaci&oacute;n para regular las emisiones de gases asociadas con el calentamiento clim&aacute;tico. En este contexto Gore, como figura del movimiento progresista, enraizado en una amplia gama de organizaciones de base, quiz&aacute; comande m&aacute;s influencia y capacidad de maniobra frente a los intereses de las grandes corporaciones y los medios de comunicaci&oacute;n, de lo que har&iacute;a como candidato presidencial.</p>     <p align="justify">As&iacute;, su cruzada contra los intereses poderosos y en favor de la recuperaci&oacute;n del “mercado de las ideas” y la democracia estadounidense cobra alcances insospechados. En un ambiente de discusi&oacute;n p&uacute;blica centrado en temas energ&eacute;ticos, se politiza cada vez m&aacute;s el rol de las corporaciones del sector energ&eacute;tico y el del mundo corporativo en general. De manera progresiva, el foco del debate lo ocupa la responsabilidad empresarial en el desarrollo de productos dise&ntilde;ados no s&oacute;lo de acuerdo con par&aacute;metros de mayor eficiencia en el consumo de energ&iacute;a sino, principalmente, dentro del marco de la promoci&oacute;n de estilos de vida y patrones de “consumo sostenible” que contribuyan de modo expl&iacute;cito a la conservaci&oacute;n del medio ambiente y la satisfacci&oacute;n espiritual que puedan derivar los consumidores de tal resultado.</p>     <p align="justify">&iquest;Improbable? Quiz&aacute;s ese fue el caso en el pasado, pero ya no es as&iacute;. A medida que se calienta la atm&oacute;sfera, en Estados Unidos tambi&eacute;n lo hace la tendencia en favor de la democracia participativa o “verdadera”. Entre sus demandas, promueve la aclaraci&oacute;n judicial de los l&iacute;mites de los derechos que amparan a las empresas y corporaciones. Su argumento es que la carta de derechos contenida en la Constituci&oacute;n de Estados Unidos es solamente aplicable a las personas y no a las organizaciones. En consecuencia la libertad de expresi&oacute;n (publicidad) y de plantear agravios ante el gobierno (cabildeo) no ser&iacute;an derechos inalienables de las empresas (Mongrove, 2006b)<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. La propuesta de que sea la ciudadan&iacute;a, sin interferencia de los intereses corporativos, la que imponga l&iacute;mites a las empresas en relaci&oacute;n con estos derechos, sin duda encontrar&aacute; ideas y evidencias importantes en <i>Una verdad inc&oacute;moda</i>, y un vocero competente en su autor. En verdad, esto se calienta.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Disponible en <a href="http://www.time.com/time/nation/article/0,8599,1622015-1,00.html" target="_blank">http://www.time.com/time/nation/article/0,8599,1622015-1,00.html</a></p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. De acuerdo con estas proyecciones, en tal escenario las emisiones anuales de carbono en 2050 ser&iacute;an del orden de 14.000 millones de toneladas, aproximadamente el doble del nivel actual. Es problem&aacute;tico el c&aacute;lculo de los beneficios que se podr&iacute;an obtener como resultado de evitar los da&ntilde;os inducidos por la acumulaci&oacute;n de gases asociados al cambio clim&aacute;tico. No obstante, uno de tales estimativos basado en cifras disponibles a principios de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa, predice que el da&ntilde;o potencial causado al duplicarse el nivel de concentraci&oacute;n de CO<sub>2</sub> en la atm&oacute;sfera, anualmente podr&iacute;a ser del orden del 1% del producto interno bruto mundial. Aproximadamente el 25% de ese da&ntilde;o resultar&iacute;a de perjuicios causados al sector agropecuario. Hay consenso en que los da&ntilde;os afectar&iacute;an de manera desproporcionada a los pa&iacute;ses menos desarrollados, dada su limitada capacidad para adaptarse a cambios abruptos. Ver Cline (2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Se mencionan cifras del orden de US$ 9 por tonelada de carbono emitida en 2005, que gradualmente ascender&iacute;a a US$ 65 hacia finales del siglo XXI. Ver Nordhaus y Boyer (2000), citado por Cline (2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Por consiguiente, en vista de que hay otros temas para cuya soluci&oacute;n ya se dispone de conocimientos y medios probados para resolverlos, como las enfermedades transmisibles, el hambre y la desnutrici&oacute;n, la educaci&oacute;n b&aacute;sica, las fuentes de agua potable y el saneamiento ambiental, esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n aboga por dar atenci&oacute;n prioritaria a &eacute;stos. As&iacute;, en vez de implantar un “impuesto al CO<sub>2</sub>” e invertir en acciones de mitigaci&oacute;n que s&oacute;lo afectar&iacute;an marginalmente el fen&oacute;meno del calentamiento clim&aacute;tico, el argumento favorece destinar recursos a solucionar estos problemas (Lomborg, 2006), muchos de ellos contenidos entre las Metas del Milenio de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, cuyo cumplimiento debe ocupar la atenci&oacute;n de gobiernos y medios de comunicaci&oacute;n hasta 2015.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Entre los activistas de esta causa, se argumenta que los derechos constitucionales fueron extendidos a las corporaciones por medio de una serie de decisiones de la Corte Suprema, durante las denominada “Era de Oropel” de finales del siglo XIX, cuando los intereses de “magnates ladrones” penetraron y corrompieron la institucionalidad p&uacute;blica de Estados Unidos. Ver tambi&eacute;n Crouch (2004).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <p align="justify">1. Cline, W. “Meeting the Challenge of Global Warming”, B. Lomborg, ed., <i>Global Crises, Global Solutions</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2004, disponible en <a href="http://www.copenhagenconsensus.com" target="_blank">www.copenhagenconsensus.com</a></p>     <p align="justify">2. Crouch, C. <i>Post-Democracy</i>, Cambridge, Polity Press, 2004.</p>     <p align="justify">3. Dikinson, T. “The Secret Campaign of the Bush Administration to Deny Global Warming”, 2007, <a href="http://www.rollingstone.com/politics/story/15148655/the_secret_campaign_of_president_bushs_administration_to_deny_global_warming">http://www.rollingstone.com/politics/story/15148655 </a></p>     <p align="justify">4. Gore, A. <i>La tierra en juego: ecolog&iacute;a y conciencia humana</i>, Buenos Aires, Emec&eacute; Editores, 1993.</p>     <p align="justify">5. Gore, A. <i>The Assault on Reason</i>, New York, Penguin Press, 2007.</p>     <p align="justify">6. Hoffert, M. et al. “Advanced Technology Paths to Global Climate Stability: Energy for a Greenhouse Planet”, <i>Science</i> 298, 5595, 2002, pp. 981-987.</p>     <p align="justify">7. Lomborg, B., ed. <i>How to Spend $50 Billion to Make the World a Better Place</i>, Copenhagen, Copenhagen Business School y Copenhagen Consensus Center, 2006.</p>     <p align="justify">8. Mendelsohn, R. “Opponent Paper on Climate Change, Copenhagen Consensus”, B. Lomborg, ed., <i>Global Crises, Global Solutions</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2004, disponible en <a href="http://www.copenhagenconsensus.com" target="_blank">www.copenhagenconsensus.com</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">9. Mongrove, B. “The Progressive Left: An Emerging Strategy”, 2006 a, <a href="http://www.stratfor.com/products/premium/read_article.php?id=267693" target="_blank">http://www.stratfor.com/products/premium/read_article.php?id=267693</a></p>     <p align="justify">10. Mongrove, B. “Ending the CSR Debate”, 2006 b, <a href="http://www.stratfor.com/ products/premium/read_article.php?id=264479" target="_blank">http://www.stratfor.com/ products/premium/read_article.php?id=264479</a></p>     <p align="justify">11. Pacala, S. y R. Socolow. “Stabilization Wedges: Solving the Climate Problem for the Next 50 Years with Current Technologies”, <i>Science</i> 305, 2004, pp. 968-972.</p>     <p align="justify">12. Page, B. “Bending to Power. How Rupert Murdoch Built his Empire and How He Uses It”, 2007, <a href="http://www.cjr.org/profile/bending_to_power.php" target="_blank">http://www.cjr.org/profile/bending_to_power.php</a></p>     <p align="justify">13. Petit, J. et al. “Climate and Atmospheric History of the Past 420,000 Years from the Vostok Ice Core, Antarctica”, <i>Nature</i> 399, 1999, pp. 429-443.</p>     <p align="justify">14. Nordhaus, W. D. y J. Boyer. <i>Warming the World: Economic Models of Global Warming</i>, Cambridge, MIT Press, 2000.</p>     <p align="justify">15. Oreskes, N. “The Scientific Consensus on Climate Change”, <i>Science</i> 306, 5702, 2004, p. 1686.</p>     <p align="justify">16. Schellenberger, M. y T. Nordhaus. “The Death of Environmentalism. Global Warming Politics in a Post Environmental World”, 2004, <a href="http://www.thebreakthrough.org/images/Death_of_Environmentalism.pdf" target="_blank">http://www.thebreakthrough.org/images/Death_of_Environmentalism.pdf</a></p> </font>      ]]></body>
</article>
