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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>SEXO, GENES, GEOGRAF&Iacute;A Y DESARROLLO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>SEX, GENES, GEOGRAPHY AND DEVELOPMENT</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>&iquest;Por qu&eacute; es divertido el sexo? La evoluci&oacute;n de la sexualidad humana</i>, Jared Diamond, Barcelona, Random House Mondadori S. A., 2007, 180 pp.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Alberto Castrill&oacute;n</i>*    <br> <i>Alejandro del Valle</i>**</p>     <p align="justify">* Especialista en Historia Econ&oacute;mica, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:jracastrillon@yahoo.com">jracastrillon@yahoo.com</a>    <br> ** Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:alejandro.dvs@gmail.com">alejandro.dvs@gmail.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 17 de septiembre de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 21 de septiembre de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 4 de octubre de 2007.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br>Con seguridad, la pregunta espont&aacute;nea que se antoja a la vista del t&iacute;tulo del libro de Jared Diamond es: &iquest;acaso se necesita leer un libro para saber por qu&eacute; el sexo es tan divertido? La respuesta de este autor, profesor de la Universidad de California, ornit&oacute;logo de oficio, y miembro de la Academia Nacional de Ciencias, de la Academia de Ciencias y Artes y de la Sociedad Filos&oacute;fica de Estados Unidos, es que es “sorprendentemente dif&iacute;cil” explicar muchos aspectos de la fisiolog&iacute;a y de los comportamientos sexuales humanos: “la mayor&iacute;a de nosotros no nos damos cuenta de cu&aacute;n inusuales son las pr&aacute;cticas sexuales humanas comparadas con las de otros animales vivientes”, incluso si las comparamos con las de nuestros parientes m&aacute;s cercanos, como los gorilas y los chimpanc&eacute;s.</p>     <p align="justify">Se admite, sin problemas, que el proceso de cerebralizaci&oacute;n, junto con la postura erguida, da cuenta f&aacute;cilmente de rasgos humanos distintivos como la cultura, el lenguaje, las relaciones entre padres e hijos o la fabricaci&oacute;n y dominio de herramientas. La tesis de Diamond es que la “extravagante sexualidad” humana tambi&eacute;n fue una de las claves importantes para la evoluci&oacute;n. La calidad de “extravagante” aparecer&aacute; a condici&oacute;n de que abandonemos nuestra perspectiva antropoc&eacute;ntrica a favor de una mam&iacute;feroc&eacute;ntrica o incluso zooc&eacute;ntrica.</p>     <p align="justify">El argumento de este divulgador cient&iacute;fico, original y controvertido, es precisamente que al preguntarnos el por qu&eacute; de nuestras conductas y h&aacute;bitos relacionados con el sexo, en realidad estamos encontrando claves para explicar un complejo proceso de evoluci&oacute;n e incluso estableciendo algunas conjeturas en torno al origen de algunas de nuestras m&aacute;s profundas y distintivas instituciones de organizaci&oacute;n social, de harenes a monogamia y todas las instituciones que se derivan de este proceso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entre los aspectos inusuales de la sexualidad humana que aborda Diamond est&aacute;n la pr&aacute;ctica privada del sexo, la menopausia femenina, el papel de los hombres en la sociedad, la batalla de los sexos, la ovulaci&oacute;n oculta, la pr&aacute;ctica del sexo con fines recreativos m&aacute;s que reproductivos, caracter&iacute;stica que aparentemente tan s&oacute;lo compartimos con los delfines y los chimpanc&eacute;s pigmeos o bonobos.</p>     <p align="justify">Diamond advierte en el prefacio que el prop&oacute;sito de su libro no es el de hacer m&aacute;s divertido el sexo o reducir las molestias de la menopausia, pero s&iacute; el de ayudar a comprender nuestro comportamiento o el de nuestros seres queridos. Puede ayudar a entender, y por lo tanto a guardar distancia, comportamientos sexuales autodestructivos. La tesis es que “el sexo recreativo y la menopausia fueron tan importantes en el desarrollo del fuego, el lenguaje, el arte y la escritura como lo fueron nuestra posici&oacute;n erguida y nuestros cerebros grandes” (p. 22).</p>     <p align="justify">En relaci&oacute;n con los cuidados parentales, la especie humana se distingue de la inmensa mayor&iacute;a de los dem&aacute;s mam&iacute;feros. La respuesta de Diamond es que, dada la casi absoluta indefensi&oacute;n de los beb&eacute;s humanos para procurarse alimento u otras necesidades, ser&iacute;a una muy mala estrategia evolutiva abandonar a la madre, dej&aacute;ndola sola a cargo de los hijos, si de lo que se trata es de asegurar la supervivencia de los genes. Madres e hijos abandonados por su progenitor ten&iacute;an escasas posibilidades de sobrevivir en &eacute;pocas antiguas.</p>     <p align="justify">En otro cap&iacute;tulo, “El momento equivocado para el amor”, Diamond se pregunta: “&iquest;por qu&eacute; escondemos nuestra ovulaci&oacute;n y tenemos relaciones sexuales recreativas cualquier d&iacute;a del mes?”. Se ha sugerido que la misma tendr&iacute;a el prop&oacute;sito entre las mujeres ancestrales de retener a un hombre en casa para que no siga el patr&oacute;n de los dem&aacute;s machos mam&iacute;feros que parten en b&uacute;squeda de una segunda hembra al terminar de copular con la primera.</p>     <p align="justify">La ovulaci&oacute;n oculta ha cambiado repetidamente a lo largo de la historia evolutiva de los primates: en la &eacute;poca en que nuestros ancestros eran promiscuos la ovulaci&oacute;n oculta permiti&oacute; a la mujer ancestral enga&ntilde;ar a sus m&uacute;ltiples compa&ntilde;eros sexuales, ninguno de los cuales pod&iacute;a tener la certeza de ser el progenitor de un beb&eacute;, aunque sab&iacute;a que pod&iacute;a serlo, evitando que los machos lo asesinaran, una pr&aacute;ctica habitual en la mayor&iacute;a de machos mam&iacute;feros. Una vez la mujer ancestral desarroll&oacute; la adaptaci&oacute;n evolutiva de la ovulaci&oacute;n oculta para este prop&oacute;sito, la utiliz&oacute; para atraer a “un buen hombre de las cavernas” (p. 101). Es decir, “la ovulaci&oacute;n oculta de las mujeres y la constante receptividad sexual evolucionaron para promover la monogamia, el cuidado paternal y la confianza del padre en su paternidad” (p. 87).</p>     <p align="justify">Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s interesantes es “&iquest;Para qu&eacute; sirven los hombres?”. M&aacute;s all&aacute; de considerar la pregunta como un comentario ingenioso o burl&oacute;n, Diamond considera que con ella se “toca un nervio a flor de piel en nuestra sociedad. Las mujeres toleran cada vez menos el estatus que los hombres se han asignado a s&iacute; mismos, y critican a los hombres que cuidan m&aacute;s de s&iacute; mismos que de sus hijos y esposas” (p. 105). No s&oacute;lo en sociedades de cazadores-recolectores, sino incluso en sociedades modernas, los hombres desempe&ntilde;an el papel de ostentaci&oacute;n o alardeo antes que el de proveedores. En el libro se demuestra de modo contundente que el rendimiento cal&oacute;rico o econ&oacute;mico de los hombres en tareas de caza es mucho menor que el de las mujeres con tareas sencillas de recolecci&oacute;n de fruta o extracci&oacute;n de almid&oacute;n. Las preocupaciones equivalentes en sociedades modernas ser&iacute;an el apego masculino por los deportes, los autos y el consumo de alcohol. Incluso en sociedades como la estadounidense, las mujeres que trabajan dedican en promedio el doble de horas que sus c&oacute;nyuges a tareas como el trabajo, el cuidado de los hijos y el mantenimiento del hogar.</p>     <p align="justify">En fin, la respuesta a las inc&oacute;gnitas que plantea la sexualidad humana guiar&aacute; al lector a trav&eacute;s de una interesante literatura en &aacute;reas como la biolog&iacute;a, la gen&eacute;tica, la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n y la econom&iacute;a, campo en el cual sus ideas poco a poco han logrado introducirse, en particular en el campo del desarrollo econ&oacute;mico y de la econom&iacute;a institucional.</p>     <p align="justify">A pesar de ser un autor ajeno a la disciplina econ&oacute;mica est&aacute;ndar, otros de sus libros como <i>El tercer chimpanc&eacute;</i>, <i>Colapso</i>, y <i>Armas, g&eacute;rmenes y acero</i>, trabajo este &uacute;ltimo con el cual gan&oacute; el premio Pulitzer en 1998, han hallado un gran eco en diversas &aacute;reas como la econom&iacute;a del desarrollo, que encuentran en sus ideas una nueva perspectiva para abordar preguntas tradicionales. Por ejemplo, en <i>Armas, g&eacute;rmenes y acero</i> se pregunta por el origen de la enorme desigualdad en el desarrollo de los distintos pueblos, encontrando una respuesta que lo remonta a los comienzos de las civilizaciones. Geograf&iacute;a, microbiolog&iacute;a, ling&uuml;&iacute;stica, arqueolog&iacute;a, epidemiolog&iacute;a, ecolog&iacute;a, territorio y evoluci&oacute;n, son aproximaciones utilizadas para discernir cu&aacute;les fueron los mecanismos que condicionaron, no determinaron, el curso de la historia, desde la revoluci&oacute;n agr&iacute;cola y la dificultad en la difusi&oacute;n de las ideas, dada la orientaci&oacute;n este-oeste o norte-sur de los continentes, hasta los procesos de domesticaci&oacute;n. Esta historia de condiciones necesarias cuenta c&oacute;mo un conjunto de posibilidades dispuestas para unos y restringidas para otros defini&oacute; el curso de la historia. Para Diamond, los pueblos de Eurasia contaron con la bendici&oacute;n de su geograf&iacute;a la cual les permiti&oacute; obtener m&aacute;s r&aacute;pidamente excedentes agr&iacute;colas, y a partir de &eacute;stos, especialistas, comercio, tecnolog&iacute;a, difusi&oacute;n de ideas y todos los elementos que se manifestar&iacute;an como armas, g&eacute;rmenes y acero, es decir, lo que se requer&iacute;a para la conquista de unos pueblos por otros.</p>     <p align="justify">La virtud de su respuesta a las profundas desigualdades entre las civilizaciones no radica en la originalidad de sugerir a la geograf&iacute;a como una posible culpable, ya que esta idea ha sido ampliamente discutida por lo menos desde Montesquieu; tampoco se encuentra en el poder rechazar de forma categ&oacute;rica cualquier tipo de explicaci&oacute;n racial. Este tema ya ha sido abordado y brillantemente argumentado por numerosos autores, entre ellos Stephen Jay Gould o Francesco Cavalli-Sforza. El genio de Diamond se encuentra en su amplio conocimiento de diversas &aacute;reas de las ciencias y en su gran capacidad para unir diversos elementos que por s&iacute; mismos dif&iacute;cilmente podr&iacute;an explicar el curso de la historia, pero que, en conjunto, permiten argumentar de forma muy convincente por qu&eacute; la situaci&oacute;n geogr&aacute;fica de los habitantes de Eurasia los mantuvo en un curso de ventajas extraordinarias en relaci&oacute;n con los habitantes de otros continentes.</p>     <p align="justify">Son precisamente estas caracter&iacute;sticas de su argumentaci&oacute;n, clara, consistente y amablemente escrita para un p&uacute;blico lego en temas cient&iacute;ficos, las que hacen del trabajo de Diamond un referente obligado para todo aquel interesado en temas de desarrollo econ&oacute;mico. Las cr&iacute;ticas a Diamond vienen desde ambos extremos del espectro ideol&oacute;gico: desde la izquierda se le acusa de determinismo geogr&aacute;fico o racial, lo cual es incomprensible, puesto que toda su obra es un alegato muy sesudo contra el racismo; desde la derecha se le acusa de no tener en cuenta que los “valores occidentales” como el individualismo, la libertad pol&iacute;tica, la ciencia, el racionalismo y la discusi&oacute;n, aunados con ventajas militares, determinaron la mala o buena suerte de conquistados y conquistadores respectivamente. Cr&iacute;ticas m&aacute;s ponderadas subrayan el hecho de que la historia, en particular la del siglo XX, no es el fuerte de Diamond, pero ello no demerita su colosal trabajo, que ser&aacute; sometido a la cr&iacute;tica aguda de los historiadores profesionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un reciente trabajo de los economistas Spolaore y Wacziarg (2006) recoge uno de los factores que subraya Diamond, el del papel que habr&iacute;a jugado la variable continental en la explicaci&oacute;n de las enormes diferencias en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de los distintos continentes. Una clave recurrente en la literatura sugiere que las barreras para la difusi&oacute;n del desarrollo han jugado un papel importante en estas diferencias. Sin embargo, la comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica ha sido elusiva: la geograf&iacute;a, el clima, la cultura y la lengua se han utilizado como variables para modelar de manera precaria las barreras a la difusi&oacute;n del desarrollo.</p>     <p align="justify">Spolaore y Wacziarg, utilizando una variable muy cercana a nosotros, pero poco usual para la ciencia econ&oacute;mica, plantean lo que podr&iacute;a ser el primer paso para afirmar que uno de los principales factores que explican la diferencia de ingresos en las econom&iacute;as son efectivamente las barreras a la difusi&oacute;n del desarrollo. La tan ansiada variable se encuentra en el largo y arduo trabajo de Cavalli-Sforza, quien al examinar el DNA mitocondrial utiliza los marcadores gen&eacute;ticos para poder construir una medida de “distancia gen&eacute;tica”, definida como la medida asociada con la cantidad de tiempo transcurrido desde que dos poblaciones se separaron de su ancestro com&uacute;n.</p>     <p align="justify">Por supuesto, el trabajo de Cavalli-Sforza, o el de Spolaore y Wacziarg, no afirma que gen&eacute;ticamente algunos pueblos tengan alguna ventaja para la difusi&oacute;n del desarrollo: la interpretaci&oacute;n correcta es que pueblos que son gen&eacute;ticamente m&aacute;s cercanos compartir&aacute;n m&aacute;s caracter&iacute;sticas, como lenguas similares, costumbres, valores y un sinn&uacute;mero de aspectos que podr&iacute;amos denominar de forma vaga reglas informales, de tal manera que la difusi&oacute;n del desarrollo entre daneses e ingleses o entre coreanos y japoneses ser&aacute; menos costosa que entre daneses y japoneses. Estos ejemplos podr&iacute;an parecer evidentes, sin embargo, el argumento es mucho m&aacute;s sutil y su poder explicativo es contundente. Si pensamos que los procesos de desarrollo se han concentrado en ciertas zonas de la tierra y que su difusi&oacute;n ha sido limitada por la existencia de barreras geogr&aacute;ficas, clim&aacute;ticas y, por qu&eacute; no, culturales, la introducci&oacute;n de la distancia gen&eacute;tica permite comprobar emp&iacute;ricamente por primera vez que estas barreras a la difusi&oacute;n del desarrollo han jugado un papel de enorme importancia en la configuraci&oacute;n de un panorama tan desigual en t&eacute;rminos de ingresos entre los pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Adicionalmente, Spolaore y Wacziarg introducen una <i>variable continental</i>, que busca capturar la importancia de las ventajas de los habitantes del continente euroasi&aacute;tico: la hip&oacute;tesis de Diamond cuenta ahora con respaldo econom&eacute;trico, pues la variable denominada <i>efecto Diamond</i> no s&oacute;lo es significativa sino que adem&aacute;s tiene un importante poder explicativo en t&eacute;rminos del desempe&ntilde;o econ&oacute;mico entre las distintas sociedades.</p>     <p align="justify">Las anteriores l&iacute;neas s&oacute;lo pretenden mostrar un campo de estudio que, en general, no ha recibido demasiada importancia entre los economistas. La teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n se mantiene robusta en su capacidad de poder explicar por qu&eacute; los humanos y dem&aacute;s seres vivos hemos llegado a ser como somos actualmente. No existe un dilema entre evoluci&oacute;n y cultura. La historia cultural del hombre es parte de su historia biol&oacute;gica. Tal vez valga la pena mencionarlo ahora que en el pa&iacute;s del norte, con r&aacute;pido contagio en otras latitudes, el evolucionismo est&aacute; sometido al ataque de partidarios del creacionismo o del llamado <i>dise&ntilde;o inteligente</i>, que pretenden, con el concurso de poderes medi&aacute;ticos, convencernos de que son teor&iacute;as cient&iacute;ficas. En fin, con Cavalli-Sforza et al. (1999), digamos que:</p>     <blockquote>     <p align="justify">El profano, el llamado hombre de la calle, suele pedir certezas a la ciencia. Pero el cient&iacute;fico dedica gran parte de sus esfuerzos a sembrar dudas y a cambiar sus propias teor&iacute;as, si es preciso. Ya hay demasiadas religiones e ideolog&iacute;as que proclaman la “verdad” […] la convicci&oacute;n de que la propia religi&oacute;n est&aacute; en posesi&oacute;n de la verdad ha ocasionado los conflictos m&aacute;s terribles.</p> </blockquote> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Diamond, J. <i>Armas, g&eacute;rmenes y acero: breve historia de la humanidad en los &uacute;ltimos trece mil a&ntilde;os</i>, Madrid, Editorial Debate, 2006.</p>     <p align="justify">2. Diamond, J. <i>El tercer chimpanc&eacute;. Origen y futuro del animal humano</i>, 1992, Madrid, Editorial Debate, 2006.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">3. Diamond, J. <i>Colapso: Por qu&eacute; unas sociedades perduran y otras desaparecen</i>, Madrid, Editorial Debate, 2005.</p>     <p align="justify">4. Cavalli-Sforza, F. et al. <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos? Historia de la diversidad humana</i>, 1997, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1999.</p>     <p align="justify">5. Spolaore, E. y R. Wacziarg. “The Diffusion of Development”, <i>NBER Working Paper</i> 12153, 2006.</p> </font>      ]]></body>
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