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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LAS LEYES DEL DESARROLLO ECONÓMICO ENDÓGENO DE KALDOR: EL CASO COLOMBIANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article exposes the conceptual and theoretical foundations of Kaldor’s laws. The results of empirical exercises suggest that in the Colombian industry there are no increasing returns to scale when departmental information is used, at least for the period 1981-2004.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>LAS LEYES DEL DESARROLLO ECON&Oacute;MICO END&Oacute;GENO DE KALDOR: EL CASO COLOMBIANO</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"> <b>KALDOR ENDOGENOUS ECONOMIC DEVELOPMENT LAWS: THE COLOMBIAN CASE</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>&Aacute;lvaro Mart&iacute;n Moreno Rivas</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad Externado de Colombia y de la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:amoreno65@yahoo.es">amoreno65@yahoo.es</a>]. Agradezco el apoyo y la generosidad del Profesor Mauricio P&eacute;rez quien me ha brindado las condiciones para trabajar e investigar sin afanes. Tambi&eacute;n deseo expresar mi reconocimiento al Profesor &Aacute;lvaro Ch&aacute;vez quien me facilit&oacute; informaci&oacute;n y discuti&oacute; conmigo algunos apartes de mi trabajo. Agradezco, adem&aacute;s, los comentarios del editor de la Revista. Fecha de recepci&oacute;n: 2 de mayo de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 17 de mayo de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 23 de mayo de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: leyes de Kaldor, causaci&oacute;n circular acumulativa, rendimientos crecientes, econom&iacute;as de escala, Colombia; JEL: D20, O11]</p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo se exponen los fundamentos conceptuales y te&oacute;ricos de las leyes de Kaldor. Los resultados de los ejercicios emp&iacute;ricos sugieren que en la industria colombiana no hay rendimientos crecientes a escala cuando se utiliza informaci&oacute;n departamental de corte transversal, al menos para el periodo 1981-2004.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: Kaldor’s laws, causation to circulate accumulative, increasing dynamics returns, economies of scale, Colombia; JEL: D20, O11]</p>     <p align="justify">This article exposes the conceptual and theoretical foundations of Kaldor’s laws. The results of empirical exercises suggest that in the Colombian industry there are no increasing returns to scale when departmental information is used, at least for the period 1981-2004.</p> <hr>     <p align="right">    <br>Entender es relacionar, encontrar la unidad bajo la diversidad. Un acto de inteligencia es darse cuenta de que la ca&iacute;da de una manzana y el movimiento de la Luna, que no cae, est&aacute;n regidos por la misma ley.    <br> Ernesto Sabato (1945)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El enunciado de una ley es un resultado de la inteligencia, una s&iacute;ntesis del esfuerzo de la raz&oacute;n ilustrada para establecer regularidades que se detectan en la realidad natural, cultural o social. Las leyes no son necesariamente causales y tampoco requieren o exigen una explicaci&oacute;n causal (Bunge, 1959). De hecho, existen leyes que permiten explicar los fen&oacute;menos sin recurrir a secuencias de flechas entre eventos que anteceden a los efectos. Esto es importante, pues la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica no se reduce a describir y predecir, sino que exige identificar el mecanismo o los mecanismos consistentes con las leyes o enunciados legales que permiten entender c&oacute;mo funciona una cosa o un sistema complejo (Bunge, 2007). En este sentido, se puede hablar de mecanismos de bucle, como la causaci&oacute;n circular acumulativa, propia de los procesos sociales.</p>     <p align="justify">Un aspecto importante de una ley es que proh&iacute;be que se presenten ciertos fen&oacute;menos. Por ejemplo, las leyes de la mec&aacute;nica cl&aacute;sica eliminan la posibilidad de que una persona se levante del piso por sus propios medios sin impulsarse. Las leyes de la termodin&aacute;mica descartan la posibilidad de construir m&aacute;quinas de movimiento perpetuo. Las leyes de la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica restringen la variedad de mutaciones de las especies. Las leyes del crecimiento end&oacute;geno de Kaldor y el principio de causaci&oacute;n circular acumulativa niegan los procesos naturales de convergencia absoluta entre pa&iacute;ses ricos y pobres, es decir, predicen la formaci&oacute;n de centros y periferias que se autorreproducen <a href="#1" name="n1">1 </a>.</p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo se presentan de manera rigurosa las leyes del desarrollo econ&oacute;mico de Kaldor. Las leyes son tres: la primera es la alta correlaci&oacute;n entre el crecimiento del producto industrial y el crecimiento del PIB. La segunda es la estrecha relaci&oacute;n entre la tasa de crecimiento de la productividad industrial y el crecimiento del producto manufacturero. La tercera es la relaci&oacute;n positiva entre el crecimiento de la productividad de toda la econom&iacute;a y el crecimiento del sector industrial y negativa con el aumento del empleo en los sectores no manufactureros. Estas leyes tienen una implicaci&oacute;n directa: el sector industrial es el motor del crecimiento. Como reconoci&oacute; Kaldor (1976), el &eacute;xito de las naciones ricas obedeci&oacute; al desarrollo de su sector industrial. El proceso se inici&oacute; en Inglaterra, luego ingresaron Francia, Alemania, Estados Unidos, Jap&oacute;n, los pa&iacute;ses del Sudeste Asi&aacute;tico, e India y China en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. De este club se excluyen los pa&iacute;ses del &Aacute;frica negra y de Am&eacute;rica Latina.</p>     <p align="justify">Sin embargo, el desarrollo industrial no surge de manera espont&aacute;nea. Se requieren intervenciones directas del Estado para garantizar que el proceso se desenvuelva secuencial y eficientemente, es decir, para que la estructura productiva se transforme de tal modo que vayan apareciendo ramas productivas cada vez m&aacute;s complejas, por ejemplo, industrias pesadas o de alta tecnolog&iacute;a. Las pol&iacute;ticas de sustituci&oacute;n de importaciones y de promoci&oacute;n de exportaciones son instrumentos id&oacute;neos para promover la industrializaci&oacute;n. Como siempre, el problema es establecer los puntos cr&iacute;ticos o de inflexi&oacute;n, es decir, la “justa medida” entre los niveles, la duraci&oacute;n de la protecci&oacute;n de las industrias y su exposici&oacute;n a la competencia internacional. La historia econ&oacute;mica est&aacute; llena de fracasos y de &eacute;xitos. Los unos explican los otros.</p>     <p align="justify">As&iacute;, la ISI, lejos de ser una estrategia ineficiente e inadecuada, como dicen los defensores de la ideolog&iacute;a del libre mercado, es m&aacute;s bien</p>     <blockquote>     <p align="justify">[…] una escalera que se necesit&oacute; y us&oacute; activamente en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses para subir hasta la cima, y que se ‘pate&oacute;’ r&aacute;pidamente cuando ya era in&uacute;til, como observ&oacute; List. Desde este punto de vista, y sea cual sea la intenci&oacute;n, los pa&iacute;ses desarrollados que est&aacute;n tratando de impedir que los pa&iacute;ses en desarrollo practiquen el fomento de la industria naciente est&aacute;n ‘pateando la escalera’ tal como, seg&uacute;n las acusaciones de List y muchos de sus contempor&aacute;neos en Estados Unidos, lo hizo Gran Breta&ntilde;a a mediados del siglo XIX (Chang, 2004).</p> </blockquote>     <p align="justify">Trabajos recientes sobre el crecimiento econ&oacute;mico y la ruptura de simetr&iacute;a respaldan la historia no oficial de la industrializaci&oacute;n y del &eacute;xito econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses desarrollados y de industrializaci&oacute;n reciente, y muestran rigurosamente que los viejos te&oacute;ricos del desarrollo ten&iacute;an raz&oacute;n. La idea de que el comercio internacional genera polos de desarrollo y de pobreza es confirmada por los modelos de fallas de coordinaci&oacute;n y econom&iacute;as de aglomeraci&oacute;n (Matsuyama, 1996).</p>     <p align="justify">A diferencia de los an&aacute;lisis convencionales, que comparan pa&iacute;ses diferentes, hoy se supone simetr&iacute;a y luego se abren las econom&iacute;as. Este experimento mental se acerca m&aacute;s a las condiciones de despegue del crecimiento moderno, cuando las diferencias entre pa&iacute;ses no eran muy grandes. Lo interesante es que el equilibrio arroja un centro de pa&iacute;ses ricos que se especializan en bienes industriales y una periferia que se especializa en bienes primarios. Existen espacios para milagros econ&oacute;micos. Un pa&iacute;s pobre puede salir de un equilibrio bajo y saltar al mundo de pa&iacute;ses ricos e industrializados. Pero a medida que m&aacute;s pa&iacute;ses dan ese salto, los rezagados tienen menos opciones y son condenados pr&aacute;cticamente a un estado de pobreza que se autorrefuerza como un “c&iacute;rculo vicioso”<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup>. Como dice la sentencia b&iacute;blica: “porque al que tiene se le dar&aacute; y abundar&aacute;; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitar&aacute;”<sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup>.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo consta de dos secciones. En la primera se exponen los fundamentos conceptuales y te&oacute;ricos de las tres leyes del desarrollo end&oacute;geno de Kaldor. En la segunda se presenta el an&aacute;lisis econom&eacute;trico y se comentan los resultados. Al final, se sintetizan las conclusiones y las implicaciones de pol&iacute;tica en el caso colombiano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>RENDIMIENTOS CRECIENTES Y CAUSACI&Oacute;N CIRCULAR ACUMULATIVA: LA CONJETURA DE SMITH-YOUNG-KALDOR-MYRDAL</b></p>     <p align="justify">La historia de las leyes de Kaldor se remonta a los debates sobre las consecuencias de los rendimientos crecientes din&aacute;micos y est&aacute;ticos y sobre el papel de la demanda real en la determinaci&oacute;n de la trayectoria de crecimiento de largo plazo de la econom&iacute;a. Desde muy temprano Kaldor rechaz&oacute; el paradigma neocl&aacute;sico, y luego renunci&oacute; a la representaci&oacute;n formal y matem&aacute;tica de las ideas de desequilibrio y crecimiento end&oacute;geno,  lo que llev&oacute; a retomar las ense&ntilde;anzas de su maestro Allyn Young (1928) y de Adam Smith (1776).</p>     <p align="justify">Podr&iacute;amos decir que los trabajos que Kaldor public&oacute; despu&eacute;s de 1966 constituyen una especie de reversi&oacute;n de la t&eacute;cnica anal&iacute;tica. En primer lugar, descarta el m&eacute;todo de equilibrio por irrelevante, pues el desarrollo econ&oacute;mico es ante todo un proceso de desequilibrio. En segundo lugar, complementa el enfoque de la oferta con el de la demanda, y hace de &eacute;sta una fuerza esencial en la determinaci&oacute;n del ritmo de crecimiento de la econom&iacute;a en el corto y en el largo plazo. Por &uacute;ltimo, opta por un an&aacute;lisis cualitativo antes que cuantitativo, ya que privilegia el enunciado de leyes emp&iacute;ricas y busca explicaciones end&oacute;genas y bicausales de los hechos estilizados, relegando la determinaci&oacute;n de los valores de las variables a un lugar secundario.</p>     <p align="justify">Desde esta perspectiva anal&iacute;tica, lo importante es identificar los mecanismos de transmisi&oacute;n en los procesos de cambio estructural de las econom&iacute;as capitalistas. La explicaci&oacute;n del desarrollo y del surgimiento y persistencia de polos de crecimiento y estancamiento exig&iacute;a dejar de lado los modelos de un sector, y utilizar esquemas multisectoriales para estudiar las interrelaciones entre los sectores con rendimientos decrecientes (la agricultura) y con rendimientos crecientes (la industria). El sector externo entraba en el an&aacute;lisis como fuente de demanda aut&oacute;noma<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup>. A diferencia de los modelos de crecimiento end&oacute;geno modernos que incorporan los rendimientos crecientes a escala en la funci&oacute;n de producci&oacute;n –siguiendo la sugerencia de Marshall de tratarlos como un fen&oacute;meno externo a la empresa pero interno a la industria–, Kaldor prefiri&oacute; seguir la opci&oacute;n radical de Young (1928) de tratar los rendimientos crecientes como un fen&oacute;meno macroecon&oacute;mico, es decir, como un resultado de la especializaci&oacute;n y la diversificaci&oacute;n de los sectores y las industrias.</p>     <p align="justify">Su punto de partida fueron los trabajos de Adam Smith (1776) sobre la divisi&oacute;n del trabajo y el tama&ntilde;o del mercado; la generalizaci&oacute;n del teorema de Smith que llev&oacute; a cabo Allyn Young (1928), quien se&ntilde;al&oacute; que la divisi&oacute;n del trabajo depende de la divisi&oacute;n del trabajo; y los interesantes resultados que obtuvo Gunnar Myrdal (1957) a partir de la idea de causaci&oacute;n circular acumulativa<sup><a href="#5" name="n5">5</a></sup>. Estos pensadores se opusieron, en cierto modo, a la corriente principal, y sus ideas fueron eliminadas de los libros de texto y de la ense&ntilde;anza regular durante largo tiempo.</p>     <p align="justify">La idea de Adam Smith de que la fuente de crecimiento de la productividad es la divisi&oacute;n del trabajo y que &eacute;sta est&aacute; determinada por el tama&ntilde;o del mercado incorpor&oacute; desde muy temprano la idea de crecimiento end&oacute;geno y de los rendimientos crecientes din&aacute;micos como causa eficiente de la riqueza de las naciones. Allyn Young extendi&oacute; el teorema de Smith y mostr&oacute; que el crecimiento es un fen&oacute;meno que se perpet&uacute;a a s&iacute; mismo, como resultado de las fuerzas rec&iacute;procas de la oferta y la demanda que dinamizan los procesos de transformaci&oacute;n estructural. La especializaci&oacute;n y la diversificaci&oacute;n no s&oacute;lo operan en el nivel de la empresa, sino tambi&eacute;n en niveles jer&aacute;rquicos superiores, como las industrias, los sectores econ&oacute;micos y las regiones. Los rendimientos crecientes son en esencia un fen&oacute;meno agregado que se manifiesta en la gran producci&oacute;n m&aacute;s que en la producci&oacute;n a gran escala de las firmas individuales.</p>     <p align="justify">Por esa raz&oacute;n, el uso de m&eacute;todos capitalistas, m&aacute;s indirectos, es rentable &uacute;nicamente cuando aumenta el tama&ntilde;o del mercado. La acumulaci&oacute;n de capital deja de ser una causa del crecimiento para convertirse en un resultado; no es un factor ex&oacute;geno dado sino un elemento end&oacute;geno del proceso de desarrollo y crecimiento del mercado. Lo mismo sucede con la fuerza de trabajo y el capital humano. En ese proceso, todo incremento de la oferta de un bien –que se produce en condiciones competitivas de rendimientos crecientes– induce un incremento de la demanda de otros bienes, y todo incremento de la demanda produce un nuevo aumento de la oferta. Para que aparezca ese c&iacute;rculo virtuoso se requiere que los rendimientos decrecientes a nivel micro se transformen en rendimientos crecientes a nivel agregado, por obra de las econom&iacute;as externas del proceso de diferenciaci&oacute;n industrial, mientras que las restricciones microecon&oacute;micas –costos marginales decrecientes– se deben transformar en oportunidades macroecon&oacute;micas, reflejadas en costos unitarios decrecientes, es decir, en desplazamientos hacia bajo de las funciones de costos y no tanto en movimientos descendentes sobre las curvas (Chandra, 2003 y 2004).</p>     <p align="justify">En otras palabras, un aumento de la oferta de un bien que se produce con rendimientos crecientes y tiene una demanda el&aacute;stica se refuerza a s&iacute; mismo, pues a medida que aumenta la producci&oacute;n se reducen los costos y la competencia permite que estas econom&iacute;as internas se traduzcan en econom&iacute;as externas pecuniarias para otras firmas o industrias por medio de precios menores, lo que eleva los beneficios e incentiva nuevas demandas del bien en cuesti&oacute;n, iniciando una nueva ronda. Por ello, Young (1928) defini&oacute; as&iacute; el crecimiento end&oacute;geno: “Aun con una poblaci&oacute;n estable, y a falta de nuevos descubrimientos de la ciencia pura o aplicada, no hay l&iacute;mites al proceso de expansi&oacute;n como no sean los l&iacute;mites m&aacute;s all&aacute; de los cuales la demanda ya no sea el&aacute;stica y los rendimientos ya no se incrementen”.</p>     <p align="justify">Esta visi&oacute;n del proceso de desarrollo explica por qu&eacute; rest&oacute; importancia a los adelantos cient&iacute;ficos ex&oacute;genos como fuerzas motrices del crecimiento. Young cuestion&oacute; el otorgamiento de patentes y monopolios a los inventores porque restring&iacute;a la competencia, es decir, el medio por el cual las econom&iacute;as internas se transforman en externas y viceversa. Aunque las invenciones pod&iacute;an potenciar el crecimiento, no eran sustanciales. Lo importante era la din&aacute;mica del mercado en su conjunto y las econom&iacute;as de especializaci&oacute;n din&aacute;micas que surg&iacute;an con la transformaci&oacute;n estructural de la econom&iacute;a. El principio de causaci&oacute;n circular acumulativa se sintetiza en estas palabras: “todo adelanto importante en la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n, bien sea que se base en cualquier cosa que se pueda llamar una nueva invenci&oacute;n, en sentido t&eacute;cnico estricto –o que implique una nueva aplicaci&oacute;n de los frutos del progreso t&eacute;cnico cient&iacute;fico de la industria– altera las condiciones de la actividad industrial e inicia reacciones en otras partes de la estructura industrial […] que a su vez causan un nuevo efecto desestabilizador. En esta forma, el cambio se vuelve progresivo y se propaga en forma acumulativa” (Young, 1928).</p>     <p align="justify">La idea de la causaci&oacute;n circular acumulativa tiene una vieja historia (Ricoy, 1988). Pero el autor que la present&oacute; con mayor rigor fue sin duda Gunnar Myrdal (1957), para explicar de manera end&oacute;gena la existencia de c&iacute;rculos viciosos y virtuosos. Para ello, Myrdal cuestion&oacute; la noci&oacute;n de equilibrio estable. En los sistemas sociales, los cambios que se producen no necesariamente son compensados por variaciones en direcci&oacute;n opuesta; en la realidad, la respuesta del sistema suele ir en la misma direcci&oacute;n del cambio inicial, lo que lo aleja a&uacute;n m&aacute;s del equilibrio original, ampliando el cambio y, en muchas circunstancias, acelerando los procesos de transformaci&oacute;n. Por supuesto, la direcci&oacute;n puede ir en cualquier sentido, es decir, se crean c&iacute;rculos virtuosos y viciosos. De all&iacute; que Myrdal se&ntilde;alara que “nada tiene m&aacute;s &eacute;xito que el &eacute;xito mismo” y que “nada fracasa m&aacute;s que el fracaso mismo”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque Myrdal confiaba en que el principio de causaci&oacute;n circular tuviera una soluci&oacute;n cient&iacute;fica, es decir, formal y matem&aacute;tica, reconoc&iacute;a la dificultad de esa tarea, en la que hab&iacute;a que identificar lo que llam&oacute; “factores de estancamiento” y “efectos impulsores”<sup><a href="#6" name="n6">6</a></sup>. Si bien estos mecanismos pueden balancear el proceso en alg&uacute;n momento, el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado tiende a aumentar y no a reducir las desigualdades sociales y regionales. El mercado deja de ser un mecanismo de asignaci&oacute;n de recursos para convertirse en una fuente de creaci&oacute;n de riqueza y desigualdad.</p>     <p align="justify">Kaldor (1970 y 1981) examin&oacute; a fondo las implicaciones del principio de causaci&oacute;n circular acumulativa y de los rendimientos crecientes en el desarrollo regional y en el comercio internacional. Distingui&oacute; entre actividades econ&oacute;micas basadas en la tierra y actividades basadas en procesos de transformaci&oacute;n. En las primeras, los precios relativos constituyen el mecanismo de ajuste a los desequilibrios, mediante los efectos ingreso y sustituci&oacute;n. En las actividades industriales, el proceso opera de manera diferente. En general, los precios se forman a&ntilde;adiendo un margen de ganancia sobre los costos, y la variable de ajuste es la capacidad instalada, es decir, las cantidades. De all&iacute; la importancia que otorg&oacute; al supermultiplicador de Harrod. En este sentido, se podr&iacute;a decir que, en general, las econom&iacute;as capitalistas est&aacute;n restringidas por la demanda, mientras que las econom&iacute;as socialistas est&aacute;n restringidas por la oferta (Kornai, 1981).</p>     <p align="justify">Mientras que la teor&iacute;a convencional supon&iacute;a que el libre comercio de bienes y servicios mejora necesariamente el bienestar, porque la especializaci&oacute;n de una regi&oacute;n o un pa&iacute;s en un bajo n&uacute;mero de bienes le permite comprar m&aacute;s de los otros a otras regiones o pa&iacute;ses, Kaldor mostr&oacute; que las cosas no funcionan as&iacute; cuando se trata de actividades industriales de alta tecnolog&iacute;a. Las diferencias dentro y entre regiones o pa&iacute;ses tienden a ahondarse m&aacute;s que a reducirse debido a las desigualdades iniciales en el grado de desarrollo industrial. De hecho, con rendimientos crecientes o decrecientes y recursos limitados (como la tierra), el libre comercio puede reducir el bienestar y el producto de la regi&oacute;n o el pa&iacute;s que tenga menor desarrollo manufacturero.</p>     <p align="justify">Kaldor lleg&oacute; incluso a afirmar que el libre comercio pod&iacute;a dejar al mundo en una situaci&oacute;n peor que si hubiese alg&uacute;n tipo de regulaci&oacute;n. Los hechos confirmaban su hip&oacute;tesis. El comercio internacional entre pa&iacute;ses ricos se basaba en el intercambio dentro de las industrias y no entre industrias, lo que reafirmaba la idea cl&aacute;sica de que las fuerzas que llevan a la especializaci&oacute;n son el comercio basado en bajos salarios (bienes primarios) y el comercio basado en conocimiento y tecnolog&iacute;a (bienes industriales). Un pa&iacute;s exitoso es aquel que exporta bienes con altas elasticidades ingreso de la demanda e importa bienes primarios con bajas elasticidades. Las exportaciones se convierten en el componente aut&oacute;nomo m&aacute;s importante del gasto en las econom&iacute;as desarrolladas porque les permite mantener altos niveles de utilizaci&oacute;n de la capacidad productiva en las manufacturas.</p>     <p align="justify">Si bien la formaci&oacute;n de polos de desarrollo y de pobreza es m&aacute;s f&aacute;cil en las regiones de un pa&iacute;s debido a que no existen obst&aacute;culos a la movilidad de capital y del trabajo, Kaldor advirti&oacute; que exist&iacute;an mecanismos para compensar los efectos de las desigualdades; por ejemplo, las transferencias gubernamentales, los estabilizadores fiscales autom&aacute;ticos y las compensaciones naturales de las balanzas interregionales. Las cosas son muy diferentes en el nivel internacional, pues no operan muchos de estos mecanismos y los balances de las cuentas externas requieren transferencias de capital que no est&aacute;n garantizadas.</p>     <p align="justify">As&iacute;, el &eacute;xito de un pa&iacute;s depende del comportamiento de los salarios de eficiencia: la relaci&oacute;n entre salarios y productividad. Los pa&iacute;ses que tienen sectores industriales desarrollados, una vez abierta la econom&iacute;a mundial, pueden aprovechar los rendimientos crecientes y las econom&iacute;as din&aacute;micas a escala, aumentando su productividad y reduciendo sus salarios de eficiencia, lo que va en detrimento de que los pa&iacute;ses que tienen sectores productivos sigan donde los rendimientos decrecientes son la norma. Los primeros incrementan sus ventas externas mientras que las industrias de los segundos se arruinan, sin que esto sea compensado con un mayor nivel de producto, pues el desempleo aumenta y los salarios terminan reduci&eacute;ndose<sup><a href="#7" name="n7">7</a></sup>.</p>     <blockquote>     <p align="justify">Es a trav&eacute;s de este mecanismo que opera el proceso de causaci&oacute;n acumulativa; y ambos, el &eacute;xito comparativo y el fracaso comparativo, tienen efectos que se autorrefuerzan en t&eacute;rminos del desarrollo industrial. Puesto que los cambios inducidos en el aumento de los salarios no son suficientes para contrarrestar las diferencias de los incrementos de productividad, los costos de producci&oacute;n en las &aacute;reas de r&aacute;pido crecimiento tienden a caer en el tiempo en relaci&oacute;n con los de las &aacute;reas de lento crecimiento: y por tanto promueven la ventaja comparativa de las primeras a expensas de estas &uacute;ltimas (1970).</p> </blockquote>     <p align="justify">De all&iacute; la necesidad de regular los procesos de causaci&oacute;n circular acumulativa para reducir las desigualdades regionales, de alg&uacute;n tipo de protecci&oacute;n efectiva de los sectores con rendimientos crecientes para minimizar las desventajas de llegar de &uacute;ltimo a la fase de industrializaci&oacute;n, y evitar un r&aacute;pido descenso de la participaci&oacute;n de la manufactura en el PIB que lleve a un lento crecimiento en el mediano y el largo plazo.</p>     <p align="justify"><b>LAS TRES LEYES DE KALDOR: ASPECTOS CONCEPTUALES Y EMP&Iacute;RICOS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hasta ahora el an&aacute;lisis se ha desarrollado en un nivel abstracto y general, pero algunas de las hip&oacute;tesis de la conjetura Smith-Young-Kaldor-Myrdal se pueden examinar emp&iacute;ricamente.</p>     <p align="justify">Aunque Nicholas Kaldor, alumno de Young, consider&oacute; que la manufactura y la industria se caracterizaban por los rendimientos crecientes, y la agricultura y la miner&iacute;a por los rendimientos decrecientes, Currie (1981), otro brillante estudiante de Young, mantuvo cierto escepticismo acerca de la posibilidad de determinar los rendimientos de cualquier sector productivo, acogiendo las dudas de su maestro, quien se&ntilde;al&oacute; que “con la amplitud de la divisi&oacute;n del trabajo entre industrias, pierden su identidad tanto la empresa representativa como la industria de la que forma parte. Sus econom&iacute;as internas se disuelven en econom&iacute;as internas y externas de las empresas m&aacute;s especializadas, que son sus sucesoras, y se complementan con econom&iacute;as nuevas” (Young, 1928). Algo similar expres&oacute; Clapham (1922) en un art&iacute;culo paradigm&aacute;tico sobre las “cajas econ&oacute;micas vac&iacute;as” donde mostraba los l&iacute;mites de nuestro conocimiento para clasificar las industrias seg&uacute;n sus rendimientos a escala.</p>     <p align="justify">No obstante, la audacia de Kaldor dio sus frutos. En primer lugar, mostr&oacute; la importancia de los an&aacute;lisis desagregados y multisectoriales para explicar las diferencias de crecimiento per c&aacute;pita entre pa&iacute;ses. En segundo lugar, propuso una explicaci&oacute;n imaginativa y general para explicar el bajo desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de Inglaterra despu&eacute;s de la posguerra. Aunque luego modific&oacute; algunas de sus hip&oacute;tesis, mantuvo la formulaci&oacute;n de las tres leyes del crecimiento end&oacute;geno a pesar de las agudas controversias posteriores a su enunciado conjunto de 1966. Como dijo en su art&iacute;culo de ese a&ntilde;o: “la hip&oacute;tesis que intento examinar es que las r&aacute;pidas tasas de crecimiento econ&oacute;mico est&aacute;n asociadas con tasas r&aacute;pidas de crecimiento del sector secundario de la econom&iacute;a –principalmente el sector de las manufacturas– y que esto es un atributo de una etapa intermedia del desarrollo econ&oacute;mico: es la caracter&iacute;stica de la transici&oacute;n de la ‘inmadurez’ a la madurez” (Kaldor, 1966).</p>     <p align="justify">Sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, las tres leyes del crecimiento end&oacute;geno de Kaldor se pueden enunciar de la manera siguiente<sup><a href="#8" name="n8">8</a></sup>:</p>     <p align="justify"><b>P<small>RIMERA LEY DE</small> K<small>ALDOR</small></b></p>     <p align="justify">Existe una fuerte relaci&oacute;n de causalidad que va del crecimiento del producto manufacturero al crecimiento del PIB.</p>     <p align="justify">Formalmente, se puede expresar as&iacute;:</p>     <p align="justify">g<sub>y</sub> = c + dg<sub>m</sub></p>     <p align="justify">g<sub>y</sub> = c + z(g<sub>m</sub> – g<sub>nm</sub>)</p>     <p align="justify">donde g<sub>y</sub> es la tasa de crecimiento del PIB y g<sub>m</sub> la tasa de crecimiento industrial. La segunda expresi&oacute;n busca reducir los efectos espurios, por eso se expresa en funci&oacute;n de la diferencia entre las tasas de crecimiento industrial g<sub>m</sub> y de crecimiento no manufacturero g<sub>nm</sub>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Kaldor consideraba que la correlaci&oacute;n era significativa y que no pod&iacute;a atribuir al simple hecho de que la producci&oacute;n industrial hace parte del PIB. Propuso dos razones para apoyar esta ley: la reasignaci&oacute;n de recursos subutilizados en el sector primario o de servicios, donde hab&iacute;a desempleo disfrazado o subempleo y menor productividad, lo que permit&iacute;a aumentar la producci&oacute;n sin reducir la oferta de los dem&aacute;s sectores; y la existencia de rendimientos crecientes a escala est&aacute;ticos y din&aacute;micos en la industria manufacturera. Los primeros hacen referencia al tama&ntilde;o &oacute;ptimo de la empresa (producci&oacute;n a gran escala); los segundos, a los procesos de aprendizaje en el oficio y a las econom&iacute;as externas producto de la especializaci&oacute;n industrial. Estos &uacute;ltimos son esenciales, pues su car&aacute;cter macroecon&oacute;mico convierte al sector industrial en motor del crecimiento<sup><a href="#9" name="n9">9</a></sup>.</p>     <p align="justify"><b>S<small>EGUNDA LEY DE</small> K<small>ALDOR</small></b></p>     <p align="justify">Existe una fuerte relaci&oacute;n positiva entre el crecimiento de la productividad en la industria manufacturera y la tasa de crecimiento del producto.</p>     <p align="justify">Existen varias maneras de expresar esta ley. Aqu&iacute; usamos las dos expresiones de Kaldor (1966).</p>     <p align="justify">p<sub>m</sub> = a + bg<sub>m</sub>; 0 &lt; b &lt; 1</p>     <p align="justify">e<sub>m</sub> = –a + (1 – b)g<sub>m</sub></p>     <p align="justify">donde p<sub>m</sub> es el crecimiento de la productividad del trabajo manufacturero, e<sub>m</sub> la tasa de crecimiento del empleo en la industria y g<sub>m</sub> la tasa de crecimiento del PIB industrial.</p>     <p align="justify">Esta relaci&oacute;n tambi&eacute;n se conoce como ley de Verdoorn (1949). Un coeficiente menor que 1 indica rendimientos crecientes a escala. El punto controversial es la relaci&oacute;n de causalidad. Algunos autores sostienen que va en sentido contrario, es decir, del crecimiento de la productividad al crecimiento del producto industrial, y aluden a la importancia de la brecha tecnol&oacute;gica en la explicaci&oacute;n de la productividad (Gomulca, 1983). Otros sostienen que la relaci&oacute;n econom&eacute;trica de Kaldor est&aacute; mal especificada porque la variable explicativa deber&iacute;a ser el empleo y no la producci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Cuando la relaci&oacute;n se estima de esa manera y se excluye a Jap&oacute;n de la muestra no se encuentra ninguna relaci&oacute;n (Rowthorn, 1975a). Kaldor (1975) defendi&oacute; su modelo aduciendo que la variable independiente era la producci&oacute;n, que a su vez est&aacute; determinada por la demanda del sector agropecuario en una primera fase del desarrollo y por las exportaciones en una etapa avanzada de la industrializaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La controversia llev&oacute; a reconocer la necesidad de estimar un sistema de ecuaciones simult&aacute;neas, siempre y cuando no se tuviera certeza de la existencia de una oferta ilimitada de trabajo o cuando la productividad o el empleo afectaran la demanda (Rowthorn, 1975b). Tampoco han faltado los cuestionamientos desde la teor&iacute;a pura. Siguiendo el modelo original de Verdoorn (1949) se ha cuestionado la interpretaci&oacute;n del par&aacute;metro de la regresi&oacute;n de Kaldor como un indicador de rendimientos a escala (Rowthorn, 1979; Verdoorn, 1980, y Boulier, 1984).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los esfuerzos por demostrar que la segunda ley de Kaldor es simplemente una funci&oacute;n de producci&oacute;n mal especificada o una demanda de trabajo que impone una restricci&oacute;n igual a cero para algunos par&aacute;metros han fracaso emp&iacute;ricamente, y se ha concluido que la ley de Verdoorn-Kaldor expresa una relaci&oacute;n de largo plazo entre las tasas de crecimiento de la productividad y de la producci&oacute;n industrial (Chatterji y Wickens, 1983).</p>     <p align="justify">Se han hecho otras cr&iacute;ticas a esta ley. Por una parte, que la estimaci&oacute;n de la regresi&oacute;n puede ser espuria pues es posible que a nivel de pa&iacute;ses no se encuentre una relaci&oacute;n entre crecimiento de la productividad y crecimiento industrial; sin embargo, en un ecuaci&oacute;n de corte transversal internacional se puede encontrar una correlaci&oacute;n positiva simplemente porque los pa&iacute;ses difieren en sus tasas de cambio t&eacute;cnico aut&oacute;nomo. En respuesta a este problema, se ha sugerido que los resultados ser&iacute;an m&aacute;s significativos si en las regresiones se utilizaran datos de regiones o estados de un pa&iacute;s. Los ejercicios para los estados de Estados Unidos han tenido relativo &eacute;xito (McCombie y Ridder, 1984).</p>     <p align="justify">Por otra parte se ha descubierto una aparente contradicci&oacute;n entre las estimaciones que utilizan los valores de las variables en niveles y en tasas de crecimiento. En principio, las regresiones deber&iacute;an arrojar resultados similares, es decir, rendimientos crecientes a escala en la industria. Pero las estimaciones en niveles arrojan rendimientos constantes, mientras que en tasas de crecimiento arrojan rendimientos crecientes a escala. McCombie (1983) observa que esos resultados obedecen a que la ley de Verdoorn en tasas de crecimiento no se puede integrar para obtener la ecuaci&oacute;n en niveles, porque la constante de integraci&oacute;n es arbitraria.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n se puede demostrar que es posible interpretar la regresi&oacute;n en niveles como la identidad del ingreso nacional. McCombie (1999) resume as&iacute; el debate:</p>     <blockquote>     <p align="justify">Aunque todas las estimaciones est&aacute;n abiertas a objeciones y, como se ha demostrado, existen problemas que debilitan las inferencias de las regresiones de la ley de Verdoorn, la vasta mayor&iacute;a de la evidencia confirma los resultados originales, la industria est&aacute; sujeta a sustanciales rendimientos crecientes. La cajas vac&iacute;as de Clapham (1922) parecen ahora estar al menos parcialmente llenas.</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>T<small>ERCERA LEY DE</small> K<small>ALDOR</small></b></p>     <p align="justify">Cuanto m&aacute;s r&aacute;pido es el crecimiento del producto manufacturero m&aacute;s r&aacute;pida es la tasa de transferencia de trabajo de los sectores no manufactureros a la industria, de modo que el crecimiento de la productividad total de la econom&iacute;a est&aacute; asociado positivamente con el crecimiento del producto y del empleo industrial y correlacionado negativamente  con el crecimiento del empleo fuera del sector manufacturero.</p>     <p align="justify">Formalmente, se puede expresar como:</p>     <p align="justify">p<sub>tot</sub> = c + kg<sub>m</sub> – je<sub>nm</sub></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde p<sub>tot</sub> es la tasa de crecimiento de la productividad total, g<sub>m</sub> la tasa de crecimiento del PIB industrial y e<sub>nm</sub> la tasa de crecimiento del empleo en los sectores no manufactureros.</p>     <p align="justify">La objeci&oacute;n m&aacute;s seria a la tercera ley es que es el resultado de estimar una identidad contable mal especificada, lo que resta importancia a las interpretaciones de los coeficientes de las regresiones (McCombie, 1981 y 1983).</p>     <p align="justify">En el <a href="#c1">cuadro 1</a> se sintetizan los resultados de los ejercicios econom&eacute;tricos de la primera y de la segunda ley de Kaldor. No se hizo ninguna prueba de la tercera ley puesto que no es m&aacute;s que una tautolog&iacute;a<sup><a href="#10" name="n10">10</a></sup>. La primera ley se estim&oacute; con los datos del CEGA por departamentos del periodo 1975-2000. Para la segunda ley se utilizaron los datos de la Encuesta Anual Manufacturera departamental del DANE del periodo 1981-2004. Los modelos se extendieron para incorporar el concepto de brecha tecnol&oacute;gica (<i>gap</i>) y la tasa de crecimiento del capital, k, necesaria para estimar el tipo de rendimientos. La brecha tecnol&oacute;gica es la relaci&oacute;n entre el PIB per c&aacute;pita del departamento i y el PIB per c&aacute;pita del departamento l&iacute;der.</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a></p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a6c1.jpg">    <br> <font size="1">* Significativo al 1%; v: rendimientos a escala; k: activos fijos <i>proxy</i> del capital.    <br> Fuente: DANE, CEGA y c&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">Al parecer existe una relaci&oacute;n positiva entre el crecimiento del PIB y la tasa de variaci&oacute;n de la producci&oacute;n industrial. Este resultado se mantiene en la tercera ecuaci&oacute;n, lo que lleva a descartar la posible relaci&oacute;n espuria que surge del hecho de que el PIB industrial es un componente del valor agregado nacional. Por su parte, las dos especificaciones de la ley de Verdoorn –la que propuso Kaldor (1966) y la que sugiri&oacute; Rowthorn (1975a)–, dan un buen ajuste econom&eacute;trico. Los signos de los coeficientes son los esperados y los par&aacute;metros son significativos al 1%.</p>     <p align="justify">Sin embargo, las regresiones muestran que en la industria colombiana no se presentan rendimientos crecientes a escala pues el valor de v, que indica el tipo de rendimientos, es menor que uno. Este resultado contradice el de un ejercicio anterior con datos sectoriales, en el que no se rechaz&oacute; la hip&oacute;tesis de existencia de rendimientos crecientes a escala (CID, 2006). Una posible explicaci&oacute;n de la divergencia de resultados puede ser que la regresi&oacute;n con datos de los sectores manufactureros agregados arroje una relaci&oacute;n espuria. Por ejemplo, si los sectores industriales difieren en el t&eacute;rmino constante, y no existen econom&iacute;as de escala en las industrias particulares, la regresi&oacute;n de corte transversal podr&iacute;a arrojar una relaci&oacute;n significativa y econom&iacute;as de escala cuando realmente no existen.</p>     <p align="justify">Hace algo m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os, el mismo Verdoorn (1980) expres&oacute; dudas sobre la validez de la ley. En vista de algunos resultados emp&iacute;ricos negativos, sentenci&oacute;: “La ley a la que se le ha dado mi nombre parece, sin embargo, ser en general mucho menos v&aacute;lida de lo que cre&iacute; en 1949”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo se exponen los fundamentos conceptuales y te&oacute;ricos de las leyes de Kaldor. Los resultados de los ejercicios emp&iacute;ricos sugieren que en la industria colombiana no hay rendimientos crecientes a escala cuando se utiliza informaci&oacute;n departamental de corte transversal, al menos para el periodo 1981-2004. Aunque en un estudio anterior, por sectores, encontramos evidencia de la existencia de rendimientos crecientes a escala (CID, 2006).</p>     <p align="justify">Cabe se&ntilde;alar que las leyes de Kaldor son generalizaciones derivadas del comportamiento de la econom&iacute;a en los pa&iacute;ses desarrollados. Los trabajos recientes que utilizan t&eacute;cnicas de econometr&iacute;a espacial muestran evidencia a favor de la validez de la leyes de Kaldor para las regiones de Europa (Fingleton y MacCombie, 1998), para los estados de Estados Unidos (Bernat, 1996) y para las regiones de Grecia (Alexiadis y Tsagdis, 2006).</p>     <p align="justify">Quiz&aacute; la ausencia de rendimientos crecientes y la escasa capacidad del sistema industrial colombiano para generar econom&iacute;as externas o de goteo se deba en parte a que a&uacute;n es v&aacute;lida la tesis de Luis Eduardo Nieto Arteta, para quien <i>Colombia es un archipi&eacute;lago de islas</i>. En un sistema carente de econom&iacute;as de red, sin grandes cambios estructurales, con mercados peque&ntilde;os y segmentados, pocos eslabonamientos hacia atr&aacute;s y hacia delante, altos costos de transacci&oacute;n y una de las peores distribuciones del ingreso y la riqueza es pr&aacute;cticamente imposible pensar en hacer realidad lo que los te&oacute;ricos del desarrollo llamaron el despegue o <i>big push</i> (Murhy y Vishny, 1989a y 1989b). La industrializaci&oacute;n es el camino para formar sociedades modernas y din&aacute;micas. Las hip&oacute;tesis que asociaban los procesos de industrializaci&oacute;n con el autoritarismo en Am&eacute;rica Latina han perdido valor cient&iacute;fico y prospectivo.</p>     <p align="justify">A comienzos del siglo XXI, China e India buscan convertirse en econom&iacute;as desarrolladas. Ya pusieron su escalera. No necesitaron inventar mucho. El mercantilismo asi&aacute;tico est&aacute; a la orden del d&iacute;a (Walter y Back, 2007). En Colombia, se experimenta un proceso de acumulaci&oacute;n originaria del capital, similar al de China: concentraci&oacute;n de la tierra, desplazamiento y migraci&oacute;n acelerada, lo que presionar&aacute; los salarios a la baja en el mediano y el largo plazo y mejorar&aacute; las condiciones de acumulaci&oacute;n. Pero mientras que China aprovecha la demanda del sector agr&iacute;cola y de sus sectores exportadores para ampliar el sector industrial, motor del crecimiento (Rima, 2004), en Colombia se impone la v&iacute;a junker y se adopta un proyecto social conservador que se ampara en los derechos de propiedad de los grandes latifundistas, una v&iacute;a que si bien puede elevar las rentas diferenciales, desconoce las ideas de la alta teor&iacute;a del desarrollo (Krugman, 1999).</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Dos pel&iacute;culas recientes sobre el mundo del hampa y el narcotr&aacute;fico ilustran una idea similar. <i>No es un lugar para los d&eacute;biles</i> y <i>Perro come perro</i> muestran c&oacute;mo operan las leyes de sobrevivencia entre los delincuentes. En ambas, el m&oacute;vil es el mismo: recuperar una gran suma de dinero producto de actividades ilegales. Quienes participan en el juego conocen las reglas y las consecuencias de ignorarlas. La ley de los asesinos a sueldo es actuar solos y no dejar cabos sueltos. En la pel&iacute;cula de los hermanos Cohen, dos de los protagonistas desobedecen dicha norma, la consecuencia: su muerte. En <i>Perro come perro</i>, la ley es no confiar en nadie. Sin embargo, uno a uno los malandrines olvidan la ley de oro, y por ello mueren sin redenci&oacute;n. Pe&ntilde;aranda y el loco de los Cohen son hombres que se ci&ntilde;en a la ley del hampa. Pero al final, un peque&ntilde;o desliz contingente por poco le cuesta la vida al personaje interpretado por Barden, mientras que Pe&ntilde;aranda descarta al hombre del tel&eacute;fono, una contingencia ajena a su mundo delincuencial, y eso le cuesta la vida. Las dos obras cinematogr&aacute;ficas son expresi&oacute;n expl&iacute;cita del triunfo de la ley sobre el sentimiento de los antih&eacute;roes. La ley del hampa proh&iacute;be la existencia de antih&eacute;roes.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Ver mi contribuci&oacute;n al trabajo colectivo del CID (2006).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Citada por Myrdal (1957).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Pasinetti (1983) y Thirlwall (1983 y 1987).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Al parecer, el primer economista que utiliz&oacute; este t&eacute;rmino fue Veblen (1898).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. En la literatura reciente se los denomina fuerzas centr&iacute;fugas y centr&iacute;petas (Fujita, Krugman y Venables, 1999).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Ver mi contribuci&oacute;n al libro del CID (2006).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Thirwall (1983 y 2003) y mi contribuci&oacute;n al libro del CID (2006).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. “El mecanismo de los rendimientos crecientes no se puede discernir adecuadamente observando los efectos de las variaciones de las magnitudes de una empresa individual o de una industrial particular, porque la divisi&oacute;n y la especializaci&oacute;n progresivas de las industrias son parte esencial del proceso mediante el cual se obtienen los rendimientos crecientes. Lo que se requiere es que las operaciones industriales se contemplen como un todo interrelacionado” (Young, 1928).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. El ejercicio que se hizo para este trabajo retoma las estimaciones para el libro colectivo del CID (2006), pero incluye nuevas estimaciones de la ley de Verdoom-Kaldor con datos de los departamentos que no se utilizaron en el trabajo anterior.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Alexiadis, S. y D. Tsagdis. “Reassessing the Validity of Verdoorn’s Law under Conditions of Spatial Dependence: A Case Study of the Greek Regions”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 29, 1, 2006, pp. 149-175.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996200800010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Bernat, G. A. “Does Manufacturing Matter? A Spatial Econometric View of Kaldor’s Law”, <i>Journal of Regional Science</i> 36, 3, 1996, pp. 463-477.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-5996200800010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Boulier, B. L. “What Lies behind Verdoorn’s Law?”, <i>Oxford Economics Papers</i> 36, 1984, pp. 259-267.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996200800010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bunge, M. <i>La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica</i>, 1969, Barcelona, Ariel, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-5996200800010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bunge, M. <i>La causalidad. El principio de causalidad en la ciencia moderna</i>, 1959, Buenos Aires, Editorial Suramericana, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996200800010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bunge, M. <i>A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo</i>, 2006, Barcelona, Gedisa, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-5996200800010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Chandra, R. “Allyn Young Revisited”, <i>Journal of Economic Studies</i> 30, 1, 2003, pp. 46-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996200800010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Chandra, R. “Adam Smith, Allyn Young and the Division of Labor”, <i>Journal of Economic Issues</i> 38, 3, 2004, pp. 787-806.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-5996200800010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Chandra, R. y R. Sandilands. “Does Modern Endogenous Growth Theory Adequately Represent Allyn Young?”, <i>Cambridge Journal of Economics</i> 29, 2005, pp. 463-473.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996200800010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Chang, H-J. “El fomento a la industria naciente desde una perspectiva hist&oacute;rica: &iquest;Una cuerda con la cual ahorcarse o una escalera por la cual escalar?”, J. A. Ocampo, comp., <i>El desarrollo econ&oacute;mico. En los albores del siglo XXI</i>, Bogot&aacute;, CEPAL y Alfaomega, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996200800010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Chatterji, M. y M. R. Wickens. “Verdoorn’s Law and Kaldor’s Law: A Revisionist Interpretation?”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 5, 3, 1983, pp. 397-413.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996200800010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. CID. <i>Bien-estar y macroeconom&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia y Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200800010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Clapham, J. H. “Of Empty Economic Boxes”, <i>The Economic Journal</i> 32, 127, 1922, pp. 305-314.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200800010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Currie, L. “La teor&iacute;a del crecimiento”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 18-19, 1981, pp. 189-205.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200800010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Felipe, J. “The Role of the Manufacturing Sector in Southeast Asian Development: A Test of Kaldor’s First Law”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 20, 3, 1998, pp. 463-485.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200800010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Fingleton, B. y J. S. L. McCombie. “Increasing Returns and Economic Growth: Some Evidence for Manufacturing from the European Union Regions”, <i>Oxford Economic Papers</i> 50, 1998, pp. 89-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200800010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Fujita, M.; P. Krugman y A. Venables. <i>Econom&iacute;a espacial</i>, Barcelona, Ariel, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200800010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Gomulka, S. “Industrialization and the Rate of Growth: Eastern Europe 1955-75”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 5, 3, 1983, pp. 388-396.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200800010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Kaldor, N. “Economic Growth and the Verdoorn Law - A Comment on Mr. Rowthorn’s Article”, <i>The Economic Journal</i> 85, 340, 1975, pp. 891-896.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200800010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Kaldor, N. “Capitalismo y desarrollo industrial: algunas lecciones de la experiencia brit&aacute;nica”, C. F. D&iacute;az, S. Teitel y V. Tockman, comps., <i>Pol&iacute;tica econ&oacute;mica en centro y periferia</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200800010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Kaldor, N. “Causes of the Slow Rate of Economic Growth in the United Kingdom”, 1966, F. Targetti y A. P. Thirlwall, comps., <i>The Essential Kaldor</i>, London, Duckworth. 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200800010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Kaldor, N. “The Case for Regional Policies”, 1970, F. Targetti y A. P. Thirlwall, comps., <i>The Essential Kaldor</i>, London, Duckworth. 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200800010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Kaldor, N. “The Role of Increasing Returns, Technical Progress and Cumulative Causation in the Theory of International Trade and Economic Growth”, 1981, F. Targetti y A. P. Thirlwall, comps., <i>The Essential Kaldor</i>, London, Duckworth. 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200800010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Kornai, J. <i>The Economics of Shortage</i>, Amsterdam, North-Holland, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200800010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Krugman, P. <i>Development, Geography, and Economic Theory</i>, Cambridge, MIT Press, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200800010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Matsuyama, K. “Why are there Rich and Poor Countries? Symmetry-breaking in the World Economy”, <i>Journal of the Japanese and International Economies</i> 10, 1996, pp. 419-439.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200800010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. McCombie, J. S. L. “What Still Remains of Kaldor Laws”, <i>The Economics Journal</i> 91, 361, 1981, pp. 206-216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200800010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. McCombie, J. S. L. “Kaldor’s Law in Retrospect”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 5, 3, 1983, pp. 414-429.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200800010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. McCombie, J. S. L. “Increasing Returns and the Verdoorn Law from a Kaldorian Perspective”, <i>Productivity Growth and Economic Performance. Essays on Verdoorn’s Law</i>, New York, Palgrave y MacMillan, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200800010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. McCombie, J. S. L. y J. R. Ridder. “The Verdoorn Law Controversy: Some New Empirical Evidence Using U.S. State Data”, <i>Oxford Economics Papers</i> 36, 1984, pp. 268-284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200800010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Murphy, K.; A. Shleifer y R. Vishny. “Income Distribution, Market Size, and Industrialization”, <i>The Quarterly Journal of Economics</i> 104, 3, 1989a, pp. 537-564.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200800010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Murphy, K.; A. Shleifer y R. Vishny. “Industrialization and the Big Push”, <i>Journal of Political Economy</i> 97, 1989b, pp. 1003-1026.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200800010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Myrdal, G. <i>Teor&iacute;a econ&oacute;mica y regiones subdesarrolladas</i>, 1957, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200800010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Ospina V., L. <i>Industria y protecci&oacute;n en Colombia: 1810-1930</i>, 1955, Medell&iacute;n, FAES y La Oveja Negra, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200800010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Pasinetti, L. “Nicholas Kaldor: A Few Personal Notes”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 5, 3, 1983, pp. 333-340.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200800010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Prebisch, R. “La pol&iacute;tica comercial de los pa&iacute;ses insuficientemente desarrollados”, 1959, R. Prebisch, ed., <i>Obras escogidas</i>, Bogot&aacute;, Plaza y Jan&eacute;s, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200800010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Ricoy, C. “Cumulative Causation”, <i>The New Palgrave Dictionary of Economics</i>, London, MacMillan, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200800010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Rima, I. H. “China ’s Trade Reform: Verdoorn’s Law Married to Adam Smith’s Vent for Surplus Principle”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 26, 4, 2004, pp. 729-744.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200800010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Romer, P. “Increasing Returns and Long-run Growth”, <i>Journal of Political Economy</i> 94, 5, 1989, pp. 1002-1037.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200800010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Rowthorn, R. E. “A Reply to Lord Kaldor’s Comment”, <i>The Economic Journal</i> 85, 340, 1975a, pp. 897-901.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200800010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Rowthorn, R. E. “What Remains of Kaldor’s Law?”, <i>The Economic Journal</i> 85, 337, 1975b, pp. 10-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200800010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Rowthorn, R. E. “A Note on Verdoorn’s Law”, <i>The Economic Journal</i> 89, 353, 1979, pp. 131-133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200800010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. S&aacute;bato, E. <i>Uno y el Universo</i>, 1945, Barcelona, Seix Barral, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200800010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Smith, A. <i>Investigaci&oacute;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones</i>, 1776, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200800010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Targetti, F. y A. Foti. “Growth and Productivity: A Model of Cumulative Growth and Catching up”, <i>Cambridge Journal of Economics</i> 21, 1997, pp. 27-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200800010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Thirlwall, A. P. “Rowthorn’s Interpretation of Verdoorn’s Law”, <i>The Economic Journal</i> 90, 358, 1980, pp. 386-388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200800010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Thirlwall, A. P. “A Plain Man’s Guide To Kaldor’s Growth Laws”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 5, 3, 1983, pp. 345-358.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200800010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Thirlwall, A. P. <i>Nicholas Kaldor</i>, New York, New York University Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200800010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Thirlwall, A. P. <i>La naturaleza del crecimiento econ&oacute;mico. Un marco alternativo para comprender el desempe&ntilde;o de las naciones</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200800010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Veblen, T. “Porqu&eacute; la econom&iacute;a no es una ciencia evolutiva”, 1898, <i>Fundamentos de econom&iacute;a evolutiva</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200800010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Verdoorn, P. J. “Factors that Determine the Growth of Labour Productivity”, <i>Productivity Growth and Economic Performance. Essays on Verdoorn’s Law</i>, New York, Palgrave y MacMillan, 1949.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200800010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Verdoorn, P. J. “Verdoorn’s Law in Retrospect: A Comment”, <i>The Economic Journal</i> 90, 358, 1980, pp. 382-385.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200800010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. Walker, R. y D. Buck. “La v&iacute;a china”, <i>New Left Review</i>, 46, 2007, pp. 37-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200800010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. Young, A. “Rendimiento crecientes y progreso econ&oacute;mico”, K. Arrow y T. Scitovsky, comps., <i>La econom&iacute;a del bienestar</i>, vol. I, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1928.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200800010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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