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<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA POLÍTICA ECONÓMICA DE LAS CRISIS FINANCIERAS: UNA APROXIMACIÓN EMPÍRICA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The paper presents a model of political loss to analyze the interrelationship between the political nature o f economic decisions and their influence on the probability of financial crisis. Two different definitions of crises, currency and balance of payments, are used to verify the explanatory power of political factors on both definitions of crisis. Also, a probit model is used on a sample of 63 countries between 1985 and 2000. The statistical evidence shows that while political factors are robust when they explain currency crises, they are more ambiguous in the explanation of balance of payments crises.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>LA POL&Iacute;TICA ECON&Oacute;MICA DE LAS CRISIS FINANCIERAS: UNA APROXIMACI&Oacute;N EMP&Iacute;RICA</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>AN EMPIRICAL APPROACH TO THE POLITICAL ECONOMY OF FINANCIAL CRISES</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Juan Ricardo Perilla Jim&eacute;nez</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Mag&iacute;ster en Desarrollo y Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica Internacional, profesional especializado de la Direcci&oacute;n de Estudios Econ&oacute;micos del Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:jperilla2002@yahoo.com">jperilla2002@yahoo.com</a>]. Esta investigaci&oacute;n se realiz&oacute; con el apoyo financiero del fondo DNP-FONADE-ICETEX. Agradezco especialmente a Karel Jansen y Wil Hout por sus valiosos comentarios y sugerencias. Tambi&eacute;n agradezco los comentarios constructivos y sugerencias del &aacute;rbitro y de los asistentes a los seminarios CEDE de la Universidad de los Andes. El trabajo es de mi exclusiva responsabilidad y no compromete a ninguna instituci&oacute;n. Fecha de recepci&oacute;n: 18 de mayo de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 29 de agosto de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 31 de marzo de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: crisis financieras, modelos truncados; JEL: F33, F42, O19]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo presenta un modelo de p&eacute;rdida pol&iacute;tica para analizar la interacci&oacute;n entre la naturaleza pol&iacute;tica de las decisiones econ&oacute;micas y su efecto en la probabilidad de crisis financieras. Utiliza dos definiciones diferentes de crisis, monetaria y de balanza de pagos, para contrastar el poder explicativo de los factores estrictamente pol&iacute;ticos sobre esas dos definiciones de la crisis. Adem&aacute;s, utiliza un modelo probit con observaciones de 63 pa&iacute;ses entre 1985 y 2000. La evidencia estad&iacute;stica indica que los factores pol&iacute;ticos que son robustos en la explicaci&oacute;n de las crisis monetarias, son m&aacute;s ambiguos en la explicaci&oacute;n de las crisis de balanza de pagos.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Keywords: financial crises, truncated and censored models; JEL: F33, F42, O19]</p>     <p align="justify">The paper presents a model of political loss to analyze the interrelationship between the political nature o f economic decisions and their influence on the probability of financial crisis. Two different definitions of crises, currency and balance of payments, are used to verify the explanatory power of political factors on both definitions of crisis. Also, a probit model is used on a sample of 63 countries between 1985 and 2000. The statistical evidence shows that while political factors are robust when they explain currency crises, they are more ambiguous in the explanation of balance of payments crises.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Desde comienzos de los a&ntilde;os noventa se observa en todo el mundo una creciente movilidad de los flujos financieros internacionales y una mayor preferencia de los gobiernos por pol&iacute;ticas de libre mercado que atraigan recursos financieros internacionales. Estas tendencias no son nuevas ni act&uacute;an en el vac&iacute;o, y no est&aacute;n exentas de costos. El proceso de reformas es muy impopular en los pa&iacute;ses latinoamericanos y asi&aacute;ticos, y s&oacute;lo ha sido posible despu&eacute;s de pasar por el filtro de intensos debates pol&iacute;ticos y revueltas sociales<sup><a href="#1" name="n1">1</a></sup>; y, sin duda, las pol&iacute;ticas de liberaci&oacute;n financiera no se implementan en forma aislada del sistema financiero internacional, pues para acceder a los mercados de cr&eacute;dito internacional los gobiernos deben probar su credibilidad comprometi&eacute;ndose con pol&iacute;ticas econ&oacute;micas profundas y estables. Estas tendencias reflejan la interacci&oacute;n entre las restricciones pol&iacute;ticas dom&eacute;sticas y las presiones que imponen las relaciones pol&iacute;ticas internacionales en un intrincado juego donde las crisis financieras son un mecanismo de sanci&oacute;n, y una preocupaci&oacute;n central para los encargados del manejo pol&iacute;tico en el &aacute;mbito nacional e internacional.</p>     <p align="justify">El riesgo de colapso econ&oacute;mico cuando los inversionistas internacionales perciben una ruptura de las reglas de mercado, el deseo de salvaguardar los intereses nacionales en la arena internacional y las presiones dom&eacute;sticas de los grupos de inter&eacute;s convierten el proceso de decisiones pol&iacute;ticas en un complejo juego de elecci&oacute;n entre metas econ&oacute;micas y objetivos de pol&iacute;tica. La literatura sobre econom&iacute;a pol&iacute;tica y crisis financieras registra un gran n&uacute;mero de estudios y de datos emp&iacute;ricos que indican que los elementos pol&iacute;ticos contribuyen a explicar los disturbios financieros. No obstante, si la inocencia pol&iacute;tica ha sido superada en el an&aacute;lisis de las crisis financieras (Strange, 2002), a&uacute;n falta concretar los hechos estilizados que se pueden utilizar para anticiparlas y reducir la confusi&oacute;n a la hora de adoptar medidas preventivas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una explicaci&oacute;n para esta falta de concreci&oacute;n puede ser la definici&oacute;n de crisis financiera. Muchos estudios emp&iacute;ricos la conciben simplemente como una crisis monetaria, y otros como una combinaci&oacute;n de crisis monetaria y de balanza de pagos. Si bien estas definiciones no son err&oacute;neas pueden pasar por alto algunas implicaciones acerca de la causalidad y los mecanismos de transmisi&oacute;n entre una y otra. En la pr&aacute;ctica, cuando los pa&iacute;ses en desarrollo enfrentan ataques especulativos suelen preferir la liberaci&oacute;n cambiaria al uso de las reservas internacionales para defender la tasa de cambio. Los requerimientos t&eacute;cnicos, las reglas sobre el nivel adecuado de reservas internacionales para afrontar necesidades financieras de corto plazo y la necesidad de controlar las tasas de inter&eacute;s para contrarrestar la inflaci&oacute;n son medidas que juegan un papel importante en este contexto y contribuyen a explicar por qu&eacute; han sido m&aacute;s frecuentes las crisis monetarias que las de balanza de pagos. La investigaci&oacute;n de Ishihara (2004) encuentra resultados valiosos sobre el <i>modus operandi</i> y los mecanismos de reforzamiento entre tipos de crisis y variables de gobernabilidad, los cuales sugieren que la (in)estabilidad pol&iacute;tica act&uacute;a de manera diferente en cada tipo de crisis; que un tipo de crisis influye en el surgimiento del otro o que la (in)estabilidad pol&iacute;tica no es independiente de la ocurrencia de crisis.</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo busca determinar las variables que influyen en la probabilidad de crisis financieras y explicar c&oacute;mo lo hacen. Para ello se examina el efecto de la ideolog&iacute;a de los partidos pol&iacute;ticos, los per&iacute;odos electorales, el apoyo popular o de partido al jefe del ejecutivo, la democracia y la presi&oacute;n de los grupos de poder sobre la probabilidad de crisis monetarias. Adem&aacute;s, examina si la influencia de estos factores pol&iacute;ticos es robusta en el caso de crisis de balanza de pagos<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup>. Una mejor comprensi&oacute;n de estas relaciones es &uacute;til para la evaluaci&oacute;n acad&eacute;mica del nexo entre factores econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos en la inferencia estad&iacute;stica sobre las crisis financieras, y para sugerir medidas de pol&iacute;tica a los responsables de anticipar y prevenir los efectos malsanos de las crisis.</p>     <p align="justify">El an&aacute;lisis lleva a una pregunta pr&aacute;ctica: &iquest;c&oacute;mo puede conducir la arquitectura financiera internacional a un mejor estadio de desarrollo econ&oacute;mico? Para analizar este aspecto se examinan las condiciones pol&iacute;ticas que pueden evitar el surgimiento de crisis financieras o atenuar sus consecuencias distributivas, mediante un an&aacute;lisis exploratorio secuencial de la influencia de los factores pol&iacute;ticos sobre la probabilidad de crisis financieras. Despu&eacute;s de controlar el efecto de los <i>fundamentos</i> macroecon&oacute;micos, se examina el efecto y la relevancia estad&iacute;stica de los factores pol&iacute;ticos y se identifican los que mejor contribuyen a predecir la probabilidad de crisis monetarias. Luego se examina si estos elementos son robustos en el caso de crisis de balanza de pagos. En la secci&oacute;n econom&eacute;trica se usan modelos Probit y Tobit para una muestra de 63 pa&iacute;ses en desarrollo del primer trimestre de 1985 al cuarto trimestre de 2000.</p>     <p align="justify">El art&iacute;culo se divide en cinco secciones. La primera presenta el marco te&oacute;rico de un modelo de p&eacute;rdida pol&iacute;tica y la segunda presenta la evidencia emp&iacute;rica. La tercera resume el an&aacute;lisis econom&eacute;trico para determinar algunos indicadores cuantitativos de significancia y causalidad de las variables de pol&iacute;tica. La cuarta analiza las implicaciones de pol&iacute;tica para el desarrollo econ&oacute;mico. La &uacute;ltima presenta las conclusiones.</p>     <p align="justify"><b>MARCO TE&Oacute;RICO</b></p>     <p align="justify"><b>L<small>A LITERATURA</small></b></p>     <p align="justify">La literatura sobre crisis financieras atribuye la interacci&oacute;n entre los elementos de econom&iacute;a pol&iacute;tica y los elementos de econom&iacute;a “pura” a los “modelos de segunda generaci&oacute;n” (Krugman, 1996, y Obstfeld, 1994 y 1996). Estos modelos dan un papel central a los gobiernos, que act&uacute;an como agentes optimizadores y deben elegir entre una serie de objetivos incompatibles. En particular, las decisiones econ&oacute;micas (mantener o abandonar cierto arreglo cambiario) dependen de los costos y beneficios asociados a objetivos pol&iacute;ticos, m&aacute;s que de una respuesta al deterioro de los fundamentos econ&oacute;micos caracter&iacute;sticos de los modelos de primera generaci&oacute;n (Krugman, 1979).</p>     <p align="justify">Quienes defienden la explicaci&oacute;n basada en los fundamentos afirman que los ataques especulativos se disparan con la falta de alineamiento de la pol&iacute;tica fiscal y monetaria en relaci&oacute;n con los que se juzgan niveles sostenibles, dados otros objetivos macroecon&oacute;micos, como una pol&iacute;tica cambiaria de tasa fija. En los modelos que estudia Drazen (2000)<sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup>, el desequilibrio fiscal y monetario se traduce en fugas masivas de capital y d&eacute;ficit en cuenta corriente que se tornan insostenibles y obligan a la transici&oacute;n cambiaria, generalmente a tasas de cambio flexibles, como en el Reino Unido y Suecia en 1992<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup>. La interpretaci&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica, de otra parte, afirma que aun sin desequilibrios en los fundamentos econ&oacute;micos, la transici&oacute;n de un arreglo cambiario a otro depende de la respuesta de gobiernos optimizadores a objetivos pol&iacute;ticos, como la reducci&oacute;n de los costos sociales adversos al gobernante, de los costos pol&iacute;ticos asociados al aumento de las tasas de inter&eacute;s o a objetivos de integraci&oacute;n econ&oacute;mica o pol&iacute;tica con otras naciones, como fue el caso de la Uni&oacute;n Monetaria Europea en 1992 (Drazen, 1998 y 2002).</p>     <p align="justify"><b>U<small>N MODELO CONCEPTUAL DE P&Eacute;RDIDA POL&Iacute;TICA</small></b></p>     <p align="justify">Esta secci&oacute;n analiza la relaci&oacute;n entre el car&aacute;cter pol&iacute;tico de las decisiones econ&oacute;micas y el surgimiento de crisis financieras. Siguiendo a Drazen (1998), ese car&aacute;cter pol&iacute;tico se puede modelar usando una funci&oacute;n de p&eacute;rdida que representa la elecci&oacute;n entre objetivos contradictorios de pol&iacute;tica. Drazen supone que, ante un ataque especulativo, los pa&iacute;ses que tienen una tasa de cambio fija deben decidir si mantienen este sistema o deval&uacute;an, y que cada opci&oacute;n tiene p&eacute;rdidas econ&oacute;micas cuya cuant&iacute;a depende de la magnitud del ataque especulativo y de los efectos adversos sobre la actividad econ&oacute;mica de incrementar las tasas de inter&eacute;s para disuadir a los especuladores; y una p&eacute;rdida pol&iacute;tica, como un debilitamiento de la pol&iacute;tica de integraci&oacute;n, si se evidencia una falta de voluntad pol&iacute;tica para defender la estabilidad cambiaria. El modelo de Drazen se basa en el contagio pol&iacute;tico de las crisis financieras cuando existen objetivos primordiales de pol&iacute;tica. El pol&iacute;tico privilegia sus objetivos de pol&iacute;tica con un alto costo econ&oacute;mico: “mantener un sistema de cambio fijo con el prop&oacute;sito de asegurar la integraci&oacute;n pol&iacute;tica [en la transici&oacute;n a la Uni&oacute;n Monetaria Europea en 1992] a un costo econ&oacute;mico significativo es una decisi&oacute;n primordial de pol&iacute;tica” (Drazen, 1998, 9-10).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En forma an&aacute;loga, en el modelo que aqu&iacute; se presenta las decisiones de pol&iacute;tica est&aacute;n limitadas por la interacci&oacute;n entre los costos sociales de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas alternativas, la necesidad de asegurar fondos externos de financiamiento, el riesgo de ataques especulativos y el compromiso con las instituciones financieras internacionales. Igual que en el modelo de Mundell-Fleming para una econom&iacute;a peque&ntilde;a y abierta con libre movilidad de capitales y tasa de cambio fija, un pol&iacute;tico enfrenta un conjunto de objetivos econ&oacute;micos, como el compromiso de mantener una tasa de cambio fija (&eta;<sub>t</sub> = e<sub>t, t-s</sub>, t = 1… T, s = 1,… T – 1), compatible con otros objetivos macroecon&oacute;micos, como una meta espec&iacute;fica del nivel de reservas internacionales (r<sub>t</sub> <font face="Symbol">&sup3;</font> r*), el nivel deseado de desempleo (u<sub>t</sub> <font face="Symbol"><font face="Symbol">&pound;</font></font> u*) o una tasa de inflaci&oacute;n (<font face="Symbol">p</font><sub>t</sub><font face="Symbol">&pound;</font> <font face="Symbol">p</font>*). Este compromiso implica fijar una tasa de inter&eacute;s suficientemente alta (i<sub>t</sub> = i*<sub>t</sub>) que prevenga las p&eacute;rdidas asociadas a choques idiosincr&aacute;sicos entendidos como aquellos que son propios del sistema financiero (&eta;) y afectan la actividad econ&oacute;mica<sup><a href="#5" name="n5">5</a></sup>.</p>     <p align="justify">As&iacute;, ante un choque idiosincr&aacute;sico, observado por el pol&iacute;tico y el especulador, el pol&iacute;tico debe decidir si mantiene su compromiso o permite la flotaci&oacute;n cambiaria y reduce la tasa de inter&eacute;s (i<sub>t</sub> <font face="Symbol">&pound;</font> i*<sub>t</sub>); en ambas opciones enfrenta p&eacute;rdidas econ&oacute;micas, resumidas en un menor crecimiento, y p&eacute;rdidas pol&iacute;ticas asociadas a la p&eacute;rdida de credibilidad frente a los electores o los inversionistas. Se supone que estas p&eacute;rdidas dependen de un conjunto de informaci&oacute;n asim&eacute;trica dado el “valor” (&omega;) que el pol&iacute;tico asigna al logro (falla) de sus objetivos de pol&iacute;tica, bien sean de integraci&oacute;n pol&iacute;tica (I) en el modelo de Drazen, de credibilidad en los mercados financieros internacionales (c) o de popularidad ante los electores (z).</p>     <p align="justify">En este caso, existe asimetr&iacute;a porque s&oacute;lo el pol&iacute;tico conoce el valor que asigna a los objetivos de pol&iacute;tica (&omega;) mientras que el especulador debe hacer conjeturas basadas en eventos observados en el pasado (&omega;<sub>min</sub> <font face="Symbol">&pound;</font> &omega; <font face="Symbol">&pound;</font> &omega;<sub>max</sub>). Es decir, con base en el comportamiento observado del pol&iacute;tico ante choques idiosincr&aacute;sicos del pasado, el especulador conjetura cu&aacute;les son los valores que el pol&iacute;tico asigna a sus alternativas, es decir, si da mayor importancia a la opci&oacute;n de devaluar (d) o a la de mantener la tasa de cambio fija.</p>     <p align="justify">En nuestra caracterizaci&oacute;n, el especulador pide pr&eacute;stamos en el mercado dom&eacute;stico para comprar divisas, donde su demanda de fondos prestables es una funci&oacute;n decreciente de la tasa de inter&eacute;s y creciente con respecto a las expectativas de devaluaci&oacute;n. Si el especulador cree que el pol&iacute;tico incumplir&aacute; el compromiso de mantener la tasa de cambio fija y empezar&aacute; a devaluar, tomar&aacute; fondos prestados en el mercado dom&eacute;stico. No obstante, su demanda de fondos prestables no es ilimitada; as&iacute;, si el pol&iacute;tico decide defender la tasa de cambio fijar&aacute; una tasa de inter&eacute;s suficientemente alta para contrarrestar la reducci&oacute;n de reservas por debajo de la meta, lo que implica que la tasa de inter&eacute;s es una funci&oacute;n creciente de las expectativas de devaluaci&oacute;n, cuanto m&aacute;s alta es esta &uacute;ltima mayor es la demanda especulativa de fondos prestables y mayor la tasa de inter&eacute;s necesaria para disuadir el ataque especulativo. Por otra parte, la defensa de la tasa de cambio no carece de consecuencias; as&iacute;, en el caso de monedas sobrevaluadas en t&eacute;rminos reales, el tipo de cambio fijo deteriora la competitividad de las exportaciones, el crecimiento y el bienestar. Lo que explica por qu&eacute; los pol&iacute;ticos prefieren evitar estas p&eacute;rdidas a trav&eacute;s de la devaluaci&oacute;n<sup><a href="#6" name="n6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify">Estas relaciones se pueden describir formalmente como sigue: se supone un conjunto inicial de informaci&oacute;n acerca de la relaci&oacute;n entre metas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas (X, Y)<sup><a href="#7" name="n7">7</a></sup>, un conjunto de valores objetivo, que se consideran &oacute;ptimos para cada grupo de metas, pol&iacute;ticas (x*) y econ&oacute;micas (y*), y un mecanismo de predicci&oacute;n f(x, y). El pol&iacute;tico enfrenta las p&eacute;rdidas asociadas al valor asignado a los objetivos pol&iacute;ticos y la brecha entre la meta de las variables econ&oacute;micas y su valor observado<sup><a href="#8" name="n8">8</a></sup>:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8e1.jpg"></p>     <p align="justify">donde, &eta; representa el efecto de choques idiosincr&aacute;sicos sobre la actividad econ&oacute;mica, i(d) la tasa de inter&eacute;s requerida para combatir la devaluaci&oacute;n y g(•) las p&eacute;rdidas asociadas al incumplimiento de los objetivos, &omega;(x* – x) en el caso de los objetivos pol&iacute;ticos y C(y* – y) en el de los objetivos econ&oacute;micos.</p>     <p align="justify">Con la primera condici&oacute;n, la predicci&oacute;n de las metas econ&oacute;micas, que se supone coherente con los objetivos del pol&iacute;tico, anula las p&eacute;rdidas por choques idiosincr&aacute;sicos –contagio, deterioro de los t&eacute;rminos de intercambio, aumento de las tasas de inter&eacute;s internacionales o recesi&oacute;n econ&oacute;mica en los pa&iacute;ses desarrollados– que se resumen en &eta;, y por fijar una tasa de inter&eacute;s alta que contrarreste las expectativas devaluacionistas del especulador, que se resume en i(d). Con la segunda condici&oacute;n, la predicci&oacute;n err&oacute;nea causa una p&eacute;rdida que depende del valor que el pol&iacute;tico asigne al incumplimiento de los objetivos pol&iacute;ticos y de las p&eacute;rdidas asociadas a un indicador de crisis que depende del incumplimiento de las metas econ&oacute;micas.</p>     <p align="justify">El pol&iacute;tico debe elegir una combinaci&oacute;n de medidas de pol&iacute;tica que reduzca ambas p&eacute;rdidas, lo que implica evaluar los costos y beneficios de las metas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas puesto que la reducci&oacute;n de las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas demanda sacrificios pol&iacute;ticos, y viceversa. Por ejemplo, una tasa de inter&eacute;s muy alta para defender la paridad reporta beneficios cuando el objetivo es la integraci&oacute;n econ&oacute;mica o combatir la inflaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n p&eacute;rdidas: mayor desempleo, menor crecimiento y menor competitividad de las exportaciones. A su vez, la decisi&oacute;n de devaluar alivia esta &uacute;ltima p&eacute;rdida pero impone unas nuevas. Por ejemplo, los gobiernos de izquierda pueden tener mayor inter&eacute;s en la paridad para evitar los efectos negativos de la inflaci&oacute;n sobre los electores; en cambio, los gobiernos de derecha pueden tener mayor inter&eacute;s en una tasa de cambio determinada por el mercado. Por otra parte, las presiones devaluacionistas pueden provenir de grupos de inter&eacute;s regionales o sectoriales, como las industrias que producen bienes exportables, pero estas demandas suelen ser contrarrestadas por los efectos negativos de la devaluaci&oacute;n sobre los importadores.</p>     <p align="justify">En la pr&aacute;ctica, el monto de las p&eacute;rdidas depende de las contingencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas bajo las cuales se toman las decisiones. Por ejemplo, una baja inflaci&oacute;n puede ser una meta econ&oacute;mica importante en pa&iacute;ses inflacionarios, como Argentina o Brasil a finales de los ochenta, pero su importancia se reduce ante el riesgo de recesi&oacute;n. Por su parte, la inestabilidad pol&iacute;tica en pa&iacute;ses con bajo nivel de gobernabilidad puede elevar las p&eacute;rdidas, pues los procedimientos de decisi&oacute;n acerca de medidas econ&oacute;micas son m&aacute;s conflictivos si el ejecutivo tiene poco respaldo de otras ramas del poder o los partidos de oposici&oacute;n tienen mayor participaci&oacute;n en el congreso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La ecuaci&oacute;n (1) presenta una formalizaci&oacute;n simple e instructiva de las relaciones que queremos resaltar. La primera condici&oacute;n refleja el hecho de que si las metas macroecon&oacute;micas son coherentes con los objetivos pol&iacute;ticos no hay raz&oacute;n para renunciar a los objetivos, pues no dan lugar a p&eacute;rdidas econ&oacute;micas ni pol&iacute;ticas. Con la segunda condici&oacute;n, dado un choque idiosincr&aacute;sico que aleja a las variables econ&oacute;micas de su nivel &oacute;ptimo, el pol&iacute;tico enfrenta p&eacute;rdidas asociadas a una funci&oacute;n g de las disyuntivas entre p&eacute;rdidas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas. Para minimizar estas p&eacute;rdidas el pol&iacute;tico debe seleccionar min(g(•)), pero la tesis de objetivos primordiales de pol&iacute;tica predice que esta minimizaci&oacute;n se basar&aacute; en los objetivos pol&iacute;ticos indexados por &omega;(x*– x) aun a riesgo de la crisis econ&oacute;mica indexada por C(y* – y).</p>     <p align="justify">En la pr&aacute;ctica, los par&aacute;metros x* y y* y las p&eacute;rdidas descritas por la funci&oacute;n g(•) son desconocidos, y se deben estimar con base en la informaci&oacute;n estad&iacute;stica. Estas p&eacute;rdidas se suelen expresar en t&eacute;rminos relativos, si &omega;(x* – x) = 0, x* = x, y de manera an&aacute;loga si C(y* – y) = 0, y* = y. Y ser&aacute;n mayores cuanto mayor sea la brecha entre los pares x*, x y y*, y. En la aproximaci&oacute;n econom&eacute;trica, la pr&aacute;ctica com&uacute;n es minimizar la brecha entre los valores observados y la predicci&oacute;n de los par&aacute;metros obtenidos por el m&eacute;todo de m&aacute;xima verosimilitud.</p>     <p align="justify"><b>L<small>AS HIP&Oacute;TESIS</small></b></p>     <p align="justify">En esta secci&oacute;n se consideran dos elementos. Primero se considera el impacto de las variables de pol&iacute;tica sobre la probabilidad de crisis monetarias y luego se examina si el impacto se mantiene en el caso de una crisis de balanza de pagos. Esta es una prueba de robustez del poder explicativo de los factores de pol&iacute;tica sobre la probabilidad de crisis. Como se explica m&aacute;s adelante, algunas de las variables de pol&iacute;tica que se utilizan ya han sido analizadas en trabajos exploratorios anteriores, pero los resultados a&uacute;n no son concluyentes.</p>     <p align="justify">En la secci&oacute;n anterior se argument&oacute; que la minimizaci&oacute;n de la funci&oacute;n de p&eacute;rdida depende de las contingencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas en medio de las cuales se adoptan las decisiones. Se suger&iacute;a que el bienestar social de los electores puede ser m&aacute;s valorado por gobiernos de izquierda mientras que los cambios de las variables econ&oacute;micas determinados por el mercado son m&aacute;s importantes para gobiernos de derecha. Adem&aacute;s, el cabildeo de los grupos de inter&eacute;s puede influir en las decisiones econ&oacute;micas y los procedimientos para tomar decisiones pol&iacute;ticas pueden aumentar las p&eacute;rdidas en el caso de gobiernos con poca representaci&oacute;n en el congreso. Este an&aacute;lisis se puede extender para considerar el impacto de otros elementos de pol&iacute;tica sobre la probabilidad de crisis financieras.</p>     <p align="justify">Por ejemplo, la literatura sugiere que los per&iacute;odos electorales incrementan la probabilidad de crisis financieras porque aumenta la incertidumbre acerca de las medidas econ&oacute;micas que adoptar&aacute;n los partidos y, por tanto, la vulnerabilidad a ataques especulativos, en particular si se percibe que algunas medidas econ&oacute;micas conflictivas son inevitables. La probabilidad de crisis monetarias tambi&eacute;n puede ser mayor cuanto menor sea el nivel de democracia. As&iacute;, en pa&iacute;ses con bajos niveles de democracia los pol&iacute;ticos pueden incumplir los compromisos iniciales y apoyar intereses particulares a costa del bienestar general o favorecer la hegemon&iacute;a de ciertos grupos, lo que aumenta las expectativas de &eacute;xito de los ataques especulativos.</p>     <p align="justify">En ese contexto, se esperar&iacute;a una menor probabilidad de crisis en los pa&iacute;ses m&aacute;s democr&aacute;ticos porque sus pol&iacute;ticas econ&oacute;micas son m&aacute;s transparentes y menos vol&aacute;tiles, lo que contribuye a evitar ataques especulativos. Pero la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica ha encontrado que un mayor nivel de democracia tambi&eacute;n pueden estar asociado a presiones p&uacute;blicas y a preocupaciones pol&iacute;ticas por los efectos redistributivos de las decisiones econ&oacute;micas, que a la postre implican una mayor vulnerabilidad a las crisis monetarias. La relaci&oacute;n entre democracia y probabilidad de crisis depende entonces de cu&aacute;les efectos son m&aacute;s importantes, la adhesi&oacute;n a las pol&iacute;ticas de estabilidad econ&oacute;mica o la preocupaci&oacute;n por los costos pol&iacute;ticos de las decisiones econ&oacute;micas<sup><a href="#9" name="n9">9</a></sup>.</p>     <p align="justify">Finalmente, se propone la hip&oacute;tesis de que la causalidad entre las variables de econom&iacute;a pol&iacute;tica y la predicci&oacute;n de crisis financieras depende de la naturaleza de la crisis, es decir, los factores de pol&iacute;tica que son importantes para predecir crisis monetarias pueden ser irrelevantes para predecir de balanza de pagos, b&aacute;sicamente porque los requerimientos t&eacute;cnicos y de reservas que afectan la estabilidad de la balanza son m&aacute;s exigentes que las pol&iacute;ticas de r&eacute;gimen cambiario que afectan el equilibrio monetario. Lo que se busca entonces es establecer qu&eacute; tan robustos son los efectos de las variables pol&iacute;ticas en la explicaci&oacute;n de los distintos tipos de crisis.</p>     <p align="justify"><b>EVIDENCIA EMP&Iacute;RICA</b></p>     <p align="justify"><b>V<small>ARIABLES POL&Iacute;TICAS Y CRISIS FINANCIERAS</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La investigaci&oacute;n emp&iacute;rica sobre los determinantes pol&iacute;ticos de las crisis financieras es a&uacute;n escasa y sus resultados son ambiguos. Eichengreen et al. (1995) usan una muestra de 20 pa&iacute;ses de la OCDE para probar los efectos de los per&iacute;odos electorales, cambios de gobierno, respaldo pol&iacute;tico al gobierno y alianzas de partido (izquierda-derecha-centro) sobre la probabilidad de transiciones cambiarias. Despu&eacute;s de controlar los efectos macroecon&oacute;micos, no encuentran evidencia de correlaci&oacute;n entre las variables de pol&iacute;tica y la probabilidad de eventos cambiarios: devaluaci&oacute;n, revaluaci&oacute;n, flotaci&oacute;n o “pasividad”, y argumentan que los episodios de transici&oacute;n cambiaria son m&aacute;s de car&aacute;cter idiosincr&aacute;sico que causados por desbalances ex ante o cambios ex post en materia de pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">Mei (1999) usa una muestra de 22 pa&iacute;ses emergentes para probar el efecto de los procesos electorales sobre la probabilidad de cambios abruptos de entradas a salidas de capital en per&iacute;odos consecutivos, y encuentra que la incertidumbre pol&iacute;tica durante estos per&iacute;odos est&aacute; asociada positiva y significativamente con episodios de p&aacute;nico financiero. Bussiere y Mulder (1999), con una muestra diferente de pa&iacute;ses, encuentran evidencia de efectos positivos y estad&iacute;sticamente significativos de los per&iacute;odos electorales sobre la probabilidad de crisis, medida por un &iacute;ndice de debilitamiento de las reservas internacionales y el incremento de la tasa de cambio real. Adem&aacute;s, encuentran evidencia positiva y estad&iacute;sticamente significativa del efecto de la inestabilidad pol&iacute;tica (cambios en el n&uacute;mero de esca&ntilde;os de las diferentes colectividades pol&iacute;ticas) y efectos no significativos de la polarizaci&oacute;n y la estabilidad de las coaliciones.</p>     <p align="justify">Block (2002) usa una muestra de 23 pa&iacute;ses emergentes para probar el impacto de los per&iacute;odos electorales, la orientaci&oacute;n pol&iacute;tica del partido de gobierno, el grado de democracia, respaldo pol&iacute;tico al gobierno y concentraci&oacute;n pol&iacute;tica sobre la probabilidad de crisis, medida por un &iacute;ndice ponderado de depreciaci&oacute;n de la tasa de cambio nominal y dr&aacute;sticas reducciones de las reservas internacionales. Los resultados corroboran la asociaci&oacute;n positiva entre el indicador de elecciones y la probabilidad de crisis monetarias aunque, a diferencia de trabajos anteriores, esta variable carece de significancia estad&iacute;stica. Adem&aacute;s, encuentra que son estad&iacute;sticamente significativos un &iacute;ndice de Herfindahl de concentraci&oacute;n pol&iacute;tica de la oposici&oacute;n, relacionado positivamente con la probabilidad de crisis; la proporci&oacute;n de esca&ntilde;os del partido de gobierno en el legislativo, y una variable <i>dummy</i> que identifica a los gobiernos de derecha, correlacionados negativamente. Por &uacute;ltimo, encuentra un efecto ambiguo no significativo estad&iacute;sticamente de un indicador de escala que mide el efecto de la democracia sobre la probabilidad de crisis financieras.</p>     <p align="justify">En su estudio de una muestra de pa&iacute;ses latinoamericanos y de la OCDE, Brooks (2004) eval&uacute;a la influencia de variables de pol&iacute;tica en el contexto de liberaci&oacute;n de la cuenta de capitales. Encuentra una relaci&oacute;n negativa y significativa entre los partidos de izquierda y la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas de libre mercado en los pa&iacute;ses latinoamericanos, mientras que el efecto de partidos de izquierda y derecha sobre la liberaci&oacute;n financiera es positivo y significativo en los pa&iacute;ses de la OCDE. Brooks relaciona indirectamente estos hallazgos con un mayor riesgo potencial de corto plazo de crisis financieras en pa&iacute;ses con bajas entradas de capital, y sugiere que los gobiernos de izquierda en los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres tienen mayor preocupaci&oacute;n relativa por los riesgos asociados a la p&eacute;rdida de credibilidad del electorado, principalmente de la clase obrera y los trabajadores con baja calificaci&oacute;n, que son los principales perdedores con la liberaci&oacute;n financiera.</p>     <p align="justify">La relaci&oacute;n positiva entre inestabilidad pol&iacute;tica y probabilidad de crisis monetarias fue corroborada por Glick y Hutchison (2005), que usaron una muestra de 69 pa&iacute;ses en desarrollo para analizar la probabilidad de crisis monetarias con variables macroecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas. Incluyeron dos indicadores de pol&iacute;tica, la frecuencia de cambios en el gobierno (democr&aacute;ticos y no democr&aacute;ticos) y el grado de libertad pol&iacute;tica, y encontraron que el primero tiene un efecto positivo y estad&iacute;sticamente significativo sobre la probabilidad de crisis monetarias, mientras que el segundo es negativo y no significativo.</p>     <p align="justify"><b>DATOS Y METODOLOG&Iacute;A</b></p>     <p align="justify"><b>V<small>ARIABLES</small></b></p>     <p align="justify">La base de datos que utilizamos incluye 63 pa&iacute;ses en desarrollo con observaciones trimestrales del primer trimestre de 1985 al cuarto trimestre de 2000<sup><a href="#10" name="n10">10</a></sup>.</p>     <p align="justify">Las crisis monetarias (cuyo indicador se basa en la tasa de cambio de cada pa&iacute;s vigente al final de cada per&iacute;odo) y de balanza de pagos (cuyo indicador es la tasa de crecimiento anual de las reservas internacionales de cada pa&iacute;s excluidas las reservas de oro) se identifican siguiendo el m&eacute;todo que propone Ishihara (2004): las variables se estandarizan y los episodios de crisis son aquellos que se ubican a una distancia de al menos 3 desviaciones est&aacute;ndar con respecto al promedio m&oacute;vil de los &uacute;ltimos 20 trimestres<sup><a href="#11" name="n11">11</a></sup>. Adem&aacute;s, se considera una ventana de exclusi&oacute;n de tres trimestres; se identifican nuevos trimestres de crisis s&oacute;lo si han transcurridos al menos 3 trimestres entre la &uacute;ltima crisis y la actual, como se ilustra en la grafica 1 para el caso de crisis monetarias.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Identificaci&oacute;n de los per&iacute;odos de crisis</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8g1.jpg"></p>     <p align="justify">El primero y el segundo trimestres de 1985 est&aacute;n a m&aacute;s de 3 desviaciones est&aacute;ndar del promedio mencionado: el primer trimestre se considera un trimestre de crisis pero el segundo se considera parte de esa misma crisis porque est&aacute; a s&oacute;lo un trimestre de distancia. De igual manera, el primer trimestre de 1988 es un nuevo trimestre de crisis, pero el segundo y el tercer trimestres de 1988 no lo son porque est&aacute;n s&oacute;lo a uno y dos per&iacute;odos de distancia de la &uacute;ltima crisis. Por &uacute;ltimo, el segundo trimestre de 1989 es un nuevo trimestre de crisis ya que est&aacute; al menos a 3 trimestres de distancia de la &uacute;ltima crisis, pero los tres trimestres siguientes son parte de la misma crisis. El n&uacute;mero de crisis que se identific&oacute; con esta metodolog&iacute;a y los per&iacute;odos en que se registraron se reportan en el <a href="#a3">anexo 3</a><sup><a href="#12" name="n12">12</a></sup>.</p>     <p align="justify">Las variables de pol&iacute;tica se tomaron de Beck et al. (2001) y del proyecto pol&iacute;tica IV<sup><a href="#13" name="n13">13</a></sup>. Se usa un grupo de variables pol&iacute;ticas incluidas en estudios anteriores: inclinaci&oacute;n ideol&oacute;gica del partido de gobierno, representada por una variable <i>dummy</i> que identifica los gobiernos de izquierda y derecha versus los de centro; una <i>dummy</i> que separa per&iacute;odos electorales de cuerpos legislativos y ejecutivos; la existencia de grupos especiales de inter&eacute;s en el ejecutivo y el legislativo; un &iacute;ndice de Herfindahl que mide la concentraci&oacute;n de los partidos de oposici&oacute;n (un valor alto indica mayor oposici&oacute;n), dos indicadores de escala que miden el respaldo pol&iacute;tico al gobierno: el porcentaje de votos que el presidente obtuvo en la primera vuelta electoral (respaldo electoral) y el porcentaje de esca&ntilde;os del partido de gobierno en el congreso (coalici&oacute;n)<sup><a href="#14" name="n14">14</a></sup>. Por &uacute;ltimo, se utiliza una variable <i>dummy</i> que identifica a los grupos de inter&eacute;s –nacionalistas, regionales o rurales– en el poder ejecutivo y legislativo, y un indicador de escala para el grado de democracia (Democ).</p>     <p align="justify">Para controlar el efecto de los fundamentos macroecon&oacute;micos se examina una serie de indicadores de crisis financieras disponibles al menos para la mitad del per&iacute;odo: las tasas de crecimiento anual de las reservas internacionales excluidas las reservas de oro, las de las exportaciones FOB, la inflaci&oacute;n, el cr&eacute;dito dom&eacute;stico y el grado de revaluaci&oacute;n. Este &uacute;ltimo se calcula, siguiendo a Frankel y Rose (1996)<sup><a href="#15" name="n15">15</a></sup>, como la desviaci&oacute;n de la tasa de cambio real respecto del nivel de equilibrio medido por la media aritm&eacute;tica de las observaciones disponibles para cada pa&iacute;s. Se usan las tasas de crecimiento anual de las variables econ&oacute;micas para corregir los efectos estacionales presentes en la mayor&iacute;a de las series. Las estad&iacute;sticas descriptivas de las variables econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas se muestran en el <a href="#c1">cuadro 1</a>.</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a>    <br> Estad&iacute;sticas descriptivas</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c1.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: c&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">De acuerdo con la literatura y para las especificaciones consideradas en este ejercicio, se espera que, por el lado de los fundamentos, las crisis financieras est&eacute;n asociadas con aumentos de la tasa de inflaci&oacute;n, la expansi&oacute;n del cr&eacute;dito dom&eacute;stico y el aumento de la revaluaci&oacute;n cambiaria, y con severas reducciones del indicador de reservas extranjeras y reducciones del crecimiento de las exportaciones (Frankel y Rose, 1996, y Kaminsky et al., 1998). En cuanto a las variables de pol&iacute;tica, ya se expusieron las razones para esperar que en los per&iacute;odos electorales y de gobiernos de izquierda haya mayor probabilidad de crisis financieras y menor probabilidad en los gobiernos de derecha. El efecto del respaldo pol&iacute;tico al gobierno ayudar&iacute;a a reducir la probabilidad de crisis, mientras que el efecto del grado de democracia es incierto, igual que el de los grupos especiales de inter&eacute;s. La influencia de estas variables depende en gran medida de que ayuden a reducir la incertidumbre en el mercado financiero o de que sean una fuente adicional de inestabilidad pol&iacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>A<small>N&Aacute;LISIS GR&Aacute;FICO PRELIMINAR</small></b></p>     <p align="justify">Antes de presentar la estrategia econom&eacute;trica es interesante analizar algunas caracter&iacute;sticas y relaciones entre las variables. La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra la proporci&oacute;n de los 64 trimestres en que cada pa&iacute;s experiment&oacute; crisis. Por ejemplo, en Brasil, el 12,5% (8 trimestres) correspondi&oacute; a crisis monetarias, mientras que s&oacute;lo el 1,6% (un trimestre) fue de crisis de balanza de pagos. Es claro que los episodios de crisis monetaria no van acompa&ntilde;ados de crisis de balanza de pagos, es decir, de reducciones severas de las reservas internacionales. De hecho, la grafica 2 es un agregado de crisis que no ocurren simult&aacute;neamente, y los episodios de crisis monetaria est&aacute;n muy desligados de los episodios de crisis de balanza de pagos.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2<a name="g2"></a>    <br> Porcentaje de trimestres de crisis por pa&iacute;s (1985 I-2000 IV)</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8g2.jpg">    <br> <font size="1">1. Incluye los siguientes pa&iacute;ses con crisis monetarias en un 0,6% de los 64 trimestres: Honduras, Guatemala, Gambia, Fidji, Etiop&iacute;a, Ecuador, R. Dominicana, Congo, R. P. China, Chile, Bolivia, Ben&iacute;n, Uruguay, T&uacute;nez, Suazilandia, Panam&aacute;, Pakist&aacute;n, Nepal, I. Mauricio, Myanmar, Malta, Marruecos, Lesotho, Sri Lanka, India, Granada, Costa Rica, Colombia, Botswana, Barbados, Burundi.    <br> Fuente: c&aacute;lculos propios.</font> </p>     <p align="justify">Con respecto a las crisis monetarias, la literatura se&ntilde;ala que suelen estar precedidas de severas reducciones de las reservas internacionales o de incrementos de las tasas de inter&eacute;s dom&eacute;sticas, fen&oacute;menos que est&aacute;n correlacionados con el comportamiento del cr&eacute;dito dom&eacute;stico. Pero ni el gasto de reservas ni unas altas tasas de inter&eacute;s han detenido siempre las crisis monetarias, lo que es a&uacute;n m&aacute;s evidente en los pa&iacute;ses en desarrollo, que enfrentan requerimientos t&eacute;cnicos, pol&iacute;ticas de reservas y controles a la tasa de inter&eacute;s (Eichengreen et al., 1995, y Frankel y Rose, 1996). As&iacute;, las econom&iacute;as afectadas por ataques especulativos encuentran m&aacute;s viable abandonar un mal arreglo cambiario que perseverar en una defensa infructuosa, un hecho que ayuda a entender por qu&eacute; son m&aacute;s frecuentes las crisis monetarias que las crisis de balanza vinculadas a la reducci&oacute;n de las reservas.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 3<a name="g3"></a>    <br> Proporci&oacute;n de crisis en diferentes escenarios pol&iacute;ticos</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8g3.jpg">    <br> <font size="1">Nota: 63 pa&iacute;ses, porcentaje del total por cada tipo de crisis (87 monetarias y 44 de balanza).    <br> 1. Indicadores de ideolog&iacute;a partidista.    <br> 2. Indicadores de apoyo pol&iacute;tico al gobierno: un valor bajo del &Iacute;ndice Herfindal indica mayor fortaleza del gobierno; altos valores de los indicadores de coalici&oacute;n y apoyo electoral implican gobiernos m&aacute;s fuertes.    <br> 3. Indicador de per&iacute;odos electorales (ejecutivos y legislativos).    <br> 4. Indicadores de grupos especiales de inter&eacute;s (ejecutivo y legislativo).    <br> Fuente: base de datos de instituciones pol&iacute;ticas, Politic IV Project; c&aacute;lculos propios.</font>    <p align="justify">Una de las hip&oacute;tesis es que la relaci&oacute;n entre las variables pol&iacute;ticas y la probabilidad de crisis financieras depende de c&oacute;mo se define la crisis. La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>, que muestra el promedio de ambos tipos de crisis en los pa&iacute;ses de la muestra contra variables pol&iacute;ticas, indica que los gobiernos de izquierda tienen mayor proporci&oacute;n de crisis de ambos tipos que los gobiernos de derecha. Pero cuando se comparan los tipos de crisis, las de balanza de pagos est&aacute;n proporcionalmente menos asociadas con los gobiernos de izquierda que con los de derecha. Este hecho concuerda con la evidencia que presenta Brooks (2004), donde los gobiernos de izquierda de los pa&iacute;ses en desarrollo se preocupan m&aacute;s por los costos pol&iacute;ticos de la liberaci&oacute;n de capitales y, en consecuencia, est&aacute;n menos expuestos a este tipo de crisis.</p>     <p align="justify">Con respecto a los indicadores de respaldo pol&iacute;tico al gobierno, los gobiernos “fuertes” registran una menor proporci&oacute;n de crisis, en comparaci&oacute;n con los gobiernos d&eacute;biles, lo que sugiere que la inestabilidad pol&iacute;tica es menor en los primeros. Sin embargo, las crisis de balanza de pagos parecen ser proporcionalmente m&aacute;s probables en gobiernos fuertes que en gobiernos d&eacute;biles<sup><a href="#16" name="n16">16</a></sup>.</p>     <p align="justify">La relaci&oacute;n entre per&iacute;odos electorales y per&iacute;odos de crisis es baja en t&eacute;rminos relativos frente al efecto de otros eventos pol&iacute;ticos, pero aun as&iacute; existe una asociaci&oacute;n entre per&iacute;odos de elecciones para cuerpos legislativos y per&iacute;odos de crisis. En este caso, la comparaci&oacute;n por tipos de crisis sugiere que las crisis monetarias son m&aacute;s probables en elecciones del ejecutivo que del legislativo y que son m&aacute;s probables cuando existen grupos de inter&eacute;s en el poder ejecutivo que cuando existen en la rama legislativa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La relaci&oacute;n entre el indicador de democracia y los per&iacute;odos de crisis monetarias es compleja. Los resultados de Block (2002) son ambiguos y no significativos, lo que quiz&aacute; obedece al concepto de democracia que utiliza, la variable Demos del proyecto Polity IV, que mide de 0 a 10 los niveles de baja a alta democracia. Si se observa el primer segmento de la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>, la relaci&oacute;n entre Democ y los episodios de crisis sugiere, controversialmente, que una alta proporci&oacute;n de crisis ocurre en los pa&iacute;ses m&aacute;s democr&aacute;ticos. Aqu&iacute; no se discute qu&eacute; caracter&iacute;sticas o pa&iacute;ses son “democr&aacute;ticos”, pero la variable Democ se divide entre “democracia d&eacute;bil” y “democracia fuerte”; la primera re&uacute;ne algunas caracter&iacute;sticas deseables aunque no suficientes para ser considerada una verdadera democracia que s&iacute; son consideradas en el indicador de democracia fuerte.</p>     <p align="justify">As&iacute;, la democracia d&eacute;bil incluye un sistema electoral abierto y competitivo, alternativas partidistas y sustanciales controles sobre el poder ejecutivo, mientras que la democracia fuerte incluye adem&aacute;s alg&uacute;n grado de subordinaci&oacute;n partidista del ejecutivo<sup><a href="#17" name="n17">17</a></sup>. Los segmentos segundo y tercero de la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a> muestran que las democracias fuertes enfrentan una menor proporci&oacute;n de crisis que las democracias d&eacute;biles, quiz&aacute; porque los inversionistas est&aacute;n m&aacute;s inclinados a tomar riesgos sobre su capital en las primeras que en las segundas.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 4<a name="g4"></a>    <br> Crisis y democracia</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8g4.jpg">    <br> <font size="1">Nota: 63 pa&iacute;ses, porcentaje del total para cada tipo de crisis (87 monetarias y 44 de balanza).    <br> 1. Democ = Democ &gt; 3    <br> 2. Democ d&eacute;bil = 3 &lt; Democ &lt;= 8    <br> 3. Democ fuerte= Democ &gt; 8    <br> Fuente: base de datos Polity IV Project; c&aacute;lculos propios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>E<small>STRATEGIA ECONOM&Eacute;TRICA</small></b></p>     <p align="justify"><b>Aspectos t&eacute;cnicos</b></p>     <p align="justify">En la estimaci&oacute;n econom&eacute;trica de la funci&oacute;n de p&eacute;rdida representada por la ecuaci&oacute;n (1), las p&eacute;rdidas se suelen expresar como la diferencia entre los valores objetivo y el valor de la “mejor” predicci&oacute;n, que se puede representar como:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8e2.jpg"></p>     <p align="justify">donde y ha ido remplazada por y* para se&ntilde;alar que no se conoce el valor &oacute;ptimo de la variable objetivo, de modo que la p&eacute;rdida real en que incurre el pol&iacute;tico est&aacute; asociada a la diferencia entre el valor &oacute;ptimo de las variables objetivo de econom&iacute;a y pol&iacute;tica y el valor de la mejor predicci&oacute;n, dada una forma funcional. La diferencia se captura en el t&eacute;rmino de error (<font face="Symbol">m</font>), que mide la distancia entre los valores observados y la predicci&oacute;n. La estrategia de estimaci&oacute;n consiste en aplicar t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas que reduzcan la suma del cuadrado de estos errores o maximicen la raz&oacute;n de verosimilitud asociada. Esta &uacute;ltima es la que se sigue en este trabajo, con un modelo dprobit.</p>     <p align="justify">As&iacute;, la p&eacute;rdida asociada al error de predicci&oacute;n est&aacute; relacionada con las crisis financieras, que se pueden anticipar mediante una serie de variables econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas. En consecuencia, es posible suponer que la probabilidad de una crisis financiera est&aacute; condicionada por una serie de variables econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas.</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8e3.jpg"></p>     <p align="justify">donde c<sub>it</sub> es un subconjunto de y<sub>it</sub>, una variable binaria que toma el valor de 1 si el pa&iacute;s i est&aacute; en crisis y de 0 en caso contrario. Por su parte, y<sub>it-j</sub> es el conjunto de variables econ&oacute;micas rezagadas para controlar el efecto de los fundamentos econ&oacute;micos; x<sub>it-j</sub> es el conjunto de variables pol&iacute;ticas rezagadas, y D incluye variables <i>dummy</i> para recoger efectos espec&iacute;ficos temporales y/o sobre cada pa&iacute;s de la muestra.</p>     <p align="justify">La caracter&iacute;stica binaria del indicador de crisis implica usar una aproximaci&oacute;n probabil&iacute;stica para mostrar de qu&eacute; modo las condiciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas explican la probabilidad de crisis financieras. Por ejemplo, en cu&aacute;ntos puntos porcentuales se incrementar&iacute;a la probabilidad de una crisis monetaria cuando la tasa de inflaci&oacute;n aumenta en un punto, o cu&aacute;l es la proporci&oacute;n marginal de crisis en los gobiernos de izquierda y los gobiernos de derecha frente a los gobiernos de centro. Estas preguntas se resuelven usando m&eacute;todos de m&aacute;xima verosimilitud con un modelo dprobit, que reporta directamente este tipo de cambios<sup><a href="#18" name="n18">18</a></sup>.</p>     <p align="justify">En este ejercicio se procede de manera secuencial. Primero se especifica el efecto de una serie de fundamentos econ&oacute;micos sobre la probabilidad de crisis monetarias, y en etapas sucesivas se analiza el efecto marginal sobre el modelo, en t&eacute;rminos de contribuci&oacute;n y significancia estad&iacute;stica, de incluir las variables pol&iacute;ticas. El objetivo es encontrar la combinaci&oacute;n &oacute;ptima de variables econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que ayuda a explicar la probabilidad de crisis monetarias. En una etapa posterior, se replica esta secuencia para las crisis de balanza de pagos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La contribuci&oacute;n de las variables explicativas se eval&uacute;a usando el criterio de bondad de ajuste de los experimentos. La secuencia de experimentos es tambi&eacute;n una prueba de la robustez de las variables de la muestra estad&iacute;stica, mientras que otros aspectos t&eacute;cnicos, sobre eficiencia y consistencia de los estimadores, se consideran usando el m&eacute;todo de estimadores robustos de White del paquete Stata, para resolver problemas de heteroscedasticidad, y como regla general, se evita el uso conjunto de variables altamente correlacionadas en una misma especificaci&oacute;n. Adem&aacute;s, el m&eacute;todo de m&aacute;xima verosimilitud ayuda a resolver problemas relacionados con el uso de variables explicativas con alta colinealidad.</p>     <p align="justify"><b>Resultados</b></p>     <p align="justify">Cuadro 2<a name="c2"></a>    <br> Crisis monetarias en diferentes escenarios pol&iacute;ticos</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c2.jpg">    <br> <font size="1">Notas: las <i>dummies</i> espec&iacute;ficas por pa&iacute;s y a&ntilde;o, no incluidas en el cuadro, se incluyeron en cada especificaci&oacute;n. Los datos, la programaci&oacute;n en Stata v. 8 y los resultados se pueden pedir al autor.    <br> dF/dx mide el cambio porcentual de la variable dependiente ante cambios de 1 punto porcentual en la variable explicativa.    <br> 1 dF/dx indica que el efecto en la variable dependiente es un cambio discreto cuando la <i>dummy</i> cambia de 0 a 1.    <br> El valor entre par&eacute;ntesis es el estad&iacute;stico normal para la hip&oacute;tesis nula de que el coeficiente no es relevante. Errores est&aacute;ndar corregidos por el m&eacute;todo Huber/White/Sandwich.    <br> *** significancia al 1%, ** significancia al 5%, * significancia al 10%.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fuente: c&aacute;lculos del autor.</font></p>     <p align="justify">Hechas estas aclaraciones, el an&aacute;lisis de las variables pol&iacute;ticas es secuencial; los par&aacute;metros correspondientes se presentan en las columnas 2 a 8. En la segunda columna se analiza la tendencia ideol&oacute;gica del partido de gobierno, cuyos resultados no son estad&iacute;sticamente significativos pero sugieren que los gobiernos de izquierda y de derecha tienen menor probabilidad de sufrir crisis monetarias que los de centro, la cual es ligeramente menor para los pa&iacute;ses de tendencia de izquierda. Estos resultados son contrarios a la creencia de que los gobiernos de izquierda tienen mayor riesgo de ataques especulativos debido a que dan m&aacute;s importancia relativa a los resultados sociales que a las metas econ&oacute;micas (Brooks, 2004). Para los gobiernos de derecha, los resultados corroboran los del estudio de Block (2002), quien encuentra que estos gobiernos tienen menor riesgo de desastre porque se inclinan a mantener un entorno macroecon&oacute;mico s&oacute;lido.     <p align="justify">La columna 3 presenta los resultados de los indicadores de respaldo pol&iacute;tico del gobierno, que sugieren que los gobiernos fuertes –con bajo &iacute;ndice de Herfindahl e indicadores altos de respaldo electoral y coalici&oacute;n– tienen menor probabilidad de crisis monetarias. El &iacute;ndice de Herfindahl, que mide el nivel de oposici&oacute;n, es estad&iacute;sticamente significativo y muestra que en los pa&iacute;ses donde es un punto porcentual mayor (es mayor el n&uacute;mero de esca&ntilde;os de la oposici&oacute;n en el legislativo) aumenta en 0,1 puntos porcentuales la probabilidad de crisis monetarias. Pero este resultado no significa que la oposici&oacute;n sea perjudicial per se, sugiere m&aacute;s bien que, dadas las condiciones econ&oacute;micas para el surgimiento de la crisis, &eacute;sta es m&aacute;s probable donde los gobiernos enfrentan mayor oposici&oacute;n en el momento de tomar medidas de pol&iacute;tica para enfrentarla.</p>     <p align="justify">El coeficiente de respaldo electoral, que mide la proporci&oacute;n de votos que obtuvo el presidente en la primera vuelta de las elecciones, corrobora este resultado pues es estad&iacute;sticamente significativo y muestra que cuando se incrementa en un punto porcentual la probabilidad de crisis, &eacute;sta es un 0,001 puntos porcentuales menos probable si el gobierno es respaldado por los electores. El indicador de coalici&oacute;n, que mide el impacto del n&uacute;mero de esca&ntilde;os del partido de gobierno en el congreso, es bajo y estad&iacute;sticamente no significativo. De nuevo, los resultados son similares a los de Block (2002) y coherentes con los supuestos te&oacute;ricos.</p>     <p align="justify">Los resultados de la columna cuatro son compatibles con la asociaci&oacute;n positiva entre per&iacute;odos electorales y probabilidad de crisis (Bussiere y Mulder, 1999; Mei, 1999; Block, 2002). Sugieren que las crisis monetarias son mucho m&aacute;s probables en per&iacute;odos de elecciones, cuando la inestabilidad pol&iacute;tica favorece los ataques especulativos. El coeficiente asociado a las elecciones del ejecutivo es estad&iacute;sticamente significativo y muestra que en estos per&iacute;odos la probabilidad de crisis monetaria es un 4% mayor que en los per&iacute;odos en que no hay elecciones. Por el contrario, como se observa en la columna cinco, el efecto de grupos especiales de inter&eacute;s en cargos legislativos no es estad&iacute;sticamente significativo, aunque sugiere que la probabilidad de enfrentar crisis monetarias es mayor donde existen estos grupos.</p>     <p align="justify">La columna seis muestra el efecto del indicador de <i>democracia fuerte</i> sobre la probabilidad de crisis monetarias. Los resultados confirman que las democracias m&aacute;s fuertes est&aacute;n menos expuestas a crisis monetarias que los entornos menos democr&aacute;ticos, es decir, cuando la subordinaci&oacute;n del ejecutivo a la ideolog&iacute;a del partido es mayor. El resultado tiene alta significancia estad&iacute;stica y muestra que en los pa&iacute;ses con alto nivel de democracia la probabilidad de crisis monetaria es un 27% menor que en los pa&iacute;ses con menores niveles de democracia. Esto sugiere que la ambig&uuml;edad de los resultados de Block (2002) se subsana diferenciando escenarios democr&aacute;ticos fuertes y d&eacute;biles.</p>     <p align="justify">En las columnas siete y ocho se incluyen todas las variables pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas para analizar si los resultados son robustos cuando se incluyen otros determinantes. La columna siete sugiere que la probabilidad de crisis es menor en los gobiernos de izquierda y derecha que en los de centro, aunque estos efectos carecen de significancia estad&iacute;stica, y tambi&eacute;n menor en el caso de gobiernos m&aacute;s fuertes, aunque se observa una reducci&oacute;n del coeficiente del &iacute;ndice de Herfindahl (8%) y una p&eacute;rdida de significancia estad&iacute;stica en el de respaldo electoral.</p>     <p align="justify">En la columna siete se remplaz&oacute; el indicador de per&iacute;odos de elecciones del legislativo por el de elecciones del ejecutivo con un resultado similar: en los per&iacute;odos de elecciones de cargos ejecutivos la probabilidad de crisis monetaria es un 4% mayor que en per&iacute;odos no electorales. Tambi&eacute;n se sustituy&oacute; el indicador de grupos de inter&eacute;s con un resultado contrario al de la columna cinco. Aunque este indicador carece de significancia estad&iacute;stica sugiere que la existencia de estos grupos puede reducir la probabilidad de crisis monetarias. Finalmente, se analiz&oacute; el efecto de las democracias d&eacute;biles y se encontr&oacute; una asociaci&oacute;n positiva pero no significativa estad&iacute;sticamente.</p>     <p align="justify">En la columna ocho se remplazaron de nuevo algunas variables. Entre los resultados m&aacute;s relevantes se destaca la dr&aacute;stica reducci&oacute;n y la p&eacute;rdida de significancia del &iacute;ndice de Herfindahl, la reducci&oacute;n del coeficiente de per&iacute;odos de elecciones del legislativo y la menor relevancia del indicador de respaldo electoral. El efecto de las democracias fuertes se mantiene y confirma la reducci&oacute;n significativa de la probabilidad de crisis en ese contexto. Cabe observar que la bondad de ajuste de los modelos de las columnas 7 y 8 explica una proporci&oacute;n mayor de la varianza de la probabilidad de crisis monetarias (40% y 42%) que el escenario base (36%).</p>     <p align="justify">Como se argument&oacute;, la influencia de las variables pol&iacute;ticas en la probabilidad de crisis financieras depende de la definici&oacute;n de crisis, es decir, las variables que determinan la probabilidad de crisis monetarias pueden ser menos relevantes en la crisis de balanza de pagos, por las razones que se mencionaron en una secci&oacute;n anterior.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Este aspecto se aborda evaluando la influencia de las variables pol&iacute;ticas en las columnas siete y ocho del <a href="#c2">cuadro 2</a> sobre la probabilidad de crisis de balanza de pagos. El <a href="#c3">cuadro 3</a> muestra los resultados agrupados en la columna A, para las variables correspondientes a la columna siete del <a href="#c2">cuadro 2</a>, y en la columna B, para las correspondientes a la columna 8. En general, los resultados son estad&iacute;sticamente significativos para los casos de revaluaci&oacute;n, cr&eacute;dito dom&eacute;stico e inflaci&oacute;n. Pero a diferencia de las crisis monetarias, se encuentra que los pa&iacute;ses con alta revaluaci&oacute;n tendr&iacute;an una menor probabilidad de crisis en balanza de pagos, un incremento de un punto en la revaluaci&oacute;n reduce la probabilidad de crisis de balanza de pagos en 0,01 puntos porcentuales, que resulta coherente dado que la revaluaci&oacute;n est&aacute; asociada a un exceso de divisas en la econom&iacute;a. De igual manera, contrario a los resultados para el caso de crisis monetarias, se encuentra aqu&iacute; que el aumento del cr&eacute;dito dom&eacute;stico reduce la probabilidad de crisis de balanza de pagos. Un aumento de un punto porcentual en el cr&eacute;dito dom&eacute;stico reduce esa probabilidad entre el 0,3% y el 0,5%, lo que es m&aacute;s dif&iacute;cil de explicar a la luz de los argumentos expuestos en el caso de crisis monetarias.</p>     <p align="justify">Los efectos de la inflaci&oacute;n son similares en los casos de crisis monetarias y de balanza de pagos: en pa&iacute;ses con mayores &iacute;ndices de inflaci&oacute;n hay mayor posibilidad de crisis de balanza de pagos, un aumento de un punto porcentual en la inflaci&oacute;n aumenta entre el 0,2% y el 0,4% la probabilidad de crisis de balanza de pagos.</p>     <p align="justify">Cuadro 3<a name="c3"></a>    <br> Resultados para crisis de balanza de pagos</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c3.jpg">    <br> <font size="1">Nota: Las convenciones son id&eacute;nticas a las del cuadro 2.    <br> Fuente: c&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">Los resultados de las variables pol&iacute;ticas son diferentes a los del escenario de crisis monetarias. Por ejemplo, en el caso de la inclinaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los partidos el coeficiente de los gobiernos de derecha es muy significativo, es robusto en todas las especificaciones y muestra que la probabilidad de crisis de balanza de pagos es de un 5% a un 7% mayor que en los gobiernos de centro; el coeficiente de los gobiernos de izquierda es significativo pero no robusto y su impacto econ&oacute;mico es mucho menor, con un aumento del 2% frente a los gobiernos de centro en la especificaci&oacute;n de la columna A. Los coeficientes de fortaleza del gobierno no son estad&iacute;sticamente significativos y son ambiguos, en el caso del &iacute;ndice de Herfindahl, o de magnitud muy reducida, en el caso del coeficiente de respaldo electoral.</p>     <p align="justify">Los resultados de los indicadores de elecciones son tambi&eacute;n de signo contrario a los del caso de crisis monetarias; los per&iacute;odos de elecciones del ejecutivo son estad&iacute;sticamente significativos y est&aacute;n asociados a una probabilidad de reducci&oacute;n de crisis en balanza del 0,4% frente a per&iacute;odos no electorales. Para las elecciones del legislativo, el indicador tambi&eacute;n tiene signo contrario aunque no es significativo. Por su parte, los indicadores de democracia sugieren efectos similares a los del escenario de crisis monetarias, con una reducci&oacute;n de la probabilidad de crisis para las democracias fuertes y un aumento para las democracias m&aacute;s d&eacute;biles, aunque no son estad&iacute;sticamente significativos<sup><a href="#19" name="n19">19</a></sup>.</p>     <p align="justify">M&aacute;s all&aacute; de la significancia estad&iacute;stica y la magnitud de los coeficientes, los resultados emp&iacute;ricos se pueden resumir as&iacute;: primero, los gobiernos de derecha y de izquierda tienen menores probabilidades de crisis monetarias que los gobiernos de centro; segundo, la probabilidad de crisis monetarias es menor en los gobiernos y democracias fuertes, y es mayor en las democracias m&aacute;s d&eacute;biles; tercero, la acci&oacute;n de los grupos de inter&eacute;s de car&aacute;cter nacionalista, regional o sectorial sobre la probabilidad de crisis monetarias es ambigua; cuarto, los resultados corroboran la asociaci&oacute;n positiva entre per&iacute;odos de elecciones y la probabilidad de crisis monetarias; quinto, los resultados son robustos para diferentes especificaciones de los determinantes de las crisis monetarias pero contradictorios cuando la crisis es de balanza de pagos, definida como p&eacute;rdidas severas de reservas internacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>IMPLICACIONES PARA EL DESARROLLO</b></p>     <p align="justify">Los resultados econom&eacute;tricos de la secci&oacute;n anterior son interesantes desde el punto de vista estad&iacute;stico porque dan pistas sobre la causalidad entre factores pol&iacute;ticos y la probabilidad de crisis monetarias y de balanza de pagos. Pero subsiste la pregunta sobre la capacidad de la arquitectura financiera internacional para allanar el camino del desarrollo econ&oacute;mico, aspecto que se analiza en esta secci&oacute;n desde el punto de vista de las condiciones pol&iacute;ticas dom&eacute;sticas e internacionales que pueden atenuar la probabilidad de crisis o contribuir a contrarrestar sus consecuencias.</p>     <p align="justify">En cuanto a las circunstancias pol&iacute;ticas internas, los resultados concuerdan con los estudios de econom&iacute;a comparativa sobre la econom&iacute;a pol&iacute;tica de las crisis financieras, que argumentan que los conflictos distributivos entre grupos sociales restringen la elecci&oacute;n de estrategias de ajuste, bien sean de libre mercado o reguladas por el Estado, y son determinantes de la sostenibilidad de las opciones de pol&iacute;tica para el manejo econ&oacute;mico (Evans, 1992, y Waterbury, 1992).</p>     <p align="justify">Cuando las medidas econ&oacute;micas son impopulares producen p&eacute;rdidas pol&iacute;ticas, de credibilidad, mientras que la opci&oacute;n de acoger alternativas econ&oacute;micas m&aacute;s populares es inconsistente con la necesidad de generar se&ntilde;ales apropiadas para acceder a los mercados financieros nacionales o internacionales. Sin embargo, este resultado no parece ser m&aacute;s complicado para los gobiernos de izquierda que para los de derecha, lo que sugiere que las presiones especulativas son independientes del sistema de partidos. El dilema sugiere que la habilidad del gobierno para enfrentar los desequilibrios econ&oacute;micos depende en primer lugar de la capacidad para promover la prosperidad general, es decir, de incluir en el grupo de beneficiarios a los m&aacute;s pobres, de modo que se mantenga la estabilidad social como requisito para la estabilidad macroecon&oacute;mica. Este objetivo, sencillo en teor&iacute;a, enfrenta severas dificultades en la pr&aacute;ctica, que se derivan de la heterogeneidad de las condiciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas bajo las cuales se toman las decisiones de pol&iacute;tica. Por ejemplo, las presiones pol&iacute;ticas de los grupos de inter&eacute;s pueden reducir la probabilidad de crisis monetarias, un resultado deseable, pero a&uacute;n falta responder qu&eacute; tan ben&eacute;ficos son estos resultados para los m&aacute;s pobres.</p>     <p align="justify">De acuerdo con Nelson (1992), las medidas de pol&iacute;tica pueden afectar el bienestar de los pobres induciendo cambios en el mercado de trabajo, en el nivel general de precios y en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos. El modelo que aqu&iacute; se propone no permite valorar directamente estos impactos, pero es posible usar los resultados para esbozar algunas respuestas, por ejemplo, el resultado de que la fortaleza del gobierno reduce la probabilidad de crisis es consistente con un escenario donde los electores apoyan el programa econ&oacute;mico del gobierno, porque consideran que canaliza las demandas sociales para resolver los problemas asociados a la pobreza.</p>     <p align="justify">Si bien los electores suelen enfrentar el riesgo de oportunismo pol&iacute;tico, cuando el pol&iacute;tico reniega de sus promesas electorales despu&eacute;s de ser elegido, nuestros resultados apoyan la tesis de que la estabilidad macroecon&oacute;mica depende en gran medida de la credibilidad pol&iacute;tica, derivada del apoyo electoral, y de la profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica, lo que sugiere una participaci&oacute;n de los m&aacute;s pobres en la toma de decisiones.</p>     <p align="justify">Este resultado es de doble v&iacute;a, como sugiere la tesis de los <i>ciclos virtuosos</i> entre desarrollo y crecimiento econ&oacute;mico. Haggard y Kaufman (1992) dan ejemplos de pa&iacute;ses donde el &eacute;xito de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica permite afianzar las reglas democr&aacute;ticas. As&iacute;, la buena percepci&oacute;n del desempe&ntilde;o del gobierno y la credibilidad del sistema pol&iacute;tico explican por qu&eacute; las democracias m&aacute;s fuertes est&aacute;n menos expuestas al riesgo de crisis monetarias, mientras que el desequilibrio econ&oacute;mico ha sido decisivo en la transici&oacute;n de reg&iacute;menes autoritarios a reg&iacute;menes democr&aacute;ticos. Las reglas democr&aacute;ticas se basan en canales efectivos de compensaci&oacute;n social para los m&aacute;s pobres, la clase media y los trabajadores, y “canales institucionales de representaci&oacute;n pol&iacute;tica”, que dan credibilidad a la respuesta a los desequilibrios econ&oacute;micos y la hacen sostenible en el tiempo.</p>     <p align="justify">Por su parte, los per&iacute;odos electorales, las protestas y los paros sociales son oportunidades para mostrar insatisfacci&oacute;n ante las consecuencias distributivas de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. La inestabilidad pol&iacute;tica asociada a los ciclos electorales depende de factores como la coyuntura econ&oacute;mica, la capacidad de los pol&iacute;ticos para persuadir a los electores de los beneficios del ajuste y de la adopci&oacute;n de medidas compensatorias cre&iacute;bles y efectivas. La evidencia que aporta Nelson (1992) indica que los electores pueden estar m&aacute;s dispuestos a apoyar medidas impopulares (menos equitativas) cuando la situaci&oacute;n econ&oacute;mica es particularmente dif&iacute;cil, y a reducir su apoyo cuando persiste la falta de equidad frente a otros grupos sociales o en relaci&oacute;n con una situaci&oacute;n econ&oacute;mica anterior a la crisis.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo se ha argumentado que el poder explicativo de las variables pol&iacute;ticas sobre la probabilidad de crisis financieras depende primordialmente de c&oacute;mo se define la crisis. Para probar esta hip&oacute;tesis se definen y analizan los escenarios de crisis monetarias y de balanza de pagos. Se encuentra que las variables de pol&iacute;tica que son robustas en la explicaci&oacute;n de crisis monetarias resultan ambiguas en la explicaci&oacute;n de crisis de balanza de pagos y se argumenta que este resultado es coherente con los requerimientos t&eacute;cnicos y las pol&iacute;ticas de reservas que usualmente evitan las p&eacute;rdidas severas de divisas, pero que son menos efectivas para controlar los desequilibrios monetarios, aunque los dos eventos est&eacute;n relacionados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El ejercicio econom&eacute;trico arroja resultados interesantes desde el punto de vista de la significancia estad&iacute;stica, la magnitud y la robustez. La inclusi&oacute;n de variables pol&iacute;ticas en el modelo tiene dos ventajas: aumenta la bondad del ajuste en la predicci&oacute;n de crisis monetarias, y las relaciones de causalidad son consistentes, en la mayor&iacute;a de los casos, con las predicciones te&oacute;ricas y la evidencia de otros estudios de econom&iacute;a pol&iacute;tica comparada.</p>     <p align="justify">Tres resultados son particularmente importantes. Primero, la probabilidad de crisis monetarias es mucho mayor en los per&iacute;odos de elecciones. Segundo, en contra de las predicciones te&oacute;ricas, los gobiernos de izquierda y de derecha tienen menor probabilidad de crisis, y aunque el resultado no es significativo sugiere que las presiones especulativas son independientes de la tendencia ideol&oacute;gica del partido de gobierno. Tercero, la probabilidad de crisis es menor en las democracias m&aacute;s fuertes y mayor en las m&aacute;s d&eacute;biles.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, desde el punto de vista del desarrollo, los resultados sugieren que los gobiernos m&aacute;s fuertes, es decir, los que pueden resolver el conflicto entre estabilidad macroecon&oacute;mica y consecuencias distributivas del ajuste, son menos vulnerables al riesgo de crisis financieras. Este desequilibrio es menor si las normas democr&aacute;ticas son seguras, lo que implica que la respuesta a los desequilibrios econ&oacute;micos es cre&iacute;ble y sostenible en el tiempo, si se adoptan medidas efectivas de compensaci&oacute;n social y si hay patrones institucionalizados de representaci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify"><b>ANEXOS</b></p>     <p align="justify"><b>A<small>NEXO 1: PA&Iacute;SES DE LA MUESTRA<a name="a1"></a></small></b></p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c4.jpg"></p>     <p align="justify"><b>A<small>NEXO 2: FUENTES DE LAS VARIABLES ECON&Oacute;MICAS Y DE POL&Iacute;TICAS<a name="a2"></a></small></b></p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c5.jpg"></p>     <p align="justify"><b>A<small>NEXO 3: CRISIS POR PA&Iacute;S Y FECHA<a name="a3"></a></small></b></p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a8c6.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. La literatura sobre el tema es abundante; ver Robison y Rosser (1998), Haggard (2000) y Santiso (2003).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Para la definici&oacute;n de los tipos de crisis, ver Ishihara (2004). En este caso, la crisis monetaria se entiende como un severo desequilibrio en la tasa de cambio, y la crisis de balanza de pagos como una p&eacute;rdida severa de reservas internacionales.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. La explicaci&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica de las crisis financieras no es igual a la de los modelos de auto-cumplimiento (<i>self-fulfilling crises models</i>) o de equilibrios m&uacute;ltiples Drazen (1998). Este escrito sigue esta observaci&oacute;n aunque no profundiza la distinci&oacute;n entre este tipo de modelos.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Dos referencias adicionales contribuyen a la interpretaci&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica de aspectos que tradicionalmente se consideraban de econom&iacute;a “pura”. Drazen (2000) y Persson y Tabellini (2000) destacan que los procesos de toma de decisiones econ&oacute;micas est&aacute;n determinados por mecanismos que reflejan los intereses de los grupos sociales m&aacute;s poderosos. Pero Persson y Tabellini se ocupan de los mecanismos institucionales que est&aacute;n detr&aacute;s de las decisiones de pol&iacute;tica y las comparaciones de pol&iacute;tica que afectan el ciclo de negocios, el manejo de la deuda y los objetivos fiscales; mientras que Drazen se interesa en el desarrollo de modelos te&oacute;ricos para el an&aacute;lisis macroecon&oacute;mico, como la defensa de la tasa de inter&eacute;s, los ataques especulativos, la ayuda extranjera, la condicionalidad de los programas de cr&eacute;dito y de ayuda, la pol&iacute;tica cambiaria, la coordinaci&oacute;n pol&iacute;tica internacional y el contagio pol&iacute;tico en crisis monetarias. Para una revisi&oacute;n de estos trabajos, ver Saint Paul (2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. La funci&oacute;n de p&eacute;rdida tipo “0-1” que aqu&iacute; se utiliza difiere de las funciones de p&eacute;rdida cuadr&aacute;ticas que penalizan por igual los errores, independientemente de su tama&ntilde;o, pero es asim&eacute;trica porque por definici&oacute;n el fallo de la pol&iacute;tica o el incumplimiento de las metas econ&oacute;micas s&oacute;lo son penalizados para valores inferiores al objetivo y no para valores superiores. Esto no implica el uso de funciones de distribuci&oacute;n truncadas para valores superiores a los establecidos para las metas de pol&iacute;tica o econ&oacute;micas. Como se explica m&aacute;s adelante, el criterio del umbral que se utiliza en la definici&oacute;n de los per&iacute;odos de crisis es &uacute;til para diferenciar per&iacute;odos de crisis despu&eacute;s del umbral = 1 y de tranquilidad bajo el umbral = 0. Por otra parte, el t&eacute;rmino de error asociado con las p&eacute;rdidas no es cuadr&aacute;tico pues no se obtiene mediante MCO sino mediante la densidad acumulada de una variable latente.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. La secuencia es m&aacute;s compleja en la pr&aacute;ctica; si la tasa de cambio est&aacute; sobrevaluada en t&eacute;rminos reales, la devaluaci&oacute;n nominal no resuelve el problema y es posible que la inflaci&oacute;n atada a la devaluaci&oacute;n contrarreste los efectos nominales. Adem&aacute;s, la presi&oacute;n pol&iacute;tica de los productores de bienes sustitutos de las importaciones puede llevar a pr&aacute;cticas proteccionistas indeseables; los exportadores pueden presionar por una mayor devaluaci&oacute;n nominal y el efecto desplazamiento causado por el endurecimiento de la pol&iacute;tica monetaria puede empeorar la senda de crecimiento. No obstante, para simplificar la exposici&oacute;n no se considera esta secuencia de eventos. Acerca de los problemas causados por las tasas de cambio sobrevaluadas, ver Shatz y Tarr (2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Este conjunto de informaci&oacute;n se puede representar m&aacute;s rigurosamente como X = h (elecciones, partidos de izquierda, duraci&oacute;n en el poder y democracia) y Y = g (e, r, <font face="Symbol">p</font>).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Estos eventos no son simult&aacute;neos; se suprimen los sub&iacute;ndices para facilitar la presentaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Para un argumento similar sobre la relaci&oacute;n entre probabilidad de crisis financieras y grado de democracia, ver Block (2002, 11-13).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Se seleccionaron los pa&iacute;ses que ten&iacute;an datos para al menos la mitad del per&iacute;odo (<a href="#a1">anexo 1</a>). Las fuentes se presentan en el <a href="#a2">anexo 2</a>; los datos se pueden pedir al autor.</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. El procedimiento de estandarizaci&oacute;n e identificaci&oacute;n de trimestres de crisis es el siguiente: 1) se calcula el sesgo de cada variable con respecto al promedio de los &uacute;ltimos 20 trimestres; 2) este sesgo se divide por la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar del mismo per&iacute;odo; 3) el trimestre es de crisis cuando este resultado es mayor que 3; 4) se asume una ventana de exclusi&oacute;n arbitraria de tres trimestres; en un ejercicio que aqu&iacute; no se presenta se us&oacute; el criterio de 2 desviaciones est&aacute;ndar con resultados muy similares, aunque este criterio permiti&oacute; identificar mejor las crisis de balanza de pagos.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Un m&eacute;todo alternativo para identificar per&iacute;odos de crisis es el de Hamilton (1989), los <i>switching models</i>, donde se explora la probabilidad asociada a puntos de quiebre en series de tiempo no lineales (aunque estacionarias en primeras diferencias) aplicando cadenas de Markov. Este m&eacute;todo equivale a aplicar un filtro de Kalman, modificado para series no lineales, donde se usa la serie de tiempo de una variable para hacer inferencias sobre la densidad asociada a valores no observados. El filtro de Hamilton sugiere un refinamiento interesante para identificar per&iacute;odos de crisis en esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n. En vez de fijar un n&uacute;mero arbitrario de desviaciones est&aacute;ndar, el m&eacute;todo de Hamilton permitir&iacute;a identificar los per&iacute;odos de crisis de manera estructural, pues son inherentes al proceso de generaci&oacute;n de los datos.</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Ver Marshall y Jaggers (2003), [<a href="http://www.cidcm.umd.edu/inscr/polity" target="_blank">www.cidcm.umd.edu/inscr/polity</a>].</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. Aqu&iacute; consideramos que los gobiernos “fuertes” son aquellos que tienen un bajo &iacute;ndice de Herfindahl y altos indicadores de respaldo electoral y coalici&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Para corregir el efecto de datos at&iacute;picos, la medida de revaluaci&oacute;n se calcula con base en el promedio m&oacute;vil de la revaluaci&oacute;n de los &uacute;ltimos cuatro trimestres.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Cuando disminuye el &iacute;ndice de Herfindahl (lo que implica menor oposici&oacute;n) aumenta la frecuencia relativa de las crisis monetarias. Los otros dos indicadores de fortaleza del gobierno muestran que las crisis de balanza de pagos son m&aacute;s frecuentes en gobiernos fuertes.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. Aqu&iacute; se supone que el indicador de democracia d&eacute;bil est&aacute; entre 3 &lt;= Democ &lt;= 8, y el indicador de democracia fuerte entre 9 &lt;= Democ (ver Marshall y Jaggers, 2003, y [<a href="http://www.cidcm.umd.edu/inscr/polity" target="_blank">www.cidcm.umd.edu/inscr/polity</a>]).</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. El modelo dprobit reporta el cambio de probabilidad debido a un cambio infinitesimal de las variables independientes continuas y, por defecto, el cambio discreto de la probabilidad debido a variables <i>dummy</i>; ver [<a href="http://www.stata.com" target="_blank">www.stata.com</a>].</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. La acci&oacute;n de los grupos de inter&eacute;s sobre el ejecutivo o el legislativo se excluy&oacute; del an&aacute;lisis debido a problemas de colinealidad.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Beck, T. et al. “New Tools in Comparative Political Economy: The Database of Political Institutions”, <i>The World Bank Economic Review</i> 15, 1, 2001, pp. 165-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200800010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Block, S. A. “Political Conditions and Currency Crises: Empirical Regularities in Emerging Markets”, <i>Center for International Development at Harvard University CID Working Paper</i> 79, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200800010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Brooks, S. “Explaining Capital Account Liberalization in Latin America: A Transitional Cost Approach”, <i>World Politics</i> 56, 2004, pp. 389-430.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200800010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bussiere, M. y C. Mulder. “Political Instability and Economic Vulnerability”, <i>IMF Working Paper</i> WP/99/46, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200800010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Drazen, A. “Political Contagion in Currency Crises”, <i>NBER Working Paper</i> 7211, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200800010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Drazen, A. “Conditionality and Ownership in IMF Lending: A Political Economy Approach”, <i>CEPR Discussion Paper</i> 3562, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200800010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Drazen, A. “Interest Rate Defence against Speculative Attacks: An Asymmetric Information Model”, <i>NBER Working Paper</i> 7211, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200800010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Drazen, A. <i>Political Economy in Macroeconomics</i>, Princeton, Princeton University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200800010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Drazen, A. “Conditionality and Ownership in IMF Lending: A Political Economy Approach”, <i>CEPR Discussion Paper</i> 3562, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200800010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Eichengreen, B.; A. K. Rose et al. “Exchange Market Mayhem: The Antecedents and Aftermath of Speculative Attacks”, <i>Economic Policy</i> 21, 1995, pp. 249-312.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200800010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Evans, P. “The State as Problem and Solution: Predation, Embedded Autonomy, and Structural Change”, R. R. Kaufman, ed., <i>The Politics of Economic Adjustment</i>, Princeton, Princeton University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200800010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Krugman, P. “A Model of Self-Fulfilling Balance of Payment Crises”, <i>Journal of Money Credit and Banking</i> 11, 1979, pp. 311-325.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996200800010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Krugman, P. “Are Currency Crises Self-Fulfilling?”, <i>NBER Macroeconomic Annual</i>, 1996, pp. 345-378.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200800010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Frankel, J. A. y A. K. Rose. “Currency Crashes in Emerging Markets: An Empirical Treatment”, <i>Journal of International Economics</i> 41, 1996, pp. 351-366.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200800010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Glick, R. y M. Hutchison. “Capital Controls and Exchange Rate Instability in Developing Economies”, <i>Journal of International Money and Finance</i> 24, 2005, pp. 387-412.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200800010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Gujarati, D. <i>Basic Econometrics</i>, New York, McGraw Hill, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200800010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Haggard, S. <i>Political Economy of the Asian Financial Crisis</i>, Institute of International Economics, Washington, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200800010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Haggard, S. y R. R. Kaufman. <i>The Politics of Economic Adjustment</i>, Princeton, Princeton University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200800010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Hamilton J. D. “A New Approach to the Economic Analysis of Non Stationary Time Series and the Business Cycle”, <i>Econometrica</i> 57, 1989, pp. 357-384.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200800010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Hutchison, M. M. “A Cure worse than The Disease? Currency Crises and the Output Cost of IMF- Supported Stabilization Programs”, <i>NBER Working Paper</i> 8305, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200800010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Hutchison, M. M. e I. Noy. “Macroeconomic Effects of IMF -Sponsored Programs in Latin America: Output Costs, Program Recidivism and the Vicious Cycle of Failed Stabilization”, <i>Journal of International Money and Finance</i> 22, 2003, pp. 991-1014.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200800010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Ishihara, Y. “Economic Governance and Crises in Emerging Countries”, Department of International Development, Graduate School of International Development, Nagoya University, mimeo, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200800010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Kaminsky, G. et al. “Leading Indicators of Currency Crises”, <i>IMF Staff Papers</i> 45, 1, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200800010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Marshall, M. G. y K. Jaggers. “Polity IV Project: Political Regime Characteristics and Transitions, 1800-2002”, Center for International Development and Conflict Management (CIDCM), University of Maryland, 2003, [<a href="http://www.cidcm.umd.edu" target="_blank">www.cidcm.umd.edu</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200800010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Mei, J. P. “Political Risk, Financial Crises and Market Volatility”, New York University, mimeo, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200800010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Nelson, J. M. “Poverty, Equity, and the Politics of Adjustment”, S. Haggard y R. R. Kaufman, eds., <i>The Politics of Economic Adjustment</i>, Princeton, Princeton University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200800010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Obstfeld, M. “The Logic of Currency Crises”, <i>Cahiers Economiques et Mon&eacute;taires</i> 43, 1994, pp. 189-213.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200800010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Obstfeld, M. “Models of Currency Crises with Self-Fulfilling Features”, <i>European Economic Review</i> 40, 1996, pp. 1037-1048.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200800010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Persson, T. y G. Tabellini. <i>Political Economy: Explaining Economic Policy</i>, Cambridge, MIT Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200800010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Robison, R. y A. Rosser. “Contesting Reform: Indonesia’s New Order and the IMF”, <i>World Development</i> 26, 8, pp. 1593-1609, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200800010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Saint Paul. “The ‘New Political Economy’: Recent Books by Allan Drazen and by Torsten Persson and Guido Tabellini”, <i>Journal of Economic Literature</i> 38, 2000, pp. 915-925.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200800010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Santiso, J. <i>The Political Economy of Emerging Markets</i>, New York, Palgrave MacMillan, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200800010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Shatz, H. J. y D. G. Tarr. “Exchange Rate Overvaluation and Trade Protection: Lessons from Experience”, <i>World Bank Policy Development Research Group Trade Working Paper</i> 2289, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200800010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Strange, S. “International Economics and International Relations: A Case of Mutual Neglect”, R. Tooze y C. May, eds., <i>Authority and Markets: Susan Strange’s Writings on International Political Economy</i>, Houndmills, Palgrave MacMillan, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996200800010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Waterbury, J. “The Heart of the Matter? Public Enterprise and the Adjustment Process”, S. Haggard y R. R. Kaufman, eds., <i>The Politics of Economic Adjustment</i>, Princeton, Princeton University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200800010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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